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4/11/20

Cosas que los pobres deberían saber: instrucciones para cuando lo pierdas todo

 "No es completamente cierto que se pueda ser pobre sin algunas instrucciones previas. Desde principios del siglo XXI, existe mucha confusión sobre la pobreza, al punto de que cualquiera en este país se ha venido vanagloriando de ser pobre solo porque veía a alguien comprar muchas más cosas que él.

 La pobreza era principalmente un estado mental, un no afeitarse, el sueño húmedo de la revolución. Ahora que la pobreza se extenderá y haremos muchos telediarios con ella, es hora de saber a qué nos enfrentamos. La pobreza se aprende, sobre todo, queriendo salir de ella. Primera lección: no hay manera de salir de ella.

Entre las aspiraciones de la gente nunca ha estado la de ser pobre, del mismo modo que nadie sueña con ser obrero. Solo han aspirado a ser pobres los ricos, que también son los únicos que, alguna vez, se han calificado a sí mismos de clase obrera. Esto debe quedar claro desde el principio, pues la confusión a que les remito parte justamente de ahí: de la mitificación de la inopia, llevada a cabo por numerosos ciudadanos boyantes, desde la mitad de los miembros de Podemos a un Manu Chao harapiento, pasando por todos esos escritores que probaron a morirse de hambre en una buhardilla. En realidad, ellos eran simplemente ricos que disfrutaban de unos emocionantes cursillos juveniles en los acantilados de la vida.

Hemos de asentar también enseguida que cuando hablamos aquí de pobreza no hablamos de extrema pobreza, de no poder comer, sino de solo poder comer. Esa es la pobreza sutil de la que les hablo, dolorosa y, encima, laboral. Ser pobre va a ser un trabajo, no se crean. La pobreza es la obligación de mantenerse siempre pobre, no acabar de caer, ir tirando y tratar de que nadie lo note. Piensen, por favor, en el hidalgo español. El hidalgo español nos tutelaba desde hace siglos, y ahora sonríe.

Cuando sea pobre, notará de pronto que el mundo no está hecho para gente como usted. Por ello, la primera providencia del pobre es una actitud: no puedo comprar nada y, por lo tanto, no quiero comprar nada. Los escaparates, las marquesinas de los autobuses y las alegrías consumistas ajenas se confabularán contra su obligada austeridad, y durante el primer año (pongamos) realmente le será difícil no hacer gasto. Pero no se preocupe, pasados 12 meses, usted podrá salir a la calle como un fantasma fiduciario, atravesará los escaparates, se volverá invisible y los taxis le parecerán coches blancos tuneados a lo tonto. Esperar el autobús no tendrá secretos para usted. Bajará de casa justo cuando esté llegando.

Tiempo de sobra

Sin embargo, una cosa que hará mucho cuando sea pobre será caminar por la ciudad, cubriendo distancias olímpicas. Le sobra el tiempo, y andar será su forma de filosofar. Hay dinero en la calle tirado, además. Puede encontrarlo. Como es obvio, llevará la misma ropa toda la semana, no porque no tenga otra (si así fuera, usted sería extremadamente pobre) sino porque la poca que tiene la reserva para entrevistas de trabajo, visitas a la familia y fiestas de amigos que, como le ven poco, no saben todavía lo jodido que está usted. En esas fiestas, por ejemplo, comprobará algo muy singular de la pobreza, y es que suele costar más dinero que la bonanza. Así, usted será el que lleve el vino más caro, el jersey dobladito de mejor marca o los pasteles más exquisitos como regalo o aportación a esa fiesta. Precisamente porque no tiene dinero, cuando deba gastarlo en su círculo social, se pasará de frenada, y así se encontrará con que aquel que en efecto gana varios miles de euros al mes aparecerá en todas las fiestas con las manos vacías, y que además eso es lo que debe hacer, pues es lo que entendemos como 'tener clase'.

La cosa con la pobreza, entonces, es que todo tiene que pagarse, nada sale gratis y además se espera de usted que invite. Los ricos tienen dinero, sí, pero es falso que 'dinero llame a dinero', pues lo que sucede es que el dinero posibilita invitaciones, gratuidades, mucho morro. Se olvida la cartera bastantes más veces el que tiene dinero que el que tiene cuatro duros, porque el rico siempre espera que pague otro. Esto es así y debe asumirlo. La pobreza le va a salir carísima.

