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9/6/22

Malos tiempos para la ortodoxia económica... Desde la teoría del dinero, la teoría del consumidor, pasando por el papel de la deuda pública y de la deuda privada, o la teoría de la inflación, todo eran cuentos infantiles que acabaron deviniendo en cuentos de terror... así lo indican estudios de la Reserva Federal de los Estados Unidos, el Servicio de Estudios de la Reserva Federal de New York, o el Premio Nobel, Paul Romer

 "La evidencia empírica contra la ortodoxia dominante se acumula. Ya es abrumadora. Nuevas investigaciones echan por tierra los manuales macroeconómicos utilizados en la inmensa mayoría de las universidades, dominados por una ortodoxia monetarista y neokeynesiana que ya se debería reciclar. Quien se atreve de nuevo a desmentir años y décadas de otro relato económico, a modo de cuento infantil devenido en novela de terror, ha sido la Reserva Federal de los Estados Unidos. 

El documento de trabajo “Who Killed the Phillips Curve? A Murder Mystery”, publicado este 20 de mayo, y perteneciente a la Serie de Discusión de Finanzas y Economía, echa por tierra la ficción monetaria de que las presiones inflacionistas eran, en última instancia, el producto de una política gubernamental irresponsable diseñada para reducir el desempleo por debajo de una "tasa natural". ¡A buenas horas mangas verdes!

 Lo más relevante de dicho documento de trabajo es que sus autores afirman de manera solemne: “En la actualidad, no tenemos una teoría de la dinámica de la inflación que funcione lo suficientemente bien como para ser útil para el negocio de la formulación de la política monetaria en tiempo real”. En otras palabras, confiar en los enfoques dominantes ha dado lugar a que los llamados "expertos" no tengan ni idea de los fenómenos sobre los que se explayan y, lo que es más importante, sobre los que elaboran políticas que repercuten negativamente en millones de trabajadores y sus familias. 

Decir que no tienen una teoría de la dinámica de la inflación es una declaración de su ignorancia, pero no de que no exista una teoría de la dinámica de la inflación que capte más o menos la evolución de los datos. Esta existe, desde la tradición postkeynesiana, cuyos economistas ya desarrollaron una teoría de la inflación viable y que la vienen utilizando durante décadas. Solo los prejuicios y el pensamiento gregario de la corriente dominante es lo que les han impedido verlo. Hasta ahora.

 Pero a perro flaco todo son pulgas, y no hay dos sin tres. Otro documento de trabajo reciente, también de este mes de mayo, esta vez del Servicio de Estudios de la Reserva Federal de New York, “Modigliani Meets Minsky: Inequality, Debt, and Financial Fragility in America, 1950-2016”, echa por tierra la teoría del consumo neoclásica y el papel de la deuda privada. Como ya dijimos, la deuda privada no es neutra, importa y mucho. Los autores estudian el aumento secular de la deuda de los hogares estadounidenses y su relación con la creciente desigualdad de ingresos y la fragilidad financiera. Demuestran que el aumento de los préstamos por parte de las familias de clase media con un bajo crecimiento de los ingresos desempeñó un papel fundamental en el aumento del endeudamiento.

 La relación entre la deuda y los ingresos ha aumentado de forma espectacular para los hogares situados entre los percentiles 50 y 90 de la distribución de ingresos. Mientras que el crecimiento de sus ingresos era bajo, las familias de clase media se endeudaron contra las considerables ganancias de riqueza de la vivienda por el aumento de los precios de la misma. Los préstamos sobre el patrimonio de la vivienda representan aproximadamente la mitad del aumento de la deuda inmobiliaria en Estados Unidos entre los años 80 y 2007. 

El consiguiente aumento de la deuda hizo que los balances fueran más sensibles a las fluctuaciones de los ingresos y del precio de la vivienda y convirtió a la clase media estadounidense en el epicentro de la creciente fragilidad financiera. ¡Si Minsky levantara la cabeza!

 En definitiva, los últimos años están siendo sin duda un quebradero de cabeza para la escuela dominante, aquella que falseo a Keynes, para volver a las andadas de la economía clásica. Me refiero al enfoque neokeynesiano dominante. Desde la teoría del dinero, la teoría del consumidor, pasando por el papel de la deuda pública y de la deuda privada, o la teoría de la inflación, todo eran cuentos infantiles que acabaron deviniendo en cuentos de terror.

 Hace muchos años, allá por 1995, el economista e historiador del pensamiento económico Robert Heilbroner y su pupilo William Milberg publicaron un libro premonitorio con un título muy sugerente, “The Crisis of Visoon of Modern Economic Thought”. Heilbroner y Milberg afirmaban ya en 1995 que una demoledora crisis, más amplia y profunda que nunca, estaba afectando a la teoría económica moderna. La crisis en cuestión era consecuencia de la ausencia de una visión, de un conjunto de aquellos conceptos políticos y sociales compartidos, de los que depende, en última instancia, la economía. A la decadencia de la perspectiva económica le siguieron diversas tendencias cuyo denominador común era una impecable elegancia a la hora de exponer los términos, acompañada de una absoluta inoperancia en su aplicación práctica.

En esta misma línea, hubo quien dio un paso adelante y abandonó el lado oscuro y tenebroso de la ortodoxia, el premio Nobel de economía 2018, Paul Romer. Recuerden su artículo imprescindible para todo estudiante de economía, y que tantas veces hemos citado aquí, “The Trouble with Macroeconomics”. El resumen del artículo no puede ser más demoledor: “En los últimos tres decenios, los métodos y conclusiones de la macroeconomía se han deteriorado hasta el punto de que gran parte de la labor en esta esfera ya no puede calificarse de investigación científica. El tratamiento de la identificación en los modelos macroeconómicos no es más creíble que en los grandes modelos keynesianos de primera generación, y es peor porque es mucho más opaco. La mayor preocupación es que la pseudociencia macroeconómica está socavando las normas de la ciencia en toda la economía. Si es así, todos los dominios de política que toca la economía podrían perder la acumulación de conocimientos útiles que caracterizan a la verdadera ciencia, el mayor invento humano".

El problema es que estas teorías, idealizadas por los macroeconomistas, han sido aplicadas por banqueros, industriales, tecnócratas y políticos –resultan hilarantes las intervenciones del gobernador de Banco de España cuyos discursos denotan que quienes se lo preparan ni siquiera se han leído las nuevas investigaciones-. La Macroeconomía de la corriente dominante ha demostrado ser inútil y peligrosa para la gestión de la economía real, constituyendo una posición puramente ideológica capaz de ignorar y negar las causas de la Gran Recesión."                    (Juan Laborda  , Vox Populi, 02/06/22)

12/6/20

La visión marxista: son los beneficios los que impulsan la inversión capitalista, no la «confianza», ni las ventas, ni el crédito, etc. Además, los beneficios arrastran la inversión, y no al revés. No es solo la lógica de la teoría la que respalda este punto de vista; también la evidencia empírica... se requiere un aumento significativo de la rentabilidad del capital productivo para que las economías capitalistas se recuperen de esta recesión pandémica

"(...) Pero el otro mensaje que Jay Powell quería subrayar ante su audiencia de economistas es que esta aterradora depresión no es culpa del capitalismo. Powell se esforzó en asegurar que la causa de la depresión son el virus y los cierres y no la economía.

 “La recesión actual es única en su clase, ya que es atribuible al virus y a las medidas adoptadas para limitar sus consecuencias. Esta vez, el problema no ha sido la alta inflación. Ni la amenaza de que pinche una burbuja que amenace la economía, ni  que reviente un boom insostenible. La causa es el virus, no los sospechosos habituales, algo que vale la pena tener en cuenta en cómo respondemos».

Esta declaración me recordó lo que escribí a mediados de marzo, cuando la Organización Mundial de la Salud declaró el virus una pandemia. “Estoy seguro de que cuando termine este desastre, la teoría económica dominante y las autoridades afirmarán que fue una crisis exógena que no tiene nada que ver con defectos inherentes del modo de producción capitalista y la estructura social de la sociedad.

 Que la culpa fue del virus». Mi reacción entonces fue recordar a los lectores que “incluso antes de la pandemia, en la mayoría de las principales economías capitalistas, tanto en el llamado mundo desarrollado como en las economías ‘en desarrollo’ del ‘Sur Global’, la actividad económica se estaba frenando, en algunas economías ya se estaba contrayendo la producción y la inversión nacional, y otras muchas estaban a punto de que les ocurriera lo mismo».

 Después del comentario de Powell, volví a echar un vistazo a la tasa de crecimiento del PIB real mundial desde el final de la Gran Recesión en 2009. Según los datos del FMI, se puede ver que la tendencia del crecimiento anual era a la baja y en 2019 el crecimiento global fue el más lento desde la Gran Recesión.

Así que la economía capitalista mundial ya estaba cayendo en una recesión (prevista hace tiempo) antes de que estallara la pandemia de coronavirus. ¿Por qué? Como Brian Green explicó en la discusión de You Tube que tuve con él la semana pasada, la economía de EEUU ha estado inflando una burbuja a base de crédito durante los últimos seis años, lo que permitió que la economía creciera a pesar de la caída de la rentabilidad y la inversión en la economía «real». Como dice Brian, «la salud subyacente de la economía capitalista global era débil antes de la plaga, pero estaba oculta por el dinero barato que generaban las ganancias especulativas que retro-alimentaban la economía». (Para los datos de Brian, ver su web aquí ).

