Mostrando entradas con la etiqueta Ecología: Agricultura: soluciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ecología: Agricultura: soluciones. Mostrar todas las entradas

22/5/23

Solidaridad racional: un nuevo modelo para la revolución ecológica y social en África... Se ha descuidado el campo; se ha preferido la ciudad en nombre de la estabilidad política y del progreso sin campesinos. Están explotando; ya no pueden más... pero en África la modernidad destructiva sigue, afortunadamente, rezagada y las prácticas sociales y los imaginarios colectivos han resistido, en parte, a la mercantilización de las relaciones humanas... En África, existen algunas fuerzas endógenas para que se desarrollen nuevos impulsos, que denominé bienes comunes o procomunes, que ponen en acción los diferentes niveles de subsidiariedad democrática adaptados a cada una de las cuestiones. Son bienes comunes que hay que promover entre el mercado, ineficiente, y el Estado, demasiado débil, arrasado por el ajuste estructural, fracasado por su captura y dependencia de los intereses de las multinacionales y de las grandes potencias... Esta solidaridad local podría utilizarse en el marco de una democracia ascendente comprometida con la inclusión de las personas y la reproducibilidad de las prácticas locales

 "Una constatación: los campesinos olvidados

África se encuentra en una encrucijada: no habrá desarrollo económico ni revolución ecológica sin políticas sociales proactivas que aumenten el bienestar de las personas. De lo contrario, experimentaremos una lenta o rápida progresión hacia el caos, mucho más allá de las fronteras de África. La tan necesaria revolución ecológica -puesto que se trata, efectivamente, de una revolución ecológica- no tendrá lugar sin justicia social en África ni en cualquier otra parte.

Los más desfavorecidos son, de hecho, los más vulnerables al cambio climático, aunque sean los menos responsables del mismo porque no disponen de recursos para adaptarse a él.

Los campesinos del África subsahariana están entre los primeros afectados por el cambio climático, que afecta sobre todo a la actividad del suelo: según el INRAE, el calentamiento global ya ha reducido su productividad en un 20% desde 1980, sobre todo en los trópicos, donde las condiciones son más extremas y el suelo más frágil. Estamos hablando de tres cuartas partes de las mujeres agricultoras y campesinas más numerosas, que en el África subsahariana siguen produciendo casi el 80% de lo que consumimos.

África es, por tanto, una de las regiones donde se acumulan los retos: la población volverá a duplicarse dentro de 25 años, es decir, en 2050, a pesar de la transición demográfica que se está produciendo en todas partes y a pesar de los esfuerzos de adaptación que han conducido, en parte, a una mejora de técnicas -de agroquímica, pero, también, de agricultura y ganadería- que ha permitido multiplicar la población desde 1960 y, en gran medida, una extensión de cultivos.

 Este deterioro de la productividad y de la fertilidad en los últimos 40 años ha llegado al límite de lo soportable para el campesinado africano, para los olvidados. Se ha descuidado el campo; se ha preferido la ciudad en nombre de la estabilidad política y del progreso sin campesinos. Están explotando; ya no pueden contener nada más.

 Para los que se quedaron atrás, cuyo número no puede sino crecer, el futuro sólo estará hecho de, en primer lugar, migraciones hacia el exterior del continente -ya han ocurrido migraciones internas hacia las ciudades o a los países más ricos-, hasta ahora, contenidas lo mejor posible, y, segundo lugar, de conflictos por los recursos que se vuelven conflictos «interétnicos», regionales e intercontinentales -terrorismo; ya surgieron entre agricultores y ganaderos o entre rivales por las minas-.

Peor aún: somos testigos de un aumento del resentimiento y de los repliegues identitarios reconfortantes a nivel psicológico -degenerados del mismo modo y surfeando sobre populismos instrumentalizados- que son, paradójicamente, la otra cara de la ausencia de futuro y de la exigencia de una vida mejor.

Los jóvenes, que no vivieron la independencia africana de los años sesenta, sino regímenes políticos tan largos como autoritarios, se rebelan ahora, tanto en las ciudades como en el campo. Si se rompe el impulso democrático y si, al final, no se brindan respuestas concretas, esto amenazará los inestables equilibrios dinámicos de la geopolítica continental e irá mucho más allá de eso.

También, estamos convencidos de que no hay una oposición necesariamente ni, siquiera, incompatibilidad, sino que, incluso, existe complementariedad entre los dos ejes de políticas públicas. Esto es particularmente cierto en África, donde la modernidad destructiva sigue, afortunadamente, rezagada y donde las prácticas sociales y los imaginarios colectivos se han resistido, en parte, a la mercantilización de las relaciones humanas, que alcanzó su apogeo, desde 1980, con el neoliberalismo y el declive de las grandes ideologías y utopías colectivas.

El fracaso de las políticas de desarrollo

Volvamos a las ciudades y a los fracasos del «desarrollo» que no pueden superarse, ahora, en el estado de extrema debilidad y fragilidad de las economías, agriculturas e instituciones africanas. Pensemos en los pequeños empleos informales saturados; empleos industriales inexistentes; ingresos de renta captados por las élites políticas y una clase administrativa que comparte cada vez menos con la población rural empobrecida de la que procede.

En efecto, la extraversión de las economías y la depredación de los recursos continuaron bajo la independencia a pesar de los intentos, con frecuencia, cortados de raíz por Occidente del puñado de ejecutivos africanos formados en la época y, luego, gracias a un nuevo orden económico mundial que, con el pretexto de una teoría económica perfecta e insuperable, aumentó la apertura comercial y mató cualquier voluntad de desarrollo endógeno, sin garantizar ninguna posición satélite habitable. Se cultivaron, a escala mundial, no sólo un materialismo sin límites, sino, también, la codicia como principio de inteligencia social.

Las teorías favorables a la liberalización de los flujos dejaron sin embargo en la sombra la libre circulación de las personas. Este impensado fue gestionado a posteriori por los países occidentales en el marco de una política de «cada quien por su cuenta» en África; no dudaron en apoyar regímenes autoritarios -gendarmes de los flujos anticipadamente-. A modo de comparación, recordemos que no menos de 60 millones de europeos emigraron entre 1850 y 1930 para regular las fracturas provocadas por la industrialización y la progresión demográfica…

Un método que hay que recuperar: provocar la solidaridad a través de los bienes comunes

¿Qué futuro, y más aún, qué revolución ecológica, qué «progreso económico y social», qué protección del medio ambiente pueden preverse para el continente cuando África ya no puede cubrirse con 2.000 millones de tractores, coches y aparatos de aire acondicionado, y cuando se acelera el empobrecimiento de la población, sobre todo de los campesinos -sin acceso al agua, sin retretes, sin electricidad, sin motorización y tampoco sin industria-?

Dar respuestas, desde el nivel local hasta el internacional, a los grandes problemas que amenazan, hoy, la supervivencia de las poblaciones y la paz mundial, y por lo tanto, a la comunidad humana, que ya no está ciega, pero que puede ser engañada: todo se sabe en Internet y la miseria se hace insoportable para los que no tienen nada en comparación con los que lo tienen, o parecen tenerlo, todo porque los países ricos no son cicateros con la miseria y los miserables, evidentemente, no saben compartir tan bien la abundancia.

Necesitamos más empleo y una vida más digna para todos, lo que significa derechos humanos y civiles. Hay que redefinir prioridades y basar políticas públicas decididas -disruptivas- en las fuerzas endógenas de un continente que no carezca de ellas. Para ello, es imperativo liderar un cambio casi cosmológico que haga que desarrollo, sostenibilidad medioambiental y bienestar para todos no sólo sean compatibles, sino complementarios. Un futuro «sostenible» en el sentido literal, soportable para todos, para África y Occidente por igual.

 No se trata de renunciar al llamado bienestar moderno, pero buena parte de la modernidad se basó en la colonización, en la explotación y en un dominio casi religioso, sino, para basar políticas públicas en una estrategia a largo plazo y no en las actuales dilaciones ni ilusiones de emergencia, de redefinir el bienestar humano en una relación diferente con el mundo vivo, de revivir lo mejor de cientos de miles de años en los que los seres humanos se sabían seres vivos entre otro en un universo que se ha vuelto materialista, que está sobrepoblado y ultraconectado. Ante los temidos colapsos, el reto es grande: devolverles un futuro envidiable tanto al sur como al norte, al este y al oeste. 

