2/7/19
El amor a los desconocidos es civilización; y la fidelidad a los principios es Derecho. La civilización y el derecho forman parte de esa tradición, alojada en la decencia común de nuestros antepasados, que hay que conservar... la izquierda debe encontrar ese lugar del “pueblo” donde se reúnen el amor, los principios de Sócrates y el sentido común europeo... Lo contrario es el fascismo
2/6/15
¿Simpatiza Francisco con el ateísmo cristiano? Para el Papa los verdaderos ateos no son los que niegan a Dios, sino al prójimo
9/7/13
“Nos hemos acostumbrado al sufrimiento de los otros, no nos toca, no nos interesa”
16/5/11
Los jesuitas dicen: "No llegamos a encontrar razones definitivas que impidan a una persona... expuesta a muy fuertes dolores, acudir a la eutanasia"
Por encima del 60% de los españoles la despenalizaría y el porcentaje se eleva al 62,2% entre los jóvenes. (...)
Finalmente, el famoso escritor se plantó ante los médicos que atendían la agonía de su padre y le dijo a este, ya inconsciente: "Papá, creo que te tengo que dejar marchar", antes de negarse a que lo tuvieran conectado a un aparato de respiración asistida. Lo cuenta en Mi vida como hijo. (...)
El PSOE se hacía eco en 2004 de una opinión pública muy favorable a la legalización de la eutanasia. La tendencia al alza no para de moverse. Estudios realizados por la asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD) sitúan esos porcentajes en el 77%.
Sin embargo, el Gobierno se justifica diciendo que la sociedad aún no está madura para legalizar la eutanasia. "Quienes no están maduros son los políticos", replica uno de los fundadores de DMD, el filósofo y escritor Salvador Pániker.
Pániker lo reitera siempre que se recuerda la muerte del gallego Ramón Sampedro, tetrapléjico tras un accidente y postrado en una cama durante 32 años hasta su muerte en 1998 tras ingerir cianuro diluido en un vaso de agua que le había acercado a su boca una mano amiga.
Antes había librado -y perdido- una larga batalla para que los tribunales le concediesen su derecho a la eutanasia. (...)
Pese a todo, la jerarquía católica sigue expresándose con tremendismo. "[El Gobierno] quiere aniquilar a ancianos o enfermos inservibles", ha escrito el semanario Alfa y Omega, propiedad del Arzobispado de Madrid.(...)La tesis del episcopado es que la vida es creación exclusiva de Dios y el hombre debe aguantar hasta el fin dispuesto. "Ningún poder puede autorizar, ni menos imponer, la supresión de la vida, sea un embrión, un feto o un enfermo incurable".
Pese a todo, la Conferencia Episcopal ha aprobado un llamado testamento vital en el que los enfermos pueden expresar, en un documento de últimas voluntades, su oposición a determinados tratamientos, pese a que su ausencia u omisión supongan el seguro acortamiento de la vida.
Esta modalidad es conocida en la literatura científica como eutanasia pasiva. Denota cómo la Iglesia católica puede acabar cambiando de opinión, aunque tarde a veces siglos.
También se opuso al pararrayos cuando lo inventó Benjamin Franklin -argumento: ¿quién es el hombre para desviar el rayo que Dios te envía para castigarte?-; y antes contra el parto sin dolor porque Dios impuso a la mujer la penitencia del "parirás con dolor". (...)
"Hay que levantar un puente entre las dos orillas", aconsejan los jesuitas en uno de los editoriales de su revista Razón y Fe. El argumento es que no siempre lo legal y despenalizado tiene que coincidir con la ética cristiana."No llegamos a encontrar razones definitivas que impidan a una persona, cuya vida en opinión de los médicos no tiene futuro y está expuesta a la amenaza de muy fuertes dolores, acudir a la eutanasia, que debería estar regulada con precisión y rodeada por serias garantías legales", sentencia.
Hans Küng, uno de los grandes teólogos del siglo, sostiene que tras "los argumentos de soberanía [de Dios sobre el hombre] se esconde una imagen distorsionada de Dios, basada en textos unilateralmente seleccionados de la Biblia, interpretados a la letra, es decir, Dios como el creador que dispone del hombre, propietario no sujeto a traba alguna, su absoluto amo, y últimamente también verdugo".
