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3/10/11

Goya pensaba... pintando. Es "uno de los pensadores más profundos, al mismo nivel que su contemporáneo Goethe, por ejemplo, o que Dostoievski 50 años después"

"Todo esto para decir que algo de barbarie intelectual sí que parece subyacer bajo el juicio al que algunos insignes hombres de ideas de la patria -por ejemplo, Ortega, pero no solo- sometieron a Francisco de Goya y Lucientes, pintor universal y, según el autor de Goya. 

A la sombra de las Luces (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores) pensador universal también. Contra viento y marea, pero sobre todo contra la opinión orteguiana y tan noventayocho de que Goya no pasaba de ser un artesano de la pintura (superdotado, eso sí) incapacitado para comprender o articular cualquier cosa parecida a una teoría o un conjunto de ideas filosóficas.

O, como puede leerse en el prólogo de José María Ridao, "un artista extravagante y rudo, dotado para la pintura pero ignorante de las ideas artísticas, culturales y políticas que agitaron su tiempo".

Lo ha adivinado el lector: Goya es el hombre. El principio y el fin, el cierre del círculo en este nuevo todorov, como casi siempre salpicado de semejantes dosis de cordura y salfumán: análisis sereno, mensaje terrible.

Todorov, intelectualmente amamantado, entre otros, por Roland Barthes, despliega una defensa numantina de la capacidad intelectual de Goya. Uno de los dos o tres nombres capitales en el decurso de la Historia del Arte, germen de una revolución pictórica, pero también, escribe Todorov casi en el arranque del volumen, "uno de los pensadores más profundos, al mismo nivel que su contemporáneo Goe-the, por ejemplo, o que Dostoievski 50 años después".

Quienes tengan para sí que la pintura y demás formas del arte han de responder tan solo por su habilidad en tanto que elemento decorativo, este ensayo es el enemigo. En él, Todorov arremete contra la dictadura de las capas superficiales, por magistrales que estas sean, y acude a la obra de arte en general y a la pintura de Goya en particular para hablar de "esas cosas que la expresión verbal no puede atrapar, esas sensaciones al margen de las palabras".

Ese mundo que, sin decirlo apenas, entronca con nuestras pulsiones primarias e indescifrables acerca de las cosas y de las personas, también con no pocos de nuestros fantasmas.

Tampoco es el primero: él mismo hace justicia y cita en cuanto puede una de las principales referencias a la hora de pensar la tesis central de este libro: la noción de pensamiento figural ya expuesta por Yves Bonnefoy en su ensayo sobre Goya (Goya, las pinturas negras).

Quienes, por el contrario, suelan contemplar en el Prado el Descendimiento de Roger van der Weyden, pongamos por caso, y no solo se rindan a las texturas y los colores, al trazo y a los gestos, sino que reflexionen acerca de cosas como la amargura filial, la traición, el poder, la lealtad, la generosidad, la violencia como medio para conquistar los fines o la fatalidad de las cosas... comprenderán al dedillo las convicciones de Todorov.

Para él, la pintura subterránea de Goya (esa pintura libre no ejecutada por encargo ni a instancias del poder, o sea, las Pinturas negras o los Disparates, para entenderse: entrar de la mano de Todorov en la Quinta del Sordo es un viaje inquietante e irresistible) vehicula ideas, genera reflexiones y permite comprender mejor la España de principios del XIX. Goya no era, para Todorov, un mero receptor y seguidor de las ideas ilustradas, sino un verdadero pensador de la Ilustración. Un pensador a secas, al mismo nivel, sostiene el autor del ensayo, que Goethe o Dostoievski.

Pero no es nuevo este tránsito por la vertiente filosófica de un personaje como Francisco de Goya. No son pocos los autores ilustres que, como Valeriano Bozal, Francisco Calvo Serraller, Manuela Mena y, sobre todo, Pierre Gassier y Juliet Wilson (de cuyo libro Vida y obra de Francisco de Goya parte este, según el autor) han querido explorar más allá del paspartú de los geniales cuadros del artista.

Todorov, que de los estudios de teoría literaria y los adoquines lanzados contra las dictaduras se ha pasado esta vez a una especie de vida y reivindicación del artista -no es la primera vez: ya lo hizo con Rembrandt- suele confesar su condición irredenta de hombre desplazado.

Y en su defensa del Goya / pensador recuerda sobremanera a lo que ya Américo Castro hizo en 1925, cuando reivindicó la no siempre bien comprendida dimensión intelectual de Cervantes. Maestros de todo, gente genial a la que la narración oficial de un país llamado España puso a veces en duda. Para convertirlos en eso: en desplazados."                (El País, ed. Galicia, 29/09/2011, p. 37)
       

8/3/11

"En Europa pintas porque la vida no basta. En África sí basta, por eso te preguntas qué sentido tiene pintar"


Manguel, delante de uno de los retratos que le ha hecho Barceló

" "En África la muerte está muy cerca y el remedio, muy lejos. Lo contrario que aquí. En Europa pintas porque la vida no basta. En África sí basta, por eso te preguntas qué sentido tiene pintar". (...)

Miquel Barceló. La muerte de la pintura se decretó hace más de 200 años. La pintura es como Drácula, nunca muere. La invención de la fotografía iba a matar la pintura, y ahora es una técnica pictórica más. Ha dejado de ser un documento de lo real.

Alberto Manguel. Tus nuevos retratos tienen algo de fotográfico.

M. B. Cuando se ponía una pintura sobre un cadáver era como hacer que no estuviera muerto de verdad.

A. M. Porque exorciza la muerte.

M. B. Y funciona. Cuando vas al Prado nunca piensas: esta gente está muerta. En cambio, como dice Susan Sontag, ante una fotografía es imposible no pensar en que el retratado está muerto, o que lo estará. (...)

P. ¿La pintura sigue más cerca de su origen que la literatura?

A. M. La palabra viene mucho después, claro. Quizás sea porque la imaginación se debilita con el tiempo. Cuando las imágenes no bastan necesitamos aclararlas a través del lenguaje, que en el fondo es un instrumento muchísimo más débil. Al tratar de ser más preciso es menos ambiguo y, por tanto, menos rico.

Se reduce lo que podemos ver porque tenemos el ansia de la interpretación. No podemos simplemente mirar una pintura, inmediatamente tenemos que contarle una historia. Por eso me gusta que Miquel quiera pintar algo donde hay un eco de Chauvet. Con un pequeño intervalo de 32.000 años.

M. B. En pintura, 32.000 años no son nada."

A. M. Desde la eternidad serán contemporáneos.

M. B. Toda pintura es contemporánea. Y al leer el Quijote ves que toda la literatura también lo es. Las diferencias de lenguaje son menos importantes que aquello que tenemos en común. En 32.000 años nadie ha inventado nada mejor que el carbón para dibujar." (Barceló: "La pintura, como Drácula, nunca muere". El País, 07/03/2011, p. 35)