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15/5/17

De cómo Churchill y March compraron a los generales de Franco para que España no entrara en la 2ª guerra mundial

"El historiador Ángel Viñas sigue rompiendo leyendas sobre Franco. Lo hizo con La otra cara del Caudillo, un libro que alumbró mitos y realidades biográficas del militar rebelde. 

Y vuelve a la carga con Sobornos. De cómo Churchill y March compraron a los generales de Franco (editorial Crítica), una obra que describe el mundo de conspiradores y espías apostados en el incipiente franquismo. 

Viñas desmitifica tópicos, como la entrevista en Hendaya de Franco con Hitler, y relata la clave que frenó la entrada de España en la Segunda Guerra Mundial: una operación británica que enlaza a personajes como Churchill y el corrupto empresario Juan March.

Viene, en sus últimas obras, rompiendo mitos sobre Franco.



En los últimos años me he concentrado en iluminar algunas vetas oscuras del comportamiento de Franco. No quiero hacer una biografía del dictador, pero sí hay capítulos de su historia que me interesan sobremanera, y que son los que están más mitificados. El año pasado dediqué un libro a la influencia del pensamiento nazi sobre Franco, a la copia de un sistema que tiene más parecidos con el nazi que lo que suponíamos.

Y con Sobornos ataca otra veta mitificada que enlaza a Franco con Hitler y el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial.

El mito por excelencia del Caudillo, que sacó a España de los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Mi propósito ha sido desmitificar el mito de la 'hábil prudencia', porque no hubo una estrategia de genio y sí una adaptación a las influencias del entorno más inmediato a Franco.

¿Franco quería meter a España en guerra junto a Hitler?

Hay toda una serie de circunstancias que impulsaron a Franco, muy a su pesar, hacia una neutralidad que denominó elástica, más volcada hacia el eje que hacia los aliados occidentales. Y en ese mito analizo en particular la política británica para mantener a España fuera de la guerra.

¿Cómo consigue la Gran Bretaña de Winston Churchill mantener a Franco lejos del conflicto bélico?

Con una operación que he denominado 'Sobornos' y consistía en comprar a la gente de Franco para que lo disuadieran de aliarse con Hitler y de entrar en guerra al lado de los nazis. Es una historia que se conocía pero que he estudiado en profundidad gracias a que los ingleses desclasificaron hace tres años unos papeles muy importantes que alumbran y dan las claves, aunque con algunas lagunas.

¿La participación española tenía una importancia similar para británicos y alemanes?

Para Gran Bretaña era vital, absolutamente, que España no entrara en guerra. El Peñón de Gibraltar era una pieza estratégica que los ingleses querían convertir en una fortaleza inexpugnable. Y para eso necesitaban tiempo.

 'Sobornos', como funciona, dura hasta el año 43 pero llega en un primer momento para comprar seis meses de neutralidad española. Para la Alemania nazi no era tan importante la participación de España. Les hubiera gustado, pero no era vital, mientras que para Gran Bretaña era un ejercicio de realpolitik.

¿Derriba también el mito de la reunión de Hitler y Franco en Hendaya?

Eso es parte del mito, que Franco en Hendaya se erige como defensor de la neutralidad española, que dice que no al amo de Europa, que virilmente se opone a los deseos de Hitler… todo eso son camelos y pamplinas.

 Franco no dijo nada de eso a Hitler. No llegó a un acuerdo porque no se comprometió formalmente a darle a Franco los territorios que pedía en el norte de África. Trato de desmitificar la importancia de la conferencia de Hendaya, celebrada como el epítome de la sagacidad galaica del jefe del Estado. Pues no.

¿Recelaba Hitler de Franco?

Esencialmente Hitler no creía que los españoles fueran capaces de mantener en secreto una promesa así por escrito. Creía que se irían de la lengua y eso podría estropear sus relaciones con la Francia de Pétain y sobre todo poner en aviso al ejército francés en Marruecos y Argelia y estropear sus propios planes. 

