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14/6/16

Franco ganó la guerra gracias a la gasolina norteamericana de la Texaco Oil

"Adam Hochschild recuerda en su nuevo libro ‘Spain in Our Hearts: Americans in the Spanish Civil War, 1936-1939’ la aportación de todos los norteamericanos que sintieron como propia la guerra civil española y que la eligieron para luchar contra el fascismo. 

En su obra también aparece una figura menos conocida en España, pero fundamental para la supervivencia del bando franquista. Torkild Rieber, máximo jefe de la petrolera Texaco, es ese hombre. “Siempre pensaba que era mejor hacer negocios con los autócratas que con las democracias”, según un amigo suyo citado por Hochschild. 
“Decía que con un autócrata sólo tenías que sobornarlo una vez. Con las democracias tienes que hacerlo una y otra vez”.

Como admirador de Hitler y los fascismos europeos, Rieber no esperaba preocuparse por los sobornos a Franco. Su petróleo y su dinero eran el mejor regalo que podían esperar los militares sublevados.
“En 1935, la República española firmó un contrato con Texaco, ya dirigida por Rieber, que convertía a la empresa en la principal suministradora de petróleo de España. Al año siguiente, después de que Franco y sus aliados se lanzaran a por el poder, Rieber cambió de opinión y apostó por ellos.
Sabiendo que camiones, tanques y aviones no sólo necesitaban combustible, sino también aceite y otros productos para los motores, el consejero delegado de Texaco ordenó rápidamente el envío de suministro a través del puerto francés de Burdeos con un petrolero de la compañía con destino a los necesitados nacionalistas. Fue un gesto que Franco no olvidaría.
Los altos cargos nacionalistas enviaron mensajes con el argumento de que, por mucho que necesitaran el petróleo de Texaco para sus militares, tenían un agudo problema de dinero. Rieber respondió de inmediato con un telegrama –”no se preocupen por el pago”– que se hizo legendario en el círculo más cercano al dictador.
No es una sorpresa que poco después fuera invitado a Burgos, al cuartel general de la insurgencia nacionalista, donde prometió cortar las ventas de combustible a la República, mientras garantizaba a Franco todo el petróleo que necesitaba”.
Ese apoyo era ilegal, según la legislación norteamericana, pero eso nunca fue un obstáculo. Todo lo más, Texaco fue multada con 22.000 dólares.

Petróleo, dinero y también información. Los petroleros que la República utilizaba para importar crudo y combustible fueron hundidos gracias a la información facilitada por Texaco a la que la compañía tenía acceso por su conocimiento del tráfico marítimo internacional.

Cuando Franco ganó la guerra pagó todo lo que debía a Texaco. Según Hochschild, Rieber vendió a los franquistas petróleo por valor de 20 millones de dólares (equivalentes a 325 millones de hoy). Además del dinero que debía, Franco concedió a Rieber la Gran Cruz de Isabel la Católica."               (Guerra eterna, 15/05/16)

24/2/15

Los traidores a la República... Casado, Besteiro...

"Paul Preston (...)  recorre los últimos meses de la contienda siguiendo los pasos, principalmente, de tres protagonistas: el coronel golpista Casado, el presidente Negrín y el socialista Besteiro. Esta es la entrevista realizada a través de correo electrónico.

-Tras leer el libro, queda la impresión de que usted ha querido hacer justicia a Negrín.

-Mi proyecto no empezó así aunque así terminara. Mi intención era explicarme a mí mismo los últimos meses de la guerra, sobre todo para explicar la tragedia final, que ya había descrito en El holocausto español aunque no me había parado a investigar las responsabilidades políticas en la zona republicana.

 De los tres protagonistas principales, trabajé sobre Besteiro en Las tres Españas del 36. Era consciente de sus contactos con la Quinta Columna y de su ceguera sobre las consecuencias de la victoria de Franco. Pero me chocó de nuevo su candidez e irresponsabilidad.

 A Casado, quizás influido por sus propios libros, le había dado el beneficio de la duda, creyendo que quería poner fin a las matanzas. En cambio, me enfrenté con un cínico, mentiroso, egoísta que actuó siempre en su propio interés y no hizo nada para evitar las consecuencias trágicas de la victoria de Franco. En comparación con estos dos, el comportamiento de Negrín era más realista que el de Besteiro y más honesto que el de Casado.

-¿Por qué costó tanto a los dirigentes políticos y a muchos militares entender el lema de Negrín "resistir es vencer"? ¿Fue el presidente del Gobierno lo suficientemente explícito para que entendieran que no pretendía ganar la guerra, sino conseguir una paz negociada, con garantías?

-Creo que muchos leían el lema a través de unos filtros emocionales. Estaban ya agotados con la guerra, al borde del derrotismo y muchos no se fiaban de los comunistas. Sin entrar a pensar a fondo lo que buscaba Negrín –o sea ganar tiempo para organizar las evacuaciones y buscar la manera de sacarle concesiones a Franco para los que no se podían exiliarse– daban por supuesto que él quiso una lucha numantina que no era el caso. 

