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11/4/17

Datos contundentes avalados por las Naciones Unidas: la concentración de la tierra en Latinoamérica, causa de conflicto social y subdesarrollo. El 1% de los propietarios concentra más de la mitad de las tierras

"El 1% de los propietarios de América Latina concentra más de la mitad de las tierras agrícolas. La Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), retomó estos datos de un informe de la ONG OXFAM para describir la enorme desigualdad que atraviesa al continente .

El tema de la concentración de las tierras junto con la reflexión sobre el impacto de las reformas agrarias de la región, constituyó el tema central de la Reunión de alto nivel sobre “Gobernanza Responsable de la Tenencia de la Tierra, la Pesca y los Bosques en América Latina y el Caribe”, realizada en Santiago de Chile en el transcurso de la primera semana de abril.

La región de América Latina y el Caribe tiene la distribución de la tierra más desigual del mundo. La FAO destacó que esa distribución es aún más inequitativa en Sudamérica, mientras que en Centroamérica es levemente inferior.

La región tiene la distribución de tierras más desigual de todo el planeta: el coeficiente de Gini –que mide la desigualdad– aplicado a la distribución de la tierra en el continente alcanza al 0,79, superando ampliamente a Europa (0,57), África (0,56) y Asia (0,55).

El organismo de la ONU sostiene que administrar mejor los derechos de la tierra, así como el acceso a los bosques y la pesca es fundamental para reducir la pobreza en las zonas rurales y proteger los recursos naturales. E instó a mejorar el reconocimiento de los derechos de tenencia.

Mejorar el reconocimiento de los derechos de tenencia de la tierra y su distribución es un paso necesario para erradicar el hambre y avanzar hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible en América Latina y el Caribe, subrayó la FAO en Santiago de Chile.

Otro problema significativo, según el organismo onusiano: cada vez es menor el porcentaje de la tierra en manos de pequeños propietarios. Fenómeno que conspira, en particular, contra las mujeres. En Guatemala, por ejemplo, sólo el 8% de las mujeres es propietaria. En Perú, sólo el 31%. En la mayoría los casos, estas propiedades son de menor tamaño y calidad que las que poseen los hombres.

A fines del año pasado OXFAM publicó “Desterrados: Tierra, Poder y Desigualdad en América Latina”, uno de los informes más completos realizados hasta ahora sobre la situación agraria del continente. El mismo centraliza su análisis en 17 países latinoamericanos.

“El 1% de las fincas acapara más de la mitad de la superficie productiva. Es decir, este 1% concentra más tierra que el 99% restante. Esta situación no ofrece un camino para el desarrollo sostenible, ni para los países, ni para las poblaciones ” , indica el informe de la ONG, retomado ahora por la FAO.

La desigualdad económica y social es uno de los mayores lastres que impiden a las sociedades latinoamericanas alcanzar el desarrollo sostenible y supone un obstáculo para su crecimiento económico. “En la región, 32 personas privilegiadas acumulan la misma riqueza que los 300 millones de personas más pobres. Esta desigualdad económica está íntimamente relacionada con la posesión de la tierra, pues los activos no financieros representan un 64% de la riqueza total”, subraya OXFAM."                     (Sergio Ferrari , Rebelión, 10/04/17)

30/5/13

Lo que no se dice sobre Bangladesh

"Bangladesh. Este país es sumamente rico. Su tierra, extremadamente fértil, puede producir suficiente alimento para poder satisfacer las necesidades nutritivas de una población veinte veces superior a la actual. Y a pesar de ello, la mayoría de la población, y muy en particular la que vive en las zonas rurales (82%), que constituye la mayoría, está malnutrida, con amplios sectores experimentando hambre. 

En realidad, Bangladesh es considerado, junto con Haití, el país más pobre del mundo, lo cual quiere decir que es el país que tiene un mayor porcentaje de población pobre, a pesar de que los datos muestran que Bangladesh (así como Haití) tiene los recursos para salir de la pobreza (ver “Cólera en Haití”, El Plural, 16.12.12; y “Continúa el escándalo del cólera en Haití” Público, 27.02.13). 

No es, pues, la falta de recursos la causa de su pobreza, sino el control de estos recursos. El 16% de los propietarios de tierra controlan el 60% de toda la tierra, la cual cultivan para producir alimento que se exporta a los países llamados “desarrollados”. 

Esta casta de terratenientes se alía y está al servicio de compañías agropecuarias extranjeras que dirigen la explotación de la tierra (es decir, lo que se produce, cómo se produce y cómo se distribuye). (...)

Esta oligarquía agrícola está aliada con otros intereses domésticos ligados también a las grandes compañías extranjeras que realizan su producción en Bangladesh a unos costes laborales bajísimos. La población pobrísima expulsada del campo acepta salarios misérrimos, pues no hay otros disponibles. 

Esta estructura económico-política dictamina que la gran mayoría de la población trabajadora esté totalmente desprotegida, lo cual ocurre en todos los sectores productivos de la economía, incluyendo el textil.

 Este sector está controlado por las grandes compañías textiles que hoy dominan el mercado internacional, tales como Benetton, H&M o Mango entre muchas otras, y una larga lista de cadenas internacionales de distribución y comercio, como El Corte Inglés, que están todas ellas en Bangladesh por el bajísimo coste de los salarios de los trabajadores (21 céntimos por hora) que trabajan en unas condiciones miserables, en fábricas carentes de los más mínimos requisitos de seguridad. 

Desde 2005 han muerto más de setecientos trabajadores en incendios en fábricas. El más reciente, hasta hace unos días, fue el fuego de la fábrica textil de Tazreen, que ocurrió el pasado 24 de noviembre de 2012, tal como indica David Bacon en su artículo “Bangladesh disaster: Who Pays the Real Price for your Shirt?”. The Progressive (26.04.13).