En aquel debate, analicé la trayectoria de la rentabilidad del capital a nivel mundial. Las Penn World Tables 9.1 proporcionan una nueva serie llamada tasa interna de rendimiento del capital (TIR) ​​para todos los países del mundo desde 1950 hasta 2017. La TIR es un indicador razonable de un cálculo marxista de la tasa de ganancia en relación al capital fijo, aunque por supuesto no es lo mismo porque excluye el capital variable y los inventarios de materias primas (capital circulante) del denominador. A pesar de esa deficiencia, la TIR nos permite considerar la tendencia y la trayectoria de la rentabilidad de las economías capitalistas y compararlas entre sí a partir de una base similar de valoración.

Si observamos la TIR de las siete principales economías capitalistas, los países imperialistas, los G7, encontramos que la tasa de ganancia en las principales economías alcanzó su punto máximo al final de la llamada era ‘neoliberal’ a finales de la década de 1990. Hubo una disminución significativa de la rentabilidad después de 2005 y luego una caída durante la Gran Recesión, igualando los resultados de Brian para el sector no financiero de los Estados Unidos. La recuperación desde el fin de la Gran Recesión ha sido limitada y la rentabilidad se mantiene cerca de los mínimos históricos.

La serie TIR solo llega hasta 2017. Sería posible extender estos resultados a 2019 utilizando la base de datos AMECO que mide el rendimiento neto del capital de manera similar a las tablas TIR de Penn. No he tenido tiempo de hacerlo como de debe, pero una primera ojeada sugiere que no ha habido un aumento de la rentabilidad desde 2017 y probablemente ha caído ligeramente hasta 2019. Por lo tanto, estos resultados confirman los datos estadounidenses de Brian Green de que las principales economías capitalistas eran ya débiles antes del golpe de la pandemia.

En segundo lugar, también podemos llegar a esta impresión observando las ganancias corporativas totales, no solo la rentabilidad. Brian también lo hace para Estados Unidos y China. He intentado proyectar los movimientos de las ganancias corporativas de EEUU y China a escala global ponderando las ganancias corporativas (publicadas trimestralmente) de una selección de las principales economías: EEUU, Reino Unido, China, Canadá, Japón y Alemania. Estas economías constituyen más del 50% del PIB mundial. Lo que revela esta proyección es que las ganancias corporativas globales se habían estancado antes de la pandemia. La ley de doble filo de la rentabilidad de Marx estaba actuando.

El mini boom de ganancias que comenzó a principios de 2016 alcanzó su punto máximo a mediados de 2017 y retrocedió en 2018 hasta cero en 2019.

Eso me lleva a la conexión causal entre los beneficios y el estado de las economías capitalistas. A lo largo de los años, he presentado argumentos teóricos para defender mi interpretación de la visión marxista de que son los beneficios los que impulsan la inversión capitalista, no la «confianza», ni las ventas, ni el crédito, etc. Además, los beneficios arrastran la inversión, y no al revés. No es solo la lógica de la teoría la que respalda este punto de vista; también la evidencia empírica. Y hay mucha.

Pero permítanme llamar su atención sobre un nuevo artículo de Alexiou y Trachanas: “Predicting post-war US recessions: a probit modelling approach” (Predecir las recesiones estadounidenses de posguerra: un enfoque de modelado probit), abril de 2020. Es una Investigaron de la relación entre las recesiones estadounidenses y la rentabilidad del capital mediante un análisis de regresión multivariante. 

Concluyen que la probabilidad de una recesión aumenta con la caída de la rentabilidad y viceversa. Sin embargo, la variaciones en el crédito privado, en las tasas de interés y el índice Q de Tobin (el valor en bolsa comparado con los valores de los activos fijos) no son estadísticamente significativos y cualquier relación con las recesiones es «bastante escasa».

Deduzco de este estudio y de los otros anteriores, que aunque el capital ficticio (crédito y acciones) puede mantener una economía capitalista a flote un tiempo, eventualmente será la rentabilidad del capital en el sector productivo la que se imponga. Además, reducir las tasas de interés a cero o menos; inyectar crédito a niveles astronómicos que alientan la inversión especulativa en activos financieros (y así elevar el índice Q de Tobin) y un mayor gasto fiscal no permitirán que las economías capitalistas se recuperen de esta recesión pandémica. Para eso se requiere un aumento significativo de la rentabilidad del capital productivo.

Si observamos las tasas de inversión (medidas por la inversión total en relación con el PIB en una economía), encontramos que en los últimos diez años, la inversión total/PIB en las principales economías ha sido débil; de hecho, en 2019, la inversión total (publica, de los hogares y de las empresas) en relación con el PIB ha sido menor que en 2007. En otras palabras, incluso la baja tasa de crecimiento del PIB real en las principales economías en los últimos diez años no ha sido igualada por el crecimiento de la inversión total. Y si se deducen el gasto público y el de los hogares, la inversión empresarial se ha comportado aún peor.

En Europa, los fabricantes que producen bienes de inversión, utilizados como insumos para la producción de otros bienes y servicios, como maquinaria, camiones y equipos, experimentaron el mayor impacto negativo en su actividad, según datos oficiales. En Alemania, la producción de bienes de inversión cayó un 17 por ciento en marzo en comparación con el mes anterior, más del doble de la caída en la producción de bienes de consumo. Francia y España registraron diferencias aún mayores.

La baja rentabilidad y el aumento de la deuda son los dos pilares de la Larga Depresión (es decir, bajo crecimiento de la inversión productiva, de los ingresos reales y del comercio) en la que están desde hace una década las principales economías. 

Con la pandemia, los gobiernos y los bancos centrales están duplicando estas políticas, respaldados por un coro aprobatorio de las distintas escuelas keynesianas (incluida la TMM), con la esperanza y la expectativa de que conseguirán relanzar las economías capitalistas después de que se terminen o relajen los cierres y confinamientos.

Es poco probable que esto suceda, porque la rentabilidad seguirá siendo baja e incluso puede ser que menor, pero aumentarán las deudas, infladas por la enorme expansión crediticia. Las economías capitalistas seguirán deprimidas e incluso eventualmente experimentarán una inflación creciente, de modo que esta nueva etapa de depresión se convertirá en estanflación. El multiplicador keynesiano (gasto público) no será suficiente, como en la década de 1970. El multiplicador marxista (rentabilidad) demostrará ser una guía mejor de la naturaleza de los auges y las crisis capitalistas y demostrará que las crisis capitalistas se repetirán mientras exista el modo de producción capitalista."               (Michael Roberts, El Viejo Topo, 28/05/20)

28/9/16

Ya hace mucho tiempo que rebasamos el punto en que el capitalismo como sistema histórico pueda sobrevivir

"Los economistas del  mundo están batallando con algo nuevo que les es muy difícil explicar. ¿Por qué es que los precios del mercado de valores han continuado subiendo pese al hecho de que algo conocido como crecimiento parece estar estancado?

 En la teoría económica dominante no se supone que funcione de tal modo. Si no hay crecimiento, los precios del mercado deberían declinar, estimulando por tanto el crecimiento. Y cuando se recupera el crecimiento, entonces los precios del mercado vuelven a subir.

Todos aquellos que son fieles a esta teorización dicen que la anomalía es una aberración momentánea. Algunos niegan incluso que sea cierto. Pero hay otros que consideran la anomalía un desafío importante a la teorización dominante.  (...)

Hace no tanto, el estancamiento secular fue un término utilizado por muchos analistas, primordialmente para describir el estado de la economía japonesa, al comienzo de los años 90 del siglo XX. 

Pero desde 2008 el uso del concepto se ha aplicado a diversas regiones –miembros de la zona del euro, como Grecia, Italia e Irlanda; Estados ricos en petróleo, como Rusia, Venezuela y Brasil; recientemente también Estados Unidos, y potencialmente actores económicos previamente fuertes como China o Alemania.  (...)

Déjenme proponerles una vez más otro modo de entender el estancamiento secular. La economía-mundo capitalista ha existido en partes del globo desde el siglo XVI. Yo le he llamado el sistema-mundo moderno. Se ha expandido de un modo constante en lo geográfico terminando por abarcar el mundo entero desde mediados del siglo XIX. Ha sido un sistema muy exitoso en términos de su principio rector: la interminable acumulación de capital. Es decir, la búsqueda de acumular capital de modo de acumular más capital aún.

El moderno sistema-mundo, como todos los sistemas, fluctúa. También tiene mecanismos que limitan las fluctuaciones y lo empujan hacia un renovado equilibrio. Esto semeja un ciclo de altas y bajas. El único problema es que las caídas nunca retornan al punto bajo previo, sino a uno un poco más alto. Esto se debe a que en el complejo patrón institucional hay resistencia a ir hasta el fondo. La forma real de los ritmos cíclicos es dos pasos hacia arriba y un paso hacia abajo. Por tanto, el punto de equilibrio se mueve. (...)