En palabras de Dr Rafael Méndez, íntimo amigo de Negrín: 'Resistencia a ultranza y movilización de recursos internacionales, para conseguir una paz que previniera el exterminio de miles y miles de republicanos, constituyó el eje de la política de Negrín desde que consideró inalcanzable la victoria.

 El 31 de marzo de 1939, el mismo Negrín se dirigió a la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados diciendo: 'Resistir, ¿para qué? ¿Para entrar triunfalmente en Burgos? Nunca hemos hablado ni pensado en ello. Señores, proclamar una política de resistencia implica el confesar que no se cuenta con medios para aplastar al enemigo, pero que causas superiores obligan a luchar hasta lo último, y para ello es necesario estimular y alentar el ánimo bélico de los combatientes. 

Negrín veía que, aunque la República no podía ganar tampoco estaba derrotada. Tenía un ejército enorme y más de la tercera parte del territorio español. Diez días después del golpe de Casado, los alemanes entraron en Praga y completaron la ocupación de en Checoslovaquia. La situación internacional estaba cambiando y una amenaza de resistencia podría haberle preocupado profundamente a Franco. Sin embargo, dentro de España, muy pocos tenían la visión internacional que tenía Negrín.

-Alarma ver de qué forma la cúpula militar de la zona Centro había quedado infiltrada de espías.

-Esto lo explica muy bien el libro magistral de Ángel Bahamonde. Los oficiales de carrera que dominaban en la zona Centro habían mantenido lazos de amistad con sus antiguos compañeros. Algunos, desde el primer momento, ayudaron a la causa rebelde a base de sabotaje y filtración de información estratégica y otros, conforme se acercaba la derrota, querían intensificar esos lazos de amistad con la esperanza de salvarse.

-¿Por qué le costó tanto a Negrín confiar en algunos de los informes que le llegaban, sobre todo, de Cordón, sobre el espionaje en los altos mandos militares?

-Esta pregunta solamente la podría contestar el mismo Negrín. De todas formas, yo me atrevería a sugerir que le costaba pensar que alguien, supuestamente leal a la República, pudiera traicionarla, máxime cuando hacerlo suponía ignorar lo que supondría la victoria de Franco en términos de la represión consiguiente.

 Además, hay que recordar que era solamente hacia el final que Casado se arriesgó a tantear a gente próxima a Negrín, como Ignacio Hidalgo de Cisneros o Antonio Cordón. Es verdad que Negrín no tomó muy en serio esas actividades porque se fiaba de otros (también traidores y colaboradores de Casado) como los generales Matallana y Miaja.

-¿Cómo es que la República no actuó con dureza con algunos de esos mandos? ¿no cometían un delito de traición?

-Al principio, la República necesitaba oficiales con capacidad profesional, estratégica, táctica etc. Se hizo un proceso de investigación de la lealtad a través del Gabinete de Información y Control presidido por el Capitán Eleuterio Díaz-Tendero Merchán. Los que no fueron clasificados como ‘indiferentes’ o ‘fascistas’ y mostraron su disposición a luchar por la República fueron mantenidos en el Ejército y se fiaba de ellos. El cuerpo responsable de vigilarles, el SIM, se concentraba mucho más sobre los civiles de la quinta columna.

-Parece increíble que los servicios del SIM no detectaran la preparación del golpe de Casado. ¿Es porque estaba buena parte de la cúpula militar copada por la quinta columna y el SIPM?

-Por una parte, creo que Casado personalmente no era tan indiscreto. Mantenía en secreto sus relaciones con los servicios franquistas salvo con Besteiro y un grupo de sus más estrechos colaboradores militares. Sus aliados anarquistas no sabían nada de esas actividades. 

También hay que recordar que unos elementos importantes del Servicio de Información Militar estaban ya conspirando con Casado. Cuando Santiago Garcés Arroyo, el jefe supremo del SIM, ordenó el arresto de Casado, tropezó con el hecho de que el comandante del SIM del Ejército del Centro, Ángel Pedrero, se negó porque ya participaba en el contubernio de Casado.

-Tiene usted un capítulo, el 10, llamado El golpe, que, de ser su obra una novela, podríamos decir que es el clímax ¿Coincide? ¿Cómo se planteó su escritura? ¿No le parece a usted la base de un guión fantástico para una película histórica?

-Si yo fuera novelista, pensaría en estos términos. Sin embargo, soy historiador y mi cometido es contar lo que pasó de la manera más verídica posible a base de una investigación. Habiendo dicho esto, creo que el historiador no es solamente un investigador sino también alguien que cuenta historias basadas en la realidad. Por tanto, tiene el deber para con sus lectores de hacerlo de la manera más amena posible.

-El Partido Comunista, su teórica masiva presencia e influencia en el Ejército e incluso su supuesto control sobre el Gobierno y el propio Negrín, fue usado para justificar el golpe del 5 de marzo de 1939. Se sirvió de este argumento Casado, también lo hicieron los anarquistas, incluso lo hizo Besteiro. Era falso, pero ¿se tenía esa percepción en 1939? ¿Calaba este argumento? Parece que incluso hoy aún perdura en algunos historiadores.

