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14/11/23

‘Machismo, mafia y corrupción en el fútbol español”... vemos que los amos del fútbol español son amos de muchas más cosas, desde negocios de construcción hasta cadenas de televisión, pasando por empresas de distribución de alimentos o las cloacas policiales. El libro repasa desde el omnipresente Florentino Pérez hasta Fernando Roig o Miguel Ángel Gil

 "Cuando un autor y un editor van pergeñando una idea para un libro que, presumen, trata sobre un tema de actualidad, además de acertar en el momento en el que lo deciden que lo publicarán, quedan a merced de cómo evoluciona esa actualidad a lo largo de los meses que pasarán hasta que el libro vea la luz.

Al periodismo diario le basta saber lo que es actualidad hoy para contarlo mañana, el semanal tratará sobre temas que duren más de un día y una publicación mensual debe pensar en temas que soporten varias semanas. En cambio, querer abordar la actualidad, incluso me atrevería a decir que hacer periodismo, en un libro requiere pensar a largo plazo. ¿Interesará este tema dentro de seis meses cuando el libro salga a la venta? O lo que es peor, ¿seguirá interesando dentro de un año o dos, fechas en las que seguimos interesados en que el libro siga en las librerías?

Este nuevo libro de la colección A Fondo, de la editorial Akal, que usted tiene en las manos, se planeó hace varios meses. Creo que el tiempo y los acontecimientos han demostrado la visión periodística de futuro que tuvimos, especialmente nuestro autor, Fonsi Loaiza. Quién, si no, iba a escribir un libro titulado Machismo, mafia y corrupción en el fútbol español.

Efectivamente, el carácter mafioso, machista y corrupto del fútbol español ha terminado reventando por una de sus costuras podridas y sacando a la luz toda la miseria que habíadentro. En esta ocasión ha sido el machismo. Y, al final, con el presidente de la Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, ha pasado como con Al Capone: tantos crímenes a las espaldas del gánster estadounidense para terminar en prisión por una simple evasión fiscal. En España, tantos latrocinios, choriceos y comisiones para terminar cesado por un beso no consentido, un pico. La paradoja es que algunas injusticias terminan proporcionando justicia.

Este libro sirve para entender cómo algo que puede parecer nimio acaba siendo el detonante de algo mucho mayor. Un beso, un pico, como dijo Rubiales, puede desencadenar todo lo que hemos conocido. En realidad, los grandes movimientos populares surgen a partir de algo aparentemente intrascendente. Por ejemplo, la primavera árabe en Túnez se inicia porque la policía le confisca las verduras a un vendedor callejero. En su libro Antes de la tormenta, Gal Beckerman repasa la historia para explicar cómo muchos movimientos populares, e incluso revoluciones, se conciben de forma silenciosa y latente para terminar explosionando en el momento más inesperado. Machismo, mafia y corrupción en el fútbol español nos sirve para descubrir todo lo que había detrás de nuestro fútbol y explica cómo ese detonante aparentemente simple, «el pico», pudo provocar todo, la explosión de la olla a presión, la gota que colmó el vaso.

Para explicar eso, Loaiza nos presenta a todos los capos del fútbol –no hace falta explicar que todos son hombres–, él los llama los amos del fútbol español. Pero, en realidad, al terminar el libro, vemos que son amos de muchas más cosas, desde negocios de construcción hasta cadenas de televisión, pasando por empresas de distribución de alimentos o las cloacas policiales. El libro repasa desde el omnipresente Florentino Pérez hasta Fernando Roig o Miguel Ángel Gil. Ojo con los apellidos, seguro que les suenan desde hace mucho. Comprobamos que, cuando se trata de negocios, no importan las diferencias ideológicas, se unen monárquicos y republicanos, centralistas madrileños e independentistas catalanes, y por eso vemos repartirse el pastel entre Roures, Cerezo, Laporta o Tebas. A todos ellos los retrata Loaiza detallando sus finanzas, recopilando sus mangoneos y reproduciendo las citas de sus comentarios.

Sin embargo, sí descubrimos un sesgo ideológico dominante en nuestro fútbol, se explaya sin límite el ultraderechismo. Un ejemplo elocuente: el único partido que se ha suspendido aplicando el «protocolo contra el racismo» fue para proteger a un nazi al que parte del público llamó nazi. En el fútbol, cuando se habla de justicia, es el mundo al revés; por eso, como recuerda nuestro autor, tiene peores consecuencias denunciar una agresión sexual que haber sido denunciado envuelto en un escándalo sexual.

Las corrupciones en las instituciones del fútbol quizá sean la mejor prueba de cómo la gestión y el derecho privados puede ser el lugar idóneo para el latrocinio y el saqueo del dinero público logrado con patrocinios, derechos de emisión y privilegios ante las administraciones. Y todo ello sin tener que someterse al control público de sus cuentas y nombramientos. Les recuerdo que alguna de esa gente gana en sus cargos casi un billete de 500 euros cada hora.

Cuando vamos leyendo las páginas de este libro, comprobamos cómo ningún cargo público ni representante ciudadano aguantarían ni un minuto en el cargo tras conocerse su salario insultante, sus privilegios, sus orgías con jóvenes de menos de 20 años, sus derroches en fiestas tirando de tarjeta de la institución, sus comentarios machistas, su impunidad ante las agresiones sexuales, su racismo o su matonismo.

Como no podía ser de otro modo, los tentáculos de la criminalidad del fútbol se extienden por la trama Gürtel –que financiaba a la derecha–, las cloacas de Interior y de la policía, y la complicidad y compra de silencios en los medios de comunicación. Lean, lean.

Que algunas cabezas de esta mafia hayan tenido que rodar por un pico y no por todo su bandolerismo, uno ya no sabe si es digno de aplauso o de vergüenza, aunque, al menos, sí es motivo de alegría.

Sólo me queda agradecer a Fonsi Loaiza, probablemente el periodista español que más amenazas de muerte recibe por las redes, que sus libros estén sacando a la luz todo este mundo turbio. Las amenazas que en México reciben los periodistas por las mafias del narcotráfico, en España se reciben por la mafia del fútbol, no se me ocurre mejor símil para comprender la envergadura de su criminalidad. Leyendo este libro y difundiéndolo estaremos demostrando que no está solo y que el hampa no es intocable. Ya lo han demostrado las futbolistas."               (Akal, 02/11/23)

20/3/23

Critico a las mujeres blancas que han escrito sobre varios tipos de agresión sexual, que lo cuentan todo en ese tono casi religioso… Claro, el horror es el horror, pero si hay algo que nos ayuda a sobrevivir es el humor. Tú no tienes que usarlo si no quieres, pero no me digas a mí que no lo utilice, ¿sabes? En este libro explico cómo en las culturas de donde provengo el humor es esencial para sobrevivir a lo peor... La autora chicana publica en español ‘Mala onda’, una novela de no ficción en la que reflexiona sobre su vida tras sufrir una violación

 "Myriam Gurba me recibe virtualmente en su cocina de California. Se acaba de despertar. Al fondo veo a un perro que pasea a sus anchas y, de vez en cuando, aparece también su actual pareja: “¿Tú has estado en España, verdad?”, le pregunta ella. Oigo un grito a lo lejos: “Sí, ¡en Madrid y en Barcelona!”. Nos reímos. Maldecimos a una antigua profesora suya que penalizaba a los alumnos que utilizasen vocabulario latinoamericano: “Me puso un notable en vez de un sobresaliente, ¡y yo hablaba español en casa!”. De madre mexicana, Gurba se ha convertido en una de las voces chicanas, queer y multirraciales más importantes de la literatura estadounidense. En su tercer libro, Mean (2017), recupera la agresión sexual que sufrió a manos de Tommy Martínez, quien además asesinó a Sophia Castro Torres. Ahora la editorial Tránsito acaba de publicarlo traducido con el título de Mala onda. Hablamos sobre esta obra, la violencia de género, el racismo, sus próximos proyectos…

El libro se llama Mala onda en español, pero el título original es Mean. Enfatizas mucho el querer “ser mala”, ¿por qué?

Mean tiene muchas definiciones en inglés que no se traducen bien a español. La más próxima quizá sería “crueldad”, pero no es lo mismo, porque ser cruel es más fuerte… Pero hay otra razón para elegir ese título, y es que en inglés también es un verbo, “to mean”, en la acepción de darle significado a algo, de que algo tiene sentido [lo aclara en español]. Así que en inglés el título funciona de dos maneras: como una crueldad ligera, y como dar sentido. Por una parte, la crueldad es parte de la vida, ¿no? Y yo la ejerzo de varias formas en estas memorias, pero la última crueldad es la que comete mi perpetrador. Estoy invitando a mis lectoras a considerar los diferentes tipos de crueldad, sopesarlos y valorarlos. Y luego, claro, estoy intentando encontrarle un significado a lo que me sucedió, porque muchas mujeres que hemos sido violadas al final nos preguntamos: ¿para qué sirve mi vida si sufro esto? Mean es mi tentativa de construir significado con lo que ocurrió en un sentido literario.

La verdad es que fue interesante leerlo en español. A veces, intentaba descifrar el inglés de debajo pero, al mismo tiempo, me di cuenta de que la traducción estaba adaptada a un público mexicano, y me tocaba navegar por esa riqueza lingüística…

Claro, es que la traductora [Elisa Díaz Castelo] es mexicana.

Mi pregunta entonces es… ¿cuál es tu relación con el español como lengua literaria? Hay palabras escritas directamente en este idioma; estoy segura de que se pierden matices en la traducción, pero aun así se nota la mezcla.

