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19/10/23

Contra la cultura de la cancelación, crítica de la cosmovisión woke... “una actitud cada vez más frecuente que consiste en retirar el apoyo, ya sea moral, económico, digital o social, a aquellas personas u organizaciones que, independientemente de la veracidad [validez] de sus argumentos, no cumplen con las expectativas de un sector de la sociedad que, en ese momento, ostenta cierto poder y lo ejerce limitando, con su intento de silencio al otro, la libertad de expresión. O sea cancelándolo”

 "Para abrir el apetito lector y como paradigma de las consideraciones críticas de Carmen Domingo: “Quizás la cancelación que ha sido más virulenta en los últimos tiempos ha sido la que ha sufrido el feminismo de la mano de la izquierda posmoderna y su teoría del género, o teoría queer […] lo que no podemos perder de vista es el efecto colateral más evidente del predominio del género frente al sexo y a que eso determine, en realidad, lo que eres: el borrado de las mujeres”.

Componen el nuevo (y muy recomendable) libro de la autora de Con voz y voto. Mujer y política en España entre 1913 y 1945 la introducción -“El comienzo de una idea”-, cuatro capítulos – “El nuevo macartismo: La cultura de la cancelación”, “Quema de brujas en el siglo XXI”, “Soy una víctima, luego existo”, “A por el fin de la Cultura de la Cancelación”-, un sucinto e informativo apéndice (“Diccionario de la Cancelación”), la bibliografía (¡afortunadamente incluye las Imposturas intelectuales de Sokal y Bricmont!) y las notas. Falta, sin ser esencial en este caso, un índice de nombres. Abren el libro dos citas -Ray Bradbury, Bertrand Russell- y una ilustración de María Torre Sarmiento.

 Estamos ante un libro en el que la autora habla del impacto de la Cultura de la Cancelación en Occidente, una cultura que está haciendo mella en la que llama izquierda posmoderna de nuestro país, “una actitud cada vez más frecuente que consiste en retirar el apoyo, ya sea moral, económico, digital o social, a aquellas personas u organizaciones que, independientemente de la veracidad [validez] de sus argumentos, no cumplen con las expectativas de un sector de la sociedad que, en ese momento, ostenta cierto poder y lo ejerce limitando, con su intento de silencio al otro, la libertad de expresión. O sea cancelándolo”.

Domingo construye su crítica con fuerza argumentativa y con excelente prosa, una prosa que atrapa al lector o a la lectora desde la primera página, al tiempo que ilustra sus agudas e informadas críticas con sorprendentes ejemplos, sobre los que nos advierte: “Solo puedo añadir que todos y cada uno de los ejemplos que doy son ciertos por más que, por momentos, puedan parecer invenciones. La bibliografía y la hemeroteca confirman que la realidad, una vez más, supera con mucho a la ficción”. Uno de los más citados: el de J. K. Rowling y las presiones a las que se vio sometida por declarar su apoyo a Maya Forstater, una investigadora inglesa que fue despedida por haber tuiteado que, en términos biológicos, una mujer sigue siendo una mujer aunque se sienta y declare hombre.

Algunas de las tesis o posiciones centrales de Domingo:

1. La Cultura de la Cancelación no es, desde luego, algo asociado a la modernidad. “El hecho de ‘cancelar’ a alguien por lo que piensa existe tiempos inmemoriales”.

2. Pero la llamada Cancel Culture – “denunciar a personas, obras e instituciones de tener un comportamiento, a juicio de quien lo critica, inadecuado”- es consecuencia de un fenómeno reciente: “nace en Estados Unidos hace unos cuarenta años y ha ido creciendo y cogiendo fuerzas con su popularización en redes sociales y con la posibilidad de ejercer el anonimato en las mismas, dando un poder a los usuarios que no se había visto antes”. Y de las redes ha soltado a todas las áreas sociales e incluso a la Universidad, que, en opinión de Domingo, ha pasado en menos de cincuenta años de “ser centro del saber y la discusión a ser centro del pensamiento único desde el que, justamente, se aplica la reprobación”. De hecho, a día de hoy, los ejemplos más llamativos provienen de los EEUU y de muchas de sus universidades (Domingo hace referencia a la buena reacción que representa la declaración de las Universidades de Stanford y Chicago de 2022 con el título Restoring Academic Freedom) y, por lo general, añade, “de las universidades que se encuentran en los estados más demócratas”, es decir, con mayor poder institucional del Partido Demócrata USA.

3. Los canceladores, observa Domingo, “presumen de abanderar la lucha en defensa de necesitados y oprimidos y ejercen presión en nombre de LA justicia, o, en puridad, de SU justicia”. Surge de este modo una paradoja: “la paradoja de que el cancelado -hablamos de minorías- se convierte en el opresor y, lo que sorprende más, que las minorías no quieren ser integrados en la mayoría, sino, por asombroso que parezca, mandar sobre ella y acabar cancelándola”.

4. Estaríamos ante una policía del pensamiento que no emana de un estado sino de la propia sociedad, “de sus sectores más jóvenes y progresistas [personas nacidas a partir de los noventa] que a su vez forman parte de otro movimiento, el woke, entendiendo con ello que, como dice el verbo inglés, al estar despiertos, son más sensibles a la aplicación de la justicia”. En realidad, apunta críticamente Domingo, a su idea de la justicia, “por cuya bandera acaban actuando como inquisidores, o sea, de forma injusta”.

5. ¿Quiénes son? Se trataría de jóvenes, de generaciones hiperconectadas a través de las redes sociales que presumen de alta conciencia social. Jóvenes que “se creen comprometidos con esa izquierda identitaria y de minorías, por lo general relacionados con movimientos antirracistas, LGTBIQ+… e incluso infiltrados en el feminismo posmoderno, pero que han olvidado por completo, o desconocen, los valores de la izquierda”. Jóvenes, de tipología múltiple y variada, entre los que existe como nexo de unión una línea ideológica canceladora que se asocia a una izquierda posmoderna que “ha pasado de preocuparse por la igualdad y las necesidades sociales -trabajo, sanidad, educación-, a centrarse en las minorías”.

6. La praxis de estos colectivos de jóvenes, con redes de influencias cada vez mayores, consiguen que sus “conspiraciones tengan cada vez más fuerza en no pocos casos hasta lograr afectar a la vida intelectual y artística de la sociedad en su conjunto”.

Por qué ideas disparatadas, y en muchos casos crueles, se pregunta Domingo, encuentran tanto en eco en ciertos grupos sociales. Su hipótesis: “la eliminación de las Humanidades, entre las que se encuentran la Filosofía y la Historia en los programas de enseñanza, asignaturas que fomentan el pensamiento crítico, facilita la deglución sin análisis de las causas que apelan a la emoción y destierran la razón”.

Uno de sus llamativos ejemplos de cancelación: “recientemente, en algunas librerías parisinas se ha intentado cancelar a la reciente Premio Nobel, Annie Ernaux, porque, decían, era antisemita, por su posición frente al problema palestino”.

Ni que decir tiene que las críticas a lo woke provienen también de la derecha, incluso de la derecha extrema. No es esa la posición de Domingo: “También han criticado la penetración woke el presidente del Partido Conservador británico Oliver Dowden y Boris Johnson. Lo curioso es que la crítica a lo woke, y lo que significa empaña las necesidades reales de la izquierda y por lo que esta debería pelearse. Y así, de nuevo, el postureo woke maquila en primer lugar, para pasar a olvidarse de las necesidades reales, del trabajo, la educación, la sanidad y las obligaciones del estado para con sus ciudadanos”.

No hay, por supuesto, en las venas y arterias de la escritura de Domingo ni una sola gota de transfobia. Con sus palabras: “Nada tenía, ni tiene, que ver la falta de libertad de expresión con la posibilidad de que las minorías irrumpan en el debate público y alcen su voz”. En no pocas ocasiones, recuerda, “sus reivindicaciones se han traducido en una mejora de la convivencia y del respeto a distintas opciones vitales, como el matrimonio homosexual o la igualdad de derechos laborales entre hombres y mujeres con independencia de su origen y condición, entre otras muchas”. Pero, para Domingo, “formar parte de una minoría no te da la razón, ni ejercer el activismo desde una supuesta izquierda garantiza, per se, que se actúe y se piense correctamente”. Para la autora hemos de plantearnos “qué ha pasado para que desde la izquierda, que antes trataba de integrar a todos los colectivos y de garantizar que no hubiese diferencias entre ellos, hoy baste con ser o sentirse un colectivo minoritario para conseguir una visibilidad y un poder muy por encima de la representación real e, incluso, la autoridad moral para excluir al resto. ¿Es esa la izquierda que queremos?”. La pregunta, desde luego, es retórica."                 (Salvador López Arnal , Rebelión, 23/09/2023)

24/9/23

Vattimo: Latinoamérica es el futuro deseable de Europa... comparado con Berlusconi que es un líder que trabaja para sí mismo, prefiero a los latinoamericanos que trabajan para el pueblo. Un poco más de jefismo, de jefatura, me parece importante... Otro aspecto de la política latinomericana que se debe tener en cuenta para la política europea es este, ponerle emotividad a la política... Imagine una mayoría electoral de izquierda en Europa, no tomaría el poder, porque estamos bajo una ocupación financiera y norteamericana. Hablar de un comunismo débil es interesante incluso desde un punto de vista político... Tenemos un desarrollo cientifico-tecnológico empujado al extremo con deshumanización de la vida de la gente, necesitamos el sóviet... El comunismo débil es un ideal de sociedad leninista, sóviet más electrificación

 "Pensador clave de la post-modernidad, Gianni Vattimo (n. 1936), titular de la cátedra de ‘Hermenéutica filosófica’ en la Universidad de Turín y autor de obras impactantes como El Pensamiento débil (1983) y La Sociedad transparente (1989), fue miembro del Partido Radical italiano y actualmente lo es de ‘Italia de los valores’ (movimiento liderado por el antiguo juez Antonio Di Pietro que se alió al Partido Demócrata de Luigi Bersani en las recientes elecciones legislativas). Vattimo es también, desde 1999, diputado en el Parlamento europeo.

