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30/10/18

Las redes podrían haber sido herramientas maravillosas para impulsar esa revolución desde dentro con la que los situacionistas nos hicieron soñar. En su lugar, las hemos convertido en herramientas de marketing, y nosotros, en puro espectáculo y bien de consumo: hemos cambiado los adoquines por los likes...

"El juego más peligroso” es el nombre que han elegido en Berlín para una exposición que recoge los documentos, libros y manifiestos que iban a formar parte de la Biblioteca situacionista de Silkeborg. El movimiento fundado en 1957 sin duda se convirtió en un peligroso “juego” que desafió la cultura y que dio alas a las revueltas del mayo francés. Décadas más tarde, el situacionismo se ha convertido en una pieza de museo. 

Han pasado 50 años desde mayo del 68 y más de seis décadas desde que un grupo de intelectuales europeos creasen la Internacional Situacionista en un pequeño pueblo italiano. Guy Debord, Raoul Vaneigem y Asger Jorn, entre otros, decidieron redefinir la sociedad en 1957: aspiraban a la abolición del trabajo alienante, criticaron duramente la sociedad del espectáculo y reivindicaron la importancia de tomar las riendas. 

“Soñar despierto subvierte el mundo”, afirmó Vaneigem, cuyo Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones sigue siendo el perfecto manual de instrucciones para soñar despierto, subvertir e iniciar una revuelta desde dentro. 

Esa era, precisamente, una de las grandezas del situacionismo, que permitía pequeños actos subversivos desde la cotidianeidad, empezando por asumir la alienación de la sociedad moderna a la naturaleza contrarrevolucionaria del aburrimiento. 

A partir de ahí, todo era posible, desde crear mapas psicogeográficos a cuestionar el valor del arte como mercancía (en la muestra de Berlín había numerosos cuadros de salón, de esos que se encuentran en rastros de todo el mundo, reinterpretados o garabateados que no podían dejar de recordar a los grabados de Goya sobre los que los hermanos Jake y Dinos Chapman pintaron en una acción que aún sigue siendo tremendamente controvertida). 

En pleno siglo XXI, el situacionismo sigue siendo objeto de estudio y de culto e incluso nos hemos acostumbrado a que se use la expresión “sociedad del espectáculo” hasta en contextos que sorprenderían al mismísimo Debord. La contundencia de sus máximas, su influencia en el Mayo francés y lo poco intimidatoria que resulta su filosofía si se la compara con un Schopenhauer o un Kant lo han convertido en uno de los movimientos filosóficos más fáciles de citar incluso fuera de contexto. 

Sus máximas, cortas pero contundentes, también lo hacen digerible, pero la realidad es que en 2018 hemos cerrado las puertas a la posibilidad de una revolución desde dentro y nosotros somos ahora el espectáculo.

En la sala de exposiciones de la HKW que acoge hasta diciembre The most dangerous game se dan cita al menos tres generaciones: la de quienes intentaron llevar a cabo una revolución en los años 60, la de sus hijos e incluso la de sus nietos. 

Los catálogos se han agotado y los organizadores han tenido la deferencia de dejar en la entrada una caja con algunos ejemplares para consulta. Hacen falta: en este país tan aficionado a las placas conmemorativas e incluso a detallar en las placas de las calles en qué fechas vivió el homenajeado y qué hizo, esta muestra brilla precisamente por la ausencia de datos o explicaciones. Tan solo dan un folleto con un mapa psicogeográfico indicando el sentido de la muestra y algo de información sobre el situacionismo. 

Ni una obra con autoría, ni una fotografía geolocalizada... y en esta ciudad en la que se pueden sacar fotos en todos los museos, en cuanto alguien saca un móvil aparece un bedel uniformado a llamar la atención y recordar que está “verboten”: nada de stories para Instagram. Por una vez hay que agradecer a los alemanes su estricta observancia de las normas y poder bucear de lleno en todos los manifiestos, pósters y libros de la muestra.