Pues yo no quería escribir un libro en spanglish, ésa no era mi intención. De hecho, cuando empecé Mean ni siquiera quería escribir un libro; creía que estaba haciendo experimentos personales que no saldrían del ámbito privado. Pero luego noté que se estaba convirtiendo en algo más grande y, conforme narraba mi infancia, me di cuenta de que sería estúpido contarla exclusivamente en inglés, porque yo no tengo una mente monolingüe. Quería que la gente se adentrase en mi conciencia, pero mi conciencia es políglota, así que debía invitar al lector a este modo de pensar en dos idiomas, sin costuras. E hice algo inusual en el mundo del libro anglófono, y es que hay fragmentos que aparecen en español, sin cursivas que indiquen que es una lengua extranjera, sin traducción. Depende del lector darse el trabajo de entender o no, porque hay mucha gente como yo, especialmente en el suroeste de Estados Unidos, que se desliza dentro y fuera de las dos lenguas; hay mucha gente que puede leer así, y habrá más en el futuro.

¿Cómo fue la recepción del libro? ¿Te criticaron por eso?

La crítica no vino por mezclar idiomas sino por el humor. Me dijeron que el humor era inapropiado, que el humor y el horror no deberían ir juntos. Yo creo que el principal problema que tiene la gente con el humor del libro es que existe la expectativa de que las supervivientes, cuando escribimos sobre agresiones sexuales –especialmente sobre violación–, debemos hacerlo según un formato preestablecido. Hay un hábito narrativo que impera y nos dice que contemos el evento como el peor de nuestras vidas, arruinadas por completo, porque ésa es la única forma de provocar compasión. Si muestras resiliencia, si tu sentido del humor permanece intacto, parece que la violación no fue tan mala… Las críticas más duras han sido ésas, al humor.

Me da la sensación de que esa expectativa de la violación y del dolor es muy blanca. El dolor también se racializa y debe ser narrado según ciertos patrones. Sin embargo, en las personas multiculturales, que habitan el cruce entre varias lenguas, el humor puede representar otro universo diferente. No sé si estás de acuerdo conmigo…

Completamente, tanto que acabo de escribir un pequeño ensayo sobre eso para mi próximo libro. Critico a las mujeres blancas que han escrito sobre varios tipos de agresión sexual, que lo cuentan todo en ese tono casi religioso… Claro, el horror es el horror, pero si hay algo que nos ayuda a sobrevivir es el humor. Tú no tienes que usarlo si no quieres, pero no me digas a mí que no lo utilice, ¿sabes? En este libro explico cómo en las culturas de donde provengo el humor es esencial para sobrevivir a lo peor. Nos divertimos con la muerte, su lenguaje es como un juguete, y el humor es también un arma. Una cosa que no se tiene en cuenta es cómo una manera de luchar contra la misoginia es reírse de ella. ¿Qué hace la risa con la persona a la que va dirigida? Los encoge, los achica… Y lo último que quiere un machista es ser “pequeño” [señala la medida con los dedos, carcajea, sonrío…]

Myriam, al principio del libro hay una violación brutal. Luego esto desaparece y sólo retomas el tema muchas páginas después, pero obviamente la lectora es incapaz de olvidarlo y debe convivir con esto durante todo el relato. ¿Por qué este enfoque?

El libro sigue las convenciones narrativas del true crime, aunque también las subvierte. En este género normalmente el narrador empieza con el crimen, y luego te aparta y te lleva de la mano por la historia… Estoy usando ese patrón, pero para darle la vuelta, porque hay elementos ausentes en el género que yo empleo, como fantasmas… Eso es fantasía. Otra razón es que la violencia con la que se abre el libro es la que sufre Sophia Castro Torres, y ella no recibió ningún aviso de que iban a agredirla y asesinarla, ¿verdad? Pues el lector tampoco. Yo quería introducir esta violencia de forma que el lector experimentara la conciencia de la víctima: sin advertencias, surge de la nada, es una emboscada. Cuando lees sobre el asesinato se te queda en la cabeza todo el tiempo; esto es una aproximación al trastorno de estrés postraumático (TEPT), con el que yo vivía. Mientras vas por el mundo viviendo tu vida hay ecos de lo que pasó dentro de ti, así que replico este síndrome para el lector, que lo comparte conmigo.

¿Cómo manejaste el dolor durante el proceso de escritura? ¿Fue difícil, liberador? Dame un adjetivo.

Fue muy estresante, no fue liberador en absoluto [se emociona]. Cuando empecé a escribir el libro yo había acabado de leer algunas memorias sobre el mismo tema y quería intentar un relato propio. Pero tenía TEPT, sin tratamiento, así que, mientras intentaba escribir sobre abuso sexual, agresiones, lo que me encontré fue que me daba ansiedad, entraba en pánico… y descubrí que si utilizaba varios elementos del humor y el surrealismo era capaz de enfrentarme al tema sintiéndome protegida. Una vez que me calmé, pude proceder con el humor como un mecanismo de protección estilística, pero… conforme estaba escribiendo esto, porque me llevó varios años, bueno… una de las ironías es que me quedé atrapada en una relación de violencia doméstica. A esa persona que me metió en la trampa yo le había contado mi historia, y la utilizó para aterrorizarme. Hacía cosas similares a las que había hecho mi violador, para torturarme. Al final conseguí escaparme de esa relación, pero ésa fue la época en que el libro salió, y yo me tuve que esconder para que esa persona no me encontrara, porque cuando abandonas una relación violenta es justo el momento en que es más probable que esa persona te mate, y ya me había dicho que estaba pensando asesinarme… Así que me tuve que esconder y no disfruté nada el lanzamiento de mi libro.

Qué horror. Cuando necesitabas estar más expuesta, hacer presentaciones…

Las cancelé todas. De hecho, acabé traumatizada, porque estaba intentando sobrevivir, seguir viva… Ahora bien, ¡mi próximo libro trata de cómo escribir un libro sobre violencia sexual perpetrada por un extraño mientras tu pareja te quiere matar! [se ríe] Una de las cosas que subrayo es que la violencia que viene de un extraño es terrible, pero muy rara en comparación con la violencia íntima, y lo que pretendo ilustrar es que esa violencia de fuera a la que nos han acostumbrado a tenerle pavor es más pequeña y fácil de aguantar que cuando tienes al agresor en tu puta casa.

Es interesante cómo lo cuentas, porque en Estados Unidos, fuera de los ambientes académicos, no existe la noción de “violencia de género”. Es “doméstica”, pero obviamente esto significa otra cosa. Cuando leí tu libro me pareció una buena manera de empezar a decir que la violencia tiene género; no es casual que las agredidas en tu relato sean siempre mujeres.

Sí, totalmente; el libro va de violencia de género. Como has dicho, ese término no existe fuera de la academia, y a mí me gustaría que se usara en Estados Unidos, y que sustituyese al lenguaje que empleamos al respecto… Aquí hay un falso énfasis en la igualdad, como algo ya se hubiera logrado. Tipo… ¡ah, las mujeres pueden ser las agresoras!, ¡las mujeres también pegan a sus maridos! Claro, cuando estamos intentando defendernos de esos cabrones. Muchas veces se llama a la policía [en casos de maltrato] y actúan como si fuesen dos personas que no saben gestionar su ira, pero ¿quién se está defendiendo de quién? La razón por la que esto ocurre es una opresión de género. ¿Sabes? Valoro mucho que en América Latina el discurso se centre en el género como la causa de la violencia, y la palabra “feminicidio”, que enfatiza el asesinato de una mujer porque es mujer. La gente no quiere hablar de esto en Estados Unidos, pero es una conversación que voy a intentar instigar con mi próximo libro. No hay ninguna epidemia de maridos asesinados, ni centros de acogida para hombres, ¡venga ya! Ni hombres corriendo a protegerse con sus niños. ¡Qué gilipollez! Como ves, me saca de mis casillas [risas].

Vamos a hablar de orientación sexual… Dices que Mala onda no es un libro sobre salir del armario, pero ya desde el principio, cuando relatas tu infancia, dices cosas como: “Me puse a cuatro patas e hinqué las rodillas en el polvo junto a los columpios. Miré el agujero del topo, queriendo deslizar mi puño por ahí”. Mmm… ¿esto no es una declaración de intenciones?

¡Es un libro queer! [Se ríe] Pero intentaba escapar de la idea de que se trata exclusivamente de un libro sobre salir del armario. Durante mucho tiempo en Estados Unidos, si escribías sobre temática gay, estabas obligado a hacerlo contando esta escena reveladora de darte cuenta… y yo nunca he tenido un momento así. Yo creo que fue el resultado de lo que las editoriales elegían publicar, pero yo no quería que la lectora tuviese esa expectativa, porque es un estereotipo. Hay materia queer, LGBT, pero estoy lidiando con muchas más cosas. También es cierto que los libros a los que estaba respondiendo con Mala onda eran muy hetero. Luego está mi propia orientación sexual, y creo que la mejor palabra para describirla es “bisexual”. No me gusta del todo porque sugiere lo binario, pero hago las paces con ella en el sentido de que me atraen los que comparten mi expresión de género y también los que no.

Una última pregunta. Hay un pasaje donde contemplas a varios mexicanos cogiendo fresas y tú te diferencias de ellos. Dices: “Me sentía mal por ser principalmente mexicana y no tener que estar allá haciendo eso”. ¿Por qué te sentías mal?

El libro negocia diferentes manifestaciones de la culpa. La primera es la culpa del superviviente. Sophia Castro Torres murió y yo viví [lo dice en español] ¿Por qué? La razón es el privilegio de clase.

