Mostrando entradas con la etiqueta Ecología: despilfarro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ecología: despilfarro. Mostrar todas las entradas

20/7/23

Instant Pot, una popular olla a presión electrónica, que se acogió recientemente a la Ley de Quiebras... ¿qué condenó a la olla instantánea? ¿Cómo ha podido fallar algo tan querido? Es posible que algún día las escuelas de negocios estudien uno de los puntos débiles de Instant Pot, a saber, que estaba demasiado bien hecha. Una vez que usted desembolsó los noventa dólares por la Instant Pot Duo 7 en 1, ya estaba preparado de por vida: no se rompía, no se desgastaba... Piénselo un momento. Con nuestros sistemas actuales de generación de beneficios, que son el principal motor del comportamiento humano en este planeta, fabricar un producto de calidad que dure mucho tiempo en lugar de quedarse rápidamente obsoleto o acabar en un vertedero te llevará a la quiebra... Las empresas funcionan como gigantescos sociópatas devoradores de mundos, porque nuestros modelos actuales permiten a sus dirigentes y abogados lavarse las manos de todas las consecuencias de los daños que infligen sus monstruos en nombre del crecimiento y del deber de maximizar los beneficios de los accionistas

 "Acabo de leer un párrafo inquietante en un artículo del New Yorker sobre la Instant Pot, una popular olla a presión electrónica cuya empresa matriz se acogió recientemente al Capítulo 11 de la Ley de Quiebras:

    "Entonces, ¿qué condenó a la olla instantánea? ¿Cómo ha podido fallar algo tan querido? ¿Es el arco de los artículos de cocina largo pero se inclina hacia la obsolescencia? Es posible que algún día las escuelas de negocios estudien uno de los puntos débiles de Instant Pot, a saber, que estaba demasiado bien hecha. Una vez que usted desembolsó los noventa dólares por la Instant Pot Duo 7 en 1, ya estaba preparado de por vida: no se rompía, no se desgastaba y la empresa no había introducido grandes innovaciones que le hicieran querer subir de nivel. Como cliente, usted era un "uno y ya está", lo que puede hacer que sea un cliente feliz, pero es un infierno para las métricas de rendimiento de beneficios y crecimiento".

Piénselo un momento. Con nuestros sistemas actuales de generación de beneficios, que son el principal motor del comportamiento humano en este planeta, fabricar un producto de calidad que dure mucho tiempo en lugar de quedarse rápidamente obsoleto o acabar en un vertedero te llevará a la quiebra.

Un artículo de The Atlantic sobre la declaración de quiebra ilustraba este punto de forma similar el mes pasado:

   "Desde el punto de vista del consumidor, esto convierte a la olla Instant Pot en un producto de ensueño: Hace lo que dice, y no cuesta mucho o ningún dinero adicional después de la primera compra. No parece que tenga obsolescencia programada, lo que obligaría a sustituirla con regularidad. Pero desde el punto de vista de los propietarios e inversores que tratan de maximizar el valor, la olla instantánea es un problema. Una empresa no puede ir dando tumbos a perpetuidad, lanzando nuevos productos según el ritmo real de sus buenas ideas y, por lo demás, fabricando y vendiendo unas pocas versiones de un aparato duradero y querido y de sus accesorios, actualizados cada pocos años con nuevas características. Una empresa necesita crecer".

Esto dice cosas tan díscolas sobre por qué nuestro planeta se enfrenta a las crisis existenciales a las que se enfrenta ahora. Las empresas morirán si no crecen continuamente, y no pueden crecer sin cosas como la obsolescencia programada incorporada o las compras adicionales continuas, que en una sociedad sana se considerarían simplemente como una artesanía de mala calidad. Toda nuestra civilización está impulsada por la búsqueda de beneficios, y para seguir obteniendo grandes beneficios tu empresa necesita crecer continuamente, y tu empresa no puede crecer continuamente a menos que estés fabricando un producto de mierda que necesita ser reemplazado o complementado continuamente, y no puedes fabricar esos reemplazos y suplementos sin cosecharlos de la carne de un mundo moribundo.

 Como el escritor Robert Moor observó recientemente en Twitter: "El hecho de que Instant Pot ya se esté enmarcando como un cuento con moraleja corporativa -la empresa que quebró porque hicieron un producto tan duradero y versátil que sus clientes tenían poca necesidad de comprar otro- en lugar de como una crítica al capitalismo es profunda, profundamente deprimente".

Es realmente desgarrador pensar en todas las formas en que el potencial humano está siendo privado y restringido por estas ridículas limitaciones que hemos puesto en la forma en que operamos como colectivo. La asignación de recursos en función de su rentabilidad frena la innovación tecnológica, porque el modelo más rentable siempre pierde frente a otros menos rentables pero más beneficiosos para las personas y el medio ambiente. Alguien podría inventar una máquina de energía libre que dure para siempre y cueste casi nada, y aunque salvaría al mundo, puede estar seguro de que nunca vería la luz del día bajo nuestros sistemas actuales, porque no podría producir beneficios enormes y continuos y destruiría muchos medios actuales de generación de beneficios.

La ciencia debería ser la actividad más colaborativa del mundo; todos los científicos del planeta deberían colaborar y comunicarse. En cambio, debido a nuestros modelos basados en la competencia, es exactamente lo contrario: la exploración científica se divide en innovadores que compiten contra otros innovadores, corporaciones que compiten contra otras corporaciones, naciones que compiten contra otras naciones.

 Si pudiéramos ver lo mucho que estamos perdiendo con estos modelos basados en la competencia, cuánta innovación no se está realizando, cuánta prosperidad humana se está sacrificando, cómo estamos perdiendo casi todo nuestro potencial cerebral con estos modelos, caeríamos de rodillas y gritaríamos de rabia. Si la ciencia hubiera sido un esfuerzo mundial de mente de colmena en plena colaboración, en lugar de estar dividida y volcada contra sí misma para obtener beneficios y poder militar, nuestra civilización estaría inimaginablemente más avanzada de lo que está.

Esto es indudable. Renunciamos al paraíso para enriquecer a unos cuantos bastardos.

Nuestros sistemas basados en la competencia y motivados por el beneficio limitan la innovación científica, y también limitan enormemente el alcance de las soluciones de las que podemos disponer. Existe un vasto espectro de soluciones potenciales a los problemas a los que nos enfrentamos como especie, y nos estamos limitando a una fracción muy pequeña e inferior del mismo. Al limitar las soluciones a las que son rentables, estamos omitiendo las que implican usar menos, consumir menos, dejar los recursos en el suelo y dejar a la naturaleza en paz. También estamos reduciendo el incentivo para curar enfermedades y eliminar problemas en lugar de ofrecer tratamientos y servicios caros y continuos para ellos.

O incluso un proyecto tan fundamental para nuestra supervivencia como eliminar toda la contaminación de nuestros océanos. El afán de lucro no ofrece ninguna solución a este problema porque no hay forma de ganar un excedente de dinero haciéndolo, y de hecho sería muy costoso. Así que la contaminación permanece en nuestros mares, año tras año. Se han inventado muchas soluciones para eliminar la contaminación del mar, pero nunca se aplican a la escala necesaria porque no hay forma de rentabilizarlas. Y la gente idearía muchas más soluciones si supiera que esas soluciones pueden aplicarse.

¿Cuántas veces has tenido una idea genial y te has entusiasmado con ella, para luego hacer cuentas y darte cuenta de que es inviable porque no sería rentable? Es una experiencia muy común, y le ocurre a las ideas para posibles soluciones a nuestros problemas todos los días.

El sistema del ánimo de lucro parte de la premisa ecocida del crecimiento infinito en un mundo finito. Sin eso, todo el sistema se derrumba. Así que no hay soluciones que impliquen no crecer, fabricar menos, consumir menos, no aumentar artificialmente la demanda con publicidad, etc.

Es difícil apreciar la importancia de esta limitación artificial cuando se está dentro de ella y se ha vivido toda la vida bajo sus reglas. Es como si sólo se nos permitiera hacer cosas de madera; si toda nuestra civilización prohibiera todo el espectro de innovaciones no relacionadas con la madera. Seguro que esa civilización sería muy buena fabricando cosas de madera y probablemente tendría algunas innovaciones que nuestra civilización no tiene. Pero también sufriría un gran retraso en su desarrollo. Así de perjudicados estamos con el modelo del afán de lucro en la búsqueda de soluciones viables.