Uno de los proyectos inacabados de la Internacional Situacionista fue crear una biblioteca con todos sus libros y manifiestos, y en esta exposición se han encargado de hacer realidad ese sueño: en las vitrinas descansan ejemplares de todos los tentáculos del movimiento, desde Cobra en Dinamarca a Spur en Alemania pasando por los holandeses Reflex. 

No faltan siquiera las películas de Debord o decenas de obras “intervenidas” de formas que ahora no llaman la atención (pintar encima de cuadros, esculturas de formas imposibles o la pura reivindicación de la imaginería pop de los catálogos de ropa), pero que entonces eran boutades difíciles de digerir porque ponían en entredicho “verdades incuestionables”, desde el mismísimo valor del arte a la autoría. 

No es difícil ver las conexiones con el dadaísmo, el marxismo o el futurismo, pero esto que ahora se exhibe con orgullo en los museos entonces no sentaba tan bien en amplios sectores de la sociedad.

Ese inconformismo del que hacía gala la Internacional Situacionista y ese cuestionarse una sociedad alienada y en la que solo importaba medrar, trabajar y comprar dio alas precisamente a la primera generación a la que cortejaron las marcas: la juventud, por primera vez en la historia, se convertía a finales de los 50 en un valor per se y en un apetecible nicho de mercado al que se dirigían todas sus campañas.

 Que los situacionistas usaran los mensajes publicitarios y los catálogos como material para sus collages no es casual, y que esa generación a la que se quería convertir en objeto de consumo a la vez que sujeto consumidor se rebelase contra todo aquello es de una justicia poética incontestable.

 

El espectáculo ahora eres tú


Siempre me ha fascinado el término “izquierda caviar” que en Francia usan para denominar a todos esos revolucionarios de mayo del 68 que ahora han sentado cabeza, tienen puestos de responsabilidad y sueldos poco o nada revolucionarios.

 Esa izquierda caviar es tal vez la cara más llamativa y vergonzante de quienes dieron la espalda a lo de buscar la playa bajo los adoquines o abolir el trabajo alienante, pero no son los únicos: de alguna forma, todos nos hemos convertido en parte de un espectáculo construido a base de likes que ni el mismísimo Debord podría haber imaginado. En qué momento hemos pasado de criticar el entretenimiento vacuo como divertimento a convertirnos nosotros en el propio espectáculo es uno de los grandes enigmas del siglo XXI. 

Antaño, los Estados tenían que invertir ingentes recursos humanos y pecuniarios para vigilar a la sociedad, ahora, con tal de conseguir un like, un comentario que satisfaga nuestro ego o un retuit que nos haga creernos relevantes por unos segundos, estamos dispuestos a vender nuestra alma al diablo y contar al mundo lo que hacemos, cómo, dónde y con quién. 

Nos hemos convertido en ese espectáculo del que el situacionismo se mofaba. Instagram, con su billón de usuarios mensuales y sus nano, micro y macroinfluencers es un escaparate de consumo: #miraloquecompro, #miraloquecomo, #miraloqueconsumo, #miracuántoviajo. 

Google Maps ha terminado para siempre con la posibilidad de un mapa psicogeográfico: el espacio ya no se puede recortar ni fragmentar, ni siquiera se puede engañar a la geolocalización. Twitter podría haber sido un espacio maravilloso para escupir aforismos y máximas contra el sistema, pero se ha convertido en un lugar en el que nos tomamos muy en serio a nosotros mismos y Facebook es un escaparate de vidas perfectamente heteronormativas en la que presumir de hijos y vacaciones.

 Las redes podrían haber sido herramientas maravillosas para impulsar esa revolución desde dentro con la que los situacionistas nos hicieron soñar. En su lugar, las hemos convertido en herramientas de marketing, y nosotros, en puro espectáculo y bien de consumo: hemos cambiado los adoquines por los likes."                  (Carolina Velasco, El Salto, 04/10/18)

23/1/18

Noventa años del situacionista Guy Debord. Cincuenta años de la Sociedad del espectáculo (ahora ciberespectacularizada)...

