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19/4/23

Las mujeres sostienen el 76,2% del cielo

 "(...) No es necesario profundizar demasiado en los datos estadísticos cuando las conclusiones son evidentes. Por ejemplo, cuando mujeres y hombres trabajan en el mismo puesto, a las mujeres se les paga —en promedio— un 20 por ciento menos que a los hombres. Para crear conciencia sobre esta persistente disparidad, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y ONU Mujeres celebran cada año, el 18 de septiembre, el Día Internacional de la Igualdad Salarial y, a través de su Coalición Internacional para la Igualdad Salarial, hacen lobby ante empresas y gobiernos para acabar con la enorme brecha salarial entre mujeres y hombres. La idea de “a igual trabajo, igual salario” se estableció en el Convenio sobre igualdad de remuneración de la OIT (1951), en reconocimiento del hecho de que las mujeres siempre habían trabajado en fábricas industriales, y cada vez más durante la Segunda Guerra Mundial. El Convenio adoptó el “principio de igualdad de remuneración entre la mano de obra masculina y la mano de obra femenina por un trabajo de igual valor”, pero los gobiernos y el sector privado se han negado a seguirlo.

Durante la pandemia de COVID-19, se intensificó la atención pública hacia el sector de salud, incluyendo a las y los trabajadores sanitarios, que fueron aplaudidos universalmente como “trabajadores esenciales”. En marzo de 2021, el Instituto Tricontinental de Investigación Social publicó un dossier, Destapar la crisis. Trabajos de cuidados en tiempos de coronavirus, que recogía las opiniones de las trabajadoras del sector de la salud. Janet Mendieta, de la Central de Trabajadores Argentinos, reflexionó sobre esta idea de “trabajo esencial”:

Primero tendrían que reconocer que somos trabajadoras esenciales y después que se nos reconozca con un salario también, porque trabajamos mucho más de lo que tendríamos que trabajar, hacemos muchísimo trabajo. Como promotoras de género, salud, cocineras de comedores, trabajamos en merenderos y todo eso no está reconocido ni visibilizado. Si no se visibiliza, muchos menos nos reconocen ni nos dan un salario

“Nada de esto se reconoce”, dijo, ni durante el momento álgido de la pandemia ni cuando empezamos a salir de ella. En 2018, la OIT publicó un importante informe, El trabajo de cuidados y los trabajadores del cuidado para un futuro con trabajo decente, que estimaba que el valor del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado asciende al 9% del Producto Interior Bruto (PIB) mundial, es decir, 11 billones de dólares. En algunos países, el valor es muy superior, como en Australia, donde el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado representa el 41,3% del PIB. Basándose en datos de encuestas sobre el uso del tiempo recogidos en 64 países, el informe concluye que cada día se dedican 16.400 millones de horas al trabajo de cuidados no remunerado, y que el 76,2% del total de horas de trabajo de cuidados no remunerado lo realizan las mujeres. En otras palabras, el trabajo diario de cuidados no remunerado de las mujeres de todo el mundo equivale a tener a más de 1.500 millones de mujeres trabajando ocho horas al día sin remuneración.

En julio de 2022, la OIT y la Organización Mundial de la Salud publicaron otro informe sobre la brecha salarial, esta vez centrado en el sector de la salud. El documento, La brecha salarial de género en el sector de la salud y asistencial. Un análisis mundial en tiempos de COVID-19, estableció que en el sector sanitario y asistencial las mujeres ganan de media hasta un 24% menos que los hombres. A pesar de que las mujeres representan el 67% de los puestos de trabajo en este sector, solo un pequeño número de ellas trabaja en la alta gerencia, y la brecha entre los salarios de los administradores de hospitales y las enfermeras, por ejemplo, no deja de aumentar cada año.

El informe ofrece una serie de explicaciones para esta diferencia salarial. Entre ellas, sostiene que las mujeres cobran menos debido a la “menor retribución asociada a sectores y ocupaciones altamente feminizados”. Las profesiones relacionadas con la salud, como la enfermería, están peor pagadas que otras, no porque su nivel de cualificación sea objetivamente inferior, sino porque se asocian al “trabajo de las mujeres”, menos valorado en todo el mundo. Además, el informe señala que existe una “brecha de la maternidad” en los salarios, de la que no se habla a menudo pero que es visible en los datos estadísticos y en las reivindicaciones de los sindicatos de trabajadoras y trabajadores sanitarios. El trabajo a tiempo parcial es escaso en el sector de la salud, salvo entre las mujeres de veintitantos y treinta y tantos años, cuando “las mujeres tienen que abandonar el mercado laboral o reducir sus horas de trabajo a fin de compaginar el trabajo con el cuidado no remunerado de los hijos”. Cuando las mujeres se retiran del sector y regresan más tarde u optan por un trabajo a tiempo parcial, no obtienen los ascensos y aumentos salariales que reciben sus homólogos masculinos y, por tanto, pasan el resto de su vida laboral con salarios inferiores a los de los hombres que realizan el mismo trabajo.

 Las mujeres han luchado contra estas condiciones sociales durante cientos de años, y fueron las luchas lideradas por ellas las que establecieron muchos de los convenios internacionales sobre trabajo y derechos humanos. En el Instituto Tricontinental de Investigación Social hemos recogido algunas historias de esas luchas y de las mujeres que las protagonizaron. Una de nuestras últimas publicaciones, realizada en colaboración con ALBA Movimientos, se titula Crisálidas: Memorias feministas de América Latina y el Caribe. En ella destacamos a la nicaragüense Arlen Siu (1955-1975), la brasileña Dona Nina (1949) y la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas de Bolivia “Bartolina Sisa” (cuyas integrantes son conocidas como Las Bartolinas), fundada en 1980. Cada una de estas mujeres y sus organizaciones han formado parte de la lucha mundial contra las miserables condiciones sociales de desigualdad.

Son mujeres como Arlen, Dona Nina y Las Bartolinas quienes redactaron las reivindicaciones de autonomía económica de la Marcha Mundial de las Mujeres. El boletín de esta semana termina con sus palabras, que exigen:

  • Derecho de todas las trabajadoras y trabajadores —incluyendo a aquellas y aquellos vulnerables, como domésticas y migrantes— al empleo con condiciones de salud y seguridad laboral, sin acoso y en el cual su dignidad sea respetada, en todo el mundo y sin discriminaciones de ningún tipo (nacionalidad, sexo, discapacidad, etc.).
  • Derecho a la Seguridad Social, incluyendo el pago de ingresos en caso de enfermedad, incapacidad, licencia por maternidad y paternidad, y programas de renta mínima que permitan que las mujeres y hombres tengan una calidad de vida decente.
  • Salarios iguales por el mismo trabajo de mujeres y hombres, incluidas las remuneraciones por el trabajo en zonas rurales.
  • Salario mínimo justo (que disminuya la diferencia entre salarios más altos y más bajos y que asegure a todas y todos vivir con dignidad con las personas que son sus dependientes) instituido por ley, que sirva como referencia para todo el trabajo remunerado (público y privado) y para las prestaciones sociales públicas. Creación o fortalecimiento de una política de valorización permanente del salario mínimo, con valores comunes para subregiones o regiones.
  • Fortalecimiento de la economía solidaria, con crédito subsidiado, apoyo para la distribución y comercialización de su producción, intercambio de conocimiento y prácticas locales.
  • Acceso de las mujeres a la tierra, semillas, agua, materia prima y a todo el apoyo necesario para la producción y comercialización en la agricultura, pesca y creación, así como en la artesanía.
  • La reorganización del trabajo doméstico y de cuidados para que la responsabilidad por este trabajo sea compartida entre hombres y mujeres dentro de la familia o de la comunidad. Para que esto se torne realidad, demandamos la adopción de políticas públicas que apoyen la reproducción social, como guarderías, lavaderos colectivos y restaurantes, cuidados para las personas ancianas, etc., así como la reducción de la jornada de trabajo sin reducción en los salarios."       (Tricontinental, 06/04/23)

10/3/23

La tercera transición: la economía de los cuidados y la igualdad de género

 "La incorporación masiva de las mujeres españolas al empleo —más de cinco millones en los últimos 30 años— ha redefinido las estructuras familiares y laborales, pero los cambios no han llegado a los cuidados. Hemos pasado de un modelo familiar de varón sostenedor/mujer cuidadora a otro de dos sostenedores, pero no siempre dos cuidadores. Al mismo tiempo, el 10% de las familias (casi dos millones) son monoparentales y ocho de cada 10 están encabezadas por una mujer. Para las mujeres españolas, cuya identidad está indiscutiblemente asociada al empleo, el sistema tradicional de cuidados resulta insostenible. También lo es para una sociedad que envejece.

