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27/11/23

Paul Preston: “El papel de Juan Carlos I como bombero de la democracia fue una contribución admirable”

 "La primera vez que el hispanista Paul Preston (Liverpool, Inglaterra, 77 años) publicó la biografía del rey Juan Carlos fue en 2003. Juan Carlos, el rey de un pueblo tuvo una segunda edición en 2012, al mismo tiempo que ocurrió el incidente del Monarca en Botsuana. La última actualización de este libro es de abril de este año. En ella, Preston se centra en los últimos años del rey, profundiza en su niñez y adolescencia para intentar explicar los motivos de sus posteriores actividades financieras y románticas y refuerza otros aspectos de su vida, como su actuación frente al golpismo y su apuesta por la democracia. EL PAÍS publica esta edición de la biografía del rey Juan Carlos en 10 tomos que podrán adquirirse con el periódico cada domingo en el quiosco por 5,95 euros cada uno. La primera entrega se puede adquirir mañana con el diario, así como en la web de colecciones de EL PAÍS..

Pregunta. ¿Podría sintetizar la importancia de la biografía del rey Juan Carlos?

Respuesta. Yo dividiría su vida en tres partes. La primera es su horrible niñez. Sufrió mucho desde su nacimiento y en sus primeros años en el exilio, sin amigos, y vendido en la esclavitud por su padre. De ahí podemos explicar, en parte, su declive. En medio, desde finales de los sesenta hasta mediados de los ochenta, tuvo un periodo glorioso porque fue uno de los mejores reyes de España de toda la historia. Hizo una contribución épica neutralizando el golpe. Su papel como el bombero de la democracia fue de una contribución admirable. La tercera parte es la de la decadencia. Aquí se ve su necesidad de aceptación y amor y su avidez de dinero, reflejo de lo que, en principio, no tuvo en su niñez y adolescencia. Claro que la idea de falta de dinero de los Borbón podría ser relativa.

P. Una de las partes más relevantes de su biografía es por qué su padre le entregó al régimen de Franco.

R. Digamos que su familia tenía una serie de responsabilidades y la sensación de querer ser otra cosa. Don Juan de Borbón se vio obligado a aceptar el papel de heredero del trono. Hay dos elementos explicativos en la vida de Juan de Borbón. Por un lado, los placeres. Por otro, su obsesión por el destino de la familia de ocupar el trono, esa idea de casi inmortalidad y eternidad. Se juntan las dos cosas. Creo que, interpretando, a la idea de venderle a Franco le debió encontrar sentido como un deber o necesidad. Como si fuera el destino necesitado para que volvieran al trono.

P. También analiza el misterio de cómo el Rey, habiéndose criado en una dictadura, apostó por la democracia.

R. Quizá el misterio es hasta qué punto el Rey fue un demócrata, después de haber hecho todo lo que hizo y neutralizar a las fuerzas franquistas. Pero eso es casi irrelevante. Él apostó por la democracia por la supervivencia. Su padre le entregó a Franco y este le educó en el franquismo y, a pesar de eso, luchó por restablecer la democracia. A la muerte de Franco, la prensa clandestina hablaba de Juan Carlos como “el breve” porque creían que su reinado no duraría. Al llegar al trono, tuvo muchos consejeros. Todos le recomendaron que si quería conservar el trono, apostar por la democracia era la única manera de lograrlo.

P. En su nueva edición ha reforzado por qué el rey Juan Carlos no estuvo involucrado en el tejerazo. ¿Es una de las mayores especulaciones que aún hoy se dicen del monarca?

R. Sí. En los años siguientes, en la extrema derecha había versiones que se basaban en el cabreo de que el Monarca había apostado por la democracia y, por ello, la mejor manera de joderle era fabricar la idea de que él estaba involucrado. El Rey luchó a favor de la democracia en contra del golpismo, aunque hay elementos ambiguos. En casi cualquier situación, él quiere quedar bien con su interlocutor. Es un hombre increíblemente atractivo, amable y agradable. Da gusto estar en su compañía. La contrapartida es que nunca quiere quedar mal con nadie. Creo que nunca se declaró muy en contra de lo que estaba haciendo el general [Alfonso] Armada, y podría haber dado la impresión de que podía estar a favor del golpe. Pero no había ninguna ventaja para Juan Carlos en ello. Y esa idea sofisticada de hacer un golpe de diseño para parar el propio golpe era absurda. Él ya era muy popular y además esto suponía la humillación para España. Me cuesta muchísimo aceptar que él pudiera tener interés.

P. Usted cuenta que, desde los años ochenta, el Rey se lucraba de las relaciones comerciales de España. Pero la prensa de la época no lo recogió en su momento. ¿Nunca hubo pruebas o no interesaba?

R. Creo que no interesaba. Pasa lo mismo en el Reino Unido, que ha costado mucho que la prensa se haya atrevido a publicar las cosas que se sabían. Pasó algo mucho más fuerte en España cuando, fallecido Franco, había miedo de volver a la dictadura. La Monarquía representaba la idea de una paz cívica. Había como un acuerdo tácito de no criticarla. Cuando publiqué mi libro, no había mucho material crítico sobre el rey Juan Carlos.

 P. En el añadido de su nueva edición interpreta cómo ha pasado de ser un rey popular a, prácticamente, el exilio. ¿Cuáles han sido sus errores principales?

R. Se puede decir que alguien ha cometido un gran error cuando se enamora perdidamente. Digamos que tiene dos líneas de error. Por un lado, que quisiera separarse de Sofía y casarse con Corinna era irrealista. Además, Corinna tenía el apoyo de gente como [el comisario jubilado José Manuel] Villarejo. Quizá por estar tan enamorado él perdió el norte de lo que era real y posible. En paralelo está su avidez de dinero. Mientras sigue siendo Rey, tiene nulidad. Después llega el incidente de Botsuana. Cuando abdica, pierde la nulidad y sus delitos fiscales quedan en evidencia.

P. Y sin embargo, el Emérito hoy no tiene causas pendientes en España ni en ningún otro lugar.

R. No soy abogado ni experto en eso, pero evidentemente tuvo nulidad hasta su abdicación. Luego cubrió sus deberes con la hacienda española. En cuanto al caso del dinero de Arabia Saudí, parece que nadie se atreve a investigar lo sucedido allí. En el caso de los procesos de Corina en Gran Bretaña, la Justicia británica ha dicho que no tiene jurisdicción. Y además, supongo que siempre que se quede en Abu Dabi es difícil. Los suizos llegaron a la conclusión de que no podían ir más lejos. Nadie se atreve a investigar los orígenes.

P. Usted ha dicho que, a pesar de todo, los españoles y la historia le recordarán bien. ¿Aún lo cree?

R. Por supuesto. Lo bueno que hizo se puede manchar, pero no borrar. Fue un logro fantástico, por eso se decía que era el mejor rey español de la historia."             (Noelia Núñez, El País, 28/10/23)

21/11/23

Felipe González... el PSOE... la Transición

"Gregorio Morán (Oviedo, 1947) es uno de los últimos cronistas políticos chapados a la antigua. De esos que vivieron los tiempos en los que las oficinas de los periódicos olían al humo rancio de los puros y en los que los periodistas redactaban sus noticias acompañados por el ruido ametrallador del teletipo de la habitación de al lado.

Como antiguo partícipe de la oposición contra el franquismo, conoce de primera mano la historia de la Transición (1975-1982) y de los primeros años de la democracia. Ello le ha llevado a escribir algunos libros muy relevantes sobre el tema, incluyendo una biografía de Adolfo Suárez que el propio exmandatario valoró antes de su muerte como la mejor que se había realizado nunca.

A poco tiempo de terminar el año 2023, Morán vuelve a la carga con un texto inédito sobre otro de los líderes políticos más importantes del siglo XX en España: Felipe González. En esta entrevista podrán comprobar que el filo de su lengua es equiparable al de su legendaria pluma...

Su nueva obra narra la biografía política de una de las figuras institucionales más polémicas de la historia de España: la del expresidente del Gobierno Felipe González, que se mantuvo en el cargo durante 14 años consecutivos. ¿Cómo lo definiría?
Limitándome al periodo en el que estuvo al frente del Ejecutivo, lo compararía con un jugador de billar. Y después de 1996, el año en el que abandonó la presidencia, lo describiría mediante una metáfora que él mismo utilizó: la del jarrón chino.

Creo que es bastante acertada, ya que el antiguo secretario general del PSOE se convirtió en un gran armatoste al que nadie sabía dónde colocar. Y ahora ya ha adquirido el papel de una maceta, porque está opinando sobre la vida política a pesar de que, supuestamente, se había retirado de ella. Antes ni siquiera se le habría ocurrido hacer algo parecido por temor a ser indiscreto...

Por lo tanto, hay una pregunta importante que todos los españoles deberíamos hacernos: ¿Qué es lo que ha incitado a González a cambiar su papel de jarrón chino por el de maceta con raíces?

