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21/3/23

El nuevo perfil de la soledad: joven y precario

 "La mayoría de la población, un 77%, considera que la soledad no deseada es un problema social importante en España, según un estudio social de 40 dB. para EL PAÍS y la Cadena SER. Hay más mujeres que hombres en el grupo que opina que ese problema es muy grave y también son ellas las que en mayor medida dicen “escribir o llamar con cierta frecuencia” a las personas de su entorno que lo sufren. La soledad está cerca: un 42,3% dice conocer directamente a alguien en esa situación; sobre todo, amigos, y en torno al 22% de la población se ha sentido muy o bastante solo en el último año —de ellos, casi el 70% declara que la mayoría de las veces de forma no deseada—. La comunidad científica ha constatado que esas circunstancias son un factor de riesgo como el tabaquismo, la obesidad o la polución ambiental. El problema no es solo individual, sino de salud pública.

La encuesta, 2.000 entrevistas llevadas a cabo entre el 23 y el 26 de febrero, dibuja el retrato de la persona que se siente sola en España. Y no es el que la mayoría tiene en la cabeza. Un 65,5% cree que el colectivo que más sufre esa soledad no deseada es el de los mayores, pero al analizar el porcentaje de personas que han sentido mucha o bastante soledad en el último año sobre cada grupo de interés, casi el 37% son jóvenes de entre 18 y 24 años, seguidos por la franja de 25-34 (32,9%) y la de 35 a 44 (28,8%). Los porcentajes bajan hasta el 12,9% entre los mayores de 65 y al 13,4% en la franja de los 55 a los 64.

El estudio también revela que ese sentimiento de soledad, al igual que otras muchas cuestiones relacionadas con la salud, como la buena o mala alimentación, tiene mucho que ver con la situación económica: el porcentaje de personas que han sentido mucha o bastante soledad en el último año sobre cada grupo de interés dibuja diferencias importantes: el 33% de los parados se sienten solos; es decir, 10,9 puntos más que los que trabajan y 18,5 puntos porcentuales por encima de los pensionistas. También son los que en mayor medida aseguran no llegar a final de mes. El 27,4% de los estudiantes se sienten solos y entre los que trabajan influyen las condiciones laborales: la soledad no deseada afecta al 38,3% que lo hace en horas poco comunes, lo que, unido a la falta de recursos económicos, señalada como otra de las causas, les dificulta organizar planes de ocio con otros.

El género apenas influye: las mujeres se sienten algo más solas (23%) que los hombres (20,7%), pero sí es determinante el estado civil: el 32% de los solteros y el 26,3% de los separados o divorciados se sienten solos, frente al 14,4% de los casados.

Salud mental

Casi un 32% de los que dicen haber sentido mucha o bastante soledad en el último año asegura que no tiene relaciones regulares ni esporádicas con nadie. El 31,3% de los que tienen algún tipo de diversidad funcional o discapacidad se sienten solos. De media, están menos satisfechos y menos felices con su vida, se consideran en mayor medida “diferentes a los demás” y padecen más problemas de salud mental (32,9% frente a 12,9% de la población general).

Un estudio de la Fundación Mutua Madrileña y la Confederación Salud Mental, en el que han participado Twiga y 40dB. y que fue presentado el martes, reveló que cuatro de cada 10 españoles creen que no disfrutan de una buena salud mental; casi el 75% considera que ha empeorado para todos en los últimos años y un 40% de las personas diagnosticadas con un problema de este tipo habían sentido rechazo social por parte de su entorno. El informe también señalaba a los jóvenes como el colectivo más vulnerable: solo el 30,8% de los menores de 24 años considera que tiene una buena salud mental y las ideas o intentos de suicidio también son más frecuentes en esa franja de edad.

El sondeo de 40dB. muestra que quienes se sienten solos dedican más horas al día a las redes sociales y a los foros de internet y usan más a menudo aplicaciones para conocer gente o ligar. En La gran fragmentación (Arpa editores), el periodista de este diario Ricardo de Querol recoge el fenómeno de los llamados ermitaños digitales, en su mayoría varones entre los 20 y 30 años, “que pasan el día en la burbuja de su cuarto, refugiados en la consola, el ordenador o el móvil”. Se hace menos vida en común en espacios públicos, mientras se establecen relaciones más frías a través de internet o videojuegos.

