Mostrando entradas con la etiqueta t. Racismo doctrinal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta t. Racismo doctrinal. Mostrar todas las entradas

27/10/23

Churchill fue un racista y un colonialista que llegó a proponer el eslogan “Mantener Inglaterra blanca”... Ese racismo era un sentimiento compartido por la clase dominante de su tiempo

 "Tariq Ali (Lahore, Pakistán, 1943) es uno de los grandes pensadores de la izquierda del siglo XX y de lo que llevamos de XXI. Historiador, periodista, escritor, cineasta y activista, (...) Ahora suma, también con Alianza Editorial en España, Winston Churchill: sus tiempos, sus crímenes, un análisis histórico de quien fue dos veces primer ministro de Gran Bretaña. Nos atiende por videoconferencia desde su casa en Londres, rodeado de mesas y sillas atestadas de libros y papeles.(...)

En los últimos años, se han estrenado numerosas películas y series de televisión que retratan a Winston Churchill como un demócrata ejemplar y un estadista al que prácticamente le debemos la derrota de los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Al mismo tiempo, cada vez más activistas han realizado protestas para denunciar el racismo del líder británico que, incluso, llegó a proponer el eslogan Keep England White (“Mantener Inglaterra blanca”, en español). ¿De dónde bebía ese racismo genético del que habla usted en su ensayo? 

La pasión de Churchill era ser militar, pero como no triunfó en el campo de batalla se dedicó a su segunda opción, la política. Procedía de una familia poderosa y de tradición castrense. Antes de ser primer ministro, Churchill trabajó en varios gobiernos y su prioridad fue siempre defender el Imperio Británico, lo que instrumentalizó para ascender en su carrera. Ese racismo era un sentimiento compartido por la clase dominante de su tiempo, que no pensaba en el punto de vista de los países ocupados, de las personas que habían sido torturadas y asesinadas.  

Pero todo el culto del que goza en la actualidad Churchill es bastante reciente. Mientras estaba vivo, recibía numerosas críticas y se publicaron libros sobre lo que realmente era, un líder político muy derechista. Claro que hizo algunas cosas útiles durante la Segunda Guerra Mundial, pero por aquel entonces estaba claro que la habían ganado quienes fueron al campo de batalla y, sobre todo, el Ejército Rojo, que aplastó a los nazis en Stalingrado y que había librado las batallas más determinantes en territorio de la Unión Soviética. Finalmente, hay que sumar el espaldarazo de la ayuda militar de Estados Unidos.

Churchill también se dedicó con ahínco a destruir a las organizaciones obreras en Inglaterra.

Era la política del Partido conservador. Los sindicalistas y socialistas estaban muy orgullosos de su imperio, y esa contradicción fue la que les debilitó. El imperio británico y el colonialismo infectó a grandes sectores de la población. De hecho, cuando los movimientos obreros atacaron a los políticos, defendieron a la monarquía, que desempeña un papel político muy importante, no es apolítica en absoluto. Lenin dijo que las grandes debilidades de Churchill eran que no era demócrata y que dependía demasiado de la monarquía y del Ejército, sus dos instituciones predilectas. Fue una evaluación muy precisa. 

En el libro, explica que Churchill apoyó siempre a Franco porque consideraba que era lo mejor para el Imperio Británico y porque prefería el fascismo a los judíos y a los comunistas. ¿Cómo fue la relación entre ambos?

 Todo comenzó con la Revolución rusa de 1917. Churchill temía que si se extendía y triunfaba en Europa y en el resto del mundo, sería el fin de los británicos. Por eso siempre apoyó a los bandos de la derecha para impedirlo. En este sentido, Franco era perfecto porque había acabado con un gobierno electo de socialistas, comunistas y anarquistas, de los que Churchill siempre defendió que había que deshacerse. De hecho, declaró que de haber sido español habría luchado con los franquistas y en el caso de haber sido italiano, con Mussolini. Fue muy sincero sobre su orientación política. La tragedia no fueron sus palabras, sino las consecuencias de sus políticas. Imagínese qué habría pasado si tras la Segunda Guerra Mundial Franco y la Falange hubiesen sido expulsados y se hubieran celebrado elecciones democráticas. Estoy seguro de que se habría restaurado un gobierno republicano y habría sido una España muy diferente. 

Churchill era una figura profundamente reaccionaria y tuvo mucha responsabilidad de que la dictadura franquista durase tanto. Su influencia también supuso una verdadera tragedia para otras zonas de Europa. De hecho, aunque le dijo a De Gaulle y a otros líderes europeos que apoyaba la unión del continente, también aclaró que si había un enfrentamiento con Estados Unidos, siempre estaría del lado de estos últimos. (...)"              (Entrevista a Tariq Alí, Patricia Simón, La Marea, 26/10/23)

31/3/23

La huella nazi en los primeros pasos del franquismo

 "El mismo día en que las tropas germanas invadían Polonia, Adolf Hitler firmaba uno de los pocos documentos que le involucraría directamente en el primer proceso de exterminio dirigido por el Tercer Reich hacia un colectivo por razones puramente raciales. La carta, dirigida a su médico personal, Karl Brandt, y al jefe de la Cancillería del Reich, Philipp Bouhler, abrió la puerta durante los siguientes dos años al asesinato de miles de enfermos mentales de todos los asilos y centros psiquiátricos diseminados por Alemania y Austria.

Esta orden que incriminaría a gran parte del colectivo científico alemán formado por médicos, enfermeras, personal sanitario y químicos, con la colaboración de las administraciones municipales, llevaba el nombre en clave de “Aktion T4″. A finales de agosto de 1941, Hitler tuvo que suspender temporalmente el programa debido a las protestas de las iglesias católicas y protestantes, encabezadas por el cardenal Von Galen, y a las sospechas de los familiares de los pacientes, que comenzaron a desconfiar de las justificaciones y explicaciones ofrecidas en los certificados de defunción.

Si bien en España se desconocía el exterminio de aquellos pacientes en las cámaras de gas instaladas en centros operacionales como Hartheim o Grafeneck, no era nuevo, en cambio, el caluroso debate que había originado en 1933 entre la comunidad científica española la legislación nacionalsocialista que implantó la obligatoriedad de esterilizar las lebensunwertes leben (vidas inútiles). Durante la Segunda Guerra Mundial, y a diferencia de la intromisión propagandística en los ámbitos político, económico, social o cultural, la bibliografía sobre la cuestión racial en términos biológicos y genéticos tal y como se planteaba en el ideario nacionalsocialista no tuvo tanta ascendencia en la España ultraconservadora de los años cuarenta. Cabe destacar, aun así, el volumen Du und das Leben del futuro premio Nobel en 1973 y descubridor del lenguaje de las abejas Karl von Frisch, que llegaría a España en 1942 —escasos meses después, por tanto, de la cancelación de la Aktion T4— de la mano de la Editorial Labor con el título en español Tú y la vida. Una biología moderna para todos.

“La degeneración de la raza”

En este libro destacaban, por encima de todo, aquellas páginas en las que el etólogo austriaco y profesor de la Universidad de Múnich achacaba la degeneración de la raza humana a la protección excesiva que se hacía de los deficientes mentales, mientras que “la parte sana y valiosa del pueblo” limitaba su descendencia. De ahí que tomara partido por una política eugenésica del tipo genetista (potenciación de matrimonios racialmente puros, prohibición de la mezcla racial, obligatoriedad de la esterilización...) —que no conductista como la defendida por Vallejo-Nágera a través de los consejos prematrimoniales, que Von Frisch consideraba insuficientes para “evitar el mal”—.

Desde la Ley para la Protección de la Salud Hereditaria y las Leyes de Núremberg, estas medidas estaban protegiendo a la raza humana (aria) frente al paciente enfermo, que era una carga y una amenaza para la sociedad. Al final (recordemos que el libro fue publicado en su primera edición en 1936), su autor vaticinaba, con un lenguaje eufemístico similar al documento que el Führer firmaría tres años después, el cumplimiento de las “muertes dignas” de la Aktion T4: “Si el hombre intenta alguna vez llevar a cabo la supresión de los incapaces, debe emplear para ello, naturalmente, métodos de humanidad”.

Aquella frase retumbó en los oídos de las altas jerarquías eclesiásticas españolas, que censuraron el libro de Karl von Frisch no tan solo por hacer apología de la esterilización y de la eutanasia, sino también porque defendía la teoría darwinista del origen del hombre. Y es que la injerencia religiosa de la Iglesia sobre asuntos (pseudo)científicos no se distanciaba tampoco del influjo que, por otra parte, ejercía el ideario nacionalcatólico en la obra de personalidades como Antonio Vallejo- Nágera. La coyuntura internacional, con un Tercer Reich en la cúspide de sus conquistas, continuó manteniendo la llama del análisis y la formulación del concepto de raza, con el nazismo como referente, entre la intelectualidad española y, muy especialmente, entre sus más prominentes científicos, médicos y psiquiatras. En este último aspecto, tanto Vallejo-Nágera como Misael Bañuelos, que habían mantenido diferentes posiciones a la hora de pensar en la regeneración de la decadente raza hispana en Política racial del Nuevo Estado y Problemas de mi tiempo y de mi Patria, respectivamente, volvían a verse confrontados a través de los ensayos que publicaron a principios de la década de 1940.

