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4/1/22

Cada protón se formó hace 13.800 millones de años, había puro hidrógeno y helio, las estrellas agarraron el helio y formaron carbono 12, oxígeno. ¿Y de qué estamos hechos? De lo que fabrican las estrellas, se murieron y aventaron eso al espacio... Estamos hecho de carbono, nitrógeno y oxígeno porque es lo que más fabrican las estrellas... Ahorita existimos gracias a que hubo aquellas explosiones estelares... todos tenemos átomos de millones de años que estuvieron antes en un dinosaurio

 "Observar una galaxia es como escuchar una canción en finlandés, dice Julieta Fierro: “Aunque no hables ese idioma la canción puede gustarte”. Así es la física, así es el universo, conocimientos tan intrincados como poéticos a los que esta astrónoma mexicana de reputación internacional le echa paletadas de humor. Nació en Ciudad de México hace 73 años: 40 libros publicados, tres honoris causa, una silla en la Academia Mexicana de la Lengua; escuelas, planetarios, sociedades científicas llevan su nombre.

 Ha sido presidenta de la Comisión de Educación de la Unión Astronómica Internacional y es investigadora titular del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Toda esa ciencia que hay bajo su melena de luna la usa para divulgar sin cansancio, no le importa perder unos minutos en explicar a los terraplanistas que andan bien equivocados. En sus palabras está toda la poesía planetaria. Si la entrevista resulta prosaica echen la culpa a las preguntas.

“Me puedes hablar de tú, soy una señora normal”, dice. Pero lo que demuestra a cada instante no es exactamente normalidad, sino una cotidianidad amable y desprovista de petulancia. En varias ocasiones se levantará del sofá para buscar en el interior de la casa objetos con los que demostrar cómo operan los eclipses, o cómo la ciencia está lejos de la verdad absoluta. Para eso jugará con la periodista y la fotógrafa, como si estuviera en una escuela explicando a los infantes. Al acabar la charla, Fierro se prepara para las fotos: “Voy a cepillarme el pelo y a hacer pipí”. Más adelante se verá la importancia del pipí, hasta del de los dinosaurios.

Pregunta. ¿Cómo se imagina a un ser extraterrestre, con antenas?

Respuesta. Depende de si es listo o no listo; si es tipo bacteria pues pueden crecer, ni siquiera necesitan estrellas. Júpiter tiene 92 satélites y uno tiene hielo y un mar abajo del hielo, podría haber vida submarina, y hay mundos como Júpiter, que van por ahí sin estrellas, se llaman flotadores libres. Pero para tener inteligencia se necesitan varias cosas, un tamaño mínimo para desarrollar neuronas, tentáculos o trompa para poder manipular a la naturaleza, y se piensa que al menos deberían tener dos o tres kilos de peso y sentidos, depende del lugar.

P. ¿Se lo imagina entonces como un pulpo?

R. Podría ser, son muy inteligentes, lo que pasa es que viven poco, un año. Juegan, saben contar, se divierten, exploran los acuarios, hacen trampas…

P. Y predicen el ganador de los mundiales de fútbol. Volvamos a los terrestres: los humanos somos polvo de estrella.

 R. [Señala con un dedo una partícula invisible en su muñeca]. Mira, ve un protón, velo, lleva 13.800 millones de años en el universo.

P. ¿Ahí, en la muñeca?

R. Sí. Ha entrado una estrella, ese protón se fusionó para hacer carbono.

P. ¿Pero es el mismo que soltó una estrella al morir hace miles de millones de años?

R. Sí, el mismo. Cada protón se formó hace 13.800 millones de años, había puro hidrógeno y helio, las estrellas agarraron el helio y formaron carbono 12, oxígeno. ¿Y de qué estamos hechos? De lo que fabrican las estrellas, se murieron y aventaron eso al espacio.

P. Pero unas estrellas murieron antes y otras después, mi protón puede ser más antiguo y el suyo más moderno.

R. Claro. Estamos hecho de carbono, nitrógeno y oxígeno porque es lo que más fabrican las estrellas.

P. Si las galaxias van perdiendo fecundidad, como dicen, y producen menos estrellas, la existencia del ser humano pende de un hilo, aunque sea un hilo de millones de años.

R. Ahorita existimos gracias a que hubo aquellas explosiones estelares, el sol también se evaporará y se irá al espacio y se va a mezclar con otras nubes y se formará otro sistema solar con nuestra materia, porque todos nosotros estamos reciclados, ustedes tienen moléculas de Cristo y de Barrabás, y de Nerón, porque todos hacemos pipi y la atmósfera transporta los gases.. todos tenemos átomos de millones de años. Tú tienes átomos que estuvieron antes en un dinosaurio.

 P. ¡Somos un reciclado de Barrabás!

R. Perdón, debería haber dicho de Cristo nada más, jajaja.

P. Mejor Barrabás.

R. ¿Los malos son personajes más interesantes, no?

P. Dicen que el universo se muere, por eso de la infertilidad de las galaxias.

R. Hay de todo, vivimos en un universo que lleva evolucionando 3.800 millones de años y han sucedido muchas cosas. El universo empezó muy denso, donde había más materia nacieron las primeras estrellas. Hubo brotes importantes. Conforme el universo se fue dilatando más y más la densidad de materia disminuyó, pero hay 100.000 millones de galaxias y cada una tiene 100.000 millones de estrellas. Se siguen formando galaxias pequeñitas, con mucho gas, que se unen a otras y se hacen más grandes. Por ejemplo, la Vía Láctea se va a fusionar con Andrómeda dentro de 500 millones de años y las dos galaxias van a tener más brotes de formación estelar hasta que agoten su gas. En el presente hay menos brotes, sí, pero nuestra galaxia sigue muy activa y su satélites también.

