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8/3/24

Aleksandra Kollontái: ¿Cuál es el objetivo de las obreras socialistas? Abolir todo tipo de privilegios que deriven del nacimiento o de la riqueza. A la mujer obrera le es indiferente si su patrón es hombre o mujer... Hay una gran contradicción entre los intereses de una mujer obrera y las damas propietarias, entre la sirvienta y su señora… Dejad que un sentimiento alegre de servir a la causa común de la clase trabajadora y de luchar simultáneamente por la emancipación femenina inspire a las trabajadoras a unirse a la celebración del Día de la Mujer... así pues, los trabajadores no deberían temer que haya un día separado y señalado como el Día de la Mujer, ni que haya conferencias especiales y panfletos o prensa especial para las mujeres... Los socialistas en cada país comienzan a demandar una protección especial para el trabajo de las mujeres, seguros para las madres y sus hijos, derechos políticos para las mujeres y la defensa de sus intereses. Cuanto más claramente el partido obrero percibía esta dicotomía mujer/trabajadora, más ansiosamente las mujeres se unían al partido, más apreciaban el rol del partido como su verdadero defensor y más decididamente sentían que la clase trabajadora también luchaba por sus necesidades... las mujeres trabajadoras luchan por la causa común de la clase, mientras al mismo tiempo delinean y ponen en cuestión aquellas necesidades y sus demandas que les afectan más directamente como mujeres, amas de casa y madres. El partido apoya esas demandas y lucha por ellas… Estas necesidades de las mujeres trabajadoras son parte de la causa de los trabajadores como clase

 "¿Qué es el día de la mujer? ¿Es realmente necesario? ¿No es una concesión a las mujeres de clase burguesa, a las feministas y sufraguistas? ¿No es dañino para la unidad del movimiento obrero? Esas cuestiones todavía se oyen en Rusia, aunque ya no en el extranjero. La vida misma le ha dado una respuesta clara y elocuente a estas preguntas.

El día de la mujer es un eslabón en la larga y sólida cadena de la mujer en el movimiento obrero. El ejército organizado de mujeres trabajadoras crece cada día. Hace veinte años las organizaciones obreras sólo tenían grupos dispersos de mujeres en las bases de los partidos obreros… Ahora los sindicatos ingleses tienen más de 292.000 mujeres sindicadas; en Alemania son alrededor de 200.000 sindicadas y 150.000 en el partido obrero, en Austria hay 47.000 en los sindicatos y 20.000 en el partido. En todas partes, en Italia, Hungría, Dinamarca, Suecia, Noruega y Suiza, las mujeres de la clase obrera se están organizando a sí mismas. El ejército de mujeres socialistas tiene casi un millón de miembros. ¡Una fuerza poderosa! Una fuerza con la que los poderes del mundo deben contar cuando se pone sobre la mesa el tema del coste de la vida, el seguro de maternidad, el trabajo infantil o la legislación para proteger a las trabajadoras.

Hubo un tiempo en el que los hombres trabajadores pensaron que deberían cargar ellos solos sobre sus hombros el peso de la lucha contra el capital, pensaron que ellos solos debían enfrentarse al «viejo mundo» sin el apoyo de sus compañeras. Sin embargo, como las mujeres de clase trabajadora entraron en las filas de aquellos que vendían su trabajo a cambio de un salario, forzadas a entrar en el mercado laboral por necesidad, porque su marido o padre estaba en el paro, los trabajadores empezaron a darse cuenta de que dejar atrás a las mujeres entre las filas de «no-conscientes» era dañar su causa y evitar que avanzara. ¿Qué nivel de conciencia posee una mujer que se sienta en el fogón, que no tiene derechos en la sociedad, en el estado o en la familia? ¡Ella no tiene ideas propias! Todo se hace según ordena su padre o marido…

El retraso y falta de derechos sufridos por las mujeres, su dependencia e indiferencia no son beneficiosos para la clase trabajadora, y de hecho son un daño directo hacia la lucha obrera. ¿Pero cómo entrará la mujer en esa lucha, como se la despertará?

La socialdemocracia extranjera no encontró la solución correcta inmediatamente. Las organizaciones obreras estaban abiertas a las mujeres, pero sólo unas pocas entraban. ¿Por qué? Porque la clase trabajadora al principio no se percató de que la mujer trabajadora es el miembro más degradado, tanto legal como socialmente, de la clase obrera, de que ella ha sido golpeada, intimidada, acosada a lo largo de los siglos, y de que para estimular su mente y su corazón se necesita una aproximación especial, palabras que ella, como mujer, entienda. Los trabajadores no se dieron cuenta inmediatamente de que en este mundo de falta de derechos y de explotación, la mujer está oprimida no sólo como trabajadora, si no también como madre, mujer. Sin embargo, cuando los miembros del partido socialista obrero entendieron esto, hicieron suya la lucha por la defensa de las trabajadoras como asalariadas, como madres, como mujeres.

Los socialistas en cada país comienzan a demandar una protección especial para el trabajo de las mujeres, seguros para las madres y sus hijos, derechos políticos para las mujeres y la defensa de sus intereses.

Cuanto más claramente el partido obrero percibía esta dicotomía mujer/trabajadora, más ansiosamente las mujeres se unían al partido, más apreciaban el rol del partido como su verdadero defensor y más decididamente sentían que la clase trabajadora también luchaba por sus necesidades. Las mujeres trabajadoras, organizadas y conscientes, han hecho muchísimo para elucidar este objetivo. Ahora el peso del trabajo para atraer a las trabajadoras al movimiento socialista reside en las mismas trabajadoras. Los partidos en cada país tienen sus comités de mujeres, con sus secretariados y burós para la mujer. Estos comités de mujeres trabajan en la todavía gran población de mujeres no conscientes, levantando la conciencia de las trabajadoras a su alrededor. También examinan las demandas y cuestiones que afectan más directamente a la mujer: protección y provisión para las madres embarazadas o con hijos, legislación del trabajo femenino, campaña contra la prostitución y el trabajo infantil, la demanda de derechos políticos para las mujeres, la campaña contra la subida del coste de la vida…

Así, como miembros del partido, las mujeres trabajadoras luchan por la causa común de la clase, mientras al mismo tiempo delinean y ponen en cuestión aquellas necesidades y sus demandas que les afectan más directamente como mujeres, amas de casa y madres. El partido apoya esas demandas y lucha por ellas… Estas necesidades de las mujeres trabajadoras son parte de la causa de los trabajadores como clase.

En el día de la mujer las mujeres organizadas se manifiestan contra su falta de derechos. Pero algunos dicen ¿por qué está separación de las luchas de las mujeres? ¿Por qué hay un día de la Mujer, panfletos especiales para trabajadoras, conferencias y mítines? ¿No es, en fin, una concesión a las feministas y sufraguistas burguesas? Sólo aquellos que no comprendan la diferencia radical entre el movimiento de mujeres socialistas y las sufraguistas burguesas pueden pensar de esa manera.

¿Cuál es el objetivo de las feministas burguesas? Conseguir las mismas ventajas, el mismo poder, los mismos derechos en la sociedad capitalista que poseen ahora sus maridos, padres y hermanos. ¿Cuál es el objetivo de las obreras socialistas? Abolir todo tipo de privilegios que deriven del nacimiento o de la riqueza. A la mujer obrera le es indiferente si su patrón es hombre o mujer.

Las feministas burguesas demandan la igualdad de derechos siempre y en cualquier lugar. Las mujeres trabajadoras responden: demandamos derechos para todos los ciudadanos, hombres y mujeres, pero nosotras no sólo somos mujeres y trabajadoras, también somos madres. Y como madres, como mujeres que tendremos hijos en el futuro, demandamos un cuidado especial del gobierno, protección especial del estado y de la sociedad.

Las feministas burguesas están luchando para conseguir derechos políticos: también aquí nuestros caminos se separan: para las mujeres burguesas, los derechos políticos son simplemente un medio para conseguir sus objetivos más cómodamente y más seguramente en este mundo basado en la explotación de los trabajadores. Para las mujeres obreras, los derechos políticos son un paso en el camino empedrado y difícil que lleva al deseado reino del trabajo.

Los caminos seguidos por las mujeres trabajadoras y las sufraguistas burguesas se han separado hace tiempo. Hay una gran diferencia entre sus objetivos. Hay también una gran contradicción entre los intereses de una mujer obrera y las damas propietarias, entre la sirvienta y su señora… Así pues, los trabajadores no deberían temer que haya un día separado y señalado como el Día de la Mujer, ni que haya conferencias especiales y panfletos o prensa especial para las mujeres.

Cada distinción especial hacia las mujeres en el trabajo de una organización obrera es una forma de elevar la conciencia de las trabajadoras y acercarlas a las filas de aquellos que están luchando por un futuro mejor. El Día de la Mujer y el lento, meticuloso trabajo llevado para elevar la auto-conciencia de la mujer trabajadora están sirviendo a la causa, no de la división, sino de la unión de la clase trabajadora.

Dejad que un sentimiento alegre de servir a la causa común de la clase trabajadora y de luchar simultáneamente por la emancipación femenina inspire a las trabajadoras a unirse a la celebración del Día de la Mujer."                ( Aleksandra Kollontái , El Viejo Topo, 08/03/24)

18/3/22

Ucrania es uno de los países más pobres del mundo, que lleva años financiándose a través de la explotación reproductiva de sus mujeres... A través del alquiler de vientres de mujeres pobres y de la venta de los seres humanos que de ellos nacen, el gobierno ucraniano saca una buena tajada... mientras, llueven bombas sobre las granjas de mujeres... Se estará obligando a esas mujeres a permanecer en cautividad sin poder siquiera volver con sus propios hijos y sus familias ante la evidencia del peligro inminente, para salvaguardar la inversión de las agencias, igual que se les prohíbe vacunarse contra el Covid, por orden de los adquirentes de bebés...

