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6/3/23

La risa, como una de las más bellas expresiones de nuestra libertad de pensamiento, siempre es doblemente sospechosa y censurable... Si nos quieren deshumanizar deben castrar nuestra capacidad de reír al lado del prójimo. ¿Será una casualidad que entre las palabras ‘humor’ y ‘amor’ haya solo dos letras de diferencia y mil similitudes? Es imposible odiar a alguien quien ríe contigo de los mismos chistes. Nuestro porfiado sentido del humor puede ser visto como un arma para defendernos como especie… ¿No será esta la razón por la que el poder globalizado teme tanto nuestras risas?

 "Según las teorías conspiranoicas de la Unión Soviética, en los años 80 los chistes políticos se los inventaba un departamento especial de la CIA con el fin de socavar nuestro socialismo. Al menos esto nos lo decían informalmente algunos dirigentes del partido, un poco antes de voltearse las chaquetas y convertirse masivamente a la fe capitalista, de aquellos que siempre son más papistas que el papa. Yo me quede con la duda, tratando de imaginar una supersecreta oficina norteamericana donde los humoristas de la CIA, con la ayuda del intelecto artificial, escriben chistes sobre Leonid Brézhnev o el glorioso comandante de la Caballería Roja Vasili Chapáyev.

En la tranquila vida soviética, con sus logros, sus fracasos y sus absurdos, teníamos muchos chistes. Algunos, con buena memoria y mejores talentos artísticos, podíamos contar chistes durante horas. Pienso que no tenían un objetivo político anticomunista específico, sino que era la sana catarsis colectiva, de una sociedad con un fuerte tejido social, una vida de bastante alta calidad y seguridad social y, con todo esto, mucha burocracia, ridículos formalismos y excesivas restricciones de la censura. Y nosotros, que todavía éramos un solo pueblo, entre los vecinos y amigos de confianza nos reíamos mucho de todo, también de nosotros mismos. Sin tabúes ni moralismos, aunque arriesgándose a algún que otro problema administrativo o de carrera, pero pasándola muy bien.

Los dos viajes de mi madre

También cuentan que en la época de Stalin, por un chiste nacionalista, es decir, reírse de cualquier etnia, se podía terminar preso. En aquellos tranquilos años 80, nos parecía terrible. Después de los horrores que pasaron y siguen pasando los pueblos de la ex URSS bajo la propaganda de todo tipo de nacionalismos, ahora no me parece tan malo.

Recuerdo un típico chiste soviético de aquella época: «En el país se prohibieron contar chistes sobre los judíos, amenazando a los infractores con una fuerte sanción. Van dos tipos. Uno pregunta al otro: – ¿quieres que te cuente un chiste?  El otro medio asustado reacciona: – ¿No es de los judíos? – No. ¿Seguro? – Seguro, seguro. – Entonces, cuéntalo. – Bueno… Van dos negros… uno se llama Abraham y la otra se llama Sara…»

Imagínense este chiste ahora en la sociedad occidental contemporánea. Sería declarado antisemita, racista y sexista (por no incluir el lenguaje inclusivo). La idea central y el humor, que nada tiene que ver con ninguno de estos ismos, se borra por completo. De entrada, nos desvían hacia una discusión estéril, grave y dirigida hacia lo secundario. Tal vez, lo de ‘antisemita’ sería lo más gracioso. Los que más y mejor contaban chistes sobre judíos eran los judíos soviéticos, un pueblo con un gran sentido del humor e imaginación, (cuidado, sin despreciar a ningún otro pueblo, antes de que me tilden de ‘sionista’).

Para la gente carente de educación y llena de complejos cualquier juego de palabras y significados siempre es sospechoso, al igual que todo lo que no se entiende se declara un peligro.

Lo que no cabe en los pequeños mundos de los dueños de cualquier discurso oficial suele ser convertido en etiquetas, advertencias y ‘líneas rojas’. Por eso, la risa, como una de las más bellas expresiones de nuestra libertad de pensamiento, siempre es doblemente sospechosa y censurable.

Tampoco nos reímos de las mismas cosas. A algunos les parecen chistosas las desgracias de otros. Alguien se tropieza, se resbala, cae, recibe un tortazo en la cara y escuchamos las carcajadas de la sala. Los absurdos filosóficos de nuestra existencia son una materia bastante más fina. Para reírse de algunas cosas hay que entenderlas y tener algo de imaginación. Creo que no soy el único que observa el frecuente cambio en el sentido de humor de nuestros compatriotas exsoviéticos y latinoamericanos que emigraron a los EE.UU. Una vez más, mis disculpas por este lenguaje tan ‘no inclusivo’, les juro que no quise ofender o provocar al pueblo norteamericano, donde tengo varios y muy queridos amigos.

Con el proceso de la perestroika en la Unión Soviética, hubo varias transformaciones culturales. Y el humor no fue una excepción. En la época de ‘la terrible censura comunista’ en el país salían varias y muy populares revistas de humor y cada año en la ‘capital soviética del humor’, el puerto de Odesa, se hacía una especie de festival de chistes, donde se reunían los mejores humoristas y parodistas del país, llenando los teatros y los estadios. El humor, como todo, tenía sus límites. Obviamente, se permitían las críticas de los defectos, sin cuestionar el modelo político, por lo menos directamente.

Con el avance de la perestroika, el tipo de humor cambió. Uno de los principales humoristas soviéticos, Alexánder Ivanov, hizo llamados directos para restaurar en el país el capitalismo y reivindicó la figura de Pinochet, repitiendo los conocidos argumentos de la derecha latinoamericana. Las bromas que predominaban en los medios de la URSS, giraban en torno a la degradación de todo lo soviético, versus lo superior, o sea, todo lo occidental, lo extranjero, lo civilizado. Disculpen, pero éste es un ejemplo clásico de un chiste de la época: «Salen del culo dos parásitos. El parásito hijo y el parásito padre. El hijo dice:- Papi, ¡qué bello es este mundo! pero, ¿por qué toda nuestra vida tenemos que pasarla entre mierda?. – Porque es nuestra patria, hijito, contestó el parásito padre».

Luego, con la terapia de ‘shock’ aplicada en Rusia por el Gobierno de Yeltsin, la situación se volvió poco chistosa para la mayoría de la población. Los humoristas y satíricos de antes, de otros tiempos, que en la época soviética fácilmente llenaban cualquier sala de conciertos, prácticamente desaparecieron. Se supone que ya se podía hablar de todo libremente.

Pero, en vez de un auge cultural, después de casi un siglo de censura que se suponía lo frenaba, recibimos un enorme apagón de las artes junto con el crecimiento con todo tipo de sucedáneos comerciales, copias baratas del occidente, que celebraba su gran triunfo de la civilización sobre nuestra barbarie. El humor desaparecía de nuestras casas. Las sabrosas comedias francesas e italianas que antes íbamos a ver en los cines fueron reemplazadas en la televisión por las insípidas bufonadas norteamericanas, que nos obligaban a reírnos de las desgracias de otros.

Pasaron solo un par de décadas y en ‘el mundo civilizado’ que alguna vez pretendimos imitar, y su picante y contagioso humor campesino, cayó víctima de la inquisición progresista, que prohíbe la burla de todo lo que pueda ser visto objeto de discriminación, o sea, prácticamente todo. La humanidad liberada tenía que ponerse grave y políticamente correcta. Si alguien se atreve a recordar los tiempos del chiste de ‘los dos negros: Abraham y Sara’, de inmediato será acusado de fascista.

Tengo algún prejuicio, o miedo quizás, que me impide dedicarme a estudiar las diferentes teorías del humor, hay algo frágil, mágico o delirante que no quiero rozar con la lógica de la racionalidad. Pero creo que el sentido del humor es, tal vez, lo más humano que nos caracteriza y diferencia de otras especies.