 A mí me asaltaron mientras caminaba hacia el trabajo de mi madre, a las dos de la tarde, en la ciudad, en frente de una casa de un barrio residencial… Habría sido muy inoportuno asesinarme allí, pero Sophia no tenía casa [en español], era una sin techo, y estaba andando a las dos de la madrugada. Es oportuno matar a una mujer sin casa a las dos de la madrugada. El privilegio de clase es lo que me salvó la vida, y fue la pobreza lo que posibilitó que el asesino matara a Sophia. En el libro medito sobre esa abundancia en mi vida que ella no tenía, sobre esa injusticia… Así que reflexiono sobre la culpa y la diferencia de clase respecto a otros miembros de la diáspora mexicana. Pero también comparto muchas ideas sobre raza. Una de las cosas que ocurre en California es que a los mexicanos se nos racializa independientemente de nuestros rasgos. Quizá en México tienes el privilegio de ser huerita [blanca], pero eso no te lo traes a Estados Unidos. Y, mira, en torno a este debate siempre hay alguien que suelta: “Mexicano es una nacionalidad, no una raza”. ¡Pues ve y díselo a los racistas! Seguro que dejan de serlo cuando escuchen esa distinción, ¡ja! Realmente me molesta. Una definición de racismo que es bastante exacta es la de Ruth Wilson Gilmore: “La vulnerabilidad diferenciada de un grupo respecto a la muerte prematura”. Es decir, un grupo señala a otro y dice: “Está bien que mueran pronto”. Es muy sucinta, aquí no hablamos de apariencia física, idioma, etcétera. simplemente de quién muere antes de tiempo, porque eso es lo que hace el racismo, te acorta la vida, te inhabilita, te aniquila."             (Azahara Palomeque  , La Marea, 16 marzo 2023)

26/1/23

Han pasado 25 años desde el vil asesinato de Ana Orantes a manos de quien la maltrató durante 40 años a ella, así como a sus hijos e hijas. Esta pequeña gran mujer cambió el rumbo de un país que trataba los malos tratos como esas cosas normales que pasaban en casa y ahí debían quedar... Desde entonces la vida de Raquel Orantes, una de sus hijas, sigue varada en la falta de quien más quería... “Los maltratadores nos dejan huérfanos de madre y de vida”

 "Han pasado 25 años desde el vil asesinato de Ana Orantes a manos de quien la maltrató durante 40 años a ella, así como a sus hijos e hijas. Esta pequeña gran mujer cambió el rumbo de un país que trataba los malos tratos como esas cosas normales que pasaban en casa y ahí debían quedar. Su testimonio en Canal Sur sirvió para nombrar la verdad de la desigualdad más silenciada. Lo pagó muy caro. EL 17 de diciembre su victimario acabó con su vida.

Desde entonces la vida de Raquel Orantes, una de sus hijas, sigue varada en la falta de quien más quería y de quien aprendió a ser la mujer luchadora que es hoy. “El tiempo lejos de hacer fácil su ausencia se hace más cuesta arriba porque parece que nada ha cambiado. Duele mucho ver el repunte horroroso de la violencia contra las mujeres”, explica. Un dolor que se hace aún más profundo “por la violencia vicaria que no para de crecer y que a nadie parece importar”.

Y es que para esta superviviente si bien la figura de su madre “no para de hacerse cada vez más grande y de ser puesta en valor por la sociedad”, se empaña con una realidad marcada por el aumento del machismo. “Vivimos una época muy complicada. Me gustaría no ser tan pesimista pero lejos de avanzar hemos retrocedido a niveles que no esperábamos ver. Hoy los maltratadores están haciéndose fuertes porque la sociedad mira a otro lado”, dice al teléfono. Una negra realidad en la que precisamente “el valor, la importancia y la voz de mi madre, se hace más necesaria si cabe”.

Por eso Raquel Orantes mira de frente a ese mundo indolente que lejos de cuidarse y educarse en la igualdad, permite una mordaza maltratadora. “Si bien es cierto que tenemos más acceso a la información y que el maltrato ya no queda como antes, en casa de puertas para adentro, ahora hemos pasado a ver un control en el que el discurso del maltratador en la adolescencia es cada vez más fuerte. El aislamiento social que provocaba el maltratador para que la mujer quedara en su casa sola y sin red se ha transformado en un dominio social hacía chicas cada vez más jóvenes que son sometidas y sufren violencia con el contenido de la televisión, la música, el cine a través de la venta del amor romántico”.

Lo que no se ve, pero te marca

Una estrategia que permite que el maltrato psicológico siga pasando desapercibido socialmente. “No es tan llamativo como el golpe que se ve, pero justamente esa violencia que no se palpa es el antecedente al puñetazo y la paliza y hace mucha más mella porque te vulnera, crea dependencia y destruye tu autoestima. Antes de la primera bofetada como contaba mi madre en su día en el programa de televisión siempre hay un proceso de menosprecio, de hacerte de menos. Ella pensaba que no sabía hablar o que era tonta porque era lo que escuchaba cada día de su vida”, subraya.

Un menosprecio que Raquel Orantes cree que se reinventa de dos formas. “La primera es que se ha pasado de llamar a las mujeres tontas para nombrarlas putas. Para ellos el valor es cuantas más mejor y para ellas todo lo contrario”. En cuanto a la segunda manera de maltratar “que se ha multiplicado como nunca” es a través de dañar a la infancia en los puntos de encuentro. “Cada día me llegan nuevos casos donde los niños y las niñas son obligados a ver a sus maltratadores en estos lugares. Veinticinco años después del asesinado de mi madre padre y maltratador siguen siendo sinónimos”. Una tortura que para ella tiene a unos cómplices necesarios: “los jueces que otorgan esas sentencias y las personas que trabajan en estos puntos negros son quienes permiten y perpetúan estas situaciones de violencia contra menores de edad”.

Una injusticia que Raquel revierte pensando en lo positivo. “Me gusta quedarme con el lado bueno de la vida para poder seguir luchando contra todo ello porque también esa era la forma de ser de mi madre. Por eso guardo como oro en paño el cariño y la admiración de la gente por ella. Me ayuda mucho trabajar con asociaciones contra la violencia machista y sobre todo seguir haciendo entrevistas. Ser y sentir el legado de mi madre es lo que me sigue dando fuerzas”, subraya.

Raquel además habla de una red protectora que nunca falla a quienes son maltratadas.  “Es la de las mujeres que salvan a otras mujeres y a sus hijas e hijos”. Una trama con la que se llevan mejor los envites de las resoluciones judiciales que lejos de pensar en el daño que causan hacen que se interpreten las leyes más en favor del maltratador que otra cosa”, reafirma.

“Necesitamos leyes más duras. Los maltratadores tienen que ver que no les sale gratis su maltrato. La cadena perpetua es imposible que exista, pero ellos tienen que sentir que el sistema funciona a través del miedo a una condena dura”. Además, Raquel apunta a otro lugar para que cambien las cosas. “Si a alguno de los políticos les tocaran a su hija o su nieta, quizá ese sería el impulso para que todo esto cambiara”, reconoce. 

Mientras nada de esto pase ella tendrá que seguir apagando la tele con cada nuevo caso que se suma al contador de la violencia machista. “Lo hago porque reconozco a mi madre en cada uno de ellos. Tengo imágenes tan clavadas de lo que vivimos en casa que no me las puedo quitar de encima”.

¿Con todo el tiempo pasado se sigue sin querer ver la verdad de la violencia contra las mujeres?

Por desgracia es así. Ahora que por las fechas se están haciendo muchos homenajes y actos por mi madre echamos la vista atrás para buscar los titulares de la época y las imágenes y lo que veíamos y sentíamos como sus hijos sigue pasando hoy igual. Las imágenes morbosas en los medios de comunicación y la falta de sensibilidad en general siguen dándose. Lo mismo que con los vecinos a los que los medios siguen preguntando cuando se produce un asesinato. Unos vecinos que hasta que ha pasado el triste desenlace solo han mirado a otro lado.

¿En qué se parece el vecindario actual al que os rodeaba en su día?

En la visión distorsionada que tienen de la realidad y de lo que significa ser víctima de la violencia machista. Durante los años en que mi madre y nosotros fuimos maltratados para los vecinos y las vecinas él era un ser maravilloso, el gran trabajador y el enamorado que iba de la mano de ella. Como decía mi abuelo materno él era candil de puerta ajena, pero pura oscuridad con su familia.

No veían, sin embargo, la verdad de quien nos encerraba y no nos dejaba relacionarnos con nadie. Cuando en su día mi hermano fue a denunciar los malos tratos no les hicieron ni caso. Cuando había denuncias las penas que se imponían eran arrestos domiciliarios con el maltratador. En aquel entonces España era un país permisivo con el maltrato. Existían los crímenes pasionales y la bofetada estaba bien vista. Era algo normal.

¿Cómo te encuentras ahora pasado todo este tiempo?

Tanto yo como mis hermanos nos hemos reconstruido entre nosotros con el cariño y el amor que nos tenemos y el de las amistades cercanas. Sin embargo, algo tan básico como la ayuda psicológica no estuvo ni se dio nunca. La herida que nos dejó el asesinato de mi madre jamás se cura. Por eso busco ese consuelo a través de la lucha contra el maltrato y su memoria. Quiero que su legado continúe para siempre. Eso es lo que me hace más fuerte. Me mantiene viva recordarla y seguir luchando.

Mi madre era nuestro referente. El día que sucedió todo perdimos la brújula que nos guiaba en todo. Nos quedamos sin el hogar. Cada vez que escucho o veo una noticia de una mujer asesinada delante de sus hijos se me llena el cuerpo de escalofríos. Me estremezco y me lleno de rabia porque no entiendo tanta barbarie, tanto hacer tanto daño tan miserable. Los maltratadores nos dejan huérfanos de madre y de vida.

No soy persona funcional. Toda mi vida viví en una coraza y después del asesinato la desconfianza se adueñó de mí. Jamás terminas de confiar en nadie. Es muy complicado tener relaciones con amistades. No dejas entrar en tu vida a cualquiera porque siempre estás con el temor de que quiera hacerte daño.

¿Cuál es el mensaje que mandas a la sociedad?

El mensaje que mando es el mismo que mandó mi madre Ana Orantes en su día. Ella dijo en el programa que las mujeres tienen el derecho de denunciar y a ser acompañadas por la sociedad en el proceso en lugar de ser cuestionadas. Todavía nos enfrentamos a ese cuestionamiento social del porqué no sacamos a mi madre de dónde estaba.  Cuando todo es cuestionado y nada es comprendido, volvemos a desamparar y dejar a solas a quienes más ayudan necesitan.

¿Y tu mayor deseo?