En África, existen algunas fuerzas endógenas para que se desarrollen estos nuevos impulsos, que denominé bienes comunes o procomunes, que ponen en acción los diferentes niveles de subsidiariedad democrática adaptados a cada una de las cuestiones. Son bienes comunes que hay que promover entre el mercado, ineficiente, y el Estado, demasiado débil, arrasado por el ajuste estructural, fracasado por su captura y dependencia de los intereses de las multinacionales y de las grandes potencias.

En algunos lugares, se mantiene una vida basada en lo común. Así lo ilustran las prácticas sociales, el simbolismo colectivo y las solidaridades familiares dinámicas, cuya perversión actual es la solidaridad tribal. Esta solidaridad local podría utilizarse en el marco de una democracia ascendente comprometida con la inclusión de las personas y la reproducibilidad de las prácticas locales.

Además, se trataría de aprovechar al máximo la inventiva de los jóvenes y su creatividad; esta última, limitada en cuanto a recursos, reinventa cada día la low tech africana. La tecnología digital y la telefonía móvil han demostrado ser potentes herramientas de acceso a la información: hay que cultivar aplicaciones económica y socialmente útiles.

Del lado de la dimensión económica, se debe financiar las necesidades económicas de grandes políticas públicas a través, por una parte, de monedas comunes liberadas de la cómoda, pero contraproducente, paridad del euro y, por otra, del ahorro no utilizado de las clases medias garantizado por el financiamiento público internacional respaldándolos con procesos de integración regional, una integración mucho más pertinente que las fronteras coloniales heredadas.

El acceso para todos a las energías sostenibles descentralizadas -solar, eólica, geotérmica, hidráulica- es, en este contexto, un objetivo totalmente alcanzable y un factor evidente de desarrollo endógeno sostenible combinado con el bienestar de las poblaciones. La capacidad, probada durante décadas, de los campesinos y campesinas para evolucionar hacia técnicas más productivas, sin motorización ni agroquímicos agresivos, basadas en prácticas agrícolas ancestrales, en múltiples patrones de uso de la tierra -aunque estén amenazados por la apropiación privada y por el acaparamiento internacional de tierras- y en un patrimonio vegetal más resistente a la variabilidad climática que los paquetes técnicos estándar de la «revolución verde» y menos dependiente de los insumos de alto consumo energético de las multinacionales.

Al mismo tiempo, la riqueza de la biodiversidad del continente y los servicios medioambientales que prestan al mundo sus grandes bosques primarios y sus pequeños agricultores siguen estando infravalorados; los campesinos son ahora demasiado pobres para degradar sus tierras de forma agroquímica y mecánica. El continente, especialmente el África subsahariana, es casi neutro en carbono, pero está sometido a un mayor estrés por el cambio climático, aunque también a presiones para seguir siéndolo debido a la pobreza o a las limitaciones medioambientales mundiales.

Poner en práctica soluciones africanas: nuevas políticas públicas para el continente a través de la «solidaridad racional» internacional

En mi último libro1, desarrollé los ejes principales de una solución africana en el contexto actual, basada en las fuerzas detectadas cuyas potencialidades ya mencioné anteriormente.

En primer lugar, la única fuente importante de empleo está en el campo: el sector agrícola. La única forma de conciliar la escasez de combustibles fósiles con el bienestar de todos -es decir, la justicia social- es la intensificación agroecológica de las tierras de los pequeños agricultores capaces de duplicar los bajos rendimientos actuales para poder alimentarse a sí mismos y a su población.

En la ciencia agroecológica y agroforestal, la combinación de conocimientos y técnicas de baja y alta tecnología permite el aprovechamiento infinito de la energía del sol y el nitrógeno del aire, la maximización del agua y la resistencia de la biodiversidad cultivada y no cultivada ante los riesgos climáticos y las plagas, el uso sostenible de los elementos minerales del suelo a través de las raíces y la mejora de su fertilidad orgánica y su capacidad para fijar CO2 (en la biomasa).

En segundo lugar, en función de esto, tanto en el sur como en el norte, los circuitos cortos y el consumo local deben convertirse en la norma y favorecer la transformación artesanal e industrial de los recursos locales. Por consiguiente, hay que frenar el crecimiento de las actuales dependencias múltiples.

Este programa a gran escala tiene sus condiciones: lo que llamo neoproteccionismo, o, más bien, «comercio justo», no dogmatismo, sino pragmatismo económico: en estas cuestiones cruciales, proteger a los campesinos africanos y a los transformadores de la competencia insostenible -y subvencionada y respaldada políticamente- de los países desarrollados y aprovechar este sistema fiscal; animar a los consumidores -que ya están bien aculturados- a darle prioridad a este interés general; acompañar a los más pobres de las ciudades en el aumento transitorio del precio de los alimentos.

Por último, hay que invertir masivamente en la modernización del campo y en la revolución agroecológica «doblemente verde» de la agricultura campesina. La vida en el campo debe significar, por fin, educación, salud y electrificación sostenible. Éste es el precio de una transición demográfica rápida y del acceso de las mujeres a sus derechos: una verdadera educación para las niñas y los niños -al menos, hasta la enseñanza secundaria y en buenas condiciones-, como es sabido en todo el mundo.

Para contribuir a esta inmensa inversión ecológica, debemos velar por que se pague un precio justo por los servicios medioambientales que brinda el continente y, en particular, por su campesinado; no deforestar, sino reforestar, almacenar cantidades masivas de carbono y biodiversidad en el suelo y la vegetación y desarrollar energías sostenibles. Y no olvidemos los reiterados compromisos establecidos por los países desarrollados con la ONU desde 1970, que no se han respetado: 0.7 % de AOD, Fondos Verdes, Fondos de Pérdidas y Daños, Fondos de Biodiversidad.

Creo que ésta es la solución para África en un momento en el que todos sabemos que los magníficos objetivos de desarrollo 2030 -terminar con el hambre y terminar con la pobreza- no se cumplirán en 2030; se necesita un cambio drástico, un cambio que el Secretario General de la ONU reclama con vigor, previsión y urgencia

Las crisis mundiales -bancarias, sanitarias, vinculadas con las guerras- han mostrado la vulnerabilidad del sistema mundial y de los países africanos en particular. La contaminación de conflictos en el Sahel y África Central no invita al optimismo: se han cruzado umbrales críticos. El apoyo de Occidente hacia regímenes autoritarios considerados estables y complacientes no ayuda, pero los jóvenes se mueven y las ideas circulan.

En cualquier caso, hay que convencer y convencer contra la prevalencia de las ilusiones de «desarrollo» sin desarrollo humano de las multinacionales, contra, en particular, una gran ignorancia general en la que se considera que más de la mitad de la población africana está atrasada, ignorancia que ha sido cultivada por décadas de alabanza del agronegocio, contra el vapuleo ecológico, contra el derrotismo y el repliegue.

Si no basta con el derecho de todos a una vida digna, si no basta con la responsabilidad de todos por el hecho de que al menos un billón de seres humanos permanezcan década tras década tratando de sobrevivir, debemos insistir en que se trata de una cuestión de «solidaridad racional» internacional, aunque sea."               (Kako Nubukpo , El Grand Continent, 16/05/23)

5/10/22

Para una vez que unos urbanitas hacen algo bien en el campo (repoblarlo convirtiéndose en campesinos), las leyes de los urbanitas destrozan su obra... La frustrada reconstrucción de Fraguas, una pedanía abandonada en la España vacía: multa y cárcel para los repobladores

 "Acaban de recolectar las patatas y los ajos. Gonzalo Aracil lleva nueve años reconstruyendo y habitando las casas abandonadas de Fraguas, una antigua pedanía del municipio de Monasterio (Guadalajara), que fue expropiada en 1968 para plantar pinos en el monte. Era un lugar vacío y deshabitado cuando llegaron en 2013. Junto a cinco compañeros se enfrenta ahora a un grave problema: un proceso judicial en el que pueden ir a la cárcel por usurpación y delito contra la ordenación del territorio. Y deben hacer sus cálculos sobre cómo asumir las costas de demolición incluidas en la condena y valoradas en 109.841 euros, tras la sentencia, el pasado junio, del Juzgado de lo penal 1 de Guadalajara.