P. Entonces se muere o no se muere.

R. La energía del universo se va degradando, y los agujeros negros del universo se van a evaporar cuando el universo tenga un 1 con 70 ceros en años. Los protones se van a desintegrar cuando el universo tenga un 1 con 32 ceros o sea, con un 1 con 100 ceros el universo será frío, puras ondas de radio, ya no habrá luz visible, estrellas agotadas, agujeros evaporados, protones desintegrados.

P. Qué miedo. ¿Y a eso le sucederá otro universo desconocido?

R. Antes se pensaba que nuestro universo era como una pelota, se expande y se cae, se expande y se cae, un universo oscilante, pero en esta ocasión se va a expandir tanto que se va a expandir por siempre. Pero hay, además, otros universos, que surgen de la nada. El vacío está lleno de energía siempre, y esa energía varía, si se mueve un planeta la gravedad cambia, si un campo magnético se modifica, también la energía… Los campos de la física… De ahí puede surgir un universo como el nuestro, en este momento podría estar generándose, pero no es que el nuestro se acabe y surja otro, pueden existir en paralelo y ser diferentes.

P. Pensar en otros universos ¿no le causa ansiedad?

R. Uy, no, qué maravilla, a mí la mecánica cuántica me encanta.

P. El telescopio James Webb ha sido lanzado con éxito esta nochebuena. Con él vamos a ver más atrás de lo que antes vimos, más pasado. ¿Los astrónomos miran hacia atrás para saber de dónde venimos o también a dónde vamos?

P. Lo que quiere la ciencia es avanzar el conocimiento, el pasado, el futuro y qué pasó en el ínter, somos curiosos, James Webb quiere saber la evolución, las etapas.

P. ¿Qué sacamos para el presente?

R. Pues que Andrómeda y la vía láctea se van a fusionar, por ejemplo. Al mirar hacia atrás sabemos cómo se va a comportar el futuro, que el sol va a vivir otros 4.500 millones de años, por ejemplo, que no se va a apagar mañana.

P. Siempre habrá un universo, entonces

R. Pues es la idea de ahorita, pero la ciencia por definición no tiene la verdad, el teorema de Gödel muestra que la verdad no existe. Ahora tenemos las ondas gravitacionales para saber, es como si nos regalaran un nuevo sentido para explorar, otra manera, sin ver ni oler ni tocar, eso es un regalo de este siglo y con eso vamos a poder explorar de manera más completa el universo, pero nuestra ignorancia va a seguir.

P. La verdad no existe. Pues la religión dirá: ya la pongo yo.

R. Pues sí, pero hay verdades nocivas, por ejemplo eso de que Adán esté feliz y toda la culpa la tengamos las mujeres. ¿Es muy cómodo para un señor creer en esa religión, no? Tu pareja es la culpable de todo por la eternidad.

P. México es un país muy supersticioso, a buena parte de la población le ha costado creer que el coronavirus era una verdad científica. ¿Cómo se siente una astrónoma al contar estas cosas que son casi de ciencia ficción, hacer entender verdades, aunque incompletas, a una población?

R. Se han hecho muchos experimentos y las personas pueden vivir con dos sistemas del mundo distintos. En los museos de ciencia les preguntan a los niños cómo surgió el hombre, y hablan de células y tal. Si a la salida un líder religioso les pregunta lo mismo, le dicen: Dios lo creo.

P. Qué paranoia. Podemos vivir con dos verdades.

R. Exactamente y, según el contexto, aplicar una u otra, y es a lo más que puede aspirar la ciencia. No podemos competir con la religión, solo respetarla, es demasiado fuerte.

P. ¿Para nuestro lado religioso?

R. Y por la gente que aprovecha la religión a su favor. Para la mujeres es nefasta, el sexo es malo, es bueno sufrir, la cupa, somos las brujas. No hay deidades femeninas más o menos razonables.

P. Los antepasados mexicanos eran unos grandes astrónomos.

R. Las grandes culturas de la antigüedad han usado los astros para la cuenta del tiempo, los relojes, la noche, los meses del año. Eso ayudaba a organizar la vida social. Había que planear con cuidado los mercados, el comercio de mercancías, la construcción de pirámides y la época del estar en el campo. Los mayas construían pirámides y los astrónomas sabían qué día era y cuántos faltaban para llevar al mercado de Oaxaca las plumas, los pigmentos, etcétera.

P. Pero todas las civilizaciones tenían esa necesidad de establecer un calendario, sin embargo en México fueron alumnos avanzados…

R. Sí, tenemos una ventaja. La astronomía empezó como ciencia en Europa, pero están muy al norte y México está más cerca del ecuador, donde se ven secciones del cielo que no ven en el hemisferio norte, y en diciembre está despejado en México.

P. Los mayas partían con ventaja.

R. Sí.

P. El Webb ha costado 9.000 millones. ¿La sociedad entiende este gasto?

R. La ciencia básica no pretender mejorar la vida diaria, sino avanzar el conocimiento. Los científicos básicos buscar herramientas para interrogar de la mejor manera a la naturaleza

 P. Son ustedes unos preguntones.

R. Tú también, jaja. Tenemos la misma profesión con objetos distintos de conocimiento.

P. Terraplanistas, pandemias que asolan la tierra, antivacunas. Esto huele a edad media.

R. Los terraplanistas agarraron fuerza con la serie Juego de Tronos, donde hay un muro de hielo al final. Es muy bonito pensar que la Tierra sea plana y esté rodeada de ese muro de hielo. Todas las grandes culturas pensaron que la Tierra era plana. Se dieron cuenta del error los babilonios cuando vieron la sombra de la Tierra sobre la Luna, pero Cristóbal Colón no le dijo a Chabelita (perdón): ‘mira la sombra de la Tierra, hay dos eclipses al año’. Nadie se molesta en pensar que la sombra de la tierra no es una tortilla, no es un taco, una enchilada.

