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16/4/24

Los desproporcionados costes de la austeridad... estamos observando un preocupante aumento de la retórica militar por parte de los líderes políticos mundiales... Para ello, resulta útil conocer qué es lo que generó las dos primeras Guerras Mundiales y establecer alguna similitud con la situación presente... existe un importante paralelismo entre la situación actual y la de los años 20 y 30... y es que ambos contextos surgen de un período de austeridad fiscal e ideología política neoliberal... El apoyo de los votantes a partidos extremistas se vincula a las consecuencias económicas de las políticas de austeridad, que provocan una caída del PIB, del empleo, de la inversión, y de los salarios... es la estrategia que se implementó durante el auge neoliberal (1990-2007) y la que se está intentando restablecer hoy. Por aquel entonces esta estrategia nos llevó a una crisis económica global de consecuencias catastróficas; y hoy nos ha colocado a las puertas de la tercera Guerra Mundial. Otra opción es un capitalismo social (como el del periodo 1945-1973) que sea capaz de gestionar el descontento de los perdedores desde su origen; creando un crecimiento inclusivo y sostenible que reduzca la necesidad y el deseo de autoritarismo en la sociedad civil

  "Actualmente, estamos observando un preocupante aumento de la retórica militar por parte de los líderes políticos mundiales. Esta escalada del discurso bélico, probablemente fruto del debilitamiento del sentido común político-militar que solía guiar las relaciones entre las superpotencias nucleares, podría desembocar en un conflicto nuclear. 

La mera posibilidad de una tercera Guerra Mundial es demasiado terrible y nos obliga a tomar medidas para prevenirla. Para ello, resulta útil conocer qué es lo que generó las dos primeras Guerras Mundiales y establecer alguna similitud con la situación presente. 

En una entrevista reciente (ver aquí), David Harvey nos recuerda que existe un importante paralelismo entre la situación actual y la de los años 20 y 30, y es que ambos contextos surgen de un período de austeridad fiscal e ideología política neoliberal. Un artículo recientemente publicado en la prestigiosa revista Review of Economics and Statistics (ver aquí) señala que la austeridad fiscal causa un aumento significativo del porcentaje de votos a los partidos extremistas. 

El apoyo de los votantes a partidos extremistas se vincula a las consecuencias económicas de las políticas de austeridad, que provocan una caída del PIB, del empleo, de la inversión, y de los salarios. Otro artículo importante, y un clásico en este tema, publicado en el Journal of Economic History (ver aquí), señala que en las cuatro elecciones alemanas entre 1930 y 1933 el partido Nazi tuvo más éxito electoral en las áreas más afectadas por la austeridad fiscal. 

La austeridad fiscal ha causado que hoy se estén dando situaciones de gran agitación política; y de tal agitación están saliendo reforzados políticos aparentemente anti establishment cuyas propuestas son eminentemente autoritarias. De este modo, tal y como indica la evidencia empírica y la historia, los efectos socioeconómicos de las políticas de austeridad refuerzan los marcos ideológicos de represión disciplinaria. Esta estructura ideológica de represión constituye una herramienta clave para el creciente autoritarismo que nos ha situado hoy, de nuevo, a las puertas de una guerra planetaria. 

La crisis financiera global y la Gran Recesión frenaron en seco el proceso de acumulación de deuda de los hogares en el que se basó el régimen de crecimiento económico del periodo 1990-2007, y crearon una crisis en el capitalismo global cuyos efectos siguen hoy presentes. La clave para la renovación institucional necesaria para abordar esta situación pasa por gestionar el descontento de los perdedores. Para ello existen, como mínimo, dos estrategias. Una de ellas es el neoliberalismo autoritario, que básicamente implica reconciliar a los hogares trabajadores con las realidades del mercado laboral neoliberal mediante la coacción, la distracción y la austeridad. 

Esta es la estrategia que se implementó durante el auge neoliberal (1990-2007) y la que se está intentando restablecer hoy. Por aquel entonces esta estrategia nos llevó a una crisis económica global de consecuencias catastróficas; y hoy nos ha colocado a las puertas de la tercera Guerra Mundial. Otra opción es un capitalismo social (como el del periodo 1945-1973) que sea capaz de gestionar el descontento de los perdedores desde su origen; creando un crecimiento inclusivo y sostenible que reduzca la necesidad y el deseo de autoritarismo en la sociedad civil."                     ( , Economistas frente a la crisis, 06/04/24)

10/2/23

Michael Roberts: Keynes y la izquierda

 "Las teorías de John Maynard Keynes proporcionan un marco intelectual sólido para los puntos de vista que los sindicalistas siempre habían mantenido instintivamente y sabían que eran correctos" (TUC, 1968, p. 85).  

Las ideas y teorías de John Maynard Keynes siguen dominando los puntos de vista económicos y las propuestas políticas de los líderes del movimiento obrero en las principales economías capitalistas.  Se considera que Keynes ofrece una "tercera vía" entre la economía procapitalista de "libre mercado" que domina las universidades (y entre los asesores estratégicos del gobierno) y lo contrario de la peligrosamente revolucionaria economía marxiana.  Keynes sostenía que, con una serie juiciosa de medidas políticas, se puede hacer que el capitalismo funcione mejor y se puede gestionar para que satisfaga las necesidades de muchos, sin alterar la estructura social de la sociedad.

En este blog y en otros, he desarrollado una larga y detallada crítica de la economía keynesiana.  Pero baste decir ahora que la economía de libre mercado afirma que se alcanzará la prosperidad siempre y cuando los capitalistas estén libres de cualquier regulación (medioambiental, de seguridad, sanitaria, etc.) y de demasiados impuestos, mientras que los mercados se mantengan "competitivos" y libres de monopolios, especialmente en el "mercado laboral", es decir, los sindicatos.  Entonces los capitalistas podrán competir libremente para maximizar sus beneficios y, al hacerlo, invertirán en nuevas tecnologías para aumentar la productividad del trabajo y emplear a más trabajadores, cuyos salarios aumentarán.  Todo el mundo sale ganando.

Los keynesianos replican que el capitalismo de libre mercado ("economía del laisser-faire", la llamaba Keynes) no funciona porque la economía de mercado tiene fallas que generan una falta crónica de "demanda efectiva".  Mantener bajos los salarios para aumentar los beneficios significa que los capitalistas no pueden vender toda su producción y se ven obligados periódicamente a despedir trabajadores, con el consiguiente desempleo.  Es necesario que los gobiernos intervengan y eleven los niveles salariales y/o aumenten el gasto público para colmar la brecha en la demanda agregada.  Así se creará una demanda suficiente para que los capitalistas puedan vender sus productos y obtener beneficios.  Así pues, una macrogestión juiciosa de la economía de mercado puede funcionar para todos.

El punto de vista marxista es que no se trata de la falta de demanda o de salarios bajos o de desigualdad en la distribución de los ingresos, sino de un problema en el propio sistema de producción de beneficios.  La contradicción del capitalismo es que, a pesar de los esfuerzos de los capitalistas, la rentabilidad media caerá con el tiempo. Esto provoca crisis de producción recurrentes y regulares que no pueden ser resueltas por el "libre mercado" o la gestión macroeconómica keynesiana.

Este punto de vista marxista tiene poca tracción entre los economistas y los líderes del movimiento obrero. El dominio del pensamiento keynesiano entre la "izquierda" y en el movimiento obrero se expresó más claramente en el Reino Unido la semana pasada en un informe del Congreso de Sindicatos Británicos (TUC) sobre el estado de la economía británica y qué hacer al respecto.

El informe fue redactado y presentado por Geoff Tily, economista del TUC.  Tily es un antiguo y entusiasta seguidor de Keynes, cuya obra considera radical y pertinente para resolver los problemas del capitalismo del siglo XXI.  Su libro "Keynes Betrayed" (Keynes traicionado) está considerado como uno de los más destacados al defender que Keynes fue un reformador radical de la economía de mercado.

El informe del TUC ofrece un relato contundente (con hechos y cifras) del estremecedor fracaso del capital británico.  La economía británica no sólo se considera ahora "el enfermo de Europa", sino también del G7 y, de hecho, de las 30 principales economías del mundo, al menos según el FMI, que calcula que será la única economía importante que entre en recesión este año.