Y algunas soluciones serían realmente geniales ahora mismo. Este planeta acaba de vivir la semana más calurosa de su historia, y el hielo marino de la Antártida está dejando de formarse en lo que para el hemisferio sur es pleno invierno. Incluso si todavía quieres fingir que el calentamiento global no es real, la biosfera de este planeta nos está dando muchas otras señales de colapso inminente, incluyendo la caída en picado de las poblaciones de insectos, la pérdida de dos tercios de la vida silvestre de la Tierra en los últimos 50 años, la extinción de los ecosistemas, la desaparición de los bosques, la rápida pérdida de fertilidad del suelo, las extinciones masivas, y los océanos jadeando en busca de oxígeno y convirtiéndose en desiertos sin vida mientras se forman continentes de plástico en sus aguas. Así que la necesidad de soluciones inmediatas a nuestra crisis medioambiental no es seriamente discutible.

pero no obtenemos soluciones, sino un mundo gobernado por corporaciones a cuyos líderes se les exige que sitúen el crecimiento por encima de cualquier otra preocupación, incluso de si el futuro contendrá un ecosistema en el que las corporaciones puedan existir o una especie humana a la que vender bienes y servicios. Las empresas funcionan como gigantescos sociópatas devoradores de mundos, porque nuestros modelos actuales permiten a sus dirigentes y abogados lavarse las manos de todas las consecuencias de los daños que infligen sus monstruos en nombre del crecimiento y del deber de maximizar los beneficios de los accionistas.

A la gente le preocupa que el mundo sea destruido por máquinas impulsadas por una inteligencia artificial despiadada, pero podríamos acabar destruyéndolo con un tipo de mente artificial que inventamos mucho antes que los microchips: la corporación. Gran parte de la disfunción de la humanidad puede explicarse por el hecho de que las corporaciones (A) prácticamente dirigen el mundo y (B) están obligadas a actuar como sociópatas anteponiendo el beneficio a cualquier otra preocupación.

Mientras el comportamiento humano siga guiado por el beneficio, el ecocidio continuará, porque el ecocidio es rentable.

Mientras el comportamiento humano siga guiado por el beneficio, las guerras continuarán, porque la guerra es rentable.

Mientras el comportamiento humano siga estando impulsado por el beneficio, continuará la explotación, porque la explotación es rentable.

Mientras el comportamiento humano siga impulsado por el beneficio, la corrupción continuará, porque la corrupción es rentable.

No existe ningún modelo "bueno" en el que el comportamiento humano pueda seguir impulsado por el beneficio sin que continúen estos comportamientos destructivos, porque muchos tipos de comportamiento destructivo siempre serán necesariamente rentables. Ningún defensor del capitalismo ha sido capaz de dar una respuesta satisfactoria a esta cuestión.

El llamamiento es, pues, a pasar de sistemas basados en la competencia y el beneficio a sistemas basados en la colaboración para el bien común de todos. Estamos muy lejos de eso, pero se puede recorrer un largo camino en poco tiempo en las condiciones adecuadas. Nuestra especie se encuentra en el momento de adaptarse o morir, y la adaptación que hay que hacer está clara."                  (Caitlin Johnstone, Brave New Europe, 16/07/23; traducción DEEPL)

13/10/21

“No encontrar lo que buscamos en las tiendas será el pan de cada día... La crisis de los microchips no es más que la punta del iceberg de lo que vendrá”... Hemos realizado curvas de extracción de recursos minerales. La conclusión general es que el pico de la mayor parte de los recursos puede llegar antes de que acabe este siglo, y muchos de ellos antes de 2050

 "Alicia Valero (Zaragoza, 1978) es una referencia en el estudio del consumo de recursos. Hace 18 años que lo estudia desde el Centro de Investigación de Recursos y Consumos Energéticos (Instituto CIRCE). Dirige el grupo de investigación de ecología industrial de este centro, y también da clases en varios grados y másteres de la Universidad de Zaragoza. Este año ha publicado Thanatia. Los límites minerales del planeta (Icaria), un libro en formato de entrevista donde divulga la crisis de los materiales junto con su padre, también experto en la cuestión. En la vertiente académica, Valero ha sido más prolífica: 126 publicaciones y numerosos reconocimientos internacionales. Su campo de estudio puede parecer técnico y concreto, pero nos permite entender mejor qué pasa con las Play Stations, en la Seat o en el conflicto afgano.

La fábrica más grande de Cataluña, la Seat, está en un ERTE. El mayor productor de coches del mundo, Toyota, ha anunciado que bajará un 40% su producción mundial de coches este mes de septiembre. ¿Qué está pasando con los microchips? ¿Es una crisis de semanas o va para largo?

Las fábricas de microchips son muy pocas en todo el mundo y están concentradas en Asia. Ha habido una demanda brutal de microchips no solo a causa de la automoción, sino en general de todos los aparatos eléctricos y electrónicos. A ello, se ha sumado el hecho de que algunas fábricas tuvieron que estar paradas por la pandemia, y todo junto ha provocado serios problemas de abastecimiento. El sector está bastante preocupado porque no parece que esto pase rápidamente. En 2022 es seguro que continuarán las paradas, y es posible que se alargue a 2023. Además, hay el problema de que los coches tienen microchips relativamente baratos y sencillos, que solo tienen funciones como subir o bajar una ventanilla. La priorización de los fabricantes es hacia los microchips de mayor valor añadido, como los de los ordenadores. Los automóviles están al final de la lista. Hay algunas circunstancias puntuales relacionadas con la Covid-19 en esta crisis que no conozco bien porque no soy experta, pero no deja de ser la punta del iceberg de lo que vendrá en el futuro.

¿Por qué es la punta del iceberg?

Porque tenemos una demanda creciente exponencialmente y unos recursos del planeta que son los que son. No se puede soportar este crecimiento con los recursos que hay. Si haces cuentas, ves que la población aumenta con una tasa del 1% anual. Y que la depredación de recursos crece más, hasta un 3%. No solo hay más gente, sino que la gente que hay quiere más. En una generación habremos consumido tanto como en toda la historia del ser humano. Está clarísimo que esto estallará de alguna forma. Ya estamos viviendo estas consecuencias; los microchips son solo una muestra. Pero realmente todas las materias primas están sufriendo subidas brutales, porque la demanda sube de manera exponencial y no hay fábricas que sean capaces de dar abastecimiento ni recursos suficientes para proveerlas. Tenemos un problema serio que hay que abordar inmediatamente.

Pero, si no hemos pensado en comprar ningún coche… ¿esto nos puede afectar igual a corto plazo?

Para empezar, la economía de lugares como Martorell se puede ver muy afectada. Yo he visto afectaciones en mi entorno. Hay amigos de mis hijos que quieren una Play Station, y en la tienda no hay. O gente que necesitaba un sofá reclinable y este no llega porque faltaban microchips. No es un problema del sector del automóvil; ahora todo funciona con electrónica.

¿Cuál es tu previsión sobre los recursos que fallarán?

Si haces un análisis de cómo estamos extrayendo los recursos desde el año 1900 y de cuánta materia prima queda disponible para explotar, te das cuenta que, si seguimos a este ritmo, hay bastantes materias primas que tendrán un gran problema de suministro. Sobre todo, si consideras la transición digital y la transición a las energías limpias. Todo esto requerirá una serie de elementos que son escasos en la naturaleza.

Y, si estos materiales van buscados, ¿no se podrán encontrar nuevas minas?

No hay minas operativas suficientes. Y abrir una mina nueva implica, de media, unos 15 años, y muchos problemas ambientales asociados. Nadie quiere una mina cerca. No es tan fácil abrir una mina, como hemos visto en Cáceres. Aunque fuéramos capaces de encontrar nuevos yacimientos, que por supuesto se encontrarán, el problema está en el hecho que sus minerales estarán cada vez más diluidos. Esto es como el petróleo: la rentabilidad será cada vez peor. Es aritmética. Otra cosa es que no quieras ver el problema.

¿Quién no quiere ver el problema?