Para mantenerse pobre, usted va a tener que trabajar mucho. “Cuanto más horrible para el alma es un trabajo, más considerable es el salario; cuanto más horrible es un trabajo para el cuerpo, más reducido es aquel”, escribió Leon Bloy hace un siglo. Sigue siendo igual. Cargar cosas, coger cosas, limpiar cosas, mover cosas. Esos son los trabajos de los pobres.

Sin embargo, hay trabajos mejores para usted, si acaso tiene lecturas o talento, una carrera, y todos presentan el mismo salario fijo: cero. Se pueden hacer muchas cosas bonitas, como escribir artículos, diseñar portadas o armar exposiciones, o hacer fotografías o, yo qué sé, bailar o tocar una guitarra. Pero todo gratis. Verá que le ofrecerán mucho trabajo de este en el que no se cobra nada, porque es el trabajo que le gustaría hacer y, por tanto, el hecho de poder hacerlo es en sí mismo un salario. Soñar es un salario, en suma.

Usted no puede ir a comer a un restaurante, pero sí podrá permitirse tomar alcohol y fumar tabaco. Es una ley fundamental de la pobreza: que la vida aún y con todo debe ser disfrutada. Muchos le mirarán mal por gastarse el poco dinero que tiene en emborracharse, pero no deje que su ánimo decaiga. Gastar su escaso parné en portarse mal en lugar de en comer bien le diferencia de los animales. ¿Es usted un hámster encerrado en su ruedita de plástico? No, usted es un ser humano todavía, debe dedicar dinero a hacerse daño.

Comer mal

Comer mal es una de las pocas obligaciones que comporta la pobreza, simplemente porque es el único lujo que puede usted darse. Patatas fritas, refrescos azucarados y bollería industrial. Entregarse a todo ello es su revolución, su cocaína. El gobierno querrá subirle el precio a todo lo que le gusta, porque el gobierno es muy hijo de puta y odia al pobre, y lo quiere sano y chispeante, como los monos en el zoo. 

Quizá cuando sea pobre se acordará de las quejas por las pizzas que comieron los niños pobres en Madrid, y entenderá por fin lo que significaba. No que se diera comida basura a los niños, sino que existiera siquiera la comida basura. Los ricos odian Telepizza, Primark y el centro comercial. Note que incluso los políticos que dicen defender a los pobres detestan, por sobre todas las cosas, lo popular. Note, por favor, que no hay otro origen de lo popular que la pobreza.

De hecho, todo lo que significa 'pueblo' guarda relación con la pobreza.

Poco a poco, según vaya creciendo su veteranía de pobre, notará algunas ventajas aparejadas a su condición, muy pocas, pero una bastante llamativa: la libertad. Así, usted empezará a bajar a comprar tomate frito al chino en pijama, porque ya se la suda todo. ¿Quién puede permitirse ir a comprar en pijama? Usted, que es pobre, y Miley Cyrus porque es Miley Cyrus. No hay más.

“Ser libre es no tener miedo”, dijo Nina Simone. ¿Usted de qué puede tener miedo si ya es pobre? Al que le tendrán miedo será a usted, por si va por ahí contagiando su mala fortuna. Aprovéchese del miedo que dará. “Yo una vez fui negro, cuando era pobre”, declaró Larry Holmes. Usted ahora es negro y es maricón, exactamente lo contrario que Jorge Javier Vázquez, que simplemente es rico. Los ricos no son maricones. Los ricos son indistinguibles.

Usted, de pobre, será negro, maricón, zorra, de provincias, feo, viejo, gorda, calvo, en fin, lo peorcito, porque ahora sí que será usted distinto, imperdonablemente defectuoso. ¿Creerá que le discriminan? No, porque usted habrá aprendido la lección principal de la pobreza: es lo único que la gente odia de verdad."                (Alberto Olmos, El Confidencial, 13/05/20)

20/6/16

Pobreza española, pobreza danesa... pobreza andaluza, pobreza catalana...

"La pobreza que señala la encuesta no es absoluta, sino relativa. Podríamos decir que más que la indigencia el índice mide la desigualdad, ya que considera incluidos en ese colectivo a los hogares cuyos ingresos netos anuales son inferiores al 60% del ingreso medio (mediano) del país en estudio. 