Un grupo de 15 personas llegó en 2013 al despoblado. La Asociación Fraguas Revive presentó varios proyectos a la Junta de Castilla-La Mancha sobre apicultura, agricultura y ganadería ovina para la prevención de incendios. Ninguno fue aprobado. Aun así, siguieron. “Sabíamos que no teníamos los permisos, pero pensábamos que nos verían con buenos ojos”, reconoce Aracil. No era ingenuidad, habían estudiado la zona: a 40 kilómetros al norte, una entidad similar tenía cedido el uso de pastos, cultivos, y edificios. Allí un grupo de arquitectos se rebeló hace más de 40 años contra la desaparición de los pueblos de la serranía de la provincia. Sin embargo, los de Fraguas no han conseguido la simpatía de las instituciones.

De las 50 casas que había en Fraguas, han rehabilitado dos para viviendas, otra como almacén y un antiguo gallinero, respetando la metodología tradicional y los diseños originales: “Solo hemos añadido elementos de seguridad a las estructuras”.

Un año después de su llegada, la Junta de Castilla-La Mancha —bajo el mando de Dolores de Cospedal (PP)— los denunció por usurpación de monte público. Los agentes forestales identificaron a 50 personas en el enclave. Llegaron a ser enjuiciadas, aunque solo seis fueron condenadas. En ellas recae el peso de la ley. Tras nueve años de proceso judicial, se ha ratificado la sentencia, condenándolos por este delito, y otro contra la ordenación del territorio que interpuso el siguiente equipo de Gobierno de Emiliano García-Page (PSOE).

Mercedes Álvarez, que coregenta una casa rural, única oferta de pernocta en los alrededores, comprende su estado de ánimo: “Son buena gente, generosa. Estas cosas queman, empiezas con mucha ilusión con un proyecto de vida y te encuentras que igual vas a la cárcel. Es un sinsentido”. Su marido y socio, Miquel Jiménez, les sintió vecinos desde el primer momento: “Venían aquí, les comprábamos sus productos artesanales (mermeladas, cremas…). Han bajado alguna vez, les hemos dado un caldito y cuando les hemos ido a visitar nos acogen”.

Aunque las denuncias han sido interpuestas por la Junta de Castilla-La Mancha, el matrimonio de hoteleros, que apoya desde su llegada al grupo, acusa también al Consistorio por su resistencia al cambio: “El Ayuntamiento podría hacer mucho más. Tendría que haberles empadronado”.

En una entrevista de Cuatro Al Día, la alcaldesa María Victoria Delgado aseguró que “ellos [los pobladores de Fraguas] saben que no se les ha podido empadronar porque el pueblo no existe”. Fuentes del Instituto Nacional de Estadística, entidad encargada del empadronamiento, corrigen a Delgado: “De acuerdo a la Ley, el padrón debe reflejar el domicilio donde realmente vive cada vecino. En consecuencia, incluso la ausencia total de techo puede y debe figurar como domicilio válido en el padrón”.

La Junta de Castilla-La Mancha incluyó en octubre de 2021 al municipio de Monasterio —donde se encuentra el despoblado de Fraguas— entre los que tienen “riesgo de extrema despoblación”. No es una excepción: la situación es dramática, con el 93% de los municipios de la provincia afectados. El colectivo no entiende cómo no ven con buenos ojos su propuesta, como sí se hace en otras regiones como Navarra, donde el Gobierno foral ha desarrollado un proyecto junto a la Red Ibérica de Ecoaldeas para recuperar pueblos abandonados, o en Aragón, donde la comunidad ha cedido municipios a colectivos para su repoblación, como Artosilla, Ibort y Huesca.

Jóvenes que no quieren ser urbanitas

Andrea Martín (23 años) lleva más de un año conviviendo en Fraguas. Es informática y teletrabaja desde el poblado. Se molesta cuando le dicen que ahí no hacen nada. “A veces se nos ve como personas que queremos huir y que hemos venido a sentarnos en el monte sin oficio ni beneficio. Este es un trabajo duro, hay que creer en el proyecto”. Siente que, en un contexto grave de despoblación y de falta de acceso a la vivienda, no se les deja vivir en el campo: “Somos gente joven que no queremos ser urbanitas. Si quieren que vengamos al campo, tenemos que poder vivir del campo. ¿Qué queréis, un hotel, un spa?”.

Desde hace años reforestan la zona con especies autóctonas, asesorados por asociaciones especializadas. La última replantación ha sido de robles, bellotas y encinas. En su defensa de la vuelta del ecosistema original han encontrado unos aliados de excepción. Se refieren a ellos con tono reverencial, como Los Antiguos. Son aquellos vecinos y vecinas que fueron expropiados en 1968 y que aún hoy vuelven al pueblo de visita, y hasta han declarado en los tribunales a su favor

El colectivo Fraguas Revive se ha enfrentado a tres gobiernos regionales. Entre 2017 y 2019, hubo cierto acercamiento durante el mandato conjunto de PSOE y Podemos. Tras la primera sentencia condenatoria, en junio de 2018, se puso la cosa complicada, pero se presentó ante el juzgado un acuerdo entre las partes que los jueces rechazaron. Un portavoz de la Administración regional reconoce que en dicho acuerdo se proponía “explorar la puesta en valor de usos y actividades permitidas en la normativa del parque natural. Pero, fue desestimado por el juzgado. Y aunque no compartimos la decisión judicial, hay que asumir que existe una sentencia judicial firme que se debe cumplir”.

“Desde que el juzgado no la aceptó, la Junta ha ido a por nosotros, se añadieron los delitos contra la ordenación del territorio y daños medioambientales”, asegura Aracil. El Gobierno regional afirma haber retirado el segundo de ellos. “Se retiró la acusación por delito de daños, evitando que pesara el ingreso en prisión sobre las personas condenadas”, explica un portavoz.

“Eso es una mentira horrorosa, es que me hierve la sangre”, rebate Aracil. “Lo retiró la Fiscalía y la Junta lo aceptó en sala durante el juicio porque los agentes forestales y del Seprona declararon que no había impacto medioambiental apreciable”.

El desencuentro es total. Desde el Ejecutivo de García Page aseguran que “solo una de las seis personas implicadas permanece allí y algunas viven en pueblos de la comarca donde se les había ofrecido vivienda”. Pero, Isabel Turina, otra de las condenadas, lo niega: “Cada uno nos hemos buscado la vida, no nos ofrecieron nada”.

Ella, Lalo Aracil y cuatro compañeros se enfrentan ahora a una pena de cárcel que sobrepasaría los cuatro años si no abonan, cuando el juzgado lo dictamine, los 110.000 euros por las demoliciones de las cinco reconstrucciones, según el cálculo de TRAGSA. Aracil aún espera un milagro: “Nos queda el último rayito de esperanza, hemos puesto el último recurso, a ver qué pasa”, explica mientras retira unos rastrojos de la calle principal del antiguo pueblo."                   (Merche Negro, El País, 24/08/22)

12/8/22

El despertar de los pastores: Pedimos que nos paguen por nuestro trabajo, que paguen a las ovejas, a las vacas, al ganado que limpia y cuida nuestros montes. Por el servicio esencial que desempeñan, por su función ecológica y social de vital importancia, en un contexto crucial de emergencia climática

 "Llegará un día en que no podremos más, y entonces lo podremos todo”, decía el poeta Vicent Andrés Estellés. Pues ese día está llegando. Los pastores y las pastoras estamos hartos ya.

Señores y señoras, representantes políticos y administradores de los servicios esenciales para la ciudadanía: ¿Cuántos de los millones de euros que las comunidades autónomas han anunciado que van a invertir en la campaña para la prevención de incendios y limpieza de montes van a ir destinados a los pastores y a las pastoras del mundo rural? La ganadería extensiva se está tambaleando. Apenas nos tenemos en pie. Muchas de las explotaciones ganaderas han llevado ya a sus animales al matadero. Y otras, no se sabe cómo vamos a terminar.

