"Hace varios años, la Editorial Popular del Estado chino introdujo
la traducción al inglés de extractos de los discursos de Xi Jinping y,
en algunos casos, de sus escritos bajo el título de "Anécdotas y dichos
de Xi Jinping". El original se publicó en chino en 2017. El enlace al
libro está disponible aquí. (...)
El
libro consta de dos partes. La primera está dirigida al lector chino,
trata temas chinos (pero también hasta cierto punto globales), y utiliza
sobre todo los ejemplos, proyectados como metáforas, de la milenaria
historia china, los casos de individuos extraordinarios de la época
maoísta, e incluso algunos del período contemporáneo de construcción del
"socialismo con características chinas." La segunda parte (mucho menos
interesante) es una recopilación de varios discursos pronunciados por Xi
en ocasiones de reuniones internacionales (las conversaciones con Obama
figuran allí dos veces, pero no está Putin). Se supone que la segunda
parte muestra la interacción benévola de China con el resto del mundo,
pero su carácter programático la hace mucho menos interesante. La única
excepción es cuando Xi habla de fútbol, al que es realmente aficionado, y
donde sus opiniones son interesantes.
El énfasis indiscutible en
la parte "china" del libro está en los asuntos de gobierno. Dando
numerosos ejemplos de la historia china de gobernantes y sus ayudantes
que se preocupaban por el bienestar de la gente, vivían modestamente
("Uno debe ser el primero cuando se ocupa de los asuntos del Estado, el
último cuando se ocupa de los asuntos personales"), se esforzaban por
mejorar moral y educativamente, Xi propone una teoría de la gobernanza
que se basa en la virtud de los gobernantes y en los resultados
obtenidos, no en el procedimiento. Mientras que las teorías occidentales
hacen hincapié en el aspecto procedimental (cómo se selecciona a un
gobernante, si es mediante un proceso democrático bien establecido o
no), la preocupación de Xi son los resultados. La premisa tácita no es
discutir cómo se selecciona a alguien para gobernar -y esto se aplica no
sólo a los altos cargos, sino a todos los puestos, desde el nivel más
bajo del condado hasta el jefe del CPC- sino el éxito que tienen en el
cumplimiento de sus funciones. El éxito se define en términos de mejora
del bienestar y la felicidad de las personas a las que gobiernan.
El
buen gobierno en sí, como en una historia de la antigua China contada
por Xi, no tiene por qué ser estructuralmente el mismo. Tres gobernantes
diferentes, escribe Xi, impusieron el gobierno justo mediante
mecanismos distintos: uno por su atención a los detalles y por el
control de todos los gastos del gobierno partida por partida; otro por
su buen carácter; y el tercero por los castigos severos. La corrupción
se erradicó bajo cada uno de los tres gobernantes, pero por una razón
diferente: bajo el primero, la gente no podía hacer trampas; bajo el
segundo, se avergonzaba de hacerlas; bajo el tercero, se les castigaba
si hacían trampas. Xi, que contó esa historia en 2004, no revela cuál de
las tres formas prefiere.
En todos los casos de un buen
gobierno, se hace hincapié en las características individuales de los
gobernantes. Como mencionan los editores, si en la China feudal existían
muchos gobernantes y funcionarios virtuosos y concienzudos, ¿no sería
aún más probable que los comunistas más conscientes de la ideología y
orientados al pueblo se preocuparan por sus conciudadanos? Lo que se
necesita, escriben, es "moralidad por dentro y virtud por fuera"; lo que
se busca es el gobierno de la virtud, y por la virtud.
Pero,
¿cómo lograr ese gobierno? Obviamente, teniendo gobernantes morales. De
ahí -el lector empieza a darse cuenta- la campaña ideológica de Xi: si
se desprecia la ideología confuciana-comunista y todo se valora
simplemente en términos de dinero y éxito económico, no puede haber un
gobierno moral y virtuoso. Citando a Confucio, como hacen los editores,
"si uno se permite seguir el beneficio en su comportamiento, habrá
muchos con motivo de queja". Podría haber un procedimiento justo de
selección de gobernantes, digamos, por elección, pero no necesariamente
una regla virtuosa. Esto último sólo puede asegurarse mediante la
educación de los gobernantes.