Creo que está bastante claro, pues el tema ha suscitado mucho debate estos meses: los últimos movimientos políticos de Pedro Sánchez. ¿En qué términos describiría la trayectoria gubernamental de su antecesor sevillano?
El de Felipe es un caso singular, ya que fue el primer dirigente del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en llegar al Gobierno respaldado por una mayoría absoluta de su propia formación en el Congreso. Recuerde que, desde su fundación en 1879 y hasta ese momento, la organización había formado parte de varios Consejos de Ministros, pero siempre en coalición con otras fuerzas políticas.

Además, el cierre de la Transición que él mismo protagonizó supuso una estabilización de la vida democrática. A partir de esta fecha, hubo varias etapas que yo intento señalar en la biografía.

Como jugador de billar, y no es una expresión frívola, sino auténtica, González tuvo que enfrentarse a las bolas que rodaban sobre el tapete. En algunas ocasiones lo hizo con una gran brillantez, y en otras con evidente torpeza. A veces, tuvo que jugar a la modalidad americana, teniendo que hacer desaparecer algunas bolas que ya no le eran útiles...

Sin ser demasiado específico, los 14 años en los que transcurrió su presidencia podrían dividirse en dos periodos: el de la década de 1980, en el que Alfonso Guerra fue su compañero de mesa, y el de los años 1990, cuando se vio forzado a jugar solo y con las bolas que tenía a mano.

De alguna manera, la presencia y la ausencia de su vicepresidente marcaron tanto la composición de los distintos Ejecutivos como la manera de actuar de González.
Llopis representaba la traición. Si hubiera seguido siendo el secretario general, el PSOE nunca habría llegado al poder

Los dos eran miembros de la facción «interior» del partido que, en el Congreso de Suresnes (1974), propició el derribo de Rodolfo Llopis y de los últimos dirigentes “históricos” de la formación. ¿Qué motivos tenían para ello?
Llopis era un viejo funcionario que había sido miembro de la masonería y director general de Primera Enseñanza durante la II República (1931-1939). Su estilo era el propio de una época que ya había caído en el olvido. Él representaba la traición, y los dirigentes más jóvenes tenían otras ideas. Si hubiera seguido siendo el secretario general, el PSOE nunca habría llegado al poder. Su destino habría sido similar al del comunista Santiago Carrillo.

González empezó a construir su «nuevo» partido en 1974, y terminó de consolidarlo el 15 de junio de 1977 con la celebración de las primeras elecciones democráticas del país desde el fin de la Guerra Civil (1936-1939). La ratificación absoluta de su éxito la obtendría el 28 de octubre de 1982, cuando ganó unos nuevos comicios con la mayoría absoluta que antes mencionábamos.

Esa organización ya era la de Felipe González. Pienso que los analistas, que suelen ser mucho más jóvenes que yo, no saben valorar que no es la misma que la de Pedro Sánchez. No obstante, tanto la una como la otra son poco descriptibles sin el peso del poder. Las dos tenían y tienen escasa viabilidad fuera de él. De ahí los esfuerzos que, cada uno en su momento, han hecho por mantenerlo.

Tras la «depuración», los «vascosevillanos» se dedicaron a transformar al PSOE en un partido socialdemócrata. En su libro, usted menciona al empresario Friedrich Karl Flick, al sindicalista Dieter Konecki y a la Fundación Friedrich Ebert como agentes clave en este proceso. ¿Hasta dónde llegó la influencia del socialismo alemán dentro del nuevo movimiento político español?
El segundo personaje que usted ha nombrado fue decisivo a la hora de modernizar la máquina política «felipista». Cuando González lanzó aquella intransigente frase de «o el marxismo o yo», el hombre que trabajaba en la sombra era Konecki.

Durante los primeros años de la Transición, Enrique Tierno Galván, que luego se convertiría en alcalde de la ciudad de Madrid, tenía aspiraciones de sustituir a González en el secretariado general. Pero el alemán le advirtió de que las deudas acumuladas por su Partido Socialista Popular (PSP), integrado dentro del PSOE, eran tan importantes que era mejor que se lo pensara con calma.

Tierno Galván entendió la advertencia a la perfección, así que se retiró del camino del que, tiempo después, llegaría a ser presidente del Gobierno. Había otros candidatos de menor cuantía, como Luis Gómez Llorente, aunque no tenían nada que hacer frente al andaluz.
Estoy seguro de que Redondo habrá jugado al mus, pero no creo que se haya acercado nunca a un billar

¿Nicolás Redondo pudo haber dado un paso adelante?
No. Él no decidió rebelarse hasta la huelga general de diciembre de 1988, cuando el PSOE y la Unión General de Trabajadores (UGT) rompieron sus tradicionales relaciones. No tenía nada que hacer frente a la brillantez, la edad, la arrogancia y el talento político de González. Ni como orador, ni como «maniobrero». Estoy seguro de que Redondo habrá jugado al mus, pero no creo que se haya acercado nunca a un billar.

Como decía usted hace un momento, el tándem formado por Felipe González y Alfonso Guerra pasó a liderar al PSOE a mediados de los años 1970. El primero fue su «rostro» público durante dos décadas. ¿Qué papel tuvo el segundo dentro de él?
Consolidó el partido. Javier Solanita Solana fue el anzuelo que los socialistas utilizaron en aquellos años para atraerse a todos los elementos políticos situados a la izquierda del Partido Comunista de España (PCE). Sin embargo, Guerra se encontraba detrás suya. Fue el verdadero responsable de tejer los entramados de relaciones con otros grupos y de organizar el nuevo PSOE a escala nacional.

Tanto él como González recibieron la noticia de que habían ganado las elecciones generales de 1982 en una suite del Hotel Palace de Madrid. Hay una famosa foto que les hicieron asomados al balcón en el momento de la victoria. En ella, Guerra sostenía en el aire la mano del nuevo «Moisés».

Aquella pareja parecía indestructible. Aunque gobernar es muy difícil, y el desgaste de hacerlo le fue pasando factura a Felipe hasta que Alfonso se convirtió en otra bola con la que hubo de jugar.

Esto ocurrió en 1990. Ocho años antes, el dúo formó la cúpula de un nuevo Ejecutivo. Aun con su nuevo cargo, Guerra siguió siendo el «hombre» del Gobierno en el partido. ¿Por qué?
Porque, para bien y para mal de González, su mano derecha todavía era la que lo controlaba. La conocida huelga general de 1988 expuso algunas de las diferencias que acabaron por romper su relación, pero la fractura final solo se produjo en el año que usted menciona, cuando el presidente se vio obligado a prescindir de ella hasta en el propio PSOE.

La caída de Alfonso tuvo una consecuencia muy importante: el ascenso de Carlos Solchaga a la jefatura de la mayoría socialista en el Congreso de los Diputados. Este dirigente navarro pasó a ser el orientador, divulgador e incitador de las decisiones tomadas por el partido y su secretario general, y acabó convertido en todo un líder político.

Usted mismo afirma que Narcís Serra pasó a ser el «hombre de confianza» del presidente tras la marcha de Guerra. ¿Quién llegó a ser más importante dentro del Gobierno, Solchaga o el exministro de Defensa?
Serra nunca dejó de ser un político de oficina. Solchaga era un individuo con convicciones propias. Estas no eran precisamente socialistas, aunque eso era lo de menos. Para que entienda lo que quiero decir, le voy a explicar una anécdota personal.

Yo le conocí en Bilbao, más o menos alrededor del año 1978. Y observé que poseía una dualidad insólita que, quizá, nunca se ha señalado hasta ahora. Era el asesor de la UGT en Vizcaya y, al mismo tiempo, era el hombre del empresario Pedro Toledo en el Banco de Vizcaya. Esto puede parecer paradójico, pero, entonces, a nadie le alarmaba.
 
Por lo que dice, parece que Guerra era un hombre más izquierdista que González.
¿Cómo se sitúa uno a la izquierda o a la derecha? En mi opinión, depende de si está o no en el poder. Hasta que llega a él, todo el mundo es mucho más radical. Fíjese en el caso de François Mitterrand, que es de manual...

Guerra se encargaba de las relaciones con los sindicatos y las bases del PSOE. Por ejemplo, comprobaba que los mítines de mineros que se celebraban todos los años en Rodiezmo de la Tercia, en las montañas leonesas y asturianas, no se les fueran de las manos a los dirigentes del Sindicato de los Obreros Mineros de Asturias (SOMA-FITAG-UGT) que los organizaban.

Por cierto, en aquella región residía un personaje de suma importancia en la historia de los últimos años del «felipismo», José Ángel Fernández Villa, que estuvo implicado en todas las tramas de corrupción habidas y por haber en la década de 1990.

