4/3/13
La tarea de la ciencia social crítica es alumbrar las situaciones de injusticia estructural de las que los ciudadanos consumidores (del norte) se benefician
7/2/13
"La ética no es una colección de normas, es una sensibilidad"
Sí, tenemos un pensamiento mayoritariamente racionalista. La moral se ha entendido como la represión de los sentimientos, algo que había que dominar.
Pero ahora estamos en el otro extremo.
Totalmente. En un mundo en el que todo está en venta, el canal para vender son las emociones. Es muy fácil manipular a la gente con un lenguaje que toque la fibra emotiva, y se usa en política, en el mercado, en los medios de comunicación... Las emociones son importantes, pero no hay que caer en el culto a la emocionalidad.
Nos gobiernan.
Nos pueden arrastrar, lo cual tiene su parte buena porque nos llevan a actuar.
También puede ser malo.
Sí, el sentimiento es la base del comportamiento moral. No sólo hay que entender lo que es bueno y lo que es malo, hay que querer lo bueno y que te repugne lo malo, y eso es una emoción.
Has de sentirlo.
Sí, es como el fumar, todo el mundo sabe que es malo, pero el fumador sigue fumando hasta que revierte el sentimiento: el susto que te provoca un enfisema pulmonar te hace dejarlo. La ética no es una colección de normas, es una sensibilidad.
¿Por qué hay tanto corrupto y tanto desvergonzado?
Falta voluntad de hacer las cosas bien y falta un clima moral social que reconozca a las personas que cumplen y no a las que no cumplen.
¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
Es una consecuencia de la misma libertad, del progreso, al tener más posibilidades de elegir, cada cual debe tener lo que se llamaba fuerza de voluntad para reprimir lo que no se debe hacer, y más criterio.
Pero dice la ciencia que la raza humana ha progresado gracias a la cooperación.
Cierto, pero es muy fácil desviar la compasión y la cooperación hacia "lo que a mí me interesa". El ser humano es una mezcla de dos tendencias, por una parte es egoísta y por otra benefactor y compasivo. Equilibrar los dos aspectos es complicado.
¿La ética sin sentimiento se convierte en norma de colegio?
Son deberes escritos en algún sitio, sí. Ahora todo el mundo quiere hacer un código ético: las empresas, los ayuntamientos, ¿pero para qué sirve un código ético?
¿Para saltárselo?
O guardarlo en un cajón. Si no existe la voluntad, que es más sentimental que racional, no sirve para nada.
Igual lo que nos sobra es individualismo.
Dar valor al individuo ha sido un gran logro, los derechos humanos son derechos individuales, pero si lo único que hace el individuo es pensar en sus intereses y olvidarse de los demás, eso es la negación de la ética.
¿Por qué es más moral ser justo que injusto?
Esa es la gran pregunta filosófica, y no tiene respuesta. Platón lo planteaba así: ¿por qué el tirano (el injusto) es feliz, y el justo es desgraciado?
¿Alguna conclusión?
Platón hablaba del sufrimiento del tirano.
Casi todos los tiranos han muerto felizmente en su cama.
Yo diría que nos hemos inventado una palabra, justicia, que es positiva, que es buena y no hace falta darle más vueltas.
¿Cómo define la ética?
Como el intento de conseguir que las personas convivan de una forma amable, pacífica y sin destruirse unos a otros.
La ética tiene que ver con los demás.
Totalmente. La regla de oro de la moralidad la inventó Confucio: no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti; eso es la ética: pensar en los demás.
¿En nuestras democracias no hemos encontrado el equilibrio entre libertad y convivencia?
Así es. Por una parte la libertad es un gran valor pero por otra hay que construir un demos, un pueblo cohesionado, con objetivos comunes que no favorezcan a una oligarquía en detrimento de los demás, y encontrar ese equilibrio es lo que falla.
¿Con qué virtudes se queda?
El catecismo nombraba cuatro virtudes cardinales, que en el fondo son aristotélicas: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. En esta crisis las cuatro han fallado, no se ha sido prudente, no se ha sido justo: hay quien dice que las grandes desigualdades, ese uno por ciento muy rico frente a una gran mayoría miserable, es una de las causas de la crisis, y estoy de acuerdo.
¿Y la fortaleza?
Es la valentía, y ha habido muy poca para afrontar todo el caos que nos ha ido llevando hasta aquí. Y la templanza significa moderación, demasiada codicia.
¿Cuál cree que es la virtud fundamental que debe cultivar un político?
Hoy sin duda el coraje, para decir la verdad y hacer lo que tienes que hacer pese a las presiones internas, externas y a la impopularidad." (Entrevista a Victoria Camps,La Vanguardia, 04/02/2013)
21/1/13
Los chimpancés muestran un sentido de la justicia similar al de los niños
2/3/11
"¿Debería la UE plantear una intervención militar internacional (en Libia) que protegiera a las potenciales víctimas civiles?"
Para que eso sea así, tenemos que debatir sobre qué hacer para contribuir a acabar con las dictaduras, conformando un nuevo consenso internacional (del que la UE debería ser promotora principal) que impida a quienes las encabezan pensar que todo lo que sucede hoy es un sarampión que pasará mientras ellos permanecen. (...)
Empezando por el derecho de injerencia humanitaria, que la realidad ha situado de nuevo en escena. Ante actuaciones armadas como la de Gadafi contra su propio pueblo,
¿debería la UE plantear una intervención militar internacional que protegiera a las potenciales víctimas civiles?