 El informe del TUC describe la economía británica como un "círculo vicioso", término utilizado por la actual portavoz laborista de economía, Rachel Reeves: "Este Gobierno ha obligado a nuestra economía a entrar en un bucle catastrófico, en el que el bajo crecimiento conduce a una subida de impuestos, una menor inversión, una reducción de los salarios y el desmantelamiento de los servicios públicos. Todo ello golpea de nuevo al crecimiento", Rachel Reeves, respuesta a la Declaración de Otoño, 17 de noviembre de 2022. Según el argumento del "círculo vicioso", la vasta erosión de alrededor de un tercio de la economía británica y el nivel de vida detenido de los trabajadores son consecuencia de las políticas de "austeridad" fiscal aplicadas desde 2010.  El informe del TUC hace referencia al antiguo marxista (ahora keynesiano) Paul Mason, que explica el bucle: "la oferta es deficitaria, pero la causa inmediata de esta deficiencia es la demanda agregada. Esto significa que los responsables políticos durante 2022 y en 2023 están intensificando la política contractiva frente a una demanda agregada deficiente."

 Así que el fracaso del capital británico se debe a las políticas de austeridad desde 2010 de recortar el gasto público creando una falta de demanda.  Se ignora lo que le ocurrió al capital británico antes de 2010.  La respuesta política es revertir la austeridad, aumentar el gasto público y los salarios y entonces la demanda agregada aumentará a través de lo que se llama el multiplicador keynesiano y así restaurar el crecimiento económico. "Con estos mecanismos identificados, se puede recuperar la prosperidad perdida".  

El informe del TUC critica a los izquierdistas que consideran que la crisis actual se debe a limitaciones de la oferta.  En su lugar, "lo que falla es que se están infrautilizando la capacidad y los recursos existentes y no que sólo haya que invertir para tener más capacidad".  El informe del TUC hace referencia a un artículo de James Meadway, quien sostiene que "el núcleo de la estrategia de la izquierda actual -incluido su programa para el medio ambiente- es la redistribución".  (Meadway). Puede que no sea lo que quiere decir Meadway, pero el informe del TUC quiere interpretar que no es necesario sustituir el modo de producción capitalista, sino que basta con hacer más justa la redistribución de la renta y la riqueza para que la economía dé un salto adelante.

El editorial del periódico The Guardian describía, en su loor de alabanzas, que el informe del TUC "se basa en gran medida en la reciente literatura de la 'Nueva macroeconomía', que a su vez recuerda las contribuciones históricas de J. A. Hobson (1858-1940) y J. M. Keynes (1883-1946). Éstas hacen hincapié en la relación entre un rendimiento demasiado alto de la riqueza y un rendimiento demasiado bajo del trabajo, así como en las teorías de la sobreproducción y el subconsumo. Más que una oferta deficiente, el problema subyacente de la economía mundial es una oferta excesiva en un contexto de demanda deficiente".  En serio: ¡oferta excesiva!

Según el informe del TUC, el problema es que el "desequilibrio excesivo hacia la riqueza del trabajo distorsiona la actividad económica a través de una dislocación entre la producción agregada y el poder adquisitivo agregado. Por un lado, unos salarios demasiado bajos ponen los bienes y servicios fuera del alcance de los trabajadores. Por otro, los ingentes recursos de los ricos no compensan porque están relativamente menos interesados en bienes y servicios ..... Por lo tanto, el consumo se queda corto y el resultado es la sobreproducción".

 De este modo, Tily nos presenta sin ambages una teoría de las crisis basada en el subconsumo.  Como él mismo dice, la lógica de su argumentación "lleva a la conclusión vital de que el subconsumo y la sobreproducción son concepciones relativas: la producción sólo es excesiva en relación con un poder adquisitivo y una remuneración deficientes. De ello se deduce que un mejor equilibrio entre trabajo y capital permitirá una mayor producción en sentido absoluto". Este análisis siempre ha atraído a la izquierda, sobre todo motivando el Manifiesto Laborista de 1945: la sobreproducción no es la causa de la depresión y el desempleo; es el subconsumo el responsable (subrayado mío)".

Esta burda teoría del subconsumo de las crisis fue refutada por Marx hace 160 años y se ha demostrado empíricamente errónea a lo largo del tiempo.  Ni siquiera es estrictamente la teoría de Keynes.  Pero aparentemente es la base del análisis actual del TUC. ¿Cuál es la causa de este subconsumo crónico?  Según Tily, es que la inversión no puede ampliar la capacidad si los tipos de interés, el coste de los préstamos, son demasiado altos.  Keynes demostró que son los altos tipos de interés fijados por el capital financiero los que debilitan el capital productivo, no la rentabilidad subyacente del capital productivo.  Como dice Tily "El punto central de su análisis y de gran parte de su trabajo práctico fue asegurar una reducción permanente del tipo de interés a largo plazo".  De hecho, acabar por completo con el dominio del capital financiero, "la eutanasia del rentista", como lo llamó Keynes.

No queda claro cómo iba a lograrse esto, dado el creciente papel del capital financiero en las economías modernas.  La reforma del sector financiero a través de la "regulación" es aparentemente la medida política.  ¡Buena suerte con eso!  El TUC y Tily nunca abogan por la propiedad pública de los grandes bancos y el cierre de los fondos especulativos de cobertura y los bancos de inversión.  Tales políticas son tabú.

 Además, ¿cómo se explica que los bajísimos tipos de interés de los que ha disfrutado Gran Bretaña en los últimos 20 años no hayan propiciado una inversión y un crecimiento más rápidos del sector productivo?  La respuesta de Tily es que "hay que distinguir entre las políticas de bajos tipos de interés de Keynes y la forma de la política monetaria en la última década. Keynes buscaba tipos de interés bajos sobre todo para reforzar la inversión en capital fijo, y preveía medidas internas en el contexto del control de capitales en el ámbito internacional.  En la actualidad, las políticas de tipos de interés bajos se enmarcan en un régimen mundial totalmente desregulado. En lugar de fomentar la producción nacional, los tipos bajos se han reciclado para obtener grandes beneficios en un terreno más especulativo".

Tal vez sea así, pero eso sigue planteando la pregunta: ¿por qué esta vez el crédito barato ha sido invertido por los bancos y las grandes empresas en especulación financiera y no en inversión productiva (como, según Tily, ocurría en la Edad de Oro)?  La razón seguramente es que ahora es más rentable hacer lo primero que lo segundo.  En la edad de oro posterior a la Segunda Guerra Mundial, la rentabilidad era alta en los sectores productivos y el sector financiero no era dominante.  Es la caída de la rentabilidad lo que ha provocado el paso a la especulación financiera.

Curiosamente, Tily se retracta ligeramente de su opinión de que es la teoría de Keynes sobre los tipos de interés y no la rentabilidad la que proporciona la explicación de las crisis, cuando admite que "sobre bases teóricas, la idea (del lado de la oferta) de una caída de la tasa de beneficio puede seguir siendo persuasiva y considerarse reivindicada por los resultados de la productividad en un horizonte a largo plazo".

Y Tily continúa admitiendo que Keynes no era un reformista radical como él afirma, ya que se oponía firmemente a la economía marxiana.  "Keynes estaba en el registro haciendo comentarios estúpidos, por ejemplo en su (1925) 'A short view of Russia': "¿Cómo puedo adoptar un credo que, prefiriendo el fango al pescado, exalta al proletariado grosero por encima de los burgueses y los intelectuales que, con cualesquiera defectos, son la calidad de vida y seguramente llevan la semilla de todo avance humano?". (CW IX, p. 258) De hecho, Keynes se negó a apoyar al partido laborista en la década de 1930, alineándose con los liberales porque el laborismo era "un partido de clase y la clase no es mi clase. La guerra de clases me encontrará del lado de la burguesía educada".

En cuanto al apoyo a los aumentos salariales para resolver las crisis, Keynes no era tan partidario de aumentar los salarios como solución a una depresión.  "en general, un aumento del empleo sólo puede producirse con el acompañamiento de un descenso de la tasa de los salarios reales. Así pues, no discuto este hecho vital que los economistas clásicos han afirmado (con razón) como imprescriptible". De hecho, Keynes en sus últimos años enfatizó cada vez más la corrección de la "economía de libre mercado, lo que él llamaba "economía clásica".  "No supongo que la medicina (neo)clásica funcione por sí misma ni que podamos depender de ella. Necesitamos ayudas más rápidas y menos dolorosas. Pero, a la larga, estos expedientes funcionarán mejor y los necesitaremos menos, si también actúa la medicina clásica. Y si rechazamos por completo la medicina de nuestros sistemas, es posible que vayamos a la deriva de apaño en apaño y nunca volvamos a estar realmente en forma". Keynes 1940.

Esto es lo que dijo Keynes en sus últimos años: "Si nuestros controles centrales consiguen establecer un volumen agregado de producción que corresponda al pleno empleo lo más cerca posible de lo practicable, la teoría clásica vuelve a cobrar sentido a partir de este momento". Así pues, una vez alcanzado el pleno empleo, podemos prescindir de la planificación y de la "inversión socializada" y volver al libre mercado y a la economía y política neoclásicas dominantes: "el resultado de rellenar las lagunas de la teoría clásica no es prescindir del 'Sistema de Manchester' (mercados 'libres' - MR), sino indicar la naturaleza del entorno que el libre juego de las fuerzas económicas requiere para poder realizar todas las potencialidades de la producción".