No se trata de dar ese dinero por nada y para nada. Conocemos de sobra las razones por las cuales se producen los incendios. Las entidades sin ánimo de lucro que llevan años defendiendo el entorno rural y la naturaleza lo tienen muy claro: “El mejor bombero forestal es la ganadería extensiva”. Si hasta vosotros mismos nos estáis diciendo la importante labor que realizamos.

Las pastoras y los pastores de la Serranía Alta de Cuenca solo queremos mantener vivas nuestras explotaciones ganaderas, mantener vivos nuestros pueblos, seguir trabajando, seguir adelante. Pero estamos atravesando la tormenta perfecta: el cambio climático nos golpea con una dureza nunca antes conocida, tenemos que alimentar al ganado con cereales cuyos precios se han duplicado, somos el eslabón más débil de la cadena (víctimas de almacenistas, especuladores, intermediarios y gentes a menudo sin escrúpulos que viven a nuestra costa). Compramos por lo que nos piden, vendemos por lo que nos dan… Nuestros productos son perecederos y perdemos así cualquier posibilidad de presión a la hora de negociar los precios.

No queremos ser héroes. Solo queremos poder vivir con dignidad. Los pastores y las pastoras somos esclavos de nuestras ovejas, vivimos para ellas, sin horario ni calendario. Pero ¿hasta cuándo podremos aguantar esta situación? Si producir alimentos sanos y naturales en estas circunstancias nos cuesta dinero, si otro recurso como la lana ya no vale nada, si por vivir en zonas remotas hasta tengo que pagar por que se lleven el estiércol… Entonces ¿qué nos queda?

Nos queda el trabajo importantísimo que nuestros ganados llevan a cabo en el campo, aprovechando los pastos, abriendo sendas y caminos, evitando que se conviertan en combustible, ayudando a mantener el equilibrio en los ecosistemas, fomentando la diversidad, creando paisaje para el disfrute de todos. Es un trabajo que se nos tendría que reconocer, valorar y pagar. En ello va nuestra supervivencia.

No nos dejen caer. No dejen que desaparezcamos. La ganadería extensiva tendría que ser considerada como lo que es: una pieza esencial del operativo de prevención y lucha contra los incendios, junto con las cuadrillas forestales que desbrozan los montes. Las personas que lo hacemos posible reclamamos dignidad.

A menudo los pastores interiorizamos que “lo que hacemos no vale nada”, que “somos tontos como nuestras ovejas”, y por eso seguimos adelante sin esperar nada a cambio. Pero ni somos tontos, ni nuestras ovejas son tontas. Pedimos que nos paguen por nuestro trabajo, que paguen a las ovejas, a las vacas, al ganado que limpia y cuida nuestros montes. Por el servicio esencial que desempeñan, por su función ecológica y social de vital importancia, en un contexto crucial de emergencia climática.

Señores y señoras, esa remuneración digna, ese apoyo que exigimos, no es para nosotros. Es para todos. Para todas. Por favor, rásquense el bolsillo. O mejor dicho, adminístrenlo bien. Solo se trata de eso, de administrarlo bien, de priorizar lo realmente esencial, y pensar, de una vez por todas, en el bien común."                

(Rodrigo Molinera Villanueva , Pastor de Poyatos, Serranía Alta de Cuenca, Laura Navarro , Hija de poyatera; El Salto, 10/08/22)

27/7/22

“Cuando a un ganadero le come el lobo un xatu le está dejando sin la nómina del mes”

 "(...) Más allá del turismo, ¿de qué se puede vivir en Teverga?

La ganadería sigue siendo importante, y hay gente joven con cabañas muy importantes. La ganadería es la que mantiene el territorio. Hay que cuidarla. Somos reserva de la biosfera. Suena muy bien, pero eso tiene que ir acompañado de compensaciones económicas. No hay ayudas por ejemplo a conservar las brañas. Si la administración está pidiendo a la población que cuide el territorio la gente también tiene que recibir por ello.

Eso nos lleva a un tema delicado: el lobo

Para empezar no tiene sentido que todavía no tengamos un censo de lobos. No lo entiendo. Lo otro que pienso es que conservar el lobo tiene un precio. Cuando el lobo le come un xatu a un ganadero le está dejando sin la nómina del mes. El rechazo al lobo es ancestral, pero el retraso en pagar las ayudas provoca todavía más rechazo en la gente del campo.

¿Se está cumpliendo ese pronóstico postpandémico del regreso al campo?

Hay un goteo de gente de fuera que se viene a vivir y de gente con vínculos con el concejo que se instala o pasa temporadas largas, que arregla casas de la familia… Una de las cosas buenas de Teverga es su ubicación, estás en la naturaleza, pero a 40 minutos de Oviedo y otros 40 de Pola de Lena, donde en nada vas a poder coger el AVE a Madrid. Se están comprando casas antiguas y hay pueblos que ya triplican la población en verano. Nos falta empleo más allá del turismo, que es muy estacional. Hay algunas empresas en el polígono de Entrago que están haciendo cosas interesantes, como Algatek, con algas, y Renastur, con savia de abedul, pero nos sigue faltando más industria. Me encantaría por ejemplo una pequeña fábrica de queso o de cerveza. Creo que el parque natural le da un valor añadido a cualquier producto que se haga aquí. (...)"                ( Diego Díaz Alonso, Nortes, 22/07/22)

2/6/22

Está comprobado que la ruina de casi todos –a pesar de que los ricos contaminen mucho más– contribuye a mejorar el medioambiente (desciende el consumo, se emiten menos gases de efecto invernadero), pero eso es, precisamente, lo que debería evitarse para, en su lugar, erigir un ecologismo basado en la justicia social y el bienestar de la ciudadanía, donde el decrecimiento se produzca de forma regulada... un ejemplo entre muchos, el de Cuba... cuando al desaparecer el trato comercial preferente que mantenía la URSS con la isla, el PIB se contrajo en un 33%, principalmente por faltar el petróleo soviético, pero, pese a la gravedad de los hechos, la esperanza de vida no bajó y el cataclismo sirvió de aliciente para convertirse en una de las naciones líderes en agroecología del mundo... A principios de los años 2000, la producción de alimentos era un 21% mayor que antes del Período Especial, y todo ello se había conseguido por vías sostenibles... ahora, con la guerra, no es casualidad que el Reino Unido haya recomendado implementar algunas de las medidas que salvaron a Cuba de la hambruna: producir más fertilizantes naturales y plantar leguminosas

 "Al comenzar la crisis de 2008-2009, una persona de mi entorno cercano se arruinó hasta el punto de sufrir verdaderas penalidades. La empresa de su marido había quebrado y ella sólo podía aportar un salario de esos raquíticos que abundan en España. Cuando, un día, se le rompió la lavadora, se vio a sí misma haciendo lo que jamás había hecho: lavar a mano la ropa de la familia. 

Por suerte, sus compañeras de trabajo se dieron cuenta y decidieron, entre todas, recolectar el dinero suficiente para regalarle otra antes de que los dedos picados por el detergente, junto a la humillación de saberse pobre en un país supuestamente desarrollado, acentuaran aún más su malestar.

Recurro a este ejemplo porque me parece representativo de varios fenómenos: por una parte, la debacle económica, de la que aún no nos hemos recuperado cuando ya se debaten los estragos de otra crisis; por otra parte, las mudanzas forzosas hacia comportamientos benévolos con el medioambiente –lavar a mano, no ocasionado por el «ecologismo» sino por los choques sísmicos del capitalismo–; finalmente, la solidaridad y amistad que permitieron que esa práctica acabase.

 En última instancia, la historia me devuelve los ecos de una probable situación de miseria generalizada que, si no se toman medidas políticas contundentes, terminará por replicarse debido a los estragos de la emergencia climática, la escasez de combustibles fósiles, y la huida hacia adelante que muchos gobiernos se han empeñado en poner en marcha.

Está comprobado que la ruina de casi todos –a pesar de que los ricos contaminen mucho más– contribuye a mejorar el medioambiente (desciende el consumo, se emiten menos gases de efecto invernadero), pero eso es, precisamente, lo que debería evitarse para, en su lugar, erigir un ecologismo basado en la justicia social y el bienestar de la ciudadanía, donde el decrecimiento se produzca de forma regulada. 