Solo deseo que la voz de Ana Orantes siga viva, se oiga siempre y traspase el tiempo. Moriremos todos los hijos, pero ella y lo que significó para este país y para miles de mujeres, ha de seguir vivo. Aunque tengamos que luchar como salmones contra corriente tenemos que seguir denunciando y luchando contra esta violencia que no cesa."                           (Nuria Coronado, crónica Libre, 17/12/22)

13/4/22

La explicación de Eduardo Madina sobre la diferencia entre "violencia intrafamiliar" y violencia machista: "Violencia intrafamiliar es que tu primo le pega un puñetazo a tu cuñado en la cena de Nochebuena", dice Madina. Y continúa: "La violencia machista forma parte de un ataque a los derechos humanos que sufren solo las mujeres por el hecho de serlo, cuando se desvían de lo que se supone que deben ser sus roles desde el punto de vista subjetivo de algunos hombres"

 "La llegada de Vox a la vida política española sigue trayendo consecuencias… A los bulos, la xenofobia, el revisionismo y un largo etcétera hay que sumar su negacionismo de la violencia machista.

 Un peligroso postulado que ya se le está contagiando al Partido Popular en la era Feijóo y con el pacto entre ambas formaciones en Castilla y León. Ultimamente ya hemos visto a responsables de PP claudicar ante la ultraderecha en Andalucía y en Castilla y León, y hablar de "violencia intrafamiliar". Y el propio Feijóo también se metió en el jardín.

Para los que les cuesta entender por qué se trata de violencia machista, el exdiputado del PSOE Eduardo Madina se lo ha explicado muy claro en una intervención este martes en el programa Hoy por Hoy de la Cadena Ser.

 "Violencia intrafamiliar es que tu primo le pega un puñetazo a tu cuñado en la cena de Nochebuena", dice Madina. Y continúa: "La violencia machista forma parte de un ataque a los derechos humanos que sufren solo las mujeres por el hecho de serlo, cuando se desvían de lo que se supone que deben ser sus roles desde el punto de vista subjetivo de algunos hombres".  (...)"              (Tremending, 13/04/22)

2/12/21

Clara Serra: «Algunos feminismos están dejándose seducir por el punitivismo neoliberal»... La trabajadora sexual, como figura, resulta inasumible para una concepción sobre la sexualidad que ha extendido tanto el peligro que acaba poniendo en cuestión la capacidad de decir «no» de las mujeres... cuando una actriz porno o una trabajadora dice «SI», es inválido. Esta contradicción recorre la actual ley de libertades sexuales del gobierno español de modo radical... es una ley que apuesta por establecer delitos «aun con el consentimiento» de las mujeres. Es una contradicción insalvable. En Estados Unidos, el feminismo abolicionista se alió políticamente con la administración de Reagan en la instauración de un marco feminista que era muy funcional a la batalla cultural de la derecha en la perpetuación de una moral sexual puritana

Clara Serra Sánchez es una filósofa, política y autora española especializada en feminismo

 "Clara Serra Sánchez es profesora de filosofía e investigadora en la Universitat de Barcelona, exdiputada de Podemos en la Asamblea de Madrid y autora de numerosos artículos y libros, entre ellos: Leonas y zorras: estrategias políticas feministas (2018), Manual ultravioleta Feminismo para mirar el mundo (2019) y coordinadora de Alianzas Rebeldes. Un feminismo más allá de identidad (2021).

Interviene en los debates feministas actuales poniendo en tensión ciertas ideas y políticas hegemónicas que hoy despliegan algunas corrientes feministas. Además, es una de las voces más críticas del proyecto de Ley de libertades sexuales en España. En esta oportunidad, dialogamos sobre este aspecto, entre otros de sus interesantes planteamientos. ¿Cómo pensamos la identidad? ¿Sólo «sí es sí»? ¿Cómo entiende el feminismo el deseo? ¿Cuáles son los límites de una lucha que confía tanto en el código penal?

GH

Hacés un cuestionamiento de las luchas políticas basadas en la identidad,  incluso sos una de las autoras de Alianzas rebeldes. Un feminismo más allá de la identidad. ¿Cuáles son los límites de las luchas centradas en la identidad?¿Por qué hablar de un feminismo que supere la identidad? 

CS

En cierto sentido, toda política es una política de la identidad. Las identidades son construcciones sociales que las luchas políticas pueden utilizar para enfrentarse al poder. En el caso del feminismo, es evidente que, por una parte, la identidad de las mujeres tiene que ver con el hecho de que las mujeres compartimos un lugar en el mundo, compartimos experiencias o incluso un destino social o económico, y que eso tiene que ver con el patriarcado. Hacer uso de esa identidad es una forma de volverse contra la desigualdad. Pero solamente si es en un sentido estratégico.

Cuando las luchas políticas olvidan el carácter instrumental,  y en cierto sentido ficticio (construido) de las identidades, las luchas pueden dejar de ser emancipatorias y, por el contrario, reproducir las categorías del poder, esencializándolas y reificándolas.

El objetivo del feminismo no es reproducir la categoría «mujer», sino que en cierta forma es destruirla

El objetivo del feminismo no es reproducir la categoría «mujer», sino que en cierta forma es destruirla. Es decir, trabajar por un mundo en el que esa categoría pierda importancia social y no lleve aparejado un destino para quienes la ocupan. Luchamos por el derecho de las mujeres a ser diferentes entre nosotras y para eso usamos instrumentalmente una palabra que ficciona nuestra identidad. Cuando perdemos de vista este carácter ficticio, hacemos políticas esencialistas y conservadoras que santifican y mitifican la identidad de las mujeres. Yo me opongo a esos feminismos.

GH

Las agendas del feminismo están marcadas por un fuerte pedido de intervención punitiva, de extensión del código penal para abordar diversos problemas que le atañen. La ley de libertades sexuales que aprobarán allá pareciera ser una gran demostración de eso. ¿Por qué pensás que sucede algo así? ¿El endurecimiento del código penal es compatible con el ideal de transformación social que podría contener el feminismo?

CS

Creo, como algunos autores están subrayando en la actualidad, que la fase actual del neoliberalismo se caracteriza por una deriva fuertemente punitiva. Es el efecto del retraimiento del Estado de bienestar y las políticas sociales. Ante el empobrecimiento masivo y la precarización de nuestras vidas hay una creciente incertidumbre y aumenta la sensación de inseguridad, riesgo y peligro social. Las políticas punitivas ponen como causa de ese riesgo a determinados individuos, o determinados grupos, en lugar de las políticas estructurales de empobrecimiento que generan fractura social. La paz social y el orden se prometen, así, a través de soluciones punitivas. Esto genera que, en las últimas décadas, los Estados liberales hayan aumentado el recurso de endurecer sus códigos penales. No solo en Estados Unidos, también en Europa.

Obviamente esto es incompatible, a mi entender, con las agendas de las izquierdas, que deben apostar por políticas sociales y económicas que enfrenten el neoliberalismo. Creo que determinadas izquierdas y también algunos feminismos están dejándose seducir por estas políticas punitivas y están siendo incautos colaboradores en este reforzamiento penal de las democracias liberales de nuestro presente.

La ley de libertades sexuales, como muchas de las propuestas que en el contexto norteamericano y anglosajón se han puesto en marcha contra la violencia sexual, tiene una clara apuesta por el código penal como mecanismo fundamental de corrección y pretendida transformación social. También algunas políticas LGTB tienen hoy en día un excesivo uso de las vías punitivas en su combate contra los “delitos de odio” y eso ha sido criticado por activistas LGTB y queer críticos como es el caso de Dean Spade.

GH

Hoy se habla muchísimo del consentimiento, y no por nada esta ley a la que nos referimos es nombrada como la ley del «sólo sí es sí». En varias oportunidades marcaste que resulta problemático pasar de decir «no es no» a «sólo sí es sí». ¿Cuál es la diferencia entre una y otra?

CS

Básicamente se cambia de un marco en el que se entiende que las mujeres son capaces de decir que «no» (y se las anima y empodera para decirlo), a un marco en el que, en la medida en que la sexualidad es siempre peligrosa o intimidatoria para las mujeres, esa opción es siempre imposible. Esto me parece altamente problemático, es una elección que creo que deberíamos debatir con mucha calma y cuidado. ¿Estamos dispuestas a asumir esa imposibilidad y dejar de trabajar por una sociedad en la que digamos «no»? ¿Qué cosas perdemos por el camino al asumir ese marco?

Esto no me parece que rompa en modo alguno con la imagen tradicional de las mujeres como seres temerosos del sexo.

Quienes defienden el lema del «solo sí es sí» lo presentan como un marco superador y mejor porque es afirmativo, pero creo que esto es totalmente equivocado; el lema «solo si es “sí”» cobra sentido únicamente en un marco en el que se ha extendido el campo del no, es decir, en el que hemos decidido asumir como regla que, en principio y por defecto, las mujeres no quieren sexo. Esto no me parece que rompa en modo alguno con la imagen tradicional de las mujeres como seres temerosos del sexo. Es más, es la sociedad patriarcal la que nos ha educado en la creencia de que ser una mujer decente es estar indispuesta al sexo, no desearlo, no estar esperándolo. Me parece correcto, por supuesto, cuestionar que un silencio sea tomado siempre que los hombres quieran como un «sí», qué duda cabe, pero me parece muy problemático que la respuesta a eso sea establecer categóricamente que todo silencio es un «no». El problema, justamente, es que estos marcos del consentimiento afirmativo tienen la necesidad de meter todo en el saco de un clarísimo «sí» o de un clarísimo «no». Esta clarificación exhaustiva de la sexualidad se lleva por delante el campo del «no sé». Es decir, yo defendería que, además de cosas que los sujetos saben que quieren y cosas que los sujetos saben que no quieren, existe un amplio margen de cosas que caen en el campo del no saber, de la duda y la incertidumbre (¡incertidumbre no solo de lo que el otro desea sino de lo que uno mismo o una misma desea!). Cuando el feminismo dice «no es no» creo que no cabe inferir que todo lo que no sea un «no» es un «sí»; más allá del «no» puede haber un «quizás», un «no sé» o un «ya veremos». En los marcos que se están imponiendo -en los que el «solo sí es sí» es un criterio para distinguir el sexo consentido de la violencia y el crimen sexual- estamos diciendo claramente que la ley puede y debe tomar toda ausencia de «sí» como un clarísimo «no», tan clarísimo como para implicar un delito penal exactamente igual que si la mujer hubiera dicho «no». Hay algo que se ha perdido por el camino. Pretender iluminar por completo el sexo y erradicar el espacio para el no saber no me parece en absoluto un avance feminista y, de hecho, me parece que limita la exploración sexual de las mujeres en los territorios opacos de su propio deseo y las convierte en responsables de responder a la exigencia de saber y decir siempre claramente lo que desean. El problema es que no siempre sabemos lo que deseamos y que tenemos derecho a no saberlo, a dudarlo, a explorarlo, a descubrirlo.

