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3/2/22

Por qué los movimientos feministas son más exitosos en unos países que en otros... El movimiento feminista mayoritario en EEUU, de sensibilidad liberal, moviliza más a las mujeres profesionales con educación superior de clase media alta que a la mujer de clase trabajadora... Las feministas pertenecientes a lo que popularmente se conoce como las clases medias ilustradas, nunca pidieron el derecho universal (que incluye a todas las personas) a los servicios de ayuda a las familias, cómo escuelas de infancia y servicios de dependencia... El hecho de que un derecho tan importante como es el derecho a abortar esté en peligro hoy en Estados Unidos era predecible... en cambio, Suecia es dónde la mujer tiene más poder hoy en el mundo... su ideología socialista creyó que la liberación de la mujer pasa por su integración en el mercado de trabajo

 "El hecho de que un derecho tan importante como es el derecho a abortar esté en peligro hoy en Estados Unidos era predecible (y así lo escribimos hace años algunos analistas de aquella realidad). 

Una causa muy importante de este hecho, que se veía venir, es la debilidad del movimiento que canaliza la demanda de tal derecho, es decir, del movimiento feminista, y su limitada influencia sobre el Estado Federal y sus aparatos, desde el legislativo (Congreso y Senado) al jurídico. Soy consciente que esta afirmación podrá sorprender a muchas lectoras y lectores, pues los mayores medios de información en España suelen presentar aquel país como el mayor representante del modelo liberal de sociedad que, en teoría, debiera priorizar a los derechos individuales y por tanto apoyar el derecho de la mujer a controlar su propio cuerpo. 

Es más, los mismos medios de comunicación presentan movilizaciones organizadas por tal movimiento, que reúne a cientos de miles de personas (la enorme mayoría, mujeres) en apoyo a sus demandas. Y sus dirigentes (la mayoría mujeres de clase media-alta con estudios superiores), tienen acceso a los grandes medios que por otra parte excluyen aquellas voces como la de Angela Davis, críticas del sistema liberal vigente en el país. Pero esta visibilidad mediática contrasta con su escaso impacto en las instituciones políticas. Y de ahí deriva su escaso poder.

LAS GRANDES LIMITACIONES DEL MODELO LIBERAL ESTADOUNIDENSE Y SUS CONSECUENCIAS PARA EL MOVIMIENTO FEMINISTA

Esta debilidad del movimiento feminista estadounidense se debe a muchos factores. Uno especialmente relevante, es la escasa representatividad de las instituciones democráticas de EEUU, como ya he documentado en varias ocasiones. Su sistema electoral es escasamente proporcional y está claramente sesgado para favorecer a las fuerzas conservadoras. En muchas ocasiones, el presidente de Estados Unidos ha sido del Partido Republicano, aún cuando el voto mayoritario ha sido a favor del Partido Demócrata. Y el Senado, que es el que aprueba el presupuesto federal y los nombramientos al Tribunal Supremo, es de escasísima representatividad, abusivamente sesgado a favor de los Estados pequeños y conservadores. Por ejemplo, el Estado de Wyoming, predominantemente republicano, tiene poco mas de medio millón de ciudadanos, y sin embargo, tiene el mismo numero de Senadores (2) que California, un Estado predominantemente demócrata, que tiene cerca de cuarenta millones (¡68 veces mayor!). Tal sesgo aparece también en el Colegio Electoral que es quien elige al presidente de EEUU. Es más, la compra de políticos, que en España se llamaría corrupción, es no solo legal en EEUU, sino que es la norma en el sistema electoral, de manera tal que los grandes grupos económicos y financieros dan enormes cantidades de dinero a los candidatos al Congreso y al Senado pertenecientes a los dos partidos con representación parlamentaria, el Republicano, un partido de ultraderecha, y el Demócrata, hasta recientemente un partido de centro derecha, observador en la Internacional Liberal. Es imposible para otros partidos poder establecerse debido a la escasísima proporcionalidad del sistema electoral. Los partidos de izquierda no tienen ninguna posibilidad de tener representación parlamentaria. Estas y muchas otras deficiencias (como es la falta de regulación del acceso y de los tiempos mediáticos durante las elecciones), explica que la limitadísima calidad del sistema democrático y la gran distancia (que explica también la enorme abstención electoral) entre lo que la ciudadanía desea y lo que el Gobierno federal aprueba sea enorme. Y uno de los ejemplos de esta distancia es precisamente, el apoyo al derecho al aborto. Según Gallup Poll, la mayoría de la ciudadanía apoya el derecho al aborto, pero la Corte Suprema no lo apoya. Y esta institución, y los intereses que representa, tiene mucho más poder que la mayoría de la ciudadanía.

 De ahí deriva el número tan limitado de derechos de carácter universal (es decir, derechos de todas las personas ciudadanas y residentes del país, limitación incluso más acentuada entre las mujeres) en EEUU. La mujer tiene muy pocos derechos en aquel país y las consecuencias negativas para toda la sociedad son enormes. Una de las instituciones más afectadas por esta situación es la familia, que incluye todo tipo de enlaces familiares mucho más extensos y mayoritarios que la familia patriarcal tradicional claramente en declive. La debilidad de la mujer aparece pues, no solo en el número muy limitado de congresistas y senadoras, de los más bajos entre las democracias liberales, sino también en el escaso desarrollo de los servicios de ayuda a las familias, tales como las escuelas de infancia y los servicios de atención a las personas dependientes y ancianas. Las tareas familiares continúan recayendo en las mujeres, y de ahí que la mujer se encuentre con muchísimas dificultades para poder compaginar su trabajo laboral con su trabajo familiar. El fin de la educación presencial durante la pandemia con el cierre de establecimientos escolares, ha significado una retirada masiva de la mujer del mercado de trabajo, una de las mayores causas de la actual falta de personas en el mercado de trabajo que está enlenteciendo de una manera muy marcada la recuperación económica del país.

LAS CARACTERÍSTICAS DEL MOVIMIENTO FEMINISTA MAYORITARIO  EN EL SISTEMA LIBERAL

El movimiento feminista mayoritario en EEUU, de sensibilidad liberal, moviliza más a las mujeres profesionales con educación superior de clase media alta que a la mujer de clase trabajadora. Su objetivo en Estados Unidos es la integración de la mujer en las estructuras de poder de la sociedad eliminando la discriminación. Así una de sus máximas movilizaciones fue el haber intentado elegir a la señora Hillary Clinton como Presidenta de Estados Unidos. Ahora bien, la experiencia ha mostrado que tal demanda era necesaria, pero profundamente insuficiente. Se olvidaban de que la señora Clinton fue la mayor promotora de la globalización mundial económica cuando fue Ministra de Asuntos Exteriores bajo la administración del Presidente Obama, globalización que (al estimular el movimiento de industrias y servicios basados en EEUU a otros países de salarios bajos y pésimas condiciones laborales), dañó enormemente a la clase trabajadora estadounidense de la cual las mujeres son la mayoría. Y la mayoría de las dirigentes de tal movimiento (NOW) que la apoyaron, se opusieron con gran hostilidad al candidato socialista Bernie Sanders, cuyas propuestas legislativas hubieran beneficiado mucho más a la mayoría de las mujeres trabajadores estadounidenses que no las proveídas por la señora Clinton. Angela Davis fue, por cierto, una de las pocas figuras conocidas del feminismo que apoyó a Bernie Sanders como el único candidato que según las encuestas mostraban que podría haber vencido a Trump en el 2016.

 

LA CAUSA MÁS IMPORTANTE DE LA DEBILIDAD DEL MOVIMIENTO FEMINISTA DE LOS ESTADOS UNIDOS

Pero el punto más flaco del movimiento feminista liberal estadounidense, que se da también en la mayoría de los movimientos sociales, es que compiten con todos los otros movimientos sociales (los movimientos de las minorías, negros, latinos y asiáticos, así como el movimiento de ancianos, el movimiento ecológico, y un largo etcétera de movimientos) para recibir apoyos y recursos de las instituciones políticas y muy en especial del Estado Federal. Estados Unidos es el país de los movimientos sociales, y hay todo tipo de movimientos que compiten entre ellos, sin tener un espacio político común que pueda aunar y coordinar una estrategia conjunta de liberación. La única excepción fue el movimiento Arco Iris (Rainbow Coalition) fundado por el candidato a la Presidencia de EEUU, Jesse Jackson (alumno predilecto de Martin Luther King) al cual tuve el honor de asesorar, que intentó reunir al movimiento de las minorías, al movimiento feminista, al movimiento sindical, al ecologista, al de pensionistas y muchos otros, en un espacio político común. Casi ganó las primarias del Partido Demócrata en 1988, pero fue objeto de una enorme hostilidad por parte del aparato del Partido Demócrata. Por lo demás, no hay un espacio común de todos los movimientos sociales de liberación que vehiculen sus demandas al estado a través de uno o varios partidos políticos. Hay pues, muchos movimientos sociales pero ningún partido de izquierdas con representación parlamentaria ni en el Gobierno que pueda responder a como proponer y ejecutar sus propuestas.

