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21/9/21

Nueva Zelanda deja de lado el PIB para centrarse en el 'bienestar real' de la población

 "Nueva Zelanda presentará el próximo jueves su primer presupuesto de "bienestar", que prioriza la mejora en la calidad de vida frente a los indicadores económicos, en lo que sus partidarios ven un ejemplo de vanguardia social y sus detractores pura retórica.

"Si bien el crecimiento económico es importante, y es algo que seguiremos buscando, por sí mismo no garantiza las mejoras de los estándares de vida de los neozelandeses", dijo el pasado viernes la primera ministra, Jacinda Arden, en un encuentro con empresarios en Auckland.

"Nadie quiere vivir en un país donde a pesar de un fuerte crecimiento económico hay familias sin hogar, el medio ambiente se degrada con rapidez o las personas con problemas de salud mental no reciben el trato que necesitan", añadió la dirigente laborista.

Un presupuesto social

El presupuesto -cuya preferencia por el bienestar fue anunciado por Ardern en el Foro Económico Mundial de Davos de enero- pone el foco en la indigencia, la pobreza infantil, la violencia doméstica, la salud mental y los maoríes y los indígenas del Pacífico, entre otros.

Ardern defendió cambiar el enfoque tradicional del presupuesto basado en un análisis de coste beneficio "cortoplacista" y centrarlo "en áreas en las que las pruebas muestran que tenemos grandes oportunidades para mejorar el bienestar de los neozelandeses".

Para establecer las prioridades se utilizó una herramienta del Ministerio de Finanzas llamada "Marco de los estándares de vida", basada en parámetros como la identidad cultural, el medio ambiente, la vivienda, los ingresos, el consumo y las conexiones sociales.

 Para financiar el giro hacia el bienestar, Ardern dio instrucciones a sus ministros para que identifiquen áreas en las que se puedan hacer recortes y elevó el límite de la deuda neta del 20 al 25% del PIB, lo que ha sido criticado por la oposición conservadora.

 La búsqueda del bienestar en el presupuesto se aplicará a los "nuevos gastos y no a todo el presupuesto de forma integral", precisó a Efe el expresidente del Banco Central de Nueva Zelanda y profesor de Economía de la Universidad Victoria, Arthur Grimes. "Esto es importante saberlo porque los nuevos gastos son una pequeña parte del presupuesto", indicó.

"La retórica es nueva, pero la práctica no lo es", añadió Grimes que señaló que los anteriores gobiernos del país ya incluyeron medidas de asistencia social en sus presupuestos y que el cambio estaría más en la atención en "unos cuantos aspectos específicos del bienestar".

Las cuentas del Bienestar cogen en un buen momento a Nueva Zelanda que, según prevé el FMI, crecerá un 2,5% en 2019 y un 2,9% en 2020 pese al ralentizamiento de la economía global y la guerra comercial entre Estados Unidos y China.

"Estrella del rock"

Su economía, que ha sido calificada como una "estrella del rock", no es inmune a la incertidumbre global que podría afectar las exportaciones del país, que goza de una baja inflación, una tasa estable de paro, superávit presupuestario y una deuda pública moderada. "Pero, ¿cómo podemos ser 'estrellas de rock' con indigencia, pobreza infantil y con un alza de la desigualdad?", se preguntó el ministro de Finanzas, Grant Robertson.

La iniciativa neozelandesa sigue a la de Bután, que en 2008 introdujo el indice de felicidad nacional para guiar la política de su gobierno, y a declaraciones como las del ex primer ministro británico David Cameron o del expresidente francés Nicolás Sarkozy, que en su momento abogaron por priorizar como criterio el bienestar frente al PIB.

Pero según Grimes, la propuesta gubernamental plantea dudas debido a la falta de metas claras y de mecanismos para evaluar sus resultados y por dar por descontado que la mejora de ciertos aspectos llevará a la gente a pensar que también mejora su bienestar.

"No sabemos si esto ayudará a la gente a mejorar sus vidas. Esto es algo que falta (...) no tenemos cómo medirlo", dijo el expresidente del Banco Central. "La intención es fantástica, la retórica es mejor y estamos aguantando la respiración para ver cuál es la sustancia", concluyó Grimes."    (El Economista, 27/05/19)

4/5/20

Christian Felber: «El confinamiento nos demuestra que sí somos capaces de vivir con menos»

"El ideólogo de la Economía del Bien Común, Christian Felber (Salzburg, 1972), habla desde la calma, meditando mucho lo que dice y matizando bien sus palabras para que el mensaje, en perfecto castellano, llegue de forma nítida.


Felber es investigador asociado del Instituto IASS de Berlín-Potsdam, tras impartir clases en otras siete universidades austríacas y alemanas. Adora España donde cursó buena parte de sus estudios de Filología Hispánica, Psicología, Ciencias Políticas o Sociología y siempre ha compaginado su trabajo de investigación y de divulgación con la danza contemporánea.

 Es un buen ejemplo del Humanismo de este siglo XXI, y por eso le habría gustado ser “todólogo”, estudiar Ciencias Universales. Pero hasta que esa carrera exista, se conforma con sentirse ciudadano del mundo y trabajar por una cooperación global que permita controlar el sistema económico, regular la acumulación de capital y redistribuir la riqueza con una herramienta sencilla que ya aplican más de 700 empresas: el Balance del Bien Común. Para él la clave está en recuperar la soberanía democrática. Hasta el Papa Francisco le sigue.


Antes de la entrevista ha hecho su rutina diaria de nadar en el Danubio que atraviesa su ciudad, Viena. Ha arreglado un árbol y ha hecho yoga, por lo que afirma estar bien física y mentalmente. Desde un confinamiento cada vez más moderado responde a nuestras preguntas.


Señor Felber, ¿cómo están las cosas en Viena?


Es un día de primavera, y la noticia positiva es que se aligeran poco a poco las restricciones. No descartan volver a la normalidad en mayo porque aquí en Austria están cayendo las cifras de contagios.


¿Cómo se está manejando esta pandemia?


No me atrevo a juzgar aún porque no tenemos suficientes datos y los que hay se contradicen abismalmente. Por ejemplo, tenemos un auto-test de un pueblo del norte de Italia donde un 50% de la población muestra inmunidad mientras aquí en Austria las conjeturas oficiales apuntan a menos de un 1% de población inmunizada. Así que nos faltan datos fiables para valorar las medidas adoptadas por los gobiernos. Sí es interesante mirar a países que no practican el toque de queda como Suecia y Hong Kong, que no tienen cifras alarmantes. 

Eso nos hace pensar si el confinamiento indiscriminado es la mejor medida contra la crisis. Yo mismo he recabado testimonios de una veintena de científicos que se muestran contrarios a estas medidas. Lo que sí puedo afirmar es que los niños no deberían estar confinados porque eso entraña peligros aún mayores. Creo que debemos buscar un camino intermedio para proteger a los grupos de alto riesgo, pero no confinar por mucho tiempo a toda la población porque esta medida puede tener consecuencias más graves que las de la COVID-19.


¿Qué rumbo cree que puede tomar la Unión Europea a partir de ahora?


Yo no soy europeísta, soy mundialista. Como autodenominación política me considero habitante de la tierra, creo que formo parte de la comunidad de la vida como todos. Pero sí estoy a favor de una Unión Europea más democrática, sostenible y más orientada a la cohesión social y a la justicia. Así que preferiría otra Unión Europea diferente de la que tenemos ahora.