Cuando el archi-libremercadista Friedrich Hayek publicó su libro Camino de servidumbre, que predicaba que el control estatal acabaría con la "democracia" y la libertad de la economía de mercado, Keynes escribió a Hayek: "moral y filosóficamente me encuentro de acuerdo con prácticamente la totalidad del mismo; y no sólo de acuerdo con él, sino profundamente conmovido".

Como concluyó: "En su mayor parte, creo que el capitalismo, sabiamente gestionado, puede probablemente ser más eficiente para alcanzar fines económicos que cualquier sistema alternativo aún a la vista, pero que en sí mismo es en muchos aspectos extremadamente objetable. Nuestro problema es elaborar una organización social que sea lo más eficiente posible sin ofender nuestras nociones de un modo de vida satisfactorio". El ánimo de lucro debe permanecer: "La pérdida de beneficios puede deberse a todo tipo de causas, pero, a falta de pasar al comunismo, no hay posibilidad de curar el desempleo si no es devolviendo a los empresarios un margen de beneficio adecuado." Como Keynes argumentó que "La prosperidad económica es... dependiente de una atmósfera política y social que sea congenial al empresario medio".   Difícilmente son comentarios de un reformista radical.

Tily y la hornada de economistas keynesianos que intervinieron en la presentación del informe del TUC siempre se remiten a los días dorados de la década de 1960, cuando supuestamente las políticas keynesianas funcionaban y se lograba una economía próspera mediante la gestión de la economía. Pero esto es un mito.  En la década de 1970 aumentaron el desempleo y la inflación, y disminuyó la rentabilidad del capital.  ¿Cómo fue posible si las políticas keynesianas tuvieron tanto éxito?

A diferencia de Keynes, Marx decía que la clave para entender el modo de producción capitalista residía en la naturaleza de la producción para vender mercancías en un mercado con fines de lucro. El beneficio era la clave. Ahora bien, los capitalistas tienen que utilizar parte de ese beneficio para pagar los intereses de los préstamos o los alquileres de las propiedades y, si estos "rentistas" (banqueros y terratenientes) aprietan demasiado al capitalista que tiene beneficios, claro que podrían provocar una crisis de la inversión.  Pero incluso si los tipos de interés son bajos o nulos e incluso si los alquileres son bajos o nulos, seguiría habiendo crisis, caídas y depresiones. ¿Por qué? Porque la renta, el interés y el beneficio proceden de la plusvalía, y no al revés.

Keynes y Tily dicen que la crisis se produce por una falta de "demanda efectiva", es decir, por una caída inexplicable de la inversión y el consumo y esto hace que caigan los beneficios y los salarios. Marx dice: empecemos por los beneficios. Si los beneficios caen, entonces los capitalistas dejarían de invertir, despedirían trabajadores y los salarios caerían y el consumo caería. Entonces habría una falta de demanda efectiva, como les gusta decir a los keynesianos, pero esto no se debería a una caída de los "espíritus animales", o de la "confianza" (a menudo oímos esa frase de los economistas, "falta de confianza"), o incluso debido a unos tipos de interés "demasiado altos", sino porque los beneficios han bajado. El problema reside en la naturaleza de la producción capitalista, no sólo en el sector financiero.

Las políticas diseñadas para reducir los tipos de interés, o incluso para poner en marcha algo de gasto público, es decir, las políticas keynesianas, no evitarían estas caídas ni siquiera pondrían en marcha la recuperación. De hecho, un mayor gasto en prestaciones sociales y desempleo podría hacer subir los impuestos y un mayor endeudamiento podría hacer subir los tipos de interés. Y una mayor inversión pública que sustituyera o invadiera la inversión del sector privado podría ser perjudicial para la rentabilidad del capital. Así que las políticas keynesianas podrían incluso retrasar la recuperación económica.

De hecho, las políticas de austeridad de la mayoría de los gobiernos no son tan descabelladas como piensan los keynesianos. Las políticas de austeridad son perfectamente racionales: se derivan de la necesidad de reducir los costes, especialmente los salariales, pero también los fiscales y los de intereses, y de la necesidad de debilitar el movimiento obrero para poder aumentar los beneficios. Es una política perfectamente racional desde el punto de vista del capital, razón por la cual las políticas keynesianas nunca se introdujeron en ningún grado en la década de 1930.

El análisis de Marx muestra que el sistema capitalista no sólo sufre un "mal funcionamiento técnico" en su sector financiero (debido a los altos tipos de interés), sino que tiene contradicciones inherentes en el sector de la producción, a saber, la barrera al crecimiento causada por el propio capital. De ello se desprende que el sistema capitalista no puede reformarse ni corregirse para lograr un crecimiento económico sostenido sin auges ni depresiones, sino que debe sustituirse. Esa es la acción política definitiva para la izquierda."    
             (Michael Roberts, brave New Europe, 07/02/23; traducción DEEPL)

4/7/22

Branko Milanović: Un breve ensayo sobre las diferencias entre Marx y Keynes

 "Este breve artículo está estimulado por mi reciente lectura de la traducción al francés del Ensayo sobre economía marxiana de Joan Robinson de 1942, publicado junto con varios textos adicionales sobre Marx, Marshall y Keynes escritos por Robinson a lo largo de los años. (La traducción y el prefacio son de Ulysse Lojkine.) También me estimuló una muy buena reseña de la vida de Joan Robinson y del Ensayo que acaba de publicar Carolina Alves en "The Journal of Economic Perspectives".

Antes de empezar, permítanme poner los límites del conocimiento. Mi conocimiento de Marx siempre ha sido bueno, y como hace sólo un par de meses terminé de escribir un largo capítulo sobre los puntos de vista de Marx sobre la distribución de la renta (para mi próximo libro) que trata los temas habituales del salario real, la composición orgánica creciente del capital, la tendencia a la caída de la tasa de ganancia, etc., todo eso está fresco en mi mente.

Keynes lo tiene mucho menos, aunque tengo que decir que hace muchos años tuve como tutor a una persona extraordinaria en la Teoría General de Keynes. Tuve un año de tutoría (individual) de Abba Lerner que, por supuesto, fue uno de los primeros discípulos de Keynes. El método de Lerner consistía en hacerme leer un capítulo de la TG, luego resumirlo y discutirlo y enviárselo a Abba, que a la semana siguiente me traía el texto corregido en rojo. Yo admiraba a Keynes por su brillantez. Todavía recuerdo vívidamente (y estoy escribiendo esto muy lejos de cualquier libro de Keynes) su capítulo sobre el "tipo de interés propio" y el "coste de transporte del dinero" que Lerner me hizo leer y releer. Pero no he seguido en absoluto los desarrollos macroeconómicos keynesianos, y en general me interesa bastante poco la macroeconomía. Así que aquí hablaré de lo que pienso de Keynes, no de los keynesianos.

El objetivo del ensayo de Joan Robinson era realizar un "acercamiento" entre la economía de Marx y la de Keynes, mostrando las similitudes entre la visión de Marx sobre las relaciones de producción capitalistas que dan lugar a una falta de demanda efectiva y los temas de La Teoría General. He aquí una de las citas de apoyo de Marx: "La razón última de todas las crisis reales sigue siendo siempre la pobreza y el consumo restringido de las masas, frente al impulso de la producción capitalista de desarrollar las fuerzas productivas como si sólo la capacidad absoluta de consumo de la sociedad les pusiera un límite". (El Capital, vol. 3, cap. XXX). Se puede producir más, y Joan Robinson lo hace. O como escribe Marx -parafraseo- para cada capitalista individual, sus propios trabajadores son sus antagonistas: quiere pagarles menos; pero los trabajadores de otros capitalistas son sus "amigos", son sus clientes. Cuando todos los capitalistas intentan exprimir a los trabajadores, y cuando todos lo consiguen, el resultado es la crisis económica.

La otra explicación de las crisis económicas en Marx es el crecimiento desequilibrado de los departamentos que producen bienes de consumo y los que producen bienes de inversión, pero esta explicación tiene menos interés para los keynesianos. Robinson también proporciona un muy buen resumen de otras ideas de Marx, incluyendo la teoría del trabajo del valor, el problema de la transformación, la tendencia a la caída de la tasa de ganancia, etc., pero el énfasis está, como he mencionado, en el origen de las crisis y la demanda efectiva.