En esta visión vaticana no hay nada del Dios padre de los débiles, dolientes y extraviados, según Küng. A partir de esa descripción, proclama:
"Nuestra tarea teológica para con los moribundos no es la espiritualización del sufrimiento, o, peor aún, su aprovechamiento pedagógico, como purgatorio sobre la tierra, sino más bien, siguiendo la huella del Jesús sanador de enfermos, reducir en lo posible y eliminar el sufrimiento, que en ocasiones enseña a los hombres a rezar, pero en otras también a maldecir". (...)
Ahí ya está la tesis de que la lucha por la salud arma de coraje al enfermo mientras es posible sanar. Después, la batalla contra la muerte puede convertirse en un martirio insoportable, que admite el derecho de un paciente a decidir sobre los tratamientos que se le ofrecen.
La bioética lo expresa de esta sutil manera: nunca es lícito hacer el mal, pero a veces no es lícito hacer el bien. En esa idea anida el derecho del paciente a rechazar un tratamiento, aunque le vaya en ello la vida.
La cuestión es discernir por qué merece un juicio penal y moral diferente la llamada eutanasia pasiva de la eutanasia activa. Küng lo explica así: "El Papa no tiene nada en contra de que en casos en que no queda ninguna esperanza se omitan o interrumpan medidas destinadas a mantener la vida (por ejemplo, un respirador artificial).
La pregunta es: ¿por qué ha de merecer un juicio moral diferente la desconexión de un aparato de respiración asistida, con consecuencias mortales (eutanasia pasiva), que la administración de una dosis sobreelevada de opio con consecuencias mortales (eutanasia activa)? ¿Puede una acción ser pasiva? Es algo inescrutable". (El País, 15/05/2011, p. 42/3)
"¿Por qué países occidentales que han firmado la Convención contra la Tortura imponen, de hecho, una situación de auténtica tortura a sus ciudadanos al prohibir las diferentes formas de eutanasia.
La respuesta tiene que ver con el reparo consciente de los Gobiernos a enfrentarse al poder eclesiástico. También guarda relación con un cierto rechazo inconsciente de la sociedad a hablar abiertamente de una muerte buena. (...)
La eutanasia sería un crimen nefasto contra un Dios que es señor de la vida y de la muerte. Este lenguaje, que consagró Tertuliano, no fue, sin embargo, el primitivo cristiano. Pero Agustín de Hipona lo completó de forma rotunda: sufrir pasivamente esperando el momento final de la decisión reservada solo a Dios es imitar el sacrificio doloroso de Jesús en su pasión y cruz. (...)Jesús de Nazaret no dijo eso. Más bien habló en sentido contrario: predicó el amor, en una triple dimensión indisoluble: Dios, los demás, uno mismo. Defendió, en contra del legalismo, la sinceridad espiritual íntima.
Proclamó la conciencia como ámbito de la única decisión válida frente a normas impuestas desde fuera. Repitió que había venido para traer la libertad a los oprimidos y proclamar la liberación frente al sarcasmo de los poderosos.
Esta forma de pensar, visible en los Evangelios, es anterior a la interpretación cristiana dominante y se opone a la apología del sufrimiento y el dolor hasta el final de la vida." (El País, 15/05/2011, p. 42)
"Suiza vota por mantener el suicidio asistido.
Los electores del cantón suizo de Zúrich rechazaron ayer en referéndum dos iniciativas: una para prohibir el suicidio asistido y otra para limitarlo a los ciudadanos locales, impidiendo así el llamado "turismo de la muerte".
Suiza es el único país europeo que no castiga la ayuda necesaria para el suicidio de enfermos terminales. Un vacío legal permite que existan clínicas como Dignitas, que recibe a pacientes que buscan un lugar donde se les dé asesoría y se les facilite la combinación de fármacos necesaria para poner fin a la propia vida cuando se sufre una enfermedad terminal o que no tiene cura." (El País, 16/05/2011, p. 35)
15/2/11
"Me llamo cristiano porque me siento una criatura, alguien que no se ha hecho a sí mismo"
Respuesta. Es que ni siquiera sé si Dios existe. El teólogo Dietrich Bonhoeffer dice que "un Dios que existe, no existe". No sé si Dios es una entidad ni dónde está. Siempre hemos pensado que estaba en el cielo. La verdad es que no puedo llamarme monoteísta.