Y ahí está la causa de la debilidad de este y muchos otros movimientos sociales, y como consecuencia la mujer, las minorías, el movimiento ambiental, los ancianos, entre otros, están huérfanos, carentes de instrumentos políticos que defiendan sus intereses, incluyendo sus intereses de clase, intereses que son fundamentales para la mayoría de las mujeres que pertenecen a las clases populares. La realidad muestra que hay tantos movimientos feministas como clases sociales existen en el país. Decir esto no es, cómo maliciosamente se desea interpretar, reduccionismo de clase, sino un reconocimiento de que la mujer trabajadora tiene intereses comunes con mujeres de otras clases sociales, pero también distintas o incluso antagónicas. Y esas diferencias afectan también sus intereses como mujeres. La evidencia de ello es enorme. Las feministas pertenecientes a lo que popularmente se conoce como las clases medias ilustradas, nunca pidieron el derecho universal (que incluye a todas las personas) a los servicios de ayuda a las familias, cómo escuelas de infancia y servicios de dependencia.

Esta situación está cambiando de una manera muy notable pues el trumpismo movilizó a amplios sectores en su contra consiguiendo el mayor número de votos que el Partido Demócrata haya jamás conseguido. Los éxitos de sus corrientes progresistas les ha empoderado y un nuevo movimiento feminista se está creando con personas que están mostrando cómo la liberación de la mujer es una condición necesaria para el bienestar de toda la sociedad, así como para la liberación de muchas otras causas  que deberían realizarse en un espacio común, de clara orientación trasformadora y colectiva. Otros países han ya mostrado que la liberación de la mujer ha mejorado la calidad de vida y bienestar de toda la población y es esta percepción la que se está hoy extendiendo en EEUU como resultado de un cambio sustancial del movimiento feminista y de otros movimientos conscientes de la existencia de adversarios comunes, requiriendo instrumentos políticos  que multipliquen sus esfuerzos, enfatizando propuestas que claramente relacionan la causa particular del movimiento con la causa general: el bien común de la gran mayoría de la población. Las nuevas feministas han estado liderando las demandas de los servicios de ayuda a las familias de manera tal que constituyen algunos de los elementos más importantes del programa social de la administración Biden. Y los datos muestran la certeza de los argumentos presentados en defensa de la clara relación entre la liberación de la mujer y el bienestar de la mayoría de la ciudadanía. Y Suecia es una de las fuentes de tales datos.

SUECIA ES DONDE LA MUJER TIENE MÁS PODER HOY EL MUNDO. ¿POR QUÉ?

Una decisión clave que el gobierno de coalición de fuerzas progresistas sueco tomó en los años 50 (a fin de resolver el problema demográfico de falta de gente para el gran tamaño del país) fue el de facilitar la integración de la mujer en el mercado de trabajo, en lugar de depender del aumento de la inmigración, como hicieron muchos países del centro y sur de la Europa Occidental. Esta medida también respondía a la sensibilidad feminista que tenía la coalición de partidos progresistas gobernantes. La ideología socialista que los sostenía creyó que la liberación de la mujer pasa por su integración en el mercado de trabajo. A fin de conseguir tal objetivo se estableció lo que se ha llamado el Cuarto Pilar del Estado de Bienestar, que era, repito, la universalización del acceso a las escuelas de infancia de 0 a 6 años, y a los servicios de dependencia tanto domiciliario como institucional. Estos servicios de ayuda a las familias fueron esenciales para facilitar la integración de la mujer en el mercado de trabajo, alcanzando el 78% de la población adulta femenina, un récord en Europa. Este derecho complementaba el derecho al acceso a la sanidad (Primer Pilar de Bienestar), el derecho a la educación (Segundo Pilar) y el derecho de jubilación (Tercer Pilar). Complementando estos servicios se hizo una reforma cultural profunda, incluyendo la educación de los hombres desde su infancia, con una redefinición de sus roles y promoviendo su corresponsabilidad en las tareas familiares.

Estas medidas también tuvieron gran impacto para mejorar el bienestar y la calidad de todos los miembros de las familias, además de ser esenciales para facilitar la liberación de la mujer y el mejoramiento de la sociedad. Y la fertilidad creció enormemente, casi dos infantes por mujer (1.8), mucho más elevada que en España (1.3), donde la baja fertilidad es un ejemplo más del enorme estrés de la mujer en este país. Pero lo que es más valioso de esta dimensión de la mujer sueca, es que su gran presencia en la sociedad empoderó a la mujer, siendo su mayor influencia consecuencia de haber sensibilizado a la sociedad de la necesidad del cambio eliminando su opresión como parte de una estrategia de liberación que termine también con otras formas de opresión. No es por casualidad que Suecia, Noruega, Dinamarca y Finlandia, países donde coaliciones de izquierdas han gobernado por mas tiempo desde la II Guerra Mundial, tengan las desigualdades por clase social y por género más bajas del capitalismo desarrollado, y son las que tienen mayor conciencia ecológica y ambiental, con los Estados de Bienestar más desarrollados. Ni que decir tiene que mucho hay que hacer en aquellos países también, pero lo que han hecho merece ser reconocido y estudiado por otros, como los del sur de Europa que están por detrás. En España existen ya las bases para que se establezcan tales cambios, pero se requiere una mayor presión social, tal como el movimiento a favor del establecimiento del Cuarto Pilar del Estado de Bienestar como derecho individual que facilite la liberación de la mujer y aumente el bienestar familiar, mejorando la calidad de vida de la población y muy en particular de las clases populares, cuyos enormes déficits actuales deterioran especialmente la salud de la mujer, que como promedio tiene tres veces más enfermedades producidas por el estrés que el hombre. Esta iniciativa ha sido iniciada por más de mil representantes de movimientos feministas, movimientos sindicales, movimientos de pensionistas y otros pidiendo su establecimiento en este país dentro de la ruta de cambio que permita una sociedad mejor. (Ver: https://cuartopilar.es/)."             (Vicenç Navarro , Público, 03/02/22) 

5/10/21

¿Quién paga por las ideas políticas? El papel de la filantropía y el dinero privado en el activismo en Estados Unidos...

 "He hablado alguna vez sobre el pequeño submundo de los capitolios en Estados Unidos. Antes y durante el periodo de sesiones, existe alrededor de los legisladores un enjambre de lobistas, ONGs, activistas, organizaciones sociales y demás agitadores pidiendo montones y montones de cosas. Tenemos grupos de interés buscando bloquear leyes que les perjudican, empresas en crisis cazando subvenciones, activistas pidiendo más dinero o nuevas regulaciones sobre algo que les preocupan, y así sucesivamente.

El origen de estos grupos es a veces bastante evidente. Cuando la NRA (National Restaurant Association, que son los lobistas que más miedo dan) tiene un equipo de lobistas organizando reuniones con representantes o senadores, no es un misterio saber de dónde sale el dinero. Los dueños de restaurantes tienen una asociación y pagan su cuota, y las empresas que controlan cadenas nacionales ponen cantidades ingentes de dinero para pagarlas. No es un gran misterio.

Lo que es un poco más difícil de seguir es de dónde viene el dinero para pagar a los white hat lobbyists, los activistas que están en el capitolio pidiendo más dinero para educación infantil, regulaciones sobre pesca del salmón, reformas en los departamentos de policía, subir los impuestos a los ricos o eliminar tasas bancarias abusivas para gente con pocos ingresos. Estos grupos, aunque acostumbran a tener menos dinero y lobistas que la gente de la NRA y entidades similares, son bastante numerosos, y a menudo tienen suficiente poder e influencia como para no ya marcar la agenda, sino conseguir cambios substantivos en muchas políticas públicas. ¿Qué hacen para financiar sus operaciones?

Fundaciones y lobistas

Este es un tema que conozco de primera mano; llevo en este mundillo, directa o indirectamente, desde hace trece años. En empleos pasados (por fortuna, donde estoy ahora no me toca hacer demasiado en este lado) parte de mi día a día era conseguir dinero para financiar la ONG donde trabajaba. Aunque es un tema bien conocido para la gente que vive dentro de este mundillo, es algo que se discute muy poco fuera de este, y que, hasta donde sé, hay poquísima investigación académica.

El mito, u la imagen que las organizaciones a menudo proyectan hacia el exterior, es que organizaciones como la Early Childhood Alliance, Indivisible, o cualquier otra ONG de este estilo se financian gracias a las donaciones de cientos o miles de miembros, y que una parte importante de su trabajo es realizado por voluntarios. Esto quizás sea cierto para algunas organizaciones muy de masas, pero dista bastante de ser cierto en la inmensa mayoría de los casos. En realidad, muchas de estas organizaciones dependen de donaciones, a veces millonarias, de grandes fundaciones privadas, a menudo controladas por las grandes fortunas del país.

Esto puede parecer una premisa para miles de conspiraciones sobre cómo un grupo de capitalistas controla a casi toda la izquierda americana, pero creedme, no es así.

¿Quién piensa en los niños?

Tenemos, por ejemplo, a la Annie E. Casey Foundation (AECF), una enorme organización nacional con casi 3.000 millones de dólares en fondos propios. Casey fue fundada en 1948 por la familia que controla UPS, y da más de 170 millones de dólares en subvenciones a organizaciones por todo el país, incluyendo dos ONGs en las que he trabajado (CAHS y CT Voices for Children). Aunque estas cifras pueden parecer un dineral, AECF no está ni siquiera en el top-25 de las fundaciones privadas más ricas del país; es grande, sin duda, pero no colosal.