Cuando contrasta a Marx, Marshall y Keynes, Robinson sostiene que debemos tratar de separar en el estudio de cada uno las preposiciones "científicas" sobre el funcionamiento de la economía de los impulsos "ideológicos" presentes en los tres autores: en Marx, la convicción de que el capitalismo es un modo de producción histórico (y por lo tanto transitorio), en Marshall, la asunción del capitalismo como la forma "natural" de organizar la producción, y en Keynes, el deseo de mejorar el capitalismo o salvarlo de su autodestrucción.

A mí me parece que la diferencia al menos entre Marx y Keynes no es tanto ideológica (aunque no negaría que es real) como en el horizonte temporal que utilizan en sus análisis. (Creo que Schumpeter tenía algo parecido en mente, así que puede que no sea una visión muy original).

Para Marx, el horizonte temporal es siempre a largo plazo, incluso cuando habla de crisis. Las crisis son manifestaciones temporales de los problemas a largo plazo (inherentes) a los que se enfrenta la producción capitalista, por lo que no es sorprendente que autores marxistas como Grossman, Bujarin y Mandel -creo que siguiendo de cerca a Marx- consideren que la superposición entre la tasa de beneficio decreciente a largo plazo y la inestabilidad a corto plazo pone fin al capitalismo. (Tampoco es sorprendente que Robinson rechace la tendencia a la caída de la tasa de ganancia, pero apoye la explicación de las crisis). Todo en Marx, como bien dice Joan Robinson, es histórico. El lector está siempre dirigido a mirar hacia adelante, a pensar en las fuerzas fundamentales que impulsan el capitalismo.

Permítanme ilustrar la diferencia entre el largo plazo de Marx y el corto plazo de Keynes en dos conceptos en los que nuestros autores parecen hablar de lo mismo: "los espíritus animales" y "el ejército de reserva del trabajo". "Los espíritus animales" fue, como es sabido, la idea que Keynes introdujo para explicar las decisiones de inversión de los capitalistas; éstos no se guían la mayoría de las veces por el cálculo exacto de las ganancias y pérdidas esperadas, sino que actúan según su instinto ("espíritu animal"), y si, por la razón que sea, ese instinto cambia, la economía puede experimentar expansiones o contracciones repentinas de la demanda. Joan Robinson menciona cómo este incentivo ampliamente irracional (en sentido estricto) para invertir es similar al punto de vista de Marx, según el cual los capitalistas qua capitalistas siempre se esfuerzan no sólo por conseguir el máximo beneficio sino también por reinvertirlo. Para Marx, sólo se convierten en capitalistas cuando no consumen el beneficio sino que lo reinvierten. La acumulación es (para usar otra famosa cita) "Moisés y todos los profetas". En ambos casos vemos que el incentivo para invertir viene dado desde fuera de la economía propiamente dicha: a través de repentinos estallidos de optimismo o pesimismo, o por la definición de lo que podemos llamar "el espíritu capitalista". Pero en el caso de Keynes, el concepto se utiliza para explicar las fluctuaciones a corto plazo; en Marx, es el rasgo definitorio de toda la clase, y por lo tanto obviamente a largo plazo.

O tomemos el "ejército de reserva del trabajo", que se contrae y se expande a medida que la actividad económica aumenta y disminuye. Es muy similar al desempleo cíclico que juega un papel tan importante en Keynes (en realidad, se podría decir que motiva todo el libro). Pero el "ejército de reserva" de Marx es una característica siempre presente, y por tanto a largo plazo, del capitalismo. Los capitalistas lo necesitan para disciplinar el trabajo, y si en algunos periodos el ejército de reserva se reduce, disminuyendo así el poder relativo de la clase capitalista, inmediatamente se ponen en marcha las fuerzas que lo harán resurgir: las inversiones ahorradoras de trabajo. En Marx, el ejército de reserva nunca puede desaparecer. En cambio, en Keynes, el desempleo cíclico debe reducirse idealmente a cero. Es algo que el capitalismo, gestionado con criterio, puede eliminar. De nuevo, los horizontes son diferentes: para Marx, es la característica estructural a largo plazo, para Keynes, es la interacción a corto plazo entre las variables económicas clave.

Marx fue el primer estudioso de los rasgos históricos fundamentales del capitalismo, Keynes, el último cameralista. Marx era un historiador que creía que la economía da forma a la historia, Keynes, el más inteligente asesor del poder. En El Capital, tenemos una Biblia del capitalismo, en la Teoría General, tenemos El Príncipe para la gestión económica del capitalismo."      
           

(Branko Milanović, Brave New Europe, 29/06/22; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

9/6/22

Malos tiempos para la ortodoxia económica... Desde la teoría del dinero, la teoría del consumidor, pasando por el papel de la deuda pública y de la deuda privada, o la teoría de la inflación, todo eran cuentos infantiles que acabaron deviniendo en cuentos de terror... así lo indican estudios de la Reserva Federal de los Estados Unidos, el Servicio de Estudios de la Reserva Federal de New York, o el Premio Nobel, Paul Romer

 "La evidencia empírica contra la ortodoxia dominante se acumula. Ya es abrumadora. Nuevas investigaciones echan por tierra los manuales macroeconómicos utilizados en la inmensa mayoría de las universidades, dominados por una ortodoxia monetarista y neokeynesiana que ya se debería reciclar. Quien se atreve de nuevo a desmentir años y décadas de otro relato económico, a modo de cuento infantil devenido en novela de terror, ha sido la Reserva Federal de los Estados Unidos. 

El documento de trabajo “Who Killed the Phillips Curve? A Murder Mystery”, publicado este 20 de mayo, y perteneciente a la Serie de Discusión de Finanzas y Economía, echa por tierra la ficción monetaria de que las presiones inflacionistas eran, en última instancia, el producto de una política gubernamental irresponsable diseñada para reducir el desempleo por debajo de una "tasa natural". ¡A buenas horas mangas verdes!

 Lo más relevante de dicho documento de trabajo es que sus autores afirman de manera solemne: “En la actualidad, no tenemos una teoría de la dinámica de la inflación que funcione lo suficientemente bien como para ser útil para el negocio de la formulación de la política monetaria en tiempo real”. En otras palabras, confiar en los enfoques dominantes ha dado lugar a que los llamados "expertos" no tengan ni idea de los fenómenos sobre los que se explayan y, lo que es más importante, sobre los que elaboran políticas que repercuten negativamente en millones de trabajadores y sus familias. 

Decir que no tienen una teoría de la dinámica de la inflación es una declaración de su ignorancia, pero no de que no exista una teoría de la dinámica de la inflación que capte más o menos la evolución de los datos. Esta existe, desde la tradición postkeynesiana, cuyos economistas ya desarrollaron una teoría de la inflación viable y que la vienen utilizando durante décadas. Solo los prejuicios y el pensamiento gregario de la corriente dominante es lo que les han impedido verlo. Hasta ahora.

 Pero a perro flaco todo son pulgas, y no hay dos sin tres. Otro documento de trabajo reciente, también de este mes de mayo, esta vez del Servicio de Estudios de la Reserva Federal de New York, “Modigliani Meets Minsky: Inequality, Debt, and Financial Fragility in America, 1950-2016”, echa por tierra la teoría del consumo neoclásica y el papel de la deuda privada. Como ya dijimos, la deuda privada no es neutra, importa y mucho. Los autores estudian el aumento secular de la deuda de los hogares estadounidenses y su relación con la creciente desigualdad de ingresos y la fragilidad financiera. Demuestran que el aumento de los préstamos por parte de las familias de clase media con un bajo crecimiento de los ingresos desempeñó un papel fundamental en el aumento del endeudamiento.

 La relación entre la deuda y los ingresos ha aumentado de forma espectacular para los hogares situados entre los percentiles 50 y 90 de la distribución de ingresos. Mientras que el crecimiento de sus ingresos era bajo, las familias de clase media se endeudaron contra las considerables ganancias de riqueza de la vivienda por el aumento de los precios de la misma. Los préstamos sobre el patrimonio de la vivienda representan aproximadamente la mitad del aumento de la deuda inmobiliaria en Estados Unidos entre los años 80 y 2007. 

El consiguiente aumento de la deuda hizo que los balances fueran más sensibles a las fluctuaciones de los ingresos y del precio de la vivienda y convirtió a la clase media estadounidense en el epicentro de la creciente fragilidad financiera. ¡Si Minsky levantara la cabeza!

 En definitiva, los últimos años están siendo sin duda un quebradero de cabeza para la escuela dominante, aquella que falseo a Keynes, para volver a las andadas de la economía clásica. Me refiero al enfoque neokeynesiano dominante. Desde la teoría del dinero, la teoría del consumidor, pasando por el papel de la deuda pública y de la deuda privada, o la teoría de la inflación, todo eran cuentos infantiles que acabaron deviniendo en cuentos de terror.