¿Debemos caminar hacia una gobernanza global?


No veo otra alternativa que la cooperación global. Sería bueno tener otro tipo de gobernanza mundial diferente de la actual. Pero todo empieza por una economía global más cooperativa, en lugar de la vigente basada en una excesiva competitividad y el afán de muchos países por forrarse a costa de otros. La economía mundial solo debería complementar a unas economías locales y regionales más fortalecidas y más resilientes que las actuales. 


Me refiero a que muchas regiones son capaces de producir lo esencial para sí mismas y no necesitan importar tanto; solo algunos productos complementarios podrían venir de otras partes del mundo, pero no los esenciales. Esta es la única vía para lograr que una crisis puntual en cualquier lugar del mundo no afecte al resto de regiones.


¿Cómo entiende la cooperación internacional?


Como compromiso de todos los países en la conservación de los ecosistemas y de los límites ecológicos del planeta. Sabemos que la falta de biodiversidad y la enorme presión que ejercemos los humanos sobre el mundo salvaje y los animales no puede continuar, por eso el coronavirus ha podido saltar de animales a humanos, por la presión sobre sus hábitats naturales.


En segundo lugar, ningún país puede presionar desmesuradamente a otro y aquí nos toca empezar a cambiar a los europeos y a Estados Unidos por haber permitido el libre comercio mundial. En lugar de estar compitiendo unos en contra de otros –qué infantil es esto–, debemos cooperar empezando por tener balances comerciales equilibrados con mecanismos como el que propuso John Maynard Keynes. 

Cada región debe aprovechar sus recursos y dejar de importar y exportar sin medida como ocurre ahora. Es la única forma de establecer un sistema económico mundial sano en lugar de desequilibrado en todos los sentidos. Lo razonable es comerciar menos y de forma complementaria, en vez de competitiva.

¿Cómo se pueden ir implementando medidas más enfocadas hacia el Bien Común?


Lo que observamos en la evolución de la vida es que cada vez es más compleja, diversa e interdependiente. Lo mismo es la EBC, son muchas medidas que se complementan perfectamente, aunque su implantación sea compleja. Las empresas que ya operan con nuestro modelo, cuanto más contribuyen, más atractivas se vuelven para empleados, clientes y financiadores; y los municipios también miden el resultado de sus políticas con los balances del Bien Común, desde la biodiversidad a la cohesión social y la inclusión de los más desfavorecidos, pero hacen falta otras medidas.


¿Cuáles son?


El establecimiento de una renta básica para las personas con menos recursos es fundamental, como lo es respetar un salario mínimo; pero además hay que limitar los ingresos máximos para evitar la creación de riquezas privadas excesivas. Este salario máximo podría limitarse en 20 veces el salario mínimo. Con esta medida, no hace falta limitar la propiedad privada ni el derecho de herencia porque estas tributarían de manera progresiva y moderada. La EBC también propone un límite de crecimiento a las empresas y personas legales.


Seguimos proponiendo un control de las empresas y de las personas legales poniendo un tope a su crecimiento, es decir no existiría un Amazon, un Microsoft ni un gigante como Bayer que ahora son una amenaza y un peligro para la libertad y la democracia debido a su excesiva capacidad de influencia política. 

Es tan sencillo como utilizar un control de fusiones que establecería la ONU o incluso la OMC que evite que se creen entes demasiado poderosos. Ninguna empresa podría ganar más de, pongamos por ejemplo, un billón de euros al año solo podría crecer más si logran un balance del Bien Común muy alto. Hay que limitar y regular el poder de las empresas transnacionales.


¿Cómo participa la ciudadanía de forma activa en la Economía del Bien Común?


En 1964, se creó un mecanismo de participación como la UNCTAD, la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (sostenible) en 77 países. Pero los países ricos se opusieron e impulsaron los tratados de Libre Comercio que no respetan los derechos de los trabajadores ni del medio ambiente. Son los gobiernos los que han aceptado esas reglas, no los ciudadanos. 


Este tipo de decisiones tenemos que tomarlas las personas. No imagino a los ciudadanos de ningún país que elijan aceptar reglas fuera de las Naciones Unidas y sus tratados internacionales, tratados que protegen los derechos de las personas, del medio ambiente, la diversidad cultural, etc., pero los gobiernos han seguido los criterios de economistas que benefician a las transnacionales y su crecimiento ilimitado. El derecho internacional no las regula y controla como debería. Aquí haría falta la gobernanza global.

¿Cómo les va a las organizaciones que se han unido a la Economía del Bien Común?

Ya tenemos un primer estudio empírico realizado por la primera Cátedra del Bien Común de la Universidad de Valencia que ha recabado datos muy interesantes y alentadores. Se han estudiado 206 empresas que han realizado Balances del Bien Común y comprobamos que mejoran las condiciones éticas y medioambientales, sin que por ello empeoren los resultados. 

Si estuvieran operando en un marco del Bien Común sistémico jugarían con una ventaja competitiva pero aún conviven con circunstancias desfavorables que no les ofrecen ventajas y aun así les va bien. Además les gusta mucho la herramienta en sí, les resultan útiles las preguntas que se hacen. 


El reto ahora es que las administraciones municipales y regionales empiecen a premiarles por su gestión ética. Ya hay más de 700 empresas e instituciones en todo el mundo que van trabajando a paso de hormiga y cada vez se unen más municipios y ciudades que pueden procurar ayudas y mejoras para todos los habitantes y para las empresas. Justo antes de la llegada del coronavirus, en Alemania la EBC estaba teniendo un gran apoyo. Pero hablamos de décadas para ver estos cambios hechos realidad en toda su envergadura, tiene que ser poco a poco.


En su último libro habla de “la voz interior”, relacionando espiritualidad, libertad y bien común. Al final, ¿todo es cuestión de responsabilidad personal?


A lo mejor todo se reduce a que primero cada persona tome la responsabilidad de sus decisiones éticas por sí misma para después convertirse en un elemento de la ciudadanía global. Hay decisiones fundamentales que no se pueden delegar en los gobiernos y en los parlamentos. Es nuestra responsabilidad escoger un estilo de vida más ético, solidario y justo; solo así cada individuo más consciente de sí mismo, se convierte en un elemento más activo de la soberanía global. No podemos responsabilizar a los gobiernos y a los parlamentos de todas la decisiones, tenemos que formar parte de ellas. 


Esta co-responsabilidad conduce a la democracia 2.0, una democracia más real en la que la ciudadanía ejerce sus derechos soberanos como un solo cuerpo. Somos individuos que formamos parte de un todo mayor, se llame Gaia –como organismo– que sería nuestro planeta; o lo llamemos simplemente la comunidad democrática. La democracia 2.0 refleja esa responsabilidad mayor para ejercer nuestros derechos soberanos. La gente siempre dice que suena muy bien, pero que los gobiernos no lo van a permitir. 

De acuerdo, pero si controlamos más a los gobiernos y a los parlamentos, retomaremos la batuta democrática de nuestra soberanía. Es cuestión de cooperar; los chinos somos nosotros, los pangolines y los murciélagos somos nosotros. Si buscamos enemigos y culpables no vamos a conseguir nada, tenemos que cooperar, cooperar nos enriquece a todos. Necesitamos un pensamiento más holístico, una ciencia más universal.


¿Qué tiene que ver el papa Francisco con todo esto?


