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20/3/26

Žižek: Irán, de Heidegger a Kant... Fardid, uno de los ideólogos filosóficos del gobierno islámico de Irán, estaba bajo la influencia de Martin Heidegger, a quien consideraba “el único filósofo occidental que comprendió el mundo"... Fardid denunció el antropocentrismo y el racionalismo introducidos por la Grecia clásica, que sustituyeron la autoridad de Dios y de la fe por la razón humana, y en ese sentido también criticó a filósofos islámicos como al-Farabi y Mulla Sadra por haber absorbido la filosofía griega... El principal oponente liberal-reformista de esta línea dura musulmana fue el presidente Mohammad Khatami, que propuso la idea del Diálogo entre Civilizaciones, y defendió la libertad de expresión, la tolerancia y la sociedad civil, así como relaciones diplomáticas constructivas con otros Estados... Khatami utilizó las teorías de Jürgen Habermas sobre la acción comunicativa y el diálogo para proponer el “Diálogo entre Civilizaciones”, con el objetivo de reemplazar el conflicto por el discurso entre Occidente y el mundo islámico

 "Después del 1° de marzo de 2026, los medios me bombardean para que diga algo sobre el ataque en curso de Estados Unidos e Israel contra Irán. Algunos de ellos recordaron que el 11 de agosto de 2005 publiqué en In These Times un texto titulado “Give Iranian Nukes a Chance: In a mad world, the logic of MAD still works”, preguntándome si esta sigue siendo mi posición. Tengo que decepcionarlos de dos maneras: primero, no, esta no es mi posición ahora. En mi texto me refería a la complicidad occidental con el ataque iraquí contra Irán (Estados Unidos incluso proporcionó imágenes satelitales y gases venenosos a Irak para localizar y matar a las fuerzas iraníes). El ataque se llevó a cabo para que, en la confusión posterior a la revolución de Jomeini, Irak se apoderara del territorio rico en petróleo cercano a la frontera iraquí. Cuando Saddam Hussein fue capturado y llevado a juicio, Irán exigió con toda razón que se añadiera a la lista de sus crímenes también el ataque contra Irán, que costó más de un millón de víctimas; Estados Unidos rechazó esta demanda porque habría puesto de manifiesto la complicidad estadounidense con Irak.

Sin embargo, lo que ocurrió en Irán en 2022 –las llamadas protestas de Mahsa Amini– tuvo un significado histórico mundial. Las protestas, que se extendieron a decenas de ciudades, comenzaron en Teherán el 16 de septiembre de 2022, como reacción a la muerte de Amini, una mujer de 22 años de origen kurdo que murió bajo custodia policial. Fue golpeada hasta morir por la Patrulla de Orientación, conocida como la “policía de la moral” islámica, después de ser arrestada por llevar un hiyab “impropio”. Las protestas combinaron diferentes luchas (contra la opresión de las mujeres, contra la opresión religiosa, por la libertad política contra el terror estatal) en una unidad orgánica. Irán es culturalmente diferente del “Occidente desarrollado”, por lo que Zan, Zendegi, Azadi (“Mujer, Vida, Libertad”, el lema de las protestas) es muy diferente del movimiento “Me Too” en los países occidentales. Las protestas en Irán movilizaron a millones de mujeres comunes y estuvieron directamente vinculadas a la lucha de todos, incluidos los hombres; no hay una tendencia anti-masculina evidente, como ocurre a menudo con el feminismo occidental. Mi posición respecto a Irán ha cambiado ahora: no armas nucleares para Irán (y, añadiría, tampoco para Israel…).

En cuanto a la guerra en curso, no hay nada original en mi postura: estoy en contra del régimen clerofascista iraní, Y en contra de los ataques de Estados Unidos e Israel; si este régimen cae, lo hará de la manera equivocada. La elección entre el régimen iraní y el Estados Unidos trumpiano es falsa: ambos pertenecen al mismo mundo global. Sí, condeno las atrocidades iraníes al reprimir la última ola de protestas, pero también encuentro obscena la postura adoptada el 4 de marzo de 2004 por el ministro de Defensa israelí Israel Katz: “Todo líder designado por el régimen terrorista iraní para continuar y dirigir el plan de destruir a Israel, amenazar a Estados Unidos y al mundo libre y a los países de la región, y reprimir al pueblo iraní –será un objetivo inequívoco de eliminación. No importa cuál sea su nombre ni el lugar donde se esconda.”

