"Según las teorías conspiranoicas de la Unión Soviética, en los años
80 los chistes políticos se los inventaba un departamento especial de la
CIA con el fin de socavar nuestro socialismo. Al menos esto nos lo
decían informalmente algunos dirigentes del partido, un poco antes de
voltearse las chaquetas y convertirse masivamente a la fe capitalista,
de aquellos que siempre son más papistas que el papa. Yo me quede con la
duda, tratando de imaginar una supersecreta oficina norteamericana
donde los humoristas de la CIA, con la ayuda del intelecto artificial,
escriben chistes sobre Leonid Brézhnev o el glorioso comandante de la
Caballería Roja Vasili Chapáyev.
En la tranquila vida soviética, con sus logros, sus fracasos y sus
absurdos, teníamos muchos chistes. Algunos, con buena memoria y mejores
talentos artísticos, podíamos contar chistes durante horas. Pienso que
no tenían un objetivo político anticomunista específico, sino que era la
sana catarsis colectiva, de una sociedad con un fuerte tejido social,
una vida de bastante alta calidad y seguridad social y, con todo esto,
mucha burocracia, ridículos formalismos y excesivas restricciones de la
censura. Y nosotros, que todavía éramos un solo pueblo, entre los
vecinos y amigos de confianza nos reíamos mucho de todo, también de
nosotros mismos. Sin tabúes ni moralismos, aunque arriesgándose a algún
que otro problema administrativo o de carrera, pero pasándola muy bien.
Los dos viajes de mi madre
También cuentan que en la época de Stalin, por un chiste
nacionalista, es decir, reírse de cualquier etnia, se podía terminar
preso. En aquellos tranquilos años 80, nos parecía terrible. Después de
los horrores que pasaron y siguen pasando los pueblos de la ex URSS bajo
la propaganda de todo tipo de nacionalismos, ahora no me parece tan
malo.
Recuerdo un típico chiste soviético de aquella época: «En el país se
prohibieron contar chistes sobre los judíos, amenazando a los
infractores con una fuerte sanción. Van dos tipos. Uno pregunta al otro:
– ¿quieres que te cuente un chiste? El otro medio asustado reacciona: –
¿No es de los judíos? – No. ¿Seguro? – Seguro, seguro. – Entonces,
cuéntalo. – Bueno… Van dos negros… uno se llama Abraham y la otra se
llama Sara…»
Imagínense este chiste ahora en la sociedad occidental contemporánea.
Sería declarado antisemita, racista y sexista (por no incluir el
lenguaje inclusivo). La idea central y el humor, que nada tiene que ver
con ninguno de estos ismos, se borra por completo. De entrada, nos
desvían hacia una discusión estéril, grave y dirigida hacia lo
secundario. Tal vez, lo de ‘antisemita’ sería lo más gracioso. Los que
más y mejor contaban chistes sobre judíos eran los judíos soviéticos, un
pueblo con un gran sentido del humor e imaginación, (cuidado, sin
despreciar a ningún otro pueblo, antes de que me tilden de ‘sionista’).
Para la gente carente de educación y llena de complejos cualquier
juego de palabras y significados siempre es sospechoso, al igual que
todo lo que no se entiende se declara un peligro.
Lo que no cabe en los pequeños mundos de los dueños de cualquier
discurso oficial suele ser convertido en etiquetas, advertencias y
‘líneas rojas’. Por eso, la risa, como una de las más bellas expresiones
de nuestra libertad de pensamiento, siempre es doblemente sospechosa y
censurable.
Tampoco nos reímos de las mismas cosas. A algunos les parecen
chistosas las desgracias de otros. Alguien se tropieza, se resbala, cae,
recibe un tortazo en la cara y escuchamos las carcajadas de la sala.
Los absurdos filosóficos de nuestra existencia son una materia bastante
más fina. Para reírse de algunas cosas hay que entenderlas y tener algo
de imaginación. Creo que no soy el único que observa el frecuente cambio
en el sentido de humor de nuestros compatriotas exsoviéticos y
latinoamericanos que emigraron a los EE.UU. Una vez más, mis disculpas
por este lenguaje tan ‘no inclusivo’, les juro que no quise ofender o
provocar al pueblo norteamericano, donde tengo varios y muy queridos
amigos.
Con el proceso de la perestroika en la Unión Soviética, hubo varias
transformaciones culturales. Y el humor no fue una excepción. En la
época de ‘la terrible censura comunista’ en el país salían varias y muy
populares revistas de humor y cada año en la ‘capital soviética del
humor’, el puerto de Odesa, se hacía una especie de festival de chistes,
donde se reunían los mejores humoristas y parodistas del país, llenando
los teatros y los estadios. El humor, como todo, tenía sus límites.
Obviamente, se permitían las críticas de los defectos, sin cuestionar el
modelo político, por lo menos directamente.
Con el avance de la perestroika, el tipo de humor cambió. Uno de los
principales humoristas soviéticos, Alexánder Ivanov, hizo llamados
directos para restaurar en el país el capitalismo y reivindicó la figura
de Pinochet, repitiendo los conocidos argumentos de la derecha
latinoamericana. Las bromas que predominaban en los medios de la URSS,
giraban en torno a la degradación de todo lo soviético, versus lo
superior, o sea, todo lo occidental, lo extranjero, lo civilizado.
Disculpen, pero éste es un ejemplo clásico de un chiste de la época:
«Salen del culo dos parásitos. El parásito hijo y el parásito padre. El
hijo dice:- Papi, ¡qué bello es este mundo! pero, ¿por qué toda nuestra
vida tenemos que pasarla entre mierda?. – Porque es nuestra patria,
hijito, contestó el parásito padre».
Luego, con la terapia de ‘shock’ aplicada en Rusia por el Gobierno de
Yeltsin, la situación se volvió poco chistosa para la mayoría de la
población. Los humoristas y satíricos de antes, de otros tiempos, que en
la época soviética fácilmente llenaban cualquier sala de conciertos,
prácticamente desaparecieron. Se supone que ya se podía hablar de todo
libremente.
Pero, en vez de un auge cultural, después de casi un siglo de censura
que se suponía lo frenaba, recibimos un enorme apagón de las artes
junto con el crecimiento con todo tipo de sucedáneos comerciales, copias
baratas del occidente, que celebraba su gran triunfo de la civilización
sobre nuestra barbarie. El humor desaparecía de nuestras casas. Las
sabrosas comedias francesas e italianas que antes íbamos a ver en los
cines fueron reemplazadas en la televisión por las insípidas bufonadas
norteamericanas, que nos obligaban a reírnos de las desgracias de otros.
Pasaron solo un par de décadas y en ‘el mundo civilizado’ que alguna
vez pretendimos imitar, y su picante y contagioso humor campesino, cayó
víctima de la inquisición progresista, que prohíbe la burla de todo lo
que pueda ser visto objeto de discriminación, o sea, prácticamente todo.
La humanidad liberada tenía que ponerse grave y políticamente correcta.
Si alguien se atreve a recordar los tiempos del chiste de ‘los dos
negros: Abraham y Sara’, de inmediato será acusado de fascista.
Tengo algún prejuicio, o miedo quizás, que me impide dedicarme a
estudiar las diferentes teorías del humor, hay algo frágil, mágico o
delirante que no quiero rozar con la lógica de la racionalidad. Pero
creo que el sentido del humor es, tal vez, lo más humano que nos
caracteriza y diferencia de otras especies.
Si nos quieren deshumanizar deben castrar nuestra capacidad de reír
al lado del prójimo. ¿Será una casualidad que entre las palabras ‘humor’
y ‘amor’ haya solo dos letras de diferencia y mil similitudes? Es
imposible odiar a alguien quien ríe contigo de los mismos chistes.