Mientras que antes de ese punto los grandes esfuerzos por transformar el sistema tuvieron como efecto pocos cambios, ahora lo opuesto es cierto. Cada pequeño esfuerzo por cambiar el sistema tiene un gran impacto. Es mi argumento que el sistema-mundo moderno entró en su crisis estructural cerca de 1970 y se mantendrá en ella todavía otros 20-40 años más. Si deseamos evaluar las acciones útiles, necesitamos tener en cuenta dos temporalidades diferentes: el corto plazo (a lo sumo tres años) y el mediano plazo.

A corto plazo lo que podemos hacer es minimizar el sufrimiento de quienes son los más afectados negativamente por la creciente polarización en el ingreso que está ocurriendo. La gente vive en el corto plazo y necesita alivio inmediato. Sin embargo, tal alivio no cambiará el sistema. El cambio puede ocurrir a mediano plazo conforme los que favorecen una clase u otra de sistema sucesor obtienen la suficiente fuerza para inclinar la bifurcación hacia su propia dirección.

He aquí el peligro de no ir lo suficientemente lejos en el análisis crítico del sistema. Sólo si uno mira con claridad que no hay salida del estancamiento persistente uno puede de hecho volverse lo suficientemente fuerte para ganar la batalla política y moral.

Una punta de la bifurcación pugna por remplazar el capitalismo por otro sistema que será tan malo o más que el anterior, manteniendo los rasgos cruciales de jerarquía, explotación y polarización. La otra punta pugna por un nuevo sistema que sea relativamente igualitario y relativamente democrático.

En los años por venir, habrá vueltas que parezcan indicar que el sistema vuelve a funcionar. Puede incluso subir el nivel de empleo en el sistema como un todo (la medida clave del estado del sistema). Pero tal alza no podrá durar mucho, porque la situación global es demasiado caótica. Y el caos paraliza la presteza de los poderosos emprendedores y de las personas simples por igual, en lo tocante a gastar el capital remanente en formas que tienen el riesgo de pérdida y, por tanto, de su supervivencia.

Estamos en un alocado viaje, uno que no es nada placentero. Si nos hemos de comportar con sensatez, el primer requisito es la claridad de análisis, seguida de decisiones morales y juicio político. El fondo del asunto es que ya hace mucho rebasamos el punto en que el capitalismo como sistema histórico pueda sobrevivir."                  (Immanuel Wallerstein , La Jornada, en Rebelión,  26/09/16)

12/2/15

Hyman Minsky, el destripador de las burbujas capitalistas


"(...) Los primeros análisis de inestabilidad en los mercados financieros fueron puestos en práctica por John Maynard Keynes, aunque Minsky fue el primer economista que expuso la evolución de las inestabilidades en los mercados financieros y cómo se producen las interacciones con la economía.

Básicamente Misnky expuso cómo en tiempos de crecimiento se desarrolla una euforia especulativa ligada íntimamente con el aumento del volumen de crédito, hasta que los beneficios producidos no pueden pagar estos préstamos, momento en que los impagos producen la crisis. 

Estos impagos degeneran en una reducción del volumen de créditos por igual, de manera indistinta a la capacidad de pago de los deudores y las economías entran en recesión.

En contra de las corrientes económicas predominantes del siglo XX, Minsky argumenta que dichos ciclos de expansión y contracción del crédito son inevitables dentro del libre mercado salvo que los Gobiernos introduzcan medidas regulatorias que corrijan los excesos de crédito y las posteriores contracciones. 

Esta exposición de las crisis financieras se definió como “La Teoría de la Inestabilidad Inherente” y se corroboraba mediante las sucesivas intervenciones en los mercados financieros después de la crisis del 29 y la figura de los bancos centrales como organismos regulatorios y supervisores de los mercados financieros.

Partiendo de la teoría anterior, Minsky definió tres tipos de empresas en función de su capacidad de pago de las obligaciones crediticias contraídas. Las empresas se clasifican como:
  • La empresa cubierta como la empresa con flujos de tesorería futuros que permiten pagar los intereses de sus deudas y amortizar el capital prestado
  • La empresa especulativa: que es la empresa que sólo puede hacer frente a los intereses generados por la deuda pero una vez llega el vencimiento de los capitales necesitan refinanciarlos
  • La empresa Ponzi que es la empresa que no tiene flujos de caja ni siquiera para pagar los intereses de las deudas generadas y en las que la refinanciación de capital e intereses es la única vía de supervivencia.
Esta clasificación de empresas es móvil, dado que las empresas tienden a desplazarse hacia abajo en los procesos de expansión de la economía por la asunción de mayores préstamos. En el caso de que se produzca un cambio entre las tasas de beneficio de la empresa y las tasas de interés que pagan éstas por su financiación, el sistema financiero se debilitará de manera inexorable.

Tengamos en cuenta que Minsky define la fortaleza del sistema financiero en función de la calidad de los deudores del mismo. El sistema financiero será fuerte si los prestatarios pueden pagar intereses y capital con sus flujos futuros de tesorería y será débil si la mayoría de empresas que conforman la masa de créditos del sistema financiero está depositado en empresas tipo Ponzi.

Las siete etapas de una burbuja financiera

El desarrollo de los movimientos de flujos de capitales dentro de las economías en crecimiento y el movimiento de las empresas y la financiación, kllevó a Minsky a definir las siete etapas que atraviesa cualquier burbuja financiera. Estas etapas son:
  1. Planteamiento: Cualquier crisis necesita un detonante que la active. Minsky definió la activación de la burbuja como la perturbación. Esta perturbación puede ser un avance tecnológico, un invento, un cambio en las políticas económicas.
  2. Ascenso de los precios: La perturbación anterior genera un repunte inmediato de los precios afectados por dicho cambio, pero este incremento no se percibe en sus fases iniciales
  3. Facilidad del crédito: El aumento de precios es condición necesaria pero no suficiente dado que si no se facilita la compra mediante el crédito fácil y barato, la fase anterior se ahoga por su propio crecimiento en el precio. Este crédito barato da pie a que más agentes entren en el sistema.
  4. Recalentamiento del mercado: Según el efecto del crédito fácil se masifica, el mercado se recalienta y surgen escaseces. Esta escasez realimenta más lka subida de precios, la entrada de más agentes y la recogida de beneficios fáciles. La ampliación de agentes externos genera el crecimiento casi exponencial del mercado
  5. Euforia: En este punto algunos reconocerán la existencia de la burbuja y lanzarán la voz de alrma. La división de los agentes es latente pero se suelen acallar las voces discrepantes en todos los casos, dado que se siguen recogiendo beneficios. No obstante, el crecimiento en los precios puede comenzar a mostrar debilidad comparando con los crecimientos anteriores.
  6. Recogida en beneficios: Todo el mundo quiere creer en un futuro mejor, y la burbuja se aprovecha de eso. Una burbuja necesita que todos crean en un futuro mejor, y mientras esta euforia continúa, la burbuja se mantiene. Sin embargo, al tiempo que la locura se apodera de los forasteros, los expertos recuerdan burbujas anteriores y se salen del mercado recogiendo beneficios.
  7. Estallido de la burbuja: La recogida anterior de beneficios por parte de los expertos se contagia y por tanto, se genera el colapso del mercado. Dejan de existir compradores, los precios comienzan a caer y nadie identifica exactamente dónde acabará el descenso y caída de precios.
Estas fases definidas en el modelo del burbuja se pueden trasladar perfectamente a nuestra burbuja inmobiliaria por ejemplo, en la que ahora mismo, podríamos identificar cada unas de las fases enumeradas por Minsky hace más de 50 años.

Hyman Minky en la actualidad

La trayectoria profesional de Hyman Minsky fue realmente discreta, dado que nadar a contra corriente es realmente complicado. Pero desde su fallecimiento y la primera crisis asiática, tal y como Marco Antonio ha definido como la antesala a la actual crisis actual, podemos decir que Minsky y sus teorías se han revitalizado plenamente.

Los planteamientos de Minsky han vuelto a la primera lectura de economistas y resto de público, definiendo como el efecto Minsky los momentos que estamos viviendo ahora mismo con la crisis financieras y las explosiones de las burbujas inmobiliarias. A tener en cuenta los trabajos de este economista y a no despreciar la lectura de sus trabajos en todas las facetas."                 (, El blog salmón,  09/06/2011)

6/2/15

¿Qué es la deflación?

"(...) ¿Qué diríamos a un médico que nos asegurase que no tenemos cáncer porque no tenemos fiebre? Pues que confunde la velocidad con el tocino porque el cáncer y la fiebre no tienen mucho que ver. 

(...)  la deflación y la caída de los precios no tienen mucho que ver. Pocos médicos diagnostican el cáncer por la fiebre, afortunadamente. Pero la gran mayoría de los economistas, ministros y bancos centrales diagnostica la deflación por la caída de los precios y, peor aún, intentan combatirla procurando que los precios crezcan, lo que es como tratar el cáncer con antipiréticos.

