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21/9/21

Nueva Zelanda deja de lado el PIB para centrarse en el 'bienestar real' de la población

 "Nueva Zelanda presentará el próximo jueves su primer presupuesto de "bienestar", que prioriza la mejora en la calidad de vida frente a los indicadores económicos, en lo que sus partidarios ven un ejemplo de vanguardia social y sus detractores pura retórica.

"Si bien el crecimiento económico es importante, y es algo que seguiremos buscando, por sí mismo no garantiza las mejoras de los estándares de vida de los neozelandeses", dijo el pasado viernes la primera ministra, Jacinda Arden, en un encuentro con empresarios en Auckland.

"Nadie quiere vivir en un país donde a pesar de un fuerte crecimiento económico hay familias sin hogar, el medio ambiente se degrada con rapidez o las personas con problemas de salud mental no reciben el trato que necesitan", añadió la dirigente laborista.

Un presupuesto social

El presupuesto -cuya preferencia por el bienestar fue anunciado por Ardern en el Foro Económico Mundial de Davos de enero- pone el foco en la indigencia, la pobreza infantil, la violencia doméstica, la salud mental y los maoríes y los indígenas del Pacífico, entre otros.

Ardern defendió cambiar el enfoque tradicional del presupuesto basado en un análisis de coste beneficio "cortoplacista" y centrarlo "en áreas en las que las pruebas muestran que tenemos grandes oportunidades para mejorar el bienestar de los neozelandeses".

Para establecer las prioridades se utilizó una herramienta del Ministerio de Finanzas llamada "Marco de los estándares de vida", basada en parámetros como la identidad cultural, el medio ambiente, la vivienda, los ingresos, el consumo y las conexiones sociales.

 Para financiar el giro hacia el bienestar, Ardern dio instrucciones a sus ministros para que identifiquen áreas en las que se puedan hacer recortes y elevó el límite de la deuda neta del 20 al 25% del PIB, lo que ha sido criticado por la oposición conservadora.

 La búsqueda del bienestar en el presupuesto se aplicará a los "nuevos gastos y no a todo el presupuesto de forma integral", precisó a Efe el expresidente del Banco Central de Nueva Zelanda y profesor de Economía de la Universidad Victoria, Arthur Grimes. "Esto es importante saberlo porque los nuevos gastos son una pequeña parte del presupuesto", indicó.

"La retórica es nueva, pero la práctica no lo es", añadió Grimes que señaló que los anteriores gobiernos del país ya incluyeron medidas de asistencia social en sus presupuestos y que el cambio estaría más en la atención en "unos cuantos aspectos específicos del bienestar".

Las cuentas del Bienestar cogen en un buen momento a Nueva Zelanda que, según prevé el FMI, crecerá un 2,5% en 2019 y un 2,9% en 2020 pese al ralentizamiento de la economía global y la guerra comercial entre Estados Unidos y China.

"Estrella del rock"

Su economía, que ha sido calificada como una "estrella del rock", no es inmune a la incertidumbre global que podría afectar las exportaciones del país, que goza de una baja inflación, una tasa estable de paro, superávit presupuestario y una deuda pública moderada. "Pero, ¿cómo podemos ser 'estrellas de rock' con indigencia, pobreza infantil y con un alza de la desigualdad?", se preguntó el ministro de Finanzas, Grant Robertson.

La iniciativa neozelandesa sigue a la de Bután, que en 2008 introdujo el indice de felicidad nacional para guiar la política de su gobierno, y a declaraciones como las del ex primer ministro británico David Cameron o del expresidente francés Nicolás Sarkozy, que en su momento abogaron por priorizar como criterio el bienestar frente al PIB.

Pero según Grimes, la propuesta gubernamental plantea dudas debido a la falta de metas claras y de mecanismos para evaluar sus resultados y por dar por descontado que la mejora de ciertos aspectos llevará a la gente a pensar que también mejora su bienestar.

"No sabemos si esto ayudará a la gente a mejorar sus vidas. Esto es algo que falta (...) no tenemos cómo medirlo", dijo el expresidente del Banco Central. "La intención es fantástica, la retórica es mejor y estamos aguantando la respiración para ver cuál es la sustancia", concluyó Grimes."    (El Economista, 27/05/19)

26/5/20

“La industria de la felicidad se alimenta de que haya insatisfacción constante”

"¿Se puede ser feliz durante un confinamiento forzado por una pandemia mundial? El problema no reside tanto en la respuesta a esta pregunta como en que existan disciplinas, como la denominada psicología positiva, que no alberguen duda alguna sobre ello: depende de lo que tú te esfuerces individualmente. 

En plena era de dominio ideológico neoliberal, la felicidad representa para algunos un principio incuestionable que sirve para distinguir el éxito y el fracaso de los individuos. En su trabajo Happycracia. Cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas (Paidós) –traducido a más de diez idiomas–, la socióloga Eva Illouz y el psicólogo Edgar Cabanas (que responde a esta entrevista)  analizan, por una parte, la ideología que subyace a una disciplina que cuenta cada vez con más fuentes de financiación y, por otra, su falta de soporte científico y sus efectos secundarios.

La psicología positiva nos concibe como empresas que persiguen maximizar su felicidad. ¿Qué nos diría un psicólogo positivo sobre cómo llevar este confinamiento? ¿Nos sugeriría convertir también esta crisis en una oportunidad?

Estoy seguro de que muchos ya han dicho eso... Para la psicología positiva, todo es susceptible de ser instrumentalizado para nuestro propio bien, bienestar o interés. Y lo mejor que podemos hacer es no dejarnos abatir por las circunstancias externas –porque, al fin y al cabo, no tienen demasiada influencia–, para centrarnos en trabajar nuestras actitudes, nuestros pensamientos y nuestras emociones positivas, dejando al lado todo lo negativo. Como si lo positivo y lo negativo se situaran como dos polos opuestos. 

‘Positivo’ y ‘negativo’ es una simplificación... 

Es una falacia: de hecho, habría que ver si todas estas emociones positivas son tan beneficiosas. Y tachar de ‘negativos’ sentimientos como, por ejemplo, la ira, el enfado o la indignación es algo sumamente conservador, porque hay que tenerlos en cuenta ya que también nos mueven a cambiar las cosas, a modificar el statu quo. Al patologizarlos, estos sentimientos quedan denunciados como ‘improductivos’ personal y socialmente.  

Lo que siempre me sorprende es la capacidad de estos discursos para calar pese a todo lo que esté ocurriendo. Ya en la crisis iniciada en 2008 se multiplicaron. Porque en esos momentos, cuando uno tiene la sensación de que no puede influir en su entorno es quizá cuando estas llamadas para recluirse en el interior de uno mismo proliferan. Pero, si nos damos cuenta, el hecho de no atender a las circunstancias que nos están rodeando es absolutamente delirante: en momentos como los que estamos viviendo se hace evidente que nuestra vida, en general, está puesta en manos de lo que esté sucediendo, y que no depende de nosotros. 

En Happycracia se cita un pasaje escalofriante. Una mujer le cuenta a su marido que ella es feliz, pero que cree que debería serlo más, y que debería luchar por ello a toda costa… 

La idea detrás de esto es que la persona se conciba a sí misma como un proyecto. Hasta ahora, la unidad de utilidad había sido el dinero, pero, en estos momentos, la felicidad se ha acabado convirtiendo, quizá, en el mayor valor de utilidad. Las personas tienen que buscar la forma de conseguir el máximo enriquecimiento personal e individual, entendiendo la felicidad como su máxima expresión.  

Y la felicidad, en este punto, adquiere un aspecto paradójico: es, a la vez, fin y medio para lograr otros fines. Porque no solo hay que dirigirse a la felicidad, sino que, siendo feliz, se es más productivo; y cuanto más productivo eres, más feliz eres, y viceversa. Se trata de una enorme tautología, un argumento circular en el que apenas se repara y del que puede ser muy difícil salir.

