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21/11/23

Felipe González... el PSOE... la Transición

"Gregorio Morán (Oviedo, 1947) es uno de los últimos cronistas políticos chapados a la antigua. De esos que vivieron los tiempos en los que las oficinas de los periódicos olían al humo rancio de los puros y en los que los periodistas redactaban sus noticias acompañados por el ruido ametrallador del teletipo de la habitación de al lado.

Como antiguo partícipe de la oposición contra el franquismo, conoce de primera mano la historia de la Transición (1975-1982) y de los primeros años de la democracia. Ello le ha llevado a escribir algunos libros muy relevantes sobre el tema, incluyendo una biografía de Adolfo Suárez que el propio exmandatario valoró antes de su muerte como la mejor que se había realizado nunca.

A poco tiempo de terminar el año 2023, Morán vuelve a la carga con un texto inédito sobre otro de los líderes políticos más importantes del siglo XX en España: Felipe González. En esta entrevista podrán comprobar que el filo de su lengua es equiparable al de su legendaria pluma...

Su nueva obra narra la biografía política de una de las figuras institucionales más polémicas de la historia de España: la del expresidente del Gobierno Felipe González, que se mantuvo en el cargo durante 14 años consecutivos. ¿Cómo lo definiría?
Limitándome al periodo en el que estuvo al frente del Ejecutivo, lo compararía con un jugador de billar. Y después de 1996, el año en el que abandonó la presidencia, lo describiría mediante una metáfora que él mismo utilizó: la del jarrón chino.

Creo que es bastante acertada, ya que el antiguo secretario general del PSOE se convirtió en un gran armatoste al que nadie sabía dónde colocar. Y ahora ya ha adquirido el papel de una maceta, porque está opinando sobre la vida política a pesar de que, supuestamente, se había retirado de ella. Antes ni siquiera se le habría ocurrido hacer algo parecido por temor a ser indiscreto...

Por lo tanto, hay una pregunta importante que todos los españoles deberíamos hacernos: ¿Qué es lo que ha incitado a González a cambiar su papel de jarrón chino por el de maceta con raíces?

Creo que está bastante claro, pues el tema ha suscitado mucho debate estos meses: los últimos movimientos políticos de Pedro Sánchez. ¿En qué términos describiría la trayectoria gubernamental de su antecesor sevillano?
El de Felipe es un caso singular, ya que fue el primer dirigente del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en llegar al Gobierno respaldado por una mayoría absoluta de su propia formación en el Congreso. Recuerde que, desde su fundación en 1879 y hasta ese momento, la organización había formado parte de varios Consejos de Ministros, pero siempre en coalición con otras fuerzas políticas.

Además, el cierre de la Transición que él mismo protagonizó supuso una estabilización de la vida democrática. A partir de esta fecha, hubo varias etapas que yo intento señalar en la biografía.

Como jugador de billar, y no es una expresión frívola, sino auténtica, González tuvo que enfrentarse a las bolas que rodaban sobre el tapete. En algunas ocasiones lo hizo con una gran brillantez, y en otras con evidente torpeza. A veces, tuvo que jugar a la modalidad americana, teniendo que hacer desaparecer algunas bolas que ya no le eran útiles...

Sin ser demasiado específico, los 14 años en los que transcurrió su presidencia podrían dividirse en dos periodos: el de la década de 1980, en el que Alfonso Guerra fue su compañero de mesa, y el de los años 1990, cuando se vio forzado a jugar solo y con las bolas que tenía a mano.

De alguna manera, la presencia y la ausencia de su vicepresidente marcaron tanto la composición de los distintos Ejecutivos como la manera de actuar de González.
Llopis representaba la traición. Si hubiera seguido siendo el secretario general, el PSOE nunca habría llegado al poder

Los dos eran miembros de la facción «interior» del partido que, en el Congreso de Suresnes (1974), propició el derribo de Rodolfo Llopis y de los últimos dirigentes “históricos” de la formación. ¿Qué motivos tenían para ello?
Llopis era un viejo funcionario que había sido miembro de la masonería y director general de Primera Enseñanza durante la II República (1931-1939). Su estilo era el propio de una época que ya había caído en el olvido. Él representaba la traición, y los dirigentes más jóvenes tenían otras ideas. Si hubiera seguido siendo el secretario general, el PSOE nunca habría llegado al poder. Su destino habría sido similar al del comunista Santiago Carrillo.

González empezó a construir su «nuevo» partido en 1974, y terminó de consolidarlo el 15 de junio de 1977 con la celebración de las primeras elecciones democráticas del país desde el fin de la Guerra Civil (1936-1939). La ratificación absoluta de su éxito la obtendría el 28 de octubre de 1982, cuando ganó unos nuevos comicios con la mayoría absoluta que antes mencionábamos.

Esa organización ya era la de Felipe González. Pienso que los analistas, que suelen ser mucho más jóvenes que yo, no saben valorar que no es la misma que la de Pedro Sánchez. No obstante, tanto la una como la otra son poco descriptibles sin el peso del poder. Las dos tenían y tienen escasa viabilidad fuera de él. De ahí los esfuerzos que, cada uno en su momento, han hecho por mantenerlo.

Tras la «depuración», los «vascosevillanos» se dedicaron a transformar al PSOE en un partido socialdemócrata. En su libro, usted menciona al empresario Friedrich Karl Flick, al sindicalista Dieter Konecki y a la Fundación Friedrich Ebert como agentes clave en este proceso. ¿Hasta dónde llegó la influencia del socialismo alemán dentro del nuevo movimiento político español?
El segundo personaje que usted ha nombrado fue decisivo a la hora de modernizar la máquina política «felipista». Cuando González lanzó aquella intransigente frase de «o el marxismo o yo», el hombre que trabajaba en la sombra era Konecki.

Durante los primeros años de la Transición, Enrique Tierno Galván, que luego se convertiría en alcalde de la ciudad de Madrid, tenía aspiraciones de sustituir a González en el secretariado general. Pero el alemán le advirtió de que las deudas acumuladas por su Partido Socialista Popular (PSP), integrado dentro del PSOE, eran tan importantes que era mejor que se lo pensara con calma.