Nuestro porfiado sentido del humor puede ser visto como un arma para
defendernos como especie… ¿No será esta la razón por la que el poder
globalizado teme tanto nuestras risas?"
En la ceremonia de los Óscar, un
actor propinó una bofetada a otro, por la emisión de un chiste, por otra
parte, muy malo. ¿Qué significa eso? Significa que la ironía está
dejando de existir. No se entiende. Incluso los actores tienen problemas
para distinguir la realidad de la ficción.
De manera que, en ausencia
de esa distinción, todo es no-ficción. Todo (...) tiende
a ser, por tanto, cierto, por lo que desaparece lo no cierto, el arte…
la ironía. El siglo XXI puede ser, si nadie se ríe, una suerte de siglo
IV, en el que desapareció el 90% de la cultura anterior. Por lo mismo,
empieza a ser una buena época para las culturas reaccionarias. (...)" (Guillem martínez, CTXT, 31/12/22)
"Idiocracia (2006)
es una película que muestra un futuro dominado —es un decir— por idiotas
dependientes de máquinas desgastadas. La escribe y dirige Mike
Judge, creador de las series Silicon Valley, Beavis y Butt-Head y El
rey de la colina. Una producción que pasa desapercibida por los cines y
que tras las risas deja una duda: ¿estamos en los comienzos de un apocalipsis
idiota?
En la búsqueda de
información de futuros posibles, encuentro algunas respuestas en la página web
de Edge.org cuyo lema es:
«Para llegar a la frontera del conocimiento del mundo, busca las
mentes más complejas y sofisticadas, ponlas juntas en una habitación y haz que
se pregunten unas a otras las cuestiones que se plantean a sí mismas».
Siguiendo el lema, Edge plantea cada año una cuestión a 150
personas brillantes en sus campos. Entre los consultados, un premio Nobel,
investigadores de prestigiosas universidades, directores de publicaciones
científicas, periodistas, tecnólogos, artistas y escritores.
En 2013 la pregunta de
Edge es: «¿Qué nos debería preocupar?». 36 de los consultados temen el
aumento de la estupidez y con ello la superstición y la dependencia de la
tecnología. Veamos qué profetiza Idiocracia, qué temen las personas
consultadas por Edge y qué tiene que ver con nosotros, la gente corriente.
Aquí conviene explicar que el texto está en azul y negro
para diferenciar los comentarios particulares de los comentarios de las personalidades
consultadas por Edge.org. El lector puede leer, si lo prefiere, solo lo que
está en azul o lo que está en negro.
En Idiocracia,
los idiotas tienen más hijos que los inteligentes
Idiocracia comienza
exponiendo que en los tiempos actuales «la evolución no premia necesariamente a
la inteligencia» y, dado que las personas inteligentes son menos que las poco
inteligentes, el número de estúpidos crece.
Un matrimonio de personas con alto coeficiente de
inteligencia expone que tener hijos es una responsabilidad y los tiempos son
difíciles. Frente a esta pareja, Clevon, un tipo poco inteligente, no para de
tener hijos con su mujer y dos vecinas; hijos que se convierten en padres
adolescentes.
Douglas T. Kenrick, profesor de psicología de la Universidad
de Arizona, autor de libros y artículos académicos sobre la conducta y el
pensamiento humano, considera que el planteamiento de Idiocracia es posible:
«En estos días, las personas con buena formación intelectual
tienen familias más pequeñas, y como las mujeres con educación superior esperan
más para tener hijos, pierden muchas veces su periodo fértil, y no tienen
hijos».
Kenrick comenta estudios que sugieren que el aumento de la
estupidez está relacionado con el decrecimiento de la riqueza de un país.
Pobreza y estupidez que lleva a los ciudadanos a votar políticas conservadoras
que justamente son las que no favorecen la educación y la investigación científica.
Se llega a la Idiocracia cuando
se desprecia la ciencia
El narrador de Idiocracia comenta que «las mentes
más brillantes y los recursos se concentraron en la lucha contra la caída del
pelo y en prolongar las erecciones». ¿Podría ocurrir?
Frank Wilczek, físico de MIT, considera que «la humanidad
está perdiendo la oportunidad de que la ciencia avance porque el esfuerzo
intelectual se está desviando de la innovación a la explotación».
Lisa Randall, física de Harvard, coincide en lo que respecta
a los Estados Unidos: se queja de que la financiación estatal se destina a
proyectos científicos que generan resultados inmediatos. Esto es incompatible
con buscar cómo demostrar o explorar teorías complejas. Para Randall, aunque la
ciencia puede comenzar con un lápiz y papel sin experimentos o la esperanza de
experimentos, la ciencia teórica no puede avanzar.
En Idiocracia no
hay noción del tiempo
En Idiocracia, el presidente Dwayne Elizondo
Camacho anuncia cantando al país que «el hombre más inteligente del mundo
solucionará todos los problemas en una semana». Problemas como la sequía, la
desertización y la falta de alimentos entre otros. Transcurrida una semana sin
resultados, los ciudadanos atacan la Casa Blanca.
Es un ejemplo entre otros de cómo en Idiocracia las
personas no son conscientes de que hay procesos que necesitan tiempo. Es el
tiempo del «ya».
El escritor y conferenciante sobre tecnologías de la
información Nicholas G. Carr considera que internet está acabando con
nuestra paciencia. Comenta que en 2006 la mayoría de los usuarios abandonan una
web si tarda más de 4 segundos. En 2013 estudios de Google y Microsoft
demuestran que los usuarios se impacientan si una página web tarda más de
250 milisegundos en abrirse. El
parpadeo de un ojo.
«Las
tecnologías digitales nos vuelven más hostiles hacia retrasos en todos los
ámbitos», afirma Carr. «Una impaciencia que tiene consecuencias en la
creación y la apreciación del arte, la ciencia, la política».
La impaciencia nos domina desde que nos levantamos. La mayoría
de las cosas nos parecen lentas: el ascensor; la puerta del garaje; el
semáforo… M., administrativa (a través de una subcontrata) en unos servicios
municipales conoce cada día ejemplos de la impaciencia —y estupidez— que
crea la tecnología:
«Desde hace unos años la gente se ha vuelto más impaciente.
Lo quiere todo ¡ya! No quieren esperar ni una semana ni tres días ni un día. Me
dicen: “¿Pero no tienes ahí internet para hacerlo ya?”».
¿Quién no recuerda en «los tiempos analógicos» haber cogido
tres autobuses para una gestión municipal o sacar dinero de un cajero? Parece
que solo hay paciencia para acampar dos o tres días antes de un concierto o una
final de Copa del Rey. Aquí la televisión suele mostrar a un tipo que dice:
«Estoy en paro, pero por [aquí, un equipo] hago lo que sea; ¡es lo más
grande!». ¿No es esto un pensamiento idiota?
La impaciencia alcanza a todos los ámbitos, incluso a la
ciencia.
Stuart Firestein, profesor de Biología en la Universidad de
Columbia, afirma que el ciudadano está volviéndose impaciente con la ciencia
(otra consecuencia del presentismo). Pone como ejemplo «la declaración de
guerra» de Nixon contra el cáncer en 1971.
«Desde entonces millones de personas han fallecido de
cáncer», escribe Firestein. «Suena mal, pero hemos curado muchos cánceres
previamente fatales e impedido un número desconocido de casos». Firestein
señala que por el camino ha mejorado la fabricación de medicamentos, la
comprensión del sistema inmunológico y cómo se produce el envejecimiento. «Sin
embargo, esta guerra contra el cáncer es más conocida por los dólares gastados
en ella».
Leo M. Chalupa cuenta una anécdota:
«Un abogado me preguntó si todavía investigaba cómo funciona
el cerebro. Cuando dije que todavía lo investigaba se sorprendió. Pensaba que
después de diez años de esfuerzo lo habría descubierto. En ese momento, se me
ocurrió que este hombre muy culto no tenía conocimiento de cómo funciona la
ciencia […], que la investigación es una búsqueda sin fin».
