24/9/18
He experimentado la bondad extrema. Una persona que no me conocía de nada me dio un riñón. A la gente le cuesta hasta imaginárselo, que haya alguien que no es de tu familia y te quiera ayudar...
25/1/18
Las inteligencias... las múltiples
Pero esto es en relación a un tipo de inteligencia, pues en relación a otras el homínido ha perdido considerable valor y además, ha perdido buena parte del instinto de supervivencia de la especie a que pertenece. Desde luego en imaginación, por ejemplo, toda la centra en la fantasía espacial.
Pero hablemos de la o las inteligencias propiamente dichas. Si tomamos la inteligencia como una capacidad unitaria puede decirse que, en efecto, su desarrollo le ha permitido al ser humano aplicar diversas capacidades para hacer diversas cosas. Pero si sus capacidades se corresponden con otras tantas inteligencias, entonces afirmamos, con Howard Gardner y otros, la teoría de que el hombre no tiene una sola inteligencia sino inteligencias múltiples.
Personalmente estoy a favor de esta teoría. No creo que la inteligencia del ser humano haya de entenderse como una única potencia del alma. Una multitud de ejemplos apuntan a varias clases de inteligencia; a una diversidad de inteligencias más o menos agrupables y tantas como capacidades o aptitudes del individuo en relación a sus posibilidades de alterar el mundo exterior o el suyo propio interno, o bien influir sobre ambos, así como hacerse comprender en esa alteración o influencia, sea durante el tiempo vivido por ese individuo sea en su posteridad. Howard Gardner afirma que la inteligencia no es un conjunto unitario que agrupe diferentes capacidades específicas, sino una red de conjuntos autónomos, relativamente interrelacionados.
La prueba indiciaria de todo esto es que hay personas que muestran una inteligencia extraordinaria en su oficio, profesión o especialidad, y una nula inteligencia en otros aspectos que otros sin embargo dominan por haberlos ejercitado y por corresponderse con una determinada aptitud que al mismo tiempo se corresponde con una determinada inteligencia.
Y digo y sostengo que hay inteligencias múltiples, porque al igual que de la inteligencia creativa artística de un individuo se beneficia al menos la mitad de la humanidad, o de la inteligencia de un equipo de individuos se beneficia toda la humanidad (tecnología), para otras finalidades, como por ejemplo, aquellas dirigidas al propósito de superar las limitaciones humanas en relación a sus propios congéneres (el egoísmo superlativo) o al de vencer el gen de la agresividad física, el progreso de esa inteligencia es ínfimo en comparación con la inteligencia aplicada al utilitarismo puro.
De modo que si una inteligencia es capaz de proporcionar progreso y satisfacciones materiales a la humanidad pero al mismo tiempo excluye de ambos a gran parte de ella y va acompañada de una potencia destructiva incalculable para la especie y para el mundo en que vive, equivale a no reconocer y desaprobar que obras colosales a lo largo de la historia, como catedrales, pirámides u otras, no han sido causa de la muerte, de la miseria y de la esclavitud de a saber qué porciones de humanidad que pagaron con su vida.
Porque que un individuo sea capaz de hacer operaciones matemáticas en poco tiempo, diseñar una obra ciclópea, o pintar maravillosamente un paisaje urbano, o relatar genialmente una novela, o ser habilidoso en elocuencia... no significa que pueda explicarse convincentemente por qué es incapaz de montar en bicicleta, por ejemplo, o por qué se empecina en no admitir como posible que haya otros mundos y diferentes tipos de inteligencia.
1/6/11
"Una buena ideología, una causa fetén, no sólo justifican cualquier barbaridad, sino que dan un subidón a quien mata"
Se hacen porque sí. En cambio, para cargarse a una persona hace falta un motivo de cierta envergadura, y si el objetivo es una colectividad, lo que hace falta es una ideología. Y para esta función, casi todas valen.
Ahora bien, los actos humanitarios hay que hacerlos a golpe de buena voluntad, normalmente quedan sin recompensa y además suelen ser aburridos. Saludar en el ascensor, ceder el asiento a un anciano o cuidar a un enfermo no son actividades estimulantes.
Por el contrario, una buena ideología, una causa fetén, no sólo justifican cualquier barbaridad, sino que dan un subidón a quien mata o a quien se inmola berreando eslóganes. El problema es que, a diferencia de las buenas obras, que son labor menuda y pasan sin dejar rastro perceptible, las ideologías enseguida alzan el vuelo; los profetas son sustituidos por aprovechados, salvo que los propios profetas decidan hacer doblete, y el propósito inicial deriva en un aparato jerarquizado que a menudo actúa con voluntad propia, incluso contra los planes de sus propios adherentes.
Como ya no hay responsabilidad individual, pasar a las vías de hecho cuesta poco. Entonces alguien ha de salir a decir que no era eso, que ha habido un problema de interpretación. Y a mesarse las barbas." (EDUARDO MENDOZA: Interpretación. El País, 20/09/2004)
14/1/09
Lo que cambia el color del día
Y tienen que transcurrir unos años más, tal vez estar ya cerca de la vejez, saberse más frágil, más vulnerable, más necesitado de los otros, para apreciar de veras la amabilidad -pariente próxima muchas veces de la bondad-, más allá de formulismos ridículos y de los manuales de urbanidad de nuestros abuelos. Que, al salir de casa, el portero te dedique una sonrisa o un gruñido; que el taxista te salude amable y te permita elegir entre el silencio, una buena música, una conversación agradable, o te condene a escuchar a todo trapo la Cope, un partido de fútbol o su intercambio de insultos obscenos con los conductores que se cruzan en su camino; que otros pasajeros te cedan el asiento o te aparten a empujones de la puerta del metro o el autobús; que los camareros, los dependientes -y no digamos los fun-cionarios- te atiendan cordiales o te condenen a la invisibilidad, son pequeñas cosas que le cambian el color y la música al día, que modifican nuestro estado de ánimo, aumentan o disminuyen nuestra calidad de vida.
La amabilidad tiene mayor valor para los débiles, porque necesitan más de ella, al ser menos capaces de valerse por sí mismos." (ESTHER TUSQUETS: Elogio de la amabilidad. El País, Opinión, 11/01/2009, p. 31)