Si usted no me obedece y no es feliz, no será productivo.

Felicidad, productividad, rendimiento económico e interés propio entran en el mismo círculo, retroalimentándose. Normalmente, la gente asume que una persona feliz es más productiva. Pero no hay una demostración científica de ello, se trata simplemente de un argumento que encaja ideológicamente.
¿Quién obtiene los mayores beneficios de la difusión de todo este pensamiento relacionado con la felicidad?

Cuando tú prometes que tu teoría, tus técnicas o talleres suponen una forma más barata de obtener rendimientos laborales, de que tus trabajadores no solo sean más productivos sino más aquiescentes con la cultura corporativa, etc., puede haber mucha gente interesada. Además, gracias a determinadas investigaciones y publicaciones, quienes defienden estos principios quedan, de alguna manera, ‘científicamente’ legitimados. Los mismos ‘coach’ o quienes van dando cursos terapéuticos de este tipo ya pueden afirmar que cuentan con herramientas científicas. Todo lo que está filtrado por la ciencia –o por una apariencia de ciencia– vende muchísimo más.

Hay mucha gente que necesita tratamiento psicológico, apoyo, etc. Si, como promulga esta disciplina, estas personas se olvidan de lo negativo y se centran en aumentar lo positivo, en la felicidad, ¿qué les ocurre si no llegan a ella? 

Se generan lo que denominamos los ‘happycondríacos’, es decir, las personas que, al creer que siempre se puede ser más feliz, acaban permanentemente frustradas, persiguiendo un proyecto que nunca se cierra, lo que les genera ansiedad, frustración, obsesiones... Además, muchas personas que padecen estrés o ansiedad pueden caer en una doble trampa, ya que acaban doblemente castigadas porque, por una parte, sufren el estrés, y por otra, sufren el peso de concluir que no salen de esta situación por su propia culpa. 

La industria de la felicidad se alimenta de que haya infelicidad e insatisfacción constante. E intenta copar todo el mercado: no solo se dirige a las personas que no son felices, sino a todas, tratando de convencer a las que están bien de que siempre se puede estar mejor. Y mucha gente que estaba bien se embarca en una persecución para salir de la ‘deficiencia’ que le han ‘descubierto’ que tienen. A su disposición siempre tendrán un enorme abanico de posibilidades y de técnicas para ‘mejorar’. Se trata de una estrategia de marketing y, además, de un discurso muy perverso que siempre responsabiliza a la persona de lo que le pasa.

¿Puede ser la felicidad una nueva señal de triunfo personal, de ‘riqueza interior’?

La felicidad, desde este enfoque, nunca ha dejado de asociarse ni con el individualismo ni con una determinada concepción del éxito personal. Es como otra forma de estatus no ligado ya al consumo, sino más bien el signo de que uno ha aprovechado bien su vida, independientemente de los elementos materiales que posea.

El estudio y la promoción de la felicidad han penetrado en muchas instituciones políticas y educativas. ¿Puede convertirse en un mecanismo de control?

Una vez que has introducido la felicidad como criterio único para valorar lo que es bueno en términos políticos, te va a valer para compensar otros indicadores económicos y sociales. Por ejemplo, países como Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí o India, con enormes desigualdades, claras violaciones de los derechos humanos, mortalidad infantil, etc., sacan bandera de lo bien que están en términos de felicidad, como una forma de lavado de cara que no se podría hacer en otros ámbitos. 

En muchos casos, esta noción de felicidad viene a sustituir a la del Estado del Bienestar, que engloba mucho más que el bienestar subjetivo: derechos sociales, laborales, condiciones de vida mínimas, etc. Este nuevo discurso de la felicidad nos impide hablar y discutir sobre las condiciones de bienestar, porque se parte de que las condiciones externas no importan. Y, con ello, se hace imposible introducir cuestiones de tejido social, políticas, económicas, que son mucho más importantes que las cuestiones emocionales o personales.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, ¿qué recomiendan otros enfoques psicológicos para superar esta crisis? 

Sobre todo, entender que lo que nos está sucediendo tiene un origen circunstancial y que no depende exclusivamente de nosotros. No debemos machacarnos porque las cosas ahora no vayan bien: se trata de una situación extraña e inédita en la que  todo el mundo está tratando de capear el temporal de la mejor manera posible. Además, y esto es muy importante, no existen recetas para todo el mundo. Si hay alguna solución, esta descansa más en cómo podamos afrontarlo como sociedad que como personas individuales."                    

 (Entrevista a Edgar Cabanas / Psicólogo, coautor de ‘Happycracia’. Andrés Villena, CTXT, 19/05/20)

24/4/15

Bután y su modelo de desarrollo... la Felicidad Nacional Bruta

"(...) ¿qué hace a Bután diferente? La respuesta corta es que han hecho una de las apuestas más serias por un modelo de desarrollo que supere los fracasos del modelo capitalista tal y como lo conocemos. (...)

La economía de la felicidad es un moderno acuño de la economía política y las teorías del desarrollo para referirse a algunos experimentos que pretenden superar la clásica concepción del desarrollo en términos puramente monetarios. (...)

Es así que hace 40 años, cuando las modernas potencias occidentales introdujeron el desarrollo como un proceso consciente de agencia y comenzaron a intentar cuantificarlo se le preguntó a Bután: ¿cuál es el Producto Interior Bruto (PIB) de vuestro país? Lo que sucede a continuación es el punto de partida de la historia de Bután que nos interesa para este artículo.
 
ARTÍCULO RELACIONADO: Introducción al concepto de desarrollo (Juan Pérez Ventura, Enero 2015)

El que había sido recientemente coronado Rey de Bután en 1972, Jigme Singley Wanchuck, respondía a la anterior pregunta con su famosa cita: “A Bután no le importan las posesiones materiales de sus habitantes, sino lo felices que son”. Sobre la orientación que iba a dar a su modelo de desarrollo el rey de Bután concluía: “No nos importa medir el PIB, sino el FIB, la felicidad interior bruta de nuestro país”. 

En ese momento es en el que se forja el compromiso de Bután en torno a la satisfacción de los indicadores que convinieron en medir con el Índice de Felicidad Bruta o la Felicidad Nacional Bruta (FNB). Y se mantiene intacto hasta la actualidad. Este índice se ha convertido en una verdadera alternativa al PIB y constituye una apuesta firme por orientar su política económica y social hacia otros objetivos que difieren del simple progreso económico, al menos en los términos en que lo conocemos.



El índice de FNB incluye nueve áreas a las que atender para medir el desarrollo del país, aunque se suelen resumir en cuatro objetivos: bienestar económico, salud, educación y diversidad y resiliencia ecológica. En efecto, de los nueve indicadores sólo uno es el que se refiere al progreso económico, medido a través de la cuantificación de los bienes, la posesión de vivienda y el ingreso per cápita familiar. 

¿Significa esto que a Bután le preocupa poco el bienestar material de sus habitantes? La realidad es que si en algo están de acuerdo todas las teorías del desarrollo es en que la necesidad básica de bienestar material, esto es: un ingreso suficiente, una provisión de alimentación, de salud, y vivienda-descanso adecuadas, son cuestiones que van más allá de la “buena vida” y son supervivencia directa. 

Lo que Bután plantea con su índice de FNB es la necesidad de incluir en la agenda política otras cuestiones que vayan más allá del progreso en términos económicos, y que en cualquier caso busquen el equilibrio entre el progreso material y el crecimiento sostenible. Bután se haya en la búsqueda de una buena vida, de la felicidad. ¿Para qué si no se organizan los humanos como colectividad?


Las cuestiones que van más allá del progreso económico son, entre otras, el buen uso del tiempo, y especial atención a la diversidad y resiliencia ecológica. Junto a esto, Bután entiende que la felicidad se halla en la satisfacción de un tipo de necesidades inmateriales que se refieren a la libertad, la estabilidad emocional y psicológica y la identidad.

