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6/3/23

Cuando la Iglesia luchó codo a codo junto a militantes comunistas: el caso de los 'curas rojos' de Menorca

 "Hacia mediados de los años 70 Menorca fue epicentro de un debate político que atravesó España y removió los cimientos de la vieja y franquista Santa Madre Iglesia. En la pequeña isla mediterránea, el llamado cristianismo de base tuvo una fuerte expresión organizativa, que resulta clave para entender la genealogía política de la isla desde la transición hasta la actualidad.

Hasta aquí, empujados por la tramontana, llegaron los ecos de un movimiento que logró sentar en la misma mesa a sacerdotes católicos y militantes comunistas para luchar por la democracia y contra las desigualdades sociales.

De las reuniones clandestinas en las parroquias, arropados por los curas rojos durante la dictadura, a la construcción de un amplio espacio que supo disputar la hegemonía política insular, en elDiario.es reconstruimos una parte de la historia de los católicos marxistas menorquines.

A Dios rogando…

El contexto global que permitió el encuentro entre la Biblia y El Capital sólo puede comprenderse con la irrupción de dos elementos históricos fundamentales. De un lado está el surgimiento de la Teología de la Liberación en Latinoamérica y la concepción liberadora del evangelio. Un proceso ideológico y político que inspiró el nacimiento de espacios como el Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile –que integraría la experiencia de gobierno del allendismo–, las experiencias revolucionarias de Nicaragua y el Salvador, el inicio de la guerrilla Montoneros en Argentina vinculado a los grupos de Acción Católica o el nacimiento del Ejército de Liberación Nacional en Colombia, comandado por un jesuita llamado Camilo Torres Restrepo.

El otro elemento es la convocatoria del Concilio Vaticano II, impulsada por un papa breve pero comprometido y progresista como Juan XXIII. La convocatoria a esta gran asamblea de la cristiandad no fue el fruto de la voluntad divina, sino del más racional cálculo político: los trabajadores del mundo rechazaban a la iglesia por su vinculación histórica con el poder y las clases dominantes. Al rol –cuestionable como poco– jugado por el papa Pío XII durante el nazismo en Europa se sumaba la escasa importancia que se le otorgaba a los obispos del llamado “tercer mundo” dentro de la estructura vaticana. 

Así fue cómo, apenas unas semanas después del triunfo de la revolución cubana, el recién asumido Juan XXIII convocó a todos los representantes del cristianismo para discutir cómo “modernizar la iglesia”. En este encuentro, que finalizó tres años después de su sesión de apertura, fueron ganando peso las posiciones de los obispos del llamado 'tercer mundo'. Las críticas al lujo y ostentación del Papa y a las concepciones vetustas y elitistas de los evangelios. Como en todo proceso político, se dibuja una “nueva forma de hacer Iglesia”, en este caso pobre y de izquierda.

Menorca roja, santa y soberanista

Para entender qué pintan los cristianos en la política de izquierdas de Menorca hay que remontarse a la guerra. A diferencia de Mallorca y Eivissa, esta isla se mantuvo fiel a la República hasta el fin de la contienda civil. Después de los bombardeos de la aviación italiana, los milicianos republicanos se vengaron fusilando a varios oficiales falangistas y a un número elevado de curas –entre 30 y 40–, en el barco Atlante de Maó y en el cementerio de Es Castell, cuenta Miquel Àngel Maria, actual número dos de la plataforma Més per Menorca, exsacerdote y miembro de la organización Cristians pel Socialisme.

“Con esto quiero decir que la persecución religiosa durante la guerra fue intensa en la isla, lo cual tiene un efecto ambivalente, porque si bien la iglesia del primer franquismo es absolutamente adicta al régimen, hacia mediados de los 60 y después del Concilio Vaticano II, en Menorca habrá un clero muy joven con un nuevo obispo llamado Miquel Moncadas Noguera que, sin ser progresista, tendrá clara la pluralidad de la iglesia en la isla”, explica Maria.

“Algo que definitivamente marca el surgimiento de esta organización y que la vincula con la isla fue un encuentro clandestino, llamado Encuentro de Ávila –que no fue en Ávila sino en Calafell–, en noviembre del 73, poco después del golpe a Allende en Chile. Allí se reúnen más de 200 cristianos de base convocados por referentes de esta corriente como Alfonso Carlos Comín y José María Díez-Alegría, que marca el nacimiento de Cristianos por el Socialismo. En ese encuentro hubo dos delegados menorquines”, relata Antonio Cassero, ex responsable político del Partido Comunista en Menorca.

Estos dos menorquines eran, según pudo reconstruir elDiario.es, Josep Seguí Mercadal, párroco de la Iglesia del Carmen, y Bartomeu Febrer, conocido como “es capellà petit”. Ambos sacerdotes fueron los organizadores en Menorca de una serie de conferencias, charlas y debates con los referentes del cristianismo de base de todo el estado español y de toda Europa. Del encuentro de posiciones laicas, cristianas, marxistas, obreras, nacionales, internacionales e insulares surgirá buena parte de lo que hoy es la representación política, sindical y social menorquina.