Las políticas de igualdad de género no se han acompañado del aumento de la oferta de servicios públicos para atender los cuidados, tanto los de la infancia como los de larga duración; es decir, mayores y dependientes. La conciliación entre lo laboral y lo familiar se ha abordado ofreciendo a las mujeres excedencias y reducciones de jornada para atender a hijos menores, lo que perjudica sus expectativas laborales y su autonomía personal. Según el Banco de España, la penalización por maternidad reduce un 11,4% los ingresos laborales de las mujeres en el primer año respecto a los hombres y llega hasta el 28% a largo plazo.

España es, asimismo, uno de los países europeos con mayores perspectivas de envejecimiento. El 20% de la población ya tiene más de 65 años y la esperanza de vida al nacer supera los 85 para las mujeres y 83 para los hombres. A partir de los 80 años, la proporción de mujeres más que duplica la masculina. Para atender a esta demanda creciente y desarrollar el sistema de cuidados de larga duración, es imprescindible considerar la perspectiva de género.

Sobre este complicado escenario, las restricciones de movilidad por la pandemia de la covid-19, el cierre de los centros escolares y las dificultades de acceso a los servicios de atención a mayores, han tenido un efecto de refamilización y vuelta al hogar de los cuidados, que recae mayoritariamente sobre las mujeres. Aunque las estadísticas subestiman el tiempo dedicado a cuidados por parte de las mujeres ―a nivel europeo, ellas aportan en media 37,7 horas semanales, por solo 22,7 horas de los hombres― y en España los datos son similares. El último Índice Europeo de Igualdad de Género muestra por primera vez un retroceso desde que comenzó a elaborarse en 2013.

Respecto a los cuidados remunerados, a pesar de su carácter imprescindible para la continuidad de la vida y el funcionamiento de la economía, al ser sectores feminizados no gozan del reconocimiento social y económico que merecen, con salarios bajos y precarias condiciones de trabajo. Así lo ejemplifican las ocupaciones sanitarias y los servicios sociales. También la atención en residencias de mayores, el sector de limpieza y el servicio doméstico, con un considerable contingente de mujeres inmigrantes en condiciones de informalidad laboral y con enormes dificultades para atender a sus propios dependientes en España y en sus países de origen.

El desigual reparto por sexos del cuidado consolida las brechas laborales horizontales (ramas feminizadas y masculinizadas) y verticales (dificultades de ascenso femenino en la jerarquía ocupacional). La conciliación mal repartida se refleja en complementos salariales más bajos, peores contratos y jornadas más cortas, un perverso mecanismo de techo de cristal y suelo pegajoso, que alimenta las brechas salariales de género. Los cuidados, tanto pagados como no pagados, constituyen el principal reto del empleo femenino, de la igualdad de género y del bienestar de nuestra sociedad.

El Informe La Pobreza de las Mujeres en Europa, del Parlamento Europeo, plantea la necesidad de aplicar transversalmente la perspectiva de género tanto a la transición digital como a la transición verde para conseguir que ambas no solo se traduzcan en mayor igualdad de género, sino también en menor pobreza para las mujeres en los años venideros.

Creemos que es necesario añadir a estas dos transiciones gemelas una tercera transición, la de los cuidados y la igualdad de género, que permita avanzar en la justicia social, incluyendo los cuidados como un eje central de las políticas transformadoras. Sus objetivos serían, en primer lugar, resolver la falta de tiempo de las mujeres con servicios públicos de cuidado que liberen tiempo para ellas; en segundo lugar, revalorizar los empleos de cuidados, mejorar su cualificación con habilidades digitales y adecuar sus niveles salariales al conocimiento y responsabilidades que conllevan; por último, los servicios públicos no serán suficientes sin medidas legislativas y acciones que faciliten un reparto equitativo por sexos del cuidado no remunerado que se presta en el hogar, lo que requiere la colaboración de las empresas y empleadores en general.

Respecto a los dos primeros objetivos, el punto de partida ha de ser la aplicación a nuestro país de la Estrategia Europea de Cuidados, formulada en 2022. Entre sus propuestas están ampliar los objetivos de educación y cuidado de la infancia establecidos en Barcelona 2002 hasta el 50% para menores de tres años y al 96% hasta la educación obligatoria; elaborar planes nacionales de cuidados de larga duración, incrementando la oferta, profesionalización y calidad de los servicios, ampliando su cobertura geográfica e incluyendo también el apoyo a las cuidadoras informales, y un gran esfuerzo de formación, cualificación y mejora de las condiciones de trabajo del personal de cuidados, atajando los estereotipos de género respecto a los cuidados.

El tercer objetivo avanzaría considerablemente con la aplicación completa de la Directiva Europea sobre Equilibrio Familia Trabajo de 2019. Más allá de los permisos de paternidad obligatorios, iguales e intransferibles —que ya tenemos en España— hay que establecer incentivos para que los hombres se acojan también a otros permisos, excedencias y fórmulas laborales flexibles para cuidar. Esto contribuirá a redefinir culturalmente la masculinidad poniendo en el centro los cuidados, al reconocer que los hombres también necesitan conciliar familia y trabajo en diferentes momentos de su vida laboral, no solo cuando tienen hijos pequeños, sino para atender a mayores, enfermos o dependientes.

La transición de los cuidados y su reparto equitativo en pos de la igualdad de género ha de incorporar a otros actores y dimensiones, destacando el papel de empresas, sindicatos, medios de comunicación, sector educativo, ciudades, asociaciones, cooperación internacional, etcétera, en una transformación estructural tan indispensable como compleja.

Una financiación pública generosa, al igual que ocurre con las transiciones gemelas digital y verde, es imprescindible para garantizar esta tercera transición, trilliza de las dos anteriores. Se impone la consideración del gasto público en cuidados como una inversión que estimula la educación, el empleo y la productividad; contribuye a eliminar la pobreza, mejora la protección social y la propia calidad de los cuidados, y es clave para erradicar la discriminación de las mujeres. La Estrategia europea de cuidados propone orientar a tal fin un volumen considerable de los recursos del Fondo Social Europeo.

España debería abanderar con fuerza y decisión esta transición de los cuidados y para la igualdad de género e impulsar de forma efectiva su implementación durante el semestre de la presidencia española de la UE, un período lleno de oportunidades para visibilizar, potenciar y acelerar esta agenda en Europa y en España."