El papa Francisco sigue la pista del Bien Común. En su encíclica habló del BC veinticinco veces y se declaró habitante de la casa común; eso es dar un paso hacia la ecología y por lo tanto cuestiona el antropocentrismo. Le falta dar un paso hacia el feminismo, pero nos une la apuesta por el Bien Común. La economía debe estar al servicio del bien común y no de la riqueza.


¿Qué oportunidad nos está dando el confinamiento? ¿Podemos ser un poco optimistas?


Yo creo que sí, incluye riesgos, pero también oportunidades. En todo caso, podemos sacar dos grandes lecciones: la primera es aprovechar el silencio para mirar dentro de nosotros y utilizar la pausa para averiguar lo que necesitamos o no necesitamos realmente, cuáles son nuestras aspiraciones auténticas. Así podremos cambiar nuestros valores y estilo de vida para buscar lo esencial.


La segunda gran lección es que sí es posible limitar las libertades económicas. Yo no tengo nada en contra si esa libertad sirve al Bien Común en lugar de destruirlo. El confinamiento nos está demostrando que somos capaces de hacerlo por la salud, pero podemos aplicarlo al planeta si nos comprometemos a consumir menos. Mi propuesta es limitar el consumo personal a la 8.000 millonésima parte del regalo que nos da la naturaleza cada año, puesto que somos 8.000 millones de humanos. 

Si disminuimos nuestro consumo y limitamos la libertad económica estaremos protegiéndonos a nosotros, al planeta, a nuestros hijos. Es posible reducir el consumo porque ya lo estamos haciendo en estos momentos. No tenemos que frenar de forma tan brusca como ahora, de hecho este confinamiento no puede prolongarse mucho más pero nos demuestra que sí somos capaces de vivir con menos.


Pero en estos momentos todos estamos pensando en la seguridad y la salud y no nos hemos opuesto a la falta de libertad que nos ha dado el confinamiento.


Porque en el fondo somos solidarios y cooperativos. Lo estamos haciendo para protegernos todos; hemos sido capaces de renunciar a nuestra libertad por la salud pública que es un bien común mayor.

 Esto no disminuye nuestra felicidad, sino que la aumenta. Todos los estudios científicos demuestran que cuando renunciamos al exceso de consumo material para enfocarnos en la salud, en las relaciones, en la naturaleza intacta o la participación política, somos más felices. Por eso la renuncia material se convierte en mayor calidad de vida y en más felicidad, consumiendo menos, ganamos más."                      (Entrevista a Christian Felber, La Marea, Chus García, 24/04/20)

16/2/18

La voluntad de libertad de la ciudadanía aún hoy es demasiado tenue porque todavía sentimos en carne y hueso que la democracia no funciona. La ciudadanía no tiene la información suficiente porque se la están hurtando. Los economistas tienen mucha culpa de ello...

"Christian Felber (Salzburgo, 1972), profesor universitario, activista y cofundador del movimiento ATTAC en Austria —entre otras muchas cosas—, es conocido por ser el padre de la economía del bien común, una teoría que propugna un modelo económico basado en la ética y donde el Producto Interior Bruto (PIB) como unidad de medida de la riqueza dejaría paso a otro indicador, el Balance del Bien Común, que prima valores como la confianza, la honestidad, la responsabilidad, la cooperación, la solidaridad, la generosidad o la sostenibilidad ecológica.

En su último libro, titulado Por un comercio mundial ético (Deusto), publicado hace escasos días, da un paso más allá y denuncia los excesos del libre comercio mundial "convertido en la religión de nuestra era". 

Aboga por que las relaciones comerciales internacionales estén reguladas por Naciones Unidas y se atengan también a criterios éticos. Para lograr este objetivo, sin embargo, es necesario avanzar hacia lo que Felber denomina "democracia soberana",  superando a la actual democracia representativa, que él cree que "no funciona".

¿Qué aporta de nuevo su libro con respecto a su best-seller 'La economía del bien común'?

La dimensión internacional. Muchas personas me han preguntado qué tiene que hacer un país para implementar la economía del bien común y lo que expongo con detalle es cómo podría funcionar un sistema internacional de comercio ético y cómo serían las relaciones internacionales resultantes.

 Lo que intento demostrar en este libro es que el comercio, al igual que el capital, no es un fin en sí mismo, sino un medio que sirve a unos fines que ya están definidos. Fines como los derechos humanos, las condiciones laborales, la defensa del medio ambiente, la cohesión social y la diversidad cultural. El derecho internacional tiene que sobreponer los fines a los medios y someter los medios a los fines.

¿Qué entiende usted por comercio ético?

El comercio ético debe servir a los derechos humanos y a los valores fundamentales de una sociedad democrática. 

Su objetivo es la plena implementación de los derechos humanos, del desarrollo sostenible —los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU— y de una buena vida para todos o incluso del bien común mediante balances comerciales equilibrados entre países y posibilitando que los países con un nivel inferior de industrialización y tecnología den alcance a los países más desarrollados. 

Ahora impera el libre comercio y lamentablemente, eso no se está haciendo; se está haciendo justo lo contrario.

Eso le iba a decir, que parece que lo tiros no van por ahí. La pujanza del neoliberalismo sigue en todo lo alto.

Sí, efectivamente, pero al menos tenemos el marco legal. Al igual que la economía del bien común, las diferentes constituciones de los países democráticos establecen que el capital es un medio y que el fin de la actividad económica debe ser el bien común, el bien de la comunidad. Nosotros simplemente aplicamos lo que ya dicen las diferentes constituciones democráticas.

Si ya tenemos el marco legal, ¿qué falta entonces? ¿Voluntad política?

Es un problema de democracia y de poder. No es cierto que no haya alternativas al neoliberalismo; sí las hay, y una inmensa mayoría de la población las apoya, pero los ciudadanos no tienen poder para cambiar las cosas. Por eso, la otra pata de nuestra propuesta es avanzar hacia una democracia soberana. Hacen falta otros mecanismos democráticos.

¿La democracia actual entonces no es soberana?

La democracia está rota, no funciona. El poder está concentrado en los parlamentos y en los gobiernos y éstos a su vez están instrumentalizados por los poderes económicos. Esa es la debilidad de la democracia actual. El único derecho que ahora tiene el cuerpo soberano, el pueblo, es elegir unos representantes cada cuatro años que luego hacen lo que les da la gana sin dar muchas explicaciones. 

No hay forma de controlarlos de manera efectiva ni de destituirlos; no hay forma de elegir entre varias propuestas; no hay forma de cambiar una constitución. Quien cambia una constitución es un parlamento y quien incluye en los tratados europeos el mandato marco para la política comercial de la UE son los parlamentos y organismos europeos.

Y ahí es donde entraría en juego la democracia soberana

Una verdadera democracia soberana implica desarrollar la división de poderes. Está muy bien que ya tengamos el poder legislativo, ejecutivo y judicial pero eso no es suficiente. Los ciudadanos tienen que moverse, impulsar plataformas de iniciativas civiles, promover la creación de asambleas democráticas en los municipios, en muchos municipios, participar en la toma de decisiones y publicar los resultados de sus decisiones. De esta forma, los ciudadanos optarían por otras vías totalmente distintas para regular el comercio internacional.

Eso parece difícil: no me imagino a Mariano Rajoy, que también habla de valores y de democracia, apoyando una democracia soberana como la que usted propone.

Con un buen libro no lo voy a convencer. El mejor libro no va convencer a ningún gobernante mientras los grupos de presión sigan siendo tan poderosos. Pero puedo convencerlo con un movimiento ciudadano fuerte, un movimiento popular que crezca poco a poco, de abajo a arriba. 