"Los aportes revolucionarios de Guy Debord, situacionista
 
Guy Ernest Debord (1927-1994) fue el artista, filósofo y político radical francés, participante del grupo vanguardista de la Internacional Letrista conformado desde 1952 por un pequeño grupo de artistas y escritores que entre 1954 y 1957 publicaron el implacable Boletín Potlatch. 

Guy Debord –como se le conoció desde entonces– fue promotor-constructor en 1957 de otra agrupación disidente que se llamó la Internacional Situacionista (o I.S.). La Internacional Situacionista (I.S.) fue producto de la fusión en 1957 de aquella Internacional Letrista con el comité de Psicogeografía, con el movimiento artístico “Cobra” y con el Movimiento Internacional por un Bauhaus Imaginista, todos ellos movimientos europeos contestatarios dentro de las artes, surgidos en los años 50 del siglo XX.

 La I.S. duró 15 años vigente, o sea desde 1957 hasta 1972 cuando se disolvió. De 1957 a 1969 se publicaron 12 números en francés de su revista teórica-política La Internacional Situacionista, siendo Guy Debord su director y editor

Guy Debord si viviera estaría cumpliendo 90 años en este 2017 y si la I.S. hubiera continuado estaría cumpliendo 60 años. Diez años después de la creación de la Internacional Situacionsita, en 1967 (hace 50 años), Guy Debord publicó un ensayo crítico muy influyente en los movimientos juveniles, socio-culturales y revolucionarios de la época (particularmente en el mayo francés de 1968) titulado La Sociedad del Espectáculo. En 1993 Guy Debord le aclara a un detractor que él no creó a ésta, sino que la teorizó críticamente.  (...) 

La importancia del libro La sociedad del Espectáculo es que capta, precisamente, el desarrollo dialéctico y contradictorio de la reificación mercantil de las relaciones sociales, de las prácticas cotidianas de los sujetos y de las actividades productivas y de ocio, apuntalada por los crecimientos de los mass media, de la tecnologización y del consumismo idiotizador en la sociedad moderna de esa época; presentándose dicha sociedad como representación espectacularizada de la vida social y privada (de la vida cotidiana en su conjunto). 

Pero no sólo, sino que –desde nuestro punto de vista– dicha obra es premonitoria y da claves centrales de que dicho desarrollo enajenador se instalaría posmodernamente para desbocarse y mutar a cibersociedad y cibercultura a partir del avance de las llamadas tercera revolución (microelectrónica) y ahora la cuarta (inteligencia artificial) revolución tecnoindustrial capitalistas. 

Así tenemos que en el siglo XXI ya no únicamente se trata de la espectacularización adormecedora de las conciencias y de las prácticas de la “sociedad del espectáculo”, sino ahora del cibersometimiento global del ciclo económico-social-cultural de la corporeidad humana, convirtiéndose en el “ciberespectáculo como sociedad”.
 
La obra de Guy Debord de 1967, tiene una addenda que Debord escribió en 1988 llamada Comentarios sobre la sociedad del espectáculo donde señala que:

En 1967 distinguí dos formas sucesivas y rivales del poder espectacular, la concentrada y la difusa. Una y otra planeaban por encima de la sociedad real como su meta y su mentira. La primera que colocaba en un primer plano la ideología resumida en torno a una personalidad dictatorial, había acompañado la contrarrevolución totalitaria, tanto la nazi como la estalinista. 

La otra que incitaba a los asalariados a escoger libremente entre una gran variedad de mercancías nuevas que rivalizaban unas con otras. Desde entonces se ha venido constituyendo una tercera forma, por la combinación equilibrada de las dos precedentes y sobre la base general del triunfo de la que se habría mostrado más fuerte, la forma difusa. 

Se trata de lo espectacular integrado, que hoy tiende a imponerse en el mundo entero (2003:16).

Este «espectacular integrado», abarca las técnicas, las tecnologías, las relaciones y las formas de la llamada industria cultural de “masas” que se desarrollan a partir de las producciones, circulaciones, distribuciones y consumos mercantiles sofisticados, constituido, según Debord, como tal desde finales de los 80 y principios de los 90.