La vitalidad de la comunidad de referencia y la participación en los ritos sociales y prácticas culturales cumplen la función de dar un sentido a la trayectoria vital de los individuos. Esta búsqueda de la realización personal y social del individuo está estrechamente ligada a la concepción sobre la felicidad para los budistas (el sukha). 

Esta felicidad habrá de encontrarse en un verdadero entendimiento del mundo y el yo: en las relaciones interpersonales, y no en las posesiones materiales. En el fondo la cuestión del equilibrio entre PIB vs. FIB representa la oposición: producir vs. felicidad o desarrollo económico vs. desarrollo personal y social.

Dice al respecto Sulak Sivaraksa que: “De acuerdo con los especialistas de desarrollo occidentales, podemos aumentar la felicidad y satisfacción mediante el consumo de bienes y servicios; mientras que, de acuerdo con los budistas, nuestra felicidad y satisfacción sólo pueden aumentar reduciendo nuestro deseo de bienes materiales”. Esta profunda convicción ha orientado hasta ahora la manera de gobernar en Bután. Es lo que podemos llamar “las políticas del eco-budismo”.

Eco-budismo en el Himalaya. ¿Es posible entender Bután sin entender el budismo?

 Bután enfrenta la dificultad de combinar el rápido crecimiento económico propio de las primeras fases de desarrollo de un país, con la importancia de la conservación de sus vastos recursos naturales. 

La Constitución de Bután (aprobada en el año 2009) incluye la satisfacción de la Felicidad Nacional Bruta como objetivo político de primer orden, y específicamente incluye, en su artículo 5, apartado 3, la obligación del gobierno de asegurar el mantenimiento de un mínimo del 60% de bosque salvaje. 

Es una constitución sin precedentes al crear una protección tan específica para sus espacios naturales vírgenes. Y es que se han tomado muy en serio la satisfacción de sus objetivos de diversidad y resiliencia ecológica: de ello depende el futuro del país y su turismo, por lo que es una cuestión que merece ser tratada con especial mimo.

Abierta la nueva etapa constituyente, el país debe plantearse las soluciones posibles para enfrentar problemas ecológicos derivados del daño a la vida silvestre y los problemas de urbanización consecuencia del desarrollo. Se propone así una visión integral de la protección del medio ambiente desde la acción del Estado.

 Para ello, se crea la Comisión Nacional del Medio Ambiente, la cual enfrenta 4 problemas principales: el alto nivel de explotación de las tierras; la elevada deforestación; los problemas de erosión e inundaciones; y la degradación de la baja productividad de las tierras de cultivo, de las que depende casi totalmente su economía.

 Paralelo a ello, numerosas voces del entorno económico internacional han instado repetidamente a Bután para que explote sus vastos recursos madereros y cinéticos como vía rápida de desarrollo. En efecto, la riqueza y diversidad natural del país es un poderoso activo económico que ha llamado la atención de la industria transnacional. 

Sin embargo, lo que se ha hecho ha sido respetar y acogerse al primer principio que uno encuentra en “el manual del buen ecologista”: hacer un uso del entorno que trate de no comprometer el uso de futuras generaciones. Es así que, por ejemplo, Bután ha optado por el sector hidroeléctrico como fuente de energía renovable y actividad económica sostenible para el país. 

En la actualidad va camino de convertirse en una de las fuentes principales de ingresos de la nación. Mientras, mantiene prácticamente intactos sus recursos naturales. ¿Hasta cuándo resistirá Bután la presión desarrollista que le invita a explotar su patrimonio? ¿Está sólo en el mundo en este intento? (...)

Bután: la dictadura de la virtud 

En el empecinado intento por mantener su posición frente a la corriente de desarrollo económico y social hegemónica, Bután ha legislado activamente por la defensa de la virtud como ellos la entienden. 

Apuntaremos a continuación algunas curiosidades o datos sobre el país que nos hacen pensar en Bután como un bastión en defensa de la vida recta, pura y virtuosa. Lo llamaremos “la dictadura de la virtud”, aunque desde 2009 pasara de ser una monarquía absoluta a una constitucional. 

A estas alturas se hace especialmente importante recordar que Bután es un país muy pequeño, de pocos habitantes, y predominantemente agrario. Hasta hace medio siglo era prácticamente un desconocido y su aislamiento en la espiritualidad budista hacía que nadie prestara atención a un país que no parecía más que un mosaico de monasterios religiosos y pequeñas poblaciones rurales. 

 A continuación se detallan algunas particularidades que han de ser entendidas en este contexto, pero algunas pueden servir de ejemplo para inspirar modelos de desarrollo de países vecinos o de similares características. Reconozcamos no obstante la singularidad de Bután, en el que no todo son luces sino que esconde también algunas sombras.

En Bután no hay semáforos. Su capital, Thimbu, es una pequeña población urbana con el caótico tráfico tan propio de India o Nepal, pero que parece poder prescindir de las convencionales normas de tráfico occidentales. 

Entre 1999 y 2000 se introducen en Bután por primera vez servicios limitados de televisión e internet. Ambas tecnologías, tan asumidas por el “mundo desarrollado”, fueron objeto de recelo para el modelo de desarrollo butanés durante un tiempo. Igualmente, están prohibidas las bolsas de plástico. 

Es una medida ejemplar que muestra el compromiso del país con el respeto por la naturaleza y el uso consciente de los recursos naturales. También está prohibida la venta y distribución de tabaco y productos derivados del tabaco. El tabaquismo, como otras adicciones, es una de las mayores contradicciones de la racionalidad del individuo moderno. Así lo entienden los budistas.

El turismo en Bután es un potente activo económico, pero es estrictamente regulado por el Estado en aras de mantener la sostenibilidad de la explotación de su patrimonio natural y cultural. Sólo se puede viajar desde el extranjero mediante un paquete turístico cerrado previo pago de un importe (que en la actualidad es en torno a 200$ por día, aunque está en continúa revisión) que incluye el alojamiento, manutención y las visitas por el país.

Como última cuestión, pero quizá la más preocupante, es la de las minorías étnicas de origen indio o nepalí: los ithosampas. Esta población asentada principalmente en el sur del país fue privada del derecho de ciudadanía en 1985, lo que forzó al exilio a una buena parte de ellos durante las siguientes décadas. En 2007 se estimaron 108.000 refugiados en campamentos de Nepal, aunque se han ido reasentando la mayoría en países extranjeros. La situación sigue sin resolverse en la actualidad. "                 (  , El orden mundial s. XXI, 28 mar, 2015)

15/10/14

Extremadura tiene niveles elevados de buena vida, aún con un PIB per cápita inferior a las demás regiones

"(...) La mayoría de la gente reconoce que la buena vida no tiene que ver sólo con el dinero, que los ricos no son necesariamente más felices, y que determinadas actuaciones de las administraciones y de las empresas nos pueden facilitar o dificultar la vida. 

Por ello se hacen cada vez más necesarios nuevos indicadores que traten de medir más allá del PIB, es decir, que traten de valorar la sostenibilidad mediante índices integrados capaces de evaluar el progreso de las sociedades y, en definitiva, la felicidad de las personas. (...)

A modo de análisis preliminar, en un documento de trabajo recientemente publicado se recogen los resultados de la aplicación de dos de estos índices a las Comunidades Autónomas (CCAA) españolas, en concreto, el OECD Better Life Index y el Happy Planet Index (HPI).

 Para ello, se han incluido las variables lo más similares posible a los indicadores propuestos en estas metodologías, con el fin de que sean escalables por regiones y países. Algunos resultados previos pueden presentarse de forma resumida del siguiente modo:

- El PIB por CCAA españolas no coincide con los índices de bienestar.