P. Pero que en el siglo XXI surja toda esta caterva de terraplanistas...

R. Es un súper negocio, todo lo mágico lo es, la astrología… Vivimos en una sociedad de culpa y es cómodo buscar justificaciones raras. Y además da cierto glamour, cuando nos invitan a la tele y van los astrólogos pues es fascinante, con esos ropajes, esas pelucas. En cambio, llega el astrónomo y te preguntan la distancia hasta Plutón en centímetros y te quedas calculando como el idiota que no tiene ya esa distancia sabida.

P. ¿Cuál es su astro favorito?

R. Me gusta el universo, el conjunto, esto que a ti te inquieta a mí también me fascina, pensar que sabemos tanto de algo tan vasto y que con este nuevo telescopio veremos hasta 13.000 millones de años luz de distancia, el nacimiento del universo.

P. Eso puede arrojar sorpresas. ¿Qué espera?

R. No sabemos, cuándo lanzaron el Hubble, organizamos un congreso en Atlanta para ver los resultados, y no salió hasta años más tarde y para cuando lo mandaron estaba desenfocado y de aquí a que lo arreglaron… Era miope, como yo. Se usó para ver los objetos cercanos, y ahora ha vivido tanto que ya está tomando puras imágenes bonitas para la gente que se pregunta. Esa es la despedida del Hubble.

P. Ahora veremos la primera luz del universo, el gran parto. ¿O solo son titulares?

R. Sí, son titulares. El universo surgió del vacío y se liberó energía. El 70% es energía y la luz es parte de ella. Después, del 30% restante, el 26% es materia oscura, una materia que genera gravedad pero no luz, no la absorbe, no la refleja, no la emite. Pero había luz antes. La primera luz. Hubo una época en la que el universo temprano se empezó a expandir, pero la luz rebotaba de un lugar a otro. Solo cuando el universo cumplió 380.000 años de vida se hizo transparente y la luz pudo viajar, así que es lo más antiguo que podemos ver. Antes, aunque hubiera un rayo de luz que quería decir estoy aquí, voy a llegar hasta ti, no podía salir. El universo entonces era de color rojo, como el sol más o menos, rojo y opaco."             (Entrevista a la astrónoma Julieta Fierro, Carmen Morán, El País, 03/01/22)

10/12/21

La rebelión contra la razón... especialmente en los países de habla alemana... Hay una exasperación con el sistema por parte de la gente que ya no se siente representada ni siquiera tenida en cuenta por él... La profundidad de esta pérdida de confianza es también evidente en las revueltas antirracionalistas contra la gestión de la pandemia e incluso contra la ciencia médica... ya no creen a nadie que se perciba de algún modo como parte de un "establishment" imaginario... tienen dudas sobre la ciencia médica, y están menos dispuestos a creer a los expertos que a la gente que pontifica en Internet... Europa occidental experimenta una pérdida masiva de confianza en todo el sistema político. Su profundidad se manifiesta en las revueltas contra Covid-19 y la ciencia

 "El diagnóstico de una "ruptura" en la sociedad es un lugar común hoy en día: las sociedades se ven sacudidas por la discordia y las divisiones se intensifican. Las afirmaciones difieren en los detalles, pero en algunos supuestos básicos suele haber acuerdo.

En primer lugar, hay disputas cada vez más enconadas, en gran medida a lo largo de un eje tradicional izquierda-derecha, pero a veces desviándose de él. Las "guerras culturales" estallan en torno a cuestiones de género, racismo y antirracismo, inmigración y quién pertenece al "nosotros", e incluso estilos de vida. Los expertos hablan de sociedades que se dividen en "tribus" hostiles.

También hay cierta unanimidad en los análisis sobre la alienación del sistema político convencional -enfado porque "no les interesamos en absoluto"-, especialmente en los segmentos desfavorecidos de la población, incluidas las antiguas clases trabajadoras, pero también la clase media baja marginada y la "clase baja".

Las víctimas de la creciente inseguridad sienten que ya no pueden contar con la solidaridad: "Ya no puedes contar con nadie". Muchos dicen "ahora sólo miro por mí mismo" en un individualismo deprimido y negativo. Estos entornos sociales son especialmente atractivos para los populistas y extremistas de derechas que proclaman: "Sí, nadie te escucha, pero yo soy tu voz".

Representar a los "excluidos

Este es un reto especial para los partidos políticos progresistas: los socialdemócratas, el Partido Laborista, los demócratas estadounidenses, la gran mayoría de los movimientos obreros y de izquierda tradicionales. Por un lado, los partidos de izquierdas sienten una gran simpatía por las revueltas populares contra las élites gobernantes y los sistemas de injusticia crónica; de hecho, durante muchas décadas de su existencia, fueron sus portadores. Pero, por otro lado, a los ojos de muchos que se apartan decepcionados, ellos mismos forman parte de esa "élite" detestada. Aunque ellos -los partidos- se vean a sí mismos como parte de la solución, muchos de sus potenciales votantes los ven como parte del problema.