Tierno Galván entendió la advertencia a la perfección, así que se retiró del camino del que, tiempo después, llegaría a ser presidente del Gobierno. Había otros candidatos de menor cuantía, como Luis Gómez Llorente, aunque no tenían nada que hacer frente al andaluz.
Estoy seguro de que Redondo habrá jugado al mus, pero no creo que se haya acercado nunca a un billar

¿Nicolás Redondo pudo haber dado un paso adelante?
No. Él no decidió rebelarse hasta la huelga general de diciembre de 1988, cuando el PSOE y la Unión General de Trabajadores (UGT) rompieron sus tradicionales relaciones. No tenía nada que hacer frente a la brillantez, la edad, la arrogancia y el talento político de González. Ni como orador, ni como «maniobrero». Estoy seguro de que Redondo habrá jugado al mus, pero no creo que se haya acercado nunca a un billar.

Como decía usted hace un momento, el tándem formado por Felipe González y Alfonso Guerra pasó a liderar al PSOE a mediados de los años 1970. El primero fue su «rostro» público durante dos décadas. ¿Qué papel tuvo el segundo dentro de él?
Consolidó el partido. Javier Solanita Solana fue el anzuelo que los socialistas utilizaron en aquellos años para atraerse a todos los elementos políticos situados a la izquierda del Partido Comunista de España (PCE). Sin embargo, Guerra se encontraba detrás suya. Fue el verdadero responsable de tejer los entramados de relaciones con otros grupos y de organizar el nuevo PSOE a escala nacional.

Tanto él como González recibieron la noticia de que habían ganado las elecciones generales de 1982 en una suite del Hotel Palace de Madrid. Hay una famosa foto que les hicieron asomados al balcón en el momento de la victoria. En ella, Guerra sostenía en el aire la mano del nuevo «Moisés».

Aquella pareja parecía indestructible. Aunque gobernar es muy difícil, y el desgaste de hacerlo le fue pasando factura a Felipe hasta que Alfonso se convirtió en otra bola con la que hubo de jugar.

Esto ocurrió en 1990. Ocho años antes, el dúo formó la cúpula de un nuevo Ejecutivo. Aun con su nuevo cargo, Guerra siguió siendo el «hombre» del Gobierno en el partido. ¿Por qué?
Porque, para bien y para mal de González, su mano derecha todavía era la que lo controlaba. La conocida huelga general de 1988 expuso algunas de las diferencias que acabaron por romper su relación, pero la fractura final solo se produjo en el año que usted menciona, cuando el presidente se vio obligado a prescindir de ella hasta en el propio PSOE.

La caída de Alfonso tuvo una consecuencia muy importante: el ascenso de Carlos Solchaga a la jefatura de la mayoría socialista en el Congreso de los Diputados. Este dirigente navarro pasó a ser el orientador, divulgador e incitador de las decisiones tomadas por el partido y su secretario general, y acabó convertido en todo un líder político.

Usted mismo afirma que Narcís Serra pasó a ser el «hombre de confianza» del presidente tras la marcha de Guerra. ¿Quién llegó a ser más importante dentro del Gobierno, Solchaga o el exministro de Defensa?
Serra nunca dejó de ser un político de oficina. Solchaga era un individuo con convicciones propias. Estas no eran precisamente socialistas, aunque eso era lo de menos. Para que entienda lo que quiero decir, le voy a explicar una anécdota personal.

Yo le conocí en Bilbao, más o menos alrededor del año 1978. Y observé que poseía una dualidad insólita que, quizá, nunca se ha señalado hasta ahora. Era el asesor de la UGT en Vizcaya y, al mismo tiempo, era el hombre del empresario Pedro Toledo en el Banco de Vizcaya. Esto puede parecer paradójico, pero, entonces, a nadie le alarmaba.
 
Por lo que dice, parece que Guerra era un hombre más izquierdista que González.
¿Cómo se sitúa uno a la izquierda o a la derecha? En mi opinión, depende de si está o no en el poder. Hasta que llega a él, todo el mundo es mucho más radical. Fíjese en el caso de François Mitterrand, que es de manual...

Guerra se encargaba de las relaciones con los sindicatos y las bases del PSOE. Por ejemplo, comprobaba que los mítines de mineros que se celebraban todos los años en Rodiezmo de la Tercia, en las montañas leonesas y asturianas, no se les fueran de las manos a los dirigentes del Sindicato de los Obreros Mineros de Asturias (SOMA-FITAG-UGT) que los organizaban.

Por cierto, en aquella región residía un personaje de suma importancia en la historia de los últimos años del «felipismo», José Ángel Fernández Villa, que estuvo implicado en todas las tramas de corrupción habidas y por haber en la década de 1990.

La gente siempre piensa en el exdirector general de la Guardia Civil, Luis Roldán, cuando se le habla de los procesos judiciales por malversación de la época. Pero este señor era el típico trepa que sale de la nada y se convierte en multimillonario. En los años 1990, cuando empezaron a saltar los escándalos ya fraguados en los 1980, había muchos individuos como él. Cada comunidad autónoma tenía uno, como mínimo. Su caso formaba parte de un entramado general.
Carrillo o Pasionaria pertenecían a un pasado que la gente ni siquiera quería recordar

Ha aludido al PCE. Los comunistas españoles lideraron la lucha de la oposición democrática contra la dictadura franquista. Sin embargo, a pesar de la limitada actuación del PSOE en este mismo marco, el Partido Socialista fue la segunda fuerza más votada en las elecciones generales de 1977 y 1979. ¿Cómo fue posible la materialización de este «sorpasso» por la derecha?
Por un problema generacional. La cúpula del Partido Comunista no estaba dispuesta a asumir que personas como Carrillo o Pasionaria pertenecían a un pasado que la gente ni siquiera quería recordar.

A sus homólogos socialistas no les podía frenar ese obstáculo... Estaban mucho más cerca del imaginario del votante y del ciudadano. Aunque, en realidad, esto representaba una contradicción, ya que las bases del PCE siempre estuvieron mucho más implicadas con la sociedad que los escasos militantes del PSOE.