 Es perfectamente viable, contamos con el conocimiento y la tecnología como para que no caiga por el abismo de los sueños rotos, sólo hace falta voluntad política y, como en la colecta de la lavadora, empatía y colaboración. Conozco muchas más historias; una de ellas ocurre en Cuba. Rebobinemos.

Fin oficial de la Guerra Fría; la URSS da sus últimos coletazos y, con ellos, desaparece el trato comercial preferente que mantenía con la isla, dando comienzo a lo que los historiadores han llamado el «Periodo Especial», una etapa de escasez tan devastadora que el cubano medio perdió 9 kilos en pocos años. El PIB se contrajo en un 33%, principalmente por faltar la energía fósil soviética, pero, pese a la gravedad de los hechos, la esperanza de vida no bajó y el cataclismo sirvió de aliciente para convertirse en una de las naciones líderes en agroecología del mundo. 

Como no había combustible que hiciese funcionar la maquinaria agrícola, aumentó la población de bueyes; al carecer de fertilizantes químicos, buena parte de la gente se dedicó a nutrir las tierras, tanto en los campos como en las ciudades, con compost y otros abonos naturales, plantando también leguminosas que fijaran el nitrógeno al suelo; ya que los pesticidas brillaban por su ausencia, se asociaron los cultivos de manera que esa combinación detuviese las plagas.

Sostenibles a fuer de pobres

A principios de los años 2000, como demuestra la investigación del doctor en antropología social Emilio Santiago Muiño, la producción de alimentos era un 21% mayor que antes del Período Especial, y todo ello se había conseguido por vías sostenibles. Para más inri, la incidencia de algunas enfermedades cayó en picado porque, al disminuir el transporte propulsado por gasolina, la gente recurrió en masa a la bicicleta. Nada de esto se incentivó bajo el paraguas de la lucha contra el cambio climático; al contrario, fue la necesidad la culpable del giro en el modelo agrario, alimenticio y vital, pero las prácticas prevalecieron y, hoy sí, estas victorias son motivo de orgullo ecologista.

 No es mi intención minimizar la cantidad de sufrimiento que se dio simultáneamente en la isla, ni blanquear un régimen en el que no existe la pluralidad de partidos ni la libertad de expresión; más bien se trata de valorar unos logros ciudadanos que, con ayuda del Estado, sirvieron para mitigar lo que, de otra manera, habría constituido una crisis humanitaria de proporciones inimaginables. Ahora que se culpa indiscriminadamente a la guerra por una urgencia energética y económica multifactorial –la guerra influye, pero no la explica enteramente–, es necesario rescatar tanto los aprendizajes históricos como aquellos saberes tradicionales que ayudan a reducir nuestro uso de combustibles fósiles siendo, además, más respetuosos con la biosfera de la que dependemos.

 No es casualidad que el Reino Unido haya recomendado implementar algunas de las medidas que salvaron a Cuba de la hambruna: producir más fertilizantes naturales y plantar leguminosas. Otras, como la gestión vecinal de los parques públicos para el cultivo de frutas y verduras destinadas al autoconsumo, han sido bienvenidas en algunos barrios de Estados Unidos, un país que, pese a su deletérea huella de carbono (segundo más contaminante del globo), ha realizado esfuerzos significativos en la construcción de infraestructuras resilientes, con resultados mixtos. 

En España, contamos con iniciativas encomiables como la del ayuntamiento de Pontevedra, que hace años peatonalizó el centro, lo cual ha provocado un descenso de las emisiones de CO2, la revitalización del comercio local y una mejor calidad de vida en general. En el contexto bélico actual, la Agencia Internacional de la Energía ha propuesto reducir la dependencia del gas y el petróleo rusos mediante un decálogo que incluye promover el teletrabajo, volar menos, compartir vehículos y abaratar el transporte público, lo cual precisaría del empuje de políticas públicas y no tanto de la iniciativa individual. Hace poco, un grupo de científicos elaboró un complejo plan de choque que pasa por nacionalizar las eléctricas, reforestar nuestros bosques, prohibir sustancias tóxicas como los plásticos y una justa redistribución de la riqueza.

 Las soluciones están al alcance de la mano. No hay excusas –no debería haberlas– para llevar a cabo reformas estructurales que minimicen la vulnerabilidad social e incluso nos conduzcan a escenarios más saludables, llenos de aire limpio y actividades que, como apuntaba el informe Meadows, puedan crecer ilimitadamente en un clima de equilibrio material y natural: el arte, la educación, el deporte, aunado a una solidaridad que no sólo sirva para hacer colectas. En la sabiduría de nuestras sociedades, sería un error optar por otro camino."                  (Azahara Palomeque , Climática, 4 abril, 2022)

26/5/22

El tema del animalismo llevado al extremo no conecta con la sociedad ni con el medio rural... Todos mis hermanos son cazadores, hay galgueros, escopeteros... La caza no es un deporte. La caza es la caza. Sales con el perro por el campo, te bates con el disparo, el lance, la inteligencia... la culpa del problema de la caza, de la disminución del número de pájaros, de aves, de liebres, de conejos, ¿sabes de quién es? No es de los cazadores. Es de la agricultura intensiva. Hace cuarenta años, en el medio rural, todo el mundo era cazador, o en todas las familias había un cazador... ¿Qué ha pasado? La agricultura intensiva... Lo que daña a la caza es la agricultura intensiva y el que diga lo contrario miente... Yo he visto, después de la siembra de trigo o remolacha, cientos de pájaros muertos. Por el veneno que echan... la ultraderecha de Vox dice cosas que pueden sonar bien en el oído del jornalero, como esto de la caza. Pero no en el tema del trabajo, de los convenios. Lo que sí te digo es que el sentimiento que hay es que se quieren cargar la caza. Y cuando hablas del sentimiento de la gente... ese sentimiento de abandono lo está monopolizando la ultraderecha tocando la tecla de los toros, el caballo y la caza... Luego, cuando hablamos del subsidio agrario, lo que era el PER, que es una forma de fijar población, una especie de renta básica de jornaleros, pues está en contra de ese subsidio

 "(...) Cañamero está metido en la faena desde el conflicto de la remolacha de El Coronil de 1976. Encierros, huelgas, ocupaciones, manifestaciones, "expropiaciones" de comida y material escolar, detenciones, insumisiones, multas y juicios salpican su trayectoria. Un recuerdo de una batida de caza a la que asistió en su infancia, compartido por Cañamero con Joaquín Recio para su biografía, da idea de cuál es su origen y dónde se forma su visión de la sociedad rural: "Recuerdo la cifra, mataron 315 agachadizas, un pájaro muy apetecible de la caza menor. Después se pusieron a descansar y a hacer su aperitivo, con nosotros mirando como perros. Esas cosas no se olvidan nunca".

infoLibre entrevista a Cañamero con el medio rural erizado de malestar. Pero esta vez el agro no expresa su ira contra el "señorito", palabra que Cañamero mezcla con "terrateniente", "derecha" y "ultraderecha" para identificar a sus adversarios. Esta vez en la manifestación del campo están el PP y Vox como parte del paisaje. (...)

¿Estuvo en la manifestación del domingo?

No estuve, no.

¿Por qué?

Aquí hay una Ley de Cadena Alimentaria, una ley para que los costes no sean mayores que los precios, algo beneficioso para el campo, y el PP y Vox estuvieron en contra [ver aquí información de Newtral sobre las posiciones de PP y Vox]. Y esos mismos partidos llaman a la movilización cuando en realidad se oponen a los intereses del campo y no han apoyado que sus productos tengan unos precios superiores a los costes. Se dedican a la manipulación pura y dura. Lo que hace falta es poner en marcha la ley ya.

Hubo mucha asistencia a esa manifestación.