 Casey empezó como trabajando sobre todo en adopciones, pero en las últimas décadas se ha concentrado en temas de infancia y juventud. Su programa estrella es Kids Count, una red de decenas de ONGs desperdigadas por todo el país dedicadas a apoyar legislación de bienestar infantil a nivel estatal. No estoy seguro cuánto dinero da AECF a cada organización ahora; hace unos años, cuando me tocaba pedirles dinero y enviarles copiosos informes sobre cómo lo gastábamos, rondaba los $150.000 al año, suficiente para pagar el sueldo a un par de lobistas/expertos. El dinero de AECF era complementado con donaciones de varias fundaciones locales más pequeñas (léase con fondos de decenas o cientos de millones, no miles) para financiar la organización y hacer nuestro trabajo. Sí, también hay pequeños donantes, pero el grueso de la financiación, para muchas, muchas organizaciones, viene de grandes donantes.

Lidiando con quien paga las facturas

La relación entre los activistas que trabajan en una ONG y las grandes fundaciones que les pagan el sueldo no es entre iguales, pero en mi experiencia, no es especialmente tensa. AECF nunca nos daba órdenes sobre qué leyes podíamos o no podíamos defender, o nos imponía una agenda legislativa. Aparte de la (inevitable) exigencia de que usáramos UPS cuando les enviábamos papeleo, nunca nos pidieron que en nuestros ratos libres nos opusiéramos a legislación que perjudicaría a empresas de mensajería, ni nada parecido. El objetivo de la fundación era que Connecticut aprobara programas chulos sobre educación infantil, y eso era lo que intentábamos hacer.

 Cada materia tiene 2-3 fundaciones enormes a escala nacional que dominan la filantropía en ese campo. Por lo que conozco de primera mano (me he movido en dos o tres temas) la inmensa mayoría de estas instituciones son bienintencionadas, están genuinamente interesadas en mejorar las vidas de la gente, y no reflejan en absoluto los intereses de la dinastías o empresas que las financian.

Esto no quiere decir, sin embargo, que estas fundaciones y filántropos no tengan un peso considerable en el activismo por todo el país, y, por ende, en la agenda política de Estados Unidos.

Aunque nuestro radio de acción para escoger prioridades era amplio, sin embargo, eso no quería decir que fuera infinito. AECF habla de niños, pero tienen también sus expertos, investigadores, y ejecutivos que tienen sus ideas sobre qué clase de medidas funcionan mejor. Durante una temporada, por ejemplo, Casey estuvo obsesionada con mejorar el nivel de lectura infantil en todo el país; otros años hablaban mucho de guarderías y educación entre cero y tres años; en otra época, programas bigeneracionales. En todos los casos, estaban hablando de niños, y en todos los casos, que se fijaran en estos temas tenía base empírica, ya que son cosas importantes. Para los que escribíamos las propuestas cada año para pedirles dinero, a su vez, implicaba que teníamos que pensar en cómo acomodar nuestro trabajo a las prioridades de AECF si queríamos recibir más dinero. Esta clase de cambios, y esta clase de relaciones, se reproducen en casi cualquier tema de la agenda política en Estados Unidos.

 En un sitio como Connecticut, en un periodo de sesiones normal, había entre cinco y siete organizaciones con lobistas en el capitolio hablando de materias de educación infantil, muchas de ellas receptoras de fondos de AECF. Esta coalición algunos años hablaba de lectura, otros de guardería, otros de programas de dos generaciones, dependiendo del humor de Casey; los legisladores escuchaban propuestas diferentes, y las leyes aprobadas por todo el país a menudo acaban por seguir los ritmos que marcaba AECF. Las fundaciones, además, son proclives a “estar a la moda” y se enamoran de la última propuesta innovadora salida del gurú de turno sobre el tema, así que no es inusual que todos los donantes acaben hablando y financiando cosas parecidas.

Esto puede significar que en algún momento se aburran de algún tema que les apasionaba, y que por ejemplo decidan que quieren centrarse en educación en niños de entre 12 y 14 años en vez de 0 a 3. Cosa que acaba de hacer AECF, dejando a decenas de ONGs por todo el país repentinamente descubriendo la crucial importancia de la primera adolescencia para mejorar la trayectoria vital de una persona. El año que viene en Connecticut habrá muchos más lobistas hablando sobre delincuencia juvenil y escuelas y muchos menos hablando sobre guarderías, simplemente porque una gran fundación ha cambiado sus prioridades.

No sé hasta qué punto esta dinámica se repite en otros sectores del activismo ahí fuera, pero por lo que tengo visto, la educación no es para nada inusual. Muchos temas de políticas públicas han visto bandazos considerables en años recientes (por ejemplo, los ecologistas han pasado de hablar de impuestos sobre el carbono a límites de emisiones), y a menudo es difícil saber si el cambio es el resultado de nueva evidencia empírica, un consenso emergente entre qué es políticamente viable entre activistas, o que un puñado de donantes han cambiado de opinión. Las fundaciones a veces siguen a los activistas para decidir sobre qué se preocupan (léase el año pasado al hablar de racismo y policía), pero los activistas, sin duda alguna, siguen a las fundaciones con devoción.

Un sistema por explorar

Todo este batiburrillo de donantes, activistas, investigadores, políticos, y voluntarios, por supuesto, no es único de temas de izquierda (aunque es el mundo que yo conozco); el movimiento conservador, hasta donde yo sé, tiene una dinámica parecida. En ambos casos, no podemos hablar de un sistema coherente; hay decenas, sino cientos, de fundaciones nacionales y miles de regionales, y no hacen demasiado por coordinarse. Todo el tinglado es una forma la mar de ineficiente de meter temas en política, y la cacofonía de voces resultante es más una subasta que un debate coherente. Lo que es innegable es que esta clase de filantropía tiene un papel relativamente importante metiendo temas en la agenda en la política americana, a veces incluso sacando legislación adelante.

 Es un tema fascinante, y creo que es casi invisible para aquellos fuera de este mundillo. No conozco apenas investigación académica al respecto (aunque disto mucho de ser un experto en esta literatura); mi sensación es que este es un tema mucho más importante de lo que parece, pero casi nadie le presta atención. Es algo que ni siquiera se habla demasiado entre activistas, por cierto, y no estoy seguro de que las fundaciones sean demasiado conscientes de su papel.

Aquí hay un programa de investigación académica estupendo esperando ser explotado."            (Roger Senserrich , blog, 07/003/21)

19/11/20

¿Experimentos en la Administración? Implementar los ‘labs’ de gobierno... espacios permanentes de participación y colaboración ciudadana... Los labs generan espacios donde prototipar y testear medidas para conseguir objetivos en políticas públicas, algo complicado con las actuales estructuras administrativistas de la AGE. Sus equipos multidisciplinares, libres de las restricciones de una estructura jerárquica y garantista, facilitarán la generación de ideas innovadoras

 "Según la OCDE, sólo el 45% de los ciudadanos de las democracias del mundo confía en sus gobiernos. En España, esta confianza cae al 30%. Nuestro país precisa profundizar en la creación de espacios que recuperen dicha confianza; especialmente en esta pandemia, donde crecen los problemas y éstos son cada vez más complejos.

 Ello, unido a la población más educada y conectada de la historia, capaz y deseosa de involucrarse en los asuntos políticos, da una mezcla explosiva que requiere de dos acciones: por un lado, fomentar la innovación en la búsqueda de soluciones; y por otro, integrar más a los ciudadanos en la toma de decisiones con nuevos instrumentos de participación democrática. Ya no nos conformamos con votar cada cuatro años o manifestarnos cuando estamos decepcionados. Pedimos nuevos mecanismos y canales de participación duraderos.

Un buen marco para ello es la política del Gobierno Abierto, basada en la transparencia de la actividad pública, unida a la creación de espacios permanentes de participación y colaboración ciudadana. Desde su creación en 2011, la mayoría de países democráticos se han unido a la Alianza del Gobierno Abierto. España ya ha implementado tres planes bienales en esta materia, mejorando la calidad de nuestra democracia con herramientas como la Ley de Transparencia; pero no es suficiente.

 Ayer se aprobó el IV Plan de Gobierno Abierto de España, de cuatro años y no dos, lo que permite incluir compromisos más ambiciosos como el de los laboratorios de innovación (o ‘labs’). Esta nueva herramienta busca aumentar la participación ciudadana en la Administración General del Estado (AGE), incorporando de forma estable la opinión y el conocimiento de la gente en la gestión de los asuntos públicos. Y, a su vez, busca acelerar la innovación pública, introduciendo el enfoque experimental en el diseño de las políticas públicas, para que éstas se basen en datos y evidencias. 

Los labs generan espacios donde prototipar y testear medidas para conseguir objetivos en políticas públicas, algo complicado con las actuales estructuras administrativistas de la AGE. Sus equipos multidisciplinares, libres de las restricciones de una estructura jerárquica y garantista, facilitarán la generación de ideas innovadoras.