Toda esta cuestión tiene que ver con el peso del exilio. Santiago Carrillo creía que la mochila que llevaba encima desde que cruzó a Francia en 1939 sería fundamental para su supervivencia política cuando se implantara un régimen democrático en España. Las cosas no fueron como él las había previsto, y los socialistas le ganaron la partida porque estaban libre de esas cargas.

En octubre de 1982, la victoria de la formación de González sobre el resto de las organizaciones políticas fue total. ¿Por qué?
La Unión de Centro Democrático (UCD) de Adolfo Suárez se resquebrajaba por sus luchas intestinas. La derecha clásica española no tenía opciones, estaba hipotecada por completo. Y el Partido Socialista representaba la idea del cambio.

Ese último concepto no cuadraba con la escasa experiencia política de los nuevos gobernantes del país, quienes tampoco habían ideado grandes planes de transformación para él. ¿Cómo solucionaron esta falta de concreción?
Si tú tienes el poder en tus manos, puedes arreglar lo que sea. Lamento tener que recurrir otra vez al presente más inmediato, pero, ¿puede usted evaluar las promesas del Sánchez de 2014 comparándolas con las que hace en la actualidad? No, ¿verdad? Porque el único hilo conductor que hay entre ellas es el poder.

En política, este es el único elemento que consigue explicar lo inexplicable. Los medios de comunicación, e incluso los periodistas y tertulianos independientes, estarán dispuestos no solo a aceptar lo que tú propongas, sino a encontrar justificaciones que tú ni siquiera habías pensado para desarrollar tu plan.

Lo que más sorprendió al PSOE de Felipe González, y no digamos al de Sánchez, es que, cuando llegaron al poder, se encontraron con que podían hacer todo lo que quisieran porque siempre encontrarían a una mayoría de medios, ideólogos y juristas que explicarían cómo lo imposible se había vuelto posible.

En el libro, analiza usted el nombramiento de Miguel Boyer como ministro de Economía en el primer Ejecutivo de González. ¿Su designación marcó un desvío del programa socialdemócrata del PSOE hacia el ultraliberalismo?
Boyer se incorporó a la organización en el último momento. Él había sido uno de los pocos militantes de la Agrupación Socialista Universitaria (ASU) en los primeros años del franquismo tecnocrático. Sus posturas derechistas le hicieron abandonar la militancia socialista y afiliarse al Partido Socialdemócrata de Francisco Fernández Ordóñez, de donde le recuperó González tiempo después. De todo ello se deduce que el exministro siempre se encuadró en el espectro ideológico de la socialdemocracia.

Junto a Carlos Solchaga, representó una de las dos patas en las que se apoyó la política económica del «felipismo». Tuvo que dejar su cargo cuando intentó echarle un pulso al presidente con el objetivo de sustituir a Guerra. El que años después sería jefe de la mayoría del PSOE en el Congreso acabó reemplazándole a él por su atrevimiento.

González y Guerra no tenían ni pajolera idea sobre economía, al igual que gran parte de mi generación. Éramos tan ingenuos que pensábamos que la lucha ideológica era más importante que la económica... Boyer y Solchaga nunca tuvieron ese problema.

La política neoliberal se importó a España después de que ocurrieran dos acontecimientos internacionales de suma importancia: la ascensión de Reagan a la presidencia de EE UU en 1981 y la ruptura del Gobierno de unidad izquierdista de Francia en 1984. El presidente Mitterrand cambió la orientación progresista de sus políticas porque las clases medias que le habían apoyado hasta entonces se estaban disolviendo.

El giro del Partido Socialista Francés fue imitado en toda Europa. Le siguieron sus homólogos italiano, portugués, griego y español. Se puede reflexionar sobre si había alguna otra opción en aquel momento... Pero me parece que esta es una pregunta muy conservadora, porque sí la había. Si no, todos los habitantes del continente hubieran votado a los partidarios de la aplicación de programas neoliberales.
Es verdad que el PSOE se dio un castañazo en las europeas de 1994. Sin embargo, allí se puede votar en conciencia. En las generales, solo se puede hacer por interés

La conversación nos lleva de nuevo al papel del poder como engranaje esencial de la vida política...
Claro. Lo único que uno necesita es ganar las elecciones. Y, perdone, pero, en los comicios de 1986, González se vio consolidado. De hecho, cuando perdió ante Aznar diez años después, lo hizo por un margen mínimo. Es verdad que el PSOE se dio un castañazo en las europeas de 1994. Sin embargo, allí se puede votar en conciencia. En las generales, solo se puede hacer por interés.

La cartera de Interior fue ocupada por José Barrionuevo, quien, junto con su subsecretario, Rafael Vera, y el general de la Guardia Civil Enrique Rodríguez Galindo, fue uno de los grandes planificadores de la «guerra sucia» contra ETA. Usted describe al ministro como a un hombre que no reunía las condiciones para el puesto que le habían dado...
Había sido el responsable político de la Policía Municipal de Madrid. Ese era su único haber en aquel siniestro mundo. No deberían haberlo colocado en esa posición.

Los escándalos sobre la colaboración de su ministerio con los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL) surgieron en 1988 y se extendieron a lo largo de los años 1990. ¿Hasta qué punto estuvieron implicadas las instituciones en sus crímenes?
No tuvieron necesidad de participar en ellos de manera directa. Los que los ejecutaron siempre fueron otros. No obstante, tuvieron una actitud más que benevolente hacia los miembros del GAL. Los jurisconsultos dicen que el silencio no significa ni sí ni no... Yo no comparto esa opinión. Para mí, el asentimiento es una forma velada de afirmación.

Usted asegura que la exposición de los GAL ante la opinión pública fue uno de los motivos por los que el PSOE perdió las elecciones de 1996. Hubo otros: las escuchas ilegales del CESID; la huelga general de 1988; el cambio de postura respecto a la entrada en la OTAN... ¿Cuál fue la gota que colmó el vaso?
Todo ello se fue sumando, pero el propio Felipe fue quien expresó la razón fundamental de su fracaso. «A nosotros nos derrotó la corrupción», dijo en su última intervención como secretario general del Partido Socialista.
No se regalaba nada. Todo se cobraba de diferentes maneras. Los miembros de la cúpula socialista y los propietarios de los media se hicieron ricos

Según lo que expone en la biografía, para encubrir todas sus contradicciones y fallos, González y su equipo se aseguraron de establecer un férreo control de los principales medios de comunicación de nuestro país. ¿Cómo lo hicieron?
A través del intercambio de favores. Usted solo tiene que buscar la historia de Jesús Polanco y del grupo Prisa para entenderlo. Es bastante obvio. No se regalaba nada. Todo se cobraba de diferentes maneras. Los miembros de la cúpula socialista y los propietarios de los media se hicieron ricos.