-Claro que era falso. Si fuera la verdad, como siguen diciendo algunos historiadores de derechas, que la República era una marioneta de Moscú, Casado no habría tenido el éxito que tuvo. Negrín colaboraba con los comunistas porque defendían la República y porque eran el canal a través del cual llegaba la ayuda soviética. 

Esto no significaba que él fuera comunista o excesivamente influido por ellos. Había anarquistas y socialistas que creyeron ese mito porque, al abogar Negrín y los comunistas por la resistencia continuada, era una manera de canalizar su derrotismo y su cansancio de la guerra. También había el resentimiento por lo que habían hecho los comunistas al reprimir las ambiciones revolucionarias de los anarquistas.

-También cuesta entender la participación de Julián Besteiro.

-La motivación de Besteiro era una mezcla de soberbia e ingenuidad. Evidentemente, dada su reputación de hombre por encima de las rencillas políticas, a Casado le vino de perlas como legitimación de lo que estaba conjurando.

-Creo que usted hace una descripción muy acertada del proceder de Besteiro, al calificarlo de "ingenuidad culposa". ¿Por qué utiliza esta expresión?

-Porque había que ser ingenuo, o no haber leído ningún periódico en los dos años y medio anteriores, para no darse cuenta de lo que iba a ser la represión franquista. Y era ingenuidad culposa porque, a base de su creencia errónea de que no iba a haber una represión, obstaculizó las posibilidades de evacuación de miles de republicanos y así contribuyó a su suerte trágica.

-Al final, Besteiro decide quedarse en España. ¿Una decisión que, de alguna manera, le honra, aunque quizás no oculte su tremendo error?

-Efectivamente. Un sacrificio inútil que contribuyó a mantener su reputación pero que no sirvió para limitar la represión en lo más mínimo.

-Otro papel discutible es el de Azaña. ¿Cree que estuvo a la altura de las circunstancias?

-No. Hubo muchísimos elementos admirables en Azaña. Sin embargo, su cobardía al huir después de la caída de Catalunya dejó a la República sin jefe de Estado y dio una excusa a los gobiernos francés y británico para reconocer a Franco y dificultar la situación de Negrín.

-Al final, la Guerra Civil terminó un poco como empezó: con un golpe de Estado, en el que los sublevados se justifican por el peligro revolucionario comunista. ¿Se cierra un círculo que Franco explotó muy convenientemente y que le benefició incluso cuando gobernó, cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial?

-Sí. En ninguna de las dos circunstancias hubo peligro revolucionario comunista alguno pero las circunstancias internacionales permitían a Franco aprovecharse de esa retórica falsa.

-El papel de Gran Bretaña ayudó poco a la República y el reconocimiento del gobierno de Burgos, cuando aún no había finalizado la guerra, perjudicó todavía más las pretensiones de Negrín de conseguir una paz negociada. ¿Por qué esa especie de desconfianza o animadversión hacia la República por parte de las autoridades británicas?

-El gobierno británico durante la Guerra Civil era muy conservador y ferozmente anticomunista. Se había tragado el bulo de la conspiración comunista lanzado por los golpistas en 1936.

 Además, las clases altas británicas tenían muchos lazos con las españolas, desde el duque de Alba (también duque de Berwick-on-Tweed y emparentado con la familia real británica) hasta los muchos españoles (sobre todo de Jerez) educados en los colegios privados ingleses más elitistas. El gobierno conservador simpatizaba con Hitler y Mussolini porque esperaba que ellos fuesen una fuerza anticomunista.

-También queda al final del libro una cosa clara, un rasgo de Franco que usted ha puesto en evidencia en otras de sus obras: su carácter tremendamente astuto y calculador y su decisión de acabar físicamente con el contrario. ¿Es así? ¿Por qué maltrató incluso a los militares que le ayudaron, como Matallana, Casado…?

-No hay duda de que Franco, a pesar de su mediocridad cultural, era muy astuto cuando de medir las debilidades de un enemigo se tratase. La gratitud nunca fue uno de sus rasgos y, a los que no se habían declarado plenamente a favor del alzamiento, por muy útiles que fuesen sus servicios a su causa, les trataba como enemigos. 

Había algunas excepciones –las explica muy bien el Dr. Bahamonde Magro– y una de ellas fue Casado. Si bien no tuvo los premios que él esperaba, en cambio Franco facilitó su evacuación a Gran Bretaña donde recibió un trato excepcional por sus servicios en acelerar la derrota republicana."               (Entrevista al historiador inglés Paul Preston, Blai Felip Palau , La Vanguardia, en Rebelión, 24/02/2015)

6/5/14

La ayuda militar y económica prestada por Alemania e Italia desde los primeros compases de la guerra fue decisiva para la victoria del ejército de Franco

"Mito número uno de la Guerra Civil española: el conflicto bélico debe ser interpretado en clave interna y la fecha del golpe de Estado del 18 de julio de 1936 se explica por el asesinato de Calvo Sotelo el 13 de julio del mismo año y la "anarquía" a la que conducía la República. Mentira. 