En Turín (Italia), a cien metros del edificio de la Università degli Studi donde Antonio Gramsci estudió, y bajo los históricos soportales de la que fue capital de Italia y cuna de los Saboya, se encuentra la casa del filósofo y eurodiputado Gianni Vattimo. En un amplio salón, rodeados de libros y cuadros, charlamos con él. Entre nosotros, por encima de mi cuaderno de notas y mi grabadora, se pasea su tremendo y ronroneante gato. “Le permito todo tipo de licencias para compensar todos los abusos que solemos cometer los humanos con los animales”, me dice Vattimo. Hablamos sobre su más reciente libro Comunismo hermenéutico (Herder, 2012), escrito en colaboración con Santiago Zabala, pero también abordamos diversos conceptos acuñados en sus obras, como el ‘pensamiento débil’.

Pascual Serrano: ¿Dice usted que el ‘pensamiento débil’ es el que apoya a los débiles, puesto que pone en cuestión el caracter absoluto del poder establecido?

Gianni Vattimo: En efecto. En mi ensayo sobre el pensamiento débil afirmo que éste es el pensamiento de los débiles, lo cual me parece muy importante. Establezco una analogía entre el olvido del ser de Heidegger y el silencio de los sufrimientos de Lenin. Es como interpretar a Heidegger de una manera menos mística, porque se trata del silenciamiento de los débiles por los fuertes, que es de lo que habla Lenin en ‘el ser social sobre la historia’. Reflexionemos sobre esto, ¿quién es el enemigo del pensamiento débil? ¿los débiles? No, ellos no, los proletarios no. Cuando digo que no hay hechos sólo interpretación, ¿quienes son los escandalizados? Los poderes, obviamente. Funcionarios, científicos al servicio del poder, autoridades, el Papa, los cardenales... Todos ellos han estado siempre muy en contra del relativismo. Los proletarios son enemigos del pensamiento débil sólo en la medida en que necesitan una metafísica fuerte para luchar contra el poder, pero no son afectados negativamente por el pensamiento débil. En el proletario, el pensamiento fuerte es solo ideología, lo funcional para luchar contra el poder es el pensamiento débil más que una metafísica marxista ortodoxa.

P.S.: Usted afirma que, en los países progresistas de América Latina, ve el “espectro” del comunismo. ¿Por qué dice que las políticas de Chávez o de Morales son el ejemplo paradigmático de lo que usted denomina comunismo débil?

G.V.: Sí, se trata de un comunismo que no teoriza mucho sobre el materialismo, etc... Por ejemplo, Chávez era religioso. Se trata de estar del lado de los débiles sin adoptar metafísicas que se vuelvan autoritarias. Por eso escribí que Latinoamérica es el futuro deseable de la nueva Europa, lo que le falta a Europa es un contrapoder respecto al capitalismo financiero que nos domina. Ese contrapoder puede venir de un subcontinente como el latinoamericano donde se han reafirmado bastantes gobiernos frente a la dominación estadounidense: Cristina, Lula, Correa, Chávez, Morales... A nivel internacional interesa muchísimo a Europa que existan estos modelos, no solo por el papel de contrapoder que tienen en la geopolítica internacional, sino también porque son un socialismo que ha tenido sus resultados. ¿El gobierno de Chávez era socialista? Bueno, sí, en el sentido en que ha utilizado los recursos públicos en beneficio del pueblo. ¿Quiero decir con esto que se debería aplicar el chavismo en Italia? Por supuesto que no. Pero una cierta inspiración de líderes como Chávez, Castro o Morales es importante porque llama la atención sobre la necesidad de un jefe, yo soy partidario del jefe carismático. Berlusconi resiste, no sólo porque tiene dinero, sino porque se presenta como un jefe carismático. Incluso Monti quiso presentarse como una figura salvífica, venida de la providencia. El partido comunista italiano hoy no es nada, no hay líder. Justifico el liderazgo en el castrismo o en el chavismo porque, comparado con Berlusconi que es un líder que trabaja para sí mismo, prefiero a los latinoamericanos que trabajan para el pueblo. Un poco más de jefismo, de jefatura, me parece importante.

PS: ¿Ese renegar de los liderazgos puede ser un problema en los partidos de izquierda de Europa que propugnan direcciones colectivas o en movimientos como los indignados?

GV: Un partido sin jefe se convierte en una especie de difusión tecnológica del poder. Por ejemplo el programa. Cuando se discute del programa, se llega de nuevo a la idea de la objetividad racional infalible. El componente emotivo es importantísimo. Una de las características de la crisis política europea es la tecnificación del poder sin una individualidad. Ahí está el poder de los banqueros, tan neutral, tan impersonal que ni suelen ser conocidos. Otro aspecto de la política latinomericana que se debe tener en cuenta para la política europea es este, ponerle emotividad a la política.

P.S.: Pero frente al comunismo débil de Venezuela, podríamos decir que, en Cuba, hay un comunismo más fuerte y que, gracias a ello, ha podido sobrevivir al acoso de Estados Unidos.

G.V.: La situación cubana es comparable a la de Rusia después del 17. Cuba ha sido sitiada por el capitalismo norteamericano e incluso por la Unión Europea que sigue considerando a Castro como un enemigo. Se han desenvuelto en un comunismo de guerra.

P.S.: Quizás esa tesis de pensamiento débil pueda desembocar en un exceso de concesiones de la izquierda; pienso que, en la socialdemocracia, con su pensamiento débil ha terminado por igualarse con los partidos de la derecha neoliberal.

G.V.: Por eso yo sigo hablando de comunismo. La idea de hablar nuevamente de comunismo es fundamental. Debemos ser conscientes de la debilidad de los partidos de izquierda en Europa. Tal vez no se puede transformar la crisis en una actitud revolucionaria, pero hablar de comunismo débil supone, por un lado, reconocer que hoy en el mundo no se puede imaginar una revolución planetaria global porque nos matan inmediatamente. Digamos que lo de débil es una cuestión táctica y estratégica. Yo pienso en un comunismo más de oposición que de toma del poder inmediatamente, una especie de comunismo anarquista. Hoy no puedo imaginar una fuerza comunista que tome el poder en Italia, incluso cuando tuviese una mayoría electoral, porque estamos dentro de un sistema (Unión Europea, OTAN...) que nos impide todo, pero podemos resistir, mediante luchas locales, a un desarrollo capitalista que nos lleva a la autodestrucción. Por ejemplo la campaña NO TAV (Tren de Alta Velocidad). Son luchas que no nos permiten tomar el poder, pero sí limitar el poder. En esto el comunismo débil sería como el Partido Comunista en Italia en los años 1950 y 1960, que nunca llegó al poder, pero impedía a la Democracia Cristiana hacer cosas que después ha hecho el Gobierno de Monti o el Gobierno de Berlusconi. Yo creo que eso es un problema de visión estratégica mundial que, en este momento, se aprecia en la situación italiana, pero igual en Europa. Imagine una mayoría electoral de izquierda en Europa, no tomaría el poder, porque estamos bajo una ocupación financiera y norteamericana. Hablar de un comunismo débil es interesante incluso desde un punto de vista político. No nos interesa ya describir sociedades ideales. ¿Qué sacamos con eso políticamente? El comunismo débil es un ideal de sociedad leninista, sóviet más electrificación. Ahora solo tenemos electrificación y no sóviet. Tenemos un desarrollo cientifico-tecnológico empujado al extremo con deshumanización de la vida de la gente, necesitamos el sóviet. El comunismo puede ser el único horizonte mitológico que mueva a las masas en este momento. Por un lado, el comunismo es el único ideal posible que se puede agitar hoy para abrir el discurso político de las masas; por otro lado, debe ser débil porque una izquierda mundial no funciona, puede funcionar una multiplicación de los conflictos de base. Incluso a Latinoamérica, no la imagino como una unión regional de izquierdas, sino una multiplicidad de Estados nacionales que se unifican a un nivel de oposición al mundo yanqui, que llevan posiciones resistentes a la ONU, etc.

P.S.: ¿Cómo se podría avanzar entonces en Europa, en España, en Italia hacia ese ‘comunismo hermenéutico’?

G.V.: Con la multiplicación de los conflictos sociales. Desafortunadamente es exactamente lo que un partido que va a las elecciones no puede prometer. No puede un partido político presentarse con un programa que promete la lucha. Todos tienen que prometer el establecimiento de la normalidad, orden, la tranquilidad para las familias, los ahorradores, los accionistas. Pero yo pienso que la única forma de desarrollar una política diferente en Europa sería intensificar las luchas sindicales en contra del poder existente. Me imagino más una intensificación de la vitalidad de base que el cambio desde arriba. Necesitamos siempre el Parlamento y la calle. Los dos. Si adoptas la idea de que vamos a votar cada cinco años y listo, mal. Yo no reniego del objetivo de conseguir mayorías electorales, pero eso se consigue con una lucha continua, sino, esto se duerme. Por otro lado, las izquierdas tienen un instinto suicida terrible, porque como creen más, se van hacia los cismas, las escisiones.

P.S.: ¿Y sobre la situación española? ‘Indignados’, 15-M...

G.V.: La sociedad española sigue siendo una sociedad que no es progresista. Los ‘indignados’ son un poco como Beppe Grillo, debemos plantear si necesitamos un partido un poco más indignado que los otros o tenemos que permanecer indignados hasta el final. Yo pienso que hay que mantenerse indignado hasta el fin, pero viendo la situación de Grillo en Italia, creo que deberían ser más pragmáticos para conseguir algo en el Parlamento. La calle sigue siendo importantísima. Pero yo quiero conquistar un poco más de poder en el Parlamento, y por otro lado, agitar muchísimo los conflictos de base. Los ‘indignados’ sirven para esto último, pero debemos utilizar también el brazo parlamentario.

P.S.: En su libro habla del proyecto político revolucionario de la hermenéutica frente a la política metafísica.