“Efectivamente las organizaciones sociales como las asociaciones de vecinos, los sindicatos y luego también los partidos políticos van a ir construyéndose desde entonces y hasta bien entrados los 90 al amparo de las parroquias. Concretamente la de Santa Eulàlia y la del Carmen. El movimiento ecologista incluso va a tener una confluencia importante de militantes que salen de las parroquias”, subraya Miquel Àngel Maria, quien vivió de cerca esta conjunción de corrientes, ya que a los 19 años ingresó al seminario de Menorca con la intención de ordenarse sacerdote. 

“Yo quería vivir la vocación desde la perspectiva de construir una nueva iglesia. Eran los años de la revolución sandinista en Nicaragua, proceso del que participé como brigadista voluntario durante seis meses en 1986. Esa experiencia me marcó profundamente. Finalmente me ordené cura en 1991 y fui párroco en Ferreries durante tres años y luego pasé otro año en Roma estudiando la biblia. Allí decidí secularizarme tras conocer a la que hoy es mi pareja. A pesar de dejar los hábitos no he dejado nunca de sentirme miembro de la iglesia ni de participar de las actividades. Yo soy parte de la minoría que piensa que entre cristianismo y revolución no hay contradicción, a lo que añadiría también una perspectiva soberanista”, señaló. 

Si hay otro elemento que atraviesa la apertura democrática en Menorca además del cristianismo de base y el florecimiento de los partidos políticos democráticos y de izquierda es el menorquinismo político, la recuperación de la cultura, el idioma y su raíz catalana. “Aunque yo era miembro del PC a veces participaba de las reuniones en las parroquias, porque creía que la transformación que hacía falta, la tarea que teníamos por delante no iba a venir solo del movimiento obrero, sino fundamentalmente de la cultura. Así fuimos recuperando la identidad cultural de Menorca”, subraya Cassero.

Una iglesia envejecida y lejos de los pobres

Sin embargo, la consolidación democrática y la apertura política posterior a los 70 disgregaron aquel rebaño menorquín, que se había reunido en torno de los evangelios y de la dialéctica materialista. “Hacia mediados de los años 80 hubo un retroceso fuerte en la iglesia, marcado por el papado de Carol Woijtila. El nombramiento de obispos de otro talante, como Ángel Suquía en Madrid, marca una involución importante. Regresa el tradicionalismo en los seminarios, vuelve una marcada moral ética y estética conservadora, se nota en cuestiones de moral e incluso en la liturgia hay un viaje hacia atrás, una involución clara”, señala Miquel Àngel Maria. 

Posteriormente, en Menorca los militantes del cristianismo progresista abandonan la iglesia, aunque algunos mantienen compromisos sociales con nuevos espacios que van surgiendo. Incluso, muchos abandonan la fe y van abrazando posiciones agnósticas. “Con el avance de la secularización, este colectivo que eran jóvenes en los años 70 –yo soy de los últimos de esa camada y tengo 65– no tuvo recambio generacional. Hoy en día la de Menorca es una iglesia envejecida donde la parte más progresista está muy apagada respecto de lo que fue”, sentencia el exsacerdote."                     (Santiago Torrado , eldiario.es, 4 de marzo de 2023)

2/12/22

La historia del niño lama español que abandonó su templo de la India por las ‘raves’ de Ibiza

 "De Osel Hita Torres se han escrito muchas cosas durante muchos años, como prueba una rápida búsqueda en Google. “Pero son retazos de una vida que nunca se había contado de principio a fin. Hasta ahora, casi nadie me entendía”, explica él mismo a principios de noviembre en las oficinas de HBO Max España. La suya es una vida que resulta irrepetible. O quizá sería más descriptivo decir que las suyas son muchas vidas encerradas en un mismo cuerpo.

Es la única persona occidental declarada por el Dalai Lama como la reencarnación de un maestro budista. La plataforma suma a su catálogo una serie documental de la productora Mr. Monkey que lleva su nombre y cuenta su historia.

El director Lucas Figueroa inicia el relato con un capítulo lleno de contexto que sitúa al espectador en un viaje que no acabará tal y como lo empezó. Es el testimonio que descubrió al leer el libro biográfico de María, la madre de Osel. Un suceso conmocionó al mundo en 1986, cuando un bebé de la Alpujarra fue reconocido como la reencarnación de Lama Yeshe. Este visionario maestro budista decidió mezclarse con la cultura hippy de Europa y Estados Unidos durante los setenta y ochenta, para así romper las barreras culturales que alejaban a su doctrina religiosa del mundo occidental. 