Tim O’Reilly, editor de libros sobre tecnología y
considerado un visionario tecnológico, teme que «si la ciencia no ofrece
soluciones rápidas, el mundo caerá en la apatía, la falta de fe en la ciencia y
el progreso, y después caerá en la melancolía y una nueva edad oscura».
Los ciudadanos
de Idiocracia no se paran a observar las cosas
En Idiocracia uno de los mayores problemas es la
falta de alimentos porque los campos son regados con el refresco patrocinado
por el gobierno. Cuando el hombre más inteligente del mundo propone usar agua
en lugar del refresco es tomado a burla.
Ursula Martin, profesora de Computación en la Universidad de
Oxford, teme que internet esté menguando la capacidad de observación. «Hubo un
tiempo en el que la descripción y la ilustración eran el pan y la mantequilla
de científicos profesionales y aficionados», escribe Martin. «Los libros y
cartas de Darwin están llenos de descripciones cuidadosas».
En el Washington
de Idiocracia un parque temático muestra una versión de la Historia
tergiversada. Y no por intereses políticos —como ocurre en cada país y
en cada autonomía española—, sino por puro desinterés por el pasado.
Para la historiadora de ideas Noga Arikha la
indiferencia por la historia es fruto del «presentismo»: considerar que no hay
más realidad que el presente, que el pasado es irreal. Arikha culpa al mal uso
de internet:
«El conocimiento de un tema más allá de la fecha actual
parece disminuir entre las personas que crecieron con la era de internet […].
Cualquier cosa más allá de 1945 es un paisaje sucio y remoto; los siglos se
funden uno con otro en un magma insignificante. Nombres famosos son parpadeos
en una pantalla […]. Todo se iguala».
Arikha certifica una experiencia que muchos hemos vivido.
Viene siendo habitual que en una conversación casual con una persona menor de
treinta años, una persona que consideramos instruida, mencionemos un personaje
icónico y el interlocutor se encoge de hombros: «¿Quién es?» o «no lo conozco».
Incluso en muchas listas triviales del tipo «las mejores series de televisión
de la Historia» hay una muestra de la ignorancia y el desinterés de quien
redacta, que no hace referencia a material anterior a su adolescencia.
Según Arikha, para muchas personas «internet que se ha
convertido en su biblioteca de referencia, pero los estudiantes lo utilizan
como única investigación». Estudiantes que son incapaces de «medir la
pertinencia, la jerarquía, la precisión y las referencias cruzadas». A uno
no le extraña que estos estudiantes se traguen bulos grandes como
casas.
Para Nicholas Humphrey, profesor de la Escuela de Economía
de Londres, más que desinterés, el peligro de internet es que nos convierte en
«meros turistas del conocimiento, saltando de atracción en atracción sin pisar
la tierra. Para la mayoría lo importante es la llegada y no el viaje».
En Idiocracia,
la lectura y la escritura se han degradado
En Idiocracia, leer y escribir es «cosa de maricones».
En la película, los periódicos y revistas y los carteles de establecimientos
populares contienen escandalosas faltas de ortografía y gramática que los
autodenominados «nazis de la gramática» implosionarían corrigiéndolas. Por
otro lado, los ciudadanos tienen problemas de comprensión lectora.
David Gelernter visualiza un futuro igualmente nefasto
para la palabra escrita y señala internet como culpable. La paradoja es
que Gelernter trabaja en crear y desarrollar tecnologías de vanguardia para
internet. En los 80 sienta las bases de los motores de búsqueda y más tarde en
las herramientas basadas en flujos con las que operan las redes sociales.
Para Gelernter, internet degrada la palabra escrita porque
«apenas hay tiempo entre la escritura y la publicación. El escritor publica
rápido —muchas veces los primeros borradores— para lectores que leen rápido y
apenas prestan atención». Esta falta de atención obliga al redactor a una
escritura deslucida cuyo único fin es el consumo rápido.
Gelernter comenta que algunos estudios revelan que los estudiantes
estadounidenses de hoy escriben con menos competencia que los estudiantes de
1960.
Hoy también se escribe en España peor que décadas atrás.
Cuando encontramos titulares simples mal redactados (no un par de erratas entre
3.000 palabras) decimos: «Ha sido el becario». Pero recordemos que ese becario
tiene una licenciatura.
Roger Schank también considera que el lenguaje se está
degradando y que un motivo es que «los alumnos memorizan para pasar exámenes,
pero son incapaces de razonar y exponer por escrito sus pensamientos».
Gavin Schmidt,
climatólogo de la NASA, señala que cada vez es mayor la separación entre las
noticias y lo que entiende el público. El desinterés por profundizar en
las noticias trae consecuencias. «No es ninguna sorpresa que las discusiones en
la calle a menudo degenera en mero tribalismo».
En Idiocracia hay
una alta dependencia de las máquinas
Idiocracia cuenta con una tecnología sofistica
manejada por imbéciles. Por ejemplo, hay una máquina que diagnostica
perfectamente enfermedades. Sin embargo, nadie sabe cómo funcionan y tienen un
lamentable mantenimiento. Parece que fueron creadas hace mucho tiempo y que los
que las usan lo hacen por mímica.
La psicóloga Susan Blackmore vislumbra un futuro similar al
de Idiocracia, lleno de máquinas y tecnología que se manejan con un
dedo con apenas razonamiento:
«Un mundo en el que los seres humanos gestionan los recursos
para alimentar a un número creciente de máquinas a cambio de más diversión,
juegos, información y comunicaciones».
Para Blackmore, el problema es: «¿Y si todo el sistema se
derrumba? Ya sea por un cambio climático, pandemias u otros desastres […] y no
podemos usar nuestros teléfonos, satélites y servidores de internet. ¿Podríamos
deslizar nuestros dedos por una pantalla para alimentarnos?».
Esto se explica mejor con un monólogo de Eva Hache: «Los hay que se gastan 500
euros en un teléfono de última generación y lo primero que hacen es
ponerle el tono del eructo bajo el agua».
Cada vez es más frecuente encontrar a personas jóvenes con
teléfonos sofisticados con inmensas posibilidades que dicen: «Yo solo lo tengo
para el Whatsapp y hacer fotos». Preguntan: «¿lloverá mañana?» o «¿el lunes es
fiesta?».
Blackmore cree que las escuelas deben volverse analógicas:
enseñar a los niños a razonar y usar las manos en actividades como carpintería,
cocina, agricultura…
En Idiocracia gobiernan
los tontos que son famosos
El presidente de
los Estados Unidos —realmente del mundo— es Dwayne Elizondo Camacho, cinco
veces campeón de lucha libre profesional y «superestrella» pornográfica. Es
inevitable que la fama lo aupe a la presidencia aun careciendo de preparación y
contando con unos asesores imbéciles que repiten eslóganes de las empresas que
han comprado al Gobierno.
El productor de música y artista Brian Eno responde
a Edge que su temor es que «la mayoría de las personas inteligentes que conozco
no quieren tener nada que ver con la política».
Eno considera que la actual política (estadounidense) está
hecha por idiotas que han conducido al país a las guerras de Irak y Afganistán,
que sangra a naciones más pobres por las deudas de sus exdictadores y que
permite que los intereses particulares y los bancos gobiernen el país.
«Pero no hacemos política —se queja—. Esperamos que otras
personas lo hagan por nosotros y nos quejamos cuando se equivocan […]. La
responsabilidad no se detiene en las urnas. Dejamos de hacer cosas y permitimos
que otros las hagan por nosotros».