 Hace muchos años, allá por 1995, el economista e historiador del pensamiento económico Robert Heilbroner y su pupilo William Milberg publicaron un libro premonitorio con un título muy sugerente, “The Crisis of Visoon of Modern Economic Thought”. Heilbroner y Milberg afirmaban ya en 1995 que una demoledora crisis, más amplia y profunda que nunca, estaba afectando a la teoría económica moderna. La crisis en cuestión era consecuencia de la ausencia de una visión, de un conjunto de aquellos conceptos políticos y sociales compartidos, de los que depende, en última instancia, la economía. A la decadencia de la perspectiva económica le siguieron diversas tendencias cuyo denominador común era una impecable elegancia a la hora de exponer los términos, acompañada de una absoluta inoperancia en su aplicación práctica.

En esta misma línea, hubo quien dio un paso adelante y abandonó el lado oscuro y tenebroso de la ortodoxia, el premio Nobel de economía 2018, Paul Romer. Recuerden su artículo imprescindible para todo estudiante de economía, y que tantas veces hemos citado aquí, “The Trouble with Macroeconomics”. El resumen del artículo no puede ser más demoledor: “En los últimos tres decenios, los métodos y conclusiones de la macroeconomía se han deteriorado hasta el punto de que gran parte de la labor en esta esfera ya no puede calificarse de investigación científica. El tratamiento de la identificación en los modelos macroeconómicos no es más creíble que en los grandes modelos keynesianos de primera generación, y es peor porque es mucho más opaco. La mayor preocupación es que la pseudociencia macroeconómica está socavando las normas de la ciencia en toda la economía. Si es así, todos los dominios de política que toca la economía podrían perder la acumulación de conocimientos útiles que caracterizan a la verdadera ciencia, el mayor invento humano".

El problema es que estas teorías, idealizadas por los macroeconomistas, han sido aplicadas por banqueros, industriales, tecnócratas y políticos –resultan hilarantes las intervenciones del gobernador de Banco de España cuyos discursos denotan que quienes se lo preparan ni siquiera se han leído las nuevas investigaciones-. La Macroeconomía de la corriente dominante ha demostrado ser inútil y peligrosa para la gestión de la economía real, constituyendo una posición puramente ideológica capaz de ignorar y negar las causas de la Gran Recesión."                    (Juan Laborda  , Vox Populi, 02/06/22)

7/6/21

¿De dónde vino el desempleo? La palabra no se volvió ampliamente utilizada hasta el siglo XIX... El desarraigo de los campesinos creó un "ejército industrial de reserva" y las altas tasas de desempleo se convirtieron en la norma del siglo XX... COVID puede ofrecer una oportunidad para reconsiderar la idea del pleno empleo, que durante tanto tiempo ha sido abandonada por los legisladores

 "En las sociedades agrícolas, incluso en las capitalistas, la mayoría de la gente trabajaba en la tierra. Un número menor trabajaba en pueblos y ciudades: zapateros y carpinteros, etc. Algunos pueden ir y venir del campo a la ciudad, dependiendo de la disponibilidad de trabajo. Si su trabajo en la construcción de casas en la ciudad se secó, podría regresar al campo para la cosecha. 

 El economista Mario Seccareccia, que ama la historia, señala que antes de la Revolución Industrial era impensable que alguien listo y capaz de trabajar no tuviera trabajo que hacer. Preguntas: Si alguna vez se desconocía el desempleo, ¿por qué lo aceptamos ahora? ¿De dónde vino el desempleo? 

 En aquellos tiempos anteriores a la Revolución Industrial, había pobres, en su mayoría personas que no podían trabajar por alguna razón, como una discapacidad. Estos fueron considerados merecedores de caridad. Un pequeño número de indigentes fueron considerados desviados y tratados con dureza, quizás obligados a trabajar en casas de trabajo públicas en condiciones viles. Seccareccia señala que los primeros economistas clásicos como Adam Smith y David Ricardo reconocieron que las personas sanas podían experimentar un desempleo temporal, pero no la variedad a largo plazo. 

La palabra "desempleo" no se volvió ampliamente utilizada hasta el siglo XIX. A medida que las ciudades crecían y la manufactura despegaba, la gente que vivía en ciudades y pueblos se separó. El movimiento entre los dos lugares se hizo menos fluido. El sector agrícola de la economía se estaba contrayendo.

 Al principio, si perdiera su trabajo en la fábrica, probablemente aún podría recoger algo en el campo para ayudarlo. Pero si hubieras crecido en la ciudad, como lo hizo cada vez más gente, es posible que no supieras cómo hacer el trabajo rural. A finales del siglo XIX, la mayoría de los habitantes de las ciudades ya no podían contar con recurrir al trabajo agrícola durante los tiempos difíciles.

 Karl Marx señaló que el movimiento de cercamiento de Inglaterra, que ganó impulso ya en el siglo XVII, había dificultado las cosas para los trabajadores agrícolas a medida que los terratenientes adinerados se apropiaban de los derechos sobre las tierras comunales que tradicionalmente se les había permitido usar a los trabajadores y que eran una parte vital de su sustento económico.

 El desarraigo de los campesinos de la tierra y las formas de vida tradicionales, observó Marx, creó un "ejército industrial de reserva", básicamente un grupo de personas que querían trabajar pero que no podían encontrar un trabajo en momentos en que los industriales retuvieron la inversión o cuando las máquinas se apoderaron de ciertas trabajos.

 Marx vio que este nuevo tipo de desempleo era una característica del capitalismo, no un error. Aún así, muchos economistas burgueses de la corriente principal pensaron que el mercado de alguna manera arreglaría las cosas y eventualmente proporcionaría suficientes puestos de trabajo para evitar el desempleo masivo. No resultó así. 

Prueba A: La Gran Depresión. 

Especialmente después de la Primera Guerra Mundial, muchos economistas posteriores, sobre todo John Maynard Keynes, advirtieron que las altas tasas de desempleo se estaban convirtiendo en la norma en el siglo XX. Keynes predijo que mucha gente seguiría sin trabajo a menos que el gobierno hiciera algo. Esto fue muy malo para la sociedad. 

 Keynes enfatizó que el pleno empleo nunca sucederá por sí solo. Los economistas de la corriente principal pensaban que si los salarios caían lo suficiente, eventualmente prevalecería el pleno empleo. Keynes lo cuestionó. A medida que los salarios cayeron, la demanda se contrajo aún más, lo que llevó a una menor inversión empresarial y así sucesivamente en un ciclo interminable. No, el capitalismo, con sus ciclos económicos llevó al desempleo involuntario, según Keynes. 

Seccareccia observa que el economista Michał Kalecki estuvo de acuerdo en que el gobierno podría hacer políticas para ayudar a que más personas permanezcan empleadas con un salario decente, pero solo había un problema: los capitalistas ricos no lo iban a permitir.

 Se opondrían a los sistemas apoyados por el estado para mantener la demanda de modo que el miedo al desempleo frenara las demandas de los trabajadores de mejores salarios y mejores condiciones laborales. Durante un tiempo, después de la Segunda Guerra Mundial, los capitalistas estuvieron a la defensiva.

 La Gran Depresión y la amenaza comunista asustaron lo suficiente a los países occidentales como para aceptar el argumento de Keynes de que los gobiernos deberían tratar de fomentar el empleo haciendo cosas como la creación de grandes proyectos para que la gente trabaje. Se crearon redes de seguridad para evitar que las personas cayeran en la pobreza. El objetivo del pleno empleo ganó popularidad y muchos más trabajadores se afiliaron a sindicatos.

 Capitalistas contra pleno empleo Los economistas han hablado sobre varias definiciones de cómo debería ser el pleno empleo, explica Seccareccia: “Una definición muy conocida vino de William Beveridge, quien dijo que lo que querías eran tantos puestos de trabajo abiertos como personas que los buscaban, o incluso más puestos de trabajo. porque todas las personas no pueden aceptar todo tipo de trabajo ". 

 A mediados del siglo XX, cuando la economía iba bien, los economistas neoclásicos como Milton Friedman comenzaron a rechazar la idea del pleno empleo. Desalentó el uso de la política fiscal y monetaria para apoyar el empleo, argumentando que los intentos de reducir el desempleo más allá de lo que él insistió era su tasa "natural" en la economía simplemente conducirían a la inflación. En la década de 1960, sucedió algo de lo que Friedman advirtió. El empleo era bajo y los precios empezaron a subir levemente, especialmente durante la era de la Guerra de Vietnam. 

