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17/8/22

Branko Milanović: El socialismo con características chinas en el libro de Xi Jinping... El éxito se define en términos de mejora del bienestar y la felicidad de las personas... ¿cómo lograr el buen gobierno? Obviamente, teniendo gobernantes morales... En todos los casos de un buen gobierno, se hace hincapié en las características individuales de los gobernantes... lo que se busca es el gobierno de la virtud, y por la virtud... Podría haber un procedimiento justo de selección de gobernantes, digamos, por elección, pero no necesariamente una regla virtuosa. Esto último sólo puede asegurarse mediante la educación de los gobernantes... La pregunta clave, sin respuesta en el libro, se convierte entonces en: ¿es posible lograr un "rejuvenecimiento" educativo y moral en las actuales condiciones "normales" del capitalismo, en las que la mayoría de la población considera que ganar dinero es el objetivo más elevado que revela también la propia valía individual? Xi está luchando contra el espíritu de los tiempos, y aunque su lucha puede estar impulsada por un genuino deseo de crear una China moralmente superior, las probabilidades de tener éxito en este empeño no son, me temo, especialmente altas

 "Hace varios años, la Editorial Popular del Estado chino introdujo la traducción al inglés de extractos de los discursos de Xi Jinping y, en algunos casos, de sus escritos bajo el título de "Anécdotas y dichos de Xi Jinping". El original se publicó en chino en 2017. El enlace al libro está disponible aquí.  (...)

El libro consta de dos partes. La primera está dirigida al lector chino, trata temas chinos (pero también hasta cierto punto globales), y utiliza sobre todo los ejemplos, proyectados como metáforas, de la milenaria historia china, los casos de individuos extraordinarios de la época maoísta, e incluso algunos del período contemporáneo de construcción del "socialismo con características chinas." La segunda parte (mucho menos interesante) es una recopilación de varios discursos pronunciados por Xi en ocasiones de reuniones internacionales (las conversaciones con Obama figuran allí dos veces, pero no está Putin). Se supone que la segunda parte muestra la interacción benévola de China con el resto del mundo, pero su carácter programático la hace mucho menos interesante. La única excepción es cuando Xi habla de fútbol, al que es realmente aficionado, y donde sus opiniones son interesantes.

El énfasis indiscutible en la parte "china" del libro está en los asuntos de gobierno. Dando numerosos ejemplos de la historia china de gobernantes y sus ayudantes que se preocupaban por el bienestar de la gente, vivían modestamente ("Uno debe ser el primero cuando se ocupa de los asuntos del Estado, el último cuando se ocupa de los asuntos personales"), se esforzaban por mejorar moral y educativamente, Xi propone una teoría de la gobernanza que se basa en la virtud de los gobernantes y en los resultados obtenidos, no en el procedimiento. Mientras que las teorías occidentales hacen hincapié en el aspecto procedimental (cómo se selecciona a un gobernante, si es mediante un proceso democrático bien establecido o no), la preocupación de Xi son los resultados. La premisa tácita no es discutir cómo se selecciona a alguien para gobernar -y esto se aplica no sólo a los altos cargos, sino a todos los puestos, desde el nivel más bajo del condado hasta el jefe del CPC- sino el éxito que tienen en el cumplimiento de sus funciones. El éxito se define en términos de mejora del bienestar y la felicidad de las personas a las que gobiernan.

El buen gobierno en sí, como en una historia de la antigua China contada por Xi, no tiene por qué ser estructuralmente el mismo. Tres gobernantes diferentes, escribe Xi, impusieron el gobierno justo mediante mecanismos distintos: uno por su atención a los detalles y por el control de todos los gastos del gobierno partida por partida; otro por su buen carácter; y el tercero por los castigos severos. La corrupción se erradicó bajo cada uno de los tres gobernantes, pero por una razón diferente: bajo el primero, la gente no podía hacer trampas; bajo el segundo, se avergonzaba de hacerlas; bajo el tercero, se les castigaba si hacían trampas. Xi, que contó esa historia en 2004, no revela cuál de las tres formas prefiere.

En todos los casos de un buen gobierno, se hace hincapié en las características individuales de los gobernantes. Como mencionan los editores, si en la China feudal existían muchos gobernantes y funcionarios virtuosos y concienzudos, ¿no sería aún más probable que los comunistas más conscientes de la ideología y orientados al pueblo se preocuparan por sus conciudadanos? Lo que se necesita, escriben, es "moralidad por dentro y virtud por fuera"; lo que se busca es el gobierno de la virtud, y por la virtud.