Dada su evidente locura, lo sorprendente es que una parte no despreciable de sus seguidores se trague toda esta locura. Los que se creen todo ese disparate radical son más bien pocos. Pero un grupo mucho mayor tiene dudas sobre la ciencia médica y está menos dispuesto a creer a los expertos que la gente que pontifica en Internet. ¿Qué está pasando aquí?

Evidentemente, hay una pérdida masiva de confianza en todo el sistema político, de modo que muchos ya no creen a nadie que se perciba de algún modo como parte de un "establishment" imaginario. ¿Cómo de alienados y frustrados deben estar si simplemente ya no se creen nada y, por el contrario, están dispuestos a tomar al pie de la letra lo que leen en algún grupo raro de Telegram o WhatsApp?

Uniendo las piezas

La rebelión ha connotado tradicionalmente la emancipación. Pero esta es una rebelión contra la razón.

Especialmente en los países de habla alemana, donde el racionalismo ilustrado echó menos raíces -el romanticismo, con su antirracionalismo, bastante más-, la hostilidad a la ciencia está probablemente más extendida que en otras culturas. También el movimiento nazi y su totalitarismo -con su inclinación por lo oculto y lo oscuro, así como su desprecio por la razón- pueden haber dejado huellas más profundas en este sentido de lo que se podría pensar.

Los partidos progresistas y de izquierdas siempre han estado en la corriente tradicional de la ilustración, actuando como movimientos educativos. Pero también han visto simplificaciones e ideas conspirativas entre sus seguidores: en 1890 Ferdinand Kronawetter describió el antisemitismo como "el socialismo de los estúpidos" (der Socialismus der dummen Kerle).

Asimismo, el movimiento ecologista, considerado por muchos como "alternativo" y en cierto modo producto de la "contracultura" rebelde de los años 60, tiene sus tradiciones cuestionables. Defiende lo "natural" y el "sentimiento", la vida en "equilibrio con la naturaleza", y tiene un escepticismo sobre la racionalidad de la ciencia y la tecnología. Los métodos de curación natural, la homeopatía, la medicina alternativa y el oscurantismo de todo tipo son bastante populares aquí y se oponen a la "medicina ortodoxa", que principalmente quiere atiborrar de productos químicos a la gente.

En cualquier caso, si queremos entender los acontecimientos actuales, extremadamente extraños y aún poco claros, deberíamos empezar a reunir estos elementos. La alienación del sistema de la política causó una molestia masiva incluso antes de la pandemia y ahora está dificultando la lucha contra la pandemia. Hay una exasperación con el sistema por parte de la gente que -a menudo con razón- ya no se siente representada ni siquiera tenida en cuenta por él.

La popularidad del populismo y del extremismo de derechas es, sin duda, una revuelta con aspectos legítimos, pero con formas perversas. La profundidad de esta pérdida de confianza es también evidente en las revueltas antirracionalistas contra la gestión de la pandemia e incluso contra la ciencia médica.

Quienes caen en las garras de esa ideología y de todo un sistema de desinformación llegan a creer cosas cada vez más absurdas. Se remodelan a sí mismos, por así decirlo, y caen en una dinámica de auto-radicalización, que muy pronto puede llegar a ser verdaderamente peligrosa." 

(Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

4/11/21

La pandemia hace crecer el pensamiento conspirativo entre los españoles. Una cuarta parte de los ciudadanos cree que hay “organizaciones secretas” interviniendo en las decisiones políticas

 "La incertidumbre y la ansiedad provocan que las personas busquen explicaciones simples, también simplistas, ante fenómenos complejos, como las crisis económicas. O la pandemia de covid, que ha trastocado la vida de medio mundo. 

Este fenómeno ha provocado que una proporción importante de la ciudadanía española abrace algunas ideas conspirativas, según se observa en el último estudio de percepción social de aspectos científicos de la covid-19. Josep Lobera, director científico de la encuesta, lo explicó así durante la presentación del trabajo: “Ahora somos más conspiranoicos en general porque lo necesitamos. Porque cuando pierdes el control sobre tu vida, tienes necesidad de respuestas alternativas”.

 En el estudio se observa que existe un “porcentaje significativo” de personas que confían en algunas teorías de la conspiración. Por ejemplo, uno de cada cuatro españoles (25%) cree “firmemente” que existen “organizaciones secretas que influyen mucho en las decisiones políticas”, frente al 17% que cree firmemente en lo contrario. Además, y a pesar de los esfuerzos de divulgación, casi un tercio de la población española (31%) está totalmente convencida de que las mascarillas son malas para su salud (solo el 16% está en total desacuerdo). 

Llevado al terreno de la vacunación, hay un 14% de los españoles que están absolutamente seguros de que las farmacéuticas ocultan los peligros de las vacunas y un 11% están convencidos de que se engaña sobre su eficacia.

 Esta mentalidad, explica el estudio, está ligada sobre todo a la existencia de creencias conspirativas previas acerca de las vacunas, pero también a la desconfianza en las instituciones políticas, y al hecho de haber experimentado dificultades por culpa de las medidas de contención de la pandemia. Lobera atribuye este fenómeno al pensamiento motivado, el mecanismo psicológico que nos lleva a buscar información que nos ayude a justificar nuestras ideas.

“En lugar de sopesar la información de una manera abierta, atendemos, criticamos y recordamos información de manera selectiva, de un modo que refuerza nuestras conclusiones previas”, explica el informe. Y esto está claramente influido por la vivencia personal durante la pandemia. “Grupos más afectados por las medidas contra el coronavirus, que ven peligrar en mayor medida su forma de vida o valores, tenderán a activar en mayor medida mecanismos de razonamiento motivado”, se lee en el documento. O como resumió Lobera: “La vida que tenemos condiciona lo que creemos”. En ese sentido, el contexto informativo ha sido decisivo también, ya que 6 de cada 10 españoles ha recibido mensajes, por medios de comunicación o redes, que los animaban a no vacunarse.