22/5/19

Nancy Fraser: el auge de movimientos y líderes de extrema derecha en todo el mundo es una consecuencia del ‘neoliberalismo progresista’... una alianza peculiar entre dos fuerzas. El socio principal es el capitalismo financiero representado por Wall Street, Silicon Valley y Hollywood... grandes fuerzas simbólicas del capital que se presentan como moralmente avanzadas y se llevan bien con el feminismo, con gays y son supuestamente verdes. Un capitalismo con rostro progresista. Han logrado seducir al ala liberal de movimientos sociales progresistas, que les han proporcionado una coartada para que sus políticas económicas reaccionarias parezcan emancipatorias... el feminismo fue una especie de sirvienta del capital o de legitimación de este giro

"(...) Afirmas que el auge de movimientos y líderes de extrema derecha en todo el mundo es una consecuencia de lo que denominas ‘neoliberalismo progresista’. ¿Podrías explicar en qué consiste este fenómeno?  

Neoliberalismo progresista es el término que utilizo para describir el bloque hegemónico que dominó la política en la mayoría de los grandes países capitalistas durante los últimos 20, 30 y, en algunos casos, 40 años. El símbolo sería el nuevo laborismo de Tony Blair en Gran Bretaña, y las presidencias de Bill Clinton, Barack Obama y la [fallida] de Hillary Clinton en Estados Unidos.
Fundamentalmente, fue una alianza peculiar entre dos fuerzas. El socio principal es el capitalismo financiero. En los EE UU está representado por Wall Street, Silicon Valley y Hollywood. Son las grandes fuerzas simbólicas del capital, que se presentan como cosmopolitas, moralmente avanzadas, se llevan bien con el feminismo y con los gays, son supuestamente verdes... Un capitalismo con rostro progresista. 

Para ello han logrado seducir, para que formen parte de esta alianza, al ala mainstream, convencional y liberal de movimientos sociales progresistas. Estos movimientos han proporcionado una suerte de coartada para que estas políticas económicas reaccionarias parezcan emancipatorias. Eso es el neoliberalismo progresista.

Lo que en realidad hizo esta alianza fue empeorar los estándares de vida de los dos tercios inferiores de la sociedad. Enriqueció muchísimo al 1%, por supuesto, pero el 10% superior también se benefició de estas políticas. 

Todo esto fue acompañado de la extensión de la deuda, de prácticas que casi acaban con el sistema financiero mundial en 2008, de desindustrialización, precarización del trabajo, de una bajada de los salarios que ha obligado a los hogares a trabajar muchas más horas, a endeudarse para salir adelante… Han sido políticas desastrosas y, sin embargo se presentaban como políticas a favor de las mujeres, de los gays, del medio ambiente, de las personas racializadas…

Mucha gente se ha hartado. De hecho, me sorprende que estos movimientos populistas hayan tardado tanto tiempo en rebelarse. El problema es que han tomado las dos partes del neoliberalismo progresista como un todo, de forma que no solo rechazan la financiarización y la desindustrialización, sino también al feminismo, los derechos LGBTQ, la equidad racial, los derechos de los migrantes… Eso supone un gran problema para la izquierda.

 Tenemos que desarrollar un feminismo diferente, un movimiento LGBTQ, un ecologismo, un movimiento antirracista y por los derechos de los migrantes, etc., diferentes, que no se asocien más con estas políticas horribles y con la financiarización.

En este neoliberalismo progresista, el feminismo tiene un papel muy importante. ¿Cuál es su responsabilidad en todo esto?  

Una cuestión muy importante en la sociedad actual es la relación entre la producción con ánimo de lucro de bienes de consumo, por un lado, y la reproducción social —la producción, sustento y cuidado de seres humanos— por otro. Esta división siempre ha estado generizada en la sociedad capitalista; de hecho, estas dos cuestiones no estaban tan abiertamente separadas hasta la aparición del capitalismo. Pero para el capitalismo es fundamental que ambas esferas estén separadas, y que de una se encarguen las mujeres y, de otra, los hombres.
 
El neoliberalismo progresista ha exacerbado las dificultades para la reproducción social porque requiere la participación completa de las mujeres en la fuerza de trabajo con salarios bajos que conllevan muchas horas, requiere que los Estados apliquen la austeridad, que recorten las ayudas a la reproducción social, presionando al máximo. 

Creo que es criminal que el feminismo mainstream no se haya ocupado de esta situación en conjunto, sino que se haya concentrado solo en que un pequeño porcentaje de mujeres relativamente privilegiadas ascienda en la jerarquía corporativa, ¡o incluso en los rangos del ejército estadounidense!

En definitiva, el feminismo liberal no ha prestado atención a las grandes transformaciones sociales, ha aceptado la estructura social existente y ha tratado de mejorar la situación de unas pocas mujeres en ella. No digo que sea completamente responsable del giro hacia la financiarización —la culpa es solo del capitalismo—, pero el feminismo fue una especie de sirvienta del capital o de legitimación de este giro. Creo que esto ha arruinado la reputación del feminismo en general, porque ahora se asocia el feminismo con el neoliberalismo.

 Esta versión capitalista del feminismo, ¿es sobre todo un fenómeno norteamericano o es una tendencia global?  

Creo que es común a varios países, especialmente aguda y visible en EE UU, pero desde luego también en Gran Bretaña, en Francia, en Alemania, en el norte de Europa y los países escandinavos. En el Sur de Europa no estoy segura, me lo tendrías que decir tú. También lo observo en América Latina en muchos casos.

 La clave es que el neoliberalismo puede adoptar diferentes facetas en función de la situación. Se puede aliar con el progresismo, como hizo en EE UU, pero también se puede alinear con el conservadurismo, como por ejemplo ha hecho con Angela Merkel en Alemania. Mucha gente piensa que el neoliberalismo tiene una política de partida, pero no, más bien es oportunista, se agarra a cualquier política que esté disponible.
 
En un artículo que publicaste en la New Left Review señalabas que “las luchas por la reproducción social han explotado en los últimos años” —movimientos por la vivienda, por la sanidad, por la renta básica, por el trabajo doméstico...—. ¿Por qué son tan importantes estas luchas hoy en día? 

 
En primer lugar, hay que tener en cuenta que la reproducción social es absolutamente fundamental para la sociedad. En una sociedad capitalista no tendríamos ninguna fuerza de trabajo a la que explotar, no tendríamos la posibilidad de expandir el capital, de sacar beneficio, si no tuviésemos todo este trabajo en la sombra que consiste en producir seres humanos, en educarlos, en proporcionarles las habilidades necesarias, los valores… 

Todo eso es fundamental y sucede fuera de la “producción”: en los hogares, en la educación pública, en la sociedad civil… Es un trabajo que el capitalismo no reconoce como tal y que trata con mucho empeño de no pagar, aunque a veces se vea forzado a pagar una parte. La reproducción social es absolutamente indispensable, ninguno de nosotros podría existir sin ella y el capital tampoco podría acumular sin ella.

El capitalismo actual, financiero, globalizado, neoliberal, es especialmente problemático por la presión que ejerce sobre la reproducción social. Por un lado, necesita que las mujeres en general trabajen con un empleo a jornada completa, y a veces más que una jornada completa, con más de un trabajo, para llegar a fin de mes. Y por otro, necesita que los gobiernos recorten el gasto social, que quiten las ayudas a la reproducción social. 

Esto supone una presión tremenda sobre la reproducción social. Lo vemos en el deterioro de las viviendas sociales, del transporte público, de los sistemas sanitarios, de la educación pública… Todas estas cosas están privadas de inversión y ayudas. Por eso ahora la reproducción social es una especie de foco de tensión, el lugar en el que estallan las luchas. Como tiene tanto que ver con el género, sitúa a las mujeres en la primera línea del activismo social. 

Es una situación novedosa e interesante, porque en épocas anteriores de crisis capitalista solían ser los trabajadores varones quienes estaban en primera línea, así como las organizaciones de trabajadores en la industria capitalista. Hoy en día, en el capitalismo neoliberal, hay un nuevo foco de crisis, la reproducción social, que pone en el centro a una nueva serie de agentes sociales. El feminismo es una fuerza muy importante en esta nueva arena de lucha.
 