La gente siempre piensa en el exdirector general de la Guardia Civil, Luis Roldán, cuando se le habla de los procesos judiciales por malversación de la época. Pero este señor era el típico trepa que sale de la nada y se convierte en multimillonario. En los años 1990, cuando empezaron a saltar los escándalos ya fraguados en los 1980, había muchos individuos como él. Cada comunidad autónoma tenía uno, como mínimo. Su caso formaba parte de un entramado general.
Carrillo o Pasionaria pertenecían a un pasado que la gente ni siquiera quería recordar

Ha aludido al PCE. Los comunistas españoles lideraron la lucha de la oposición democrática contra la dictadura franquista. Sin embargo, a pesar de la limitada actuación del PSOE en este mismo marco, el Partido Socialista fue la segunda fuerza más votada en las elecciones generales de 1977 y 1979. ¿Cómo fue posible la materialización de este «sorpasso» por la derecha?
Por un problema generacional. La cúpula del Partido Comunista no estaba dispuesta a asumir que personas como Carrillo o Pasionaria pertenecían a un pasado que la gente ni siquiera quería recordar.

A sus homólogos socialistas no les podía frenar ese obstáculo... Estaban mucho más cerca del imaginario del votante y del ciudadano. Aunque, en realidad, esto representaba una contradicción, ya que las bases del PCE siempre estuvieron mucho más implicadas con la sociedad que los escasos militantes del PSOE.

Toda esta cuestión tiene que ver con el peso del exilio. Santiago Carrillo creía que la mochila que llevaba encima desde que cruzó a Francia en 1939 sería fundamental para su supervivencia política cuando se implantara un régimen democrático en España. Las cosas no fueron como él las había previsto, y los socialistas le ganaron la partida porque estaban libre de esas cargas.

En octubre de 1982, la victoria de la formación de González sobre el resto de las organizaciones políticas fue total. ¿Por qué?
La Unión de Centro Democrático (UCD) de Adolfo Suárez se resquebrajaba por sus luchas intestinas. La derecha clásica española no tenía opciones, estaba hipotecada por completo. Y el Partido Socialista representaba la idea del cambio.

Ese último concepto no cuadraba con la escasa experiencia política de los nuevos gobernantes del país, quienes tampoco habían ideado grandes planes de transformación para él. ¿Cómo solucionaron esta falta de concreción?
Si tú tienes el poder en tus manos, puedes arreglar lo que sea. Lamento tener que recurrir otra vez al presente más inmediato, pero, ¿puede usted evaluar las promesas del Sánchez de 2014 comparándolas con las que hace en la actualidad? No, ¿verdad? Porque el único hilo conductor que hay entre ellas es el poder.

En política, este es el único elemento que consigue explicar lo inexplicable. Los medios de comunicación, e incluso los periodistas y tertulianos independientes, estarán dispuestos no solo a aceptar lo que tú propongas, sino a encontrar justificaciones que tú ni siquiera habías pensado para desarrollar tu plan.

Lo que más sorprendió al PSOE de Felipe González, y no digamos al de Sánchez, es que, cuando llegaron al poder, se encontraron con que podían hacer todo lo que quisieran porque siempre encontrarían a una mayoría de medios, ideólogos y juristas que explicarían cómo lo imposible se había vuelto posible.

En el libro, analiza usted el nombramiento de Miguel Boyer como ministro de Economía en el primer Ejecutivo de González. ¿Su designación marcó un desvío del programa socialdemócrata del PSOE hacia el ultraliberalismo?
Boyer se incorporó a la organización en el último momento. Él había sido uno de los pocos militantes de la Agrupación Socialista Universitaria (ASU) en los primeros años del franquismo tecnocrático. Sus posturas derechistas le hicieron abandonar la militancia socialista y afiliarse al Partido Socialdemócrata de Francisco Fernández Ordóñez, de donde le recuperó González tiempo después. De todo ello se deduce que el exministro siempre se encuadró en el espectro ideológico de la socialdemocracia.

Junto a Carlos Solchaga, representó una de las dos patas en las que se apoyó la política económica del «felipismo». Tuvo que dejar su cargo cuando intentó echarle un pulso al presidente con el objetivo de sustituir a Guerra. El que años después sería jefe de la mayoría del PSOE en el Congreso acabó reemplazándole a él por su atrevimiento.

González y Guerra no tenían ni pajolera idea sobre economía, al igual que gran parte de mi generación. Éramos tan ingenuos que pensábamos que la lucha ideológica era más importante que la económica... Boyer y Solchaga nunca tuvieron ese problema.

La política neoliberal se importó a España después de que ocurrieran dos acontecimientos internacionales de suma importancia: la ascensión de Reagan a la presidencia de EE UU en 1981 y la ruptura del Gobierno de unidad izquierdista de Francia en 1984. El presidente Mitterrand cambió la orientación progresista de sus políticas porque las clases medias que le habían apoyado hasta entonces se estaban disolviendo.

El giro del Partido Socialista Francés fue imitado en toda Europa. Le siguieron sus homólogos italiano, portugués, griego y español. Se puede reflexionar sobre si había alguna otra opción en aquel momento... Pero me parece que esta es una pregunta muy conservadora, porque sí la había. Si no, todos los habitantes del continente hubieran votado a los partidarios de la aplicación de programas neoliberales.
Es verdad que el PSOE se dio un castañazo en las europeas de 1994. Sin embargo, allí se puede votar en conciencia. En las generales, solo se puede hacer por interés

La conversación nos lleva de nuevo al papel del poder como engranaje esencial de la vida política...
Claro. Lo único que uno necesita es ganar las elecciones. Y, perdone, pero, en los comicios de 1986, González se vio consolidado. De hecho, cuando perdió ante Aznar diez años después, lo hizo por un margen mínimo. Es verdad que el PSOE se dio un castañazo en las europeas de 1994. Sin embargo, allí se puede votar en conciencia. En las generales, solo se puede hacer por interés.

La cartera de Interior fue ocupada por José Barrionuevo, quien, junto con su subsecretario, Rafael Vera, y el general de la Guardia Civil Enrique Rodríguez Galindo, fue uno de los grandes planificadores de la «guerra sucia» contra ETA. Usted describe al ministro como a un hombre que no reunía las condiciones para el puesto que le habían dado...
Había sido el responsable político de la Policía Municipal de Madrid. Ese era su único haber en aquel siniestro mundo. No deberían haberlo colocado en esa posición.

Los escándalos sobre la colaboración de su ministerio con los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL) surgieron en 1988 y se extendieron a lo largo de los años 1990. ¿Hasta qué punto estuvieron implicadas las instituciones en sus crímenes?
No tuvieron necesidad de participar en ellos de manera directa. Los que los ejecutaron siempre fueron otros. No obstante, tuvieron una actitud más que benevolente hacia los miembros del GAL. Los jurisconsultos dicen que el silencio no significa ni sí ni no... Yo no comparto esa opinión. Para mí, el asentimiento es una forma velada de afirmación.

Usted asegura que la exposición de los GAL ante la opinión pública fue uno de los motivos por los que el PSOE perdió las elecciones de 1996. Hubo otros: las escuchas ilegales del CESID; la huelga general de 1988; el cambio de postura respecto a la entrada en la OTAN... ¿Cuál fue la gota que colmó el vaso?
Todo ello se fue sumando, pero el propio Felipe fue quien expresó la razón fundamental de su fracaso. «A nosotros nos derrotó la corrupción», dijo en su última intervención como secretario general del Partido Socialista.
No se regalaba nada. Todo se cobraba de diferentes maneras. Los miembros de la cúpula socialista y los propietarios de los media se hicieron ricos

Según lo que expone en la biografía, para encubrir todas sus contradicciones y fallos, González y su equipo se aseguraron de establecer un férreo control de los principales medios de comunicación de nuestro país. ¿Cómo lo hicieron?
A través del intercambio de favores. Usted solo tiene que buscar la historia de Jesús Polanco y del grupo Prisa para entenderlo. Es bastante obvio. No se regalaba nada. Todo se cobraba de diferentes maneras. Los miembros de la cúpula socialista y los propietarios de los media se hicieron ricos.

Entonces, ¿la cuestión se reducía a una mera transacción empresarial?
Claro. Con perdón, pero, en política, hay que apelar siempre a la famosa frase de El Padrino: «No es nada personal, solo negocios»."

(Entrevista a Gregorio Morán, Jayro Sánchez, El Salto, 18/11/23)

18/4/23

"Estados Unidos nos envió el mensaje de que si no entrábamos en la OTAN se harían con Canarias"

 "La Administración Carter había llegado a lanzar de forma indirecta, pero muy clara, el mensaje de que si España no entraba en la OTAN, Estados Unidos podría hacerse con Canarias. En cuanto recibió la respuesta afirmativa de UCD, Antonio Cubillo fue retirado de la circulación y desapareció su movimiento independentista, MPAIAC. Al mismo tiempo, los norteamericanos se oponían radicalmente a la legalización del PCE y pedían al Gobierno el máximo apoyo para el PSOE, en vez de socorrer al PSP de Enrique Tierno Galván. 