Las teorías biotipológicas de Ernst Kretschmer

En la producción de Vallejo-Nágera de estos años hay que destacar el volumen Niños y jóvenes anormales.

Siguiendo la estela de sus libros publicados durante la Guerra Civil, el psiquiatra palentino continuaba abordando una de sus principales líneas de investigación: la degeneración racial. Como señalaba en la introducción, su objetivo consistía en estudiar la biopsicología de individuos “anormales” para indagar en métodos educativos que corrigieran desde la más tierna infancia sus defectos. Esto comprendía los casos de “deficiencia intelectual juvenil”, excluyendo “los grados profundos de idiotez e imbecibilidad” que resultaban “ineducables”. En comparación con la cúpula científica nazi que durante la publicación del libro estaba asesinando sin distinción a todos aquellos “oligofrénicos”, “niños imbéciles”, “débiles inestables”, “débiles pasivos” o “débiles activos” que eran susceptibles, según el autor, de “escolaridad” en centros especiales, Vallejo-Nágera volvía a rechazar la preeminencia del cuerpo (léase rasse en términos nacionalsocialistas) por encima del alma, puesto que en la personalidad y enfermedades mentales de un individuo influían diferentes fuerzas ambientales: climatológica, familiar, escolar, religiosa, económica, estética, social, política, etc. Abogaba, en cambio, por una simbiosis entre lo somático y lo espiritual que le llevaría a exponer y a defender las teorías biotipológicas de Ernst Kretschmer —quien llegó a colaborar con el régimen nazi a pesar de sus protestas iniciales en 1933—, en las que se establecía una conexión entre la figura corporal y las enfermedades psicológicas.

Aunque Vallejo-Nágera, como pedagogo y psiquiatra, buscó en los tres “biotipos” de Kretschmer una determinada orientación pedagógica para solventar la educación de los “niños y jóvenes anormales”, aquellas clasificaciones genéticas o biotipológicas quedaron tergiversadas por el contexto del Tercer Reich al que solo le importaba llevar a cabo una biopolítica racial que justificara el exterminio de deficientes mentales, gitanos, eslavos o judíos. Lejos de postulados educativos, pedagógicos, espirituales o religiosos se situaba, por el contrario, su partenaire en cuestiones eugenésicas, el doctor Misael Bañuelos. Con su obra más importante de los años cuarenta (Antropología actual de los españoles), Bañuelos aportaba a la bibliografía española uno de los pocos volúmenes sobre estudios raciales en consonancia con la política racista del Tercer Reich y con todos aquellos pioneros e inspiradores de la rassenkunde (ciencia racial) nazi como el conde de Gobineau, Houston Stewart Chamberlain, Alfred Rosenberg, Georges Vacher de Lapouge o Hans F. K. Günther. Emulando a este último antropólogo en Rassenkunde des deutschen Volkes (Ciencia racial del pueblo alemán, 1922) y su tesis de que los rasgos físicos de una raza correspondían a un carácter y temperamento específicos, Bañuelos se dedicaba a analizar todas las clases de razas que convivían en España. Destacaba el componente nórdico —pondrá como modelo histórico a Cervantes—, cuyos rasgos biotipológicos coincidirían, tanto en su belleza física como en la superioridad crítica e intelectual, con los de la mayoría de los “dominadores, señores y conductores de todos los pueblos del mundo culto”.

Bañuelos se apuntaba sin miramientos a la teoría rosenberguiana de que el esplendor o la decadencia de las naciones e imperios dependían de la cantidad de sangre nórdica que tuvieran sus dirigentes. Esta se encontraba especialmente entre la nobleza de Castilla, responsable directa de episodios de la historia de España de fuerte germanización como la presencia de los visigodos, el espíritu de la Reconquista o la colonización de América. Sin embargo, este elemento nórdico había ido disminuyendo desde la época de los Austrias, repercutiendo en el ámbito moral e intelectual de la vida nacional, hasta el punto en que podía observarse como en la España contemporánea prevalecía el componente racial preasiático, judío y oriental. Lo que no podía ocultar aquel volumen, que bebía desordenadamente del Ortega de España invertebrada o, especialmente, del último José Antonio de Germánicos contra bereberes, era su deplorable contenido racista: un racismo sin veladuras para afirmar no solo que la mezcla racial iba en perjuicio de la pureza aria, sino también para reiterar la obligación que tenían los países de proteger a los individuos mejor dotados a partir de una legislación como la alemana. Podemos concluir que, al igual que la ideología nacionalsocialista, su interpretación biológica de la raza no sería el único elemento que le distanciaría del catolicismo antirracista de Vallejo-Nágera. Misael Bañuelos dudaba, a la postre, de la eugenesia conductista promovida por su colega, porque decía estar seguro de la escasa influencia sobre las razas del “medio ambiente, nutrición, condiciones climáticas, género de vida y profesión”.                (Marco da Costa , El País, 29/03/23)

28/2/23

Las mujeres españolas que certificaron su “pureza aria” para casarse con nazis

 "A finales de los años treinta, las autoridades de Mallorca exigían pureza sanguínea a las interesadas en contraer matrimonio, una práctica de la que no se ha hallado constancia en el resto de Balears ni en otras regiones del Estado.

“Deseando demostrar que pertenezco a la raza Aria y no Hebraica, suplico a V.S. que se sirva expedirme un certificado en el que conste dicho concepto”. El 19 de enero de 1939, Margarita Horrach, vecina de Palma, se dirigía por escrito al auditor de guerra y entonces alcalde, Mateo Zaforteza Musoles, para acreditar que no tenía ascendencia judía. Como ella, al menos otras 45 mujeres, acompañadas por varios testigos, hacían lo propio ante los máximos responsables municipales. En plena vigencia de las leyes raciales y antisemitas de Núremberg –que preconizaban la superioridad de la raza aria–, las mujeres de Mallorca debían obtener un certificado de pureza sanguínea si querían contraer matrimonio con militares italianos y alemanes, una práctica de la que no se ha hallado constancia en el resto de Balears como tampoco en otras regiones españolas.

Ocultos en el hueco de una pared de la Secretaría General del Ajuntament de Palma, bajo una espesa nube de polvo y salpicados por excrementos de paloma, los expedientes de limpieza de sangre fueron hallados en 1998 por el historiador y entonces archivero Pedro de Montaner. Su mujer, la también historiadora Magdalena de Quiroga, decidió entonces documentar los casos e investigar qué fue lo que sucedió. A su juicio, que los papeles se encontrasen escondidos tras otros legajos es “una muestra clara de querer hacerlos invisibles”, como expone en el libro que, más de veinte años después del hallazgo, ha publicado bajo el título Expedientes de limpieza de sangre en Mallorca entre 1938 y 1940, recientemente editado por Llibres Ramon Llull.

“Al defenderme del judío, lucho por la obra del Supremo Creador”, dejó escrito Adolf Hitler en sus memorias, Mein Kampf (Mi lucha). Era 1935. El 15 de septiembre de ese año, la Alemania nazi daba luz verde a la Leyes de Ciudadanía del Reich y para la Protección de la Sangre y el Honor Alemanes, el cuerpo legal que legitimaba la persecución de los judíos en el país germano. Entre otros preceptos, las nuevas normas prohibían los matrimonios mixtos entre 'arios' y judíos y decretaban que los ya existentes debían disolverse. Centenares de parejas fueron convocadas por la Gestapo entre 1942 y 1943 para ser examinadas y detenidas provisionalmente. Varias semanas después, la mayoría de ellas serían deportadas a los campos de concentración de Auschwitz. 

 El espíritu de las Leyes de Núremberg no tardó en extenderse por Europa, llevando a países como Francia, Italia y Suecia a promulgar sus propias normas raciales. “Bastaba con que uno de los progenitores fuera de raza hebraica para que todo el peso de la ley cayera sobre la familia y los hijos o que perdiera la patria potestad sobre ellos”, subraya Quiroga respecto al país transalpino, que en 1938 daba luz verde a su Provvedimenti per la difesa della razza italiana. En la misma línea, Francia prohibió los matrimonios mixtos. Y Suecia fue mucho más allá. Como investigó Anders Largert –y recoge la historiadora mallorquina en su libro–, el país nórdico exigió a todo aquel que quisiera casarse con ciudadanos alemanes una “declaración de honor” que demostrase que ninguno de sus abuelos fuera descendiente de judíos e incluso, durante más de cuarenta años –hasta 1996–, llegó a esterilizar a 230.000 personas por razones de “higiene social y racial”.