 "Ucrania es uno de los países más pobres del mundo, que lleva años financiándose a través de la explotación reproductiva de sus mujeres, de la más precarizadas de mundo. A través del alquiler de vientres de mujeres pobres y de la venta de los seres humanos que de ellos nacen, el gobierno ucraniano saca una buena tajada de la que pagar, entre otras cosas, sus sueldos.

No es gratuito que a Ucrania se la conozca como el “Útero de Europa”, ya que ese arruinado país que no respeta ni uno sólo de los derechos humanos más básicos de esas mujeres y de esos niños, es el destino preferente de miles de personas abyectas que contratan los servicios de una agencia de vientres de alquiler que se encarga de buscar a una mujer ucraniana, lo suficientemente maltratada por la vida y por el sistema como para estar “dispuesta” a vender a sus hijos, seguramente para darles de comer a los que ya tiene.

 Ucrania es uno de los países donde es más barato adquirir una bebé a través de un vientre de alquiler, y ello explica que sea el país donde más españoles y españolas van a explotar reproductivamente a mujeres y usurpar la propiedad de un ser humano, como si de una mascota se tratase. En 2019 la Fiscalía ucraniana solicitó a la fiscalía general de España que le facilitara todos los datos sobre ciudadanos y ciudadanas españolas que habían adquirido en Ucrania a través de la empresa Biotexcom, ya que dicha empresa y su equipo directivo estaban acusados de tráfico de personas, manipulación genética, falsedad documental y un montón de lindeces más.

Se da la circunstancia que esa empresa es la más popular entre los proxenetas de a maternidad españoles, ya que al ser la más abusiva, también es la más barata. Sin embargo, casi tres años después no tenemos conocimiento de que la Fiscalía española respondiera a tal reclamo, ya que siguen yendo convecinos nuestros a importar seres humanos a ese país. Lo que sí sabemos es que RTVE les hizo un reportaje/anuncio a esta empresa con su director chupando cámara que emitió hace tres o cuatro meses en La 2.

 Esa gente va a Ucrania porque en España no pueden hacer lo que hacen porque es ilegal. Está penado en el artículo 221 y siguientes del Código Penal, y ratificado en 2014 por el Tribunal Supremo al considerar los contratos de vientres de alquiler “una práctica que vulnera los derechos humanos de las mujeres, de los niños, y que va contra el orden público”. Y, sin embargo, ahí siguen, yendo a comprar bebés ante la pasividad total de las autoridades españolas, que espero que algún día sean condenadas por prevaricación.

Ahora, se da la triste circunstancia de que Ucrania está siendo invadida por Rusia y caen bombas y llueven balas. También sobre las granjas de mujeres que es donde estabulan a las madres de alquiler durante el embarazo, para poderlas controlar 24 horas diarias y evitar que se escapen con el preciado producto, el bebé.

 Esas madres seguramente están encerradas por esas empresas para salvaguardar su inversión y su ganancia, y sólo eso, porque la vida de las mujeres importa menos que nada pues los contratos firmados ya contemplan la posibilidad de utilizar un número ilimitado de mujeres para conseguir el “producto” pactado por contrato. Es muy probable que se las esté obligando a permanecer en cautividad sin posibilidad de defensa propia, ni siquiera de volver con sus propios hijos y sus familias ante la evidencia del peligro inminente que suponen las tropas rusas. Es seguro que es así como seguro que es que a las madres de alquiler se les prohíbe vacunarse contra el Covid, por orden de los adquirentes. La Mala Gente.

No ha faltado ya el adquirente de bebés que ha salido a la palestra a exigir al gobierno español que intervenga para sacar a esas mujeres de allí y que acaben su proceso de explotación reproductiva en España.  Tampoco estará por tardar en aparecer el estúpido reclamando que España flete un avión para traer a unos supuestos niños atrapados, adquiridos como souvenirs de manera complemente ilegal. Pero esto puede tener sus posibilidades de éxito como ya lo tuvo en pandemia, cuando vimos cómo con el espacio aéreo mundial se fletaba un avión por diferentes países para ir a recoger a los niños comprados en Kíev.

También siento decirles que, aunque se consume la invasión, Rusia tiene igual una industria de los vientres de alquiler que permite la compraventa de criaturas, con alguna que otra restricción más que Ucrania, cierto, pero la tiene. Así que no hay esperanza para las ucranianas pobres, en ningún caso.

 Malditas sean todas las guerras porque siempre son los más jodidos los que sufren primero y más. Maldito sea también el siniestro Putin que está dejando la “legalidad internacional” a la altura de un chicle pisoteado. Malditos todos los que disparan armas por orden de los poderosos que nunca morirán en un tiroteo o en un bombardeo y no se revelan.

Pero me cuesta, me cuesta mucho empatizar con un gobierno y con todos aquellos de ese país que se llenan los bolsillos a costa de tratar a sus conciudadanas y a sus hijos como baratijas humanas o que no han levantado ni la voz ni un dedo para atajar esa insoportable situación. Me cuesta."              (Núria González , elTaquígrafo, 22/02/22)

22/5/19

Nancy Fraser: el auge de movimientos y líderes de extrema derecha en todo el mundo es una consecuencia del ‘neoliberalismo progresista’... una alianza peculiar entre dos fuerzas. El socio principal es el capitalismo financiero representado por Wall Street, Silicon Valley y Hollywood... grandes fuerzas simbólicas del capital que se presentan como moralmente avanzadas y se llevan bien con el feminismo, con gays y son supuestamente verdes. Un capitalismo con rostro progresista. Han logrado seducir al ala liberal de movimientos sociales progresistas, que les han proporcionado una coartada para que sus políticas económicas reaccionarias parezcan emancipatorias... el feminismo fue una especie de sirvienta del capital o de legitimación de este giro

"(...) Afirmas que el auge de movimientos y líderes de extrema derecha en todo el mundo es una consecuencia de lo que denominas ‘neoliberalismo progresista’. ¿Podrías explicar en qué consiste este fenómeno?  

Neoliberalismo progresista es el término que utilizo para describir el bloque hegemónico que dominó la política en la mayoría de los grandes países capitalistas durante los últimos 20, 30 y, en algunos casos, 40 años. El símbolo sería el nuevo laborismo de Tony Blair en Gran Bretaña, y las presidencias de Bill Clinton, Barack Obama y la [fallida] de Hillary Clinton en Estados Unidos.
Fundamentalmente, fue una alianza peculiar entre dos fuerzas. El socio principal es el capitalismo financiero. En los EE UU está representado por Wall Street, Silicon Valley y Hollywood. Son las grandes fuerzas simbólicas del capital, que se presentan como cosmopolitas, moralmente avanzadas, se llevan bien con el feminismo y con los gays, son supuestamente verdes... Un capitalismo con rostro progresista. 

Para ello han logrado seducir, para que formen parte de esta alianza, al ala mainstream, convencional y liberal de movimientos sociales progresistas. Estos movimientos han proporcionado una suerte de coartada para que estas políticas económicas reaccionarias parezcan emancipatorias. Eso es el neoliberalismo progresista.

Lo que en realidad hizo esta alianza fue empeorar los estándares de vida de los dos tercios inferiores de la sociedad. Enriqueció muchísimo al 1%, por supuesto, pero el 10% superior también se benefició de estas políticas. 

Todo esto fue acompañado de la extensión de la deuda, de prácticas que casi acaban con el sistema financiero mundial en 2008, de desindustrialización, precarización del trabajo, de una bajada de los salarios que ha obligado a los hogares a trabajar muchas más horas, a endeudarse para salir adelante… Han sido políticas desastrosas y, sin embargo se presentaban como políticas a favor de las mujeres, de los gays, del medio ambiente, de las personas racializadas…

Mucha gente se ha hartado. De hecho, me sorprende que estos movimientos populistas hayan tardado tanto tiempo en rebelarse. El problema es que han tomado las dos partes del neoliberalismo progresista como un todo, de forma que no solo rechazan la financiarización y la desindustrialización, sino también al feminismo, los derechos LGBTQ, la equidad racial, los derechos de los migrantes… Eso supone un gran problema para la izquierda.

 Tenemos que desarrollar un feminismo diferente, un movimiento LGBTQ, un ecologismo, un movimiento antirracista y por los derechos de los migrantes, etc., diferentes, que no se asocien más con estas políticas horribles y con la financiarización.

En este neoliberalismo progresista, el feminismo tiene un papel muy importante. ¿Cuál es su responsabilidad en todo esto?  

Una cuestión muy importante en la sociedad actual es la relación entre la producción con ánimo de lucro de bienes de consumo, por un lado, y la reproducción social —la producción, sustento y cuidado de seres humanos— por otro. Esta división siempre ha estado generizada en la sociedad capitalista; de hecho, estas dos cuestiones no estaban tan abiertamente separadas hasta la aparición del capitalismo. Pero para el capitalismo es fundamental que ambas esferas estén separadas, y que de una se encarguen las mujeres y, de otra, los hombres.
 