Cuantos más ciudadanos, municipios, regiones, comarcas e instituciones se involucren, mayor será la presión. Entonces Mariano Rajoy empezaría a escuchar. Pero para que eso ocurra, los ciudadanos tienen que involucrarse, tienen que querer ser libres.

¿Cree que los ciudadanos no quieren ser libres o es que no saben cómo hacerlo?

Ambas cosas. La ciudadanía no tiene la información suficiente porque se la están hurtando. Los economistas tienen mucha culpa de ello, porque nos dicen todos los días que el libre comercio es lo mejor que tenemos. El neoliberalismo se ha terminado por imponer en todos los campos, hasta en las cátedras universitarias. 

El CETA es un tratado de 1.598 páginas de coerción legal creado para proteger desmesuradamente los derechos de los inversores y de las multinacionales, pero nos lo venden como algo maravilloso. Eso es simple proteccionismo bajo la máscara del neoliberalismo. Pero hace falta un segundo requisito: la ciudadanía debe tener una voluntad hacia la libertad más fuerte que la tiene hoy. 

La voluntad de libertad de la ciudadanía aún hoy es demasiado tenue porque todavía sentimos en carne y hueso que la democracia no funciona por sí sola, sino que es fruto de un esfuerzo continuo. Hay que moverse, para que los políticos, por ejemplo, no hagan una cosa totalmente distinta a lo que han prometido.

¿Con un comercio ético habría más abundancia y menos austeridad?

Habría más abundancia emocional, ética, de valores inmateriales, abundancia de calidad de vida, de felicidad, pero no necesariamente consumiríamos la misma cantidad de cosas que estamos consumiendo ahora.

¿Debemos consumir menos?

Lo que tenemos que hacer es limitar la capacidad de compra ecológica de la humanidad. La Tierra nos brinda un regalo de recursos naturales gigantesco cada año. Y este regalo en forma de recursos naturales deberíamos repartirlo de forma equitativa entre los 8.000 millones de habitantes del planeta adjuntando a nuestra cuenta bancaria financiera una cuenta ecológica, en la que abonaríamos el presupuesto ecológico, lo que podemos consumir cada año. 

Todo el mundo recibiría el mismo derecho de consumo ecológico, independientemente de su capacidad de compra. ¿No dicen los liberales dicen que los derechos tienen que ser iguales para todos?

A los mercados eso no les gustaría

Hay que empezar por derribar el mito de que los mercados se autorregulan. Ese es un criterio que hay que tener en cuenta para que los mercados puedan funcionar. Las empresas podrían tratar de producir más de lo necesario, sí, pero no podrían vender porque no existiría la demanda ecológica. Eso es un diseño inteligente de los mercados. 

Explíquese, por favor.

Permítame que me alargue un poco entonces. Los economistas clásicos creen en el mito de que los mercados se autorregulan y se estabilizan por sí solos. Pero eso  ocurre en los ecosistemas, no en los mercados. 

Los mercados son reducciones sociales, construcciones culturales que implican relaciones de poder, y hay tres cosas que nunca lograrán por sí solos: nunca jamás lograrán balances comerciales equilibrados, nunca jamás disminuirán la desigualdad ni nunca jamás limitarán el consumo ecológico.

 La gran visión de la economía del bien común es completamente opuesta: para que la economía sea estable a largo plazo hay que limitar la desigualdad, equilibrar los balances comerciales y limitar el consumo de recursos naturales por parte de la humanidad. Los mercados son diseñados al 100% por los seres humanos, así que tendríamos que tener en cuenta estos factores a la hora de hacerlo para que sean más inteligentes y efectivos.

Usted en el fondo habla de derrotar al neoliberalismo imperante

Trabajamos para transformar el pensamiento económico y la economía práctica en su conjunto y no para poner parches. Requiere un gran esfuerzo, pero estamos en ello. Hace falta.

¿Es optimista al respecto?

Me imagino un escenario positivo. Soy optimista a largo plazo, aunque a corto plazo no tengo ni idea. Pero sí, soy optimista porque las buenas ideas, las ideas con autoridad natural, se terminan imponiendo a la larga. 

A corto plazo será más difícil porque los imperios que se basan en la violencia son más fuertes, aunque si no tienen una autoridad natural, tienen una fecha de caducidad, sólo que no sabemos cuándo ocurrirá eso. Y el escenario positivo es que cada vez más empresas eligen el balance del bien común, sobre todo en Europa."             (Entrevista a Christian Felber, Jorge Otero, Público, 14/04/18)

24/1/18

Christian Felber: “No hay que ganar menos dinero, sino consumir menos”

"A Christian Felber (Salzburgo, 1972) le gusta hacer el pino. En mitad de una conferencia, se pone con los pies en alto para deleitar al público. Ventajas de ser bailarín, además de escritor y divulgador. Tiene estudios de filología hispánica, sociología y políticas, y da clase en la Universidad de Economía y Negocios de Viena. 

Felber defiende un cambio radical en el modelo económico, la llamada “economía del bien común”. Entre otros postulados, este austriaco defiende la sustitución del Producto Interior Bruto (PIB) como unidad de medida de la riqueza por otro indicador, el Balance del Bien Común, que prima valores como la justicia social, la dignidad humana o la sostenibilidad medioambiental. 

Otras propuestas de Felber consisten en limitar los ingresos de los individuos y poner límites a la propiedad privada (que un individuo no pueda acumular posesiones por encima de 10-30 millones de euros).

 En cuanto a la banca, es partidario de limitar el tamaño de las entidades para que, llegado el caso de una crisis, puedan quebrar sin necesidad de ser rescatadas. Y regular sus créditos, para garantizar que vayan a inversiones reales y beneficiosas.

Sus postulados no están exentos de críticas: ¿cómo se mide el bien común? ¿tiene legitimidad un Estado democrático para limitar la capacidad de la gente de ganar dinero? Se le acusa de promover el estatismo y el intervencionismo, y se compara su modelo con una especie de comunismo disfrazado, a lo que Felber responde que su propuesta incluye ideas tanto del comunismo como del capitalismo, pero con límites, y siempre en una “democracia soberana en la que el pueblo marque las pautas”.




Miembro de Greenpeace y confundador de la organización antiglobalización Attac en Austria, es autor de libros como Economía del bien común (Deusto, 2012) o Salvemos el euro (Anaya, 2013). A mediados de octubre participó en un congreso organizado por el Consejo General de Trabajo Social en Mérida, donde tuvo lugar esta entrevista.

PREGUNTA. Aboga por medir el éxito ético en lugar del éxito económico en las empresas. ¿Cómo?

RESPUESTA. El éxito suele medirse de acuerdo con el alcance de los fines y no con la disponibilidad de los medios. Aristóteles diferenciaba dos formas de entender y practicar la economía. En la oikonomía el fin es el bien común, la buena vida para todos, para lo que el dinero solo es un medio. 

Si el dinero se convierte en el fin, por definición no es economía sino crematística: el arte de enriquecerse. En ese caso el éxito se mide de acuerdo con indicadores financieros y monetarios, como los beneficios y el PIB.

 En una economía de verdad, donde el objetivo es el bien común, el éxito se mide según el alcance del fin: producto del bien común, balance del bien común (para empresas) y examen del bien común (para inversiones). La ciencia económica está completamente equivocada y se ha deslizado hacia el capitalismo.
P. Hace seis años que se puso en marcha su modelo, ¿qué resultados palpables ofrece?