Por otra parte, que las mujeres digan «sí» en estos nuevos marcos actuales no implica tomar la iniciativa sexual. Decir, pronunciar o explicitar un «sí» es contestar, es responder a la demanda, a la pregunta o a la propuesta del otro (y contestar a lo que el otro plantea, además, afirmativamente). Para mí, un feminismo que pretenda defender las desobediencias femeninas tiene que poner el acento en la dirección contraria: defender la iniciativa sexual de las mujeres en la búsqueda de su placer y sus deseos; es decir, ser nosotras las que proponen, las que buscan al otro, las que se arriesgan, las que exploran. O sea, las que en todo caso, si esto fuera un diálogo, estarían en el lugar de quien pregunta, no de quien contesta. En los imaginarios sexuales que instauran los marcos del consentimiento sexual, ha sido borrado este lugar, se generaliza la posición de espera y de pasividad de las mujeres, se niegan y ocultan justamente las desobediencias femeninas, han desaparecido del mapa las chicas malas de toda la vida, las que tienen más ganas de sexo que los hombres y las que toman, contra los mandatos patriarcales, la iniciativa. La visibilización de esa posibilidad es fundamental, creo, precisamente porque ilumina algo muy importante. Las mujeres, cuando toman la iniciativa sexual, no siempre preguntan y ni esperan a tener un «sí» explícito por el otro lado o una claridad total. ¿Deberán empezar a hacerlo como requisito para no cometer un delito? ¿Podrían, bajo estos nuevos marcos jurídicos (y su aplicación por parte de una judicatura conservadora), ser más mujeres acusadas de acoso sexual?

Me parece irremediable que tomar la iniciativa es, precisamente, asumir los riesgos que implica la negociación sexual.

Me parece irremediable que tomar la iniciativa es, precisamente, asumir los riesgos que implica la negociación sexual. Es decir, el hecho de que no siempre está claro lo que quiere el otro. ¿No demuestran, justamente muchas mujeres, que se puede tener una iniciativa sin contar con la claridad absoluta y, al mismo tiempo, sin  ejercer violencia contra el otro? ¿No ha de ser ese el camino a seguir? Creo que una educación sexual feminista tiene que enseñar a los hombres a que se puede seducir sin violentar. Como también creo que una educación feminista tiene que enseñar a las mujeres a que recibir un «no», no es un ultraje vergonzoso o humillante. Si queremos animar a las mujeres para que puedan tomar los caminos que la cultura patriarcal siempre nos ha prohibido creo que la enseñanza debe ser: puedes lanzarte, arriesgarte, tratar de seducir a la otra persona y, si esa otra persona no quiere, esto no debe ser vivido como una humillación para las mujeres. Ser parte activa es, también, asumir que puedes recibir una negativa, que puedes haberte equivocado al interpretar al otro, que puedes haberte lanzado pero el otro no ha seguido el juego. Faltan en nuestros imaginarios sexuales más hombres que pudieran decir que no (frente a la idea del hombre con un deseo potente y siempre activo, que creo que forma parte de las exigencias de la masculinidad) y más mujeres que asumen los inevitables riesgos que implica toda negociación sexual (que nunca podrá ser totalmente nítida, clara y transparente). La conquista del terreno de la exploración, la posibilidad de adentrarse en un terreno sexual donde cabe el malentendido o el desencuentro con el otro, va de la mano de la conquista del «no es no». Se trata de un excelente lema feminista porque comunica a todas las mujeres que decir «no» es posible, que no tenemos que estar dispuestas y disponibles para complacer los deseos de los hombres. Como también comunica a los hombres que ese «no» debe ser siempre respetado.

Creo que, con respecto a estos objetivos que acabo de señalar, los actuales marcos que estamos instaurando son regresivos, suponen un paso atrás más que un paso hacia adelante.  El hombre sigue siendo la parte activa y la mujer la que responde a lo que le proponen otros. Y la sexualidad es un terreno tan hostil para las mujeres que no somos nosotras nunca capaces ni de emprenden la seducción ni de decir «no» a los deseos de los hombres. Me parece un marco conservador que en ningún modo está rompiendo con los viejos roles y papeles que nos asignaron a unas y a otros, sino que está redibujándolos desde la ley. Es un feminismo que asume la indefensión femenina en vez de trabajar por el empoderamiento y que, al asumir que no hay capacidad de decir que no, entrega al Estado el deber de decir «no», y de forma preventiva, por todas nosotras. 

Yo estoy de acuerdo, por supuesto, en que las leyes deben ser reformadas para delimitar algunas circunstancias en las que las mujeres no pueden decir que no (obviamente, los casos de violaciones en condiciones de no consciencia, o consumo de alcohol o drogas, exigen estar entendidos en nuestra legislaciones como circunstancias en la que, en ausencia de fuerza e intimidación, el consentimiento está imposibilitado) pero eso debe ser más una excepción que una regla. Evidentemente debemos mejorar nuestras legislaciones para que el derecho pueda reconocer adecuadamente esas situaciones u otras que impliquen una dificultad para el consentimiento, una imposibilidad de decir que no.

Pero las normas que se están aprobando en algunos países suponen algo sustancialmente distinto. No están completando lagunas o deficiencias, están redibujando por entero la manera de pensar la sexualidad. Instauran un marco que ha extendido el peligro sexual de tal modo que las mujeres han perdido, para siempre y en todo contexto, la posibilidad de expresar un «no», y eso nos lleva inevitablemente a enfoques paternalistas y securitarios.

GH

También respecto al consentimiento, hacés una diferenciación que me pareció muy interesante entre  voluntad y deseo. ¿Por qué es importante distinguirlo? ¿Podrías desarrollar esa idea?

CS

Creo que las actuales políticas sobre el consentimiento están construyéndose sobre una peligrosa confusión entre voluntad y deseo por la que no se sabe muy bien si consentir es lo mismo que elegir una cosa o que desearla. Y no son lo mismo. Una mujer puede elegir tener una relación sexual sin desearla y puede consentir sin deseo, no solo en el marco del trabajo sexual, sino también, en muchas situaciones de la vida cotidiana. Obviamente me parece positivo que aspiremos a que las relaciones sexuales sean deseadas, pero me parece muy peligroso hacer del «sexo deseado» el criterio del derecho penal para delimitar la violencia sexual. Se puede consentir o elegir tener sexo sin deseo y eso ha de ser respetado como una elección del sujeto, pero, además, es que se puede desear algo y, a la vez, oponerse a ello y decir que «no». Estos feminismos actuales que confunden voluntad y deseo y hablan de «consentimiento entusiasta», o de que una violación es una relación «no deseada», me parece que conllevan inevitablemente una visión moralista sobre el sexo en la que, al final, se está volviendo al modelo tradicional y patriarcal del amor, el sexo amoroso o el sexo bueno como sexo típicamente propio de las mujeres.

El derecho debe mantenerse lo más lejos posible de pretender conocer y juzgar lo que desean interna y profundamente las personas.

En efecto, la adecuación del deseo y la voluntad— querer lo que deseas y desear lo que quieres— podemos denominarlo «amor» y es importante que esa sea una opción, incluso algo muy deseable en la vida sexual. Pero las mujeres no siempre follan por amor, no siempre están reconciliadas con sus fantasías y sus deseos y el feminismo debe reivindicar el derecho de las mujeres, también,  a una sexualidad que ha sido reservada para los hombres. Por cierto que, la confusión entre deseo y voluntad, es decir, la identificación de la violación como una violación del deseo, es lo que ha llevado tradicionalmente a pensar -y a juzgar por parte de algunos jueces- que las malas mujeres, las que desean incorrectamente, las que desean demasiado, nunca podrían ser objeto de una violación porque de algún modo han deseado lo que les ha pasado. Virginie Despentes hablaba en Teoría King Kong de su propia violación y, al mismo tiempo, de las fantasías de violación que la habían acompañado siempre. Un feminismo que deposite en el deseo la verdad, la autenticidad y la pureza y lo invista como el criterio de validez frente a la violencia sexual ¿como aborda el hecho de que las mujeres deseamos cosas que no elegimos? No solo hay que defender que las mujeres no desean según los imaginarios del poder patriarcal. Hay que ir más allá: incluso si las mujeres desearan o fantasearan con cosas que tiene que ver con el poder, la dominación o la violencia, pueden decidir no llevar a cabo esos deseos, pueden mantenerlo en la esfera de la ficción, pueden decir que no con la voluntad, y ese ha de ser el único criterio válido para delimitar una agresión sexual. Si no, el feminismo empezará a penalizar a las mujeres por sus deseos o a instaurar un ideario moralista por el cual la buena feminista, la buena mujer, no tiene incongruencias, contradicciones o desacuerdos jamás entre lo que quiere y lo que desea. Necesitamos un feminismo que enfrente la violencia pero, al mismo tiempo, conserve para las mujeres la posibilidad de no siempre desear lo que quieren y no siempre querer lo que desean. Así que la violación no es un atentado contra el deseo, es un atentado contra la voluntad. Y, por cierto, el derecho debe mantenerse lo más lejos posible de pretender conocer y juzgar lo que desean interna y profundamente las personas. Esa pretensión es inevitablemente totalitaria y conduce directamente al moralismo y al punitivismo penal.