El monoteísmo tiene implicaciones de dominación, de colonización, de violencia, y desconfío de él. Tampoco soy politeísta. No puedo hablar de Dios como si fuera uno o tres o cuatro o muchos. ¿Soy cristiano o no? Es un problema que tengo, sobre todo para cuando muera y me enfrente al juicio final.
Me llamo cristiano porque me siento una criatura, alguien que no se ha hecho a sí mismo. Me siento dependiente de un infinito. Y eso procede de mi lectura del evangelio. No sé si el evangelio es la única verdad religiosa en el mundo. Yo no intentaría convertir a los no creyentes.
P. Llamar a su fe cristianismo ¿no induce a confusión?
R. Es un nombre histórico. He crecido en la comunidad de la Iglesia. Y en nombre de sus principios puedo criticarla. Como Lutero criticó al Papa en nombre del evangelio. No creo que haya una religiosidad natural.
Sin haber conocido el evangelio, ¿me hubiera preguntado por la existencia de Dios? No hay "la" religión, hay religiones. Yo he crecido en una y la interpreto filosóficamente, racionalmente, como una llamada del infinito del que dependo. Y llamo a ese infinito Dios y Jesús es su hijo, sin saber en qué términos.
P. Lo que no parece asumir es que la vida sea un valle de lágrimas.
R. No. Lo es muchas veces, pero no puedo aceptar que eso sea la esencia del mundo. No creo que haya que atribuir a Dios el sufrimiento. De hecho, no sé si hay que atribuir a Dios todo lo que pasa en el mundo. No sé si ha creado el universo y sus leyes. Dios es mi esperanza espiritual, espero sobrevivir como espíritu.
P. En la Biblia ve usted un Dios que no es astrónomo ni moral. ¿Qué queda?
R. El mensaje de salvación. Un mensaje de caridad a aplicar en mi relación con los otros. La humanidad: sentirse mejor en un mundo de amigos que de enemigos.
P. Dice que Dios es relativista. El relativismo ha colado la defensa del creacionismo.
R. Yo me siento más evolucionista que creacionista. Soy creacionista en la medida en que el anuncio de la salvación no es un producto de la evolución. Puede que incluso la fe sea resultado de la evolución. Yo no creo en la objetividad de lo real.
¿Existe Dios? No lo sé. Si digo que existe o que no, entro en un objetivismo que no casa con mi espiritualidad.
P. También discrepa de la tendencia de la Iglesia a prohibir.
R. Porque no creo que haya una esencia del bien y del mal. Hay condiciones de vida compartidas. La moral es el código de circulación más la caridad. Todo es convencional, salvo el respeto al otro. Y eso es bastante cristiano y bastante comunista
P. Al final, su Dios es caridad y amor. ¿Qué diferencia hay entre ambos términos?
R. Tradicionalmente se ha basado en la represión. ¿Hacemos un poco de caridad o un poco de amor? Se trata de organizar el erotismo de forma tolerante, porque no hay un orden natural del amor. Venimos condicionados por una tradición represiva, familiarista.
¿Tiene que predicar el Papa sobre el uso del preservativo? No. Si me gusta acostarme con una mujer o con un señorito, ¿cómo regularlo? Desde la perspectiva de la caridad, el divorcio está bien. No se puede obligar a dos personas a vivir juntas." (El País, 12/02/2011, p. 46; GIANNI VATTIMO: "Creo que yo debería ser papa")
15/12/09
La religión, la moral, la laicidad, la razón... lo público, lo privado...