 El estudio presentado hoy es la tercera oleada de esta encuesta, que se inició el verano pasado con la intención de conocer cómo la ciudadanía española estaba percibiendo la ciencia asociada a la pandemia, lo que permitiría actuar en consecuencia. Desde las primeras entrevistas se empezó a percibir un recelo muy generalizado hacia las vacunas que se desarrollaban en los laboratorios en esos momentos. Así, en verano llegó a contabilizarse hasta un tercio de los españoles que se negarían en rotundo a vacunarse contra la covid y otro tercio con importantes dudas. Ahora, en esta última oleada, el 83% o se ha vacunado ya o lo hará en cuanto pueda y no llegan al 4% los “reticentes radicales”. Los datos de esta oleada se recogieron durante las tres primeras semanas de mayo.

En España se confía en las vacunas

El vuelco desde el recelo a la masiva aceptación se ha debido a tres hitos fundamentales, según este estudio: la aprobación de las vacunas por las autoridades sanitarias y médicas, el inicio de una campaña de vacunación, “con la difusión de imágenes de personas de todas las edades y personal sanitario recibiendo la vacuna”, y la aparición de nuevas amenazas, en forma de variantes más contagiosas y nuevas olas, que obligan a mantenerse alerta. En la actualidad, entre quienes rechazan vacunarse hay un alto porcentaje, cerca de un tercio, que lo que no quieren es ponerse una vacuna específica. En ese sentido, la directora del Instituto de Salud Carlos III, Raquel Yotti, reconoció en la presentación que han aprendido que debe cambiarse la forma de comunicar los riesgos, en alusión a la crisis por los efectos derivados de la vacuna de AstraZeneca. “Comunicar los riesgos debe ser algo más complejo que simplemente decir que las vacunas son seguras”.

Pero hay un factor español que ha ayudado especialmente, como explica Lobera, profesor de sociología de la Universidad Autónoma de Madrid: “En otros países, el vuelco no ha sido tan fuerte. Ha jugado a favor esa base que tenemos de confianza en el sistema público de salud”. “Vivimos de esa renta acumulada de confianza previa en las vacunas infantiles, pero también influyó ver que la vacunación funciona bien en otros países, que se reducen drásticamente los brotes y muertes en las residencias de mayores”, añade el investigador. No obstante, Lobera advierte de que esta volatilidad de la confianza debe funcionar como una “señal de alerta” de que no conviene relajarse y “no cantar victoria antes de tiempo”, por si las variantes influyen en la vacunación o hay que renovar la vacunación con nuevas dosis.

Esa percepción del riesgo también es importante respecto al comportamiento de prevención frente a la covid, como el uso de mascarillas o el distanciamiento de otras personas. Esta disposición ha sufrido “cierto relajamiento” entre enero y mayo, reconoce Lobera. Junto a la percepción del riesgo, los factores que más se asocian a este cumplimiento son los costes asociados a esas medidas, la mentalidad conspirativa, la confianza institucional y el comportamiento del entorno social inmediato, que es el más importante. “Lo que hacen en el entorno social de una persona es decisivo. Somos seres sociales y en una reunión familiar, por ejemplo, no queremos ser el elemento discordante”, explica Lobera."             (Javier Salas, El País, 28/06/21)

7/10/21

La vacuna se convirtió en “el único tema del mundo”. Los paparazzi aparecieron por el campus... el periódico alemán Handelsblatt publicó, sin ninguna prueba, que la vacuna de Oxford tenía una eficacia de solo el 8% en las personas mayores. Era mentira, pero hasta el presidente francés, Emmanuel Macron, repitió el bulo. “Este tipo de desinformación [...] cuesta vidas. Gente que se podría haber vacunado no se vacunó"

 "Un veraniego fin de semana de hace un año, una de las madres de la vacuna de Oxford, la científica británica Catherine Green, se fue de camping con su hija de nueve años. 

Allí, en las montañas del noroeste de Gales, se puso a hablar con una mujer que paseaba a un perro. La excursionista desconocida empezó por quejarse de la red de telefonía móvil 5G y acabó dando su opinión sobre la vacunación contra la covid: 

“Yo no digo que esté demostrado que hay una conspiración, pero me preocupa que no sepamos qué le echan a las vacunas: mercurio y otros compuestos tóxicos. No me fío de ellos. No nos cuentan la verdad”. Green, descalza y vestida de dominguera, era literalmente la jefa de la fabricación de la vacuna de Oxford. “Yo soy ellos”, respondió.

La investigadora y su colega Sarah Gilbert han publicado un libro, Vaxxers (algo así como “Creadores de vacunas”, de la editorial Hodder & Stoughton), en el que narran su frenética carrera para obtener una vacuna y desmontan la imagen maléfica creada por la calenturienta imaginación de los amantes de las conspiraciones. Green cuenta que estaba recién divorciada, y con su hija a su cargo, cuando llegó la pandemia. 

Aquel día de camping, le detalló a su interlocutora los ingredientes reales de la vacuna. “Yo no soy eso que les inquieta: una élite global, en busca de poder y control. No tengo el número de teléfono de Bill Gates. No sé cómo poner un nanorrobot rastreador en una vacuna. Solo soy Cath, la hija de un trabajador portuario, haciendo lo mejor que puedo con mis conocimientos y mis compañeros, y echando de menos abrazar a mis padres, como cualquier otra persona”, expone la investigadora en el libro.