G.V.: Cuando escribimos el libro, el gobierno técnico italiano de Mario Monti no existía pero se confirmó que era reaccionario, conservador del capitalismo y fundado en una pretendida neutralidad de la ciencia económica. Todo esto es una manera de actualizar el discurso de Heidegger. Cada vez estoy más convencido que la política antitecnicista de Heidegger es la política anticapitalista de hoy. La ciencia liberadora que pudo suponer Galileo o Newton ahora se ha vuelto integrante del orden capitalista, no por mala intención de los científicos, sino porque, hoy, para la ciencia se necesita mucho dinero, del Estado o de las empresas privadas. Eso de que la ‘ciencia es la verdad’ es una traición positivista convertida ahora en orgánica al poder. Véase la política europea, siempre se reclama de un ‘conocimiento objetivo’ de los hechos que ayuda a la conservación. Como yo pienso que eso hoy es escandaloso, y a mi me gusta ser provocativo, hemos elegido como subtítulo del libro, “de Heidegger a Marx”. El comunismo, como política revolucionaria actual, no puede ser marxista en el sentido clásico con todo su componente estalinista y positivista de la ‘tradición’ marxista: el realismo, la pretensión de que la clase obrera revela el sentido de la historia... A mí no me parece que sea así. Sobre todo en el Occidente de hoy, donde la clase obrera cambia. Hay un mundo de excluidos que pueden ser obreros, precarios, parados, que no se pueden interpretar como una clase obrera homogénea. Yo creo en la lucha de clases pero ya no sé de qué clases estamos hablando.

P.S.: Usted dice que la invasión de Irak en 2003 y la crisis bancaria de 2008 son los ejemplos paradigmáticos del fracaso de la política metafísica ¿podría explicarlo?

G.V.: La metafísica cree mucho en la democracia formal, pero es poco democrática y mucho formal. Irak fue el ejemplo de una política que se sentía legitimada por el ‘conocimiento objetivo’ de valores: nosotros somos mejores que ellos porque somos democráticos, tenemos elecciones... Los iraquíes tienen el derecho humano a ser democráticos y a ser bombardeados por los estadounidenses. Por otro lado, el rescate financiero presentaba, de forma absoluta, una pretendida base científica, decía que esa era la única opción. Aunque en algunos momentos he tenido dudas en mi heideggerismo antitecnicista y antipositivista, en los últimos años me siento confirmado absolutamente en esta posición al ver el fundamentalismo de los que se llaman ‘gobiernos técnicos’. Reconozco que hablar de una política metafísica es una terminología un poco especializada, pero nos permite detectar mejor la conexión entre el cientifismo y el capitalismo.

P.S.: ¿Y esta crítica no puede conducirle a renegar de la Ilustración incluso?

G.V.: La Ilustración era la reivindicación de los derechos naturales. Cuando se reivindican derechos naturales en contra del poder existente, estoy de acuerdo, pero cuando la revolución tiene éxito surgen los derechos de los que detentan el poder, por ejemplo el Papa, que se adscribe un derecho natural sobre los católicos, y se pasa de una metafísica revolucionaria a una metafísica conservadora. Todo el discurso de la Ilustración siempre se fundó sobre una fe en la razón humana, universal, que se reveló al servicio del poder colonialista primero y capitalista después. Yo estoy con el derecho natural cuando es revolucionario, cuando es más de clase que la razón universal. Cuando los proletarios utilizan el derecho natural para hacer la revolución estoy de acuerdo pero cuando se convierte en la fe del orden mundial, como hizo George W. Bush –nosotros somos los buenos y ellos los malos–, estoy en contra."                 

(Entrevista a Gianni Vattimo, Pascual Serrano, Le Monde Diplomatique, mayo de 2013)

6/9/23

Los errores de la izquierda en su batalla cultural... la izquierda se dedicó a explotar las cuestiones identitarias, que además quedaban muy vistosas en mítines e imágenes televisivas, para poder captar votos: movimiento LGTB, racializados, discapacitados, multiculturalidad… al final, ni siquiera esos sectores identitarios les han apoyado, porque se ha demostrado que para muchos de ellos su identidad sexual, su raza o su religión no era tan prioritario como creían en la izquierda... en el barrio madrileño de Chueca, icono del colectivo LGTB, ganó el PP, como está sucediendo en todas las elecciones... Es decir, mientras la izquierda, en su intento de presentarse como moderna, multicultural y tolerante, llenaba sus escenarios y presentaba como valor electoral de sus candidatos su raza o religión foránea o su orientación sexual no tradicional, que se desplazan en bicicleta y llevan dieta vegana; la derecha se quedaba con el regalo de reivindicar la identidad tradicional, agredida, humillada y ridiculizada, según su discurso, por ser heterosexual, blanca, comer carne y viajar en un coche diesel... la izquierda ha abrazado muchas batallas culturales, netamente de urbanitas acomodados, que no podían ser comprendidas por amplios sectores sociales, y que le han dejado un campo abierto a la derecha y ultraderecha. Una operación de defensa del mascotismo defendiendo que no se pueden dejar los perros atados esperando frente al supermercado o solos en el balcón, que los cazadores no pueden cruzar a sus animales de caza o que había que hacer un curso para tener una mascota, resultaba ridículo para una gran parte de la sociedad, en fechas en los que los alimentos subían un 15% (Pascual Serrano)

 "La izquierda se ha estrellado en las recientes elecciones. Muchas pueden haber sido las razones, y muchos los análisis e interpretaciones que se han hecho y se seguirán haciendo. Nosotros vamos a centrarnos en los errores de los marcos de debate impuestos por la izquierda y de la batalla cultural. Igualmente intentaremos mostrar cómo se ha regalado a la derecha y la ultraderecha muchos elementos que le han permitido cabalgar electoralmente.

 El resultado electoral de las pasadas elecciones municipales y autonómicas depende, como es lógico, de muchos factores. Nosotros nos vamos a detener solo en uno, en qué medida los temas de la agenda mediática logran condicionar a los electores. Es decir, qué asuntos terminan siendo importantes fruto de los medios de comunicación y cuáles son los promovidos por los líderes de la izquierda como centrales de su agenda informativa.

La agenda setting

Es de sobra conocido, que si imponer desde los medios una ideología no es fácil, sí que es más viable imponer la denominada agenda setting, es decir, los asuntos que las audiencias van a considerar más o menos importantes.

Veamos un ejemplo. Cuando las encuestas preguntan qué asuntos del país preocupan más a los ciudadanos, la respuesta es diferente a cuando, a continuación, les preguntan, qué temas les preocupa a ellos personalmente. En el primer caso se dejan llevar por los problemas impuestos por la agenda setting (terrorismo, inseguridad ciudadana…) y en el segundo por los reales que les acechan todos los días (desempleo, sanidad…).

De modo que, cuando se acerca una cita electoral, todos los poderes en liza intentan imponer sus agendas: los mediáticos por un lado, y cada partido político por otro. Pueden conseguirlo o no, pero también, en el caso de los partidos, puede que se hayan equivocado a la hora de apostar por los temas de agenda estrella. Especialmente los denominados guerra cultural.

Explotar las cuestiones identitarias

Por ejemplo, en esta campaña hemos comprobado cómo la izquierda se dedicó a explotar las cuestiones identitarias, que además quedaban muy vistosas en mítines e imágenes televisivas, para poder captar votos: movimiento LGTB, racializados, discapacitados, multiculturalidad…

 El momento más surrealista fue cuando, en el mitin de Valencia, la ministra Irene Montero dice que la candidata de Podemos a la alcaldía de la tercera ciudad del país es la más adecuada porque es bollera, sorda y feminista. Sin tener nada en contra de esas características, no parece un argumento de validez política.

Mientras, en Chueca, triunfaban en redes las performances de personas trans contorneándose en el escenario al tiempo que los candidatos de Más Madrid o de Unidas Podemos aplaudían el ritmo de la música. Todas las candidaturas de izquierda exponían candidatos de raza negra o mujeres con hiyab como muestra de multirracialidad y multiculturalidad.

Heterosexuales aburridos

No se trata de que nos parezca mal que todos los elementos anteriores se incorporen a la propuesta política, el problema es cuando los conviertes en tu principal patrimonio de guerra cultural y en tu agenda mediática electoral, o el único mérito para aspirar a recibir un voto.

Incluso si en tu desorientada defensa de esas minorías no se te ocurre otra cosa que decirle a una periodista “No hay nada más aburrido que una reunión de tíos heterosexuales”. Es lo que dijo Yolanda Díaz en una conversación/entrevista con Jorge Javier Vázquez.

¿Existía alguna forma más clara de dejarle a la derecha el regalo de la defensa de los heterosexuales que llamarles gratuitamente aburridos? ¿De verdad hacía falta eso para defender los derechos de los colectivos homosexuales?

Ayuso y la libertad

Mientras tanto, la derecha, como bien demostró Ayuso, apostó por la apropiación del término “libertad” que, como todos sabemos, en el capitalismo, solo consiste en hacer lo que te permita tu dinero. Ponía en la agenda las okupaciones de vivienda. Que serían mentira, pero tampoco se entiende que desde la izquierda combatieran las propuestas demagógicas de la derecha si, de verdad, no había, tanta okupación.

La derecha denunciaba una subida del precio de los alimentos, que era verdad, apelaban a elementos culturales mucho más eficaces, como la identidad e integridad de España, los valores tradicionales que, en lugar de ir superándolos por la izquierda, están siendo simplemente ridiculizados y humillados.

La gran paradoja es que al final, ni siquiera esos sectores identitarios que centraron el discurso de la izquierda les han apoyado, porque se ha demostrado que para muchos de ellos su identidad sexual, su raza o su religión no era tan prioritario como creían en la izquierda. Yolanda Díaz dijo:

“No entiendo que un gay vote a la derecha”. Y Alberto Olmos le respondió con lucidez. “A diario veo camareros, conductores de autobús, camareras, conductoras de autobús, un panadero. Las cajeras del Día. Las cajeras del Ahorra Más. Y veo clientes en esos supermercados, por cientos en ocasiones. Pero ninguno hace la compra como gay».

Esto es así porque la orientación sexual hacia personas del mismo género no ocupa el cien por cien del tiempo de las personas cuya orientación sexual se dirige hacia personas de su mismo género. No llevan un cartel, un discurso, una banderita siempre.

La frase de Yolanda es verdaderamente triste. Si eres gay, no votas a la derecha: a la derecha la votas si eres de derechas, y miren por dónde hay gays de derechas.