Entonces, ¿la cuestión se reducía a una mera transacción empresarial?
Claro. Con perdón, pero, en política, hay que apelar siempre a la famosa frase de El Padrino: «No es nada personal, solo negocios»."

(Entrevista a Gregorio Morán, Jayro Sánchez, El Salto, 18/11/23)

24/2/23

Un paradigma de crecimiento e innovación verde... Hacer frente al reto del cambio climático exige a la socialdemocracia un nuevo paradigma social... Europa se encuentra en un momento crucial. Después de cuatro décadas, el neoliberalismo se ha agotado. El centro de gravedad del debate económico se está desplazando hacia la izquierda... El Fondo Monetario Internacional, junto con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, ha puesto patas arriba el "consenso de Washington" y ha dado su visto bueno a las estrategias de inversión pública. La pandemia ha reforzado esta tendencia. El keynesianismo y el gobierno activo están de vuelta. Esto ofrece a una socialdemocracia tambaleante la oportunidad de volver a aplicar sus principios básicos y establecer nuevas alianzas. Sin embargo, para aprovechar este terreno favorable, necesita ofrecer un paradigma de crecimiento e innovación adecuado para el desafío. Se necesitan cinco pasos clave...

 "Europa se encuentra en un momento crucial. Después de cuatro décadas, el neoliberalismo se ha agotado. El centro de gravedad del debate económico se está desplazando hacia la izquierda. El creciente reconocimiento de la emergencia climática ha acelerado el cambio de perspectiva. El Fondo Monetario Internacional, junto con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, ha puesto patas arriba el "consenso de Washington" y ha dado su visto bueno a las estrategias de inversión pública.

La pandemia ha reforzado esta tendencia, demostrando el papel vital del gobierno y las instituciones públicas en la protección de los ciudadanos. La Unión Europea anunció un plan pionero de recuperación ecológica de 750.000 millones de euros en el verano de 2020, que implica por primera vez la creación de una deuda europea común.

El keynesianismo y el gobierno activo están de vuelta. Esto ofrece a una socialdemocracia tambaleante la oportunidad de volver a aplicar sus principios básicos y establecer nuevas alianzas. Sin embargo, para aprovechar este terreno favorable, necesita ofrecer un paradigma de crecimiento e innovación adecuado para el desafío. Se necesitan cinco pasos clave.

Armonía con la naturaleza

 En primer lugar, tiene que reconocer que el viejo modelo de economías con altas emisiones de carbono y uso intensivo de combustibles fósiles está agotado. La tarea principal no es que "el hombre conquiste la naturaleza", sino que la humanidad trabaje en armonía con ella. La socialdemocracia no puede seguir siendo el partido de la industrialización tradicional y de los intereses de los productores. Para salvaguardar nuestro futuro común, un nuevo modelo de desarrollo sostenible con bajas emisiones de carbono debe convertirse en el "sentido común" de la época. Eso es lo que han formulado los artífices de la política del Pacto Verde Europeo.

 Esto representa un profundo desafío para la corriente principal de la izquierda. En Gran Bretaña, los laboristas, al igual que muchos de sus homólogos europeos, subestiman la magnitud de la transformación necesaria para que las economías del mundo adopten una trayectoria de cero emisiones netas. Todavía conserva el bagaje de la era industrial, con una fijación del lado de la oferta en tecnologías largamente anunciadas pero económicamente no probadas, como la captura y el almacenamiento de carbono, o costosas y arriesgadas como la energía nuclear.

En segundo lugar, esto requiere un cambio de lenguaje y de mentalidad. La "revolución industrial verde" ya no debería ser la metáfora elegida, ni el término "listo para la acción" el favorito para la inversión pública. Estos términos hablan de una era industrial que se va. En su lugar, los socialdemócratas deben adoptar un lenguaje de modernidad del siglo XXI. El potencial de una combinación de innovación social y revolución digital para transformar las infraestructuras "blandas" debe estar en el centro de la política y la práctica medioambientales. En la actualidad, estas infraestructuras ocupan un lugar secundario con respecto a las "duras".

 Las nuevas tecnologías abren nuevas perspectivas en este sentido. Ciudades como Manchester o Milán han respondido a la pandemia reconfigurando sus sistemas urbanos. Las plataformas y aplicaciones digitales ofrecen billetes simplificados, información de viajes en tiempo real, opciones de transporte integradas y uso compartido de bicicletas y vehículos. Los alcaldes de las ciudades europeas del siglo XXI pueden crear versiones de un "socialismo de plataforma" que sería el equivalente moderno del "socialismo municipal" del siglo XIX de Joseph Chamberlain en Birmingham.
Amplia alianza de actores

En tercer lugar, la política del pacto verde ofrece un papel importante a los trabajadores y a las comunidades locales en la transición hacia la sostenibilidad. Esto puede manifestarse a veces como una vuelta a un tipo de política de clase anticuada. No se trata de un modelo simplista de transformación verde dirigida por las empresas ni de la reafirmación de un movimiento obrero exclusivo.

El éxito de las transiciones hacia la sostenibilidad depende de una amplia alianza de actores sociales con una visión compartida. El pluralismo tiene que estar en el centro de cualquier movimiento ecológico exitoso. El reto principal es mostrar oportunidades positivas para nuevas coaliciones amplias, que combinen beneficios medioambientales y laborales, como ocurre con la transición a la vivienda de bajo consumo.