Si nos quieren deshumanizar deben castrar nuestra capacidad de reír al lado del prójimo. ¿Será una casualidad que entre las palabras ‘humor’ y ‘amor’ haya solo dos letras de diferencia y mil similitudes? Es imposible odiar a alguien quien ríe contigo de los mismos chistes. Nuestro porfiado sentido del humor puede ser visto como un arma para defendernos como especie… ¿No será esta la razón por la que el poder globalizado teme tanto nuestras risas?"                      

(OLEG YASINSKY, periodista ucraniano residente en Chile, Observatorio de la crisis, 04/03/23)

5/1/23

En la ceremonia de los Óscar, un actor propinó una bofetada a otro, por la emisión de un chiste, por otra parte, muy malo. ¿Qué significa eso? Significa que la ironía está dejando de existir... Incluso los actores tienen problemas para distinguir la realidad de la ficción

 "EL FIN DEL HUMANISMO.

 En la ceremonia de los Óscar, un actor propinó una bofetada a otro, por la emisión de un chiste, por otra parte, muy malo. ¿Qué significa eso? Significa que la ironía está dejando de existir. No se entiende. Incluso los actores tienen problemas para distinguir la realidad de la ficción. 

De manera que, en ausencia de esa distinción, todo es no-ficción. Todo (...) tiende a ser, por tanto, cierto, por lo que desaparece lo no cierto, el arte… la ironía. El siglo XXI puede ser, si nadie se ríe, una suerte de siglo IV, en el que desapareció el 90% de la cultura anterior.  Por lo mismo, empieza a ser una buena época para las culturas reaccionarias. (...)"           (Guillem martínez, CTXT, 31/12/22)

28/10/20

Idiocracia: ¿estamos en los comienzos de un apocalipsis idiota? En Idiocracia gobiernan los tontos que son famosos

 "Idiocracia (2006) es una película que muestra un futuro dominado —es un decir— por idiotas dependientes de máquinas desgastadas. La escribe y dirige Mike Judge, creador de las series Silicon Valley, Beavis y Butt-Head y El rey de la colina. Una producción que pasa desapercibida por los cines y que tras las risas deja una duda: ¿estamos en los comienzos de un apocalipsis idiota? 

En la búsqueda de información de futuros posibles, encuentro algunas respuestas en la página web de Edge.org cuyo lema es:
 «Para llegar a la frontera del  conocimiento del mundo, busca las mentes más complejas y sofisticadas, ponlas juntas en una habitación y haz que se pregunten unas a otras las cuestiones que se plantean a sí mismas».

Siguiendo el lema, Edge plantea cada año una cuestión a 150 personas brillantes en sus campos. Entre los consultados, un premio Nobel, investigadores de prestigiosas universidades, directores de publicaciones científicas, periodistas, tecnólogos, artistas y escritores.

En 2013 la pregunta de Edge es: «¿Qué nos debería preocupar?». 36 de los consultados temen el aumento de la estupidez y con ello la superstición y la dependencia de la tecnología. Veamos qué profetiza Idiocracia, qué temen las personas consultadas por Edge y qué tiene que ver con nosotros, la gente corriente.

Aquí conviene explicar que el texto está en azul y negro para diferenciar los comentarios particulares de los comentarios de las personalidades consultadas por Edge.org. El lector puede leer, si lo prefiere, solo lo que está en azul o lo que está en negro.

En Idiocracia, los idiotas tienen más hijos que los inteligentes

Idiocracia comienza exponiendo que en los tiempos actuales «la evolución no premia necesariamente a la inteligencia» y, dado que las personas inteligentes son menos que las poco inteligentes, el número de estúpidos crece.

Un matrimonio de personas con alto coeficiente de inteligencia expone que tener hijos es una responsabilidad y los tiempos son difíciles. Frente a esta pareja, Clevon, un tipo poco inteligente, no para de tener hijos con su mujer y dos vecinas; hijos que se convierten en padres adolescentes.

Douglas T. Kenrick, profesor de psicología de la Universidad de Arizona, autor de libros y artículos académicos sobre la conducta y el pensamiento humano, considera que el planteamiento de Idiocracia es posible:

«En estos días, las personas con buena formación intelectual tienen familias más pequeñas, y como las mujeres con educación superior esperan más para tener hijos, pierden muchas veces su periodo fértil, y no tienen hijos».

Kenrick comenta estudios que sugieren que el aumento de la estupidez está relacionado con el decrecimiento de la riqueza de un país. Pobreza y estupidez que lleva a los ciudadanos a votar políticas conservadoras que justamente son las que no favorecen la educación y la investigación científica.

Se llega a la Idiocracia cuando se desprecia la ciencia

El narrador de Idiocracia comenta que «las mentes más brillantes y los recursos se concentraron en la lucha contra la caída del pelo y en prolongar las erecciones». ¿Podría ocurrir?

Frank Wilczek, físico de MIT, considera que «la humanidad está perdiendo la oportunidad de que la ciencia avance porque el esfuerzo intelectual se está desviando de la innovación a la explotación».

Lisa Randall, física de Harvard, coincide en lo que respecta a los Estados Unidos: se queja de que la financiación estatal se destina a proyectos científicos que generan resultados inmediatos. Esto es incompatible con buscar cómo demostrar o explorar teorías complejas. Para Randall, aunque la ciencia puede comenzar con un lápiz y papel sin experimentos o la esperanza de experimentos, la ciencia teórica no puede avanzar.

En Idiocracia no hay noción del tiempo

En Idiocracia, el presidente Dwayne Elizondo Camacho anuncia cantando al país que «el hombre más inteligente del mundo solucionará todos los problemas en una semana». Problemas como la sequía, la desertización y la falta de alimentos entre otros. Transcurrida una semana sin resultados, los ciudadanos atacan la Casa Blanca.

Es un ejemplo entre otros de cómo en Idiocracia las personas no son conscientes de que hay procesos que necesitan tiempo. Es el tiempo del «ya».

El escritor y conferenciante sobre tecnologías de la información Nicholas G. Carr considera que internet está acabando con nuestra paciencia. Comenta que en 2006 la mayoría de los usuarios abandonan una web si tarda más de 4 segundos. En 2013 estudios de Google y Microsoft demuestran que los usuarios se impacientan si una página web tarda más de  250 milisegundos en abrirse. El parpadeo de un ojo.

 «Las tecnologías digitales nos vuelven más hostiles hacia retrasos en todos los ámbitos», afirma Carr. «Una impaciencia que tiene consecuencias en la creación y la apreciación del arte, la ciencia, la política».

La impaciencia nos domina desde que nos levantamos. La mayoría de las cosas nos parecen lentas: el ascensor; la puerta del garaje; el semáforo… M., administrativa (a través de una subcontrata) en unos servicios municipales conoce cada día ejemplos de la impaciencia —y estupidez—  que crea la tecnología:

«Desde hace unos años la gente se ha vuelto más impaciente. Lo quiere todo ¡ya! No quieren esperar ni una semana ni tres días ni un día. Me dicen: “¿Pero no tienes ahí internet para hacerlo ya?”».

¿Quién no recuerda en «los tiempos analógicos» haber cogido tres autobuses para una gestión municipal o sacar dinero de un cajero? Parece que solo hay paciencia para acampar dos o tres días antes de un concierto o una final de Copa del Rey. Aquí la televisión suele mostrar a un tipo que dice:
 «Estoy en paro, pero por [aquí, un equipo] hago lo que sea; ¡es lo más grande!».  ¿No es esto un pensamiento idiota?

La impaciencia alcanza a todos los ámbitos, incluso a la ciencia.

Stuart Firestein, profesor de Biología en la Universidad de Columbia, afirma que el ciudadano está volviéndose impaciente con la ciencia (otra consecuencia del presentismo). Pone como ejemplo «la declaración de guerra» de Nixon contra el cáncer en 1971.