Sus condiciones económicas y sociales, por tanto, dependen del nivel de vida y de la renta nacional del Estado al que se pertenece. Los que la encuesta aquí y ahora considera pobres poco tienen que ver con los que se tomaría por tales en los países subdesarrollados o emergentes, ni siquiera con los de otras naciones europeas. Nada que ver los pobres de Luxemburgo, Holanda o Alemania con los de Polonia, Lituania o Rumania.

Parece bastante probable que los pobres de Dinamarca sean más ricos que el 90% de los búlgaros, teniendo en cuenta que el salario mensual medio de Dinamarca (3.706 euros) es diez veces el de Bulgaria. Es por eso por lo que carece de sentido que Eurostat facilite como índice del umbral de pobreza de Europa (de los 28) el 17,2% y de la Eurozona el 17.1%, como tampoco significa casi nada que la Comisión afirme que en Europa hay 122,3 millones de pobres. Suma churras con merinas. 

Y es que estamos a años luz de constituir una verdadera unidad política; si lo fuéramos, los umbrales de pobreza deberían elaborarse tomando como referencia para todos los países el 60% del ingreso neto medio (mediano) de la Unión Europea. 

De esta forma, sí sería posible ver la distribución real de la pobreza y en qué países se acumula. Pero tal vez eso es lo que se intenta ocultar, porque en tal caso aparecería de manera evidente la contradicción y la locura del proyecto europeo.

La relatividad del concepto de pobreza también aflora con el tiempo. Lo que hoy llamamos pobres en España seguramente tampoco tiene mucho que ver con los pobres de los años 50, 60 e incluso 70. Es muy probable que las condiciones de vida de nuestros jóvenes indignados sean bastante mejores que las de sus padres y abuelos, lo que no quiere decir que no tengan motivos para el enojo, porque para algo la renta per cápita se ha aproximadamente duplicado en los últimos cincuenta años.

 La indignación de los jóvenes y de los no jóvenes se justifica por el hecho de que no existe ninguna razón económica para que se pierdan las conquistas sociales y económicas conseguidas y para que, por el contrario, no se continúen incrementado si, como es perfectamente posible, la renta per cápita mantiene una evolución similar a la seguida en el pasado.

El hecho de que esta estadística no constituya un buen indicador de la pobreza absoluta no implica que no nos suministre información sumamente interesante, en especial acerca del grado de desigualdad que afecta a una sociedad. Lo que convierte irritante a la pobreza es principalmente la falta de equidad con la que a menudo va asociada. 

Un primer dato a resaltar es la falacia que se esconde tras la exaltación que tertulianos, comentaristas y políticos realizan acerca de la clase media, tomando por tal la que no lo es. Según la encuesta, el ingreso anual neto por hogar se sitúa en 26.092 euros, muy alejado de las rentas de todos aquellos que se identifican con la clase media y que, en una especie de victimismo, se sienten enseguida perjudicados por toda medida fiscal progresiva.

Los resultados de la encuesta nos indican también que la llamada recesión económica ha dañado fuertemente el ingreso medio de los españoles y, además, algo que ya sabíamos: lo ha hecho de manera desigual recayendo en mayor medida sobre las rentas bajas, por lo que el umbral de pobreza ha subido a lo largo de estos años en dos puntos y medio.

 Así mismo, nos demuestra que una cosa es la macroeconomía y otra la microeconomía, y que las crisis económicas dejan en las sociedades secuelas muy profundas que perduran mucho más allá de la reconstrucción de los datos macroeconómicos. 

Los últimos resultados señalan que la recuperación de las tasas de crecimiento solo está sirviendo para que el umbral de pobreza deje de aumentar, incluso para que descienda levemente, pero que tardará mucho en alcanzar (si es que un nuevo empeoramiento de la actividad económica no se lo impide) los niveles anteriores a la crisis. 

La situación habría sido sin duda mucho más dura sin la política redistributiva del Estado, que corrige la desigualdad en el reparto de la renta que realiza el proceso productivo; gracias a ella, el umbral de pobreza se reduce nueve puntos (del 31 al 22%), según consideremos los ingresos, bien brutos, es decir, tal como se generan en el mercado, o bien netos, después de la actuación fiscal y presupuestaria del Estado. 

 El maltratado Estado del bienestar sirve de paracaídas y ha sido la única tabla de salvación a la que han podido aferrarse muchas familias. 