La pregunta clave, sin respuesta en
el libro, se convierte entonces en: ¿es posible lograr un
"rejuvenecimiento" educativo y moral en las actuales condiciones
"normales" del capitalismo, en las que la mayoría de la población
considera que ganar dinero es el objetivo más elevado que revela también
la propia valía individual? ¿Pueden los ejemplos traídos de la era
revolucionaria, del foro de Yen'an, del primer Mao, etc. ser relevantes
para una nueva generación criada en el mundo de la comercialización
implacable? Se puede dudar. Esto no hace que la campaña ideológica
llevada a cabo por Xi (incluyendo probablemente este libro) sea menos
relevante, sino que la hace más. Sin embargo, la probabilidad de éxito
de esa campaña no es muy alta. Xi está luchando contra el espíritu de
los tiempos, y aunque su lucha puede estar impulsada por un genuino
deseo de crear una China moralmente superior, las probabilidades de
tener éxito en este empeño no son, me temo, especialmente altas.
Pero,
quizás, Xi podría responder con la historia, contada por Mao en 1942,
del viejo loco que intenta mover dos montañas. En la versión de Mao, las
dos montañas eran el feudalismo y el colonialismo. Fueron eliminadas.
En la versión de Xi, podrían ser la codicia y la
indiferencia." (Branko Milanović, Brave New Europe, 14/08/22; traducción DEEPL)
"Un luchador por las libertades, pero de los de verdad.
La primera sorpresa fue que un buen día, Paco Frutos, un luchador por las libertades, pero de los de verdad, no de los que llevan pajarita amarillo, me escribió para decirme que me leía y me seguía. La segunda fue cuando me dijo que, cuando fuera a Madrid a presentar mi libro, trataría de ir, ya que estaría en la capital por razones médicas.
Finalmente, el mismo día de la presentación, me escribió para decirme que seguía un tratamiento contra el cáncer, y ese día llegaba tarde, así que no podría venir.
Pero ... se apresuró, tomó un taxi y tuvo tiempo de presentarse a la librería Blanquerna, creo que con el acto ya comenzado. No nos habíamos visto nunca, y al final se acercó para saludarme, presentarse y animarme a persistir. Una mierda de cáncer no podía impedirle venir, a un hombre que se había jugado la piel por los trabajadores unas cuantas veces.
"Sin duda alguna, el que, en sus años jóvenes fue conocido como “el “pagés” del PCE”, fue el dirigente comunista español de los últimos tiempos más respetado por la mayor parte de la sociedad española.
Lo merecía sobradamente. Solamente la brutal enfermedad que acabó con su vida este domingo, 26 de julio, acalló la voz de Paco Frutos, contra lo que denominó “nazionalsecesionismo” y contra la falsa izquierda que, alejada por completo del internacionalismo, se convirtió en “palanganera” del nacionalismo supremacista catalán, como no cesó de repetir una y otra vez.
Hasta el final de su vida, Paco Frutos fue el ejemplo más acabado de la firmeza de convicciones, coherencia ideológica y política y austeridad en su vida personal. Unos rasgos de su personalidad que dejan en evidencia el oportunismo, el autobombo y el síndrome que siempre denunció Lenin, la enfermedad infantil de la que es expresión cabal la izquierda líquida instalada en la Moncloa con el apoyo de los secesionistas de toda laya con los que trata de dinamitar el legado de la Transición a la que él contribuyó decisivamente, desde su ingreso, en 1963, en el PSUC, del que fue secretario general en 1981.
Y, a pesar de haber sido Secretario General del PCE de 1998 a 2009, esa firmeza de convicciones y coherencia le llevó a abandonar, hace ya varios años, las filas del que durante tanto tiempo fue conocido como “el Partido”, precisamente por el apoyo de sus últimas direcciones al secesionismo y al podemismo. No fue para él una decisión fácil, sino realmente desgarradora, después de más de cincuenta años de militancia, pasar a engrosar la amplísima lista de “comunistas sin carnet”. Desde entonces, se propuso hacer llegar a la sociedad española otra voz comunista que ni falsificara al marxismo y la Historia, ni renegara del internacionalismo que caracterizó siempre a la izquierda, ni tirara por la borda la Constitución de 1978 en la que se plasmó, de modo no suficientemente reconocido, la política de “reconciliación nacional” aprobada por el PCE en 1956,
Y lo hizo, con el mismo brío que imprimió a su vida política, a través del blog personal que creó en 2009, con escritos que fue reproduciendo en sus páginas cada semana Crónica Popular, a cuyo Consejo Editorial perteneció desde hace muchos años. Un inabarcable trabajo político desarrollado durante la última década y que reunió en tres voluminosos tomos, el primero de los cuales tuve el honor de presentar en el CAUM el pasado 13 de diciembre.