- Algunas de las CCAA que presentan mayor PIB per cápita no son las que poseen mayor índice de bienestar, destacando los casos de Madrid y Catalunya, con altos niveles de PIB y bajos de bienestar.

- Navarra, País Vasco y Rioja presentan elevados valores de PIB per cápita y de bienestar.

- Extremadura es un ejemplo de lo contrario, con niveles elevados de buena vida y claramente inferiores a las demás regiones en PIB per cápita.

- Por otra parte los Índices de Buena Vida no coinciden con los indicadores de sostenibilidad ambiental representados en el HPI. En este caso destacan Canarias, C. Valenciana, Extremadura, Illes Balears, Extremadura o Andalucía, con elevados niveles de sostenibilidad (HPI), pero menores de bienestar.

- El País Vasco presenta valores relativamente altos en los dos indicadores, si bien baja en el índice HPI por su huella ecológica.

- Madrid presenta un valor muy negativo en el HPI como consecuencia de su profunda huella ecológica y de los problemas de calidad del aire que afectan a los ciudadanos.

Estas conclusiones ­(similares a las obtenidas en otros países) refuerzan la idea de que no necesariamente existe coincidencia entre los niveles de riqueza, la buena vida y la sostenibilidad ambiental. Lo cual, en su expresión más sencilla (aunque siempre matizable) nos recuerda que “la gente más feliz no es siempre la más rica, o que la buena vida no tiene que ver sólo con el dinero”. (...)"          (Fernando Prieto, Econonuestra, 12/08/2014)

10/4/14

Sobre felicidad, política y desarrollo

"Sobre felicidad, política y desarrollo (...)

Sería lógico pensar, entonces, que el objetivo último de la economía y de la política de cualquier país decente debería ser el trabajar en pro de la felicidad de sus habitantes. 

Tal y como sostiene Richard Layard en su libro La felicidad: lecciones de una nueva ciencia, el progreso de la felicidad nacional debería considerarse un objetivo político, siendo estudiado y evaluado tan concienzudamente como el crecimiento del PIB. 

Haciéndose eco de esta razonable demanda, el gobierno de Bután (un pequeño país asiático localizado en las faldas del Himalaya), en un claro gesto por desmarcarse de las políticas dominantes (que, como es sabido, contemplan –erróneamente– el crecimiento de la economía como la panacea del buen gobierno), lleva tiempo tratando de evaluar la felicidad de su pueblo, anteponiendo para ello el bienestar ciudadano a la vitalidad de unos indicadores macroeconómicos que la mayoría de las veces poco o nada nos dicen sobre el sentir real de las personas. 

Bután tiene una superficie aproximada de 47 mil Km2 y una población que apenas llega a los 720 mil habitantes. Presenta un PIB per cápita cercano a los 5.200 dólares anuales y un Índice de Desarrollo Humano (IDH) (1) de tan solo 0,538; ocupando así, respectivamente, los puestos 154 y 140 del ranking mundial. Con ello, y a la vista de estos datos, cualquier economista clásico seguramente no dudaría en tildar a Bután como un país pobre y subdesarrollado. Sin embargo, y como veremos a continuación, nada más lejos de la realidad. 

Basándose en la creencia elemental que sostuviera Jeremy Bentham de que la mejor sociedad es aquella en la que sus ciudadanos son más felices, el Rey Cuarto de Bután – Jigme Singye Wangchuck – acuñó e n la década de los setenta el término de la Felicidad Nacional Bruta (FNB) bajo la convicción de que la mejor política pública es aquella que produce la mayor felicidad entre sus habitantes (y no así necesariamente la que produjese mayores niveles de ingresos y consumo). 

El concepto de la FNB fue fundado en base a las tradiciones budistas butanesas y, h oy en día, es desarrollado por el Centro de Estudios de Bután (CBS). Según éste, el concepto de la FNB está constituido por cuatro pilares básicos: la buena gobernanza, el desarrollo socioeconómico sostenible, la preservación cultural y la conservación del medio ambiente.

 Estos cuatro cimientos fundamentales –construidos a partir de más de 100 sub-indicadores y 33 indicadores– son presentados y monitoreados por el CBS a través de nueve grandes dominios que, sumados, componen el índice de la FNB: i) el bienestar psicológico , ii) la salud, iii) la educación, iv) el uso del tiempo, v) la diversidad y resiliencia cultural, vi) el buen gobierno, vii) la vitalidad de la comunidad , viii) la diversidad y resiliencia ecológica, y ix) las condiciones de vida . 

De esta forma, estos nueve dominios de la FNB ( que combinan tanto aspectos objetivos – como los ingresos familiares o los niveles de alfabetización – como aspectos subjetivos – como la satisfacción con la vida – ) vendrían a significar, más que menos, las condiciones mínimas que han de cumplirse en Bután para que sus habitantes puedan alcanzar una vida feliz. 

Con todo ello, y pese a lo que puedan mostrar los indicadores clásicos de progreso y desarrollo (como el PIB y el IDH), salta a la vista que Bután no es un país pobre o subdesarrollado, sino más bien todo lo contrario. Es un país que realmente se ha preocupado por su pueblo y que, al fin y al cabo, se ha atrevido a apostar por otro modelo civilizatorio alejado del capitalismo. Un modelo que pone el centro de atención en aquello que realmente es el fin último de nuestra existencia: la felicidad. 

Para cualquier gobierno que se considere a sí mismo íntegro y honesto, preocuparse por su pueblo debería ser sinónimo de comprometerse por la felicidad de su gente. Ante los tremendos recortes en derechos que actualmente están sufriendo muchos de los países que se hacen llamar –a ellos mismos– desarrollados (anteponiendo con este gesto, por norma general, el bienestar de la banca y de los sectores privados al bienestar de su propio pueblo), cabe preguntarse quién es aquí el subdesarrollado.   (...)  

No cabe duda de que esta propuesta –la que plantea Bután en pro de evaluar la felicidad de las personas– es un referente a seguir en aras de dibujar otro tipo de sociedades y otro tipo de prioridades políticas.

 Así, en los últimos años, el concepto y la medición de la FNB ha despertado el interés de un gran número de países e investigadores que ven en él un sendero a seguir hacia nuevos horizontes de esperanza para la especie humana y un posible sustituto, a largo plazo, del PIB y del IDH como indicadores de progreso y bienestar. (...)"           (Mateo Aguado, Rebelión, 29/03/2014)

26/3/14

¿Cómo miden la calidad de vida?

"La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) a finales del año pasado lanzó su Indice de calidad de vida (How’s Life Index) que evalúa la calidad de vida de los distintos países. 

Como las estadísticas que normalmente obsesionan son el nivel del Producto Interior Bruto (PIB) o de PIB per capita, es bueno ver índices que tienen en cuenta la calidad de vida de las personas y no sólo el nivel total o promedio de las economías, en términos estadísticos.  (...)

¿Cómo miden la calidad de vida?