Salvo en Mallorca, no hay expedientes similares en España

La investigadora señala que, en el caso de España, salvo en Mallorca, se desconoce la existencia de expedientes similares. “O desaparecieron o no se llegaron a elaborar”, recalca. Quiroga asevera que no hay que perder de vista la situación en la que se hallaban en la isla las familias oficialmente consideradas de ascendencia judía, que difería del resto del país en general y de Menorca y Eivissa en particular. Y es que las conversiones masivas llevadas a cabo durante los siglos XIV y XV habían prácticamente borrado el recuerdo de los antiguos apellidos judíos.

Sin embargo, en Mallorca, el hecho de que en el desaparecido convento de Santo Domingo fuesen expuestos públicamente los nombres de los condenados en los actos de fe del último tercio del siglo XVII –solo en 1679, ante una multitud expectante, se celebraron cinco actos de fe en los que fueron sentenciados 221 conversos– perpetuó su memoria.

La principal particularidad que unía a todos ellos eran 15 apellidos (Aguiló, Bonnín, Cortés, Forteza, Fuster, Martí, Miró, Picó, Piña, Pomar, Segura, Tarongí, Valls, Valentí y Valleriola) que conforman el núcleo del linaje de los 'xuetes', nombre con el que se conoce a los descendientes de una parte de los judíos mallorquines convertidos al cristianismo. Como explica Quiroga, al término del Antiguo Régimen unas 2.000 personas (un 3% de la población de Palma) portaban estos apellidos. Otros aspectos que les caracterizaban eran que prácticamente todos ellos vivían y trabajaban en unas calles muy concretas de la ciudad (en torno al antiguo 'call jueu'), se dedicaban principalmente al comercio o a la joyería y mantenían unas estrictas relaciones endogámicas.

“La perpetuación en el tiempo de algunos de los rasgos más característicos de la apariencia física de los 'xuetes' se explica, precisamente, por la endogamia y las estrechas relaciones de consanguinidad mantenidas entre los distintos grupos y subgrupos de la Gent del Carrer [como se denominaba a este colectivo]”, explica Quiroga. La persecución de los conversos a partir de un auto de fe dictado por las autoridades inquisitoriales en 1673 –que consagró oficialmente a los 'xuetes' como 'grupo judaizante'– creó entre ellos “un espíritu de defensa contra la hostilidad exterior, que se traduciría en actos de socorro mutuo y solidaridad”, añade. Ya a finales del siglo XVIII, Carlos III intentó erradicar, mediante las Reales Cédulas de 1782, 1785 y 1788, la marginación a la que se encontraban sometidos los 'xuetes' anulando todo tipo de diferencias entre estos y el resto de mallorquines.

Sin embargo, el estigma no desapareció por completo y así fue testimoniado a finales de los años treinta, mientras las fuerzas fascistas de Benito Mussolini se asentaban en Mallorca para apoyar la sublevación militar contra la Segunda República y la Alemania nazi embestía imparable Europa. “Hitler insistía en que la contienda española continuase de manera que la presencia italiana en Mallorca pudiera continuar”, subraya Quiroga en su libro, en el que explica cómo, en poco tiempo, la cifra de pilotos y mecánicos procedentes del país transalpino alcanzó el millar.

Los italianos comenzaron a “lucirse” por las calles de Palma

Fue entonces cuando, relata, los italianos comenzaron a “lucirse”, dejándose ver por toda la isla y, sobre todo, en Palma. Su presencia era habitual en el muy transitado paseo del Borne y “las mujeres de todas las edades no ocultaban su entusiasmo por aquellos jóvenes que tan simpáticos se sabía mostrar, y ello exaltaba los celos de los mallorquines, que tenían hacia ellos un sentimiento de rabia”, como dejó plasmado el historiador Josep Massot i Muntaner en su obra La Guerra Civil a Mallorca. ¿Cuál era el problema? La investigadora explica que la política de exterminio de los judíos inspirada por el gobierno alemán encontró “un campo perfectamente cultivado en Mallorca, en donde 'se sabía' que persistía un marcado desprecio hacia los descendientes de los judíos conversos”.

Como detalla Quiroga, conocedores de la existencia del problema 'xueta' y de la posibilidad de identificarlos por sus apellidos, grupos nazis dependientes del gobierno alemán reclamaron a España un censo de los descendientes de los judíos mallorquines para poder deportarlos en su momento a los campos de concentración, como estaban haciendo los de Francia e Italia. Ante tal petición, el entonces Obispo de Mallorca, Josep Miralles, intervino directamente para impedir que se entregasen las listas, en las que figuraban los portadores de los 15 apellidos 'xuetes'. Sin embargo, la presencia de tropas alemanas e italianas en la isla obligaba a los futuros pretendientes alemanes e italianos a demostrar la pureza de sangre de sus prometidas. Fue entonces cuando comenzaron a tramitarse los certificados que acreditasen que las mujeres no tenían ascendencia judía para poder casarse con ellos.

 Los documentos hallados en el Ajuntament de Palma configuran un fondo inédito compuesto por 46 'expedientes sobre no pertenecer a la raza judaica', como subraya la historiadora que ha investigado los casos. Cada uno de los expedientes consta de tres partes: una instancia escrita a mano o a máquina por la interesada o bien por sus padres dirigida al alcalde en la que solicitan un certificado de no pertenencia a la raza judaica o bien de pertenencia a la raza aria –o “Ariana” en algunos casos, por su equivalencia en italiano–. Para ello, se presentaban varios testigos, además del propio juramento. Otra de las partes la constituía el testimonio jurado y firmado de los testigos sobre la limpieza de sangre de la interesada –la limpieza afectaba a los apellidos paternos y maternos–, mientras que por último se expedía el propio certificado en el que se hacía constar que la mujer no pertenecía a la “raza hebraica”.

En el escrito presentado por Margarita H., además de su deseo de demostrar su pureza, también añadía que nunca había pedido limosna mientras que otro de los escritos, el de Francisca Besalduch, finalizaba con un “Dios guarde España y a V.E. muchos años” y un “¡Viva España! – iSaludo a Franco! – ¡Arriba España!”.

En ninguno de los escritos aparecía el nombre de la persona con quien la suplicante deseaba contraer matrimonio y, en varios de los documentos, tampoco se hizo constar para qué se había solicitado. “Es claro que, en el caso concreto de Mallorca, la indicación de no portar los conocidos apellidos de judíos –es decir, los apellidos chuetas– debió considerarse definitiva para probar la limpieza de sangre”, comenta Quiroga, quien considera innegable que los consulados interesados dispusieron de listados de 'xuetes' y que “no les fue extraña la problemática social de la isla”, sostiene.

A juicio de la historiadora, el responsable del archivo municipal de Palma debió de ocultar los expedientes al fondo de una pared del Ajuntament “probablemente por miedo a futuras represalias, o simplemente por vergüenza, en cualquier momento de la dictadura franquista”. “Puede ser, como ha sucedido tantas veces con los perseguidos y las minorías en general, para ocultar la realidad a las generaciones futuras”, sentencia."                      (esther Ballesteros, eldiario.es, 12/10/22)

3/3/22

No sabía mucho de racismo hasta que me mudé a EEUU y lo viví personalmente... Pero al llegar me tocó aprender de manera rápida y agresiva que yo soy una mujer de color. Aunque soy pálida, pertenezco a esa mayoría que son las personas de color (latina)... Me tocó aprender también que el racismo es un sufrimiento colectivo y que lo que le pasa a uno nos afecta a todos... se termina creando un vínculo solidario con todos aquellos que sufren las mismas injusticias... Recuerdo especialmente el día que me echaron de una fiesta por estar hablando español... Vi también cómo trataban a mis amigos. A una le dijeron que era muy negra para ser latina

 "El 17 de julio de 2014, Eric Garner murió asfixiado a manos de un policía. Este hombre negro estaba vendiendo cigarrillos ilegalmente en una de las miles de esquinas de Nueva York. Esto fue razón suficiente para que un policía le inmovilizase hasta matarlo, a pesar de que iba desarmado y gritó varias veces que no podía respirar. 

Exactamente un mes después de la muerte de Garner empecé a estudiar en Ithaca College, una pequeña universidad en el norte del Estado de Nueva York, a cuatro horas de la esquina donde él vendía sus cigarrillos. Nunca pensé que la muerte de ese señor terminaría afectando mi vida en Ithaca, mi relación con el color de mi piel y lo que significa ser latina.