Roger Schank también considera que la política está
llena de idiotas. Schank es uno de los principales investigadores del mundo en
Inteligencia Artificial, Teoría del Aprendizaje y en la construcción de
entornos virtuales de enseñanza. Para él, una prueba de la estupidez de los
políticos se ve cuando debaten un problema en el Congreso (de los Estados
Unidos): «Parece que nuestros representantes son incapaces de hacer un
argumento razonado».
En Idiocracia se habla a gritos y el presidente necesita
de una ametralladora para hacerse oír. Los parlamentarios españoles no esgrimen
mejores razonamientos en sus intervenciones. Nos hemos acostumbrado a su
pantomima: unos sueltan exabruptos para recibir aplausos de los suyos mientras
que los otros responden con pataletas y silbidos.
Para el
oceanógrafo Bruce Parker, la cultura de la imagen en la que estamos
inmersos no obliga a los políticos a tener méritos o logros verificables para
ser elegidos:
«Simplemente necesitan convencer a la gente para que vote
por ellos […]. Usan la manipulación emocional con llamamientos a la religión,
el patriotismo, las diferencias de clase, prejuicios étnicos, etc. Documentos
sonoros superficiales y anuncios de campaña que parecen trailers de películas».
Para Bruce Parker, los partidos eligen a candidatos
desinformados e incluso estúpidos, pero que ofrecen buena imagen a la nueva
cultura de internet.
En Idiocracia,
los medios embrutecen a las personas
La película más vista en Idiocracia se llama CULO.
Una hora y media con un culo en primer plano. (A la cabeza me viene Jene
Selter, señorita carente de méritos, pero con casi 8 millones de
seguidores en Instagram gracias a su culo. Un culo no es un mérito).
El programa más visto en Idiocracia es Oh,
mis huevos, que haría las delicias de Homer Simpson: un tipo corriente encadena
patadas y accidentes en los testículos.
Un espectáculo que tiene un espejo en America’s Got
Talent.
https://youtu.be/1XvEZ8O6m8E
No extraña que a Roger Schank le preocupe la televisión:
«La televisión fomenta la glorificación de la estupidez […], programas que
dejan claro que actuando mal te harás rico y famoso. Programas en los que
hablan sin necesidad de respaldar lo que dicen con pruebas».
Schank considera que las grandes corporaciones están tras la
glorificación de la estupidez si no se benefician de ellas. El psicólogo
escribe:
«Quienes venden medicamentos no quieren que la gente pida información sobre
cómo funciona el medicamento […]. Quienes hacen recortes de gastos no quieren
que la gente pregunte por qué nunca se habla de recortes en defensa […]. La
gente que dirige las organizaciones de noticias tienen una agenda y no crean
pensadores que entiendan qué está pasando en el mundo».
Larry Sanger, cofundador de Wikipedia y Citizendium,
también acusa a los medios de comunicación de la estupidez creciente, en
concreto a los medios online:
«Los sitios online nos vuelven estúpidos y hostiles hacia
los demás», escribe Sanger. «Las comunidades de noticias, de información, de
opinión y de debate están dominadas por un solo punto de vista. Ejemplos son
el Huffington Post de la izquierda y National Review Online a
la derecha».
Sanger considera que el auge de internet parece traer una hostilidad entre los
partidos políticos que hace que cada vez sea más difícil alcanzar compromisos
políticos significativos.
Todos recordamos cómo los seguidores de los partidos
defienden lo indefendible a través de las redes sociales: los corruptos, los
idiotas, los villanos son los otros.
Sanger afirma que «los sitios online son atractivos porque
refuerzan nuestros supuestos básicos, y nos dan puntos de conversación fácilmente
digeribles […]. Nos hacen demasiado confiados y acríticos. Nos alienan a unos
de otros, incluso de amigos y familiares que no comparten nuestras opiniones,
porque es muy fácil y divertido demonizar a la oposición desde una página web».
Bruce Parker considera que el entretenimiento que ofrece
internet ha creado una nueva cultura: «Es una cultura de abajo hacia arriba con
un efecto de embrutecimiento que es probable que tenga repercusiones».
Para Parker, «a medida que más y más población llena más y más horas del día
con el entretenimiento [online], cuenta con menos horas para actividades que
promueven la inteligencia, la compasión y para interesarse por lo que cae fuera
de sus propios microcosmos de internet».
En Idiocracia no
existe la individualidad
En Idiocracia los
medios de comunicación homogenizan las modas, los gustos y los intereses. Por
otro lado, hay un puñado de corporaciones que monopolizan la industria. Todas
las cafeterías son Starbucks, una bebida energética como sabor predominante,
Costco es el único sitio para las compras… La ropa contiene logos de
distintas marcas. Como resultado, el pensamiento de los ciudadanos es similar.
En Idiocracia no hay más interés que el placer
inmediato. Las cuestiones urgentes se aparcan por un polvo rápido. No importa
qué hay en juego. Incluso el sexo está por encima de la posibilidad de perder
la vida.
En Idiocracia el presentismo mencionado por Noga Arikha impide
mirarse a uno mismo, estar atento a los propios gustos, intereses y
necesidades. Todo el mundo va donde todo el mundo va, y todo el mundo hace lo
que todo el mundo hace. Todo el mundo parece la misma persona.
Inquieta que los protagonistas de Gandía Shore no
sean muy distintos de los de Jersey Shore (USA), Geordie Shore (Reino
Unido), Acapulco Shore (México) o Warsaw Shore (Polonia).
Basta visualizar unos minutos de vídeos en Youtube de unos y otros para
percatarse de ello. Una prueba de la homogeneización cultural.
Precisamente Hans Ulrich Obrist, codirector de la galería de
arte Serpentine de Londres, se queja de que las ciudades de la
mayoría de los países se parecen, que sus ciudadanos tienen los mismos gustos e
intereses y que la individualidad de los artistas es aplastada. Para Obrist la
homogeneización está en los principios de la destrucción de una civilización.
Nicholas Humphrey teme que si todo el mundo hace las mismas
cosas, ve los mismos espectáculos y va a los mismos sitios, se pierda la
creatividad: «Debemos preocuparnos de que las experiencias individuales están
desapareciendo; son las que conducen a la unión de las ideas».
O’Reilly recuerda que «en el pasado, la antorcha del
progreso pasa de una región a otra del mundo. Pero ahora, por primera
vez, tenemos una única civilización global. Si falla, todos fracasamos juntos».
Muchas de las predicciones son catastróficas. Hay algunas
soluciones. Una de ellas es no seguir a la manada. La solución quizá está en el
discurso final del protagonista de Idiocracia, un tipo corriente del
presente que es congelado y despierta en un futuro estúpido:
JOE: ¿Saben? Hubo una época en la historia de este país
cuando la gente lista era considerada gente guay, pero la gente lista
hacía cosas… como construir barcos y pirámides, e incluso fueron a la luna. Y
hubo una época en la historia de este país, hace mucho tiempo, cuando leer no
era cosa solo de maricones y escribir tampoco. La gente escribía libros y
películas, películas que contaban historias. Y te importaba de quién era el
culo que veías y por qué se tiraba pedos… y estoy convencido de que esa época
se repetirá de nuevo."
(Javier Meléndez Martín, Guionista desde 1998. Ha trabajado en producciones de ficción y programas para Canal Sur, ETB y TV3. Other News, 18/08/20)
"En 45 años de profesión, el dibujante António nunca había sido censurado. La racha se quebró cuando The New York Times retiró una de sus viñetas,
publicada el 25 de abril en la sección de Opinión, en virtud de un
contrato de sindicación de contenidos gráficos, por considerarla
“ofensiva” y “antisemita”.