Pero, ¿cómo lograr ese gobierno? Obviamente, teniendo gobernantes morales. De ahí -el lector empieza a darse cuenta- la campaña ideológica de Xi: si se desprecia la ideología confuciana-comunista y todo se valora simplemente en términos de dinero y éxito económico, no puede haber un gobierno moral y virtuoso. Citando a Confucio, como hacen los editores, "si uno se permite seguir el beneficio en su comportamiento, habrá muchos con motivo de queja". Podría haber un procedimiento justo de selección de gobernantes, digamos, por elección, pero no necesariamente una regla virtuosa. Esto último sólo puede asegurarse mediante la educación de los gobernantes.

La pregunta clave, sin respuesta en el libro, se convierte entonces en: ¿es posible lograr un "rejuvenecimiento" educativo y moral en las actuales condiciones "normales" del capitalismo, en las que la mayoría de la población considera que ganar dinero es el objetivo más elevado que revela también la propia valía individual? ¿Pueden los ejemplos traídos de la era revolucionaria, del foro de Yen'an, del primer Mao, etc. ser relevantes para una nueva generación criada en el mundo de la comercialización implacable? Se puede dudar. Esto no hace que la campaña ideológica llevada a cabo por Xi (incluyendo probablemente este libro) sea menos relevante, sino que la hace más. Sin embargo, la probabilidad de éxito de esa campaña no es muy alta. Xi está luchando contra el espíritu de los tiempos, y aunque su lucha puede estar impulsada por un genuino deseo de crear una China moralmente superior, las probabilidades de tener éxito en este empeño no son, me temo, especialmente altas.

Pero, quizás, Xi podría responder con la historia, contada por Mao en 1942, del viejo loco que intenta mover dos montañas. En la versión de Mao, las dos montañas eran el feudalismo y el colonialismo. Fueron eliminadas. En la versión de Xi, podrían ser la codicia y la indiferencia."                (Branko Milanović,  Brave New Europe, 14/08/22; traducción DEEPL)

28/7/20

Francisco Frutos, in memoriam




"Un luchador por las libertades, pero de los de verdad.

La primera sorpresa fue que un buen día, Paco Frutos, un luchador por las libertades, pero de los de verdad, no de los que llevan pajarita amarillo, me escribió para decirme que me leía y me seguía. La segunda fue cuando me dijo que, cuando fuera a Madrid a presentar mi libro, trataría de ir, ya que estaría en la capital por razones médicas.

Finalmente, el mismo día de la presentación, me escribió para decirme que seguía un tratamiento contra el cáncer, y ese día llegaba tarde, así que no podría venir.

Pero ... se apresuró, tomó un taxi y tuvo tiempo de presentarse a la librería Blanquerna, creo que con el acto ya comenzado. No nos habíamos visto nunca, y al final se acercó para saludarme, presentarse y animarme a persistir. Una mierda de cáncer no podía impedirle venir, a un hombre que se había jugado la piel por los trabajadores unas cuantas veces.

Ayer Paco se murió, y los derechos sociales de todo el mundo salen perdiendo." (Albert Soler, Diari de Girona, 27/07/20)

"Sin duda alguna, el que, en sus años jóvenes fue conocido como “el “pagés” del PCE”, fue el dirigente comunista español de los últimos tiempos más respetado por la mayor parte de la sociedad española.

Lo merecía sobradamente. Solamente la brutal enfermedad que acabó con su vida este domingo, 26 de julio, acalló la voz de Paco Frutos, contra lo que denominó “nazionalsecesionismo” y contra la falsa izquierda que, alejada por completo del internacionalismo, se convirtió en “palanganera” del nacionalismo supremacista catalán, como no cesó de repetir una y otra vez.

Hasta el final de su vida, Paco Frutos fue el ejemplo más acabado de la firmeza de convicciones, coherencia ideológica y política y austeridad en su vida personal. Unos rasgos de su personalidad que dejan en evidencia el oportunismo, el autobombo y el síndrome que siempre denunció Lenin, la enfermedad infantil de la que es expresión cabal la izquierda líquida instalada en la Moncloa con el apoyo de los secesionistas de toda laya con los que trata de dinamitar el legado de la Transición a la que él contribuyó decisivamente, desde su ingreso, en 1963, en el PSUC, del que fue secretario general en 1981.