No me malinterpreten, yo siempre he sabido que soy latina y siempre he estado orgullosa de serlo. Lo que no entendía era cómo los latinos nos habíamos convertido en una sola raza y cómo nuestra raza se había reducido a un solo color, cuando hay 20 países en América Latina y cada uno de ellos tiene personas y culturas de todo tipo, de regiones indígenas a descendientes de Europa.

Aclaro que esta no era mi primera vez en Estados Unidos (EE UU). Por cosas de la vida, nací en Nueva York pero me crié entre República Dominicana y Colombia. Asistí a colegios americanos en donde aprendí inglés y español a la vez y había pasado muchos veranos en EE UU.

Pero al llegar me tocó aprender de manera rápida y agresiva que yo soy una mujer de color. Aunque soy pálida, pertenezco a esa mayoría que son las personas de color. Los blancos (europeos y americanos puros) eran del primer mundo, una sociedad organizada y civilizada. El resto de nosotros (latinos, árabes, africanos, asiáticos, indígenas, etc.), entre miles de otras designaciones y culturas, éramos los inferiores. Se lo intentaba explicar a familiares y amigos, pero todos se burlaban de mí por decir semejante cosa.

Me tocó aprender también que el racismo es un sufrimiento colectivo y que lo que le pasa a uno nos afecta a todos. Después de ser agrupados durante tantos años bajo etiquetas coloridas, se termina creando un vínculo solidario con todos aquellos que sufren las mismas injusticias. Quizás por esto mis mejores amigos terminaron siendo un grupo de personas de todas las esquinas del mundo. Todos llegamos sabiendo que existían prejuicios, pero el clima racial que nos esperaba estaba en realidad lleno de hostilidad y tensiones políticas. Mi historia es la suya, igual que la de ellos es mía.

Cuando llegué a Ithaca la discriminación racial se servía en forma de microagresiones. Preguntas ignorantes y estereotípicas que suenan más a insultos que a curiosidad.

- “¿Vendes cocaína?”.

- “¿Por qué no comes comida picante?” “¿Los tacos llevan tal y tal cosa?” (La comida colombiana no es como la mexicana...).

- “¿En Colombia hay internet?”.

- “¿Cómo aprendiste inglés?” (De la misma manera que tú aprendiste francés, estudiando).

Después evolucionó a que me llevasen a fiestas como objeto exótico, presumiendo de que tenían una amiga colombodominicana como si fuera un trofeo. Algunos de los profesores me utilizaban como ejemplo de la movilidad social, sin saber que venía de una posición socioeconómica alta en Colombia y República Dominicana, asumiendo que venía de la pobreza por el hecho de ser latina. Me fui dando cuenta de que a las personas de mi alrededor también les afectaría de dónde vengo: a mi novio y a muchos de mis amigos les preguntaron qué hacían con alguien del Cartel de Cali, como si el dinero colombiano solo viniese de la droga.

Recuerdo especialmente el día que me echaron de una fiesta por estar hablando español. Había entrando en la casa por casualidad, y después de hablarle brevemente a un amigo en español, un insolente con una tremenda borrachera nos echó, diciendo que aquello era América y que había que hablar inglés. Por la tensión política que se vive en mi universidad por las elecciones de 2016 nunca conté nada de aquel encuentro, que pasó en una casa de apasionados seguidores de Donald Trump.

Vi también cómo trataban a mis amigos. A una le dijeron que era muy negra para ser latina. A otra no le creían que estaba enferma y sus profesores la acusaron de vaga (de mano del estereotipo de que los afroamericanos no trabajan). A un amigo de Pakistán un profesor le preguntó medio en broma: "¿Tú no serás terrorista?", como si el tono jocoso lo hiciese menos insultante, y a otro que estaba con unos conocidos le pidieron que dejara de rezar (es musulmán y lo hace cinco veces al día).

Cuantas más cosas nos pasaban, más me sumaba a protestas sobre injusticias raciales. Me dediqué a asistir a clases de política, me puse a buscar información sobre la injusticia racial estadounidense y me decidí a ser periodista en EE UU para contar las historias que los medios silencian (aunque Mic, Vice y Fusion se han convertido en mis mejores amigos).

El día a día de las personas de color en Estados Unidos es muy distinto del de las personas blancas. Desde lo más mínimo, como no ver a representantes de su raza en la televisión, a ser insultados y catalogados como criminales por el color de su piel. Con la muerte de Eric Garner y después la de Michael Brown en la Florida, y con el comienzo de Black Lives Matter, la línea entre ser blanco y de color se volvió aún más visible.

Es triste que el sistema educativo de EE UU no explique por qué en la práctica sigue habiendo segregación racial en el país. Es triste que intenten borrar las injusticias cometidas ante latinos, negros, asiáticos, indígenas, árabes, etc. mientras nos siguen estigmatizando a punta de películas y de una historia mal contada.

Son muchas tristezas, lo sé. Pero de ellas he aprendido a apreciar las diferencias entre las personas y a la vez, a no hacer distinciones. Me he dado cuenta de que todo lo que pasa en el mundo tiene una razón que usualmente no vemos y hay que buscar nuevas perspectivas para rellenar los espacios en blanco de las historias oficiales. He aprendido cómo hacerse escuchar, cómo usar mi voz para el cambio social y cómo impedir que conviertan mi cultura en un simple murmullo."                           ( , El País, 06/08/16)

21/4/21

Pulvar, un ex presentador de noticias negro, que se presenta por los socialistas en las próximas elecciones regionales, dijo: 'los blancos no deberían ser excluidos de los grupos de discusión sobre temas de minorías, pero sin embargo, se les puede pedir que se mantengan callados y sean espectadores silenciosos'

 "Los partidos de izquierda franceses se han desencadenado en una amarga lucha sobre si se debe pedir a los blancos que se callen, o que se les prohíba directamente, durante las reuniones sobre cuestiones de las minorías. 

La controversia estalló después de las revelaciones de que un sindicato de estudiantes de izquierda, llamado UNEF, organiza reuniones que están fuera del alcance de los miembros blancos. Anne Hidalgo, alcaldesa de París y aspirante a presidente socialista, intervino el miércoles después de que una candidata del mismo partido, Audrey Pulvar, no condenara tales reuniones.

 “El campo de la política no es una sesión de terapia, es el dominio de lo universal, donde buscamos la unidad y defendemos nuestros valores laicistas”, dijo Hidalgo en BFMTV. 

 Pulvar, un ex presentador de noticias negro que se postula bajo la bandera socialista en las próximas elecciones regionales, dijo el domingo que los blancos no deberían ser excluidos de los grupos de discusión sobre temas de minorías, pero que “sin embargo, se les puede pedir que se mantengan callados y sean espectadores silenciosos. . 

" Cuando se le preguntó si habría dicho lo mismo, Hidalgo respondió que "obviamente no". El enfrentamiento por los grupos de discusión no blancos ha reavivado un debate en Francia sobre la creciente influencia de las políticas de identidad al estilo estadounidense y cómo desafía las tradiciones políticas existentes en el país.

 Los comentarios de Pulvar indignaron a la extrema derecha y a la derecha, y Valérie Pecresse, rival de Les Républicains de derecha, acusó a Pulvar de promover "un tono" aceptable "de racismo". Pero también provocaron enojo entre la vieja guardia del Partido Socialista, que busca reconstruirse después de una sorprendente derrota en las elecciones de 2017.

 Para muchos de la izquierda, los valores universales de égalité, fraternité, liberté deberían trascender las alianzas religiosas o étnicas, y se necesita más integración y asimilación, no menos, en la lucha por la justicia social. Esta facción no comprende la llegada de la nueva guardia a través de organizaciones como UNEF. 

 Las palabras de Pulvar son "más que torpes, son lamentables, no se corresponden con nuestras ideas comunes, no se debe pedir a nadie que se quede callado", dijo Olivier Faure, líder del Partido Socialista en el canal de televisión francés LCI. “En última instancia, [los grupos de discusión no blancos] conducen a la segregación y eso es algo con lo que no puedo estar de acuerdo”, dijo Richard Yung, un senador socialista. "Deberíamos poder hablar juntos, estar en desacuerdo, incluso oponernos en la misma habitación".

 No es lo que quise decir 

La reacción violenta contra Pulvar fue tal que se sintió obligada a justificar sus declaraciones, sin llegar a disculparse. “Algunos pensaron que le estaba diciendo a la gente que guardara silencio. Eso está mal ”, escribió en Le Monde. “Algunos pensaron que quería excluirlos, eso no es lo que dije ni lo que quise decir. Siempre he sido partidario de hablar, de discutir ”. 