En Chueca ganó la derecha

Y tanto que los hay, en el barrio madrileño de Chueca, icono del colectivo LGTB, ganó el PP, como está sucediendo en todas las elecciones.

 Como señaló Jorge Alemán en la revista argentina Página 12, “en los tiempos actuales de fragilidad y desamparo de los sujetos, e insisto con esto, más allá de lo económico, las derechas saben que incluso los sectores más vulnerables exigen identificaciones fuertes, que se encarguen de ocultar tanto la división en antagonismos que constituye a lo social como la propia fractura inaugural del sujeto en los seres hablantes. Para esta operación la Ultraderecha es la agenda de promoción de un «yo fuerte». Un imaginario que por arcaico que sea, por anacrónico que parezca, prometa una identidad sin fisuras”.

La derecha se apropia de la identidad tradicional

Es decir, mientras la izquierda, en su intento de presentarse como moderna, multicultural y tolerante, llenaba sus escenarios y presentaba como valor electoral de sus candidatos su raza o religión foránea o su orientación sexual no tradicional, que se desplazan en bicicleta y llevan dieta vegana; la derecha se quedaba con el regalo de reivindicar la identidad tradicional, agredida, humillada y ridiculizada, según su discurso, por ser heterosexual, blanca, comer carne y viajar en un coche diesel.

Lo peligroso es que tampoco parece que se haya aprendido tras ver los resultados. El comunicado de Izquierda Unida habla de la necesidad de «desplegar sentimientos movilizadores». Como ha señalado Elisa Beni, “¿Más sentimiento, más emociones y menos gestión es lo que proponen? ¿No ven que precisamente ha sido su transformación en izquierdas identitarias, alejadas de la tradicional postura materialista que las impregnaba, lo que les ha arrastrado a la derrota?”

 Logros sociales del gobierno

Es verdad que el gobierno de coalición ha logrado objetivos sociales y económicos impensables en un gobierno de derecha: aumento de las pensiones, subida del SMI, ERTES para garantizar ingresos a muchos sectores durante la pandemia, mejoras en la contratación laboral.

Pero no nos engañemos, muchas de esas medidas sociales no han sido tan exitosas como intentaron vender. Y eso los electores lo han comprobado. El Ingreso Mínimo Vital no ha funcionado, ha llegado a muchas menos personas de las que lo necesitan, se calcula que solo llega a la quinta parte de la población que vive bajo el umbral de la pobreza. No deberían existir las colas para conseguir comida si esas personas tuvieran asegurado un ingreso de 565 euros al mes. 

 Los ERTES tampoco ayudaron a muchos empleados de la hostelería que estaban contratados por pocas horas de jornada aunque trabajaran la jornada completa, de modo que se encontraron en la pandemia con unos ingresos menores de los que le correspondían porque no habían cotizado por jornada completa.

Regulación del precio del alquiler

La regulación del precio del alquiler no convence a nadie, entre otras cosas porque se encuentra en una ley de rango nacional que establece que esa regulación se debe aplicar en unas zonas que deben ser previamente calificadas por las administraciones autonómicas. Es decir, no es aplicable por el gobierno que la ha aprobado.

Otras medidas sociales que se aireaban no han sido capaces de aplicarlas ni la sociedad veía cómo hacerlo. Es el caso de la limitación del precio de los alimentos básicos que nunca se hizo. No bastaba con denunciar que el dueño de Mercadona se está haciendo rico, había que mostrar la viabilidad de una medida de limitación de precios.

Y todos recordamos que los dos casos de topes de precios que se han aplicado, a las mascarillas y a los test de covid, se les estableció un precio limitado que terminó siendo superior al que las empresas terminaron vendiéndolo. En Portugal los supermercados vendían los test más baratos que en España sin que hubiera ninguna limitación de precio gubernamental.

Con la derecha hubiera sido peor

Por supuesto que si hubiera gobernando la derecha todo lo anterior hubiera sido peor. Pero eso no basta para conseguir que los ciudadanos te apoyen como mal menor. Hace mucho que en España no se vota a favor de alguien, sino en contra de alguien. Se vota a la contra, se vota para castigar. Recuerdo el eslogan electoral que adoptó Herri Batasuna en unas elecciones europeas y que le resultó muy exitoso: “Donde más les duele. Vota HB”. Por eso muchos electores han votado encabronados contra el gobierno sin pararse a pensar que la alternativa va a ser peor.

Contra el oligopolio de los medios de comunicación

Otro de los errores de la cosmovisión mediática de la izquierda ha sido embarcarse en una cruzada de denuncia de los medios de comunicación responsabilizándoles de todos los males que azotan a esa izquierda.

La existencia de un oligopolio mediático controlado por las grandes empresas es una realidad incontestable, el sesgo informativo generalizado a favor de los poderes establecidos es indiscutible, pero centrar en ello una campaña electoral, desplazando propuestas sociales o denuncias de otras injusticias, es dejarle un gran campo de discurso a la derecha.

 Si se quiere combatir el oligopolio se deberían haber hecho propuestas de reforma durante la legislatura, no bastaba con llorar durante la campaña electoral por la desigualdad de acceso a los medios y su sesgo informativo. Eso no sirve para convencer del voto pocos días antes de las elecciones, sirve para justificar tu derrota.

Mascotismo y culpabilización ecológica

Por último, la izquierda ha abrazado muchas batallas culturales, netamente de urbanitas acomodados, que no podían ser comprendidas por amplios sectores sociales, y que le han dejado un campo abierto a la derecha y ultraderecha.

Una operación de defensa del mascotismo defendiendo que no se pueden dejar los perros atados esperando frente al supermercado o solos en el balcón, que los cazadores no pueden cruzar a sus animales de caza o que había que hacer un curso para tener una mascota, resultaba ridículo para una gran parte de la sociedad, en fechas en los que los alimentos subían un 15%, . Y, lo que es peor, suponía un caramelo para la derecha que avanzaba en el mundo rural.

O un discurso medioambiental centrado en culpabilizar a los que comen carne, tienen un coche diesel o no reciclan usando cuatro contenedores en sus cocinas de cuatro metros cuadrados.

Otro caramelo para la derecha, que hace bandera de comer carne o comprende a los habitantes rurales de clase humilde que solo disponen de su coche de diez años para desplazarse a la ciudad.

En conclusión, la izquierda ha perdido la batalla cultural y mediática. Es verdad que el panorama de los medios es adverso, siempre lo fue. El problema es que los marcos en los que la propia izquierda ha situado los debates han sido erróneos, han supuesto regalos culturales para la derecha y un sentimiento de orfandad para grandes sectores sociales de la izquierda, que no se reconocían en esa agenda."                 (

4/8/23

En defensa de Najat... Espero que nuestro reciente alcalde no ceda al chantaje de los posmobeatos con los que nos toca convivir en Barcelona y que la mantenga como pregonera... desprecio tanto a los fachas que censuran a Virginia Woolf, como a los fanáticos que en nombre del colectivo LGBT o de la religión quieren silenciar a Najat (Carmen Domingo)

 "¿Ahora queréis vetar a Najat El Hachmi para que no pueda hacer el pregón de la Mercè?” se preguntaba el otro día Quim Monzó en Twitter y añadía: “Los islamistas institucionales, del brazo de los que no toleran ninguna crítica al discurso oficial trans sobre el cambio de sexo en menores cada vez dais más risa”. No ha habido muchos tuits de personajes de la cultura en defensa de la Premi Ramon Llull, Premi Nadal y Premi Ciutat de Barcelona, en cambio sí unos cuantos en su contra. La primera queja llegó desde el Observatorio contra la Homofobia y, a partir de ahí, se sumaron diputadas de ERC, la CUP y colectivos de JxCat pidiendo que se sustituyera a la pregonera (sería más correcto decir cancelara). Pongámonos en antecedentes. Hace unos días Najat el Hachmi fue elegida por el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni (PSC), como pregonera en las próximas fiestas de la Mercè.

 La elección de la escritora está más que justificada, pero por si fuera poco aglutina una serie de características que justificarían su elección a los ojos de los mismos posmos que se quejan: es racializada, emigrante (procede de Marruecos) y mujer. Sin embargo, Najat tiene un “pequeño problema” y es que no está dispuesta a comulgar con ruedas de molino y es feminista. Lo que implica, claro está, que considera el uso del hiyab un símbolo de opresión y no solo eso, también tiene una visión crítica sobre la religión en general y el Islam en particular, además de que está en contra de la ley trans. Todo eso, claro, “ha desatado la bestia” y ha servido para que sea catalogada de “tránsfoba e islamófoba” y pidan su cancelación.

Najat, fiel a su talante de no entrar en polémicas (fijaros si se aleja de ellas que ni tiene redes), ha escrito un artículo en El País en el que deja claro su punto de partida: “Me trajeron a este país por su prosperidad, pero yo encontré en él la libertad. Me inmigraron para que pudiera vivir y no solo sobrevivir, pero yo aquí descubrí un bien mucho más preciado, el que me ha permitido desarrollar un pensamiento propio, expresar mi visión de las cosas, no tener que callar porque sí y poder hablar partiendo de la base de que todas las voces cuentan y todos podemos emitir aquello que nos parezca oportuno”. Lo que sorprende es que así como hace unos días un grupo de intelectuales, cabreados (como es lógico) por los intentos de cancelación de obras de teatro y autores desde municipios gobernados por la ultraderecha, expresaron su disconformidad en un manifiesto, no hayan dicho ni mu en este caso.

Yo, por mi parte, ni que decir tiene que desprecio tanto a los fachas que censuran a Virginia Woolf, como a los fanáticos que en nombre del colectivo LGBT o de la religión quieren silenciar a Najat. Y me pregunto qué hubiera pasado si la hubiera intentado cancelar Vox. Espero que nuestro reciente alcalde no ceda al chantaje de los posmobeatos con los que nos toca convivir en Barcelona y que la mantenga como pregonera, que se lo merece como la que más. Y mientras, desde la izquierda, levantemos la voz contra censuras y cancelaciones, que no deben aceptarse vengan de donde vengan. Nos va en ello la libertad de expresión y la credibilidad."               