La realidad es que la elección del 18 de julio como fecha del golpe se explica por los contratos de compra de armas que los conspiradores monárquicos firmaron con la Italia fascista de Mussolini el 1 de julio mediante los cuales los italianos se comprometieron a entregar a los golpistas 47 aviones de guerra y miles de bombas, ametralladoras y municiones.

"De todos los países que intervinieron en la Guerra Civil el que más recursos invirtió fue, sin duda, Italia, que sin embargo era más débil que Alemania y la Unión Soviética, porque Mussolini consideró que podría influir en la orientación futura de la política española", explica el historiador Ángel Viñas en la obra 75 años después. Las claves de la Guerra Civil española (Ediciones B) de Mario Amorós, que asegura que la firma de los contratos con la Italia fascista demuestran que "los conspiradores pensaban que el golpe de Estado podía fácilmente derivar en una guerra civil" y que el asesinato de Calvo Sotelo no afectó a la sublevación militar. "La sublevación hubiera estallado igualmente. Todo estaba preparado. Incluso el 'detalle' de los aviones", prosigue Viñas.
 
El historiador Ángel Viñas desveló en la obra colectiva Los mitos del 18 de julio (Crítica) los contratos que materializaron la ayuda italiana. Fueron, exactamente, cuatro documentos con sus correspondientes anexos. El primer contrato ascendía a un valor 16.246.750, 55 liras e incluía doce aviones Savoia 81; 10.000 bombas de dos kilogramos; 500 bombas de 50 kilos; 1.500 de 100; y 100 de 250; más carburantes y lubricantes.

 "Es muy importante destacar que los suministros objeto de este primer contrato debían entregarse durante el mes de julio. Es decir, eran la punta de lanza que había de asegurar el éxito de la sublevación en el curso de las siguientes semanas", asegura Viñas.

Los tres siguientes contratos recogieron la compra de decenas aviones caza CR 32, hidroaviones Macchi 41, un hidro Savoia 55X, proyectiles perforantes, más motores, ametralladoras, etc. En total, estos cuatro contratos.

 "El importe final de los contratos romanos ascendió, pues, a la suma de 39.286.876,37 liras (...) En resumen, se trató de un montante de 339 millones de euros. Una cifra nada desdeñable, aunque menos desdeñable era que había que pagar a tocateja, a la entrega del material", escribe Viñas.

El Duce financia a Falange

La ayuda militar contemplada en estos cuatro contratos descritos no fue la única que Mussolini prestó a los sublevados. Desde junio de 1935 el Duce estuvo transfiriendo 50.000 liras mensuales. 

La operación -describe José Ángel Asiaín en La financiación de la Guerra Civilespañola (Crítica)- se rodeó del más estricto secreto, hasta tal punto que incluso José Antonio Primo de Rivera iba cada dos meses a París a recoger personalmente los fondos, no utilizando en ningún momento los servicios de los medios italianos en Madrid, ni la valija diplomática.

"En todo caso, parece claro que esa subvención permitió a Primo de Rivera y a los falangistas emanciparse financieramente y que el partido pudiera satisfacer sus necesidades más perentorias sin recurrir a la ayuda de los monárquicos", escribe José Ángel Asiaín.

Bonos del Tesoro para Mussolini

Una vez acabada la Guerra, el Gobierno de Franco procedió a la negociación de la liquidación de la deuda con el Gobierno italiano. El total del crédito ascendía a 6.926 millones de liras más otros 300 millones que había prestado la banca italiana. El proceso de liquidación no planteó, en cambio, ningún problema, debido a "la generosidad que en todos los momentos las altas jerarquías del Estado italiano", dice Sánchez Asiaín. 

"El Gobierno italiano propuso fijar en 5.000 millones de liras la deuda total. El resto quedaba condonado", escribe el economista, que añade que la devolución del crédito de 300 millones de euros fue objeto de "un acuerdo especial".

Así, para la devolución de tal cantidad de dinero el Gobierno español debía emitir, y consignar a favor del Gobierno italiano, bonos del Tesoro español no transferibles ni pignorables. El acuerdo fue materializado en el BOE el 5 de febrero de 1942 cuando se estableció que, superadas "las dificultades de orden material para confeccionar los títulos en que se ha de quedar representada la deuda al Gobierno de Italia por suministros especiales durante 'la guerra española de liberación' , el ministro de Hacienda emitiría y entregaría a la administración central del Banco de Italia cinco mil bonos del Tesoro español de un millón de liras cada uno.

El resultado de la II Guerra Mundial fue favorable a los intereses de España, al menos, en lo referido a la devolución de la deuda. La notable depreciación de la lira, que se produjo en el período 1942-1967, provocó que el peso de la deuda disminuyera considerablemente, en términos reales, para la España de Franco.

La ayuda de la Alemania de Hitler

Pero sí la ayuda de Italia fue la más importante en términos cuantitativos, la alemana tuvo especial importancia en términos cualitativos. Si bien Mussolini había prestado su ayuda con la intención de influir al máximo en la política española, Ángel Viñas relata que fue Hitler y su III Reich el que fascinó al general Francisco Franco.