Hay un problema en el medio rural, evidentemente. Pero hay que tener mucho cuidado, porque la manifestación mezcla los toros, la caza, el medio rural, la España vaciada, los animales... Lo meten todo en el mismo saco, tocando teclas sensibles para la gente. Es una lucha política de la derecha para hacerse con el Gobierno a base de manipulación. Y yo soy el primero en decir que el campo se tiene que defender, soy un defensor a ultranza de los agricultores y del medio rural. ¡Conozco el problema! Hacen falta médicos, carreteras, colegios, autobuses, ferrocarril, internet, viviendas baratas... Pero cuando la derecha está en el gobierno no hace nada de eso. Y ahora, en la oposición, manipulan los deseos y los sentimientos de la gente. No tienen escrúpulos. Salen a decir que hay que bajar los impuestos porque suben los precios. ¿Y de quién es culpa? Aprovechan el malestar que ellos mismos causan. Es la doble moral de siempre.

Por un lado, quieren más guerra en Ucrania, que hay que seguir, mandar armas, que dure lo máximo posible... Pero ojo, eso dispara los precios. Y cuando ocurre, llaman a la movilización contra el Gobierno, cuando eran conscientes de que iba a pasar. Eso sí, rechazan la negociación. Pues la gente tiene que saber que eso son civiles muertos, ¿eh? Gente que se tiene que ir [de Ucrania], abuelos arrastrando los pies por el barrio... ¿No les da vergüenza, hombre? 

¿La derecha se puede beneficiar del malestar en el campo?

Claro que sí. Con su manipulación. Hay una cosa real... Los cazadores tienen sus problemas. La ley animalista... Es que hay gente que no tiene mucha idea. Se creen que a los perros hay que ponerles un abrigo y meterlos en un piso. El tema del animalismo llevado al extremo no conecta con la sociedad ni con el medio rural. Cosa distinta es que a los animales hay que cuidarlos. No se puede maltratar de ninguna manera. Yo tengo una perra y la quiero con locura. Ahora te voy te voy a mandar un vídeo, para que la veas... Lo que sí hay son unas tradiciones en el mundo rural.

¿Pero esas tradiciones han sido atacadas? Por ejemplo, la caza.

Hay un bulo permanente de la derecha para ganarse al medio rural y a la gente del campo. Pero también algunas veces, cuando se intenta poner una ley en marcha, me refiero a la de lo animales, se va un poco al extremo. Una cosa es que no se puede maltratar a un animal y otra que tengas que tener licencia de criador para criar a un animal. La gente en los pueblos tiene un animal bonito, de caza, le echa un macho para que tenga crías y se las da a los amigos, no se pone a negociar con ellos. No hay costumbre. Si tienes un perro bueno de caza, la cría se la das a un amigo que está deseando tener un perro como el tuyo. Es normal. Pero bueno, como te digo, todo eso luego se manipula. La federación de caza la dominan los señoritos y la derecha.

Pero los cazadores no son todos señoritos ni de derechas.

¡No! En mi pueblo [El Coronil] hay 400 cazadores y hay gente de todo tipo, gente del sindicato también [SAT]. De esto entiendo, ¿eh? Todos mis hermanos son cazadores, hay galgueros, escopeteros... La caza no es un deporte. La caza es la caza. Sales con el perro por el campo, te bates con el disparo, el lance, la inteligencia.

¿Le gusta cazar?

A mí me gusta, sí. Voy de higos a brevas, pero me gusta la caza tradicional, como hacía mi padre. Vas al campo y te vienes con una pieza, con cuatro o con ninguna.

¿Hay alguna limitación a la caza que antes no hubiera?

No, lo que ocurre es... Mira, la culpa del problema de la caza, de la disminución del número de pájaros, de aves, de liebres, de conejos, ¿sabes de quién es? No es de los cazadores. Es de la agricultura intensiva. Hace cuarenta años, en el medio rural, todo el mundo era cazador, o en todas las familias había un cazador, uno que ponía perchas, o lazos para los conejos, o cepos... Y no se eliminaban los pájaros, las aves, los conejos, las liebres... Nada de eso. ¿Qué ha pasado? La agricultura intensiva. No es lo mismo la agricultura intensiva que la extensiva, ¿eh? No es lo mismo una piara de cochinos comiendo bellotas en el campo que estabulados con unos piensos que la mayoría son mierda. No es lo mismo una gallina de corral que una gallina que no puede ni moverse. Lo que daña a la caza es la agricultura intensiva y el que diga lo contrario miente como un bellaco. Yo he visto, después de la siembra de trigo o remolacha, cientos de pájaros muertos. Por el veneno que echan. Y fíjate, yo me los comía asados, porque había la creencia de que pasados por la candela no pasaba nada, que se iban todos los herbicidas...

¿De qué año estamos hablando?

Mediados de los 70. Todo el problema de los herbicidas y pesticidas y productos químicos viene de los 60 en adelante. Eso es lo que ha disminuido a tope la población cinegética. De manera bestial. Ese es el problema de la caza. Y otro problema es la caza intensiva. Porque los animales de granja echados al campo para cazarlos vienen con enfermedades y contagian. La caza intensiva es la que les gusta a los señoritos, que echan en los cotos un montón de pájaros de granja y ponen a mil euros el puesto. Esa es la caza de los ricos. Pero la tradicional, de toda la vida, que ha practicado el pueblo, es otra cosa. Yo la defiendo. Pero claro, al final se mezcla todo... Mira, en España hay 450.000 hectáreas de vías pecuarias, 100.000 en Andalucía. Pues el 80% están usurpadas por los terratenientes, ¡por esos que se ponen ahora al frente de la manifestación! Pues si tienes ocupada una vía pecuaria, ahí no pueden anidar pájaros, no hay tagarninas, no hay caracoles, no hay setas, lo ocupas todo, con lo que al final se pierde un refugio. Una cañada real debe tener 75 metros, ¡a ver cuántas tienen 75 metros de verdad! ¡Ninguna! Todas ocupadas, y los cordeles y las coladas, los abrevaderos y los descansaderos. Por cierto, que no hay ganado ni cabreros porque se lo han cargado todo a base de herbicida y pesticida y de echar veneno.

¿Son los propios terratenientes los que fastidian la caza?

Claro. Son ellos. Y le echan la culpa al Gobierno. Pero claro, luego hay cosas... Por ejemplo, se ha prohibido la caza de la tórtola. Me parece bien si hay una disminución considerable de la población. Pero si prohíbes la [caza de la] tórtola aquí, lo que pasa es que el pobre no puede cazar pero el rico se va a Marruecos, paga un puesto que cuesta un dineral y sí la caza... O por ejemplo, se dice de prohibir la caza de la perdiz roja, que es verdad que la población está disminuyendo y hay que protegerla. Pero, ¿sabes cómo se protege la perdiz roja?

¿Cómo?

Sin veneno en el campo y sin permitir que al hacer por la noche las alpacas de paja se traguen bandos enteros de perdices, que se quedan molidas dentro de las alpacas. Luego he visto cómo un granjero echaba de comer al ganado y salían pájaros muertos de la paja. Eso no se puede permitir de noche. Ni tampoco se puede permitir de noche el olivar intensivo, con las máquinas llevándose por delante los zorzales, los jilgueros, los chamarines, moliéndolos mientras están dormidos y no se mueven porque los pájaros son amigos del ruido, están acostumbrados ya a los tractores. Yo antes, y de esto hace 50 años, cuando salía al campo los cogía pisándolos con un candil y un cencerro de oveja, porque estaban familiarizados con el ruido... Pero todas estas cosas no se saben. No las saben los animalistas.

La mayoría de la gente habla del campo por hablar. Hay que pararse a preguntar y mirar, no hablar sólo con el corazón. Hay que enterarse. De la realidad, no de lo que tú piensas. Si hablas del campo sin saber, la lías, porque llega la derecha. Y a la derecha y la ultraderecha les importa una leche el campo y les importa una leche la caza, porque los señoritos lo que hacen es caza mayor, en cotos, que esa no es la que se están cargando con la ganadería intensiva. Los señoritos que ahora salen a protestar se han cargado la caza y el medio rural. Y encima se están ganando a mucha gente del campo tocando sus temas sensibles.

¿Ha seducido el discurso de la derecha y la ultraderecha a gente del SAT?