Testigo excepcional de aquella época, José Manuel Otero Novas (Vigo 1940), ministro de la Presidencia y de Educación con Adolfo Suárez, desvela con todo lujo de detalles aspectos muy delicados de la Transición española en su flamante libro Lo que viví. Memorias políticas y reflexiones, de Editorial Prensa Ibérica que presenta el martes, 28 en Madrid. Otero Novas, que ha desarrollado su vida política muy cerca de Fraga, Suárez y Aznar, reconoce ahora con la mirada puesta en el retrovisor que "nadie hizo nada por evitar la corrupción". No oculta una autocrítica amarga a la actuación de los diputados el 23-F de 1981, cuando casi todos se tiraron al suelo "como escolares" al entrar el teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero, amenazándoles con la pistola.

 También ironiza sobre la dura resistencia de Felipe González a dar su aceptación a la monarquía. Después de varios ensayos sobre la democracia y el poder, José Manuel Otero, trabajador incansable y pensador de ambición sin límites, se decide a describir lo vivido como hombre público que ha sido, entre otros cargos, ministro dos veces con UCD y diputado con el PP. Desencantado de los derroteros recientes de la política española, decidió arrojar la toalla y volcar su bagaje como abogado del Estado en su despacho especializado en temas empresariales.

-Dígame, por favor, señor Otero, ¿qué pegas le puso Suárez en 1976 al proyecto que usted elaboró para el referéndum de la reforma política que abría la puerta a una participación indirecta del PCE tras la muerte de Franco?

-Suárez era ministro del Movimiento y yo le propuse a Manuel Fraga, que era el vicepresidente y ministro de Gobernación, que el PCE participase de forma indirecta en el referéndum. Suárez me dejó claro que ese era un límite que no se podía sobrepasar.

-¿Volvió usted a la carga con su propuesta?

-En julio de 1976 presenté mi plan de legalización gradual del PCE y Suárez me respondió: '¡No me vuelvas a proponer esto!'.

-¿Qué les prometió Suárez a los generales?

-En septiembre de 1976, Suárez se reunió con los generales del Ejército, a los que prometió que no iba a legalizar el PCE.

-¿Les engañó entonces?

-No creo. En octubre yo me reuní con el rey Juan Carlos y le expuse mi plan de legalización del PCE. Luego se lo comenté a Suárez y éste me preguntó por la opinión del Rey, el cual deduzco que tampoco estaba muy a favor de mi propuesta. Lo que pasó es que tras los fabulosos resultados del referéndum le dejé muy claro a Suárez que ya podía hacer las cosas que decía que no podía hacer. El me respondió: 'Cuenta con ello, José Manuel'. Era diciembre y en enero ya me encargó de convencer a Estados Unidos y a Alemania de que legalizar el PCE no era un disparate.

-¿Cómo eran los mensajes que recibía usted de Estados Unidos acerca de los pasos a dar para democratizar España?

-Los presidentes suelen hacer la política internacional al margen de sus ministros de Exteriores y Suárez me tenía a mí para tratar con Frank Mc Neil, un diplomático estadounidense que vivía en Madrid. Un día que el PSOE convocó una rueda de prensa para ponernos verdes se lo comenté a Frank para ver qué debíamos hacer con el fin de evitar que Felipe González fuese a esa rueda de prensa. No me dijo nada, pero González no acudió a la cita. Washington había llamado a Bonn, entonces capital de la República Federal de Alemania, para frenar al líder socialista.

-¿Tanto dependemos de Estados Unidos?

-Otro día vino Fernando Morán, del PSP, a pedirnos ayuda económica a cambio de apoyo en las políticas de Estado. Tanto Suárez como yo estábamos dispuestos a ayudar, pero Frank me dijo que no debíamos hacerlo.

-¿Es esa la razón por la que dejaron caer al PSP de Tierno Galván?

-Washington no nos pidió que matásemos al PSP, solo nos recomendó que no les diésemos dinero. Así fue y el PSP desapareció.

-Señor Otero, ¿cómo consiguieron acabar con el movimiento independentista canario MPAIAC?

-Siempre he mantenido una relación especial con las islas, donde un día me dijo un señor, Matías Vega, que Canarias sería a finales del siglo XX algo parecido a Cuba o Puerto Rico, refiriéndose a los procesos de independencia. Esta afirmación hizo temblar a Fraga. Años después, cuando era ministro de la Presidencia me llegó una información del servicio de inteligencia que decía haber captado una comunicación de la CIA que revelaba que Estados Unidos movía los hilos del MPAIAC para presionar y lograr que España entrase en la OTAN.

-¡Qué inquietante!

-Lo que yo creo es que esa comunicación la dejaron pasar los estadounidenses para dejarnos claro que, si no entrábamos en la OTAN, ellos se encargarían de hacerse con Canarias por su importancia geoestratégica.

-Así que Carter les urgió a entrar en la OTAN?

-Lo que dejamos claro a Estados Unidos es que España entraría en la OTAN pero que aquel no era el momento.

-¿Por qué se atentó contra Cubillo, el líder de aquel movimiento?

-Cubillo fue un pelele de los intereses de España y Estados Unidos. Se le acuchilló en las calles de Argel, Argelia cerró Radio Canarias Libre y se acabó Cubillo y el MPAIAC.

-¿Fue Rodolfo Martín Villa el que ordenó ese ataque, tal y como denunciaba Cubillo?

-Yo creo que fue una orden de Washington. Cubillo ya no interesaba porque España iba a entrar en la OTAN.

-¿Qué pensó cuando Zapatero decidió la salida unilateral de España de Irak a la vista del trato que había tenido usted, en nombre del Gobierno español, con representantes del Gobierno norteamericano?

-Yo fui el que aconsejó a Aznar un acercamiento a Estados Unidos y me alegré cuando se sumó al apoyo de los estadounidenses tras el 11-S. Aunque siempre estuve en contra de la guerra de Irak, porque se ha demostrado que Washington logró lo contrario de lo que pretendía. Irak está ahora muchísimo peor que cuando estaba Sadam Husein que era un tirano de los nuestros. Pero la decisión de Zapatero me pareció mala. No se puede abandonar por las buenas una alianza.

-Dice usted que UCD dio un gran apoyo a UGT y no siempre de forma ortodoxa. ¿Cómo fue eso?

-Se hicieron ciertas maniobras financieras, pero no hay que olvidar que Estados Unidos favoreció el fortalecimiento de la Internacional Socialista dando dinero a Willy Brandt. Nosotros apoyamos esa corriente para hacer un socialismo fuerte y menoscabar, como pedía el Gobierno de izquierda alemán y el de Estados Unidos, al PCE.

-¿Cómo fue aquella rotunda negativa de González a aceptar la monarquía cuando Fraga le pidió que le dejara gobernar cinco años para que el PSOE le sustituyera otros cinco? ¿No era aquella propuesta una especie de Pacto del Pardo entre Cánovas y Sagasta?

-Fue una especie de Pacto del Pardo, si es que esa carallada ha existido. Creo que Felipe González no entendió lo que le proponía Fraga. Durante la cena, Fraga le habló de la monarquía y ahí sí que González le dejó claro que no la iba a apoyar porque, dijo, 'los socialistas no somos aristócratas'.

-¿Cómo reaccionó Fraga?

-Le dijo: 'Te cambio todos tus ingresos por los míos', con lo que le dejaba caer que sabía que además de los ingresos del PSOE, Felipe González podría estar recibiendo ayudas de Willy Brandt.

-¿El no someter a referéndum a la monarquía antes que a la Constitución, le salió caro a la democracia?

-Sí, porque tuvimos que hacer todo tipo de concesiones a la izquierda y a la sección de la derecha, como la Falange, que era antimonárquica. Adolfo Suárez tragó con casi todas las peticiones, porque en ese momento daba la vida por el Rey.

-¿Compensó el Rey esa lealtad de Suárez?

-A Suárez, como a Antonio Maura, le falló el muelle real.

-¿Qué le respondió a Borrell, entonces secretario de Estado de Hacienda, cuando le advirtió en un debate parlamentario: "Díganle ustedes a sus amigos los ricos que tendrán que pagar impuestos"?

-Borrel era un chico inteligente, un buen matemático, pero que desconocía lo que es la Hacienda. Le dije: 'Mis amigos ricos no pagan plusvalías, hacen las plusvalías en el extranjero. Quien paga esas plusvalías son las pobres clases medias'.

-¡Vaya, como ahora!

-Las plusvalías ya no son como eran antes, del 51%, pero sí que siguen ahí esas pobres clases medias.

-¿Por qué Torcuato Fernández Miranda previno al rey Juan Carlos contra Fraga y apostó por Suárez para sustituir a Arias Navarro?

-Torcuato era inteligente y ambicioso. Veía que el mejor posicionado para emprender el camino de la democracia era Fraga y se propuso ir de presidente de las Cortes para poder proponer al presidente del Gobierno. Quería un presidente provisional hasta la celebración de las primeras elecciones, y pensó en Suárez con la idea de que después podría ser él el presidente.