La Comisión Europea ya está diciendo que hay que apostar por nuevos yacimientos en el territorio porque dependemos de otros países. Pero, cuando he asesorado a comités de la Comisión Europea y explicaba que había que reducir, se me echaban a la yugular. Decían que se trataba de continuar creciendo económicamente. Pero tres más uno son cuatro. Y, si tienes cinco, solo te queda un margen de uno. Y, si sigues creciendo a un ritmo de uno, solo te queda un año. Algo hay que hacer. Ahora la transición energética está planteada para no superar los 2 grados y llegar a cero emisiones en 2050. O se invierte seriamente en minas y en la recuperación de materiales, o no llegaremos a estas cifras.

¿Debemos acostumbrarnos a no encontrar lo que buscamos en las tiendas?

Creo que será más el pan de cada día, sinceramente. Obviamente, todo esto se ha visto agravado por la Covid-19, y, cuando los precios suben mucho, al final vuelve a bajar la demanda y todo se vuelve a canalizar durante algún tiempo. La economía depende de muchísimos factores. Pero lo cierto es que, si existe un factor limitante, este factor es el físico, el de los recursos que hay. Tendremos que asumir que, si no tengo una Play Station, mala suerte y me aguanto, porque sencillamente no hay microchips para ofrecerme esta consola. Personalmente, estoy pendiente de que llegue el uniforme de gimnasia de mis hijos, y me han dicho que hasta enero o febrero no llegará porque los barcos chinos no están llegando. Fíjate que estamos hablando de un textil, ni siquiera de una cosa electrónica. Esto será cada vez más cotidiano; tendremos que volver cada vez más a las raíces de lo local. La globalización actual, además del impacto ambiental de traer unos pantalones desde China, nos hace muy vulnerables. Tarde o temprano —y yo creo que más temprano que tarde— toparemos con estos límites.

¿Qué significa “temprano”?

Hemos realizado curvas de extracción de recursos minerales. La conclusión general es que el pico de la mayor parte de los recursos puede llegar antes de que acabe este siglo, y muchos de ellos antes de 2050. Esto, contando con las reservas minerales que hipotéticamente existen en el planeta y que todavía no hemos detectado, y también con una tecnología futura que podría llegar a extraerlo. Si contamos solo las reservas que conocemos actualmente, los picos se avanzan muchísimo. Aquí el problema es que la demanda está aumentando exponencialmente y no hemos entendido lo que significa el consumo exponencial. No lo tenemos interiorizado; pensamos en lineal. Pero, precisamente cuando llegó la pandemia, experimentamos en primera persona lo que implica una transmisión del virus exponencial. Sin confinamiento, en pocos días nos habríamos infectado todos. Con ritmos diferentes, pero es la misma lógica de lo que estamos haciendo con los materiales.

Volviendo a Seat: ¿esto quiere decir que la promesa de fabricar 500.000 coches eléctricos cada año es inviable?

Yo he trabajado con Seat analizando como diseñar vehículos para evitar estos cuellos de botella. Si la demanda de vehículos y la de energías renovables aumentan de la manera que se prevé en los ‘Acuerdos de París contra el cambio climático’, nos podemos encontrar con límite de suministro de plata, cadmio, cobalto, cromo, cobre, galio, indio, litio, manganeso, níquel, plomo, platino, telurio o zinc antes de 2050. Estos son los elementos necesarios para las baterías de los vehículos, pero también para las energías renovables y en general para toda la electrónica. Tu ordenador también tiene batería; todo compite con todo. Por ahora, no hay baterías suficientes. Yo creo que los fabricantes de vehículos saben que no habrá baterías para todos los coches que esperan. El cobalto, por ejemplo, es muy crítico y está concentrado en muy pocos países.

Si las empresas automovilísticas lo saben… ¿por qué no actúan de una manera diferente?

Los fabricantes están creando acuerdos con los países proveedores para asegurar el suministro de materiales. Renault y Volkswagen ya prevén que las baterías se quedarán en propiedad del fabricante. Esto te da una idea de lo preocupados que están, de lo estratégicas que son las baterías, y de lo escépticos que están los fabricantes respecto a las previsiones que ellos mismos dicen. Lo que no hará un fabricante es lanzar mensajes apocalípticos.

¿Seat os pide que analicéis si tendrán materiales para sus coches?

Sí, nuestro grupo de investigación ha hecho varios proyectos con ellos. Antes de que ocurriera el problema de los microchips, nosotros ya les hicimos un análisis de varios modelos de Seat diciéndoles cuales eran las piezas críticas que tiene el vehículo, y como habría que diseñarlas para mejorar. ¿Sabes cuáles eran las piezas críticas? Justamente la electrónica, los microchips. Esto fue en 2018. Ya les estábamos diciendo que “ojo con estas piezas”, porque dependen de unos materiales muy escasos. Y bien, ya lo ves. Los fabricantes son conscientes de que tienen que repensar la manera de fabricar, y ahora han visto las orejas al lobo con el tema de los microchips.

Y los gobiernos, ¿son conscientes del problema? ¿Cómo está preparado el Estado español en este tema?

No estamos preparados ni mucho menos. Nos hemos hecho vulnerables intentando fabricar de manera más barata en otros países. Si fabrican otros lo que es tuyo, aparentemente tú no tienes los problemas de emisiones contaminantes. Y hemos pensado: ¡que fabriquen los chinos! A corto plazo podía ser una estrategia, pero a la hora de la verdad, si los chinos dicen que no suministrarán chips o tierras raras, aquí se para la economía. No tenemos fábricas, ni materias primas, ni una industria capaz de obtener materias primas de la basura que estamos generando.

Pero hoy en día ya somos dependientes del petróleo y del gas de otros países, y no nos va tan mal.

El problema es que queremos dejar de quemar combustibles fósiles, porque es lo que hay que hacer, pero lo queremos hacer con el mismo ritmo de crecimiento. Los aerogeneradores, los vehículos eléctricos, las placas solares…, todo esto es necesario, y todo esto está basado en materiales que son muy críticos. Pasaremos de ser dependientes del petróleo a ser multidependientes de toda la tabla periódica. Puede haber escasez de litio, puede haber escasez de manganeso, de cobalto… No todos estos elementos están situados en Arabia Saudí.

¿Quién se está preparando mejor?

El litio está en Bolivia, Argentina y Chile. El cobalto, sobre todo en el Congo. Las tierras raras, en China. Pero sobre todo seremos dependientes de China. Ellos tienen o bien los recursos o bien el procesamiento y refinamiento de los recursos de otros países. Y está comprando terrenos ingentes de África y de América Latina que contienen recursos. Son la fábrica del mundo y saben que quien tenga los recursos tendrá el poder. China tiene, desde hace décadas, una política de acaparamiento, o como mínimo de asegurarse el suministro. Los otros países no lo han sabido ver. Nosotros seremos más bien unos espectadores.

Algunos países petroleros, en América Latina y en Oriente Medio, han sufrido inestabilidad política y guerras como consecuencia de la lucha por su petróleo. ¿Puede pasar lo mismo con países que tienen muchos recursos minerales?

Esto ya está ocurriendo en Marruecos. Los conflictos que hay por el Sáhara Occidental no son para apoderarse del desierto. Son porque tienen las mayores reservas de fósforo del planeta. El fósforo es el oro verde, porque es la materia prima de los fertilizantes, y quizás podemos vivir sin microchips pero no sin alimentación. Las plantas necesitan este fósforo. Hoy en día hay mucha menos hambre en el mundo porque hubo una revolución de la agricultura con los fertilizantes. La productividad de los campos aumentó mucho. Pero se han echado tantos fertilizantes en los campos que hay unos problemas de contaminación brutales. Y estamos viendo una desaparición de suelo fértil. O encontramos otra revolución verde en la que no necesitemos estos fertilizantes minerales, o lo tenemos difícil. En el caso de Afganistán, no me atrevería a decir que ha estado determinante porque desconozco el background del país. Pero en 2007 ya era uno de los países estrella en busca de nuevas reservas de elementos como el litio. Si ahora mismo los chinos la tienen a bien con los talibanes es porque hay unas reservas estratégicas que interesan. Obviamente, de trasfondo del conflicto puede haber otros muchos factores, pero por supuesto en Afganistán hay reservas de varias materias que son estratégicas.

Muchos economistas defienden que es posible seguir creciendo sin consumir tantos materiales, porque en una economía digital ya no harán tanta falta, y entonces no habrá que sufrir por la escasez. ¿Cómo lo ves tú?