Así se puede comprender bien a la mayoría silenciosa en Irán (silenciada por el régimen), que rechaza al régimen pero también se muestra escéptica respecto a lo que están haciendo Estados Unidos e Israel: su postura no es ni esperanza ni desesperación, sino incertidumbre y miedo. Como en el caso de Venezuela, Trump dijo a CNN el 6 de marzo de 2026 que el liderazgo de Irán ha sido “neutralizado” y que está buscando un nuevo liderazgo que trate bien a Estados Unidos e Israel, incluso si se trata de un líder religioso y no de un Estado democrático… tanto para la libertad y la democracia. En consecuencia, a pesar de todos los horrores del régimen iraní (es casi tan opresivo como el de Arabia Saudita…), ahora tenemos que apoyar a Irán. Irán está ahora luchando de facto no solo por su propia soberanía, sino por el principio global de soberanía. Estados Unidos, él mismo una colonia de facto de Israel, viola de manera sistemática la soberanía de otros países, ahora incluso la de España. Así que sí, un cambio de régimen sería bienvenido en Irán –pero ¿qué hay de un cambio de régimen en los propios Estados Unidos?

En este momento quiero centrarme en un tema aparentemente marginal que, sin embargo, es crucial para nuestra comprensión de Irán: el círculo interno iraní –un nivel increíblemente alto de debates intelectuales, no solo brutalistas corruptos. El propio Jamenei escribió libros sobre ideología islámica, gobernanza y vida espiritual privada, entre ellos An Outline of Islamic Thought in the Quran y The Compassionate Family. Hasta mediados de los años noventa, la figura clave fue Seyyed Ahmad Fardid (1910-1994), un destacado filósofo y profesor en la Universidad de Teherán. Se le considera uno de los ideólogos filosóficos del gobierno islámico de Irán que llegó al poder en 1979, tras la revolución. Fardid estaba bajo la influencia de Martin Heidegger, a quien consideraba “el único filósofo occidental que comprendió el mundo y el único filósofo cuyas ideas eran congruentes con los principios de la República Islámica. Estas dos figuras, Jomeini y Heidegger, ayudaron a Fardid a argumentar su posición.” Fardid denunció el antropocentrismo y el racionalismo introducidos por la Grecia clásica, que sustituyeron la autoridad de Dios y de la fe por la razón humana, y en ese sentido también criticó a filósofos islámicos como al-Farabi y Mulla Sadra por haber absorbido la filosofía griega. Fardid acuñó el concepto de “occidentosis” (Westoxication), que tras la Revolución iraní de 1979 se convirtió en una de las enseñanzas ideológicas centrales del nuevo gobierno islámico de Irán.

El principal oponente liberal-reformista de esta línea dura musulmana fue el presidente Mohammad Khatami (que gobernó entre 1997 y 2005), quien obtuvo una licenciatura en filosofía occidental en la Universidad de Isfahán. Khatami se presentó con una plataforma de liberalización y reforma. Durante su campaña electoral propuso la idea del Diálogo entre Civilizaciones como respuesta a la teoría del Choque de civilizaciones de Samuel P. Huntington de 1992. Posteriormente, las Naciones Unidas proclamaron el año 2001 como el Año del Diálogo entre Civilizaciones, a sugerencia de Khatami. Durante sus dos mandatos presidenciales, Khatami defendió la libertad de expresión, la tolerancia y la sociedad civil, así como relaciones diplomáticas constructivas con otros Estados, incluidos los de Asia y la Unión Europea. Los medios iraníes tienen prohibido, por orden del fiscal de Teherán, publicar fotografías de Khatami o citar sus palabras, debido a su apoyo a los candidatos reformistas derrotados en la disputada reelección de Mahmoud Ahmadinejad en 2009.

Khatami utilizó las teorías de Jürgen Habermas sobre la acción comunicativa y el diálogo para proponer el “Diálogo entre Civilizaciones”, con el objetivo de reemplazar el conflicto por el discurso entre Occidente y el mundo islámico. Habermas visitó Teherán en mayo de 2002, lo que marcó un intercambio intelectual significativo durante la presidencia reformista de Mohammad Khatami. La visita incluyó reuniones con intelectuales y funcionarios iraníes, en las que Habermas discutió la democracia, la sociedad civil y el papel de la teoría, interactuando a menudo con figuras que buscaban reconciliar el pensamiento islámico con conceptos modernos y liberales. Sin embargo, (no solo) debido a la represión musulmana de línea dura, esta orientación desapareció como una fuerza intelectual seria.