La pandemia ya no es un factor tan determinante tres años después del confinamiento. Solo el 10,6% cita el “aislamiento de los demás por el covid-19″ como la causa de sus sentimientos de soledad y un 11,2% menciona “el fallecimiento de personas” de su entorno.

Red de apoyo

“La soledad es no tener con quién hablar, no tener con quién hablar de buena manera”, afirma el neurocientífico Mariano Sigman, autor de El poder de las palabras (Debate). Disponer de un amigo a quien confiarle lo importante, explicó en una entrevista en EL PAÍS, “es un enorme paracaídas para la salud. Hay mucha ciencia que muestra que cuando tienes esa persona, el devenir de toda tu salud mental y física es mucho mejor que si no la tienes. La soledad es tóxica”, afirma.

El estudio de 40dB. indaga también en las redes de apoyo de los españoles. La mayoría cuenta con esa red, aunque uno de cada tres asegura que no habla de su soledad porque no quiere o porque no tiene con quién hacerlo. Un tercio afirma no tener amigos suficientes a los que contar algo importante o un problema y en general se siente mayor facilidad para conversar sobre las verdaderas preocupaciones con la pareja o los amigos que con familiares. En el caso de las actividades lúdicas, un 27,2% dice tener pocos o ningún amigo con el que “salir a divertirse” y esos porcentajes suben en el caso de mayores de 65 y en la clase media-baja y baja.

Los que afirman haberse sentido bastante o muy solos en el último año son más propensos a no contarlo que la población general. Pero, en el caso de hacerlo, hablan en mayor medida con terapeutas y psicólogos y con desconocidos.

Preguntados sobre quiénes creen que tienen mayor capacidad para combatir el sentimiento de soledad no deseada, el 41,6% asegura que el entorno de quien lo sufre, el 15%, la persona que se encuentra en esa situación, un 10% el Gobierno central y un 7,5% los Ayuntamientos. Sin embargo, esos porcentajes varían entre los que se sienten solos, que atribuyen en menor medida al entorno la capacidad de combatir su soledad. Ante la pregunta de qué hacen para tratar de remediar la situación de los conocidos que se sienten solos, la mayoría (49,1%) afirma “estar más pendiente de esa persona”, un 45,6%, “escribirles o llamarlos con cierta frecuencia”; el 33,1% visitarlos; el 29,1% trata de hacer actividades con ellos; un 17,7%, dice “hacer lo posible para que busquen ayuda profesional o terapia”; un 6% contrata a alguien que los cuide o haga compañía y un 6,4% admite no hacer “nada”.

Por lugares, las clases y el trabajo son los espacios donde con más frecuencia los encuestados dicen haberse sentido solos, por encima del hogar, la calle, los comercios o los espacios de ocio como cines, bares o restaurantes.

A medida que se han conocido los efectos de ese sentimiento sobre la salud general, el problema ha ido ganando presencia en la agenda política y distintas administraciones han puesto en marcha iniciativas para combatirla, aunque todavía de manera insuficiente. El Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada apunta a que el problema afecta cada vez a más gente en España y en Europa. El Imserso ultima una estrategia al respecto. En el ámbito regional, varias comunidades cuentan con planes específicos. También los Ayuntamientos. En el de Barcelona, por ejemplo, destacan los programas Radars y Vincles. El perfil de la soledad, más joven de lo que habitualmente se piensa, también obligaría a replantearse el enfoque y la estrategia para combatirla. Los que se sienten solos se muestran menos seguros de ir a votar en las próximas elecciones que la población general y son más indecisos a la hora de tomar la decisión. También se posicionan ideológicamente en menor medida.