Leí todos sus artículos de cabo a rabo, cada semana, para editarlos. Leyéndolos, aprendí a raudales. Y, tengo que decirlo, fueron para mí una gratificante, impagable y auténtica sorpresa. Paco era introvertido y parco, muy parco de palabras. Pero, siendo así, dio rienda suelta a las reflexiones que la situación española e internacional le suscitaban, tecleando cada día en su ordenador y escribiendo con una soltura y fluidez envidiables, artículos vibrantes, directos y claros, que encajan perfectamente en la mejor tradición del Periodismo político español.
Con el conjunto de sus escritos, Paco Frutos dio nuevamente una lección de coherencia política. No le tembló el pulso para reconocer en ellos los errores en los que incurrió en su dilatada vida política, algo realmente inusual en un país manejado hoy con los criterios del más burdo marketing político en cuyo marco los desaciertos se venden como triunfos dignos de prolongados aplausos de una clá bien pagada.
No cejó nunca en su denuncia de los nacionalismos, dedicando su más acerva crítica al secesionismo catalán, porque, para él, “en nuestra ideología, salvo que ésta sufra una degradación irreversible, los nacionalismos y racismos no pueden tener ningún papel, ni los viejos, ni los nuevos que, amparándose en cuentos e historietas sobre razas e identidades ancestrales superiores, conducen siempre a enfrentamientos violentos y a la liquidación de la lucha de clases como verdadero motor de la historia. Consecuentemente con lo dicho, continuaré desenmascarando a los embusteros, vividores y cantamañanas de la historia”.
Y no dudó tampoco en expresar abiertamente sus críticas al podemismo, sin que, el chantaje de que tales críticas pudieran ser “aprovechadas por el enemigo”, le hicieran bajar la cerviz y silenciar sus denuncias: “Iglesias salta como un zascandil de un lado a otro desde el principio del nacimiento de Podemos, con episodios que, puestos uno detrás del otro, parecen las notas de un acordeón desafinado, por contradictorios. En el corto espacio de cuatro años, la organización que nació, según sus creadores, para combatir y acabar con la casta política, acaba actuando como la casta más degradada democrática y políticamente en menos tiempo, pudiendo competir con la que venían a superar”.
Frente a los intentos golpistas del secesionismo y a los delirios demagógicos del podemismo y de sus aliados, en muchos de sus escritos propugnó la necesidad de una izquierda que no renunciara a serlo, tal como se afirmó en un Manifiesto presentado en el Ateneo de Madrid años atrás: “No puede haber otra alternativa que la de construir una opción de izquierdas en toda España, una opción plural, unida, coordinada y libremente disciplinada en torno a unos valores y principios. Una propuesta que haga confluir realmente a todas las personas y grupos que siendo comunistas y/o de izquierdas, se sienten, nos sentimos, huérfanos de organización, teniendo claros los objetivos a los que deseamos llegar, por difíciles que sean. En Madrid, en Catalunya y en otros sitios se está trabajando en ello. Es necesario unir y coordinar los esfuerzos, sin precipitaciones y sin pausas”. Era consciente de que el empeño no era sencillo pero no por ello dejó de impulsarlo.
En una especie de homenaje, hoy los medios de comunicación españoles recordaron sus palabras en la manifestación unitaria organizada en Barcelona por Sociedad Civil Catalana el 29 de octubre de 2017: “Los nacionalismos destrozan el mundo, destrozan el corazón: los grandes nacionalismos y también los pequeños. Yo os hablo en nombre de personas, de grupos, de organizaciones de la izquierda plural y no nacionalista. Suponiendo, permitidme la ironía, que exista la izquierda nacionalista Y además, haciendo un reproche a esta izquierda cómplice, que dice que no es nacionalista pero que se va detrás de los nacionalistas, que les baila el agua”.