-¿Le perdonó alguna vez Fraga?

-¿Quién sabe? Torcuato pensó que podría manejar mejor a Suárez que a Fraga, que además presumía de ser el nuevo Cánovas. Entonces, Torcuato le recuerda al Rey quién fue Cánovas: un ser que no dejaba al Rey tocar pelota, que quería moralizar la Corte y no dejó a doña Isabel II vivir en España y que además echó a todas las amantes del Rey del país. A don Juan Carlos le quedó claro que necesitaba a un presidente de su generación y sin ideas fijas.

-Pero a Fernández Miranda le salió mal la jugada, ¿verdad?

-Sí, porque no valoró que Suárez se le iba a volver en contra una vez obtuvo el poder.

-¿Por qué cayó usted en desgracia con Adolfo Suárez después de haber sido ministro de la Presidencia y de Educación y haber tenido una influencia decisiva con las numerosas propuestas que le hizo mientras trabajaron juntos?

-Ya en 1978 quise marcharme de Presidencia. Fernando Abril se empeñó en ser el ministro exclusivo del presidente e influyeron factores psicológicos.

-¿Qué factores?

-Al hacerme ministro, Suárez pensó que yo iba a aspirar al protagonismo. Él mismo quizás se endiosó. Luego surgieron discrepancias ideológicas. Le pedí a Suárez que, una vez aprobada la Constitución, dejase de jugar al consenso y aplicase el programa de UCD que nos había dado la victoria. Algo hizo pero pronto volvió a las andadas y al gobierno de camarillas. La discrepancia definitiva se produjo cuando se aprobó el modelo de organización territorial propuesto por García Enterría y que yo avisé que iba a suponer la ruptura de España.

-¿Cuál ha sido su mayor frustración como ministro de Educación, uno de los grandes problemas de nuestro país?

-Quise, como ya había querido Franco, que existiesen más plazas escolares públicas que chicos. Así se logró que todos los niños supiesen leer y escribir. Pero la verdad que ha sido en detrimento de la calidad. Estampillamos profesores y se degradó la educación.

-¿Usted que trató mucho tanto a Adolfo Suárez como al general Alfonso Armada, ¿por qué cree que dimitió el presidente del Gobierno en las vísperas del golpe de Estado del 23-F?

-Ayudó mucho la postura del capitán general de Canarias, Jesús González del Yerro, que convenció a otros capitanes generales para dar a Calvo Sotelo la oportunidad de ser presidente del Gobierno.

-¿No fue ese golpe una chapuza?

-Tejero no hizo una chapuza sino una genialidad militar al reclutar sobre la marcha a la Guardia Civil y entrar libremente por el Congreso. No podemos ver a Tejero como un chapucero porque nos humilló. Mostramos nuestra falta de grandeza al tirarnos al suelo como escolares.

-Dice usted que Suárez tenía una fuerte querencia izquierdista, ¿es posible?

-Tenía rechazo a ser considerado de derechas. Su padre era de la izquierda democrática, de la Falange, porque no olvidemos que todos los fascismos proceden de la izquierda.

-Cuando UCD desaparece de la escena, usted acaba en el PP ¿en cuál de los dos partidos se sintió más frustrado?

-Me he ido de los dos y me han costado mucho dinero.

-¿Cómo reaccionó Aznar siendo presidente de Gobierno cuando usted le propuso devolver la profesionalidad a la función pública que había sido, en su opinión, desbaratada por el PSOE?

-Lo que le propuse es un plan anticorrupción inspirado en el Derecho Administrativo que regula la discrecionalidad del poder. Ni Aznar ni nadie ha hecho nada por evitar la corrupción.

-¿Por qué se fueron cediendo impuestos estatales a las autonomías a pesar de que su enlace norteamericano le recomendaba mantener una Hacienda central muy fuerte?

-A las comunidades autónomas les resulta más cómodo que el Estado, cediendo parte de sus impuestos, les dé dinero sin necesidad de aplicar medidas impopulares. Lo que habría que decirles es que lo hagan todo ellas. Fue otra de las cosas en las que se tuvo que ceder.

-¿Tan mal ha actuado el Gobierno central con los procesos autonómicos de Cataluña y el País Vasco?

-Desastrosamente. Nunca se ha querido jugar nadie nada para frenar ese camino que nos lleva al desastre. El Gobierno central siempre ha cedido.

-Personalmente, ¿de qué se arrepiente de lo que ha hecho en su vida política?

-Me arrepiento de haber creído que con la democracia tendríamos menos corrupción, de pensar que se aprobaba una Constitución para ser cumplida y de haber conseguido la igualdad en la educación pero no la libertad para elegir dónde estudias.

-¿Por qué se ha desprestigiado tanto la clase política en España?

-Ahora hay más políticos que antes y además son profesionales de la política, carecen de otro tipo de formación. Ya decía Azaña que la política envilece y que cuando realmente se enriquecía su espíritu era en los periodos en los que dejaba el Gobierno.

-¿Qué solución le ve a la derecha española que tantos tumbos ha dado en el pasado reciente desde Suárez a Rajoy?

-No solo la derecha, también la izquierda arrastra una crisis de la que no sé si saldrán. Es una situación similar a la de 1910-1920. Cuando se producen crisis del sistema democrático, surgen partidos de ciertos intelectuales que es lo que ahora llamamos populismos. No olvidemos que en el siglo XX, esos populismos establecieron las dictaduras.

-Entre Fraga, Suárez y Aznar ¿con cuál de ellos se queda?

-Aznar nunca ha sido mi jefe. Le tengo afecto. Con Fraga, que en el fondo era un tímido, juré que nunca más trabajaría con un superior que se le pareciese, pero fue una de las personas de las que más aprendí. Suárez era todo lo contrario que Fraga.

-¿Es usted más Fraga o más Suárez?

-He sido un jefe bastante duro, pero no tan autoritario como Manuel Fraga."               (Natalia Vaquero, La Opinión, 26/04/15)

6/3/23

Cuando la Iglesia luchó codo a codo junto a militantes comunistas: el caso de los 'curas rojos' de Menorca

 "Hacia mediados de los años 70 Menorca fue epicentro de un debate político que atravesó España y removió los cimientos de la vieja y franquista Santa Madre Iglesia. En la pequeña isla mediterránea, el llamado cristianismo de base tuvo una fuerte expresión organizativa, que resulta clave para entender la genealogía política de la isla desde la transición hasta la actualidad.

Hasta aquí, empujados por la tramontana, llegaron los ecos de un movimiento que logró sentar en la misma mesa a sacerdotes católicos y militantes comunistas para luchar por la democracia y contra las desigualdades sociales.

De las reuniones clandestinas en las parroquias, arropados por los curas rojos durante la dictadura, a la construcción de un amplio espacio que supo disputar la hegemonía política insular, en elDiario.es reconstruimos una parte de la historia de los católicos marxistas menorquines.

A Dios rogando…

El contexto global que permitió el encuentro entre la Biblia y El Capital sólo puede comprenderse con la irrupción de dos elementos históricos fundamentales. De un lado está el surgimiento de la Teología de la Liberación en Latinoamérica y la concepción liberadora del evangelio. Un proceso ideológico y político que inspiró el nacimiento de espacios como el Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile –que integraría la experiencia de gobierno del allendismo–, las experiencias revolucionarias de Nicaragua y el Salvador, el inicio de la guerrilla Montoneros en Argentina vinculado a los grupos de Acción Católica o el nacimiento del Ejército de Liberación Nacional en Colombia, comandado por un jesuita llamado Camilo Torres Restrepo.

El otro elemento es la convocatoria del Concilio Vaticano II, impulsada por un papa breve pero comprometido y progresista como Juan XXIII. La convocatoria a esta gran asamblea de la cristiandad no fue el fruto de la voluntad divina, sino del más racional cálculo político: los trabajadores del mundo rechazaban a la iglesia por su vinculación histórica con el poder y las clases dominantes. Al rol –cuestionable como poco– jugado por el papa Pío XII durante el nazismo en Europa se sumaba la escasa importancia que se le otorgaba a los obispos del llamado “tercer mundo” dentro de la estructura vaticana. 

Así fue cómo, apenas unas semanas después del triunfo de la revolución cubana, el recién asumido Juan XXIII convocó a todos los representantes del cristianismo para discutir cómo “modernizar la iglesia”. En este encuentro, que finalizó tres años después de su sesión de apertura, fueron ganando peso las posiciones de los obispos del llamado 'tercer mundo'. Las críticas al lujo y ostentación del Papa y a las concepciones vetustas y elitistas de los evangelios. Como en todo proceso político, se dibuja una “nueva forma de hacer Iglesia”, en este caso pobre y de izquierda.