Y, a pesar de haber sido Secretario General del PCE de 1998 a 2009, esa firmeza de convicciones y coherencia le llevó a abandonar, hace ya varios años, las filas del que durante tanto tiempo fue conocido como “el Partido”, precisamente por el apoyo de sus últimas direcciones al secesionismo y al podemismo. No fue para él una decisión fácil, sino realmente desgarradora, después de más de cincuenta años de militancia, pasar a engrosar la amplísima lista de “comunistas sin carnet”. Desde entonces, se propuso hacer llegar a la sociedad española otra voz comunista que ni falsificara al marxismo y la Historia, ni renegara del internacionalismo que caracterizó siempre a la izquierda, ni tirara por la borda la Constitución de 1978 en la que se plasmó, de modo no suficientemente reconocido, la política de “reconciliación nacional” aprobada por el PCE en 1956,

Y lo hizo, con el mismo brío que imprimió a su vida política, a través del blog personal que creó en 2009, con escritos que fue reproduciendo en sus páginas cada semana Crónica Popular, a cuyo Consejo Editorial perteneció desde hace muchos años. Un inabarcable trabajo político desarrollado durante la última década y que reunió en tres voluminosos tomos, el primero de los cuales tuve el honor de presentar en el CAUM el pasado 13 de diciembre.

Leí todos sus artículos de cabo a rabo, cada semana, para editarlos. Leyéndolos, aprendí a raudales. Y, tengo que decirlo, fueron para mí una gratificante, impagable y auténtica sorpresa. Paco era introvertido y parco, muy parco de palabras. Pero, siendo así, dio rienda suelta a las reflexiones que la situación española e internacional le suscitaban, tecleando cada día en su ordenador y escribiendo con una soltura y fluidez envidiables, artículos vibrantes, directos y claros, que encajan perfectamente en la mejor tradición del Periodismo político español.

Con el conjunto de sus escritos, Paco Frutos dio nuevamente una lección de coherencia política. No le tembló el pulso para reconocer en ellos los errores en los que incurrió en su dilatada vida política, algo realmente inusual en un país manejado hoy con los criterios del más burdo marketing político en cuyo marco los desaciertos se venden como triunfos dignos de prolongados aplausos de una clá bien pagada.

No cejó nunca en su denuncia de los nacionalismos, dedicando su más acerva crítica al secesionismo catalán, porque, para él, “en nuestra ideología, salvo que ésta sufra una degradación irreversible, los nacionalismos y racismos no pueden tener ningún papel, ni los viejos, ni los nuevos que, amparándose en cuentos e historietas sobre razas e identidades ancestrales superiores, conducen siempre a enfrentamientos violentos y a la liquidación de la lucha de clases como verdadero motor de la historia. Consecuentemente con lo dicho, continuaré desenmascarando a los embusteros, vividores y cantamañanas de la historia”.

Y no dudó tampoco en expresar abiertamente sus críticas al podemismo, sin que, el chantaje de que tales críticas pudieran ser “aprovechadas por el enemigo”, le hicieran bajar la cerviz y silenciar sus denuncias: “Iglesias salta como un zascandil de un lado a otro desde el principio del nacimiento de Podemos, con episodios que, puestos uno detrás del otro, parecen las notas de un acordeón desafinado, por contradictorios. En el corto espacio de cuatro años, la organización que nació, según sus creadores, para combatir y acabar con la casta política, acaba actuando como la casta más degradada democrática y políticamente en menos tiempo, pudiendo competir con la que venían a superar”.

Frente a los intentos golpistas del secesionismo y a los delirios demagógicos del podemismo y de sus aliados, en muchos de sus escritos propugnó la necesidad de una izquierda que no renunciara a serlo, tal como se afirmó en un Manifiesto presentado en el Ateneo de Madrid años atrás: “No puede haber otra alternativa que la de construir una opción de izquierdas en toda España, una opción plural, unida, coordinada y libremente disciplinada en torno a unos valores y principios. Una propuesta que haga confluir realmente a todas las personas y grupos que siendo comunistas y/o de izquierdas, se sienten, nos sentimos, huérfanos de organización, teniendo claros los objetivos a los que deseamos llegar, por difíciles que sean. En Madrid, en Catalunya y en otros sitios se está trabajando en ello. Es necesario unir y coordinar los esfuerzos, sin precipitaciones y sin pausas”. Era consciente de que el empeño no era sencillo pero no por ello dejó de impulsarlo.

En una especie de homenaje, hoy los medios de comunicación españoles recordaron sus palabras en la manifestación unitaria organizada en Barcelona por Sociedad Civil Catalana el 29 de octubre de 2017: “Los nacionalismos destrozan el mundo, destrozan el corazón: los grandes nacionalismos y también los pequeños. Yo os hablo en nombre de personas, de grupos, de organizaciones de la izquierda plural y no nacionalista. Suponiendo, permitidme la ironía, que exista la izquierda nacionalista Y además, haciendo un reproche a esta izquierda cómplice, que dice que no es nacionalista pero que se va detrás de los nacionalistas, que les baila el agua”.