 "En el transcurso de la Guerra Civil la nación que deslumbraría a Franco fue Alemania, no Italia. Por eso, cuando acabó la contienda, Franco gravitó hacia el III Reich a pesar de los roces que había tenido con ellos", asegura Viñas, que afirma que si bien Franco tomó muchas cosas importantes de la Italia fascista como "los sindicatos verticales" él estaba "fascinado" por los nazis.
 
Al contrario que la Italia fascista, la Alemania nazi no tuvo nada que ver con el golpe de Estado de 1936. Los alemanes no intervinieron en España hasta que comenzó la Guerra Civil. Los golpistas trataron de acercarse desde el primer momento a Alemania en busca de ayuda.

 El proceso oficial de petición de ayuda de los sublevados a Alemania comenzó el 21 de julio, cuando Franco, tratando de llegar a Hitler de la forma más directa y rápida, recibió a Johannes Berbhardt, del que sabía que estaba en condiciones de contactar con facilidad, y sin trámites administrativos, directamente con el propio Hitler.

Entre los motivos por los cuales Hitler aceptó la petición de ayuda de Franco se encuentra, según Sánchez Asiaín, la "simpatía hacia los planteamientos anticomunistas" y la posibilidad de "utilizar el conflicto español como un laboratorio para mejorar las técnicas de los ejércitos alemanes". Así, Hitler decidió mandar unos JU-52 de transporte cuanto antes a Marruecos para trasladar a las tropas de Franco a la península.

Sin embargo, los motivos políticos no fueron los que más pesaron en la decisión de Hitler. Relata el autor de La financiación de la Guerra Civil española que "pronto quedó claro que la península Ibérica formaba parte de sus objetivos comerciales, y que la riqueza minera era un importante objetivo". 

"La intervención alemana en la Guerra Civil española, y el volumen de su ayuda, no puede entenderse sin tener en cuenta la política de aprovisionamiento de materias primas, especialmente de minerales aplicados a las necesidades de guerra", escribe.

A través de varias empresas, Hitler trazó un "perfecto mecanismo" para explotar la dependencia de Franco de la ayuda militar y económica alemana. La más importante de ellas fue Hisma, que se convirtió en un instrumento decisivo de la influencia alemana cuyo último objetivo "era reducir España a una especie de protectorado alemán".

372 millones de marcos

Así, una parte considerable de la deuda que España contrajo con Alemania fue pagada por compensación, es decir, con exportaciones españolas a Alemania, sobre todo de minerales. Cabe recordar que en enero de 1939, casi la mitad del comercio exterior de la España de Franco se dirigía a Alemania y que, por otra parte, ha quedado más que demostrado que los alemanes intentaron cobrarse con creces su ayuda, y que para conseguirlo hicieron todo lo que estuvo en sus manos, al menos, hasta su derrota en la II Guerra Mundial.

Una vez terminada la Guerra Mundial, Alemania fijó la deuda de la España de Franco en 372 millones de marcos, incluyendo el coste de la Legión Cóndor, que los alemanes cifraron en 99 millones de marcos. No obstante, la dictadura de Franco y la de Hitler jamás llegaron a un acuerdo para devolver el importe de la deuda aunque sí que encontraron una solución política de entendimiento mutuo para demorar el acuerdo firmado en 1941 que permitía a los alemanes hacer compras en España sin pagar su importe. "Y minerales, aceite y naranjas, entre otras cosas, fueron enviados a Alemania sin generar divisas para la economía española", concluye Sánchez Asiaín."         (Público, 30/03/2014)

22/4/14

La RAE eliminó en 1950 la palabra exilio. No existía el exilio y no existían los exiliados en la política de la dictadura

"Vencidos, cansados y sin nada en sus manos. Cientos de miles de republicanos abandonaron España entre 1936 y 1939 tratando de escapar de la represión del ejército y la dictadura franquista. Casi 500.000 lo hicieron a pie atravesando los Pirineos en febrero de 1939 para llegar a Francia. 

Otros huyeron en barcos fletados por la República o en pequeñas embarcaciones con destino al norte de África, a la propia Unión Soviética o a alguna República iberoamericana. Habían perdido la Guerra Civil y también su libertad. En España ya no había sitio para ellos.

"La RAE eliminó en 1950 la palabra exilio. No existía el exilio y no existían los exiliados en la política de la dictadura", explica aPúblico la experta enEstudios Hispánicos de la Universidad William & Mary en Virginia (Estados Unidos) Francie Cate-Arries. El falangista José Esteban Vilaró explicó a la perfección cuáles eran las intenciones del régimen de Franco respecto a los exiliados: "Los rojos republicanos vivirán solamente en la infamia. Después, desaparecerán para siempre".

Cuenta Virgilio Botella, exiliado español en México, que Eduardo Santos, expresidente de Colombia, le dijo que el exilio de 1939 era el más trágico de la historia de España. "Su exilio es el destierro de todo un pueblo, desde el analfabeto hasta los hombres de mayor ciencia y cultura, desde el pobre de solemnidad hasta banqueros y ricos notorios, desde el simple ciudadano hasta el jefe de Estado, pasando por militares, nobles y sacerdotes", afirmó Santos.