Precisamente son las tecnologías digitales las que más materias primas escasas necesitan. Esto, para empezar, pero es que, además, la historia nos dice que, cada vez que hemos mejorado la eficiencia de algún equipo, ha ocurrido un efecto rebote. Los coches ahora son más eficientes que nunca, pero utilizamos la mejora para fabricar muchos más coches. Y, al final, lo que tienes es un aumento exponencial de la depredación de los recursos. Hay que buscar la eficiencia, evidentemente; pero, si eso no va acompañado de repensar el modelo de sociedad que tenemos, difícilmente lo cambiaremos. Hay que replanteárselo todo muy seriamente. En el fondo, la pandemia nos ha enseñado mucho sobre esto: lo que hay que hacer es bajar la curva.

¡Una de las apuestas podría ser que todos estos materiales se reciclen!

En el caso de los coches, hemos hecho estudios para ver como se podría hacer un reciclaje mejor. Y, actualmente, todos estos elementos que son críticos los estamos perdiendo. Cuando llevas un vehículo a desguazar, le sacan las ruedas, los fluidos, el catalizador…; esto, con suerte. Los aceros del coche, que son ultraresistentes, se juntan con las chapas de cualquier electrodoméstico, y el acero que queda es de baja calidad, con impurezas. De todo ello, se dice que actualmente se reciclan los vehículos en un 95%, que es a lo que obliga la legislación. Pero en realidad lo que se recicla es un 95% del peso, y los minerales críticos se pierden en el vertedero o quedan diluidos en la mezcla de aluminio. Hoy por hoy, no existen procesos mejores que recuperen estos elementos, los que están en los microchips y que son esenciales. No será fácil, pero hay que entender lo estratégico que es recuperar estos elementos. Ahora mismo estamos parando las fábricas de vehículos de 1.000 kilos porque nos faltan unos microchips que pueden pesar 3 gramos.

Di algún ejemplo de mineral desconocido para el gran público que utilizamos mucho y que echaremos de menos pronto.

El telurio, por ejemplo. Se emplea en los nuevos paneles fotovoltaicos, porque son más finos y eficientes. Pero no hay minas de telurio, porque son elementos que salen del refinamiento de otros elementos mayores, como el cobre. Es decir, que están supeditados a la producción de estos minerales mayores. No abrirás una mina específicamente para el telurio si lo que puedes sacar son unos gramos por tonelada. Con el indio pasa lo mismo: es un material que hace que puedas mover la pantalla del móvil con el dedo. Y es necesario para los LED. Y una sola compañía china suministra una gran parte de este indio.

¿Y las tierras raras? ¿Por qué son importantes?

Se llama tierras raras a un conjunto de 17 elementos de la tabla periódica. Algunas son muy críticas para las energías renovables, como el neodimio y el disprosio. Con estos dos materiales hacen imanes muy fuertes, unos imanes que son necesarios para cualquier motor. Todo motor eléctrico tiene tierras raras: ordenadores, cámaras, vehículos… Cualquier cosa que se mueva lo tiene: incluso un sofá reclinable. Pero no hace falta fijarse en materiales tan concretos para darse cuenta de la gravedad de la situación. El sector de la construcción está temblando por los precios de las materias primas que no son raras. La madera está subiendo muchísimo. El aluminio y el cobre, también. De momento, los promotores están asumiendo esta subida de precios, pero no sé cuánto tiempo aguantarán así. Al final nos lo repercutirán. Todo está relacionado con el consumo exponencial. Por algún lado tiene que explotar.

Si falla alguno de estos materiales, ¿es posible que encontremos alternativas para fabricar a partir de otras cosas?

Siempre se buscan alternativas. Todo es reemplazable. Pero en el sistema de producción actual no lo es, porque todo se basa en el just in time. Si necesito un pedido de microchips, es para mañana. Tenemos que ir hacia un modelo diferente, de stocks más grandes, de más flexibilidad, porque las cadenas de suministros cada vez son más débiles. China ya hizo un embargo de tierras raras en 2010 y los precios subieron de manera brutal. Puede volver a ocurrir que se frene bruscamente la circulación de cualquier de estos materiales, como estamos viendo ahora con los chips.

Si no hay bastante materiales para hacer la transición energética, ¿nos veremos forzados a incumplir los objetivos porque no habrá alternativa a quemar gas y petróleo? ¿Qué podemos hacer para dejar de contaminar sin agotar los materiales?

No creo que sigamos quemando combustibles fósiles al ritmo actual porque, como explica Antonio Turiel, ya hay desinversión por parte de las petroleras. Ya no buscan nuevas reservas. Y se están cerrando las centrales de carbón. Está en la mente de todos que tenemos que ir hacia las energías renovables. Pero hay un problema: la extracción de minerales necesarios para la transición energética es a base de energía fósil. Ahora mismo, la minería ya es el 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Si la demanda aumenta, también lo hará la extracción de minerales. El impacto climático de esta minería en el futuro será mayor. ¿Podremos descarbonizar la economía tal como está pensado? Yo creo que no, porque no se ha tenido en cuenta este factor, y descarbonizar el sector de la minería es muy complicado. Si no nos podemos desarrollar con las renovables, volverá el viejo debate de si alargar la vida de la energía nuclear. Pero esto último ya no es ciencia, sino mi opinión. En todo caso, creo que no nos podremos desarrollar tal como habíamos pensado. Habrá paradas económicas y bajará el PIB. O cambiamos el modelo, o la falta de recursos nos hará cambiar bruscamente el modelo."            (Entrevista a Alicia Valero, Manuel Riu, Rebelión, 12/10/21)

15/7/21

Imagina una distopía en la que 79 millones de personas que tienen problemas para pagar su tratamiento médico conviven con dos tipos que compiten en una multimillonaria batallita de enviar cohetes al espacio

 Masa @masademocrata

 Imagina una distopía en la que 79 millones de personas que tienen problemas para pagar su tratamiento médico conviven con dos tipos que compiten en una multimillonaria batallita de cohetes.

4:43 p. m. · 12 jul. 2021
152 Retweets 3 Tweets citados 414 Me gusta

 "La carrera de los billonarios por conquistar el espacio.

 “Incluso la Vía Láctea parece demasiado pequeña para evitar que los egos de los billonarios colisionen”, señaló irónicamente esta semana una web científica estadounidense sobre el cruce de descalificaciones públicas en que se han enzarzado Elon Musk, el propietario de Space X y Tesla, y Blue Origin, la cabecera de las empresas espaciales de Jeff Bezos, el propietario de Amazon.

Bezos, considerado por la revista Forbes el hombre más rico del mundo, con una fortuna de 193.000 millones de dólares, y Musk, el tercero del ranking con 166.000 millones, libraron esta semana su enésima batalla pública a cuenta de uno de los varios proyectos espaciales en los que compiten: el lanzamiento de satélites en una órbita baja para ­crear una constelación que permita ofrecer internet por satélite en todo el mundo. (...)

 “Esto es más que una simple batalla por el espacio”, reconoció Daniel Ives, analista de Wedbush Securities. “También hay egos en juego y se ha vuelto aún más personal”.  (...)

La rivalidad entre los dos millonarios, sin embargo, tiene unos motivos muy terrenales. Según Wedbush Securities, “Bezos y Musk saben que el ganador de la batalla espacial será coronado en los próximos uno o dos años” y hay un negocio de miles de millones en juego."           (Rosa Salvador , La Vanguardia, 09/05/2021)

6/5/21

Tu móvil debería estar hecho para durar... el gobierno francés comenzó a exigirles a los fabricantes de dispositivos tecnológicos que incluyeran un “indice de reparabilidad”. Los consumidores, equipados con este conocimiento, pueden tomar mejores decisiones en torno a los productos que compran. Si no se venden los dispositivos que no se pueden reparar, los fabricantes cambiarán de rumbo. Cada año, son desechados unos 59 millones de toneladas de viejos televisores, computadoras, monitores, teléfonos inteligentes, lavadoras y otros dispositivos electrónicos

 "Dentro de unos años, ¿qué criaturas digerirán las nuevas iPad y los nuevos AirTags que Apple anunció el martes? ¿Qué suelo absorberá sus metales?

Los dispositivos brillantes de hoy serán la basura de mañana. Mientras le echas un vistazo a esa tableta de remplazo, considera que el año pasado Apple fabricó tantas iPad que, si las hubieran acostado y apilado todas, tendrían una altura de 862 edificios Empire State. Luego piensa que cualquiera de tus iPad antiguas se está pudriendo en algún lugar desconocido en este momento.