(Carmen Domingo es escritora. Su último libro es #cancelados. El nuevo macartismo; El País, 02/08/23)

4/10/22

Un rojipardo suele defender la integridad nacional española (y, más importante, la soberanía). Luego recuperar el nivel de vida de las clases populares, y mejorarlo, con legislaciones específicas para trabajo y vivienda. Cuando hablo de soberanía me refiero al sentido más amplio del término: política, territorial, digital, militar, cultural… Los dos libros que escribieron Manuel Monereo y Héctor Illueca para El Viejo Topo me parecen buenos puntos de partida (‘Por nuevo proyecto de país’ y ‘España: un proyecto de liberación’)... Tanto Podemos como Más País han fracasado porque no se puede ser un populista despreciando a las clases populares españolas, por las que no sienten ninguna simpatía y con las que no tienen ningún contacto cultural cotidiano. Por eso unos hablan de peronismo -están más cómodos con el pueblo argentino- y otros de Ken Loach, el zapatismo o las revueltas de Seattle. El problema es que no conocen Castilla, ni Extremadura, ni Murcia... la izquierda del PSOE encuentra sospechosos muchos sentimientos de la gente normal, trabajadores de barrio o de pueblo. Les incomoda que defiendas vínculos tan sencillos y naturales como querer a tu familia, a tu selección de fútbol o a tu país, por no hablar de sentir afinidad al catolicismo, que es la religión nacional y promueve valores de fraternidad que no deberían ser nunca ajenos a la izquierda

 "Víctor Lenore (Soria, 1972) es crítico cultural en Vozpópuli y cuenta con una larga trayectoria de periodista musical en diversos medios de comunicación. Autor de los ensayos Indies, hipsters y gafapastas. Crónica de una dominación cultural (2014) y Espectros de la Movida. Por qué odiar los años 80 (2018). Actualmente dirige el podcast ‘Truco o Trato’ en Subterfuge Radio.

En los últimos meses, sobre todo, espoleados por el discurso de Ana Iris Simón en La Moncloa, se ha perpetrado toda una ofensiva contra cierta nebulosa ideológica que está a caballo entre el movimiento político y el despertar cultural de una corriente al interno de la izquierda llamada ‘rojipardismo’.

La irrupción de Ana Iris y ‘Feria’ ha cambiado el debate público, sobre todo porque es una voz que habla con el corazón, mientras el resto de los discursos (casi todos) están basados en el cálculo. Ya nos advirtió Marx contra “las aguas heladas del cálculo egoísta”, que es lo que ofrece el Podemos actual, entre la decadencia, la picaresca y el esperpento. Sobre el rojipardismo, quien mejor lo ha definido es Juan Manuel de Prada en el programa de Julia Otero, donde dijo que se trata de personas normales y corrientes que nos negamos a aceptar la normalización de los sueldos de 1.200 euros y pisos de 40 metros cuadrados que nos impiden formar familias y desarrollar proyectos vitales que estaban al alcance de casi cualquiera en la España de los años setenta y ochenta (en el fondo, son reclamaciones parecidas a las del 15-M). El PSOE desguazó a fondo la seguridad de nuestro mercado laboral, deteriorando las condiciones de vida de las clases medias y populares. Quien necesite datos, que busque en Google el Informe Petras, que pagó el propio PSOE y luego escondió en un cajón.

En primer lugar, ¿cómo sintetizarías los puntos clave de esta corriente? ¿Acaso existe o se trata de un hombre de paja? Y aún más importante, ¿Por qué incomoda? ¿Por qué medios como Público, Eldiario.es, CTXT, El Salto Diario, Rebelión.org, Nueva Revolución, pero también El País o La Vanguardia cierran filas contra el peligrosísimo rojipardismo?

Un rojipardo suele defender la integridad nacional española (y, más importante, la soberanía). Luego recuperar el nivel de vida de las clases populares, y mejorarlo, con legislaciones específicas para trabajo y vivienda. Cuando hablo de soberanía me refiero al sentido más amplio del término: política, territorial, digital, militar, cultural… Los dos libros que escribieron Manuel Monereo y Héctor Illueca para El Viejo Topo me parecen buenos puntos de partida. Me refiero a ‘Por nuevo proyecto de país’ (2015) y ‘España: un proyecto de liberación’ (2017). Tanto Podemos como Más País han fracasado porque no se puede ser un populista despreciando a las clases populares españolas, por las que no sienten ninguna simpatía y con las que no tienen ningún contacto cultural cotidiano. Por eso unos hablan de peronismo -están más cómodos con el pueblo argentino- y otros de Ken Loach, el zapatismo o las revueltas de Seattle. El problema es que no conocen Castilla, ni Extremadura, ni Murcia, ni tienen el menor interés, por eso se estrellan en cada nuevos comicios fuera de Madrid. Tampoco es que conozcan mucho más el Madrid de más allá de la M-30.

Está claro que los medios progresistas han recibido con creciente hostilidad el rojipardismo (sea esto lo que sea). No diría que es un hombre de paja, sino un cajón de sastre donde meten a cualquiera que no comulgue con la izquierda ‘progre’, que yo prefiero llamar ‘izquierda caniche’ (siguiendo, una vez más, a Juan Manuel de Prada, que hace análisis muy crudos y certeros de la política nacional). El posmodernismo es una lógica cultural donde todos estamos insertos, pero ante eso podemos escoger enfrentarnos a ella o bajar el morro, que es lo que hace la izquierda caniche o domesticada. Está cristalizando un nuevo macartismo que no permite desviaciones de los dogmas progresistas, por eso muchos estamos en listas negras de las redes sociales, pero también empieza a cuajar un discurso muy potente que los ‘progres’ estigmatizan como rojipardo y que yo prefiero llamar nacional-popular. Podemos y Más Madrid son la izquierda más pija, esnob y desconectada de la calle que ha padecido este país (lo cual es una putada porque en esos movimientos hay muchos cuadros y militantes valiosos, que intentan mejorar el país de buena fe). Por eso llega una voz como Ana Iris Simón, que comparte preocupaciones con la gente común, y enseguida recibe una enorme atención y respeto (cien por cien merecida, en mi opinión). Y se ponen a rabiar y atacarla con mucha más bilis que a un neoliberal como Pedro Sánchez. Eso les retrata y no salen especialmente guapos.

También quiero decir que hay firmas de El País que ven muy exagerada la histeria contra los rojipardos y lo han expresado en sus textos: recuerdo una pieza muy bonita de Joaquín Estefanía y algunos chistes de Daniel Gascón en su último libro de la saga “Un hipster en la España vacía”. Uno de los personajes comentaba esto: “No quiero parecer un rojipardo o un neofalangista, pero la verdad es que quiero a mis padres”. En este chascarrillo hay mucha verdad: la izquierda del PSOE encuentra sospechosos muchos sentimientos de la gente normal, trabajadores de barrio o de pueblo. Les incomoda que defiendas vínculos tan sencillos y naturales como querer a tu familia, a tu selección de fútbol o a tu país, por no hablar de sentir afinidad al catolicismo, que es la religión nacional y promueve valores de fraternidad que no deberían ser nunca ajenos a la izquierda.

Esta proliferación emotivista visceral cuenta también con publicaciones monográficas bajo títulos como: ‘Los nuevos odres del nacionalismo español’, ‘Extrema derecha 2.0’, ‘Neorrancios: sobre los peligros de la nostalgia’ o ‘De los neocón a los neonazis’ que tratan de desenmascarar (siempre con lenguaje marxistizante, claro) la verdadera relación entre la extrema derecha y dicha corriente. El último dislate es el titular que definía el libro colectivo ‘Neorrancios’ como un “manual para desactivar a una izquierda que se da la mano con la extrema derecha”. ¿Crees que lograrán cancelar y perseguir lo suficiente a sus disidentes como para desactivar a dicha izquierda?

No tengo ningún problema con incluir las emociones en el debate político, de hecho, es imposible excluirlas, pero las críticas que mencionas al rojipardismo suelen ser muy flojas. Que una periodista de tendencias de la revista S Moda arremeta contra Feria, Pedro Insúa o contra mí solo puede beneficiarnos. La columnista progresista Elizabeth Duval dijo en el programa de debate Gen Playz que el libro “Neorrancios” solo había servido para promocionar esta nueva corriente nacional-popular. Tiene toda la razón.  A una escala muy pequeña, es como cuando todas las estrellas de Hollywood se unen contra Donald Trump y eso activa a sus votantes. O como cuando Rosalía comparte en Instagram una imagen con la frase “Fuck Vox” desde su avión privado y toda la cúpula del partido verde lo retuitea porque saben que les beneficia la imagen de una estrella pop sin mucho conocimiento político, y cien por cien alejada de sus problemas, diciendo a los votantes “no metas esta papeleta en la urna”.

También te digo que darse la mano con la derecha radical no me parece rechazable por sistema: si hubiese un sector de Vox favorable a subir el SMI o comprometido con que España recupere soberanía no sé qué problema hay en sentarse con ellos y avanzar en ese sentido (de hecho, yo sospecho que ese sector existe y que crecerá). La matraca del cordón sanitario se lleva aplicando en Francia desde los años noventa y el resultado ha sido un crecimiento continuado de Reagrupación Nacional, que por primera vez puede estar en el Elíseo. Me encantaría que España tuviese una derecha enraizada en los valores católicos contra la exclusión y la pobreza, partidos que se tomasen en serio lemas como “Ni un hogar sin lumbre, ni un español sin pan”. Y, sobre todo, que se enfrentase a la UE, Silicon Valley y las franquicias transnacionales para defender a los empresarios españoles, pequeños, medianos y grandes. El distributismo cristiano es un enfoque económico que podría cuajar perfectamente en España si se articula una derecha social.