El destierro del pueblo republicano ha sido documentado y analizado por la catedrática Alicia Alted en la obra La voz de los vencidos (Aguilar). La historiadora da buena cuenta en su obra del destino de los exiliados señalando que "se puede rastrear la presencia" de españoles republicanos en países tan alejados geográficamente como China, Indonesia, Indochina o Australia. 

"El grueso se asentó en México y Francia, en menor medida en la Unión Soviética y Argelia", señala Alted, que afirma la República Dominicana también acogió a cerca de 4.000 refugiados.

Durante la Guerra Civil también fueron evacuados alrededor de 33.000 niños, calcula Alted. El país que acogió un mayor número de menores fue Francia, cerca de 20.000. A Inglaterra fueron unos 4.000 niños. Bélgica recibió en torno a 5.000. A la URSS llegaron 2.900 en cuatro expediciones. México albergó 463; Suiza, a unos 430, y Dinamarca, un pequeño grupo de 100.

Campos de concentración en Francia

 En febrero de 1939 casi 500.000 personas atravesaron la frontera francesa a través del Departamento de Pirineos Orientales. "Muchos eran mujeres, niños, ancianos, inválidos... sin responsabilidades políticas, ni militares, que se habían visto impelidos a marchar empujados por le miedo físico o psicológico de los últimos momentos de una guerra perdida", describe Alted.

Los republicanos, sin embargo, no fueron acogidos en Francia como esperaban en un país que consideraba 'el derecho de asilo' como seña de identidad. Una vez atravesada la frontera, describe la catedrática, los exiliados eran agrupados en campos detriage, donde se procedía a su distribución.

 Los niños, mujeres, ancianos y enfermos eran conducidos en trenes hacia localidades del centro o el oeste de Francia. A los hombres civiles y a los antiguos combatientes del ejército republicano se los llevaba a los campos de concentración o internamiento donde, además, hubo mujeres y niños.

A mediados de febrero estaban internados 257.000 españoles; de ellos, 180.000 en los campos de Argelès y Saint-Cyprien, 65.000 en los campos del Vallespir y 30.000 en los de la Cerdaña. Alted recoge el testimonio de Juan Martínez, quien estuvo en los campos de Argelès y Saint-Cyprien: 
"Cuando llegué al dichoso campo quedé como atontado de asombro, aquello era un hormiguero de hombres detrás de las alambradas tirados en la arena y muchos guardias, moros y negros senegaleses con el dedo en la ametralladora en posición frente al campo. Increíble pero verdad".

Además, 55.000 españoles estuvieron adscritos además a las Compañías de Trabajadores Extranjeros, unidades militarizadas mandadas por oficiales del ejército francés. En torno a 12.000 fueron enviados a la línea Maginot y al "Primer Frente", y unos 30.000 a la zona comprendida entre la línea Maginot y el río Loire. Los integrantes de estas Compañías trabajaban en obras públicas, construcción o reparación de instalaciones militares, la industria bélica... Por último, otros 6.000 españoles se enrolaron en los Batallones de Marcha de Voluntarios Extranjeros.

Republicanos en los campos nazis

La catedrática Alted calcula que fueron a Alemania de manera forzada unos 40.000 republicanos españoles. Aunque no todos corrieron la misma suerte, hubo muchos de ellos que terminaron en campos de concentración nazis. En el complejo de Mauthasen, que incluía otros campos como Gusen, fueron internados algo más de 7.000 republicanos de los que morirían 5.000. En otros campos como Buchenwald, Bergen-Belsen, Dachau, Auschwitz, Ravensbrück, Flossenburg, Nevengamme u Oranienburg, estuvieron internados unos 1.000.

En este último, el de Oranienburg, un campo situado cerca de Berlín y destinado a albergar a personajes de algún relieve político o intelectual de los países ocupados, estuvieron algo menos de un centenar de españoles, entre ellos, el que fuera presidente del Gobierno de la República durante la Guerra, Francisco Largo Caballero.

La periodista Montserrat Llor recogióen 'Vivos en el averno nazi', las experiencias de decenas de españoles que sobrevivieron a los campos de concentración nazis. Uno de ellos es Marcelino Bilbao, fallecido recientemente, que vivió en primera persona los experimentos científicos nazis.

"Terrible, allí ya estaba. Había llegado al campo un terror de doctor. Entra en una barraca, coge la maleta y se sienta. Prepara las inyecciones. Allí llegabas tú, para que te inyectara, como castigo o como experimento a ver cuánto tiempo resistías. Y aquel hombre, allí sentado, sin mirar a nadie, pinchaba. A algunos les daban convulsiones; a otros se los llevaban a rastras. 

Ese día no fui yo, pero sí algunos de mis compañeros de barraca. Los que vivían estaban rotos en la cama, no podían moverse. Luego me tocó a mí, seis sábados consecutivos me inyectaron [benceno] al lado del corazón. Nos cogieron a 30, sólo 7 logramos sobrevivir a los pinchazos", relató Bilbao a Llor en su domicilio de Châtellerault (Francia).