Sus palabras entonces, fueron un auténtico aldabonazo. Y lo siguen siendo hoy. Toda una lección de coherencia ideológica y de valentía política. Unas cualidades, desgraciadamente, extrañas y escasas y en peligro de extinción en estos convulsos momentos, pero que siempre caracterizaron a Paco Frutos, un comunista de una sola pieza." (Rodrigo Vázquez de Prada y Grande. Director de Crónica Popular, 27/07/20)

Francisco Frutos / Partido Comunista de España (fuente: Wikipedia)]

Enlace a la etiqueta “Franscisco Frutos Gras” de la Asamblea Social de la Izquierda de Cataluña

"Muere a los 80 años Paco Frutos, ex secretario general del PCE y exlíder de IU. Fue diputado en el Congreso desde 1993 hasta las elecciones de 2004.

 Francisco Frutos ha muerto este domingo en Madrid a los 80 años de edad víctima de un cáncer. Había sido secretario general del PSUC y del PCE y coordinador general de Izquierda Unida. Una de sus últimas intervenciones públicas se produjo el 29 de octubre de 2017 cuando intervino como orador en el acto contra la independencia de Cataluña organizado en Barcelona por Societat Civil Catalana. Ya antes, en 2014, había firmado un manifiesto contrario al proceso independentista.

Fernando Claudín sostenía la tesis de que una vez alguien se cae de la dirigencia de un partido comunista, no hay vuelta atrás. Nunca tuvo presente que el PSUC era diferente. De ahí que, cuando Paco Frutos dejó en 1982 la secretaría general del partido, tras haber sustituido a Antoni Gutiérrez Díaz, a quien él mismo había relevado un año antes, el puesto fuera de nuevo ocupado por su antecesor. Eran tiempos convulsos para los comunistas catalanes. Aquel mismo año el partido se dividiría en dos al formarse el Partit dels Comunistes de Catalunya. Frutos se encontró con la crisis que venía de lejos y no pudo capearla. Una vez realizada la sucesión en la secretaría del Partido dejó su Cataluña natal para instalarse en Madrid.

A partir de ese momento colaboró activamente con el PCE e Izquierda Unida, tanto con Gerardo Iglesias como con Julio Anguita. Entre 1982 y 1986 trabajó de forma denodada a favor de la celebración de un referéndum contra la entrada de España en la OTAN, promovida por el Gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo, y una vez convocada la consulta, a favor de la salida de España de la organización militar.

Frutos, nacido en Calella en 1939, empezó muy pronto la militancia política. Ingresó en el PSUC en 1963 y pronto colaboró en la creación del sindicato Comisiones Obreras, desde su trabajo en la empresa SAFA, en Blanes, de donde sería despedido. Durante los primeros años de la transición, una de las visitas que más le satisfacían era la de la vieja fábrica, donde aprovechaba para recordar la aportación de los comunistas a la democracia.

Hombre tenaz en lo personal y de fuertes convicciones, además de una honestidad impecable, pasó por la política demostrando la absoluta falsedad de que todos los políticos ocupan el cargo para servirse de él. Al contrario, en su historial de militancia y de dirigente del PSUC, del PCE y de Izquierda Unida no hay una sola mancha.

Fue el primero de los dirigentes de Izquierda Unida, en cuya secretaría general había sustituido a Julio Anguita cuando este empezó a tener problemas de corazón, que defendió la unidad de la izquierda, lo que le llevó a firmar un pacto con el entonces secretario general del PSOE, Joaquín Almunia, en el año 2000. Los resultados de las urnas no ratificaron sus expectativas y la federación izquierdista sufrió un considerable batacazo. Poco después abandonaría el escaño y en 2009 fue sustituido al frente de la formación por Gaspar Llamazares. En ese momento inició un distanciamiento de IU y del PCE, sin llegar a romper los lazos, especialmente cuando Cayo Lara asumió la dirección.

Al iniciarse el proceso independentista en Cataluña, Paco Frutos se alineó decididamente en contra, promoviendo la unidad de la izquierda y afiliándose a Federalistes d’Esquerres. Posteriormente participó en cualquier iniciativa que supusiera hacer frente al secesionismo y, especialmente, que promoviera la unidad de las fuerzas de izquierda.