El neoliberalismo progresista ha exacerbado las dificultades para la reproducción social porque requiere la participación completa de las mujeres en la fuerza de trabajo con salarios bajos que conllevan muchas horas, requiere que los Estados apliquen la austeridad, que recorten las ayudas a la reproducción social, presionando al máximo. 

Creo que es criminal que el feminismo mainstream no se haya ocupado de esta situación en conjunto, sino que se haya concentrado solo en que un pequeño porcentaje de mujeres relativamente privilegiadas ascienda en la jerarquía corporativa, ¡o incluso en los rangos del ejército estadounidense!

En definitiva, el feminismo liberal no ha prestado atención a las grandes transformaciones sociales, ha aceptado la estructura social existente y ha tratado de mejorar la situación de unas pocas mujeres en ella. No digo que sea completamente responsable del giro hacia la financiarización —la culpa es solo del capitalismo—, pero el feminismo fue una especie de sirvienta del capital o de legitimación de este giro. Creo que esto ha arruinado la reputación del feminismo en general, porque ahora se asocia el feminismo con el neoliberalismo.

 Esta versión capitalista del feminismo, ¿es sobre todo un fenómeno norteamericano o es una tendencia global?  

Creo que es común a varios países, especialmente aguda y visible en EE UU, pero desde luego también en Gran Bretaña, en Francia, en Alemania, en el norte de Europa y los países escandinavos. En el Sur de Europa no estoy segura, me lo tendrías que decir tú. También lo observo en América Latina en muchos casos.

 La clave es que el neoliberalismo puede adoptar diferentes facetas en función de la situación. Se puede aliar con el progresismo, como hizo en EE UU, pero también se puede alinear con el conservadurismo, como por ejemplo ha hecho con Angela Merkel en Alemania. Mucha gente piensa que el neoliberalismo tiene una política de partida, pero no, más bien es oportunista, se agarra a cualquier política que esté disponible.
 
En un artículo que publicaste en la New Left Review señalabas que “las luchas por la reproducción social han explotado en los últimos años” —movimientos por la vivienda, por la sanidad, por la renta básica, por el trabajo doméstico...—. ¿Por qué son tan importantes estas luchas hoy en día? 

 
En primer lugar, hay que tener en cuenta que la reproducción social es absolutamente fundamental para la sociedad. En una sociedad capitalista no tendríamos ninguna fuerza de trabajo a la que explotar, no tendríamos la posibilidad de expandir el capital, de sacar beneficio, si no tuviésemos todo este trabajo en la sombra que consiste en producir seres humanos, en educarlos, en proporcionarles las habilidades necesarias, los valores… 

Todo eso es fundamental y sucede fuera de la “producción”: en los hogares, en la educación pública, en la sociedad civil… Es un trabajo que el capitalismo no reconoce como tal y que trata con mucho empeño de no pagar, aunque a veces se vea forzado a pagar una parte. La reproducción social es absolutamente indispensable, ninguno de nosotros podría existir sin ella y el capital tampoco podría acumular sin ella.

El capitalismo actual, financiero, globalizado, neoliberal, es especialmente problemático por la presión que ejerce sobre la reproducción social. Por un lado, necesita que las mujeres en general trabajen con un empleo a jornada completa, y a veces más que una jornada completa, con más de un trabajo, para llegar a fin de mes. Y por otro, necesita que los gobiernos recorten el gasto social, que quiten las ayudas a la reproducción social. 

Esto supone una presión tremenda sobre la reproducción social. Lo vemos en el deterioro de las viviendas sociales, del transporte público, de los sistemas sanitarios, de la educación pública… Todas estas cosas están privadas de inversión y ayudas. Por eso ahora la reproducción social es una especie de foco de tensión, el lugar en el que estallan las luchas. Como tiene tanto que ver con el género, sitúa a las mujeres en la primera línea del activismo social. 

Es una situación novedosa e interesante, porque en épocas anteriores de crisis capitalista solían ser los trabajadores varones quienes estaban en primera línea, así como las organizaciones de trabajadores en la industria capitalista. Hoy en día, en el capitalismo neoliberal, hay un nuevo foco de crisis, la reproducción social, que pone en el centro a una nueva serie de agentes sociales. El feminismo es una fuerza muy importante en esta nueva arena de lucha.
 
¿Cómo podemos abordar esta crisis de la reproducción social? Algunos autores consideran que lo que hay que hacer es volver al Estado del Bienestar, crear trabajos públicos y de calidad en sectores como el de los cuidados. Pero, ¿es una estrategia realista?  

El Estado del Bienestar fue una especie de mezcla. A algunas personas, a una cantidad significativa de gente, les iba mejor de lo que les va hoy en día, eso está claro. Sin embargo, ese Estado del Bienestar estaba construido sobre la base de muchas exclusiones. 

Dependía de la idea del salario familiar, que significa que cada familia tiene que tener un varón proveedor y una mujer encargada de la casa, apuntalando la dependencia de las mujeres hacia los hombres. Excluía, desde luego en EE UU, a las minorías raciales, cuyo trabajo en la agricultura o en los hogares no estaba cubierto por la seguridad social. Su concepto de familia era heteronormativo, no estaba a favor de las familias o relaciones LGBTQ. 

Y finalmente, gran parte se pagaba a través del valor que el llamado Primer Mundo extraía del Tercer Mundo, por lo que también tenía una dimensión neoimperialista. No es un ideal que podamos adoptar hoy en día, aunque sí nos interesan las ayudas sociales y la socialización de la reproducción social que trataba de ofrecer.

Otro problema es que no podemos pensar solo en términos de marco nacional. Estados ricos, Noruega por ejemplo, que tiene mucho petróleo, pueden hacer un buen trabajo en su territorio nacional apoyando la reproducción social a través de políticas sociales, pero muchos Estados no están en esa situación. La mayor parte de la población mundial vive en países donde no hay un Estado que funcione, son Estados fallidos. Tenemos que pensar de manera transnacional cómo asegurar los derechos sociales para todo el mundo. 

La cuestión de la inmigración está muy relacionada con esto, ¿por qué hay gente tratando de emigrar a Europa o de cruzar la frontera sur de EE UU? Porque sufren situaciones invivibles, ya sea por la violencia, por empobrecimiento extremo o por desastres climáticos. Solo si pensamos de manera global, más amplia, podremos imaginar medidas que logren el objetivo de reconocer, validar y apoyar la reproducción social.

En la actualidad vivimos un momento boyante del feminismo. ¿Qué estrategias deberíamos adoptar?  

Creo que vivimos en una época muy emocionante. Es un momento de apertura, en el que las viejas certezas, el viejo sentido común, se están desmoronando y ya no creemos en cosas como “si los ricos se enriquecen, todo el mundo lo hará”, “si Hillary Clinton es presidenta, la situación de la mayoría de mujeres mejorará”. 

La gente ve más allá de estas viejas certezas y busca algo nuevo. Hay muchas fuerzas que están aprovechando este vacío y ofrecen un proyecto. Algunas, como decíamos, son muy malas, pero otras son prometedoras.

La situación para el feminismo ahora mismo está bastante abierta. Muchas jóvenes activistas buscan una alternativa al feminismo liberal. Puede que todavía no tengan un marco teórico acabado, pero están abiertas a pensar de manera mucho más radical y transformadora.

 Con otras colegas he tratado de ofrecer un proyecto, el feminismo del 99%, que es un feminismo anticapitalista, que pide cambios estructurales de calado, en la relación entre producción y reproducción, sociedad y naturaleza, sistema político y economía… 

Estar en un periodo de crisis también significa que vivimos una crisis de hegemonía y eso crea no solo el peligro de que los movimientos de extrema derecha prosperen, sino también la oportunidad de que emerja un feminismo de izquierdas."            

(Entrevista a Nancy Fraser, profesora de filosofía en la New School de Nueva York, Fraser es una figura destacada del feminismo en EE UU. Muy crítica con el feminismo liberal, dominante en su país, aboga por un feminismo del 99% que desafíe el orden capitalista. Irene G. Rubio, El Salto, 19/05/19)

29/11/18

Necesitamos desarrollar nuestra conciencia feminista al máximo, y al mismo tiempo transformarla mediante un análisis socialista científico de nuestra opresión... Si solo desarrollamos la conciencia feminista… lo que conseguiremos es, no una conciencia política, sino el equivalente al chauvinismo nacional de las naciones del tercer mundo o el economicismo entre las organizaciones obreras; una mirada que se ve a sí misma, que solo ve el funcionamiento interno de un segmento

"Juliet Mitchell eligió el viejo teatro The Old Vic para esta conversación. Google Maps indica que la estación más cercana a ese teatro en el sur de Londres es Waterloo, como la batalla en la que Napoleón fue derrotado por el Duque de Wellington. 

A Mitchell le da gracia la pregunta sobre el nombre y menciona el intento frustrado de cambiarlo. En 2018, toda la zona que rodea el teatro sigue llevando el sello de la vieja superioridad imperial.

Nació en Nueva Zelanda, pero desde muy chica vive en Inglaterra. Aunque tiene casi 80 años, sigue dando clases en la Universidad de Londres y en Cambridge, donde fundó el Centro de Estudios de Género. La segunda ola feminista la encontró en la Universidad de Leeds y Reading cuando comenzó a dictar clases. 

Fue parte del puñado de estudiantes y profesoras que convocaron a la primera Conferencia Nacional del Movimiento de Liberación de las Mujeres en el Ruskin College de Oxford, junto con las historiadoras Sheila Rowbotham, Anna Davin y Catherine Hall. 

