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15/12/20

Falleció Alejandro Sabella, maestro del fútbol... llevó al Estudiantes a jugar la final del Mundial de Clubes contra el Barcelona de Messi y Pep Guardiola, uno de los mejores equipos de la historia. Nunca David estuvo tan cerca de derrotar a Goliat

 "Cada vez que habla frente a un micrófono, Sabella mira hacia abajo. Ni a las cámaras, ni a los ojos de un eventual periodista, ni hacia los costados. Sabella mira hacia abajo, piensa cada palabra, arma ideas, fundamenta decisiones tácticas. 

Con su muerte, el fútbol argentino pierde a uno de los mejores directores técnicos de los últimos treinta años; pero también pierde a una persona comprometida con las injusticias diarias, pierde a un propagandista de la solidaridad y la ayuda mutua. Era consciente del eco de sus declaraciones, y se hacía cargo de eso. Sabía que cada minuto frente a un micrófono implicaba que miles de pibes detuvieran lo que estaban haciendo para escuchar lo que decía el Profesor. Sabella hablaba y la pelota paraba de rodar.

Alejandro Sabella murió a los 66 años producto de una insuficiencia cardíaca. Había sido internado el mismo día en que falleció Diego Maradona, y es inevitable pensar que esa noticia pudo haber sido la estocada final a un estado de salud deteriorado desde finales del 2014. Lo cierto es que en diez días fallecieron el ídolo máximo del fútbol argentino y la persona que mejor lo supo interpretar en las últimas décadas. Sabella fue el responsable de devolverle la ilusión a un país entero, después de cuatro mundiales con actuaciones para el olvido.

Fiel alumno y mejor profesor de la Escuela de Estudiantes de La Plata, sabía que para que un país pueda soñar nuevamente con salir campeón del mundo había que estudiar, había que trabajar. Y eso hizo, incansablemente, en cada uno de los partidos que dirigió. Así sacó campeón a Estudiantes de la Copa Libertadores 2009. Así fue a jugar la final del Mundial de Clubes contra el Barcelona de Messi y Pep Guardiola, uno de los mejores equipos de la historia. Nunca David estuvo tan cerca de derrotar a Goliat.

Sabella solía contar que dividía la charla técnica en tres momentos: primero: estrategia del juego y táctica a utilizar (acá puede verse la explicación que hace a un conjunto de periodistas sobre cómo diseñó ese juego). Segundo, utilización de la pelota parada y sus diferentes usos. Tercero: palabras motivacionales, encuentro místico con el equipo. Decía, también, que después de esa charla se sentía liberado. Reconocía que le costaba, que lo desgastaba. Eran horas y horas de trabajo y estudio en la semana, que debían sintetizarse en 15 minutos para luego ponerse a prueba dentro de la cancha.

La parsimonia que lo caracterizaba fuera del campo del juego se suspendía cada vez que el árbitro pitaba anunciando el comienzo del partido. Movedizo, charlatán, comentando cada jugada con Gugnali y Camino, sus históricos ayudantes de campo. Todo el desgaste era necesario para conseguir lo que iba a buscar: el triunfo.

Sabella diseñaba estrategias para ganar, y si eso implicaba realizar un esquema capaz de escandalizar a toda la prensa, lo iba a hacer. Y si realizar algún cambio generaba rispideces con los referentes del plantel, lo iba a hacer. Y si poner una línea de 5 defensores contra Bosnia Herzegovina en la fase de grupos del Mundial iba a generar que un país entero lo cuestione, ¿adivinen qué? Lo iba a hacer.

Porque el fútbol no es una ciencia exacta, y necesita de conductores capaces de tener la mayor flexibilidad táctica, organizadores colectivos que no se dejen presionar por la prensa canalla. El análisis concreto de la situación concreta, llevó a Sabella a lograr interpretar cada partido con una precisión exquisita. Después se podía ganar o perder, pero terminaba siendo una eventualidad. El principal legado futbolístico de Sabella es trabajar y estudiar cada partido, cada rival; hacer autocrítica; cambiar todo lo que deba ser cambiado de una fecha a otra.

***

Alejandro Sabella es de esos tipos que cerraban la grieta. Es muy difícil no quererlo. Incluso todos aquellos periodistas que operaron día y noche en su contra durante la previa y las primeras semanas del Mundial, tuvieron que tragarse una a una sus palabras. No encontraban en Sabella un personaje con ánimo de polemizar, no era un buen invitado para el talk-show futbolístico. Era un tipo de silencios, laburo y acción. Y así también era en su vida privada.