Un Trump ciego es arrastrado por un perro guía que se parece a
Netanyahu y que lleva en el collar una estrella de David. “Es una
interpretación de unos acontecimientos”, explicaba ayer el dibujante en
su estudio lisboeta. “No tengo nada contra los judíos, pero sí contra
algunas políticas del Gobierno de Israel. No soy antisemita, sí
antisionista. Se ha hecho una lectura fundamentalista del cartoon. Hay un exceso de susceptibilidad por parte de los judíos”.
António Moreira Antunes (Vila Franca de Xira, 66 años) comenzó a
publicar en la prensa portuguesa en la Revolución de los Claveles en
1974. Desde entonces ha cosechado todos los premios nacionales y casi
todos los internacionales. “El cartoonismo obedece siempre a
unas reglas, exageramos una historia y para entenderla utilizamos unos
símbolos genéricos. Todo con el fin de bajar del pedestal a las vacas
sagradas”, afirma. Los poderosos son su objetivo predilecto,
frecuentemente caricaturizados con formas animalescas, pájaros, perros,
monos, elefantes, leones…
La respuesta ha sido contundente por parte de The New York Times: retirada de la viñeta, disculpas a los lectores y, días después, una carta del editor, A. G. Sulzberger,
donde anuncia represalias contra el responsable de la selección de la
viñeta y la cancelación del contrato con Cartoon Arts International que
canalizó la obra de António.
“Las reacciones de Trump y de su hijo eran predecibles, las de las
redes sociales también, pero la reacción del periódico más importante de
Estados Unidos no la esperaba. Creo que ha sido peor el remedio que la
enfermedad”, dice el dibujante.
Originalmente, su viñeta apareció el 19 de abril en el semanario portugués Expresso,
donde António publica cada sábado desde 1974. El dibujo no levantó
ninguna polémica en Portugal, solo después de la acusación de
“antisemitismo”, el Expresso salió a defender la “libertad de expresión y de opinión” de su dibujante.
El judaísmo no ha sido su único choque religioso. Tras los colectivos
judíos, son los católicos los que más se mueven para frenar la
creatividad de António. “Dibujé a Juan Pablo II en 1992 con un
preservativo en la nariz, sí; había realizado unas declaraciones contra
el uso del condón mientras el sida se extendía. Tres semanas después un
grupo ultraconservador empezó a recoger firmas para que mi viñeta se
discutiera en el Parlamento. Reunió 28.000 firmas cuando su objetivo era
el millón”.
El islamismo también ha sido criticado por António. “Tras los atentados contra Charlie Hebdo
participé en debates con líderes de la mezquita de Lisboa y estuve en
contra de sus posiciones. Dibujé viñetas contra los atentados, pero en
otras estoy a favor de los palestinos. No son temas incompatibles”.
António no ve con optimismo su profesión. “Está amenazada por dos
fenómenos, uno es la corriente de lo políticamente correcto. Nuestra
razón de ser es la contraria, tenemos que ser exagerados, absolutamente
incorrectos para mostrar la realidad desde otro punto. La segunda
amenaza es la crisis de la prensa. Cuando hay que cortar gastos se
empieza por los dibujantes, cada vez se publican menos viñetas en los
periódicos”. (Javier Martín del Barrio, El País, 06/05/19)
"(...) Si no fuera porque el Fiscal sigue atentamente mis
pasos, no dudaría en decirte que me estoy convirtiendo en un mariconazo.
La drástica novedad parte de la polémica generada por un anuncio de la
afamada casa Gillette que sostiene que la masculinidad tóxica se combate
con el afeitado que procuran sus cuchillas.
Una buena pasada y
cualquier hombre se convierte en thebestmencanbe.org,
lo mejor que los hombres pueden ser. Es interesante recordar que hace
30 años, y según informa la web de la campaña publicitaria, el rasurado
con Gillette dejaba la cara como the best a man can get,
lo mejor que el hombre puede tener.
Eran los tiempos, más o menos, en
que la editorial Anagrama traducía el excelente libro de Tom WolfeThe Right Stuff (Lo correcto) por Lo que hay que tener, nada menos y con un par.
Tiempos de pelo en pecho, justo en la zona donde
Gillette se habría cuidado muy mucho de intervenir. El vídeo del anuncio
puedes verlo en: youtube.com/watch?v=YZ0ALDq2Gp8.
Tiene alguna particularidad interesante como que todos los negros que
salen son buenos y todos los blancos malos: debe de ser que querrían
variar.
Pero no ofrecerá mayor novedad metiómana para ti. Ni siquiera
retórica, porque el anuncio es la enésima versión de La Bella y la Bestia, el célebre cuento de hadas que ennobleció Jean Cocteau y que popularizó Walt Disney,
cuyo resumen argumental te transcribo de la propia factoría Disney:
"Belle, una joven hermosa y brillante, asume el lugar de su padre como
prisionero en el castillo de una Bestia. Poco a poco, la valiente Belle
irá dándose cuenta de que la Bestia no es el malvado ser que todos creen
que es y tiene, en realidad, un gran corazón". ¡Gracias a Gillette!
Sin embargo, mi nueva naturaleza (casi) no se ha
proclamado por el anuncio de las cuchillas sino, justamente, por el que
pretende darle réplica, What is a man. A response to Gillette, que publicita la casa de relojes Égard, que en francés quiere decir sin miramientos. Aquí lo tienes.
Sobre un fondo de llamas, un bombero lleva una niña rescatada en sus
brazos, mientras una voz virilmente cargada de resignación se pregunta: ¿Qué es un hombre? La secuencia se resuelve afirmativamente: Un hombre valiente.
Sobre otras imágenes distintas se irá desgranando con la misma voz y la
misma lluvia el resto de adjetivos: héroe, protector, vulnerable,
desechable, roto, molesto, y las irrevocables estadísticas que nunca
mencionan las partidarias de superar la división sexual del trabajo: un
hombre es el 93% de los accidentes laborales, el 97% de las víctimas de
guerra, el 79% de los homicidas, el 80% de los suicidas, el 75% de los homeless
y casi la mitad de aquellos que sin derecho de visita siguen apoyando
económicamente a sus hijos.
La voz acaba diciendo que Égard ve lo mejor
del hombre. Apuesto a que incluso a ti te caerán las lágrimas. Sin
llegar a tales degeneraciones lo cierto es que a mí se me humedecieron
los ojos, y tuve que darme una buena hostia en la cara recién afeitada
con Wilkinson Sword para detener la claudicación.
Fue entonces,
recuperada la actividad del lóbulo frontal izquierdo, cuando entendí la
magnitud de lo que se avecina. El Hombre ya casi está a la altura de las
mujeres, los gays y los catalunyenses. A punto de instituirse en grupo y
de acceder a una identidad laboriosa, emocional y socialmente
construida. El hombre, ¡horror!, está a punto de himno, él que estuvo
siempre a punto de nieve.
Por suerte aquella misma tarde había leído La maravilla del papá humano, un excelente artículo de Anna Machin en Aeon, síntesis de su libro La vida de papá. La forja del padre moderno,
que acaba de publicar Simon & Schuster.
Machin es una antropóloga
oxoniense que frecuenta los medios y cuyo artículo arranca sin
contemplaciones: el rasgo inequívoco de lo que nos hace humanos es la
paternidad. Entenderás esta aparente perogrullada cuando te diga que los
machomonos copulan y se largan; pero el machohumano se quedó. No porque
fuera un buen hombre. Solo por hombre.
Hace medio millón de años,
explica Machin, el cerebro humano dio un salto de tamaño prodigioso.
"Este nuevo cerebro tenía más hambre energética que nunca. Los bebés
nacían aún más indefensos, y la comida, la carne, que entonces se
requería para alimentar nuestros cerebros, era aún más complicada de
obtener, atrapar y procesar que antes.