 Catherine Green es la jefa de la fábrica de medicamentos experimentales de la Universidad de Oxford. Y Sarah Gilbert es una de las principales vacunólogas de la institución. “No somos la industria farmacéutica ni somos un ellos. Somos dos personas normales que, junto a un equipo de otras personas muy trabajadoras, hicieron algo extraordinario”, reflexiona Gilbert. “No tenemos sirvientes ni chófer ni niñera y, como los demás, tenemos otros asuntos en nuestras vidas”, recalca.

 Gilbert y la inmunóloga Teresa Lambe diseñaron la vacuna en cuanto se publicó el genoma del nuevo coronavirus, el 10 de enero de 2020, cuando la mayoría de la humanidad ni siquiera había oído hablar de esta amenaza. Gilbert recuerda aquel 1 de enero, cuando, en su casa, leyó que había cuatro casos de una neumonía desconocida en la ciudad china de Wuhan. Tomó nota mentalmente y se fue a la cocina a hacer un puzle con su marido y sus tres hijos. A medida que pasaban los días, Gilbert decidió diseñar cuanto antes una vacuna “por si acaso”.

 La vacuna de Oxford, en realidad, ya estaba medio hecha. El equipo de Sarah Gilbert llevaba desde 2012 utilizando adenovirus del resfriado del chimpancé como vehículo para introducir en el cuerpo humano material genético de otros virus y generar defensas. Los investigadores ya habían elaborado vacunas experimentales contra la gripe y contra otro coronavirus, el del síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS). Estaban preparados para la llegada de una enfermedad X. Solo había que añadir a la fórmula la información genética del nuevo virus, que llegó a su buzón de correo electrónico el 11 de enero, un sábado por la mañana. Todavía en pijama, Teresa Lambe se puso a trabajar en su casa. En 48 horas, Gilbert y Lambe habían escogido el fragmento de la secuencia del virus idóneo para ser el ingrediente principal de una vacuna. El 22 de enero, Gilbert reclutó a Green para fabricar el medicamento y ensayarlo en humanos.

Las investigadoras relatan su lucha para lograr financiación. “Somos las únicas que podemos hacer esto, así que tendremos que hacerlo y arreglar después el tema del dinero”, afirmó Gilbert en una reunión. Sobre la mesa de su despacho hay una taza con el lema: “Keep calm and make vaccines” (mantén la calma y haz vacunas). El equipo decidió meterse en gastos que no podían asumir, confiando en que llegaría dinero en algún momento. “Pediríamos perdón, no permiso”, resume Gilbert en el libro. A medida que la humanidad se percataba de la que se venía encima, fue llegando la financiación. La Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias —la CEPI, fundada por los gobiernos de Noruega e India, la Fundación Bill & Melinda Gates, el Wellcome Trust y el Foro Económico Mundial— puso los primeros 300.000 euros. En marzo, la Agencia de Investigación e Innovación de Reino Unido puso otros 2,35 millones de euros. El 21 de abril, el Gobierno británico añadió 23,5 millones de euros. Y EE UU acabó poniendo más de 1.000 millones de euros para acelerar los ensayos.

Catherine Green recuerda que, normalmente, se necesitan varios meses para conseguir los suficientes voluntarios para ensayar una vacuna experimental. En el caso de la covid, miles de personas dieron un paso al frente en apenas unas horas, pese a que implicaba comprometerse a hacerse incómodos análisis todas las semanas durante meses. “Esto refuerza mi convicción de que las personas son, en general, buenas, generosas y altruistas. Siempre vale la pena recordar que la vacuna no habría sido posible sin ellos”, escribe Green.

 Vaxxers describe una odisea científica. Sarah Gilbert asegura que, al haber sido madre de trillizos 20 años antes, estaba acostumbrada a los grandes desafíos. “De repente me convertí en el principal sostén de una familia de cinco personas, durmiendo un par de horas cada noche. Aquello sí era presión”, relata. Para lo que no estaban preparadas era para los bulos que empezaron a brotar por todas partes. El 23 de abril, la microbióloga Elisa Granato, de la Universidad de Oxford, se presentó voluntaria para ser una de las primeras personas en recibir la vacuna. Inmediatamente, por las redes sociales circuló la mentira de que había muerto. “¿Quién utiliza su tiempo para inventarse algo así?”, exclama Green.

Al calor de los bulos surgieron movimientos antivacunas, que incluso llegaron a manifestarse frente a los laboratorios de Gilbert y Green. “No entiendo a los antivacunas. ¿Por qué alguien se opone ideológicamente a una medida de salud pública que es segura, rentable, salva millones de vidas y evita que la gente tenga que vivir con una discapacidad provocada por enfermedades como la polio, la viruela y la covid?”, se pregunta Gilbert.

Las científicas también se toparon con una resistencia inesperada: algunas religiones. La vacuna de Oxford contiene 50.000 millones de partículas virales en una dosis de medio mililitro, con cantidades ínfimas de otros compuestos inocuos que sirven para estabilizar el producto, como la sal común y la sacarosa. También hay 0,002 miligramos de etanol en cada dosis. La Asociación Británica de Medicina Islámica dictaminó que no era suficiente alcohol como para estar prohibida para los musulmanes.