 Justo, dice el parisino Guy Debord, en su escrito de 1993 (una especie de aclaración final, antes de suicidarse en 1994, de sus actitudes y decisiones en su vida personal y pública) que la sociedad (porque abarca desde el Estado, los gobiernos, los consumos y la vida cotidiana) del «espectáculo integrado» se manifiesta –con la caída del muro de Berlín y la disolución de la URSS– como modernización de la sociedad del espectáculo (1991) para “teledirigir sin réplica un mundo consensualmente unificado dentro de la ilusión” (2009: 25). 

Es decir, que lo espectacular integrado es lo globalmente “integrado” bajo el gestell totalitario capitalista comandado por la cibernetización avanzada y esto, creemos, es lo que se impone ahora como ciberespectáculo o mejor dicho, como cibercapitalismo “espectacular” (Adame, 2004).

Guy Debord construye su ya clásico ensayo La sociedad del espectáculo a manera de Tesis, en total son 221, en donde cada una de ellas es una cápsula reflexiva crítica a partir del despliegue y generalización de la categoría nodal y constitutiva de espectáculo. 

Para demostrar su vigencia transmutadora a continuación voy a sintetizar las 12 primeras de ellas (Debord, 2002: 37-42), haciendo a punto y aparte, por lo que a nosotros toca, una re-actualización y una futurización para ilustrar la extensión del tránsito de la sociedad del espectáculo al actual y futuro ciberespectáculo socio-económico-cultural (Adame, 2004). Veamos:

Tesis 1. “La vida entera se presenta y se re-presenta como una inmensa acumulación de espectáculos”.

La vida personal y socioeconómica-cultural se presenta y representa como una inmensa acumulación de ciber relaciones y por tanto de ciber espectáculos.

Tesis 2. “Un pseudomundo aparte es objeto de la mera contemplación, se trata de la especialización de las imágenes autónomas del mundo”.
Un cibermundo empoderado es objeto y sujeto de contemplación y se encarna, consta de dispositivos autonomizados especializados y generalizados.

Tesis 3. “El espectáculo se presenta como la sociedad misma, sin embargo ésta es la separación generalizada, por lo que también el espectáculo es un sector de ella, es un instrumento de seudo-unificación”.
El ciberespectáculo es la sociedad misma atomizada, y es la parte, el todo y la totalidad de la sociedad capitalista globalizada.

Tesis 4. “El espectáculo no es un conjunto de imágenes sino una relación social entre las personas mediatizada por las imágenes”.
El ciberespectáculo no es sólo el conjunto de software, hardwares y pantallas, sino es una relación social y una fuerza productiva que media entre las personas convertidas en ciborgs.

Tesis 5. “El espectáculo debe entenderse como una concepción del mundo hecha efectiva y objetivada”.
El ciber espectáculo debe entenderse y es efectiva y virtualmente un cibermundo realizado.

Tesis 6. “El espectáculo debe ser entendido como totalidad de producción y de consumo de información, propaganda, publicidad y diversiones, es resultado y proyecto de los capitalismos”.
El ciber espectáculo como gestell totalitario es esencia, proyecto y re-producción del capitalismo global dominante sobre el conjunto de la vida socio-económica y cultural.

Tesis 7. “La praxis social global esta escindida en realidad e imagen y desde esa separación se erige el espectáculo en su autonomía, pero como totalidad real contiene al espectáculo como si fuera su finalidad. El espectáculo desde allí se constituye como lenguaje con los signos de la producción imperante que son la finalidad de tal producción”.
La praxis social global se ha ciborguizado (dominio global e íntimo de las cibertecnologías) y por tanto la ciborguización (la subsunción de la corporalidades a dichas cibertecnologías) domina a través de los ciberespectáculos, ésta se instaura como premisa y como finalidad. La ciborguización (Adame, 2004) capitalista está hecha de ciberlenguajes compuestos de ciberalgoritmos y ciberchips, son los cibersignos materiales y semióticos de la producción y reproducción capitalista.

