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13/1/25

Trump ha puesto sobre la mesa su voluntad de sustituir a las élites existentes, y Silicon Valley ha venido en su ayuda: aspira a desplazar, y lo está consiguiendo, al establishment de la era de la globalización, el representado por las clases profesionales gestoras (consultores, lobistas, abogados, financieros y expertos institucionales)... El mundo tecnológico aspira a desplazar al 'establishment' de la era de la globalización... Silicon Valley cree que la recolección de datos, su tratamiento y su sistematización permiten un conocimiento mucho más preciso que el de las técnicas utilizadas hasta ahora, y con mucho mayor potencial para la vigilancia y la anticipación... la inteligencia artificial puede reducir gastos reemplazando a la mano de obra cuyo trabajo puede ser sistematizado, sino también a los propios expertos en la consultoría de gestión... Es un cambio de mentalidad sustancial, que afecta también a la gestión de lo público. Cada vez más las grandes y pequeñas tecnológicas están entrando en áreas en las que la experiencia humana resultaba fundamental para sustituirlas con soluciones informáticas que, en teoría, aportan más eficiencia... La sustitución de las élites señala, por tanto, una evolución dentro del sistema económico, y cómo nuevos jugadores tratan de desplazar a los existentes... Esa es la causa de que impulsen sociedades más libertarias en lo económico que liberales, y eso define una parte importante del momento político (Esteban Hernández)

 "Peter Thiel es uno de los empresarios tecnológicos con más prestigio y una figura fundamental en el capital riesgo de Silicon Valley. Fundó PayPal, el dinero que gestiona ha apoyado a empresas como Facebook, Tesla, Uber o Airbnb y es el CEO de Palantir. Forma parte de esa aristocracia empresarial nacida con la tecnología, pero también es uno de los nombres de referencia dentro del republicanismo trumpista.

El periodista Max Chafkin firmó una biografía de Thiel, The Contrarian, en la que quedaba definido de esta manera: "Es brillante, tiene ideas visionarias y una asombrosa habilidad para saber exactamente cómo ganar. Posee la habilidad especial de ver la vida como un juego de ajedrez: utiliza a sus amigos, sus socios comerciales y las empresas de su cartera como medios para lograr un fin".

Las afirmaciones de Thiel distan mucho de ser un ataque gratuito a una consultora en concreto

Thiel, que insiste en la necesidad de que existan nuevas élites en EEUU (las contraélites están triunfando), describió a la consultora McKinsey como una "estafa total". Según Thiel, "McKinsey era algo real en 1985 en Estados Unidos. Si contratabas a un consultor, en realidad te ayudaba a mejorar tu empresa porque las empresas estaban mal administradas en ese momento. La administración Reagan-Thatcher fortaleció a McKinsey porque permitió que se adquirieran más empresas y que se produjeran más fusiones y adquisiciones. Generó una reorganización de la sociedad algo brutal pero muy poderosa. Pero ahora McKinsey es un fraude total. Todo es falso. A estas alturas, McKinsey nunca va a ser otra cosa que un engaño corrupto".

Las afirmaciones de Thiel distan mucho de ser un ataque gratuito a una consultora en concreto y, en general, a esa profesión. Hay dos aspectos relevantes en la posición del inversor que delimitan con precisión cuáles son los cambios que están produciéndose, la magnitud de los mismos y lo que significa el ascenso de los empresarios del capital riesgo en el nuevo gobierno republicano.

La sustitución de élites

El primero es político-social. La llegada al poder de Trump de la mano de Musk, y de gestores del capital riesgo como Thiel y Marc Andreessen, implica algo más que una suerte de alianza con el sector tecnológico. De hecho, Silicon Valley no fue particularmente afín a Trump durante su campaña, y menos todavía el personal y muchos directivos de las big tech. Ahora, con Trump en la Casa Blanca, esas compañías se están acercando a Trump, pero siempre contra la voluntad de personas como Musk o Thiel. Hay una brecha entre el venture capital y las big tech que está por cerrarse.

El mundo tecnológico aspira a desplazar al 'establishment' de la era de la globalización

En todo caso, es innegable que Trump ha puesto sobre la mesa su voluntad de sustituir a las élites existentes, y este entorno tecnológico ha venido en su ayuda: aspira a desplazar, y lo está consiguiendo, al establishment de la era de la globalización, el representado por las clases profesionales gestoras.

Ese cúmulo de consultores, lobistas, abogados, financieros y expertos institucionales que han influido sobre la política durante estos años se ha visto especialmente presionado con el triunfo de los republicanos. El orden basado en reglas, las interconexiones globales, la paz comercial y la mundialización feliz eran sus dogmas. Trump los está haciendo saltar por los aires. Es un nuevo mundo que necesita de nuevas reglas, y son sectores especialmente incapaces para comprenderlas. Eso es lo que afirman Musk y Trump.

Las grandes consultoras pertenecen a ese pasado, ya no es su tiempo. Fueron útiles en algún momento, pero no ahora. Se necesitan nuevos líderes y nuevas fuentes de influencia.

La tecnología y el conocimiento humano

Hay que entender de dónde viene Peter Thiel, cuál es su recorrido y cuál su manera de pensar para comprender el desafío que lanza. Fue el primero en Silicon Valley en apoyar a Donald Trump en 2016 y es el valedor del próximo vicepresidente, J.D. Vance. Fundó PayPal y fue uno de los primeros inversores de Facebook. Pero, sobre todo, junto con Alex Karp y Stephen Cohen, creó Palantir, una exitosa empresa especializada en software y soluciones de big data para la defensa y para las agencias de inteligencia.

Palantir es una firma con mucho prestigio en un sector en el que las máquinas y la tecnología cada vez tienen mayor importancia, al mismo tiempo que disminuye la relevancia que se le da a los humanos. Thiel, como tantos otros en el Valle, cree que la recolección de datos, su tratamiento y su sistematización permiten un conocimiento mucho más preciso que el de las técnicas utilizadas hasta ahora, y con mucho mayor potencial para la vigilancia y la anticipación.

"La IA se ha convertido en una forma de que la empresa eluda su responsabilidad: afirma que solo hace lo que dice el algoritmo"

Esa superioridad de la tecnología a la hora de ofrecer soluciones, con las grandes bases de datos y la mejora de la inteligencia artificial de fondo, es una de las creencias más asentadas de nuestra época. Esa es la tarea que Palantir ha llevado a cabo. Y si ha funcionado en un ámbito tan relevante como la seguridad, puede hacerlo con mayor eficacia aún en el terreno empresarial. Más allá de la clase de instrumentos que utilicen, los consultores no dejan de aportar conocimiento humano para la gestión, y es justo eso lo que está en discusión.

El cambio de modelo

Hay otros aspectos en los que la gran consultoría podría salir perjudicada. El escritor Ted Chiang explicó de manera nítida uno de ellos en un artículo para The New Yorker. El uso de la consultoría como justificación, que es una de las prácticas más frecuentes en la empresa, estaría deslizándose hacia la IA: "Si quieres que se haga algo, pero no quieres ensuciarte las manos, McKinsey lo hará por ti. Esa huida de la responsabilidad es uno de los servicios más valiosos que ofrecen las consultorías de gestión. Los jefes tienen ciertos objetivos, pero no quieren que se les culpe por hacer lo necesario para alcanzarlos; al contratar consultores, la dirección puede decir que solo estaban siguiendo el consejo de expertos independientes. Incluso en su forma rudimentaria actual, la IA se ha convertido en la manera en que una empresa elude la responsabilidad, al afirmar que solo hace lo que dice el algoritmo, aunque haya sido la empresa la que haya encargado ese tipo de algoritmo".