Sin embargo, el mayor impulso a la credibilidad de Milton Friedman se produjo con los aumentos del precio del petróleo del cartel de la OPEP de la década de 1970 que empujaron la tasa de inflación a niveles de dos dígitos y al mismo tiempo aumentaron el desempleo. Entonces, en los años 70, los países occidentales comenzaron a dejar de fomentar el pleno empleo y mantener fuertes redes de seguridad. 

Los defensores del nuevo marco neoliberal estaban a favor de cortar las redes de seguridad, eliminar los puestos de trabajo del gobierno y dejar que el mercado decidiera cuánto desempleo habría. Dijeron que tenía que ser así para evitar que la inflación subiera, aunque la causa de esa alta inflación de los años 70 no tenía nada que ver con el alto gasto público y la excesiva creación de dinero de la que hablaban Friedman y sus amigos.

 Seccareccia apunta a la prueba de que la lógica neoclásica no se mantuvo. En las dos décadas anteriores a la crisis financiera mundial de 2007-2008, la tasa de desempleo bajó, pero la inflación no aumentó. 

Eso demostró que los economistas neoclásicos estaban equivocados. Pero, desafortunadamente, los legisladores no lo asimilaron realmente antes de que golpeara la Gran Recesión. Por lo tanto, estropearon la respuesta al frenar el gasto público demasiado rápido debido a los temores de déficits presupuestarios excesivos y una inflación futura potencialmente más alta que nunca se materializó. 

Siguieron insistiendo en que el nivel de empleo volvería a ese estado "natural" del que Friedman había hablado si simplemente dejaban las cosas en manos del mercado. "Pero no funcionó de esa manera", dice Seccareccia. “El desempleo se disparó y tomó una década volver a los niveles anteriores a la crisis. Lo que nos lleva a la crisis del COVID-19.

 Una crisis es algo terrible de desperdiciar Seccareccia dice que tenemos que entender la diferencia entre la situación actual y la Crisis Financiera Global. Esta vez, realmente es diferente. “La crisis anterior comenzó en el sector financiero y se extendió a la economía real”, explica. "Pero en 2020, cuando surgió el coronavirus, los sectores financiero e industrial fueron golpeados al mismo tiempo". Esto significó que la gente de ambos sectores dejó de gastar. Los hogares no podrían gastar aunque quisieran porque viajar, salir a cenar y otras actividades estaban prohibidas. Las empresas recortaron la inversión ante la amenaza de la incertidumbre y la caída de las exportaciones debido a las restricciones en las fronteras.

 A menos que fuera Home Depot o una empresa de comercio electrónico, no podría vender nada. La crisis del COVID-19 también provocó que los trabajadores se retiraran de las actividades que se consideraban de alto riesgo para la propagación del virus. En todo el país, los trabajadores no esenciales fueron enviados a casa y se les dijo que se quedaran allí. La mayoría, especialmente en sectores como el ocio y la hostelería, no puede hacer su trabajo desde casa.

 Muchas de estas personas perdieron su salario y, debido a que la mayoría de ellos tenían salarios bajos para empezar, eran los que menos podían permitirse el golpe. Muchos solo pudieron mantener sus ingresos a través del seguro de desempleo del gobierno. Mientras tanto, las empresas se mantuvieron a flote con subsidios. Seccareccia señala que el desempleo tuvo un giro interesante en la pandemia porque fue tanto el problema como la cura inicial para la crisis de salud. El desempleo impidió la circulación del virus. Salvó vidas. 

 Avance rápido hasta fines de la primavera de 2021.

 A medida que Estados Unidos y otros países occidentales buscan dejar atrás la pandemia, la economía se está abriendo nuevamente. Los empleadores quieren contratar e incluso compiten entre sí por los trabajadores. Pero muchos buscadores de empleo esperan volver a trabajar. Hay muchas razones por las cuales: cuidar a los niños sigue siendo una carga enorme y la gente todavía está preocupada por enfermarse. Las rutas de tránsito se han interrumpido, lo que dificulta que las personas lleguen al trabajo.

 También es posible que algunos trabajadores se resistan a los trabajos que se ofrecen con salarios bajos y prestaciones inadecuadas. Los empleadores han comenzado a quejarse de que no pueden encontrar trabajadores y culpan a la red de seguridad social como el problema. Algunos empleadores, como los de la industria hotelera, están ofreciendo salarios más altos para atraer a los trabajadores de regreso.

 Tal como predijo Kalecki, los capitalistas ricos se están inquietando. La Cámara de Comercio, por ejemplo, ha presionado a Estados Unidos para que detenga la expansión de los beneficios del seguro de desempleo para que las personas se vean obligadas a regresar a trabajos de bajos salarios. Algunos estados dominados por los republicanos se han sumado a esta idea. 

El economista Larry Summers, por su parte, advierte sobre la inflación y le dice a la Reserva Federal que suba las tasas de interés para que los salarios no suban. Se queja de que cuando camina afuera, todo lo que ve son personas ansiosas por cubrir vacantes de trabajo. No está claro dónde estaba viviendo cuando dijo eso, o de qué personas está hablando.

 Otros argumentan que la expansión del seguro de desempleo no es el problema, sino los trabajos de mierda que se ofrecen. Seccareccia cree que es bueno que los empleadores aumenten sus salarios, incluso si eso significa un poco de inflación. El aumento de la desigualdad, enfatiza, es insostenible en una sociedad sana, y ya es hora de que la gente común tenga un poco de poder para mejorar su suerte. “Cuando a los empleadores les preocupa que la gente deje de fumar”, dice, “es cuando sabes que te estás acercando al pleno empleo.

 Y en una sociedad capitalista, es una situación extremadamente rara cuando el número de renuncias comienza a exceder el número de nuevas contrataciones a medida que una economía se acerca al pico de un ciclo económico ". En opinión de Seccareccia, “hay un acto de equilibrio entre los trabajadores 'temen al despido' y los empleadores 'temen el abandono'”. Observa que los capitalistas son muy buenos para asegurarse de que la primera situación sea más común, y han tenido un éxito espectacular en los últimos 40 años.

 “Es por eso que tiene salarios fijos y una desigualdad desbocada”, dice Seccareccia. "La productividad aumenta, pero los trabajadores no la comparten". Las ganancias se acumulan en la parte superior. En este momento, la inflación ha aumentado en algunas áreas. En un par de sectores, como los autos usados, está aumentando mucho. La pregunta es, más allá de un par de casos únicos, ¿qué pasará con la inflación en general? ¿Y será temporal? Muchos economistas piensan que la inflación será de corta duración y no será muy alta, así que no hay nada de qué emocionarse.

 Algunos economistas, como Antonella Palumbo, creen que la preocupación por la inflación es exagerada. Ella señala que con el desempleo todavía alto y un gran número de personas que anteriormente trabajaban pero aún están fuera de la fuerza laboral, las filas del famoso ejército de reserva de desempleados siguen siendo enormes. A medida que la economía se reinicia, están surgiendo todo tipo de cuellos de botella a corto plazo, pero ese ejército de reserva no va a ninguna parte rápidamente y continuará limitando los aumentos salariales.

 Seccareccia señala que los capitalistas ricos que intentan evitar que los trabajadores reciban mejores salarios y los conservadores que se quejan de la pereza no mencionan que, mientras tanto, el mercado de valores se está disparando, haciendo más ricos a los ricos. Además, el mercado de la vivienda está en auge porque las personas más pudientes que tuvieron la suerte de haber mantenido sus trabajos durante la pandemia ahora tienen dinero extra ahorrado para gastar en artículos caros. 

“¿Es realmente justo”, pregunta, “quejarse de unos cientos de dólares a la semana que reciben los que están en la parte inferior de la escala económica? En especial, ¿cuánto está ya titulada la economía a favor de los que tienen? " Entonces, ¿qué debería hacer exactamente el gobierno con respecto al desempleo? ¿Debería hacer algo en absoluto? Por parte de Seccareccia, cree que este es un momento perfecto para reconsiderar la idea del pleno empleo, que durante tanto tiempo ha sido abandonada por los legisladores en favor de una tasa de desempleo "natural".

 “Los formuladores de políticas deben comprender por qué COVID puede ofrecer una oportunidad que no se veía desde el final de la Segunda Guerra Mundial”, dice. "De hecho, podríamos hacer que la economía sea más justa para la gente común".               (Lynn Parramore, Brave New Europe, 03/06/21; traducción google)

1/12/20

Teoría Monetaria Moderna: El gasto público precede a los impuestos: no es posible recaudar impuestos si antes el Estado no gasta

Stuart Medina Miltim @SMiltim

 Keynes insiste en que la dirección de causalidad va del gasto al ingreso, de las inyecciones a las filtraciones, de la inversión al ahorro.