GH

En reiteradas ocasiones insistís sobre la importancia de que el feminismo retome su diálogo con el psicoanálisis. ¿Por qué?

CS

Justamente por este punto. El psicoanálisis es una filosofía para sujetos incongruentes, fraccionados, con una contradicción interior por la cual el deseo está relacionado con el subconsciente o, lo que es lo mismo, no siempre (incluso casi nunca) sabemos lo que deseamos. Esta es la perspectiva a partir de la cual ha de ser pensada la violencia sexual y el papel del derecho. Hay unos feminismos actuales, diría que son los hegemónicos, que piensan el mundo a partir de un modelo de sujeto coherente, sin fisuras, reconciliado angelicalmente consigo mismo. Un sujeto, incluso capaz de conocer, verbalizar y explicitar sus propios deseos.

El feminismo debe reivindicar el derecho de las mujeres, también,  a una sexualidad que ha sido reservada para los hombres.

Esta perspectiva por la cual no resulta problemática la transparencia de los deseos es una perspectiva profundamente voluntarista, racional y liberal, acríticamente liberal. Restituye al sujeto masculino de la razón y la voluntad que la cultura patriarcal y neoliberal ha encumbrado y que justamente el feminismo debe poner en cuestión. El psicoanálisis, como gran parte de la teoría crítica feminista, ha criticado los delirios masculinos que acompañan a esos sujetos hechos a sí mismos que siempre saben lo que quieren y creo que desde esa perspectiva es imposible no ver un voluntarismo muy acrítico y problemático en muchos de los actuales discursos sobre la sexualidad.

Si los discursos feministas van a prometer a las mujeres estar a salvo de la violencia a través de un escenario del consenso, pacto y contrato sexual que implica decir lo que deseamos y explicitar nuestro deseo, creo que nos están prometiendo seguridad sexual a cambio de convertirnos en esos sujetos masculinos de la modernidad. Creo que ese pacto no merece la pena, que debemos rechazarlo. Los feminismos deben trabajar contra la violencia sin pedir a las mujeres que, para poder esperar estar a salvo, se conviertan en seres luminosos e iluminados que conozcan y puedan contestar siempre con claridad acerca de lo que desean. Ese es justamente el reto propiamente feminista y creo que para trabajar en ese camino hay que salir de las limitaciones de los actuales marcos del consentimiento o, mejor dicho, salir de las concepciones del consentimiento que están en las actuales políticas hechas en nombre del consentimiento.

GH

Podríamos decir que los debates actuales que atraviesa al feminismo en realidad son históricos. Creo que vos lo planteás muy bien en varias de tus intervenciones, recuperando aquellas discusiones de los feminismos a partir de los años 80. Si bien es otro contexto, ¿hay cierta radicalización de estos debates? ¿Cómo se explica este fenómeno en la actualidad?

CS

En efecto, los debates que acontecieron a partir de los años 80 en el contexto americano explican muy bien las preguntas y los desacuerdos actuales; esos debates siempre han estado ahí, nunca se fueron del todo porque nunca se superaron. Hay muchas maneras feministas de pensar la sexualidad, la violencia sexual y la libertad sexual. Y a los actuales debates les preceden distintas genealogías. La mía es la del feminismo prosex y queer que se opuso a las leyes de prohibición de la pornografía y que defendió el derecho de las mujeres a jugar en el terreno de la ficción con los roles de poder (BDSM) y la necesidad de no juzgar los deseos femeninos desde una nueva normatividad moral feminista, que apostó siempre por ampliar la libertad (también la sexual) fuera de los marcos securitarios del derecho penal. En efecto, en esas estamos también ahora.

GH

¿Las políticas que estigmatizan y criminalizan el trabajo sexual se cristalizan en estas discusiones históricas? ¿Cómo habría que pensar la hostilidad que se libera, incluso desde el feminismo, contra las trabajadoras sexuales?

CS

La trabajadora sexual, como figura, resulta inasumible para una concepción sobre la sexualidad que ha extendido tanto el peligro que acaba poniendo en cuestión y, como decía antes, de manera ilimitada, la capacidad de decir «no» de las mujeres. Es decir, para una concepción que ha renunciado a considerar que las mujeres tengan voluntad autónoma y capacidad de que esa voluntad se pueda abrir paso en el terreno de la sexualidad. La cuestión del trabajo sexual revela las contradicciones del feminismo radical abolicionista y su deriva hacia una concepción paternalista en la que las mujeres no tienen mayoría de edad. Si decir «no» es siempre imposible, si el mundo sexual es tan desigual y tan hostil, que los hombres siempre tienen el poder y las mujeres no lo tienen, entonces al final también el «SI» de las mujeres acabará siendo puesto en duda. Porque ha sido ya puesta en duda la voluntad libre y la capacidad de consentir de las mujeres en el terreno sexual.

Así pues, los actuales marcos del «solo sí es sí» se deslizan inevitablemente hacia el marco del «sí es no» en el que, en efecto, cuando una actriz porno o una trabajadora dice «SI», es inválido. Esta contradicción recorre la actual ley de libertades sexuales del gobierno español de modo radical. Es una ley que se ha defendido como la puesta en el centro del consentimiento de las mujeres y, sin embargo, es una ley que apuesta por establecer delitos «aun con el consentimiento» de las mujeres. Es una contradicción insalvable. Y esa contradicción se debe a que, a pesar de los discursos políticos, las actuales leyes del consentimiento afirmativo no están suponiendo la novedad de valorar el consentimiento como el criterio para delimitar la violencia sexual.

Los actuales marcos del «solo sí es sí» se deslizan inevitablemente hacia el marco del «sí es no» en el que, en efecto, cuando una actriz porno o una trabajadora dice «SI», es inválido. 

Obviamente en los códigos penales modernos, también en el caso español, ya era el consentimiento el criterio que usaba el derecho penal para proteger la libertad sexual. La novedad es otra: una nueva manera de entender el consentimiento, una nueva manera de delimitarlo y de entender cuándo y cómo se manifiesta, que redibuja sus límites y las técnicas jurídicas para considerarlo probado. La filosofía sobre la sexualidad que subyace a estas nuevas doctrinas jurídicas acaba no tanto en un respeto hacia el consentimiento sino más bien en su puesta en duda y en la decisión de considerarlo a veces enteramente prescindible. 

GH

En diferentes lugares del mundo, emergen o se consolidan grupos de extrema derecha. ¿Creés que las posturas conservadoras dentro del feminismo se relacionan con esto?  ¿O se vinculan con otros factores?

CS

No estoy muy de acuerdo con amalgamar las derivas conservadoras o más reaccionarias de las izquierdas con la ultraderecha. Me parece que son cosas diferentes y no las entendemos mejor por decir que «son lo mismo». Ahora bien, evidentemente tenemos que plantearnos cuánto convergen y qué sinergias se producen. En Estados Unidos, el feminismo abolicionista se alió políticamente con la administración de Reagan en la instauración de un marco feminista que era muy funcional a la batalla cultural de la derecha en la perpetuación de una moral sexual puritana. Creo que esta pregunta debe ser pensada también hoy. Hasta qué punto algunos de los discursos sobre la sexualidad que están defendiendo ciertos feminismos no están consolidando marcos conservadores y nuevas versiones del puritanismo en un contexto en el que tenemos fuerzas políticas reaccionarias decididas a limitar nuestra libertad sexual."

(Entrevista a  Clara Serra, filósofa, política y autora española especializada en feminismo. Guillermina Huarte, JACOBIN América Latina, 29/11/21)

14/6/21

Imaginad un país donde la violencia de género no existe, estos crímenes pasan desapercibidos, las mujeres y los niños están completamente desprotegidos y denunciar el maltrato en un piso alquilado te cuesta un desahucio. Es vuestro admirado Estados Unidos

 Azahara Palomeque @Zahr_Bloom

 Un maltratador nunca será un buen padre -leo acertadamente. Voy más allá, un maltratador es un criminal por los cuatro costados y están demostrados los vínculos entre VG y terrorismo, por ej. Parar la violencia contra las mujeres es parar la violencia en general, punto.

Antes de que me lluevan críticas, esto no es un "borrado" de mujeres; nada más lejos de la realidad. Como con toda identidad, existe una interseccionalidad entre el género y otras violencias que hay que reconocer. Es la infancia, son también otros colectivos vulnerables. 

4:01 a. m. · 11 jun. 2021
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Azahara Palomeque @Zahr_Bloom

 Imaginad un país donde la violencia de género no existe, estos crímenes pasan desapercibidos, las mujeres y los niños están completamente desprotegidos y denunciar el maltrato en un piso alquilado te cuesta un desahucio. Es vuestro admirado #EEUU.

3:24 a. m. · 11 jun. 2021
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3/6/21

Maribel Verdú revela que sufrió acoso sexual: “Gente influyente llamaba al camerino y yo les decía ‘¿Puede salir usted de aquí?”

 "Con más de 100 títulos en su haber, 11 nominaciones a los Premios Goya y dos cabezones ganados, Maribel Verdú es una de las actrices más conocidas y reconocidas del cine español. A los 50 años, la intérprete tiene una activa carrera en el cine, la televisión y el teatro, tanto en España como en América Latina, y el domingo por la noche se acercó un poco más al público con su participación en Planeta Calleja (Cuatro).

En su aparición en el programa de Jesús Calleja, la artista viajó junto al aventurero a Santo Tomé y Príncipe, un pequeño país insular en el golfo de Guinea. Verdú habló sobre su vida, sus miedos (como la práctica del buceo, que superó con la ayuda del presentador del programa), de su marido —”el amor de mi vida”, dijo de él—, Pedro Larrañaga, o de su decisión de no tener hijos. Pero uno de los momentos más llamativos de la charla fue cuando habló sobre el miedo a envejecer, la cosificación femenina e incluso el acoso, personal y laboral.

