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18/8/22

Estoy segura de que quien ha redactado el proyecto de ley de bienestar animal es urbanita, aunque puede que tenga mascota... establece multas para los mendigos que pidan con animales. Hasta 10.000 euros les pueden caer. En realidad, tampoco hace falta que el mendigo pida acompañado de su perro para ser multado; bastará con que no haya hecho el curso que se exigirá para poder tener mascota. Curioso que el sistema legal que niega derecho a la vivienda a un humano se acuerde de él para multarle en nombre de los derechos de un animal

 "Os confieso que me he enterado hace unos días de que estaba en marcha un proyecto de ley de protección y bienestar animal. Y eso que esta nueva ley colea, y con bastantes críticas, desde marzo. He leído que hasta hubo en la capital por esas fechas una manifestación convocada por el mundo rural y que también andaban en contra desde el ámbito científico.

También estos días me he enterado de que hay una Dirección General de Derechos de los Animales que depende del Ministerio de Derechos sociales y Agenda 2030, y que tiene seis millones de euros de presupuesto que maneja su director, Sergio García Torres.

Y a toda esta información he llegado tras un tuit del propio Torres, que presentaba el proyecto de ley con un vídeo —está muy extendido ahora esto de los vídeos, cualquier cosa mejor que leer—.

Parece, según dice el texto del proyecto, que “en nuestro país se hace cada día más evidente la creciente sensibilización de la ciudadanía ante la necesidad de garantizar la protección de los animales en general, y particularmente de los animales que viven en el entorno humano, en tanto que seres dotados de sensibilidad cuyos derechos deben protegerse”.

Aclaremos que entorno humano es, sin duda, sinónimo de urbanita y que piensa el redactor de la ley sobre todo en perros y gatos, porque liebres, perdices, codornices, patos, tordos, tórtolas… y mil más quedan fuera.

Vayamos por partes.

En primer lugar, y como viene siendo habitual, la mayoría de los puntos de la ley legislan lo que ya estaba legislado, con algunos incrementos en las multas y poco más. Y lo que no estaba legislado, en cuanto se ha hecho público, se ha visto regado de críticas de especialistas que aseguran que la ley no solo es perjudicial para el mundo rural, sino que también afecta, para mal, a la biodiversidad.

Sigamos.

Uno de los artículos que más sorprende, el 30, establece multas para los mendigos que pidan con animales. Hasta 10.000 euros les pueden caer. En realidad, tampoco hace falta que el mendigo pida acompañado de su perro para ser multado; bastará con que no haya hecho el curso que se exigirá para poder tener mascota. Curioso que el sistema legal que niega derecho a la vivienda a un humano se acuerde de él para multarle en nombre de los derechos de un animal.

También presumía Torres de que iba a haber “protección de las colonias felinas”. “Sabemos”, añadía, “que son un hábitat particularmente sensible y por ello van a recibir un trato especial”. No han tardado en llegar las quejas de quienes recuerdan que el gato doméstico, cuando se desenvuelve en grupos callejeros, es una especie invasora que está acabando con especies endémicas.

También han puesto el grito en el cielo madres y padres tras leer que se elimina la categoría de perros potencialmente peligrosos y, con ello, la obligación de que determinadas razas lleven bozal. Ojalá no tengamos que lamentar consecuencias.

Otra de las novedades de la ley es la prohibición de cría entre particulares, lo que, claro, obliga a la esterilización de animales domésticos. Y a mí, leyendo esto, solo se me ocurre pensar qué van a hacer los dueños de peces, galápagos o canarios, por poner tres ejemplos.

El caso es que ni al PACMA le ha gustado: “El anteproyecto aprobado por el Consejo de Ministros va a suponer un retroceso de décadas en la protección animal en nuestro país. Esto se debe a que las leyes autonómicas que, en la actualidad, sí protegen a todos los animales, empezarán a sufrir modificaciones para adaptarse a la ley que propone el Gobierno, que solo protege a los animales considerados de compañía y a los silvestres en cautividad, dejando fuera expresamente a los animales utilizados en experimentación, a la fauna silvestre y a los considerados de producción”.

Al señalarle a Torres en una entrevista las críticas desde algunos sectores, este zanjaba la cuestión respondiendo que desde la “dirección general, y desde el ministerio, tenemos que velar por el bienestar de los animales”. Esa afirmación supone que su departamento y su ley tiene como objeto de derecho no a las personas, sino a los animales. Independiente de que discrepemos o no con esa afirmación, lo curioso es que se proclame él (humano) como el portavoz y representante legítimo de los derechos animales, y que otro humano no pueda criticar la ley. Lo bueno de declararte portavoz de los derechos de las mascotas es que ninguna va a levantar la mano para llevarte la contraria.

Visto lo visto, os confieso que acabado de leer el proyecto de ley, estoy segura de que quien lo ha redactado es, como yo, urbanita, aunque puede que tenga mascota, perro o gato. Por eso está redactado desde una óptica desconocedora de la vida de los demás animales, sobre todo en las zonas rurales. Así que tal vez es mejor evitar la “diarrea legislativa”, de la que presumía Ángela Rodríguez, Pam, porque no por mucho legislar amanece más temprano."                  (Carmen Domingo, El País, 17/08/22)

26/5/22

El tema del animalismo llevado al extremo no conecta con la sociedad ni con el medio rural... Todos mis hermanos son cazadores, hay galgueros, escopeteros... La caza no es un deporte. La caza es la caza. Sales con el perro por el campo, te bates con el disparo, el lance, la inteligencia... la culpa del problema de la caza, de la disminución del número de pájaros, de aves, de liebres, de conejos, ¿sabes de quién es? No es de los cazadores. Es de la agricultura intensiva. Hace cuarenta años, en el medio rural, todo el mundo era cazador, o en todas las familias había un cazador... ¿Qué ha pasado? La agricultura intensiva... Lo que daña a la caza es la agricultura intensiva y el que diga lo contrario miente... Yo he visto, después de la siembra de trigo o remolacha, cientos de pájaros muertos. Por el veneno que echan... la ultraderecha de Vox dice cosas que pueden sonar bien en el oído del jornalero, como esto de la caza. Pero no en el tema del trabajo, de los convenios. Lo que sí te digo es que el sentimiento que hay es que se quieren cargar la caza. Y cuando hablas del sentimiento de la gente... ese sentimiento de abandono lo está monopolizando la ultraderecha tocando la tecla de los toros, el caballo y la caza... Luego, cuando hablamos del subsidio agrario, lo que era el PER, que es una forma de fijar población, una especie de renta básica de jornaleros, pues está en contra de ese subsidio

 "(...) Cañamero está metido en la faena desde el conflicto de la remolacha de El Coronil de 1976. Encierros, huelgas, ocupaciones, manifestaciones, "expropiaciones" de comida y material escolar, detenciones, insumisiones, multas y juicios salpican su trayectoria. Un recuerdo de una batida de caza a la que asistió en su infancia, compartido por Cañamero con Joaquín Recio para su biografía, da idea de cuál es su origen y dónde se forma su visión de la sociedad rural: "Recuerdo la cifra, mataron 315 agachadizas, un pájaro muy apetecible de la caza menor. Después se pusieron a descansar y a hacer su aperitivo, con nosotros mirando como perros. Esas cosas no se olvidan nunca".

infoLibre entrevista a Cañamero con el medio rural erizado de malestar. Pero esta vez el agro no expresa su ira contra el "señorito", palabra que Cañamero mezcla con "terrateniente", "derecha" y "ultraderecha" para identificar a sus adversarios. Esta vez en la manifestación del campo están el PP y Vox como parte del paisaje. (...)

¿Estuvo en la manifestación del domingo?

No estuve, no.

¿Por qué?

Aquí hay una Ley de Cadena Alimentaria, una ley para que los costes no sean mayores que los precios, algo beneficioso para el campo, y el PP y Vox estuvieron en contra [ver aquí información de Newtral sobre las posiciones de PP y Vox]. Y esos mismos partidos llaman a la movilización cuando en realidad se oponen a los intereses del campo y no han apoyado que sus productos tengan unos precios superiores a los costes. Se dedican a la manipulación pura y dura. Lo que hace falta es poner en marcha la ley ya.

Hubo mucha asistencia a esa manifestación.