Comparativamente con otros países europeos, España se encuentra en la media tirando hacia abajo; desde luego el impacto del Estado es menor que en los países nórdicos como Finlandia, Dinamarca (15 puntos) o Suecia (13 puntos) y también menor que en Inglaterra (13 puntos), Bélgica (12 puntos), Francia, Austria y Luxemburgo (11 puntos), Holanda (10 puntos) e incluso sorprendentemente que en Grecia (14 puntos); pero se mantiene a la par de Alemania y es superior que en Portugal y en Italia, con siete y cinco puntos respectivamente. 

Si existe una constante es que en todos los países la política redistributiva de la Hacienda Pública se ha reducido en los últimos años.

La encuesta facilita también información acerca de cómo se distribuye territorialmente la pobreza. A diferencia de la Unión Europea -que por mucho que pregone otra cosa no deja de ser nada más que una unión comercial y financiera-, en España al constituir, hoy por hoy y mal que a algunos les pese, una unión política, el umbral de pobreza de cada Comunidad Autónoma se calcula con referencia al ingreso neto nacional, de manera que en este caso el índice sí expresa la distribución real de la pobreza.

 Frente a una tasa nacional del 22,1%, las “regiones explotadas”, Navarra, País Vasco y Cataluña, poseen las tasas de pobreza más reducidas (9,8; 10,9 y 13,9%, respectivamente); mientras que las “regiones explotadoras”, Andalucía, Murcia, Extremadura y Castilla-La Mancha, (35,7; 31,8; 29,0; 28,5%, respectivamente), arrojan las más elevadas del país. 

Y eso después de la acción redistributiva del Estado, de la que están ausentes País Vasco y Navarra, y que tanto incomoda e irrita al nacionalismo catalán que quiere la independencia gritando que España les roba. Lo más indignante es que muchos de los que se declaran de izquierda caen en esa trampa."          (Juan Francisco Martín Seco, República.com, 02/06/16)

29/12/15

Si los países ricos quisieran ayudar a eliminar la pobreza en los países pobres, lo podrían hacer fácilmente, ayudando a redistribuir la enorme concentración de la riqueza que existe en aquellos países

"El otorgamiento del mal llamado Premio Nobel de Economía (mal llamado pues no lo otorga la Fundación Nobel, sino un banco) al profesor escocés de la Universidad de Princeton, el Sr. Angus Deaton, debido a su trabajo sobre la pobreza mundial, se ha considerado (correctamente) como un indicador de la preocupación que un gran número de organismos internacionales están expresando sobre el crecimiento de la pobreza en el mundo, y su alivio de que, según la opinión optimista del Sr. Deaton, tal realidad es reversible, siendo posible que, incluso dentro del ordenamiento capitalista actual de los sistemas económicos vigentes en la mayoría de países donde se concentra la pobreza, esta puede eliminarse. 

Según el nuevo Premio Nobel de Economía, se necesitaría una transferencia de fondos –relativamente menor- de los países ricos a los países pobres, junto con cambios en estos últimos, con mayor número de campañas educativas dedicadas a su población, lo que sería suficiente para que millones de personas dejaran de ser pobres. 

En realidad, el Sr. Deaton considera que el aumento de la escolarización ha sido el mayor motor de progreso a lo largo de los siglos, y la mayor causa de la reducción de la pobreza y del mejoramiento del bienestar de la población. 

Un indicador de ello ha sido el aumento de la longevidad (años de vida que una persona vivirá), que él atribuye al crecimiento de la población que tiene educación, lo cual, según el Sr. Deaton, permite a los pobres conseguir lo que se llama el capital humano, que les permitiría salir de la pobreza y ascender en la escala social.

Esta visión y entendimiento de la pobreza es ampliamente aceptada en un gran número de instituciones internacionales (que incluyen el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, así como una gran parte de ONGs e instituciones gubernamentales y partidos políticos de sensibilidad conservadora y liberal -sin excluir partidos políticos de tradición socioliberal, como es el caso de varios partidos socialdemócratas europeos, incluyendo, por cierto, el PSOE-). En todas estas instancias, aumentar el gasto educativo se considera condición sine qua non para eliminar la pobreza.

¿Cuál es el problema con esta definición de pobreza?

Esta visión de la pobreza, sin embargo, tiene varios problemas. Uno es definir pobreza en función del número de recursos que el individuo tiene. Este nivel de recursos se consideró por mucho tiempo que era de un poco más de un dólar al día, y que ahora ha subido a 1,9 dólares al día.