«Desde entonces millones de personas han fallecido de cáncer», escribe Firestein. «Suena mal, pero hemos curado muchos cánceres previamente fatales e impedido un número desconocido de casos». Firestein señala que por el camino ha mejorado la fabricación de medicamentos, la comprensión del sistema inmunológico y cómo se produce el envejecimiento. «Sin embargo, esta guerra contra el cáncer es más conocida por los dólares gastados en ella».

Leo M. Chalupa cuenta una anécdota:

«Un abogado me preguntó si todavía investigaba cómo funciona el cerebro. Cuando dije que todavía lo investigaba se sorprendió. Pensaba que después de diez años de esfuerzo lo habría descubierto. En ese momento, se me ocurrió que este hombre muy culto no tenía conocimiento de cómo funciona la ciencia […], que la investigación es una búsqueda sin fin».

Tim O’Reilly, editor de libros sobre tecnología y considerado un visionario tecnológico, teme que «si la ciencia no ofrece soluciones rápidas, el mundo caerá en la apatía, la falta de fe en la ciencia y el progreso, y después caerá en la melancolía y una nueva edad oscura».

Los ciudadanos de Idiocracia no se paran a observar las cosas

En Idiocracia uno de los mayores problemas es la falta de alimentos porque los campos son regados con el refresco patrocinado por el gobierno. Cuando el hombre más inteligente del mundo propone usar agua en lugar del refresco es tomado a burla.

Ursula Martin, profesora de Computación en la Universidad de Oxford, teme que internet esté menguando la capacidad de observación. «Hubo un tiempo en el que la descripción y la ilustración eran el pan y la mantequilla de científicos profesionales y aficionados», escribe Martin. «Los libros y cartas de Darwin están llenos de descripciones cuidadosas».

Martin considera que Google puede ofrecer imágenes y datos de una planta de una manera nunca antes posible, pero que ninguna imagen puede tener la precisión de Darwin. Ella apuesta por entrenar la atención en las pequeñas cosas.

 En Idiocracia no hay conocimiento de la historia

En el Washington de Idiocracia un parque temático muestra una versión de la Historia tergiversada. Y no por intereses políticos —como ocurre en cada país y en cada autonomía española—, sino por puro desinterés por el pasado.

Para la historiadora de ideas Noga Arikha la indiferencia por la historia es fruto del «presentismo»: considerar que no hay más realidad que el presente, que el pasado es irreal. Arikha culpa al mal uso de internet:

«El conocimiento de un tema más allá de la fecha actual parece disminuir entre las personas que crecieron con la era de internet […]. Cualquier cosa más allá de 1945 es un paisaje sucio y remoto; los siglos se funden uno con otro en un magma insignificante. Nombres famosos son parpadeos en una pantalla […]. Todo se iguala».

Arikha certifica una experiencia que muchos hemos vivido. Viene siendo habitual que en una conversación casual con una persona menor de treinta años, una persona que consideramos instruida, mencionemos un personaje icónico y el interlocutor se encoge de hombros: «¿Quién es?» o «no lo conozco». Incluso en muchas listas triviales del tipo «las mejores series de televisión de la Historia» hay una muestra de la ignorancia y el desinterés de quien redacta, que no hace referencia a material anterior a su adolescencia.

Según Arikha, para muchas personas «internet que se ha convertido en su biblioteca de referencia, pero los estudiantes lo utilizan como única investigación». Estudiantes que son incapaces de «medir la pertinencia, la jerarquía, la precisión y las referencias cruzadas». A uno no le extraña que estos estudiantes se traguen bulos grandes como casas.

Para Nicholas Humphrey, profesor de la Escuela de Economía de Londres, más que desinterés, el peligro de internet es que nos convierte en «meros turistas del conocimiento, saltando de atracción en atracción sin pisar la tierra. Para la mayoría lo importante es la llegada y no el viaje».

En Idiocracia, la lectura y la escritura se han degradado

En Idiocracia, leer y escribir es «cosa de maricones». En la película, los periódicos y revistas y los carteles de establecimientos populares contienen escandalosas faltas de ortografía y gramática que los autodenominados «nazis de la gramática» implosionarían corrigiéndolas. Por otro lado, los ciudadanos tienen problemas de comprensión lectora. 

David Gelernter visualiza un futuro igualmente nefasto para la palabra escrita y señala internet como culpable. La paradoja es que Gelernter trabaja en crear y desarrollar tecnologías de vanguardia para internet. En los 80 sienta las bases de los motores de búsqueda y más tarde en las herramientas basadas en flujos con las que operan las redes sociales.

Para Gelernter, internet degrada la palabra escrita porque «apenas hay tiempo entre la escritura y la publicación. El escritor publica rápido —muchas veces los primeros borradores— para lectores que leen rápido y apenas prestan atención». Esta falta de atención obliga al redactor a una escritura deslucida cuyo único fin es el consumo rápido.
Gelernter comenta que algunos estudios revelan que los estudiantes estadounidenses de hoy escriben con menos competencia que los estudiantes de 1960.

Hoy también se escribe en España peor que décadas atrás. Cuando encontramos titulares simples mal redactados (no un par de erratas entre 3.000 palabras) decimos: «Ha sido el becario». Pero recordemos que ese becario tiene una licenciatura.

Roger Schank también considera que el lenguaje se está degradando y que un motivo es que «los alumnos memorizan para pasar exámenes, pero son incapaces de razonar y exponer por escrito sus pensamientos».

Gavin Schmidt, climatólogo de la NASA, señala que cada vez es mayor la separación entre las noticias y lo que entiende el público. El desinterés por profundizar en las noticias trae consecuencias. «No es ninguna sorpresa que las discusiones en la calle a menudo degenera en mero tribalismo».

En Idiocracia hay una alta dependencia de las máquinas

Idiocracia cuenta  con una tecnología sofistica manejada por imbéciles. Por ejemplo, hay una máquina que diagnostica perfectamente enfermedades. Sin embargo, nadie sabe cómo funcionan y tienen un lamentable mantenimiento. Parece que fueron creadas hace mucho tiempo y que los que las usan lo hacen por mímica.

La psicóloga Susan Blackmore vislumbra un futuro similar al de Idiocracia, lleno de máquinas y tecnología que se manejan con un dedo con apenas razonamiento:

«Un mundo en el que los seres humanos gestionan los recursos para alimentar a un número creciente de máquinas a cambio de más diversión, juegos, información y comunicaciones».

Para Blackmore, el problema es: «¿Y si todo el sistema se derrumba? Ya sea por un cambio climático, pandemias u otros desastres […] y no podemos usar nuestros teléfonos, satélites y servidores de internet. ¿Podríamos deslizar nuestros dedos por una pantalla para alimentarnos?».
Esto se explica mejor con un monólogo de Eva Hache: «Los hay que se gastan 500 euros en un teléfono de última generación y lo primero que hacen es ponerle el tono del eructo bajo el agua».

Cada vez es más frecuente encontrar a personas jóvenes con teléfonos sofisticados con inmensas posibilidades que dicen: «Yo solo lo tengo para el Whatsapp y hacer fotos». Preguntan: «¿lloverá mañana?» o «¿el lunes es fiesta?».

Blackmore cree que las escuelas deben volverse analógicas: enseñar a los niños a razonar y usar las manos en actividades como carpintería, cocina, agricultura…

En Idiocracia gobiernan los tontos que son famosos

El presidente de los Estados Unidos —realmente del mundo— es Dwayne Elizondo Camacho, cinco veces campeón de lucha libre profesional y «superestrella» pornográfica. Es inevitable que la fama lo aupe a la presidencia aun careciendo de preparación y contando con unos asesores imbéciles que repiten eslóganes de las empresas que han comprado al Gobierno.

El productor de música y artista Brian Eno responde a Edge que su temor es que «la mayoría de las personas inteligentes que conozco no quieren tener nada que ver con la política».

Eno considera que la actual política (estadounidense) está hecha por idiotas que han conducido al país a las guerras de Irak y Afganistán, que sangra a naciones más pobres por las deudas de sus exdictadores y que permite que los intereses particulares y los bancos gobiernen el país.