Hay un problema en el medio rural, evidentemente. Pero hay que tener mucho cuidado, porque la manifestación mezcla los toros, la caza, el medio rural, la España vaciada, los animales... Lo meten todo en el mismo saco, tocando teclas sensibles para la gente. Es una lucha política de la derecha para hacerse con el Gobierno a base de manipulación. Y yo soy el primero en decir que el campo se tiene que defender, soy un defensor a ultranza de los agricultores y del medio rural. ¡Conozco el problema! Hacen falta médicos, carreteras, colegios, autobuses, ferrocarril, internet, viviendas baratas... Pero cuando la derecha está en el gobierno no hace nada de eso. Y ahora, en la oposición, manipulan los deseos y los sentimientos de la gente. No tienen escrúpulos. Salen a decir que hay que bajar los impuestos porque suben los precios. ¿Y de quién es culpa? Aprovechan el malestar que ellos mismos causan. Es la doble moral de siempre.

Por un lado, quieren más guerra en Ucrania, que hay que seguir, mandar armas, que dure lo máximo posible... Pero ojo, eso dispara los precios. Y cuando ocurre, llaman a la movilización contra el Gobierno, cuando eran conscientes de que iba a pasar. Eso sí, rechazan la negociación. Pues la gente tiene que saber que eso son civiles muertos, ¿eh? Gente que se tiene que ir [de Ucrania], abuelos arrastrando los pies por el barrio... ¿No les da vergüenza, hombre? 

¿La derecha se puede beneficiar del malestar en el campo?

Claro que sí. Con su manipulación. Hay una cosa real... Los cazadores tienen sus problemas. La ley animalista... Es que hay gente que no tiene mucha idea. Se creen que a los perros hay que ponerles un abrigo y meterlos en un piso. El tema del animalismo llevado al extremo no conecta con la sociedad ni con el medio rural. Cosa distinta es que a los animales hay que cuidarlos. No se puede maltratar de ninguna manera. Yo tengo una perra y la quiero con locura. Ahora te voy te voy a mandar un vídeo, para que la veas... Lo que sí hay son unas tradiciones en el mundo rural.

¿Pero esas tradiciones han sido atacadas? Por ejemplo, la caza.

Hay un bulo permanente de la derecha para ganarse al medio rural y a la gente del campo. Pero también algunas veces, cuando se intenta poner una ley en marcha, me refiero a la de lo animales, se va un poco al extremo. Una cosa es que no se puede maltratar a un animal y otra que tengas que tener licencia de criador para criar a un animal. La gente en los pueblos tiene un animal bonito, de caza, le echa un macho para que tenga crías y se las da a los amigos, no se pone a negociar con ellos. No hay costumbre. Si tienes un perro bueno de caza, la cría se la das a un amigo que está deseando tener un perro como el tuyo. Es normal. Pero bueno, como te digo, todo eso luego se manipula. La federación de caza la dominan los señoritos y la derecha.

Pero los cazadores no son todos señoritos ni de derechas.

¡No! En mi pueblo [El Coronil] hay 400 cazadores y hay gente de todo tipo, gente del sindicato también [SAT]. De esto entiendo, ¿eh? Todos mis hermanos son cazadores, hay galgueros, escopeteros... La caza no es un deporte. La caza es la caza. Sales con el perro por el campo, te bates con el disparo, el lance, la inteligencia.

¿Le gusta cazar?

A mí me gusta, sí. Voy de higos a brevas, pero me gusta la caza tradicional, como hacía mi padre. Vas al campo y te vienes con una pieza, con cuatro o con ninguna.

¿Hay alguna limitación a la caza que antes no hubiera?

No, lo que ocurre es... Mira, la culpa del problema de la caza, de la disminución del número de pájaros, de aves, de liebres, de conejos, ¿sabes de quién es? No es de los cazadores. Es de la agricultura intensiva. Hace cuarenta años, en el medio rural, todo el mundo era cazador, o en todas las familias había un cazador, uno que ponía perchas, o lazos para los conejos, o cepos... Y no se eliminaban los pájaros, las aves, los conejos, las liebres... Nada de eso. ¿Qué ha pasado? La agricultura intensiva. No es lo mismo la agricultura intensiva que la extensiva, ¿eh? No es lo mismo una piara de cochinos comiendo bellotas en el campo que estabulados con unos piensos que la mayoría son mierda. No es lo mismo una gallina de corral que una gallina que no puede ni moverse. Lo que daña a la caza es la agricultura intensiva y el que diga lo contrario miente como un bellaco. Yo he visto, después de la siembra de trigo o remolacha, cientos de pájaros muertos. Por el veneno que echan. Y fíjate, yo me los comía asados, porque había la creencia de que pasados por la candela no pasaba nada, que se iban todos los herbicidas...

¿De qué año estamos hablando?

Mediados de los 70. Todo el problema de los herbicidas y pesticidas y productos químicos viene de los 60 en adelante. Eso es lo que ha disminuido a tope la población cinegética. De manera bestial. Ese es el problema de la caza. Y otro problema es la caza intensiva. Porque los animales de granja echados al campo para cazarlos vienen con enfermedades y contagian. La caza intensiva es la que les gusta a los señoritos, que echan en los cotos un montón de pájaros de granja y ponen a mil euros el puesto. Esa es la caza de los ricos. Pero la tradicional, de toda la vida, que ha practicado el pueblo, es otra cosa. Yo la defiendo. Pero claro, al final se mezcla todo... Mira, en España hay 450.000 hectáreas de vías pecuarias, 100.000 en Andalucía. Pues el 80% están usurpadas por los terratenientes, ¡por esos que se ponen ahora al frente de la manifestación! Pues si tienes ocupada una vía pecuaria, ahí no pueden anidar pájaros, no hay tagarninas, no hay caracoles, no hay setas, lo ocupas todo, con lo que al final se pierde un refugio. Una cañada real debe tener 75 metros, ¡a ver cuántas tienen 75 metros de verdad! ¡Ninguna! Todas ocupadas, y los cordeles y las coladas, los abrevaderos y los descansaderos. Por cierto, que no hay ganado ni cabreros porque se lo han cargado todo a base de herbicida y pesticida y de echar veneno.

¿Son los propios terratenientes los que fastidian la caza?

Claro. Son ellos. Y le echan la culpa al Gobierno. Pero claro, luego hay cosas... Por ejemplo, se ha prohibido la caza de la tórtola. Me parece bien si hay una disminución considerable de la población. Pero si prohíbes la [caza de la] tórtola aquí, lo que pasa es que el pobre no puede cazar pero el rico se va a Marruecos, paga un puesto que cuesta un dineral y sí la caza... O por ejemplo, se dice de prohibir la caza de la perdiz roja, que es verdad que la población está disminuyendo y hay que protegerla. Pero, ¿sabes cómo se protege la perdiz roja?

¿Cómo?

Sin veneno en el campo y sin permitir que al hacer por la noche las alpacas de paja se traguen bandos enteros de perdices, que se quedan molidas dentro de las alpacas. Luego he visto cómo un granjero echaba de comer al ganado y salían pájaros muertos de la paja. Eso no se puede permitir de noche. Ni tampoco se puede permitir de noche el olivar intensivo, con las máquinas llevándose por delante los zorzales, los jilgueros, los chamarines, moliéndolos mientras están dormidos y no se mueven porque los pájaros son amigos del ruido, están acostumbrados ya a los tractores. Yo antes, y de esto hace 50 años, cuando salía al campo los cogía pisándolos con un candil y un cencerro de oveja, porque estaban familiarizados con el ruido... Pero todas estas cosas no se saben. No las saben los animalistas.

La mayoría de la gente habla del campo por hablar. Hay que pararse a preguntar y mirar, no hablar sólo con el corazón. Hay que enterarse. De la realidad, no de lo que tú piensas. Si hablas del campo sin saber, la lías, porque llega la derecha. Y a la derecha y la ultraderecha les importa una leche el campo y les importa una leche la caza, porque los señoritos lo que hacen es caza mayor, en cotos, que esa no es la que se están cargando con la ganadería intensiva. Los señoritos que ahora salen a protestar se han cargado la caza y el medio rural. Y encima se están ganando a mucha gente del campo tocando sus temas sensibles.

¿Ha seducido el discurso de la derecha y la ultraderecha a gente del SAT?

Hombre... Hay gente del SAT que ha ido a la manifestación, sí. Y es verdad que la ultraderecha de Vox dice cosas que pueden sonar bien en el oído del jornalero, como esto de la caza. Pero no en el tema del trabajo, de los convenios. Lo que sí te digo es que el sentimiento que hay es que se quieren cargar la caza, que está en peligro. Y cuando hablas del sentimiento de la gente...