Menorca roja, santa y soberanista

Para entender qué pintan los cristianos en la política de izquierdas de Menorca hay que remontarse a la guerra. A diferencia de Mallorca y Eivissa, esta isla se mantuvo fiel a la República hasta el fin de la contienda civil. Después de los bombardeos de la aviación italiana, los milicianos republicanos se vengaron fusilando a varios oficiales falangistas y a un número elevado de curas –entre 30 y 40–, en el barco Atlante de Maó y en el cementerio de Es Castell, cuenta Miquel Àngel Maria, actual número dos de la plataforma Més per Menorca, exsacerdote y miembro de la organización Cristians pel Socialisme.

“Con esto quiero decir que la persecución religiosa durante la guerra fue intensa en la isla, lo cual tiene un efecto ambivalente, porque si bien la iglesia del primer franquismo es absolutamente adicta al régimen, hacia mediados de los 60 y después del Concilio Vaticano II, en Menorca habrá un clero muy joven con un nuevo obispo llamado Miquel Moncadas Noguera que, sin ser progresista, tendrá clara la pluralidad de la iglesia en la isla”, explica Maria.

“Algo que definitivamente marca el surgimiento de esta organización y que la vincula con la isla fue un encuentro clandestino, llamado Encuentro de Ávila –que no fue en Ávila sino en Calafell–, en noviembre del 73, poco después del golpe a Allende en Chile. Allí se reúnen más de 200 cristianos de base convocados por referentes de esta corriente como Alfonso Carlos Comín y José María Díez-Alegría, que marca el nacimiento de Cristianos por el Socialismo. En ese encuentro hubo dos delegados menorquines”, relata Antonio Cassero, ex responsable político del Partido Comunista en Menorca.

Estos dos menorquines eran, según pudo reconstruir elDiario.es, Josep Seguí Mercadal, párroco de la Iglesia del Carmen, y Bartomeu Febrer, conocido como “es capellà petit”. Ambos sacerdotes fueron los organizadores en Menorca de una serie de conferencias, charlas y debates con los referentes del cristianismo de base de todo el estado español y de toda Europa. Del encuentro de posiciones laicas, cristianas, marxistas, obreras, nacionales, internacionales e insulares surgirá buena parte de lo que hoy es la representación política, sindical y social menorquina.

“Efectivamente las organizaciones sociales como las asociaciones de vecinos, los sindicatos y luego también los partidos políticos van a ir construyéndose desde entonces y hasta bien entrados los 90 al amparo de las parroquias. Concretamente la de Santa Eulàlia y la del Carmen. El movimiento ecologista incluso va a tener una confluencia importante de militantes que salen de las parroquias”, subraya Miquel Àngel Maria, quien vivió de cerca esta conjunción de corrientes, ya que a los 19 años ingresó al seminario de Menorca con la intención de ordenarse sacerdote. 

“Yo quería vivir la vocación desde la perspectiva de construir una nueva iglesia. Eran los años de la revolución sandinista en Nicaragua, proceso del que participé como brigadista voluntario durante seis meses en 1986. Esa experiencia me marcó profundamente. Finalmente me ordené cura en 1991 y fui párroco en Ferreries durante tres años y luego pasé otro año en Roma estudiando la biblia. Allí decidí secularizarme tras conocer a la que hoy es mi pareja. A pesar de dejar los hábitos no he dejado nunca de sentirme miembro de la iglesia ni de participar de las actividades. Yo soy parte de la minoría que piensa que entre cristianismo y revolución no hay contradicción, a lo que añadiría también una perspectiva soberanista”, señaló. 

Si hay otro elemento que atraviesa la apertura democrática en Menorca además del cristianismo de base y el florecimiento de los partidos políticos democráticos y de izquierda es el menorquinismo político, la recuperación de la cultura, el idioma y su raíz catalana. “Aunque yo era miembro del PC a veces participaba de las reuniones en las parroquias, porque creía que la transformación que hacía falta, la tarea que teníamos por delante no iba a venir solo del movimiento obrero, sino fundamentalmente de la cultura. Así fuimos recuperando la identidad cultural de Menorca”, subraya Cassero.

Una iglesia envejecida y lejos de los pobres

Sin embargo, la consolidación democrática y la apertura política posterior a los 70 disgregaron aquel rebaño menorquín, que se había reunido en torno de los evangelios y de la dialéctica materialista. “Hacia mediados de los años 80 hubo un retroceso fuerte en la iglesia, marcado por el papado de Carol Woijtila. El nombramiento de obispos de otro talante, como Ángel Suquía en Madrid, marca una involución importante. Regresa el tradicionalismo en los seminarios, vuelve una marcada moral ética y estética conservadora, se nota en cuestiones de moral e incluso en la liturgia hay un viaje hacia atrás, una involución clara”, señala Miquel Àngel Maria. 

Posteriormente, en Menorca los militantes del cristianismo progresista abandonan la iglesia, aunque algunos mantienen compromisos sociales con nuevos espacios que van surgiendo. Incluso, muchos abandonan la fe y van abrazando posiciones agnósticas. “Con el avance de la secularización, este colectivo que eran jóvenes en los años 70 –yo soy de los últimos de esa camada y tengo 65– no tuvo recambio generacional. Hoy en día la de Menorca es una iglesia envejecida donde la parte más progresista está muy apagada respecto de lo que fue”, sentencia el exsacerdote."                     (Santiago Torrado , eldiario.es, 4 de marzo de 2023)

12/10/22

Gregorio Morán: «Juan Carlos I descubre en 1975 que, más que inmune, es impune»... me aterroriza pensar en una república, que no es la niña bonita, con algunos que podrían ser aspirantes a presidente. No sabría qué hacer. Me quedaría en mi casa. Me provoca terror. Un Pedro Sánchez presidente de la República… Pediría a Letizia y a su marido que siguieran ahí de momento, porque no sé lo que es peor

 "El escritor y periodista Gregorio Morán (Oviedo, 1947) es de los pocos que alzó su pluma en el periodo democrático contra los abusos de la monarquía, la figura de Juan Carlos I y el relato oficial sobre la Transición, ahora cuestionado tras la salida de España del rey emérito coincidiendo con las revelaciones sobre su fortuna oculta. Sobre ello escribió artículos y libros.

En uno de ellos, El fraude de la Transición, la editorial Planeta suprimió varios párrafos, algunos sobre la Casa Real, en la primera edición de 1991. Aparecieron después en la edición de Akal, de 2016. También el periodismo español se autocensuró durante el juancarlismo y ahora vive la peor época desde la dictadura, en opinión de Morán. 

¿Qué le parece la salida de España del rey emérito?

Políticamente yo no diría que es peligrosa, pero sí inquietante, porque ahí se mezclan intereses de diferente pelaje. Alfonso Guerra dice que no, Pedro Sánchez que sí… Hay un elemento clave en esta historia: el hijo siempre mata al padre y lo mata de una manera más bien cruel. Estoy leyendo por segunda vez una biografía de Isabel Burdiel sobre Isabel II y ahí aparecen reiteradamente Fernando VII, la madre María Cristina… Es como un destino borbónico, el hijo siempre acaba matando al padre, como hizo Juan Carlos I con don Juan. Desde el punto de vista político, la salida al extranjero no sé si es la mejor decisión para el tejido de intereses que está montado ahí. Dejarlo en Abu Dhabi….[risas].

No lo dejas en el desierto como a un dromedario, lo dejas en un oasis lleno de dinero, de tentaciones y de poder en un régimen no precisamente modélico. Lo de las dictaduras totalitarias de los países del Este es como si se hubieran ido desplazando en trocitos hacia el mundo arábigo. Emiratos Árabes Unidos es una dictadura inequívoca. A diferencia de las dictaduras totalitarias del Este, aquí se castiga a la mujer, a los extranjeros… El hecho de tenerlo y confinarlo allí es una ruptura con la tradición de consecuencias incalculables. No sé si, tanto el hijo como Sánchez, han valorado suficientemente las consecuencias de este drama a lo Rey Lear. Hombre, a Bildu, ERC y Podemos les parece cojonudo. Cuanto más lejos se vaya mejor. No tienen ni la complicación de tener que echarle, o pedir que se vaya. No fue una decisión política muy hábil.

¿De donde salió su fortuna oculta, por encima de los 2.000 millones de euros según algunas informaciones?

La fortuna de un rey o viene de los pagos del Estado, que evidentemente no dan para ser multimillonario, o viene del cobro de comisiones. Esa obsesión de máquina tragaperras que tuvo Juan Carlos I desde el inicio de su reinado… Sus partidarios decían: “Es que pasó una infancia con muchas necesidades”. Los españoles que vivimos aquella época sabemos lo que era vivir con necesidades y no creo que ese fuera el caso de Juan Carlos I. Cuando muere Franco y llega al trono en 1975, la máquina tragaperras se convierte en un depósito económico. Hablemos primero del famoso manco, Prado y Colón de Carbajal, un personaje cuyo papel es decisivo en la búsqueda de dinero para el rey y para sí mismo. Y si no que se lo pregunten a su hijo, que creo que está muy bien colocado. Luego vinieron Javier de la Rosa y el inefable Mario Conde. Lo de Mario Conde tenía algo de espectáculo ridículo que la prensa nunca se atrevió a tocar. Por un lado su majestad y por el otro el financiero. Todo lo que se movía lo podían comprar. Y lo compraban. Luego resulta que igual lo compraban con talones sin fondo, pero lo cierto es que lo compraban. Esto tampoco es ninguna novedad histórica, los Borbones son promotores económicos. 