«Pero no hacemos política —se queja—. Esperamos que otras personas lo hagan por nosotros y nos quejamos cuando se equivocan […]. La responsabilidad no se detiene en las urnas. Dejamos de hacer cosas y permitimos que otros las hagan por nosotros».

Roger Schank también considera que la política está llena de idiotas. Schank es uno de los principales investigadores del mundo en Inteligencia Artificial, Teoría del Aprendizaje y en la construcción de entornos virtuales de enseñanza. Para él, una prueba de la estupidez de los políticos se ve cuando debaten un problema en el Congreso (de los Estados Unidos): «Parece que nuestros representantes son incapaces de hacer un argumento razonado».

En Idiocracia se habla a gritos y el presidente necesita de una ametralladora para hacerse oír. Los parlamentarios españoles no esgrimen mejores razonamientos en sus intervenciones. Nos hemos acostumbrado a su pantomima: unos sueltan exabruptos para recibir aplausos de los suyos mientras que los otros responden con pataletas y silbidos.

Para el oceanógrafo Bruce Parker, la cultura de la imagen en la que estamos inmersos no obliga a los políticos a tener méritos o logros verificables para ser elegidos:

«Simplemente necesitan convencer a la gente para que vote por ellos […]. Usan la manipulación emocional con llamamientos a la religión, el patriotismo, las diferencias de clase, prejuicios étnicos, etc. Documentos sonoros superficiales y anuncios de campaña que parecen trailers de películas».

Para Bruce Parker, los partidos eligen a candidatos desinformados e incluso estúpidos, pero que ofrecen buena imagen a la nueva cultura de internet.

En Idiocracia, los medios embrutecen a las personas

La película más vista en Idiocracia se llama CULO. Una hora y media con un culo en primer plano. (A la cabeza me viene Jene Selter, señorita carente de méritos, pero con casi 8 millones de seguidores en Instagram gracias a su culo. Un culo no es un mérito). 

El programa más visto en Idiocracia es Oh, mis huevos, que haría las delicias de Homer Simpson: un tipo corriente encadena patadas y accidentes en los testículos.

Un espectáculo que tiene un espejo en America’s Got Talent. 

https://youtu.be/1XvEZ8O6m8E

No extraña que a Roger Schank le preocupe la televisión:
«La televisión fomenta la glorificación de la estupidez […], programas que dejan claro que actuando mal te harás rico y famoso. Programas en los que hablan sin necesidad de respaldar lo que dicen con pruebas».

Schank considera que las grandes corporaciones están tras la glorificación de la estupidez si no se benefician de ellas. El psicólogo escribe:
«Quienes venden medicamentos no quieren que la gente pida información sobre cómo funciona el medicamento […]. Quienes hacen recortes de gastos no quieren que la gente pregunte por qué nunca se habla de recortes en defensa […]. La gente que dirige las organizaciones de noticias tienen una agenda y no crean pensadores que entiendan qué está pasando en el mundo».

Larry Sanger, cofundador de Wikipedia y Citizendium, también acusa a los medios de comunicación de la estupidez creciente, en concreto a los medios online:

«Los sitios online nos vuelven estúpidos y hostiles hacia los demás», escribe Sanger. «Las comunidades de noticias, de información, de opinión y de debate están dominadas por un solo punto de vista. Ejemplos son el Huffington Post de la izquierda y National Review Online a la derecha».
Sanger considera que el auge de internet parece traer una hostilidad entre los partidos políticos que hace que cada vez sea más difícil alcanzar compromisos políticos significativos.

Todos recordamos cómo los seguidores de los partidos defienden lo indefendible a través de las redes sociales: los corruptos, los idiotas, los villanos son los otros.

Sanger afirma que «los sitios online son atractivos porque refuerzan nuestros supuestos básicos, y nos dan puntos de conversación fácilmente digeribles […]. Nos hacen demasiado confiados y acríticos. Nos alienan a unos de otros, incluso de amigos y familiares que no comparten nuestras opiniones, porque es muy fácil y divertido demonizar a la oposición desde una página web».

Bruce Parker considera que el entretenimiento que ofrece internet ha creado una nueva cultura: «Es una cultura de abajo hacia arriba con un efecto de embrutecimiento que es probable que tenga repercusiones».
Para Parker, «a medida que más y más población llena más y más horas del día con el entretenimiento [online], cuenta con menos horas para actividades que promueven la inteligencia, la compasión y para interesarse por lo que cae fuera de sus propios microcosmos de internet».

En Idiocracia no existe la individualidad

En Idiocracia los medios de comunicación homogenizan las modas, los gustos y los intereses. Por otro lado, hay un puñado de corporaciones que monopolizan la industria. Todas las cafeterías son Starbucks, una bebida energética como sabor predominante, Costco es el único sitio para las compras… La ropa contiene logos de distintas marcas. Como resultado, el pensamiento de los ciudadanos es similar.

En Idiocracia no hay más interés que el placer inmediato. Las cuestiones urgentes se aparcan por un polvo rápido. No importa qué hay en juego. Incluso el sexo está por encima de la posibilidad de perder la vida.
En Idiocracia el presentismo mencionado por Noga Arikha impide mirarse a uno mismo, estar atento a los propios gustos, intereses y necesidades. Todo el mundo va donde todo el mundo va, y todo el mundo hace lo que todo el mundo hace. Todo el mundo parece la misma persona.

Inquieta que los protagonistas de Gandía Shore no sean muy distintos de los de Jersey Shore (USA), Geordie Shore (Reino Unido), Acapulco Shore (México) o Warsaw Shore (Polonia). Basta visualizar unos minutos de vídeos en Youtube de unos y otros para percatarse de ello. Una prueba de la homogeneización cultural.

Precisamente Hans Ulrich Obrist, codirector de la galería de arte Serpentine de Londres, se queja de que las ciudades de la mayoría de los países se parecen, que sus ciudadanos tienen los mismos gustos e intereses y que la individualidad de los artistas es aplastada. Para Obrist la homogeneización está en los principios de la destrucción de una civilización.  

Nicholas Humphrey teme que si todo el mundo hace las mismas cosas, ve los mismos espectáculos y va a los mismos sitios, se pierda la creatividad: «Debemos preocuparnos de que las experiencias individuales están desapareciendo; son las que conducen a la unión de las ideas».

O’Reilly recuerda que «en el pasado, la antorcha del progreso pasa de una región a otra del  mundo. Pero ahora, por primera vez, tenemos una única civilización global. Si falla, todos fracasamos juntos».

Muchas de las predicciones son catastróficas. Hay algunas soluciones. Una de ellas es no seguir a la manada. La solución quizá está en el discurso final del protagonista de Idiocracia, un tipo corriente del presente que es congelado y despierta en un futuro estúpido:

JOE: ¿Saben? Hubo una época en la historia de este país cuando la gente lista era considerada gente guay, pero la gente lista hacía cosas… como construir barcos y pirámides, e incluso fueron a la luna. Y hubo una época en la historia de este país, hace mucho tiempo, cuando leer no era cosa solo de maricones y escribir tampoco. La gente escribía libros y películas, películas que contaban historias. Y te importaba de quién era el culo que veías y por qué se tiraba pedos… y estoy convencido de que esa época se repetirá de nuevo."                   

(Javier Meléndez Martín, Guionista desde 1998. Ha trabajado en producciones de ficción y programas para Canal Sur, ETB y TV3. Other News, 18/08/20)

13/5/19

‘The New York Times’ retiró una viñeta del dibujante portugués António al juzgarla antisemita. “Lo políticamente correcto amenaza nuestra profesión”

"En 45 años de profesión, el dibujante António nunca había sido censurado. La racha se quebró cuando The New York Times retiró una de sus viñetas, publicada el 25 de abril en la sección de Opinión, en virtud de un contrato de sindicación de contenidos gráficos, por considerarla “ofensiva” y “antisemita”.