Sus palabras entonces, fueron un auténtico aldabonazo. Y lo siguen siendo hoy. Toda una lección de coherencia ideológica y de valentía política. Unas cualidades, desgraciadamente, extrañas y escasas y en peligro de extinción en estos convulsos momentos, pero que siempre caracterizaron a Paco Frutos, un comunista de una sola pieza." (Rodrigo Vázquez de Prada y Grande. Director de Crónica Popular, 27/07/20)
"Muere a los 80 años Paco Frutos, ex secretario general del PCE y exlíder de IU. Fue diputado en el Congreso desde 1993 hasta las elecciones de 2004.
Francisco Frutos
ha muerto este domingo en Madrid a los 80 años de edad víctima de un
cáncer. Había sido secretario general del PSUC y del PCE y coordinador
general de Izquierda Unida. Una de sus últimas intervenciones públicas
se produjo el 29 de octubre de 2017 cuando intervino como orador en el acto contra la independencia de Cataluña organizado
en Barcelona por Societat Civil Catalana. Ya antes, en 2014, había
firmado un manifiesto contrario al proceso independentista.
Fernando Claudín sostenía la tesis de que una vez alguien se
cae de la dirigencia de un partido comunista, no hay vuelta atrás.
Nunca tuvo presente que el PSUC era diferente. De ahí que, cuando Paco
Frutos dejó en 1982 la secretaría general del partido, tras haber
sustituido a Antoni Gutiérrez Díaz, a quien él mismo había relevado un
año antes, el puesto fuera de nuevo ocupado por su antecesor. Eran
tiempos convulsos para los comunistas catalanes. Aquel mismo año el
partido se dividiría en dos al formarse el Partit dels Comunistes de
Catalunya. Frutos se encontró con la crisis que venía de lejos y no pudo
capearla. Una vez realizada la sucesión en la secretaría del Partido
dejó su Cataluña natal para instalarse en Madrid.
A
partir de ese momento colaboró activamente con el PCE e Izquierda Unida,
tanto con Gerardo Iglesias como con Julio Anguita. Entre 1982 y 1986
trabajó de forma denodada a favor de la celebración de un referéndum
contra la entrada de España en la OTAN, promovida por el Gobierno de
Leopoldo Calvo Sotelo, y una vez convocada la consulta, a favor de la
salida de España de la organización militar.
Frutos,
nacido en Calella en 1939, empezó muy pronto la militancia política.
Ingresó en el PSUC en 1963 y pronto colaboró en la creación del
sindicato Comisiones Obreras, desde su trabajo en la empresa SAFA, en
Blanes, de donde sería despedido. Durante los primeros años de la
transición, una de las visitas que más le satisfacían era la de la vieja
fábrica, donde aprovechaba para recordar la aportación de los
comunistas a la democracia.
Hombre tenaz en lo personal y
de fuertes convicciones, además de una honestidad impecable, pasó por
la política demostrando la absoluta falsedad de que todos los políticos
ocupan el cargo para servirse de él. Al contrario, en su historial de
militancia y de dirigente del PSUC, del PCE y de Izquierda Unida no hay
una sola mancha.
Fue el primero de los dirigentes de
Izquierda Unida, en cuya secretaría general había sustituido a Julio
Anguita cuando este empezó a tener problemas de corazón, que defendió la
unidad de la izquierda, lo que le llevó a firmar un pacto con el
entonces secretario general del PSOE, Joaquín Almunia, en el año 2000.
Los resultados de las urnas no ratificaron sus expectativas y la
federación izquierdista sufrió un considerable batacazo. Poco después abandonaría el escaño y en 2009 fue sustituido al frente de la formación por Gaspar Llamazares. En
ese momento inició un distanciamiento de IU y del PCE, sin llegar a
romper los lazos, especialmente cuando Cayo Lara asumió la dirección.
Al
iniciarse el proceso independentista en Cataluña, Paco Frutos se alineó
decididamente en contra, promoviendo la unidad de la izquierda y
afiliándose a Federalistes d’Esquerres. Posteriormente participó en
cualquier iniciativa que supusiera hacer frente al secesionismo y,
especialmente, que promoviera la unidad de las fuerzas de izquierda.