¿Cómo podemos abordar esta crisis de la reproducción social? Algunos autores consideran que lo que hay que hacer es volver al Estado del Bienestar, crear trabajos públicos y de calidad en sectores como el de los cuidados. Pero, ¿es una estrategia realista?  

El Estado del Bienestar fue una especie de mezcla. A algunas personas, a una cantidad significativa de gente, les iba mejor de lo que les va hoy en día, eso está claro. Sin embargo, ese Estado del Bienestar estaba construido sobre la base de muchas exclusiones. 

Dependía de la idea del salario familiar, que significa que cada familia tiene que tener un varón proveedor y una mujer encargada de la casa, apuntalando la dependencia de las mujeres hacia los hombres. Excluía, desde luego en EE UU, a las minorías raciales, cuyo trabajo en la agricultura o en los hogares no estaba cubierto por la seguridad social. Su concepto de familia era heteronormativo, no estaba a favor de las familias o relaciones LGBTQ. 

Y finalmente, gran parte se pagaba a través del valor que el llamado Primer Mundo extraía del Tercer Mundo, por lo que también tenía una dimensión neoimperialista. No es un ideal que podamos adoptar hoy en día, aunque sí nos interesan las ayudas sociales y la socialización de la reproducción social que trataba de ofrecer.

Otro problema es que no podemos pensar solo en términos de marco nacional. Estados ricos, Noruega por ejemplo, que tiene mucho petróleo, pueden hacer un buen trabajo en su territorio nacional apoyando la reproducción social a través de políticas sociales, pero muchos Estados no están en esa situación. La mayor parte de la población mundial vive en países donde no hay un Estado que funcione, son Estados fallidos. Tenemos que pensar de manera transnacional cómo asegurar los derechos sociales para todo el mundo. 

La cuestión de la inmigración está muy relacionada con esto, ¿por qué hay gente tratando de emigrar a Europa o de cruzar la frontera sur de EE UU? Porque sufren situaciones invivibles, ya sea por la violencia, por empobrecimiento extremo o por desastres climáticos. Solo si pensamos de manera global, más amplia, podremos imaginar medidas que logren el objetivo de reconocer, validar y apoyar la reproducción social.

En la actualidad vivimos un momento boyante del feminismo. ¿Qué estrategias deberíamos adoptar?  

Creo que vivimos en una época muy emocionante. Es un momento de apertura, en el que las viejas certezas, el viejo sentido común, se están desmoronando y ya no creemos en cosas como “si los ricos se enriquecen, todo el mundo lo hará”, “si Hillary Clinton es presidenta, la situación de la mayoría de mujeres mejorará”. 

La gente ve más allá de estas viejas certezas y busca algo nuevo. Hay muchas fuerzas que están aprovechando este vacío y ofrecen un proyecto. Algunas, como decíamos, son muy malas, pero otras son prometedoras.

La situación para el feminismo ahora mismo está bastante abierta. Muchas jóvenes activistas buscan una alternativa al feminismo liberal. Puede que todavía no tengan un marco teórico acabado, pero están abiertas a pensar de manera mucho más radical y transformadora.

 Con otras colegas he tratado de ofrecer un proyecto, el feminismo del 99%, que es un feminismo anticapitalista, que pide cambios estructurales de calado, en la relación entre producción y reproducción, sociedad y naturaleza, sistema político y economía… 

Estar en un periodo de crisis también significa que vivimos una crisis de hegemonía y eso crea no solo el peligro de que los movimientos de extrema derecha prosperen, sino también la oportunidad de que emerja un feminismo de izquierdas."            

(Entrevista a Nancy Fraser, profesora de filosofía en la New School de Nueva York, Fraser es una figura destacada del feminismo en EE UU. Muy crítica con el feminismo liberal, dominante en su país, aboga por un feminismo del 99% que desafíe el orden capitalista. Irene G. Rubio, El Salto, 19/05/19)

12/7/18

El aumento de los trabajos de mierda... algo distinto de los trabajos basura, muchos de ellos imprescindibles... son los trabajos lacayos, los fantoches, los cinta-adhesiva, los cumplimenta-casillas, los manda-faenas...

"(...) SW

Vayamos directamente a eso. ¿Cuál es la definición de un trabajo de mierda?

DG

Un trabajo de mierda es un empleo que es tan innecesario, incluso perjudicial, que hasta la persona que lo está haciendo cree íntimamente que este empleo no debería existir.  Naturalmente, tiene que fingir: esa es la parte estúpida, que de algún modo tienes que fingir que hay alguna razón para que este empleo exista. 

Pero por dentro, crees que si este trabajo no existiera, o bien nada cambiaría en absoluto, o el mundo de hecho sería un lugar un poco mejor.  

SW

En el libro, comienzas haciendo una distinción entre los trabajos de mierda absurdos de los trabajos basura. Quizás deberíamos comenzar haciendo eso justamente ahora, así que podemos hablar sobre  ello. ¿Qué son los trabajos de mierda?  

DG

Cierto, la gente a menudo comete este error. Cuando hablas sobre trabajos de mierda, ellos piensan justo en trabajos que son malos, trabajos que son degradantes, trabajos que tienen condiciones terribles, sin seguros, etc. Pero incluso, lo irónico es que esos trabajos de facto no son de mierda. Si tienes un mal empleo, es posible que estés en realidad haciendo algo bueno en el mundo. 

De hecho, cuanto más beneficioso sea tu trabajo para los demás, probablemente menos te paguen, y posiblemente sea en ese sentido un trabajo malo [en el sentido de explotador].  Así, puede verse casi como una contradicción.

Por un lado, tienes empleos que son trabajos explotadores, pero que son realmente útiles. Si estás limpiando baños o algo así, los baños necesitan ser limpiados, así que al menos tienes la dignidad de saber que estás haciendo algo beneficioso para los demás, incluso si no obtienes mucho más. Y por otro lado, tienes empleos donde eres tratado con dignidad y respeto, te pagan bien, tienes buenas prestaciones, pero sin decirlo, trabajas sabiendo que tu empleo, tu trabajo, es completamente inútil.  

SW

Divides los capítulos según las diferentes clases de empleos de mierda. Hay los lacayos, los fantoches, los cinta-adhesiva, los cumplimenta-casillas, los manda-faenas, y lo que yo pienso como contadores de frijoles. Tal vez podamos ir contando qué son estas categorías.
DG

Claro. Esto  viene de mi propio trabajo, de pedirle a la gente que me envíe sus testimonios. Reuní varios cientos de testimonios de personas que tenían trabajos de mierda. Pregunté a la gente, “¿Cuál es el trabajo más absurdo que has tenido? Cuéntame. Cuéntamelo todo de él; cómo crees que sucede, cuál es la dinámica, ¿lo sabía tu jefe?”. 

 Conseguí ese tipo de información. Hice pequeñas entrevistas con la gente después, material de seguimiento. Y así, de algún modo, ideamos un sistema de categorías juntos. La gente me sugeriría ideas, y gradualmente las junté en cinco categorías.

Tal como dices, tenemos, primero, los “lacayos”. Esa categoría es algo evidente. Un “lacayo” existe solo para hacer que algún otro luzca. O que se sientan bien consigo mismos, en algunos casos. Todos sabemos qué tipo de empleos son, pero un ejemplo obvio sería, digamos, un recepcionista en un lugar que realmente no necesita un recepcionista.