 Los fabricantes no hablan mucho sobre esta rotación cuando anuncian las grandes novedades que remplazarán tu antigüedad que sirve casi igual. Todo esto está hecho a propósito. Hay un término para nombrarlo: obsolescencia programada, o diseñar un producto con una vida útil limitada de manera intencional. ¿Alguna vez has intentado reparar tu televisor?

Cada año, Apple, Samsung, Sony y otros fabricantes de aparatos electrónicos con tecnología de punta lanzan olas de nuevos equipos aunque la marea de pantallas y circuitos nos esté sepultando debajo de dispositivos desechados.

 Ahora, hay un movimiento en marcha para cambiar ese enfoque.

Este año, el gobierno francés comenzó a exigirles a los fabricantes de dispositivos tecnológicos que incluyeran un “indice de réparabilité”, un puntaje de reparabilidad, en las páginas de los productos para artículos como el iPhone y la MacBook. Si un dispositivo puede ser reparado, entonces, se le puede extender la vida útil, gracias a lo cual los consumidores ahorrarán dinero y el planeta no tendrá la carga de tantos dispositivos basura. 

Ningún iPhone ni MacBook superó el 7, con el 10 como calificación máxima, por lo tanto la empresa sería “un estudiante mediocre como mucho”, hizo notar el sitio web Grist. A otros fabricantes como Microsoft y Samsung les fue más o menos igual. Los consumidores, equipados con este conocimiento, pueden tomar mejores decisiones en torno a los productos que compran. Si no se venden los dispositivos que no se pueden reparar, los fabricantes cambiarán de rumbo.

 Cada año, son desechados unos 59 millones de toneladas de viejos televisores, computadoras, monitores, teléfonos inteligentes, lavadoras y otros dispositivos electrónicos. Este desperdicio es peligroso. Las baterías explotan en las instalaciones de reciclado. Las sustancias tóxicas como el mercurio se filtran al suelo y las aguas freáticas y se propagan en el aire. Fabricar pantallas planas agrega gases de efecto invernadero a la atmósfera. Necesitamos que las empresas tecnológicas como Apple —tan progresista en tantos campos— encabecen el ataque para resolver este problema. Si no lo hacen, los gobiernos deben obligarlas.

Francia no está interviniendo sola en este desastre. El movimiento también existe en Estados Unidos. Más de una decena de estados están considerando una supuesta legislación a favor del derecho a reparar, una extraña inquietud bipartidista centrada en la idea de que los fabricantes no deberían restringir el acceso a la información ni las partes que les permitirían a los talleres independientes reparar los dispositivos descompuestos.

El 5 de mayo, la asambleísta del estado de Nueva York Patricia Fahy organizará un foro abierto virtual sobre el tema. La entrada está abierta al público. Y se espera que la Comisión Federal de Comercio divulgue un informe, que se ha tardado mucho en publicar, sobre las restricciones de las reparaciones en la tecnología para el consumidor, el cual podría allanar el camino para una iniciativa de mayor envergadura del gobierno del presidente estadounidense, Joe Biden.

La reparabilidad es un camino infalible hacia la longevidad. Los artículos se convierten en desperdicio cuando ya no son útiles. Algunas veces es simplemente la marcha del progreso. En otras ocasiones, es mucho más difícil entender la justificación, como cuando, casi de la noche a la mañana, un altavoz de Sonos ya no tiene acceso a las actualizaciones del software.

Aunque las empresas tecnológicas a menudo hablan de sustentabilidad, muchas cabildean en contra de la legislación para las reparaciones, pues temen que les relaje el control que ejercen y que consumirá sus ganancias. Esto puede producir una especie de disonancia cognitiva.

El informe ambiental anual de Apple, publicado este mes, asegura que la empresa tiene un compromiso con la longevidad y la sustentabilidad de los dispositivos. También habla del lápiz óptico Apple Pencil como si tuviera secretos perdidos en algún fragmento de la piedra de Rosetta. La empresa está “diseñando, desarrollando y probando otras herramientas de desmontado, entre ellas nuevos métodos para recuperar materiales del Apple Pencil”, dice, como si los métodos solo pudieran ser de ingeniería inversa y no pudieran ser integrados desde la primera etapa de diseño.

En pocas palabras, ahí está el problema: la sustentabilidad importa, pero, para estas empresas, parece que un diseño comercializable importa más. Los consumidores son presionados a mejorar sus dispositivos cada año. Más de 1000 millones de teléfonos inteligentes fueron enviados en 2020, y fue un año flojo debido a la pandemia de la COVID-19.

Los fabricantes deben hacer mejor las cosas. Sus dispositivos deben ser reparables para todas las actualizaciones de software y ser compatibles con todas ellas el mayor tiempo posible y no ser obsoletas artificialmente. Los consumidores deberían apoyar la legislación para el derecho a las reparaciones. Compra lo que quieras, ya sea un refrigerador sofisticado o un teléfono inteligente —nadie está cambiando el mundo al tener un año más un iPhone 7—, pero aprende a hacer tres preguntas sencillas cuando compres: “¿Cuánto me durará?”, “¿Cómo lo repararé cuando se descomponga?” y “¿Cómo lo reciclo cuando necesite un dispositivo nuevo?”. Comprométete y arregla tu dispositivo o llévalo a un reciclador de confianza cuando llegue el momento (los empleados en las tiendas de Apple te pueden ayudar con este paso, por ejemplo).

En este mundo, los daños son una certeza. Sin embargo, no podemos dejar las cosas descompuestas: un problema que hayamos creado es un problema que tiene solución."                  (Damon Beres, The New York Times, en español, 29/04/21)

28/7/20

Economía circular: una oportunidad para la recuperación sostenible

"La economía actual, una economía lineal, de usar y tirar, genera una cantidad de residuos asombrosa. Esto implica una pérdida de valor igualmente disparatada. En Europa solo el 12 % de los recursos materiales utilizados provienen del reciclaje y de la recuperación. El 88 % restante se pierde. 


Gobiernos y empresas han empezado a darse cuenta de que este sistema lineal aumenta su exposición a grandes riesgos, por la volatilidad de los precios de los recursos y las posibles interrupciones del suministro. Estos peligros han quedado patentes con la crisis de COVID-19. 


Muestras de esta preocupación política son, por ejemplo, el Plan para la Economía Circular europeo, vigente desde 2015, y la recientemente aprobada Estrategia Española de Economía Circular.


Más allá del deterioro, a veces irreversible, del medioambiente, las consecuencias del modelo lineal son un desafío fundamental para la creación de riqueza global a largo plazo.

Es momento de desbloquear la economía lineal


Nos encontramos bloqueados en un sistema económico que arrastra una poderosa inercia equivocada desde la Revolución Industrial. Entonces se sentaron las bases del modelo lineal, sin por supuesto prever su incompatibilidad con las actuales dinámicas ambientales y demográficas. 


Dentro de su gravedad, el actual frenazo en la economía mundial también puede leerse como una oportunidad para arrancarla de nuevo con una orientación más sostenible. Arreglar una bicicleta en marcha es imposible, pero parece que estaremos en la cuneta durante algún tiempo.


Debemos aprovechar esta oportunidad para dar un paso atrás y plantearnos soluciones alternativas a nuestros problemas y necesidades, para ecoinnovar y rediseñar nuestro modelo equivocado de creación de valor económico, que está demostrando ser insostenible. 


No se trata de hacer menos malo lo que ya hacemos mal, poniendo filtros en nuestros desagües y chimeneas, enterrando nuestros residuos o reciclándolos parcialmente en productos de menor valor. Se trata de hacer las cosas de un modo diferente, que permita compatibilizar la sostenibilidad del crecimiento socioeconómico con la del sistema natural: se trata de transitar con urgencia hacia una economía circular.


La teoría: principios de la economía circular



  • El desperdicio no existe. Los productos deben ser diseñados y optimizados para un continuo ciclo de desensamblado y reutilización al final de su vida útil.
  • La cuidadosa gestión del flujo de materiales. De acuerdo con esta perspectiva, son de dos tipos: por una parte, nutrientes biológicos, diseñados para reincorporarse sin impacto ambiental negativo al ecosistema, contribuyendo de ese modo al crecimiento del capital natural. Por otra parte, nutrientes tecnológicos, diseñados para reincorporarse sin pérdida de valor al sistema industrial, contribuyendo al crecimiento del capital económico.
  • La energía para alimentar este ciclo debe ser renovable. De nuevo para reducir la dependencia de recursos e incrementar la resiliencia del sistema natural y del sistema económico.