En
el último año, cuando la enfermedad empezó a morder seriamente en su
vida cotidiana, se centró mucho en su familia. Recientemente había sido
bisabuelo, lo que le había producido una fuerte emoción y orgullo." (Francesc Arroyo, El País, 26/07/20)
"Cunde pánico en las filas demócratas. La imagen de una Hilary Clinton
enferma está poniendo en jaque la campaña demócrata. Aunque la
candidata aún goza de ventaja respecto a Donald Trump, puede que antes
del 8 de noviembre se produzca una ‘sorpresa de octubre’, un incidente
de gran impacto en el tramo final de la campaña que sea capaz de
inclinar la balanza a favor de Trump y le traslade de las platós de
televisión a la Casa Blanca.
Las ‘sorpresas más relevantes
–
1980: el republicano Ronald Reagan conseguía un acuerdo secreto con el
ayatolá Jomeini para que no liberase a sus compatriotas rehenes en la
embajada de Washington en Teherán antes de las elecciones.
A cambio de
participar en esta trama para derrotar al demócrata Jimmy Carter, Irán
(invadido por Irak) recibiría armas a través de Israel─feliz de que los
iraníes y los iraquíes se destruyesen mutuamente durante ocho años de
guerra─, y desbloquear sus activos monetarios en los bancos de EEUU.
El
fiasco de la Operación militar Garra de Águila de los marines para
rescatar a los rehenes en el abril del 1980, y la operación sucia de
Reagan, acabaron con el mandato de Carter.
Unos 20 minutos después de
que Reagan jurase su cargo el 20 de enero de 1981, los 52 rehenes fueron
liberados: 77 días de los 444 que estuvieron encerrados fueron gracias a
la CIA y a su futuro presidente. ¿Por qué será que la película ‘Argo’
no cuenta este episodio?
– 1992: cuatro días antes de las
elecciones estallaba el escándalo Irán-Contra. El Gobierno de Reagan
vendía armas ilegales a la República Islámica de Irán y con sus
ganancias cometía otra ilegalidad: financiar a los terroristas
nicaragüenses para derrocar a los sandinistas.
– 2004: el 29 de
octubre, la cadena Al Jazeera, empeñada en convertir a Bin Laden en un
héroe, transmitió el vódeo en el que el supuesto terrorista saudí ─¡tres
años después!─ se hacía responsable de los atentados del 11S. Así se
echaba una mano a Bush para justificar su impopular agresión a Irak y
seguir con su terror mundial. Por otro lado, Arabia Saudí unos meses
antes de los comicios redujo el precio del petróleo para que Bush
presumiera de la mejora de la economía durante su mandato.
– 2006:
el 5 de octubre Saddam Husein, el jefe de estado de un Irak ocupado y
colonizado, era condenado a muerte. Bush se ponía medallas mientras
millones de iraquíes víctimas de las atrocidades de EEUU convertían a
Saddam de verdugo a héroe y a mártir. (...)" (Nazaním Armanian, Público, 18-09-16)
"No hay nada peor para los valores que convertirlos todos en moneda
ética. ¿Acaso solo pueden ser principios morales los que aconsejen
acabar con los paraísos fiscales, como si no hubiese razones económicas
para obstaculizar los fraudes y la evasión de impuestos?
¿No pueden
encontrarse en la economía misma intereses sociales que desaconsejen la
tolerancia con los depredadores? ¿No hay en la política razones para
tener por bueno a quien busca según sus luces el acuerdo con otros y el
bien común, no su mero lucro privado? ¿Se remediarán nuestros males
exigiendo a los políticos comportamientos morales y no rectitud
política?
En Euskadi, con un terrorismo puesto casi fuera de combate por
quienes se enfrentaron sin eufemismos ni atajos ilegales con él, buscan
ahora por medio de una ponencia de paz parlamentaria un “suelo ético”
sobre el que convivir, como si la Constitución y el Estatuto que hemos
defendido con tanto esfuerzo contra ETA y servicios auxiliares no
brindasen valores suficientes para organizar una comunidad democrática
que no excluye a quienes una vez lucharon contra ella aunque sin ceder
ante los que siguen tratando de subvertirla por otros medios.
Pero es que además la ética, en cuanto reflexión que busca la
excelencia personal (puesto que cada cual solo se conoce a sí mismo como
sujeto de la intención, buena o mala), puede entrar en ocasiones en
conflicto con las exigencias públicas de ciertos roles sociales.
