Pregunta. “Para ser
feliz hay que conocerse, estar atento al presente y ser útil a los
demás”, asegura. Pero en estos tiempos egocéntricos, dos de esas
premisas no las cumple casi nadie: conocerse a sí mismo y darse a los
demás…
Respuesta. Por eso
mi propuesta es modesta; ir ni que sea al bar de debajo de casa es una
oportunidad de estar con los otros, puede parecer superficial, pero en
cualquier caso es real; todas las propuestas de mi libro están
vinculadas al movimiento, al ir hacia otras personas; en esos pequeños
momentos nos sentimos existir, con los cinco sentidos; pero hay que
saber darse cuenta.
P. Toda su obra, y
en este libro también, destaca la importancia de las relaciones
sociales, de que nos hacemos y cobramos sentido cuando nos relacionamos
con los otros, pero encuestas en EEUU detectan ya que los jóvenes
prefieren interactuar en la redes sociales que quedar físicamente.
¿Tenemos miedo a tratarnos cara a cara?
R. Es el gran mal de
la redes, que están trastocando la naturaleza misma de la relación
humana, alteran espacio y tiempo: puedes contactar con alguien en
cualquier lugar y circunstancia, cuando relacionarse con el otro
necesita dedicar un tiempo y un espacio concretos; es paradójico:
las
redes sociales están destruyendo las relaciones sociales; la gente
debería detectar que no es suficiente lo que nos dan las redes.
Y pasa
también que provocan que los efectos de reconocimiento sean sustituidos
por los efectos de conocimiento: vemos a un presentador de televisión
como si lo conociéramos, pero sólo lo reconocemos; y eso pasa con todo y
con todos.
P. Las nuevas
tecnologías se introducen en la enseñanza, en un contexto de que hay que
ser flexible y dominarlas, pero muchas veces es en detrimento de la
nemotécnia, los exámenes…
R. Las redes deben
ser utilizadas para difundir conocimiento y esto que digo se está
convirtiendo ya en una utopía educativa porque cada vez estamos más
lejos de eso; utilizamos más las redes sociales para tratarnos que para
conocernos y para conocer, es un error grandioso… Estoy de acuerdo en
que cierta pedagogía es hoy demasiado blanda porque estos instrumentos,
en sí mismos, no transmiten nada.
Nada puede sustituir el aprendizaje de
la palabra ni la relación, física, profesor-alumno y esto es urgente
entenderlo ya. Cuanto más se uniformiza la sociedad más se ahonda en las
desigualdades; una paradoja, ¿verdad? Pero es así: cada vez hay un
número más reducido de personas que están en la vanguardia del saber
real y demasiada gente que no sabe…, pero que cree saber”.
P. Pide en
Las pequeñas alegrías
recuperar la ilusión de las primeras veces, recuperar películas y
libros, lo llama “tener el espíritu de Don Juan”, siempre con la ilusión
seducora del primer día… Pero condiciones laborales precarias, ritmos
de trabajo y producción cultural masiva no invitan al sosiego de la
revisitación…
R. Por eso hablo de
“pequeñas felicidades a pesar de todo”; el más alienado puede
experimentar esos momentos de existir intensamente que propongo; pero
sobre todo debe ser consciente de estarlos viviendo: no son momentos que
nos vendrán por azar sino que hemos de saber que se están dando en ese
momento, reconocerlos para que puedan permanecer con nosotros; si uno es
consciente de ellos también son una promesa de futuro.
P. Incluye en la galería de placeres, el tararear y el silbar…
R. Hoy ya no se
silba ni se canta; cuando era pequeño, lo oía constantemente en las
calles, en las casas; era memoria histórica y nexo generacional,
vinculabas el estribillo a algo de tu pasado…En cambio, en cafeterías,
centros o instalaciones hoy no paran de sonar radios o hilos musicales;
hoy
no soportamos el silencio. ¿Miedo de estar con nosotros mismo? No, más
bien es el sistema que quiere que estemos inmersos en el ruido, quizá
para tenernos más en tensión; no sé; en cambio, el ruido, el volumen
hace más difícil la creación; al cantar, tenemos la sensación de crear y
de recrear.
P. También sorprende
que reivindica la jubilación, generalmente leída como que el sistema ha
decidido que ya no le sirves y te aparca…
R. Todo depende de
qué hacemos con ella; quizá sea el gran momento de la verdad, de si
tomas realmente las riendas del tiempo; hay pocos momentos en la vida
que podemos empezar algo y lo hemos elegido nosotros; hacer lo que
siempre quisiste: crear, viajar, mudarte, plasmar un sueño…
P. En 1992, al detectar los
no lugares,
los ubicó en extrarradios, aeropuertos… ¿No tiene la sensación de que
se han trasladado ya al centro de las ciudades, todas iguales con las
mismas megatiendas, un
shopping donde sólo habla la tarjeta de crédito?
R. Yo iría más lejos: hoy se puede decir que el
no lugar
es el contexto de todo lugar posible. Estamos en el mundo con
referencias que son totalmente artificiales, incluso en nuestra casa, el
espacio más personal posible: sentados ante la tele, mirando a la vez
el móvil, la tableta, con los auriculares… Estamos en un no lugar
permanente; esos aparatos nos están colocando permanentemente en un no
lugar. Llevamos el
no lugar encima, con nosotros...
P. Estamos en un
mundo que necesita que se consuma, pero el trabajo se precariza y los
salarios no dan para consumir. ¿Colapsará el sistema o se defenderá
creando inframundos distópicos?
R. El propio sistema
capitalista está creando esta dicotomía de mundos antagónicos, es
evidente. Pero no sé si se prolongará en el tiempo, o si el sistema
explotará o se acabará reformando… Y no lo sé porque no ha ocurrido
nunca nada parecido en la historia de la humanidad: es la primera vez
que todo es, literalmente, global. Y multifactorial. Incluso cuestiona
el futuro físico del planeta… No me cuesta imaginar una clase
privilegiada que abandone la Tierra… No sé si la Tierra ya es toda ella
un
no lugar.
P. ¿Cómo antropólogo, cómo ve el movimiento
Mee Too?
R. Todos los
sistemas culturales han justificado la dominación masculina en todas las
formas de cultura; el feminismo me parece muy importante porque permite
pensar en el ser humano como hombre genérico, no como sexo. Otra cosa
son algunas de sus tácticas, discutibles, como la obligación de la cuota
paritaria o la exigencia de que sean mujeres o miembros del colectivo
LGTB quienes sólo puedan hacer o dirigir determinadas cosas; eso es casi
contradictorio… Pero todo se resolverá el día que la igualdad sea real.
P. ¿El auge del nacionalismo y del proselitismo religioso es fruto directo de la globalización?
R. Las consecuencias
de la globalización revelan el espíritu de ciertas religiones o
sentimientos patrios; está claro que abren campos a las zonas oscuras de
esos ámbitos.
P. ¿Tiene valores propios Europa? ¿Ante el fenómeno de la inmigración masiva, los está perdiendo?
R. Es curioso porque
es cuando no estamos en Europa cuando pensamos que Europa existe y
tiene unos valores; Europa no puede existir sin los valores de la
Ilustración del XVIII; su supervivencia es vital para ella. Es un
suicidio para Europa fortificarse, crear muros contra los demás.
P. La ONU tiene un Observatorio de la Felicidad…
R. Es absurdo. Por no saber, no se sabe bien ni qué observa. Así estamos; por eso lo de mis pequeñas alegrías." (
Entrevista a Marc Augé, Carles Geli, El País, 31/01/19)