Durante sus visitas a una comuna española, conoció al matrimonio formado por María Torres y Paco Hita, quienes constituían un curioso triángulo con el francés Francois Camus, joven millonario benefactor del lugar. El líder espiritual vislumbró que sería allí donde regresaría tras su muerte. El nacimiento de uno de los hijos de la pareja, Osel, encajó en la profecía y fue trasladado a la India, para su entronización y formación.

Hita creció en ese templo, con unas luces y sombras que explica por vez primera de forma detallada en esta serie de cuatro capítulos. Cuando rememora su infancia, habla del sentimiento de abandono, al creerse vendido por los suyos, que le ha acompañado durante años. Y de los estrictos códigos que afrontó en su educación como lama, que le llevaron a tener estrés, con siete años, viviendo en medio de la nada. No podía hacer deporte, no podía ver películas, ni comer acompañado de nadie. Solo podía estudiar durante horas, entre 8 y 16 al día, a menudo textos en tibetano, recuerda Hita. 

 Tras su mayoría de edad, decidió abandonar el lugar para viajar por el mundo, acercarse a su familia y conocer una visión terrenal de la vida que hasta entonces apenas había experimentado, salvo en contadas visitas a su hogar español. Y así es como fue adolescente en la Ibiza de Pachá, las drogas y las raves, un sin hogar en Venecia, estudiante en prestigiosas escuelas de Suiza y Canadá… Ahora, a sus 37 años, se siente en paz con su familia y con su pasado religioso, es padre y activista medioambiental, que une las visiones extremas de dos mundos, el de la espiritualidad oriental y el hedonismo capitalista de Occidente.

“Yo vivía en Argentina cuando todo esto ocurrió y, al leer los recuerdos de María, me parecía una historia inverosímil”, cuenta Figueroa, que decidió viajar por diferentes países para conocer y grabar con su cámara a las personas que aparecían en el texto. Tras años de trabajo, Hita, desaparecido de forma voluntaria de los medios de comunicación durante más de una década, decidió que él también quería participar en el testimonio visual de la que es la historia de su vida.

 “Ese camino que hacen los protagonistas de la serie documental, en el que lo malo termina siendo bueno y a la inversa, es el que busco para la audiencia”, comenta el director. Lo hace a través de dos personajes especialmente fascinantes, el niño lama convertido en un adulto y María, una madre con miradas muy poco comunes que pasa de ser enjuiciada a comprendida. “Ella, su forma de ser, hacen que al final termines mirándote a ti mismo y analices tus propios prejuicios”, defiende el responsable de la serie. En realidad, Osel es “la historia de una familia en medio de situaciones extraordinarias”, continúa.

Mundos irreconciliables

Son tantos los choques culturales que muestra Osel, que también cuestiona si las sociedades occidental y oriental están condenadas a no entenderse, por mucha globalización que llegue al mundo. “Hay y habrá aproximaciones, pero solo en asuntos muy puntuales”, opina Figueroa. “Yo creo que se puede compartir, unificar, romper tabúes, derribar barreras… Para mí es un honor formar parte de ese proceso”, cuenta Hita, que siente que su vida ha sido “un experimento” con el que probar que el entendimiento es posible.

El ponerse por una vez en el lugar de espectador gracias a este proyecto ha ayudado a Hita a cambiar la perspectiva de su biografía. “La serie me ha ayudado mucho a ver las cosas de forma objetiva ante una experiencia que me resultó tan extrema. Ha sido como una terapia, un largo proceso de aprendizaje”, cuenta quien fuera niño lama. En su actual proyecto de vida, Hita da charlas en todo el mundo, también en centros budistas de aquellos que han aceptado que se desviara del camino que le había marcado su religión. Se presenta como un líder que sigue aprendiendo, no como un gurú que sabe de todo. Su fundación Global Tree Initiative recopila las enseñanzas que ha recibido y las aplica en la lucha por proteger el medioambiente. Será uno de los asuntos que la serie trate en las dos temporadas más que su creador tiene planeado para ella.

“Mi apego emocional fue con mi maestro, la única figura constante que hubo en mi infancia. Con mis padres no me he criado, los he ido conociendo poco a poco. Me costaba tener intimidad y comunicación con ellos. Pero para mí siempre ha sido más fácil entender a mis padres que ellos a mí. La primera vez que vi la serie terminada, no pude esperar a que acabaran los capítulos para enviar un mensaje a mi madre y mi padre y decirles que les amo”, confiesa."                (Héctor Llanos Martínez , El país, 06/11/22)

17/10/18

La Escuela de las Américas, famosa por el entrenamiento de asesinos latinoamericanos, anuncia con orgullo que la teología de la liberación fue "derrotada con la ayuda del ejército de los Estados Unidos"

"(...) Estados Unidos lanzó una guerra virtual contra la Iglesia, en forma más dramática en América Central en los años ochenta. La década estuvo enmarcada por dos eventos cruciales en El Salvador: el asesinato en 1980 del Arzobispo Oscar Romero, la "voz de los sin voz", y el asesinato de seis importantes intelectuales latinoamericanos, sacerdotes jesuitas, en 1989.