¿Qué es la deflación? Veamos, ¿qué es mejor, comer hoy o comer mañana? La mayoría contestaría que hoy, porque mañana Dios dirá. ¿Cuánto mejor tiene que ser la comida de mañana para que alguien acepte comer mañana en vez de hoy? La respuesta está relacionada con el precio que le asigne al transcurrir del tiempo.

Si el precio que se pide por esperar es muy alto, la comida de mañana tendrá que ser mucho mejor que la de hoy. Partiendo de esta intuición, los economistas toman la Tasa de Descuento Intertemporal (TDI) como aproximación al precio del tiempo y, por convención, la estiman utilizando algún tipo de interés a largo plazo. La TDI es el tipo de interés profundo de una economía o de una sociedad. Es el agujero negro alrededor del cual gravita toda la galaxia de los demás tipos de interés.

Pero ¿qué es la deflación? Una sociedad está en deflación cuando tiene una TDI cercana a cero o negativa. Eso equivale a decir que los acontecimientos del futuro tienen tanto o incluso más valor que los del presente. La comida de mañana, por ejemplo, se valora más que la de hoy. 

En una sociedad deflacionaria se posponen las decisiones de consumo y también las de inversión. Hay una gran aversión al riesgo. Se ahorra en exceso y se consume poco. Se exportan capitales y los superávits por cuenta corriente se hacen crónicos. Los precios al consumo pueden caer por falta de demanda pero esa caída es síntoma, no causa de la deflación.

¿Puede existir una sociedad con una TDI negativa? Sí, sí puede. En 1998, el economista japonés Ryuta Kato estimó que para explicar la alta tasa de ahorro que se observa en Japón tenía que usar TDI negativas entre el -1% y el -7,5% 

¿Qué proceso lleva a una sociedad “normal”, con TDI positiva, a convertirse en una sociedad deflacionaria con TDI negativa? En una breve nota publicada en 2009 en VoxEU (http://www.voxeu.org/article/can-inheritance-taxes-prevent-deflation), propuse un sencillo esquema demográfico para explicar la transición de una TDI positiva a otra negativa. El razonamiento es como sigue.

En toda sociedad conviven personas con TDI positivas y negativas. Los jóvenes tienden a endeudarse para hacer frente a gastos, como la compra de vivienda, para los que su ahorro es insuficiente. Esto denota preferencia por el presente respecto al futuro y una TDI positiva.

 Los ancianos, aunque sea contraintuitivo, ahorran, y mucho. Una razón puede ser el deseo de dejar una herencia lo que, a su vez, puede estar motivado por el deseo de no perder el control de la riqueza y de mantener el poder. Otra razón es la incertidumbre sobre cuánto va a durar la propia vida en una sociedad en la que la longevidad sigue creciendo con mucha rapidez. Es razonable suponer que la TDI de los ancianos es negativa e, incluso, muy negativa.

¿De qué manera deben agregarse las tasas individuales para lograr una TDI del colectivo social? Esta es la cuestión clave. Se ha discutido mucho este tema de agregación en el contexto del análisis coste-beneficio de proyectos con horizonte de maduración muy largo como, por ejemplo, los de prevención del cambio climático.

 En mi nota de 2009 usé un modelo de descuento basado en la función gamma, propuesto por Martin Weitzman, que parece particularmente indicado para la agregación de TDI. Los resultados de una sencilla simulación en una sociedad en la que hay jóvenes con una TDI del 4% y ancianos con una TDI del -4% ilustran los resultados demoledores del cambio demográfico: un incremento del porcentaje de ancianos del 10% al 30% hunde a la TDI agregada en zona negativa. Los efectos del envejecimiento sobre la TDI son más que proporcionales.

Este es el resultado clave. La sociedad ha entrado en deflación. La caída en deflación de una sociedad es un proceso no lineal que va mucho más deprisa que el cambio demográfico que lo desencadena. En otras palabras, la deflación entra en una sociedad sin anunciarse, de manera subrepticia. 

La sociedad puede envejecer lentamente, pero puede caer en deflación con mucha rapidez. El proceso puede hacerse todavía más rápido si, como ocurre en muchos países, la riqueza está concentrada en la población más anciana.

¿Cuáles son las consecuencias de la deflación? Sin ánimo de ser exhaustivo, citaré en primer lugar un incremento de la tasa de ahorro generado por la preferencia del consumo futuro respecto al consumo presente. 

Ello puede llevar, en segundo lugar, a que la demanda agregada se torne insensible a los precios y se vuelva vertical —la infame trampa de la liquidez—, provocando caídas de precios en cadena y creando un círculo vicioso que agrava el problema.

En tercer lugar, la caída de la TDI provoca un aumento de la aversión al riesgo en el conjunto de la sociedad: la preservación del capital se torna el principio rector de la asignación de recursos en detrimento de la inversión productiva, que es la que crea empresas y empleo.

 En cuarto lugar, la combinación del crecimiento de la tasa de ahorro con el aumento de la aversión al riesgo provoca un exceso de ahorro, o de fondos prestables, que no encuentra inversiones lo suficientemente seguras. 

Ello genera, en quinto lugar, una presión a la baja sobre los tipos de interés que los hace converger hacia cero. 

En sexto lugar, el exceso de ahorro se manifiesta en exportaciones de capital en busca de rendimientos más elevados que los que ofrece la economía doméstica. 

 Esto, en séptimo lugar, se manifiesta en superávits crónicos por cuenta corriente en los países deflacionarios. 

Y, en octavo lugar, se manifiesta también en la creación de burbujas especulativas en terceros países, alimentadas por los flujos internacionales de capital. Es fácil reconocer en esas características estilizadas a países como Japón o Alemania, que ya han recorrido un buen trecho en el camino de la deflación.  

¿Qué hacer? ¿Qué remedios pueden aplicarse contra la deflación? (...)

Más prometedor parece actuar sobre los agravantes de la conexión entre envejecimiento y caída de la TDI. El principal de estos agravantes es la acumulación de la riqueza y del poder de decisión en las personas mayores, que es un factor de amplificación de la no linealidad inherente en la determinación de la TDI de una sociedad. 

Para corregir esta situación parece mucho más eficaz el sistema tributario que la política monetaria. Una combinación de un impuesto de sucesiones muy severo —que, en cualquier caso, debería existir por razones de equidad— y un impuesto de donaciones intervivos mucho más suave podría incentivar una transferencia intergeneracional de riqueza hacia personas con una TDI más alta, con menor aversión al riesgo y con mayor capacidad de liderar una sociedad más dinámica. Se trataría de llevar la lucha contra la deflación al seno de cada familia, que es donde hay posibilidades de victoria."        

8/7/14

Los economistas no entienden la pobreza

"(...) Ha afirmado usted en reiteradas ocasiones que los economistas no entienden lo que es la pobreza.

Una cosa es saber y la otra comprender. Saben todo lo que se puede saber sobre la pobreza, pero no la comprenden. Tienen todas las estadísticas, y sobre eso hacen planes para la superación de la pobreza. Pero no han estado en la pobreza, no han convivido en la pobreza, no han olido, ni han comido ni han dormido la pobreza. 

Y eso es tremendamente importante y fue gravitante en mi vida. Yo era un joven brillante profesor en Berckley, una de las mejores universidades del mundo. Tenía 27 años, orgulloso. Cuando me fui a trabajar con organismos internacionales a zonas de pobreza, recuerdo que estaba en la sierra peruana, en una comunidad indígena, un día muy feo, había llovido… 

Yo estaba parado en el barro y frente a mi, otro hombre pequeño, flaco, sin trabajo, cinco hijos, una mujer, una abuela… Y nos miramos, y en ese momento fue para mí como una puñalada, ¿qué le puedo decir a este hombre? 

Y me di cuenta de que no tenía lenguaje. No tenía nada coherente que poder decirle. En el momento en que miré a lo ojos a la pobreza, me quedé mudo.

De ahí acuña después el concepto de economía descalza…

Me di cuenta de que todo lo que había estudiado no me servía para nada. Ahí cambié radicalmente como economista y surgieron mis principios de economía descalza, desarrollo a escala humana, etc. Una cosa es tener información y la otra es comprender. Y yo diría que, como problema general, nuestra época se caracteriza porque sabemos muchísimo pero comprendemos muy poco. 

Y la diferencia entre saber y comprender te la puedo ilustrar de mi manera favorita: puedes estudiar todo lo que se pueda estudiar, desde una visión teológica, antropológica, sociológica, biológica, química, bioquímica, neurológica… sobre un fenómeno humano que se llama amor. 

El resultado es que vas a saber todo lo que se puede saber sobre el amor, pero nunca vas a comprender el amor a menos que te enamores. Es decir, que sólo puedes comprender aquello de lo eres parte. Si no eres parte, sólo tienes información.

Información no nos falta hoy en día…

Piensa que nunca en la historia de la humanidad se ha juntado tanto conocimiento como en los últimos cien años, ¡y mira cómo estamos! Me pregunto para qué diablos sirvió todo ese conocimiento con un mundo destrozado, hecho pedazos, como en el que estamos viviendo ahora. 