 Algunos lugares obviamente necesitan recepcionistas, que están ocupados todo el tiempo. En otros lugares el teléfono suena quizá una vez al día. Pero aun así tienen a alguien, a veces dos personas, sentados allí pareciendo importantes. Así que no tengo que llamar a nadie por teléfono, tendré a alguien que dirá “hay un bróker muy importante que quiere hablar con usted.” Eso es un lacayo.  

Un fantoche es un poco más sutil. Pero de algún modo tenía que hacer esta categoría porque la gente no dejaba de decirme que sentían que sus empleos eran una mierda, fueran un agente de televenta, fueran abogados corporativos, estuvieran en relaciones públicas, marketing, cosas así. Tenía que aceptar que se sentían de esa manera.

El esquema parecía ser que estos trabajos son realmente útiles en muchas ocasiones para las compañías para las que trabajan, pero ellos sentían que toda esa industria no debería existir. Son básicamente gente que está ahí para molestarte, para presionarte de alguna manera. Dentro de lo que sea necesario, solo es necesario porque otras personas los tienen.

 Tú no necesitas un abogado corporativo si tu competidor no tiene un abogado corporativo. No  necesitas un televendedor para nada, pero en la medida que puedas fabricar una excusa para decir que los necesitas, es razón para que los otros tipos tengan uno. Bien, así que es bastante fácil.

Los “cinta-adhesiva” son gente que está ahí para resolver problemas que ya en primer lugar no deberían existir. En mi antigua universidad, parece que teníamos solo un carpintero, y era realmente difícil conseguir uno. Hubo un momento en que la estantería se desplomó en mi despacho en la Universidad, donde yo trabajaba en Inglaterra. 

El carpintero se supone que vendría porque había un gran agujero en la pared, se podía ver el daño. Y él nunca parecía que se fuera a asomar por allí, siempre tenía algo más que hacer. Finalmente entendimos que habría un tipo sentado allí todo el día, lamentándose por el hecho de que el carpintero nunca venía.  

Hace muy bien su trabajo, es muy agradable aunque siempre parecía un poco triste y melancólico, y era muy difícil enojarse con él, que es, por supuesto de lo que va realmente su trabajo. Ser un frena críticas, efectivamente.  Pero llegado un punto pensé, si despidieran a ese hombre y contrataran a otro carpintero, no le necesitarían. Así que es el clásico ejemplo de un “cinta-adhesiva”.

SW

Y luego los ¿“cumplimenta-casillas”?

DG

Los “cumplimenta-casillas” están ahí para permitir a una organización que diga que está haciendo algo que realmente no está haciendo. Es una especie de comisión de investigación. 

Si el gobierno se ve implicado en algún escandalo  — digamos, policías disparando a un montón de ciudadanos negros — o hay alguien aceptando sobornos, hay algún tipo de escándalo. Se forma una comisión de investigación, fingen que ellos no sabían lo que estaba sucediendo, aparentan que van a hacer algo sobre ello, lo que es completamente falso.  

Pero las empresas hacen esto, también. Están siempre creando comités. Hay cientos de miles de personas alrededor del mundo que trabajan en conformidad con bancos, y eso de los comités es una fantasmada total. Nadie tiene la intención de seguir alguna de estas leyes que se les imponen.

 Su trabajo es simplemente aprobar cada transacción, pero por supuesto no es suficiente aprobar cada transacción porque parece sospechoso. Entonces, tienes que inventar razones para decir que hay algunas cosas que investigaste. Hay rituales muy elaborados de pretender investigar un problema, que en realidad no estás investigando para nada.

SW

Entonces entras en los “manda-tareas”.

DG

Los “manda-tareas” son la gente que está ahí para dar a la gente trabajo que no es necesario, o para supervisar a la gente que no necesita supervisión. Todos sabemos de quienes estamos hablando. Mandos intermedios, naturalmente, son un ejemplo clásico para esta categoría. Tuve gente que no tenía pelos en la lengua, “sí, tengo un trabajo de mierda, soy un mando intermedio. Fui ascendido. 

De hecho solía hacer este trabajo, me pusieron arriba y me dijeron que supervisara a la gente, que les hiciera trabajar. Y sé perfectamente bien que ellos no necesitan a nadie para supervisarlos o hacerles trabajar. Pero tengo que aparecer con cualquier excusa para existir de algún modo.”

 Así, finalmente en una situación como esa, dices, “Muy bien, vale, vamos a presentar estadísticas de objetivos, de modo que pueda probar que estás haciendo realmente algo que yo ya sé que estás haciendo, de manera que pueda sugerir que yo fui el tipo que te hizo hacerlo.”

De hecho, tienes gente rellenando todos estos formularios, de modo que están gastando menos tiempo en su trabajo. Esto sucede cada vez más en todo el mundo, pero en EEUU alguien hizo un estudio estadístico y descubrió, creo que como un 39% es el tiempo medio que un oficinista se supone que trabajaría en lo suyo realmente. Cada vez más, se ocupan de correos electrónicos administrativos, reuniones sin sentido, todo tipo de llenado de formularios, y de documentación, básicamente.

Administración inflada

SW

En el pensamiento marxista o radical, hay esta idea de trabajo productivo e improductivo. Me pregunto cómo conecta la categoría de trabajo de mierda con el concepto de empleos o trabajos improductivos.   

DG

Es diferente. Porque ese productivo o improductivo se refiere a si está produciendo plusvalía para los capitalistas. Esa es una cuestión bastante diferente. Nuestro trabajo de mierda es una valoración subjetiva del valor social del trabajo de las propias personas que lo hacen.

Por un lado, la gente acepta de algún modo la idea de que el mercado determina el valor. Esto es cierto en la mayoría de los países actualmente, de hecho. Casi nunca oirás de la gente empleada en ventas o servicios diciendo, “yo vendo palos de selfie, ¿Para qué quiere la gente palos de selfie?  Eso es estúpido, la gente es tonta.” 

Ellos no dicen eso. No dicen, “¿Bueno, por qué necesitas gastarte cinco dólares en una taza de café?” Así, la gente que trabaja en el sector servicios no cree que tengan trabajos de mierda, en casi ningún caso. 

Aceptan que si hay un mercado para algo, y la gente lo quiere, ¿quién soy yo para juzgarlo? Compran la lógica del capitalismo hasta ese grado.  
Sin embargo, entonces se fijan en el mercado laboral, y dicen, “espera un minuto, me pagan 40.000 dólares al año por sentarme y hacer memes de gatos todo el día y quizá contestar alguna llamada telefónica, eso no puede estar bien.” 

 Así pues, el mercado no siempre tiene razón; claramente el mercado laboral no funciona de un modo económicamente racional. Hay una contradicción. Tienen que idear otro sistema, un sistema tácito de valores, que sea muy diferente del productivo o improductivo para el capitalismo.

SW

¿Cómo se relaciona el aumento de estos trabajos de mierda con lo que nosotros consideramos trabajos productivos?

DG

Bueno, eso es muy interesante. Tenemos esta narrativa del aumento de la economía de servicios. Ya sabes, desde los años 80 nos estamos alejando de la industria manufacturera. Del modo que lo presentan, en estadísticas económicas, parece que el trabajo agrícola mayormente ha desaparecido, el empleo industrial ha caído — no tanto como la gente parece creer, pero lo ha hecho — y el empleo en el sector servicios se ha disparado. 

Pero eso también es porque ellos descompusieron el sector servicios para incluir empleos de oficina, gerenciales, de supervisión y administrativos. Si tú los diferencias, si miras el sector servicios en ese sentido, de gente que está cortándote el pelo o sirviéndote una comida, bien, la verdad, ese sector servicios ha permanecido muy constante en el 25% de la fuerza de trabajo durante los últimos 150 años. No ha cambiado para nada. Lo que realmente ha cambiado es esta gigantesca explosión de “traslada-papeles”, y ese es el sector de empleos de mierda.