Aplicación práctica: ejemplos inspiradores


Cada uno de nosotros, como ciudadanos, podemos contribuir a la economía circular. Por ejemplo, contratando energía verde, comprando productos eficientes energéticamente, comprando alimentos de temporada y proximidad y, en general, reduciendo nuestro consumo y desperdicios.


Sin embargo, y a pesar de que la fuerza de la demanda es poderosa, esta transición exige compromisos e inversiones que corren a cargo de las empresas. Las empresas y los emprendedores pueden contribuir a la economía circular utilizando diferentes modelos de negocio.


Encontramos algunos ejemplos inspiradores en firmas que proveen a la industria de recursos renovables, reciclables o biodegradables. Uno es BFT, una empresa canadiense que produce fibras textiles a partir de cultivos de lino y cáñamo. Los productos de BFT son compatibles con las tecnologías de la industria textil tradicional y tienen propiedades tan buenas como el algodón o las fibras sintéticas. Sin embargo, tienen un impacto ambiental mucho menor en términos de consumo de agua y no producen residuos insostenibles como los microplásticos.


Cada vez hay más empresas que buscan valor no solo en los productos finales, sino también en las corrientes de materiales que se utilizan en sus sistemas productivos. Un ejemplo es Procter & Gamble, que aspira a operar todas sus fábricas con el objetivo de cero residuos.


También hay empresas que contribuyen a la economía circular prolongando la vida útil de sus productos. A través de su negocio de reacondicionamiento, la tecnológica Dell recupera viejos equipos y los revende cuando es posible.


Igualmente contribuyen a la economía circular las empresas de plataformas de uso compartido. En lugar de desechar o infrautilizar productos que se encuentran inactivos, permiten que otras personas tengan coacceso o copropiedad. Como ejemplos se podrían mencionar Airbnb o BlaBlaCar.


Por último, también contribuyen las empresas que operan bajo el modelo de negocio de producto como servicio. Este no se centra en generar grandes volúmenes de producción, sino que se enfoca en las prestaciones y la capacidad de actualización que tienen sus productos. Desmaterializa así la entrega de valor para ofrecer siempre las últimas innovaciones. Encontramos otro ejemplo inspirador en la propuesta de “iluminación como servicio” de Philips. El cliente paga por los lúmenes de los que disfruta, y no por el equipamiento. De su diseño, operación, mantenimiento y renovación se encarga la compañía holandesa.


Una transición difícil pero urgente


En conclusión, la transición desde el actual sistema económico lineal hacia una economía circular permitiría compatibilizar el desarrollo y bienestar económico de la creciente población mundial con la capacidad natural del planeta para soportarlo.


Evidentemente, tal cambio representa un gran desafío a la inercia equivocada en la que se encuentra instalado nuestro sistema económico desde hace más de un siglo. 


Pero esta transición también representa una gran oportunidad para países y empresas. Se estima que podría generar un valor próximo a 4,5 billones de dólares en 2030, al tiempo que abundantes oportunidades de empleo y una mayor innovación.


Este proceso puede ser largo, lento, costoso y tal vez frustrante en el corto plazo. Quizás no muchos países y empresas puedan permitirse liderar esta transición. Lo que parece evidente es que pocos podrán mantenerse al margen de ella."                   (, The Conversation, 12/07/20)

13/11/19

Las duras campañas que criminalizan el despilfarro alimentario que se encuentra en las basuras domésticas pecan de analfabetismo alimentario por parte de sus promotores... cuando nos jugamos nuestro futuro, cargamos con un desconocimiento que nos hace torpes y soberbios ...

"¿Les pasa a ustedes? Yo últimamente me tropiezo constantemente con situaciones que defino como “analfabetismo alimentario”. La visita a los supermercados es una selva de ejemplos, como cuando escuchas a un joven preguntando al encargado por la “fruta vegana” o descubres en el envase de una conocida marca de gazpacho la etiqueta de “vegano”. 

En muchas charlas o talleres que imparto me gusta proyectar fotografías de alimentos básicos y pedir el nombre a las personas asistentes. Confundir coles con coliflores, calabazas con berenjenas o quedarse en blanco frente a la fotografía de nabos o de acelgas es algo que no sucede ocasionalmente, sucede siempre, en todas ellas. Me asusta también cuando veo cómo activistas animalistas rescatan terneros de sus granjas porque –dicen – los están matando de sed sin agua para beber. La fuente que está a su lado, mamavaca , les pasa desapercibida… 


Parecen cómicas anécdotas pero detrás de este analfabetismo tenemos consecuencias graves en clave alimentaria. Si no reconocemos las hortalizas más básicas, ¿cómo podemos esperar que el consumo alimentario vaya de acuerdo con sus temporadas? ¿Cómo propiciaremos dietas relocalizadas, evitando alimentos kilométricos, si no se conocen los alimentos propios de cada lugar?

 ¿Cómo podemos recuperar el consumo de alimentos frescos por encima de los procesados tan perjudiciales para la salud, si, desde esta ignorancia, es complicado entrar en la cocina a preparar las recetas más sencillas? Ya no preguntemos, como siempre hace mi amigo Jeromo, el pastor de Amayuelas ¿quién sabe hacer de la uva vino? ¿Quién sabe criar su propio cordero? ¿Quién sabe gestionarse un huerto?

CIERTO ES QUE DEBEMOS EDUCAR EN EL NO DESPERDICIO DE COMIDA, PERO MÁS ACERTADO SERÍA PONER EL FOCO EN FOMENTAR SISTEMAS ALIMENTARIOS QUE ESTUVIERAN RELACIONADOS DIRECTAMENTE CON LA AGRICULTURA LOCAL.

Cierto que esta falta de conocimientos básicos es muy propio de sociedades que han despreciado la ruralidad. Pero añadamos los engaños voluntarios de la propia industria alimentaria o la más sutil ocultación de información por su parte para tomar conciencia de que, finalmente, tenemos una venda tapándonos los ojos. Esto nos impide detectar y denunciar los desmanes tecnoalimentarios que, normalmente, en manos de los monopolios de la agricultura industrial, se introducen con total normalidad en los sistemas productivos, de transformación o de comercialización alimentaria. 

Una ceguera que hace difícil sorprenderse frente a las cifras que indican que las cerdas de hoy en día tienen partos de 15 lechones, si no sabemos que estas hembras solo tienen 8 mamas. Una venda que impide nuestra repudia frente a la industria de ganadería intensiva que engordaba vacas alimentándolas con vacas pues se nos olvidó que son estómagos herbívoros. Al contrario que los salmones, carnívoros, y que en las piscifactorías ya los alimentan con soja. Y así, desinformados, la alimentación a medio plazo será cosa de impresoras formateando hamburguesas con extravagantes ingredientes. 


En este sentido, las duras campañas que criminalizan el despilfarro alimentario que se encuentra en las basuras domésticas, a mi entender, pecan también de analfabetismo alimentario por parte de sus promotores. Cierto es que debemos educar en el no desperdicio de comida, pero más acertado sería poner el foco en fomentar sistemas alimentarios que –como siempre se hizo– estuvieran relacionados directamente con la agricultura local. Como explica Franco Llobera, agroecólogo, reconectar con el ciclo del carbono y aprender el significado de la palabra ‘compostaje’ nos ayuda a entender que “la basura será verdura”.

QUE LA UTOPÍA NO SE CONVIERTA EN QUIMERA PASA POR UNA CRÍTICA SEVERA A LA MODERNIDAD QUE QUISO ACABAR CON LA SABIDURÍA DE QUIEN NOS PRECEDIÓ

No saber casi nada de algo tan vital como nuestra alimentación es una señal de un problema mayor. La modernidad que tanto hemos idolatrado –“la ideología más hipócrita de la humanidad”, a decir del agricultor argelino Pierre Rabhi– ha dejado de lado nuestra relación con la naturaleza, con la vida. Recuerdo cómo hace unos meses, en Benalauría, un pueblo de la serranía de Ronda, un maestro jubilado se quejaba que en los pueblos, los maestros y maestras actuales ya no son población del mismo mundo rural, son gente de ciudad que cada día van y vuelven. 