 Al mismo tiempo, la enormidad de la emergencia climática y la diversidad de las fuerzas progresistas en toda Europa hacen que los partidos socialdemócratas deban establecer amplias coaliciones políticas y alianzas electorales. Este es un problema especialmente grave en el Reino Unido, con su sistema parlamentario "first past the post". Pero, de forma más general, todos los sectores de la izquierda tienen que reconocer que la era de los partidos de masas que representaban al grueso de la clase trabajadora es también una reliquia de la época industrial que se va.
Cambios en el estilo de vida

En cuarto lugar, el Green Deal europeo subraya, con razón, la importancia del empleo y la suficiencia material para todos como beneficios colaterales necesarios de las acciones medioambientales. Sin embargo, en la izquierda esto se desliza con demasiada facilidad hacia una visión implícitamente economicista de las aspiraciones sociales. El atractivo potencial de los cambios en el estilo de vida a través de las transiciones hacia la sostenibilidad, tanto para los individuos como para las instituciones, no se tiene en cuenta. El miedo a ser acusado de predicar deja sin respuesta un panorama de consumo insostenible.

 El último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático contiene por primera vez un capítulo sobre estas medidas del lado de la demanda y el cambio de comportamiento, que ilustra que los cambios de estilo de vida son una parte esencial para llegar a la sostenibilidad. A medio plazo, la transición de la movilidad ofrece comodidad, la transición de la alimentación ofrece salud y mejora de la dieta y la transición de los edificios ofrece comodidad y reducción de las facturas de combustible. La ausencia de políticas positivas sobre el estilo de vida es una grave carencia política que una socialdemocracia transformadora debe abordar.

En quinto lugar, en el mundo interconectado del siglo XXI no hay refugios nacionalistas. Algunas partes de la izquierda en Europa, como La France insoumise, todavía tienen que aceptar que las economías se han escapado de la correa de los pequeños y medianos Estados-nación que la componen.

 El "Green Deal" hizo añicos las ortodoxias financieras que los ordoliberales habían insistido en que eran sacrosantas. Los socialdemócratas tienen que hacer campaña con otros para que esta capacidad fiscal verde de la UE sea permanente. Ya se ha iniciado el debate sobre la necesidad de un fondo de inversión que dé continuidad a NextGenerationEU.

El jefe de la Federación de Industrias Alemanas (BDI), Joachim Lang, ha indicado que su organización está abierta a la idea de que la UE pida préstamos para ayudar a financiar la enorme inversión pública y privada necesaria para cumplir los objetivos climáticos alemanes y europeos. Para cumplir sus objetivos climáticos, Alemania necesita una inversión adicional de 860.000 millones de euros hasta 2030", ha dicho Lang, y para conseguirlo el Gobierno alemán debería debatir "el endeudamiento y la financiación a nivel de la UE". Esta medida confirmaría que la adopción del "Green Deal" por parte de Europa no fue una transacción única, sino un primer paso hacia una macroeconomía verde y eurokeynesiana, con capacidad para ser un líder mundial en materia de cambio climático.

 Desafío político y cultural

Este es el reto político y cultural que debe superar la izquierda para que la socialdemocracia resurja y asuma plenamente la agenda del cambio climático. Se están creando alianzas de base amplia. La Ampelkoalition en Alemania supone un verdadero avance. Demuestra cómo la crisis climática puede reunir a los mundos de la ciencia, la sociedad civil y las empresas y remodelar la política de los partidos y el gobierno, forjando nuevas coaliciones en el proceso.

El logro histórico de los movimientos socialistas del siglo XX no fue sustituir el capitalismo, sino civilizarlo. El auge del ecologismo inspirado en el cambio climático podría permitirnos descarbonizarlo y transformarlo. El frente popular de la voluntad climática está en marcha. Los próximos años pondrán a prueba si la izquierda europea es capaz de desempeñar un papel clave para garantizar el éxito de este impulso de modernización verde."    
          (  , Social Europe, 31/10/22; traducción DEEPL)

7/10/22

El predecible resurgimiento del fascismo y nazismo a los dos lados del Atlántico Norte y sus consecuencias

 "EL ORIGEN DEL FASCISMO Y DEL NAZISMO

El fascismo y el nazismo fueron fruto de la Gran Depresión. El enorme deterioro de la situación económica, que afectó muy negativamente el bienestar de las clases populares, creó un problema grave de credibilidad y legitimidad de los sistemas y de los gobiernos democráticos. Ambos, el fascismo (en el sur de Europa y en EEUU) y el nazismo (en el centro y norte de Europa y también en EEUU) capitalizaron este descontento que creció substantivamente en el periodo pre II Guerra Mundial, adquiriendo notable influencia en ambos lados del Atlántico Norte, llegando a gobernar en varios países de la Europa Occidental.

Su mensaje era autoritario y antidemocrático (considerando ilegítima cualquier opción política distinta, sujeta a ser eliminada), con un nacionalismo extremo, supuestamente defensor de la civilización cristiana, basado en un racismo y machismo (promotor de la fuerza y violencia hacia el contrario, definido como enemigo), profundamente antisindical así como anticomunista y antisocialista. Esta última característica los hacía atractivos a los grandes estamentos de poder económico y financiero de cada país que se sentían amenazados por movimientos contestatarios procedentes del movimiento obrero que cuestionaban su poder. De ahí que grandes sectores de tales estamentos en cada país financiaran al fascismo y al nazismo.

LA DERROTA DEL FASCISMO Y NAZISMO EN LA II GUERRA MUNDIAL: EL EMPODERAMIENTO DE LAS CLASES POPULARES Y LA APARICIÓN DE LOS ESTADOS DEL BIENESTAR Y REDUCCIÓN DE LAS DESIGUALDADES