En Juan Carlos hay un descubrimiento a la muerte de Franco, que es: yo más que inmune, soy impune. Ese descubrimiento de la impunidad ya la tenía el Caudillo, que había ganado una guerra. La impunidad del rey fue absoluta. Si le faltaba un barco, se acercaba a la costa, decía “necesito un barco” y aparecían siempre 20 señores, los mismos, por cierto, que ayudaron a forrarse al clan Pujol, y le decían: “No se preocupe, Majestad”. En los negocios tú das dinero a costa de que también lo recibas. Aquí nadie se pregunta qué se llevaron las empresas que se beneficiaron de ese negocio del AVE a La Meca. ¿O vieron cómo pasaban los millones delante de su nariz y no dijeron nada? Pero, claro, esas empresas controlan los medios de comunicación, por lo tanto ahí estamos absolutamente vendidos. Nunca, desde la dictadura, en los medios de comunicación se ha vivido una etapa tan miserable como esta. 

Eso, la complicidad de los medios de comunicación, ¿tiene mucho que ver con lo ocurrido con Juan Carlos I?

Complicidad con el emérito en su momento, el silencio que sigue a su desaparición, complicidad con Sánchez y con el Gobierno… Que un tipo como Iván Redondo sea el que controle los medios es una singularidad que no se da ni en el mundo de Trump. Los Marhuenda, Inda… son basura. A esto nos ha llevado el tertulianismo. Además, ahora nadie quiere escribir. Tengo amigos que tienen escuelas de periodismo y dicen que sus alumnos lo que quieren es salir en la tele y ser tertulianos. A lo mejor es que nuestro oficio es algo que pertenece al siglo XIX. 

Y lo de Sánchez es de un cinismo tremendo. A su lado, Cánovas parece un senador romano. A Sánchez nadie le pregunta nada, puede hacer las entrevistas que quiera y da la impresión de que es Iván Redondo quien le hace las preguntas para quedar bien. Es como aquel inefable Fernández de Asís, entrevistador en la televisión única del franquismo, que decía: “Como bien dice usted, señor ministro…”. Estas cosas están volviendo. A mí esto me toca dos veces. Me tocó Fernández de Asís y ahora con estos sucedáneos.

Esta censura, o autocensura, ¿es responsabilidad de las empresas o también de los periodistas?

Las responsabilidades son siempre compartidas. Hay grados de responsabilidad. Hay gente a la que le gusta. Y no es un problema de dinero solamente. Que Sánchez te mire y te diga en una rueda de prensa: “Gracias, Carlos…”. Hay gente que se derrite con eso. Pepe Solís, el ministro de Franco, hacía lo mismo.

El caso de Juan Carlos I tumba el relato oficial de la Transición, que usted ya rebatió en sus artículos y en varios libros, no solo en El fraude de la Transición.

Me acuerdo de algunas reacciones diciendo que lo mío era una reflexión arcaica, republicana. Y con la edad, ahora que estamos en tiempo de descuento, no me siento monárquico, claro. Sería como hacerme terraplanista. Pero me aterroriza pensar en una república, que no es la niña bonita, con algunos que podrían ser aspirantes a presidente. No sabría qué hacer. Me quedaría en mi casa. Me provoca terror. Un Pedro Sánchez presidente de la República… Pediría a Letizia y a su marido que siguieran ahí de momento, porque no sé lo que es peor.

Aunque se ha iniciado un revisionismo, se sigue presentando a Juan Carlos I como el hombre que trajo la democracia a España y que frenó a los golpistas el 23-F, algo que usted rebatió con datos hace mucho tiempo.

En el 23-F Juan Carlos I fue el bombero pirómano; él agitó el ambiente crispado de los militares antes del golpe. Fue un aprendiz de brujo. Se metió en un lío del que sabía que podía salir trasquilado. Echó marcha atrás a última hora. Eso se ve claro con el papel de Armada, al que no dejan hablar sobre lo que hizo Juan Carlos I antes del golpe. Todo esto ocupa unas cuantas páginas en mi libro sobre Adolfo Suárez.

¿Sigue usted pensando que la Transición fue producto de la triada monarquía-PSOE-Grupo PRISA?

Eso ya es la pos-Transición, la consolidación de la Transición. Ahora que estoy escribiendo un libro sobre el PSOE y Felipe González, y tengo más tiempo para reflexionar, recuerdo que Javier Pradera, que era un malévolo inteligente, solía decir que a ellos los había destruido el fuego amigo, refiriéndose sobre todo a Zapatero. El fuego enemigo no lo tuvieron nunca. Yo recuerdo, y algunos me lo contaron con detalle, los gestos que tenía Juan Carlos I con Jesús Polanco, que eran importantes para sus negocios en América Latina. Más que monarquía, la triada sería Juan Carlos-PRISA-PSOE, tres ejemplares que han ido cambiando mucho en los últimos años. Primero porque Zapatero, que fue un pésimo presidente, entró como un elefante en una cacharrería y eso afectó a la triada de forma importante. Afectó a Juan Carlos, aunque él siguió a lo suyo, a sus negocios. Afectó a Prisa, una empresa muy ligada al poder desde que nace, con Fraga y Pío Cabanillas. 

Desde sus comienzos, El País es un periódico institucional. No diría yo gubernamental, pero sí institucional. Y además, como no había otra cosa y era el menos malo de los periódicos existentes, hizo que una ‘izquierda’, digámoslo entre comillas, que había perdido el norte, el sur, el este y el oeste, se confiara en el intelectual colectivo en el que se transformó El País. Ahora que Juan Luis Cebrián escribe artículos ciceronianos sobre la decencia, hay que recordar que se rompen muchas cosas en el periodismo español en el momento en el que el periódico serio, el intelectual colectivo, publica la famosa conversación telefónica pirata de Txiki Benegas criticando a Felipe González, de la que nunca supimos la procedencia, pero era de sospechar. En el momento en el que un periódico hace una jugada tan sucia y tan interesada como aquella, se desenmascara y ya no queda nada. Pero la gente es muy ferviente con los suyos. Aunque pierda, son del Betis."                   (Entrevista a Gregorio Morán, xuan Candano, La Marea, 05/10/22)

13/7/22

Baltasar Garzón: “Vox está en el punto de inflexión del populismo al fascismo”... Una de las características de ese fascismo disfrazado es la confrontación que hacen frente a los derechos humanos. Es decir, fascismo y derechos humanos son incompatibles

 "Alejado todavía de los despachos de la Audiencia Nacional, a los que dice querer volver tras el dictamen a su favor del comité de Derechos Humanos de la ONU, Baltasar Garzón (Torres, Jaén, 1955) ha dedicado los últimos meses a escribir un libro sobre el fascismo al que se enfrentó en varias ocasiones desde los tribunales, con el proceso contra el dictador chileno Augusto Pinochet y su histórica detención o los juicios contra represores de la última dictadura militar en Argentina. 

En 'Los disfraces del fascismo' (Planeta), Garzón rehúsa definir el término pero aporta algunas claves y advierte del peligro de su avance en España, a través de Vox. “El Partido Popular no es consciente o no quiere ser consciente del riesgo que comporta gobernar con la extrema derecha”, censura durante una extensa conversación en la que también aborda las rémoras franquistas que aún quedan latentes en la Justicia y en la que vuelve a pedir al Gobierno que acate el dictamen de Naciones Unidas. 

No hay una palabra unánime para describir este periodo de regresión democrática global. Ultraderecha, supremacismo, populismo. Usted habla de fascismo, ¿por qué?

A partir de la derrota oficial del fascismo y del nazismo en 1945, la palabra prácticamente desaparece. En algunos países incluso es perseguida y comienza a disfrazarse. Es decir, el fascismo no desaparece de la noche a la mañana. Hoy no estamos en presencia del fascismo histórico de esas dos décadas, evidentemente. Pero una de las características de los fascismos es precisamente aparecer en cada momento histórico en función de las necesidades que tiene, con cualquier vestimenta o ropaje que lo disfrace en función del estatus y de la situación. Ese disfraz se lo va quitando. Esa máscara desaparece o porque quienes lo desarrollan se la quitan a sí mismos o porque se les descubre.

Lo que yo digo es que hay que llamar a las cosas por su nombre, hay que ir a la esencia y ver qué conductas están desarrollándose. Por eso yo renuncio a definir el fascismo en mi libro. Yo lo que hago es enumerar las características que definen una conducta, una ideología o una actitud como fascista: es este supremacismo de la idea grupal, del enemigo externo o el uso de la violencia, aunque esto tiene matices. 