¿Diría que se está derechizando el campo?

El campo tiene problemas estructurales graves. Hay problemas de despoblación –en Andalucía no tanto–, de precios, de internet, de servicios, de todo. Y ha habido un abandono de los diferentes gobiernos. Y ese sentimiento de abandono lo está monopolizando la ultraderecha tocando la tecla de los toros, el caballo y la caza, cuando en realidad le importa una mierda el campo, el medio rural y lo que les pase a los trabajadores. Pero van a los sentimientos y se están ganando a mucha gente con eso. Luego, cuando hablamos del subsidio agrario, lo que era el PER, que es una forma de fijar población, una especie de renta básica de jornaleros, pues está en contra de ese subsidio.

¿Qué piensa de la imagen de los manifestantes a caballo con aspecto señoritil?

Por eso yo no he participado. Ha habido mucha manipulación. Pero hay mucha gente del campo a la que la ultraderecha se la ha ganado por la torpeza del Gobierno.

¿Hace el Gobierno políticas adecuadas para el campo?

La Ley de Cadena Alimentaria es correcta, estoy a favor. Lo triste es que la derecha que no apoyó esa ley llame ahora a movilizarse. El Gobierno tiene que hacer que se cumpla. Que los costes no estén por encima de los precios. Punto. ¿Cómo vas a tener zanahorias, trigo o lechuga para que te cuesten más que los precios? No puede ser. Eso hay que evitarlo. Y hay que vigilar que no pase, controlarlo.

¿Faltan inspectores?

Hay inspectores, pero hay que poner medios para que vayan a los grandes supermercados, a los mayoristas... Si yo vendo una lechuga, alguien me la ha comprado, ¿no? Es fácil de encontrar. Ahí hay que ir. Pero la derecha no quiere ese control, claro que no. No quieren control público de nada. Mercado libre, capitalismo, que ningún mercado se corrija. Ahora, eso sí, dinero púbico para salvar a banqueros granujas y para tapar el desmadre. Es la doble moral.

¿Antes era más sencilla, más clara, la lucha en el campo?

La verdad que sí. Había un sector terrateniente y unos jornaleros sin tierra. Hoy está todo más diluido. Ahora trabajo en el campo hay, la agricultura se ha diversificado, los olivos, la fresa, los invernaderos... La construcción empieza a despuntar y hay jornal disponible para mucha gente. No estamos en la situación de hace 20 años. Ha mejorado, aunque los jornales no mejoran y se han disparado los precios.

La inflación. Un problema grave.

Está todo muy caro. Antes le echabas al coche 10 euros y andabas 100 kilómetros. Ahora... Se habla de los camioneros, que es verdad que tienen un problema, pero, ¿y la gente que tiene que trabajar a 100 kilómetros, como los jornaleros de los pueblos de secano de Cádiz? Es que hay que enterarse y entender lo que pasa en el medio rural. Y no se enteran, no lo entienden.

¿El Gobierno no entiende el campo?

No lo entiende, no. ¡Pero hasta ahora ningún gobierno! Y eso que es el 80% del territorio del Estado.

¿Y Unidas Podemos?

Tiene pocas responsabilidades. Todo el tema de Seguridad Social depende del PSOE, que lleva gobernando 30 años pero nos ha tratado siempre con el limosneo.

¿En qué sentido?

Limosna. Paternalismo. Cuando llega la recolección, tiene que haber trabajadores disponibles que han estado en el paro a lo mejor seis o siete meses. Para que esa mano de obra esté ahí mientras tanto, hay que mantenerla, atenderla, protegerla con un subsidio, con una prestación. No es limosna, es proteger la mano de obra. Para el PSOE siempre ha sido caridad. Pues mira, al terrateniente, a la agricultura y al Gobierno les hace falta esa mano de obra y hay que pagarla.

¿Ya nadie pide la reforma agraria?

Nosotros [el SAT] seguimos pidiendo al reforma agraria.

¿Qué reforma?

En Andalucía cuatro, cinco o seis terratenientes se llevan el dinero de 6.000 jornaleros. Los terratenientes no pueden seguir teniendo el 50% de los tierras nada más buscando las ayudas de la PAC.

¿De quién habla cuando dice "terratenientes"? Concrete algunos.

Los Mora Figueroa, la Casa de Alba, los Domecq, González Byass, los Candau...

¿Dónde milita actualmente?

Políticamente, en Podemos. Y en el SAT. (...)"                     

 (Entrevista a Diego Cañamero, Ángel Munárriz  , InfoLibre, 24 de marzo de 2022)

18/5/22

En todas las culturas, y en todos los tiempos, los humanos han tenido animales de compañía... pero lo significativo es que nunca ha habido tantos animales de compañía como en las ciudades de los países ricos y que nunca, hasta ahora, les hemos dado estatus de personas.... cada vez que me reprendan por no considerar a los animales como personas, les recordaré que no es de recibo que en los países ricos el protagonismo, la atención y el gasto destinado a las mascotas haya llegado a un nivel tal que resulta insultante ante las desigualdades y la pobreza del mundo

 "No es la primera vez que escucho “prefiero a mi perro que a las personas”, o alguna de sus variantes: “Me entiendo mejor con los animales”; “son más leales que los hombres”… seguro que tú también habrás oído algo parecido. Yo, además, últimamente he visto esa defensa de las mascotas en dos políticas conocidas. Una Marine Le Pen, quien en un intento —bastante satisfactorio, diría— de dulcificar su imagen trató —gatos mediante— de llegar al Elíseo. 

Hasta tal punto jugó su baza animalista —”mamá gatos” se llama a sí misma—, que la frase pouvoir d’achat et pouvoir de chat, poder adquisitivo y poder de los gatos, formó parte de su campaña de mano de analistas políticos. No andaba desencaminada la política ultraderechista, ser amante de los animales domésticos da votos. La otra ha sido Cristina Cifuentes, quien en un reciente programa de televisión afirmaba, sin ni una pizca de ironía: “Tengo dos hijos humanos y tres hijos gatitos. Y en la cartilla del veterinario están con apellidos, por supuesto. Son Aguilar Cifuentes”.

 Poco importa, pensé, recordando a John Berger en ¿Por qué miramos a los animales?, que “el animal de compañía está o esterilizado o sexualmente aislado, extremadamente limitado en sus ejercicios, privado del contacto con casi todos los demás animales y alimentado con alimentos artificiales”. El caso es que nos sintamos a gusto los humanos.

Respiré hondo y supuse que cualquier día Cifuentes pedirá reducciones por familia numerosa, y Le Pen rentabilizará de nuevo sus gatos en redes sociales en las próximas elecciones. Primero sonreí, igual no es tan grave, me dije. En el fondo, en todas las culturas, y en todos los tiempos, los humanos han tenido animales de compañía. Y borré mi sonrisa, porque lo significativo es que nunca ha habido tantos animales de compañía como en las ciudades de los países ricos y que nunca, hasta ahora, les hemos dado estatus de personas.

 Me acordé entonces de que, en 2020, los psicólogos de la Georgia Regents University iniciaron un estudio con 573 personas. Se les preguntó a quién elegirían salvar, si a un perro o a una persona, si un autobús los fuera a atropellar y solo pudieran salvar uno. El 40% de los encuestados prefirió salvar al perro… si este fuese su mascota. Años antes, en 2015, la organización médica Harrison’s Fund, extrañada de que fundaciones de mascotas conseguían más ayudas solidarias que ellos, decidió hacer una propaganda con la foto de un perro y otro anuncio —idéntico— con la foto del niño que da nombre a la Fundación y que sufre una distrofia muscular, ambos con el texto: “¿Darías 5 libras para salvar a Harrison de una muerte lenta y dolorosa?”. ¿Conclusión? Los lectores pincharon en el anuncio del perro dos veces más que en el que mostraba al niño.

La deriva es preocupante. Y no, no es patrimonio de la derecha, desde la izquierda en el anteproyecto de la ley de derechos y bienestar animal se habla del derecho animal a contar con un alojamiento que le proteja de las inclemencias del tiempo, aunque los humanos del piso de arriba no puedan pagar la calefacción; de no exponerlos con fines comerciales, es decir, lo que se hace con un niño en un anuncio de pañales; o que para que vaya a una romería deberá haber un veterinario, aunque no haya médicos en los centros escolares.