1. El gasto público precede a los impuestos: no es posible recaudar impuestos si antes el Estado no gasta.

2. Las inversiones crean su propio ahorro. A nivel macro el ahorro no financia las inversiones. El ahorro de hogares y empresas es una decisión de no gastar y no invertir.

3. Las importaciones son una fuga del circuito. Si no se llena la brecha con gasto público deficitario el resultado solo puede ser una pérdida de renta y producción.

4. Los flujos de producción se pueden acumular en activos reales. Con frecuencia se confunde la acumulación de activos reales con la de activos financieros.

5. El gasto crea los flujos de ingresos que se pueden acumular en activos financieros.

10:02 a. m. · 28 sept. 2020
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25/3/20

Medidas keynesianas y Teoría Monetaria Moderna




"Actualmente, como respuesta a la crisis del coronavirus, los Estados están tomando medidas que podían calificarse como keynesianas, y que no coinciden plenamente con las que propone la Teoría Monetaria Moderna. 

 Esto, y otros aspectos claves sobre el papel que debe tener el Estado en la política económica, nos lo explica el compañero de RedMMT Eduardo Garzón Espinosa."              (Red MMT)



13/7/18

Nuestra economía actual es una economía del dinero-bancario porque los bancos crean el 97% del dinero cuando un particular, empresa u organismo público solicita un crédito y el banco se lo concede... crean el dinero mediante un apunte contable. De la nada. No hay más... por eso, “nos podemos permitir, todo aquello que seamos capaces de hacer”... no hay ninguna razón para que el crédito sea un bien escaso. Por ejemplo, debe haberlo para transformar la economía de los combustibles fósiles hacia formas sostenibles de energía...

"No se si sería hacia 2010 o 2012 en un momento en que la crisis pasaba en Esp por su momentos más duros, cuando me preguntaba – sentado en un bar con un colega – cómo era posible, si éramos las mismas personas, con los mismos conocimientos, incluso existiendo las mismas máquinas y equipos que hacía sólo un par de años, y por otra parte, estando allí la gente que tenía obviamente que comer, vivir, etc., cómo era posible que de pronto hubiésemos pasado de la euforia hiperactiva de la burbuja a estar en una situación en la que parecía que nada se podía hacer, en la que no había trabajo para los jóvenes y no tan jóvenes, las empresas cerraban a porrillo, no ya el futuro, sino que el presente parecía haberse clausurado… (...) 

Aquello no dejaba de sorprenderme, ¿no seguimos teniendo las mismas manos y las mismas cabezas para trabajar?, ¿por qué de pronto ya no podemos seguir produciendo cosas para luego consumirlas como antes? ¿Por qué la economía no continuaba funcionando más o menos “normalmente”, aunque fuera con un 2 o un 5% menos de volumen/intensidad? Cualquiera puede vivir un 5% menos bien y no le pasa nada… me preguntaba…  (...)

Y una década después de pronto me encuentro con Ann Pettifor, que enuncia, citando a Keynes, algo muy parecido a la pregunta aquella que yo me hacía: “Sí, nos podemos permitir, todo aquello que seamos capaces de hacer”. Y además, la argumentación de lo enunciado me parece del mayor interés.

 Y se centra en algo que diversos autores y personajes – Juan Torres, Christian Felber, Moreno Yagüe… – me habían invitado a sospechar desde hace tiempo: tiene que ver con el dinero como tecnología… Aquello de la tecnopolítica… Paso a tratar de explicarlo.

Un comentario previo, sin embargo. La propia Pettifor habla de agnotología, la ¿ciencía? – que estudia la producción de la ignorancia – que igual podemos conectar con la fake news, aunque podría pensarse más bien en fake knowledge… También esto de la agnotología lo relacionaría con lo que se llaman caja negras en el ámbito de las ciencias y las tecnologías. 

Para Pettifor se trata de que domina una idea equivocada de lo que es y cómo se produce el dinero, una idea interesada que hace que el mundo de la finanzas y parte del mundo de la política se beneficien de la situación. Una idea producida y promovida naturalmente por sus principales beneficiarios.

Aunque lo sorprendente del discurso de Pettifor es que afirma que ni siquiera los economistas y académicos más reputados entienden del todo bien el asunto… ¡Increíble! Más personalmente me ha llamado la atención que he preguntado a diversos amigos economistas que han leído el libro de Pettifor que qué les parecía; y más o menos me han contestado que está bien, sin más. 

 A mí, como aficionado, me parece que algunas de las ideas que plantea son radicalmente diferentes y que me merecen ser pensadas con detenimiento: “Nos podemos permitir, todo aquello que seamos capaces de crear”. ¿Quizás mis amigos lo han leído con un filtro de ideas preconcebidas por su propia formación y eso les haya impedido ver lo radical del análisis y las propuestas de Pettifor? O no se… Trato de explicarlas, entonces:

Los bancos crean el 97% del dinero en nuestras sociedades actuales: las nuevas economías del dinero-bancario 

El primer argumento de Pettifor-Keynes es que nuestra economía actual es una economía del dinero-bancario (bank-money economy), cualitativamente diferente de las economías anteriores. Una economía del dinero bancario sería aquella en la que el dinero – el 97% en el Reino Unido y una proporción parecida en nuestro entorno – es creado por los bancos cuando un particular, empresa u organismo público solicita un crédito y el banco se lo concede.

 Más o menos todos sabemos esto, aunque creo que no llegamos a interpretarlo como algo que da lugar a una economía cualitativamente diferente de los modelos anteriores con unas consecuencias muy relevantes que son las que trata de explicar Pettifor.

La deuda, el crédito, es lo que crea el dinero (y no al revés)

Es crédito, basado en el compromiso del que lo recibe – de que va a hacer algo que generará un valor que le permitirá devolverlo, es lo que crea el dinero, y no al revés, insiste Pettifor. 

La concepción convencional del proceso es justamente al revés: alguien tiene dinero (el banco, el capital acumulado), que lo presta a quien no lo tiene, – apareciendo así el capital acumulado, el ahorro del capitalista, puede decirse, como aquello que genera el valor.

Sin embargo, la realidad es que los bancos crean el dinero mediante un apunte contable; – hoy mediante una apunte contable digital. No hay más. De la nada, subraya Pettifor: out of thin air.

Para Pettifor esta dimensión de la economía existía al menos desde la creación del Banco de Inglaterra en el siglo XVII, pero se hace dominante y evidente a partir de la renuncia al patrón oro como referencia de la riqueza que tiene lugar en el siglo XX (primero para financiar las guerras mundiales y luego con los acuerdos de Bretton Woods, 1944). 

También aprendí cosas sobre esto leyendo a Galbraith (1987), en particular cuando explica las operaciones que se hicieron para financiar la Guerra Civil estadounidense (1861-65).

Pettifor subraya, además, que aquellos que crean el dinero no son propiamente los bancos sino las entidades y particulares que contraen las deudas en función del valor que confían en crear por medio de su trabajo.

Según reconoció Keynes – aunque Pettifor también cita una intuición similar de Marx en el Volumen III del Capital -, este cambio supone en primer lugar, que la economía, los empresarios, no tengan que depender de las grandes fortunas para acceder al crédito – Pettifor usa el término clásico de robber barons, que describe a los banqueros y grandes industriales despóticos de finales del siglo XIX en los Estados Unidos: los Morgan, Carnegie, Rockefeller, Hearst, Vanderbilt y demás.

 En este sentido, el sistema del dinero-bancario democratiza el acceso al crédito que puede ser más barato y que en teoría no debe estar condicionado por especiales relaciones entre las partes.

Frente a las explicaciones que vinculan el crédito, la creación de dinero, con la existencia en el banco de depósitos que lo respaldan, o de una cierta cantidad de depósitos en proporción al el volumen de crédito emitido por los bancos, – la llamada reserva fracccionaria -, Pettifor afirma que esto tampoco es así. La finalidad de esta reserva fraccionaria, que efectivamente existe, – en el caso del Reino Unido depositada por los bancos en el Banco Central -, es la de ser usada en las operaciones interbancarias. 

Pettifor cita dos informes de 2014 del Banco de Inglaterra en los que se confirma su explicación (p. 24), así como las explicaciones de Bernanke, entonces, responsable de la Reserva Federal de los EU, sobre cómo se creo el rescate de los bancos en 2007-08. 

Una explicación sobre cómo se crea el dinero que, por otra parte, no es una teoría de Pettifor sino la posición defendida por economistas históricos de renombre como Law, Thornton, MacLeod, Keynes, Schumacher, Galbraith o Minsky (p. 24 y precedentes).