Entre las tendencias más recientes hay que mencionar a Ali Larijani, quien durante décadas fue el rostro calmado y pragmático del establishment iraní: negoció acuerdos nucleares con Occidente. Pero el 1° de marzo el tono del secretario de 67 años del Consejo Supremo de Seguridad Nacional cambió de manera irrevocable. Apareciendo en la televisión estatal apenas 24 horas después de que ataques aéreos estadounidenses e israelíes mataran al líder supremo Ali Jamenei y al comandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, Mohammad Pakpour, Larijani pronunció un mensaje de fuego: “América y el régimen sionista [Israel] han incendiado el corazón de la nación iraní. Quemaremos sus corazones. Haremos que los criminales sionistas y los estadounidenses desvergonzados se arrepientan de sus acciones.”

Políticamente, Larijani era un conservador pragmático moderado; encabezó el equipo iraní en las negociaciones sobre el programa nuclear con Estados Unidos. Ahora emergió como un línea dura. Tras el asesinato de Jamenei, ha sido considerado el jefe de Estado de facto de Irán. Según The New York Times, Ali Larijani ha estado dirigiendo efectivamente Irán desde enero de 2026. Estuvo “a cargo de aplastar, con fuerza letal, las recientes protestas que exigían el fin del gobierno islámico.” Es ahora el principal intermediario de poder en la transición de Irán. Sin embargo, hace unos días perdió en la carrera por el cargo supremo: el hijo de Jamenei ganó.

Larijani posee una licenciatura en ciencias de la computación y matemáticas de la Universidad de Tecnología Aryamehr y tiene una maestría y un doctorado en filosofía occidental de la Universidad de Teherán. Inicialmente quiso continuar sus estudios de posgrado en informática, pero cambió de campo tras consultar con Morteza Motahhari. Larijani ha publicado libros sobre Immanuel Kant, Saul Kripke y David Lewis. Escribió su tesis doctoral sobre Kant y la siguió con tres libros publicados: The Mathematical Method in Kant’s Philosophy, Metaphysics and the Exact Sciences in Kant’s Philosophy y Intuition and the Synthetic A Priori Judgments in Kant’s Philosophy. (Cabe señalar que Larijani escribió libros sobre los aspectos científico-cognitivos del pensamiento de Kant, no sobre su filosofía práctica.) Stephen Hicks, un liberal antipostmodernista, escribió a propósito de Larijani: “Supongo que no debería sorprenderme de que estos tipos nunca sean estudiantes de John Locke, Adam Smith o John Stuart Mill.” Pero ¿tenía razón en su suposición de que el pensamiento práctico de Kant puede justificar un autoritarismo extremo?

En Eichmann en Jerusalén, Hannah Arendt ofreció una descripción precisa del giro que los ejecutores nazis realizaron para poder soportar los actos horribles que llevaban a cabo. La mayoría de ellos no eran simplemente malvados; eran muy conscientes de que estaban haciendo cosas que traían humillación, sufrimiento y muerte a sus víctimas. La salida de esta situación era que, “en lugar de decir: ¡Qué cosas horribles hice a la gente!, los asesinos podían decir: ¡Qué cosas horribles tuve que presenciar en el cumplimiento de mis deberes, qué pesado fue el peso de la tarea sobre mis hombros!” De este modo pudieron invertir la lógica de resistir la tentación: la tentación que debía resistirse era precisamente la tentación de sucumbir a la piedad y simpatía elementales ante el sufrimiento humano, y su esfuerzo “ético” se dirigía a resistir esa tentación de no asesinar, torturar y humillar. Mi misma violación de los instintos éticos espontáneos de piedad y compasión se convierte así en la prueba de mi grandeza ética: para cumplir con mi deber, estoy dispuesto a asumir la pesada carga de infligir dolor a otros.

Sin embargo, Hannah Arendt estaba equivocada cuando aceptó la autocaracterización de Eichmann como kantiano que simplemente seguía el imperativo categórico que definía su deber como obedecer las órdenes de Hitler. Aquí hay que ser muy preciso: la ética kantiana de la autonomía de la voluntad no es una ética “cognitiva”, una ética de reconocer y seguir la ley moral que ya está dada. Según la crítica estándar, la limitación de la ética universalista kantiana del “imperativo categórico” (la exigencia incondicional de cumplir nuestro deber) reside en su indeterminación formal: la ley moral no me dice cuál es mi deber, solo me dice que debo cumplir mi deber, y por tanto deja espacio para el voluntarismo vacío (lo que yo decida que es mi deber se convierte en mi deber).