Hogar medio

El 30,7% vive con su pareja e hijos. Los siguen quienes viven solo con su pareja (25,4%) y los que residen con algún progenitor u otros familiares (14,7%). En el colectivo que vive solo (12,5%) predominan los mayores de 55 años y la clase media-baja y baja. A más de la mitad de los que no comparten su residencia con nadie les gustaría seguir así, aunque las personas que viven acompañadas muestran un nivel de satisfacción mayor con su situación: casi el 90% la mantendría. La mitad de la población (52,9%) dice estar contenta con el reparto de su tiempo, pero casi cuatro de cada 10 preferirían que aumentasen los momentos en compañía.

Los hogares españoles encogen. En 1970 eran de casi cuatro personas. Disminuye la natalidad, aumentan los divorcios y la esperanza de vida. Las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística apuntan que, en 2037, uno de cada tres hogares albergará a alguien solo.

La soledad deseada

Existe también una soledad deseada. Más del 56% de los que viven solos aseguran que le gustaría seguir haciéndolo frente al 43,6% que preferiría compañía. Entre los que viven acompañados, sin embargo, solo uno de cada 10 querría vivir solo. También hay actividades, como ir al médico, que prefieren hacerse en solitario, frente a otras como comer, viajar, ir al cine, al teatro o a conciertos, en las que se desea la compañía. Para dormir, el 38,9% prefiere estar solo, el 49,3% acompañado y a un 11,9% le es indiferente."               (Natalia Junquera , Yolanda Clemente , El País, 19/03/23)

8/3/21

Nueve millones de ingleses no se relacionan con nadie. Pueden pasar un mes sin hablar con otra persona... el 36% de los estadounidenses padece “soledad severa”... solución, pues Ministerios de la Soledad... no es broma

 "En Japón muere tanta gente sola que existe una palabra para cuando uno fallece desamparado y su cadáver se encuentra tiempo después: kodokushi. Además, durante la pandemia se dispararon los suicidios por primera vez en 11 años. 

Más de 20.000 japoneses se quitaron la vida, el triple de los fallecidos por coronavirus. La solución que ha puesto el Gobierno ha sido crear un Ministerio de Soledad. (...)

El Reino Unido fue el primer país en darle a la soledad categoría ministerial en 2018. Un informe parlamentario concluyó entonces que nueve millones de británicos sufrían porque no se relacionaban con nadie. Podían pasar un mes sin hablar con otra persona. Ese aislamiento, dijeron los expertos, era peor para la salud que fumar 15 cigarrillos al día. (...)

Como dijo el brillante cómico estadounidense Stephen Colbert, “los británicos han definido el problema más inefable del ser humano y le han dado la solución más fría y burocrática”.

El diagnóstico está claro: la soledad no deseada es un problema que viene de lejos y con la covid-19 ha aumentado. En EE UU, una investigación de Harvard del pasado octubre constató que el 36% de los estadounidenses padece “soledad severa”. 

Son mujeres y hombres de todas las edades y nivel adquisitivo, aunque en mayor medida los parados, los trabajadores precarios, los residentes en lugares remotos y aquellos sin red familiar. De media, 700.000 estadounidenses mueren cada año alcoholizados o adictos a opiáceos. Son muertes prematuras por desesperación, como apuntaron Anne Case y Angus Deaton.

Estamos más conectados por internet y al mismo tiempo más disgregados que nunca. Ahora bien, ¿se necesita un ministerio? (...)

Querer combatir la soledad sin sufragar aquello que la alivia sirve de poco."             (Ana Fuentes, El País, 06/03/21)

15/5/20

En el Reino Unido, en 2018, 9 de los 65 millones de británicos padecían de soledad; y unos 200.000 no habían hablado con nadie durante más de un año... casi 5 millones de españoles viven también solos y su número crece sin parar

" En el mundo actual que nos ha tocado vivir, la pandemia del conoravirus, la crisis sanitaria subsiguiente y el efecto colateral de la amenazadora crisis económica, social y laboral son ciertamente problemas muy graves y preocupantes. Pero, desde hace mucho tiempo, hay otro, tan grave como el Covid 19, del que se habla poco. 