 Romero fue asesinado unos pocos días después de que enviara una carta elocuente al presidente Carter suplicándole que no enviara ayuda a la junta militar asesina, que [la] usaría "para destruir a las organizaciones populares que luchan para defender sus derechos humanos fundamentales", en palabras de Romero. 

 Así lo hicieron las fuerzas de seguridad en los estados dominados por Estados Unidos de la región, dejando a muchos mártires religiosos junto con decenas de miles de las víctimas habituales: campesinos pobres, activistas de derechos humanos y otros que buscan "defender sus derechos humanos fundamentales".

El ejército de los Estados Unidos se enorgullece de ayudar a destruir la peligrosa herejía que adoptó "la opción preferencial por los pobres", el mensaje de los Evangelios. 

 La Escuela de las Américas (renombrada como "El Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación de Seguridad"), famosa por el entrenamiento de asesinos latinoamericanos, anuncia con orgullo que la teología de la liberación fue "derrotada con la ayuda del ejército de los Estados Unidos". (...)"            (Entrevista a Noam Chomsky, C. J. Polychroniou,  Truthout, 31/08/18; traducción google)

17/5/13

“El Vaticano tendría que desaparecer, como Estado y como banco”


“Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios”. Con esta lapidaria frase, según cuenta el evangelio de Mateo, se dirigió Jesús a los sacerdotes, que utilizaban la posición que les daba la religión para hacer riqueza.

Esta visión la aplican hoy curas como Enrique de Castro, que lleva más de 40 años dedicando su vida a los desheredados desde una parroquia de Vallecas (Madrid), la San Carlos Borromeo, que ha servido de sede de asambleas a colectivos sociales en incontables ocasiones. El cura Javier Baeza le ha tomado el relevo, pero De Castro continúa su labor junto a los desheredados, pese al retiro nominal. (...)

Entonces comenzó el modelo de la parroquia de San Carlos Borromeo.

En 1981 me vengo a Entrevías. Allí empezamos a darle la voz a la gente, a hacerla participar, para que no sea sólo el cura el que hable. El trato es de tuteo, no hay tratamiento de don. Entonces, gente que no venía a la iglesia habitualmente empieza a venir, porque aquello les llama la atención. En la misa se habla de lo que está sucediendo en nuestra sociedad, se habla del franquismo, de la dictadura, de la lucha por las libertades y por la justicia. 

Se crean en la parroquia varias cosas de promoción social, como escuelas de padres o de mujeres. A los niños los sacamos del ámbito de la Iglesia y les conseguimos locales en el barrio para que se reúnan. Tratamos de que la Iglesia sea una institución por supuesto laica, voluntaria, a la que la gente venga porque quiera.

La misma estructura de los bancos para los fieles, dispuestos en semicírculo, configura un espacio participativo.

El altar se convierte en mesa. Le llamamos la mesa de Jesús, alrededor de la cual estamos todos, participamos, comentamos el Evangelio, hablamos de las cosas que están ocurriendo a diario en nuestras propias vidas. Y la gente cuenta lo que le preocupa. Claro, nosotros en aquella época sí estábamos muy vigilados. Teníamos policías en las misas de manera permanente.

¿Tuvieron algún problema con la justicia?

Sí, fuimos detenidos varias veces. Participábamos en encierros, en alguna que otra manifestación. Aquí se hizo la asamblea cristiana de Vallecas, prohibida por el Gobierno. Entonces hicimos una huelga de misas en la que participamos unas cincuenta parroquias. Hicimos una huelga de misas para que el Gobierno percibiera que no se podía jugar con estas cosas. 

Luego, cuando las últimas ejecuciones del franquismo, en el año 1975, decidimos hacer una homilía contra la pena de muerte. Entonces el obispo hizo una que nos gustó mucho y fue la que leímos. (...)

Sin embargo, ustedes continuaron con su manera de hacer las cosas.

Yo había pasado una época de descubrir en el Evangelio lo que era la lucha por las libertades y demás. A partir de 1980 llegan los chavales de la calle, con el tema de la droga, y nos piden ayuda. Yo empiezo a convivir con ellos. En ese momento, nosotros estamos muy centrados con la tarea con estos chavales. Cárceles, comisarías, el descubrimiento de la tortura, habitual en todas las comisarías.

 No conozco ninguna donde no se haya torturado. En aquellos años, y hablo de los 80, a partir de la legislatura de Felipe González, seguía pasando exactamente lo mismo. A los chavales los persiguen, los mata la policía, pasan años en prisión. Luego ya viene, como consecuencia de la heroína y la aguja, el sida. De esta manera se exterminó a dos generaciones enteras de chavales. Esto ocurre entre la década de los 80 y de los 90.  (...)