Lejos de ser una limitación, este rasgo nos lleva al núcleo de la autonomía ética kantiana: no es posible derivar las normas concretas que debo seguir en mi situación específica a partir de la ley moral misma –lo que significa que el propio sujeto debe asumir la responsabilidad de traducir la exigencia abstracta de la ley moral en una serie de obligaciones concretas. La aceptación plena de esta paradoja nos obliga a rechazar cualquier referencia al deber como excusa: “Sé que esto es pesado y puede ser doloroso, pero ¿qué puedo hacer?, es mi deber…” La ética kantiana del deber incondicional se toma a menudo como justificación de esta actitud –no es extraño que el propio Adolf Eichmann recurriera a la ética kantiana cuando intentó justificar su papel en la planificación y ejecución del Holocausto: simplemente estaba cumpliendo con su deber y obedeciendo las órdenes del Führer. Sin embargo, el objetivo del énfasis de Kant en la plena autonomía moral y responsabilidad del sujeto es precisamente impedir cualquier maniobra de este tipo que traslade la culpa a alguna figura del gran Otro.

El lema estándar del rigor ético es: “¡No hay excusa para no cumplir con el propio deber!” Aunque la conocida máxima de Kant Du kannst, denn du sollst! (“¡Puedes, porque debes!”) parece ofrecer una nueva versión de este lema, él la complementa implícitamente con su inversión mucho más inquietante: “¡No hay excusa para cumplir con el propio deber!” La misma referencia al deber como excusa para cumplir con mi deber debe rechazarse como hipócrita. Recordemos el ejemplo proverbial de un maestro severo y sádico que somete a sus alumnos a una disciplina y tortura implacables; su excusa para sí mismo (y para otros) es: “A mí mismo me resulta difícil ejercer tanta presión sobre los pobres niños, pero ¿qué puedo hacer?, ¡es mi deber!” Esto es precisamente lo que la ética kantiana prohíbe radicalmente: en ella soy plenamente responsable no solo de cumplir mi deber sino también de determinar cuál es mi deber. Así que Anton Alikhanov, el gobernador del enclave ruso de Kaliningrado, tenía razón cuando dijo recientemente que Kant, que pasó toda su vida en la región de Kaliningrado (la alemana Königsberg), tiene una “conexión directa” con la guerra en Ucrania. Según Alikhanov, fue la filosofía alemana, cuya “falta de Dios y de valores superiores” comenzó con Kant, la que creó la “situación sociocultural” que condujo, entre otras cosas, a la Primera Guerra Mundial:

“Hoy, en 2024, nos atrevemos a afirmar que no solo la Primera Guerra Mundial comenzó con la obra de Kant, sino también el conflicto actual en Ucrania. Aquí en Kaliningrado nos atrevemos a proponer –aunque en realidad estamos casi seguros de ello– que fue precisamente en la Crítica de la razón pura de Kant y en su Fundamentación de la metafísica de las costumbres […] donde se establecieron los fundamentos éticos y valorativos del conflicto actual.”

El gobernador continuó calificando a Kant como uno de los “creadores espirituales del Occidente moderno”, afirmando que el “bloque occidental, moldeado por Estados Unidos a su propia imagen”, es un “imperio de mentiras”. Kant, dijo, es considerado el “padre de casi todo” en Occidente, incluida la libertad, la idea del Estado de derecho, el liberalismo, el racionalismo e “incluso la idea de la Unión Europea”. Y si Ucrania resiste a Rusia en nombre de estos valores occidentales, Kant es también, de hecho, responsable de la resistencia ucraniana a Rusia. Las declaraciones “locas” de Alikhanov son así un recordatorio útil de las altas apuestas metafísicas de la guerra en curso entre Rusia y Ucrania. Alikhanov también tiene razón en otro sentido: Kant disipó brutalmente el mito de los orígenes sagrados del Estado de derecho; dejó claro que el origen de todo orden legal es la violencia ilegal –una lección inaceptable para el espiritualismo ruso defendido por Alikhanov. No se puede dejar de citar aquí una observación erróneamente atribuida a Otto von Bismarck: “Si te gustan las leyes y las salchichas, nunca deberías ver cómo se hacen.”

Esta incompatibilidad de la ética de Kant con cualquier limitación de la autonomía del sujeto es lo que, supongo, vuelve inconsistente cualquier tipo de ética religiosa kantiana. Así, lo que parece faltar en el pensamiento iraní cercano al régimen no es el liberalismo occidental sino la autonomía radical del sujeto que, en contraste con lo que esperaríamos, fundamenta una ética muy estricta y severa. Sin embargo, el hecho permanece: intensos y muy serios debates intelectuales tienen lugar constantemente en el mismo centro de la élite chií iraní que detenta el poder —¿puede uno siquiera imaginar a Larijani, si fuera elegido líder supremo, debatiendo con Trump, que no tendría la menor idea de lo que Larijani está diciendo? Dejo a mis lectores decidir si el alto nivel intelectual de los debates en el liderazgo iraní es algo bueno o algo malo, es decir, algo que facilita el giro hacia un autoritarismo brutal. El caso de Alikhanov criticando a Kant sería un argumento contra permitir que los políticos debatan filosofía –pero ¿cómo sería un debate entre Larijani y Alikhanov? La única conclusión triste que podemos extraer de esta situación es que el ataque Israel-Estados Unidos convirtió a moderados del régimen como Larijani en fanáticos asesinos, casi tan malos como Netanyahu y Katz." 