Un Trump ciego es arrastrado por un perro guía que se parece a Netanyahu y que lleva en el collar una estrella de David. “Es una interpretación de unos acontecimientos”, explicaba ayer el dibujante en su estudio lisboeta. “No tengo nada contra los judíos, pero sí contra algunas políticas del Gobierno de Israel. No soy antisemita, sí antisionista. Se ha hecho una lectura fundamentalista del cartoon. Hay un exceso de susceptibilidad por parte de los judíos”.

António Moreira Antunes (Vila Franca de Xira, 66 años) comenzó a publicar en la prensa portuguesa en la Revolución de los Claveles en 1974. Desde entonces ha cosechado todos los premios nacionales y casi todos los internacionales. “El cartoonismo obedece siempre a unas reglas, exageramos una historia y para entenderla utilizamos unos símbolos genéricos. Todo con el fin de bajar del pedestal a las vacas sagradas”, afirma. Los poderosos son su objetivo predilecto, frecuentemente caricaturizados con formas animalescas, pájaros, perros, monos, elefantes, leones…

La respuesta ha sido contundente por parte de The New York Times: retirada de la viñeta, disculpas a los lectores y, días después, una carta del editor, A. G. Sulzberger, donde anuncia represalias contra el responsable de la selección de la viñeta y la cancelación del contrato con Cartoon Arts International que canalizó la obra de António.

“Las reacciones de Trump y de su hijo eran predecibles, las de las redes sociales también, pero la reacción del periódico más importante de Estados Unidos no la esperaba. Creo que ha sido peor el remedio que la enfermedad”, dice el dibujante.

Originalmente, su viñeta apareció el 19 de abril en el semanario portugués Expresso, donde António publica cada sábado desde 1974. El dibujo no levantó ninguna polémica en Portugal, solo después de la acusación de “antisemitismo”, el Expresso salió a defender la “libertad de expresión y de opinión” de su dibujante.

El judaísmo no ha sido su único choque religioso. Tras los colectivos judíos, son los católicos los que más se mueven para frenar la creatividad de António. “Dibujé a Juan Pablo II en 1992 con un preservativo en la nariz, sí; había realizado unas declaraciones contra el uso del condón mientras el sida se extendía. Tres semanas después un grupo ultraconservador empezó a recoger firmas para que mi viñeta se discutiera en el Parlamento. Reunió 28.000 firmas cuando su objetivo era el millón”.

El islamismo también ha sido criticado por António. “Tras los atentados contra Charlie Hebdo participé en debates con líderes de la mezquita de Lisboa y estuve en contra de sus posiciones. Dibujé viñetas contra los atentados, pero en otras estoy a favor de los palestinos. No son temas incompatibles”.

António no ve con optimismo su profesión. “Está amenazada por dos fenómenos, uno es la corriente de lo políticamente correcto. Nuestra razón de ser es la contraria, tenemos que ser exagerados, absolutamente incorrectos para mostrar la realidad desde otro punto. La segunda amenaza es la crisis de la prensa. Cuando hay que cortar gastos se empieza por los dibujantes, cada vez se publican menos viñetas en los periódicos”.                            (Javier Martín del Barrio, El País, 06/05/19)

1/2/19

Los hombres han evolucionado para ser padres y para ser una parte igual pero crucialmente diferente del equipo parental... papá ya no enseña a cazar, pero juega a lo bruto con sus hijos. Papá es quien los voltea en el aire. El que los entrena para el fútbol. El que con grandes voces y eficaces aspavientos expulsa a los monstruos de la habitación nocturna. Los padres y los hijos, nos dice Machin, obtienen sus picos más altos de oxitocina cuando juegan sin contemplaciones; mamá y los hijos cuando se abrazan...

"(...) Si no fuera porque el Fiscal sigue atentamente mis pasos, no dudaría en decirte que me estoy convirtiendo en un mariconazo. La drástica novedad parte de la polémica generada por un anuncio de la afamada casa Gillette que sostiene que la masculinidad tóxica se combate con el afeitado que procuran sus cuchillas. 

Una buena pasada y cualquier hombre se convierte en thebestmencanbe.org, lo mejor que los hombres pueden ser. Es interesante recordar que hace 30 años, y según informa la web de la campaña publicitaria, el rasurado con Gillette dejaba la cara como the best a man can get, lo mejor que el hombre puede tener. 

Eran los tiempos, más o menos, en que la editorial Anagrama traducía el excelente libro de Tom Wolfe The Right Stuff (Lo correcto) por Lo que hay que tener, nada menos y con un par.

Tiempos de pelo en pecho, justo en la zona donde Gillette se habría cuidado muy mucho de intervenir. El vídeo del anuncio puedes verlo en: youtube.com/watch?v=YZ0ALDq2Gp8.



Tiene alguna particularidad interesante como que todos los negros que salen son buenos y todos los blancos malos: debe de ser que querrían variar. 

Pero no ofrecerá mayor novedad metiómana para ti. Ni siquiera retórica, porque el anuncio es la enésima versión de La Bella y la Bestia, el célebre cuento de hadas que ennobleció Jean Cocteau y que popularizó Walt Disney, cuyo resumen argumental te transcribo de la propia factoría Disney: 

"Belle, una joven hermosa y brillante, asume el lugar de su padre como prisionero en el castillo de una Bestia. Poco a poco, la valiente Belle irá dándose cuenta de que la Bestia no es el malvado ser que todos creen que es y tiene, en realidad, un gran corazón". ¡Gracias a Gillette!

Sin embargo, mi nueva naturaleza (casi) no se ha proclamado por el anuncio de las cuchillas sino, justamente, por el que pretende darle réplica, What is a man. A response to Gillette, que publicita la casa de relojes Égard, que en francés quiere decir sin miramientos. Aquí lo tienes. 

Sobre un fondo de llamas, un bombero lleva una niña rescatada en sus brazos, mientras una voz virilmente cargada de resignación se pregunta: ¿Qué es un hombre? La secuencia se resuelve afirmativamente: Un hombre valiente. 

 Sobre otras imágenes distintas se irá desgranando con la misma voz y la misma lluvia el resto de adjetivos: héroe, protector, vulnerable, desechable, roto, molesto, y las irrevocables estadísticas que nunca mencionan las partidarias de superar la división sexual del trabajo: un hombre es el 93% de los accidentes laborales, el 97% de las víctimas de guerra, el 79% de los homicidas, el 80% de los suicidas, el 75% de los homeless y casi la mitad de aquellos que sin derecho de visita siguen apoyando económicamente a sus hijos. 

La voz acaba diciendo que Égard ve lo mejor del hombre. Apuesto a que incluso a ti te caerán las lágrimas. Sin llegar a tales degeneraciones lo cierto es que a mí se me humedecieron los ojos, y tuve que darme una buena hostia en la cara recién afeitada con Wilkinson Sword para detener la claudicación.

 Fue entonces, recuperada la actividad del lóbulo frontal izquierdo, cuando entendí la magnitud de lo que se avecina. El Hombre ya casi está a la altura de las mujeres, los gays y los catalunyenses. A punto de instituirse en grupo y de acceder a una identidad laboriosa, emocional y socialmente construida. El hombre, ¡horror!, está a punto de himno, él que estuvo siempre a punto de nieve.

Por suerte aquella misma tarde había leído La maravilla del papá humano, un excelente artículo de Anna Machin en Aeon, síntesis de su libro La vida de papá. La forja del padre moderno, que acaba de publicar Simon & Schuster.

 Machin es una antropóloga oxoniense que frecuenta los medios y cuyo artículo arranca sin contemplaciones: el rasgo inequívoco de lo que nos hace humanos es la paternidad. Entenderás esta aparente perogrullada cuando te diga que los machomonos copulan y se largan; pero el machohumano se quedó. No porque fuera un buen hombre. Solo por hombre.