Ya estamos en el 2004. A partir de ese momento, la legislacion de Zapatero pone a la Iglesia en frente, con temas como el aborto o el matrimonio gay. Entonces vino la prensa a hablar con nosotros, a preguntarnos sobre estos temas. Yo en un principio les decía que tenían a los moralistas, a los teólogos, que acudieran a ellos. Nosotros estábamos en otro frente.

 Pero los medios insistían, nos decían que querían conocer la opinión del cura de calle. Finalmente opinamos sobre el tema y nuestras opiniones no gustaron. Tuvieron mucha repercusión.

Y entonces sí toparon con la Iglesia oficial.

Exacto. Eso, unido a la liturgia que hacemos, en la que la gente participa, comenzó a molestar. En vez de comulgar con ostias, las madres de esos chavales con los que trabajábamos hacían pan y nos lo traían. 

Otras veces, en vez de pan preparaban un bizcocho, o rosquillas. Con eso hacíamos la liturgia. Hay temas determinados que la Iglesia oficial no acepta. Ahí surge ya el conflicto visible y es cuando nos dicen que cierran la parroquia, en 2006.

No gustó vuestra manera de entender los evangelios.

En la misa participamos cristianos, musulmanes, ateos, agnósticos. Descubrimos que la fe es un elemento humano, no religioso. Es de todo ser humano. Es decir, el ateo tiene la misma fe que tengo yo, en el hombre, el ser humano, en la lucha, en la utopía, en querer cambiar las cosas, en crear vida. 

En esa fe participamos quienes participamos ahí. Fuera de eso, cada uno tendrá sus creencias. Pero la fe es un elemento humano, es patrimonio de la humanidad. Es además un motor en nuestras vidas, lo que nos hace luchar, lo que nos hace comprometernos.

¿Considera que la Iglesia está alejada de las enseñanzas recogidas en los evangelios?

Claro. Jesús, en su tiempo, se enfrenta con la misma estructura con la que podemos estar enfrentándonos hoy. Él se enfrenta con las autoridades religiosas y civiles. Él dice que el ser humano está por encima de la ley y que el ser humano está por encima del sábado. Jesús dice que el ser humano es dueño del sábado, el símbolo de lo religioso. 

Él desafía y se convierte en un ilegal, porque está contaminándose con los ilegales, con los impuros, con los que convive y a los que les dice que pueden salir adelante, que su fe es el potencial para salir adelante. Su fe realiza los gestos liberadores que él viene a proponer. Jesús se enfrenta con el templo y se enfrenta con el sacerdocio. 

Realmente, si hoy estuviera Jesús aquí se enfrentaría de la misma manera. Esta vez no iría al templo de Jerusalén, iría al templo del Vaticano. Sociológicamente vivimos la misma situación.

¿Cómo ves en este sentido a la jerarquía eclesiástica y cómo podría cambiar?

Ya hay muchas voces diciendo que el Vaticano tiene que desaparecer. Primero, como Estado. La Iglesia no es un Estado y esto ya lo han dicho varios obispos latinoamericanos, teólogos, y nosotros mismos. Luego, todo lo que es la Banca Vaticana, el poder que representa. 

¿Qué significa un Papa, que se dice vicario de Cristo en la Tierra, reciba, como a la muerte de Juan Pablo II, a 172 jefes de Estado? ¿Con quién se relaciona Jesús? No es con ellos con los que se relacionaba. Jesús a ellos los fustigaba. Se relacionaba con la gente pobre, con la gente que nadie quiere.

¿Cómo se puede lograr que la Iglesia cambie y se desprenda de esa jerarquía alejada de los marginados?

Yo creo que la solución nunca va a venir del poder de la Iglesia. Ninguna solución viene del poder. Jesús eso lo plantea muy claramente. El poder no sirve para la liberación humana, sino el servicio, la ayuda, la solidaridad, la lucha por la justicia, y eso está en las bases. Que un Papa cambia algo, pues fenomenal.

 Pero, primero, la estructura no lo va a permitir, o van a intentar que no lo pueda hacer. Por eso, el hecho de que un Papa sea distinto, pongamos a Juan XXIII, cambia poco. Ahora dicen que éste tiene otro talante. A mí me alegra mucho que se haya quitado los zapatitos rojos y esos detalles, pero son más cosas.

 Bueno, ha escrito una carta a la Conferencia Episcopal latinoamericana que a mí me ha parecido muy importante, porque les ha dicho que vuelvan a Aparecida, un encuentro que supone la consagración de la Teología de la Liberación en Latinoamérica. Eso es un toque fuerte de atención a los obispos. En una carta que es un folio nada más, bien sencilla.

Pero no va a ser el Papa quien haga el cambio. O lo hacemos los curas y sobre todo la gente de base o no se hará. Los curas no somos más que una pieza, quizás de principio de unión, de coordinación de la comunidad, de lo que se quiera, pero no somos nada distinto. 