(Slavoj Žižek, Perfil, 07/03/26) 

10/11/21

La imposición de nuevas reglas y prohibiciones por la cultura 'woke', por la cultura de la cancelación, la de lo politicamente correcto, es un caso ejemplar de pseudoactividad... compartimos sus objetivos (los del feminismo, el antirracismo, etcétera) ya que nuestra crítica radica en la ineficiencia para llegar a ellos

 "El reproche habitual de los liberal-conservadores hacia la llamada cultura ‘woke’ (también conocida como ‘cultura de la cancelación') es que les parece demasiado radical: sus partisanos quieren destruir todas las estatuas, purgar nuestros museos, privarnos por completo de nuestra memoria colectiva y purificar el lenguaje cotidiano imponiendo su jerigonza insípida, fruto de la censura.

 En este asunto, creo que Ben Burgis acierta cuando defiende que los agentes de la cultura de la cancelación son ‘comediantes en un mundo en llamas’: lejos de ser ‘demasiado radicales’, su imposición de nuevas reglas y prohibiciones es un caso ejemplar de pseudoactividad, de como asegurarse de que nada va a cambiar por el método de fingir actividad frenéticamente

No nos puede sorprender que nuevas formas de capital, en particular los magnates anti-Trump de las tecnológicas (Google, Apple, Facebook…), apoyen de manera apasionada las luchas feministas y antirracistas: nuestra realidad es un capitalismo ‘woke’. No se cambian las cosas realmente prescribiendo medidas que nos llevan a un balance ‘justo’ superficial, que no ataca las causas últimas de los desequilibrios. 

Este es el último caso de lucha políticamente correcta contra los privilegios: el Departamento de Educación de California propuso que las diferencias entre los estudiantes con buen expediente y sus compañeros con peores notas desaparezcan: los profesores deben contener a quienes destacan y estimular a los menos dotados, tratándoles como si fueran iguales en sus habilidades. ¿Justificación? “Rechazamos la idea de talento y de habilidades naturales”, ya que “no hay un corte que determine quién es talentoso y quién no”. El objetivo radica en “reemplazar el concepto de talento innato en matemáticas por el reconocimiento de cada estudiante transita un camino de mejora”. 

Estamos ante un caso ejemplar de falso igualitarismo destinado a alimentar odio y envidia. Necesitamos buenos matemáticos dedicados a la ciencia avanzada y las medidas que se proponen no ayudan a ello. La solución: ¿por qué no reclamar mejor educación para todos y mejores condiciones de vida para los pobres? Es sencillo imaginar el próximo paso de este falso igualitarismo: ¿no es un caso de suprema injusticia que algunos individuos sean sexualmente mucho más atractivos que otros? La sexualidad, en efecto, es un territorio de terrible injusticia y desigualdad… La igualdad del disfrute sexual es el último sueño de este falso igualitarismo. 

Zizek y el deseo femenino

Existen unas pocas voces de oposición izquierdista auténtica en esta marea de falsa justicia: además de Burgis, debo mencionar a Angela Nagle y Katherine Angel. El único problema que tengo con el libro de Nagle es el título: Mujeres y deseo en la era del consentimiento: el sexo de mañana volverá a ser bueno

 La afirmación parece implicar que el sexo alguna vez fue bueno, en el sentido de no antagonista, y que volverá a serlo de nuevo. En muy pocas ocasiones he leído un libro con el que estuviera tan completamente de acuerdo en su premisa básica, recogida en un párrafo de la publicidad editorial, que cito aquí ampliamente, sin vergüenza: “Las mujeres están en aprietos: en nombre del consentimiento y del empoderamiento, se ven obligadas a expresar sus deseos de manera clara y con confianza. 

Mientras tanto, los expertos en conductas sexuales sugieren que el deseo femenino emerge de manera lenta. Los hombres insisten en que conocen los mecanismos de lo que las mujeres buscan, y también sus deseos. Mientras tanto, la violencia sexual abunda. 