 Y de considerar a los animales parte de la familia, saltamos, como era esperable, a la comida. En realidad a “no comérnoslos”. “No se puede amar a los animales y comértelos”, sería el mantra, o comamos más verdura y menos ternera, obviando el hecho de que al precio que está muchas familias no pueden comerla porque no pueden pagarla. Y eso sin olvidar que la agricultura empobrece y desertiza la tierra y que también se matan animales con el cultivo extensivo…

Y no, no voy a acabar con aquello tan manido de que Hitler era vegetariano y amaba a su docena de perros pastor, raza criada ex profeso para encarnar las virtudes de la ideología nacionalista, al tiempo que daba órdenes de quemar en los hornos a millones de niños y adultos retenidos en campos de exterminio. Ni tampoco recordaré que la primera ley de protección de los animales salvajes y domésticos se debe al III Reich. Acabaré con Marinetti, el poeta, escritor e ideólogo fascista, y fundador del movimiento futurista, quien aconsejaba a los jóvenes encariñarse con los animales… para no tener que hacerlo con las mujeres.

 Así, cada vez que me reprendan por no considerar a los animales como personas, les recordaré que no es de recibo que en los países ricos el protagonismo, la atención y el gasto destinado a las mascotas haya llegado a un nivel tal que resulta insultante ante las desigualdades y la pobreza del mundo. ¿Os acordáis de cuando el socialismo iba de perseguir una revolución mundial del proletariado y no de odiar a gente por comer carne y preferir tener hijos en lugar de gatos? Yo casi que tampoco."               (Carmen Domingo , El País, 04/05/22)

7/3/22

Coetzee abre el debate sobre la necesidad de mostrar a los niños cómo sufren y mueren los animales... y además enseñarles como sufren y viven las personas mostrándoles una cárcel, un campo de refugiados, un desahucio, un manicomio, la maternidad de un hospital y su consulta de enfermos de cáncer, un centro de adictos a las drogas, las mansiones de los ricos, las habitaciones de los empleados jóvenes y las casas de trabajadores en paro, centros de acogida para los sin techo, y para los sin papeles...

 "Desde Pitágoras hasta los libros y conferencias de un activista por los derechos de los animales como el Nobel de Literatura J. M. Coetzee, pasando por Upton Sinclair y su exploración de las condiciones de los mataderos de Chicago en La jungla (1905), existe una amplia tradición que ha abierto un debate a lo largo de la historia de la literatura.

 Son autores que consideran que el planeta no es solo del ser humano y que se debería luchar por la armonía del ecosistema y no maltratar ni sacrificar cruelmente a los animales. Un tema latente que, a comienzos de enero, el ministro de Consumo de España, Alberto Garzón, reabrió al denunciar el sistema de las macrogranjas en el país. Para asegurar un cambio de mentalidad, sensibilidad y hábitos sobre el modo en que el ser humano debe relacionarse con los animales, Coetzee plantea una propuesta en EL PAÍS:

“Es importante que no se proteja a los niños del conocimiento de cómo viven y mueren los animales. Hay muchas películas sobre las plantas de procesamiento donde terminan sus vidas. Un niño, incluso un niño pequeño, es capaz de tomar una decisión moral sobre participar, sí o no, en la manera vergonzosa en que tratamos a nuestros primos en esta tierra”. (...)"                  (Winston Manrique Sabogal , El País,  22/01/22)

23/2/22

Jocelyne Porcher: "Se puede amar a las vacas y, luego, matarlas"... claro que es posible, es lo que han hecho los campesinos gallegos (y de todas partes), desde la noche de los tiempos... cada vaca gallega tiene su nombre, y todos conocen su sicología y sus manías... se vive con ella, se la cuida, y después se la mata... porque la familia tiene que comer carne, y la aldea, y la ciudad... la carne es la mejor receta contra el hambre... y en nuestro mundo tan rico existe el hambre... y ricos tan ricos que piensan que la carne sobra... La polémica ingeniera francesa, que critica con dureza las macrogranjas, ataca a los animalistas y aboga por una tercera vía de crianza animal: la ganadería tradicional... la gallega

 "La ingeniera agrícola Jocelyne Porcher (65 años) dispara críticas con cañón doble: por un lado, contra la ganadería industrial, a la que califica de “fábrica sin piedad” en la que los animales no son más que “cosas”, y por otro, contra los animalistas, a los que acusa de alejar a los humanos del resto de los seres vivos y de poner en peligro a la ganadería tradicional. 

Directora de investigación en el INRA (Instituto Nacional de Investigación Agrícola de Francia), publica artículos en la prensa francesa que no pasan inadvertidos. Eso, en los últimos 10 años. Antes, predicaba en el desierto.

Sus argumentos contra los animalistas son afilados y están recogidos en el primer libro que ha publicado en español: Vivir con los animales. Contra la ganadería industrial y la “liberación animal” (Ediciones El Salmón, 2021). En él ataca al mismísimo Peter Singer, el filósofo que afirmó que los animales, como seres que sufren, tienen derecho a que los protejamos. “Es un pensador occidental que no conoce la crianza”, afirma. “Lo que escribe son solo teorías”.

La investigadora cree que la liberación de los animales nos haría peores personas, pues el trato con nuestros compañeros vivientes nos nutre mutuamente. Sostiene que los argumentos de este colectivo cada vez más nutrido beneficia a la industria de los sucedáneos de la carne, que no son más que productos altamente procesados. Pero va aún más allá: afirma que los animalistas pueden vulnerar el derecho a la alimentación de las personas.

Las animalistas reconocen la labor de Porcher ante la industria intensiva, pero critican que sea tan fiera contra ellos mismos. La activista Brigitte Gothière, de la ONG L214, señala que es difícil dialogar con la investigadora una vez se le señala la muerte de los animales para nutrirnos. “Se pone muy agresiva y se olvida de que la vida sin comer carne es posible”. Una pena, afirma esta activista, puesto que podrían pelear conjuntamente contra la ganadería industrial. A su juicio, Porcher dedica demasiada energía a criticar al movimiento antiespecista en vez de pelear contra un modo de crianza que mantiene encerrados a ocho de cada diez animales en macrogranjas.

Hija de un solador y una funcionaria, fue una niña distinta, alejada del patrón femenino, ella usa el adjetivo “marimacho”. Dice que en su adolescencia lo que más añoró fue “ser libre”. Es tímida pero con grandes convicciones, según un compañero del INRA. Trabajó ocho años como secretaria, pero acabó cambiando París por el campo. Crio pollos y conejos, empezó a cogerle el gusto y sumó a su pequeña granja ovejas y cabras. Más tarde quiso ir más allá y estudió ingeniería agrícola, hasta que logró su sueño de ser investigadora.

Sus comienzos en el INRA fueron difíciles. Sus ideas estaban muy despegadas de la mirada sobre la ganadería industrial que preponderaba en aquella época. Atacaba el sufrimiento de los animales en la ganadería intensiva y defendía la pequeña y mediana ganadería, un oficio que, afirma, está en peligro desde el siglo XIX. “Es un empleo precioso, pero hay que querer a los animales apasionadamente. Se puede amar a las vacas e igualmente matarlas”, sostiene. Si la muerte de un animal tiene sentido, argumenta, es porque ha tenido una vida digna, sana, cuidada y su muerte genera más vida.

La dirección del INRA no veía con buenos ojos las reflexiones de Porcher, cuenta su compañero el investigador Jean-Marc Touzard, pero poco a poco la situación fue cambiando. Los libros que ella publicaba iban teniendo más impacto y académicamente fue ganando prestigio. Hasta que los responsables se dieron cuenta de que lo que ella defendía era una tercera vía, una línea de pensamiento que permite sobrepasar el enfrentamiento entre la industrialización y la liberación de los animales.

Porcher no solo cree que las macrogranjas causan miedo y sufrimiento a los animales, sino también a los humanos que trabajan en ellas. “Querrían relacionarse con los animales de otra forma. Y eso les genera dolor moral”, dice, y subraya que lo ha visto con sus propios ojos. También ha puesto en marcha un proyecto que acaba de dar sentido a sus teorías: “Quand l’abattoir vient à la ferme” (cuando el matadero llega a la granja), un matadero portátil que se desplaza hasta las granjas, ahorrando a los animales su doloroso traslado hacia su final.

 Por ahora solo una ganadera ha obtenido el permiso para usar este método, y otra veintena de ganaderos están en plenos trámites para lograrlo. “El Estado ha estado en contra de este sistema durante mucho tiempo. Se hacían matanzas en las granjas, pero de forma ilegal”.