 Hace medio millón de años, explica Machin, el cerebro humano dio un salto de tamaño prodigioso. "Este nuevo cerebro tenía más hambre energética que nunca. Los bebés nacían aún más indefensos, y la comida, la carne, que entonces se requería para alimentar nuestros cerebros, era aún más complicada de obtener, atrapar y procesar que antes. 

Mamá necesitaba mirar más allá de su parentesco femenino para contar con alguien más. Alguien que estaba tan genéticamente comprometido en su hijo como ella. Ese fue, por supuesto, papá". Y más adelante, continúa: "Lo más importante es que papá no evolucionó para ser el espejo de mamá, una madre masculina, por así decirlo. 

La evolución odia la redundancia y no seleccionará roles para que se dupliquen entre sí cuando un tipo de individuo puede cumplir ese rol solo. Así que el rol de papá evolucionó para complementar al de mamá".

El niño pequeño y el adolescente son refinamientos específicamente humanos que no comparten otros primates. Papá traía la caza y papá enseñaba a cazar. Hoy, descontado el ámbito de los cazadores recolectores andaluces, papá no enseña a cazar, pero juega a lo bruto con sus hijos. Papá es quien los voltea en el aire. 

El que los entrena para el fútbol. El que con grandes voces y eficaces aspavientos expulsa a los monstruos de la habitación nocturna. Los padres y los hijos, nos dice Machin, obtienen sus picos más altos de oxitocina cuando juegan sin contemplaciones; mamá y los hijos cuando se abrazan. Así es la vida: oxitocina. Y el jamón Joselito, dios me perdone. Pero lee el párrafo clave: "Al igual que las madres, los padres han sido moldeados por la evolución para que estén preparados biológicamente, psicológicamente y conductualmente como padres. 

Ya no podemos decir que la maternidad es instintiva, pero que la paternidad se aprende. (...) Los hombres han evolucionado para ser padres y para ser una parte igual pero crucialmente diferente del equipo parental. Al no reconocer quiénes son o apoyar lo que hacen, realmente nos equivocamos. Alrededor del 80 por ciento de los hombres aspiran a ser padres. Creo que es hora de que hagamos el esfuerzo de saber quiénes son realmente".

Abriéndose camino a través de la laguna de almíbar fatuo que se extiende de Gillette a Égard, la verdad asoma: el instinto paternal existe. 

El origen biológico de este rasgo, donde tantos rasgos concentrados hay, incluido el de la violencia, no servirá para que las gillettes abdiquen de sus consejos de guerra sumarísimos contra la cultura heteropatriarcal. Pero, en cambio, sí debe servir para desterrar cualquier tentación de orgullo égard. Del orgullo que disfruten los socialmente construidos, que diría el Fiscal. Ellos sí que tienen mérito. (...)"                        (Arcadi Espada, 20/01/19)

28/12/15

En el día de los inocentes, un monaguillo suplantaba al obispo y trastocaba la jerarquía

"(...) Unos magos llegan a Jerusalén preguntando por el recién nacido rey de los judíos, lo que pone de los nervios a Herodes, que ostenta el título de rey de Judea con el permiso de los romanos. 

Podría tratarse del Mesías, piensa, y los escribas a los que consulta le explican que, según las profecías, nacerá en Belén. Herodes pide a los magos que, en cuanto hallen al niño, se lo hagan saber, para que también él pueda adorarlo. Los magos lo encuentran, pero, advertidos por un ángel, regresan a su país por otra ruta. 

Consumido por la envidia, Herodes ordena matar a todos los niños de Belén menores de dos años. Jesús se salva por los pelos: un ángel ha recomendado a su padre que traslade la familia a Egipto. El episodio termina con una cita de Jeremías, que anticipó la matanza: “Raquel lloraba a sus hijos y no quería ser consolada porque ya estaban muertos”.

Cuesta entender por medio de qué extraña lógica un episodio tan cruel se convirtió en una jornada de burlas y diversión. En la Edad Media era frecuente, en el día de los inocentes, que un monaguillo suplantara al obispo y trastocaba la jerarquía: revestido con mitra y báculo el pequeño se sentaba en la cátedra más alta. 

La fiesta está relacionada con la del “Bisbetó” que todavía hoy se celebra en la escolanía de Montserrat el día de San Nicolás (Santa Claus). Según la leyenda, el santo hizo resucitar a unos niños que un hostelero había convertido en tocino. Por un día, los pequeños son los superiores.

Umberto Eco en su Historia de la feal dad (Lumen) explica que este tipo de farsas medievales –y otras como la carnavalesca fiesta del asno– guardan relación con las Saturnales romanas, en las que se permitía a los esclavos ocupar el lugar de los dueños, y también con las celebraciones militares en las que los soldados podían usar un lenguaje lascivo o insultante contra el caudillo que les había dirigido en la batalla. 

Eco sostiene que en la edad media “la risa era la única medicina del que vivía con pesimismo una vida miserable y difícil”.

No sé por qué ya prácticamente nadie gasta bromas el día 28 de diciembre. ¿Será porque ya cada día del año es carnaval? En mis años de infancia nos pasábamos el día por las calles intentando pegar un muñeco de papel en el abrigo de la gente mayor. 

Otras bromas eran toleradas aquel día: colocar un palillo en la ranura de un timbre para que sonara sin parar; o atar una moneda de 50 céntimos (de las que tenían un agujero en medio) con un cordel muy largo y delgado, dejarla en medio de la acera y tirar desde lejos del cordel, repentinamente, cada vez que alguien se inclinaba para cogerla. Eran más inocentes las bromas que las supuestas víctimas de la broma.

Bromas pesadas no recuerdo. En cambio, recuerdo que una de las primeras ­formas de iniciación de los niños a la lectura de diarios consistía en ir pasando las páginas del ejemplar del 28 de diciembre para detectar cuál era la noticia falsa del día. 

Los periódicos serios han aban­donado esta práctica para evitar que la ­frivolidad corrompa la veracidad. Ya solamente ­algunos diarios deportivos publican inocentadas: no es fácil distinguirlas de las informaciones, generalmente es­peculativas, que tienden a publicar habitualmente.

Un inocente era, en mi juventud, el que caía en la trampa de una broma. Ahora ­todo el mundo parece muy listo. Nadie se deja engañar por un bromista. De ahí, ­seguramente, la restricción del signifi­cado de la palabra inocencia: antónimo o contrario de culpable. Quien no ha sido encontrado culpable es inocente. 

Esta afirmación vale no solamente para eludir condenas judiciales, sino también para trampear los dilemas éticos a los que nos vemos confrontados; y para que nuestros ojos puedan acomodarse a los terribles males que nos rodean: a las matanzas de niños, por ejemplo. Que no son cosa del pasado. (...)"          (Los santos inocentes, de Antoni Puigverd,  La Vanguardia, en Caffe Reggio, 28/12/15)

4/3/15

El humor sirve, a menudo, como acelerador del progreso social

"(...) ¿Por qué los dictadores no toleraban el disenso? Uno se imagina a autócratas que se cubrían las espaldas y encarcelaban o asesinaban solo a aquellos que intentaban directamente usurpar sus privilegios, mientras que permitían a sus súbditos menos poderosos quejarse todo lo que quisieran.

 Hay una buena razón por la que los dictadores no actúan de esa manera. Los empobrecidos súbditos de un régimen tiránico no se engañan con que son felices, y si decenas de millones de ciudadanos desafectos actúan unidos, ningún régimen tiene la fuerza bruta de resistir a ellos.

 La razón por la que los ciudadanos no se oponen en masa a sus jefes supremos es que carecen de conocimiento común —la conciencia de que el conocimiento de todos es compartido y saben que lo comparten. La gente se expondrá al riesgo de la represalia por parte de un régimen despótico solo si sabe que otras personas se están exponiendo a ese riesgo al mismo tiempo.

El conocimiento común se crea mediante la información pública, como una declaración transmitida. El cuento de «El traje nuevo del Emperador» ilustra la lógica. Cuando el niño gritó que el emperador estaba desnudo, no estaba diciendo nada que los demás no supieran ya, nada que no pudieran ver con sus propios ojos.