Mamá necesitaba mirar más allá de
su parentesco femenino para contar con alguien más. Alguien que estaba
tan genéticamente comprometido en su hijo como ella. Ese fue, por
supuesto, papá". Y más adelante, continúa: "Lo más importante es que
papá no evolucionó para ser el espejo de mamá, una madre masculina, por
así decirlo.
La evolución odia la redundancia y no seleccionará roles
para que se dupliquen entre sí cuando un tipo de individuo puede cumplir
ese rol solo. Así que el rol de papá evolucionó para complementar al de
mamá".
El niño pequeño y el adolescente son refinamientos
específicamente humanos que no comparten otros primates. Papá traía la
caza y papá enseñaba a cazar. Hoy, descontado el ámbito de los cazadores
recolectores andaluces, papá no enseña a cazar, pero juega a lo bruto
con sus hijos. Papá es quien los voltea en el aire.
El que los entrena
para el fútbol. El que con grandes voces y eficaces aspavientos expulsa a
los monstruos de la habitación nocturna. Los padres y los hijos, nos
dice Machin, obtienen sus picos más altos de oxitocina cuando juegan sin
contemplaciones; mamá y los hijos cuando se abrazan. Así es la vida:
oxitocina. Y el jamón Joselito, dios me perdone. Pero lee el párrafo
clave: "Al igual que las madres, los padres han sido moldeados por la
evolución para que estén preparados biológicamente, psicológicamente y
conductualmente como padres.
Ya no podemos decir que la maternidad es
instintiva, pero que la paternidad se aprende. (...) Los hombres han
evolucionado para ser padres y para ser una parte igual pero
crucialmente diferente del equipo parental. Al no reconocer quiénes son o
apoyar lo que hacen, realmente nos equivocamos. Alrededor del 80 por
ciento de los hombres aspiran a ser padres. Creo que es hora de que
hagamos el esfuerzo de saber quiénes son realmente".
Abriéndose camino a través de la laguna de almíbar
fatuo que se extiende de Gillette a Égard, la verdad asoma: el instinto
paternal existe.
El origen biológico de este rasgo, donde tantos rasgos
concentrados hay, incluido el de la violencia, no servirá para que las gillettes
abdiquen de sus consejos de guerra sumarísimos contra la cultura
heteropatriarcal. Pero, en cambio, sí debe servir para desterrar
cualquier tentación de orgullo égard. Del orgullo que disfruten los socialmente construidos, que diría el Fiscal. Ellos sí que tienen mérito. (...)" (Arcadi Espada, 20/01/19)
"(...) Unos magos llegan a Jerusalén preguntando por el recién nacido rey de
los judíos, lo que pone de los nervios a Herodes, que ostenta el título
de rey de Judea con el permiso de los romanos.
Podría tratarse del
Mesías, piensa, y los escribas a los que consulta le explican que, según
las profecías, nacerá en Belén. Herodes pide a los magos que, en cuanto
hallen al niño, se lo hagan saber, para que también él pueda adorarlo.
Los magos lo encuentran, pero, advertidos por un ángel, regresan a su
país por otra ruta.
Consumido por la envidia, Herodes ordena matar a
todos los niños de Belén menores de dos años. Jesús se salva por los
pelos: un ángel ha recomendado a su padre que traslade la familia a
Egipto. El episodio termina con una cita de Jeremías, que anticipó la
matanza: “Raquel lloraba a sus hijos y no quería ser consolada porque ya
estaban muertos”.
Cuesta entender por medio de qué extraña lógica un episodio tan cruel
se convirtió en una jornada de burlas y diversión. En la Edad Media era
frecuente, en el día de los inocentes, que un monaguillo suplantara al
obispo y trastocaba la jerarquía: revestido con mitra y báculo el
pequeño se sentaba en la cátedra más alta.
La fiesta está relacionada
con la del “Bisbetó” que todavía hoy se celebra en la escolanía de
Montserrat el día de San Nicolás (Santa Claus). Según la leyenda, el
santo hizo resucitar a unos niños que un hostelero había convertido en
tocino. Por un día, los pequeños son los superiores.
Umberto Eco en su Historia de la feal dad (Lumen) explica que este
tipo de farsas medievales –y otras como la carnavalesca fiesta del asno–
guardan relación con las Saturnales romanas, en las que se permitía a
los esclavos ocupar el lugar de los dueños, y también con las
celebraciones militares en las que los soldados podían usar un lenguaje
lascivo o insultante contra el caudillo que les había dirigido en la
batalla.
Eco sostiene que en la edad media “la risa era la única
medicina del que vivía con pesimismo una vida miserable y difícil”.
No sé por qué ya prácticamente nadie gasta bromas el día 28 de
diciembre. ¿Será porque ya cada día del año es carnaval? En mis años de
infancia nos pasábamos el día por las calles intentando pegar un muñeco
de papel en el abrigo de la gente mayor.
Otras bromas eran toleradas
aquel día: colocar un palillo en la ranura de un timbre para que sonara
sin parar; o atar una moneda de 50 céntimos (de las que tenían un
agujero en medio) con un cordel muy largo y delgado, dejarla en medio de
la acera y tirar desde lejos del cordel, repentinamente, cada vez que
alguien se inclinaba para cogerla. Eran más inocentes las bromas que las
supuestas víctimas de la broma.
Bromas pesadas no recuerdo. En cambio, recuerdo que una de las
primeras formas de iniciación de los niños a la lectura de diarios
consistía en ir pasando las páginas del ejemplar del 28 de diciembre
para detectar cuál era la noticia falsa del día.
Los periódicos serios
han abandonado esta práctica para evitar que la frivolidad corrompa la
veracidad. Ya solamente algunos diarios deportivos publican
inocentadas: no es fácil distinguirlas de las informaciones,
generalmente especulativas, que tienden a publicar habitualmente.
Un inocente era, en mi juventud, el que caía en la trampa de una
broma. Ahora todo el mundo parece muy listo. Nadie se deja engañar por
un bromista. De ahí, seguramente, la restricción del significado de la
palabra inocencia: antónimo o contrario de culpable. Quien no ha sido
encontrado culpable es inocente.
Esta afirmación vale no solamente para
eludir condenas judiciales, sino también para trampear los dilemas
éticos a los que nos vemos confrontados; y para que nuestros ojos puedan
acomodarse a los terribles males que nos rodean: a las matanzas de
niños, por ejemplo. Que no son cosa del pasado. (...)" (Los santos inocentes, de Antoni Puigverd, La Vanguardia, en Caffe Reggio, 28/12/15)
"(...) ¿Por qué
los dictadores no toleraban el disenso? Uno se imagina a autócratas que se
cubrían las espaldas y encarcelaban o asesinaban solo a aquellos que intentaban
directamente usurpar sus privilegios, mientras que permitían a sus súbditos
menos poderosos quejarse todo lo que quisieran. Hay una buena razón por la que
los dictadores no actúan de esa manera. Los empobrecidos súbditos de un régimen
tiránico no se engañan con que son felices, y si decenas de millones de
ciudadanos desafectos actúan unidos, ningún régimen tiene la fuerza bruta de
resistir a ellos. La razón por la que los ciudadanos no se oponen en masa a sus
jefes supremos es que carecen de conocimiento
común —la conciencia de que el conocimiento de todos es compartido y saben
que lo comparten. La gente se expondrá al riesgo de la represalia por parte de
un régimen despótico solo si sabe que otras personas se están exponiendo a ese
riesgo al mismo tiempo.
El
conocimiento común se crea mediante la información pública, como una
declaración transmitida. El cuento de «El traje nuevo del Emperador» ilustra la
lógica. Cuando el niño gritó que el emperador estaba desnudo, no estaba
diciendo nada que los demás no supieran ya, nada que no pudieran ver con sus
propios ojos. Pero sin embargo estaba cambiando su conocimiento, porque
entonces todos supieron que todos sabían que el emperador estaba desnudo. Y ese
conocimiento común les envalentonó para retar la autoridad del emperador con
sus risas.