En los últimos años se ha puesto a desarrollar nuevos sellos de calidad alimentaria, como un certificado para unos huevos que, al terminar el ciclo reproductivo de la gallina, no acaban en la muerte del animal. O la carne de unos cerdos que han llevado una vida con libertad y agradable. A la pregunta de si come mucha carne, afirma que una media de dos veces a la semana. Y luego añade que lo que no come ni comerá son hamburguesas vegetales. “No entiendo por qué disfrazar al vegetal de lo que no es”.        (Carmen Pérez-Lanzac , El País, 18/02/22)

22/2/22

Un mundo donde las mascotas viven mejor que los pobres... en los países ricos, la atención y el gasto destinado a las mascotas ha llegado a un nivel que está rozando el surrealismo y resulta insultante ante las desigualdades y la pobreza del mundo...

 "Hace tres años la diputada española de Ciudadanos Melisa Rodríguez, ante la pregunta de si se consideraba feminista respondió: "Yo creo en la igualdad de las personas reales: mujeres, hombres y seres. Por ello presentamos el proyecto de ley para que los perros sean personas"

En enero de 2020, los psicólogos de Georgia Regents University (Estados Unidos) iniciaron un estudio con 573 personas. Tuvieron que responder a quién salvarían si un autobús fuera a atropellar a una persona y a un perro y sólo pudieran salvar a uno. El 40% de los encuestados prefirió salvar al perro si este fuese su mascota.

Salvar antes al perro que al niño

En 2015, la organización benéfica de investigación médica Harrison’s Fund había comprobado que las fundaciones de mascotas recogían más ayudas solidarias que ellos recaudando fondos para luchar contra enfermedades de niños.
 
Por eso hizo un experimento audaz. Publicaron dos anuncios digitales idénticos durante una semana, uno con una foto de un perro que encontraron en Internet y otro con la foto de un niño, concretamente la foto del niño que da nombre a la Fundación y que sufre una distrofia muscular. Ambos con el texto: "¿Darías 5 libras para salvar a Harrison de una muerte lenta y dolorosa?". Los lectores pincharon en el anuncio del perro dos veces más que en el que mostraba al niño.
 
Es evidente que el fenómeno de lo que podemos llamar mascotismo está arrasando en los países ricos. Hace unos años, en la localidad madrileña de Alcalá de Henares, el propietario de un perro salchicha ofrecía 10.000 euros a quien encontrara a su mascota extraviada.
Ya en 1999, una encuesta de la American Animal Hospital Asociation (1999) revelaba que el 78% de los propietarios de mascota saludaba en primer lugar a su animal al llegar a casa, frente al 13% que saluda primero a su cónyuge.

Protagonistas en las redes sociales

Las mascotas son las protagonistas de las redes sociales, conocemos el nombre de los perros de los famosos, el de París Hilton, el de Lady Gaga... En mayo del pasado año, el expresidente estadounidense Barack Obama creó un hilo de Twitter para anunciar la muerte de su perro, provocando más de 53.000 retuits y 777.000 me gusta.
 
No es de extrañar teniendo en cuenta que en países como España los adultos tienen más mascotas que niños. Sólo en Estados Unidos hay más de 77 millones de perros y 54 millones de gatos. Los millennial son particularmente felices con ellos: al menos el 70% tiene uno o desea tenerlo. San Francisco ya suma más perros que menores de dieciocho años. En Seattle el volumen de gatos domésticos ya ha superado al de niños; y en general, en todo el país, ya hay más apartamentos en los que vive un adulto y un perro que un progenitor y un hijo.
 
Hasta el Papa Francisco denunció en una audiencia general el 5 de enero que hoy "perros y gatos ocupan el lugar de los hijos". Y afirmó que eso "nos quita humanidad".
 
Y con la pandemia se ha disparado todavía más el interés por las mascotas. Según un estudio, el deseo de comprar o adoptar una mascota aumentó un 77% en España.
Ya los especialistas han acuñado el término petophilia para referirse al apego excesivo por una mascota.

El negocio de las mascotas

Por supuesto, el mercado ha desarrollado todo tipo de productos para esa demanda, no importa el coste. Se estima que en España, el coste medio de la mascota es de 1.200 euros al año (la mayor parte, 780 euros, en alimentación).
En Marbella se creó un hotel de lujo solo para perros, los llevan de paseo por la playa (cinta de correr si hace mal tiempo), una mini suite para la hora de comer, aqua gym, baño de espuma de ozono y hasta reiki. Pasar una noche en el hotel cuesta 20 euros y el servicio de guardería 18 todo el día y 10 media jornada. El precio del baño de ozono para dejar al perro limpio y guapo es de 12,50. Pero si lo que quiere es darle un capricho a su mascota, la jornada de spa y mimos incluye todo por 45 euros.
Hay hoteles de lujo para perros en Emiratos Árabes (con televisores de plasma que reproducen sonidos que les recuerdan a casa y limusinas para los traslados), Estados Unidos (les recogen con un coche de alta gama Ferraris, Porsches o Rolls-Royce y disponen de tratamientos con aceites corporales, masajes, limpiezas bucales y pedicura) y Japón (con clases de natación).
Para cuando no están en el hotel se han creado también las primeras mansiones para perros con precios desde 33.500 euros y que pueden llegar hasta los 160.000 euros. Con tecnología domótica y construidos con madera, mármol y dobles cristales.
Como es lógico, hay que amueblar la vivienda de los animales. Por ello, Ikea lanzó una colección de muebles para mascotas.
Y no olvidemos el asunto de la comida, eso de darle las sobras o un pienso barato ya es de otros tiempos. Una empresa de comida para gatos patrocinaba Salvados, uno de los programas estrella televisivos de reportajes de actualidad en España.
El eslogan de la empresa de alimentos para perros Ultima era "Ultima cuida lo que más quieres" porque, evidentemente, lo que más quieres es tu perro y tu gato. Los precios medios de las latitas de comida para gatos rondan los 14 euros por kilo.
No solo hay que gastarse el dinero, también está la opción de preparársela con mimo. La prensa difunde constantemente recetas sobre cómo elaborar helados caseros para perros y gatos o galletas caseras para los perros en Navidad.
Evidentemente el mercado no se olvida de los juguetes: pelotas, muñecos para morder, cuerdas para estirar... Hay hasta juegos de mesa de inteligencia para perros, o un aparato de control online para lanzarle chuches o hablarle por "tan solo" 200 euros.
La mayoría de nosotros hemos conocido las protestas y campañas de los propietarios de perros contra los petardos y la pirotecnia, por el estrés que produce a sus animales. Sin embargo, pocos conocen que el ruido de los petardos también crea ansiedad, estrés y miedo a los niños conautismo.

Parques, playas y censo genético de perros

El asunto de las mascotas ha generado todo un impacto en la vida comunitaria. Se crean parques públicos solo para perros y playas para perros.
El problema de los excrementos caninos ha llegado al punto de que numerosos ayuntamientos han creado un censo genético de las mascotas a través de muestras de saliva o sangre. De ese modo se podrá identificar en el laboratorio los excrementos que se recojan en la vía pública y sancionar a los propietarios. No tenemos secuenciado nuestro ADN ni el de nuestros hijos pero sí el de nuestro perro.
En los países ricos, los teléfonos de emergencias que se utilizan para llamar cuando un ciudadano sufre un infarto se usan también para solicitar asistencia porque un gato no puede bajar de un árbol o un perro ha sido atropellado por un coche. Los community manager de bomberos y policías exponen orgullosos en las redes sus intervenciones de asistencia a mascotas con un resultado de likes superior que cuando informan de la asistencia sanitaria a una persona.

Cambios en las leyes

En España, desde el 5 de enero entra en vigor la reforma legal del del Código Civil, la Ley Hipotecaria y la Ley de Enjuiciamiento Civil, para que los animales de compañía como perros, gatos, pájaros y el resto de mascotas pasen a ser un miembro más de la familia a nivel legal.
La nueva legislación, una de las pocas que ha contado con el consenso de todos los partidos políticos, establece, en caso de separación y divorcio, que la autoridad judicial determinará el reparto de custodia y cuidado de los animales de compañía entre ambos cónyuges, así como el reparto de las cargas.
También se decreta que las mascotas no pueden ser embargadas o hipotecadas, de modo que si no pagas al banco te pueden dejar sin vivienda, pero nunca sin tu mascota. Ojalá para muchas familias deudoras la ley considerara que necesitas tu casa tanto como la mascota.