La IA es un modo de ahorrar costes más que una solución eficaz. Pero da beneficios. Y eso es lo que hacían los consultores

La tecnología, en este sentido, aportaría un plus de credibilidad. Basta con afirmar que son soluciones apoyadas en datos y que han sido diseñadas con la fría objetividad de las máquinas, para que resulten menos cuestionables que las conclusiones aportadas por los consultores.

Además, existe otra realidad, que apenas se suele mencionar, pero que conforma la aplicación práctica y concreta que la inteligencia artificial está teniendo en la vida empresarial contemporánea. Por más que se expresen grandes posibilidades futuras, lo cierto es que "la IA se reduce a analizar una tarea que realizan los seres humanos y a encontrar la manera de reemplazarlos". Es un modo de ahorro de costes mucho más que una solución eficiente. Pero dado que el propósito de las firmas es ampliar la cantidad de beneficios, se trata de un instrumento útil. Eso es justo lo que hacían los consultores. Lo que nos viene a decir Thiel es que no solo se pueden reducir gastos reemplazando a la mano de obra cuyo trabajo puede ser sistematizado, sino también a los propios expertos en la consultoría de gestión. Su sector tiene los instrumentos adecuados para esa tarea.

Es un cambio de mentalidad sustancial, que afecta también a la gestión de lo público. Cada vez más las grandes y pequeñas tecnológicas están entrando en áreas en las que la experiencia humana resultaba fundamental para sustituirlas con soluciones informáticas que, en teoría, aportan más eficiencia. Desde la sanidad hasta la educación, pasando por múltiples áreas de administración, existe una intención expresa de ampliar el negocio aportando nuevos sistemas de gestión basados en algoritmos. Es un sector en crecimiento y que se espera explotar en los próximos años.

La sustitución de las élites señala, por tanto, una evolución dentro del sistema económico, y cómo nuevos jugadores tratan de desplazar a los existentes, o al menos de llevarse una parte significativa de su negocio. De eso ha ido la tecnología hasta ahora, que se ha apoyado en modelos de negocio que trataban de evitar toda regulación (Airbnb, Uber, las redes sociales). Esa es la causa de que impulsen sociedades más libertarias en lo económico que liberales, y eso define una parte importante del momento político."

(Esteban Hernández , El Confidencial, 13/01/25)

9/1/24

MIT: Las 10 Tecnologías Emergentes 2024

TR 10: IA para todo

3/8/23

Varoufakis: lo que ha matado al capitalismo es... el capital mismo. No el capital como lo conocemos desde los albores de la era industrial, sino una nueva forma de capital, una mutación tóxica... el capital en la nube es un medio de producción para la modificación del comportamiento. Nos convierte a todos en un tipo de siervo... A diferencia del capitalismo, cuyo combustible era la ganancia, nuestro mundo tecnofeudal funciona con rentas, como el feudalismo solía... excepto que la renta de la nube es posible no a través de la propiedad de la tierra sino a través de la propiedad de esta forma tóxica y novedosa del capital (nube), los espacios digitales cerrados de nuestra era

 "(...) Tecnofeudalismo

Pasé la mayor parte de la semana encerrado en un estudio grabando el audiolibro de mi próximo Technofeudalism: What killed capitalism. Fue un trabajo duro y muy divertido leer en voz alta un libro que, aunque escrito desde una perspectiva analítica marxista, está obligado a molestar a los izquierdistas tanto como molesta a los verdaderos creyentes en la inevitabilidad del capitalismo. ¿Por qué temo que los izquierdistas se enojen? En el centro de mi tesis hay una ironía que puede sonar, al principio, confusa: lo que ha matado al capitalismo es... el capital mismo. No el capital como lo conocemos desde los albores de la era industrial, sino una nueva forma de capital, una mutación tan tóxica que como un virus estúpido y demasiado celoso ha matado a su huésped. Al oírme decir esto, un encantador amigo del PST me lo dijo airadamente: "Si el sistema bajo el que vivimos ya no es capitalista, ¿por qué no es socialista?" ¡Lo es bastante!

Capital en la nube

 Entonces, ¿qué demonios es el capital en la nube? Para empezar, no vive cerca de las nubes, sino que comprende nuestra maquinaria en red, miles de kilómetros de cables de fibra óptica en los fondos oceánicos, algoritmos impulsados por IA y hardware de comunicaciones que cruzan el planeta. Así, como las vías férreas y los robots industriales, es una forma de capital. 

Pero, en lugar de ser simplemente un medio de producción, el capital en la nube es un medio de producción para la modificación del comportamiento. Nos convierte a todos en un tipo de siervo, al incitarnos a trabajar gratis para acumular sus existencias (por ejemplo, cuando subimos cosas en TikTok). Acelera el trabajo proletario en las fábricas y almacenes. Y, de manera crucial, reemplaza los mercados con plataformas, como amazon.com, que parecen mercados pero que ciertamente no son mercados. Los cloudalistas, sus propietarios, ahora tienen el poder de extraer rentas gigantescas de los capitalistas convencionales (por ejemplo, el 35% de Amazon, Apple, Alibaba, etc. cobran a los vendedores). 

A diferencia del capitalismo, cuyo combustible era la ganancia, nuestro mundo tecnofeudal funciona con rentas, como el feudalismo solía - excepto que la renta de la nube es posible no a través de la propiedad de la tierra sino a través de la propiedad de esta forma tóxica y novedosa del capital (nube), los espacios digitales cerrados de nuestra era.

Pero, ¿no es Amazon un mercado capitalista? 

Si no es un mercado capitalista, ¿en el nombre del Señor estamos entrando en amazon.com?" , un estudiante de la Universidad de Texas me preguntó hace unos años. Un tipo de feudo digital, respondí instintivamente. Una postcapitalista, cuyas raíces históricas permanecen en la Europa feudal pero cuya integridad se mantiene hoy en día por un tipo futurista y distópico de capital basado en las nubes.

¿No son Meta y TikTok competidores capitalistas?

 TikTok agotó a los usuarios y los ingresos de Facebook. ¿No es esta exactamente la competencia de mercado que enfrentaron Ford, Edison y Westinghouse? No, no lo es. Las batallas y rivalidades que llevaron al surgimiento y la caída de los feudos, fueron parte integral del feudalismo. Pero no debemos confundir la rivalidad entre feudos con la competencia basada en el mercado, donde los precios más bajos y las cualidades más altas gobiernan. Bajo el tecnofeudalismo, la rivalidad entre los miembros de la clase tecnofeudal está determinada por el poder que trasciende los mercados."           

( , New Statesmant, 18/07/23; traducción Reverso)

17/5/19

Proyectos para convertir el Sáhara en un filón de energía sostenible

"Siempre que visito el Sáhara me sorprende lo soleado y caluroso que es, y lo despejado que puede llegar a estar el cielo. Aparte de unos pocos oasis, hay escasa vegetación, y la mayor parte del desierto más grande del mundo está cubierta de rocas, arena y dunas. El sol saharaui es bastante intenso para proveer a la Tierra de una energía solar considerable.