La conferencia contó con la presencia de 600 mujeres y se discutieron cuatro demandas: igualdad salarial, iguales oportunidades de trabajo y estudio, anticonceptivos gratuitos y derecho al aborto libre y guarderías durante las 24 horas. Esta conferencia sería la primera de diez que concentrarían los debates y definiciones del movimiento.

Aunque comenzó su carrera en Literatura, siguió su camino político y académico por el psicoanálisis, en particular en relación con el feminismo. Además de su activismo feminista, y como parte de ese movimiento, reflexionó sobre los lazos que se desarrollaban entre la lucha contra la opresión y otros movimientos que se rebelaron contra el capitalismo. Autodefinida como feminista marxista, uno de sus (pocos) textos más conocidos nació como artículo para la legendaria New Left Review en 1966, “Women: The Longest Revolution” (Mujeres: la revolución más larga). 

El ensayo buceaba en diferentes teorías feministas, con el objetivo de rescatar los puntos más agudos de la tendencia socialista, minoritaria pero con una importante presencia en el movimiento feminista. 

Quizás sin saberlo, compartía algo del camino de Lise Vogel que también buscaba retomar el análisis marxista para enriquecer el punto de vista feminista, cuya máxima expresión fue Marxismo y la opresión de la mujer: hacia una teoría unitaria (1983).

 

Feminismos, ayer y hoy


Desde los primeros intercambios, habla de su trabajo sobre las relaciones entre hermanos y hermanas, que en inglés se mencionan con una palabra sin género: siblings, porque considera que son poco exploradas. 

Y aunque aclara que no conoce los debates en todos los países, sabe del movimiento por el aborto legal que sacudió a nuestro país durante 2018, y hace muchas preguntas para intentar captar algo de su alcance. El inicio de la conversación se da por la situación actual del feminismo y el movimiento de mujeres.
Creo que el feminismo siempre ha sido un movimiento de protesta combinado y heterogéneo, y tenemos que aceptar que es así, en lugar de restringir lo que yo creo que es el feminismo para mí. Por el ejemplo, el Me Too es algo combinado, tengo críticas, creo que fue en gran medida individualista, tanto los varones defendiéndose a ellos mismos como las mujeres acusándolos, cuando era algo que necesitaba colectivo (las mujeres deberían haberse organizado como grupo, y la gente podría presentar lo que le había pasado y tomar decisiones colectivas, eso sería lo negativo para mí. Sin embargo, creo que fue algo muy valiente. La denuncia que se hizo contra Kavanaugh [el juez acusado nominado a la Corte Suprema de EE. UU. de abuso sexual] me parece muy buena [...] Creo que tenemos que buscar los aspectos positivos de lo que hacen las mujeres, lo que no quiere decir que no hagamos críticas, desde nuestras perspectivas.
Aparece rápido en la conversación la comparación entre la segunda ola feminista en los años 1970 –que buscaba conquistar derechos– y este momento en el que, después años de ampliación de derechos –con una mayor presencia de las mujeres en casi todos los ámbitos, incluso con mujeres en posiciones de poder–, los movimientos que se desarrollaron –como Ni Una Menos de Argentina o Me Too en EE. UU.–, renovaron las fuerzas del movimiento de mujeres, pero con una matriz de carácter defensivo (violencia, femicidios, abusos). Mitchell reconoce un elemento similar a otros momentos históricos,
Creo que siempre existe un momento antifeminista después de un movimiento tan expansivo [se refiere a la segunda ola]. Por ejemplo, cuando hicimos el centro de estudios género en Cambridge, era un momento contra el feminismo. En ese momento dijimos, “ya no se puede pelear en el valle, porque ahí solo es discusión contra el antifeminismo, el debate se vuelve repetitivo y ya no es dinámico”, y entonces pensamos qué hacemos mientras pasa este momento, cómo debatimos, y como estábamos en Cambridge, empezamos a pensar otra agenda y creamos un programa sobre las mujeres. [...] En ese momento cambiamos el nombre del centro a estudios de género porque en ese momento, la historiadora Joan W. Scott había escrito el artículo “El género: una categoría útil para el análisis histórico” (American Historical Review, 1986), y no podíamos usar “mujer” como una categoría para analizar los procesos. Ella después cambió de opinión, pero nosotras seguimos pensamos que género es una categoría útil.
Creo que ahora estamos en una posición diferente, creo que esta posición defensiva porque es contra algo que no afrontamos correctamente antes...
Esta reflexión no es aislada. De hecho existen innumerables discusiones en los momentos de cambio, como el que vivimos, especialmente alrededor de la violencia machista, los abusos sexuales, incluso las violaciones, que en otros momentos de la historia estuvieron naturalizados en diferentes grados. 

Es un proceso muy contradictorio, donde el Estado, las clases dominantes y los medios de comunicación no son neutrales, toman aspectos del discurso feminista en general o el “sentido común” igualitario de esta época. En este semanario hemos recorrido el debate que abrieron los escraches en Argentina o las denuncias que motorizaron el Me Too.

Acerca de este momento, ella reafirma que a pesar de que se pueda definir como defensivo, ve que el machismo está expuesto y “no es posible volver atrás”. Justamente, esta idea de que es imposible “volver atrás” es lo que deja en evidencia las contradicciones de un escenario en el que existen derechos formales, producto de décadas de movilizaciones y concesiones que se vieron obligadas a dar las clases dominantes, y persisten la violencia y la opresión. A la vez, solo una parte de las mujeres (u otros sectores oprimidos) puede acceder a ellos, mientras para la mayoría, materialmente, sigue siendo muy difícil. 

Juliet Mitchell comenta que muchas mujeres, “siguen teniendo miedo de los hombres, nadie dice que no podés usar esos derechos”. Y puede existir un componente de miedo, pero el mayor contraste existe entre la convicción de muchas mujeres que creen (y han escuchado durante años) que la igualdad es un hecho, pero en la “vida real” esa igualdad está muy condicionada por la pertenencia de clase, por el lugar donde viven, las medidas de austeridad o medidas de ajuste de los gobiernos.

 Y la violencia machista, que persiste, es uno de los ejemplos más crudos de esa contradicción, porque se sigue reproduciendo incluso cuando existen tantos derechos como nunca antes. Ante este panorama, conversamos sobre un ejemplo cotidiano, la posibilidad de romper una relación en la que una mujer ya no quiere estar. Si las mujeres no tienen trabajo o tienen una vivienda, ese derecho es un poco un papel mojado, ¿cómo podrían divorciarse?
Claro, no pueden sobrevivir. Claro, tampoco existe la paridad salarial acá [en el Reino Unido], en algunos casos las mujeres llegan a cobrar el 60 % del salario de un varón, cambia mucho según el trabajo. Por ejemplo, ahora en mi facultad hay una pelea para que las trabajadoras de limpieza cobren lo mismo que sus compañeros porque están divididos en el trabajo dentro y fuera del edificio. Me recuerda a la lucha por la ley de paridad salarial de 1968, de las trabajadoras de Ford, que estaban relegadas a los trabajos menos calificados (...) Las cosas cambiaron desde la segunda ola feminista, ha habido muchas conquistas, y de alguna forma creo que hay que ver incluso en este momento defensivo un aspecto de “conquista”, porque se puede mostrar [lo conquistado], es de lo que se trata hacer un balance. Y, espero que no pero, te dicen “no empieces análisis de clase”, “no empieces con el análisis de género”... Que no son lo mismo, pueden estar mezclados pero hay que pensar a través de los dos, no solo a través de uno de ellos. Para el marxismo, creo que de lo que se trata es de pensarlo dialécticamente, materialmente.

 

Feministas, discursos e ideas


“Yo sigo siendo una feminista marxista, como vos, que es algo que no está de moda en esta parte del mundo”, subraya Juliet Mitchell, cuando habla de algo que repetirá en otros momentos, que es la poca presencia de las corrientes marxistas en el movimiento feminista británico.
Trabajo y vivo en Cambridge, donde puse en pie un centro género, es una universidad muy clasista, tanto Oxford como Cambridge son universidades de clase. Mis amigas y amigos siempre están preocupados por la diversidad, dicen, “Debemos tener más estudiantes negros, más estudiantes LGBT”; pero no se puede tener diversidad sin un análisis de clase para empezar. Por ejemplo hay un rumor de que en Oxford ingresaron más estudiantes negros y descubrieron que la mayoría eran “príncipes nigerianos”. ¿Qué quiero decir? Que eran varones, de clases altas y provenientes de la educación privada.
La anécdota lleva la conversación a cómo las democracias capitalistas utilizaron el discurso de la diversidad que, en parte mostraba conquistas de las personas LGBT como derechos civiles y la pelea contra muchos prejuicios, pero a la vez era utilizado muy hábilmente para invisibilizar otras diferencias, que se hunden en el corazón mismo de una sociedad organizada alrededor de la explotación del trabajo asalariado y la división en clases.