 Pero sin embargo estaba cambiando su conocimiento, porque entonces todos supieron que todos sabían que el emperador estaba desnudo. Y ese conocimiento común les envalentonó para retar la autoridad del emperador con sus risas.

El cuento nos recuerda por qué el humor no es una cuestión de risas; por qué la sátira y el ridículo, aun cuando sea pueril y de mal gusto, es aterrador para los autócratas y protegido por las democracias. 

La sátira puede desafiar sigilosamente supuestos asumidos automáticamente por el público, obligándolo a ver que esos supuestos tienen consecuencias que todos reconocen que son absurdas.

Por eso el humor sirve tan a menudo como acelerador del progreso social. Los sabios del siglo XVIII como Voltaire, Swift y Johnson ridiculizaron las guerras, las opresiones y las prácticas crueles de su tiempo. 

En los años 60, los cómicos y artistas retrataban a los obtusos racistas como neandertales, y a los halcones de Vietnam y a los partidarios de la guerra fría nuclear como psicópatas amorales. 

La Unión Soviética y sus satélites tuvieron una rica corriente satírica clandestina, como en la definición común de las dos ideologías de la Guerra Fría: «El capitalismo es la explotación del hombre por el hombre; el comunismo es exactamente lo contrario».

Utilizamos el lenguaje mordaz para socavar no solo a los dictadores políticos, sino a los pequeños opresores del día a día: el jefe tiránico, el sermoneador mojigato, el fanfarrón del bar o el vecino que se encarga de hacer cumplir normas asfixiantes.(...)"  

('Por qué la libertad de expresión es fundamental', de Steven Pinker, The Boston Globe, 27 de enero de 2015, (Traducción: Verónica Puertollano)

18/2/15

Los humoristas desempeñan la función social de protegernos contra nuestros propios ridículos

"(...) Sobre todo, acierta plenamente cuando define a los humoristas como una suerte de niños grandes, gamberros y pernipeludos que desempeñan la indispensable función social de protegernos contra nuestros propios ridículos: nos reímos de nosotros al reírnos con los niños o con los humoristas, aprendemos a no tomarnos demasiado en serio a nosotros mismos al comprender su broma como broma, mientras que sí tomamos en serio lo que dicen los “eruditos sabios y considerados”. 

Así al menos deberían ser las cosas, aunque no estoy tan seguro de que esto ocurra “en la mayoría de las sociedades”, que según el autor serían inteligentes combinaciones de civismo y sentido del humor. Yo diría más bien que las sociedades donde se intenta mantener ese equilibrio son, por desgracia, una exigua minoría, y que incluso en ellas lo más corriente es reírse de los sabios como si fueran niños latosos y tomarse completamente en serio a los enfants terribles. 

He aquí algunos ejemplos, de menos a más: igual de “pueril” que cada invención de Gila, Wolinski o Tim Burton es la prohibición de que un catedrático universitario critique públicamente a la Asociación Nacional del Rifle, lo que pasa es que no nos reímos de esa prohibición porque, según nos cuenta Brooks, al tal catedrático lo despidieron de su trabajo por hacer esa crítica en twitter, y eso no tiene ninguna gracia.

Puede suceder, sin duda, que algunas palabras y viñetas “ofendan” o “falten al respeto” a algunas personas (sobre lo que volveremos en seguida), pero es preciso notar que la Asociación Nacional del Rifle no es una persona, como tampoco lo son “el islam” o “el islamismo radical”. 

Por el contrario, quienes se arrogan, sólo en nombre de sus sentimientos de ofensa, la representación directa y personal del “islam”, del “pueblo americano”, del “pueblo catalán” o del “pueblo vasco” están ya, lo sepan o no, haciendo una caricatura pueril y desvergonzada del islam, de América, de Cataluña o de Euskadi; son ellos quienes, como niños traviesos, caricaturizan aquello en cuyo nombre dicen hablar: ¿por qué a estos humoristas sí deberíamos tomárnoslos en serio? ¿No será porque, como al catedrático del ejemplo de Brooks, nos da miedo que nos despidan?

Muy en serio nos tomamos durante muchos años la caricatura que ETA hacía de los vascos (arrogándose su representación exclusiva), no porque la cosa no fuera de chiste, sino porque era un chiste cargado de goma 2 y 9 milímetros parabellum. Análogamente, y salvando todas las distancias, es un error pensar que son los dibujantes de Charlie Hebdo quienes caricaturizan “ofensivamente” el islam: ellos se limitan a retratar con total verosimilitud y realismo la caricatura que del islam hacen los terroristas, lo que pasa es que éstos últimos no nos hacen gracia porque llevan pistolas lanzagranadas. 

La historia nos enseña que había mucha más sátira contra el cristianismo cuando los cardenales pretendían influir en las decisiones políticas y reinar sobre la vida civil, y que el nivel de sarcasmo anticlerical ha descendido tanto más allí donde más la religión se ha convertido en asunto privado. 

Por eso, el argumento de Brooks es: “Yo no soy Charlie Hebdo… pero me gustaría serlo (en lugar de soportar la hipócrita corrección política de los campus estadounidenses o —podríamos añadir nosotros— el cinismo de quienes llevan la pegatina sin estar a su altura)”; y por ello termina abogando liberalmente contra toda prohibición en el ámbito del discurso público y oponiéndose a quienes ven en ese tipo de sátiras un “exceso” de la libertad de expresión que debería ser “limitado” o restringido. (...)"                (   , El País, 14 ENE 2015)

15/5/13

Los malos utilizan sus contratos de hipotecas a 60 años repletos de cláusulas abusivas y los buenos los contrarrestan lanzando en un arco de 360 grados sus superataques de rayos

"Es el segundo round del combate entre las fuerzas del mal y las fuerzas del bien. La lucha es desigual. Los malos utilizan sus contratos de hipotecas a 60 años repletos de cláusulas abusivas y los buenos los contrarrestan lanzando en un arco de 360 grados sus superataques de rayos, porque los palos hoy en día llueven de todas partes.

 Las fuerzas del bien han conseguido hace un rato liberar una oficina bancaria y convertirla en una biblioteca pública; ahora, salvan a una familia de ser desahuciada. "¡Qué gran jugada! Otro asalto para los Reflectantes", narra un locutor. "2 a 0 para el equipo del bien".

Tan singular batalla tuvo lugar este domingo ante una oficina de la Caixa en la Gran Vía de Barcelona en el marco de la manifestación para conmemorar el segundo aniversario del 15M y acabó sin heridos, entre carcajadas y muchos aplausos.

 Las fuerzas del mal eran los bancos y el equipo del bien, Los reflectantes, un colectivo surgido el año pasado que utiliza las performances y la creatividad para denunciar a los que considera los principales culpables de la crisis.

 "Estamos recibiendo cada día inputs de que todo va muy mal, y es así, pero si pierdes el humor, te han ganado. Es una manera de gestionar la rabia, subir la moral y llegar a todo el mundo", subraya un miembro del grupo, compuesto por una veintena de personas que se reúnen con regularidad una vez por semana. 

Para ello, como en cada ocasión que lo merece, los buenos se vistieron con trajes hechos de papel de aluminio, antifaces y protectores de pantorrillas y muñequeras reflectantes destinados a "reflejar el Mal contra sí mismo". Los malos, a su vez, usaron enormes sombreros de copa de cartulina adornados con el símbolo del euro. 

Siguiendo con las actividades para conmemorar el aniversario, Los reflectantes han convocado una nueva acción para hoy, Bancabruta (banca sucia en catalán), que propugna realizar una "bancaruta" por las entidades e ir invitando a los clientes "a cerrar sus cuentas en los bancos malos".