En este ambiente, ¿cómo pueden las mujeres saber lo que quieren? ¿Y por qué esperamos que lo sepan? Katherine Angel desafía nuestras Asunciones sobre deseo femenino. ¿Por qué, se pregunta la autora, debe esperarse que sepamos lo que deseamos? ¿Y cómo de en serio podemos tomarnos la violencia sexual cuando no saber exactamente lo que queremos es clave en nuestro erotismo y nuestra personalidad?”

Las partes en cursiva (que son mías) resultan cruciales: cualquier teoría feminista debería tener en cuenta el ‘no-saber’ como una pieza clave de la sexualidad y basar su oposición a la violencia en las relaciones sexuales no en explica términos usuales de “solo sí significa sí”, sino evocar ese ‘no-saber’. Este es el motivo por el que el lema de que las mujeres “deben proclamar sus deseos de manera clara y con confianza” no es solo una imposición sexual, sino una desexualización, una defensa del ‘sexo sin sexo’. Por eso el feminismo, en algunas instancias, refuerza precisamente ese ‘avergonzar y silenciar’ la sexualidad femenina al que dice oponerse.

 Lo rechazable de los avances sexuales masculinos no es solo la violencia directa, física o psíquica, sino también la presunción de qué el hombre sabe lo que la mujer confusa ignora (y que ese saber legitima su violencia). Un hombre es violento incluso cuando trata a una mujer con respeto si asume de manera condescendiente que conoce sus deseos mejor que ella.

 Esto no implica de ninguna manera que el deseo femenino tenga alguna deficiencia comparado con el masculino (que se supone que saben lo que quieren): la lección de los psicoanalistas es que siempre existe una distancia que separa lo que queremos de lo que deseamos. Puede ocurrir que yo no solo desee algo sino que quiera obtenerlo sin pedirlo explícitamente, fingiendo que me ha sido impuesto, y que pedirlo de manera directa arruinase el placer.

 De manera inversa, puedo querer algo, soñar sobre ello, pero no desear obtenerlo: mi consistencia subjetiva puede depender por completo de no obtenerlo y si lo obtuviera colapsaría mi subjetividad. Debemos tener siempre en mente que una de las formas más brutales formas de violencia ocurre cuando algo que deseamos secretamente, o con lo que fantaseamos (pero que no estamos preparados para hacer en la vida real), nos es impuesto por una fuerza exterior. 

Las censuras cruciales

La única forma de sexo que encaja perfectamente con el criterio de la corrección política es el contrato sadomasoquista.

  Los partisanos de la izquierda políticamente correcta a menudo reprochan a sus críticos que se centran demasiado en los excesos de la corrección política, por ejemplo los aspectos censores de la cultura de la cancelación y la cultura ‘woke’, ignorando formas de censura mucho más graves. En el Reino Unido tenemos el servicio secreto MI6 con derecho de veto en cualquier instancia estatal y académica, controles policiales de la actividad sindical, regulaciones secretas sobre lo que puede publicarse en medios de comunicación, interrogatorios a menores musulmanes sobre actividades terroristas, por no hablar del encarcelamiento ilegal de Julian Assange

 Estoy de acuerdo en que este listado reúne pecados más graves que la cultura de la cancelación, pero creo que todo esto proporciona el argumento definitivo contra la cultura ‘woke’ y sus regulaciones políticamente correctas: ¿por qué, entonces, la izquierda se centra en aspectos menores de nuestro lenguaje cotidiano en vez de hacerlo en estas cuestiones más relevantes que hemos citado? No sorprende que el propio Assange fuese atacado por algunas feministas políticamente correctas de Suecia (pero no solo de Suecia) que se negaron a apoyarle porque se tomaban muy en serio las acusaciones de conductas sexuales inapropiadas (luego desestimadas por las autoridades judiciales de Suecia).  Parece que una infracción menor de las reglas políticamente correctas fuese más importante que ser víctima de la maquinaria del terror estatal. 

En cualquier caso, la posición ‘woke’ toca un aspecto realmente importante en la reproducción de la hegemonía. Me refiero a las reacción del sistema, que cambia desde ridiculizar a sus oponentes a ser presa del pánico y tratar de suprimir el antagonismo por la vía legal. Muchas veces encontramos en los medios quejas sobre los “excesos” de las teorías de raza o género que piden volver a las narrativas hegemónicas sobre el pasado americano. 

Estamos en mitad de una contraofensiva reaccionaria para reafirmar y blanquear el mito americano. Nuevas leyes propuestas en al menos quince estados de EE.UU. proponen prohibir la enseñanza de la teoría crítica sobre la raza, el Proyecto 1619 del New York Times, y también cualesquiera ‘conceptos divisivos’. A los niños se le debe enseñar una falsa versión de la fundación de los Estados Unidos que se parece más a un parto mítico virginal que a la realidad sangrienta y dolorosa. 