Las estadísticas son sorprendentes. Si el desierto fuera un país, podría ser el quinto más grande en el mundo; es más grande que Brasil y ligeramente más pequeño que China y los Estados Unidos.
Según estimaciones de la NASA, cada metro cuadrado recibe, de media, entre 2.000 y 3.000 kilovatios/hora de energía solar al año. 

Dado que el Sáhara tiene una superficie de alrededor de nueve millones de kilómetros cuadrados, esto significa que la energía total disponible —es decir, si cada centímetro del desierto absorbiera cada gota de energía solar— es de más de 22.000 millones de gigavatios hora (GwH) al año.

Se trata de una cifra que requiere contexto: significa que un hipotético parque solar que cubriera el desierto entero produciría 2.000 veces más energía que las centrales más grandes del mundo, que tan solo generan 100.000 GWh al año. 

De hecho, la producción sería equivalente a más de 36.000 millones de barriles de petróleo al día, es decir, alrededor de cinco barriles por persona al día. En este supuesto, el Sáhara podría producir potencialmente más de siete veces las necesidades de electricidad de Europa, con casi ninguna emisión de carbono.

Además, el Sáhara también tiene la ventaja de estar muy cerca de Europa. La distancia más corta entre el norte de África y Europa es de solo 14,4 kilómetros en el estrecho de Gibraltar. Pero, incluso si la distancia fuera mayor, a través de la parte más ancha del Mediterráneo, también sería posible transportar energía. Después de todo, el cable submarino más grande del mundo recorre cerca de 600 kilómetros entre Noruega y los Países Bajos.

Durante la última década, los científicos (incluidos mis compañeros y yo) hemos investigado cómo la energía solar del desierto podría satisfacer la creciente demanda local de energía, y finalmente, abastecer a Europa también, y cómo podría funcionar en la práctica. Y estas ideas académicas se han materializado en planes rigurosos.

El principal intento fue Desertec, un proyecto anunciado en 2009 que rápidamente adquirió una cantidad significativa de fondos de varios bancos y empresas de energía antes de colapsar cuando la mayoría de los inversores se retiraron cinco años más tarde, alegando altos costes. Estos proyectos se encuentran retenidos por una serie de factores políticos, comerciales y sociales, incluida la falta de un desarrollo en la región.

Entre las propuestas más recientes se encuentran el proyecto TuNur en Túnez, cuyo objetivo es suministrar energía a más de dos millones de hogares europeos, o la central solar Noor Complex en Marruecos, que también pretende exportar energía a Europa.

En estos momentos existen dos tecnologías concretas para la generación de electricidad solar en este contexto: la energía solar por concentración (CSP) y los paneles solares fotovoltaicos convencionales. Cada uno tiene sus ventajas y desventajas.

 

Solar concentrada


La energía solar concentrada utiliza lentes o espejos para enfocar la energía del sol en un solo punto, que se vuelve muy caliente. Este calor genera electricidad a través de turbinas de vapor convencionales. Algunos sistemas utilizan sal fundida para almacenar energía, lo que permite que también se produzca electricidad por la noche.

La CSP parece ser la más adecuada para el Sáhara debido al sol directo, la falta de nubes y las altas temperaturas, lo que la hace mucho más eficiente. Sin embargo, las lentes y los espejos podrían quedar cubiertos por las tormentas de arena, y la turbina y los sistemas de calefacción de vapor siguen siendo tecnologías complejas. Pero el inconveniente más importante de esta tecnología es que haría uso de unos recursos hidráulicos que en el desierto resultan escasos.

 

Solar fotovoltaica


Los paneles solares fotovoltaicos, en cambio, convierten la energía del sol en electricidad utilizando directamente semiconductores. Es el tipo más común de energía solar, ya que puede conectarse a la red eléctrica o distribuirse para su uso a pequeña escala en edificios individuales. Además, proporciona un rendimiento razonable cuando el cielo está nublado.

Pero una de sus desventajas es que cuando los paneles se calientan demasiado su eficiencia disminuye. Esto no es recomendable en una parte del mundo donde las temperaturas estivales pueden superar fácilmente los 45°C a la sombra. Hay que tener en cuenta que la demanda de energía para el aire acondicionado es mayor durante las horas más calurosas del día. Otro problema es que las tormentas de arena podrían cubrir los paneles, reduciendo aún más su eficiencia.

Ambas tecnologías necesitan determinada cantidad de agua para limpiar los espejos y los paneles, lo que hace que el agua sea un factor importante a tener en cuenta. La mayoría de los investigadores sugiere integrar las dos tecnologías y desarrollar un sistema híbrido.

Una pequeña parte del Sáhara podría producir tanta energía como la que produce actualmente todo el continente africano. A medida que la tecnología solar vaya mejorando, la producción será más barata y eficiente. El Sahara puede ser inhóspito para la mayoría de las plantas y animales, pero podría producir energía sostenible para mantener vivo todo el norte de África y más allá."

(Amin Al-Habaibeh es profesor de Sistemas Inteligentes de Ingeniería en la Universidad Trent de Nottingham. El País, 13/05/19)

15/3/18

El robot que cocina hamburguesas...




"Flippy, un robots diseñado por Miso Robotics para la manipulación de hamburguesas en cocinas de restaurantes, es “contratado” por una primera cadena de comida rápida, Caliburger, para dar la vuelta a sus hamburguesas en la parrilla. 

El robot, con visión térmica y tridimensional, es capaz de identificar cuándo las hamburguesas están hechas, de darles la vuelta mediante un brazo articulado, de sustituir la espátula utilizada para carne cruda por la de carne cocinada, e incluso de limpiar regularmente las espátulas y la parrilla, además de perfeccionar progresivamente sus lecturas e identificar mejor el punto de cocción a medida que trabaja.  (...)

En realidad, el robot que da vuelta a las hamburguesas puede hacer muchas cosas, pero lo tienen simplemente haciendo eso, dando vuelta a las hamburguesas. No es una sustitución del cocinero: este sigue ahí, llevando a cabo de manera perfectamente manual tareas como poner la loncha de queso sobre cada hamburguesa, depositarlas sobre el pan y añadir los condimentos. Lo que hace el robot es ayudarle en la tarea de voltear las hamburguesas, una tarea definida por la compañía como “hot, greasy and dirty”, mientras asegura que sus planes no son sustituir a las personas, sino contribuir a mejorar sus condiciones de trabajo.  (...)

No, lo que cuentan las noticias no es en absoluto una sustitución. Es perfectamente posible que, en este momento, hacer las cosas de esta manera termine siendo sensiblemente menos eficiente en costes que hacerlo de la manera tradicional, o que las compañías que lo estén poniendo en práctica lo hagan mucho más por un interés de ganar visibilidad o imagen que por la esperanza de terminar ahorrándose una serie de costes. 

En los procesos de transformación digital, poner el foco en los costes es característico de compañías que carecen de una visión madura en el tema. Lo correcto no es poner el foco en los costes, sino hacerlo en cuestiones como el bienestar de los trabajadores, la mejora del producto o del servicio a los clientes, la mayor flexibilidad que puede permitir mejorar la propuesta de valor, etc. 

Muchos, cuando vean este tipo de noticias, les quitarán importancia, les parecerán absurdas y sin sentido, o las criticarán por su escasa ambición. Sin embargo, esta es la manera en la que los cambios tienen lugar: progresivamente, etapa por etapa, conquistando pequeños terrenos en cada movimiento, con cada desarrollo, con motivaciones que no siempre llegan hasta el final y que a muchos pueden parecerles limitadas.