 En aquel incendio 112 trabajadores perecieron, un número elevadísimo para un accidente de esta naturaleza. Y la causa son las pésimas condiciones en las que se encuentran las fábricas. Ninguna de ellas tiene salidas de emergencia (en realidad todas las puertas están cerradas con llave para evitar la salida de los trabajadores, excepto en las horas de entrada y salida) y no disponen de extintores de fuego.

  En la desgracia que ocurrió hace unas semanas en Rana Plaza (a 29 kilómetros de Dhaka), donde perecieron más de mil trabajadores, el edificio se vino abajo debido a que se abrieron muchas y amplias grietas en las paredes y en los tejados, aperturas que habían aparecido paulatinamente hasta entonces y que habían sido denunciadas por los propios trabajadores, siendo sus avisos ignorados por el propietario del edificio, el Sr. Sohel Rana, que es, por cierto, uno de los dirigentes del partido gobernante Awami League.  (...)

 Pero existe otra forma de represión –que apenas ha salido en los medios-, dirigida por las grandes corporaciones textiles extranjeras que, aliadas con las élites gobernantes del país, configuran las intervenciones públicas que sostienen un sistema basado en una enorme explotación.

 Y me estoy refiriendo a la gran industria certificadora (que maneja 80.000 millones de dólares) que trabaja para estas compañías textiles. Estas compañías protegen a las compañías explotadoras, defendiéndolas legal y mediáticamente, minimizando y trivializando el daño y la participación de las mismas en la contratación de aquellas fábricas.

 Detrás de cada corporación (sea textil o no) existen compañías de certificación que intentan minimizar los costes (incluyendo los costes mediáticos de imagen) que estos desastres suponen para las compañías.  (...)

La manera como se ha ido llevando la globalización en el mundo, bajo el criterio neoliberal, no ha beneficiado al mundo del subdesarrollo (véase Bangladesh), ni al mundo desarrollado (véase la destrucción de la industria textil catalana). Tiene que revertirse esta globalización, desglobalizando la economía internacional, creándose zonas regionales (como el MERCOSUR) y de integración económica de parecido nivel de desarrollo, evitando la reducción de salarios como medidas competitivas (la típica solución liberal), tema del que he escrito extensamente"   (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 23 de mayo de 2013, en vnavarro.org, 23/05/2013)

2/1/13

Ante la resistencia de los campesinos, el 18 de agosto intervino el Ejército, quemando casas y golpeando a los vecinos, echándolos por la fuerza. La multinacional alemana Neuman Kaffee Gruppe se instaló en la zona

 El activista ugandés Peter Baleke

"La historia de Peter Baleke es como la de David y Goliat pero al revés. Aquí no impera la justicia poética y el fuerte le está ganando al débil. A David lo encarnan 400 familias campesinas de uno de los países más pobres, Uganda. Y a Goliat, la suma del Gobierno ugandés y la multinacional alemana Neuman Kaffee Gruppe.

Peter ha viajado a Madrid para contar su caso invitado por Veterinarios Sin Fronteras, que acaba de lanzar la campaña Paren, aquí vive gente, que denuncia el expolio de la soberanía alimentaria del África subsahariana.

 En menos de un año, señala la ONG, diversos inversionistas han adquirido 42 millones de hectáreas de tierras fértiles en el mundo, el 75% en esta parte del continente, arrebatándoles los recursos naturales de los que obtienen su alimento.

Para ponerle piel, ojos e indignación a esta causa, ahí está Peter Baleke con su particular traje de chaqueta y sus pins en la corbata: un crucifijo —es católico— y otro con el lema The right to food (Derecho a la alimentación)”.  (...)

El 18 de junio de 2001, un representante del Gobierno ugandés reunió a las 400 familias (unas 2.000 personas) que residían en la región de Madudu (en Mubende, Uganda central) para anunciarles que el Gobierno había cedido sus tierras, 2.500 hectáreas, a una multinacional alemana. Antes de finales de agosto debían abandonarlas. Sin compensación económica ni un sitio alternativo al que ir.

“En mi país si no produces tu propio alimento no tienes qué comer. El 80% es agricultura de subsistencia. ¿A quién beneficia que vengan las multinacionales a producir alimentos a precios que no podemos pagar? Desde luego no a nosotros, nos roban la comida”, se indigna Baleke.

 “Eligieron nuestras tierras porque eran las más fértiles”. Él dirigía entonces la escuela de uno de los poblados afectados, Kitemloa, y organizó una colecta para contratar a un abogado. “No soy el más ilustrado, pero sí el más audaz y conozco las leyes”.

Ante la resistencia de los campesinos, el 18 de agosto intervino el Ejército, quemando casas y golpeando a los vecinos, echándolos por la fuerza. Las familias huyeron al bosque, donde varios niños y ancianos fallecieron por las precarias condiciones de vida, denuncia Baleke. El 24 de agosto, la multinacional se instaló en la zona. Un año más tarde los campesinos presentaron una denuncia civil.

Han pasado dos lustros y su causa está arrinconada. Hasta siete jueces se han hecho cargo del caso, que desde el 11 de abril espera que un octavo juez lo herede. “¿De qué sirven las leyes si luego los jueces no hacen su trabajo?”, se duele Baleke. Para más inri, la multinacional vende el café en las redes de comercio justo.

 “Este tipo de comercio necesita mecanismos de control porque contradice sus principios”, se queja, y apela al boicoteo por parte de los consumidores europeos y a la importancia de que las ONG enseñen a los oprimidos a defender sus derechos. “Las leyes están para cumplirlas”, dice blandiendo a pesar de todo con orgullo la Constitución de Uganda."         (El País, 08/05/2012)