 La referencia a la descripción que hizo la filósofa y feminista estadounidense Nancy Fraser, con el nombre de “neoliberalismo progresista”, es casi inevitable. Pero rápidamente la charla encuentra otro cauce y va hacia Brasil que, para Mitchell, es junto al avance de la ultraderecha en Europa uno de los desafíos urgentes para el feminismo y el marxismo:
Creo que necesitamos un nuevo análisis, frente este nuevo ascenso del fascismo y el lugar de las mujeres en ese discurso. Por ejemplo, pienso en dos amigas que fueron a la embajada de Brasil a votar, fue algo intimidante: había un grupo de mujeres protestando y un grupo de hombres con remeras estampadas con armas, les gritaban cosas como “Putas, váyanse de acá” […] En Brasil creo que se movilizaron 4 millones de mujeres, pero hay mujeres también oponiéndose a eso; siempre existe esa dinámica, siempre hay antimujeres entre las mujeres. Creo que es algo para analizar. Como marxistas creo que nos tenemos que preguntar cuál es la relación entre el fascismo del capitalismo tardío y el ataque a las mujeres…
Esa reflexión también podría plantearse en el sentido inverso y sería válido. Es el caso de las movilizaciones de mujeres que sirvieron como canal de un descontento mucho más amplio que las “agendas” o las demandas que originan esas movilizaciones. 

Un ejemplo es la Marcha de Mujeres contra Donald Trump, cuando recién asumía la presidencia en Estados Unidos, o la propia "               movilización en Argentina contra la violencia machista o por el derecho al aborto legal que, en diferentes momentos, mezcló diferentes elementos que las hicieron masivas. Esto fue parte de la reflexión que abrimos luego de las marchas masivas el 8M de 2017.

Volvemos momentáneamente a la comparación de los momentos históricos y reflexiona sobre los discursos y las ideologías con más peso en el feminismo,
No creo que estemos retrocediendo, creo que está pasando otra cosa, que es un momento diferente. Y definitivamente tiene que ver con el movimiento de mujeres, con el feminismo, y es muy bueno que haya espacio para corrientes feministas marxistas, es muy alentador. Acá [en el Reino Unido] no hay corrientes feministas marxistas, el movimiento está bastante hegemonizado por las teorías queer... Por supuesto, existen intereses y demandas más que legítimas.
Esto dispara un cuestionario rápido y recíproco sobre las corrientes políticas y perspectivas, especialmente sobre el peso de las visiones que realizan críticas certeras a las políticas identitarias o el discurso del feminismo liberal y sin embargo, con una radicalidad aparente, abandonan la exigencia de derechos democráticos en el capitalismo y la lucha por transformar de raíz el orden social, lo cual desemboca inevitablemente en salidas individualistas.
Sí, ese es un punto muy interesante, y además muchas corrientes así como el posmodernismo terminan en visiones políticamente anarquistas, que creo que Marx que tenía razón cuando señalaba al anarquismo como la otra cara de una misma moneda con respecto a la burguesía. Lo mismo ocurre con el individualismo, como te decía al principio, una de mis preocupaciones con el movimiento Me Too que es muy individualista. Una vez que entrás en el individualismo, pocas cosas buenas pasan. En un sentido, el sujeto del feminismo, que son las mujeres, desaparece para convertirse en individuos. Existe esta idea de “Me quiero aislar”, bueno hacé lo que quieras [...] Creo que tenemos que ser capaces de lograr cambios en las instituciones, en el sentido de lo que sucede en Argentina donde quieren cambiar la ley sobre el derecho al aborto. Tiene que ver con eso y también con qué balance o relación de fuerzas hay detrás de esas instituciones…
“Creo que hay algo de fuerza en esta posición defensiva, hay algo positivo. Porque es una fuerza que unifica”, señala Mitchell volviendo al problema de los motores de los movimientos actuales. Y aunque compartimos la visión de que son movimientos que tienen la potencia de desnudar la desigualdad y la persistencia de la violencia, volvemos sobre el problema de empezar desde un punto de demasiado bajo. Ante esto, Mitchell responde que, “Claro, cuando hablo de lo positivo del momento defensivo, me refiero sobre todo a una cuestión de análisis”.

Como psicoanalista, Mitchell trabajó sobre muchos temas relacionados con la sexualidad femenina, la maternidad y el lugar de las mujeres en la familia. La mayoría de sus trabajos son previos a la crisis actual de la reproducción social a un nivel sistémico en el capitalismo, sin embargo sostiene que,
El capitalismo idealiza la maternidad, por un lado, y la hace imposible, por el otro. Y ahora esa combinación idealización-imposibilidad es cada vez más fuerte, por ejemplo acá [en el Reino Unido] es cada vez más difícil para más y más mujeres convertirse en madres, cada vez crece más la brecha entre ricos y pobres. Y simplemente es imposible, pero a la vez la maternidad es el único lugar donde se les permite capacidad de acción o elección a las mujeres. Es decir, son sujetos de elección en la maternidad y en ningún otro lugar. Pero no se dan las condiciones para que puedas realizar esa capacidad de elegir [...] La socialización del cuidado y la crianza de niñas y niños es muy buena, en comparación con una familia aislada. No puedo estar más a favor de los jardines de infantes. Y el sistema de Bowbly [se refiere al psicoanalista John Bowbly, creador de la teoría del apego para la crianza, N. de R.] era un sinsentido de la segunda posguerra [cuando existió una política fuerte para que las mujeres regresaran hogar después de haber ingresado masivamente en la fuerza laboral por falta de mano de obra masculina, N. de R.]. Yo crecí en la guerra, ninguno de nosotros tenía a su mamá en casa, todas trabajaban, y estábamos bien, crecíamos juntos. Creo que una instancia colectiva es esencial para niñas y niños. La maternidad, en cambio, se construye de forma aislada y ese es el problema, no es que haya algún problema en ser madre. La maternidad no fue siempre algo aislado, en las sociedades basadas en la agricultura no era algo aislado. Desde el siglo XX se fue aislando, centrada en algo individual, y a eso se suma, otra vez, que no existen condiciones para una maternidad aislada, es un ideal inalcanzable, que en realidad no es un ideal. Insisto mucho en la colectivización de la crianza, es parte de mi visión marxista. El gran problema de las mujeres siempre ha sido el aislamiento. Y el único lugar donde se les permite ser sujeto es la maternidad, que es una ocupación de 24 horas y completamente aislada.
Cuando estamos cerca de terminar la conversación y el bar del teatro Old Vic se llena de gente y crece el murmullo, conversamos su ensayo de mediados de los años 1960, The Longest Revolution, y la vigencia o no de una de las ideas que desarrolla alrededor de la “conciencia feminista”:
Creo, entonces, que necesitamos desarrollar nuestra conciencia feminista al máximo, y al mismo tiempo transformarla mediante un análisis socialista científico de nuestra opresión. Los dos procesos deben avanzar de forma simultánea –la conciencia feminista no se desarrollará “naturalmente” en socialista, ni debería hacerlo: ambas coexisten y deben trabajarse juntas. Si solo desarrollamos la conciencia feminista… lo que conseguiremos es, no una conciencia política, sino el equivalente al chauvinismo nacional de las naciones del tercer mundo o el economicismo entre las organizaciones obreras; una mirada que se ve a sí misma, que solo ve el funcionamiento interno de un segmento; los intereses de ese segmento. La conciencia política responde a todas las formas de opresión.
¿Sigue pensando así?
Sí, sigo pensándolo. Sí, absolutamente. Pero sobre la cuestión de por qué hay más ataques a las mujeres, creo que hay pensarlo en este momento, que es diferente [...] No es que toda opresión sea parte de la misma opresión, pero hay que observarlo en su tiempo, y los tiempos son diferentes. Y el lugar de las mujeres en esta situación las pone en un lugar de vanguardia en la lucha de la opresión, porque están en un lugar de “vanguardia” al ser atacadas. Y no es que eso sea más importante que otra cosa en ningún sentido, pero políticamente, creo que las mujeres están en una posición estratégica importante en este momento […] Y eso era diferente en el momento que escribí ese texto, a mediados de los años 1960 y no estábamos en una situación así, más bien una gran parte del país atravesaba un momento bastante liberador […] Por qué hoy hay un retroceso en el derecho al aborto, en los derechos de las mujeres. Creo que siempre por debajo de la idealización, como la que el capitalismo construye alrededor de las mujeres y la maternidad, hay un ataque tanto a la maternidad como al derecho al aborto, porque lo que está bajo ataque es el derecho de las mujeres a decidir."            

14/9/18

Lo que se necesita es complementar la reivindicación de conseguir igualdad, de género, con la demanda de terminar con la explotación laboral, pues la mayoría de las mujeres son trabajadoras con salarios muy bajos. Tener mujeres en la estructura de poder es necesario pero no suficiente para mejorar su bienestar. El movimiento feminista actual en España representa un punto de referencia internacional pues su horizonte es claro –cambiar profundamente la sociedad- en alianza y no en contraposición a otras fuerzas y movimientos sociales y políticos. No así el de Estados Unidos...

"(...) Las demandas de políticas públicas feministas dependen de quién las haga

Pude ver esta realidad en los años ochenta en EEUU, cuando tuve el gran honor de asesorar al dirigente del movimiento de izquierdas estadounidense –The Rainbow Coalition- Jesse Jackson senior, y también de ser elegido para la dirección de tal movimiento, que incluye los mayores movimientos sociales en aquel país, desde los sindicatos y el movimiento de derechos civiles –The Civil Rights Movement- hasta el mayor movimiento feminista de EEUU, NOW.

 Pude entonces ver que las peticiones realizadas por la dirección de este movimiento –mujeres de clase media profesional-, muy necesarias, eran medidas muy relevantes para mujeres de clase media/media-alta pero no tan relevantes para mujeres de raza negra pertenecientes al sector de clase trabajadora no cualificada, de renta muy baja.

 Las leyes del divorcio, para prevenir el cambio sustancial del nivel de renta de un ama de casa (pasando de clase media y media alta de renta alta a pobreza, cuando se divorcia), son de una enorme importancia.