En el último año, cuando la enfermedad empezó a morder seriamente en su vida cotidiana, se centró mucho en su familia. Recientemente había sido bisabuelo, lo que le había producido una fuerte emoción y orgullo."                    (Francesc Arroyo, El País, 26/07/20)

19/9/16

Cunde pánico en las filas demócratas... a la espera de la "sorpresa de octubre"

"Cunde pánico en las filas demócratas. La imagen de una Hilary Clinton enferma está poniendo en jaque la campaña demócrata. Aunque la candidata aún goza de ventaja respecto a Donald Trump, puede que antes del 8 de noviembre se produzca una ‘sorpresa de octubre’, un incidente de gran impacto en el tramo final de la campaña que sea capaz de inclinar la balanza a favor de Trump y le traslade de las platós de televisión a la Casa Blanca.

Las ‘sorpresas más relevantes

– 1980: el republicano Ronald Reagan conseguía un acuerdo secreto con el ayatolá Jomeini para que no liberase a sus compatriotas rehenes en la embajada de Washington en Teherán antes de las elecciones. 

A cambio de participar en esta trama para derrotar al demócrata Jimmy Carter, Irán (invadido por Irak) recibiría armas a través de Israel─feliz de que los iraníes y los iraquíes se destruyesen mutuamente durante ocho años de guerra─, y desbloquear sus activos monetarios en los bancos de EEUU. 

El fiasco de la Operación militar Garra de Águila de los marines para rescatar a los rehenes en el abril del 1980, y la operación sucia de Reagan, acabaron con el mandato de Carter. 

Unos 20 minutos después de que Reagan jurase su cargo el 20 de enero de 1981, los 52 rehenes fueron liberados: 77 días de los 444 que estuvieron encerrados fueron gracias a la CIA y a su futuro presidente. ¿Por qué será que la película ‘Argo’ no cuenta este episodio?

– 1992: cuatro días antes de las elecciones estallaba el escándalo Irán-Contra. El Gobierno de Reagan vendía armas ilegales a la República Islámica de Irán y con sus ganancias cometía otra ilegalidad: financiar a los terroristas nicaragüenses para derrocar a los sandinistas.

– 2004: el 29 de octubre, la cadena Al Jazeera, empeñada en convertir a Bin Laden en un héroe, transmitió el vódeo en el que el supuesto terrorista saudí ─¡tres años después!─ se hacía responsable de los atentados del 11S. Así se echaba una mano a Bush para justificar su impopular agresión a Irak y seguir con su terror mundial. Por otro lado, Arabia Saudí unos meses antes de los comicios redujo el precio del petróleo para que Bush presumiera de la mejora de la economía durante su mandato.

– 2006: el 5 de octubre Saddam Husein, el jefe de estado de un Irak ocupado y colonizado, era condenado a muerte. Bush se ponía medallas mientras millones de iraquíes víctimas de las atrocidades de EEUU convertían a Saddam de verdugo a héroe y a mártir.  (...)"        (Nazaním Armanian, Público, 18-09-16)

4/6/13

Las leyes no deben pretender zanjar las divergencias morales de los ciudadanos, sino crear un ámbito en el que puedan convivir todas sin humillación de nadie

"No hay nada peor para los valores que convertirlos todos en moneda ética. ¿Acaso solo pueden ser principios morales los que aconsejen acabar con los paraísos fiscales, como si no hubiese razones económicas para obstaculizar los fraudes y la evasión de impuestos?

 ¿No pueden encontrarse en la economía misma intereses sociales que desaconsejen la tolerancia con los depredadores? ¿No hay en la política razones para tener por bueno a quien busca según sus luces el acuerdo con otros y el bien común, no su mero lucro privado? ¿Se remediarán nuestros males exigiendo a los políticos comportamientos morales y no rectitud política?

 En Euskadi, con un terrorismo puesto casi fuera de combate por quienes se enfrentaron sin eufemismos ni atajos ilegales con él, buscan ahora por medio de una ponencia de paz parlamentaria un “suelo ético” sobre el que convivir, como si la Constitución y el Estatuto que hemos defendido con tanto esfuerzo contra ETA y servicios auxiliares no brindasen valores suficientes para organizar una comunidad democrática que no excluye a quienes una vez lucharon contra ella aunque sin ceder ante los que siguen tratando de subvertirla por otros medios.

Pero es que además la ética, en cuanto reflexión que busca la excelencia personal (puesto que cada cual solo se conoce a sí mismo como sujeto de la intención, buena o mala), puede entrar en ocasiones en conflicto con las exigencias públicas de ciertos roles sociales. 