Tesis 8. “El espectáculo que invierte a lo real y a la actividad social efectiva es efectivamente producido en cuanto realidad que se halla en cuanto experimentada invadida por la contemplación del espectáculo que así refrenda su orden doblemente alienado: la realidad surge en el espectáculo, y el espectáculo es real; esta alienación es la esencia y el sustento de la sociedad actual”.
El ciber espectáculo es lo real y manipula y modifica lo real en cuanto realidad capitalista vivida e invasora del todo socio-económico-cultural, así refrenda su poder alienador y subordinador: el ciberespectáculo o la realidad vivida y virtualizada espectacularmente crea la realidad y a lo real; este poder es la esencia, la apariencia y el fundamento de la sociedad actual y futura.

Tesis 9. “En el mundo realmente invertido, lo verdadero es un momento de lo falso”.
En el mundo realmente y ciberdigitalmente invertido, lo verdadero no existe: todo es falso.

Tesis 10. “El espectáculo es la apariencia socialmente organizada, o sea la afirmación de la apariencia y la afirmación de la vida humana como simple apariencia. La crítica al espectáculo lo descubre como la negación de la vida que se ha vuelto visible”
El ciber espectáculo es la realidad y la apariencia que afirma la vida humana como ciborguización. La crítica al ciber espectáculo lo devela como una negación total de la vida que se esfuma como vida humana y que son necesarias de rescatar y de revolucionar humanamente.

Tesis 11. “En el análisis del espectáculo, de su formación, sus funciones y sus fuerzas disolventes, se descubre que éste es la expresión y el sentido de la práctica total de la formación económico-social en el tiempo histórico que estamos viviendo”.
En el análisis crítico del ciber espectáculo, de su formación, su funcionamiento y sus poderes, descubrimos que actúa medularmente en la subsunción del tiempo-espacio histórico y del cuerpo-mente de la práctica total del modo de producción capitalista.

Tesis 12. “El espectáculo se presenta como aceptación pasiva del monopolio de las apariencias”.
El ciber espectáculo se encarna como la aceptación pasiva-gustosa e interactiva con las pantallas y con todos los arsenales cibertecnológicos que se nutren de esa aceptación.
Tesis 13. “El carácter tautológico del espectáculo reside en que sus medios son al mismo tiempo su fin, recubre toda la superficie del mundo y se apoya en el imperio de la pasividad”.
El carácter totalitario del ciberespectáculo reside en que crea y recrea las premisas, los medios y los fines, recubriendo la superficie, las entrañas y la atmósfera del cibercapitalismo y se apoya en la subsunción del consumo bajo el capital.

Tesis 14. “La sociedad industrial moderna es en la imagen económica reinante fundamentalmente espectacularista en su desarrollo hacia sí misma”.
La cibersociedad industrial moderna es en sus fundamentos económicos reinantes globalmente ciber espectacularista como ciberdesarrollo que lo totaliza todo.

Tesis 15. “El espectáculo es la principal producción de la sociedad actual con la multitud creciente de imágenes-objetos”.
El ciber espectáculo es la principal producción de la ciber sociedad con la multitud creciente de millones gadgets, dispositivos y autómatas.

Tesis 16. “El espectáculo es el sometimiento de los seres sometidos ya totalmente a la economía capitalista que se desarrolla por sí sola”.

En suma, podríamos decir que el ciber espectáculo es el sometimiento total de los seres humanos y su mundo al cibercapitalismo que empuja contradictoria y destructivamente hacia el automatismo y la automatización global. En efecto, esa tendencia dialéctica la vislumbró Guy Debord en un ensayo de 1971 que tituló “El planeta enfermo”:

La época que posee todos los medios técnicos para alterar totalmente las condiciones de vida sobre la tierra es también la época que, en virtud del mismo desarrollo técnico y científico separado, dispone de todos los medios de control y previsión matemáticamente indudable para medir por adelantado a dónde lleva –y hacia qué fecha– el crecimiento automático de las fuerzas productivas alienadas de la sociedad de clases: es decir, para medir el rápido deterioro de las condiciones mismas de la supervivencia, en el sentido más general y más trivial de la palabra (2006. 76).