Si por
ejemplo un multimillonario (pongan ustedes el nombre que prefieran en la
línea de puntos) siente un retortijón íntimo de conciencia y decide
repartir toda su fortuna entre los más necesitados, es muy probable que
encuentre argumentos morales para justificarse.
Pero si ese mismo
escrúpulo aqueja al ministro de Economía de un país respecto al erario
público, lo mejor que puede hacer es renunciar a su cargo para no seguir
un impulso que va contra otros valores prudenciales tan perfectamente
respetables como los éticos que conmueven su corazón.
Porque no solo se
nos puede exigir una moral de principios, sino también otros principios
derivados de la responsabilidad, como señaló en su día Max Weber. A
quien quiera aprender en vivo la diferencia entre ambas cosas le
recomiendo Lincoln, de Spielberg, que cuenta cómo el hombre más
puro de Estados Unidos revocó la historia para la libertad por medio de
la corrupción.
En una sociedad abierta y pluralista, por tanto laica y no sometida a
rigideces teocráticas, las leyes no deben pretender zanjar las
divergencias morales de los ciudadanos, sino crear un ámbito en el que
puedan convivir todas sin humillación de nadie.
O sea, lo contrario de
lo que ocurrió cuando el Parlamento catalán prohibió las corridas de
toros, convirtiendo en obligatoria la opción moral de una parte de la
ciudadanía contra la de los demás.
Algunos que en su día apoyaron esa
ley han descubierto ahora, con motivo de la posible modificación de la
ley sobre la interrupción del embarazo, las virtudes de respetar la
decisión personal y no imponer una ética única a toda la población.
Bienvenidos a la tolerancia… o al menos a la cordura legal. En el tema
del aborto, las perplejidades éticas son inevitables y deberían ser
celebradas como una muestra del desarrollo de la conciencia que aquilata
los valores vitales, no como un atraso. Solo un idiota moral —que los
hay— afronta esa situación con la misma despreocupación que quien se
extirpa un lobanillo.
Pero ninguna legislación puede zanjar tales
escrúpulos: si es discreta, se conformará con impedir que se vean
agravados por persecuciones penales y una clandestinidad anti-higiénica.
El supuesto de aborto lícito en el caso de una malformación grave del
feto presenta precisamente el ejemplo de un auténtico dilema moral
contemporáneo. Antes no hubiera existido, porque no teníamos la
tecnología adecuada para detectar tales casos: la cuestión la resolvía
en ciertas culturas tras el nacimiento el infanticidio (que no es lo
mismo que un “feticidio”) o la resignación ante lo que nos manda la
naturaleza o Dios.
La ética no cambia radicalmente con los tiempos, pero
como trata de la valoración de nuestras acciones evoluciona según se
amplían las capacidades humanas. Hoy podemos decidir con información
suficiente antes del nacimiento, en las primeras etapas del embarazo, y
el verdadero problema moral ahora no es si se tiene derecho a abortar en
caso de graves malformaciones sino si, conociéndolas, se tiene derecho a
dar a luz.
La norma legal debe señalar el marco razonable de ese íntimo
debate, sin aspirar a tener nunca la última palabra.
En cuanto reflexión sobre nuestros fines vitales, la ética puede
considerarse el telón de fondo de acciones e instituciones. Se ocupa de
cómo lo humano debe reconocer y tratar diferenciadamente a lo humano, o
sea que siempre es “especieísta” —contra lo que creen animalistas
varios— pero naturalmente racional, contra lo que piden los teólogos.
Aunque desde luego no agota todos los campos de valoración ni reduce los
retos de nuestra interacción a una simplicidad binaria o maniquea." (FERNANDO SAVATER, EL CORREO 30/05/2013, en Fundación para la Libertad)
"Thomas Pogge, un teórico de la
Justicia Global, ha desarrollado la idea de la responsabilidad cosmopolita que
los ciudadanos de los países del Norte tenemos frente a los problemas de
desigualdad e injusticia en el Sur. Para afrontarlos plantea medidas políticas de
rediseño del orden económico internacional.
Creo que este enfoque tendría que
ser aplicado al tema que nos ocupa, al crear la demanda de sustancias
adictivas, el Norte es responsable de lo que ocurre en el Sur. Otra autora,
Iris Marion Young, cuyo último libro, póstumo, ella murió aquejada de cáncer en
2006, se tradujo recientemente al español, Responsability
for Justice, planteaba frente al consumo irresponsable en el Norte la idea
de un modelo social de responsabilidad que necesita de una ciencia social crítica
que reconstruya la trazabilidad de los productos, que desvele su origen y
recorridos.