Aún así, por motivos en buena parte  interesados según la autora, el poder financiero y la llamada ortodoxia económica mantienen otras explicaciones sobre el asunto, que son también las que siguen creyendo la mayor parte de los políticos y ciudadanos.

El sistema financiero y el dinero son un bien público (o común)

“El sector financiero tienen que ser el servidor, y el servidor inteligente, de la comunidad y la industria productiva, no su amo estúpido.” (Comité Ejecutivo Nacional del Partido Laborista Británico, junio de 1944, documento de Política de pleno empleo y financiera, citado por Pettifor, p. 1)

Aunque los bancos sean los principales agentes de producción de dinero, Pettifor nos explica, son los estados  (y los ciudadanos que lo respaldan, entre otras cosas con sus impuestos) los que hacen viable el actual sistema financiero : sus sistemas legales y judiciales, los bancos centrales que velan por la estabilidad monetaria, y en casos como los que hemos vivido recientemente, y seguimos viviendo, la disposición de los estados para rescatar los bancos con problemas. 

El privilegio de la producción del dinero de los bancos, es un privilegio respaldado por el Estado; ___ y como ocurre con otras corporaciones, como por ejemplo, los profesores universitarios, jueces, notarios, médicos o farmacéuticos, éste privilegio sólo tiene sentido si se ejerce en beneficio público. Carece de sentido si se ejerce en beneficio exclusivo de aquellos que lo detentan. Y esto es lo que parece que viene ocurriendo en nuestros países desde hace unas décadas.

¿Cuál sería el beneficio o servicio público que debería aportar el sistema financiero a cambio de este cuasi-monopolio sobre la producción del dinero cedido por el Estado – siempre según Pettifor-Keynes? Precisamente éste era uno de los temas centrales de la principal obra de Keynes, La teoría general del empleo, el interés y el dinero. Eso al menos es lo que nos dice Pettifor.

Esta función para Keynes (y Pettifor) sería, fundamentalmente, la de facilitar crédito a precios asequibles para el desarrollo de las actividades productivas, generadoras de bienestar social y beneficiosas para la economía del país. Y hacerlo en colaboración con los gobiernos, su política financiera y monetaria, con el objetivo común del pleno empleo.

 De momento queda bien abstracto; más adelante intento aclarar un poco más sobre esto, aunque cabe adelantar que éstas fueron las prácticas que se implementaron en Occidente entre las décadas de 1940 y 1970, produciendo como resultado uno de los períodos de mayor prosperidad de la Historia. 

Según insiste Pettifor, ésta era la cuestión central de la teoría keynesiana, y no la cuestión del gasto público como motor económico, que era un asunto secundario de su teoría.

El dinero en una economía bancaria no es un bien escaso

Recuperemos el enunciado inicial: “Podemos permitirnos todo aquello que seamos capaces de hacer”. Si el dinero-deuda “se crea de la nada”, sobre la base del compromiso (deuda) de hacer algo que se estima que somos capaces de hacer, no debería haber ninguna razón para que el crédito fuera un bien escaso, nos dice Pettifor.

 Esta línea argumental contesta a las habituales discursos políticos del “No hay dinero para hospitales” o “Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, tan propias de los gobiernos neoliberales.

Escribe la autora en la página final del libro: “Con las políticas monetarias adecuadas, podemos garantizar que la sociedad tenga las finanzas que necesita para transformar la economía de la dependencia de los combustibles fósiles hacia formas más sostenibles de energía. 

Puesto que no debería nunca haber escasez de financiación, podemos permitirnos involucrarnos en esta gigantesca empresa y también podemos permitirnos cuidar de nuestra población cada vez más mayor, de los jóvenes y los vulnerables.

Seguro que podemos permitirnos grandes obras de arte y música. En resumen, podemos permitirnos todas aquellas cosas que podemos hacer, dentro de los límites impuestos por las limitaciones humanas y los ecosistemas.” (p. 160)

¿Cual es el truco? ¿Qué hacer?

“No hay ninguna parte de nuestro sistema económico que funcione tan mal como nuestra organización monetaria y del crédito; ninguna cuyo mal funcionamiento sea tan desastroso socialmente; y ninguna para la que sea tan fácil proponer una solución científica.” (J.M. Keynes, diciembre de 1923, citado por Pettifor, p. 136)

El socialismo es, esencialmente, la tendencia inherente a una civilización industrial a trascender el mercado que se auto-regula mediante su subordinación consciente a la sociedad democrática.” (Karl Polanyi, La gran transformación, citado por Pettifor, p. 131)

Ya se ve, por la cita, que Keynes debía ser un tipo bastante “vasilón” (bajo-andalucismo)… Parece sensato pensar que el asunto tendrá sus limitaciones y, sonando a nuestros oídos de hoy tan inverosímil, que también tendrá unas condiciones especiales en que estas ideas puedan hacerse viables / reales…
Entiendo que viendo lo utópico del asunto, no tanto por su viabilidad técnica como por la situación socio-política en la que estamos, Pettifor plantea tres líneas de acción estratégica (pp. XV-XiX & pp. 157-160 )

(1) La primera, en la que considero que su libro, – y tantos trabajos actuales sobre el dinero -, están haciendo avances, es la de un mejor conocimiento por parte de profesionales, políticos, y del público en general, de los procesos de producción y gestión del dinero, para superar las interpretaciones mixtificadoras e interesadas hoy dominantes.

(2) La segunda sería la de la movilización social y política a partir del descontento general con el mundo financiero para la modificación de las políticas públicas monetarias y financieras. 

Pettifor dedica la parte central de su libro a tratar de explicar las políticas que considera adecuadas, fundamentalmente herederas de las propuestas y aplicadas por Keynes y sus seguidores en el período 1940-70.

Aunque Pettifor explica estas cuestiones razonablemente bien en la parte central del libro, no me siento capaz en estos momenos de exponerlas aquí salvo en líneas muy generales. Por un lado tienen que ver con lo que aparentemente se denominan macroprudential tools (¿herramientas macroprudenciales?), por otro, con la aplicación de la teoría de la demanda efectiva de Keynes. 

Finalmente, con la cita de Polanyi que encabeza esta sección: el Estado debe regular el sistema financiero para favorecer y estimular un cierto funcionamiento, y para desincentivar o incluso impedir otros. El dinero o  el capital, no circula abstractamente, explica la autora, sino que lo hace produciendo ciertos bienes y no otros, favoreciendo ciertas relaciones y paisajes sociales, generando riqueza local y estimulando efectos multiplicadores o no haciéndolo, haciendo emerger situaciones sostenibles o depredadoras del propio medio, etc.

Solo dos observaciones sobre esto. La primera  es que las herramientas y conocimientos para implementar este modo de funcionamiento existen, así como las experiencias que demuestran su viabilidad. La segunda es que Pettifor defiende la permanencia del sistema bancario privado y por supuesto de la bank-money economy, en marcado contraste con las propuestas monetarias alternativas, que proponen por un lado la nacionalización del sistema bancario, o por otra cuestiones próximas a la vuelta al patrón oro.

 Recibe múltiples críticas por estas razones. En cuanto a la primera, la del mantenimiento del sistema bancario privado, regulado, me parece de interés por varias razones: una de ellas es que resulta consistente con su idea de creación de valor bottom-up y distribuida; la segunda es que parece una propuesta realista y con mayor capacidad de integración de los diferentes agentes económicos y sociales que otras; y que no es incompatible, en cualquier caso, con la reconstrucción de un sector de banca pública. Una propuesta moderada a lo Keynes y Polanyi… 

(Largo paréntesis: Pero es que pienso desde hace tiempo que nos hace mucha falta un movimiento político conservador no-neoliberal, porque diría uno que la sociedad no parece ser radical de izquierdas, pero tampoco de derechas, y realmente no existe una opción así… En temas económicos el PSOE incluso ha actuado en sintonía con las prácticas neoliberales desde hace ya demasiados años… Me parece.)

(3) La tercera estrategia, tan difícil como la anterior, es la del control de los flujos de capital financiero global…  

El sistema de regulación financiero-monetario de tipo keynesiano para la gestión interrelacionada de empleo, interés y dinero sólo es viable dentro de un espacio económico dotado de unas ciertas fronteras. Sobre esto entiendo que hay muchos trabajos e investigaciones y Pettifor, siguiendo una vez más a Keynes, lo relaciona la imposición de impuestos a los flujos de capital que atraviesa las fronteras (Tasa Tobin, p. 146).

 Me gustó su argumento para defenderlos: “Por supuesto los controles de capital son frecuentemente rechazados sobre la base de que pueden ser evadidos. Pero esto mismo ocurre con los impuestos (normales) – y todavía nadie (o pocos) han argumentado a favor de su abolición.”    (...)"              (Arquitectura contable, 08/07/18)