Hombre... Hay gente del SAT que ha ido a la manifestación, sí. Y es verdad que la ultraderecha de Vox dice cosas que pueden sonar bien en el oído del jornalero, como esto de la caza. Pero no en el tema del trabajo, de los convenios. Lo que sí te digo es que el sentimiento que hay es que se quieren cargar la caza, que está en peligro. Y cuando hablas del sentimiento de la gente...

¿Diría que se está derechizando el campo?

El campo tiene problemas estructurales graves. Hay problemas de despoblación –en Andalucía no tanto–, de precios, de internet, de servicios, de todo. Y ha habido un abandono de los diferentes gobiernos. Y ese sentimiento de abandono lo está monopolizando la ultraderecha tocando la tecla de los toros, el caballo y la caza, cuando en realidad le importa una mierda el campo, el medio rural y lo que les pase a los trabajadores. Pero van a los sentimientos y se están ganando a mucha gente con eso. Luego, cuando hablamos del subsidio agrario, lo que era el PER, que es una forma de fijar población, una especie de renta básica de jornaleros, pues está en contra de ese subsidio.

¿Qué piensa de la imagen de los manifestantes a caballo con aspecto señoritil?

Por eso yo no he participado. Ha habido mucha manipulación. Pero hay mucha gente del campo a la que la ultraderecha se la ha ganado por la torpeza del Gobierno.

¿Hace el Gobierno políticas adecuadas para el campo?

La Ley de Cadena Alimentaria es correcta, estoy a favor. Lo triste es que la derecha que no apoyó esa ley llame ahora a movilizarse. El Gobierno tiene que hacer que se cumpla. Que los costes no estén por encima de los precios. Punto. ¿Cómo vas a tener zanahorias, trigo o lechuga para que te cuesten más que los precios? No puede ser. Eso hay que evitarlo. Y hay que vigilar que no pase, controlarlo.

¿Faltan inspectores?

Hay inspectores, pero hay que poner medios para que vayan a los grandes supermercados, a los mayoristas... Si yo vendo una lechuga, alguien me la ha comprado, ¿no? Es fácil de encontrar. Ahí hay que ir. Pero la derecha no quiere ese control, claro que no. No quieren control público de nada. Mercado libre, capitalismo, que ningún mercado se corrija. Ahora, eso sí, dinero púbico para salvar a banqueros granujas y para tapar el desmadre. Es la doble moral.

¿Antes era más sencilla, más clara, la lucha en el campo?

La verdad que sí. Había un sector terrateniente y unos jornaleros sin tierra. Hoy está todo más diluido. Ahora trabajo en el campo hay, la agricultura se ha diversificado, los olivos, la fresa, los invernaderos... La construcción empieza a despuntar y hay jornal disponible para mucha gente. No estamos en la situación de hace 20 años. Ha mejorado, aunque los jornales no mejoran y se han disparado los precios.

La inflación. Un problema grave.

Está todo muy caro. Antes le echabas al coche 10 euros y andabas 100 kilómetros. Ahora... Se habla de los camioneros, que es verdad que tienen un problema, pero, ¿y la gente que tiene que trabajar a 100 kilómetros, como los jornaleros de los pueblos de secano de Cádiz? Es que hay que enterarse y entender lo que pasa en el medio rural. Y no se enteran, no lo entienden.

¿El Gobierno no entiende el campo?

No lo entiende, no. ¡Pero hasta ahora ningún gobierno! Y eso que es el 80% del territorio del Estado.

¿Y Unidas Podemos?

Tiene pocas responsabilidades. Todo el tema de Seguridad Social depende del PSOE, que lleva gobernando 30 años pero nos ha tratado siempre con el limosneo.

¿En qué sentido?

Limosna. Paternalismo. Cuando llega la recolección, tiene que haber trabajadores disponibles que han estado en el paro a lo mejor seis o siete meses. Para que esa mano de obra esté ahí mientras tanto, hay que mantenerla, atenderla, protegerla con un subsidio, con una prestación. No es limosna, es proteger la mano de obra. Para el PSOE siempre ha sido caridad. Pues mira, al terrateniente, a la agricultura y al Gobierno les hace falta esa mano de obra y hay que pagarla.

¿Ya nadie pide la reforma agraria?

Nosotros [el SAT] seguimos pidiendo al reforma agraria.

¿Qué reforma?

En Andalucía cuatro, cinco o seis terratenientes se llevan el dinero de 6.000 jornaleros. Los terratenientes no pueden seguir teniendo el 50% de los tierras nada más buscando las ayudas de la PAC.

¿De quién habla cuando dice "terratenientes"? Concrete algunos.

Los Mora Figueroa, la Casa de Alba, los Domecq, González Byass, los Candau...

¿Dónde milita actualmente?

Políticamente, en Podemos. Y en el SAT. (...)"                     

 (Entrevista a Diego Cañamero, Ángel Munárriz  , InfoLibre, 24 de marzo de 2022)

5/5/22

Tradición e innovación combaten el cambio climático en agricultura india... agricultura multicapa con métodos orgánicos naturales, la gestión integrada de plagas y los cultivos intercalados... El diseño incorpora una variedad de verduras y frutas plantadas en un espacio limitado. Esto significa utilizar árboles y plantas de distinta altura y tiempo de maduración diferente junto a otros, de modo que cada uno es interdependiente del otro

 "A pesar de que el clima errático y las temperaturas extremadamente altas aumentan las plagas y afectan a las cosechas, una combinación de métodos tradicionales innovados y manejo integrado de plagas, mediante cultivos intercalados y en multicapas está ayudando a los agricultores de dos distritos de India a afrontar estos impactos del cambio climático.

Los distritos de Ahmednagar y Aurangabad, en el estado occidental de Maharashtra, son regiones semiáridas del interior de India. El primero  se ubica en una zona propensa a la sequía y lluvias irregulares, mientras el segundo se ubica en la región de Marathwada, que directamente carece de agua.

La temperatura máxima media en esta parte de India es alta y la zona sufrió graves sequías en 2012 y 2014. Además salvo el Godavari, no hay ríos perennes en la región.

Como resultado, los agricultores lo pasan mal durante los meses del verano boreal, tratando de evitar que el suelo se agriete por el intenso calor. Las lluvias son erráticas, y las cada vez más intempestivas agravan la aparición de plagas.

Sin embargo, ambos distritos son líderes en la producción de legumbres, maíz y garbanzos.

Dado que estos cultivos son susceptibles a los pulgones y a los barrenadores de vainas, las altas temperaturas y las lluvias irregulares que ha traído el cambio climático han hecho que los agricultores recurran a un mayor número de productos químicos para controlar las infestaciones de sus plantas.

Pero una de las soluciones que han encontrado a estos problemas los productores de estos distritos ha sido el de la agricultura multicapa con métodos orgánicos naturales, la gestión integrada de plagas y los cultivos intercalados.

Y el éxito ya es perceptible entre los campesinos que han adoptado esta combinación de técnicas en sus parcelas, según comprobó IPS cuando se desplazó a varios asentamientos rurales desde Pune, una ciudad del estado de Maharashtra que es la séptima más poblada de India.

La reducción gradual de agroquímicos en sus explotaciones los últimos tres años, los agricultores optan ahora por la agricultura ecológica y natural, con la ayuda de los conocimientos técnicos de la organización no gubernamental  india Watershed Organization Trust (WOTR, Fideicomiso para la Organización de Cuencas Hidrográficas) y de los científicos de WOTR-Centro para la Resiliencia al Clima (W-CRES, en inglés).

El diseño incorpora una variedad de verduras y frutas plantadas en un espacio limitado. Esto significa utilizar árboles y plantas de distinta altura y tiempo de maduración diferente junto a otros, de modo que cada uno es interdependiente del otro.

Las plantas más pequeñas crecen bajo el dosel de los árboles altos y rinden bien, incluso cuando los árboles frutales altos se disparan hacia el sol. También se garantiza una sombra adecuada en los meses de verano para mantener las fincas frescas y propicias para el crecimiento.

El consumo de agua se mantiene al mínimo mediante un aspersor de lluvia que recorre la parcela.

El método también utiliza la gestión integrada de plagas para controlarlas mediante la elección de las plantas adecuadas en un grupo, y pesticidas naturales, sin utilizar ningún agroquímico.