En concreto, Young ponía de ejemplo la industria textil global y
sus prácticas de subcontratación en las que la producción de la ropa se realiza
en países del Sur en condiciones laborales esclavas. No hace falta recordar las
polémicas en torno al imperio Zara y a otras multinacionales similares.
La idea
es la de que ropa que nos ponemos o la droga que consumimos lleva “borrados”,
en un proceso social de omisiones y silencios cómplices, su origen explotador y
criminal.
La tarea de la ciencia social crítica y de la teoría ética y política
es alumbrar las situaciones de injusticia estructural de las que los ciudadanos
consumidores se benefician. Para ello el concepto de trazabilidad parece
francamente útil. Según el Comité de Seguridad Alimentaria de AECOC:
“Se entiende trazabilidad como el
conjunto de aquellos procedimientos preestablecidos y autosuficientes que
permiten conocer el histórico, la ubicación y la trayectoria de un producto o
lote de productos a lo largo de la cadena de suministros en un momento dado, a
través de unas herramientas determinadas.” (2)
"Venimos de la represión de las emociones?
Sí,
tenemos un pensamiento mayoritariamente racionalista. La moral se ha
entendido como la represión de los sentimientos, algo que había que
dominar.
Pero ahora estamos en el otro extremo.
Totalmente.
En un mundo en el que todo está en venta, el canal para vender son las
emociones. Es muy fácil manipular a la gente con un lenguaje que toque
la fibra emotiva, y se usa en política, en el mercado, en los medios de
comunicación... Las emociones son importantes, pero no hay que caer en
el culto a la emocionalidad.
Nos gobiernan.
Nos pueden arrastrar, lo cual tiene su parte buena porque nos llevan a actuar.
También puede ser malo.
Sí, el sentimiento es
la base del comportamiento moral. No sólo hay que entender lo que es
bueno y lo que es malo, hay que querer lo bueno y que te repugne lo
malo, y eso es una emoción.
Has de sentirlo.
Sí, es como el fumar, todo
el mundo sabe que es malo, pero el fumador sigue fumando hasta que
revierte el sentimiento: el susto que te provoca un enfisema pulmonar te
hace dejarlo. La ética no es una colección de normas, es una
sensibilidad.
¿Por qué hay tanto corrupto y tanto desvergonzado?
Falta
voluntad de hacer las cosas bien y falta un clima moral social que
reconozca a las personas que cumplen y no a las que no cumplen.
¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
Es una
consecuencia de la misma libertad, del progreso, al tener más
posibilidades de elegir, cada cual debe tener lo que se llamaba fuerza
de voluntad para reprimir lo que no se debe hacer, y más criterio.
Pero dice la ciencia que la raza humana ha progresado gracias a la cooperación.
Cierto,
pero es muy fácil desviar la compasión y la cooperación hacia "lo que a
mí me interesa". El ser humano es una mezcla de dos tendencias, por una
parte es egoísta y por otra benefactor y compasivo. Equilibrar los dos
aspectos es complicado.
¿La ética sin sentimiento se convierte en norma de colegio?
Son
deberes escritos en algún sitio, sí. Ahora todo el mundo quiere hacer
un código ético: las empresas, los ayuntamientos, ¿pero para qué sirve
un código ético?
¿Para saltárselo?
O guardarlo en un cajón. Si no existe la voluntad, que es más sentimental que racional, no sirve para nada.
Igual lo que nos sobra es individualismo.
Dar
valor al individuo ha sido un gran logro, los derechos humanos son
derechos individuales, pero si lo único que hace el individuo es pensar
en sus intereses y olvidarse de los demás, eso es la negación de la
ética.
¿Por qué es más moral ser justo que injusto?
Esa
es la gran pregunta filosófica, y no tiene respuesta. Platón lo
planteaba así: ¿por qué el tirano (el injusto) es feliz, y el justo es
desgraciado?
¿Alguna conclusión?
Platón hablaba del sufrimiento del tirano.
Casi todos los tiranos han muerto felizmente en su cama.
Yo diría que nos hemos inventado una palabra, justicia, que es positiva, que es buena y no hace falta darle más vueltas.