 Pero para la mujer cuyo esposo está en paro, con un nivel de renta bajísimo, viviendo en gran pobreza, la pensión que el marido tiene que pagar a la mujer en un divorcio tiene un impacto mucho menor y es de menor relevancia para impedir la pobreza en la que la mujer está ya sumergida. 
 
Este comportamiento diferenciado por clase social es una constante en el análisis de propuestas de políticas públicas. Lo es para los hombres y lo es también para las mujeres. Las propuestas feministas que afectan el bienestar de las mujeres pueden tener orientaciones muy distintas en función de quién las diseñe y las proponga. 

Las escuelas de infancia para niños de 0 a 3 años (que en España se llama “guarderías”) son muy importantes, por ejemplo, para las familias españolas (y decir familia en España quiere decir mujer), pero para las mujeres de clase trabajadora lo son mucho más que no para las mujeres de renta alta, que pueden contratar ayudas en personal de atención que cuiden a los infantes que no tiene la mayoría de mujeres, que pertenecen a las clases populares. Y lo mismo con un largo listado de propuestas.
De ahí que haya distintos feminismos
De ahí que el impacto que las políticas públicas que se propongan dependa mucho no solo de género sino también de la composición por clase social de la fuerza política que la proponga. Y, no me estoy refiriendo a la clase social del político específico que las promueve (aun cuando este factor tampoco puede olvidarse), sino de la clase social de las mujeres que representa. 

De ahí que las propuestas feministas derivadas de los partidos conservadores (próximos a las clases sociales de mayor renta) o de los movimientos feministas dirigidos o representantes de las mujeres de mayor renta es probable que sean distintas a las propuestas de los movimientos feministas dirigidos o representantes de las mujeres de las clases populares. 

En España, la gran fortuna del movimiento feminista es que las mujeres que lo han establecido y liderado, como se vio en la marcha del 8 de Marzo, eran personas claramente de izquierdas que, en la convocatoria de la manifestación definieron bien las causas de la explotación de la mujer: el patriarcado y el capitalismo depredador que tiene como objetivo la acumulación del capital a costa del bienestar de la mayoría de la población, que son mujeres. 

Esta percepción es una de sus fortalezas del feminismo español pues permite, favorece y estimula toda una serie de alianzas y colaboraciones con fuerzas políticas y movimientos sociales dedicados al fin de toda forma de explotación.
El contraste con el mayor movimiento feminista de EEUU
Una de las características del movimiento feminista de EEUU (dirigido por personas de clase media profesional, de educación superior) fue, en los años noventa y principios del siglo XXI, dar prioridad a las políticas de integración de las mujeres en la sociedad, a través de las medidas antidiscriminación del gobierno federal. Estas políticas eran muy necesarias en un país en el que la discriminación por raza, grupo étnico y género es muy acentuada.

 De ahí que el gobierno federal, presionado por el movimiento feminista y por el movimiento de defensa de los derechos civiles de la población negra, haya aprobado políticas públicas antidiscriminatorias que han tenido un impacto muy positivo y destacable. Como consecuencia de ello, ha habido un aumento muy notable de mujeres en los espacios de decisión de las instituciones públicas (y en menor medida en las privadas). 

Tras la elección de Obama, una persona negra como presidente de EEUU, faltaba ahora elegir a la candidata Hilary Clinton, para ser la primera mujer presidenta de EEUU.

 Hilary Clinton era la candidata feminista y presentó su campaña como feminista. Su orientación económica, sin ambargo, era profundamente favorable a continuar y expandir el neoliberalismo. Fue, por ejemplo, como Ministra de Asuntos Exteriores, una gran influencia en la expansión de la globalización económica que estaba debilitando a las clases trabajadoras estadounidenses. 

Como consecuencia, la gran mayoría de las mujeres de clase trabajadora blanca no se sintieron representadas por ella y votaron a Trump, que canalizó el enfado de la clase trabajadora blanca (hombres y mujeres) hacia el establishment político-mediático neoliberal, representado por la Sra. Clinton.

 El voto por Trump fue predominantemente un voto en contra del establishment neoliberal. Los intereses de clase de las mujeres trabajadoras blancas (que erróneamente asumieron que defendería el candidato Trump) prevalecieron sobre sus intereses como mujer, tal como lo presentaba la Sra. Clinton.  

No existe en EEUU un partido de izquierdas con vocación transformadora del capitalismo darwinista existente en aquel país, muy limitado en la protección social que el estado ofrece a la ciudadanía, la mayoría de la cual son mujeres. El permiso de maternidad en aquel país es de dos semanas, comparado con un año en Suecia.
Es importante que se establezca una prioridad en las políticas públicas feministas
En España, tal como está evolucionando la situación política, nos podríamos encontrar en una realidad paradójica en la que las mujeres sean mayoría en el gobierno central (como ya ocurre) y, sin embargo, el nivel de vida de las mujeres, la mayoría pertenecientes a las clases populares no cambie o incluso empeore, a no ser que cambien las políticas neoliberales llevadas a cabo por los gobiernos anteriores. 

La atención al tema de la brecha salarial es necesario y urgente para mejorar el nivel de vida de las mujeres trabajadoras. Ahora bien, es muy insuficiente (ver: “La necesaria corrección de  la brecha salarial es insuficiente”, Público, 28 de febrero de 2018). 

En realidad, la brecha salarial, aun cuando importante, no es de las peores de la UE. Las mujeres trabajadoras reciben salarios menores que los hombres. Pero lo que es importante subrayar –y que no se subraya en los medios- es que los salarios de las mujeres trabajadoras (y de los hombres trabajadores) son de los más bajos de la UE.

 De ahí que luchar por cerrar la brecha salarial es necesario pero insuficiente. Lo que se necesita es complementar la reivindicación de conseguir igualdad, de género, con la demanda de terminar con la explotación laboral, pues la mayoría de las mujeres son trabajadoras con salarios muy bajos.
Tener mujeres en la estructura de poder es necesario pero no suficiente para mejorar su bienestar
La experiencia estadounidense muestra las consecuencias de seguir la estrategia del movimiento feminista liderado por NOW y por la Sra. Clinton, y podría ocurrir en España. El hecho de que la nueva ministra de Economía (una economista de conocida predicación neoliberal) en España sea mujer tiene importancia desde el punto de vista simbólico, lo cual es importante. Pero la mujer de clase trabajadora no se beneficiará mucho de ello. 

 La Ministra Nadia Calviño es de una gran ortodoxia neoliberal y la aplicación de dichas políticas neoliberales dañará a las clases populares, en las cuales las mujeres son mayoría. Lo más relevante para el bienestar de las mujeres de las clases populares es que las políticas públicas no sean de carácter neoliberal. Repito que el hecho de ser mujer tiene una importancia simbólica importante y entiendo el gran impacto que ha tenido. Lo aplaudo. 

Pero, siendo conocedor de las consecuencias tan dañinas del neoliberalismo, tengo mis reservas que no solo para la mayoría de mujeres, sino también para la causa feminista, sea bueno que el principal personaje para llevar a cabo tales políticas nefastas sea esta economista. Seguro que hay otras mujeres de diferente sensibilidad económica que serían más sensibles a las necesidades de la mujer perteneciente a las clases populares.

Lo dicho hasta ahora tiene también relevancia para entender por qué, en general, la experiencia internacional muestra que los derechos de las mujeres y su integración en las instituciones representativas son mayores en los países gobernados históricamente por partidos progresistas cuya base electoral es predominantemente de clases populares en general y la clase trabajadora en particular, como por ejemplo los países escandinavos, tales como Suecia y Noruega.  

Son precisamente los países como EEUU, donde los partidos progresistas de izquierda son más débiles y donde la mayoría de las clases populares no vota (la abstención en las elecciones federales alcanza casi la mitad del electorado, habiendo una relación inversa entre participación electoral y nivel de renta del país), donde las mujeres (así como los hombres) tienen menos derechos civiles, y ello a pesar de tener movimientos feministas grandes y de visibilidad mediática mayor. 

En las últimas elecciones, NOW apoyó mucho más a Hilary Clinton que a Bernie Sanders, el candidato socialista, que fue claramente marginado por el aparato del partido Demócrata, controlado por Hilary Clinton.

Estos datos prueban que la articulación de las demandas y de los movimientos feministas que las generan con las demandas de cambio profundo en la sociedad son más eficaces para conseguir la igualdad entre el hombre y la mujer que no la completa independencia del movimiento feminista, no relacionado y sin formar parte del cambio profundo de la sociedad, como ocurre en EEUU. El movimiento feminista estadounidense es un movimiento muy grande, y sin embargo, los derechos civiles de las mujeres (y de los hombres) son muy limitados. 

 Y continuará siendo muy limitado a no ser que los distintos movimientos reivindicativos existentes en aquel país, incluyendo el feminista, se coordinen y/o sean parte de un movimiento más amplio de transformación, como ha ocurrido en los países escandinavos, donde las izquierdas han gobernado durante la mayor parte del periodo post II Guerra Mundial. 

Hay todavía mucho por hacer en estos países para alcanzar la igualdad entre el hombre y la mujer. Pero, en una cultura que favorece la igualdad, la desigualdad entre las mujeres es mucho menor que no en EEUU.