Perros herederos

En febrero de 2021 fue noticia que un empresario de Tennesse (Estados Unidos) tras fallecer había dejado una herencia de cinco millones de dólares a su perro: "Cinco millones de dólares serán transferidos a un fideicomiso que se creará tras mi muerte para el cuidado de mi border collie Lulu [...] para satisfacer todas sus necesidades", se señalaba en el testamento difundido en medios locales.
En noviembre fue noticia que un perro, llamado Gunther VI, vendía un palacio de su propiedad por 31,75 millones de dólares.
El animal, que es considerado el perro con más dinero del mundo, es el heredero de Karlotta Liebenstein, quien al morir en 1992 y no tener hijos, dejó su herencia multimillonaria, de unos 500 millones de dólares, a su mascota.
Un grupo de inversores y expertos en finanzas se hicieron cargo del animal y administraron su riqueza invirtiendo en propiedades en todo el mundo (Las Bahamas, La Toscana, Milán…), asegurándose así que la fortuna alcance para toda la dinastía de perros, que ya tiene 40 años y seis generaciones.
En toda la historia de la humanidad y en todas las culturas y tiempos, las personas tenían animales como mascotas, independiente de su mayor o menor riqueza. Y no se puede discutir lo que éstos suponen como intercambio de afecto, compañía e incluso sentimiento de responsabilidad y cuidados para los niños. Tampoco ponemos en duda la necesidad de crear un marco legal que impida el maltrato animal o su abandono caprichoso.
Es evidente que un animal de compañía conlleva responsabilidades y no es un objeto desechable. La novedad es el excepcional rango que han alcanzado en algunas sociedades actuales las mascotas, sobre todo si se compara con el nivel de gasto y consumo entre mascotas "millonarias" y humanos pobres.

"Lléveme con usted y yo seré su gato"

En 1990 David Wheatley rodó la película de ficción La Marcha, financiada por el Parlamento Europeo. En ella miles y miles de africanos hambrientos inician una marcha pacífica hacia Europa. En una de las escenas, el líder de esos desdichados le dice a la eurodiputada que intenta disuadirlos: "¿Usted tiene un gato doméstico?, ¿cuánto se gasta en alimentarlo? Con ese dinero yo puedo vivir, lléveme a mí, yo seré su gato".
Es evidente que la comparación entre los gastos de los ricos del primer mundo y las necesidades de los empobrecidos de los países del tercer mundo siempre es insultante, con el dinero que pagan algunos por un teléfono móvil podrían comer otros durante un año y con el precio de un automóvil sacar a personas de la pobreza definitivamente. Pero el ejemplo del gato de la película es escalofriante porque, a buen seguro, millones de personas al borde de la muerte estarían dispuestos a asumir el comportamiento de las mascotas del primer mundo a cambio de que se les garantice la supervivencia.

Más comida 'gourmet' para gatos que para vacunas

No estoy seguro de que sea buena una sociedad que destina más dinero a comida gourmet para gatos que a las vacunas en África, o donde hay perros en hoteles con jacuzzi mientras niños duermen debajo de un puente.
Los propietarios de las mascotas aducirán el cariño, la lealtad y la fidelidad de sus animales, incluso algunos argumentarán que es superior a la que encuentren en otras personas. Pero no olvidemos que se trata de animales a los que, en su evolución dentro de nuestras sociedades, han perdido su capacidad de sobrevivir sin dueños. Todos esos supuestos valores de nuestros animales de compañía son mecanismos que han desarrollado para garantizarse el afecto de unos dueños sin los cuales ya no podrían vivir.
Las relaciones entre humanos y mascotas son, sin ninguna duda, enriquecedoras en muchos aspectos, ya hemos señalado que siempre existieron, pero las verdaderas relaciones de igualdad y de cooperación se dan entre humanos, y cuando no existe una dependencia que obliga a uno de ellos a elegir entre fidelidad o muerte."                (Pascual Serrano, Sputnik, 10/01/22)

2/2/22

Gregorio Morán: Cuando alguien enuncia una supuesta teoría sobre “seres sintientes”, es decir, animales domesticables, es que hemos cruzado una línea de frivolidad con consecuencias en la Hacienda y en el respeto entre seres humanos... En el mundo de la oligarquía vasca conocí a Regina Soltura, gran dama, culta y protectora... Ella me enseñó su hermoso jardín en Neguri donde tenía su cementerio de perros... pero no había ninguna tumba de mayordomos y eso que el servicio siempre fue abundante... Que la gente no disfrute de la tauromaquia; pobres toros y deleznables paisanos... Las clases subalternas ejerciendo de aristócratas no son sólo una impostura sino algo tan grave como el desprecio de clase... Si el fútbol me parece un juego para mitómanos que bordea la delincuencia, por qué habría de prohibirlo... Cuando escasean las ideas florecen los decretos. Como si unas eclipsaran a los otros y debiéramos meternos de hoz y coz a debatir sobre asuntos tan peregrinos como el trato correcto a los animales, los alimentos que debemos comer o lo que ha de prohibirse en bien de las nuevas generaciones llamadas a mentarnos la bicha por el tiempo que perdimos en el barnizado de la realidad

 "Vuelven los símbolos. Algunos no han desaparecido desde que se inventaron, pero otros aparecen y se exhiben de nuevos. Lo que duren, aunque me temo que habrán de acompañarnos hasta el final. Nuestra Transición, por ejemplo, aparece y desaparece cada cierto tiempo y es ideal como elemento de atracción para desbarrar en política. Ya no hay ningún español que no tenga una interpretación de ella, por estúpida que sea, y que no la proclame en mítines o redes. Se ha convertido en símbolo para adorar o detestar; los hechos cuentan menos que las interpretaciones.

También vuelven viejas banderas tras un leve paso por las lavanderías. Moverse en el terreno del fascismo y el antifascismo podría entenderse como una antigualla, pero es tanto el énfasis que ponen quienes no vivieron ni lo uno ni lo otro que cabe buscar los motivos de su verbal rejuvenecimiento. Cuando no hay ideas nuevas nos vemos obligados a echar mano de lo que está en el mercado y en verdad que el mercado se parece mucho a tienda de chamarilero. Un ministro, que se ha ganado a pulso la categoría de torpe y frívolo, lleva una campaña sobre las perversidades de la carne. 

Antiguamente decir “la carne” era una referencia inequívoca al sexo, pero en tiempos sin clases sociales a las que mentar quiere decir algo que se acerca al veganismo y al desdén por tradiciones inveteradas de aquellos tiempos en los que la carne era objeto de deseo nada erótico sino primario. Los pobres no frecuentaban la carne si no era en casquería. De saber algo el ministro Garzón de “El Quijote” recordaría el recurrido salpicón de las noches y el bastorro carnero de los días grandes. Reconozco mi desprecio hacia un tipo que invitó con carne “de la buena” a 300 amigos en su legalización matrimonial “ante la Iglesia”, algo que me repugna como retrato de un trepa de la posmodernidad.

Cuando alguien enuncia una supuesta teoría sobre “seres sintientes”, es decir, animales domesticables, es que hemos cruzado una línea de frivolidad con consecuencias en la Hacienda y en el respeto entre seres humanos. No hay razas agresivas, alegan veterinarios de la cosa pública. Si Karl Doberman, el recaudador de impuestos germano que recreó la raza que necesitaba para defenderse, levantara la cabeza, como mínimo sonreiría ante la estulticia de los nuevos depredadores sociales. 

Lord Byron dedicó hermosos versos a sus perros. En el mundo de la oligarquía vasca conocí a Regina Soltura, gran dama, culta y protectora, amiga de cierta intimidad con Rafael Sánchez Mazas, fascista de la primera hora y prosista indolente. Ella me enseñó su hermoso jardín en Neguri con deslumbrante vista al Abra donde tenía su cementerio de perros. Sobrina de José María Soltura, tan ligado a Unamuno, políglota, gran lector y poseedor de una soberbia biblioteca. Los perros de los Soltura quizá estaban todos, pero no había ninguna tumba de mayordomos y eso que el servicio siempre fue abundante. 

Las clases subalternas ejerciendo de aristócratas no son sólo una impostura sino algo tan grave como el desprecio de clase. Que la gente no disfrute de la tauromaquia; pobres toros y deleznables paisanos. Que los niños no pueden admirarse con los animales salvajes en los zoos y menos aún en los circos; todo lo que no salga en pantalla está llamado a extinguirse. Si el fútbol me parece un juego para mitómanos que bordea la delincuencia, por qué habría de prohibirlo.