No necesitamos saber más, lo que necesitamos es comenzar a comprender, y para comprender tienes que integrarte. Mientras no nos demos cuenta de que todo está integrado con todo, mientras sigamos con un mundo atomizado, con una visión cartesiana, no se resuelven los temas. La pobreza es eso. Tú eres parte de los pobres. 

Por eso yo siempre he dicho que uno no puede hacer nada por los pobres, uno sólo puede hacer con los pobres. Métete, ve qué potenciales hay en una comunidad pobre, y sobre esos potenciales, construye. Pero desde tu oficina, con aire acondicionado y con todas las estadísticas, hacer el gran plan como lo hacen en el Banco Mundial no sirve para nada. (...)

Ha mencionado antes el concepto de desarrollo a escala humana, ¿en qué consiste?

Es un desarrollo que está orientado hacia la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales. Y no está basado meramente en el crecimiento, porque el crecimiento y el desarrollo son dos cosas completamente distintas. Y el desarrollo no necesita necesariamente de crecimiento. 

El crecimiento es una agregación de magnitudes cuantitativas, y el desarrollo, de elementos cualitativos, creativos. El desarrollo no tiene límites y el crecimiento sí: no hay nada que pueda crecer para siempre. Y como decía Kenneth Boulding, ‘el que piensa que en un mundo finito el crecimiento perpetuo es posible, o está loco o es economista’. 

Lo que yo propongo hoy día para una nueva economía, coherente con los problemas que tenemos, es una economía que se basa en cinco postulados y un principio valórico irrenunciable:

- La economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía.
- El desarrollo tiene que ver con personas y no con objetos.
- El crecimiento no es lo mismo que el desarrollo y el desarrollo no implica necesariamente crecimiento.
- Ninguna actividad económica es posible al margen de los servicios que prestan los ecosistemas.
- La economía es un subsistema de un sistema mayor y finito que es la biosfera, en consecuencia el crecimiento permanente es imposible.

Y el principio valórico en que debe sustentarse es que ningún interés económico, bajo ninguna circunstancia, puede estar por encima de la reverencia por la vida. Recorre esa lista uno por uno y verás que lo que tenemos hoy es exactamente lo contrario.

¿Y llegaremos, como humanidad, a darnos cuenta a tiempo de esto?

No sé, porque no tengo una bola de cristal, pero el ser humano es siempre lo suficientemente estúpido para no reaccionar mientras no se haya llevado un golpe. De manera que creo que queda mucho sufrimiento por delante todavía. Y en muchos aspectos ya hemos cruzado el punto de no retorno. El mundo ya nunca volverá a ser lo que fue.

Si tuviese la oportunidad de tomar las riendas de la economía mundial, ¿por dónde comenzaría a corregir errores?

Ya te dije antes, primero educar a economistas que entiendan el mundo. Eso para mí es el paso número uno. Y en seguida, reforzar al máximo el mirar hacia adentro, fortalecer las economías locales y regionales, fortalecer lo pequeño y lo mediano, y olvidarse de la pura globalización. 

Porque esta globalización ha terminado siendo tremendamente destructiva, con impactos espantosos en el planeta, llena de absurdos y de disparates que son imposibles de comprender. Donde vivo yo, en el extremo sur de Chile, que es una zona agrícola maravillosa, el otro día, cuando fui a comprar la verdura, estaba sacando unos ajos, y resulta que ahora los ajos que se venden en Valdivia ¡son ajos que vienen de China! Cuando nosotros producimos ajos maravillosos.

Efectos de la globalización…

¡30.000 kilómetros de viaje de ajos a un lugar donde se produce ajo! ¿Puedes entender una estupidez como esa? Y el argumento del economista es que es más barato. Claro, ahí está la trampita genial de los economistas, que inventaron esa cosa que se llama externalidades, que los impactos que provoca es una externalidad que no tiene nada que ver conmigo.

 El impacto que significa ese traslado en términos ambientales, de emisión de gases, etc. eso no entra en el precio. El hecho de que vas a destruir el producto local tampoco entra en el precio. Que ese ajo viene subsidiado por el gobierno chino, eso tampoco se considera en el precio. 

Simplemente se cuenta que este vale 3 y este otro 3,50. Los economistas están llenos de esos trucos, y lo de las externalidades es uno de los más escandalosos, porque es no hacerte responsable de los efectos que tú estás provocando. Eso es inaceptable. Anticientífico por definición.

Tiene que ver con no tener en cuenta escenarios que vayan más allá de lo inmediato…

Claro que sí. Yo siempre me pregunto, toda esta gente que está destruyendo el medio ambiente de forma escandalosa, ¿ninguno de estos tíos se ha puesto a pensar que va a tener nietos, biznietos, y en el mundo que les van a dejar? ¡Creo que no se les pasa ni siquiera por la mente! 

El negocio está en la plata que voy a ganar de aquí al próximo año con esta especulación. Eso es lo que interesa, el resto no tiene ninguna importancia. ¡Por eso es muy perverso!"                (Entrevista a Manfred Max-Neef, obtuvo el Right Livelihood Award, considerado el Premio Nobel Alternativo de Economía, La Marea, 06/07/2014)

14/1/14

Los tres ciclos de la especulación financiera

"Esta situación recuerda, una vez más, la teoría sobre la inestabilidad natural del sistema financiero que desarrolló en los ochenta Hyman Minsky, que ha sido reproducida en el libro titulado Ulises y las comadrejas, del gestor alemán de fondos Georg von Wallwitz (El Acantilado editorial). 

Minsky sostenía que los mercados financieros pasan siempre por tres estadios, que se repiten de modo cíclico. 

En el primero, los inversores no son codiciosos y valoran ante todo la seguridad; las adquisiciones se financian de forma conservadora y los ingresos cubren los intereses y la amortización de los créditos. El inversor dice: “las cosas no pueden ir muy mal si el crédito que he solicitado para financiar un inmueble o para comprar otra empresa es tan bajo que los ingresos que obtengo por su alquiler o los dividendos que reparte la compañía me permiten devolver el dinero que he pedido prestado”.

 En el segundo estadio, la moderación cambia de signo. Ante el alza de los precios de los activos, el inversor pide más créditos. Sus ingresos siguen cubriendo los intereses, pero ya no le permiten amortizar el capital. El inversor paga los intereses y confía en que podrá refinanciar lo que debe con nuevos créditos. Ello solo será posible mientras los precios sigan creciendo.

En el tercer y último estadio se produce lo que se denomina una “financiación Ponzi” (un sistema piramidal que no se rompe mientras siguen entrando nuevos inversores: se paga a los antiguos con el dinero de los nuevos, hasta que…).

 Los ingresos ya no son suficientes ni para cubrir los intereses ni para amortizar el principal del crédito. Una financiación así solo es posible mientras los precios suben con fuerza y el inversor puede colocar el inmueble o la empresa comprada, a un precio notablemente superior. Tarde o temprano, el sistema piramidal se viene abajo.

Eso es lo que ocurrió en el sistema hipotecario norteamericano a partir del año 2007, y lo que ha sucedido en España con muchas empresas, que ahora están en el tercer estadio. Según Minsky, el capitalismo moderno, basado en las finanzas, está condenado a repetir una y otra vez este movimiento pendular, que le lleva de la financiación conservadora a la “financiación Ponzi” y viceversa.

Las políticas económicas deben tratar de estabilizar esta inestabilidad. En España no se ha conseguido. De ahí estos extravagantes porcentajes de lo que los españoles debemos y la duda de si es posible pagarlos sin quitas."               ( , El País, Madrid 3 NOV 2013 )

30/12/13

Las rabietas de los gobernadores neuróticos del Bundesbank" y la estupidez del ordoliberalismo alemán

"(...) En este ejercicio de columnista, Marcello De Cecco es el mejor, por encima incluso de Paul Krugman quien se expresa semanalmente en el New York Times con lucidez y no poca valentía. 

Pero la competencia histórica, geopolítica y financiera de De Cecco es verdaderamente única, y se condensa en su libro Ma cos’è questa crisi (2013), donde se recopilan sus intervenciones aparecidas en La Reppublica entre 2007 y 2013.

 "La crisis actual es estrictamente financiera", y se trata de una crisis que tiene en Estados Unidos su verdadera variable independiente, el motor que determina el comportamiento de todos los demás.

 De Cecco es de los pocos, quizá el único, que ha invocado, al analizar los inicios de la crisis actual (2007), lo que sucedió en 1907, la "conclusión de un ciclo de desarrollo mundial igual de turbulento que el que la economía mundial experimenta desde hace más de un quindenio (...). 

También hace un siglo, el epicentro de la crisis fue el sistema financiero americano, y la economía de Estados Unidos se vio implicada tanto como parece estarlo ya ahora —con sus bienes raíces— y amenaza estarlo todavía más en los próximos meses". 

Esto escribe De Cecco en su artículo del 17 de septiembre de 2007 (la fecha es importante), apoyándose en su trabajo Moneta e impero. Il sistema finanziario dal 1890 al 1914 (1979), hasta hoy el único estudio de un periodo que asiste al desarrollo de algunos grandes países, como Estados Unidos y Alemania, que vinieron a desafiar la hegemonía de Inglaterra y Francia, paralelamente a la industrialización de un conjunto de países (que hoy llamamos BRIC) como Japón, Italia y Rusia, con la explotación de materias primas y el desarrollo de la agricultura de exportación.