El concepto de sacerdote, entendido como intermediación entre Dios y el ser humano, se lo cargó Jesús hace ya más de veinte siglos. Jesús era laico. En este sentido, presidir una comunidad lo puede hacer un hombre, una mujer, un casado, da lo mismo. No tiene que ser nada especial ni es una persona sagrada. El sacerdote es como cualquiera.

En este sentido, vosotros desmitificáis figuras como la del celibato…

Totalmente. Lo que yo digo no es que una mujer pueda o no ser sacerdotisa. Lo que digo es que tiene que desaparecer el sacerdocio. Pongamos la palabra cura o la palabra presbítero. Pongamos la que sea, pero que no tenga una connotación sagrada, de alguien distinto y separado del resto de los seres humanos.

El momento en que Jesús nombra a Pedro como “edificador” de la Iglesia, ¿no se puede interpretar como la justificación de esta jerarquía?

Ése es uno de los textos más discutidos en la exégesis evangélica. Hay un consenso entre los exégetas en que éste es un texto añadido de manera posterior, y además de una pluma distinta. Basta con ver cómo actuaba Jesús. Cuando entra en el templo y derriba las mesas de los cambistas. Los cambistas eran los que hacían el cambio de moneda, que eran los sacerdotes. 

Eran de la casta de los saduceos, eran los dueños del templo. Se llevaban el 65% de los impuestos del pueblo. No se podía entregar dinero al templo en moneda extranjera porque era moneda impura, sobre todo la romana, que tenía la efigie del césar Augusto como emperador divino. Entonces, los judíos que estaban en la diáspora, en Roma, en Grecia, venían y se iban a donar al templo. 

Tenían que cambiar la moneda, y se la cambiaban en el propio templo. Eso hacían los cambistas, y era un negocio. Jesús también derribó las mesas de los que vendían palomas y demás para los sacrificios. La gente no podía llevar un pichón de su casa, o un cordero, porque eran animales impuros.

 Tenían que comprarlos en el templo porque ya lo habían purificado, y entonces se ofrecía en sacrificio. Es decir, era otro negocio. Esos son dos ejemplos entre otros muchos. Los saduceos eran los grandes terratenientes, tenían el 90% de las tierras en Palestina.
Existen muchas similitudes con la Iglesia moderna…

Sí, claro. El poder religioso es eso y hay que ponerlo en evidencia.

¿Cómo ves el papel de la Iglesia actual ante la crisis? Normalmente se le critica que no está tomando partido a favor de los afectados.

Están ofreciendo el silencio. Se están preocupando de lo que es la doctrina moral de la Iglesia y sobre todo en materia sexual. Respecto a lo demás, se callan. No se van a enfrentar con los poderes que la mantienen. 

Si veo un Papa que se va del Vaticano y decide irse a vivir a donde sea, con la gente sencilla, a ese sí que voy a ir verle, allí donde esté. Pero no, la Iglesia está muy encerrada en sí misma. Fíjate en que ha perdido mucha vigencia, por todos los escándalos que han saltado. Está preocupada por cómo mantener su poder."             (Entrevista a Enrique de Castro, cura. La Marea, 16/05/2013)

1/4/13

María Magdalena... la de Jesús

" Roma tiene cuatro evangelios bien condimentados. Antes de llegar a ese canon, despreció decenas y decenas de otros relatos igualmente dignos de tener en cuenta. Por ejemplo, de la primera conferencia apostólica de los cristianos, alrededor de mediados del siglo I, muy probablemente el año 49, sabemos dos versiones o dos reseñas, la de san Pablo en una de sus cartas, y la más tardía de Lucas en Hechos de los Apóstoles.

 El resto de las informaciones se han desechado, por ejemplo el relato de lo que en aquel (llamemos) concilio hicieron las mujeres. Ni una palabra. 

Dos cosas quedaron claras en esa conferencia política. La preponderancia de Pablo frente a san Pedro, y la decisión de salirse de Israel (con el reto de llegar a Roma), para lo cual había que dejarse de circuncisiones y otras gaitas judías (ahí dejaron de ser una secta judía).

 Y otra, de más graves consecuencias históricas, el ya citado arrinconamiento de las mujeres, que, sin embargo, habían sido compañía imprescindible para Jesús, sus auténticas mantenedoras y organizadoras de la campaña electoral del fundador en sus últimos años, hasta morir en la cruz de forma tan horrible.

Es cierto que, según los evangelistas, no hubo mujeres en la última cena de Jesús con los suyos, a modo de despedida ante lo que se avecinaba, pero es también cierto que cuando, tal día como este domingo, el fundador cristiano decidió resucitar, las primeras en saberlo fueron las mujeres de su entorno, no los espantados apóstoles, que se habían escondido como conejos en un incendio forestal (Pedro incluso llegó a negar que lo conociese, una y tres veces, cuando le reconocieron como a uno de sus fieles).