¿No te da la sensación de que se ha escrito un mismo artículo en 20 medios de comunicación diferentes? De algún modo se crea un marco de sospecha sobre quienes defienden el patriotismo, la familia, el derecho a la vivienda, los derechos laborales y la estabilidad de pareja…

Machacan tres lemas de manera constante, aunque es justo admitir que nosotros hacemos lo mismo. Esto es una batalla cultural y hay que ser siempre tan pesado como el enemigo. Últimamente lo que más me jode es la hipocresía de esa izquierda que arremete contra la familia tradicional, pero vienen justamente de familias tradicionales, donde impera el apoyo mutuo. Viven de sus padres casi hasta que llega la herencia, sin apenas manchar su hoja de vida laboral con un paso por ninguna empresa privada. Un antiguo amigo marxista tiene una forma muy graciosa de explicar este fenómeno: la izquierda madrileña pasa los veinte y treinta de fiesta en Lavapiés, compartiendo juergas con precarios y migrantes, pero a la hora de emparejarse remontan como salmones la carretera de La Coruña para criar junto a otro blanco rico de los municipios con renta más alta de la comunidad (Pozuelo, Las Rozas, Las Matas, Galapagar, Collado Villalba…). Se pasan la vida diciendo que la propiedad es un robo y que hay que abolir las herencias, pero no he escuchado que ninguno renuncie a la suya para dársela al Patio Maravillas ni a Traficantes de Sueños. Lo que proponen, básicamente, es la disolución de los lazos para la gente pobre mientras ellos cultivan los suyos a la manera tradicional de la clase alta. No hay nada más parecido a un elitista de derecha que un elitista de izquierda.

Uno de los redundantes artículos que han ido apareciendo definía a los seguidores de esta corriente como los “guardianes del templo”. Resulta gracioso dado que quienes convirtieron su relato en ideología dominante es la pseudoizquierda institucional (con presupuestos antropológicos libertarios y nihilistas). ¿No son, en realidad, los Antonio Maestre, Steven Forti, Pablo Batalla, Elizabeth Duval de turno, los verdaderos guardianes del templo? Ellos son quienes desde los medios mainstream reaccionan a la reacción. Ellos prescriben valores desde su púlpito. Diego Fusaro suele citar la mítica entrevista de 1975 a Pier Paolo Pasolini en la que profetizaba una nueva inquisición que “utilizará vuestras palabras progresistas” y “sus clérigos serán clérigos de izquierda”. ¿Qué opinión te merece esta profecía? ¿Acertada o errática?

En la lista de nombres que citas creo que hay casos muy diferentes. Siento incluso admiración por Elizabeth Duval, que ha roto algunas dinámicas políticas demenciales. Me gusta que se ponga una rojigualda en su perfil de Twitter, demostrando que para la mayoría de la gente joven de izquierda esta es hace tiempo la bandera de todos. También estoy de acuerdo con ella en que la izquierda del PSOE no va a ningún sitio si se limita a vender el miedo a Vox. Y creo que es inteligente negarse a ser encasillada como activista trans. Pablo Batalla tiene algunas intuiciones interesantes, aunque en Twitter me parece muy adolescente, y le lastran tesis loquísimas como que el gol de Iniesta en Sudáfrica es un precedente de la represión policial de Cataluña el uno de octubre de 2017. 

Steven Forti carece de cualquier talento que no sea el de comisario político, pero esto tampoco lo hace tan bien porque no ha logrado cancelar nunca a nadie. Sobre Maestre, la verdad es que sospecho que sale en tantas tertulias televisivas porque a los dueños de las cadenas les conviene mostrar que la izquierda es un señor friki hiperventilado que te regaña cuando no coincides con su visión moral. Creo que alguien tan íntegro, moderno y hedonista como Pasolini se pondría muy triste con el nivel de sumisión al sistema de la izquierda española en 2022. Y, sobre todo, se enfadaría con el asco de la izquierda del PSOE hacia el pueblo llano, con el que la mayoría se sienten tan incómodos (solo hay que ver cómo han acabado todos los obreros y campesinos que pasaron por Podemos, desde Diego Cañamero a Óscar Guardingo, pasando por Alberto Rodríguez). 

¿Podrías definir sucintamente los ejes principales de la ideología woke-progre?  ¿Qué papel juegan firmas como la tuya, Diego Garrocho, Juan Soto Ivars, Hasel Paris, Esteban Hernández o Daniel Bernabé contra esto? Si Nietzsche estuviera vivo quizá no cargaría tintas contra la moral cristiana, sino contra este ethos neoliberal-posmoderno: una verdadera moral de esclavos.

El wokismo es una versión pijo-académica del puritanismo protestante anglosajón de toda la vida. En el fondo, parecen señoras burguesas preocupadas por el buen tono y las buenas costumbres. Hace poco tomaba un café con un conocido director de cine y me contaba que viaja mucho por festivales internacionales y le toca cenar en la misma mesa que directores y guionistas ‘woke’, que son los que suelen ganar los premios. Me soltó esto: “¿De qué crees que hablan entre plato y plato? Lo típico es que la directora de clase alta libanesa, que ha hecho un drama desgarrador sobre un niño mutilado por una mina antipersonas, hable sobre irse a esquiar a los Alpes o sobre lo mal que está el servicio en su dúplex de Central Park. Son las típicas burguesas de los tés de caridad de toda la vida”, lamentaba. 

La lista que mencionas me parece llena de periodistas y pensadores valiosos, algunos son amigos y a otros simplemente les admiro. De Garrocho destacaría que no solo aspira a escribir -siempre con profundidad-, sino que sé que trabaja para articular cierto asociacionismo colectivo que nos permita ser más eficaces (eso va a ser crucial). Soto Ivars, tantas veces acusado de equidistante, suele tener  posiciones muy valientes y bien argumentadas, además de su talento -que envidio- para conectar con amplias capas de la población sin rebajar el rigor de su discurso. De Hasel Paris, que es muy joven, diría que es alguien que siempre me hace pensar, esté o de acuerdo con sus textos, que algunas veces encuentro demasiado tajantes. Me parece admirable su energía para enfrentarse a los dogmas del discurso dominante (algo que nos hace muchísima falta). Esteban Hernández para mí es un maestro del sentido común, sobre todo en el análisis de las relaciones de poder social, además de quien mejor ha explicado la trágica debacle de la clase media en España (y el error de la izquierda al defender que la clase media es un espanto del que hay que deshacerse). Por último, Bernabé es un izquierdista de los de antes, con quien muchas veces no coincido y que culturalmente veo algo elitista y anglófilo, pero que ha tenido el enorme mérito de poner en el centro del debate la tesis de Hobsbawm y Mark Lilla contra las políticas de la identidad, haciendo además aportaciones propias.  Y admiro su aguante para sobrevivir a sucesivos linchamientos de la izquierda ‘cool’. 

Las pasadas elecciones de Castilla y León y el papelón de la izquierda caniche son la enésima crónica de una muerte anunciada: la de aquel bonito proyecto que pese a nacer en las calles y rebelarse contra la precariedad neoliberal se ha convertido en el primo tonto de un PSOE que se cree invencible. ¿Cuál es tu balance? ¿En qué anda despistada la izquierda oficial?

Cada vez me siento más castellano viejo (castellano pollavieja, dirán los ‘wokes’). Mi padre viene de un pequeño pueblo de Burgos, Cilleruelo de Abajo, mientras mi madre es de San Esteban de Gormaz en Soria. Pasé muchos meses allí en 2021 durante la pandemia y me fascinó lo desconectada que está la izquierda del PSOE de los problemas de esos entornos. Podemos y Más Madrid solo entienden el campo como lugar de turismo rural. En vez de incorporar al partido organizadores comunitarios que vivan en esos entornos (jóvenes agricultores, trabajadores sociales, dinamizadores culturales…) se dedicaron a mandar paracaidistas con el discurso pijiprogre de la calle Argumosa, que es donde se reúnen en Lavapiés (Madrid). Los resultados se venían venir: confieso que incluso me sorprendió que consiguieran un diputado. En vez de leer tantos pensadores anglosajones pop de moda como Mark Fisher (que tiene textos muy interesantes, pero vivió sobre todo en su burbuja ‘trendy’), ya podrían ponerse alguna vez con las novelas de Miguel Delibes, aunque les duela el retrato que hacen de urbanistas empanados como ellos (y como yo, que no me excluyo de estas categorías en absoluto).

En otro orden de cosas, alguna vez has apuntado que “la derecha tiene derecho a formarse”. Muy en contra del mantra izquierdista absurdo de que el fascismo se cura leyendo o aquel en que el intelectual sólo puede ser de izquierdas, ¿Cómo valoras la emergencia de foros de pensamiento como el Instituto Superior de Sociología Economía y Política (ISSEP) que ha sido catalogado como “la escuela de la intolerancia”?

Entre las muchas disfunciones de nuestra izquierda progre destaca el clamar por una derecha civilizada, culta y moderna a la vez que se ponen histéricos cuando un proyecto de derecha da pasos en esa dirección. ¿Cómo no va a ser buena noticia que la derecha madrileña forme a sus cuadros jóvenes entre libros de Juan Manuel de Prada, clases de la filósofa católica Mariona Gumpert y análisis tan sólidos del capitalismo moralista como los de Miguel Ángel Quintana Paz? Es muchísimo mejor que lo que había antes, que en muchos casos era una derecha que se limitaba a copiar los discursos anglosajones de “bajemos los impuestos a los ricos y la economía se reactivará sola”. Es alucinante que Manuel Borja-Villel, que presume de marxista, reciba fondos constantes para El Reina Sofía por parte de Ana Botín mientras que Quintana Paz (que podría considerarse próximo a Vox) articula algunas de las críticas más sólidas a la banquera.

Llamar a ISSEP “escuela de intolerancia” demuestra muy poca cintura porque la intolerancia es un valor que debemos cultivar, ya que muchas inercias del sistema moderno son intolerables (desde los oligopolios digitales de San Francisco a los vientres de alquiler, pasando por los desahucios de familias arrasadas por las crisis especulativas) . El propio Slavoj Zizek, un filósofo posmarxista, tiene un ensayo breve muy potente titulado ‘En defensa de la intolerancia’. Me parece triste que gran parte de la izquierda española viva apegada a un discurso endeble y oenegero (ONGs) que no sirve para relacionarse con la realidad política y social actual.