Pero nada desaparece del todo. Para eso están las evocaciones presuntamente ideológicas. La derecha se mueve en territorios minados y en el campo de las ideas, al menos en España, ha tendido al erial. Escuchar a Ortega Smith, un energúmeno salido de no sé muy bien qué cueva antropológica de Vox, cuando dijo que las “Trece Rosas”, jóvenes mujeres fusiladas en Madrid apenas terminada la guerra, habían cometido torturas y asesinatos, y a uno se le queda en la cabeza la misma imagen que le provocó Donald Shuterland en el “Novecento” de Bertolucci, con la camisa negra mussoliniana, en el gesto de estrangular un gato con la cabeza; una escena brutal e inolvidable.  

Se equivoca quien pretende combatir la supuesta hegemonía cultural de la izquierda. Dudo que sea cultural y menos aún que se pueda hablar de hegemonía. Ramonea por otros prados no estrictamente culturales, a menos que demos por cultura lo que entre en el marbete informativo de culturas, donde cabe todo, desde el influencer de plastilina, el rapero desmadrado y hasta esa cocina “de artistas” apañados que apenas alcanzan los niveles de la artesanía del oficio, aquel arte efímero.

 Lo inquietante son las olas del mercado de la inteligencia. Se vuelve a la canonización de figuras que ya creíamos ubicadas en sus papeles contradictorios. La historia del PCE se hace simbólica, casi legendaria aunque haya sido asunto de anteayer. Dolores Ibarruri, “Pasionaria”, se reconvierte en icono, como le gustaba a Manolo Vázquez Montalbán. La seynera desaparece y se transforma en “estelada”. Jordi Pujol no es un padrino de Estado sino un clarividente forjador del futuro. 

Cuando escasean las ideas florecen los decretos. Como si unas eclipsaran a los otros y debiéramos meternos de hoz y coz a debatir sobre asuntos tan peregrinos como el trato correcto a los animales, los alimentos que debemos comer o lo que ha de prohibirse en bien de las nuevas generaciones llamadas a mentarnos la bicha por el tiempo que perdimos en el barnizado de la realidad. El desarrollo del término “hegemonía” nace en la cárcel donde Mussolini encerró a Gramsci de por vida. 

La doble prisión que pagó el líder comunista; la del fascismo y la de sus colegas de la dirección del PCI que le hicieron la vida aún más difícil por sus desviaciones del canon estalinista. Contar la azarosa historia de sus “Cuadernos” pasa por la lectura de sus carceleros y luego las censuras de sus primeros editores. El contexto de la luminosa reflexión sobre la hegemonía explica muchas cosas y sin ningún afán erudito, sólo por poner las ideas en condiciones de ser utilizadas sin manipulaciones.

Los símbolos no pueden sacarse del contexto. Tampoco instrumentalizarlos, porque los mata. Cuando murió Jorge Semprún, exministro y veterano de muchos descreimientos, pidió que le enterraran en Francia y que su féretro lo cubriera la bandera de la II República española. Así ocurrió, aunque apenas nadie lo contara y menos aún lo analizara. ¿Qué valor le damos a los símbolos? El que nos consienta nuestro pasado y nuestra inteligencia, elementos que delatan a los fabricantes de palabras largas e ideas muy cortas."                         (Gregorio Morán, Vox Populi, 08/01/22)

31/1/22

Los animales, seres sintientes... La suposición cariñosa de que la moral depende de la capacidad de sufrir y no de la intención de actuar proviene de la suplantación anglosajona del humanismo por el humanitarismo... Esta moralidad funciona como un analgésico y se inventó por la misma época que el cloroformo. No imita sino que rechaza los procesos naturales... Un poeta lo resumió mejor: “Dichoso el árbol que es apenas sensitivo, / y más la piedra dura, porque esa ya no siente, / pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, / ni mayor pesadumbre que la vida consciente” (Rubén Darío)

 "Descartes sostuvo que los animales carecen de alma, es decir que no están vivos como nosotros: son máquinas que funcionan con intrincados engranajes, autómatas. Cuando gruñen o gimen no expresan sentimientos, sino que solo chirrían como piezas mal engrasadas... Por eso su discípulo Spinoza, tan sereno, se entretenía arrojando moscas a la tela de una araña y viendo como esta las devoraba. 

Según Colerus, “reía a carcajadas” como si asistiese a una función de guiñol. En cambio, Schopenhauer se compadecía de los bichos igual que de las personas, pero era más consecuente que otros piadosos: puesto que el dolor es malo e inseparable de la vida, no podemos aspirar a otro paraíso que la extinción renunciativa de todo lo que alienta...

Una ley acaba de establecer que los animales no son cosas ni máquinas cartesianas sino sintientes, o sea que lo sienten mucho, como nosotros. Y de ahí que tengan sus derechos y que si no sujetos sean al menos objetos morales. Esa suposición cariñosa de que la moral depende de la capacidad de sufrir y no de la intención de actuar proviene de la suplantación anglosajona del humanismo por el humanitarismo. Hoy ya es universal entre quienes creen estudiar ética cuando en realidad se dedican todo lo más a cuidados paliativos: el humanismo ha sido cancelado más radicalmente que otros pecados imaginarios. 

  Esta moralidad funciona como un analgésico y se inventó por la misma época que el cloroformo. No imita sino que rechaza los procesos naturales. Ni se atreve a beatificar el sufrimiento como los cristianos ni a predicar el exterminio purificador como Schopenhauer o Nagarjuna. Un poeta lo resumió mejor: “Dichoso el árbol que es apenas sensitivo, / y más la piedra dura, porque esa ya no siente, / pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, / ni mayor pesadumbre que la vida consciente” (Rubén Darío)."            (Fernando Savater, El País, 29/01/22)

7/1/22

El veganismo, al rechazar nuestra esencia animal, nos eleva por encima de las criaturas de la tierra. Es especismo disfrazado de pensamiento correcto. Irónicamente, el engrandecimiento del cerebro, el desarrollo del habla, no habrían sido posibles sin el aumento del consumo de carne combinado con la tecnología de procesamiento de alimentos

 "Es curioso lo aceptable que se ha vuelto el veganismo. George Orwell describió mordazmente a los vegetarianos como "esa lúgubre tribu de mujeres de alta alcurnia y portadores de sandalias y bebedores de zumo de frutas con barba que acuden en tropel al olor del 'progreso' como las botellas azules a un gato muerto". 

De alguna manera, a través de las salchichas de soja texturizadas de Linda McCartney, el veganismo se ha convertido en un camino de corriente principal, no sólo hacia la salud, sino hacia un futuro brillante. Como George Monbiot, el sumo sacerdote del veganismo británico, exhortó a sus lectores de The Guardian: "¿La mejor manera de salvar el planeta? Dejar la carne y los lácteos". Son las vacas. Eructan metano.

El Reino Unido es líder mundial en veganismo, el primer país en tener una Sociedad Vegana. Aquí, más de un millón de personas dejarán de comer productos animales este mes como parte del Veganuary, del que Monbiot es "embajador". Después, ¿quién sabe? Tal vez quieras -y los Embajadores ciertamente lo desean- que abraces todo el testamento vegano, y te niegues no sólo la carne, el pescado, los huevos y los lácteos, sino todos los productos animales. El jersey de lana en tu espalda. Los zapatos de cuero en tus pies.

 Por supuesto, el éxito del veganismo no es ningún misterio. Los veganos tienen toda la razón al sostener que los alimentos basados en plantas pueden ser saludables, y que las condiciones de bienestar de gran parte de la ganadería mundial son lamentables. (Sólo por razones éticas, no tocaría un cerdo criado de forma intensiva ni con una pala, y mucho menos con un cuchillo y un tenedor. Y eso que he sido ganadero durante 20 años). También es cierto: La vaca Daisy está implicada en el cambio climático. Ningún ser humano en su sano juicio podría estar en desacuerdo.

Así es el veganismo en minúsculas. Sensato y sensible. El problema viene con el veganismo mayúsculo, que va más allá de la ética animal, la dieta y las preocupaciones medioambientales y se convierte en una cruzada fundamentalista a la que no le importa la ciencia ni la racionalidad. Cuando los humanos mataron a Dios, necesitaron un sustituto para la religión. El veganismo en mayúsculas es la última fe para las clases medias perdidas.