 En el proceso de fabricación de la vacuna, la Universidad de Oxford y su socio industrial AstraZeneca emplean células HEK-293, derivadas de otras obtenidas originalmente del riñón de un feto abortado por motivos terapéuticos en 1972. Son células que se multiplican sin límite y se utilizan desde hace décadas para producir vacunas, por ejemplo contra la varicela y la rubeola. Todas estas células proceden de aquel único feto donado tras un aborto legal. El Vaticano ha mostrado su rechazo a la técnica, pero el 21 de diciembre decretó que era moralmente aceptable vacunarse, celebra Gilbert.

Vaxxers también relata el choque de las científicas con la prensa internacional, en un momento en el que, como dice Green, la vacuna se convirtió en “el único tema del mundo”. Los paparazzi aparecieron por el campus. Si las investigadoras comentaban sus resultados, eran acusadas de falta de rigor por no comunicarlos a través de los canales científicos habituales. Si guardaban silencio, eran señaladas por su falta de transparencia. A finales de enero de 2021, el periódico alemán Handelsblatt publicó, sin ninguna prueba, que la vacuna de Oxford tenía una eficacia de solo el 8% en las personas mayores. Era mentira, pero hasta el presidente francés, Emmanuel Macron, repitió el bulo. “Este tipo de desinformación [...] cuesta vidas. Gente que se podría haber vacunado no se vacunó. Y algunos de ellos morirían”, lamenta Green. La realidad es que la vacuna de Oxford tiene una eficacia de más del 90% frente a la covid grave."                   (Manuel Ansede, El País, 08/08/21)

2/5/12

Científicos españoles explican por primera vez el fenómeno del aura de las personas. En términos neurológicos, la sinestesia consiste en que en el cerebro de ciertas personas se produce un «cruce de cables»

"Investigadores españoles de la Universidad de Granada han descubierto la capacidad de ver el aura de las personas es un fenómeno neuropsicológico denominado sinestesia. Los sinéstetas «mezclan los cinco sentidos, al tener más interconectadas las áreas del cerebro encargadas de procesar cada uno de los estímulos, de forma que son capaces de ver o paladear un sonido, según explica la nota de presa de la universidad española. 

De este modo, conocidos popularmente como «curanderos» o «santones», presentan en realidad esta capacidad, que explicaría científicamente esta supuesta «virtud»
En un artículo publicado en la prestigiosa revista «Consciousness and Cognition», los profesores del Departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Granada Óscar Iborra, Luis Pastor y Emilio Gómez Milán han ofrecido, por primera vez en el mundo, una explicación científica al fenómeno esotérico del aura, un supuesto campo energético de radiación luminosa multicolor que rodearía a las personas a modo de halo y que resulta invisible para la gran mayoría de los seres humanos. 

En términos neurológicos, la sinestesia consiste en que en el cerebro de ciertas personas se produce un «cruce de cables» o conexiones sinápticas . Este hecho «les permite establecer asociaciones automáticas entre regiones cerebrales que habitualmente no están conectadas», según explica el profesor Gómez Milán, una cualidad que tendrían muchos de los curanderos que dicen poder ver el aura.

Varios tipos de sinestesia

Para realizar esta investigación, los científicos entrevistaron a varias personas afectadas por sinestesia, entre los que se encontraban supuestos curanderos, como el granadino Esteban Sánchez Casas, conocido como «El Santón de Baza».
Muchos le atribuyen ciertos «poderes paranormales», como poder ver el aura de las personas, «cuando en realidad se trata de un claro ejemplo de sinésteta», explican los autores de esta investigación. 

Los autores del estudio destacan que en el caso de «El Santón de Baza» presenta sinestesia caras-color (por lo que asocia a cada persona con un color); sinestesia tacto-espejo (cuando observa a una persona que está siendo tocada o que experimenta un dolor, él experimenta ese mismo dolor); una alta empatía (la capacidad de sentir lo que está sintiendo otra persona) y esquizotipia (ciertos rasgos de personalidad con tendencia a formas atenuadas de paranoia y de alucinación que se da en las personas sanas)."                (ABC.es, Ciencia, 02/05/2012)

4/5/11

"(Somos) aquel mono listo que se escondía de las tormentas y que tenía miedo de todo a lo que no encontraba explicación."

"La consulta está en un piso del elegante barrio de Salamanca de Madrid. Es un despacho discreto que comparte oficina con una inmobiliaria y un abogado. En la escueta decoración, apenas un par de detalles orientalistas y un póster con las constelaciones.

Sobre la mesa, ni velas negras ni bola de cristal: hay un ordenador portátil y dos teléfonos móviles a los que los clientes mandan mensajes para concertar sesiones de 65 euros para que les echen las cartas. "Odio la palabra vidente, yo soy una orientadora, no tengo poderes, sino una sensibilidad especial, una empatía que lleva en mi familia desde mi tatarabuela", dice la echadora, una joven holandesa.

Prefiere no dar su nombre. No quiere publicidad. Desde hace 15 años atiende solo gracias al boca a boca. La discreción es fundamental porque por sus manos pasan políticos, famosos, médicos, abogados e "incluso religiosos". "Aquí viene gente de todos los estratos sociales y culturales", dice.

A su consulta se acerca un posible cliente. No cree en "estas cosas", pero le parece "divertido", tiene amigos que lo han hecho y cuentan cosas increíbles sobre la intuición de esta mujer "que no va de bruja".

También le da respeto, porque le han dicho que es "adictivo". Es un treintañero sofisticado, ateo y economista. Según las encuestas, tiene todas las papeletas para ser un escéptico, pero aquí está. No es un bicho raro: uno de cada cinco españoles dan crédito a "estas cosas".