 Por cierto, hay que aclarar que lo que se presenta como un dólar al día no es, en realidad, un dólar al día. Para muchísimos países de un bajo nivel de riqueza, el hecho de que una persona tenga un dólar al día se consideraría que tal cantidad es más que respetable para poder vivir sin ser pobre. 

Ahora bien, cuando el Banco Mundial habla de un dólar al día no quiere decir que la persona tenga a su alcance un dólar estadounidense, sino que tiene la cantidad de moneda existente en el país donde vive el pobre que este necesita para poder comprar los mismos productos que se pueden comprar en EEUU con un dólar. 

Si en EEUU con un dólar se puede comprar una barra de pan, pues el dólar por día en la India quiere decir la cantidad de moneda india, la rupia, que se necesita para comprar una barra de pan. Esta cantidad, como he dicho antes, ha ido aumentando, pasando de 1,25 dólares al día (1.200 millones de personas, de los cuales un tercio, 400 millones son niños) a casi 2 dólares.

¿Está descendiendo la pobreza en el mundo?

En base en este criterio, se asume que el número de pobres está disminuyendo, pues hay menos gente cada año que está en esta categoría. Pero se ignora frecuentemente que ello se debe al gran crecimiento económico de India y China, que juntos suponen algo más de un tercio de la población mundial. 

Pero en esta nota optimista se olvida que en otras partes del mundo, como en África, hay más personas que viven en extrema pobreza ahora que hace 30 años (no solo en números absolutos, sino también en términos proporcionales).

El mayor problema, sin embargo, en esta definición de pobreza, es la manera como se conceptualiza la pobreza, la cual se define como mera ausencia de recursos. Según esta conceptualización, el problema de la pobreza es la falta de recursos por parte del individuo que es pobre. 

Esta definición parece razonable, pero contiene un gran error, pues se centra única y exclusivamente en los recursos que la persona tiene, sin tener en cuenta los recursos existentes en la colectividad a la cual pertenece y de los cuales la persona se beneficia. El valor de subsistencia de un dólar por día para una persona es muy distinto en una sociedad que tenga sanidad pública, por ejemplo, que en una sociedad en que el individuo que tenga que pagar para acceder al sistema sanitario. 

El contexto en el que vive la persona es de especial importancia para saber qué recursos tiene una persona, pues a los recursos privados (el dólar por día) hay que añadir los recursos públicos. Ni Angus Deaton ni el Banco Mundial toman en cuenta los recursos públicos que pueden condicionar que un individuo teniendo los mismos recursos privados pueda o no ser pobre, dependiendo de otros recursos de carácter público existentes en su sociedad. 

La definición de pobreza que ellos dan da excesiva importancia a los recursos privados, excluyendo los públicos, fijándose solo en la cantidad de recursos que el individuo puede comprar con el dinero que tiene. Esta visión privatizadora y mercantil de la pobreza es una visión sesgada que dificulta la comprensión de la pobreza.

La pobreza es un concepto relacional

Pero a este error hay que sumarle otro, consecuencia también de centrarse en el individuo sin analizar su relación con los otros individuos en la misma colectividad. Dos personas con el mismo número de recursos monetarios pero viviendo en dos países distintos pueden catalogarse como pobres en una sociedad y dejar de serlo en la otra. Que se definan como pobres o no depende de la cantidad de dinero que el individuo tenga en relación con los demás individuos en aquella colectividad. 

En otras palabras, la pobreza es un concepto relacional. En realidad, si todas las personas del mundo fueran pobres, no habría pobreza en el mundo, pues al no haber otras personas con otros niveles de recursos, la persona no se sentiría ni sería pobre. La pobreza, pues, depende del contexto en el que vive la persona definida como pobre. Veamos los datos.

Una persona pobre en el barrio pobre del Bronx en Nueva York, EEUU, tiene más recursos físicos y monetarios (televisión, dólares, coche, móvil, mayor espacio de vivienda, transferencias públicas de tipo asistencial, etc.) que una persona de clase media en Ghana (África). Si el mundo fuera una sociedad, el pobre del Bronx, Nueva York, EEUU, pertenecería a la clase media mundial, y la persona de clase media de Ghana pertenecería a la clase pobre mundial.

 Y, sin embargo (y esto es de una enorme importancia), utilizando incluso el mismo indicador que utiliza Deaton (la esperanza de vida –longevidad- para definir progreso) nos encontramos con la situación paradójica de que el pobre a nivel mundial (la persona de clase media de Ghana) vive 15 años más que la persona de clase media a nivel mundial (el pobre del Bronx). 