Un periodo, como en el curso de nuestros últimos veinte años, en el que el mercado financiero internacional conoció un desarrollo "turbulento y desordenado" aunque potentísimo, que condujo derecho a la crisis de 1907, seguida de una tregua de "keynesianismo vulgar" (el reajuste como medida contracíclica para contrarrestar la caída de las importaciones), la institución de la Reserva Federal estadounidense y el crecimiento del populismo y el nacionalismo. Y que provocó la Primera Guerra Mundial.

El 21 de enero de 2013 (L’ultima guerra delle monete), De Cecco se expresa sobre la actualidad de la crisis del modelo de capitalismo financiero revisando las últimas dos décadas. 

Una crisis que ve a la Reserva Federal y a los bancos centrales ingleses y japoneses comprometidos en garantizar muy generosamente liquidez a los mercados y en intervenir en el mercado de divisas para evitar revalorizaciones de sus monedas, pero con el Banco Central Europeo oprimido por la camisa de sus propios Tratados, verdaderos "monstruos jurídicos", con un euro cuyo valor se ha dejado por completo en manos de los mercados financieros, los cuales, revalorizándolo, frustran los esfuerzos de reequilibrar los balances de cuentas, con "las rabietas de los gobernadores neuróticos del Bundesbank" y la estupidez del ordoliberalismo alemán que pone la austeridad como prius del crecimiento, y con Mario Draghi que, como buen americano, busca por todos los medios hacer del BCE un banco central a todos los efectos, es decir completar la construcción del euro como moneda única, lo que todavía no es, al ser el euro una moneda sin Estado. (...)

La independencia del BCE es según De Cecco la clave de bóveda para afrontar en los próximos años los riesgos enormes que estamos corriendo. "Se sorprenderán de lo que acabo de afirmar quienes me conocen y saben que desde hace tiempo soy enemigo de la independencia de los bancos centrales con respecto a los poderes políticos".

 En el vacío institucional europeo, en la huída política que del Parlamento a la Comisión europeos deja amplio espacio a la Alemania de Merkel para perseguir sus intereses exclusivos, "se debe proceder a vestir tal estructura de una modalidad institucional de governance eficaz, antes de que finalice el mandato de Draghi como [presidente del BCE] y nos encontremos con que surja no otro Draghi sino una nueva dirección alemana". 

El riesgo es muy serio y próximo, ya a partir de las elecciones de 2014, de que la supremacía alemana en la Europa monetaria pueda llegar a ser superior de lo que ha sido en estos últimos años.  (...)

La invitación de De Cecco se ha de tomar muy en serio. Tal y como hoy existe, el euro es un desastre, verdadero dispositivo de deriva económica y de sufrimiento humano y social. Su ruptura, en cualquier forma que se quiera, sería asimismo un desastre, porque nos podría dirigir al nacionalismo, especialmente si se tiene en cuenta la tendencia a la desglobalización a escala mundial, inducida por el claro descenso del comercio mundial y la tentación proteccionista hoy presente por doquier. 

La opción Draghi, la "americanización" de la política monetaria europea, no puede ignorar por otra parte sus fuertes límites, que son los de una política monetaria que de facto se sostiene en un sistema bancario ligado al doble filo de la deuda soberana. 

Una política que no induce crecimiento real, en la que el desempleo y las desigualdades aumentan sin medida, mientras la liquidez inyectada en grandes cantidades se queda en los circuitos financieros, no filtra adonde debiera, arriesgando inevitablemente alimentar una burbuja.

 Las únicas, tímidas señales de recuperación, como en España, se explican en efecto sobre la única base de la reducción dramática del coste del trabajo y de una pobreza rampante, tanto que el mismo FMI considera estas señales de "salida" de la crisis como meramente coyunturales. 

El problema es que, mientras el tiempo apremia, las fuerzas políticas en juego a todos los niveles no parecen salir de este impasse histórico. Una nueva táctica para una nueva estrategia es por tanto necesaria. Ni con la derecha fascista, ni con la izquierda soberanista. 

Ésta es la provocación explícita de De Cecco, quien no piensa tanto en Draghi como en la construcción de un ciclo de luchas en el terreno de la moneda del común, un sistema monetario que sepa garantizar una redistribución de la renta sobre la base de derechos de ciudadanía absolutos. (...)"             (Christian Marazzi, Diagonal, 27/12/2013)

8/11/12

“Vivimos una crisis estructural del capitalismo, y no hay salida dentro de ese marco”

"Partidarios de la austeridad y del keynesianismo concentran el debate. ¿Te parece este un dilema válido? ¿Apunta al fondo de la cuestión?
 
La crisis actual va mucho más allá. La austeridad y los recortes tienden a reproducir las crisis cíclicas del sistema capitalista. Y el problema del keynesianismo es que fracasó y no puede volverse a él. 

Hay que tener en cuenta que la crisis del capitalismo es estructural. Cuando un sistema o modo de producción no puede generar el desarrollo de las fuerzas productivas –al contrario, despliega cada vez más su potencial destructivo-, y ataca el nivel de vida de la población en general, en ese momento deja de aportar nada a la humanidad. Y entonces se hace cada vez menos reformable desde dentro. Es lo que ocurre actualmente con el sistema económico capitalista. 

¿Dónde habría que buscar, entonces, las soluciones?
 
Las soluciones se hallan, sin duda, fuera del sistema. Hay que tenerlo claro. No nos encontramos ante una crisis cíclica más, sino ante una crisis, como te decía, estructural y civilizatoria, la de la civilización que surge a finales del siglo XVIII y principios del XIX, y en la que estamos inmersos hoy. 

Esta crisis –económica, social, cultural y ecológica- puede que no sea la final del capitalismo, pero es evidente que el sistema capitalista que resulte de esta crisis será diferente del que conocemos hasta ahora. Y hay otra cuestión básica: cuanto más dure la fase declinante del capitalismo –que ya hemos comenzado-, más sufrimiento y más consecuencias negativas generará. 

Hablamos de una crisis estructural del sistema. ¿Son inherentes las crisis al capitalismo?
 
Las crisis cíclicas del capitalismo están estudiadas desde sus orígenes. Hay que recordar la existencia de los ciclos Jutglar (cada 10 años) o los Kondratieff (aproximadamente 25 años de alza y otros 25 de caída). Lo importante es que estos ciclos son manifestaciones que indican una enfermedad crónica del sistema.

 En el capitalismo se producen periódicamente crisis de sobreacumulación, porque los procesos de producción incorporan cada vez más capital (en forma de maquinaria y tecnología), en detrimento del trabajo humano. En otras palabras, se acumula demasiado capital. Y esto es, en sí, una fuente de obstaculización de la plusvalía. Por eso el desarrollo tecnológico implica grandes contradicciones para el sistema. 

¿En qué sentido?
 
Porque el desarrollo de la tecnología supone que cada vez sea menos necesario el trabajo asalariado. De ahí que en los países con mayor desarrollo tecnológico, se expulse fuerza de trabajo de los procesos productivos. Es decir, aumenta el paro en los países centrales del sistema; pero al mismo tiempo, el capitalista necesita del trabajo asalariado para obtener la plusvalía, y ahí está la contradicción. 

¿Qué hace entonces el capital? Aumenta la explotación de la fuerza de trabajo y utiliza, para ello, la fuerza de trabajo migrante; el ejército de reserva mundial, que ha aumentado al incorporarse nuevos países –como la antigua URSS o China- a la órbita capitalista y los procesos de deslocalización. 

El despliegue de las nuevas tecnologías no suele citarse como causa de la crisis estructural. 
 
Pero es un factor decisivo. En la primera década de 2000, disminuye en un 7% el trabajo en el proceso productivo por la incorporación de la tecnología; y ello a pesar de que el desarrollo tecnológico lleva frenado deliberadamente desde los años 90 para no obstruir la obtención de la plusvalía. También la tasa de innovación científica aplicada después como tecnología se frena a partir de mediados de la década de los 90. 

¿En qué punto nos hallamos de la crisis estructural?
 
En esta cuestión hay un debate abierto. Algunos estudiosos apuntan que no hemos salido de la quiebra del modelo de crecimiento keynesiano (singularmente a partir de la quiebra económico-energética de 1973). En ese momento se impulsó una trama de recetas neoliberales, que representaban, más que una salida de la crisis, una huida hacia adelante.

 ¿Cómo? Aumentando la explotación de la fuerza de trabajo; reduciendo los gastos y servicios sociales; recortando la parte de contribución al conjunto social que aporta el gran empresariado; reduciendo el capital destinado a la inversión productiva para dedicarlo a la especulación financiera; y con la apropiación privada de servicios e infraestructuras públicas, así como de la riqueza natural.

 Pero otros autores apuntan que se salió de la crisis a finales de los 90, al recuperarse parcialmente las tasas de ganancia gracias a los procesos citados. Pero lo cierto es que nunca se recuperaron las tasas de ganancia ni el crecimiento económico de las décadas de los 50-60 del siglo XX. 