En su evaluación, eligen 11 elementos que han identificado como esenciales para el bienestar y, en cada elemento, evalúan las diferencias de bienestar entre las mujeres y los hombres. Los temas evaluados son los siguientes:
  1. Las rentas y la riqueza.
    • la renta disponible neta de los hogares
    • la riqueza financiera neta de los hogares
  2. Los empleos y sueldos.
    • la tasa de empleo
    • la tasa de desempleo a largo plazo
    • el promedio de ingresos anuales brutos de los empleados a tiempo completo
    • la seguridad y la estabilidad en el empleo
  3. La vivienda.
    • el número de habitaciones por persona
    • los gastos por vivienda
  4. El estado de la salud.
    • la esperanza de vida al nacer
    • el estado de salud reportado por los ciudadanos
  5. El equilibrio entre el trabajo y la vida, la conciliación.
    • los trabajadores que trabajan horas largas
    • el tiempo dedicado al ocio y a la vida personal
  6. La educación y la formación.
    • los logros educativos
    • las habilidades cognitivas de los estudiantes
    • los años proyectados de educación
  7. Las conexiones sociales.
    • la red de apoyo social
  8. El compromiso cívico y la gobernanza.
    • cómo se consulta sobre las nuevas leyes
    • la participación ciudadano en el sistema de gobernanza
  9. La calidad medioambiental.
    • la calidad del aire
    • la satisfacción con la calidad del agua
  10. La seguridad personal.
    • las tasas de homicidios
    • el crimen sufrido, reportado por los ciudadanos
  11. El bienestar subjetivo.
    • la satisfacción en la vida

     La comparativa de España

     Como vemos en este gráfico, nos traen (PDF) un desglose de la situación en España donde se ve que sólo está entre los líderes en los tres últimos elementos analizados. No obstante, sorprende ver a España tan alto en eso de conciliación, ya que los empresarios españoles ni saben cómo deletrear esa palabra."                    (, El blog salmón,  27/01/2014)

13/1/14

"En el capitalismo echo de menos los valores de justicia y solidaridad"

"Es la mano visible que procura que la libertad empresarial y la iniciativa económica individual contribuyan al bien común, la esencia pasa por cambiar la meta suprema de la actividad económica". 

Así resume Christian Felber la economía del bien común, un nuevo modelo basado en valores como la confianza, honestidad, responsabilidad, cooperación, solidaridad, generosidad y sostenibilidad ecológica. (...)

Un balance moral más allá de la cifra pura y dura, del rígido activo-pasivo. Sin explotación ni desigualdades, con límites a la propiedad privada y a la herencia. Una alternativa al capitalismo de mercado y a la economía planificada que recoja lo mejor de cada ideología o religión y se construya a través de un debate democrático. 

La experiencia abarca 1.500 empresas de diez países distintos y dos universidades, una en Austria y otra en Suiza. Felber, que no se casa ni con el socialismo ni con el marxismo, explicó en el IDEC de la Universitat Pompeu Fabra un proyecto iniciado en el 2010 que aspira a convertirse en un grupo de presión para que los principios se traduzcan en leyes. Todo por la mejora de la libertad y la felicidad. (...)

¿El bien común es bienestar común?

Sí, interés general, bien común y bienestar común son sinónimos. Yo soy filólogo pero que venga algún filólogo que lo discierna, no le veo diferencias.

 Para mí es la analogía del valor de la dignidad a nivel colectivo, todos tenemos el mismo valor, la dignidad y el objetivo de la economía es procurar el bien de cada uno de nosotros, es el único significado que tiene el concepto de por sí. De qué se compone sólo lo puede averiguar un debate democrático.

¿La economía del bien común quiere hacer más democrático el capitalismo o pretende eliminarlo?

Claramente superarlo, eliminarlo, porque la definición del capitalismo es que el crecimiento, el capital, es el objetivo. Hay que eliminarlo, con el nuevo modelo el capital se convierte en medio, ya no es capitalismo sino economía de mercado que trabaja con capital, pero ya no es ningún tipo de capitalismo.

Economía de mercado y capitalismo se pelean, son irreconciliables, hoy tenemos cada vez más capitalismo y cada vez menos economía de mercado y la propuesta es que sea al revés, una economía de mercado verdaderamente liberal sin capitalismo alguno. (...)

¿Qué consecuencias tendría para el funcionamiento de las empresas?

 Las empresas estarían liberadas de la obligación sistemática de tener que crecer y absorber otras empresas, el éxito se confunde con el beneficio financiero. (...)

Por ejemplo, si una empresa ha alcanzado su tamaño ideal, a lo mejor 800 trabajadores en vez de 80.000 y le llega una orden para producir 150 unidades más, pues lo siento, no quiero crecer y paso la orden a otra empresa, a la más cooperativa, la más ética y así obtengo más puntos del bien común en mi balance. 

Es otro paradigma. Competencia, en latín, es correr juntos y lo que vemos ahora en los mercados es correr una empresa contra la otra, sería contrapetencia. Estamos totalmente convencidos que si cambiamos las reglas de juego la gente estará más a gusto creando empresas solidarias, cooperativas y que tengan empatía. (...)

Entonces, hay que hacer caso a las Constituciones, de hecho las reglas ya están, sólo hace falta cumplirlas...

Sí, también en la parte ética de las religiones, no en la espiritual, eso es libre.

Incluso el marxismo, porque habla de repartir la plusvalía a niveles sociales.

Esto ya son estrategias, yo sólo hablo de los valores y los valores del marxismo son dignidad, libertad y solidaridad y en esto estoy 100% de acuerdo pero luego, cómo implantarlo, esto habría que verlo.

Como la religión, hay cosas que sí valen y otras que no.

Sí, toda ideología, sea religiosa o no, tiene una ética inherente.

Que se pueden aprovechar.

 Creo que sí, porque los valores del capitalismo, en sus inicios, son la libertad, la dignidad, pero en el capitalismo estoy echando de menos la justicia y la solidaridad, porque a mi modo de ver no juegan ningún papel en la teoría del capitalismo. 

En el marxismo sí, la justicia y la solidaridad son valores implícitos del marxismo y se pueden aprovechar pero más que valores marxistas son valores democráticos y por eso apostamos por ellos. (...)

¿No cree que el problema es más la ambición humana que el sistema? Me temo que, por mucho que se proponga una alternativa más justa e igualitaria, siempre habrá alguien que quiera pisar a otro, llegar más arriba que el vecino, poseer más... 

¿Por qué debe querer un ser humano pisar a otro? Eso viene del sistema capitalista y es una costumbre pero no es ninguna necesidad científica ni ninguna obligación genética, es algo que hemos aprendido culturalmente, los genes nos permiten un espectro muy amplio desde la matanza mutua hasta la ternura más refinada y tenemos la elección libre de matarnos o amarnos. 

Por lo tanto la cuestión clave no es la naturaleza del ser humano, que nos lo permite todo, sino qué comportamientos y valores recompensamos y cuáles penalizamos y de la misma manera que penalizamos matar... Si recompensáramos el hecho de matarnos habría homicidios por todas partes pero hemos sido inteligentes en este sentido. 

En la economía es lo mismo, si seguimos recompensando el egoísmo, pues por todas partes lo vamos a observar pero si recompensamos los valores sociales vamos a cosechar el éxito.

Los asistentes a su charla quizás vuelvan a casa convencidos pero no vayan más allá. ¿Qué hace falta para que la gente pase de la indignación a la implicación?

Es una decisión libre y autónoma, nuestra oferta es el umbral de participación desde lo más abajo posible, los grupos locales. No hace falta que vayas a Bruselas o Madrid, puedes sumarte a nosotros en unos de los 35 grupos que tenemos en España y hay 10 en Catalunya, en ciudades como Barcelona o Terrassa. Tenemos deberes por hacer, no crean que no pueden hacer nada, todo el mundo puede echar una mano."     (Público, 21/12/2013)

26/9/13

La Felicidad Interna... y Bruta


"Desde que en 1972 el rey Jigme Singye de Bután propuso abandonar el PIB (Producto Interno Bruto) como medida de progreso del país, y cambiarlo por el FIB (Felicidad Interna Bruta), numerosos economistas y sicólogos han dado vueltas a este tema que ya pensó Aristóteles en los fundamentos de la civilización humana.

En abril del año pasado, al cumplirse 40 años de la idea de Singye, y en medio del turbulento ambiente económico provocado por la crisis, las Naciones Unidas organizaron una cumbre de alto nivel apoyada por 70 países para consensuar ideas en torno a lo que puede ser un necesario nuevo paradigma económico basado en la sostenibilidad y centrado en el bienestar humano. 