Parece paradójico que el que tiene más recursos (la persona del Bronx) y es menos pobre a nivel mundial, tenga menos años de vida que el otro (el africano de clase media) que tiene menos recursos. Y es ahí donde fallan las teorías de Deaton y de la mayoría del establishment antipobreza, que cree que pobreza es un problema individual de falta de recursos que además se puede resolver a base de educación.

La pobreza no es un concepto absoluto, sino relativo

La pobreza no es un concepto absoluto, sino relativo. Que seas pobre o no y que se te defina como que seas pobre o no, depende de dónde estés ubicado en la estructura social de un país. No se puede tomar al individuo fuera del contexto económico, político y social donde vive. 

Y ello nos lleva a la raíz del problema que no es la falta de recursos sino la manera como están distribuidos. La distribución de los recursos a nivel nacional, así como a nivel internacional es el tema fundamental que la sabiduría convencional sobre la pobreza reproducida por el Banco Mundial y el Sr Deaton no toca.

Una persona pobre del Bronx en EEUU está en el fondo de la sociedad, una sociedad profundamente desigual y enormemente polarizada en la que existe poco apoyo colectivo (el Estado del Bienestar en EEUU es muy deficiente, como lo muestra que el 48% de pacientes con enfermedades terminales -es decir, que se están muriendo- estén angustiados por saber cómo pagarán –ellos o sus familias- sus facturas médicas).

 Es más, este pobre del Bronx está enormemente frustrado, pues la distancia social y económica de él o ella con el promedio de la sociedad estadounidense es enorme, con lo cual se ve abrumado y con pocas posibilidades de salir del fondo del pozo, lo cual crea una gran frustración y patología, responsable de su menor longevidad. 

La persona de clase media en Ghana, por el contrario, no está por debajo, sino por encima del promedio de la sociedad en la que vive, y por lo tanto, no tiene esta frustración y alienación frente al resto de la sociedad como resultado de la ausencia de una distancia difícil de corregir, algo que sí le ocurre al pobre del Bronx.

Es ahí donde el énfasis en transferir rentas a los pobres para resolver la pobreza es insuficiente. Es conocido entre los expertos en política social que gran parte de las medidas antipobreza que están basadas en la transferencia de fondos públicos de carácter asistencial tienen escasa eficacia en resolver dicha pobreza. 

Toda la evidencia existente muestra que tales transferencias públicas a las poblaciones pobres, aun cuando necesarias para aliviar la pobreza, son ineficaces para resolver esta en un país. Un tanto parecido ocurre con el énfasis en la educación como medida para salir de la pobreza. Son medidas necesarias, pero insuficientes. Lo que se requiere para eliminar la pobreza son medidas públicas altamente redistributivas, que reduzcan las distancias económicas, financieras, políticas, mediáticas y sociales, que son las causas de la pobreza. La evidencia es abrumadora en este sentido. 

A mayor desigualdad en un país, mayor es su pobreza. De ahí que lo que se requiere para eliminar la pobreza es la redistribución de los recursos en un país, encaminada a reducir las desigualdades, el tema que es precisamente tabú de los organismos internacionales.

De lo dicho hasta ahora, se debe concluir que enviar dinero de los países ricos a los pobres no ayuda a disminuir la pobreza, a no ser que estos recursos se dedicaran a medidas redistributivas, que raramente tienen lugar. 

En realidad, si los países ricos quisieran ayudar a eliminar la pobreza en los países pobres, lo podrían hacer fácilmente, ayudando a redistribuir la enorme concentración de la riqueza que existe en aquellos países. 

Que no lo hagan es porque muy frecuentemente son los mayores aliados de aquellas estructuras de poder que controlan y se benefician de la concentración de la riqueza en dichos países. 

El lector entenderá también porque las tesis expuestas en mi artículo no tienen la visibilidad que tienen las del Sr. Deaton o del Banco Mundial, pues las primeras, con su énfasis en la redistribución, amenazan a los grupos de mayor riqueza en un país que tiene gran influencia, cuando no control, de los mayores medios de información y persuasión del país. Así de claro."                