Ya son varios los países que han puesto en marcha los labs para solucionar problemas públicos. Reino Unido, Australia o Finlandia son casos notorios. Los finlandeses han puesto el foco en reorientar los servicios centrándose en el ciudadano, superando la división por sectores y competencias y utilizando herramientas de inteligencia artificial. Su primer paso ha sido desplegar cursos de formación en esta tecnología, que ya se han impartido al 1% de la población.

En el ámbito iberoamericano destaca Chile, con su Laboratorio de Gobierno, cuyo primer experimento fue rediseñar las facturas de la electricidad para mejorar su comprensión. Para ello, los funcionarios del lab trabajaron junto a académicos, representantes de las eléctricas y grupos de ciudadanos. Esto facilitó a los ciudadanos entender el uso de energía y qué hacían para optimizar y reducir su consumo.

También en España se han implementado los labs, pero a nivel autonómico y local. Destaca el caso del Laaab de Aragón, que utiliza nuevas metodologías y técnicas que mejoran el debate y la deliberación en talleres de dinamización, diseñados para incrementar y mejorar la involucración de la ciudadanía mediante sesiones de co-creación y validación de políticas públicas. En ellos se adaptan los procesos, eliminando en la medida de lo posible el lenguaje técnico y simplificando al máximo la explicación de las iniciativas, de tal forma que cualquiera las pueda entender.

Otro caso es el del MediaLab madrileño, donde se pueden proponer iniciativas para que las discutan los concejales. No obstante, primero se prototipan, llevando las ideas a la práctica y materializándolas en una primera versión funcional. Para ello se forman grupos interdisciplinares de trabajo en torno a propuestas seleccionadas mediante convocatoria abierta. En ellos participan tanto el o los proponentes iniciales como todos los interesados en colaborar, y cuentan con asesoramiento conceptual y técnico de un equipo de expertos.

Tanto funcionarios de la AGE como la sociedad civil han avalado las ventajas de los labs, aprobando implementarlos como compromiso del IV Plan de Gobierno Abierto. Y es a partir de aquí donde aparecen las grandes preguntas:

¿Por qué políticas públicas empezar a aplicar los ‘labs’?

1.- En la implementación de innovaciones tecnológicas con dilemas éticos que requieran deliberación y un debate sosegado.

2.- En problemas enrevesados que no admiten soluciones binarias. Con decenas de soluciones disponibles e intereses contrapuestos, la participación ciudadana en el lab permite llegar a soluciones consensuadas y más adecuadas.

3.- En problemas que requieren decisiones y costes a largo plazo, pero cuyas decisiones pueden contaminarse por el cortoplacismo de las elecciones. Ejemplo: inversiones en grandes infraestructuras. Usar labs al diseñar estratégicamente las mismas aporta legitimidad, credibilidad y eficacia.

¿Cómo seleccionar a los participantes?

Uno de los grandes beneficios que generan los laboratorios es dar voz al ciudadano desorganizado, que quiere participar en los asuntos públicos sin pertenecer a una asociación, partido o sindicato.

El modelo aragonés selecciona a los participantes de manera informal. Para cada proyecto publican un post en la web y seleccionan por orden de inscripción. Además, establecen cupos mínimos para asegurar una variedad de personas por edad, distribución territorial, género y diversidad funcional.

En Chile, seleccionan a los participantes externos tras un mapeo del ecosistema de cada política pública, con muestras estadísticas de ciudadanos, académicos, empresas y organizaciones de la sociedad civil. Se invita a muestras representativas, manteniendo el control de las distintas sensibilidades.

En ambos casos, se realizan experimentos y prototipos con grupos estadísticamente representativos. Lo ideal es que cada laboratorio cuente con un equipo que maneje bien las redes sociales y haga campañas de microtargeting, usando el big data y desplegando diferentes estrategias de mercadotecnia en línea para atraer a los participantes más adecuados. La AGE deberá pensar en fórmulas de reclutamiento que den cabida a una pluralidad de voces y equilibren puntos de vista; y evitar uno de los sesgos más recurrentes: el nivel de estudios. En Finlandia, por ejemplo, el 90% de participantes en labs contaba con título universitario.

¿Cómo fomentar la participación ciudadana?

La mayoría de ciudadanos suele participar si se le explica con claridad por qué se le necesita y por cuánto tiempo, poniendo énfasis en el interés por mejorar un aspecto que le afecte directamente. Pero, para asegurar la mejor participación posible, existen varias medidas que se pueden poner en marcha. Por ejemplo, se podrían crear una especie de Goyas a la participación, con un reconocimiento institucional y mediático para los equipos que aportaran la información más útil. Por ejemplo, los viajeros frecuentes son una fuente de experiencias útiles para el Ministerio del Interior (Policía, Aduanas…) o el de Transportes y sus entes (Aena, Adif, Puertos del Estado…), que ayudarían a mejorar la organización de la seguridad en puertos, aeropuertos y estaciones de ferrocarril. Y así podríamos seguir con decenas de ejemplos. El reto es hacer posible que cualquier español de a pie pueda participar, permitiendo a la AGE hacer uso del conocimiento que cada uno pueda ofrecer.

También se puede optar por establecer una remuneración económica. Así, se podría crear un cuerpo de BetaTesters, o ciudadanos preseleccionados, a los que se les pague por estar dispuestos a participar en proyectos de labs donde se les considere relevantes. De lo contrario, se teme que acaben participando los de siempre: aquéllos con mucho tiempo libre o con un interés parcial en influir en determinadas políticas públicas. Además, sería recomendable que los participantes tengan derecho a días de permiso pagados para participar en los labs, algo que ya ocurre en el caso de los ciudadanos seleccionados para jurados populares o mesas electorales.

Para evitar que los laboratorios se conviertan en una herramienta percibida como lejana es necesario crear comunidad, dando una dimensión física a cada lab. Y evitar la tentación de empezar por Madrid. Mejor optar por instalarse, al inicio, en ciudades intermedias, para abrirse a la participación presencial de españoles de todos los territorios. Desde el Laaab aragonés acaban de invitar a la AGE a establecer el primer laboratorio en Zaragoza, brindando instalaciones para ello.

¿Cómo asegurar la viabilidad de las ideas experimentadas?

La ventaja de poner en marcha prototipos de soluciones no es sólo poder testear sus resultados, sino también las problemáticas que surgen al poner en marcha e implementar dicha política. De esta forma, se pueden corregir antes de implementarse a gran escala. Además, esta fase de prototipado también puede servir para atraer a nuevos actores y colaboradores interesados en sus primeros resultados, lo que puede contribuir a su mayor éxito y sostenibilidad. 

Los labs deben disponer del mandato y la libertad de explorar fuera de las rutinas político-administrativas, para escapar de las urgencias del día a día que asfixian e impiden la necesidad de repensar determinadas políticas. Eso sí, a la hora de transformar ideas innovadoras en políticas públicas, los laboratorios deben hablar siempre el lenguaje del sector público, y no el del mundo del diseño. De otro modo, se arriesgan a que sus proyectos sean inviables.

En cualquier caso, la puesta en marcha de los labs no debe servir como excusa para reabrir el debate clásico entre democracia representativa y democracia directa: aquéllos son nuevos espacios que complementan al sistema representativo porque la toma de decisiones final quedará en manos de los políticos democráticamente elegidos para ello.

En definitiva, los labs generarán un efecto de aprendizaje y empoderamiento de la ciudadanía. Y acelerarán un desaprendizaje de la cultura funcionarial incluso entre los propios funcionarios. Cada lab debe crear un entorno de confianza y permitir así hacer todo aquello que no prohíbe la ley, acabando con la idea rígida de sólo hacer lo que la ley permite. 

Los laboratorios servirán para abrir un camino a la innovación y caminar hacia una concepción posibilista del Derecho. Esta pandemia ha servido en sí misma como un laboratorio de políticas públicas, acelerando reformas gubernamentales necesarias, y demostrando la viabilidad del teletrabajo o la necesidad de aumentar la atención online. Se ha roto con procesos rutinarios que, pese a mostrarse obsoletos o ineficaces, nadie se había atrevido a cambiar.

Varios expertos coinciden en que los laboratorios de innovación se podían haber usado para el diseño y planificación de la vuelta al cole tras el confinamiento, con el fin de aprovechar la inteligencia colectiva. No ha dado tiempo. Con el IV Plan aprobado, empecemos a experimentar en labs, de forma controlada y localizada, para generar mejores políticas públicas que mejoren la vía de las personas. Sus métodos heterodoxos, sus propuestas disruptivas y la introducción de terceros hace pensar que generarán resistencias en una cultura burocrática. Por eso, lo más importante para consolidarlos en la AGE será contar con la voluntad política firme de ponerlos en marcha. Ojalá desde la Moncloa."    (Enric-Sol Brines , Agenda Pública, 12 noviembre 2020)

10/11/20

La Confederación Iroquesa y la “democracia estadounidense”... Para Engels se trataba de una democracia propia del “comunismo primitivo”

 "La organización política iroquesa ha sido llamada “la primera democracia de América” y “la base de la Constitución de los Estados Unidos”.