 México. El exilio intelectual

 Entre 1939 y 1950 fueron a México entre 20.000 y 24.000 españoles, en función de las fuentes. Los primeros fueron un grupo de 464 niños que desembarcaron en Veracruz el 7 de junio de 1939, la mayoría de clase obrera y en menor medida de una burguesía baja. La mayoría provenían de Barcelona y Madrid. "La mayoría de los refugiados que llegaron a México eran casados e iban en compañía de sus familias y provenían del sector terciario", explica Alted.

Durante los meses de febrero a mayo de 1939 estuvieron yendo a México una serie de responsabilidades que habían tenido un papel relevante en la Guerra, como Indalecio Prieto, Juan Prieto o el general Miaja. En los meses de junio y julio arribaron varias expediciones a México los barcos Sinaia, Mexique e Ipanema. En el primero iban 1.599, en el segundo, 2.067 y 994 en el Ipanema.

Claudi Esteva Fabregat, que iba en el Sinaia, recuerda: "Cuando llegamos, para nosotros fue un día de felicidad suprema. Me acuerdo que había una gran cantidad de jarochos [nombre con el que se conocía a los naturales de Veracruz] esperándonos en el puerto, que había unas autoridades, pero especialmente para nosotros fue importante el recibimiento sindical, fue un recibimiento popular (...) Y nosotros no sabíamos prácticamente nada de México".

Chile. El último poema de Neruda

 Entre abril y julio de 1939, Neruda estuvo trabajando en el exilio de españoles a Chile. A instancias de Neruda, el Gobierno de la República contrató el Winnipeg para el traslado de unos 2.365 exiliados. La mañana del 4 de agosto de 1939 partió el barco y todo el pasaje portaba en su mano un folleto que les había entregado Neruda: "Chileos acoge". Llegaron a Valparaíso la noche del 3 de septiembre entraba en el puerto de Valparaíso.

El desembargo se inició en la mañana del día 4 y, como recuerda Ovidio Oltra, "los muelles (...) se encontraban repletos de multitud expectante, amiga, formada por antiguos emigrantes españoles, algunos refugiafos que acababan de llegar y muchos chilenos (...), hombres y mujeres de toda condición, autoridades municipales, nacionales, miembros del Senado y de la Cámara de los Diputados (...) Valparaíso nos recibió de manera entusiasta y en un día de primavera, lo que casi siempre es un augurio al llegar a un nuevo país.

Entre el pasaje se encontraba Isidro Martín, viudo de 41 años,. Atrás dejaba una vida entera dedicada a los zapatos y a sus tres hijos que quedaban en Portillo (Toledo). "Mi padre marchó con la pena de que sus hijos pudieran acusarlo de abandonarlos. Desde que llegó no hizo otra cosa que trabajar para traer a sus hijos", recuerda Matilde Martín, hija del nuevo matrimonio que Isidro mantendría en Chile, en conversación telefónica con Público.

URSS. Los niños de la guerra

 El exilio en la URSS, describe Alted, presenta básicamente cuatro características que lo singularizan frente al exilio republicano en otros países de Europa y América. El rasgo más diferenciador es que el colectivo de españoles numéricamente más importante que se encontraba en ese país al finalizar la Guerra Civil era el de los casi 3.000 niños que fueron evacuados en varias expediciones entre 1937 y 1938. 

 Junto a ellos había otros colectivos que también fueron durante la Guerra: el de los maestros y el personal auxiliar que había acompañado a los niños; el de los alumnos pilotos que iban a estudiar a las escuelas soviéticas de aviación; y el de los tripulantes de los barcos españoles que se encontraban en ese país o navegando hacia él cuando terminó la contienda.

La primera expedición oficial de niños partió de Valencia rumbo a Yalta el 17 de marzo de 1937. Había 72 niños, la mayoría de Madrid. La segunda expedición se empezó a organizar en mayo de 1937 ante la implacable ofensiva de las fuerzas de Franco en Vizcaya. En la madrugada del 13 de junio, cinco días antes de que cayera Bilbao, salieron del puerto de Santurce alrededor de 4.500 niños en el barco Habana, rumbo a Burdeos. 

Aquí, 1.495 niños, en gran parte vascos, fueron embarcados en el buqueSontay con dirección a Leningrado, donde tuvieron una entusiasta recogida. La tercera expedición partió el 24 de septiembre de 1937 desde el puerto de El Musel (Gijón). En un carguero francés iban 1.100 niños casi todos asturianos, santanderinos y vascos.

El carguero iba hacia Burdeos, pero fue interceptado por el buque Cervera, a las órdenes de Franco, y tuvo que desviar su rumbo hacia Saint Nazaire. Aquí algunos niños fueron desembarcados y los restantes trasladados al buque soviético Kooperatsia que zarpó con dirección a Londres, donde una parte de los pequeños embarcaron en el Félix Dzerzhinki hacia la URSS. La última expedición fue a finales de 1938 y estuvo integrada 300 niños de Catalunya, Aragón y la costa mediterránea.

Uno de los niños a bordo de esos barcos fue Francisco Mansilla, quien actualmente es el presidente delCentro Español de Moscú. "Me trasladaron a Gandia cuando el asedio de Madrid en el otoño del 36. Allí, un señor ruso preguntó quién quería ir a la Unión Soviética y yo levanté la mano. Mi padre me dice que me iba al paraíso del del proletariado. Lo que él no sabía era que me iba al infierno del proletariado", explica Francisco a Público.