Los ciudadanos no religiosos también tienen que aprender a ser laicos. La proclamación de la identidad laica no vacuna contra la intolerancia. El fundamentalismo laicista es tan rechazable como el integrismo religioso. Por esto, Regis Debray afirma que hemos de pasar de una laicidad de ignorancia o desprecio del hecho religioso a una laicidad de comprensión y reconocimiento de las aportaciones de las religiones a las culturas. Desde esta posición, se entiende su defensa de una enseñanza laica de la religión en las escuelas públicas y su afirmación de que la libertad religiosa es más que libertad de cultos.
Hay que superar la concepción de la religión como un asunto privado que no ha de tener ningún papel en los debates sociopolíticos y culturales en las democracias. La religión es una cuestión pública y las confesiones religiosas tienen todo el derecho a participar en estos debates. No debe despreciarse la demanda de sectores cristianos de incrementar la precaución moral a la hora de legislar sobre algunos problemas sociales. Ese mundo es plural y es de justicia reconocer el rol positivo de bastantes comunidades cristianas. Desde la lógica de la laicidad, cabe apelar a una apertura a aportaciones éticas de las religiones, como hizo Aranguren, y una mayor atención a la racionalidad de las convicciones religiosas, como hace Habermas." (RAFAEL DÍAZ-SALAZAR: Aprender a ser laicos. El País, ed. Galicia, opinión, 07/12/2009, p. 23)
4/9/09
Si somos sólo química ¿somos libres? Sí...
R. Estoy de acuerdo en el diagnóstico de Habermas, pero no en las soluciones que propone. Su actitud es puramente defensiva: no hagamos esto, no hagamos lo otro...
No podemos decir, como Habermas, que hay un límite en la eugenesia y no debemos traspasarlo. Tenemos que reinventar la ética. Hoy es posible implantar un chip en un ratón y teledirigirlo. ¿Se da cuenta? Obviamente, será posible hacer lo mismo con un ser humano.
P. Eso es crear un Golem.
R. Se plantea una cuestión filosófica: ¿cómo experimentará ese ser humano el control remoto? ¿Tendrá consciencia de que le controla una fuerza exterior? ¿Creerá ser él mismo el emisor de las órdenes? Me inclino por la segunda hipótesis: el ser humano teledirigido no se dará cuenta de nada, se sentirá libre.
P. Jurgen Habermas propone una drástica autolimitación de la investigación científica para no destruir la esencia del ser humano.
R. ¿Y eso cómo se hace? Es imposible. Si se pueden manipular los genes, se manipularán. Los chinos están ya experimentando con el control remoto del cerebro. Eso espanta mucho a la gente religiosa. El otro día participé en Viena en una mesa redonda en la que había un par de obispos. Les pregunté por qué estaban en contra de la experimentación farmacológica en el cerebro. "Porque el hombre es una criatura divina, con un alma divina, etcétera", me respondieron.
Pero si no somos simples mecanismos biológicos, sino que tenemos un alma inmortal, nos pueden hacer lo que sea en el cerebro. Nos queda el alma, ¿no? No, los obispos son secretamente materialistas y temen que, en realidad, sólo seamos nuestro cerebro. Un obispo bastante listo comentó que el cerebro era un televisor y el alma un descodificador, necesarios el uno al otro.
Ése fue un argumento inteligente, pero falso. Si un fármaco puede hacerme más valiente, más lúcido, más generoso, ¿en qué queda la ética? Significa que somos sólo química. Entonces, ¿somos libres? Yo creo que sí. Pero si bloqueamos la experimentación científica sólo estamos manteniendo una ficción de libertad." (Slavoj Zizek: "Si un fármaco puede hacerme más valiente, más lúcido y más generoso, ¿en qué queda la ética?". El País, Babelia, 25/03/2006, p. 2/3)
30/3/09
Hacia una Ética mundial
1. No habrá paz entre las naciones sin paz entre las religiones.
2. No habrá paz entre las religiones sin diálogo de las religiones.
3. No habrá diálogo de las religiones sin estándares éticos globales.
4. No habrá en nuestro Globo supervivencia en paz y justicia sin un nuevo paradigma de relaciones internacionales basadas en estándares éticos globales." (JUAN JOSÉ TAMAYO: Duelo de titanes. El País, ed. Galicia, Opinión, 18/03/2009, p. 25)