La denominación Iroqués o Iroquesa no hace referencia a un pueblo originario de Norteamérica, sino a una Confederación conformada por las naciones mohawk (mohicanos), onondaga, oneida, cayuga, seneca y –desde 1722- tuscarona. Se llamaban a sí mismos nadowa, pero pasó a ser más popular el nombre iroqués, que provenía del algonquino irok-ois o irinakhoiw (“real unión”) que fue adoptado por los conquistadores franceses. También adoptaron los nombres de Haudenosaunee o Hodinonhsioni (“pueblos de la casa grande”) y Ongwanonhsioni (“constructores de casas grandes”) (1).

Por lo general se acepta que su origen se sitúa en el siglo XVI, a partir del mítico guerrero mohawk Hiawatha, que habría creado la confederación en 1570. Otros historiadores sostienen que ya existía 300 años antes de la llegada de los conquistadores. Originalmente estuvo compuesta por los pueblos de los Lagos Finger (New York): mohawk, onondagas, oneidas, cayugas y senecas que conformaban la Liga de las Cinco Naciones. El objetivo de esta alianza era mantener la paz entre sus pueblos, incrementar los lazos comerciales y posicionarse en contra de otras naciones originarias o de los conquistadores europeos.

 La nación tuscarona (originaria de North Caroline) emigró a principios del siglo XVIII hacia el actual Estado de New York pasando a formar parte de la Confederación que, desde entonces, pasó a ser conocida como la Liga de las Seis Naciones. Su territorio llegó a extenderse –hacia el siglo XVII- por la mayor parte de los actuales Estados de New York y Pennsylvania, así como por Canadá, y su capital era Onondaga (hoy Siracusa, New York). Cada nación tenía su propia lengua (con existencia de dialectos internos), pero compartían un idioma común: el iroqués (2).

Su economía se basaba en la caza, la recolección, la agricultura (producían maíz, alubias, calabaza, tabaco, frutos secos), y una intensa actividad comercial. Aunque esta última existía antes de la llegada de los conquistadores, fue con estos que se diversificó ya que les proporcionaban tabaco y pieles a cambio de armas, pólvora y alcohol. La hegemonía del comercio de pieles en el siglo XVIII produjo un enfrentamiento armado (la Guerra de los Castores) con los peleteros franceses y sus aliados originarios (algonquinos, hurones). Ante esto, la Confederación Iroquesa debió concretar una alianza con la Corona Británica que se volvió tan necesaria para su supervivencia, que debieron emigrar hacia el Dominio Británico de Canadá cuando las Trece Colonias se independizaron en 1776, ya que los acusaron de traidores a la revolución (3).

Pero lo que nos interesa analizar en este artículo es su organización política, que ha sido llamada “la primera democracia de América” o “la base de la Constitución de los Estados Unidos”.

Uno de los primeros en referirse a ella fue el antropólogo Lewis Morgan en su obra Ancient Society (1877), quién nos dice que se organizaban en gens o clanes similares a los antiguos griegos y romanos, que a su vez se agrupaban en fratrias (hermandades o pueblos) y tribus (naciones). Cada gens agrupaba a un mismo linaje familiar y podía estar presente en más de una tribu –por la prohibición de matrimonios dentro de la gens-, lo que favorecía la paz y los contactos comerciales. Entre los Seneca existían ocho gens con nombres de animales: lobo, oso, castor, ciervo, perdiz, ganso y halcón, que se agrupaban en dos fratrias. Cada gens elegía un Sachem (director en tiempos de paz) y un Jefe Guerrero. 

El primero era elegido por la misma gens y sus funciones eran hereditarias dentro de la gens, aunque no se permitía elegir al hijo del anterior –por estar vigente el derecho materno-. El jefe guerrero en cambio se podía elegir fuera de la gens y faltar en tiempos de paz. Hombres y mujeres adultas formaban parte de la elección y el cargo debía ser ratificado por las otras siete gens. La autoridad del sachem era paternalista pero no coercitiva, siendo un miembro más del Consejo Tribal y del Consejo de la Confederación. La gens además podía destituirlo en una votación libre (4).

En la época de las Cinco Naciones el Consejo de la Confederación se componía de 50 royaneh (“hombres buenos”): 9 oneida, 10 cayuga, 14 onondaga, 8 seneca y 9 mohawk. Más tarde se incorporaron los tuscarona. Los clanes o gens los elegían de entre una lista de candidatos propuestos por las mujeres. Cuando uno moría, se celebraban complejos rituales de duelo para luego nombrar al sucesor. Las decisiones se tomaban en caucus (pequeñas juntas) hasta lograr el consenso. Las crónicas se transmitían oralmente o por los wampums (“cinturones sagrados”) (5).

Para Engels se trataba de una democracia propia del “comunismo primitivo” (sociedad sin Estado): “Todos los miembros son individuos libres, obligados cada uno a proteger la libertad de los otros; son iguales en derechos personales; ni los sachem ni los jefes pretenden tener ninguna especie de preminencia; forman una colectividad fraternal, unida por vínculos de sangre. Libertad, igualdad y fraternidad, aun cuando nunca se han proclamado como fórmula, son los principios fundamentales de la gens; y a su vez, está última es la unidad de todo un sistema social, la base de la sociedad india organizada” (6).

Se ha comparado la organización política iroquesa con la Atenas clásica de tiempos de Pericles. Entre los puntos en común encontramos: la división tripartita (gens, fratrias y tribus), las decisiones tomadas por asambleas, los cargos públicos no remunerados y el carácter isonómico de la sociedad (en donde la ley era igual para todos) (7). Pero también tenemos una diferencia fundamental, ya que en la Antigua Grecia no se les otorgaba condición de ciudadanía a las mujeres, los esclavos y los metecos (migrantes). 

En cambio, en la Confederación Iroquesa no encontramos ninguna forma de esclavitud, las mujeres participaban en la toma de decisiones y la gens podía adoptar a extraños en su seno (incluyendo los prisioneros de guerra que no fueran condenados a muerte) e incorporarlos así en su respectiva tribu. Además, al no existir la propiedad privada y no ser hereditarios los cargos, no llegaban a formarse familias nobles ni clases dominantes (8).

El carácter democrático de la sociedad iroquesa se basaba en que el Sachem debía gobernar con el consentimiento de sus gobernados, ya que al momento de tomar una decisión de importancia todos los miembros de la gens podían participar de las asambleas. El mandato de la asamblea era llevado por el Sachem al Consejo de la Nación y al Consejo de la Confederación que debían tomar una decisión por unanimidad de todos sus miembros. La Kaianerekowa o Gran Ley de la Paz establecía que los Sachem debían obedecer a las censuras de los Consejos. Engels los llamó “un débil germen de funcionario con poder ejecutivo” (9). No existía además concentración de poder ni propiedad privada de la tierra. Las mujeres eran las encargadas de la mensura y su división entre las gens que se revisaba cada dos años.

Sin embargo la sociedad iroquesa tenía divisiones de género. Cada clan era liderado por una mujer –por lo general la más anciana- que lo representaba en el Consejo de Mujeres de las gens, que decidía sobre los asuntos relacionados con la tierra, la labranza y la división de bienes. Los hombres -a su vez- elegían al Sachem y al Jefe Guerrero, pero su poder era menor ya que respondían a los Consejos, además de cumplir las funciones de caza y pesca. Aunque existían estas diferencias, todas las funciones eran consideradas en igualdad de importancia para la supervivencia de la nación y de la Confederación.

La sociedad era matrilineal y matrilocal (no matriarcal), ya que el linaje de los clanes se realizaba por la raíz femenina, y el matrimonio residía en la vivienda de la mujer. El divorcio era una práctica aceptada en la sociedad, y los registros señalan que la violencia en el hogar y las violaciones eran prácticamente inexistentes.

Un paralelismo en el Viejo Mundo –según Engels- lo encontramos en los antiguos germánicos, donde las decisiones se tomaban en asambleas. El contacto con Roma favoreció que se crearan familias nobles y se perdiera este espíritu democrático (10).

La influencia iroquesa en la Constitución de los Estados Unidos podemos rastrearla hasta cuarenta años antes de la Declaración de Independencia, cuando en 1736 Benjamin Franklin –uno de los siete Padres Fundadores- se dedicó al estudio de su sociedad, llegando a publicar una 14 tratados sobre el tema en 26 años. 

Su fascinación no solo con los iroqueses, sino también con otras naciones originarias, lo llevó a proponer en el Albany Plan of Union (1754), primera propuesta de una organización política independiente, la creación de un sistema confederal para las Treces Colonias Norteamericanas. En una carta enviada a su editor James Parker en 1751 expresaba que: “Sería muy extraño si seis naciones de savages ignorantes fueran capaces de formar un esquema para semejante unión y de llevarlo a la práctica de tal forma que logre subsistir durante siglos pareciendo indisoluble, y una unión de ese tipo no pueda ser llevada a cabo por diez o doce colonias inglesas” (11).

Décadas más tarde el Congreso Continental –que declaró la Independencia y sancionó la Constitución- creó el Comité de Asuntos Indios bajo el liderazgo de Franklin. Según el historiador Bruce E. Johansen (autor de Forgotten Founders): “Los escritos de Franklin sobre los iroqueses estaban notablemente libres de etnocentrismo, a pesar de que a menudo utilizada palabras como savages, las cuales tienen hoy un sentido prejuicioso, pero no tanto por aquella época” (12).