Así, más adelante concluye que: “El capitalismo ha aportado finalmente, por su propio movimiento, la prueba de que ya no es capaz de seguir desarrollando las fuerzas productivas, y no en un sentido cuantitativo, como muchos habían creído entender, sino cualitativo” (p. 79). Por ello es que Debord cataloga a la sociedad capitalista moderna de la representación espectacular, no sólo como conservadora y alienada, sino como enferma, llena de nocividades y de riesgos actuales como las técnicas de la guerra termonuclear y su “espectáculo amenazador”.

Premonitoriamente también en el terreno ecológico, respecto de los tiempos pre-apocalípticos de hoy día, se trata para el situacionista Debord de una sociedad desvitalizadora y que está poniendo en peligro las bases frágiles de la vida humana y del planeta: “La producción de la no-vida ha seguido con cada vez mayor rapidez su proceso lineal y acumulativo; ahora ha traspasado un último umbral de su progreso y está produciendo directamente la muerte” (Debord, 2006: 82).

Me parece importante concluir este texto conmemorador de las posturas históricas de Debord, destacando sus planteamientos alternativos revolucionarios ante el desastre espectacular, que fueron hasta antes de su suicidio, siempre consecuentes con el programa revolucionario situacionista autogestivo de los sesenta; aunque al final de su vida su vehemencia y su esperanza menguaron pero sin que llegara a claudicar de sus ideas y de sus acciones.

En 1993, un año antes de morir, se autoreivindicó afirmando que: “Sin duda hice lo que debía, pensaba lo contrario de lo que pensaba casi todo el mundo sobre casi todo, y logré decirlo de forma bastante pública; la catástrofe anunciada de toda una sociedad demostró después que no me faltaba lucidez […]. He sido alérgico a los métodos de alteración de los sentidos fabricados por la industria de épocas recientes” (Debord, 2011:11 y 13).

Así pues, en 1971 enfatizaba con entusiasmo que la verdadera “lucha contra la contaminación” no puede convertirse en voluntad real sino “transformando el sistema productivo actual en sus raíces mismas, ni puede llevarse a cabo con firmeza sino en el instante en que todas las decisiones, tomadas democráticamente y con pleno conocimiento de causa por los productores mismos (los buques petroleros, por ejemplo, seguirán infaliblemente vertiendo el petróleo en los mares hasta que no manden en ellos unos verdaderos soviets de marineros). 

Para decidir y ejecutar todo eso, hace falta que los productores se hagan adultos: hace falta que se hagan con el poder entre todos” (Debord, 2006: 87).

Sin embargo, a pesar de reconocer que después de la década de los sesenta y especialmente del 68, se había instalado en las relaciones intersubjetivas un miedo generalizado, la manera de superarlo –dijo– es “confiándonos a nuestras propias fuerzas, a nuestra capacidad de destruir toda alienación existente y toda imagen de poder que se nos haya escapado, sometiéndolo todo al único poder de los consejos de trabajadores que posean y reconstruyan a cada instante la totalidad del mundo; es decir, a la racionalidad verdadera, a una nueva legitimidad” (Debord, 2006: 86).

 De tal manera que para el situacionista Guy Debord, la última consigna y alternativa a la vez rebelde y científica de nuestros tiempos es: «revolución o muerte».         (Miguel Ángel Adame Cerón , Rebelión, 30/12/17)

15/12/14

¿Qué es el espectáculo?

"(...) Es la forma en que nos relacionamos a través de las imágenes que se construyen desde los grandes medios de comunicación y no de la experiencia viva, es la forma en que consumimos un menú de mercancías degradadas y aceptamos una construcción artificial y dirigida del sentido del mundo como si fuese nuestro medio natural.

El espectáculo cumple en la sociedad de masas una función equivalente a la que cumplía la religión en las sociedades tradicionales o el arte en la formación del capitalismo. Su lógica consiste en hacer de la representación que muestra algo más real que la experiencia vivida, más real que nuestras propias necesidades, reduciendo al individuo a la condición de espectador pasivo en la política, en la producción y el consumo, en la aceptación del estado de cosas existente. (...)