(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 3 de noviembre de 2015, en www.vnavarro.org, 03/11/15)

28/2/14

Un 28% de quienes reciben ayudas para comer tienen algún tipo de estudios, lo que solo le ocurría al 7% en 1980

"La mayoría de las personas que actualmente reciben “food stamps” (ayudas para comer a personas con bajos ingresos) en Estados Unidos están en edad de trabajar (tienen entre 18- y 60 años), a diferencia de lo que ocurría en 1980, cuando la mayoría eran jóvenes o personas mayores.

Hoy día, 1 de cada 7 estadounidenses recibe recibe food stamps y entre ellos hay cada vez más personas con empleo pero con ingresos tan bajos que no les llegan para comer. Es significativo, además, que un 28% de quienes las reciben tienen algún tipo de estudios, lo que solo le ocurría al 7% en 1980. (Fuente: Hope Yen. The new face of food stamps: working-age americans)"                        ( Juan torres López, 09/02/2014)

24/6/13

El igualitarismo ya no es lo que era

"Según un estudio de la OCDE, Suecia ya no es el paladín mundial del igualitarismo: los ricos son cada vez más ricos y los pobres más numerosos, aunque sean menos pobres que antiguamente. Se trata de una evolución sorprendente, aunque no necesariamente negativa, destaca Göteborgs-Posten.

La noticia cayó como una bomba [el 14 de mayo pasado en Suecia]: las desigualdades aumentan en el país y a un ritmo muy rápido. La duplicación del número de pobres en los últimos decenios en Suecia ha hecho correr ríos de tinta. 

Estas noticias han salido de un informe que acaba de publicar la OCDE sobre las diferencias de ingresos en los 34 países miembros de la organización. Pero este documento no tiene en cuenta la degradación del nivel de vida de los ciudadanos.

Al contrario. A largo plazo, en todos los estratos de la población han mejorado las condiciones de vida. Pero algunos han salido más favorecidos que otros y esto se traduce en un incremento de las desigualdades. 

Sobre todo entre los que trabajan y los que no ejercen ninguna actividad profesional. El resultado es que Suecia ha descendido de la posición número uno a la 14 en la clasificación de los países más igualitarios.
Pero no hay por qué conmoverse.

 El objetivo de varias de las reformas fiscales aplicadas en los últimos tiempos era precisamente recompensar el trabajo. La diferencia de ingresos que había entre los trabajadores de la parte inferior de la escala salarial y las personas que no ejercían ninguna actividad profesional era poco notable y eso planteaba un problema.

Esa situación no era justa. Era necesario aplicar medidas de estimulación para instar a los ciudadanos a salir del regazo del Estado y satisfacer sus necesidades por sí mismos. Aunque entren en juego toda una serie de variables en las elecciones de las personas, no debe subestimarse el parámetro financiero. 

Cuanto más se incite a trabajar a la gente, mejor. Después de todo, las contribuciones de la población activa son las que nos permiten vivir a todos. Por ello, los cambios que señala la OCDE son sustancialmente un signo positivo.

Como es natural, podríamos objetar que es inaceptable que el número de pobres esté aumentando. Y efectivamente, es algo inaceptable si entendemos por pobres unos ciudadanos que no tienen qué comer ni un techo bajo el que cobijarse. O incluso si se trata de personas cuyo nivel de vida dista mucho del nivel medio en Suecia.

 Pero en este caso, no es este tipo de pobreza, es decir, la pobreza absoluta, lo que mide la OCDE, sino la pobreza relativa. Una noción que no es sino un ejercicio contable. La pobreza relativa no tiene en cuenta la calidad de vida de la gente, sino sencillamente las diferencias en los ingresos. Por lo tanto, en un mundo de multimillonarios, a los millonarios se les clasificaría entre los pobres.

Ningún sueco vive mal

Otro concepto de moda es el de "privación material". Según la definición, un pobre es aquel que, por ejemplo, no posee una lavadora, ni un coche, ni tiene los medios para marcharse de vacaciones al extranjero. Ni que decir tiene que este concepto de pobreza es un tanto irrisorio.

No debemos olvidar que, a pesar de todo, Suecia sigue siendo un país igualitario. Los únicos que se desmarcan son un grupo muy restringido de personas con grandes fortunas. Por lo demás, el umbral mínimo es relativamente elevado. Y en definitiva es lo que importa. En otras palabras, lo fundamental no es que todos los suecos viven igual de bien. Sino que ninguno vive mal."        (Presseurop, 24 mayo 2013, Göteborgs-Posten Göteborg)