Si por ejemplo un multimillonario (pongan ustedes el nombre que prefieran en la línea de puntos) siente un retortijón íntimo de conciencia y decide repartir toda su fortuna entre los más necesitados, es muy probable que encuentre argumentos morales para justificarse. 

Pero si ese mismo escrúpulo aqueja al ministro de Economía de un país respecto al erario público, lo mejor que puede hacer es renunciar a su cargo para no seguir un impulso que va contra otros valores prudenciales tan perfectamente respetables como los éticos que conmueven su corazón. 

Porque no solo se nos puede exigir una moral de principios, sino también otros principios derivados de la responsabilidad, como señaló en su día Max Weber. A quien quiera aprender en vivo la diferencia entre ambas cosas le recomiendo Lincoln, de Spielberg, que cuenta cómo el hombre más puro de Estados Unidos revocó la historia para la libertad por medio de la corrupción.

En una sociedad abierta y pluralista, por tanto laica y no sometida a rigideces teocráticas, las leyes no deben pretender zanjar las divergencias morales de los ciudadanos, sino crear un ámbito en el que puedan convivir todas sin humillación de nadie.

 O sea, lo contrario de lo que ocurrió cuando el Parlamento catalán prohibió las corridas de toros, convirtiendo en obligatoria la opción moral de una parte de la ciudadanía contra la de los demás.

 Algunos que en su día apoyaron esa ley han descubierto ahora, con motivo de la posible modificación de la ley sobre la interrupción del embarazo, las virtudes de respetar la decisión personal y no imponer una ética única a toda la población. 

 Bienvenidos a la tolerancia… o al menos a la cordura legal. En el tema del aborto, las perplejidades éticas son inevitables y deberían ser celebradas como una muestra del desarrollo de la conciencia que aquilata los valores vitales, no como un atraso. Solo un idiota moral —que los hay— afronta esa situación con la misma despreocupación que quien se extirpa un lobanillo. 

Pero ninguna legislación puede zanjar tales escrúpulos: si es discreta, se conformará con impedir que se vean agravados por persecuciones penales y una clandestinidad anti-higiénica.

El supuesto de aborto lícito en el caso de una malformación grave del feto presenta precisamente el ejemplo de un auténtico dilema moral contemporáneo. Antes no hubiera existido, porque no teníamos la tecnología adecuada para detectar tales casos: la cuestión la resolvía en ciertas culturas tras el nacimiento el infanticidio (que no es lo mismo que un “feticidio”) o la resignación ante lo que nos manda la naturaleza o Dios.

 La ética no cambia radicalmente con los tiempos, pero como trata de la valoración de nuestras acciones evoluciona según se amplían las capacidades humanas. Hoy podemos decidir con información suficiente antes del nacimiento, en las primeras etapas del embarazo, y el verdadero problema moral ahora no es si se tiene derecho a abortar en caso de graves malformaciones sino si, conociéndolas, se tiene derecho a dar a luz.

 La norma legal debe señalar el marco razonable de ese íntimo debate, sin aspirar a tener nunca la última palabra.

En cuanto reflexión sobre nuestros fines vitales, la ética puede considerarse el telón de fondo de acciones e instituciones. Se ocupa de cómo lo humano debe reconocer y tratar diferenciadamente a lo humano, o sea que siempre es “especieísta” —contra lo que creen animalistas varios— pero naturalmente racional, contra lo que piden los teólogos. Aunque desde luego no agota todos los campos de valoración ni reduce los retos de nuestra interacción a una simplicidad binaria o maniquea."          (FERNANDO SAVATER, EL CORREO 30/05/2013, en Fundación para la Libertad)

4/3/13

La tarea de la ciencia social crítica es alumbrar las situaciones de injusticia estructural de las que los ciudadanos consumidores (del norte) se benefician

"Thomas Pogge, un teórico de la Justicia Global, ha desarrollado la idea de la responsabilidad cosmopolita que los ciudadanos de los países del Norte tenemos frente a los problemas de desigualdad e injusticia en el Sur. Para afrontarlos plantea medidas políticas de rediseño del orden económico internacional.

 Creo que este enfoque tendría que ser aplicado al tema que nos ocupa, al crear la demanda de sustancias adictivas, el Norte es responsable de lo que ocurre en el Sur. Otra autora, Iris Marion Young, cuyo último libro, póstumo, ella murió aquejada de cáncer en 2006, se tradujo recientemente al español, Responsability for Justice, planteaba frente al consumo irresponsable en el Norte la idea de un modelo social de responsabilidad que necesita de una ciencia social crítica que reconstruya la trazabilidad de los productos, que desvele su origen y recorridos.