Doctrinas divisivas

En Idaho, el gobernador Bill Little firmó una ley por la que las escuelas no pueden enseñar teoría crítica de la raza , de la que se afirmaba que “inflama y exacerba divisiones sobre la base del sexo, raza, etnicidad, religión, color, origen nacional, de manera contraria a la unidad de la nación y del bienestar del estado de Idaho y sus ciudadanos”. La teniente-gobernador del estado, Janice McGeachin, estableció una fuerza de trabajo para “examinar el adoctrinamiento en la educación de Idaho y proteger a nuestros jóvenes del azote de la teoría crítica de la raza, el socialismo, el comunismo y el marxismo”.

 ¿Son las teoría prohibidas realmente divisivas? Sí, pero solo en el preciso de que se oponen (se separan respecto) al mito oficial hegemónico que es ya ‘divisivo en su esencia’: excluyendo a determinados grupos y posiciones, a los que coloca en una posición subordinada. Más allá de todo esto, está claro que los partisanos de los mitos oficiales no se preocupan tanto por la verdad como por la estabilidad de los mitos fundadores. Estos partisanos, y no las personas menospreciadas por ellos como ‘relativistas culturales’, están incurriendo en una posverdad; les gusta mencionar los  “hechos alternativos”, pero se niegan a aceptar mitos fundacionales alternativos.  

A la vez que criticamos la cultura de cancelación, siempre debemos tener en mente que compartimos sus objetivos (los del feminismo, el antirracismo, etcétera) ya que nuestra crítica radica en la ineficiencia para llegar a ellos. Con los defensores de los mitos fundacionales, la historia es muy diferente: sus objetivos son inaceptables, por lo que esperamos que nunca los alcancen. "           (Slajov Zizek  , Vox Populi, 17/06/21)

4/4/11

"No prestamos suficiente atención a lo que nos hace sentir bien porque estamos obsesionados midiendo si tenemos más o menos placer que el resto"

"S. Z. Me interesan más otras cosas. Por ejemplo, los conceptos de posible e imposible. Hoy cualquiera con dinero puede viajar al espacio, cada mes anuncian descubrimientos contra algún tipo de cáncer, incluso se habla de avances para alcanzar la inmortalidad.

Al mismo tiempo, en cada telediario, salen políticos y economistas explicando que no hay dinero para mantener la Seguridad Social. Vivimos una época que promueve los sueños tecnológicos más delirantes, pero no quiere mantener los servicios públicos más necesarios.
EP3. ¿Qué postura toma frente a esto?
S. Z. No estoy en contra del capitalismo en abstracto. Es el sistema más productivo en la historia. Me considero comunista, aunque el comunismo no sea ya el nombre de la solución, sino el del problema. Hablo de la lucha encarnizada por los bienes comunes.
Las corporaciones intentan privatizar los recursos naturales, la biogenética o los conocimientos. El capitalismo actual se mueve hacia una lógica de apartheid, donde unos pocos tienen derecho a todo y la mayoría son excluidos.
EP3. Su último libro, Living in the end times (2010), explora nuestra negativa a aceptar que el mundo está al borde del colapso. ¿Qué nos impide tomar verdadera conciencia?
S. Z. Nos gustan las respuestas sencillas. En vez de pensar sobre la estructura del sistema, nos refugiamos en cuestiones morales. El anticapitalismo es muy popular entre las grandes estrellas de Hollywood. Todos están en contra de alguna compañía que explota niños o que contamina el medio ambiente. Hacen estas cosas para calmar su conciencia individual.
Me opongo por completo a lo que suele llamarse estilo de vida ecologista. Hablo de la gente que recicla, tiene paneles solares y compra comida orgánica.
Leí hace poco un informe que demuestra que si todos siguiéramos esas pautas de consumo provocaríamos una catástrofe, ya que los artículos ecológicos son mucho más caros de producir.
EP3. ¿Cuál es la alternativa?
S. Z. La solución que ofrecían era que la mayor parte posible de la humanidad viviera apiñada en grandes ciudades. Así, todos los servicios serían más baratos. El sueño de todos de la casita en el campo o en las afueras puede acabar en cataclismo.
EP3. ¿Hay que replantearse todo?
S. Z. Hay que ser más hedonistas. El problema es que no nos centramos en lo que realmente nos satisface. Estamos atrapados en una competición malsana, una red absurda de comparaciones con los demás. No prestamos suficiente atención a lo que nos hace sentir bien porque estamos obsesionados midiendo si tenemos más o menos placer que el resto.
En estos casos extremos, me gusta recurrir a los clásicos. Por ejemplo, Rousseau. Él veía el egoísmo como algo saludable. El único límite que ponía es que no es legítimo preferir el bien propio si causa un mal a otros. Los capitalistas actuales son fanáticos religiosos que defienden sus beneficios aunque traigan la ruina para millones de personas." (El País, EP3, 01/04/2011, p. 4)