Casado con Silvina, una militante barrial de Tolosa (localidad de la ciudad de La Plata), construyeron una pareja sensible y militante contra las desigualdades históricas de nuestro país. Su casa no solo dispuso siempre de un plato de comida para quien lo necesitara, sino que también funcionó como un refugio para los vecinos que en el año 2013 sufrieron la peor inundación en la historia de la ciudad.

En sus pocas apariciones televisivas, en sus participaciones en eventos sociales, siempre buscaba el momento para intentar transmitir su plexo de valores y principios, principalmente dirigido hacia los jóvenes:

  • Ningún jugador vale más que todo el equipo.
  • Para ser mejor profesional, hay que ser mejor persona.
  • No hay entrenador sin comunidad.
  • Hay que poner el bien común por encima del individuo.

Alejandro Sabella es el nombre de la gloria para dos generaciones enteras de hinchas de Estudiantes de La Plata; es el nombre de la recuperación de la ilusión con la Selección para millones de argentinos y argentinas; Alejandro Sabella nos convidó el fútbol como vehículo para pensar otras formas de construir los vínculos en el deporte, como una posibilidad para construir comunidad. Acá hay una Escuela que no lo va a olvidar."                    (Ignacio Saffarano, JACOBIN América Latina, 10/12/20)

30/5/16

Así es el cerebro del futbolista

 Gareth Bale celebra la Champions que ganó el Real Madrid al Atlético el pasado 24 de mayo de 2014, en Lisboa. AP

"Lejos de ser algo tan simple como dar patadas a un balón hasta que éste se cuela en la portería, el fútbol es una compleja actividad humana en la que participa todo el cerebro. A la hora de moverse en el terreno de juego, lo más importante del futbolista es su corteza motora, una región del cerebro situada en el lóbulo frontal, su porción más anterior. 

Los millones de neuronas que contiene esa región se organizan en diferentes zonas con funciones sucesivas y subordinadas, una para planificar los movimientos que requiere cada jugada, otra para organizar las secuencias correctas de los mismos y otra finalmente para hacer llegar a los músculos las órdenes necesarias para ejecutar esos movimientos.

 El cerebelo, otra importante parte del cerebro situada en su parte posterior, ayuda a que los movimientos a realizar por el futbolista estén bien coordinados y sean precisos.

Pero la corteza motora no planifica los movimientos a ciegas, pues se basa para ello en las cortezas posteriores del cerebro, la parietal, la occipital y la temporal, que permanentemente le envían información sobre el estado del cuerpo y sus miembros, y sobre la visión y los sonidos del terreno de juego, los demás futbolistas, el entrenador y el público. 

Esa información permite a la corteza motora corregir permanentemente los movimientos del futbolista en cada jugada cuando estos son erróneos o poco certeros. Además, la corteza motora no decide por su cuenta los movimientos a realizar, pues para ello recibe continuamente instrucciones de la corteza prefrontal, la parte más evolucionada y anterior del cerebro humano, encargada de dirigir el pensamiento, resolver conflictos, tomar decisiones y planificar el futuro. Es en esta otra parte del cerebro donde el jugador decide la jugada a realizar y prevé las siguientes.

En general, cuando aprendemos un hábito o actividad motora, es la corteza cerebral quien más trabaja, pero cuando hemos practicado mucho y dominamos ese tipo de comportamiento la corteza cerebral deja de ser imprescindible y toman el control de la situación otros circuitos de neuronas que se encuentran bajo ella, en el interior del cerebro. 

Son los llamados ganglios basales: el pálido, el putamen, el caudado, la sustancia negra, además del cerebelo, que sigue siendo importante. Es por eso que cuando una misma jugada o regate se ha hecho muchas veces deja de ser una conducta dirigida por el pensamiento y la voluntad y pasa a ser una conducta refleja u automática, controlada por esos núcleos y estructuras subcorticales.

 ¿Qué hace de un individuo un buen futbolista?

En la calidad de un jugador intervienen muchos factores, algunos innatos y otros adquiridos con la experiencia. La herencia biológica puede proporcionar a un jugador facultades perceptivas y de ejecución motora que le permitan coordinar sus movimientos mejor que lo hacen otros. Esas mismas cualidades mejoran también con la práctica.