Digamos, como hubiera dicho Sabina, que hablo de la “soledad ”. Cuando utilizo la expresión “soledad como problema”, me refiero a la “soledad no deseada ni buscada”, a aquella soledad de las personas que se sienten solas porque necesitan más interacciones sociales o un cierto tipo de interacción social, que no tienen. Y este déficit de contactos sociales es vivido por los afectados como un drama, como un martirio, como un auténtico y grave problema.
 
· La soledad no deseada. Esta soledad es también una pandemia que, desde hace ya muchos años, se propaga por el mundo desarrollado, como una mancha de aceite, producida y propagada por el viento del engañoso “progreso”, del consumismo desenfrenado, del bienestar social y de ese pernicioso virus de la “globalización”. 
Contra esta pandemia, que algunos tildan ya de “pandemia  del siglo XXI”, ningún país del mundo desarrollado está vacunado. En todos ellos el virus maligno de la soledad se ha cobrado y se cobra cada vez más víctimas, principalmente entre las personas mayores, pero no sólo. Los adultos, los jóvenes e, incluso, los niños son también víctimas de ella.

· Así, en el Reino Unido, en 2018, 9 de los 65 millones de británicos padecían de soledad; y unos 200.000 no habían hablado con nadie durante más de un año. Ante la magnitud y la gravedad de este problema, la primera ministra Theresa May creó el “Ministerio de la Soledad” para abordarlo, gestionarlo y darle solución. En Japón, en 2019, el 70% de los nipones entre los 18 y los 34 años no tenían pareja y esto va a más cada año. Por otro lado, en los restaurantes japoneses, se suele ofrecer un peluche “grandeur nature” a los clientes para que no coman o cenen solos.
 Y, para los fines de semana, las vacaciones o los días festivos, existe la fórmula de las “familias en renta”, para pasarlos en compañía. Además, en el País del Sol Naciente, muchos ancianos cometen delitos menores sólo para ir a la cárcel y no sentirse solos. En EE.UU., encontramos la misma realidad: 3 de cada 5 americanos dicen sentirse solos. Y, por dar un último ejemplo, lo mismo sucede en China donde, en 2018, más de 200 millones de chinos eran solteros y unos 77 millones vivían solos.  
· La soledad no deseada en España. España no es un caso aparte. Según un estudio de  AXA & ONCE, casi 5 millones de españoles viven también solos y su número crece sin parar. La mayor parte son personas mayores, que pasan meses sin que nadie las eche en falta y sin que nadie pregunte por ellas. Además, uno de cada 10 españoles dice sentirse también solo. Y esto es particularmente grave entre los mayores de 80 años: el 48% se sienten solos y abandonados.
 Por otro lado, según un estudio de la Caixa, el 20% de las personas entre 20 y 40 años están en peligro de aislamiento social por soledad. Ahora bien, la soledad es un problema estructural, que no afecta a todas las personas que viven solas ni sólo a las personas que viven solas. Como dijo alguien, de cuyo nombre no puedo acordarme, “la peor soledad es estar con alguien y, sin embargo, sentirse solo”.
· Consecuencias. La pandemia de la soledad constituye el caldo de cultivo que permite el desarrollo de una serie de patologías, tanto sociales como somáticas y psíquicas. Los seres humanos somos seres indefensos y dependientes, expuestos a toda clase de peligros. Por eso, somos sociables ya que, según Thomas Harris, “nada nos hace más vulnerables que la soledad”. 
Distintos estudios han puesto el acento en el hecho de que la soledad es la principal causa de exclusión social. Además, favorece la hipertensión, los riesgos cardiovasculares, el debilitamiento del sistema inmunológico, la obesidad, el exceso de colesterol, etc. Y, por otro lado, propicia la ansiedad, las adicciones (alcohol, drogas, redes sociales, etc.), la mala calidad del sueño, el deterioro mental, que pueden conducir al suicidio (casi 4.000 suicidios, al año, en España). La soledad es, como la tensión alta, una “asesina silenciosa”. 