¿Tendría que elevar esa propuesta al Consejo de Seguridad de la ONU y, aunque no la amparara, llevarla a cabo, con o sin aliados?
¿Sería eso compatible con el derecho internacional y la soberanía nacional y, aunque no lo fuera, prevalecería un imperativo moral que obligase por encima de otra consideración?
Mi respuesta es que ya lo hicimos en Kosovo y deberíamoshaberlo hecho en Ruanda. El derecho (o, si se quiere, la obligación) de injerencia humanitaria, ejercido con tanta prudencia como compromiso, debe estar siempre presente entre los instrumentos para impedir crímenes contra la humanidad.
Siguiendo por los acuerdos con terceros.
¿Tiene la UE que establecer nítidamente unos estándares de democracia y derechos humanos por debajo de los cuales no suscribiría ningún acuerdo o rompería los existentes?
¿Ha de limitarse a incluir una cláusula democrática que, a diferencia de la actual, se activaría unilateralmente a partir de una mayoría absoluta del Parlamento Europeo o de una cualificada del Consejo, compuesto por los Gobiernos?
¿Tales estándares han de ser efectivos en todo tipo de acuerdos, incluyendo los comerciales?
Mi opinión: aplicar el principio de solo hay acuerdo con libertades y activación de la cláusula democrática a través de las citadas decisiones por mayoría. Con un corolario: hacer más exigente y efectivo el Código de Exportación de Armas en vigor.
Continuando por las sanciones contra los dirigentes de los regímenes autoritarios.
¿Ha de apoyar la UE de forma mucho más activa la persecución penal de los criminales contra la humanidad?
¿Tiene que elaborar la UE una lista de los que considera que pueden ser acusados de serlo y de otros dictadores, con o sin decisión de la ONU, de forma que no les conceda visados y les confisque sus bienes, acordando con otros Estados hacer lo propio (incluyendo Estados Unidos o Suiza) o enfrentándose políticamente con quienes no sigan esa línea?
Mi parecer: sí.
Terminando por las relaciones diplomáticas de la UE (y sus miembros).
¿Se pueden mantener con regímenes autoritarios, aplicando la doctrina de que se tienen relaciones con Estados, no con Gobiernos?
¿Debe reconocerse a la oposición democrática un estatus público y notorio que favorezca su credibilidad y su visibilidad?
Mi criterio: sí a aquella doctrina para poder influir y consideración de la oposición como interlocutor oficial.
En la práctica, lo que está pasando en el Mediterráneo nos permite y, al tiempo, nos obliga a retomar una discusión viva sobre la prevención de conflictos en la década de los noventa, a partir del genocidio en Ruanda y de la guerra en Bosnia, que la invasión de Irak promovida por George Bush en 2003 contribuyó a hacer desaparecer. (CARLOS CARNERO: Con la democracia, a calzón quitad. El País, 01/03, 2011, p. 27)16/11/10
Justicia... sus males... españoles
R. Quiero que sea una estructura de reflexión sobre la necesidad de reinventar la justicia.
P. ¿Cuál es la mayor barbaridad que ha visto en su profesión?
R. Barbaridades he podido ver algunas importantes. Pero lo que más me ha inquietado es la falta de humanidad y la burocracia. (...)
P. Cuando dio la batalla contra las astillas se quedó sin funcionarios en el juzgado. ¿Tan amplio era el pringue?
R. Sí. Pero aquello pasó, vino nueva gente, y ahora hemos conseguido que la justicia sea limpia.
P. ¿Ya no necesitan astillas porque ahora todos tienen calefacción?
R. Ahora todos tienen calefacción. Las astillas no gustan ya. Cuando se lucha bien contra la corrupción, esta se hace odiosa.
P. De niña pagó una bula para comerse los viernes un bocata de chorizo. ¿No era como una astilla a la Iglesia?
R. Supongo que sí. Lo que pasa es que no era algo oscuro, era muy oficial, del Vaticano.
P. Aboga porque no casen los jueces, sino un cuerpo de casamenteros. ¿En cuál de sus compañeros piensa como Celestina?
R. Pues esa función no lo sé. Pero lo de casamentero sí sería útil, porque ahora la gente no se puede casar por las tardes, ni los fines de semana. A lo mejor era una oportunidad para que hubiera un cuerpo de magistrados jubilados casando a la gente." (MANUELA CARMENA Magistrada: "Mis monjas me enseñaron a ser valiente". El País, 14/11/2010, última)
20/1/09
¿Somos culpables por la guerras? ¿Inocentes?
Emmanuel Lévinas, en una de sus lecciones talmúdicas, habló de las ciudades refugio. Eran lugares en que podían cobijarse quienes habían matado a alguien sin quererlo. Su acción había sido involuntaria, por lo que no podían ser condenados, pero necesitaban protegerse de los amigos o familiares del muerto. Eso era una ciudad refugio, un lugar donde se recibía a los que, no siendo culpables, tampoco eran enteramente inocentes. Lévinas pensaba que Occidente podía verse como una de esas ciudades refugio.
Puede que no seamos culpables de las cosas que ocurren a nuestro alrededor, pero tampoco somos inocentes de ellas. No deberíamos olvidar esto, a riesgo de caer en lo más terrible: la indiferencia ante el dolor de nuestros semejantes." (GUSTAVO MARTÍN GARZO: Los niños muertos. El País, ed. Galicia, Opinión, 18/01/2009, p. 35)