R. Hay 500 empresas que ya aplican el balance del bien común. Pertenecen a todas las ramas y tienen todo tipo de formas legales: entidades privadas, sin ánimo de lucro o públicas de distintos tamaños. Desde la unipersonal a las de varios miles de empleados. Se han implicado 50 municipios en Europa, algunos más en Chile; unas 200 universidades están elaborando proyectos de investigación y enseñanza.

 Ya se ha creado la primera cátedra en la Universidad de Valencia; y hay tres escuelas técnicas superiores en Austria y Alemania que han realizado el balance del bien común, al igual que la Universidad de Barcelona. 

En España hay varias empresas que siguen el modelo, como Can Cet, la Fundación Guttman y la Agencia de la Juventud, en Barcelona. Además de cuatro regiones europeas: la Comunidad Valenciana, Salzburgo (Austria), Baden-Wüttemberg (Alemania) y Tirol del Sur (Italia).

P. ¿Qué resultados ofrecen las empresas que lo han puesto en marcha?

R. Hay hoteles que empiezan a reducir la oferta de carne en el menú, muchas empresas reemplazan coches de gasolina por eléctricos. Hubo un bufete de abogados que aumentó el salario de la secretaria al darse cuenta de la diferencia que había con respecto al del director. En varias empresas se ha aumentado la participación de la plantilla en las decisiones estratégicas e introducido un mayor grado de democracia interna. 

Hay otras en las que se han duplicado las solicitudes de empleo, por ejemplo en Alemania, porque los trabajadores quieren trabajar en este tipo de empresas a pesar de que no tengan bonificaciones económicas.

P. ¿Por qué prefieren ganar menos?

R. Porque la remuneración que más cuenta para los trabajadores es la ética. Encontrar un sentido a lo que hacen, no causar daños medioambientales, primar las relaciones dentro de la empresa y con el entorno. Esto contribuye a la felicidad. Los trabajadores se sienten más apreciados porque pueden participar en las decisiones.

P. ¿Hay ejemplos en España?

R. En la Comunidad Valenciana se preparan dos leyes que buscan crear un registro con las empresas que sigan estas reglas más éticas, fomentar inversiones que primen la transformación ética, dar incentivos legales a quienes sigan estos criterios. Por ejemplo, dándoles prioridad en la contratación pública o reduciendo los impuestos que gravan sus productos para que sean más competitivas. 

En Cataluña, son entidades y organizaciones tan diferentes como una empresa de inserción laboral y el distrito de Horta-Guinardó en Barcelona.

P. Defiende que las empresas que no sigan el modelo sean penalizadas.

R. El objetivo es que se invierta la tendencia actual y que los productos éticos sean más económicos, conseguir un mercado inteligente y ético en lugar de uno capitalista. Que se prime a estas empresas para la contratación pública, con condiciones crediticias en los bancos del bien común, libre comercio para las empresas más justas y prioridad en proyectos de investigación científica. 

Es el sueño de Adam Smith. El éxito de la empresa es el éxito de la sociedad, y no hay que medirlo con criterios financieros sino en términos de dignidad, de solidaridad, de justicia, de democracia.

 Es decir, solo cuando una empresa contribuye al éxito de la sociedad puede ser exitosa, lo que significa que no puede duplicar beneficios a costa de recortar plantilla, discriminar a las mujeres, destrozar el medioambiente o corromper la política.

P. Si se hiciera un reparto más equitativo de la riqueza, probablemente europeos como usted deberían ganar menos.

R. No sé si todas las culturas quieren ganar más. En Bután, según las estadísticas del Banco Mundial, viven en pobreza extrema pero les va bien. Cuando se les pregunta ‘¿Quién te va a ayudar si necesitas algo’, la respuesta es: ‘Todo el mundo’.

 Eso es una seguridad social total. Lo que sí está claro es que los europeos tenemos que reducir nuestro consumo medioambiental. Si tú o yo consumimos cinco veces más recursos medioambientales de los que el planeta aporta por persona, vivimos a costa de la libertad de los butaneses. No tendríamos que ganar menos, sino consumir menos."                    (Entrevista a Christian Felber, El País, 17/01/18)

31/10/17

Es perfectamente posible que la Renta Básica Universal sea el punto de partida de una precarización generalizada y del deterioro de los servicios públicos

"(...) ¿El desarrollo práctico de los comunes en el contexto contemporáneo podría funcionar como herramienta para combatir los procesos de despoblación rural?

Es una pregunta muy complicada. Los comunes tradicionales siguen existiendo en el campo, pero creo que son una realidad conflictiva.

 A mí me parece, aunque no soy ni de lejos experto en ese tema, que donde están ofreciendo una alternativa más potente es allí donde se están acercando a las prácticas cooperativistas, donde se alejan de su versión atávica y se transforman en procesos organizativos híbridos.

 Los entornos rurales no han salido indemnes de la fragilización de las relaciones sociales postmoderna y eso ha afectado mucho a la posibilidad de supervivencia de los comunes tradicionales. 

¿Pueden articularse en paralelo los bienes comunes y la Renta Básica (RB) para generar unos medios de subsistencia mínima en contraposición a las dinámicas extractivas del mercado?

Hasta cierto punto cuando hoy hablamos de los comunes lo hacemos en un sentido metafórico. El espacio institucional para los comunes no ha sido completamente extirpado, pero lo cierto es que requieren condiciones que en las sociedades de masas no es fácil que se den: continuidad en las interacciones, comunidades más o menos estables, un compromiso fuerte con ese sistema de normas… 

Es importante que tengamos presentes esas limitaciones para evitar inercias elitistas, porque quienes hoy tenemos más capacidad para poner en marcha proyectos cooperativos solemos ser gente con un cierto colchón económico y un fuerte capital social y cultural. Es razonable que sea así y no hay por qué flagelarse por ello pero es un sesgo que no deberíamos perder de vista.

Con la Renta Básica pasa algo parecido. Entendida como un desarrollo del estado de bienestar, es una propuesta que me parece razonable. Pero conviene no olvidar que Milton Friedman formuló una versión coherente y rigurosa de la RB. Creo que es algo que debería hacernos pensar.

 La RB empezó a popularizarse entre la izquierda tras el aplastamiento global del sindicalismo y a veces se usa como una forma de sortear los efectos de esa derrota. Creo que es un error.

 Las formas tradicionales de empoderamiento de los asalariados pasaban por la negociación colectiva y la organización de los trabajadores.

 La RB, en cambio, es una estrategia dirigida a garantizar un derecho individual que, en el mejor de los casos, relega la dinámica colectiva a un segundo momento confiando en que los trabajadores, liberados de las presiones del mercado de trabajo, se sentirán inclinados a organizarse. Esa es una posibilidad, por supuesto. 

Pero no es ni mucho menos la única. Es perfectamente posible que la RB sea el punto de partida de una precarización generalizada y un deterioro de los servicios públicos que, como mucho, le venga bien a una minoría con los recursos sociales y materiales necesarios para surfear el desastre. Creo que eso es lo que entendió Friedman, que no era ningún idiota.

Los proyectos cooperativistas dependen en gran medida de unos vínculos geográficos y afectivos sostenidos en el tiempo y enfrentados a la política del desarraigo característica del capital globalizado.

Los proyectos emancipadores tienen condiciones de posibilidad materiales y políticas pero también sociales. Necesitan de un colchón social, de vínculos e interacciones estables, que permitan asumir riesgos colectivos y desarrollar proyectos de vida compartidos que vayan más allá de la precariedad cotidiana.