No, la visión de un directivo no debería ser “esto no está maduro, le falta mucho, y en su estado actual no nos interesa por un criterio de costes”, sino “esto ya apunta maneras, y marca un camino que hay que explorar”. 

 Mostrando este tipo de ejemplos a tus directivos puedes rápidamente descubrir cuáles son susceptibles de diseñar y liderar procesos de transformación digital, y quienes no poseen la mentalidad adecuada para ello, o precisan de más formación para poder hacerlo con la visión adecuada. 

Pon a un directivo que no crea en ello a liderar un proceso de transformación digital, y obtendrás un fracaso garantizado, porque la transformación digital no es tecnología, es liderazgo, son personas, es legitimidad y es gestión del cambio. (...)

El camino a la robotización o a la transformación digital no pasa de cero a cien en menos de tres segundos ni tiene como finalidad sustituir a todos los humanos, enviarlos al paro y mejorar los costes hasta el límite. "            (Enrique Dans, 07/03/18)

30/11/17

Dentro de una década, o de cinco años, pasará esto...

"(...) La Singularity University suele hacer predicciones a medio siglo vista. Es muy efectista y permite a sus embajadores dar conferencias tipo ‘wao’ por todo el mundo. 

Sin embargo, probablemente, la mayoría de lo que explican no será como advierten. Ahora bien, al estar compuesta por los investigadores brillantes, sus predicciones más inmediatas si tienen muchísimas posibilidades de ser ciertas.

Recientemente, uno de sus fundadores, Peter Diamandis, ha compilado en un listado, las 8 que considera que van a cumplirse de un modo exacto en apenas una década. Son las siguientes:

1. Un cerebro humano en nuestro bolsillo por menos de 1000 euros. En 2025 Diamandis asegura que una computadora portátil calculará 10.000 trillones de ciclos por segundo.

2. En ese mismo 2025, la Internet del Todo superará los 100 mil millones de dispositivos conectados, cada uno con una docena o más de sensores que recopilen datos. Le llaman la economía del trillón de sensores. La revolución de los datos que viene no es imaginable y el valor económico rondará los 20 trillones de dólares.

3. No es difícil pensar que nos dirigimos hacia un mundo donde el conocimiento alcance la perfección. Un billón de sensores tomando datos a todas horas y en todas partes (coches, drones, satélites, dispositivos de todo tipo, cámaras) podremos saber todo lo que queramos instantáneamente y procesado previamente. La respuesta perfecta a cualquier duda cada vez está más cerca.

4. Por esa fecha, cerca de 8.000 millones de personas estarán conectadas. Proyectos como Facebook (Internet.org), SpaceX, Google (Project Loon), Qualcomm y Virgin (OneWeb) calculan que a mediados de la próxima década podrán proporcionar conectividad global a todos los seres humanos en la Tierra a velocidades que superarán una mega por segundo. 
Vamos a pasar de tres mil millones a ocho mil millones los seres conectados. Eso va a cambiarlo todo. Económicamente y socialmente. 
Esa población conectada superior al doble de la que actualmente lo está no lo hará a partir de algún tipo de cachivache básico como fueran los módem a 9600 con los que empezó todo este lío digital. 
No, hablamos de personas conectadas y usando la nube, la inteligencia artificial, el crowdfunding, el bitcoin, las redes o plataformas de economía circular.

5. Las instituciones de salud existentes van a ser sustituidas y muy rápido a partir de la irrupción de nuevos modelos de negocio que sean más eficientes que los convencionales. La detección biométrica (wearables) y la AI nos velarán por nuestra propia salud. 
La secuenciación genómica a gran escala y el aprendizaje automático nos permitirán comprender la causa raíz del cáncer, las enfermedades cardíacas y las enfermedades neurodegenerativas, y qué hacer al respecto. 
Tal vez, a finales de la próxima década, no mucho más, los cirujanos robots operarán a un coste muy reducido.  

6. Cuando se invierten miles de millones se espera algo a cambio. Cuando, en un mismo sentido, lo hacen un buen número de empresas es más que probable que algo suceda. Facebook (Oculus), Google (Magic Leap), Microsoft (Hololens), Sony, Qualcomm, HTC y otros están creando una nueva generación de pantallas e interfaces de usuario que suponen la entrada de lleno a un mundo desconocido, y virtual.
 La pantalla tal y como la conocemos, en tu teléfono, en tu computadora o en tu televisor, desaparecerá progresivamente y será reemplazada por gafas. Pero según la Singularity, en menos de 10 años esa sustitución no será por unas gafas geek tipo Google Glass, sino el equivalente a lo que conocemos por unas gafas graduadas o de sol tradicional. 
El resultado será una disrupción masiva en una serie de industrias que van desde el retail, lo inmobiliario, la educación, los viajes, el entretenimiento y las formas más básicas y fundamentales con las que operamos como seres humanos.

7. La investigación en inteligencia artificial avanzará más que nada en esta década que viene. Si crees que Siri es útil ahora, la generación de Siri de la próxima década se parecerá mucho más a un asistente de cualquier película de ciencia ficción que conversa, aconseja y propone con sus ‘dueños’. 
Empresas como IBM Watson, DeepMind y Vicarious continúan trabajando, ya con cierto éxito, en ofrecer en pocos años una nueva ‘Siri’ pero con capacidades ampliadas para comprender y responder inteligentemente y a un coste residual. 
Es muy probable, al igual que ahora damos acceso a Google a que sepa que hacemos en la red, que le demos acceso a un software inteligente a todas nuestras conversaciones, correos, datos biométricos, agenda o lo que sea a cambio de una comodidad a la que poco a poco iremos acostumbrándonos y a la que no estaremos dispuestos a renunciar.

8. A menos que vivas en una cueva y no hayas salido de ella en los últimos cuatro años, habrás oído hablar del blockchain, del bitcoin o de ethereum. Las criptomonedas descentralizadas que se considera van a cambiar el mundo económico. 
El problema, o virtud, es que el tema vinculado a la divisa es lo de menos. La verdadera innovación es el blockchain en si mismo. 
Un protocolo que permite transferencias digitales de valor seguras y directas (sin intermediarios) y activos (no solo dinero sino también contratos, acciones o identidades). 
En menos de diez años, el concepto blockchain va a conmocionar el mundo como lo hizo Internet hace apenas un par de décadas.

Tal vez no pasé todo esto en 10 años, podría ser en 15, pero también en 5. No obstante, en estos 8 puntos no hay que preguntarse si pasará o no, la pregunta es ¿mañana o pasado? Curiosamente no habla de coches autónomos."                (Marc Vidal, 24/10/17)

7/7/16

La robotización de la economía y la sostenibilidad de las pensiones pueden ser compatibles... si convertimos a los robots en cotizantes

"(...) Al problema del envejecimiento de la población se le añade otro menos acuciante, pero que también supone una amenaza para la sostenibilidad de nuestra socioeconomía del futuro; este otro problema viene de la mano de la robotización masiva que se espera en las próximas décadas que tenga lugar en los puestos de trabajo.

 La robotización es un problema menos presente en nuestras mentes, pero igual de relevante que el envejecimiento, puesto que traerá la destrucción masiva de puestos de trabajo que suponían hasta ahora el reducto para los trabajadores humanos. (...)