SW

Tú llamas eso a la burocracia, al sector administrativo, al sector de mandos intermedios.   

DG

Exactamente.  Es un sector donde ambos, lo público y lo privado, más o menos se funden. De hecho, un área para la proliferación masiva de estos empleos es precisamente donde no está del todo claro lo que es público y lo que es privado: la interfaz, donde privatizan los servicios públicos, donde el gobierno está respaldando a los bancos.

El sector bancario es una locura. Hay un tipo con el que comencé el libro, de hecho. Yo le llamo Kurt, no sé su nombre verdadero. Él trabaja para una subcontrata de una subcontrata de otra subcontrata que trabaja a su vez para el ejército alemán. Básicamente, hay un soldado alemán que quiere mover su ordenador de una oficina a otra. 

Tiene que presentar una solicitud a alguien para que llame a alguien para que a su vez llame a alguno, esto va a través de tres empresas diferentes. Finalmente, tiene que conducir 500 kilómetros en un coche alquilado, rellenar los formularios, embalar el ordenador, trasladarlo, alguien más lo desembalará, y él firmará otro formulario y se marchará. 

Este es el sistema más ineficiente que posiblemente pudieras imaginar, pero está todo creado por esta interfaz de material entre lo público y lo privado, que supuestamente hace las cosas más eficientes.

SW

Así que la actitud, que tú señalas, desde la época de Thatcher–Reagan, es que el Estado es siempre el problema y en el Estado es donde están todos estos empleos. Por tanto, fue un ataque al sector público. Mientras que tu muestras que un montón de ellos vienen del sector privado, esta burocratización.

 ¿No es acaso la necesidad de maximizar beneficios y recortar costes — que es lo que pensamos en términos de capitalismo y la presión de la competencia — los que militan en contra de la creación de estos empleos inútiles en ese sector privado?
DG

Uno piensa que así sería, pero parte de la razón por la que eso no sucede es que, cuando nosotros imaginamos el capitalismo, aún estamos imaginando un puñado de empresas medianas implicadas en fabricación y venta, y compitiendo unas con otras.

 Y eso no es realmente lo que parece en el panorama actual, especialmente en los sectores financiero, de seguros e inmobiliario.
Igualmente, si miras lo que la gente realmente hace, hay toda esta idea de reducir y simplificar. Si tú eres un CEO (director ejecutivo), recibes elogios por la cantidad de personal que despides, que reduces, y a la que metes prisa.

 La plantilla que está siendo despedida y acelerada son los trabajadores, los productivos, los tipos que realmente están haciendo las cosas, moviéndolas, manteniéndolas, haciendo el trabajo real. Si estoy en UPS (United Parcel Service), los conductores están taylorizados constantemente.   

Sin embargo tú no le haces eso a los tipos en las oficinas. Sucede exactamente lo contrario. Dentro de la corporación, está todo este proceso de construcción de imperios, por el cual diferentes gerentes compiten entre sí, principalmente sobre la cantidad de personas que trabajan para ellos. No tienen incentivos, en absoluto, por librarse de personal.

Tienes a esos tipos, equipos de gente, cuyo trabajo al completo es escribir los informes que ejecutivos importantes presentaran en las grandes reuniones. Grandes reuniones que son una especie de encuentros equivalentes a las justas feudales, o como altos rituales del mundo corporativo. Entras ahí, y tienes todo este equipo, has logrado toda esta historia, tus puntos de poder y tus informes y etcétera. 

Así, hay equipos completos que están allí solo para decir: “yo hago las ilustraciones para el informe sobre estos tipos,” y “yo hago las gráficas,” y “yo hice y puse al día la base de datos”.

Ni siquiera nadie lee estos informes, solo están ahí para lucirse. Es el equivalente a un señor feudal.  Yo tengo un tipo cuyo trabajo es simplemente arreglarme el bigote, y otro tipo que está puliendo mis estribos, etc.  Sólo para demostrar que puedo hacer todo eso.

SW

También ves un paralelismo con el ascenso de los trabajos de mierda, que es el ascenso de los “no-trabajos de mierda.” Los llamas trabajos de cuidados. ¿Puedes describir estos empleos? ¿Por qué hay un ascenso en esos empleos, y en qué sectores están?  

DG

Estoy tomando el concepto fundamentalmente de la teoría feminista. Creo que es muy importante, porque la noción tradicional de trabajo, pienso, que es muy teológica y patriarcal. Tenemos esta noción de producción. Viene con ese concepto de que el trabajo debe ser penoso, es el castigo que Dios nos ha infligido, pero también es una imitación de Dios. 

Sea Prometeus, o sea la Biblia, los humanos se rebelan contra Dios, y Dios dice, “Ah, querías mi poder, bien, puedes crear el mundo, pero va a ser miserable, sufrirás cuando lo hagas.”

Pero también es visto como esta quintaesencia del contrato masculino: las mujeres parirán y los hombres producirán cosas, es la ideología. Naturalmente, se invisibiliza todo el trabajo real que las mujeres hacen, de mantenimiento del mundo. Esta noción de producción, que se encuentra en el corazón de las teorías del movimiento obrero en el siglo XIX, la teoría laboral del valor es un poco engañosa.

Pregunta a cualquier marxista sobre empleo y valor del trabajo, siempre van inmediatamente a la producción. Bueno, aquí hay una taza. Alguien tiene que hacer la taza, es verdad. Pero hacemos una taza una vez, y la lavamos diez mil veces, ¿cierto? Ese trabajo precisamente desaparece completamente en la mayoría de esas cuentas, la mayor parte del trabajo no es produciendo cosas, es mantenerlas igual, es mantenerlas, cuidarlas, pero sobre todo cuidar la gente, cuidar las plantas y los animales.  

Recuerdo un debate que hubo en Londres sobre trabajadores del metro. Estaban cerrando todas esas oficinas expendedoras de tickets en el metro de Londres. Un montón de marxistas estaban diciendo, “Ah, sabéis, es probablemente en cierto sentido un trabajo de mierda, porque tu no necesitarías tickets realmente bajo un comunismo total, el transporte sería gratuito, así que quizá no deberíamos defender estos empleos". Recuerdo haber pensado que había algo bastante superficial allí.

Y entonces vi este documento que fue publicado por los huelguistas, donde decían, “Buena suerte os deseamos en el Nuevo Metro de Londres sin nadie trabajando en la estación de metro. Esperemos que vuestro hijo no se pierda, solo esperemos que no pierdas tus cosas, solo esperemos que no haya ningún accidente. Solo esperemos que nadie se asuste y tenga un ataque de ansiedad o se emborrache y empiece a acosarte.”   

Se repasa la lista de todas las diferentes cosas que ellos realmente hacen. Te das cuenta que incluso un montón de estos empleos clásicos de clase trabajadora son realmente trabajos de cuidados, se trata de cuidar de la gente. Pero no lo piensas como tal, no te percatas. Son mucho más como una enfermera que como un obrero de fábrica.

Mas allá de un trabajo de mierda

SW

Una de las cosas que dices en tu libro es que pensaste en que el movimiento Occupy podría ser el comienzo de la rebelión de la clase de cuidadores.

DG

Ahí está ese “somos el 99%” en una página del blog Tumblr, y era para las personas que estaban de hecho demasiado ocupadas trabajando para tomar parte en las manifestaciones de manera continua. La idea era: puedes escribir un pequeño cartel donde hables de tu situación vital y por qué apoyas el movimiento. Terminaría siempre con el “yo soy el 99%”. Tuvo una tremenda respuesta; miles y miles de personas hicieron esto.