Las similitudes entre la Confederación Iroquesa y la organización del Estado norteamericano fueron señaladas por muchos autores desde el siglo XIX. A los ya citados Morgan y Engels, tenemos que mencionar también a Alexis de Tocqueville que en su famosa obra Le Democratie in Amérique (1835-1840) nos dice –refiriéndose a la Confederación iroquesa- que “no se había visto nunca entre las naciones un desarrollo tan prodigioso, ni una destrucción tan rápida” (13).

Las similitudes que se mencionan habitualmente son: la defensa de las libertades individuales, la descentralización del poder (a través de su división) y un sistema de contrapesos al poder de los líderes. La Kaianerekowa establecía además el derecho a expresar libremente las opiniones en las asambleas, la inviolabilidad del domicilio (también presente en la IV Enmienda de la Constitución estadounidense) y otorgaba a un órgano independiente (el Consejo de Mujeres) la función de resolución de disputas (como la Corte Suprema de Justicia).

En 1987, con motivo de cumplirse los 200 años de la sanción de la Constitución, se realizó el seminario “The Iroquois Great Laws and the US Constitutions” en la Universidad de Cornell, en donde el académico Bruce Barton afirmó que: “la democracia estadounidense le debe su sello distintivo a los principios y la estructura de los Gobiernos civiles de los indios norteamericanos” (14).

Sin embargo debemos aclarar que en muchos aspectos la Confederación Iroquesa era más democrática que los Estados Unidos. En primer lugar, porque a ningún miembro de la gens se le negaba la votación en la asamblea, mientras que en los Estados Unidos el voto estuvo negado a las minorías étnicas y a las mujeres durante muchos años. De hecho, algunas de las primeras sufragistas, como Matilda Gage, Lucretia Mott o Elizabeth Staton reclamaron que se tomara como ejemplo el modelo iroqués en donde las mujeres votaban y ejercían cargos públicos. 

No fue casualidad que organizaran la Convención de Seneca Falls (1848) por el voto femenino en el antiguo territorio de la Confederación Iroquesa y que la mayoría de las sufragistas fueran de los Estados de New York, Pennsylvania y otros poblados antiguamente por las naciones iroquesas (15).

En segundo lugar, porque la elección de autoridades era directa siendo los mismos miembros de la asamblea quienes elegían a los Sachems, los jefes militares y las líderes de clan. En el sistema estadounidense la elección del presidente se hace de manera indirecta, eligiendo cada distrito electoral delegados al Colegio Electoral llamados electores o compromisarios que son los encargados de elegir a la máxima autoridad. La elección de delegados no es proporcional, sino que la lista ganadora se lleva todos los cargos, aunque haya ganado apenas por el 51% de los votos. 

Además de que hay distritos sobrerepresentados y subrepresentados, en proporción con su población. Así hubo casos de presidentes electos por tener mayoría de delegados en el Colegio Electoral, aunque su lista o partido haya sacado menos votos populares (16). Otra diferencia es que entre los iroqueses, el líder debía rendir cuentas a la asamblea y podía ser destituido de no cumplir sus funciones, mecanismo que es muy difícil y casi imposible de aplicar en el sistema político estadounidense.

Por todo lo expuesto, podemos considerar a la Confederación Iroquesa como una democracia directa y participativa en una sociedad relativamente igualitaria, que nos sirve de ejemplo a la hora de pensar reformas de nuestros regímenes políticos y electorales."                   (Luciano Andrés Valencia  ,Rebelión, 05/11/2020)

10/9/18

¿Y si sorteáramos la democracia?




"Ocurrió en 2010 tras el hundimiento de la banca. Un puñado de anarco surrealistas se hicieron con el gobierno municipal de Reikiavik con desternillantes proclamas que abogaban por repartir toallas gratuitas en las piscinas públicas, la adquisición de un oso polar para el zoo de la ciudad o mantener el Parlamento limpio de drogas. 

Lo que se intuía un cataclismo político resultó ser un ejercicio de solvencia democrática; en cuatro años habían saneado el presupuesto de la ciudad y salvado de la quiebra a la principal compañía energética. 

Más allá de la anécdota, el experimento evidenció que no siempre la veteranía política es garante de una buena gestión. El ensayista flamenco David Van Reybrouck se ha empeñado en su último ensayo Contra las elecciones. Cómo salvar la democracia (Taurus) en sacar los colores a toda una élite política que parece no enterarse muy bien de qué va la vaina.

 “A veces me siento como si viera un tren que va a chocarse con otro en cámara lenta mientras buena parte de la clase política mira hacia otro lado y nos dice que todo va bien”. La “inminente” colisión, que Van Reybrouck augura para la próxima década, dará pie a una época de disturbios y turbulencias políticas que afectará a nuestra forma de entender la representación política.
Pregunta.- Por momentos parece que predice usted una suerte de “primavera europea”
Respuesta.- Más bien será un largo invierno…
Profecías apocalípticas al margen, la propuesta de este joven filósofo no se queda en el mero vaticinio, quizá lo más interesante del libro es el diagnóstico de lo que ha bautizado como “síndrome de fatiga democrática”, afectación de sintomatología diversa como la preocupante disminución de votantes —la abstención se está convirtiendo en la tendencia política más importante de Occidente—, un incremento de la fluctuación política —no sólo votan menos, sino que son más volubles— o el descenso en el número de afiliados de los partidos políticos. 

Con todo, y aquí radica quizá una de las paradojas del libro, el anhelo democrático es cada día más fuerte. “Nunca hubo tanta hambre de democracia como hasta ahora, el problema es que la gente, en especial los más jóvenes, han dejado de creer en ella”.

Y ahí es cuando surge lo que él llama el “fundamentalismo democrático”, o lo que es lo mismo, entender que las elecciones redimen al sistema de todos sus pecados. “El germen de las elecciones nunca fue democrático, las elecciones las crea una élite para sustituir a otra élite y asegurar que las masas no iban a crear el caos, para ellos democracia era igual a caos. 

No en vano, la palabra élite y elecciones tienen la misma raíz semántica”. En otras palabras, la democracia no es más que una pantomima pergeñada a finales del XVIII que urge actualizar. 
“Empieza a ser peligroso pensar que no hay alternativa a las elecciones dentro de la democracia”, asegura Van Reybrouck.
Para ello, para actualizar el procedimiento y dotarlo de mayor legitimidad el filósofo echa mano de una solución que resulta un tanto provocativa cuando menos: introducir la elección por sorteo de asambleas deliberativas que designen a los responsables de la toma de decisiones. “Con las elecciones, pasamos simplemente de una aristocracia a una aristocracia elegida, de modo que tiene un origen elitista, el sorteo, en cambio, es el procedimiento de la democracia”.

Consciente de la singularidad de su propuesta, el filósofo se escuda en la historia de la democracia para avalar lo que en un principio pudiera parecer la típica extravagancia de académico con ínfulas de notoriedad. 

“Atenas, Florencia, Venecia… la elección por sorteo, aunque de modos completamente distintos, forma parte de la esencia de la democracia”, una naturaleza sobre la que reflexionaron pensadores de la talla de Montesquieu o Rousseau y de los que el autor se sirve para apoyar su tesis: “Ambos coinciden en la idea de que el sorteo es más democrático que las elecciones, entendieron el sorteo como lo que verdaderamente ponía en peligro a la élite”.        

6/9/18

David Van Reybrouck: "La democracia ha llegado a su límite... Hay fórmulas mejores''

"Con la democracia ocurre algo curioso: todo el mundo la desea, pero no hay nadie que crea en ella". Así, con esa frase tan rotunda como polémica, arranca Contra las elecciones, el controvertido libro firmado por el historiador, arqueólogo y escritor belga David Van Reybrouck (Brujas, 1971) que ahora se publica en España.

 Son 231 páginas en las que el autor desafía con tanta osadía como agudeza el consenso generalizado según el cual la democracia tal y como hoy la conocemos garantiza la libertad y sirve de freno contra el autoritarismo. Reybrouck, con su aspecto aniñado, sostiene justo lo contrario: que la democracia electoral está completamente agotada, que la prueba de que ha llegado a su fin está en el crecimiento en todo el mundo de los populismos y que, si no se renueva, dará paso a regímenes autoritarios. 

Para evitar que eso ocurra, Reybrouck se descuelga con una propuesta sin duda original: pide que la democracia no consista sólo en votar cada cuatro o cinco años, sino que el pueblo se implique directamente en el sistema de Gobierno. Y para ello aboga por que la toma de decisiones la realice un pequeño grupo de ciudadanos comunes elegidos al azar, por sorteo.
Después de 3.000 años de existencia, sostiene que la democracia está en crisis. ¿Qué le pasa?
Pues que la gente está dejando de confiar en ella. Hasta hace poco la democracia era vista como el mejor modelo de gobierno disponible, pero para las jóvenes generaciones está dejando de ser así. Su fe en la democracia se está deteriorando y eso es un problema. Es un problema porque Churchill tenía razón: de todas las formas de gobierno, la democracia es la menos mala. Pero entiendo que la gente está dejando de confiar en la democracia porque esta forma de democracia, la democracia electoral, ha llegado a su límite. Por suerte hay otras formas de democracia que incluso son mejores.
 