Los grandes avances en tecnología, y más en concreto en robótica industrial y doméstica así como en Big Data e Inteligencia Artificial, harán que dentro de poco los robots copen nuestros puestos de trabajo. La cuestión es que ya no es que puedan sustituirnos, sino que tendrán la capacidad de hacer nuestro trabajo mucho mejor y de forma más eficiente que nosotros. 

La mente humana, pese a su fascinante complejidad y perfección, tiene sus limitaciones, mientras que las limitaciones de las mentes sintéticas se van difuminando conforme pasa el tiempo y la tecnología avanza. 

Dentro de unas décadas, los últimos reductos que quedarán para los humanos serán trabajos de perfil altamente creativo, el último campo en el que los robots nos batirán, y acabará cayendo también porque el progreso tecnológico ha demostrado ser un proceso exponencial, al menos por el momento. (...)

¿Qué haremos entonces los humanos en el largo plazo para ganarnos la vida? He aquí la cuestión. Lo mismo que los pensionistas en el medio plazo para poder seguir cobrando la pensión.

 La solución es precisamente el nexo de unión entre la robotización de nuestra sociedad y el problema de las pensiones, porque además la interrelación entre ambos problemas es impactante, ya que la robótica además va a sustituir a preciados cotizantes de un sistema socioeconómico cuyo principal problema a futuro, recordemos, es que va a haber pocos cotizantes jóvenes.  (...)

En la robotización de la industria y del sector servicios confluye otro factor que se vuelve transcendental para que pueda hacerles esta propuesta que les traigo hoy: el progresivo y extremo abaratamiento de la tecnología, y más concretamente de la robótica. Efectivamente, los robots son cada vez más capaces y más baratos.

Por ejemplo, ya hay hoteles en Tokio sin un solo humano, pues están atendidos íntegramente por robots, según pueden leer en esta futurista noticia. Tenemos unos robots que abaratan los costes, que van a hacer desaparecer cada vez más cotizantes, y un sistema que sin cotizantes se vendrá abajo. (...)

¿Por qué no puede ser un robot un cotizante? Que un robot elimine un puesto de trabajo humano no tiene por qué implicar que ese robot no cotice al sistema de pensiones y la Seguridad Social. La diferencia conceptual que discrimina entre un trabajador humano y uno sintético es algo arcaico que deberemos borrar en el futuro conforme nuestra sociedad progrese. 

 (...) soy consciente de que algunos me acusarán de querer fiscalizar innecesariamente el tejido productivo. Véanlo de otra manera, estas cotizaciones sociales robóticas serían un claro win-win puesto que, bien planteadas, al empresario le saldrá el ROI igualmente puesto que la robótica le va a abaratar ya de por si enormemente los costes de personal y de producción.

 A los que les parezca que este artículo peca de ser demasiado futurista, simplemente les recuerdo que la realidad siempre supera a la ficción, y muchas veces mucho más rápido de lo que se presupone; además un servidor entiende la economía y la socioeconomía como la ciencia para anticipar y paliar problemas futuros, y no como la ciencia que te explica a posteriori por qué pasó lo que pasó. (...)"                 (DerBlaueMond, El blog salmón, 10/06/16)

10/2/16

Salvo en el Sur más rural, la vida cotidiana de todos los norteamericanos cambió hasta hacerse irreconocible entre 1870 y 1940

"En los años 60s hubo una breve ola popular de “futurismo” de libros y artículos que trataban de prever los cambios del porvenir. Una de las obras más conocidas y, desde luego, la más detallada, fue The Year 2000 (1967), de  Herman Kahn y Anthony J. Wiener, que ofrecía, entre otras cosas, una lista sistemática de innovaciones tecnológicas que Kahn y Wiener consideraban “muy probables en el último tercio del siglo XX”.

Por desgracia, los dos autores estaban en su mayor parte equivocados. No erraron demasiado a la hora de prever transformaciones que se corresponden de modo reconocible con todos los elementos principales de la revolución de la tecnología de la información, entre ellos los “smartphones” e Internet. 

Pero la mayoría de las innovaciones predichas (“plataformas voladoras individuales”) no se habían materializado para el año 2000…y todavía están por llegar, década y media después.

La verdad es que si nos alejamos de los titulares acerca del último artilugio, se hace evidente que hemos hecho muchos menos progresos desde 1970 — y hemos experimentado una alteración mucho menor de los elementos fundamentales de la vida  — de los que casi cualquiera esperaba. ¿Por qué?

Robert J. Gordon, un distinguido macro­economista e historiador económico de la Northwestern University, lleva mucho tiempo argumentando en contra del tecno-optimismo que satura nuestra cultura, con su constante afirmación de que estamos en medio de cambios revolucionarios.

 Empezando por el auge del frenesí de las punto.com, ha apelado repetidas veces a mantener la perspectiva: las transformaciones de la tecnología de la información y la comunicación, ha insistido, no se condicen con pasados logros. 

Concretamente, ha sostenido que la revolución de la tecnología de la información es menos importante que cualquiera de las cinco Grandes Invenciones que impulsaron el crecimiento entre 1870 y 1970: la electricidad, las redes de saneamiento urbanas, los productos químicos y farmacéuticos, el motor de combustión interna y la comunicación moderna.

En The Rise and Fall of American Growth [“Ascenso y caída del crecimiento norteamericano”], Gordon hace doblete con ese tema, declarando que el tipo de rápido crecimiento económico que todavía damos por hecho y esperamos que continúe para siempre ha sido de hecho un acontecimiento de los que suceden sólo una vez. 

Primero llegaron las Grandes Invenciones, que datan casi todas de finales del siglo XIX. Luego llegó el refinamiento y la explotación de esas invenciones, proceso que llevó tiempo y que ejerció su efecto máximo sobre el crecimiento económico entre 1920 y 1970. Todo ha sido desde entonces un débil eco de esa gran ola y Gordon no espera que vayamos a ver nada semejante.

¿Está en lo cierto? Mi respuesta es un decidido tal vez. Pero acabe uno o no estando de acuerdo con la tesis de Gordon, esta tesis bien vale la pena su lectura: una combinación magistral de profunda historia tecnológica, vivos retratos de la vida cotidiana de las últimas seis generaciones y cuidados análisis económicos. 

Puede que los no economistas encuentren densos algunos de los gráficos y cuadros, pero Gordon nunca pierde de vista a la gente de verdad y a sus verdaderas vidas tras esos gráficos. Este libro pondrá en tela de juicio nuestras visiones acerca del futuro; transformará definitivamente la forma en que vemos el pasado.

Desde luego, casi la mitad del libro está dedicada a cambios que tuvieron lugar antes de la II Guerra Mundial. Otros hay que han cubierto este terreno, y muy notablemente Daniel Boorstin en The Americans: The Democratic Experience. Aun conociendo, sin embargo, esta literatura, me ha fascinado el relato que hace Gordon de los cambios forjados por las Grandes Invenciones. 

Tal como él dice, “Salvo en el Sur más rural, la vida cotidiana de todos los norteamericanos cambió hasta hacerse irreconocible entre 1870 y 1940.” La luz eléctrica substituyó a las velas y el aceite de ballena, los retretes de cisterna a las casetas con letrina, los coches y los trenes eléctricos reemplazaron a los caballos (en la década de 1880s, había partes del distrito financiero de Nueva York con más de metro y medio de estiércol).