Hitler probablemente no lo supo nunca, pero tenía razón, porque a las 24 horas de la conferencia de Hendaya los ingleses ya sabían lo que había pasado. Habían metido a un espía, por lo menos, en el séquito de Serrano Suñer y otro en el de Franco. Sabían que lo que pasó en Hendaya no era definitivo.

¿Y a quienes compran los ingleses?

A dos ministros del Gobierno, el ministro del Ejército, José Enrique Varela, al de Gobernación, el coronel Valentín Galarza, al hermano de Franco… y luego a un montón de generales monárquicos, entre los cuales destacan (Luis) Orgaz, (Antonio) Aranda y (Alfredo) Kindelán muy en particular. Churchill sobornó al entorno de Franco para que no entrara en guerra junto a Hitler.

¿Cómo consiguen esa conspiración en las más altas esferas del incipiente régimen franquista?

Lo logran de una manera muy sencilla: comprando a estas personas con dinero que percibieron después y cuyo contravalor en pesetas, porque se les pagaba en libras, les habría hecho multimillonarios de la época por cantidades inimaginables. El empresario Juan March adelantó pagos a algunos de ellos de sus propios fondos y luego los ingleses se lo reembolsaron.

¿Qué papel desempeña March?

La 'operación Sobornos' no hubiera sido posible sin entusiasta cooperación de Juan March. Genera la idea, probablemente, es quien la pone en práctica, da sugerencias, arregla los detalles de pagos y cuentas en el extranjero, las administra y, al final, ayuda a los militares vía Nicolás Franco a blanquear su mal ganado dinero. 

Era la piedra fundamental y sugirió a los ingleses que pagasen una vez estuviera demostrado conclusivamente que España no entraba en guerra. Eso para March se demostró a finales de 1943 por lo que supongo, lógicamente, que se les pagó en el 44.

¿Franco no olió lo que tramaba su gente de confianza?

Franco nunca tuvo la menor idea. No hay absolutamente la menor referencia en los papeles a que Franco sospechara de esto, ninguna. Desde luego los ingleses hicieron todo lo posible para que Franco no se enterase. No se tenía que enterar. Esa era la idea, que Franco estuviera expuesto a una serie de consejos, sugerencias e informaciones que les suministraba el ministro del Ejército, entonces…

¿Lo consideraría una traición?

No me atrevo a definirlo como traición. Imagino que pensaban que rendían servicio a España al mantenerla fuera de la Segunda Guerra Mundial y encima se forraban. La combinación patriotismo y pela, la 'pp'… pues eso iba a misa. Les tuvo que encandilar.

Mencionó que había encontrado lagunas en la documentación desclasificada, ¿cuáles?

No se conoce por ejemplo la lista total de beneficiarios ni las cantidades exactas. Hay indicios que están descritos en el libro. Lo que mejor se conoce son los pagos a Kindelán, el equivalente hoy a unos 70 u 80 millones de euros. No puedo asegurar que eso fuera todo lo que percibió, es probable que percibiera más.

 Y March rendía cuentas en Madrid a la Embajada, en una casa de lenocinio o en una finca, donde fuera, pero no se conocen los métodos de control que los ingleses aplicaron para controlar a March. 

Aunque todo esto no se había explorado en su concepción, manifestaciones y efectos como ahora, no he podido descubrir todo lo que hay. Los ingleses… una de dos, o han quemado papeles o no los han desclasificado."               (Entrevista a Ángel Viñas, eldiario.es, 14/09/16)

5/6/13

Los generales de Franco fueron sobornados por Londres para no entrar en la guerra: Nicolas Franco (2 millones); general Varela (2); general Granda (2); el secretario general de la Falange, Gallardo (1); general Kindelán (500.000 dólares)

 Documento desclasificado en el que se muestra una lista de los generales sobornados

"El 4 de junio de 1940, el embajador británico en Madrid, sir Samuel Hoare, envió un mensaje cifrado de la máxima urgencia, secreto y “personal” al secretario del Foreign Office, el vizconde Halifax, según los más de 400 documentos hasta ahora secretos que acaban de ser desclasificados por los Archivos Nacionales británicos.