· Causas. En España, las causas de la pandemia de la “soledad no deseada” son, como en otros países, muy variadas y cortocircuitan las relaciones humanas. En los estudios e informes sobre la cuestión, se suele citar, como una de las principales causas, el no haber cultivado la amistad o el no haberlo hecho con personas significativas a lo largo del devenir vital: infancia, adolescencia, juventud y vida adulta. 
Y, por eso, con el paso del tiempo y sobre todo en la llamada “tercera edad”, la soledad se convierte en un peso insoportable, que hace que la vida sea un sinvivir y un auténtico valle de lágrimas.
· Además, se suelen citar la pérdida de seres queridos, las rupturas sentimentales, los divorcios y la pérdida de esa actividad tan socializadora y equilibradora que es el empleo, que deja encalladas y varadas a millones de personas en la arena del desempleo. Se trae también a colación la metamorfosis sufrida por los hogares y las familias españolas. 
La nueva familia española (de menor tamaño, con una baja tasa de natalidad, desintegrada, con dificultades para conciliar trabajo y familia, con mayor movilidad de sus miembros, etc.) ya no es ese gran antídoto-oasis contra la soledad. Por otro lado, también se suele hacer referencia a los nuevos hábitos de vida de los españoles: consumo desenfrenado, materialismo, egocentrismo, hedonismo sin coste ni esfuerzo, derechos sin deberes, etc. 
· Se imputa además el problema de la soledad al mal uso y abuso de las nuevas tecnologías (internet, móvil, redes sociales), que han propiciado que las nuevas generaciones prefieran las redes sociales (todo lo virtual) a las interacciones reales y directas. Como ha escrito muy acertadamente Ignatus Farray,  las “consolas” han reemplazado a los “libros”, los “móviles” nos han privado de la cercanía de la “voz” del “tête-à-tête”, las “miradas” han sido sustituidas por “likes”, las “cartas de amor” han dado paso a los “tinder” instantáneos, los “amigos virtuales” han ganado la partida a los de carne y hueso, las “horas de consolas y de redes sociales” no cesan de aumentar, al tiempo que disminuyen “las de los paseos y las cañas con confidencias”. 
A propósito del mal uso y/o abuso de las redes sociales, podemos preguntarnos: ¿las personas se conectan cada vez más a las redes porque se sienten solas o, por el contrario, por estar mucho tiempo conectadas a las redes se quedan y se sienten solas?
· El antídoto contra la soledad. El antídoto contra esta pandemia trágica de la “soledad no deseada” está al alcance de la mano y depende de cada uno de nosotros. El ser humano es un ser incompleto, vulnerable, dependiente y, por lo tanto, sociable por naturaleza y por necesidad. Por eso, como puede leerse en el Génesis “no es bueno que el hombre esté solo”. Sin embargo, nos hemos dejado engatusar y engañar por la falacia y la seudo-ilusión de la amistad y de los amigos de las redes sociales. 
Por eso, deberíamos, más bien, alejarnos de ellas y cultivar las auténticas relaciones humanas y, sobre todo, la verdadera amistad “face to face”. Como escribió Aristóteles, “la amistad es la cosa más necesaria en la vida, ya que nadie, aunque tuviese todos los bienes restantes, elegiría vivir sin amigos”. Ahora bien, los amigos y la verdadera amistad exigen tiempo, dedicación, esfuerzo, cuidados, inversión personal, proximidad física con el otro, compartir, etc. No es algo que se obtiene “gratis et amore”.  
 Y, además, cultivar la amistad con mayúsculas nos debe obligar a que abandonemos el insolidario y egoista “sálvese quien pueda” y volvamos al solidario y altruista “hoy, por mí; mañana, por ti” o al lema mosqueteril de “todos, para uno; uno, para todos”. No nos engañemos: “estar solo no es casualidad”, Jorge Buacay dixit. Por eso, para afrontar la soledad, no la llenemos con cualquier persona. ¡Invirtamos en amistad y cultivémosla! Así nos vacunaremos contra la “pandemia de la soledad no deseada”.                (Manuel I. Cabezas González, Honestidad radical, 09/05/20)