Mientras tanto, las labores agotadoras tanto en el lugar de trabajo como en el hogar se vieron substituidas por empleos bastante menos onerosos. Se trata de un aspecto que a menudo pierden de vista los economistas, que tienden a pensar solamente en de cuanto poder adquisitivo dispone la gente, y no en lo que tienen que hacer para conseguirlo, y Gordon realiza un importante servicio al recordarnos que las condiciones en las que trabajan hombres y mujeres son tan importantes como las cantidades que les pagan.

Aparte de que se trate, sin embargo, de una historia interesante, ¿por qué tiene su importancia estudiar esta transformación? Principalmente, sugiere Gordon  — aunque estas palabras son mías, no suyas — para proporcionar un punto de referencia. 

Lo que ocurrió entre 1870 y 1940, sostiene, y yo estaría de acuerdo, es a lo que se asemeja una verdadera transformación. Cualquier declaració acerca del actual progreso se tiene que comparar con ese punto de referencia para ver hasta qué punto se condice.

Y es difícil no estar de acuerdo con él en que no ha sucedido nada desde entonces que sea ni remotamente. La vida urbana en Norteamérica en vísperas de la II Guerra Mundial ya era reconociblemente moderna; usted o yo podíamos caminar hasta un apartamento de los años 40, con su instalación de fontanería, hornillos de gas, luz eléctrica, nevera y teléfono, y lo encontraríamos básicamente funcional. Nos disgustaría la falta de television y de Internet, pero no nos sentiríamos horrorizados o indignados.

Por contraposición, los urbanitas norteamericanos de 1940 que entraran en alojamientos al modo de 1870 — cosa que podían hacer todavía en el Sur más rural— se sentían desde luego horrorizados e indignados. La vida progresó de manera fundamental entre 1870 y 1940 de un modo como no ha vuelto a suceder desde entonces.

Ahora bien, en 1940 muchos norteamericanos vivían ya en lo que era reconociblemente el mundo modern, pero muchos otros, no. Lo que sucedió en los siguientes treinta años fue que una mayor maduración de las Grandes Invenciones que llevó a ingresos rápidamente en ascenso y a la difusión de esa forma de vida moderna al conjunto del país.

 Pero luego todo se volvió más lento. Y sostiene Gordon que es probable que la ralentización sea permanente: la gran era del progreso ha quedado detrás de nosotros.  

Pero ¿es sólo que Gordon viene de la generación equivocada, incapaz de apreciar las maravillas de la ultimísima tecnología? Sospecho que cosas como las redes sociales suponen una diferencia positiva en la vida de la gente mayor de lo que él reconoce. Pero hace dos observaciones realmente magníficas que arrojan mucha agua fría sobre las afirmaciones de los tecno-optimistas.

En primer lugar, apunta que que las innovaciones auténticamente de envergadura traen normalmente grandes cambios en las prácticas comerciales, en la apariencia de los lugares de trabajo y en cómo funcionan. 

Y hubo algunos cambios de acuerdo con esas líneas entre mediados de los 90 y mediados de la primera década del 2000, pero no gran cosa desde entonces, lo que es evidencia de la afirmación de Gordon de que el principal impacto de la revolución tecnológica ya ha tenido lugar.

En segundo lugar, uno de los argumentos principales de los tecno-optimistas es que las estimaciones oficiales del crecimiento restan importancia al alcance real del progreso, porque no dan plenamente cuenta de las ventajas de bienes verdaderamente nuevos. Gordon reconoce este extremo, pero advierte que fue siempre así y que el sobreentendido que da por sabido el progreso fue  probablemente mayor durante la gran transformación de preguerra de lo que es hoy.

Así pues, ¿qué nos dice esto acerca del futuro? Gordon sugiere que el futuro va a verse caracterizado con suma probabilidad por niveles de vida estancados para la mayoría de los norteamericanos, porque los efectos de ralentizar el progreso tecnológico se verán reforzados por un conjunto de “vientos de cara”: creciente desigualdad, parón en los niveles educativos, población envejecida y más cosas.

Resulta una predicción estremecedora para una sociedad cuya imagen de sí misma, y se puede decir que su misma identidad, está ligada a la expectativa de progreso constante. Y hay que preguntarse acerca de las consecuencias sociales y políticas de otra generación de estancamiento y de declive en los ingresos de la clase trabajadora.

Por supuesto, Gordon podría estar equivocado: tal vez estemos en el umbral de un cambio transformador, digamos, de la inteligencia artificiall o de un progreso radical en la biología (lo que plantearía sus riesgos). Pero argumenta su postura de forma sólida. Quizás es que el futuro ya no es lo que solía ser."

 Robert Gordon - The Rise and Fall of American Growth - The U.S. Standard of Living Since the Civil War [ “Ascenso y caída del crecimiento norteamericano – El nivel de vida norteamericano desde la Guerra Civil” ], Princeton University Press, 2015.    (Paul Krugman , Sin Permiso, 31/01/2016)

4/2/15

Tratar a toda la población afectada por hepatitis C con los precios de Gilead supondría cerca de 9 billones de €, o lo que es lo mismo, del PIB conjunto de Alemania, Francia, España, Reino Unido e Italia

"Desde finales de la década de 1980, científicos de la Universidad de Emory en EEUU, estaban realizando investigaciones sobre medicamentos antivirales. 

La mayor parte de los estudios que publicaron demuestran que dichas investigaciones fueron financiadas por agencias públicas de EEUU y Francia (33 proyectos de investigación financiados con dinero público durante más de dos décadas). 

· Una vez seleccionados los resultados más interesantes, se contactó con inversores y se creó la empresa Pharmasset, en el paraíso fiscal de Barbados. En el 2007 Pharmasset, sin tener ningún medicamento a la venta en el mercado farmacéutico, sale a bolsa, se revaloriza espectacularmente y en 2011 es comprada por 11.000 millones de dólares (9.500 millones de €) por la multinacional Gilead (la misma que comercializó el Tamiflú, para la inventada pandemia de gripe A). 

· En India, tras ver su patente impugnada, Gilead firmó un acuerdo con 7 compañías para fabricar el medicamento y distribuirlo en 91 países pobres, pero evidentemente los acuerdos estaban cargados de restricciones que impedían exportarlo al resto del mundo, especialmente a los países “de ingresos medios y altos” dónde se acumulan el mayor número de afectados por la Hepatitis C y donde Gilead imponía precios astronómicos, para continuar “llevándose la mayor parte del pastel”. 

· Actualmente hay unos 150 millones de personas infectadas por VHC, con los precios marcados por Gilead, tratar a toda la población afectada por hepatitis C supondría cerca de 9 billones de €, o lo que es lo mismo del PIB conjunto de Alemania, Francia, España, Reino Unido e Italia. 

· El equipo del Dr. Andrew Hill, (investigador de la universidad de Liverpool) realizó diversos estudios que permitieron establecer el coste de producción del Sofosbuvir para un tratamiento de 12 semanas, en entre 68 y 136 $, es decir, entre 57 y 115 €. 

· En 2013 la FDA (agencia del medicamento estadounidense) aprueba el uso del Sofosbuvir o Sovaldi para el tratamiento de la hepatitis C y empieza su comercialización mundial. 

· Los costes de desarrollo del fármaco (según Pharmasset) fueron 62,4 millones de $, pero solo en 9 meses de 2014, Gilead ingresó 9.000 millones de € por ventas en EEUU y Europa. Es decir está amortizada ya la inversión. 