¿Qué matices?

Por ejemplo, en la actualidad, los grupos de extrema derecha o de ultraderecha que ya participan en algunos elementos del fascismo se han dado cuenta de que la violencia no suma en una sociedad como la actual. Entonces, vas a encontrar a los movimientos de extrema derecha, de ideología fascista que rechazan la violencia pero que cuando llega el momento de la condena, no hay una condena clara, hay una comprensión. Es decir, es muy sutil y no es menor el desarrollo que hacen precisamente para generar ese disfraz o que mantenga esa apariencia democrática de grupos, personas, ideologías que no son democráticas y cuya finalidad es implosionar el sistema.

No estamos en este momento. Si a mí me preguntas: ¿usted cree que en este momento está pasando esto? Yo diría que no. ¿Qué es lo que está pasando entonces? Vamos a analizar los hechos. Vamos a analizar cuáles son los discursos, cuáles son los ataques a derechos consolidados, cuáles son los mecanismos a los que acude, cuál es la vaciedad, banalidad o contundencia de los discursos. Y entonces hagamos el análisis comparativo y nos vamos a encontrar con que hay una expansión muy preocupante en muchos países.

En el libro dedica un capítulo a hablar de los errores que favorecen el fascismo. ¿Cuáles?

Por ejemplo, no prestarle atención. Estamos en una campaña electoral en Andalucía. Ayer mismo (por el miércoles) hubo un debate en televisión donde se percibe uno de los mecanismos que yo creo que es idóneo para combatir el fascismo. El fascismo se nutre del discurso hueco, es pura referencia a valores pero vacíos. Cuando hablan de patria, no hablan de la patria real que yo puedo defender, que es un país diverso como España, que hay que defenderlo, que hay que establecer mecanismos de igualdad, aproximación, justicia social, etc. No, eso no es. Cuando hablan de la inmigración, no hablan de cuál es el problema real; dicen que son delincuentes, que nos quitan el trabajo. Esto está vacío, se comprende a poco que profundices que está hueco. 

Bueno, pues ayer se vio, pero ha habido mucho tiempo en que la izquierda, los partidos progresistas, no lo han combatido. Por supuesto, la derecha, a otro nivel, se ha aprovechado de esa ultraderecha fascista. Primero fue: no hay problema con esto, no alimentemos a la bestia. Claro, pero la bestia come, la bestia sigue avanzando. En 2016, Vox tenía 70.000 votos. En 2018, pegó una subida impresionante en Andalucía y después en las generales, por defectos de la izquierda o de los progresistas de ponerse de acuerdo, de 24 escaños subió a 52 [entre el 28A y la repetición electoral del 10 de noviembre]. En cuatro meses y sin nada que justificara ese aumento.

Antes de que llegara la extrema derecha a España, muchos pensaban que este país era una excepción, porque en no pocos países de Europa ya era casi una normalidad. 

Ese es el error. Pensar que sigue siendo válido eso de que en España somos así, que hay algo diferente. Pero sí es verdad que creíamos que estábamos vacunados porque habíamos vivido 40 años de dictadura y luego una Transición donde aparentemente, no es mi opinión, se había derrotado al franquismo. Yo creo que sigue latente en muchos ámbitos, aunque haya un discurso de que la Transición sanó todo. No, no todo se salvó y dejamos que creciera. Pensábamos que España era diferente y que estaba realmente curada, pero hay un momento en que, desde 2012 o 2013, empieza un discurso cada vez más radical, porque cuando aparecen más partidos políticos es cuando esto se demuestra. 

Mientras había una especie de bipartidismo de hecho, aunque hubiera otros grupos políticos regionales o nacionales más pequeños, el Partido Popular aglutinaba todo. Nadie necesitó salir del Partido Popular. Cuando el partido entra en crisis por múltiples razones, ya sea la corrupción o el liderazgo que se sustituye, se produce una escisión dentro del Partido Popular, que probablemente tendría que haber sido el propio PP el que percibiera que esto iba a ocurrir. Y los partidos de la izquierda venían a decir: bueno, es una cuestión del PP. Se dejó un espacio ahí que dio cabida al discurso facilón, tramposo, de una serie de sujetos que aprovecharon esa especie de calma chicha durante unos años y encontraron el terreno abonado. Si no, ¿qué sentido tiene que Vox surja como de la noche a la mañana en Andalucía? En un territorio, una comunidad que es la mía, donde si ha habido algo son políticas sociales, desarrollo político mayoritariamente, hasta hace cinco minutos, de la izquierda, desde que comenzó la autonomía. 

Por tanto, ¿a quién se le puede echar la culpa del surgimiento de la extrema derecha en Andalucía? Evidentemente a los dos partidos dominantes que no han hecho nada, uno en el Gobierno, otro en la oposición y ahora en el propio Gobierno, para que esto se detenga. ¿Entonces, en este momento, de quién es la responsabilidad de que la extrema derecha no solamente resurja sino que aumente? Está gobernando el Partido Popular y además con apoyos, ¿no? Algo de responsabilidad tendrá.

Vox ha entrado por primera vez en un Gobierno en Castilla y León, ahora puede pasar en Andalucía. ¿Es un punto de inflexión?

Aquí el problema es que, desde mi punto de vista, el Partido Popular no es consciente o no quiere ser consciente del riesgo que comporta gobernar con la extrema derecha. El Partido Popular Europeo es clarísimo. Incluso cuando entró la extrema derecha en Castilla y León manifestó su oposición absoluta a que eso ocurriera. Hay un cordón sanitario, es decir, no se niega el desarrollo de una opción política en ese sentido, pero cuando se trata de entrar a formar Gobierno, al menos en parte de Europa se levantan todas las alarmas. Y sobre todo cuando esos postulados claramente atacan, por ejemplo, a la propia base de la Unión Europea y a derechos consolidados. 

El Partido Popular en España ha roto esa línea de contención y ha optado por el poder, no por la defensa de los ciudadanos. Ese es el discurso. Pero es un discurso falso, desde mi punto de vista. Es el poder. Ha querido tener el poder a cualquier coste y ha aceptado lo que decían que no iban a aceptar, que es la entrada de la extrema derecha. Y la extrema derecha lo ha demostrado con el propio vicepresidente de la Junta de Castilla y León [Juan García-Gallardo], que ya ha hecho varias manifestaciones en un sentido claramente contrario a esos valores que nos dan sentido como pueblo y como democracia, y a luchas que ya se han librado en pro de la defensa de los derechos de la mujer, de una sociedad más integrada, más plural, más diversa. Es todo lo contrario. 

¿Qué busca esto? La implosión. ¿Cómo? Llegando ya descaradamente al Gobierno. Lo está diciendo en la campaña electoral de Andalucía: no vamos a permitir que esto sea gratis. Hay una expansión de la extrema derecha, están en ese paso que hay del populismo al fascismo cada vez más evidente. El populismo y el fascismo caminan juntos hasta que llega un momento, que yo lo refiero en el libro, en que el populismo se queda quieto y se mueve dentro de los contornos democráticos. Con el culto al líder, buscando un cambio de sociedad contra el capitalismo como tal; y otros siguen avanzando y entran de lleno en el puro fascismo cuando atacan esos valores fundamentales. Una de las características de ese fascismo disfrazado es la confrontación que hacen frente a los derechos humanos. Es decir, fascismo y derechos humanos son incompatibles. Pues yo creo que hay bastantes discursos que demuestran que esa confrontación se está produciendo.

O sea, ¿no pone reparos en considerar que Vox es fascista?

Está en un punto de inflexión. Estamos en un momento clave. Yo lo que defiendo aquí es que no es todavía un partido completamente fascista, es un partido de extrema derecha, de ultraderecha, que tiene componentes clarísimos de fascismo y que está en el tránsito, en el punto de inflexión del tránsito que antes he mencionado de ese populismo ya al fascismo. Esto está exactamente en el núcleo del problema y es muy evidente, no solo en España. La acción que Vox está desarrollando en Latinoamérica también, a través del fenómeno de la estructura de la Iberosfera, o en Europa. 

Hay unos mecanismos claros. Yo me quedé impactado con la final de fútbol del Real Madrid contra el Liverpool, cuando, tras los problemas de seguridad que hubo, el europarlamentario [Jorge] Buxadé hizo unas declaraciones tremendas desde mi punto de vista, que yo no sé si la gente supo calibrar: hasta decir que Saint-Denis, el barrio donde está el estadio, es donde están los inmigrantes, donde está el lumpen, según él, y esto demuestra que la delincuencia se relaciona con esto, con lo otro, con la inmigración, con todas las desgracias que le ocurren al pueblo francés. Bueno, ¿cómo definimos esto? Para mí tiene un nombre, es puro fascismo.  (...)"                 (Alberto Ortiz  , eldiario.es, 10 de junio de 2022)