Tanto el fascismo como el nazismo fueron derrotados militarmente en la II Guerra Mundial, que fue precisamente una guerra contra el fascismo y el nazismo, resultado de una amplia alianza de fuerzas políticas y sociales para conseguir tal objetivo. El triunfo sobre ambas opciones políticas, y sobre los poderes económicos y financieros que los habían apoyado, permitió una redefinición de las relaciones de poder entre las clases propietarias y gestoras del capital por un lado y las clases trabajadoras de cada país por el otro, abriendo nuevas posibilidades, siendo una de ellas el empoderamiento de las clases populares que determinó el establecimiento de los Estados del bienestar en cada país y la reducción de las desigualdades. Donde la clase trabajadora era más fuerte como en los países escandinavos, la redistribución de las rentas y de la propiedad del capital fue mayor y el Estado de bienestar más extenso. Donde la clase trabajadora era más débil, tal como en el sur de Europa y en EEUU, tal redistribución y establecimiento del Estado del bienestar fue prácticamente inexistente (como ocurrió en España y Portugal, gobernados por un gobierno fascista, el primero y fascistoide, el segundo), o muy limitado (como pasó en EEUU). Este último país tenía (y continúa teniendo) un sistema democrático poco desarrollado y muy sesgado a favor de las fuerzas políticas conservadoras y liberales. Su clase trabajadora era (y continúa siendo) muy débil con sindicatos prohibidos por ley (Taft Harley Act) de actuar en nombre de toda clase trabajadora, limitándoles a defender solo intereses corporativos, única y exclusivamente en sectores segmentados y muy descentralizados. Una huelga general estaba prohibida en EEUU. Por otra parte, su sistema político era y es muy poco proporcional, teniendo una cámara legislativa, el Senado, constituida de una manera escasamente representativa y mus sesgada a favor de los territorios conservadores y rurales del país. La financiación del proceso electoral era y es fundamentalmente privada, dando gran oportunidad a la compra de políticos por parte de los establecimientos financieros y económicos. Era y es el "modelo económico y político liberal" por excelencia.

La derrota del fascismo y nazismo había redefinido las relaciones de poder, empoderando a las clases trabajadoras (que habían jugado un papel clave en una guerra popular en contra de tales movimientos clasistas). Una consecuencia de ello fue un aumento de las rentas derivadas del trabajo (como parte de la renta nacional con descenso proporcional de las rentas del capital durante el periodo post II Guerra Mundial hasta finales de la década de los años setenta).

LA RESPUESTA DE PROPETARIOS Y GESTORES DE GRAN CAPITAL FRENTE AL AVANCE DE LAS CLASES POPULARES: EL NEOLIBERALISMO QUE CREÓ LAS BASES PARA EL CRECIMIENTO POSTERIOR DEL FASCISMO Y NAZISMO

Este crecimiento del poder de las clases populares llevó más tarde a la protesta de los estamentos económicos y financieros que establecieron como respuesta el neoliberalismo iniciado por el presidente Reagan de los EEUU y la señora Thatcher en la Gran Bretaña e incorporada más tarde en la mayoría de los partidos socialdemócratas (el partido mayoritario dentro de las izquierdas europeas) a través de la Tercera Vía. Esta nueva versión del liberalismo consistía en la promoción de la globalización de la actividad económica y financiera con plena libertad de movilidad de capitales, y de la fuerza del trabajo (con gran aumento de las migraciones y desplazamiento de capital, sobre todo el industrial a los países del Sur Global). Tal globalización incluía también la desregulación del mercado de trabajo, el aumento de las políticas fiscales regresivas y de austeridad, y la gran contención del gasto público.

Tales políticas tenían como objetivo debilitar a la clase trabajadora en los países a los dos lados del Atlántico Norte y revertir la distribución del capital y de las rentas a favor de las rentas de capital. El punto central y liderazgo de esta revolución neoliberal fueron el gobierno federal de los EEUU (y más tarde de los gobiernos de la Unión Europea, predominantemente de sensibilidad conservadora y liberal) y otras organizaciones lideradas por el gobierno federal de EEUU como la OTAN. Esta expandió su área de influencia en áreas del Atlántico Norte en las que estaba inexistente en la etapa anterior, tales como los países del Este de Europa y ahora últimamente Ucrania, programando su incorporación a la OTAN. El objetivo de tal organización era y es la promoción del modelo neoliberal existente en EEUU. Un ejemplo de ello es lo que esta ocurriendo en las políticas económicas y laborales que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (claramente influenciadas por el gobierno de EEUU y de Europa Occidental) están forzando a Ucrania a supeditar el retraso del pago de la deuda externa del Estado ucraniano a la aprobación por parte de tal Estado de una modificación del derecho de propiedad de la tierra en Ucrania a fin de permitir que empresas internacionales (primordialmente estadounidenses y europeas) tengan también tal derecho de propiedad, hoy restringido en aquel país para extranjeros. El gobierno ucraniano, también de orientación neoliberal, es favorable a esta medida, que es por cierto muy impopular, como también es impopular la desregulación masiva del mercado de trabajo que tal gobierno había ya propuesto antes de la guerra y que ha aprobado hace unas semanas. Ambas medidas han sido impuestas por aquellos organismos internacionales y aprobadas por el gobierno ucraniano bajo el supuesto que son necesarias para "atraer el capital extranjero para facilitar la reconstrucción del país". Capital extranjero quiere decir empresas estadounidenses y europeas.

LA CONVERSIÓN DE LAS IZQUIERDAS GOBERNANTES AL NEOLIBERALISMO Y SUS CONSECUENCIAS INCLUSO, EN PAÍSES DE LARGA TRADICIÓN PROGRESISTA COMO SUECIA

Las reformas neoliberales a partir de los años ochenta fueron expandiéndose a lo largo de todo el Atlántico Norte, en la medida que las izquierdas gobernantes diluían su resistencia a ellas y terminaban haciéndolas suyas también. A mayor fuerza de estas izquierdas, el retraso en la aplicación de tales políticas ha sido mayor. Y el último caso más notorio ha sido en Suecia, el país donde las fuerzas progresistas históricamente han tenido mayor poder y el partido socialdemócrata ha gobernado por más tiempo. Desde 1932 a finales de los años setenta, el partido socialdemócrata gobernó Suecia con un promedio de apoyo del 48% del electorado. Los cambios se iniciaron en los años ochenta, aunque fue a partir de los años noventa y a principios del siglo XXI cuando las políticas neoliberales alcanzaron su máximo desarrollo. La expansión del fascismo era consecuencia directa de la aplicación de tales medidas neoliberales. Era fácilmente predecible que tal movimiento crecería casi exponencialmente en la medida que el efecto perjudicial de tales políticas neoliberales afectaría el comportamiento electoral de las clases sociales afectadas. Y así lo escribí en mi artículo ¿Qué pasa en Suecia?, Publico (09/06/2013). Fue precisamente el gobierno sueco socialdemócrata el que inició las medidas neoliberales dirigidas por su ministro de Finanzas que fueron más tarde expandidas por la alianza de conservadores y liberales (conocida en Suecia como Alianza Burgesa). Estas medidas incluyeron todas las medidas neoliberales tales como la desregulación del mercado de trabajo (que permitió a los empleadores pagar a los trabajadores según su propio criterio con lo cual los empleadores, incluso el Estado, comenzaron a contratar y pagar menos a los trabajadores más débiles, es decir, los inmigrantes), el facilitamiento del crecimiento de la inmigración que aumentó espectacularmente, la introducción de la privatización (incluyendo por empresas privadas con afán de lucro) de la gestión de los servicios públicos tales como sanidad y educación, y la desregulación del precio de vivienda entre muchas otras medidas.