 “Hay indicios de que está cogiendo impulso la idea de abandonar la neutralidad y tengo la impresión de que ha llegado el momento de actuar de forma inmediata para verificarlo”, arrancaba el texto. El embajador cree tener “una forma segura” de acceder a los ministros mejor colocados.

Esa forma de “influir de forma decisiva y asegurar la neutralidad de España” en la II Guerra Mundial no es otra que el pago de sobornos, para lo cual necesita de “un máximo de medio millón de libras” y exige de forma “urgente” la autorización. Y ruega que “si hay alguna duda, se consulte con el primer ministro”, Winston Churchill. Al final, los británicos se gastarían 13,5 millones de dólares en sobornos (hoy 222 millones, 170 de euros).

 Los pagos se harían a través del banquero mallorquín Juan March y los sobornados no sabrían que el dinero procedía del Gobierno británico. El mayor problema no fue encontrar candidatos a ser sobornados, sino que March pudiera hacerse con el dinero sin levantar sospechas. La fórmula elegida, una cuenta en Nueva York de un banco suizo, levantó las suspicacias del Tesoro de EE UU, que bloqueó la cuenta durante meses.

El embajador Hoare recibió luz verde con el visto bueno directo de Winston Churchill y el canciller del Exchequer y ministro del Tesoro, sir Kingsley Woody. El 9 de junio confirmaba en un nuevo telegrama que las negociaciones “se desarrollan de forma satisfactoria” pero advertía que serían necesarias “cantidades más amplias” que el medio millón de libras estimado al principio. 

El Foreign Office cuestiona el 14 de junio la posibilidad de autorizar un gasto superior, pide detalles de la operación y avisa al embajador que si las ofertas de sobornos son rechazadas y se llega a conocer la implicación británica la consecuencia sería “un daño infinito”. “Tengo dudas de enviar ningún nombre, ni siquiera en un mensaje cifrado”, responde al día siguiente el embajador. 

 “Tienen que aceptar mi palabra de que las personas son de la mayor importancia”, asegura, y lanza una advertencia definitiva: “Puede muy bien ocurrir que la entrada de España en guerra dependa de la rapidez de nuestra actuación. La situación es crítica”. El 21 de junio, el Foreign Office confirma que “el dinero ha sido depositado según lo acordado en el Swiss Bank Geneva en Nueva York”.

Un informe firmado por el comandante Furse el 26 de junio y dirigido a Churchill y sir Kingsley sintetiza la operación desde el punto de vista de la legación en Madrid. “La Embajada opina que España está a punto de entrar en guerra y solo la adopción de esta estrategia puede evitarlo”, describe. 

“Franco desea seguir siendo neutral pero está aterrorizado con Alemania; Suner [Suñer] Yague [Yagüe] y el ala izquierda de la Falange están a favor de la intervención; el ala derecha (Requetés, Carlistas, empresarios, la mayoría del Ejército y los campesinos) están por la neutralidad”, prosigue el militar.

 “El objetivo de sir S. Hoare es dar al ala derecha la fuerza necesaria para que se puedan organizar. Esa organización sería pro-España y anti-extranjera (por ejemplo, tanto anti italiana como anti inglesa) pero no reclamaría Gibraltar hasta después de la guerra”, continúa. Y explica que “la oposición a Suñer se está organizando a través de Juan March, con el que el agregado Naval está en contacto directo”. “March actuó como un agente doble para nosotros y para los alemanes en la última guerra y está de nuevo en contacto con nosotros”, recuerda.