 Chloé Morin, investigadora de la Fundación Jean Jaurès y ex asesora de un gobierno socialista, dijo que esta era la última señal de “un verdadero abismo entre generaciones”. “Y el abismo es cada vez mayor porque lo que era un movimiento ultra-minoritario hace un par de años, está cada vez más presente en el personal de la extrema izquierda y el Partido Verde”, agregó. 

Pulvar encontró más partidarios entre sus rivales en el partido de extrema izquierda France Unbowed y con los Verdes que entre el Partido Socialista que oficialmente la respalda. "Audrey Pulvar no es racista", tuiteó Jean-Luc Mélenchon, el líder de France Unbowed. “Ella entiende lo que es un grupo de discusión. Quienes le atacan están mostrando sus opiniones sexistas y prejuiciosas ".

 La extrema izquierda ve la pretendida defensa de los valores políticos tradicionales como un ataque velado contra las minorías que buscan la emancipación. “Nadie se queja cuando ves reuniones de directorio en las grandes empresas de Francia que son exclusivamente masculinas y totalmente blancas”, dijo Eric Coquerel, diputado de France Unbowed. “No se puede negar a las víctimas del racismo el derecho a decirlo y denunciarlo en nombre del universalismo. El universalismo es una buena idea, pero no es una máquina que borra la discriminación ".

 ¿Una muestra de lo que vendrá? 

La controversia es el último ejemplo de las divisiones internas de la izquierda en un momento crucial. (...)

 El lunes, el líder verde Yannick Jadot pidió a los líderes de izquierda que se unan y discutan un proyecto común de izquierda para luchar contra el presidente Emmanuel Macron, "que no nos protege de la extrema derecha ni del cambio climático". 

 Los principales partidos de izquierda acordaron reunirse y señalaron que podría ser difícil encontrar puntos en común. “El problema de la izquierda es que se sigue disparando en el pie”, dijo el investigador Morin."                      (Clea Caulcutt  , POLITICO, 01/04/ 21; traducción google)

14/4/21

La Universidad de Malmö, en Suecia, se ha convertido en el epicentro de una polémica racial surrealista... por estas imágenes

Las imágenes que desataron la polémica. (cedidas)

 "Si menciono la Universidad de Malmö, en Suecia, tienes todo el derecho del mundo a imaginarte un lugar aburrido en el que nunca pasa nada. Pues bien: este pacífico campus del país más civilizado del mundo se ha convertido en el epicentro de una polémica racial surrealista. El motivo, las imágenes que tienes arriba, que la profesora de sexología Mariah Larsson mostró en una clase sobre estereotipos raciales en Zoom.

Leo en el diario 'Sydsvenskan' una nota, escrita en tono escandalizado, que recoge las palabras de los estudiantes ofendidos y dice que la clase comenzó “con un PowerPoint con caras negras y amarillas. La palabra N también se mencionó en varias ocasiones”, y además se vieron fotos de “hombres negros bien dotados”. Esto último es falso. Como veremos en seguida, también en la apacible Suecia hay 'clickbait' y noticias exageradas para expandir la ofensa. De hecho, como recuerda el escritor Javier Benegas en 'La ideología invisible', Suecia es uno de los países del mundo más marcados por la corrección política y la cultura de la ofensa. 

 Al ser impactados por las imágenes, los estudiantes se dividieron. Unos consideraban que la cosa estaba muy interesante, pero otros, de la militancia 'woke', estallaron con la furia habitual y empezaron a protestar. No eran niños de 18 años recién llegados al mundo, sino estudiantes talludos, de posgrado, algunos de más de 30 años, mujeres blancas en su mayor parte. Para los ofendidos, mostrar caras de gente de otras razas en una clase sobre estereotipos raciales es una provocación. Algo parecido a un ataque racista.

Mientras las primeras diapositivas pasaban por las pantallas de Zoom, la profesora Mariah Larsson se dio cuenta de que el chat se llenaba de comentarios: “Tengo un problema con la representación del racismo”. “Creo que podemos saltarnos la palabra N”. “Cualquiera que quiera incluir imágenes racistas y verlas tal vez pueda buscarlas en Google. Así que las personas con su propia experiencia de racismo no tienen por qué ver estas fotos”, decían estas estudiantes.

 Larsson paró la presentación de diapositivas y trató de seguir la charla, pero la llama estaba prendida. La cosa venía de lejos. Los estudiantes ofendidos llevaban tiempo quejándose de que en su educación no hay suficiente perspectiva poscolonial. Polémicas como esta han azotado las universidades suecas en los últimos años. Para muchos alumnos, el nivel de corrección política no es lo bastante alto en clase, de modo que ocurren cosas como esta, es decir: se les presenta material didáctico que no ha pasado por los filtros necesarios de censura.

La universidad responde

Tras la clase virtual de Larsson, el ambiente de la universidad se enrareció a toda velocidad. Dado que no todos estaban ofendidos, en seguida se formaron dos tribus en guerra. “Ha sido tan tenso que muchos alumnos se sienten inseguros en clase y prefieren quedarse callados que estar expuestos a suspiros, ojos en blanco y ataques personales” dicen en 'Sydsvenskan', que ha dedicado varias noticias a la polémica. “Algunos ya han decidido dejar la educación debido al conflicto”.

Pero entonces ocurrió algo insólito que terminó de enrarecer el ambiente: la universidad, en lugar de plegarse a los deseos de sus estudiantes más ofendidos, se puso de parte de Larsson. En una carta de la dirección a la clase de posgrado, recordaron a los alumnos que “interrumpir o tratar de obstaculizar la enseñanza de los profesores puede ser tema de medidas disciplinarias en la universidad”. Estas palabras se recibieron como una amenaza grave por parte de los ofendidos, que decidieron recurrir a la prensa y las redes sociales.

 La estudiante Josefin Björck dice en otro artículo de 'Sydsvenskan' que aquella carta de la dirección “fue como una puñalada en el estómago. Estaba decepcionada y un poco asustada. Era un tono desagradable y amenazador”. Sin embargo, Maria Hjortsjö, jefa del departamento de Trabajo Social, dice en el mismo medio que la dirección de la facultad se había limitado a recordar a los estudiantes la Ordenanza de Educación Superior.

No importa. Para algunos alumnos, la universidad no está para enseñar desafiando los prejuicios del estudiante, y mucho menos para imponer orden después de una polémica agria para la convivencia, sino para plegarse a sus intuiciones y caprichos sentimentales. La negativa de la institución a tomar medidas exteriorizó, con la ayuda de los estudiantes convertidos en activistas, el conflicto. Anna Tenfält, directora de proyectos del Orgullo LGTB en Malmö, ha amenazado a la universidad con romper la colaboración con la institución si no se toman medidas de inmediato.

“Es muy importante para nosotros que todas las organizaciones con las que trabajamos tengan los mismos valores básicos. En primer lugar, es inaceptable que haya racismo y discriminación durante las conferencias”, ha dicho Tenfält. “Queremos colaborar con la universidad y nos gustaría tenerlos en el World Pride, pero después de todo esto les hemos pedido que apliquen un plan de acción y expliquen cómo pretenden manejar las inquietudes y problemas que existen”.

 Según publica la prensa, varias organizaciones más, además de políticos e investigadores de la Universidad de Malmö y otras, han expresado su apoyo a la protesta estudiantil. Incluido el foro de justicia afrosueco, que calificó de "deplorable" la respuesta de la dirección y exigió que la universidad no solo se disculpe, sino que también elabore un "plan de acción y directrices sobre el racismo y otras formas de opresión". 

 Pero ¿existen esos problemas? Es decir: ¿realmente hay racismo en la Universidad de Malmö? Por desgracia, responder no es sencillo en el siglo XXI. Cuando entran "otras formas de opresión", los hechos no cuentan para nada. Hablamos de un racismo cuántico que solo existe cuando alguien lo siente, independientemente de lo que haya ocurrido. “Algunos alumnos lo perciben, luego hay otros que no lo perciben así. La situación es muy compleja”, expresaba en un artículo la jefa del departamento de Trabajo Social, sin mojarse demasiado.

La profesora toma la palabra

No ocurre todos los días en Suecia que una facultad se ponga de parte de una profesora invitada tras una polémica que implica el racismo. De modo que contacto con Mariah Larsson.

PREGUNTA. ¿Cuál es su opinión general sobre esta polémica?

RESPUESTA. Mi problema es principalmente pedagógico: quiero que mis alumnos se sientan seguros en el aula, y quiero que puedan protestar y expresar preguntas críticas, pero mi trabajo no es ponerlo todo en segundo plano para protegerlos. Es difícil darles los mismos resultados de aprendizaje sin mostrar, por ejemplo, esas imágenes. ¿Cómo puedo enseñar un material visual sin utilizar un material visual?