 Este enfoque no apunta al crecimiento del producto interno bruto, sino a las ganancias sociales de la Felicidad Interna Bruta. Es decir, abre una oportunidad única para reorientar el camino de la economía en función del desarrollo humano en un mundo que compartimos.

 En términos simples, la propuesta de la Felicidad Interna Bruta de Bután, busca combinar cuatro objetivos fundamentales: 

i) un desarrollo económico social sostenible y equitativo en donde el crecimiento implique beneficios reales para la población; 

ii) la conservación estricta del medio ambiente natural;  

iii) la preservación y promoción de la identidad butanesa; 

y iv) que el gobierno garantice estabilidad institucional y social sobre la que se basa la armonía de la vida cotidiana. 

No deja de ser un gran desafío el que ha tomado el reino de Bután. ¿Cómo orientar una economía para producir la felicidad sostenible, la combinación de bienestar material, la conservación del medio ambiente, y la resistencia cultural?

Felicidad y comportamiento económico

 A continuación cuelgo dos charlas cuyo tema es la felicidad. La primera es de Dan Gilbert, quien en su libro Tropezando con la Felicidad desafía las ideas convencionales de que somos infelices si no tenemos lo que queremos. Gilbert sostiene que nuestro sistema inmuno-psicológico nos hace sentirnos felices incluso cuando las cosas no salen como fueron planeadas.



“Nada puede preferirse con tanto ardor apasionado que nos haga violar las reglas de la prudencia o la justicia, o corromper la futura tranquilidad de nuestras mentes”, sentencia Gilbert citando a Adam Smith, y cuestionando los errores y mezquindades de la ambición ilimitada que lleva a saltarse las reglas o hacer que estas desaparezcan. 

En la siguiente charla Daniel Kahneman, premio Nobel de Economía 2002 y fundador de la economía conductual por su trabajo pionero en la Economía del Comportamiento, nos indica por qué las personas toman decisiones equivocadas y actúan irracionalmente. 

Kahneman señala la diferencia entre el yo que vive la experiencia y el yo que recuerda la experiencia. La coexistencia de estos dos “yo” tiene importantes implicancias para las políticas públicas, como la educación, la salud y el medioambiente.


Kahnenan además señala que aquello de que “el ingreso hace la felicidad” es cierto sólo hasta cierto punto. Alcanzando determinado límite que sitúa en torno a los 60 mil dólares anuales, las personas no son “más felices”. Es decir que la acumulación de riquezas o el gasto excesivo es una decisión irracional. Pero quienes están en la miseria o han perdido su trabajo están lejos de la “felicidad” .

Basados en esta idea de Kahneman presento el gráfico que ilustra este post en el cual en el eje de las absisas apuntamos el nivel de ingreso y en el de las ordenadas la felicidad. A medida que aumenta el ingreso también aumenta la felicidad, pero en una tasa decreciente. Esto indica que a determinado nivel de ingreso (lo que Kahneman estima en 60 mil dólares anuales) se alcanza la felicidad plena. 

Si esto es así, podemos ver que una transferencia de ingreso desde los más ricos a los más pobres no altera su nivel de felicidad, pero en cambio logra aumentar notoriamente el nivel de felicidad de los más pobres. Es algo a tener en cuenta en el diseño de las políticas públicas. Y esto pasa por el necesario cambio hacia un paradigma económico basado en la sostenibilidad y centrado en el bienestar humano."           (El blog salmón, 22/09/2013)

10/7/13

El 77% de la felicidad humana viene explicada por seis cualidades: la prosperidad material; la seguridad; la libertad; la igualdad; la hermandad y la justicia

"A la hora de abordar la evaluación del bienestar humano es importante establecer una nítida distinción entre sus dos posibles dimensiones: la objetiva y la subjetiva. Mientras la primera de ellas se centra fundamentalmente en los aspectos materiales, la segunda captura la evaluación que los individuos tienen sobre sus propias circunstancias (es decir, lo que piensan y sienten). 

La mayor parte de las mediciones de progreso germinadas durante las últimas décadas han ignorado de forma tradicional el aspecto subjetivo del bienestar humano, centrándose de forma casi exclusiva en su dimensión objetiva (y más concretamente en su dimensión económica y material). 

Los dos casos más conocidos en este sentido son el PIB per cápita (que reduce la concepción de progreso y bienestar de una nación a su nivel medio de ingresos) y, más recientemente, el Índice de Desarrollo Humano (IDH), que trata de evaluar el “ desarrollo humano ” de los países por medio de tres componentes: la salud (medida a través de la esperanza de vida al nacer), la educación (medida mediante los años de escolarización para personas adultas mayores de 25 años y los años de escolarización previstos para niños y niñas en edad escolar) y –de nuevo– el desarrollo económico, medido a través del ingreso nacional bruto per cápita. 

Existen numerosos ejemplos de indicadores que han tratado de ir más allá del IDH en su propósito de evaluar el ambiguo concepto del bienestar humano, incorporando para ello en su estructura novedosos aspectos de lo que –según los diversos autores– debería contemplarse dentro de la noción de calidad de vida humana (aspectos como el tiempo de ocio, la seguridad, la equidad, el desempleo o la degradación ambiental).

 Aun así, lo cierto es que todas estas iniciativas no han logrado hasta ahora construir una sólida base para la medición del bienestar humano que sea unánimemente aceptada por la comunidad científica y la sociedad en general. 

Por ello, a la hora de evaluar el bienestar humano, numerosos autores han comenzado a defender la necesidad de incorporar una visión subjetiva del mismo capaz de complementar los indicadores objetivos que hasta ahora han sido dominantes.(...)
 
Veenhoven, en los trabajos anteriormente citados, llegó a la conclusión de que el 77% de la felicidad humana viene explicada por seis cualidades societales: la prosperidad material; la seguridad; la libertad; la igualdad; la hermandad y la justicia. 

Las políticas dominantes, sin embargo, se han centrado hasta la fecha y de forma mayoritaria en tan sólo una de estas seis cualidades: “la prosperidad material”; un aspecto que, como bien es sabido, no es el más importante de todos para alcanzar una vida buena.

 Las cualidades que según Veenhoven son más importantes y que deberían centrar los esfuerzos de todas aquellas políticas encaminadas a construir bienestar humano son la libertad y la justicia , que explican por sí solas la mayoría de las mejoras que en esta materia pueden lograrse. 

En este sentido, los gobiernos de varios países han comenzado a incorporar en sus agendas políticas iniciativas encaminadas a explorar estrategias alternativas o complementarias al PIB para tratar de medir el bienestar humano y el progreso social de sus naciones (7). 

No obstante, aspirar a resumir algo tan complejo y multidimensional como el bienestar humano en un solo indicador numérico tal vez sea una misión imposible, a la par de absurda. Establecer umbrales de satisfacción en lugar de tratar de ceñirse a un determinado valor numérico, así como no limitarse a utilizar un solo indicador sintético – por muy polifacético que este sea – sino utilizar un conjunto de ellos (combinando los cuantitativos y los cualitativos así como los objetivos y los subjetivos) podría aportar flexibilidad a la hora de afrontar esta ardua e importante tarea que supone evaluar el bienestar humano.
 
Tan sencillo como preguntar

Bajo la tácita suposición de que no hay forma fiable de valorar el bienestar subjetivo de las personas, los círculos políticos han antepuesto de forma tradicional las medidas objetivas del bienestar humano a las medidas subjetivas. Sin embargo , la larga carrera de los indicadores objetivos de bienestar no parece haber logrado asentar unas bases definitivas en cuanto a su medición. 

Así lo refleja el creciente interés académico por el estudio del bienestar humano subjetivo; un interés que ha experimentado en los últimos años un auge sin precedentes protagonizado por los notables trabajos que han venido apareciendo sobre la satisfacción subjetiva con la vida . 

Según el sociólogo Ruut Veenhoven la satisfacción subjetiva con la vida es el grado en que una persona percibe que se cumplen sus aspiracione s, comparando cognitivamente la vida que uno tiene con la que, según él, debería tener. 