Una gestión integrada de cultivos y plagas

Nitin Kumbhar, investigador principal de W-CRES, y Satish Adhe, investigador junior, explicaron a IPS en Pune, donde WOTR tiene su base, que la gestión integrada de plagas funciona a varios niveles.

“Opera a través de la elección de métodos naturales y orgánicos, trampas de feromonas naturales, cultivos intercalados (según una fórmula que hemos desarrollado), y el uso de fungicidas/pesticidas orgánicos que pueden ser fácilmente fabricados por los hogares agrícolas”, dice Kumbhar.

Se utiliza un diseño cuadrado simple, en el que los bananos se intercalan con la caléndula, el mango, el maíz y garbanzo negro (muy preciado en India), y las papayas se intercalan con la esa misma variedad negra de la leguminosa y guayabas.

Las cebollas, a su vez, se intercalan con jengibre; los tomates con espinacas y calabazas. El rábano se planta en una sola fila, mientras que la llamada calabaza de cresta, la hierba de limón (lemon grass) y el cilantro se cultivan en los flancos exteriores de las fincas.

El cilantro de tallo blando atrae a las plagas. Cuando es atacado, los tallos de cilantro afectados se desechan fácilmente. La caléndula destruye los nematodos (pequeños gusanos alargados) del suelo gracias a sus raíces alcaloides y protege los cultivos. También atrae a las polillas hembras que ponen huevos en la planta (dejando intactos otros cultivos). El maíz atrae insectos beneficiosos como el escarabajo mariquita, que se alimenta de los pulgones que destruyen los cultivos.

Esa gestión integrada de las plagas también incluye trampas de feromonas para atraer y matar a las más destructivas. Estas trampas pueden utilizarse contra insectos comedores de hojas, barrenadores de la vaina, cochinillas, pulgones, plagas chupadoras o moscas de la fruta.

Para todo ese sistema de cultivos controladores de plagas, es imprescindible que la plantación se haga en dirección norte-sur.  “Esto permite que los cultivos tengan acceso al sol durante todo el día”, precisa Kumbhar.

Una vez que los agricultores prescindieron de las variedades híbridas y optaron por las tradicionales, hubo menos crecimiento vegetativo y menos ataques de insectos.

“Parte del problema de las variedades híbridas es el mayor crecimiento vegetativo y los tallos más blandos. Esto hace que sean atractivas para que las plagas las ataquen. Las variedades tradicionales son más resistentes y pueden soportar las temperaturas extremas que ahora son comunes debido al cambio climático. Los agricultores no pierden fácilmente sus cosechas debido a los ataques de las plagas”, asegura Kumbha.

Cambios productivos en las fincas

La productora Dipali Bankar, cuya familia posee una granja de 1,5 hectáreas en Ambelohol, una aldea del municipio de Gangapur, en el distrito de Aurangabad. Miembro de Savita Bachat Gat (grupo de microfinanciación de Savita), Banjar utilizó sus ahorros para ampliar las variedades cultivadas en la parcela familiar, utilizando el modelo multicapa.

“Antes cultivábamos algodón de junio a octubre, Jowar en verano, soja y gandules en los monzones, garbanzos y cebolla en invierno. La escasa disponibilidad de agua limitaba nuestras opciones”, explicó a IPS la agricultora.

En febrero de 2020, “seguí el consejo de los expertos de WOTR y me dediqué a la agricultura multicapa en cuatro ‘gunthas (400 metros cuadrados de nuestra tierra)’. Plantamos papaya, moringa, bananos, mangos, guayaba, limón, higos, tomates, berenjena, chile y caléndula”, explicó a IPS.

A pesar del impacto del confinamiento y cierre de actividades que provocó la pandemia de covid-19, la familia ganó una suma considerable con las frutas y verduras cultivadas. Los Bankar tuvieron su primera cosecha de chiles en abril de 2020 y han vendido una cantidad considerable cada 15 días, con lo que la familia ganó el equivalente a unos 200 dólares hasta ahora.

La papaya madura en nueve meses, mientras que las plantas de banano dan sus frutos en ocho meses, y las preciadas hojas y vainas de moringa están listas en siete meses. Con las primeras cosechas de estos cultivos, los Bankar ganaron ya unos 2600 dólares.

Pese a que los mercados estaban cerrados por la pandemia, la familia consiguió vender en las tiendas de comestibles locales y utilizó el resto para el autoconsumo. El marido de Dipali, Devidas Bankar, consiguió vender parte de sus productos en Surat y Mumbai, adonde viajó una vez que se flexibilizaron las medidas que restringían la movilización.

Devka Desai, de la aldea de Ambelohol, también en el municipio de Gangapur, en  el distrito de Aurangabad, reconoció a IPS que fue muy escéptica sobre el cultivo en capas. Así que inicialmente experimentó con solo 100 metros cuadrados de su parcela, donde moringa, bananos, plantó papaya, limón, mango, higos, tomate, chile, berenjena, hierba de limón, espinacas, cilantro, y plantas de curry y acedera.

Pero las ganancias fueron tan sustanciales que pronto cambió su opinión sobre la agricultura multicapa.

Explicó que tan solo con la primera cosecha ella y su esposo, Krihna, ganaron más de 230 dólares y pudieron ahorrar.

Gracias a ese ahorro los Desai han podido dejar de alquilar los bueyes que usaban en la granja y ahora tienen una vaca y dos bueyes, con un forraje nutritivo y cultivado en su parcela, lo que ha ayudado a que la vaca produzca buena leche. “El ganado lo disfruta, como puedes ver”, dijo ella señalando a la vaca que devoraba el alimento en un cubo.

La familia decidió duplicar el terreno dedicado al cultivo en capas, contó la productora.

La productora Sangita Krishna Ballal y su familia se habían dedicado al monocultivo de algodón hasta hace poco. Pero ahora se sumaron a la agricultura multicapa, en unos 100 metros cuadrados de su finca, y los nuevos cultivos mejoraron de buena forma sus ingresos. Un gran éxito fue la hierba limón, que fabricantes de esencias aromáticas recogen en su finca.

Dipak Dattatraya Mandle y su esposa Mangal Mandle, de Mahandulwadi, en el municipio de Shrigonda, también en en el distrito de Ahmednagar, descubrieron que, aparte de otros logros, las caléndulas tenían especial éxito.

Muy usadas en las fiestas y rituales de India, estas flores anaranjadas superan los 2,6 dólares el kilo y durante la última temporada festiva, en septiembre y octubre, treparon hasta los 92 dólares.

Otro matrimonio, el de Kavita y Aruna Bhujbal utilizaron el dinero extra obtenido para comprar ganado.

“Ahora tenemos 20 cabras, además de nuestras dos búfalas, y siete vacas. Hemos vendido la leche a la central lechera local. La leche de cabra tiene una gran demanda”, dijo Aruna.

Otros campesinos desvían sus ingresos extras para diversificar sus opciones de subsistencia. Por ejemplo, Kausar Sheikh ha utilizado sus ganancias adicionales para ampliar su negocio de brazaletes, mientras que Mira Mahandule y Sangita Popat Birekar han empezado a criar cabras.

Una aplicación como ayuda

Para ello, la aplicación FarmPrecise, desarrollada por WOTR, ha sido de gran ayuda.

FarmPrecise, una aplicación multilingüe, ayuda a cada agricultor con consejos relacionados con la cantidad de agua, fertilizante, fungicida o pesticida que debe utilizar para cada cultivo y en qué intervalos. Los agricultores también reciben instrucciones sobre los brebajes orgánicos para estimular el crecimiento y mantener sus cultivos libres de plagas.

Por ejemplo, los agricultores utilizan harina de garbanzo, “jaggery (azúcar de caña tradicional no procesado, muy usado en India)”, estiércol y orina de vaca para fabricar un fertilizante orgánico. Para los pesticidas orgánicos utilizan también productos provenientes de cultivos tradicionales y desechos de su ganado.

Esta combinación de métodos tradicionales, probados en el pasado y ahora en el presente, y una muy moderna aplicación tecnológica está ayudando a los agricultores de esta parte árida de India a combatir y ganarle al cambio climático, el nuevo azote de la agricultura mundial."                 (Rina Mukherji |  , Rebelión, 21/04/2022)