Norte de África. Los últimos expatriados

El número total de exiliados que desembarcaron en las costas norteafricanas fue de unos 12.000, la mayor parte, unos 7.000, lo hicieron en el puerto de Orán, según informes del Gobierno de Argelia. Casi todos ellos permanecieron aquí hasta la liberación de esta zona por los aliados durante la Segunda Guerra Mundial, a excepción de algo más de la mitad de los que desembarcaron en Túnez (protectorado francés desde 1881) y del cerca de un centenar de militantes y dirigentes comunistas que, en mayo de 1939, marcharon desde Argelia a la URSS.

Al igual que sucedió en Francia, tampoco en los territorios franceses del norte de África se había previsto nada para acoger a la posible oleada de los últimos momentos de la Guerra. Por ello, hubo que improvisar centros deinternamiento, algunos en la ciudad, pero otros en los muelles donde desembarcaban. "Entre los refugiados que llegaron a Argelia, la proporción de población civil era elevada, muchos de ellos constituían familias enteras", escribe Alted.

El campo de concentración más importante fue el de Morand, que llegó a tener algo más de 3.000 internados. Se encontraba en una zona muy inhóspita, donde soplaba con fuerza el siroco y se alcanzaban temperaturas superiores a los cincuenta grados en verano.

Conrado Lizcano, que ha escrito sobre su experiencia en estos campos, coincidió en él con el poeta Pedro Salinas. Lo describe así: "Era un hombre delgado, tímido y afable que no sustentaba ninguna ideología concreta, pero que se sentía identificado de corazón con la causa del pueblo español y las mejores inquietudes culturales y artísticas del mundo moderno (...) Un buen día lo vi llegar jubiloso con el petate en la mano. Había logrado la ¡liberación! A través de una embajada iberoamericana que lo había reclamado".    (Público, 31/03/2014)

15/4/14

El golpe de Casado prestó un servicio impagable a la perpetuación de la dictadura

"- La República no pudo tener un final más amargo…
 
- La huida de la flota hacia el norte de África y el infame golpe de Estado del 5 de marzo de 1939 contra el Gobierno de Negrín, encabezado por el coronel Casado, el dirigente socialista Julián Besteiro y el líder anarquista Cipriano Mera, proporcionaron al general Franco la mejor de las victorias y a la República la peor de las derrotas. 

Esta tuvo el peor final posible, rodeado de traiciones, odios cainitas, enfrentamientos y un reguero de sangre que sembraron la semilla del divisionismo que caracterizaría al largo exilio posterior. Prestaron un servicio impagable a la perpetuación de la dictadura.

Casado dio el golpe porque no pudo esperar más. Franco le presionó y además había interceptado las comunicaciones de Negrín desde la oficina de cifra en el Palacio de Bellavista y así supo que este estaba dispuesto a capitular, eso sí intentando salvar a miles de republicanos con la flota. El PCE se había plegado a ese plan que, si funcionaba, dejaba a Casado sin margen de maniobra.

Esto es lo que precipitó el golpe del 5 de marzo, que instituyó el Consejo Nacional de Defensa, presidido por el general José Miaja, y desconoció al Gobierno de la República. Estuvo abocado al fracaso desde que la flota republicana se hizo a la mar tan solo con los marinos y sus familias por orden de Buiza, quien también debió de ser intoxicado por la quinta columna. 

- Franco les engañó…

- Pero también ellos, sobre todo Casado, se dejaron engañar. Casado y Besteiro pensaban en una paz negociada que pusiera fin a la Guerra Civil. Franco, en la victoria y en la venganza. 

- Justificaron el golpe para evitar que el PCE y Stalin se apoderaran de la República…

- Era una leyenda que servía muy bien a todos: a Franco le suministraba una interpretación acorde con la necesidad objetiva que habían otorgado a la sublevación de julio de 1936; a casi todos los vencidos les permitía identificar nítidamente unos culpables de la derrota (Negrín y los comunistas); a los anarquistas les libraba de tener que lidiar con la traición de Mera y a los socialistas no negrinistas les permitía santificar a Besteiro y eludir sus propias responsabilidades. 

Pero era una estupidez supina. Fernando Hernández Sánchez y yo hemos analizado la propaganda del Consejo Nacional de Defensa en marzo de 1939 y es verdaderamente patética. Y Besteiro era quien daba las instrucciones, que se conocen desde hace muchos años.

 Era un hombre que estaba completamente al margen de lo que sucedía en España y en el mundo, estaba obcecado y creía que así salvaba a la República. Pero ni salvó a la República, ni sobre todo salvó a los republicanos. (…)

- Fue el mejor final de la guerra para los propósitos de Franco…

- Efectivamente, logró más de lo que pretendía. Se atuvo hasta el final a las prescripciones terroristas de Mola con las que se había iniciado la sublevación en 1936. Cuando supo que el Consejo Nacional de Defensa ya no disponía de la flota comprendió que no necesitaba negociar nada. Tan solo exigir la rendición incondicional. Así fue el final de la Guerra Civil."