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8/11/16

Desde los 80, la deuda se ha utilizado como palanca para introducir la cesión de la soberanía alimentaria a los mercados... como en Haiti

"Los recursos de los países empobrecidos se destinan ahora a pagar a los acreedores y no se pueden invertir en hacer frente al empobrecimiento de la población, a los impactos del cambio climático o a una sequía prolongada"

Hace unos días el Fondo Monetario Internacional (FMI) alertó del aumento de la deuda global en los últimos años. 152 billones de dólares. El 225% del PIB mundial. Una enorme bomba de relojería que afecta no sólo países de la periferia europea o emergentes, sino también a buena parte de los países más empobrecidos del planeta. 

Desde la crisis de 2008, una parte de los capitales que huyeron de Europa buscaron rentabilidad en los países emergentes, pero también en los estados con rentas más bajas que estaban creciendo a buen ritmo. Mozambique, Etiopia, Ghana o Senegal, entre otros, atrajeron al crédito internacional, público y privado.

La ayuda ofrecida en forma de crédito, la emergencia de nuevos acreedores como China o créditos de la banca internacional huyendo de los bajos intereses en Europa, encontraron clientes en África, América Latina y Asia.  

El nivel de crédito a los países del sur se ha multiplicado desde 2008. Algunos de estos países, que habían recibido cancelaciones de deuda, ahora vuelven al punto de partida: están en situación de sobreendeudamiento. Pareciera que nadie ha aprendido la lección. (...)

Cada nuevo crédito del FMI, cada proyecto del Banco Mundial, incluso las reestructuraciones y cancelaciones de deuda que han recibido algunos de los países más empobrecidos, han estado condicionados, hasta hoy, a la aplicación de más ajustes, de más privatizaciones, eliminación de subsidios, desregulación de mercados laborales, liberalización de mercados financieros, reducción de aranceles, eliminación de barreras al libre comercio…

En definitiva, políticas que tras décadas de aplicación y han ido dejando a los países indefensos ante uno de los mayores problemas que pueden afrontar: el hambre.

En Zambia, en 1991, los créditos del FMI para refinanciar la deuda llegaron condicionados a la eliminación de los subsidios sobre los alimentos y fertilizantes, o los créditos públicos agrícolas. Años más tarde una evaluación del propio Banco Mundial reconoció que retirar los subsidios a los fertilizantes llevó a un estancamiento económico del sector agrícola, con lo que ello supone de impacto a la seguridad alimentaria de las familias campesinas.

Un caso paradigmático es el de Haití. En los años 70, el país más empobrecido del hemisferio occidental tenía un 98% de autosuficiencia de cereales. En 2009 importaba el 82% de los cereales que consumía. En 1995 el FMI forzó al retornado presidente Aristide a reducir los aranceles sobre el comercio del arroz de un 35% a un 3%. Entonces el crédito del FMI fue una condición que el gobierno de Estados Unidos impuso a Aristide para poder volver al país después del golpe de Estado de 1991.

La medida supuso un incremento de un 150% de la importación de arroz entre 1994 y 2003. La mayor parte de ese arroz proveniente de Estados Unidos, subvencionado por su gobierno y vendido en Haití a precio inferior del precio de producción del arroz haitiano. Aún hoy es más fácil y más barato comprar arroz estadounidense en los mercados haitianos que el producido en el país.En las zonas de producción de arroz en Haití se concentran los mayores porcentajes de malnutrición del país.

La medida supuso el empobrecimiento de miles de familias campesinas, que abandonaron el campo para vivir en los arrabales de las ciudades. Los mismos arrabales que en 2010 fueron derrumbados por el terremoto y hace unos días arrasados por el huracán Matthew.

Mali recibió en 2006 una importante cancelación de deuda por parte de sus acreedores bilaterales y multilaterales. Más de 1.600 millones de deuda cancelada. El acuerdo estuvo condicionado a la adopción de medidas de ajuste (o de "modernización y crecimiento económico", como eufemísticamente las llaman a menudo en Washington).

Entre ellas se obligó a acabar con el precio subsidiado del algodón, del que vivían unos 3,5 millones de personas en el país. El algodón no subsidiado maliense tuvo que competir en los mercados internacionales con el algodón subsidiado y producido en Estados Unidos o la Unión Europea. En pocos años la deuda ha vuelto a crecer, y los campesinos de Mali han seguido empobrecidos y sin posibilidad de competir con los gigantes del Norte.

Malawi, también en una operación de "alivio de la deuda" siguió las indicaciones del FMI y acabó privatizando el sistema público de comercialización agrícola (que permitía mantener stocks de grano para hacer frente a períodos de sequía u otros imprevistos), eliminando también los subsidios a los fertilizantes.

Entre 2001 y 2005, cuando el país tuvo que afrontar situaciones de crisis alimentaria, no disponía de herramientas para hacerlo. De hecho, en 2002 el ministro de Agricultura de Malawi, Aleke Banda, declaró que el FMI estimuló al gobierno a vender al menos parte de la reserva de alimentos en el año 2000 para reducir la deuda.