 P. En la prensa se habla de “hombres negros bien dotados”. ¿Podrías explicar cuáles eran las imágenes?

R. Es falso que hubiera hombres negros bien dotados. Más adelante, había algunas imágenes de tono erótico, pero ni siquiera llegué a mostrarlas, todo se interrumpió antes. Las imágenes eran: un envoltorio de caramelo sueco que cambió su diseño a principios de la década de 2010; el emperador Ming de 'Flash Gordon' (1980) interpretado por el actor Max von Sydow con la cara pintada de amarillo; Fu Manchu interpretado por Henry Brandon; un personaje de un libro infantil sueco llamado Lilla Hjärtat (Corazón Pequeño) que causó revuelo en 2012, y la portada de uno de los libros de Pippi Calzaslargas, de Astrid Lindgren.

P. ¿Dirías que hay un problema de susceptibilidad entre los alumnos?

R. Entre algunos alumnos, no todos. En el plano más amplio, tales conflictos pueden llevar a los profesores a andar de puntillas en temas controvertidos e incluso, en situaciones de enseñanza, a evitarlos por completo. Esto, diría yo, es un gran problema, y puedo remitirle a la declaración de Chicago. [Se refiere a un alarmante documento publicado sobre los casos de censura en los campus estadounidenses].

 P. ¿Los estudiantes hablaron contigo personalmente o simplemente se quejaron en público?

R. Esto sucedió en Zoom. Aproximadamente a los cinco minutos de conferencia, descubrí que habían estado protestando en el chat. Dejé de compartir la pantalla y escuché sus comentarios un rato. Luego intenté dar la conferencia sin el PowerPoint. No salió muy bien, en mi opinión. Después, escribieron un artículo de opinión que se publicó en el periódico y luego, más tarde, fueron entrevistados por un periodista de ese mismo medio, que escribió un artículo muy escandaloso, tergiversando mi PowerPoint y haciendo que mi conferencia pareciera sobre pornografía 'hardcore' racista. No lo es. Concluía con una discusión sobre la pornografía interracial y dos ejemplos de la historia del cine pornográfico, pero la mayor parte trataba sobre la historia del arte, el cine y la historia de las ideas.

P. ¿La universidad finalmente actuará? ¿Te has sentido apoyada por la institución?

R. Sí, me he sentido apoyada. La Universidad de Malmö tomó medidas, respondiendo a los estudiantes que protestaban, y mediante un artículo de opinión más general coescrito por los respectivos rectores de las universidades de Malmö y Lund. Ha habido casos anteriores en Suecia similares al mío, en que la universidad en cuestión no apoyó al profesor. Esta es, creo, la primera vez en Suecia que una universidad toma partido por un profesor o un conferenciante invitado."                (Juan Soto Ivars, El Cofidencial. 01/04/21)

25/3/21

El racismo estructural en Brasil

 "En Brasil se dice que hay un racismo estructural. Esa nación es el modelo de país esclavista en el mundo. Durante por lo menos tres siglos, los trabajadores brasileños fueron millones de negros traídos de África para ser esclavos. Se degradaba así, a la vez, tanto el negro, cuanto el trabajo, considerado actividad menor, desarrollada por negros en calidad de esclavos.

En Senegal se encuentra una isla donde se concentraba a los negros, clasificados entre hombres, mujeres, niños, enfermos, como si fuera una carnicería, antes de que pasaran por una puerta –la puerta del adiós–, cuando tenían su última visión de su país, antes que ingresaran en los navíos negreros para un viaje de mucho tiempo hacia Brasil, en el cual gran parte moriría.

Trabajaban en promedio nueve años, era más fácil y barato traer más esclavos que cuidar de los enfermos. Eran traídos por mercaderes europeos para trabajar como raza inferior, como esclavos, para producir riquezas para los europeos.

Brasil fue el último país de América en terminar con la esclavitud. En otros países del continente, cuando se proclamaba la independencia, se introducía la república, donde, legalmente, todos son iguales frente a la ley y, por tanto, se terminaba con la esclavitud.

Brasil pasó de colonia a monarquía y no a república. El monarca portugués puso la corona en la cabeza de su hijo, diciendo: Mi hijo, pon la corona en tu cabeza, antes de que algún aventurero lo haga. Aventurero era Tiradentes, que había intentado la independencia de Brasil algunos años antes. Aventureros eran San Martín, Bolívar y otros de los próceres de la independencia en otros países latinoamericanos.

A mitad del siglo XIX hubo una ley que legalizó todas las tierras del país. Así, cuando a finales del siglo XIX terminó oficialmente la esclavitud en Brasil, los esclavos se volvieron hombres libres, pero sin tierras. Libres, pero pobres.

La cuestión colonial se engarza así, en Brasil, con otros dos problemas: el racial y el social. Ello da la particularidad a la historia brasileña frente a los países del continente. Ello propició el racismo como fenómeno estructural en Brasil. Por lo menos por tres siglos los negros fueron oficialmente una raza inferior, sin libertad, que trabajaban para los otros, para los blancos.

El fin oficial de la esclavitud no ha terminado con el racismo. Al contrario, se fue la esclavitud, pero dejó el racismo, la discriminación, la segregación, la exclusión social. Los negros son la mayoría de la población brasileña –alrededor de 54 por ciento–. Son, en su gran mayoría, pobres.

Recientemente un juez consideró que las ofensas raciales no debieron caracterizar el racismo. Esto es, las expresiones cotidianas que descalifican a los negros, de las cuales Internet presenta ejemplos abiertos de mujeres u hombres blancos ofendiendo a los negros, no deberían ser calificados de racismo, un crimen inafianzable por la Constitución brasileña.

Cuando es, no solamente en el trato que se da a los negros, sino también en la forma en que son llamados, como son ofendidos, descalificados, que se expresa en Brasil el racismo estructural, cotidiano. Hay un sinnúmero de palabras, de expresiones, de formas de dirigirse despectivamente a ellos, que reitera, refuerza, el racismo profundamente arraigado en la sociedad brasileña.

Es algo constitutivo de Brasil como país. Viene de su historia, de su configuración social. Echa raíces en su práctica cotidiana. La lucha en contra de la desigualdad en Brasil es, ante todo, la lucha en contra del racismo."                     (Emir Sader, El viejo Topo, 24/03/21. Artículo publicado originalmente en La Jornada.)

3/8/20

El racismo está compuesto por un conjunto de prejuicios aprendidos en el medio donde se crece, vistos como naturales; son clichés reafirmados en la interacción debido a que generalmente una situación de desigualdad lo favorece. Por ser tan cotidiano y no existir una reflexión al respecto, el racismo común suele no ser consciente.

"Como siempre, lo que sucede en Estados Unidos repercute estrepitosamente en México. Las manifestaciones desatadas por el asesinato de George Floyd han puesto aquí el problema del racismo bajo los reflectores. 

Si bien la historia en ambas naciones es similar: pueblos originarios vapuleados y poblaciones africanas introducidas como esclavos, la diferencia es que la dimensión social de este asunto es allá mil veces mayor a la que ha tenido en nuestra sociedad, en donde apenas hace una década se habla de ello y aún cuesta mencionar el término —¿será más bien clasismo? todavía se pregunta. 

Además, allá el racismo institucional ha sido puesto en evidencia de manera contundente, como se puede ver, por ejemplo, en el libro de Michelle Alexander, The New Jim Crow, o en The Case for Reparations, un brillante artículo de Ta-Nehisi Coates. La manera como el Estado en sus distintos niveles, tanto federales como estatales —empezando por las de impartición de justicia—, en conjunción con inmobiliarias, bancos y otras instancias privadas han entretejido una malla de segregación que ha mantenido a la población afroamericana en barrios con malos servicios, pésimas escuelas y una policía que la hostiga permanentemente y provoca su encarcelamiento de manera irrefrenable es muestra de cómo funciona el racismo institucional.

 A éste se suma el racismo común, que hace aún más lacerante tal discriminación, con frecuentes episodios de violencia directa por parte de personas y grupos supremacistas; ambos intrincados en una espiral perversa.

El racismo está compuesto por un conjunto de prejuicios aprendidos en el medio donde se crece, vistos como naturales; son clichés reafirmados en la interacción debido a que generalmente una situación de desigualdad lo favorece. Por ser tan cotidiano y no existir una reflexión al respecto, el racismo común suele no ser consciente. 

El institucional opera a otra escala, más sofisticadamente, con prejuicios similares a los del común pero contenidos, cubiertos por un halo de neutralidad, de objetividad —como cuando un grupo técnico presenta una política pública; hereda por tanto modos acuñados por el racismo científico del siglo XIX y de mitad del XX.

 En México el racismo común empieza a ser criticado, se habla de cómo se presenta en distintos ámbitos, desde un edificio de lujo en donde un condómino agrede a un guardia que cuida de la entrada hasta un presidente municipal que dice que las mujeres indígenas huelen mal. El caso más reciente es el reclamo de la esposa del presidente de México al comediante Chumel Torres, invitado por la Conapred a un debate acerca del racismo, pidiéndole una disculpa por haber llamado a su hijo con un epíteto racista.