March se encargó de contactar con ministros y militares (a menudo eran ambas cosas), pero no por amor al arte: no solo se acabaría embolsando cinco millones de dólares, sino que a juicio de los británicos, March quiere que fracasen las políticas de Ramón Serrano Suñer como ministro de Exteriores “para salvar sus inversiones e incrementar su poder”. 

El documento de Furse detalla a continuación los pagos comprometidos y el grado de compromiso de los implicados en la operación, también el dinero prometido a cada uno y el calendario de los pagos. Documentos posteriores especifican además que de los 13,5 millones de dólares a pagar, 3,5 se abonarían al final de la guerra. 

De los otros 10 millones, dos ya se habían pagado cuando Furse envía su informe, tres se deben entregar de inmediato y de una vez y los otros cinco (la comisión de March), al cabo de seis meses.

Luego cita a los implicados y lo que recibe cada uno en dólares: Nicholas \[sic\] Franco (2 millones); general Varela (2); general Granda (2); el secretario general de la Falange, Gallardo (1); general Kindelán (500.000 dólares), del que añade entre paréntesis: “Es un chorizo”. Todos reciben el dinero directamente de March. Siete más están en la operación pero solo tres, los generales Queipo de Llano, Orgaz y Asensio, reciben pagos, sin que se detalle la cantidad. 

Los otros cuatro son los generales Llana, Moreno, Alonso y Solchagar y el ex secretario general de la Falange, Muñoz Grandes. Un telegrama del embajador Hoare del 28 de junio explica: “Los planes están dando resultados. El general Yagüe, protagonista de la entrada de España en la guerra, ha sido despedido”.       (El País, 01/06/2013)

27/5/13

Inglaterra sobornó a los generales de Franco para que España no entrase en la Segunda Guerra Mundial

 "El MI6, el servicio de espionaje británico, sobornó a generales españoles para que estos disuadieran al dictador Francisco Franco de entrar en la Segunda Guerra Mundial del lado de Hitler. Documentos secretos ahora desclasificados revelan que se pagaron el equivalente a 232 millones de dólares de hoy que fueron a parar a militares del círculo del general Franco, armadores y varios agentes espías.

Esta información publicada hoy por el diario The Guardian en su web ha sido un asunto ya mencionado por historiadores británicos y españoles pero ahora parece que por fin se muestran detalles inéditos. El historiador Jorge M. Reverte asegura que estos pagos se gestionaron "a través del empresario balear Juan March". Un agente inglés en la Embajada británica en Madrid era el intermediario. "March habló con generales importantes, como Aranda, y aunque simuló que el dinero lo ponía él, venía de los británicos".

El dinero se entregó a través de una cuenta en Nueva York de un banco suizo, según el diario británico, que sitúa como urdidor de la trama al embajador británico en Madrid, Samuel Hoare. Los documentos desclasificados muestran a un Hoare preocupado porque pensaba que era inminente la entrada española en la Segunda Guerra Mundial y que, por lo tanto, Franco abandonaría la neutralidad mostrada al inicio del conflicto.
 
El MI6, el servicio de espionaje británico, sobornó a generales españoles para que estos disuadieran al dictador Francisco Franco de entrar en la Segunda Guerra Mundial del lado de Hitler. Documentos secretos ahora desclasificados revelan que se pagaron el equivalente a 232 millones de dólares de hoy que fueron a parar a militares del círculo del general Franco, armadores y varios agentes espías.

Esta información publicada hoy por el diario The Guardian en su web ha sido un asunto ya mencionado por historiadores británicos y españoles pero ahora parece que por fin se muestran detalles inéditos.

 El historiador Jorge M. Reverte asegura que estos pagos se gestionaron "a través del empresario balear Juan March". Un agente inglés en la Embajada británica en Madrid era el intermediario. "March habló con generales importantes, como Aranda, y aunque simuló que el dinero lo ponía él, venía de los británicos".