 Por eso la mercantilización tiene unos efectos tan corrosivos sobre las posibilidades de transformación política. La diáspora migratoria es una de las expresiones contemporáneas más profundas de ese desarraigo que no es sólo geográfico, sino también social. Aunque uno vuelva, no es lo mismo volver que haber estado.  (...)"                   (Entrevista a César Rendueles, Andrés Carretero, CTXT, 29/10/17)

3/4/17

La Economía del Bien Común: con un baremo, llamado balance del Bien Común, se puede calcular la contribución de cada compañía o institución al bien de la sociedad




"El profesor universitario, escritor y divulgador austriaco Cristian Felber está empeñado en promover un cambio radical en la lógica del sistema económico actual. Pretende que las empresas no funcionen como hasta ahora: competiendo unas contra otras y buscando el máximo beneficio económico, pues esa lógica conlleva comportamientos contrarios al bien común. 

Y es que, sostiene, los sistemas económicos no son 'neutrales': favorecen o perjudican que salga lo mejor del ser humano. Para ello ha puesto en marcha la llamada Economía del Bien Común, un camino "moderado" e "intermedio" entre el sistema capitalista y la economía planificada del comunismo, y que se basa en los mismos valores que hacen florecer las relaciones: confianza, honestidad, responsabilidad, cooperación, compasión, cooperación, democracia o generosidad.

Y que se puede medir. No son palabras bonitas. Ha creado un baremo, llamado balance del Bien Común, con el que se puede calcular la contribución de cada compañía o institución al bien de la sociedad.


 Cuanto más social, ecológica, democrática y solidaria sea la actividad, mejores serán los resultados del balance del bien común alcanzados. ¿Conseguirá implantar un nuevo orden económico mundial? Este austriaco de 44 años estuvuvo en Chile a fines del año pasado y dictó la charla que muestra el clip. Recientemente respondió estas preguntas de europapress:

¿QUÉ ES LA ECONOMÍA DEL BIEN COMÚN?
 
Es un modelo económico alternativo, completo y consistente -pero al mismo tiempo abierto al desarrollo- que busca la reorientación de la totalidad de las acciones económicas hacia al bien común, algo que ya está recogido en las Constituciones de muchos países pero que no se está llevando a la práctica. 

La Economía del Bien Común busca cambiar las reglas del juego de afán de lucro y competencia por la cooperación y contribución hacia el bien común. Y quiere que las empresas con buenos balances del Bien Común disfruten de ventajas legales como rebajas fiscales, poder acceder a créditos baratos o ser privilegiados en la compra pública. 

La economía actual busca el crecimiento del PIB de una nación o maximizar el beneficio financiero de las empresas, lo que deja de lado si esa empresa crea empleo y de calidad, si hay igualdad de trato entre hombres y mujeres en las compañías, si cuida o destruye el medio ambiente, si produce armas o productos sostenibles...

¿QUÉ FALLA EN EL MODELO ECONÓMICO ACTUAL?
 
La economía actual convierte los medios en fines. El dinero -el beneficio financiero y el PIB- es el fin, y entonces los valores que servimos son el egoísmo, el crecimiento ilimitado, el ir unos contra otros, la desigualdad ilimitada...Estos valores no están en ninguna Constitución, filosofía o religión del mundo y es un sistema de valores que la sociedad no quiere.

 Los valores fundamentales que la inmensa mayoría quiere para la economía son justicia, solidaridad, sostenibilidad y democracia. Y el actual modelo beneficia a los actores económicos y empresarios no éticos, porque ellos tienen una ventaja competitiva (no pagan salarios justos o no tienen en cuenta el medio ambiente, por ejemplo) lo que hace sus bienes o servicios tengan un precio final menor para el consumidor. 

Y esto es perverso. Lo que pretendemos es invertir la dinámica del sistema actual y erradicar la causa pasando de un capitalismo a una economía del bien común.

¿CÓMO SE PUEDE LLEVAR A CABO A ESTE CAMBIO DE SISTEMA?
 
El sistema solo se puede transformar paulatinamente, con pasos pequeños, pero muchos pasos pequeños. La estrategia es colaborar con todos estos agentes sociales y contar con pioneros en cada área que reorienten sus actividades hacia el bien común. Se trata de generar una nueva dinámica: de la escasez a la satisfacción, de la competencia a la cooperación, del exceso al equilibrio.


¿CUÁNTAS EMPRESAS UTILIZAN YA ESTE BALANCE?
 
Más de 400 empresas, bancos, municipios, organizaciones o universidades en 10 países, más de 2.200 organismos que apoyan la Economía del Bien Común. Más de 100 universidades están colaborando en la enseñanza, investigación, aplicación y difusión pública. Y la Universidad de Barcelona es la primera en el mundo que realiza el balance del Bien Común.


¿ESTÁIS SATISFECHOS CON EL RITMO ACTUAL DE IMPLANTACIÓN?
 
Para un cambio radical estas cifras no son suficientes, para eso se necesitarían docenas de miles de agentes sociales que implanten sus balances sobre el Bien Común. Estos cambios son complejos y, al mismo tiempo, desafiantes. Pero hay que tener en cuenta que el balance financiero actual no se creó en unos años si no en siglos, y la Economía del Bien Común la hemos puesto en marcha hace 5 años. 

A principios de abril pondremos en marcha la herramienta Balance del Bien Común 5.0 para que de forma sencilla las empresas puedan hacer sus balances del Bien Común. Saldrá primero en alemán y lo previsible es que entorno a verano esté la herramienta en inglés y español. Con esta herramienta veremos si las cifras de las empresas con este tipo de balance aumentan considerablemente.

¿CUÁLES SON LOS PRINCIPALES IMPEDIMENTOS PARA QUE SE IMPLANTE LA EBC?
 
Los impedimentos son muchos y muy distintos. El primero es la ciencia económica clásica, que se ha confundido a sí misma con la crematística que criticaba Aristóteles (acumular riquezas) y con el capitalismo. Otro de los impedimentos es la creencia de que el ser humano es egoísta y competitivo por naturaleza, algo que no tiene ninguna base científica. 

En el sistema actual predomina la competencia de los unos contra los unos, la lógica de que alguien tiene que ser el ganador, el egoísmo, la desconsideración de los otros, la desconexión de la naturaleza. Se trata de traer valores como la cooperación, el cuidado, consideración, la empatía. Y el tercer impedimento es el poder político, mediático y financiero, que no apoya este cambio, al menos no en este momento.

ABOGAN POR UN LÍMITE DE GANANCIAS POR PERSONA, ¿CUÁL SERÍA EL MÁXIMO?
 
Éste es un punto muy controvertido, pero solo en las élites. Ellas creen que para la sociedad es mejor si no hay un límite a la desigualdad, pero la evidencia científica dice que está bien que haya una moderada diferencia en ingresos, en patrimonio, en herencia y en el tamaño de las empresas, pero si la desigualdad supera un cierto límite se convierte en un peligro para la estabilidad y el bienestar de la sociedad. 

El máximo de la ganancia por persona es algo que tienen que decidir los ciudadanos, que son soberanos. Nuestros experimentos empíricos en 25 países nos dicen que la población optaría por un ingreso máximo similar al salario mínimo multiplicado por 10 o 20.