No obstante, poco reconocemos las facetas del racismo institucional. Si uno se remite al siglo XIX, el auge del racismo, se encontrará con leyes que fomentan la inmigración de población europea blanca emitidas tras largos debates parlamentarios para saber qué tipo de población era mejor, descartando abiertamente la asiática y casi vetando la africana; están las condenas a la propiedad colectiva de las comunidades indígenas seguidas de leyes que promueven la propiedad individual y otorgan los terrenos de éstas a compañías extranjeras “que sí sabrán cómo trabajarlas”, la persecución a la medicina indígena por ser considerada superstición, la denigración de la población indígena —mayoritaria en el país— calificada por médicos como degenerada por su alimentación a base de maíz y otros aspectos de su modo de vida, a la vez que se enaltece a los “indios antiguo de raza pura”, presentados cual griegos o romanos en la pintura de la época. Y aún más.

Después de la Revolución se pretendía que tales ideas desaparecieran y desde el Gobierno se emprende la “redención del indio” para “sacarlo” de la marginación en que fue sometido tanto tiempo. Las políticas impulsadas a partir de entonces para tan noble fin no difieren mucho de las del despiadado régimen porfirista: buscan a como dé lugar la integración y desaparición de las comunidades y sus lenguas, hacer “productivo” su trabajo, incentivar la propiedad individual, llevar semillas mejoradas y tecnología moderna para “sacarlos del atraso” propio de sus modos tradicionales, que dejen atrás su medicina —empirismo dicen ahora—, y en los libros de texto no hallan tampoco un lugar digno; la población de origen africano no existe, apenas se habla de Yanga en un par de páginas en los de historia.

Me ha tocado ver el racismo institucional en acción en distintas comunidades indígenas: el Procede —que pretendía individualizar la propiedad colectiva para tornarla “productiva”—, la coerción de Sedesol para que se abandone la medicina propia, el chantaje de la de Agricultura para que hagan como el técnico dice —aunque éste no tenga idea de ciertos factores locales—, el engaño de la educación intercultural y otras tantas más. La constante es la misma: los indígenas son considerados como atrasados, reacios al cambio, ignorantes y recelosos, una masa impredecible que con gran facilidad se deja manipular por gente de fuera —recordemos los comentarios cuando inició el movimiento zapatista. Siguen siendo vistos como menores de edad, así se les catalogó en la Colonia.

Me parece legítimo que alguien pida disculpas a un comediante que vehicula un racismo naturalizado por la sociedad, pero igualmente legítimo me parecería que el Gobierno ofreciera disculpas a los pueblos indígenas por tratarlos como menores de edad, como atrasados, por considerarlos “inmóviles en el tiempo”, por invocar nuevamente su redención, por querer llevarles tecnologías modernas cuyas consecuencias nefastas son bien conocidas —como las plantaciones de árboles exóticos—, por incluirlos en megaproyectos sin su consentimiento, destinándolos a ser mano de obra barata al servicio de “los inversionistas”, el elemento activo desde esta perspectiva. El tren maya es un clásico en este sentido. Un proyecto basado en una serie de políticas públicas que implican una visión racista de los pueblos mayas, vistos como incapaces de decidir su futuro, en su modo de vivir, su manera de relacionarse con el mundo.

El Gobierno de la 4T ha tenido aciertos indudables, pero en su relación con los pueblos indígenas ha sido tan errático como los anteriores. El solo hecho de no respetar la consulta informada para llevar a cabo un proyecto en sus territorios es ya ultrajante; el trato del mismo presidente en esta relación deja mucho que desear: privilegiar la propiedad individual al proponerles proyectos, poner en manos de empresarios el diseño de las plantaciones y no consultar a los afectados, además de sus ideas sobre los indígenas que afloran en ocasiones, como cuando en Ocosingo en una asamblea dijo a los ahí reunidos que ya era hora de dejar la hamaca y ponerse a trabajar, al más puro estilo finquero o de político liberal del siglo XIX, que es el ideario que más bien parece seguir en su relación y trato para con estos pueblos.

Estoy convencido de que sólo la constancia de la sociedad civil organizada podrá atajar el racismo prevaleciente y la prueba es lo que en este momento acontece en Estados Unidos —décadas de lucha y reflexión— y el efecto que ha tenido en este sentido el movimiento zapatista aquí. Pero si verdaderamente este Gobierno quisiera aportar algo, tendría que emprender un ejercicio de autocrítica al respecto, que fuera incluso atrás en el tiempo: desde reconocer el genocidio de los pueblos Seri y Yaqui perpetrado por el Estado Mexicano, la guerra de exterminio contra los mayas y otras tantas rebeliones injustamente sofocadas en todo el país, pasando por la imagen que se ha mantenido en los libros de texto que glorifican a las civilizaciones prehispánicos a la vez que muestran a sus descendientes como pueblos-en-desaparición, simples “restos”, mero folklore y ahora diversidad cultural por aquello de lo políticamente correcto; y la invisibilización de los pueblos negros —su historia de esclavitud y lucha por la libertad; y las matanzas de chinos y japoneses... hasta llegar al racismo implícito en políticas públicas actuales. Muchos monumentos por derribar."

(César Carrillo Trueba es biólogo y antropólogo de la Facultad de Ciencias de la UNAM. El País, 14/07/20)

29/7/20

Cómo la academia y la política en Estados Unidos llevan siglos alimentando el racismo

"Que los Estados Unidos representa la “tierra de los libres”, donde “todos los hombres son iguales”, es un mito. Esta narrativa no solo elimina o desplaza la historia de las comunidades indígenas, negras, chinas, mexicanas, e inmigrantes, sino que además coloca a los grupos blancos, considerados superiores, sobre otras etnias y razas. 


En 2020, las grandes manifestaciones contra el racismo han comenzado a remover los símbolos de la supremacía blanca. En el Reino Unido, los manifestantes lanzaron al río Avon el monumento de Edward Colston cuya fortuna se atribuye al comercio de esclavos; en Amberes (Bélgica), la estatua del Rey Leopoldo II fue blanco de ataques; y en Nueva Zelanda, fue removida la figura de John Hamilton, conocido por ser artífice de la guerra contra el pueblo Māori. En 1965, Malcolm X auguraba: “Al final, los oprimidos y los opresores se enfrentarán”. 


Así comienza a escribirse una nueva historia


¿Quiénes son los que niegan la historia, el racismo, y la violencia racial? Negar la historia es ocultar la verdad, pero lo que se ha callado volverá a conocerse. La violencia racial se sustenta y expresa a través de un lenguaje racista. Tal como señala el escritor Ralph Ellison, “la forma de segregación más insidiosa y menos comprendida es la de la palabra. Porque si la palabra tiene la potencia de revivir y hacernos libres, también tiene el poder de cegar, encarcelar y destruir”.


La retórica de la supremacía blanca ha existido desde los inicios de Estados Unidos. Surgió en el mundo Atlántico en el siglo XVI. Ibram X. Kendi señala que fueron los españoles (siglo XVI) los primeros en llevar la ideología racial a América del Norte, seguidos, un siglo después, por los ingleses.


En las trece colonias, tanto las tradiciones religiosas como las teorías científicas justificaron la esclavitud. Los colonizadores europeos, explica Ronald Takaki, percibían a los indígenas como bárbaros y salvajes incivilizados, y los asociaban con el demonio. 


Americanos blancos superiores


Durante el período de la Ilustración, el nuevo pensamiento científico incorporó las ideas raciales y propulsó el racismo científico. 


Filósofos como Benjamin Franklin, Carolus Linnaeus, John Locke y Thomas Jefferson creían que los americanos blancos eran superiores a las personas esclavizadas provenientes de África, los negros libres y la población indígena.


A fines del siglo XVIII, las revoluciones atlánticas cuestionan el colonialismo europeo y expanden nuevas ideas políticas, pero solo la revolución haitiana (1791-1804) culmina con el fin de la esclavitud. En Estados Unidos, la constitución fue escrita por hombres blancos para hombres, una carta fundamental que excluyó a las mujeres, los negros y los pueblos originarios. 


Bajo la influencia del darwinismo social, personalidades como Samuel Cartwright reforzaron la creencia de que la raza blanca era superior. 


A comienzos del siglo XIX, el Nordicismo, la idea de que los pueblos nórdicos pertenecían a una raza superior, se expandió. Los textos de Arthur Schopenhauer, filosofo alemán que atribuía a la raza blanca una supremacía cultural, tuvieron gran recepción en Estados Unidos. 