 En concreto, Young ponía de ejemplo la industria textil global y sus prácticas de subcontratación en las que la producción de la ropa se realiza en países del Sur en condiciones laborales esclavas. No hace falta recordar las polémicas en torno al imperio Zara y a otras multinacionales similares. 

La idea es la de que ropa que nos ponemos o la droga que consumimos lleva “borrados”, en un proceso social de omisiones y silencios cómplices, su origen explotador y criminal. 

La tarea de la ciencia social crítica y de la teoría ética y política es alumbrar las situaciones de injusticia estructural de las que los ciudadanos consumidores se benefician. Para ello el concepto de trazabilidad parece francamente útil. Según el Comité de Seguridad Alimentaria de AECOC:


“Se entiende trazabilidad como el conjunto de aquellos procedimientos preestablecidos y autosuficientes que permiten conocer el histórico, la ubicación y la trayectoria de un producto o lote de productos a lo largo de la cadena de suministros en un momento dado, a través de unas herramientas determinadas.” (2)


Esta idea de la trazabilidad, de perseguir la cadena de suministros, se ha aplicado, como decíamos, a los productos de la industria textil con el fin de denunciar, por ejemplo, las condiciones de explotación laboral de las maquiladoras. Pienso que este modelo puede ser aplicado al tema que nos ocupa (la droga."        (Drogas y narcotráfico. Más allá de los paradigmas vigentes de la Salud Pública y la Seguridad. de María José Guerra Palmero, Sin Permiso, 24/02/2013)

7/2/13

"La ética no es una colección de normas, es una sensibilidad"

"Venimos de la represión de las emociones?
Sí, tenemos un pensamiento mayoritariamente racionalista. La moral se ha entendido como la represión de los sentimientos, algo que había que dominar.

Pero ahora estamos en el otro extremo.
Totalmente. En un mundo en el que todo está en venta, el canal para vender son las emociones. Es muy fácil manipular a la gente con un lenguaje que toque la fibra emotiva, y se usa en política, en el mercado, en los medios de comunicación... Las emociones son importantes, pero no hay que caer en el culto a la emocionalidad.

Nos gobiernan.
Nos pueden arrastrar, lo cual tiene su parte buena porque nos llevan a actuar.

También puede ser malo.
Sí, el sentimiento es la base del comportamiento moral. No sólo hay que entender lo que es bueno y lo que es malo, hay que querer lo bueno y que te repugne lo malo, y eso es una emoción.

Has de sentirlo.
Sí, es como el fumar, todo el mundo sabe que es malo, pero el fumador sigue fumando hasta que revierte el sentimiento: el susto que te provoca un enfisema pulmonar te hace dejarlo. La ética no es una colección de normas, es una sensibilidad.

¿Por qué hay tanto corrupto y tanto desvergonzado?
Falta voluntad de hacer las cosas bien y falta un clima moral social que reconozca a las personas que cumplen y no a las que no cumplen.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
Es una consecuencia de la misma libertad, del progreso, al tener más posibilidades de elegir, cada cual debe tener lo que se llamaba fuerza de voluntad para reprimir lo que no se debe hacer, y más criterio.

Pero dice la ciencia que la raza humana ha progresado gracias a la cooperación.
Cierto, pero es muy fácil desviar la compasión y la cooperación hacia "lo que a mí me interesa". El ser humano es una mezcla de dos tendencias, por una parte es egoísta y por otra benefactor y compasivo. Equilibrar los dos aspectos es complicado.

¿La ética sin sentimiento se convierte en norma de colegio?
Son deberes escritos en algún sitio, sí. Ahora todo el mundo quiere hacer un código ético: las empresas, los ayuntamientos, ¿pero para qué sirve un código ético?

¿Para saltárselo?
O guardarlo en un cajón. Si no existe la voluntad, que es más sentimental que racional, no sirve para nada.

Igual lo que nos sobra es individualismo.
Dar valor al individuo ha sido un gran logro, los derechos humanos son derechos individuales, pero si lo único que hace el individuo es pensar en sus intereses y olvidarse de los demás, eso es la negación de la ética.

¿Por qué es más moral ser justo que injusto?
Esa es la gran pregunta filosófica, y no tiene respuesta. Platón lo planteaba así: ¿por qué el tirano (el injusto) es feliz, y el justo es desgraciado?

¿Alguna conclusión?
Platón hablaba del sufrimiento del tirano.