La gran mayoría de estas medidas afectaron muy negativamente el bienestar y calidad de vida de la clase trabajadora sueca, con grandes sectores de tal clase distanciándose del partido socialdemócrata, absteniéndose electoralmente o votando al partido Nazi que se presentó como el "antiestablishment liberal", en contra de la clase política y que arrasó en las últimas elecciones. Repito que era totalmente predecible que ello ocurriría.  

Ni que decir tiene que la clase capitalista sueca favoreció estas políticas neoliberales, aunque sectores afines al partido socialdemócrata se encontraran  incómodos con el lenguaje y valores sostenidos por el partido Nazi. La gran mayoría de medios de comunicación (que están controladas por grupos económicos perteneciendo a tal clase) hicieron todo lo posible para destruir a los partidos a la izquierda del partido socialdemócrata, a fin de evitar que canalizaran el enfado antiestablishment neoliberal existente en las clases populares suecas. Y repito, de nuevo, que todo esto que pasó era predecible también.

LA ENORME CRISIS POLÍTICA, ECONÓMICA Y SOCIAL DEL MODELO PROGRESISTA SUECO 

En las últimas elecciones ocurridas hace unas semanas la alianza progresista –el partido socialdemócrata, el partido de izquierdas, y el partido verde, consiguieron 163 puestos en el Parlamento, 3 menos que las derechas, 166– el partido conservador, el partido liberal, y el partido Nazi (llamados Demócratas Suecos). Tal partido, fundado en 1968 como heredero del partido Nazi sueco, consiguió un 20% del voto pasando a ser la segunda fuerza en el Parlamento sueco. El partido mayoritario continúo siendo el partido socialdemócrata que fue más votado con 30,3%. El partido Nazi atrajo un gran número de votantes de los otros partidos de la derecha, pero también de sectores de la clase trabajadora que votaban antes al partido socialdemócrata. El apoyo al partido nazi ha crecido incluso entre los sindicalistas del sindicato más próximo al partido socialdemócrata (el LO), la mitad de los cuales apoyaron al partido nazi, siendo mayoritario entre los hombres. En realidad, el 60 % de los hombres en las elecciones de este año votaron a las derechas, incluyendo al partido nazi.

 Las causas de estas transferencias de votos son fáciles de ver: las políticas neoliberales iniciadas por el partido socialdemócrata y expandidas por la alianza conservadora liberal que gobernó Suecia por seis años. Tal alianza fue después sustituida por el partido socialdemócrata que ha estado gobernando en los últimos seis años durante los cuales mantuvo aquellas políticas añadiendo además otras medidas de austeridad como la reducción del seguro público de enfermedad e incapacidad que fueron muy impopulares. 

Las políticas de austeridad, y la desregulación del mercado de trabajo fueron especialmente importantes para explicar también el antagonismo a la inmigración que aumentó substancialmente en este periodo. Fue en 2015 cuando ocurrió la crisis inmigratoria con la llegada de 662.000 personas extranjeras procedentes muchas de ellas de Syria, Turkia, Irán y Afganistán. Todas estas medidas explican el crecimiento tan marcado del partido Nazi durante este periodo. Habían conseguido en las elecciones del 2011 solo un 5.7% del voto emitido (solo el 8% de la población en aquel año creían que la inmigración era un problema). Solo cuatro años más tarde, en 2015, cuando culmino el crecimiento casi exponencial de la inmigración, el partido Nazi consiguió el apoyo del 20% de la población y un año más tarde, el 24% de la población indico que la inmigración era el mayor problema que tenía Suecia. Y últimamente el 44% de la población citó la inmigración como uno de los mayores problemas del país. El eslogan utilizado por el partido Nazi durante las últimas elecciones fue el que los socialistas estaban "reduciendo los derechos sociales para liberar fondos públicos a fin de asistir a los inmigrantes". A este eslogan se añadió otro: "Suecia es para los suecos", que indicaba que los inmigrantes no se merecían los derechos de los auténticos suecos.

LA EXPERIENCIA EN EL OTRO POLO AL OTRO LADO DEL ATLÁNTICO NORTE: LA ENORME CRISIS POLÍTICA DEL MODELO NEOLIBERAL DE LOS ESTADOS UNIDOS

El crecimiento del fascismo en EEUU era igualmente predecible. El neoliberalismo reaganiano que se inició en los años ochenta fue expandiéndose y fue el presidente Clinton el que lo incorporó plenamente en el Partido Demócrata y en su gobierno. Su programa de 1992 era relativamente progresista adoptando incluso en su propuesta programática el establecimiento de un programa nacional de salud que había hecho la candidatura de izquierdas de Jesse Jackson en las primarias del Partido Demócrata del 1988 y que hubiera garantizado el derecho de los estadounidenses de acceder los servicios sanitarios de aquel país. Clinton, sin embargo, cambió una vez elegido y además de aprobar el altamente impopular tratado de libre comercio entre EEUU, Canadá, y Méjico, renunció de muchas de sus propuestas, incluyendo el establecimiento del programa nacional de salud. Y más tarde su esposa, Hilary Clinton, Ministra de Exteriores durante el gobierno Obama, promovió el proceso de globalización con un aumento muy notable de la movilidad de industrias a lo que se llama el Sur Global.