 “Tú eres un mito para muchas personas... ¿No sufriste acoso?”, le preguntó Jesús Calleja a la actriz. “Sí, y no conozco a ninguna mujer a la que no le haya pasado, que no haya tenido que soportar barbaridades. Que, de repente, has llevado a juicio, como fue mi caso hace muchos años”, reconoció la intérprete sobre un hecho que le ocurrió “hace mucho tiempo cuando estaba empezando”, explicó, sin querer entrar en pormenores.

 Hace años, Verdú tuvo un pleito por esta cuestión, pero entonces no se les prestaba la misma atención por parte de la prensa y la opinión pública. Además, aunque decidió no dar más detalles, sí hizo referencia a algún momento en el que se había sentido acosada. “Que se te coloque un señor con el paquete detrás y saber que lo está haciendo adrede da mucho asco”, confesó, explicando que a veces ha reaccionado en público y otras, por no armar un escándalo, ha preferido evitarlo.

“En el trabajo me ha pasado”, aseguró. “Ha habido gente que llamaba al camerino, gente muy influyente, y [tuve que] decirle: ‘¿Puede salir usted de aquí?, ¿puede repetirme esto delante de mis compañeros?”, relató Verdú. “¿Con una proposición deshonesta?”, le preguntó Calleja, a lo que ella respondió que sí, que eso era lo que había ocurrido. 

 Entonces, contó, salió rápidamente de ese camerino y llamó a un par de compañeros, “muy conocidos, actores, chicos”, a los que les dijo: ‘Por favor, me acaba de pasar esto, yo temblando ¿me podéis acompañar?”. Volvían al camerino, detalló la actriz, y le decía a esa persona: ‘¿Ahora puede repetir esto mismo?”. ”Es una presencia masculina que esté contigo ahí y ya se cortan. Y es que me pone enferma”, afirmó.

“Para mí fue liberador”, dice sobre la aparición del movimiento Me Too. De hecho, asegura que se ha llegado a cambiar de acera en una calle si veía a un grupo de hombres y estaba caminando con sus hermanas para evitar “escuchar gilipolleces y barbaridades”. También explica que el hecho de poder sacar el móvil y decir: “Te estoy grabando, cuidado”. “Eso a mí me da una tranquilidad muy grande...”, explicó. 

Verdú aseguró que hay cosas que no soporta: “Aparte de la injusticia, es el abuso de poder, extrapolándolo a cualquier sitio, en cualquier espacio, y eso se ejerce mucho, desgraciadamente, todavía”. De hecho, contó que ha vivido situaciones muy delicadas, pero prefirió confiárselo solo a sus íntimos y “a la gente que lo tiene que saber”, explicando que “de repente, se aprovecha de ti alguien en quien confías plenamente, y dices: ‘Si eres un delincuente. Eres un impresentable”.

 Además, Verdú quiso hablar sobre la presión de envejecer en la pantalla y sobre el miedo a perder trabajos, que para ella es real porque le ha pasado a amigas suyas según han ido cumpliendo años.“Siempre pienso que puede que cada año sea el último, porque eres mujer, vas cumpliendo años... 

Desgraciadamente para las mujeres es un lastre gordo, ves que todas terminan tocándose, haciéndose…”, dijo en referencia a la cirugía estética. Explicó que a muchas mujeres les ha pasado, mientras que a muchos hombres no: “Pasa como en la vida, que creemos que hemos conseguido mucho y hemos conseguido muy poco. Por eso tenemos que estar en la lucha constante por la igualdad”.

Sobre las escenas de sexo en pantalla, Calleja le preguntó a Verdú por qué las mujeres “pueden enseñar las tetas y los hombres no pueden enseñar el culo”. “Esto es una cosa lamentable, patética”, le respondió la actriz. “He reflexionado acerca de eso. Si llego a decir que no a escenas de estas me hubiera perdido películas como La buena estrella, Amantes, Belle époque… películas que han significado tanto para mí. Pero hoy en día diría ¿tengo que hacer esto?, ajá, muy bien, los dos iguales. Los dos iguales o ninguno”.              (El País, 31/05/21)

23/3/21

Rocío Carrasca contra David Flores... la sociedad del espectáculo. Mira el dolor de esta mujer desgarrada que se intentó suicidar por ser maltratada... y ahora sorteamos 12.000 €!!! No he visto nada nunca nada más grotesco

  AntonioMaestre @AntonioMaestre

 Llevan cebando el programa toda la semana con declaraciones de Antonio David Flores. Esta misma semana cuando ya sabían el contenido del documental porque lo habían grabado ellos le entrevistaban en la puerta de su casa para que cebara el enfrentamiento.

"Telecinco deja de contar con Antonio David, que no volverá a ninguno de sus programas. El tertuliano desaparecerá de 'Sálvame' y del resto de espacios después de las confesiones y acusaciones de Rocío Carrasco en 'Rocío, contar la verdad para seguir viva'." (Vertele, 22/03/21)

En los programas de Telecinco promovieron hasta este mismo viernes ese maltrato que luego denuncian en el programa del domingo. No entiendo cómo se tolera este lavado de imagen corporativo usando el sufrimiento de una mujer.

Sálvame Oficial @salvameoficial

ANTONIO DAVID: "El documental de Rocío Carrasco es una farsa" #yoveosálvame

2:28 p. m. · 22 mar. 2021
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AntonioMaestre @AntonioMaestre

 Una de las premisas básicas a la hora de informar sobre violencia machista es no equiparar la versión de víctima y maltratador. Si han hecho bien su trabajo, de forma comprometida, sincera y rigurosa no pueden luego dar voz al victimario. A no ser que solo busquen un show.

10:40 a. m. · 22 mar. 2021
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AntonioMaestre @AntonioMaestre

 Mira el dolor de esta mujer desgarrada que se intentó suicidar por ser maltratada...y ahora sorteamos 12.000 €!!! No he visto nada nunca nada más grotesco.

11:27 p. m. · 21 mar. 2021
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AntonioMaestre @AntonioMaestre 

Seguid haciendo de este caso una denuncia sincera contra el maltrato. Que se emite días antes de que la mujer del denunciado por maltrato vaya a un reality para seguir haciendo dinero de un drama social. Es un negocio. Hacer de la violencia machista un negocio.

12:08 a. m. · 22 mar. 2021
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 "El caso Rocío Carrasco o cómo el fin justificó los medios.

 Nadie como Telecinco y La fábrica de la tele —la productora de la casa que se ha encargado del especial sobre Rocío Carrasco—, nadie como ese paradigmático (de lo bueno y de lo malo) imaginario de Mediaset podía hacer lo que hizo ayer en televisión. Un 33,2% de audiencia, 3.700.000 espectadores.

¿Fue un espectáculo lo de Rocío Carrasco de anoche? Claro. Pero al acabar pensé en una frase tópica y típica: el fin justifica los medios. Ayer Telecino jugó en una liga, cómo decirlo ¿más sincera? ¿más sólida?

 Tranquilos, ya sé que la puesta en escena, los silencios, las músicas, esos momentos en los que Jorge Javier se levantaba a ofrecer 12.000 euros tras un testimonio letal de Rocío Carrasco, eran show televisivo puro, pero, salvo todo eso —insisto, sé que es mucho, pero así es la tele de Vasile, que vemos todos, no nos vamos a llevar ahora las manos a la cabeza—, el especial —la entrevista de ella, fundamentalmente— estuvo a la altura de lo que se venía anunciando desde el martes. La historia había colonizado la parrilla y otros tantos medios digitales, era un bombazo televisivo en toda regla, y sí, el contenido parecía ser dinamita. De la mala.

 Yo que estoy bregada en procelosos momentos televisivos, que suelo ir con el chaleco antibalas puesto ante estos dramas, me quedé estupefacta y conmovida. Por supuesto me creí a esta mujer a quien no conozco en persona, pero a quien he visto, crecer, casarse, presentar programas, llorar, desaparecer, renacer… También he visto cómo la propia cadena que anoche la acogía, la había despedazado día a día. En el documental, que está hecho sin remilgos, a saco, se pudo ver un buen resumen de ese machaque. Invito a cualquiera a imaginarse en esa situación sólo unos minutos. Y luego a alargar esos minutos a 20 años.

Sí, ya sé —o ya supongo, porque nadie ha comunicado de manera oficial nada en esa dirección— que Rocío Carrasco ha hecho este especial a cambio de una sustanciosa cantidad económica, ya sé que Telecinco no lo ha hecho para luchar contra la violencia de género o para hacerse perdonar por la hija de la Jurado. Todo eso lo sé. Pero también sé que anoche estaba frente a la tele un público diverso, el especifico de Telecinco y el otro, el que no se suele acercar a su universo. En ambos hay mujeres maltratadas, seguro, mujeres que nunca lo cuentan por miles de razones, mujeres de todo tipo. Cultas, analfabetas, adineradas, discretas, madres, famosas… Y las frases mortales de la hija de Rocío Jurado se quedaron ahí, en sus cabezas, y quizá las llevó a tomar decisiones. A contarlo todo ante quien deben contarlo: la policía, los jueces…

 Lo más importante de anoche fue que un personaje tan de casa, tan popular como Rocío Carrasco contase su maltrato y el vínculo de este con la maternidad, algo de lo que se habla poco y de lo que yo sé poco o nada. Pero también fue importante por varias cosas, relacionadas con la trascendencia televisiva, que nunca me cansaré de repetir:

1. Que la tele puede ser muy cruel y destrozar y levantar reputaciones y en lo que dura una pausa publicitaria.

2. Que su repercusión es siempre mayor de la que nos creemos. A Rocío Carrasco, una mujer muy hecha desde pequeña a los medios, que ha negociado mil veces con ellos, que conoce su lenguaje perverso, sus trampas, la condujo, literalmente, a un intento de suicidio.