 Esta realidad es importante que se conozca pues su relevancia para el bienestar de las mujeres españolas es enorme. Es importante y urgente que todos los movimientos reivindicativos (incluyendo el de la mujer) se alíen y colaboren en la transformación profunda de nuestra sociedad para eliminar la explotación de la mujer junto con otras explotaciones, como la explotación de clase que también afecta a la mayoría de las mujeres que pertenecen a las clases populares.

 Desde este punto de vista, el movimiento feminista actual en España representa un punto de referencia internacional pues su horizonte es claro –cambiar profundamente la sociedad- en alianza y no en contraposición a otras fuerzas y movimientos sociales y políticos reivindicativos que comparten tal objetivo.
Una última observación: la importancia del tema social en las propuestas feministas españolas
Una de las grandes aportaciones del movimiento feminista en España ha sido el poner el tema social en el centro del debate político y económico.
  
Y ello es consecuencia de la identificación de la causa feminista con los deseos y aspiraciones de la mujer de clase popular, y que beneficia a todas las mujeres (y a todos los hombres). Hoy el énfasis por ejemplo en la economía de los cuidados es fundamental para mejorar la calidad de vida de la población así como mejorar la eficiencia económica. 

Si en España hubiera una persona de cada cuatro (como ocurre en Suecia) que trabajara en los servicios públicos del Estado del bienestar (sanidad, educación, servicios comunitarios, escuelas de infancia, servicios domiciliarios, servicios sociales, vivienda social, programas de integración del inmigrante y prevención de la pobreza, entre otros) en lugar de uno de cada diez, habrían en España 3 millones y medio más de puestos de trabajo, eliminando el desempleo en España. 

 Esto no lo harán las feministas neoliberales o conservadores sino las feministas progresistas movilizada para presionar a las estructuras del poder masculino para que cambien, y se transformen en instituciones al servicio y al cuidado de la mayoría de la población, que son mujeres. Así de claro."               (Vicenç Navarro, Público, 06/07/18)

17/7/18

"Philip Roth casi gana el Nobel por sostener que las mujeres son un trozo de carne"

"Jessa Crispin (Kansas, 1978) habla rápido como si sujetase una ametralladora con los dientes, pero sus palabras generan un efecto más parecido al de la bomba atómica. Como ejemplo, su anterior libro Por qué no soy feminista. Un manifiesto feminista (2017), donde no dejaba títere con cabeza en un movimiento que, según ella, "ha perdido el rumbo".

 "Si es universal, si se puede apuntar cualquier hombre y mujer del mundo, entonces no es para mí", apunta.

Se refería a quienes tildaron a Hillary Clinton de candidata feminista solo por ser la mujer que se enfrentaba a Trump, a las que lucen camisetas de marca con consignas revolucionarias, a Beyoncé y a la creadora de Girls, Lena Dunham: "una cría blanca malcriada que no tiene ni puta idea de lo que dice". Muchos la tacharon entonces de pirómana y de lucrarse poniendo minas a su propio movimiento, pero ella se confesó más interesada en un feminismo transversal y que huya del victimismo.

Ahora, acaba de publicar El complot de las damas muertas (Alpha Decay), un cóctel literario breve y muy diferente a todo lo que había escrito hasta ahora. En él, mezcla pensamientos suicidas con cuidadosos ensayos sobre grandes figuras literarias como James Joyce, Igor Stravinsky, Rebecca West o Margaret Anderson.

Un cuaderno de bitácora fascinante, escrito durante más de diez años, y en una decena de países, que aúna su amor por la lectura, por sus referentes, por el esoterismo y, como no podía ser de otra forma, por el feminismo.

Reivindica mucho la figura de las esposas en El complot de las damas muertas, como a Nora Barnacle [la mujer de James Joyce] o Isabel Arundell [la de Richard Burton]. ¿Han sido los historiadores injustos con ellas?

Claramente sí, y cada vez hay más estudios y libros sobre las amantes y esposas de estos grandes artistas porque se han dado cuenta de que merece la pena devolverlas a la luz. Son interesantes por derecho propio, no solo porque estuviesen casadas con un tío.

A mí, por alguna extraña razón, me fascinan las figuras de Cósima Wagner, la mujer del compositor alemán, y la de Alma Mahler, la esposa de Gustav Mahler. Esta última era un genio y se tiró absolutamente a todo el mundo de la escena musical y artística de la época. Era una lunática delirante y a la vez una genia y una criatura fascinante. Era lo opuesto a todo lo que imaginamos de una esposa o una musa: nada recatada o silenciosa.

Y Cósima Wagner tampoco. Era sádica, malvada, brillante y rara. Quienes la conocían a través de su marido llegaban a la conclusión de que ella era el genio de la relación, mucho más brillante que él. Exudaba inteligencia. Es interesante acordarse de estas mujeres cuando asumimos lo que "una esposa" debe ser, porque nunca pensamos en Alma Mahler o en otras "enormes zorras" que obsesionaban tanto a los hombres que las llegaban a replicar en muñecas a tamaño real - como hizo Oskar Kokoschka con Alma-.

Dice en el libro que espera encontrar a un hombre para que se convierta en su "esposa". ¿Por qué no existe la figura del hombre muso del mismo modo que existe y existirá siempre la de la musa?

Para empezar, "querer una esposa" es un deseo corrupto. Lo que se presupone a una esposa en el imaginario patriarcal es alguien que se encargue de tu mierda y que no se queje. Ha de ser casi una asistente. Y es evidente que no deberíamos desear eso en una relación romántica, sino a una igual. Pero la figura de la musa es de por sí un rol pasivo. Creo que la sociedad ha inculcado al hombre que que debe la figura principal de la pareja y a la mujer el apoyo, la compañera.

Cuando hablamos de esposas no pensamos en mujeres que fueron más grandes que la vida misma o tan vibrantes como las que te decía antes. Pensamos en algún alma en pena sentada en una mecedora y cosiendo a la espera de que su marido vuelva a casa. Y eso dice mucho de cómo asumimos que puede ser la vida de una mujer.

Pero no solo hay esposas en su libro, también grandes escritoras. ¿Cuál fue la vida que le impactó más o con la que se sintió más identificada?

Conecté a un nivel muy personal con Margaret Anderson en el sur de Francia por razones obvias. Los primeros treinta años de nuestra vida fueron bastante similares: las dos somos del Medio Oeste de Estados Unidos, empezamos nuestra carrera en Chicago y las dos tenemos los mismos problemas mentales a raíz de vivir en Chicago [risas].

Me fascina leerla y me encantaría que escribiesen una biografía completa sobre ella. Al final, es una figura imprescindible en el modernismo y la mitad de la literatura modernista que conocemos no existiría sin ella. Dicho esto, a diferencia de Anderson, no me gustó demasiado vivir en el sur de Francia, fue uno de los sitios en los que me sentí más miserable.

A raíz de esto, habla sin tapujos del suicido y la depresión durante estos viajes. ¿Qué región le resultó más terapéutica?

Creo que en Trieste, en Italia, encontré un pequeño oasis mental. Y obviamente las islas griegas, tan preciosas e idílicas. En realidad el único sitio con el que no tuve una gran relación fue con Belgrado. No me gustó nada. No salía nunca de mi habitación porque odiaba esa ciudad. Pero la verdad es que cada una me ofreció algo único o me ayudó a pensar con claridad. Todas me sirvieron de apoyo de una forma u otra, excepto Belgrado [risas].

En su manifiesto, No soy feminista, defiende un feminismo académico y alejado del oportunismo. ¿Qué o quién le llevó a pensar que se estaba haciendo ese uso del feminismo en la actualidad?

Últimamente he leído a Emma Goldman, quien me ha llegado más por sus memorias que por sus escritos políticos. Ella fue muy crítica con el feminismo de la primera ola, porque habían centrado el foco en la clase media, en la adquisición de propiedades privadas, en el matrimonio o en el derecho al voto de las mujeres blancas.

Goldman intentaba señalar que, solo porque las mujeres conservadoras obtuviesen el voto, no se iban a solucionar los problemas de las pobres, las negras o cualquiera de la clase trabajadora en Nueva York, que era una ciudad increíblemente pobre en aquella época. Que alguien como ella pensase en llevar los asuntos y derechos de las mujeres a un ala más izquierdista del movimiento, antes que obtener pedacitos de feminismo, es algo a resaltar.

Creo que al feminismo contemporáneo le pasa lo mismo. Defiende que debemos centrarnos en nuestros propios derechos y no se está integrando un pensamiento más amplio en el que la sociedad sea reformulada para todas. El feminismo ha cojeado siempre de ese pie, pero ahora se ha convertido en un flagrante y enorme problema. En mi opinión, deberíamos dirigirlo de nuevo hacia la anarquía y el socialismo, y a pensar no solo lo que es bueno para las mujeres sino para todo el mundo.

¿Cuál sería, según usted, la mayor reivindicación feminista actual que se está planteando desde el individualismo?

En Norteamérica hay enormes partes del país donde resulta imposible abortar. Si lo necesitas, tienes que conducir como mínimo cuatro horas y cuesta miles de dólares. Así que hay una enorme parte de la población femenina que no tiene acceso a unos cuidados reproductivos básicos. Y al feminismo en EEUU no le importa una mierda el derecho al aborto.

Las feministas apoyan a candidatos supuestamente pro-elección, pero estos políticos no están interesados en mejorar la situación del acceso al aborto porque la mayoría vive en la costa, donde hay acceso incluso a "abortos de lujo".
Para mí es el ejemplo más notorio de cómo el feminismo deja tirado al 80% de las mujeres de mi país. 