¿Qué se pierde cuando el rival no se forma intelectualmente? ¿Qué opinas de la cantidad de pensadores jóvenes que está emergiendo en las filas de una derecha cristiana iliberal? ¿Enriquece el debate público? ¿Qué papel en tu opinión debe jugar una hipotética alianza entre socialistas-comunistas-cristianos y populistas iliberales?

Me parece evidente que la energía antagonista ha cambiado de bando en los últimos años desde la izquierda hacia la derecha. Yo siempre voy a atender más a un pensador cristiano, aunque sea de derecha, que a un posmo prosistema con chapita de la Agenda 2030 como los que abundan en la izquierda madrileña (aunque por desgracia también hay cristianos con la chapita). Para mí los grandes espacios para encontrarnos son el soberanismo nacional, el antielitismo y los valores católicos. También la defensa de los servicios públicos como las bibliotecas, la atención primaria y el sistema de pensiones. Defensores de estas cosas hay en la izquierda, la derecha y en el centro reformista. También hay apolíticos de buen corazón, por supuesto. Igual incluso son mayoría.

Como editor de la sección de cultura de Vozpópuli, en qué punto crees que se encuentra la cultura española. ¿Existe un legado cultural propio que merezca ser defendido de los productos culturales anglosajonizantes o, por el contrario, debemos seguir la consigna orteguiana y mirar hacia la Europa continental? ¿Qué reivindicas tú?

Para mí es hora de mirar a América Latina y a África como países hermanos. De allí han salido formas asombrosas de autoorganización del ocio musical, por ejemplo, los soundsystems que dieron lugar al dub, el hip-hop, las raves, los sonideros mexicanos y los picós de Colombia. También debemos mirar a nuestras propias costumbres: los merenderos de las bodegas de Castilla, el poteo vasco y el botellón juvenil son también formas de autoorganizar el ocio y la relación social de manera no individualista. Nuestra música popular más potente, el flamenco, es un ejemplo de siglos de cómo los excluidos y perseguidos pueden crear sus propias formas de arte, estéticamente superiores a las burguesas. Es trágico que esté desapareciendo nuestra red de librerías, bibliotecas, cines, teatros y asociaciones culturales por culpa del arrase de cuatro corporaciones de Silicon Valley. 

En el ámbito del periodismo, ¿qué impacto tanto positivo como negativo ha comportado la incorporación masiva de las nuevas tecnologías y las lógicas de mercadotecnia? ¿Qué deriva crees que seguirán los medios de comunicación en la era de la sobreinformación digital? ¿Añoras lo analógico?

No envidio especialmente lo analógico, pero sí las condiciones del gremio en los años noventa, que es cuando yo comencé a trabajar. La llegada de Internet arruinó el periodismo escrito, destruyendo la red de quioscos y quedándose Google la inmensa mayoría del pastel publicitario. La sobreinformación es una forma de censura, mucho más sofisticada que la clásica de impedirte publicar un contenido. Es más eficaz saturar que denegar. Los medios no sé qué deriva tomarán, pero la situación de precariedad es extrema y creciente, además de depender en exceso de la publicidad corporativa e institucional, aunque sean ya migajas.

Hace poco oí decir al filósofo Ernesto Castro que (al contrario de lo que se suele pensar), el auge de las redes sociales pueden ser un caldo de cultivo propicio a la apertura de espacios para el diálogo filosófico, para la emergencia de un clima cultural renovado. De hecho, describía a las nuevas generaciones de youtubers y streamers como personas dotadas del “buen decir”, de la retórica (en el mejor de los sentidos). ¿Coincides o discrepas?

Discrepo completamente. Por supuesto, en redes sociales podemos encontrar a gente muy articulada y despierta, el propio Ernesto Castro entre ellos. El problema es un sistema social donde cada vez se achican más los espacios físicos y por eso nos vemos todos empujados a relacionarnos casi siempre en redes. Bajas al barrio y son todo franquicias, tiendas cerradas y espacios privatizados. Lo importante es recuperar esos lugares comunes, tal y como ha explicado el filósofo Fernando Broncano, en vez de centrar nuestras energías en elevar el nivel de Internet, donde al final los beneficios se los llevan siempre cuatro magnates gringos.

Por otro lado, precisamente es en estos foros donde está pujante un perfil de influencer muy cercano a posturas anarcocapitalistas. Pienso en canales como Wall Street Wolverine, UHBH, Libertad Y Lo Que Surja, LIBERTAD TV, Orden Espontáneo TV, y figuras destacadas como Miguel Anxo Bastos, Juan Ramón Rallo o el recién fallecido Antonio Escohotado. Esto me recuerda a aquello de Machado: “Haced política, porque si no la hacéis, alguien la hará por vosotros y probablemente contra vosotros”. ¿Qué daños puede provocar en la juventud un contenido que está patrocinado por casas de apuestas y agencias de inversión en bolsa? ¿Qué hay de figuras como Elxokas que han cambiado repentinamente de discurso en torno al marcharse o no a Andorra para tributar menos? ¿Crees que ese es un espacio de disputa ideológica que la izquierda antiliberal debe ocupar? ¿Sabes de algún fenómeno comunicativo -más allá de Ibai- que trabaje en esa línea? Parece que Santiago Armesilla, Guillermo del Valle, Jon Illescas y otros se han animado…

Respeto mucho que Ibai defienda pagar sus impuestos en España, pero en el fondo su figura es la de un ‘influencer’ que introduce en nuestro país las novedades de los oligopolios tecnológicos. Lo que él ofrece es una promoción constante del fútbol de élite, los videojuegos y la comida basura (que tanto anuncia). Como horizonte político, me parece poco interesante. Por supuesto hay un espacio de disputa donde se encuadran todos los nombres que citas, por los que tengo máximo respeto. Más que escoger a un Youtuber u otro como mi favorito, me parece más interesante denunciar la política de sumisión tecnológica del PP y el PSOE hacia Silicon Valley. Todo esto tiene que ver con una visión errónea de la modernidad: desde los años ochenta, en España que confunde demasiadas veces ser moderno con estar a la última de las  novedades del mercado (y poder comprarlas, claro). 

En el mundo digital todo se convierte en un enorme supermercado. En especial me interesa tu opinión respecto al supermercado del amor en la era de las Apps de citas. Zygmunt Bauman desarrollaba el concepto de “amor líquido” sugiriendo que “En una vida de continua emergencia, las relaciones virtuales superan fácilmente lo real. Es la capacidad electrónica de multiplicar los encuentros interpersonales, lo que les confiere un carácter fugaz, desechable y superficial. Las relaciones virtuales están provistas de las teclas suprimir y spam que protegen de las pesadas consecuencias (sobre todo, la pérdida de tiempo) de la interacción en profundidad”. ¿Cómo se puede revertir esta situación? Conociéndote imagino que en tu opinión el poder congregador de la música puede jugar un papel interesante…

A mi juicio, Michel Houellebecq ha hecho la crítica más clara y completa de este fenómeno, desde su novela ‘Ampliación del campo de batalla’ hasta ‘Plataforma’ y ‘Serotonina’. Las relaciones sexuales, que antes de Mayo del 68 estaban en un alto grado  ajenas al mercado, ahora son otros sector del consumo y del consumismo, con perdedores y ganadores radicales.  También es muy interesante lo que explica  JG Ballard en su libro ‘Noches de cocaína’, curiosamente situado en el Levante español. Lo que viene a decir es que vivimos narcotizados por el confort o pseudoconfort y que incluso la violencia y la enfermedad mental son preferibles a esta empanada existencial que llevamos encima. Por supuesto, una salida a esto es potenciar espacios de relación comunitaria donde la música popular puede jugar un papel importante. Te lo digo solo medio en broma: Juan Gabriel y Rocío Jurado pueden darnos una educación política antielitista tan potente como la que ofrecen Terry Eagleton y Slavoj Zizek

¿Qué tipo de relaciones se está fomentando entre los preadolescentes que tienen móvil desde hace ya tiempo? Hay, por ejemplo, una crítica feminista sugerente acerca del nocivo impacto del porno en la psique de nuestros jóvenes…

Por supuesto, la pornografía es una mierda enorme, no solo un sucedáneo de las relaciones sino un sustituto en muchos casos. Tener la fuerza de voluntad para no usarla es uno de los caminos al placer y la cordura. No rechazo la pornografía por su contenido explícito, sino porque muchas veces es un obstáculo psicológico para disfrutar del sexo real.  Las autoras feministas han hecho buenas críticas a este fenómeno, sin duda. Recuerdo el libro “Lo que esconde el agujero”, de Analía Iglesias y Marta Zein, que explica de manera muy rotunda que el porno hace peores nuestras vidas sexuales y nuestras vidas en general.

Por último, ¿con cuál de los insultos que has recibido como sinónimo de rojipardo te quedas? ¿Cuál te parece más original? ¿Cabe espacio a la reapropiación de etiquetas como “nazbol”, “tricornio”, “neorrancio”, “neofalangista” o “rojipardo”?

Una vez preguntaron a Javier Tebas, presidente de La Liga de Fútbol Española, si seguía profesando la ideología falangista. Su respuesta fue algo así como “si me preguntas si aún creo que todos los españoles deben tener una casa, educación y un trabajo pues sí, sigo pensando lo mismo que hace años”.  Si “tricornio” es no tragar los delirios de los indepes que quieren desmembrar mi país pues soy muy tricornio. “Neorrancio” también seré porque prefiero el cante plebeyo de José Menese antes que el posmoderno Niño de Elche (aunque encuentro su voz muy bonita). También prefiero a De Prada, Delibes y Ana Iris Simón antes que a la mayoría de los ensayos que arrasan en las librerías cool de Malasaña y el Raval. “Nazbol” lo acepto también porque me cae bien Limónov, aunque prefiero nacional-popular, digamos Miguel Hernández, Pasolini y Camela. Mi insulto favorito sin duda es “pollavieja”, algo complicado de rebatir porque mi aparato genital va a cumplir pronto medio siglo. Creo que debemos desconfiar de los movimientos políticos que estigmatizan a los mayores, desde la Revolución Cultural de Mao hasta Mayo del 68 o el propio partido nazi. Con todos los problemas que hay en el mundo, preocuparse por la edad avanzada de nuestros penes me parece estar muy perdido (y es triste menospreciar cualquier fuente de alegría)."                 