 También es posible que algunos jugadores tengan más capacidad que otros para mejorar con la práctica sus habilidades innatas. Ni que decir tiene por otro lado, que en la calidad de un jugador interviene también la inteligencia general del mismo, y sus inteligencias práctica, creativa y emocional, basadas todas ellas en factores tanto heredados como aprendidos.

La inteligencia de todo tipo puede hacer que algunos jugadores sean más capaces que otros para intuir la mejor jugada a realizar o para averiguar las intenciones del contrario, en cada situación del juego. Todo ello sin olvidar la motivación que tenga el jugador por el fútbol y el éxito en el mismo, lo que a su vez está muy condicionado por sus experiencias y su educación tempranas. Los genios del fútbol, como los de otras profesiones, resultan siempre de predisposiciones genéticamente heredadas que el ambiente adecuado y una práctica intensiva acaban desarrollando.

¿Qué factores afectan al rendimiento?

Aparte del indiscutible estado físico, la ejecución y el rendimiento en el fútbol requieren un determinado estado cerebral. Muy poca activación es malo y mucha activación también. Lo ideal es un estado intermedio de activación emocional, ni pocos ni demasiados nervios. El público interviene siempre modificando el estado emocional del futbolista. Nada de público o de ánimos es malo. Excesiva presión también. Pero todo eso depende mucho de cada jugador, de su propia reactividad emocional y de su personalidad.

Algunos jugadores se desmoralizarán por un gol en contra y eso disminuirá su rendimiento. Otros, con más inteligencia emocional, pueden utilizar el fracaso para reanimarse analizando enseguida las causas del mismo y las maneras de cambiar el comportamiento inmediato para obtener mejores resultados.

 El estado de ánimo, además, se contagia mucho y es muy importante para el éxito. Cuando ves a los demás preocupados intuyes que hay razones para ello, al igual que si los ves contentos. Sin olvidar tampoco la motivación añadida que pueden causar las primas y el percibir o imaginar las consecuencias futuras de una victoria o una derrota.


Asegurado un buen estado físico y suficiente motivación para ganar, lo más importante para la victoria es la percepción que los jugadores tienen de su rival. Cuando éste se percibe cómo invencible o muy difícil de vencer disminuye considerablemente su rendimiento. Cuando el rival se percibe como inferior, igual o superable el rendimiento se incrementa. 

Todo aquello, incluyendo los ánimos de la afición, que contribuya a que los jugadores sientan que pueden ganar es psicológicamente muy importante. En definitiva, una percepción positiva de la situación mejora la motivación de los jugadores y proporciona activación a sus cerebros para rendir más. Todo esto por lo que se refiere al cerebro del jugador. Otro día podríamos hablar también del cerebro de los seguidores y aficionados."                (Ignacio Morgado Bernal, El País, 27/05/16)

22/9/11

"¿Pero cómo es eso de ver el aro como una piscina? En esos momentos ves el aro más grande de lo normal"

"-Antes del Europeo le pregunté en otra entrevista concedida a La Voz por su estado físico, porque parecía óptimo, seguramente el mejor en muchos años. Al final, se ha demostrado que efectivamente llegaba a un nivel altísimo. 

-Me he encontrado genial tanto mental como físicamente y eso ha hecho que me salieran las cosas como quería. Me encontré muy bien durante toda la preparación y durante el torneo, pero los tres últimos partidos han sido la guinda. La verdad, es muy difícil de repetir, porque estar tan acertado es complicado.

-El aro parecía una piscina. En la semifinal y en la final consigue varias canastas casi imposibles de ver en la alta competición. 

-Son cosas que salen en un momento de calentura máxima, cuando se está on fire. También es cierto que todos los compañeros lo vieron, confiaron en mí y me pasaron la bola en todo momento. Yo eso lo percibía y me encontraba más suelto en la pista.

-Ya, ya, ¿pero cómo es eso de ver el aro como una piscina? 

-En esos momentos ves el aro más grande de lo normal. En esos tres partidos metí muchos tiros de cuatro y cinco metros que durante la temporada no había practicado demasiado, pero todo me salía bien porque me encontraba con mucha confianza."                         (La Voz de Galicia, 21/09/2011)