El cuento
nos recuerda por qué el humor no es una cuestión de risas; por qué la sátira y
el ridículo, aun cuando sea pueril y de mal gusto, es aterrador para los
autócratas y protegido por las democracias. La sátira puede desafiar
sigilosamente supuestos asumidos automáticamente por el público, obligándolo a
ver que esos supuestos tienen consecuencias que todos reconocen que son
absurdas.
Por eso el humor
sirve tan a menudo como acelerador del progreso social. Los sabios del siglo
XVIII como Voltaire, Swift y Johnson ridiculizaron las guerras, las opresiones
y las prácticas crueles de su tiempo. En los años 60, los cómicos y artistas
retrataban a los obtusos racistas como neandertales, y a los halcones de
Vietnam y a los partidarios de la guerra fría nuclear como psicópatas amorales. La Unión Soviética y sus satélites tuvieron una rica corriente satírica
clandestina, como en la definición común de las dos ideologías de la Guerra
Fría: «El capitalismo es la explotación del hombre por el hombre; el comunismo
es exactamente lo contrario».
Utilizamos
el lenguaje mordaz para socavar no solo a los dictadores políticos, sino a los
pequeños opresores del día a día: el jefe tiránico, el sermoneador mojigato, el
fanfarrón del bar o el vecino que se encarga de hacer cumplir normas
asfixiantes.(...)" ('Por qué la libertad de expresión es fundamental', de Steven Pinker, The Boston Globe, 27 de enero de 2015, (Traducción: Verónica Puertollano)
"(...) Sobre todo, acierta plenamente cuando define a los humoristas como una
suerte de niños grandes, gamberros y pernipeludos que desempeñan la
indispensable función social de protegernos contra nuestros propios
ridículos: nos reímos de nosotros al reírnos con los niños o con los
humoristas, aprendemos a no tomarnos demasiado en serio a nosotros
mismos al comprender su broma como broma, mientras que sí tomamos en
serio lo que dicen los “eruditos sabios y considerados”.
Así al menos
deberían ser las cosas, aunque no estoy tan seguro de que esto ocurra
“en la mayoría de las sociedades”, que según el autor serían
inteligentes combinaciones de civismo y sentido del humor. Yo diría más
bien que las sociedades donde se intenta mantener ese equilibrio son,
por desgracia, una exigua minoría, y que incluso en ellas lo más
corriente es reírse de los sabios como si fueran niños latosos y tomarse
completamente en serio a los enfants terribles.
He aquí
algunos ejemplos, de menos a más: igual de “pueril” que cada invención
de Gila, Wolinski o Tim Burton es la prohibición de que un catedrático
universitario critique públicamente a la Asociación Nacional del Rifle,
lo que pasa es que no nos reímos de esa prohibición porque, según nos
cuenta Brooks, al tal catedrático lo despidieron de su trabajo por hacer
esa crítica en twitter, y eso no tiene ninguna gracia.
Puede suceder, sin duda, que algunas palabras y viñetas “ofendan” o
“falten al respeto” a algunas personas (sobre lo que volveremos en
seguida), pero es preciso notar que la Asociación Nacional del Rifle no
es una persona, como tampoco lo son “el islam” o “el islamismo
radical”.
Por el contrario, quienes se arrogan, sólo en nombre de sus
sentimientos de ofensa, la representación directa y personal del
“islam”, del “pueblo americano”, del “pueblo catalán” o del “pueblo
vasco” están ya, lo sepan o no, haciendo una caricatura pueril y
desvergonzada del islam, de América, de Cataluña o de Euskadi; son ellos
quienes, como niños traviesos, caricaturizan aquello en cuyo nombre
dicen hablar: ¿por qué a estos humoristas sí deberíamos tomárnoslos en
serio? ¿No será porque, como al catedrático del ejemplo de Brooks, nos
da miedo que nos despidan?
Muy en serio nos tomamos durante muchos años la caricatura que ETA
hacía de los vascos (arrogándose su representación exclusiva), no porque
la cosa no fuera de chiste, sino porque era un chiste cargado de goma 2
y 9 milímetros parabellum. Análogamente, y salvando todas las distancias, es un error pensar que son los dibujantes de Charlie Hebdo
quienes caricaturizan “ofensivamente” el islam: ellos se limitan a
retratar con total verosimilitud y realismo la caricatura que del islam
hacen los terroristas, lo que pasa es que éstos últimos no nos hacen
gracia porque llevan pistolas lanzagranadas.
La historia nos enseña que
había mucha más sátira contra el cristianismo cuando los cardenales
pretendían influir en las decisiones políticas y reinar sobre la vida
civil, y que el nivel de sarcasmo anticlerical ha descendido tanto más
allí donde más la religión se ha convertido en asunto privado.
Por eso,
el argumento de Brooks es: “Yo no soy Charlie Hebdo… pero me gustaría serlo (en lugar de soportar la hipócrita corrección política de los campus
estadounidenses o —podríamos añadir nosotros— el cinismo de quienes
llevan la pegatina sin estar a su altura)”; y por ello termina abogando
liberalmente contra toda prohibición en el ámbito del discurso público y
oponiéndose a quienes ven en ese tipo de sátiras un “exceso” de la
libertad de expresión que debería ser “limitado” o restringido. (...)" (José Luis Pardo , El País, 14 ENE 2015)
"Es el segundo round del
combate entre las fuerzas del mal y las fuerzas del bien. La lucha es
desigual. Los malos utilizan sus contratos de hipotecas a 60 años
repletos de cláusulas abusivas y los buenos los contrarrestan lanzando
en un arco de 360 grados sus superataques de rayos, porque los palos hoy
en día llueven de todas partes.
Las fuerzas del bien han conseguido
hace un rato liberar una oficina bancaria y convertirla en una
biblioteca pública; ahora, salvan a una familia de ser desahuciada.
"¡Qué gran jugada! Otro asalto para los Reflectantes", narra un locutor.
"2 a 0 para el equipo del bien".
Tan singular batalla tuvo
lugar este domingo ante una oficina de la Caixa en la Gran Vía de
Barcelona en el marco de la manifestación para conmemorar el segundo
aniversario del 15M y acabó sin heridos, entre carcajadas y muchos
aplausos.
Las fuerzas del mal eran los bancos y el equipo del bien, Los reflectantes,
un colectivo surgido el año pasado que utiliza las performances y la
creatividad para denunciar a los que considera los principales culpables
de la crisis.
"Estamos recibiendo cada día inputs
de que todo va muy mal, y es así, pero si pierdes el humor, te han
ganado. Es una manera de gestionar la rabia, subir la moral y llegar a
todo el mundo", subraya un miembro del grupo, compuesto por una veintena
de personas que se reúnen con regularidad una vez por semana.
Para
ello, como en cada ocasión que lo merece, los buenos se vistieron con
trajes hechos de papel de aluminio, antifaces y protectores de
pantorrillas y muñequeras reflectantes destinados a "reflejar el Mal
contra sí mismo". Los malos, a su vez, usaron enormes sombreros de copa
de cartulina adornados con el símbolo del euro.
Siguiendo con las actividades para conmemorar el aniversario, Los reflectantes han convocado una nueva acción para hoy, Bancabruta
(banca sucia en catalán), que propugna realizar una "bancaruta" por las
entidades e ir invitando a los clientes "a cerrar sus cuentas en los
bancos malos".
La protesta, que se difunde en Twitter bajo la etiqueta #El15Mcierratucuenta, busca dar continuidad a la acción Toque a Bankia que organizó el 9 de mayo pasado el colectivo Gila Grupo de Intervención en colaboración con Hacktivistas
coincidiendo con el aniversario del rescate a la entidad financiera.