Los contenidos de los cursos de historia no solo omiten la verdad, sino que además sostienen una interpretación racista del pasado que enaltece a los hombres blancos como héroes de la historia.


Si bien la Guerra Civil (1861-1865) terminó con la esclavitud, surgieron grupos terroristas como el Ku Klux Klan que utilizaban la violencia extrema para defender la hegemonía de la supremacía blanca y establecer la segregación racial. Estos grupos aterrorizaban a la población negra.

Separados pero iguales


En 1896, la Corte Suprema, en el famoso caso Plessy v. Ferguson, declaró que la práctica “separados pero iguales” no contradecía la Constitución. 


En los años siguientes, se aprobaron numerosas leyes que segregaron los espacios públicos, también se construyeron monumentos y memoriales. El mito de la causa perdida influyó sobre la memoria colectiva de los estados del sur y se convirtió en la base de una nueva interpretación histórica sobre la Confederación y la Guerra Civil.


En Richmond, Virginia, por ejemplo, un grupo de mujeres blancas creó la Confederate Memorial Literary Society, institución que tenía como solo objetivo construir una narrativa positiva sobre la esclavitud y enaltecer la confederación en la memoria colectiva.


De hecho, durante este período, que se inicia a partir de 1896, los neo-Confederados introdujeron la teoría de los derechos de los estados y “enseñaron que la supremacía blanca era la forma correcta de organizar la sociedad”. 


Expansión de las ideas raciales en el Caribe y el Pacífico


La conmemoración de la Confederación y la conservación del poder de los grupos blancos en los estados del sur ocurrió al mismo tiempo que Estados Unidos expandía su imperio y sus ideas raciales en el Caribe y en Pacífico.


El mundo académico es cómplice de esta historia, y algunas disciplinas han contribuido a sostener ideológicas racistas y a fortalecer “este territorio que niega” la historia. 


La antropología cultural surgió de la mano del racismo científico, mientras que la historiografía, hasta la década de 1970, excluyó la historia de negros, centroamericanos, mexicanos, y otras personas racializadas. 


Durante una reunión de la Sociedad Americana de Archivistas, en 1970, el historiador Howard Zinn señaló que “por mucho tiempo los archivos olvidaron a gran parte de la sociedad y privilegiaron a los ricos y poderosos”.


En los cursos sobre “civilización occidental” no se abarca con profundidad la historia de la violencia racial o cómo surgió el lenguaje racista que la sustenta.


Diana Roberts acusa a académicos como Michael Hill, fundador de la Southern League en 1994, de “convertir la bandera confederada en un fetiche. Y a los confederados en héroes”.

En 2017, el historiador William Scarborough invocó el “patrimonio histórico” para justificar su apoyo a la bandera confederada en Mississippi. Dinesh D’Souza utiliza un lenguaje cargado de connotaciones racistas y, con frecuencia, ataca a historiadores como Kevin Kruse. Académicos como Steven Pinker buscan relativizar la relación que existe entre racismo y ciencia, mientras Martin J. Medhurst, experto en retórica, ha recibido duras críticas de parte de importantes académicos por sus intentos de menoscabar la existencia del racismo estructural. 


En twitter se puede seguir este debate, así como la experiencia de académicas y académicos negros.


Estados Unidos pertenece a los americanos… blancos


A comienzos de junio 2020, Trump defendió el derecho de algunas bases militares a llevar el nombre de generales de la confederación ya que era su derecho a conmemorar el pasado; pero esta actitud solo contribuye a reafirmar que Estados Unidos pertenece a los americanos blancos.


En discursos y editoriales se continúa utilizando la retórica de la supremacía blanca, lo que refuerza la narrativa del racismo y la discriminación y la violencia racial en los Estados Unidos. Este discurso no sólo busca influir en la opinión pública, sino reescribir una historia que minimiza el impacto y el legado de la discriminación racial y la violencia racial. 


En las redes sociales y foros virtuales, políticos, líderes mundiales, y académicos han refinado la retórica racial; sus declaraciones, controvertidas y agresivas, han resonado con amplios sectores de la población.

Después de las elecciones presidenciales de 2016, resurgió un lenguaje racista que no es siempre explícito, pero que busca llegar a las bases políticas de Trump.

Este discurso apela a sus partidarios que van desde los sectores evangélicos hasta grupos racistas violentos, como los Boogaloo Boys. 


El discurso de Trump


Durante su campaña, Trump “se distanció renuentemente” de David Duke, ex lider del Ku Klux Klan y político de Luisiana. En lugares públicos, conferencias de prensa, y en Twitter, Trump ataca a musulmanes, inmigrantes, académicos, religiosos anti-racistas, disidentes y críticos con su administración.


Este discurso racista y anti-inmigratorio no es nuevo. Estados Unidos prohibió el ingreso de musulmanes en la década de 1790 y las leyes de Extranjería y Sedición definieron la composición racial aceptable de los Estados Unidos. 


Los ataques de Trump contra China recuerdan un pasado xenófobo relacionado con la prohibición a la inmigración china en 1882 y la deportación de residentes chinos en 1889.

El acoso se extiende a otras comunidades de inmigrantes. Durante una reunión sobre inmigración en 2018, Trump declaró que no quería que llegaran inmigrantes provenientes “de países de mierda”, como Haití, El Salvador, y países de África.


Trump también ha atacado a los inmigrantes mexicanos, un discurso que resuena en su base de seguidores. Al describir a los inmigrantes mexicanos como “animales”, Trump utiliza la misma ideología racial que Shakespeare usó para describir Calibán en La Tempestad, y que siglos más tarde impulsó la violencia de los ingleses hacia las comunidades indígenas.


Trump se ha destacado por convocar a los nacionalistas blancos y afirmar que Estados Unidos es un país de hombres blancos. Como señaló Roxanne Dunbar-Ortiz, “los nacionalistas blancos no son marginales en el proyecto estadounidense; deben ser entendidos como los descendientes espirituales de los colonos”.

El eslogan Make America Great Again se basa en el deseo de retroceder en el tiempo. Volver al país anterior a la Ley de Derechos Civiles de 1964 y la Ley de Inmigración y Nacionalidad de 1965.

Para las actuales organizaciones de supremacistas blancos y grupos racistas, estas leyes simbolizan el fin de una época. Utilizan conceptos como “genocidio blanco”, “despojo blanco”, y “la gran teoría del reemplazo” para crear miedo y legitimarse. 


También utilizan los mitos de “crímenes de negros contra negros” para validar las ideologías raciales y la idea del Renacimiento estadounidense, que es impulsada por una organización seudo-académica que difunde el mito de la criminalidad negra, el racismo científico y la eugenesia. 


Trump recurre con frecuencia a la frase “ley y orden”. Su forma de criticar a la izquierda, condenar a la prensa, y describir lo Antifa son un fiel reflejo de su visión racista de la historia. Al describir a la prensa como enemiga del pueblo y reprimir a los manifestantes que protestaban en los alrededores de la Casa Blanca, Trump nos recuerda la censura y las tácticas represivas utilizadas por Augusto Pinochet y el presidente brasileño Jair Bolsonaro.


Racismo presidencial


Trump no es el primer político en utilizar un lenguaje racista. Los gobernadores George Wallace (Alabama), Orval Faubus (Alabama) y Ross Barnett (Mississippi) fueron famosos por sus tácticas de amedrentamiento y acoso.


Ronald Reagan criticó la cultura que existía en la Universidad de California en Berkeley. Al igual que Wallace, Reagan jugó con las ansiedades y los temores, y usó un lenguaje racista para describir a los delegados de la ONU de Tanzania: para él eran “monos”.


Cuando Richard Nixon anunció en 1971 una “guerra contra las drogas”, esta se dirigió contra los “hippies” y los negros. En 1981, el estratega republicano Lee Atwater reveló durante una entrevista la estrategia de utilizar un lenguaje específico para atraer a los racistas, una estrategia que había comenzado en 1940 cuando los demócratas dejaron de apoyar la legislación racista.


George Bush padre utilizó la historia de Willie Horton para cuestionar la entrega de permisos de salida a presos. El comportamiento de Trump tampoco es nuevo. Fue acusado de prácticas discriminatorias en la vivienda en 1973 y publicó un anuncio de página completa en apoyo de la pena de muerte tras el arresto de los Central Park Five, un grupo de adolescentes afroamericanos y latinos acusados de golpear y violar a una mujer blanca.

Hoy somos testigos de un importante realineamiento del mundo. En una entrevista reciente con la televisión británica, Angela Davis afirmó que en este momento de la historia somos testigos de un “cuestionamiento global del racismo”. Prestemos atención."          

(La versión original de este artículo fue publicada por el Centro de Investigación Periodística (CIPER) de Chile. Dawn A. Dennis, Historiadora. Experta en raza y etnicidad, The Conversation)