El espectáculo, decía Debord, es la reconstrucción material de la ilusión religiosa, el "cielo" donde los seres humanos sitúan sus propios poderes separados de ellos, las "nubes" donde proyectamos nuestros deseos, capacidades y posibilidades. “De ese modo, es la vida más terrena la que se vuelve opaca e irrespirable”, concluía. 

Por el contrario, la apuesta de los situacionistas era, creo, bajar de las nubes y regresar a esa vida terrena, hacerla vivible, respirable, intensa. Politizar la vida. ¿Cómo investigaron los situacionistas la vida cotidiana de su época y buscaron transformarla? ¿Por medio de qué procedimientos, de qué dispositivos, de qué invenciones?

Luis Navarro. En su primera época, los situacionistas desarrollaron una serie de prácticas que -quizá en un exceso de racionalización- pretendían elevar a la condición de técnicas, pero que en su campo no pasaron de ser, como tu bien dices, “procedimientos”. 

Algunos muy eficaces, como la deriva experimental, el paseo sin meta como forma de romper con las rutinas que rigen los comportamientos habituales y propiciar experiencias inéditas. 

El desvío era el modo de eludir los pasos establecidos, tanto en el plano físico como en los textos. La psicogeografía pretendía ser la ciencia que explorase la relación entre calidad de vida (de vida interesante) y las condiciones del entorno urbano, que habría de servir para la composición de un  “urbanismo unitario” que integrase todos los procedimientos técnicos y artísticos conocidos en la construcción de ese entorno. 

Hay una lista interminable de procedimientos que intentaron explorar y aplicar, pero éstas serían sus líneas maestras, junto a la construcción de situaciones, es decir la producción técnica de acontecimientos.

¿Qué entendían por “construcción de situaciones”?

Luis Navarro. Una situación es un momento de la vida capaz de traducirse en experiencia, en conocimiento irreductible que puede equipararse a la vivencia del creador en el momento de producir su obra, o a la contemplación ensimismada y despreocupada de ésta. Podríamos ver la situación como el “tiempo estético” fugaz y eterno de los modernos artistas, pero profanado por la vida cotidiana.

Una situación puede ser espontánea o construida, es decir, producto de una secuencia azarosa de acontecimientos capaz de generar sentido en quien los vive, o resultado de un diseño consciente que apunta a resultados específicos.

A los surrealistas les gustaba descifrar situaciones espontáneas; los situacionistas, que eran sus discípulos arrogantes y rebeldes, preferían diseñar situaciones y explorar sus efectos. Una revuelta es una situación, medie o no la acción de una vanguardia. Una exaltación amorosa es una situación, provocada o no por la seducción consciente. Los situacionistas confiaban en producir efectos tales aplicando técnicas conscientes, como las enumeradas antes.

Hay un impulso utópico muy fuerte en los situacionistas. No deseaban la vida como es, sino cómo podría ser. Para ellos se trataba, a la vez e indisociablemente, de “transformar el mundo y cambiar la vida”. ¿Qué ha sido de la imaginación utópica, hoy cuando reivindicamos una casa, un trabajo y una vida digna?

Luis Navarro. El contexto ha cambiado sensiblemente. Por muy radicales que fuesen los situacionistas en sus planteamientos, estos se situaban en un contexto de desarrollo y progreso tecnológico. Lo que denunciaban era la falta de aplicación de este progreso a la conquista de una vida más elevada, a la liberación del trabajo, a la recuperación del entusiasmo de la aventura y la integración de la creatividad en la vida cotidiana.

Paradójicamente, hoy disponemos de más adelantos tecnológicos, han aumentado los niveles de riqueza pero nuestras vidas se han precarizado hasta el punto de amenazar derechos fundamentales. Esto no debería para mí suponer una rebaja en el tono de las reivindicaciones que planteaban los situacionistas, sino una confirmación material de la inviabilidad del sistema que atacaban y una invitación a explorar otras posibilidades.