Cuando lo repasé, me di cuenta de que casi todos ellos estaban en el sector de cuidados en algún sentido. Incluso si no lo estaban, los escritos parecían ser muy similares. Básicamente estaban diciendo, “Mira, yo quería un empleo donde al menos no estuviera haciendo daño a nadie. Donde estuviera realmente haciendo algún tipo de beneficio para la humanidad, quería ayudar a la gente de algún modo, quería cuidar de los demás, quería beneficiar a la sociedad.” 

Pero si acabas en el sector salud o en educación, servicios sociales, haciendo algo donde cuidas de otras personas, te pagarán tan poco, y te meterán tan profundamente en deudas, que ni siquiera podrás cuidar de tu propia familia. Esto es totalmente injusto.    

Fue ese sentimiento de una injusticia tan fundamental lo que creo que verdaderamente dirigió el movimiento más que ninguna otra cosa. Me di cuenta de que creaban esos trabajos fantoches, donde básicamente tu estas ahí para hacer que los ejecutivos se sientan bien con ellos mismos. Ellos tienen que recuperar trabajo para que otra gente lo haga.

 En educación, en salud, esto es increíblemente evidente. Siempre lo ves. Las enfermeras a menudo tienen que gastar la mitad de su tiempo de trabajo rellenando formularios. El profesorado, profesores de escuela primaria, gente como yo no es tan malo en la educación superior como lo es si estás enseñando quinto grado, pero sigue siendo malo.

SW

Todos soñamos con una sociedad que nos libre a todos de un trabajo que nos agote mentalmente, de modo que podamos perseguir nuestras pasiones y nuestros sueños y cuidar unos de otros. Por tanto, ¿Es solo una cuestión política? ¿Es algo que la RBU, Renta Básica Universal, pueda encarar?

DG

Bien, creo que sería una demanda transitoria, eso tiene sentido para mí. Marx  de hecho en alguna parte sugirió que no hay nada malo en las reformas, mientras sean reformas que mejoraran un problema, pero crean otro problema que solo puede ser resuelto mediante reformas más radicales. Si haces esto continuamente, puedes finalmente llegar al comunismo, dijo. Era un poco optimista, quizás.

Ya sabes, soy anarquista, no quiero crear una solución estatista. Una solución que hace que el estado sea más pequeño, pero al mismo tiempo mejora las condiciones y hace que las personas sean más libres para desafiar al sistema, eso me resulta difícil de discutir. Y esa es la razón por la que me gusta la RBU.  
No quiero una solución que vaya a crear más trabajos de mierda. 

Un empleo garantizado suena bien, pero, como ya sabemos por la Historia, tiende a crear puestos de gente pintando rocas de blanco, o haciendo cosas que no necesariamente necesitan ser hechas. Además también requiere de una administración gigante para gestionar eso. Frecuentemente parece que sea la gente con las actitudes de la clase dirigente profesional la que prefiere ese tipo de solución.

Mientras la renta básica universal trata de dar a todo el mundo suficiente para que pueda subsistir; a partir de ahí ya es cosa tuya (me refiero a las versiones radicales, obviamente; no estoy por la versión de Elon Musk). La idea es separar empleo de remuneración, en cierto sentido. Si tú existes, mereces una garantía de existencia. Podrías llamarlo libertad en la esfera económica. Puedo decidir cómo quiero contribuir a la sociedad.  

Una de las cosas que es muy importante del estudio que hice sobre los trabajos de mierda es lo deprimida que está la gente. Salió de manera contundente en las explicaciones que me dieron. En teoría, estás consiguiendo algo por nada, estás sentado ahí y te están pagando por hacer casi nada, en muchos casos. Pero esto solo desmoraliza a la gente. 

 Hay depresión, ansiedad, todas esas enfermedades psicosomáticas, espacios de trabajo terribles y comportamiento tóxico, que incluso empeoran por el hecho de que la gente no puede comprender qué motivos tienen para estar tan disgustados.

Porque, sabes, ¿de qué me quejo? Si me lamento con alguien me dirán simplemente, “Oye, estás consiguiendo algo por nada y ¿estás lloriqueando?” 

Pero ahí se muestra nuestra idea básica de la naturaleza humana, que se inculca a todos por los economistas, por ejemplo — que todos estamos intentado conseguir la mayor recompensa con el mínimo esfuerzo — que no es cierta.  La gente quiere contribuir al mundo de algún modo. Así, que se demuestra que si le das a la gente una renta básica, no van simplemente a sentarse a ver la televisión, que es una de las objeciones.

La otra objeción, naturalmente, es que, quizás quieran contribuir a la sociedad pero van a hacer algo estúpido, así que la sociedad va a estar llena de malos poetas y molestos músicos callejeros, mimos callejeros por todas partes, gente creando sus propios dispositivos de movimiento continuo y todo tipo de chismes. 

Estoy seguro que habrá algo de eso, pero mira: si el 40% de la gente ya cree que sus trabajos son completamente inútiles, ¿cómo va a ser peor que lo que ya hay? Al menos van a ser mucho más felices haciendo esas cosas que estando rellenando formularios todo el día."                   

(David Graeber  . Da clases en la London School of Economics, tras ser expulsado de Yale y ser rechazado de todas las universidades de su país, Estados Unidos, por declararse anarquista. Fue uno de los líderes del movimiento Occupy Wall Street. Sin Permiso, 06/07/18; fuente: Jacobin)

6/6/18

Cadenas globales de cuidado: el eslabón local

"Como resultado de la reducción del costo de los productos finales conseguido gracias a las cadenas globales de valor, el precio del ordenador en el que escribo esto es mucho menor que si hubiese estado íntegramente fabricado en Euskal Herria. Es más, de haberse producido aquí, sería tan caro que yo no tendría dos ordenadores sino uno solo, o ninguno y estaría usando el de alguna biblioteca o el de un centro especializado en alquiler de equipos informáticos.

El acceso masivo a la tecnología informática en la forma actual, se sustenta en la cadena global de valor mencionada: la ciudadanía que disfruta de las ventajas del ordenador lo está haciendo sobre la existencia de un sistema que explota las materias primas y el trabajo de personas en los países empobrecidos. 

En el relato de este fenómeno, las palabras clave son gobiernos, instituciones financieras y transnacionales, y el hecho de que el resultado de la explotación capitalista del planeta tenga réditos también para quienes habitamos el primer mundo, no es algo que se coloque en primer plano cada vez que criticamos el sistema.

Según he leído en un artículo titulado “Cadenas globales y trabajo rural. La producción de arándanos en Uruguay” (2013) los hombres jornaleros no quieren participar en la recolección del fruto porque no les gusta la organización del trabajo y la corta duración de la zafra, y prefieren buscar otros empleos más rentables en áreas urbanas. 

Los contratistas resuelven este problema mediante una mayor incorporación de mujeres a esas tareas, dado que ellas muestran más disciplina en el trabajo y más compromiso con las metas exigidas por la empresa.

Quienes gestionan todo el asunto son las empresas agroexportadoras y sus capataces. En el caso de que las mujeres no aceptasen la tarea de recolección, parece ser que tampoco la asumirían los hombres, y en consecuencia quizá no encontrásemos arándanos en nuestros supermercados. En este relato, las palabras clave son agroexportación y nuevas formas de reclutamiento de mano de obra y en ningún momento se representa al jornalero como causante en ningún grado de la posición o condiciones laborales de la jornalera.

En otro terreno, dentro de las cuadrillas de trabajadores dedicados a pavimentar las carreteras durante los meses del verano, se observa que cuanto más lejano es el origen nacional del trabajador, más cerca está del manejo y aspiración de los vapores del chapapote caliente. Es posible que la técnica del vertido en el bache sea mejorable y que la existencia de trabajadores que necesitan aceptar un trabajo duro esté ralentizando la posible mejora en las condiciones en que se realiza la actividad. 