Por eso no se extrañó, explicó el docente jubilado, cuando una tarde de verano, paseando frente a su antiguo colegio, vio como el urbano profesor tenía a su alumnado haciendo gimnasia a pleno sol. Tras verlos sudar y deshidratarse peligrosamente, éste recapacitó y les dijo: “Mejor poneros a la sombra del sauce llorón”. Todos le hicieron caso menos un chaval que le aclaró, “vale, profe pero ese sauce se llama olivo”. 


Y así, en una situación de emergencia, cuando nos jugamos nuestro futuro, cargamos con un desconocimiento que nos hace torpes y soberbios por partida doble. Torpes, porque no conocer la naturaleza es no conocer los límites físicos del planeta que nuestros antepasados tenían asumidos. 

Ligados a una realidad rural territorializada sus opciones de supervivencia no pasaban por la explotación y agotamiento de cualquier rincón del planeta, debían manejarse cuidando y preservando los recursos locales, los únicos a su alcance. Soberbios, porque desligados de la Naturaleza se nos olvida nuestra ecodependencia y caminamos sobre la tierra con botas militares, aniquilando al resto de seres vivos, asfixiando la fertilidad de la tierra y calentando la atmósfera hasta el ahogamiento civilizatorio. 


Decía Eduardo Galeano que “la utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces, para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”. Pero, me pregunto yo, ¿qué utopía queremos alcanzar si encerrados en las cuatro paredes de las pantallas de los móviles, la televisión y el ordenador… es imposible otear el horizonte? Que la utopía no se convierta en quimera pasa por una crítica severa a la modernidad que quiso acabar con la sabiduría de quien nos precedió. Simplificando, ruralismo o barbarie."

(Gustavo Duch es escritor y veterinario. Coordinador de la revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas , CTXT, 06/11/19)

16/4/18

Apple se enfrenta a su mayor desafío legal por ralentizar sus iPhone antiguos

"Los clientes de iPhone han presentado ya al menos 59 demandas individuales contra Apple por ralentizar la velocidad de sus iPhone antiguos para conseguir que se compren modelos nuevos, en un caso que puede convertirse en uno de los mayores desafíos legales desde que se estrenó el icónico smartphone en 2007, informó The Wall Street Journal .

Las primeras demandas se presentaron después de que Apple admitiera en diciembre que las actualizaciones de software reducen deliberadamente el rendimiento de los modelos anteriores de iPhone con el fin de preservar la duración de la batería, lo que en algunos casos puede incluso poner en peligro el dispositivo.

Los demandantes reclaman una indemnización por daños y perjuicios, el reemplazo de la batería, así como que Apple corra a cargo de los honorarios de los abogados y los gastos judiciales. También exigen a la empresa dirigida por Tim Cook que realice una campaña de publicidad explicando el suceso y pidiendo disculpas.

Precisamente, este jueves está previsto una reunión en Atlanta de los representantes legales de los demandantes con el fin de llegar a un acuerdo para presentar una demanda colectiva, (class actions o acción de clase), elegir un abogado principal y decidir en qué corte presentan la denuncia. Apple rehusó hacer comentarios oficiales a preguntas del diario financiero.

Peor que el 'Antennagate'

La compañía de tecnología ha dicho anteriormente que nunca acortaría o degradaría intencionalmente la vida útil de sus servicios, y afirmó que el objetivo de Apple es hacer que los iPhones duren el mayor tiempo posible.

El número de demandas presentadas por este caso triplica ya las que se presentaron en 2010 por un fallo en los iPhone 4, que cancelaba las llamadas, en lo que se llamó el escándalo del Antennagate. Entonces, la compañía de Cupertino resolvió el caso ofreciendo a los propietarios del iPhone 4 una carcasa gratis (bumper) o 15 dólares en efectivo, lo que costó a costó a Apple 315 millones de dólares en total.

Tras la admisión de Apple del error en diciembre, la compañía está siendo investigada también por posibles violaciones por parte del Departamento de Justicia y la Comisión de Bolsa y Valores. Los analistas han dicho que las próximas batallas judiciales pueden obligar a Apple a revelar detalles secretos sobre cómo se desarrollan los teléfonos y otros dispositivos. 

Y si se toma una decisión en contra, puede servir de jurisprudencia para otros gigantes tecnológicos, exigiéndoles que sean más transparentes sobre cómo las funciones de software o hardware afectan la potencia o el rendimiento.

No obstante, otras fuentes destacan que los demandantes se enfrentan a una batalla difícil, porque Apple, además de admitir el caso, ha reducido el coste del reemplazo de la batería durante un año e introdujo nuevas configuraciones de batería en su sistema operativo iOS que permitirían a los usuarios corregir el problema de la velocidad."                (Ramón Muñoz, El País, 29/03/18)

13/4/18

Marcos descubre que el fallo de su impresora ha sido provocado por un microchip especialmente diseñado para mostrar un mensaje de error tras un número concreto de impresiones. El 70% de los dispositivos móviles más vendidos son difíciles o imposibles de reparar. Lo obsolescencia programada...

"A Marcos, su impresora le acaba de avisar de que una de las piezas falla. Al intentar repararla, se encuentra con que en todos los establecimientos le recomiendan comprar una impresora nueva. Marcos, como buen consumidor cabezota, investiga y descubre que el fallo ha sido provocado por un microchip especialmente diseñado para mostrar un mensaje de error tras un número concreto de impresiones.

 ¿Le suena la historia? Es el principio del famoso documental de Cosima Dannoritzer Comprar, tirar, comprar, que puso a muchos por primera vez frente a una práctica empresarial que no se había parado a considerar hasta ese momento: la obsolescencia programada o, más concretamente, la producción intencionada de bienes y servicios con ciclos de vida cortos con el fin de estimular a los consumidores a repetir la compra de manera frecuente.

Desde el estreno del documental hasta hoy, el diseño y fabricación de electrodomésticos y productos tecnológicos ha llegado a un punto en el que, por ejemplo, el 70% de los dispositivos móviles más vendidos son difíciles o imposibles de reparar, de acuerdo con un estudio elaborado por Greenpeace.

 Y según los datos recogidos por el Parlamento Europeo, un 44% de los dispositivos eléctricos y electrónicos rotos en Europa no llegan a ser reparados nunca.

Ante este panorama de fabricación y reemplazo masivo de productos, que dispara los beneficios a corto plazo de las empresas, pareciera casi una utopía que los consumidores pudiesen oponerse a esta práctica con garantías de éxito. Sin embargo, en los últimos meses, la movilización de asociaciones y colectivos afectados por la obsolescencia planificada ha originado las primeras denuncias contra multinacionales tecnológicas.

 Los pioneros en emprender acciones legales han sido los miembros de la asociación HOP - Haute a l’obsolescence programmée (Alto a la obsolescencia programada). Lo hacen amparándose en la Ley de Energía de Transición, aprobada en Francia en 2015. Es el único país europeo que clasifica como delito la obsolescencia programada, estableciendo penas de hasta dos años de prisión y multas de hasta 300.000 euros, además de sanciones que pueden llegar al 5% de la media de ingresos anuales de la compañía afectada durante los últimos tres años.

Partiendo de esta legislación, HOP interpuso una denuncia en septiembre de 2017 contra los fabricantes de impresoras HP, Canon, Brother, y en particular Epson, por “reducir deliberadamente la duración de la vida de las impresoras y los cartuchos”.

Según los estudios realizados por la asociación, las impresoras indican el fin de la vida útil de las almohadillas cuando aún no se han desgastado, además de que impiden seguir imprimiendo por falta de tinta antes de que los cartuchos estén completamente vacíos. Por ejemplo, en dicho estudio se demostró que el modelo de impresora Epson 9900 dejaba de imprimir cuando aún quedaba un 20% de tinta en los cartuchos.

Y no solo eso, HOP también denuncia que el precio de los cartuchos ha aumentado hasta los 2.062€/litro (el doble que el perfume Chanel Nº5) y que los fabricantes continúan cambiando su diseño para que no se puedan utilizar cartuchos genéricos, más baratos y fabricados por la competencia.