Creo que el reclamo situacionista de una vida buena sigue siendo operativo en las condiciones actuales y logra ser inspirador a pesar de todo. A mí me sigue resonando en eslóganes 15M como “La revolución enamora” o “No somos mercancías en manos de políticos y banqueros”. 

Es cierto que los situacionistas luchaban contra el aburrimiento y la represión de una sociedad de abundancia y hoy lo hacemos en una situación más bien de precariedad, pero el problema de fondo solo se ha acentuado: la expropiación de las condiciones de existencia en beneficio del capital concentrado. (...)

¿Dónde ves la herencia de sus ideas más propiamente artísticas o culturales?

Luis Navarro. La búsqueda de un tipo de práctica simbólica capaz de superar los límites del arte y de generar efectos vivos ha tenido su importancia en la integración de formas performáticas de protesta en los movimientos. 

 El desvío humorístico de mensajes previos, el uso de memes y eslóganes o la producción de pequeños escándalos que funcionan como disloques perceptivos, son herramientas que han sido ampliamente utilizadas por el mundo contestatario. Pero muchas de estas prácticas han sido ampliamente recuperadas también por los medios de comunicación, que las ha reformulado y adaptado a sus propios fines de entretenimiento y dominación. (...)

El estado de doble poder en la cultura”, que decía Debord.

Luis Navarro. La opción de Debord en las tesis era la construcción de culturas paralelas en los márgenes del sistema, como los antiguos burgos o las chabolas del extrarradio, hasta crear una situación crítica de enfrentamiento y “doble poder”.  (...)

31/1/08

La rabia situacionista

“La Internacional Situacionista abominaba del capitalismo, pero se enfrentaba con igual intensidad al llamado socialismo real, al que consideraba dominado por una burocracia reaccionaria. Fueron los que dieron voz (incluso antes) a los deseos, afanes, sueños y despropósitos que estallaron en Mayo del 68, y se convirtieron en sus más lúcidos intérpretes. Ya no se trataba sólo de transformar una sociedad podrida por sus radicales injusticias económicas, sino también de recuperar la vida que el capitalismo opulento había anestesiado hasta liquidarla. En su radical crítica a la sociedad del espectáculo, Guy Debord (la figura más relevante del grupo) estableció las nuevas armas teóricas para enfrentarse a un tiempo nuevo.

"Nuestra fuerza está en la elaboración de algunas verdades que, desde el momento en que haya personas dispuestas a luchar por ellas, tienen los poderes destructivos del explosivo", escribió Attila Kotányi, otro miembro del grupo. En sus revistas llegaron a definir a la Internacional Situacionista como "un pequeño grupo experimental, casi alquímico, en el que se prepara la realización del hombre total". No se trataba de tomar exclusivamente el poder, había que cambiar la vida. "La mejor táctica coincide plenamente con el cálculo hedonista...", escribió Raoul Vaneigem.

¿Sirven para algo hoy las ideas de la IS? Fernández-Savater considera que la fuerza de la crítica situacionista procede de haber sabido establecer "un vínculo vivo entre los problemas existenciales y las tentativas de transformación social colectiva". Y recuerda a Vaneigem, que decía que "no hay diferencia cualitativa entre la búsqueda de la amistad y el amor y el deseo de revolución". Que Debord convirtiera la insatisfacción (y no la compasión, la ideología o la solidaridad, por ejemplo) en el motor de la crítica, comenta, lo hace muy próximo, "porque ahora también la pregunta clave es cómo politizamos el malestar existencial".

"Lo que se atacó frontalmente en mayo fue una economía capitalista que funcionaba bien", escribió René Viènet, otro miembro de la IS: no fue una reacción a un periodo de crisis económica, fue una contestación rabiosa a las limitaciones del sistema. El protagonista de la asonada fue para ellos el proletariado. Y proletario era para ellos cualquiera que hubiera sido desposeído del "empleo de su propia vida", y que lo supiera.” (El País, 29-01-08)