En última encuesta de Metroscopia para medir el Pulso Social de España se incluyó la siguiente pregunta:

"En la actualidad, hay mucha gente que se interesa por el curanderismo, la astrología, el tarot o la videncia. Para unos, estas actividades son simples charlatanerías, supercherías sin fundamento que no merecen ningún crédito.

Otros, en cambio, consideran que pueden ser formas alternativas de explorar y explicar el mundo y que, a su manera, son tan válidas y respetables como la ciencia. ¿Con cuál de estas dos opiniones tiende usted a estar más de acuerdo?".

El 76% de los encuestados dijeron que eran inventos, pero "con todo, lo cierto es que un 20% les guarda consideración". Aún mayor es la fe en amuletos y talismanes: un 48% de los españoles cree que tienen "alguna influencia sobre los acontecimientos que les afectan"

A Manuel Toharia, director científico de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia y escéptico combativo, los datos no le impresionan. "Me esperaba que los crédulos fueran muchos más del 20%", dice, "aunque claro, la gente miente ante una pregunta así, contesta lo políticamente correcto". ¿Y por qué son tantos?

"En el ser humano hay una parte de racionalidad, esa que nos obliga a ir por la derecha en la carretera, que nos hace leer la letra pequeña de la hipoteca, pero también hay una parte, aún poderosa, de aquel mono listo que se escondía de las tormentas y que tenía miedo de todo a lo que no encontraba explicación.

Nos gusta más pensar una solución probable pero fantasiosa, que buscar una racional, incluso muchos escépticos al final caen en el 'las meigas no existen, pero haberlas haylas", contesta el físico.

Aparte del porcentaje, la encuesta pone otro dato de relieve: "El mayor nivel educativo solo modula, pero en modo alguno anula, la propensión a atribuirles credibilidad: ese tipo de prácticas constituyen ciencias alternativas para el 24% de los españoles con nivel de estudios más bajo pero también para el 16% de los que tienen el nivel de estudios más elevado".

"La necesidad de buscar seguridades mágicas es tan vieja como el hombre y estudiar Derecho no te explica cómo funciona la materia", opina el filósofo laicista Fernando Savater. "Las creencias esotéricas no dependen de tener o no carrera porque la información reglada te informa, pero no te enseña a pensar.

¡Si hasta la ministra de Sanidad llevaba la pulsera del holograma!", dice Toharia refiriéndose a la Power Balance que lució Leire Pajín y que fue denunciada por timo por la asociación de consumidores Facua. (...)

"El ser humano siempre ha querido saber lo que va a pasar para tomar decisiones; porque no sabemos tomarlas, por miedo, por frivolidad, por ignorancia, por infantilismo, por falta de asertividad y porque el futuro es esencialmente impredecible". (...)

La ciencia se entronaría como "supremo e indisputable argumento final de autoridad". Sin embargo, habría "un efecto colateral no desdeñable": la sensación, para muchos individuos, de vivir en una "jaula de hierro", un lugar árido y falto de respuestas para "las dimensiones no estrictamente racionales de la vida".

"El resultado es que, incluso en sociedades muy avanzadas, caracterizadas por un indisputado predominio de los criterios racionales y científicos, sigue existiendo la necesidad de explicaciones no racionales (o arracionales) del mundo", concluye la encuesta.

La tecnología no borra la magia. "Claro que no, nuestra sociedad es muy técnica, pero nosotros no sabemos por qué funcionan los sofisticados instrumentos que manejamos, lo hacemos como lo harían los salvajes y eso no proporciona verdadero conocimiento", reflexiona Savater.

"Seguimos sin saber, por eso creemos; en el amuleto y en el iPhone por igual, no tenemos ni idea de cómo funcionan ninguno de los dos". De hecho, el pensamiento mágico fagocita en su beneficio la tecnologización y el desarrollo científico:

"Ahora la superstición se disfraza, los homeópatas fingen ser científicos, las pulseras del holograma no se presentan como escapularios milagrosos, sino como tecnología", dice Savater.

"Los charlatanes saben que mienten y por ello usan el lenguaje y los conceptos de la ciencia; hacen que investigan, llevan bata y en cuanto pueden meten palabras como 'cuántica', igual que el curandero te habla de anatomía" (...)

Schwartz también cree que los crédulos superan al 20%: "Si no, no habría tanta gente haciendo negocio con ello". Del fast food para el alma de los astrólogos telefónicos de la TDT, al glamour de Anne Germaine, la medium que contacta (en inglés) con los muertos de los famosos en Telecinco.

De los bestsellers sobre el poder del pensamiento positivo a los talleres new age sobre ciencias alternativas ancestrales. Creemos porque siempre lo hemos hecho, porque tenemos miedo y por ignorancia. Pero también porque nos lo venden. (...)

Es de esperar que haya todo un abanico de suspersticiosos: desde el que va a echarse las cartas por entretenimiento, al que toma decisiones importantes según le salga tal o cual arcano, también quienes abandonan un tratamiento médico porque lo dice el curandero. "Puede ser más o menos grave", dice Toharia, "hay gente que pondrá su vida en peligro y otra a la que le servirá como muleta psicológica, pero en cualquier caso, abdican de su criterio propio, se convierten en juguetes".

Al margen de las consecuencias personales, "la superstición de una sociedad va en contra de su progreso", coinciden los escépticos. ¿Cómo evitarla? "El único antídoto es la cultura científica", continúa Toharia.

"No es lo mismo que ciencia; sino un conocimiento al alcance de cualquiera y solo mientras le interese, no impuesto por lo que tú, 'el científico' diga". "Cada cual debe ejercer su propia curiosidad", cree Toharia." (El País, 03/05/2011, p. 38/9)