· Pharmasset recomendaba antes de ser adquirida por Gilead, un precio de 30.000 € en EEUU. Gilead ha triplicado dichos precios en la salida al mercado de Sovaldi, siendo muy variable según el nivel económico del país: entre los 69.000 € por tratamiento en EEUU, a 43.500 € en Francia, 25.000 € en España, a los 750 € en India y Egipto. 

· En la mayoría de los países los gobiernos no informan del precio de adquisición, ni públicamente, ni entre gobiernos. 

· La propia compañía Gilead reconoce en su web que financia a diversas asociaciones de pacientes. Además, como otras farmacéuticas, subvenciona y financia investigaciones, seminarios, y “sociedades científicas” médicas. 

· En EEUU, Gilead cuenta y ha contado con ex miembros del gobierno de los EEUU en su consejo de dirección. 

· Tanto los acuerdos de la Organización Mundial de Comercio sobre patentes de medicamentos, como los Acuerdos sobre los Aspectos de Propiedad Intelectual (ADPIC) permiten la autorización de uso por terceros, licencias obligatorias, o con fines públicos no comerciales, uso por el gobierno, sin autorización del titular de la patente. 

· La organización Initiative for Medicines, Access & Knowledge (I-MAK) y la fabricante de genéricos india Natco, impugnaron en noviembre de 2013, ante el gobierno de la India, la validez de la patente, cuestionando el carácter innovador de la patente frente a patentes anteriores, alegando que sofosbuvir es similar en peso molecular, complejidad y estructura a antiretrovirales ya utilizados en el tratamiento del VIH. Médicos Sin Fronteras ha apoyado la impugnación, defendiendo que un tratamiento de 12 semanas no debe costar más de 500 $ si no se quiere excluir del tratamiento al 90% de la población afectada a nivel mundial. 

· En enero de 2015, la Oficina de patentes de India ha rechazado la solicitud de Gilead Sciences Inc. para su fármaco contra la hepatitis C Sovaldi/ Sofosbuvir, por entender que no supone una innovación sobre fármacos anteriores, facilitando el camino para que las farmacéuticas locales puedan producir versiones genéricas más baratas de la medicina. Con esta decisión, el sofosbuvir podría ser fabricado por cualquier laboratorio de India libre de cargas de propiedad intelectual a un precio de entre 100 y 200 euros para un tratamiento de 12 semanas. 

· Gilead mantiene procesos por impugnación de patentes con Idenix (MERCK) por violación de patentes respecto a Sovaldi en varios países de Europa, Canadá, EEUU, China y Australia. (...)"                (CASMadrid , en Rebelión, 04/02/2015)

16/10/14

Ha aparecido un paradigma económico nuevo, el procomún colaborativo... Si la economía española no funciona, se puede cambiar mañana por la mañana

"(...)En él, Rifkin señala que ha aparecido un nuevo paradigma económico nuevo, el procomún colaborativo, “que es el primer sistema que ha arraigado desde la llegada del capitalismo y del comunismo”. 

Este nuevo modelo y el capitalismo tradicional pueden coexistir y actuar conjuntamente, pero terminarán compitiendo entre sí en una lucha que “será prolongada y muy reñida, y que definirá el siglo XXI. Esta economía del compartir está creciendo al lado del capitalismo, que seguirá existiendo de aquí a 35 años, pero que ya no será el único árbitro de la economía”.

Hasta ahora sólo hemos visto una parte del procomún colaborativo, la que visualizamos a través de Google, Facebook o Twitter, pero eso es sólo el principio. “Ahora compartimos música, ya estamos comenzando a hacerlo con el coche y la vivienda a través de páginas como Airbnb; dentro de poco el conocimiento mismo podrá concretarse fácilmente a través de las impresoras 3D. 

“Hoy vemos cómo muchos jóvenes comparten canciones, vídeos o informaciones a través de páginas especializadas, blogs y redes sociales, y esa tendencia irá a más, porque estamos dejando de ser productores o consumidores para convertirnos en prosumidores, personas que producen y consumen al mismo tiempo, y porque cada vez lo hacemos con menor coste”.

 Esa sociedad de coste marginal cero (coste marginal: el incremento del coste total que supone la producción adicional de una unidad de un determinado bien) “ha devastado industrias del siglo XX como periódicos, discográficas o editoriales porque de pronto cientos de millones de personas pueden producir sus conocimientos sin pasar por ellos”. 

La industria, afirma Rifkin, pensaba que su carta más poderosa era ese cortafuegos en qué consistía el paso del mundo virtual al físico, “pero con la internet de las cosas vamos a ver cómo, en veinte años, cientos de millones de personas producirán su propia energía a través de las renovables y cómo con esa energía podrán imprimir sus productos en sus impresoras 3D”. Ese paso al mundo físico ya se ha dado y es inevitable.

“Está ocurriendo en Alemania, donde millones de particulares con pequeños negocios, y con cooperativas, que ponen sus recursos en común y que consiguen préstamos de los bancos con bajos intereses, han comprado sus paneles solares y sus molinos de viento, y una vez que los hayan pagado del todo llegas a coste marginal cero, porque ni el sol ni el viento te mandan la factura a final de mes. 

 Acaba de presentarse en Chicago el primer coche impreso, realizado a través de 3D, salvo el chasis, y esta será la constante. Las impresoras 3D serán tan baratas que cada niño tendrá una para poderse hacer sus propios juguetes”.

Este es el mundo que nos dibuja Rifkin: gente compartiendo sus conocimientos, que tiene instrumentos a mano para llevar sus ideas a cabo y en la que pequeños productores cooperarán de continuo. Son “personas que se oponen a los acotamientos en todas sus formas, y que quieren establecer una cultura transparente no jerárquica y colaborativa” y Rifkin los llama “los nuevos comuneros”. 

Eso es lo que en teoría nos espera. Es cierto que, hasta ahora, el procomún colaborativo no es más que un medio para que los contenidos que producen muchos los aproveche exclusivamente un monopolio (Google, Facebook, Twitter...) o un oligopolio (los contenidos culturales gratis han servido para que las operadoras que facilitan el acceso a la red ganen mucho dinero) y que el nuevo terreno de juego ha supuesto la traslación de los monopolios de un lado a otro (en la música y en la cultura en general, el problema ya no está en la producción, que es barata, sino en la producción y en la visibilidad. 

 Salen muchas cosas pero todas son invisibles), pero eso no desanima a Rifkin, que cree que este modelo es factible. También para nuestro país, que le da cierta pena.

“El mayor problema para España es que tenéis una economía que no va a ningún sitio. Millones de jóvenes están desempleados, y hay gente que vive con sus padres a los 35 años, pero eso se puede cambiar por la mañana si se quiere, porque hay dinero. Los cambios de paradigma ocurren cuando hay nuevas tecnología de la comunicación, nuevas fuentes de energía y nuevas formas de transporte.

 El siglo XX tuvo el teléfono, el petróleo y los coches. Hoy está internet, la energía renovable y el GPS. La tarea hoy es construir las infraestructuras para esa nueva economía y, si España tomase esa tarea como suya, podría crear empleo para veinte años en toda clase de trabajos, desde los poco formados hasta los muy cualificados. Para eso tendría que moverse desde la economía fósil del siglo XX a la energía renovable del XXI”.

El mayor beneficiado de este tipo de cambio no será un país concreto, asegura Rifkin, sino la humanidad misma. “Estamos llegando a la sexta extinción a causa del cambio climático. Vamos tan rápido que de aquí a final de siglo van a desaparecer el 70% de las formas de vida de nuestro planeta si seguimos así.