¿Es esto así a escala global, sin matices?
 
En los países centrales del sistema, las tasas de crecimiento decaen bruscamente desde la crisis de 2007. Pero en otros lugares del mundo se registra un crecimiento económico y de las tasas de ganancia (por ejemplo, en los países emergentes, aunque no sólo). 

El conjunto de países emergentes representan entre el 20 y el 30% del total de la economía mundial, mientras que los tradicionales países centrales del sistema disponen entre un 50 y un 60% de esa riqueza. 

Con el escaso peso comparativo de las economías emergentes, es difícil que puedan “tirar del carro” y revertir el proceso de crisis. 

Comentabas que nos hallamos ante una crisis de sobreacumulación. ¿Podría considerarse asimismo de subconsumo?
 
La crisis es fundamentalmente de sobreacumulación. Lo que ocurre es que la gestión de la crisis y las salidas que está imponiendo el capital, provoca una crisis de subconsumo. A ello se le superpone una crisis ecológica, que de momento no se ha hecho sentir de manera alarmante para las poblaciones, pero que no se podrá obviar en las próximas décadas. 

En ese sentido, nos hallamos en la curva descendente de recursos energéticos –como petróleo o gas natural, entre otros- en los que se basa, hoy en día, el modo de producción capitalista.(...)
 
Realizado el diagnóstico, ¿Qué salidas de la crisis debería, a tu juicio, plantear la izquierda? 
 
Las salidas habría que buscarlas cada vez más fuera del sistema. De entrada, romper con el euro y las ataduras que implica el macroestado europeo, que no es sino una estrategia del capital para romper con las conquistas históricas de las clase trabajadora en el marco del estado individual. 

Además, opino que habría que llamar a un proceso constituyente que modifique las reglas del juego. Otros puntos para la estrategia de transformación: la deuda no debería pagarse; los miles de millones ahorrados se destinarían a impulsar un programa de inversiones estatales para “engrandecer” el sector público social; acometer una profunda reforma fiscal para extraer los recursos que el capital no está aportando; establecer una moneda interna de pago a escala estatal, complementada con otras monedas sociales, para las naciones del Reino de España que confluyan en el proyecto; una profunda reforma laboral que democratice la gestión productiva; y la nacionalización de la gran banca, los recursos energéticos y las industrias estratégicas, entre otros. 

Eres miembro del Observatorio Internacional de la Crisis; ¿Qué tendencias se apuntan en el horizonte?
 
La Gran Depresión del siglo XXI nos marca una encrucijada histórica de la que dependerá el futuro de la humanidad. Si el sistema capitalista pervive, ello irá en detrimento de las posibilidades de la vida en la humanidad y también de la naturaleza; éste es el primer camino de la encrucijada; la alternativa es que la humanidad reaccione y se dé a sí misma un nuevo sistema histórico. 

Por último, has apuntado en alguno de tus artículos que nos encontramos ante “una guerra de clases declarada desde arriba ”.
 
Efectivamente, se trata de una guerra de clases unilateralmente desatada por el capital, cuando el Trabajo más amodorradamente integrado en el orden capitalista de consumo se encontraba; forzados por la ofensiva del gran capital, entramos en una más que probable nueva era de enfrentamientos de clase.

La guerra de clases se desata con la globalización capitalista y el neoliberalismo, con el fin de intentar evitar la caída de ganancias de la época keynesiana. Nos hallamos ahora en ese punto. Pero esta estrategia evidencia síntomas de agotamiento. Hoy, la cabezonería en aplicar las recetas neoliberales contra la crisis llevan a que nos hundamos cada vez más en el pozo de la misma."             (Entrevista a Andrés Piqueras, sociólogo y miembro del Observatorio Internacional de la crisis,Enric Llopis, Rebelión, 07/11/2012)

15/10/12

Todos los indicadores de patología social son más altos en países como EE.UU. o el Reino Unido que registran niveles extremos de desigualdad. Eso no es casualidad.

"He aqui la entrevista  que le hice a Wilkinson , epidemiólogo de la Universidad de York, en Manchester a primeros de mes durante la conferencia del Partido Laborista:

¿Le preocuparía esta subida del coeficiente de Gini en España?

En un cambio de un año a otro puede haber error de medición pero si es una  tendencia constante a lo largo de un perido de varios años, es para preocuparte. Como el Reino  Unido en los años ochenta. No hay duda de que nos ha convertido en una sociedad mas anti social.

¿Cuesta creer que la desigualdad puede ser responsable de tantos males sociales?

Si mira los gráficos que elaboramos para el libro a partir de datos de la OCDE y otras organizaciones, verá que en casi todos los indicadores de patología social son más altos en países como EE.UU. o el Reino Unido  que registran niveles  extremos de desigualdad. Eso no es casualidad. 

Nos han criticado por hacer una teoría que lo explica todo. Pero no es eso. Lo que ocurre es que explica problemas que son más corrientes en la parte baja de la sociedad. Son problemas relacionados  con el status social y  se agravan cuando las diferencias de status son mayores. Es bastante sencillo.

¿Cuál es el mecanismo?

La desigualdad agrava lo que los sicólogos califican como la social evaluation threat -la amenaza de auto estima social-; es decir que la sensación  de que algunos valen mucho y otros no valen nada. Y a todos nos preocupa estar despreciados. En el Reino Unido en los ochenta hubo un cambio en las relaciones sociales.

 Pasamos desde una sociedad con  cooperación y reciprocidad a una sociedad del sálvese quien pueda. Hay más ansiedad social, fobias, timidez en sociedades desiguales. Al mismo tiempo, existe un aumento de narcisismo. Esto se vio en EE.UU.  a partir de los años ochenta cuando la desigualdad empezó a despegar.

¿Y en la salud física?

El gran cambio en nuestros conocimientos de lo que condiciona la salud es el reconocimiento de la importancia del estrés crónico para las enfermedades. Y las fuentes principales del estrés crónico tienen que ver con las relaciones sociales.

 La competencia del estatus y la inseguridad del estatus son condiciones muy estresantes. Y hay motivos para pensar que esto está relacionado con la desigualdad. 

¿Si fuera asesor de un gobierno  le diría que debería utilizar el indicador de desigualdad para diseñar sus políticas?

Sí. Es la política más importante. Puede tardar tiempo en efectuar un cambio. Sabemos que se tardan cinco años a más entre un aumento de  la desigualdad y la aparición de los problemas sociales y de salud. De modo que tardaría también al reves. Pero reducir la desigualdad debería ser la prioridad de cualquier gobierno . (...)

¿Pero se puede resolver estos problemas bajando las rentas de los ricos sin subir las de los pobres?  

Sí. En algunos estudios en EE.UU. se ha ponderado los datos para eliminar la incidencia de la pobreza. Y se demuestra que existe un efecto negativo sobre la sociedad que es exclusivamente atribuible a la desigualdad.

¿Hay alguna relación entre el hecho de ser un país pequeño, como los escandinavos y la igualdad?

La gente lo dice. Pero no es así. Singapur y Portugal son muy desiguales. Pero Japón es una sociedad muy equitativa. Las dimensiones de la población no es relevante para la desigualdad..

¿Qué se debe hacer para bajar la desigualdad?

Hay muchas formas de reducir los diferenciales  de renta. Los impuestos son uno pero solo uno. Japón y Suecia son los dos países mas iguales. Pero son muy diferentes. En Suecia se debe a impuestos muy elevados sobre las rentas altas. En Japón es una cosa más cultural que data desde la postguerra.

¿Existe una clase de austeridad que permite combatir  la desigualdad?

Pues, la justicia económica es importante. Afecta el comportamiento social. Mire en el Reino Unido en la Segunda Guerra Mundial hubo una austeridad salvaje. Pero se registró una fuerte reducción de la desigualdad. Y la salud -medida por esperanza de vida-  mejoró dos veces mas en esos años que en cualquier otro momento de la historia."             (Rebelión, 12/10/2012, Andy Robinson, La Vanguardia)

3/10/12

Los efectos sociales del 'pleno empleo'

"En febrero de 1933, cuando la Gran Depresión y su secuela de deflación, desempleo y miseria azotaba a Estados Unidos (EE.UU.), los ricos y sus representantes seguían exigiendo políticas de austeridad.

 En ese contexto un banquero de Utah, Marriner Eccles, fue llamado por el recientemente electo Presidente Franklin D. Roosevelt para rendir su testimonio ante el Comité del Senado de Estados Unidos para la Investigación de los Problemas Económicos. El testimonio de Eccles llevó a las primeras políticas concretas del New Deal.

Lo primero que Eccles dijo es que “antes de que se tomen medidas efectivas para frenar los devastadores efectos de la depresión, es un deber reconocer que el derrumbe de nuestro actual sistema económico se debe al fracaso de nuestro liderazgo político y financiero para manejar inteligentemente el problema monetario.