El imaginario humano de felicidad , bienestar o vida buena es algo que –en mayor o menor medida– tenemos en la mente, y que, por consiguiente, puede ser medido haciendo preguntas. Evaluar de esta forma la felicidad de las personas es, más que menos, un modo de aproximarse subjetivamente al bienestar humano. 

Una dificultad que suele argumentarse en torno a la aproximación subjetiva del bienestar humano se encuentra en el posible inconveniente que ésta conlleva de ser perturbada por las experiencias vividas más recientemente. Sin embargo, las pruebas empíricas de numerosos trabajos demuestran lo contrario (3).

Al ser la satisfacción subjetiva con la vid a (según la definición de Veenhoven) el “grado con que una persona juzga favorablemente la calidad global de su propia vida como un todo” (es decir, lo que a uno le gusta la vida que uno lleva) resulta lógico pensar que dicha valoración no varíe demasiado con el tiempo; si bien es cierto que normalmente esta valoración global depende del flujo continuo de satisfacciones instantáneas. (...)"          (Mateo Aguado, Rebelión, 02/07/2013)

10/5/13

El dinero no da la felicidad... en los países ricos. En los pobres...

"Como es sabido, buena parte de nuestro bienestar humano se sostiene sobre la posibilidad que tengamos de cubrir determinadas necesidades materiales; necesidades que, bajo una economía de mercado, son cubiertas a través del consumo. 

Sin embargo, las desigualdades existentes en el mundo hacen que las oportunidades de llevar a cabo acciones de consumo no sean iguales para todos, siendo siempre mayores en las naciones más ricas y “desarrolladas”; es decir, en las naciones con mayor PIB per cápita.

A pesar de que el PIB ha sido tradicionalmente utilizado para hacer comparaciones internacionales de progreso social y de bienestar humano, han sido muchos los investigadores que han criticado esto, preguntándose en qué medida los ingresos medios de un país pueden realmente reflejar el bienestar humano de sus ciudadanos.(...)

 Estas críticas hacia el PIB como indicador de progreso pueden resumirse en las siguientes: 

a) al tratarse de una media aritmética no contempla la desigualdad social; 
b) no incorpora otros elementos que influyen mucho en el bienestar como la esperanza de vida, el tiempo de ocio disponible o la degradación ambiental; 
c) no contabiliza la producción obtenida mediante el trabajo sumergido o la que no está contemplada por los mercados (como el trabajo doméstico o voluntario); 
y d) computa aspectos que no generan bienestar (como los gastos militares) a la vez que ignora aspectos que sí lo generan (como el patrimonio artístico).

Aunque existen trabajos que discrepan, los estudios realizados hasta la fecha sobre la relación existente entre los ingresos y el bienestar humano han mostrado cómo a partir de un determinado umbral (situado entre los 13.000 y los 18.000 dólares anuales por persona) el incremento de los ingresos ya no contribuye a mejorar la calidad de vida de las personas (1). 

Es decir, existe un umbral por encima del cual la relación ingresos–bienestar desaparece, y a partir de aquí más dinero ya no significa más satisfacción con la vida.

No obstante, es importante resaltar que por debajo de los 13.000 dólares anuales por persona sí que se da esta relación proporcional entre el PIB per cápita y la satisfacción con la vida. En este caso pequeños incrementos en la renta conllevan grandes aumentos en la satisfacción de vida. 

Es decir, ingresos y bienestar sí evolucionan de forma paralela, al destinarse en estos casos prácticamente la totalidad de los ingresos a satisfacer las necesidades más básicas, que son las que influyen de una forma más determinante sobre nuestro bienestar (como es comer cuando la alimentación no es una acción asegurada).

De cualquier manera, una vez que se han alcanzado unos ingresos determinados, necesarios y suficientes para garantizar el acceso a los materiales básicos para una vida buena, el incremento en los mismos ya no lleva aparejado incrementos relevantes en la calidad de vida. En este caso se pueden incrementar enormemente los ingresos sin que ello conlleve respuesta alguna sobre el bienestar humano.

Diener y Seligman calcularon la correlación existente entre la satisfacción media con la vida y el PIB per cápita para aquellas naciones cuyos ingresos medios eran superiores a los 10.000 dólares anuales. La correlación que obtuvieron fue insignificante; lo que confirma el casi nulo efecto que los ingresos tienen sobre el bienestar humano una vez se han cubierto las necesidades más básicas (2).

Las naciones más ricas y “desarrolladas” sobrepasaron este umbral de saturación hace tiempo, pues siendo su ingreso medio anual per cápita bastante superior a los 13.000 dólares, el bienestar humano y los niveles declarados de satisfacción subjetiva con la vida no solo no se han incrementado en las últimas décadas sino que parecen incluso estar descendiendo.

Ejemplos de esta relación han sido bien reportados en algunos países como EEUU y Japón, donde, a pesar de haberse triplicado entre 1950 y 2002 el salario medio del primero –y multiplicado por 5,4 en el segundo entre 1958 y 1988– la felicidad declarada permaneció prácticamente constante en ambos países (2) (3).

La asunción por parte del actual modelo hegemónico de que el crecimiento de la economía y su asociada capacidad de consumo es la clave para mejorar nuestro bienestar es una gran falacia. 

Esta falacia constituye además uno de los mayores obstáculos para alcanzar un bienestar humano sostenible y bien repartido en el mundo, pues a medida que determinadas naciones se hacen más y más ricas no solo no logran mejorar su bienestar, sino que encima –y bajo una realidad planetaria de recursos finitos e inequidad– contribuyen a un aumento en la privación de recursos para el resto del mundo. (...)"    (Mateo Aguado, Rebelión, 10/05/2013)

30/4/13

Diez países en los que merece la pena vivir... y España entre ellos

"... están apareciendo cada vez más clasificaciones que tienen el objetivo de atender a criterios diferentes al del valor monetario de los bienes producidos por un país. Es el caso, por ejemplo, del Happy Planet Index realizado por la NEF (New Economics Foundation), que valora datos como la felicidad subjetiva percibida o la expectativa de vida. 

Con una vocación semejante ha nacido el Social Progress Index, un proyecto del profesor de la Escuela de Negocios de Harvard Michael Porter, reconocido autor de libros como Ventaja competitiva (Alay Ediciones). 

Este listado tiene en cuenta otro tipo de criterios a la hora de establecer el ranking, como son la infraestructura social, las oportunidades que ofrece el país y su éxito a la hora de cubrir las necesidades humanas, que a su vez se dividen en otras categorías más concretas, como el acceso a la información, la calidad del aire o el acceso a la educación superior. 

 Una de las nociones de las que parte el estudio es que el nivel de progreso puede variar significativamente incluso entre países con una situación económica semejante, lo que debe llevar a los investigadores a fijarse en otros criterios que en el pasado no se habían tenido en cuenta.(...)

  Los investigadores utilizan el ejemplo de Bulgaria, uno de los mejores países en recogida de basuras y calidad del aire y del agua. También el de Mozambique, cuyos avanzados niveles de inclusión e igualdad social están muy por encima de su situación económica. 

Otra conclusión recogida por el estudio es que, entre los países que se encontraban en la parte media, había diferencias más grandes que en los de la parte alta o baja. Por último, los estudiosos apuntan que la inversión en salud no está relacionada de manera directa con la salud de sus habitantes, una idea bastante cuestionable, y que ilustran a través del ejemplo de Estados Unidos, que es el que más gasta en este aspecto, pero se sitúa en el puesto número 11.

 Nuestro país parece marcado por la paradoja si atendemos a los puestos en los que aparece en dicho ranking. España se encuentra en el puesto número 10 de la lista global, por debajo de Suecia, Reino Unido, Suiza, Canadá, Alemania, Estados Unidos, Australia, Japón y Francia que, en este orden, encabezan el listado. 