Cabe suponer que la principal víctima de la conferencia política de Jerusalén fue María Magdalena, que aparece en la primera tradición cristiana especialmente vinculada a Jesús. Cierta literatura, a lo Código da Vinci, la ha convertido incluso en su amante. Es probable que lo fuese, pero en sentido espiritual, no físico, lo que enfadaba a los celosos apóstoles. 

La llamaban Magdalena porque era de Magdala, una ciudad de pescadores de la costa del mar de Galilea, entre Cafarnaún y Tiberiades, que contaba con más de 200 barcos, famosa por sus salazones. El hecho de que no llevara unido el nombre o apellido de su padre o marido, sino el de su ciudad, indica que era independiente. No estaba sometida a otras personas y tenía autoridad para formar parte del grupo de Jesús. 

Nada se dice en los evangelios sobre cómo lo conoció, pero Lucas, que no debía ser muy partidario, la presenta como endemoniada (Jesús la liberó de siete demonios, llega a decir). Supongo que era endemoniada porque era pagana antes de convertirse. Aún hoy, algunos prelados romanos tachan de endemoniados a quienes no les siguen la corriente.

Tenemos, por tanto, a María la de Magdala en el círculo más estrecho de los discípulos de Jesús. Es más, debió (de) ser una mujer con dinero, capaz de pagar las estancias (posada, comida y organización de los eventos) del revoltoso mitinero allá por donde convenía que predicase la Buena Nueva del Reino de Dios que más tarde se convirtió en una Iglesia repleta de jerarquías sacerdotales sobrealimentadas. 

De sobra se escribió en los primeros años del cristianismos que Jesús no era eso lo que vino a predicar, sino todo lo contrario: predicó contra el poder de los Caifás de turno, y para que el César tuviera lo que es del César, y Dios lo que es de Dios...   

¿Cómo y cuando cayó en desgracia María Magdalena? Es una de las más conmovedoras historias de los evangelios y también de las más enigmáticas. Inicialmente, hubo un debate para fijar su personalidad, pues hay tres pasajes con nombre de María: María la pecadora, “que unge los pies del Señor”. (Lucas, VII, 37-50); María la de Magdala, la posesa liberada por Jesús, que se incorporó a las mujeres que le asistían (también Lucas, VIII, además de Juan, XX, 10-18) hasta la crucifixión y resurrección; y María de Betania, la hermana de Lázaro y Marta. (Lucas, X, 38-42). 

La liturgia romana identifica los tres pasajes como referidos a la misma mujer: María Magdalena. La liturgia griega, sin embargo, las reconoce como tres mujeres distintas. El santoral litúrgico actual celebra a una sola: María Magdalena, en homenaje a su encuentro con Jesús resucitado. 

Lo seguro es que nuestra María estuvo al pié de la cruz donde murió su maestro, en el monte Calvario, mientras sus hombres lo han abandonado. Allí estaba Magdalena, acompañando a la otra María, la madre del crucificado. "Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena", escribe el evangelista Juan (19:25). 

Y esta otra versión, por si caben dudas: "Había allí muchas mujeres mirando desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirle. Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo" (evangelista Mateo 27:55-56).

Más. “Después que José de Arimatea entierra a Jesús y se fue, María Magdalena quiso quedarse. Estaban allí María Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro" (Mateo 27:61).

María Magdalena también fue la primera en ir al sepulcro el domingo de Resurrección: "Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro" (Mateo 28:1). “Iban con los perfumes para embalsamarlo... Descubrieron así que alguien había apartado la pesada piedra del sepulcro del Señor”. 

Y ¡la noticia!: "Jesús resucitó en la madrugada, el primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios". (Marcos 16:9). 

Así que María Magdalena, la pecadora convertida en contemplativa, fue la primera que vio, saludó y reconoció a Cristo resucitado. Jesús la llamó: "¡María!" Y ella, al volverse, exclamó: "¡Maestro!" Y Jesús añadió: "No me toques, porque todavía no he subido a mi Padre. Pero ve a decir a mis hermanos: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios" (Jn 20:17)

Y María de Magdala fue, y los apóstoles no quisieron creerla. ¿Por qué se iba a aparecer el maestro a la Magdalena, si ellos eras sus preferidos, los doce, los apóstoles? Imposible de soportarlo.

La tradición oriental afirma que, después de Pentecostés, María Magdalena fue a vivir a Efeso con la madre del crucificado, y que murió allí. Una tradición francesa sostiene que María Magdalena fue con Lázaro y Marta a evangelizar la Provenza y pasó los últimos treinta años de su vida en los Alpes Marítimos. 