La
acción, destinada a indigestar sus oficinas con un empacho de actividad
-lo que llamaron "cansinismo"- ejemplifica el humor "cutregamberro" del
que se reclama seguidor este colectivo anónimo que integran alrededor
de una decena de personas y que surgió también hace un año de la
asamblea del 15M de Lavapiés.
Bautizado en honor del humorista español
Miguel Gila, el grupo asegura que se inspira en sus bromas y en las que
podrían hacer sus abuelas. Su primera acción, en junio del año pasado,
resume perfectamente la idea: airearon los trapos sucios de Bankia
colgando bragas en la calle con mensajes incorporados para visibilizar
el rescate de la entidad financiera.
El
activismo en España recurre cada vez más al humor y a la ironía como
una estrategia de desobediencia civil para desarmar el discurso
imperante, deformar la realidad para hacerla más comprensible y poder
llegar, como subraya un miembro de Gila, a "ese 99% que no somos pero
que queremos ser".
Gila, desde el humor más local, y los Reflectantes,
desde la creatividad, son dos ejemplos surgidos en Madrid y Barcelona,
respectivamente, pero hay más, nacidos tanto sobre el terreno como en la
red al calor del 15M y promovidos desde el mundo del arte o del
activismo social: desde el grupo de titiriteros Los Ayuntañecos y el colectivo Memetro a la controvertida y ácida cuenta de Twitter Masa enfurecida, el banco de carteles gráficos Voces con Futura o la plataforma Humor Indignado 99%,
que se presenta como "l@s de abajo que se ríen de l@s de arriba" y que
tiene más de 491.000 simpatizantes en Facebook. También los Iaioflautas incorporan el humor con naturalidad dentro de su arsenal táctico en cada una de sus "travesuras".
No es un fenómeno en absoluto nuevo, aunque con la crisis e internet
las prácticas se han extendido y multiplicado. Existen antecedentes a
nivel español y experiencias en otros países.
En Barcelona, por ejemplo,
el movimiento V de Vivienda, precursor de la PAH, usó ya en las
municipales del 2007 la imagen del héroe Supervivienda que vencía a las
fuerzas malignas y los "mossosaures" (un juego de palabras entre la
policía catalana y Joan Saura, entonces conseller de Interior) e
irrumpía en los mítines electorales vestido a lo abeja Maya para
denunciar la burbuja inmobiliaria.
El libro de cabecera de Gila Grupo de Intervención es el Manual de guerrilla de la comunicación,
del grupo alemán A.F.R.I.K.A, una caja de herramientas para la acción
creativa, divertida y efectiva. Los Reflectantes también bebe de ellos.
El grupo catalán se formó, de hecho, tras las jornadas internacionales
de activismo creativo Cómo acabar con el mal que organizó en marzo de 2012 en Barcelona Enmedio
-un colectivo que experimenta desde hace años con el uso político del
arte y las tácticas para enfrentar la crisis con desparpajo-, y llevó a
cabo una de sus primeras puestas en escena en la manifestación que
conmemoró el primer aniversario del 15M, cuando desfilaron al grito de
guerra "¡La crisis rebota, rebota y en su culo explota!".
En esa ocasión
se armaron también con globos con ojos pegados y enormes cubos
hinchables reflectantes, útiles, también, para deslumbrar cámaras de
vigilancia o contrarrestar, si era el caso, una carga policial.
La
veterana activista cultural Simona Levi, defensora de la ironía para la
acción política desde los colectivos con los que trabaja, como el
espacio de creación Conservas, X.net (exEXGAE) y la gala satírica de
cultura libre los oXcars, sitúa los antecedentes históricos en el dadaísmo, el movimiento situacionista y, más recientemente, el zapatismo, y enumera algunos referentes tempranos vinculados al movimiento antiglobalización, como The Yes Men, RTmark, Critical Art Ensemble o Labofii.
Para el caso español, considera Las Agencias
como el más destacado. También en el mundo árabe la creatividad y la
burla han jugado un papel importante para forjar un nuevo lenguaje de
disidencia contra la dictadura.
Ese fue el caso, a partir de 2006 y bajo
el pseudónimo de Ahmad Sherif,
del artista visual egipcio Aalam Wassef, que elaboró vídeo montajes que
colgaba en la red denunciando los males del régimen de Hosni Mubarak.
La valoración de la eficacia del humor para la desobediencia es coincidente. Gila la explicó en una entrada en su blog
de la que se ha tomado prestado el título de este artículo. "Es una
herramienta que permite diseccionar la realidad y que se puede utilizar
contra el poder. La principal arma del poder es el miedo, sin miedo no
son nada y el humor los desarma.
Si los puedes desacralizar con
carcajadas, ya lo puedes considerar como a un igual. Hay dos cosas que
no se pueden hacer a la vez: reír y tener miedo", explican. Levi
comparte un diagnóstico similar, aunque ella relaciona la opresión con
la tristeza y la derrota. "El humor es nuestra mejor esperanza y la
mejor manera de empoderarnos y emprender un camino de transformación
positivo y demostrar que sí, se puede", subraya.
Los Reflectantes
coinciden y añaden otras potencialidades también señaladas por Gila: el
humor permite abrir brechas y colarse en la cobertura de los medios de
comunicación de masas además de establecer complicidades y afianzar los
lazos de apoyo.
Que el humor y la burla es una herramienta de
baja peligrosidad y alta eficacia, como sostienen todos, se puso de
manifiesto con Toque a Bankia, un proyecto a cuatro manos de Gila y
Hacktivistas que tuvo una gran repercusión mediática. Varias oficinas de la entidad
tuvieron que cerrar puertas de puro agotamiento.
Las colapsaron sobre
el terreno, pero también telefónicamente a través de una aplicación,
Toquéame, descargable gratuitamente desde cualquier teléfono o tableta
que, como el portal, desarrolló Hacktivistas.
Hacktivistas también
recurrió al humor e introdujo bromas más sutiles en la herramienta, más
encaminadas a divertirse ellos mismos y a sorprender a algún periodista
al que se le ocurriera husmear, como explica uno de sus miembros. Si uno
busca a nombre de quién está registrado el dominio de toqueabankia.net, descubre que es Brankia S.L. y el administrador, Rodrigo Grato.
La unión entre Hacktivistas y Gila, que elaboraron también juntos la iniciativa No-Doy
para parodiar las ruedas de prensa a través de televisión a las que ha
cogido el gusto Mariano Rajoy, permitió poner en marcha una de esas
acciones organizadas colaborativamente en la red y llevadas a cabo de de
forma distribuida que caracterizan desde sus inicios al 15M.
La idea de
partida se fue perfilando durante meses a través de documentos
colaborativos online y se acabó de afinar a través de un foro
cuando se abrió la plataforma web, a principios de abril. "Proponemos
una idea, escuchamos mucho y luego las acciones vuelven a lo real",
afirman desde Gila. Sólo el primer día se inscribieron unas 1.500
personas.
Toque a Bankia es una herramienta de software libre
que se puede descargar y reutilizar para otras acciones futuras. "Esto
ha sido el primer toque. La herramienta está ahí para que la gente pueda
usarla", afirman desde Hacktivistas, añadiendo que Occupy Wall Street
ya la ha cogido. "Ahora es Bankia, pero podría ser otra cosa", apuntan
desde Gila.
El colectivo es claro y recuerda que Toque a
Bankia no fue una acción, sino "un emplazamiento o una amenaza" y que si
las "exigencias no son atendidas, la acción se repetirá en poco tiempo,
quizás entonces varios días y así, tantas veces como sea necesario".
¿Cuáles serán esas exigencias? Se están discutiendo en abierto en este documento colaborativo. Humor y risas pero con contenido." (Público, 14/05/2013)