4/2/11

Las causas sociales de la guerra de Afganistán

"Aun ante movimientos abiertamente fundamentalistas, hay que tener cuidado de no perder de vista el componente social. A los talibanes se los suele presentar como un grupo fundamentalista islámico que se impone mediante el terror; sin embargo, cuando en la primavera de 2009 ocuparon el valle paquistaní del Swat, The New York Times informó de que habían fraguado "una revolución de clase que explota las profundas fisuras existentes entre un pequeño grupo de terratenientes acaudalados y sus desposeídos arrendatarios".

Si al "aprovecharse" de los sufrimientos de los campesinos los talibanes estaban "dando la voz de alarma sobre los riesgos que pesan sobre Pakistán, que sigue siendo mayormente feudal", ¿qué es lo que impedía a los demócratas partidarios de ese país, así como de EE UU, "aprovecharse" igualmente de esos sufrimientos, tratando de ayudar a los campesinos sin tierra? ¿Acaso las fuerzas feudales paquistaníes son el "aliado natural" de la democracia liberal?

Es inevitable llegar a la conclusión de que el auge del radicalismo islámico fue siempre el reverso de la desaparición de la izquierda laica en los países musulmanes. Cuando Afganistán aparece retratado como el ejemplo más extremo de país fundamentalista musulmán, hay que preguntarse si todavía alguien se acuerda de que hace 40 años era un país con una sólida tradición laica en el que un poderoso partido comunista se hizo con el poder sin contar con la Unión Soviética. ¿Adónde fue a parar esa tradición laica?" (SLAVOJ ZIZEK: Caos bajo los cielos: qué magnífica situación. El País, 03/02/2011, p. 27)

4/9/09

El stalinismo, el nazismo... y la izquierda

"P. ¿Cuál es su percepción fundamental?

R. Mi problema es el siguiente: nosotros, la izquierda, aún no disponemos de una buena teoría sobre lo que fue el estalinismo. La Escuela de Francfort, Jurgen Habermas, todos estaban obsesionados con el marxismo y con el antisemitismo, pero no dijeron nada del estalinismo. Existe un libro de Herbert Marcuse, ya lo sé, pero no es más que una interpretación de los textos de los congresos del PCUS. Si lee usted a Habermas no podrá adivinar que mientras el filósofo escribía, había dos Alemanias. Un amigo de la Escuela de Francfort me explicó que no abordaron el estalinismo para no parecer anticomunistas. ¿Cómo? ¡Pero si eran abiertamente anticomunistas! ¡Algunos apoyaron la intervención estadounidense en Vietnam! ¿Cuál es la percepción fundamental de la Escuela de Francfort? Lo que llaman la dialéctica de la Ilustración, es decir, que existe un potencial opresivo totalitario en la Ilustración moderna europea.

¿Hay mejor ejemplo de ello que el estalinismo? Mientras el fascismo estaba abiertamente en contra de la Ilustración, el estalinismo constituía una Ilustración radical. No digo que el estalinismo fuera mejor que el nazismo, digo que hay en él algo realmente enigmático y desconocido. Un detalle revelador: los presos del Gulag tenían la obligación de enviar a Stalin telegramas de felicitación por su cumpleaños. ¿Se imagina a los judíos de Auschwitz felicitando a Hitler? Por la misma razón, los nazis no organizaron juicios para que los judíos confesaran que participaban en una conspiración mundial contra Alemania. Los estalinistas, en cambio, necesitaban confesiones y arrepentimientos, porque consideraban que incluso un traidor formaba parte de la razón universal y podía ver su propia mentira.

P. El nazismo y el estalinismo desembocan igualmente en un antisemitismo brutal.

R. Es la modernidad. Hasta la Revolución Francesa, el objetivo consistía en bautizar y cristianizar a los judíos. Se creía en la emancipación. Después decidimos que el problema radicaba en su naturaleza y por tanto sólo cabía matarlos. Es curioso, los modernos creemos ser más "liberales" que los premodernos y no es así." (Slavoj Zizek: "Si un fármaco puede hacerme más valiente, más lúcido y más generoso, ¿en qué queda la ética?". El País, babelia, 25/03/2006, p. 2/3)