¿PERO DEBE EL ESTADO LIMITAR LA CAPACIDAD DE LAS PERSONAS DE GANAR DINERO?
Es una limitación para salvaguardar una mayor libertad de otros o las mismas libertades de todos. Esta sería la justificación de esta limitación. En nuestra vida existen muchas limitaciones a nuestras libertades para salvaguardar las mismas libertades de todos.


TAMBIÉN CREEN QUE DEBE LIMITARSE LA PROPIEDAD PRIVADA, ¿CUÁL SERÍA ESE LÍMITE?
 
Si permitimos la libertad de la propiedad de forma ilimitada se acaba la libertad de todos para tener al menos cierta propiedad. Esa es la explicación. Mi propuesta personal sería que las personas pudieran tener en concepto de propiedad privada de entre 10 y 30 millones de euros como límite superior. 

En vez del dominio total de la propiedad pública -como quiere el comunismo- o del dominio total de la propiedad privada -como quiere el capitalismo-, la Economía del Bien Común defiende que haya propiedad privada pero limitada y condicionada al balance del bien común, y que puede haber propiedad pública, pero limitada a recursos estratégicos y bienes públicos. También puede y debe haber propiedad colectiva, como las cooperativas o empresas sociales.

¿CÓMO SE LLEVARÍA A LA PRÁCTICA ESTA LIMITACIÓN?
 
Esto se podría regular con el sistema de tributaciones. Pudiendo heredar como máximo entre 1 y 3 millones de euros, por lo que podrías ganar 27 millones de euros más (si el límite total estuviera en 30 millones). 

En una generación transitoria esto se implantaría poniendo tasas sobre el patrimonio ligeramente crecientes y limitando la herencia, pero sin necesidad de expropiaciones. Se trataría de limitar el derecho de apropiación. Así, el problema de la extrema desigualdad en los patrimonios de las personas se podría resolver en una generación y sin ninguna expropiación.

¿QUÉ PENSÁIS SOBRE LAS ACUSACIONES QUE DICEN QUE SOIS UNA FORMA COMUNISMO MODERNO?
 
Pues que entonces estas personas no saben qué es el comunismo. Nosotros nos oponemos igualmente al comunismo como al capitalismo, porque ambos son totalitarios, ya que tienden a la concentración de la riqueza y el poder. 

La Economía del Bien Común es un enfoque eminentemente democrático, porque no se va a implementar si no es decidido democráticamente por los ciudadanos soberanos. A diferencia de los extremismos que suponen el capitalismo y el comunismo, la Economía del Bien Común es un camino moderado, intermedio, que incluye ciertos elementos de ambos extremos, pero con límites y condiciones. 

Capitalismo y comunismo son mucho más semejantes de lo que la gente piensa: ambos confunden los fines con los medios, se enfocan en un solo tipo de propiedad y tienden a la concentración de poder, público o privado.

DICEN QUE LA EBD TIENE MUCHOS ELEMENTOS EN COMÚN CON EL PENSAMIENTO SOCIAL CRISTIANO. ¿ESTÁN DE ACUERDO?
 
Sí, empezando por Tomas de Aquino quien dijo 'Bonus comune melius bonus unus'. El bien común es más importante que el bien de solo uno." La doctrina social del cristianismo es responsable de que el bien común aparece como una estrella en muchas constituciones de países democráticos, unido con la dignidad de la persona. Sin embargo, el buen vivir, para mi significa exactamente lo mismo y es otra fuente de inspiración para la EBC.

 Lo mismo con "ubuntu" de África, el Dharma del budismo, la ecología profunda, la ecofilosofía, la Ilustración y, muy importante, Aristóteles quien nombraría nuestro patrono/patrocinador teórico. La EBC tiene un fundamento filosófico muy amplio, yo diría universal.

20/10/16

La Red de Compras Colectivas

"En contraposición a un llamado “consumo responsable” que sostiene que comprar es votar está apareciendo últimamente un consumo rebelde, amotinado, que defiende que comprar es luchar y que queda vívidamente definido por grupos como La Granada [1]:  (...)

El consumo combativo es una recuperación de nuestra responsabilidad indelegable de decidir sobre todo lo que nos afecta, una responsabilidad que no estamos dispuestos a transferir a ningún representante político, sindical o religioso.

La Granada es una fruta explosiva. Somos trabajadoras y trabajadoras en lucha contra el Estado y la empresa capitalista, no un club del gourmet o un eco-centro de salud nutricional. Nuestro objetivo es debilitar al Estado y a la empresa capitalista a través de la organización asamblearia del consumo y reforzar al mismo tiempo a los colectivos productivos autogestionados. (...)

La simple orquestación de una “no compra” es un boicot a medias, inconcluso, quizá efectivo en campañas reivindicativas puntuales pero carente de profundidad revolucionaria. De aquí surge la idea de la “compra colectiva” como culminación de la “no compra colectiva”, un perfeccionamiento del boicot.
La compra colectiva como arma del consumo combativo puede llegar a hacerse en el mercado capitalista y compartir bastantes de los criterios del consumo responsable, como veremos enseguida, pero la intencionalidad subversiva lo trastoca todo [3]

El consumo responsable puede ser fácilmente recuperado por el sistema, convertirse en un eslogan de marquesina subvencionado por el Ministerio del Buen Rollo; entrar en el temario de Educación para la Ciudadanía; mercantilizarse como el bicarbonato de una clase media urbana con malas digestiones de conciencia o salir en portada del próximo suplemento dominical de El País. 

Pero el consumo combativo es ya irrecuperable, no tiene remedio. Cada acto de consumo –que no tiene por qué ser necesariamente una compra [4]- es doloso, tiene el punto de mira puesto en la transformación del sistema económico y político.

La compra colectiva como arma del consumo combativo.

[…] no nos contentamos con organizar nuestro consumo de alimentos. Queremos organizar el consumo de toda clase de productos y servicios básicos, de todo lo necesario para la vida. De hecho, aspiramos a una sociedad en que la producción esté determinada por el consumo y no al revés, como sucede bajo el capitalismo.

Entendemos la compra colectiva como una forma de continuar desarrollando nuestra cada vez más desarrollada organización del consumo. Con Karakolas no sólo hemos perfeccionado herramientas sino, más importante aún, estructuras de coordinación y toma de decisiones conjuntas: Redes asociativas que pueden crecer sostenidamente y sin afectar la autonomía de cada grupo integrante.

Las compras colectivas tendrían dos objetivos:
 
- El prioritario, crear “círculos virtuosos autogestionarios”. Se trata de desviar el consumo de todos los productos que podamos a proveedores que no exploten a trabajadores, que se organicen de forma asamblearia como nosotras y respeten nuestros criterios ecológicos. 

Esta demanda concentrada fortalece a los productores autogestionados, que son entonces capaces de mejorar su oferta a los consumidores autogestionados (ampliando la variedad, mejorando la calidad, ajustando precios, etc.) Y vuelta a empezar en ciclos cada vez más potentes. De esta manera nuestras compras estarían sirviendo directamente para fomentar la economía alternativa que perseguimos.

- El secundario, romper “círculos viciosos capitalistas”. Hay multitud de productos de uso cotidiano que todavía no podemos encontrar en la Autogestión y tenemos que comprar al capitalismo (pilas, bombillas, papel, menaje, herramientas, etc.)