¿Cómo define la ética?
Como el intento de conseguir que las personas convivan de una forma amable, pacífica y sin destruirse unos a otros.
La ética tiene que ver con los demás.
Totalmente.
La regla de oro de la moralidad la inventó Confucio: no hagas a los
demás lo que no quieres que te hagan a ti; eso es la ética: pensar en
los demás.
¿En nuestras democracias no hemos encontrado el equilibrio entre libertad y convivencia?
Así
es. Por una parte la libertad es un gran valor pero por otra hay que
construir un demos, un pueblo cohesionado, con objetivos comunes que no
favorezcan a una oligarquía en detrimento de los demás, y encontrar ese
equilibrio es lo que falla.
¿Con qué virtudes se queda?
El catecismo
nombraba cuatro virtudes cardinales, que en el fondo son aristotélicas:
la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. En esta crisis
las cuatro han fallado, no se ha sido prudente, no se ha sido justo: hay
quien dice que las grandes desigualdades, ese uno por ciento muy rico
frente a una gran mayoría miserable, es una de las causas de la crisis, y
estoy de acuerdo.
¿Y la fortaleza?
Es la valentía, y ha habido
muy poca para afrontar todo el caos que nos ha ido llevando hasta aquí. Y
la templanza significa moderación, demasiada codicia.
¿Cuál cree que es la virtud fundamental que debe cultivar un político?
Hoy
sin duda el coraje, para decir la verdad y hacer lo que tienes que
hacer pese a las presiones internas, externas y a la impopularidad." (Entrevista a Victoria Camps,La Vanguardia, 04/02/2013)
" He aquí algunas lecciones que he aprendido de mis maestros. Me he convertido en lo que Camus llamaría un "reformista radical". (...)
1. Ya no quiero cambiar el mundo; quiero reformarlo. De hecho, creo que el mundo cambia por sí mismo mucho más deprisa que nuestro deseo de cambiarlo. (...)
2. El "reformismo radical" excluye todo relativismo desencantado. Mendes-France decía que la tensión reformadora debe inocular constantemente patetismo en la virtud. La democracia debe ser una pasión. (...)
3. La explosión de los dogmas y de las ideologías debería condenarnos a la humildad y a un verdadero culto de la complejidad. (...)
4. La sabiduría consiste ahora en no separar nunca los conceptos de libertad e igualdad. La primera sin la segunda conduce a la jungla de las competiciones. La igualdad sin libertad lleva a la uniformidad y a la tiranía. (...)
5. Desde esta óptica, el dinero solo puede ser el símbolo de unamercancía y el instrumento que sirve para hacerla circular mejor. (...)
6. Según Marx, la violencia viene provocada por el paso de una sociedad a otra, como ocurrió durante la transición del feudalismo al capitalismo. Solo en este caso considera que la violencia es progresista o, si se quiere, revolucionaria. (...)
No existe pues una fatalidad progresista de la violencia, sino al revés. Soy partidario de una no violencia ofensiva y no sacrificial.
7. No obstante, puede ocurrir que una guerra a la vez "inevitable e inexcusable" sea necesaria por razones de autodefensa. Pero solo podría ser declarada como último recurso, después de descartar todas las demás soluciones. (...)
8. No está en el destino de una víctima el seguir siéndolo; después de liberarse, puede convertirse en verdugo. Todos aquellos que aceptan responder a la barbarie con la barbarie, utilizando las mismas armas que sus enemigos y traicionando así los valores por los que combaten deberían tener presente este pensamiento. (...)
9. Ya en mi más tierna infancia aprendí a considerar la humillación como uno de los peores males de la humanidad. Más aun que las opresiones, las ocupaciones y las alienaciones, la humillación es lo que más profundamente hiere el alma de un individuo o una colectividad. (...)
10. Hay varios medios para no colocar nuestro sillón en el sentido de la resignación ante las desgracias de la vida y la maldición de los hombres. Por ejemplo, considerar que "la vida no es nada, pero nade vale más que una vida" (Malraux), que "no hay que buscar a Dios en ninguna otra parte que en todas partes" (Gide) y que solo la admiración que se transforma en amor puede impedirnos ver la vida como "un cuento lleno de ruido y furor contado por un idiota y que no significa nada" (Shakespeare)."