Los síntomas de ese hastío son bastante claros: la abstención no deja de crecer, la afiliación a los partidos no para de bajar, crece el voto de protesta, suben los populismos... ¿No cree que parte del problema es que dado que vivimos el mayor periodo de paz en la historia de Europa mucha gente, sobre todo entre los jóvenes, da por descontada la democracia?
La democracia que vivimos hoy es fruto de la II Guerra Mundial y, efectivamente, creo que mucha gente la da por descontada. No son conscientes de lo frágil que es, de que las cosas pueden cambiar muy rápidamente, y para peor. De la democracia a la autocracia, al autoritarismo, hay sólo un paso. El terrible escenario que vimos en Turquía el año pasado no es para nada impensable que se produzca en Estados Unidos hoy en día. Podemos pasar bastante fácilmente de un modelo que afronta los conflictos de un modo no violento a otro que los encara de manera violenta, sin apenas darnos cuenta, porque no se trataría de una transición abrupta sino gradual. Estamos ya en ese proceso de deslizamiento, y la gente no es consciente de ello. El problema es que llegados a cierto punto ese proceso de transformación puede ser muy rápido. Yo defiendo la democracia porque, a pesar de sus defectos, es el mejor sistema para afrontar los conflictos. Pero no nos damos cuenta del peligro en el que se encuentra ahora mismo. La violencia física siempre comienza con violencia verbal, y en muchos países estamos asistiendo a un fuerte incremento de la violencia verbal. Y uno de los motivos es porque los procedimientos por los que se rige la democracia de hoy están completamente anticuados, fuera del tiempo, son procedimientos que datan de finales del siglo XVIII.
 
¿Acudir a las urnas, votar, le parece anacrónico?
Sí. Nuestro modelo, nuestra forma de democracia, se remonta a 200 años atrás, a una época en la que la mayoría de la gente no sabía ni escribir ni leer y apenas abandonaba su lugar de nacimiento. Votar en una urna tenía sentido en un mundo en el que el transporte era lento, la información limitada y la educación, un lujo al alcance de muy pocos. Pero todo eso ha cambiado. Hemos democratizado la información, la educación, las comunicaciones y hemos democratizado los transportes. Pero a pesar de todos esos cambios gigantescos, no hemos democratizado el proceso de toma de decisiones. Es increíble.
 
¿Cómo se puede entonces modernizar la democracia? ¿A golpe de referéndums? Ya hemos visto lo sucedido con el Brexit...
No soy un gran defensor de los referéndums. Pueden funcionar en algunos asuntos, no en todos. Basta ver lo ocurrido con el Brexit para entender el problema que entrañan. Yo creo que una decisión tan trascendental como que un país siga siendo o no parte de la Unión Europea no puede dejarse en manos de un referéndum. Me gusta la idea de que los ciudadanos tengan cada vez más poder, pero no creo que el referéndum sea el mejor modo de lograrlo. Si uno está realmente interesado en conocer la opinión de la gente no se les puede pedir a los ciudadanos que simplemente marquen una u otra casilla de una papeleta. Los referéndums son mejores que las elecciones, pero en mi opinión son también un instrumento muy primitivo y arcaico. La gente que vota algo tan importante como el Brexit tiene que ser plenamente consciente de lo que vota. Y en un referéndum el 90% vota con las vísceras, sólo un 10% con la cabeza.
 
Usted defiende que sea un pequeño grupo elegido al azar, por sorteo, el que tome las decisiones colectivas...
Eso es. Creo que una muestra representativa de la sociedad bien informada puede tomar mejores decisiones que una sociedad completa que sin embargo no está bien informada.
 
Pero eso no es democracia. El que las decisiones colectivas las tome una minoría se llama aristocracia...
Yo no defiendo eso. Yo defiendo que sea un grupo de personas elegido al azar el que, en representación de toda la ciudadanía, tome las decisiones. Se lo explicaré con un ejemplo: imagine que David Cameron, el ex primer ministro británico, hubiera sido realmente inteligente y en lugar de convocar un referéndum y de pedir a todos los británicos que decidieran sobre una cuestión fundamental para el país en la que había mucha desinformación y de la que muy poca gente conocía en realidad los detalles, hubiera seleccionado de manera aleatoria una muestra de mil británicos que representasen a toda la población y les hubiera dado seis meses para estudiar, debatir y decidir qué recomendaban hacer respecto a si el Reino Unido debía seguir siendo miembro o no de la UE. Creo que el resultado probablemente habría sido distinto y que se habría tomado una mejor decisión.
 
¿Pero eso le parece realista?
Sí. Ese modelo ya está funcionando Irlanda y se denomina asamblea ciudadana. A finales de noviembre pasado los irlandeses pusieron en marcha lo que han llamado una "convención constitucional" para debatir cinco artículos de la Constitución, incluido el que prohíbe el aborto. El aborto es un asunto muy visceral, en el que la sociedad se encuentra profundamente dividida y donde cada parte está tan aferrada a su punto de vista que apenas hay debate, así que se llegó a la conclusión de que no tenía sentido someter a referéndum una cuestión así. El Gobierno irlandés lo que hizo entonces fue elegir de manera completamente aleatoria a un centenar de ciudadanos, a los que ha dado ocho meses para estudiar la cuestión del aborto. Se ven los fines de semana, están escuchando la opinión de expertos, de testigos, de personas implicadas directamente, de políticos, de religiosos... Y, cuando tras oír todo eso y de debatir el tema lleguen a una conclusión, presentarán una recomendación con lo que crean que hay que hacer. Me parece una buena fórmula.
 
No veo por qué en ese pequeño grupo de personas elegidas aleatoriamente no se iba a producir la misma visceralidad o cerrazón que puede haber en un referéndum...
Se equivoca: el poder debatir y profundizar en un argumento supone una diferencia importantísima. Hace ya dos años Irlanda revisó ocho artículos de su Constitución, el más polémico de los cuales hacía referencia a la posibilidad de abrir el matrimonio a los homosexuales. Ahí también puso en marcha una convención formada por gente elegida al azar para analizar la cuestión, y fue alucinante, porque ese proceso demostró la capacidad de la gente de cambiar de opinión. Había, por ejemplo, un señor de 70 años que confesó que de niño había sido violado por un hombre y que a partir de ese momento había considerado siempre a los homosexuales como criminales. Admitió que en un referéndum habría votado contra el matrimonio gay porque odiaba a los homosexuales. Pero después de escuchar argumentos en un sentido y en otro, de oír a decenas de expertos y de saber de primera mano cómo era la vida de los homosexuales en Irlanda, cambió de opinión y se mostró a favor de legalizar el matrimonio gay. La convención de la que formaba parte ese hombre recomendó de hecho reformar la Constitución para hacer posible el matrimonio gay en Irlanda, esa recomendación pasó al Parlamento y éste decidió someter la cuestión a referéndum. Y el resultado fue que cerca del 70% de los irlandeses apoyó en la consulta el matrimonio gay. Ese es el modelo que yo creo que hay que seguir, porque ese modelo saca lo mejor de la gente, mientras que votar en unas elecciones o en un referéndum no. Para lo que sirven los referéndums y las elecciones, lo estamos viendo, es para dividir a la sociedad y tomar decisiones irracionales...
 
¿Entiende que la gente esté enfadada y que lo manifieste en las urnas?
Por supuesto. Entiendo a los británicos que han votado por el Brexit, entiendo a los estadounidenses que han votado por Trump. Los entiendo, sólo que no creo que haber votado como lo han hecho vaya a resolver sus problemas.
 
¿Y quién tiene la culpa de que hayamos llegado a este desgaste de la democracia electoral? ¿La clase política, corrupta y convertida en élite?
Sí, la culpa es suya. De hecho, no deja de ser curioso que elecciones y élite tengan la misma raíz etimológica, y que los que nos gobiernan sean los elegidos. Lo que ha ocurrido con el Brexit y con Trump así como el auge de los populismos es el resultado normal de una democracia que se reduce a elecciones, debates televisivos y redes sociales. Los medios sociales están democratizando la información y la comunicación. Eso está cambiando el mundo, y sin embargo la democracia no cambia. Y si no la cambiamos la mataremos...
 
Creo que su propuesta no tiene en cuenta que vivimos en un mundo globalizado, en el que las decisiones escapan muchas veces a la esfera nacional. Lo hemos visto en Grecia: el partido de izquierda radical Syriza ganó en 2015 las elecciones, convocó un referéndum contra las medidas de austeridad, arrasó y a pesar de eso no les quedó más remedio que tragar con lo que exigía Bruselas, el FMI y el Banco Mundial. De poco sirve renovar el proceso de toma de decisiones cuando en realidad son pocas las cuestiones en las que se puede decidir.
Estoy absolutamente de acuerdo. Escribí este libro en 2013 pensando cómo mejorar la democracia a nivel nacional, y lo de Grecia fue en 2015. Recientemente he escrito una carta abierta a Juncker, el presidente de la Comisión Europea, en la que le expongo mi convicción de que a nivel europeo deben empezar a aplicarse cambios en la toma de decisiones. No tiene sentido renovar las democracias nacionales si no se renueva Europa.
 