El dinero se entregó a través de una cuenta en Nueva York de un banco suizo, según el diario británico, que sitúa como urdidor de la trama al embajador británico en Madrid, Samuel Hoare. Los documentos desclasificados muestran a un Hoare preocupado porque pensaba que era inminente la entrada española en la Segunda Guerra Mundial y que, por lo tanto, Franco abandonaría la neutralidad mostrada al inicio del conflicto.

 Sin embargo, cuando los contactos con estos republicanos españoles (los rojos, como se les llama en los documentos) llegó a oídos de Winston Churchill, este mostró su preocupación así que instó al ministro de la Guerra, Hugh Dalton, a que interviniera para acabar con las reuniones."    (El País, 23/05/2013)
 

"El MI6, los servicios de inteligencia británicos, invirtieron 16 millones de dólares, el equivalente a 200 de hoy –más de 155 millones de euros– en el soborno de cargos militares españoles, entre otras autoridades, para evitar la entrada de España en la II Guerra Mundial.
Así lo anunció este jueves el diario británico The Guardian citando unos documentos secretos desclasificados el mismo día, que mencionan al entonces embajador del Reino Unido en Madrid, Sir Samuel Hoare, y las advertencias que trasladó a su Gobierno a partir de 1940: a no ser que se comprase su neutralidad, el país la abandonaría y Franco uniría fuerzas en la contienda mundial con Hitler.
"Personalmente urjo a la autoridad a que conceda sin demora y a que, en caso de duda, se consulte con el primer ministro", escribió el diplomático a la Foreign Office de Londres en 1940, cuando reclamó una suma inicial de un millón de dólares. "Por supuesto", subrayó más tarde Winston Churchill con tinta roja sobre el mismo documento para darle trámite.
El dinero británico, según el testimonio del diplomático que recogen los documentos, se invertía, entre otras cosas, en conseguir el arresto de cargos cercanos al dictador que conspiraban para convencerle de que se uniese en la guerra a Adolf Hitler.
Más tarde Hoare insistiría en la misma advertencia al pedir más dinero a la inteligencia británica para los sobornos. "Bien podría ser que la entrada de España en la guerra dependa de la rapidez de nuestra acción", detalló en un escueto telegrama en el que también apreció que la situación política era "crítica", aunque sin precisar más. "No puedo dedicar tiempo a explicar la situación en detalle".
Las alertas de Hoare calaron en el Gobierno británico. Tanto que en un mensaje secreto emitido por Londres Lord Edward Halifax, el máximo responsable de la política exterior del Ejecutivo, le pidió a Hoare que los británicos estableciesen contacto con los rebeldes españoles y los guerrilleros que aún luchaban contra Franco en caso de que España se uniera a Alemania. Al final de tal mensaje, Halifax pide al diplomático que quemase la carta una vez la hubiera leído, cosa que, evidentemente, no hizo.
The Guardian también detalla el nombre de al menos dos de los supuestos destinatarios de las sumas de dinero, que cita como los señores "José Jorro Andreo y Rasado Silva". En su caso lo habrían recibido a través del Banco de Portugal en Lisboa, aunque la mayor parte del total que Reino Unido invirtió en comprar a los cargos españoles pasó por la cuenta bancaria de un banco suizo radicada en Nueva York.
También en Lisboa unos agentes británicos se entrevistaron con un líder republicano español –su nombre no trasciende–, representante de la Alianza Democrática Española. Según los documentos del MI6, Churchill llegó a temer que los británicos estuvieran "contactando con rojos con el objetivo de instigar una revolución". Sería su ministro de Economía de Guerra, Lord Hugh Dalton, quien le convenció de lo contrario.
Los españoles que cita The Guardian –entre ellos cargos militares y "dueños de barcos", precisa– no fueron los únicos destinatarios de esta financiación secreta, una estrategia en la que parecían tener especial relevancia los diplomáticos."         (El Confidencial, 23/05/2013)