No he visto nada publicado a este respecto, pero supongo que las palabras clave del relato serían dumping social, industria de la construcción, categorías profesionales y organización del trabajo, y nadie le encontraría sentido a mencionar al hipotético oficial de 3ª oriundo de aquí cerca, que se ha liberado de los trabajos penosos gracias a la existencia del peón inmigrado.

La idea de cadena global de cuidados hace referencia a la división internacional del trabajo reproductivo y aparece en la obra de la socióloga estadounidense A.R. Hochschild en el año 2000. El concepto se utiliza en muchos estudios posteriores y resulta una referencia inexcusable tanto para tratar de migración como de empleo doméstico en los países ricos. 

Remito al Wikigender para conocer los términos en los que se define, porque lo que a mí me preocupa es la incidencia general del concepto, cuyas posibles matizaciones solo alcanzan a especialistas y estudiosas del tema. La cadena estaría constituida por mujeres de los países ricos, que ya no quieren o no pueden ser las responsables de los cuidados en su entorno y consiguen salir al mercado laboral trasladando sus responsabilidades de cuidado a mujeres de países empobrecidos, las cuales a su vez delegan el cuidado de sus familias en mujeres de sus propios países. 

Mujeres de aquí que prosperan, tienen empleos fuera de casa, acceso a la formación… a costa de las otras, las mujeres pobres y migradas que han ocupado su lugar. Tal como se ha difundido, la idea de la cadena global de cuidados nos culpabiliza se quiera o no, y en el lenguaje corriente ha terminado por formularse así: mujeres explotando a otras mujeres. Esta versión culpabilizadora resultaba muy previsible y tiene vida propia.

A partir de esto, en más de un trabajo académico o periodístico hemos podido leer que en lugar de luchar por nuestra verdadera liberación -como era nuestro deber- nos hemos tirado a lo fácil delegando el cuidado. Vamos, que el oficial de 3ª de la construcción, en lugar de hacer la revolución proletaria para mejorar sus condiciones de vida, se ha hecho a un lado para que sea otro quien baje a la zanja. 

También hemos leído las declaraciones de alguna trabajadora de hogar migrada (testimonio real) que, a continuación de decir que trabajaba con un horario y salario buenos, señalaba que gracias a que acudía el viernes a la noche a cuidar de las criaturas de una familia, ella, la empleadora, podía salir a cenar con su marido, en lo que sería una miniversión de la cadena.

El eslabón local de la cadena global de cuidados se forja sobre el principio de que el cuidado pertenece, está adscrito, a las mujeres, que lo llevan indisolublemente ligado a sus personas. Esa atribución injusta de la que las feministas siempre hemos renegado, se incorpora a la representación de nuestro ser y de ahí en adelante, la ausencia de las mujeres del país rico en las tareas de cuidado pasa a constituir una anomalía subsanada por ellas mismas con la contratación de empleadas de hogar.

Visto de esta manera, la trabajadora que cuida a la madre de un varón casado estaría sustituyendo a la nuera y no al hijo; en el cuidado de una madre la trabajadora estaría sustituyendo a las hijas y no a los hermanos de estas, y así sucesivamente; siempre serían mujeres las que habrían trasladado sus responsabilidades valiéndose del desigual reparto mundial de la riqueza.

Cuando muchas de nosotras nos hemos negado a cumplir el mandato patriarcal de ser madres, o hemos tenido una sola criatura, no estábamos delegando en las mujeres pobres de otros países la reproducción de la especie, estábamos transformando el ser mujer en nuestra vida individual. 

Lo mismo pasa con el cuidado. Sin embargo, el relato de la cadena no incorpora el avance que supone en sí misma la posición de muchas mujeres que se niegan a admitir la equiparación de los términos “mujer” y “cuidadora” y que reniegan del principio de que el cuidado es asunto suyo. Esta posición ha llevado a intensificar el reparto del cuidado dentro de muchas familias, ha forzado el aumento de servicios, todavía insuficientes, y también ha llevado a contratar más empleo de hogar. 

En bastantes ocasiones son quienes necesitan o quieren cuidado quienes contratan por sí; otras veces son sus hijos y sobrinos varones quienes lo hacen y en otras, muchas, son las mujeres de la familia.

Podríamos razonar de otra manera. De la misma forma que no ponemos el foco en quien valiéndose de la cadena global de valor tiene acceso al equipo informático barato, ni en el hombre que pudiendo hacerlo se niega a recolectar el arándano, ni en el que no maneja el chapapote porque hay otros que lo hacen… tampoco hay motivo para señalar a las mujeres; el que nos neguemos a ser las responsables del trabajo doméstico y de cuidados no nos sitúa como agentes responsables de las malas soluciones a la cuestión.

Si hoy día el cuidado sigue realizándose de casa en casa y con un grado de colectivización ridículo es porque existe una manera barata de obtener atención mediante el empleo de hogar sin mover ninguna de las estructuras sociales que tienen su origen en la división sexual/genérica del trabajo. Las buenas salidas son complejas y a largo plazo. 

Junto al reparto de tareas con los hombres y la mejora en calidad, cantidad y accesibilidad de los servicios de atención a las personas, hacen falta cambios transversales: empleo, educación, urbanismo, habitación… En realidad, todas las esferas rozan con el cuidado.

Para que todo eso cambie, un buen revulsivo es reivindicar todos los derechos laborales para las trabajadoras de hogar, las migradas y las nacidas aquí. Aunque en el contexto del contrato de trabajo doméstico la aplicación de muchos de esos derechos es imposible (readmisión obligatoria en el despido por maternidad o por el ejercicio de derechos constitucionales, mecanismos ordinarios de prevención de riesgos laborales, jornada, descansos y salarios homologables con el resto de sectores…), hay que seguir exigiendo equiparación y luchando contra la explotación en el empleo de hogar, sea quien sea la parte empleadora.

El relato de la cadena de cuidados puso de manifiesto algunos elementos que permanecían ignorados. El primero fue la ampliación de la mirada sobre la explotación de los recursos de los países pobres, que no se limita a la extracción y producción de bienes materiales sino que se extiende a lo que Hoschschild llama plusvalía emocional. 

También reveló la situación que se deriva de la ausencia de las mujeres migradas de sus núcleos familiares de origen, la brutalidad de la separación de sus criaturas y sus mayores, a quienes pasan años sin ver o -con suerte- tratan por Skype; los problemas de relación que acarrea la distancia o la dificultad de gestionar las emociones que genera el cuidar criaturas y personas mayores de otras familias cuando no se puede atender a las de la propia.

 En este contexto hay que mencionar la hipocresía en la gestión de la Ley de Extranjería, que somete a las trabajadoras de hogar migradas a los mismos requisitos y plazos que al resto de los sectores para conseguir los papeles, pero las controla mucho menos y mira para otro lado porque la organización actual de los cuidados las necesita.

Si me he animado a opinar sobre el eslabón local de las cadenas globales de cuidado es porque parece haberse incorporado al patrimonio de ideas feministas aceptadas sin mayor cuestionamiento. En palabras de una amiga, es triste que los hombres vuelvan a salir de rositas en este asunto.

 Expresado de manera más solemne, mi crítica es que hay una asimetría inaceptable en la designación de las mujeres del país de destino como beneficiarias directas de la explotación de otras mujeres, cuando en el resto de procesos en los que personas de países empobrecidos realizan tareas necesarias en o para las sociedades ricas, la descripción de los fenómenos va por otro lado. 

Además, el supuesto traspaso de nuestras responsabilidades de cuidado se sostiene en una atribución que las feministas negamos radicalmente para todas las mujeres."                 (Isabel Otxoa, Pikara, 25/05/18)