Una prueba de ello la ofrece THIS IS VEGAN PROPAGANDA (& OTHER LIES THE MEAT INDUSTRY TELLS YOU) del activista por los derechos de los animales Ed Winters, publicado por Vermillion este saludable mes. Un rápido vistazo a la lista de contenidos es suficiente para probar el salvacionismo del veganismo: "El veganismo es la base moral", "Nuestro pasado nos muestra por qué el veganismo debe ser nuestro futuro", "No existe un animal de granja feliz" (si vas a la página web de Veganuary, hay una fotografía de una mujer acariciando una linda vaca; si la vaca no está contenta, entonces Veganuary está explotando a la vaca. ) "El veganismo podría salvar tu vida", "Un mundo vegano sería mejor para todos".

 ¿Por dónde se empieza? Con La Caída, supongo. Para los veganos, el omnivorismo de los primeros seres humanos es una verdad incómoda, que hay que negar con contrafactuales (como el memorable "No tenemos dientes carnívoros" de PETA), o evitar con la excusa de "Eso era historia", como la del autor, "Lo que ocurrió hace decenas de miles de años... no debería tener ninguna relación con la determinación de si lo que hacemos a los animales está o no justificado ahora". En realidad, la anatomía humana ha cambiado muy poco en el último millón de años. Seguimos teniendo dientes caninos y un estómago más parecido al de un perro que al de una oveja. Comer carne es natural. Por eso se saliva ante un plato de tocino.

 El veganismo, al rechazar nuestra esencia animal, nos eleva por encima de las criaturas de la tierra. Es especismo disfrazado de pensamiento correcto. Irónicamente, no seríamos los humanos verbales e inteligentes de la perfectibilidad vegana sin la carne. Los biólogos evolutivos de la Universidad de Harvard, Katherine Zink y Daniel Lieberman, clavaron esa verdad en su artículo "Impact of meat and Lower Paleolithic food processing techniques on chewing in humans", Nature, 2016: "Sean cuales sean las presiones de selección que favorecieron estos cambios [el engrandecimiento del cerebro, el desarrollo del habla], no habrían sido posibles sin el aumento del consumo de carne combinado con la tecnología de procesamiento de alimentos."

 Como cualquier religión medianamente decente, el veganismo tiene una historia del fin del Edén. "Enormes cantidades de los bosques del Reino Unido", escribe Winters, "han sido despejadas a lo largo del tiempo y sustituidas por pastos para alimentar animales producidos artificialmente y criados de forma selectiva, todo para que podamos producir lo que es un producto absurdamente dañino". (Se refiere a la carne.) ¿Pero los pastos son intrínsecamente malos desde el punto de vista ecológico? Difícilmente. Un prado de heno tradicional puede presumir de tener 40 especies de plantas diferentes por metro cuadrado, uno de los hábitats más ricos desde el punto de vista botánico que se pueden encontrar. El pastoreo del ganado es esencial para su biodiversidad; sin el pastoreo, los árboles y las hierbas más vigorosas toman el control.

Pero no esperes que un vegano te diga esto. En el altar del veganismo, el bisbita de los prados, la mariposa marrón de los prados y la ulmaria serán sacrificados. A pesar de toda su buena charla contra la explotación, los veganos no son amigos de los animales. Porque, si todos nos hacemos veganos, no habrá bestias de granja fuera de los especímenes en poblaciones insostenibles en los zoológicos. Ermintrude, Chicken Little y la oveja Shaun tendrán que ser sacrificados en masa.

Y este exterminio tendría un efecto calamitoso en la ecología. No quiero ser un empollón sobre el excremento, pero una vaca produce, a través de su caca, una quinta parte de su propio peso corporal en insectos anualmente. En la campiña británica, una cadena ascendente de criaturas salvajes se alimenta de dichos insectos, culminando en el depredador supremo, el zorro (un decidido carroñero de escarabajos en el estiércol.) Hay escarabajos peloteros que se especializan en tipos de estiércol de granja, como el Onthophagus joannae, que prefiere la caca de oveja. Si se elimina la caca, se eliminan los escarabajos peloteros. ¿A qué se debe el declive de las golondrinas en la zona agrícola de East Anglia, donde los bovinos son poco frecuentes? Probablemente porque no hay suficiente mierda de vaca.

 Lo que se puede esperar de un vegano es el catecismo de que la carne y los productos lácteos ocupan el 83% de la superficie agrícola mundial y proporcionan sólo el 18% de las calorías mundiales. Pero hay una buena razón para la extensión planetaria de la ganadería. Alrededor de dos tercios de las tierras de cultivo son "marginales", lo que significa que poco, aparte de la hierba y los matorrales, crecerá allí porque es demasiado seco, demasiado empinado, demasiado rocoso, demasiado húmedo, demasiado ventoso. Como un ganadero masai y un pastor de las Shetland se deleitarán en explicar, el ganado es extremadamente eficiente cuando se trata de transformar cosas que los humanos no pueden comer en cosas sabrosas que sí pueden.

El veganismo conoce el coste de la ganadería, pero no su valor; conoce el valor de la alimentación vegetal, pero no su coste. No toda la soja para la que se tala la selva brasileña se destina a la alimentación del ganado, también se destina a las hamburguesas "sin carne". Las tierras de cultivo intensivo de East Anglia -donde se cultiva el pan de cada día de los veganos- sufren una erosión del suelo del orden de toneladas por acre al año. Un estudio reciente publicado en la revista Environmental Science & Policy calculó que se pierden unas 3,07 toneladas de suelo por hectárea de tierra agrícola al año en Europa, y que la mayor parte proviene de las tierras de cultivo. A ese ritmo, los veganos morirán de hambre antes de ahogarse en el mar creciente del cambio climático.

Ah, el cambio climático. ¿Salvará el veganismo al planeta matando a los animales de granja que emiten metano? Los rumiantes producen metano, pero también lo hace el arroz; el metano del cultivo de arroz causa el 3% del calentamiento global antropogénico. Sin embargo, el metano de los rumiantes procedente de las vacas que pastan se recicla virtuosamente en el suelo al descomponerse en CO2 y ser absorbido por la nueva hierba. A diferencia del metano producido por los arrozales anegados. Si las nefastas profecías veganas le asustan, cabe mencionar que los aditivos de algas para el ganado pueden reducir las emisiones en un 82%.

 El cambio climático no puede solucionarse comiendo, sino haciéndose vegano. El profesor Frank Mitloehner, de la Universidad de California, experto mundial en la calidad del aire, calcula que si todo Estados Unidos se hiciera vegano durante un año, la reducción global de las emisiones de gases de efecto invernadero ascendería al 2%. Algo. Pero no la salvación del planeta.

Y, de nuevo, ¿nadie tendrá en cuenta los costes? Considere esto: ¿cuándo empezó Occidente a enfermarse? En los años setenta, cuando los gobiernos occidentales emitieron consejos nutricionales que demonizaban las grasas saturadas de la carne, los lácteos y los huevos y promovían los carbohidratos como alimentos saludables. La consecuencia es una epidemia de obesidad. Winters habla de la "industria cárnica" como un monolito que antepone los beneficios a las personas, pero ¿qué pasa con la industria vegana? Los inversores están invirtiendo miles de millones en marcas de carne y productos lácteos alternativos. Nestlé Reino Unido e Irlanda apoya a Veganuary. Harrods y Volkswagen participan en el "reto del lugar de trabajo" de Veganuary. El veganismo tiene las huellas dactilares de Big Food por todas partes.

Según Mintel, los consumidores de la Generación Z son la gran esperanza del veganismo, ya que más de la mitad (54%) de los menores de 25 años consideran que la reducción de productos animales es una buena forma de disminuir el impacto de los seres humanos en el medio ambiente. El gran veganismo ha hecho un trabajo con ellos, y ha conseguido que "acudan en masa al olor del 'progreso'".  Pero la generación Z debería desconfiar de los falsos profetas del veganismo.

Si realmente se preocupan por el medio ambiente, deberían celebrar el mes de enero abandonando las zapatillas deportivas en favor de un par de zapatos de cuero; las zapatillas sintéticas causan el 1,4% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Entonces, cancelen el vuelo a Ámsterdam; se necesitarían dos años de veganismo para compensar el viaje. Diablos, compra también un jersey de lana, en lugar de uno de nailon; la fabricación de nailon crea óxido nitroso, un gas de efecto invernadero 310 veces más potente que el dióxido de carbono. Y luego deja el arroz de jazmín del supermercado, procedente de Tailandia, y cómete un trozo de ternera ecológica local. Los bueyes de granja no son el problema. El problema es la mierda vegetariana fundamentalista."     
                ( , UnHerd, 05/01/22)