(Entrevista a Víctor Lenore, El Viejo Topo, Nº 412 (Mayo)

15/9/22

De seres menstruantes y personas eyaculantes... La falta de capacidad, voluntad, o lo que sea, para definir la palabra mujer está generalizándose... Parece mentira que nos hayamos sumado a ese totalitarismo intolerante hasta negar la biología y evitar la palabra mujer

 "Mujer, define el Diccionario de la lengua española (DLE), es “persona del sexo femenino”. Nos lo enseñan —o nos lo enseñaban— desde niños en el colegio y al poco nos decían que sexo era —y sigo con el DLE—: “Condición orgánica, masculina o femenina, de los animales y las plantas”, relacionado, claro está, con los órganos sexuales del sujeto o la sujeto en cuestión.

Una diría que era fácil, es fácil, en realidad, distinguir y definir a mujeres y a hombres aplicando la biología. Pues parece que no lo es tanto, o que su uso, o su no uso, obedece a razones que nada tienen que ver con la ciencia, y mucho con la “religión de lo sentido” que ha tenido a bien inventarse un lenguaje inclusivo en el que se borra la palabra mujer.

Los ejemplos se suceden a diario.

El pasado 13 de julio, a Fatima Goss Graves, Presidenta del National Women’s Law Center, durante una audiencia en el Congreso estadounidense, le pidieron que definiera la palabra mujer: “Lo que le digo es que yo soy una mujer, así me identifico, pero me pregunto si quizás la razón por la que usted me pregunta eso es que usted está sugiriendo que la gente que no se identifica como mujer no...”.

No pudo ni acabar.

¿Una mujer, que trabaja para defender los derechos de las mujeres, que no sabe a quién va dirigido su trabajo?

“Yo esperaba que usted se refiriera a lo que nos enseñan en biología en la escuela elemental, algo sobre los cromosomas masculino y femenino, pero veo que no”, le insistía el senador republicano.

Pero es que parece que esa falta de capacidad, voluntad, o lo que sea, para definir la palabra mujer está generalizándose sobre todo desde posiciones de la izquierda posmoderna nacida en Estados Unidos y ha sido adoptada en estos lares.

Y ¿a qué obedece? Fácil, a esa pátina de corrección política que ha impuesto todo lo relacionado con lo trans que, sin dudarlo, se ha dispuesto a sustituir la palabra mujer por eufemismos de neolengua posmoderna: “personas gestantes”, “personas que menstrúan”, “leche humana”, “persona embarazada”, “cuerpos con vagina”, “úteros portantes”, “progenitor que da a luz”…

¿Motivo?

Que los hombres se sientan incluidos, aplicando la doctrina queer.

Parece mentira que nos hayamos sumado a ese totalitarismo intolerante hasta negar la biología y evitar la palabra mujer. Es como el terraplanismo, pero peor, pues los terraplanistas si miran a su alrededor pueden creer que la Tierra es plana, pero los totalitaristas queer niegan incluso que su visión cercana está plagada de mujeres.

Y así, vivimos utilizando un lenguaje políticamente correcto al que se han sumado, no se sabe si por miedo, o intereses, académicos progresistas, profesionales sanitarios, activistas buenistas, organizaciones de libertades civiles, partidos políticos situados, dicen, a la izquierda, organizaciones médicas que trabajan por negar a las mujeres su humanidad, reduciéndolas a estereotipos de género…

Continuamos con los ejemplos. Hay varios. Dispónganse a sorprenderse.

Stonewall, una organización social inglesa centrada en la defensa de personas trans, emitió un comunicado dirigido a aquellas empresas que desearan seguir formando parte de su listado de empresas inclusivas advirtiéndoles que deberían sustituir la palabra “madre” por “progenitor que dio a luz”. Ni que decir tiene que se dieron de baja unas cuantas, incapaces de asumir la tontuna.

La secta que borra la palabra mujer existe en muchos países: En el Congreso chileno se aprobó reemplazar la palabra “mujer” por “persona menstruante”. En Australia los investigadores de género de ANU (Universidad Nacional Australiana) sugieren cambiar los términos “madre”, “padre” para que sean más inclusivos, por “progenitores”. Sands UK, una organización benéfica de muertes neonatales, evitó decir “madres” en un tuit, y en su lugar escribió “padres biológicos”, provocando que numerosas mujeres, y madres en duelo se indignaran. Femcare, con sede en Canadá, una empresa que presume de ser “líder mundial en emprendimiento de políticas menstruales” al vivir en el bucle de la irrealidad acaba tropezando consigo misma y escribieron un tuit en el que se refirieron a las mujeres embarazadas como “menstruadoras”, a pesar de que, precisamente durante el embarazo, las mujeres no menstrúan. Hasta The Lancet, la prestigiosa revista médica, habla de las mujeres como “cuerpos con vaginas”, pero mantiene, claro, su referencia a los hombres y el cáncer de próstata, o una conocida marca de tampones, para no ser acusada de tránsfoba acabó por anunciar tampones no binarios, eliminando el símbolo de Venus en sus envases para hacerlos transinclusivos.

Suma y siguen los despropósitos.

Alguien intentará contraargumentarme apelando a los derechos de las personas trans, pero es que no logro entender qué derecho se le sustrae a una persona trans eliminando la palabra mujer.

Lo que no deja de ser sorprendente, llegados a este punto, es que las palabras varón y niño no molesten y nunca se pase a utilizar “peneportante” o “personas eyaculantes”, lo que hace pensar de nuevo en el poder del patriarcado.

¿El intento oculto tras todo esto? Invisibilizarnos. ¿Cómo vamos a reivindicar derechos para las mujeres si ni siquiera nos nombran?

Pues se equivocan, aquí seguiremos. Existiendo y reivindicando derechos."                  (Carmen Domingo, El País, 12/09/22)

22/3/22

Fractura feminista en la UAB: unas alumnas vetan a una profesora por sus ideas sobre la cuestión 'trans'

 "La profesora de la Universitat Autònoma de Barcelona, Juana Gallego, ha denunciado esta martes que sus alumnas del Máster en Género y Comunicación - que ella misma fundó en 2016 - habían boicoteado sus clases por sus ideas sobre la identidad de género. De hecho, esta es una de las cuestiones que dividen al feminismo.

Gallego colgó un vídeo en sus redes sociales ante el aula vacía "por ejercer mi derecho a la libertad de expresión", denunciaba, y aseguraba que la acción es un ejemplo de la "cultura de la cancelación" que ha llegado a la educación superior. El tuit ha obtenido apoyo y críticas por partes iguales. 

 
 Un ejemplo de la "cultura de la cancelación": las alumnas del Màster @GIC_UAB de la @UAB hacen boicot a mis clases por mi posicionamiento público. Por ejercer mi derecho a la libertad de expresión. No conozco a las alumnas ni ellas a mi. Totalitarismo puro. Así estamos.           https://twitter.com/i/status/1503815211098296320

8:27 p. m. · 15 mar. 2022
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 Según explica Gallego a NIUS, la coordinadora del máster le avisó el fin de semana pasado que las alumnas habían informado que se ausentaban por las ideas de la profesora "que no se pueden discutir".

La dirección del máster argumenta falta de interés en la asignatura

Tras la publicación del vídeo, la dirección del máster compartió un comunicado en el que respeta la decisión de las estudiantes y justifica que la asignatura no despertaba su interés. La profesora recibió un email del rectorado con la misma argumentación.

  Tras 35 años dedicada a la docencia universitaria, Juana Gallego conoce bien las pellas: "Me parece muy bien no ir a clase. Todos lo vivimos", argumenta, "pero una cosa es no asistir y otra hacer boicot por tus ideas. Es la primera vez que me pasa", añade. La profesora explica que no conoce a sus alumnas ya que se debían ver las caras por primera vez este martes. Añade que su asignatura - La publicidad, agente socializador - no incluyen la cuestión 'trans' y que nadie ha presentado ninguna queja al rectorado sobre su ejercicio como docente.

 Dimisión en la Universidad de Sussex

Las publicaciones de Gallego han levantado ampollas por debatir la identidad de género. "No cuestiono el derecho a cambiar de género, cuestiono que podamos autodeterminar nuestro sexo. Igual que no elegimos la nacionalidad, la edad o los atributos que nos vienen dados. ¿Cómo podemos decir que el sexo no existe? Es absurdo, es como enseñar que la tierra es plana", explica a NIUS.

Una polémica similar acabó con la dimisión de una docente en Reino Unido. La profesora de filosofía de la Universidad de Sussex, Kathleen Stock, renunció a la plaza por las protestas estudiantiles después de que Stock afirmara que la identidad de género no puede pesar más que el sexo biológico en cuestiones legales y políticas y que las personas no pueden cambiar su sexo biológico. Gallego no ve peligrar su continuidad: "Soy funcionaria docente de la Facultad de Comunicación. No me pienso ir por esta censura", sostiene.

Feminista convencida desde los 16 años, afirma que el 'genero' es una "construcción social creada por el patriarcado y en el siglo XXI no debemos aceptar que nos digan que respetemos los estereotipos de género, sino que debemos eliminarlos", justifica.

"Persecución feminista a manos de activistas queer"

Varios colectivos feministas han hecho público su apoyo a la profesora. Feministes de Catalunya ha pedido al rectorado que "pongan fin a la intimidación y persecución de las feministas a manos de las activistas queer", denuncian.  

 Gallego también ha obtenido el apoyo de parte de la comunidad docente: "Es muy grave que no podamos debatir sobre un concepto poco estudiado, del que no se hablaba hace cinco años. Estamos ante un dogma de fe y este país ha sufrido demasiados dogmas para que ahora no podamos cuestionar", explica. La entidad Docentes Feministas por la Coeducación denuncia "el alto número de docentes universitarias que sufren persecución por defender los derechos de las niñas y las mujeres". 

Gallego no aparece en el programa del máster del próximo curso pero piensa asistir a la sesión del próximo martes: "La clase estará abierta a todo aquel que esté interesado en la asignatura", explica y a las alumnas ausentes les invita a "que piensen por ellas mismas".            (Marta Alcázar, NIUS, 20/03/22)