De que su retórica está centrada por completo en ese pequeño segmento de mujeres que han tenido una buena educación, que son pudientes y que viven en áreas urbanas. Yo hablo mucho del derecho al aborto porque así fue cómo me introduje en el feminismo, como consejera en un centro de planificación familiar.

Hay un ejemplo elocuente sobre esto en la segunda temporada de El cuento de la criada, que muchas feministas están rechazando por ser demasiado explícita en las violencias sobre la mujer, incluyendo el aborto. ¿Es una postura propia del feminismo de clase alta?

Es un plomazo apabullante pensar en todo lo que queda por hacer. Así que es más sencillo pensar solo en nuestros propios problemas y en otras que sufren lo mismo que nosotras. Hay que reformar muchas capas de nuestra sociedad para llegar a conseguir una igualdad real. No es algo que se pueda cambiar con un plan a diez años vista, es un trabajo de generaciones.

Pero el primer paso para solucionar cosas como las que se muestran en El cuento de la criada, y que ocurren en la realidad, es ser capaz de mirarlas y que nos provoquen una mala sensación. Si ni siquiera estamos dispuestas a tener ese gesto, no sé a qué estamos contribuyendo al movimiento.

Es muy crítica con el feminismo mainstream, como el de Beyoncé o el de Lena Dunham. ¿No es complementario un feminismo light que llegue a más capas de la sociedad con uno académico que tenga menos alcance pero sea más crítico?

Uno de los argumentos que más escucho es que Beyoncé o una camiseta son una buena forma de introducir a la gente en el feminismo. "¿Qué hay de malo en eso?". Pero no creo que una persona que se compra una camiseta de Todos debemos ser feministas vaya a estar más comprometida con los grandes debates del movimiento.

Es como cuando la gente decía que Harry Potter iba a ser el libro light con el que la sociedad se iba a aficionar a la literatura en condiciones, cuando en realidad Harry Potter es una basura y no condujo a eso. Tampoco creo que una canción de Beyoncé o la camiseta sean la droga de la violación, quizá sean inocuas. Pero sí que creo que ahogan el verdadero mensaje del feminismo y permiten que la gente inapropiada se lucre con ello.

Pasó lo mismo cuando se estrenó Wonder Woman, las críticas perdieron la jodida cabeza por lo feminista que era esta película. Una película sobre violencia y cuya protagonista estuvo enrolada en las Fuerzas Armadas israelíes, donde se cometen crímenes de guerra contra los palestinos. En fin. 

Pero esta cultura del feminismo light es tan monolítica que no acepta las críticas. Si te atreves a hacerlo, te tacharán de traidora, de cascarrabias o de opositora a la hermandad, como han hecho conmigo.

En España, el feminismo se ha popularizado generando un movimiento social y cultural nunca antes visto: ya sea con una reacción solidaria ante una violación múltiple o en el Día de la Mujer. ¿No hay que aplaudir esto?

Se esgrimió mucho ese argumento durante la Marcha de las mujeres después de las elecciones de Donald Trump en Norteamérica. De acuerdo, fue bonito, pero todavía tenemos a Donald Trump. Las marchas de las mujeres tampoco crearon una agenda coherente ni muy alentadora.

También es cierto que hay más mujeres postulándose para cargos públicos en las próximas elecciones que en toda la historia americana. Y sería genial si esas mujeres tuvieran una política feminista de verdad o al menos progresista. Porque muchas de ellas son de centro-derecha, y apoyan cosas como la superpoblación de las prisiones o las terribles políticas de inmigración de EEUU.

Entonces, ¿cuál es el resultado real? Soy pragmática. ¿Cuál es el cambio social y la consecuencia final? Hasta ahora, con todo el feminismo mainstream que existe en mi país, no he visto que el mundo haya mejorado ni un poquito. Me sigue pareciendo una espiral de codicia, egoísmo y un montón de sandeces. Así que me atrevería a asegurar que el feminismo mainstream no ha conseguido absolutamente nada. No soy cínica, pero tampoco ingenua.

También defiende que el feminismo ha de ser incómodo. Eso inevitablemente lleva a que nos provoque contradicciones. ¿A cuáles se enfrenta a diario?

Casi te diría que a nivel romántico. Estoy trabajando en un proyecto que avanza algo lento con otra escritora llamado La heterosexualidad es una maldita pesadilla, porque si existes en una sociedad patriarcal, como hacemos todos, y quieres estar enamorada, ¿cómo estructuras la relación para que sea políticamente coherente?

La simple división de la tarea doméstica es política, el matrimonio es rabiosamente político, los asuntos del sexo son política, los desequilibrios de poder, la seducción, la dominación y el consentimiento. Las mujeres han sido educadas para no mostrar sus deseos sexuales y los hombres para usar la dominación como técnica de seducción. 

Y es muy difícil pensar en estas cosas cuando lo único que quieres que alguien te quite los pantalones por las noches o cuando te enfrentas a un tsunami de sentimientos.

Con la muerte de Philip Roth, ha vuelto esa contradicción entre el artista y su obra. Días antes, los medios publicaban columnas sobre su misoginia, pero casi nadie se atrevió a mencionarlo en los obituarios. ¿Prescribe la parte oscura de un escritor cuando muere?

Philip Roth es un maldito problema, pero también forma parte de toda una hornada de escritores norteamericanos de posguerra. Encuentro interesante que, durante la segunda ola feminista y mientras las mujeres reclamaban su derecho a ser tratadas como seres humanos, en la literatura proliferaron los hombres que les decían: "no, sois un trozo de carne". Roth, Norman Mailer y John Updike casi ganan el Nobel de Literatura básicamente por argumentar que las mujeres no son seres humanos, sino trozos de carne.

Lo que me gustaría es que su trabajo fuese revalorizado, con una comprensión más complicada sobre quiénes fueron y qué hicieron. Porque yo pienso que esos libros son basura. Los describen como una íntima y compleja visión de la masculinidad, pero son fanfarronerías en las que se jactan de tratar a las mujeres como si fueran mierda. 

No es heroico describir todas las formas en las que odias a la mujer, y por supuesto no contribuye a eliminar la misoginia. Pero no somos lo suficientemente perspicaces aún para verlo.

¿Apuesta, entonces, por analizar la obra junto a su contexto antes que por otras propuestas más radicales como el boicot o la censura?

Desde luego. Esta es una parte importante del debate feminista en EEUU, sobre todo desde el me too. ¿Qué hacemos con alguien que ha actuado de una forma inaceptable y dónde nos situamos entre el castigo y la rehabilitación? ¿Cuál es la respuesta proporcionada ante ciertos comportamientos? Es raro ver cómo las cosas se han ido de madre tan rápido.

Me viene a la cabeza el caso específico de un escritor llamado Junot Díaz, que da clases en el MIT. Varias mujeres le acusaron de conductas inaceptables, y seguro que en los próximos días seguirán saliendo porque es un caso bastante paradigmático. Sin embargo, el acto más grave del que ha sido acusado por el momento es de forzar un beso. Ahora la gente quiere que el MIT le despida y yo creo que es una respuesta desproporcionada, porque no es que haya acosado a una de sus estudiantes.

Si actuamos de forma desproporcionada, si la gente pierde su trabajo solo basándose en acusaciones públicas o si son despedidos por actos menores, nos encaminamos a una senda de venganza y represalias por la que no deberíamos. No creo que sea la manera de crear una sociedad más justa.

Algunas de las acusaciones que he leído son demenciales. Como la mujer que acusó a Morgan Freeman de acoso porque estaba embarazada y él le dijo que desearía estar ahí dentro. Es raro, pero puede ser tomado de mil maneras distintas. 

¿Por qué elegir el victimismo? Es un tema delicado, pero si nuestra meta es la justicia, necesitamos tener una conversación más amplia sobre qué hay que hacer con estas acusaciones.

¿Cree entonces que hay quien está haciendo un uso oportunista del me too?

Ya se ha demostrado que hay gente que ha hecho falsas acusaciones, y hay personas que se han enfrentado a consecuencias reales por ellas y otras que no. Pero creo que estamos creando una atmósfera de venganza. Vamos, si tienes un enemigo o quieres el trabajo de otro, solo tienes que decir que te ha tocado de forma inapropiada y lo tienes.

 Es un camino muy, muy peligroso por el que ir. Tenemos una historia muy larga de mujeres blancas denunciando a hombres negros por violaciones, que fueron ejecutados, y que más tarde se demostró que eran falsas acusaciones. Tenemos que alejarnos de esa senda demencial. Tenemos que ser justos y perseguir una justicia real por encima de todo lo demás.

Se define como pragmática, pero al mismo tiempo no esconde su gusto por el tarot y otras artes prestidigitadoras. ¿Para qué le sirven a la hora de analizar la realidad?

El tarot para mí tiene que ver con la intuición. Si no tengo algo claro de manera consciente, el tarot es una manera de descifrarlo desde el subconsciente. De la misma manera que creo que los sueños y las coincidencias tienen un significado para mí, la espiritualidad es una parte de las cosas, de la femineidad, de la cultura, y de todos los aspectos del mundo que han sido degradados bajo el patriarcado.

Ahora está muy de moda ser ateo, incluso esos imbéciles, cabezas huecas, racistas y pedazos de mierda de la derecha como Donald Trump. Así que, sí, estoy a favor de recuperar aspectos de la femineidad que fueron degradados. Y la espiritualidad y la intuición son definitivamente parte de ella."           (Entrevista a Jessa Crispin, María Zas Marcos, eldiario.es, 04/06/18)