 3. Que dar voz, minutos, risas, defensas, a maltratadores, elegir a los gallitos del corral en los castings (da igual que estén en La Isla de las tentaciones, en Supervivientes, en los platós de tertulianos, en Mujeres, hombres y viceversa, en GH…) emponzoña el mundo y es perverso. Y debería, sí, estar vetado."           (Mariola Cubells, HuffPost, 22/03/21)

 

"En casi cuatro horas de programa, y tras 25 años de silencio, Rocío Carrasco pasó de ser un ‘diablo’ y “una mala madre” para muchos espacios del corazón y audiencia a ser una víctima. 

Su testimonio en la serie documental Rocío, contar la verdad para seguir viva, emitido en Telecinco, ha sido más que revolucionario. No sólo en la calles: en las redes sociales seguía siendo uno de los temas más comentados 24 horas después del programa. “Es lo que le pasa a todas las mujeres que han sufrido violencia de género. No les creen nunca. De hecho, muchos de los que participaron en la tertulia rectificaron su opinión y se han dado cuenta de lo que hay. No por lo que cuenta ella, sino porque empiezan a entender cosas”, explica Gregorio Gómez Mata, secretario de la Asociación ALMA.

Entre otras muchas declaraciones, Rocío Carrasco dijo mirando a cámara entre lágrimas y con síntomas visibles de ansiedad sobre su exmarido Antonio David Flores: “Nunca se le ha cuestionado, siempre se ha dado por veraz lo que esta persona ha dicho de mí. Si no hubiese tenido a mis hijos no me habría importado, pero eso es lo que recibían mis hijos día a día y con lo que ellos han crecido, con ese ’mala madre”.

 Su dolor es, sobre todo, el que surge después de que le hayan arrancado “lo más importante” de su vida, sus hijos. Carrasco aseguró que el colaborador, del que Telecinco ha decidido prescindir en sus programas, le increpaba cuando llegaba a su casa a dejar a los niños. La hija de Rocío Jurado está diagnosticada desde 2011 de un síndrome ansioso-depresivo moderado y grave cronificado en el tiempo.

Como apunta a El HuffPost la ministra de Igualdad, Irene Montero, la importancia de esta entrevista no sólo reside en la cantidad de gente a la que ha llegado y en las mujeres que se puedan sentir identificadas, sino también en todas “las que sufren o han sufrido violencia machista y no lo han denunciado por miedo a no ser creídas, como dicen los datos de la macroencuesta que presentamos”.

 Datos, indica la ministra, que son preocupantes: “De media se tardan 8 años y 8 meses en denunciar la violencia machista. El ‘Yo sí te creo’ es una manera de ensanchar esas puertas de acceso, y más cuando se tiene una repercusión a tan gran escala. Que todas esas mujeres que han visto el programa y viven una situación de violencia machista sepan que no están solas”.

No hay un “prototipo” de mujer maltratada

Es importantísimo “señalar que en la cuestión del maltrato a las mujeres no hay ninguna barrera, ni que seas rico ni que seas pobre, ni que tengas una madre famosa o anónima”, indica la expolítica y abogada Cristina Almeida. De ahí también la importancia de que se emita en una cadena como Telecinco, en la que más de 9,5 millones de personas vieron alguna parte del programa este domingo. De hecho, Gómez Mata reconoce que ALMA ha recibido ya varias llamadas a raíz del documental de mujeres que se han visto reflejadas.

“Con la audiencia que tiene y con el tipo de programas que emite en los que todo ha sido siempre a favor del padre, que alguien diga ‘ahora voy a hablar yo’, independientemente de las razones que le muevan, es importante. Desgraciadamente, sólo en estos casos la trascendencia es tan grande, y hace ver que el maltrato es algo muy cotidiano”, puntualiza Almeida.

 Incluso políticos como Íñigo Errejón, líder de Más País, Adriana Lastra, vicesecretaria general del PSOE, y también Irene Montero se pronunciaron sobre el testimonio de la hija de Rocío Jurado en Twitter.

 Aunque esto no es nuevo. Cristina Almeida ya vivió esta situación hace años con Carmina Ordóñez, recuerda. “Denunció a Ernesto Neyra y el juez dijo que ‘no era el prototipo de mujer maltratada’. No hay un prototipo, este tipo de cosas demuestran que el maltrato es consustancial a las mujeres de todo el mundo por una cuestión heteropatriarcal y machista que está en todas las sociedades”, relata la abogada.

En el caso de Rocío Carrasco, “siempre ha tenido una visibilidad en los medios relacionada con otros asuntos y no con este problema”, por eso para Almeida es tan importante su discurso como que “su supuesto maltratador —una figura que siempre cuida su imagen hacia el exterior y que consigue la distancia emocional de la que no se desprende la víctima, según los expertos— ya no esté en en todos los programas, hablando de todo el mundo y acallando el problema, como si no pasara nada. Necesitan su reproche y Telecinco se lo ha dado”.

Como ha apuntado Carlota Corredera este lunes en Sálvame, los protagonistas de estas tragedias también son los hijos, porque el maltrato está vinculado también a la maternidad. En este punto coincide el secretario de la asociación ALMA: “El pacto de estado está guardado en un cajón. Rocío Carrasco habla en el documental de la manipulación que sufren sus hijos. El pacto de estado decía que en el momento que hubiera una denuncia por violencia de género la custodia compartida se eliminaría, pero sigue ahí”. Como en el caso de Rocío Carrasco y Antonio David Flores.

“Su testimonio demuestra que la violencia de género no depende de estatus sociales ni de formación, ese es el error que comete la sociedad, afecta a cualquier mujer. En Rocío se ve cómo es el proceso de la manipulación. Necesitamos más mujeres que den el paso al frente”, sentencia Gregorio Gómez Mata."           (Paula M. Gonçálvez, HuufPost, 22/03/21)

 

 ".Irene Montero corta 'Sálvame' por sorpresa y habla sin rodeos de Rocío Carrasco : "Ha sido valiente"

 El documental de Rocío Carrasco y su desgarrador testimonio sobre el maltrato que habría recibido durante estos años de Antonio David Flores ha causado gran conmoción. Incluso el tema ha llegado al mundo de la política después de que Irene Montero, la Ministra de Igualdad, no dudara en mostrar su opinión sobre el problema de la hija de Rocío Jurado.

Tras el revuelo causado, ‘Sálvame‘ ha querido contar este lunes 22 de marzo con Irene Montero en directo para conocer su visión de la historia de Rocío Carrasco. “Muchas gracias por intervenir esta tarde en ‘Sálvame’. ¿Cómo se vive desde el ministerio de Igualdad un testimonio como el de Rocío Carrasco que llegaron a ver hasta diez millones de personas, al menos algunos minutos del programa?”, le preguntaba Carlota Corredera.

“Creo que tanto el testimonio como los niveles de audiencia, es una obligación estar ahí como Ministra de Igualdad. Se expone a esa mujer para revivir esas situaciones de maltrato. Tenemos que estar ahí siempre que una mujer se atreve a dar el paso a hablar de su historia de violencia de género y ese relato de mala madre; y de tacharla así sin conocer su historia”, expresaba Irene Montero nada más empezar.

“Es importante como Gobierno estar ahí”

Justo después, Montero destacaba lo que puede suponer públicamente que se de voz a un testimonio como el de Rocío Carrasco. “Hay miles de mujeres que pueden sentirse identificadas con su relato o verse reflejadas en algunas de esas historias. Y es importante como Gobierno anunciar que estamos con ellas, que da igual donde hayas nacido, si tienes fama o no, que todas las mujeres en cualquier circunstancia puede ser víctima; y que hay un teléfono el 016 para ayudar. Además de que tenemos todas las herramientas puestas para ayudarlas”, proseguía afirmando la ministra.

“Es muy importante el testimonio de Rocío Carrasco para poner en valor y se ponga el foco en esa violencia tan difícil de demostrar. ¿Qué ha ocurrido para que los jueces hayan un sobreseimiento. En qué les estamos fallando a las mujeres?”, le preguntaba entonces Carlota Corredera a la política de Unidas Podemos.

“Hay muchos retos por delante. Lo primero que hicimos fue que se reconociera a todas las víctimas por igual. Hemos visto los casos de la Manada que hay una justicia patriarcal. Y uno de esos retos y por eso quiero dar la cara hoy porque hay mucha gente que está siguiendo esto; es que las puertas de acceso institucional para denunciar son pequeñas para ojos de muchas mujeres y los datos están ahí. De media una mujer que sufre violencia machista tarda 8 años y 8 meses en denunciar y muchas tienen miedo de que no se las crea y por eso está el grito de ‘Hermana, yo sí te creo'”, le respondía Irene Montero.

 “Lo que no podemos es pedirle a las mujeres que denuncien y que el sistema no esté a la altura. Hay mucha gente que lo que contó ayer Rocío creen que es mentira”, le destacaba Carlota Corredera a Irene Montero tras escucharla. “Ella ha sido valiente, se ve también en lo que he podido ver y como revive esas experiencias de violencia que sigue siendo dolorosa para ella”.

“Es una revictimización que es a lo que se enfrentan las víctimas de violencia de género. Es verdad que nuestra sociedad ha avanzado mucho en la conciencia y en radicar la violencia machista pero tengo la sensación de que tenemos muy distante aún lo que es vivir una historia de maltrato”, añadía después de que Carlota le preguntara si quería decirle algo directamente a Rocío Carrasco.

“Y me importa mucho que las mujeres puedan verse reflejadas en su historia y les pueda hacer pensar en sus propias vidas y buscar esos apoyos. Al igual que el que haya también un periodismo que de voz a las mujeres víctimas de género y que las apoyen es muy necesario. Jugáis un papel fundamental”, concluía diciendo la ministra dando las gracias al programa por visibilizar un problema tan serio como el de la violencia de género."                    (Roberto Jiménez, Huff Post, 22/03/21)