 Nuestra demanda desorganizada de estos productos potencia la lógica productivista capitalista que, regida por la máxima obtención de beneficio al menor costo posible, agrava la explotación laboral, el ecocidio (o destrucción de la naturaleza transformada en recurso mercantil), el control monopolístico de los precios, etc. Cada ciclo, cada rotación de stocks en las estanterías del supermercado, empeora la situación. Con la compra colectiva podemos romper estos círculos viciosos (por ejemplo, mediante la promoción de proyectos autogestionados con el dinero obtenido en los descuentos).

El texto recién citado está sacado de una ponencia tratada el 24 de septiembre pasado en la Asamblea de Karakolas, integrada actualmente por más de 40 grupos de consumo. Para la última parte, referida a la ruptura de “círculos viciosos capitalistas”, se manejó un trabajo del extinto colectivo Banda Ancha publicado en 2012 bajo el título “La compra colectiva como instrumento de lucha contra el capitalismo”, del que rescatamos los siguientes párrafos:

En el mercado capitalista, toda compraventa es una negociación entre partes contrarias. Llamamos compra colectiva a la compra organizada en red con el objeto de conseguir mayor poder de negociación frente a las empresas capitalistas, la parte contraria. A mayor fuerza de compra, más poder de negociación.

El efecto inmediato de la compra colectiva es el abaratamiento del precio del producto. A las empresas capitalistas les suele salir rentable sacrificar márgenes de beneficio a cambio de volumen de venta. En otras palabras, con la compra colectiva aplicamos el mismo principio que cuando regateamos descuentos con el tendero por comprar tres unidades de un producto en lugar de uno, pero a lo bestia. 

Obviamente, una compra colectiva orientada sólo a la reducción de precios no hace más que alimentar el consumismo desaforado del que se nutre el capitalismo. De hecho, existen varias páginas de comercio online que obtienen cientos de millones de euros de beneficio anuales por el procedimiento de mercantilizar compras colectivas. 

Pero nuestra forma de salirnos de este círculo vicioso consumista es donar el beneficio obtenido en la compra colectiva a proyectos sin ánimo de lucro que tengan una intencionalidad revolucionaria. Es decir: invertir el beneficio de la compra en la destrucción del vendedor. Sólo por esto, merece la pena organizar la compra de los productos que compramos desorganizadamente en el Carrefour (bombillas, pilas, papel higiénico, etc.)

Pero hay más. A medio plazo, podremos conseguir mucho más que descuentos mediante la organización de nuestras compras. Podremos intervenir en los procesos de producción y distribución de nuestros proveedores capitalistas, por ejemplo, o en las condiciones laborales de su plantilla asalariada. La simple perspectiva de perder un cliente con un potencial de compra masivo puede obrar milagros en la “responsabilidad social corporativa” de las empresas. 

La fuerza de compra es el factor principal pero no el único. Hay otros factores que incrementan también nuestro poder de negociación. Un colectivo organizado de consumidoras siempre representa una amenaza mayor para la empresa capitalista porque dispone de más medios de defensa y ataque que la consumidora aislada (cajas de resistencia para sostener acciones jurídicas, impagos coordinados, campañas públicas de desprestigio, boicots, etc.)

Por último, a una escala suficiente, las compradoras organizadas seremos capaces de dar la espalda a las empresas capitalistas y hacer viables proyectos autogestionados que fabriquen bombillas, baterías, paneles solares, etc. Ese momento llegará cuando seamos capaces de financiar los medios de producción necesarios y garantizar la demanda.

La RCC (Red de Compras Colectivas)

En junio de 2015, la RCA acordó impulsar una Red de Compras Colectivas. Paralelamente, por las mismas fechas, Faircoop inició un proyecto muy similar en el marco de su mercado virtual Fairmarket. En julio de 2016, compañeros de la RCA y Faircoop descubren por casualidad que están trabajando en proyectos convergentes e inician inmediatamente una colaboración que acelera el proceso de constitución de una RCC de dimensión internacional. 

En Madrid, animadas por el impulso, las Asambleas de La Canica y Karakolas acordaron unirse a la RCC el 17 de septiembre y el 24 de septiembre, respectivamente.

Las compañeras informáticas están ultimando la adaptación del software de Karakolas y Fairmarket a una aplicación que tendrá un funcionamiento muy parecido al de una plataforma de crowdfunding. Los colectivos adscritos a la Red podrán realizar propuestas de compras colectivas de un producto a través de la RCC, fijando una cantidad mínima de unidades y un plazo de tiempo para alcanzarla. 

Si el total de los pedidos no llega a la cantidad mínima en el plazo fijado, la propuesta de compra se considerará rechazada y el dinero adelantado se retornará. Las comunidades usuarias de monedas alternativas podrán establecer intercambios en faircoins, canicas, ecos, etc.

Los contactos con proveedores se han iniciado ya. De hecho, aunque la aplicación no está aún operativa, la RCA ha aprobado una primera compra de 600 kilos de café Rebeldía, producido por cooperativas zapatistas y distribuido por una Asociación solidaria de Barcelona adherida a Fairmarket. La compra se ha efectuado para garantizar existencias de café en 2017, ya que los pedidos a las productoras zapatistas en lucha se hacen anualmente -cada mes de octubre- para facilitar la programación de su temporada. 

También se está mirando la posibilidad de abrir un canal de importaciones con ERT argentinas (Empresas Recuperadas por los Trabajadores) y con cooperativas textiles de la Rojava kurda, otra de esas regiones del mundo donde se está ensayando la autonomía libre asociacionista, sin Estado ni patrones ni patriarcas. Ya dentro del espacio europeo, las compañeras griegas de la fábrica okupada VIO.ME nos han enviado su catálogo de productos de limpieza, que empieza literalmente así:

Nosotras, las trabajadoras de VIO.ME en lucha, liberadas de los jefes, continuamos resistiendo a pesar de la presión y las maniobras legales que se operan a nuestras espaldas. Nos resistimos como trabajadoras a abandonar la fábrica y perseveramos en nuestra demanda central: Las fábricas, así como toda la riqueza social, deberían ser gestionadas por quienes las producimos.

Por último, la RCC cuenta con la estructura legal necesaria para enfrentarse a los obstáculos burocráticos a los que tendrá que enfrentarse [5] . Aunque la tercera entrega de nuestro serial titulado “La Acción Económica” tratará precisamente de este tema, no podemos evitar la tentación de adelantar un par de apuntes. 

Sólo los colectivos con poca personalidad confunden su identidad con la de una “persona jurídica” o se identifican con “Números de Identificación Fiscal” (NIF). De las empresas capitalistas hemos aprendido que las personas jurídicas son como los vehículos, las hay de todas clases, para usos deportivos o industriales, para embestir escaparates en los alunizajes o ponerse a salvo después de atracar bancos. 

Por cierto, una Sociedad Limitada puede ser el escudo instrumental de una Asamblea de trabajadoras y una Cooperativa puede ser la tapadera de una penitenciaría laboral que exprime a miles de trabajadoras [6]. 

Las escrituras notariales e inscripciones registrales no determinan las relaciones de producción. La explotación laboral es un fenómeno económico, no jurídico, que en el caso concreto del asalariado se da cuando el factor de decisión en una unidad productiva (tienda, taller, bar, almacén, etc.) es el capital y no el trabajo.

Pero todo esto se verá más tranquilamente en el siguiente episodio de “Acción Económica”, si el tiempo y las autoridades lo permiten.

Las interesadas en contactar con la Red de Compras Colectivas podéis escribir a rcc@riseup.net.

 [1] http://lagranada.org/. Grupo de consumo constituido en 2014 y adherido a la RCA.(...)"