 Por eso, la sociedad de coste marginal cero es lo mejor que nos puede pasar para resolver los problemas del cambio climático: reduciremos el uso de los naturales, compartiremos coches y ropa y podríamos eliminar hasta el 80% de los vehículos de las zonas de mayor densidad de población, porque gracias al acceso no nos hará falta ser propietarios”.

Por eso le parece muy triste la situación de España, que habiendo llegado a estar a la par con Alemania, el modelo por excelencia en la energía renovable, prefirió pararlos. “Ahora queréis volver al siglo XX. (...)"                  (Entrevista con Jeremy Rifkin, , El Confidencial,. 16/09/2014)

19/4/12

Estamos en una crisis de cambio tecnológico... que abrirá el espacio para la masificación de tecnologías ya existentes pero aun no masificadas si los Estados toman las políticas correctas

"El mundo atraviesa, desde hace cinco años, por la peor crisis desde 1930. Esta es una clásica crisis de sobreproducción que algunos singularizan como una crisis de largo aliento en el ciclo de Kondratieff [1] .

Esto la convertiría en una crisis de cambio tecnológico donde, de acuerdo a la teoría de Schumpeter, debe haber destrucción creadora para salir de ella.

O mejor, como propone Carlota Pérez (2012) [2] es una crisis que abrirá el espacio para la masificación de tecnologías ya existentes pero aun no masificadas si los Estados toman las políticas correctas y le regresan al sector productivo su sentido de generadores de valor en la economía capitalista.

Las etapas de la crisis están claramente delineadas en:

1. La crisis de las subprime (agosto del 2007-setiembre del 2008), cuando la banca llena de liquidez por la existencia de tasas de interés negativas necesitaba prestar y el mercado de bienes raíces por esa misma razón estaba en una burbuja.

Esto dio lugar a operaciones de mala calidad que fueron trasladadas a bancos de inversión como instrumentos de buena calidad con la ayuda de las cuatro empresas calificadores de riesgo. Esto se identifica como un periodo de corrupción (por ejemplo: los casos Stanford y Madoff) y culmina con la crisis de Lehman Brothers.

Desaparece la banca de inversión y se consolida la banca estatizada que adquiere todas las instituciones financieras significativas en la forma de Bank Holding Companies 2. El credit crunch (setiembre 2008 a junio 2009) cuando los bancos se dieron cuenta que los préstamos interbancarios no eran seguros por lo anterior y dejaron de prestarse entre sí.

3. La recesión (octubre 2008 a diciembre 2009) que derivó del cierre del crédito dentro de Estados Unidos, Europa y Asia, y el comercio exterior en dólares contagió la crisis a las economías dinámicas.

4. La crisis fiscal (2010) derivada del incremento de los déficit fiscales tras los rescates bancarios suscitados por todo lo anterior ha llevado los niveles de deuda de Estados Unidos y Europa al umbral de 100% del PIB. [3] Como referencia, América Latina entró en 1982 en la crisis con 50% del PIB.

5. La segunda crisis bancaria (2011), derivada de los problemas de contracción económica y los problemas derivados de los ajustes fiscales para resolver.

6. La segunda recesión (2012). [4] Al quinto año crítico se puede avizorar un horizonte de largo aliento para la resolución de las crisis generadas y la salida de la economía, con un patrón de acumulación modificado y un patrón energético radicalmente cambiado.

 Hay al menos tres tipos de crisis sociales.

 La primera relacionada a las economías maduras y sus dificultades. En Estados Unidos y Europa no habrá empleo nuevo creciente sino que más bien éste se ha estancado dejando a las nuevas generaciones de profesionales y jóvenes no profesionales sin poder ingresar al mercado de trabajo. Esto afecta, según algunos, a la mitad de la población joven en algunos países.

Al otro extremo, con la crisis en Estados Unidos, el 39% de los hogares había sido desempleado o estaba en paro , tenían un valor patrimonial negativo en su casa o habían estado en mora en los pagos de su casa, entre noviembre del 2008 y abril del 2010, según Hurd & Rohwedder [5] . Con los jubilados este problema se acentúa (OCDE, 2010) [6] .

 La consecuencia de todo lo anterior es una década entrante sin crecimiento económico y con malestar social en las economías que fueron las locomotoras de la economía mundial desde 1500 hasta el año 2007. Lo que se avizora es, por tanto, un cambio en la estructura de poder global y migración inversa análoga a fines del siglo XIX.

La segunda crisis social gira en torno a los conflictos medioambientales. En Asia, África y América Latina se pueden ver los mismos movimientos de resistencia a empresas mineras y petroleras que depredan el ambiente y pagan con contaminación. Todos saben lo mismo en simultáneo, porque en la era de la información, Internet juega un papel clave.

El tercer tipo de conflicto social es de los migrantes tratando de llegar al mundo desarrollado. Con la contracción económica, la xenofobia ha crecido y las represalias contra trabajadores extranjeros no documentados han llevado a extremos de militarización y violencia no vistos, salvo en los años 30.

Solo en la frontera de Estados Unidos y México, hay 5,747 [7] muertos en menos de una década. Esto es, 82 veces más muertos al año que en la historia del muro de Berlín (200) en veintiocho años (1961-1989). El Mediterráneo pone 3 veces más muertos que la frontera norteamericana. [8"   (Rebelión, 04/04/2012, 'La complejidad de la crisis del capitalismo global', Oscar Ugarteche, ALAI AMLATINA)

25/2/11

La evolución tecnológica... es económica

"La tecnología es un medio para resolver problemas. Es este objetivo común el que explica su encuentro con la economía. Podríamos decir que la economía realiza la función de portero para la tecnología. Es decir, la economía selecciona en la fase de ingreso aquellas tecnologías que pueden funcionar bien para gestionar algunos "nodos".

Pero también la economía puede ser considerada como un conjunto de "instrumentos" necesarios para la sociedad. Por lo tanto, no coincide solamente con técnicas de producción sino también con las que se utilizan para la circulación del dinero, o también con la promulgación y la aplicación de las leyes, que pueden, todas ellas, ser consideradas como tecnologías, aunque especiales.

Por lo que respecta a su pregunta, la tecnología y la economía son ciertamente mundos distintos, pero podemos decir que las tecnologías dan vida a la economía, así como que esta última facilita el desarrollo tecnológico.

Usted introduce el concepto de economía generativa. ¿Podría explicar este concepto?

Hace cincuenta años la economía producía muchos productos, pero basándose en procesos de trabajo precisos y rígidos. Es decir, el desarrollo de la tecnología seguía caminos marcados y difícilmente se salía de ellos.

Cuando esto sucedía nos encontrábamos frente al proceso que he descrito anteriormente al hacer el paralelo con las tesis de Stephen Jay Gould.

Actualmente, en cambio, nos encontramos frente a procesos vertiginosos de combinaciones entre tecnologías digitales, genética, telecomunicaciones. Mientras que en el pasado la combinación tenía lugar inicialmente en los laboratorios de investigación, actualmente se realiza directamente en la esfera de la producción.

Es por ello que hablo de economía "generativa", es decir de una actividad productiva que no se limita únicamente a generar bienes, sino también a combinar tecnologías directamente para crear nuevos bienes." (Sin Permiso, 13/02/2011, citando a 'Evolución y tecnología. Entrevista', de Brian Arthur)