¿Y cree que le harán caso?
Tengo claro que las iniciativas de cambio no partirán de las autoridades europeas sino de los ciudadanos. La ira populista a la que estamos asistiendo en realidad es un regalo, una magnífica oportunidad, sólo que envuelta en alambre de espino. Pero las élites, en lugar de darse cuenta de que son necesarios cambios, se están haciendo más elitistas aún, tienen miedo de perder su poder y de que pueda reinar el caos. Pero es al revés: si no se presta oído a este enfado y se ofrecen soluciones, habrá realmente caos. Es muy peligroso, podemos no sólo deslizarnos hacia sistemas autoritarios sino que la Unión Europea podría estar finiquitada a finales de este año. Nadie parece darse cuenta de ello. Si Marine Le Pen se convierte en presidente de Francia, algo perfectamente posible, si el ultraderechista Geert Wilders llega a presidente de Holanda y si la extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) se convierte en el segundo partido de ese país, la UE está acabada. Así de simple."          
 (Entrevista a David Van Reybrouck, Irene Hernández Velasco, El Mundo, 24/02/17)

4/9/18

Las democracias occidentales están exhaustas. Los ciudadanos ya no se fían de sus gobernantes... Hay que incorporar una cuota de legisladores escogidos por sorteo, como en la antigua Grecia. Y aumentar la participación directa mediante deliberaciones abiertas sobre los grandes temas, también mediante selección aleatoria de parte de los intervinientes

"Las democracias occidentales están exhaustas. Los ciudadanos ya no se fían de sus gobernantes. Pero el origen del hartazgo y la desconfianza no hay que buscarlo en los políticos, como hacen los populistas, sino en el sistema. Las elecciones por votación ya no sirven. Hay que incorporar una cuota de legisladores escogidos por sorteo, como en la antigua Grecia. 

Y aumentar la participación directa mediante deliberaciones abiertas sobre los grandes temas, también mediante selección aleatoria de parte de los intervinientes. Esta es la tesis del libro Contra las elecciones. Cómo salvar la democracia (Taurus) que el flamenco David van Reybrouck acaba de publicar en España después de causar con él cierto ruido en otros países europeos.

En defensa de la representación al azar, Van Reybrouck compara las elecciones con el acto de servir sopa con un cucharón. La sopera es el país o la circunscripción y el contenido es la sociedad. “Se puede utilizar un cucharón normal, equivalente a un sorteo, o un cucharón con agujeritos para llevarte sólo una parte de la sociedad, que es lo que se hace con el voto”. 

Este último sistema es válido “mientras la gente confíe en él”. Y así ocurría en la Europa de los sesenta, según demostró un estudio realizado en Bélgica: la gente entonces no se entusiasmaba con los asuntos públicos, pero su confianza en los elegidos para gestionarlos era elevada.

 Ahora, todo es distinto. “La gente habla cada vez más de política en la mesa. La pasión política es muy alta y la confianza muy baja”, afirma el escritor. El motivo es, a su juicio, que a los electores no les basta con delegar y en su caso castigar una vez cada cuatro años. “Eso no funciona y por eso debemos cambiarlo”.

¿Y por qué unos individuos escogidos por sorteo iban a hacerlo mejor y a corromperse menos que los salidos de las urnas? Porque los primeros “no necesitan salir reelegidos”, aduce Van Reybrouck, al tiempo que subraya que la meta no puede ser construir una democracia perfecta sino “una democracia mejor”. Y matiza también que su propuesta es de cambio gradual y de combinación entre el voto y el sorteo.

El politólogo belga tiene ejemplos empíricos para respaldar su tesis. De ellos, destaca la convención que los irlandeses organizaron hace dos años para reescribir ocho artículos de la Constitución, el más polémico uno para instaurar el matrimonio homosexual. 

Participaron 100 personas: un presidente, 33 políticos y 66 ciudadanos elegidos al azar. A lo largo de un año, con reuniones de un fin de semana al mes, los delegados se informaron escuchando a expertos y afectados. Van Reybrouck recuerda cómo uno de los participantes, un hombre de 76 años, se levantó un día y confesó que hasta entonces había pensado en los gays como delincuentes. 

Y es que, cuando era niño, un hombre le había violado. Pero añadió que, al informarse y escuchar los problemas de los homosexuales, había comprendido que ellos nacen así. Y, al final, formó parte de la mayoría que recomendó legalizar el matrimonio de personas del mismo género. 

“Así fue cómo Irlanda, la católica Irlanda, dio un paso hacia delante –mediante un ulterior referéndum con un 62% de síes– mientras al mismo tiempo la libertina Francia pasaba un año de inquietud política sobre el tema por no contar con la gente”.
El escritor flamenco cree que todas las naciones deberían aprender de ése y otros ejemplos en Irlanda, Holanda, Islandia, Canadá o Australia. 

“Para un país como España estaría bien que el Gobierno, una vez al año, se reuniera con unas mil personas escogidas al azar para tratar un tema importante en concreto, como podría ser la desigualdad, la polución, el sistema sanitario, las migraciones, la calidad de la democracia”, lanza Van Reybrouck. “Sería interesante para el Ejecutivo” saber qué piensan los ciudadanos entre dos comicios; eso “le ayudaría a tomar decisiones en las que la gente confiara”.

La desconfianza, al igual que la confianza, es un camino de ida y vuelta, cree el autor entrevistado por La Vanguardia. “Muchos políticos tienen miedo a los ciudadanos; piensan que son tontos y no están capacitados para decidir”. Craso error, pues cuanto menos se tomen en serio a la gente, más van a alejarse de la sociedad, razona. 

Un exponente claro de ello fue Hillary Clinton cuando, en plena campaña, dijo que la mitad de los votantes de Donald Trump eran “deplorables”. “No pudo decir algo más tonto”, dice Van Reybrouck. “Porque puedes criticar a Trump, pero culpar a los votantes… Si quieres dirigir un país, tienes que preocuparte por todo el mundo y por sus inquietudes, no criticar a los que no te votan”.

Sobre los referéndums, el ensayista cree que son “un poco mejores que las elecciones” pero con todo “muy primitivos”: mientras en los comicios “todo se reduce a poner una crucecita al lado de un nombre”, en los referendos se marca un sí o uno no.

 Y agrega: “Hay quien piensa que la democracia puede mejorar haciendo referéndums con cierta frecuencia. Pero incluso en Suiza, donde eran un instrumento para que la gente hablara con el Gobierno, han acabado siendo utilizados por los populistas en bien de sus intereses”. En todo caso, el problema principal es que “se pregunta a los ciudadanos sobre un tema sin saber si han estado pensando en la cuestión”.

En situaciones como la de Catalunya, y con la ventaja de provenir de un país donde también se dan “fuertes tendencias separatistas” (entre los flamencos) Van Reybrouck asegura no entender “cómo una decisión tan delicada como escindir una parte de un país se puede tomar a través de un referéndum”. 

Para él es como “hacer cirugía cardíaca con un hacha” porque, contra la idea de que una consulta reduce la distancia entre políticos y ciudadanos, en casos así un referéndum “puede crear un vacío nuevo y más grande entre los que dicen sí y no”. Y en democracia se trata de “gestionar conflictos” y aprender a vivir con ellos, “no de resolverlos”.

 ¿Qué ocurriría si Catalunya se independizara tras un referéndum en el que la opción de la independencia ganara con un 53% de los votos?, plantea. 

“Significaría imponer a la mitad de la gente una nueva realidad con la que está en profundo descontento. No es un punto de partida halagüeño”, señala, aunque admite que “obviamente son los ciudadanos los que tienen que elegir”.

El analista esgrime además que, “en un momento en que las grandes compañías se están fusionando y creando enormes corporaciones que acumulan un inmenso poder”, no parece adecuado que las entidades políticas se hagan “cada vez más pequeñas y dispersas”. Porque, “si las corporaciones se hacen cada día más grandes y los Estados más pequeños, ¿quién acabará ganando?”.

Van Reybrouck admite que, en Estados como España, Italia o Grecia la “fatiga democrática” viene claramente inducida por la crisis económica, que tiene “un impacto descomunal en la desconfianza”. 

Pero, para argumentar su idea de que las elecciones son una causa mayor de la pérdida de confianza en el poder político, recuerda que en los últimos años la merma es igualmente profunda en países donde la crisis ha sido a su juicio mucho más leve, y cita Holanda, Dinamarca, Alemania o el Reino Unido.

Pero lejos de disociar economía y política, el autor de Contra las elecciones describe la sociedad como un triángulo con tres vértices: el ejecutivo, los ciudadanos y el mercado. En los años 80 y 90, la globalización y las decisiones políticas liberalizadoras “transfirieron más y más poder a los mercados”, de modo que hace tiempo que el triángulo dejó de ser simétrico, sostiene. Así que hay que conseguir que las corporaciones devuelvan parte de su cuota. 

 “¿Pero cómo hacerlo con tanta desconfianza entre ciudadanos y política? Si dos perros se pelean por un hueso, al final es un tercero el que se lo lleva”. De ahí que resulte imperativo, concluye, que entre los ciudadanos y los políticos haya una mínima confianza."                 (Entrevista a Van Reybrouck, Fernando García, La Vanguardia, 27/02/17)