Casi todos los tiranos han muerto felizmente en su cama.
Yo diría que nos hemos inventado una palabra, justicia, que es positiva, que es buena y no hace falta darle más vueltas.

¿Cómo define la ética?
Como el intento de conseguir que las personas convivan de una forma amable, pacífica y sin destruirse unos a otros.

La ética tiene que ver con los demás.
Totalmente. La regla de oro de la moralidad la inventó Confucio: no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti; eso es la ética: pensar en los demás.

¿En nuestras democracias no hemos encontrado el equilibrio entre libertad y convivencia?
Así es. Por una parte la libertad es un gran valor pero por otra hay que construir un demos, un pueblo cohesionado, con objetivos comunes que no favorezcan a una oligarquía en detrimento de los demás, y encontrar ese equilibrio es lo que falla.

¿Con qué virtudes se queda?
El catecismo nombraba cuatro virtudes cardinales, que en el fondo son aristotélicas: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. En esta crisis las cuatro han fallado, no se ha sido prudente, no se ha sido justo: hay quien dice que las grandes desigualdades, ese uno por ciento muy rico frente a una gran mayoría miserable, es una de las causas de la crisis, y estoy de acuerdo.

¿Y la fortaleza?
Es la valentía, y ha habido muy poca para afrontar todo el caos que nos ha ido llevando hasta aquí. Y la templanza significa moderación, demasiada codicia.

¿Cuál cree que es la virtud fundamental que debe cultivar un político?
Hoy sin duda el coraje, para decir la verdad y hacer lo que tienes que hacer pese a las presiones internas, externas y a la impopularidad."    (Entrevista a Victoria Camps,La Vanguardia, 04/02/2013)

7/5/11

Ética de izquierdas... para el siglo XXI

" He aquí algunas lecciones que he aprendido de mis maestros. Me he convertido en lo que Camus llamaría un "reformista radical". (...)

1. Ya no quiero cambiar el mundo; quiero reformarlo. De hecho, creo que el mundo cambia por sí mismo mucho más deprisa que nuestro deseo de cambiarlo. (...)

2. El "reformismo radical" excluye todo relativismo desencantado. Mendes-France decía que la tensión reformadora debe inocular constantemente patetismo en la virtud. La democracia debe ser una pasión. (...)

3. La explosión de los dogmas y de las ideologías debería condenarnos a la humildad y a un verdadero culto de la complejidad. (...)

4. La sabiduría consiste ahora en no separar nunca los conceptos de libertad e igualdad. La primera sin la segunda conduce a la jungla de las competiciones. La igualdad sin libertad lleva a la uniformidad y a la tiranía. (...)

5. Desde esta óptica, el dinero solo puede ser el símbolo de unamercancía y el instrumento que sirve para hacerla circular mejor. (...)

6. Según Marx, la violencia viene provocada por el paso de una sociedad a otra, como ocurrió durante la transición del feudalismo al capitalismo. Solo en este caso considera que la violencia es progresista o, si se quiere, revolucionaria. (...)

No existe pues una fatalidad progresista de la violencia, sino al revés. Soy partidario de una no violencia ofensiva y no sacrificial.

7.
No obstante, puede ocurrir que una guerra a la vez "inevitable e inexcusable" sea necesaria por razones de autodefensa. Pero solo podría ser declarada como último recurso, después de descartar todas las demás soluciones. (...)

8. No está en el destino de una víctima el seguir siéndolo; después de liberarse, puede convertirse en verdugo. Todos aquellos que aceptan responder a la barbarie con la barbarie, utilizando las mismas armas que sus enemigos y traicionando así los valores por los que combaten deberían tener presente este pensamiento. (...)

9. Ya en mi más tierna infancia aprendí a considerar la humillación como uno de los peores males de la humanidad. Más aun que las opresiones, las ocupaciones y las alienaciones, la humillación es lo que más profundamente hiere el alma de un individuo o una colectividad. (...)

10. Hay varios medios para no colocar nuestro sillón en el sentido de la resignación ante las desgracias de la vida y la maldición de los hombres. Por ejemplo, considerar que "la vida no es nada, pero nade vale más que una vida" (Malraux), que "no hay que buscar a Dios en ninguna otra parte que en todas partes" (Gide) y que solo la admiración que se transforma en amor puede impedirnos ver la vida como "un cuento lleno de ruido y furor contado por un idiota y que no significa nada" (Shakespeare)."

(JEAN DANIEL: Lo que yo creo: una ética de izquierda. El País, 06/05/2011, p. 29)