Finalmente, la fiscalía de Nanterre ha abierto la primera investigación por obsolescencia programada en Francia contra la compañía japonesa Epson; todo un éxito para una asociación ciudadana. Pero los activistas de HOP no se quedan ahí. Ahora es a Apple a quien tienen en el punto de mira.

 La multinacional tecnológica ha admitido, tras la acusación del blog Geekbench, que ralentiza deliberadamente el rendimiento de los modelos más antiguos de iPhone con el fin, según la compañía, de mejorar la gestión de la energía.

Según Laetitia Vasseur, cofundadora y delegada general de HOP, “todo está orquestado para obligar a los consumidores a renovar sus teléfonos, a un precio de más de 1.200 euros, superior al salario mínimo interprofesional francés.”

En España, FACUA – Consumidores en Acción también se ha movilizado contra la multinacional, a la que ha denunciado frente a la Dirección General de Competencia de la Comisión Europea por incumplir la Directiva 2011/83/UE por “reducir de forma consciente y deliberada el rendimiento de los procesadores más antiguos de sus terminales”, tal y como consta en la denuncia. Esta actuación se une a una denuncia previa ante la Fiscalía española por delitos contra los consumidores y por sabotaje informático.

A Francia y España se ha unido Italia, cuya Organización de Defensa de la Competencia ha abierto sendas investigaciones a Apple y Samsung por la sospecha de que estén induciendo a los consumidores a adquirir nuevas versiones de sus productos debido a la ralentización premeditada de los dispositivos.

Europa no termina de ‘ponerse las pilas’

La preocupación por la durabilidad de los productos también ha llegado a la Unión Europea. Pero los expertos temen que se quede en agua de borrajas. Pascal Durand, eurodiputado por el grupo de los Verdes e impulsor de la lucha contra la obsolescencia programada, afirma que “algunos productores como iPhone buscan maneras de empujar a la renovación de los productos en exceso”, y alerta de la necesidad de que la Unión Europea legisle. 

En este sentido, en julio de 2016, el Comité del Mercado Interior y la Protección del Consumidor publicó un estudio sobre el beneficio que un mayor ciclo de vida de los productos tiene para consumidores y compañías, según el cual un aumento del 1% en el valor añadido por actividades económicas relacionadas con una mayor durabilidad de los productos, como la reparación, supondría un crecimiento económico para Europa de 7.900 millones de euros.

A raíz de este estudio, el Parlamento Europeo aprobó en julio del pasado año por 662 votos a favor y 32 en contra una resolución dirigida a la Comisión Europea para la adopción de medidas que luchen contra la obsolescencia programada.

 Medidas como el establecimiento de criterios mínimos de resistencia, que la garantía se extienda al tiempo de reparación en caso de que la reparación lleve más de un mes, incentivos a los estados miembros para impulsar las reparaciones y venta de segunda mano, o que partes como baterías y componentes esenciales no vayan incrustados en los productos. 

“El plan contempla 7 acciones transversales”, comenta Pascal Durand. “Productos con un diseño sostenible, reparación de productos, nuevos modelos económicos, más y mejor información para el consumidor, prohibición de la obsolescencia programada, refuerzo de los derechos y garantías legales de los consumidores y circunscripción de actualizaciones y obsolescencia de software.”

No obstante, a pesar de la iniciativa del Parlamento Europeo, Durand denuncia que “la Comisión todavía no ha trabajado en un texto legislativo que responda a las expectativas legítimas de los ciudadanos respecto al ciclo de vida de los productos, y ha pasado más de medio año. 

Es incomprensible que la obsolescencia programada no haya sido incluida en los planes de economía circular. Cuando le pregunté sobre este tema a la Comisaria de Mercado Interno Elżbieta Bieńkowska en 2014, me dijo que era la primera vez que oía hablar del concepto de obsolescencia programada. Este problema no ha sido tratado en Europa por el momento, simple y llanamente”.

En caso de que estas recomendaciones terminen generando legislación, la Unión Europea asegura que crearían nuevos puestos de trabajo en el sector de la reparación. Según sus estudios, miles de empleos relacionados con la reparación electrónica se han perdido en Europa, en parte por la dificultad que encuentran los establecimientos a la hora de encontrar piezas de recambio. En Polonia, por ejemplo, un 16% de puestos de trabajo en este sector se han perdido durante los últimos dos años.

El negocio detrás del fallo

Según datos de Greenpeace, en 2015 más de 3.000 millones de personas tenían un smartphone, y se estima que en 2020 la cifra ascenderá a más de 6.000 millones, más del 70% de la población global. 

Los beneficios para los fabricantes parecen asegurados, aún más teniendo en cuenta que la vida útil media de los teléfonos inteligentes es de poco más de dos años, y que el ciudadano europeo cambia de teléfono cada 18 meses, de acuerdo a la Comisión Europea. Por ejemplo, el Samsung Galaxy 8 es considerado uno de los teléfonos más frágiles del mercado por su revestimiento de vidrio.

El interés en el ‘fallo programado’ de las compañías bajo sospecha se evidencia en los datos financieros. Por ejemplo, los ingresos de EPSON procedentes de la venta de equipos de impresión supusieron el 67% del total de ingresos en el ejercicio 2017, lo que muestra lo esencial de este segmento de producto para la salud financiera de la multinacional. En su informe anual de 2017, la compañía destaca que “un descenso en los ingresos por impresoras y suministros de impresión podría tener un efecto materialmente adverso en los resultados operativos”.

En su informe anual de 2017, Apple recoge que la competitividad y el éxito de la compañía dependen de la introducción frecuente de nuevos productos y actualizaciones. El informe estipula textualmente que “la compañía debe introducir continuamente nuevos productos, servicios y tecnologías, mejorar los productos y servicios existentes, y estimular de manera efectiva la demanda del consumidor para productos nuevos o actualizados.”

El peso del iPhone en los resultados económicos de la compañía es evidente, suponiendo las ventas de este producto en 2017 el 61,7% de las ventas totales. De ahí que el lanzamiento constante de nuevos dispositivos esté justificado a ojos de la multinacional. Desde el nacimiento del primer iPhone en 2007, Apple ha lanzado un nuevo modelo por año hasta 2013, cuando empezó a sacar al mercado dos nuevos iPhone anualmente. Un consumidor insatisfecho que requiere un cambio de modelo

Tras muchos quebraderos de cabeza, Marcos consiguió reparar su impresora. Pero, ¿qué prejuicios supone esta práctica para los consumidores que no sepan o puedan hacerle frente?
“La obsolescencia programada es antisocial”, apunta Sauvage. “Los hogares menos favorecidos no se pueden permitir comprar bienes de buena calidad y duraderos, por lo que se ven obligados a adquirir productos baratos que deben renovar a menudo.

Esto les supone una pérdida de poder adquisitivo a largo plazo. El pobre acaba pagando más que el rico”. En definitiva, un consumidor insatisfecho, frustrado y alienado.

La lucha contra la obsolescencia programada no solo implica una reducción en la producción y en la generación de residuos, sino todo un cambio de modelo económico.

Por ello, la iniciativa impulsada por el Parlamento Europeo se acerca al problema desde una perspectiva diferente a la judicial. “No estoy a favor de tratar el asunto mediante los juzgados”, señala Pascal Durand. “Por eso, el análisis aprobado por el Parlamento lucha contra la obsolescencia programada teniendo en cuenta todos sus aspectos, especialmente estimulando a la industria, pero también a consumidores y autoridades públicas, a cambiar los métodos de producción y consumo.”

Desde FACUA subrayan la necesidad de que los grupos políticos se movilicen para tipificar la obsolescencia programada como delito en España ya que, a día de hoy, “las denuncias tienen que referirse a otro tipo de delito, como comportamiento anticompetitivo o falta de información al consumidor”. 

Miguel Ángel Serrano, portavoz de la organización, afirma que otra posible solución sería “ampliar el plazo legal de garantía de este tipo de productos, que ahora en España es de dos años. Un plazo más amplio supondría que los fabricantes tendrían que asegurar el buen funcionamiento del producto durante más tiempo, por lo que se verían obligados a vender una mayor calidad y durabilidad”.

Queda, por tanto, un largo camino por recorrer en la defensa de los derechos del consumidor frente al culto a lo desechable. Esperamos que los ordenadores nos duren lo suficiente como para seguir contándolo."                    (Silvia Nortes, CTXT, 10/04/18)