 La protesta, que se difunde en Twitter bajo la etiqueta #El15Mcierratucuenta, busca dar continuidad a la acción Toque a Bankia que organizó el 9 de mayo pasado el colectivo Gila Grupo de Intervención en colaboración con Hacktivistas coincidiendo con el aniversario del rescate a la entidad financiera.

 La acción, destinada a indigestar sus oficinas con un empacho de actividad -lo que llamaron "cansinismo"- ejemplifica el humor "cutregamberro" del que se reclama seguidor este colectivo anónimo que integran alrededor de una decena de personas y que surgió también hace un año de la asamblea del 15M de Lavapiés.

 Bautizado en honor del humorista español Miguel Gila, el grupo asegura que se inspira en sus bromas y en las que podrían hacer sus abuelas. Su primera acción, en junio del año pasado, resume perfectamente la idea: airearon los trapos sucios de Bankia colgando bragas en la calle con mensajes incorporados para visibilizar el rescate de la entidad financiera. 

La próxima será mañana, cuando se proponen "abortar al PP" y "tocar el pito a Gallardón" en la calle Génova en apoyo del escrache convocado por Feministes Indignades ante las sedes del partido político en Catalunya.   

El activismo en España recurre cada vez más al humor y a la ironía como una estrategia de desobediencia civil para desarmar el discurso imperante, deformar la realidad para hacerla más comprensible y poder llegar, como subraya un miembro de Gila, a "ese 99% que no somos pero que queremos ser".

 Gila, desde el humor más local, y los Reflectantes, desde la creatividad, son dos ejemplos surgidos en Madrid y Barcelona, respectivamente, pero hay más, nacidos tanto sobre el terreno como en la red al calor del 15M y promovidos desde el mundo del arte o del activismo social: desde el grupo de titiriteros Los Ayuntañecos y el colectivo Memetro a la controvertida y ácida cuenta de Twitter Masa enfurecida, el banco de carteles gráficos Voces con Futura o la plataforma Humor Indignado 99%, que se presenta como "l@s de abajo que se ríen de l@s de arriba" y que tiene más de 491.000 simpatizantes en Facebook. También los Iaioflautas incorporan el humor con naturalidad dentro de su arsenal táctico en cada una de sus "travesuras". 

No es un fenómeno en absoluto nuevo, aunque con la crisis e internet las prácticas se han extendido y multiplicado. Existen antecedentes a nivel español y experiencias en otros países.

 En Barcelona, por ejemplo, el movimiento V de Vivienda, precursor de la PAH, usó ya en las municipales del 2007 la imagen del héroe Supervivienda que vencía a las fuerzas malignas y los "mossosaures" (un juego de palabras entre la policía catalana y Joan Saura, entonces conseller de Interior) e irrumpía en los mítines electorales vestido a lo abeja Maya para denunciar la burbuja inmobiliaria.

El libro de cabecera de Gila Grupo de Intervención es el Manual de guerrilla de la comunicación, del grupo alemán A.F.R.I.K.A, una caja de herramientas para la acción creativa, divertida y efectiva. Los Reflectantes también bebe de ellos. 

 El grupo catalán se formó, de hecho, tras las jornadas internacionales de activismo creativo Cómo acabar con el mal que organizó en marzo de 2012 en Barcelona  Enmedio -un colectivo que experimenta desde hace años con el uso político del arte y las tácticas para enfrentar la crisis con desparpajo-, y llevó a cabo una de sus primeras puestas en escena en la manifestación que conmemoró el primer aniversario del 15M, cuando desfilaron al grito de guerra "¡La crisis rebota, rebota y en su culo explota!".

 En esa ocasión se armaron también con globos con ojos pegados y enormes cubos hinchables reflectantes, útiles, también, para deslumbrar cámaras de vigilancia o contrarrestar, si era el caso, una carga policial.

 La veterana activista cultural Simona Levi, defensora de la ironía para la acción política desde los colectivos con los que trabaja, como el espacio de creación Conservas, X.net (exEXGAE) y la gala satírica de cultura libre los oXcars, sitúa los antecedentes históricos en el dadaísmo, el movimiento situacionista y, más recientemente, el zapatismo, y enumera algunos referentes tempranos vinculados al movimiento antiglobalización, como The Yes Men, RTmark, Critical Art Ensemble o Labofii.

Para el caso español, considera Las Agencias como el más destacado. También en el mundo árabe la creatividad y la burla han jugado un papel importante para forjar un nuevo lenguaje de disidencia contra la dictadura.

Ese fue el caso, a partir de 2006 y bajo el pseudónimo de Ahmad Sherif, del artista visual egipcio Aalam Wassef, que elaboró vídeo montajes que colgaba en la red denunciando los males del régimen de Hosni Mubarak.

 La valoración de la eficacia del humor para la desobediencia es coincidente. Gila la explicó en una entrada en su blog de la que se ha tomado prestado el título de este artículo. "Es una herramienta que permite diseccionar la realidad y que se puede utilizar contra el poder. La principal arma del poder es el miedo, sin miedo no son nada y el humor los desarma.

Si los puedes desacralizar con carcajadas, ya lo puedes considerar como a un igual. Hay dos cosas que no se pueden hacer a la vez: reír y tener miedo", explican. Levi comparte un diagnóstico similar, aunque ella relaciona la opresión con la tristeza y la derrota. "El humor es nuestra mejor esperanza y la mejor manera de empoderarnos y emprender un camino de transformación positivo y demostrar que sí, se puede", subraya.

 Los Reflectantes coinciden y añaden otras potencialidades también señaladas por Gila: el humor permite abrir brechas y colarse en la cobertura de los medios de comunicación de masas además de establecer complicidades y afianzar los lazos de apoyo.

Que el humor y la burla es una herramienta de baja peligrosidad y alta eficacia, como sostienen todos, se puso de manifiesto con Toque a Bankia, un proyecto a cuatro manos de Gila y Hacktivistas que tuvo una gran repercusión mediática. Varias oficinas de la entidad tuvieron que cerrar puertas de puro agotamiento.

Las colapsaron sobre el terreno, pero también telefónicamente a través de una aplicación, Toquéame, descargable gratuitamente desde cualquier teléfono o tableta que, como el portal, desarrolló Hacktivistas.

Hacktivistas también recurrió al humor e introdujo bromas más sutiles en la herramienta, más encaminadas a divertirse ellos mismos y a sorprender a algún periodista al que se le ocurriera husmear, como explica uno de sus miembros. Si uno busca a nombre de quién está registrado el dominio de toqueabankia.net, descubre que es Brankia S.L. y el administrador, Rodrigo Grato.

La unión entre Hacktivistas y Gila, que elaboraron también juntos la iniciativa No-Doy para parodiar las ruedas de prensa a través de televisión a las que ha cogido el gusto Mariano Rajoy, permitió poner en marcha una de esas acciones organizadas colaborativamente en la red y llevadas a cabo de de forma distribuida que caracterizan desde sus inicios al 15M.

La idea de partida se fue perfilando durante meses a través de documentos colaborativos online y se acabó de afinar a través de un foro cuando se abrió la plataforma web, a principios de abril.  "Proponemos una idea, escuchamos mucho y luego las acciones vuelven a lo real", afirman desde Gila. Sólo el primer día se inscribieron unas 1.500 personas.

Toque a Bankia es una herramienta de software libre que se puede descargar y reutilizar para otras acciones futuras. "Esto ha sido el primer toque. La herramienta está ahí para que la gente pueda usarla", afirman desde Hacktivistas, añadiendo que Occupy Wall Street ya la ha cogido. "Ahora es Bankia, pero podría ser otra cosa", apuntan desde Gila.

El colectivo es claro y  recuerda que Toque a Bankia no fue una acción, sino "un emplazamiento o una amenaza" y que si las "exigencias no son atendidas, la acción se repetirá en poco tiempo, quizás entonces varios días y así, tantas veces como sea necesario".  ¿Cuáles serán esas exigencias? Se están discutiendo en abierto en este documento colaborativo. Humor y risas pero con contenido."         (Público, 14/05/2013)