Sea como fuere (los evangelios no dejan de ser un cuento, dicho sea con el respeto que se supone a todas las creencias religiosas), lo cierto es que la Iglesia (hoy llamada)  romana ha demonizado a María Magdalena, identificándola como una prostituta. Ha sido la manera de espantar la posibilidad de que se consolidase un liderazgo femenino en el cristianismo primitivo, ya antifeminista.

 La literatura ha aprovechado el conflicto muchas veces, incluso novelando sobre un amor entre el fundador y su hermosa pecadora arrepentida. El último en hacerlo ha sido el escritor Jesús Bastante Liébana, en Y resucité de entre los muertos (Ediciones B. 2012). 

No hay que descartar (el famoso Brown, el autor del Código Da Vinci, también lo novela), que existió una pugna entre el "partido de la Magdalena" y el partido vencedor que sigue a Pedro y a Pablo hasta conquistar Roma y erigirse en un nuevo Imperio Romano (de perseguidos se convierten entonces en perseguidores persistentes). Lo seguro (lo sabido) es que quien perdió fue la mujer.

 La mujer caída del paraíso; la denigración de la mujer. “De todos los innumerables pecados cometidos a lo largo de su historia, de ningún otro deberían de arrepentirse tanto las iglesias como del pecado cometido contra la mujer", ha escrito la gran teóloga católica Uta Ranke-Heinemann."        (Juan G. de Bedoya, El País, 31/03/2013)

6/9/11

"No hay ni una sola razón para dejar fuera del sacerdocio a la mujer"

"P. No apueste. En 2006 apostó usted por que Benedicto XVI admitiría antes de cinco años el sacerdocio femenino, y ya ve.

R. Estoy a punto de ganar.

P. Hombre, no. Este Papa va en la dirección contraria. En la última reforma del llamémoslo código penal del Estado vaticano se han endurecido las penas por ordenar mujeres, casi a la par que el delito de pederastia.

R. Sí, pero ahí está un cardenal Martini y otros prelados y teólogos que piden lo mismo que yo.

P. Son personas marginales, a los que Roma no hace caso. En el episcopado español no hay ni un solo obispo partidario de ordenar mujeres.

R. Lo que los obispos digan... Viven mirando a Roma, como decía el cardenal Tarancón.

P. Decía que los obispos tenían tortícolis de tanto hacerlo. Pero Roma es quien manda

R. Roma ha cambiado. El Papa también cambió cuando ha llegado al cargo. Pero, sobre todo, sigo creyendo en el Espíritu Santo. En cualquier momento le puede influir. Sé que lo que digo va a molestar como si estuviera cometiendo un sacrilegio, pero no hay ni una sola razón para dejar fuera del sacerdocio a la mujer.

P. Lo cierto es que el Papa le va a hacer perder la apuesta." (PADRE ÁNGEL: "No hay ni una sola razón para dejar fuera del sacerdocio a la mujer". El País, ed. Galicia, 03/09/2011, p. 35)

"Vine y pregunté: 'Para ser monje, ¿qué hay que hacer?"

"Son los dos menús que alimentarán hoy a la comunidad benedictina, en la que Bernat Juliol, un abogado de 32 años, ha profesado. "San Benito enseña que la comida debe servir para alimentar el espíritu", explica el monje. (...)

"Hay gente que me dice: 'No entiendo lo que haces en Montserrat, pero te respeto'. A todos les sorprendió mi decisión", relata. Frente a una taza de café negro, en una sala del recinto monástico, explica su trayectoria:

"Cuando acabé la carrera, empecé a trabajar en un despacho de abogados. Me gustaba. Veía que podía ayudar a mucha gente. Pero cuando llegaba a casa pensaba: 'Me falta algo'. Y cuando piensas muchas veces 'me falta algo' es hora de ver qué te falta".

Sorbe su café, ya frío, y relata qué hizo para averiguarlo: "Un día vine a Montserrat y pregunté: 'Uno que quiere hacerse monje, ¿qué tiene que hacer?".

Bernat debió formular su pregunta en catalán: lo delata la estructura de la frase que surge de su traducción literal al castellano. Es de Girona. Catalán de pura cepa. Como la mayoría de los monjes del monasterio más emblemático de Cataluña.

Antoni Pou, entonces maestro de novicios, fue prudente. "Sube un fin de semana cada mes y dentro de dos años nos lo planteamos", le propuso. Han pasado siete de aquello, dice con una sonrisa. ¿Y ahora, le sigue faltando algo? "No", responde rotundo.

"Tengo lo que durante años he estado buscando. Lo describo como cuando has visto la tele en blanco y negro y la ves en color: mi vida tiene un sentido mucho más pleno que antes. Hay días que veo las cosas más claras que otros, pero cuando hago balance, digo: sí, este es mi lugar. Aquí soy feliz". (BERNAT JULIOL I GALÍ: "Vine y pregunté: 'Para ser monje, ¿qué hay que hacer?. El País, ed. Galicia, 02/09/2011, última)