El FMI negó la mayor, argumentando que en realidad tan sólo aprobó una recomendación de la Comisión Europea para que Malawi redujera su excedente de granos. Nada de presiones, argumentó el FMI. Pero claro, ¿quien es el ministro de agricultura africano que, teniendo una cancelación de deuda pendiente por parte del FMI, no hace caso a las "recomendaciones" de la Comisión Europea y el propio FMI? Al completar el proceso de cancelación de deuda bajo la tutela del FMI, en 2006, Malawi reintrodujo los subsidios agrícolas, permitiendo así incrementar la producción de maíz.

La lista de ejemplos sigue. En los años 90, el Banco Mundial, con sus economistas formados en las mejores universidades, recomendó a países como Vietnam, Uganda, Etiopía o Kenia a incrementar la producción de café a la exportación. El aumento de la oferta hizo colapsar el precio del café en los mercados internacionales. Economía básica. Ley de la oferta y la demanda. Los productores se quedaron sin recursos para comprar comida, una comida que antes producían en lugar de café. 

Desposesión de soberanía alimentaria 
Pueden parecer casos aislados, pero no lo son. Desde la década de los 80, la deuda se ha utilizado como palanca para introducir medidas neoliberales, como la reducción del papel del Estado y la cesión de la soberanía a los mercados, incluida la soberanía alimentaria. 

El mantra de focalizar los esfuerzos en una agricultura moderna para la exportación ha dejado a la mayoría de campesinas del mundo sin capacidad para producir sus propios alimentos. Ha abierto las puertas al acaparamiento de tierras por parte de inversores extranjeros y ha dejado a millones de personas sin acceso a la tierra. 

El propio Banco Mundial reconoció en un informe en 2005 que esta estrategia basada en la promoción de la exportación de productos básicos agrícolas puede llevar al empobrecimiento. Sin embargo, no ha cambiado la estrategia.  (...)"              (Iolanda Fresnillo

3/9/14

Aceptamos que es más urgente para todos evitar que una empresa de seguros o un banco vayan a la bancarrota, que alimentar a millones de niños

"Octubre de 2008. La FAO, la Organización para la Alimentación y la Agricultura (el traductor de Ernesto Guevara en su periplo europeo fue su coordinador en algún momento) informaba que el hambre afectaba a unos mil millones de seres humanos.

 En sus cálculos reconocidos, con 30 mil millones de dólares USA anuales bastaba para superar la situación, para salvar todas esas vidas afectadas por el hambre, la miseria y la muerte. 

En ese mismo momento, la acción concertada de seis bancos centrales, los de EEUU, UE, Japón, Canadá, Gran Bretaña y Suiza, derivó 180 mil millones de dolares al mercado financiero: ¡era necesario salvar a los grandes bancos privados que estaban hundiéndose!

Yanis Varoufakis describió así la situación: “En 1929 el total de los créditos pendientes de pago en EEUU era del 160% del PIB. En 1932, conforme las deudas se acumulaban y el PIB caía, había subido hasta el 260%. En contraste, EEUU entró en el crash de 2008 con un total de créditos pendientes de pago del 365% del PIB.

 Dos años más tarde, en 2010, se había elevado hasta un formidable 540% del PIB (Y esta cifra no se incluye los derivados, cuyo valor nominal pendiente de pago es de al menos cuatro veces el PIB)” [3]

Poco después de la primera inyección financiera, el Senado USA aprobó una partida adicional de 700 mil millones. Dos semanas más tarde, otra de 850 mil millones. El paquete de “ayuda” continuó creciendo y creciendo. Hasta el infinito y más allá. Se calcula que en septiembre de 2009 alcanzó los 17 billones (millones de millones) de dólares. USA por supuesto. 

Ante una situación así, señala Manfred Max-Neef, tenemos dos alternativas: ser demagogos o realistas. ¿Demagogos, realistas? ¿En qué sentido, qué acepción usamos? En este: “si… aceptamos que es más urgente, más necesario y más conveniente y rentable para todos evitar que una empresa de seguros o un banco vayan a la bancarrota que alimentar a millones de niños, o brindar ayuda a las víctimas de un huracán, o curar el dengue, seremos calificados de realistas.”

¿O no es el caso? Si, por el contrario, proponemos un referéndum para preguntar a la ciudadanía si prefiere usar sus recursos monetarios para salvar vidas o bancos, seremos acusados de ser unos demagogos. Con razón. Y unos irresponsables. 

Durante tiempo se dijo y repitió, señala Max-Neef (se sigue repitiendo la misma letanía), que nada se podía hacer, que no había dinero suficiente. Surgió de repente, una verdadera y teológicamente pura creatio ex nihilo. 

De las mejores, nunca superada hasta el momento. “Nunca hay suficiente para quienes no tienen nada pero siempre hay suficiente para quienes lo tienen todo” comenta el economista chileno-germano. 