España sobresale en lo que concierne a la calidad del aire, el agua y la sanidad, con un quinto puesto, pero se sitúa muy por debajo en la sostenibilidad del ecosistema, en el lugar número 41 de la lista, algo que comparte con otros países industrializados. 

 Los resultados finales del estudio destacan que España es uno de esos países que, a pesar de presentar una buena media, tiene serios problemas en algunos aspectos. En lo que se refiere a su observación de los derechos humanos, España se encuentra en el nº 12, acorde a su nivel general.

 Curiosamente, desciende hasta la posición nº 22 en el índice de libertades individuales y personales. Este apartado se refiere a las libertades religiosas básicas, el acceso del ciudadano al cuidado de los niños, la prevalencia de los métodos contraceptivos y las libertades sobre las elecciones vitales.

¿Dónde nos situamos en otros aspectos? Sorprendentemente, España se encuentra en el puesto número seis de los países donde se goza de más oportunidades; en consonancia con la facilidad de acceso a la educación superior, se halla en el cuarto puesto. 

Nos encontramos en la séptima posición en lo referente a la nutrición y la seguridad social, en el noveno en el apartado “fundamentos del bienestar” y en el meritorio puesto de bronce en lo que concierne a igualdad e inclusión, únicamente superados por Canadá y Brasil, y por encima de Estados Unidos o el Reino Unido. Sin embargo, como recuerda el estudio, esta ventajosa situación corre el peligro de desaparecer dados los elevados niveles de paro juvenil, que se sitúan en una tasa superior al 50%. 
 
¿Qué distingue a aquellos países que puntuaban de manera más negativa? Aparte de los derechos humanos básicos, como cabría esperar, son también aquellos en los que la desproporción entre los ricos y los pobres es mayor y en los que la inclusión de los más desfavorecidos es menor. A

penas dos países africanos son capaces de asomar la cabeza por encima del top ten negativo, y estos son Botsuana y Sudáfrica, que se encuentran respectivamente en el puesto número 35 y en el 39, muy lejos de los puestos de privilegio. Pero, ¿cuáles son las características que distinguen a los países más avanzados?
  • Suecia. Tan sólo una mancha en su impecable historial, en el que destacan la seguridad personal, la calidad del aire y el agua, la nutrición y la sanidad básica, así como las oportunidades que ofrece el país: se trata de de la sostenibilidad del ecosistema, donde se encuentran en el puesto número 37.
  • Reino Unido. El país más saludable del mundo, así como en el que el agua y la recogida de basuras funcionan mejor. Sin embargo, ha de mejorar en la igualdad de sus ciudadanos, en las libertades personales y en el acceso a la educación superior, donde está por debajo de otros países semejantes.
  • Suiza. La nación neutral por excelencia ocupa en el primer puesto de la observación de los derechos humanos, pero ello no se corresponde con las oportunidades que ofrece ni con la igualdad de sus habitantes, un poco por debajo.
  • Canadá. Es el país americano más evolucionado socialmente, gracias a que ocupa el primer puesto tanto en la seguridad personal como en la igualdad e inclusión. Sin embargo, como ocurría con Suecia, tiene graves problemas de sostenibilidad medioambiental (ocupa el puesto número cuarenta y siete).
  • Alemania. Quizá uno de los países más equilibrados del ranking, junto a sus vecinos franceses. Es el número uno de la nutrición y los cuidados médicos, el dos en agua, aire y recogida de basuras y el tercero en la protección de sus habitantes. Sin embargo, también podría mejorar en otros apartados, como el acceso de la educación superior (puesto nº 17) o la igualdad (puesto nº 11)."            (El Confidencial, 30/04/2013)

25/4/13

Bután: el país donde la felicidad cotiza en Bolsa

"¿Cómo es Bután? Difícil respuesta. (...)

La mayoría de la población de Bután, y el territorio por el que están autorizados a moverse los visitantes, es más parecido a las tierras medias de Suiza. Valles verdes y fértiles encajados entre montañas de no más de 4.000 metros de altura tapizadas por densos bosques de coníferas.

 Y todo punteado por casitas y granjas diseminadas por doquier, todas con la estructura típica de la casa butanesa de muros de adobe y carpintería de madera ricamente pintada (está prohibido construir de otra manera). (...)

¿Dónde radica entonces la magia de este pequeño y misterioso país? 

 En su gente. Y en el experimento social que aquí se desarrolla. Bután es también la Suiza del Himalaya en cuestiones sociales y de organización del Estado. Cuando llegas aquí procedente del tremendo caos de Nepal -como es mi caso- o desde el caos del Tibet o desde el caos aún más terrorífico de la India, Bután se asemeja a un oasis de paz, armonía y serenidad.

 La esencia de un país budista llevado a sus últimas consecuencias. En eso se manifiesta su belleza. Y esa es la razón de que ya me haya enamorado de este singular reino, pese a los poco días que llevo viajando por él. 

 Por eso y porque en Bután no importa el índice de riqueza. Lo que cotiza es el índice de Felicidad Nacional Bruta. 

El concepto fue acuñado por el cuarto rey de la dinastía actual, Jigme Senge Wangchuk, en la década de los 70. Fue él, artífice del Bután moderno que hoy conocemos, quien proclamó que en un país como el suyo, aislado entre montañas, cerrado a los extranjeros hasta 1974, profundamente agrícola y rural, el concepto de PIB (producto interior bruto) occidental no tenía sentido.

 Que él y su gobierno lucharían por incrementar la felicidad de sus súbditos por lo que decretaba instaurado el índice de Felicidad Nacional Bruta. 

En contra de lo que muchos creen -y otros muchos han escrito erróneamente-, no se trata de ningún índice oficial ni un patrón mensurable ni va más allá de un concepto. No es el índice de bienestar que publica anualmente la OCDE. 

Es una forma de buen gobierno que tiene su máxima expresión en la Comisión de la Felicidad Nacional Bruta, un organismo del gobierno butanés que vela porque todas las leyes, acciones e inversiones de la administración pública estén encaminadas a aumentar la felicidad de los súbditos. ¡Casi nada! 

¿Cómo se materializa este concepto? De una manera tan sencilla como poco común en el resto del mundo: gobernando pensando en los ciudadanos. Los butaneses tienen gratis el agua, la electricidad, la educación, la sanidad… cuentan con buenas carreteras, puentes, presas y diques, instituciones que funcionan, una democracia estable…

 ¡Hasta las semillas que plantan los agricultores (el 90% de la población vive de la agricultura y la ganadería) las proporciona gratuitamente el gobierno, que se encarga de mejorarlas cada año para aumentar la producción nacional!. 

¿Es eso la felicidad? No lo sé, pero se le debe parecer bastante.

Quizá para un europeo la idea de un estado que devuelve tus impuestos en forma de servicios gratuitos (educación, sanidad, infraestructuras) no sea tan raro. Pero hay que poner a Bután en su contexto geopolítico: dentro del área geográfica en la que se sitúa el país, todos esos avances sociales son sencillamente ciencia ficción.  (...)

 ¿Son los butaneses realmente felices? A todo el que le he preguntado me responde que sí, extrañado por la obviedad de la pregunta. Pero sería muy atrevido por mi parte afirmarlo tajantemente con los pocos días que llevo aquí. No he penetrado lo suficiente en la sociedad butanesa como para saberlo.

 Aparentemente sí lo son. Y cuando conduces por sus carreteras (manejan pausados y sin estrés), cuando caminas por la noche por la capital, Timphu, con total sensación de seguridad, cuando hablas con ellos, cuando entras a un monasterio y te ofrecen agua bendita… estás casi convencido de que sí. 

De lo que sí estoy seguro es de que es un país sin malicia. Que no es poco."         (Paco Nadal, El País, 24/04/2013)