 En el mundo real no hay causa ni razón para el desempleo y su resultante empobrecimiento y sufrimiento de un tercio completo de nuestra población. Tenemos todo y aun más de la riqueza material que teníamos en el pico de nuestra prosperidad, en el año 1929. Nuestro pueblo necesita y quiere todo lo cual nuestros abundantes instrumentos y recursos están en capacidad de proveerle.

El problema de la producción ha sido resuelto, y en el presente no necesitamos más acumulación de capital () Tenemos la plantilla económica capaz de proveer una superabundancia de no solamente todas las necesidades básicas de nuestro pueblo, sino también el confort y el lujo. Nuestro problema, en consecuencia, es puramente de distribución.

 "Y esto solo puede concretado proveyendo un poder de compra suficiente y adecuado para que el pueblo pueda obtener los bienes de consumo que nosotros, como nación, estamos en capacidad de producir. Para sobrevivir el sistema económico no puede servir a otro propósito." (2)

En 1942, cuando la segunda Guerra Mundial estaba a mitad de camino y las economías de EE.UU. y Gran Bretaña se encontraban sometidas a una planificación central como parte de las políticas del New Deal, el economista polaco Michal Kalecki analizó la necesidad de la intervención gubernamental mediante programas de inversiones públicas para asegurar el pleno empleo, y los argumentos explícitos e implícitos de la clase capitalista para oponerse a esa intervención estatal siguen siendo de una actualidad sorprendente.

Kalecki destaca que aun cuando los economistas reconocen que el pleno empleo puede ser logrado mediante el gasto gubernamental, siempre hay una oposición política intensa, incluso entre los “expertos económicos”, a la intervención gubernamental, y formula tres razones:

 "1) aversión a la interferencia del gobierno en el problema del desempleo como tal; 2) aversión a la dirección del gasto del gobierno (inversiones públicas y los subsidios al consumo); 3) aversión a los cambios sociales y políticos resultantes del mantenimiento del pleno empleo" (3).

Al enumerar esas aversiones Kalecki destaca que bajo el sistema de laissez-faire, el neoliberalismo, la oposición a la intervención gubernamental es justificada de diversas formas: porque los capitalistas no quieren perder el control indirecto que tienen sobre las políticas del gobierno; porque si las áreas de intervención del gobierno en la economía son estrechas existe el peligro de que el gobierno se vea tentado a nacionalizar áreas “para ganar nuevas esferas en las cuales efectuar inversiones”; porque tratándose de subsidios al consumo se afecta el más alto principio “moral” del capitalismo, que exige “ganar el pan con el sudor de la frente”.

Al analizar el tercer punto, la aversión a los cambios sociales y políticos resultantes del mantenimiento del pleno empleo, Kalecki destaca que “en efecto, bajo un régimen permanente de pleno empleo, la cesantía cesará de jugar su papel de medida disciplinaria.

 La posición social del patrón será socavada y crecerá en la clase trabajadora la autoestima y la conciencia de clase”, y aunque esto lleve a aumentar las ganancias de los capitalistas industriales y solo pueda “afectar a los intereses de los rentistas”, lo que está en juego es “la disciplina en las fabricas” y la “estabilidad política”, las “dos cosas que los hombres de negocio aprecian más que las ganancias.

 Es el instinto de clase que les dicta que el pleno empleo perdurable es poco sano para sus puntos de vista y que el desempleo es parte del sistema capitalista”.                 (Rebelión, 28/09/2012, ,Alberto Rabilotta, ALAI AMLATINA)

21/9/12

Neoliberalismo, crisis, pobreza y hambre... en España

"Las 10 de la noche es la hora habitual de cierre de los supermercados. Mientras las cajeras hacen cuentas, otros empleados pasan revista a los productos que deben ser retirados. Alimentos a punto de caducar y aquellos que, por su deterioro, pierden valor de cambio. Dichas piezas no son destruidas: se entregan a instituciones de beneficencia, bancos de alimentos, albergues o comedores populares. 

 Conceptualizadas como donaciones, constituyen una fuente de abastecimiento de ONG. En España esta actividad nunca desapareció, aunque en los años 60 del siglo pasado fue perdiendo peso. Se constituyó en un aspecto residual que afectaba, mayoritariamente, a quienes, voluntariamente, decidían vivir como vagabundos. Visibles para los servicios sociales y entidades caritativas, no

representaban un problema social ni político. La imagen tradicional del vagabundo se completaba con alcohólicos, perturbados mentales y una minoría de excluidos. Personas mayores, solitarias, que pernoctaban en albergues municipales. Sin embargo, era infrecuente verlos en las calles o pidiendo limosna. Se ubicaban en las iglesias y en horario de misa. Por caridad cristiana.

A finales del siglo XX, la realidad dio un vuelco. La pobreza urbana no era consecuencia del desajuste estructural de una sociedad que carecía de bienes y servicios o sufría las consecuencias de la migración campo-ciudad. Quienes demandaban servicios sociales de beneficencia eran un sector más heterogéneo.

 Se incorporaron jóvenes drogadictos, parados de larga duración y una población emigrante, apodada como rumanos gitanos. En los semáforos más congestionados de las grandes ciudades surgían actividades limosneras impensables. Limpiaparabrisas, vendedores de pañuelos, aparcacoches. 

Más adelante se incorporaron discapacitados físicos, madres con hijos en brazos y menores de edad. A medida que proliferaban, se les achacó ser responsables del aumento de la inseguridad ciudadana. Represión, traslado al extrarradio y cárcel, fue la respuesta. Las Olimpiadas de Barcelona y la Expo Universal de Sevilla en 1992 consagraron la acción represiva. 

El crecimiento de la marginalidad se definió como un fenómeno pasajero, producto de la inmigración ilegal, de los sin papeles y la drogadicción. En definitiva, pura coyuntura. Ajustar y aplicar leyes restrictivas a la inmigración fue la solución. España era un país pujante, con su economía en crecimiento; no había razón para alarmarse.

Por contraste, los informes socioeconómicos señalaban una realidad diferente. En la última década del siglo XX el paro, la privatización y el cierre de servicios sociales hablaban de un aumento en el número de hogares donde la pobreza crecía y se tornaba crónica. La desigualdad aumentaba, afectando directamente a los hogares cuya renta básica bordaba los límites de la exclusión.

 Las familias más vulnerables presentaban un cuadro alarmante. Apenas podían hacer frente a las hipotecas. Con sueldos que perdían poder adquisitivo y los efectos de las primeras reformas laborales, se entraba en un callejón sin salida. El neoliberalismo sólo producía desigualdad, pobreza, exclusión y abría la puerta al jinete apocalíptico del hambre. Y lo más sangrante, la pobreza infantil hacía su aparición.

 El trabajo basura a tiempo parcial agravó la pobreza en las clases populares, y el ingreso de España al euro fue la puntilla. El reajuste generó una inflación encubierta y el nacimiento del sector social llamado mileuristas. Salario insuficiente para cubrir alimentación, vestimenta, casa, educación y ocio. Fue el comienzo del fin de la sociedad de las clases medias y la pauperización de las clases populares.

Para encubrir los resultados de una política de exclusión y miseria se potenció el acceso al crédito como forma de mantener el consumo. El endeudamiento familiar creció exponencialmente. Nadie sin tarjeta de crédito. Se ampliaron los plazos de hipotecas de 20 a 40 años, la burbuja inmobiliaria llegaba a su cenit.

 El paro se mantenía en límites tolerables, y tan contentos. Las luces rojas llevaban encendidas mucho tiempo, pero los responsables políticos de turno, PP o PSOE, atribuyeron su encendido a un fallo en el tablero de mando. El siglo XXI se inició con un España va bien e irá mejor.

El hambre no estaba en el horizonte. Pocos pensaban en ver decenas de personas acudiendo día tras día a los contenedores de basura para abastecerse y comer aquello que los supermercados consideran imposible reciclar, ni siquiera donar. Me refiero a los lácteos caducados, frutas pasadas, verduras pochas, pan rancio, carnes donde son visibles las familias bacterianas y los pescados malolientes.

Ya no se trata de vagabundos. Los visitantes habituales de los contenedores son padres de familia que han perdido el empleo, la casa, jubilados con pensiones escuálidas e inmigrantes que han perdido todo. Algunos viven en albergues, otros en sus coches y algunos en las plazas y bajo los puentes. 

Ahora bien, dado que no es de buen gusto ver a ciudadanos despojados de sus derechos acudir a surtirse en la basura y proyectan una mala imagen, algunos ayuntamiento han tomado cartas en el asunto. Girona, gobernado por CiU, ha puesto en funcionamiento una norma que obliga a los supermercados a cerrar con candado sus contenedores, para evitar que sean asaltados, y de paso como medida de sanidad pública. A cambio, con los alimentos caducados sus servicios sociales harán un cesta de urgencia para muertos de hambre.   (...)

Son las 10 y media de la noche, los contenedores de basura de los supermercados son trasportados de los hangares a la calle, esperan decenas de personas. Miran con ojos expectantes; en su interior está su única comida del día. De forma ordenada y sin precipitarse, con educación, rebuscan en su interior. El neoliberalismo en España y sus responsables políticos han destapado el hedor de su vergüenza."        (Attac España, 18/09/2012,  Marcos Roitman Rosenmann)