Mediados de 2014, ¿a cuánto ha podido subir el dinero global del rescate? ¿Exagero si hablo en 25 billones (millones de millones) de dólares? Exagero. Vale, de acuerdo. Lo dejamos en 20 billones. 

Dividamos esa cantidad entre los 30 mil millones necesarios (supongamos la misma cantidad, no es un disparate) para superar el hambre en el mundo. Resultado-cociente de la operación (con residuo insignificante): 666, ¡medio milenio, un siglo y medio más, una década y media sumada y un año añadido: un mundo humano sin hambre! 

¿666? ¿No era 666 la marca de la Bestia en el Nuevo Testamento, en las Revelaciones de San Juan? “ El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis.”
Pues eso: contra la paradoja de la Bestia."               (Salvador López Arnal, Rebelión, 02/08/2014)

5/7/12

El hambre... es un problema de acceso de alimentos. Vivimos un orden caníbal del mundo

"En pleno siglo XXI seguimos enfrentándonos al problema del hambre. ¿Qué ha fallado y qué sigue fallando? 

Es el escándalo del siglo. Algunas cifras (de la FAO). En 2011, cada cinco segundos un niño de menos de 10 años moría de hambre. Más de 1.000 millones sufren permanentemente subnutrición, de los casi 7.000 millones de habitantes que somos.

 La FAO dice que la agricultura mundial podría alimentar a 12.000 millones de personas, casi el doble de la humanidad. Un niño que muere de hambre ahora es un asesinato.

¿Qué falta? ¿Voluntad política? 

Es un problema de acceso de alimentos. Vivimos un orden caníbal del mundo. El mercado alimentario está controlado por una decena de sociedades multinacionales inmensamente poderosas. Controlan el 85% del maíz, arroz, aceite… Estos amos del mundo deciden a diario quién va a morir y a vivir. Fijan precios. Este poder debe ser controlado por los Gobiernos democráticos.
¿Cómo? 

Es muy fácil. Podemos conseguir que los diputados reformen la ley sobre la Bolsa. Las Cortes pueden votar una línea suplementaria diciendo que está prohibida de modo absoluto la especulación sobre alimentación de base (maíz, trigo, arroz). Es técnicamente muy fácil. Y necesita una movilización popular. 

El dumping agrícola (exportar productos a precios bajos), la deuda externa, el robo de tierras, la especulación, los agrocarburantes… asesinan a millones y millones de personas. Están hechos por el hombre y pueden ser quebrados por la contraviolencia del hombre. En una democracia.
¿Cuáles son los retos inmediatos por los que empezar? 

 Uno de los dramas principales es el precio muy alto de alimentos básicos (maíz, trigo y arroz). El vandalismo bancario, los grandes especuladores, los hedge funds, con su obsesión por el beneficio, han arruinado los mercados financieros del mundo. Los grandes hedge han migrado.

 Han ido a las bolsas financieras de materia prima, especialmente las agrícolas. Con beneficios astronómicos. Cuando los precios aumentan, la muerte se instala. Yo he dicho que necesitamos un nuevo Tribunal de Núremberg para juzgar a los especuladores por crímenes contra la humanidad. Entre el hambre en el mundo y la criminalidad organizada hay una relación muy estrecha.
En España, Europa, Occidente… el ciudadano teme ahora por sus ahorros, por el rescate de los bancos con su dinero. ¿Cómo hacer que no se olvide de un problema como el hambre? 

Pienso que puede darse un egoísmo legítimo, no el cínico. Puede parecer legítimo en la situación actual, pero si la crisis va a progresar (y va a hacerlo) viene un punto donde se va a producir una toma de conciencia. La primera reacción es protegerse. La segunda, intentar comprender y organizar la defensa colectiva. Aquí, la solidaridad va a ganar. (...)
Mientras, la ONU es vista por muchos sectores como burocracia y poca resolución. 

Terrible. Es una ruina, algo trágico. La ONU no puede funcionar sin credibilidad. La única fuerza que tiene es la credibilidad moral, la fuerza de convicción. Y si la pierde, esto hace que sea impotente en la lucha contra el hambre y contra dictaduras como Siria. Un ejemplo reciente: Roberto Flores, embajador de Honduras en Ginebra, es un golpista contra el régimen democrático de dos años atrás. Este embajador es una figura central en el Consejo de Derechos Humanos. Es el último escándalo, pero ha habido muchos otros. Esta situación explica la falta de credibilidad, y esto significa impotencia."             (Atac Madrid, 08/06/2012, 'Jean Ziegler: “Los amos del mundo deciden a diario quién va a morir de hambre)

9/4/10

O bancos, o hambre... pues bancos

(traductor gallego-español)

"Actualmente, o saldo que os bancos deben aos seus gobernos e de 2,7 billóns de dólares. Se o principal problema no mundo é o da fame, e fan falla 50 mil millóns, e os gobernos no seu momento dixeron que non tiñan tales cantidades de diñeiro, fica clara cal é a posición que toman", apuntou Oliveres, que repasou ademais os grupos de presión que determinan o futuro dos estados" (Vieiros: Altermarxismo..., 09/04/2010