Las consecuencias de esta globalización neoliberal fueron devastadoras para la clase trabajadora de los sectores industriales. Ejemplos hay miles. Baltimore, donde está situada la Johns Hopkins University, tenía durante muchos años la industria siderúrgica como uno de los centros de empleo más importantes de la ciudad. La mayor compañía siderúrgica abandonó la ciudad y los barrios de los trabajadores de tal industria (la mayoría blancos de cuello azul y bien pagados) cambiaron dramáticamente y hoy están desolados. La mortalidad de tales barrios ha aumentado espectacularmente debido a las enfermedades conocidas como las enfermedades de la desesperación (suicidio y adicción a drogas.) La gran mayoría de la población de estos barrios votaron a Trump.

Hoy el establishment político y mediático neoliberal está profundamente desacreditado entre las clases populares y muy especialmente entre la clase trabajadora, primordialmente entre la blanca (que mayoritariamente se abstiene en el proceso electoral). Esta es la fuente del crecimiento de la ultraderecha que antecede Trump, pero que este ha utilizado de una manera muy astuta presentándose como "antiestablishment liberal". He explicado en otro artículo que tal movimiento tiene las características del movimiento fascista del sur de Europa, presentándose como los defensores de la patria y de la civilización cristiana. Su ideólogo principal es Steve Bannon, que está intentando estructurar una Internacional nueva de ultraderechas que incluyen a Putin, Bolsonaro, Le Pen Vox , entre muchos otros.

¿ES EL TRUMPISMO UN MOVIMIENTO FASCISTA?

El establishment del partido republicano ha ido perdiendo su capacidad movilizadora, siendo sustituido por el trumpismo, caracterizado por un discurso orientado principalmente a las clases populares con una terminología obrerista, que presenta como enemigo al establishment político-mediático federal, basado en Washington. Hoy tal movimiento controla la mayoría del partido republicano que muy probablemente ganará las elecciones al Congreso este noviembre y más tarde en 2024 la presidencia, con consecuencias devastadoras no solo para EEUU sino también para el mundo, una realidad que parece ser ignorada por el establishment político mediático europeo basado en la dirección de la Unión Europea.

 El partido demócrata, cuyo aparato está controlado por el Clintonismo (cuya influencia mayor es en su política exterior) está dirigido por Biden que astutamente (y presionado por las izquierdas dirigidas por Bernie Sanders) se presentó como un heredero de Roosevelt favoreciendo un Nuevo New Deal que tenía elementos claramente progresistas, pero que han sido boicoteados o eliminados por resistencia interna dentro del partido y por intereses económicos y lobbies empresariales y corporativos. Esta situación ha decepcionado a grandes sectores del electorado demócrata.

Las medidas extremistas del trumpismo, como la abolición del aborto por parte de la Corte Suprema de EEUU, ya controlada por tal movimiento, ha movilizado alguna resistencia, pero el punto central hoy es el deterioro económico que moviliza a la mayoría de la gente y de ahí la previsibilidad de que ocurra lo que indiqué antes.

Una última nota sobre EEUU. No hay plena conciencia en los establecimientos políticos y mediáticos de la Unión Europea del carácter fascista del trumpismo ya que consideran tal definición como una exageración. Una anécdota, sin embargo, refleja el error de estas reservas. Trump intentó movilizar a generales del ejército estadounidenses para que realizaran un golpe militar el 6 de diciembre, hecho documentado por Peter Baker y Sussan Glasser del New Yorker (y comentado extensamente en el New York Times del 08/09/2022) . La falta de receptividad del estamento militar frustró y enojo a Trump, al desobedecer sus órdenes y/o no estar de acuerdo con su propuesta. Y explícito que deseaba unos generales leales como había tenido Hitler. Más tarde y en una conversación privada, un ayudante le recordó que algunos generales alemanes habían tratado de asesinar a Hitler y que casi lo consiguieron, a lo cual Trump respondió, con un enfado característico de tal personaje, que no era cierto. Según él, los generales habían sido totalmente fieles a Hitler y era esto lo que él deseaba de su generalato. Y así lo había exigido al jefe del Estado mayor de las fuerzas armadas de EEUU, Mark A. Miller, antes de proponerle para el cargo. Este sí que le prometió que haría cualquier cosa que le pidiera. Lo que el general no se esperaba es el tipo de peticiones que Trump llegaría a hacerle. Lo detectó rápidamente cuando en una demostración del movimiento de liberación negro Black Lives Matter en Washington, el presidente Trump ordenó al general que las tropas dispararan directamente contra los manifestantes, hecho al cual él se negó. Tras muchos otros casos, el general dimitió y escribió una carta al Presidente publicada en el New Yorker, (y comentada ampliamente en el New York Times) en la que le acusaba de tener valores propios del fascismo y del nazismo. Discutiendo la II Guerra Mundial, que había sido una guerra en contra del fascismo y el nazismo, el General hacía las siguientes observaciones al presidente. Es obvio para mí ahora ver que usted no entiende el significado de aquella guerra. Usted no comprende lo que aquella guerra significó. En realidad, usted suscribe muchos de los principios que nosotros luchamos en contra. Yo no puedo ser parte de este proyecto.

El hecho de que el general citado no apoyara el intento de golpe militar del presidente no significa que no hubiera sectores del Ejército y de los servicios de seguridad de que si lo estuvieran.

ÚLTIMAS NOTAS: LA SITUACIÓN EN ESPAÑA: EL FASCISMO NUNCA FUE DERROTADO

En España el fascismo nunca fue derrotado. Fueron las fuerzas democráticas y muy en particular las izquierdas las que lo fueron. Y la transición de la dictadura a la democracia, lejos de ser modélica, dejó elementos claves del Estado en manos de los que en España se definen como franquistas y que debieran llamárseles fascistas. Lo que existió en España durante la dictadura fue mucho más que una dictadura autoritaria de tipo personalista. Fue una dictadura totalizante con el objetivo de imponer una ideología que afectaba todas las dimensiones del ser humano basándose en unos valores propios de la versión española del fascismo. Y tal ideología está ampliamente extendida no solo en las fuerzas armadas, en los servicios de seguridad, y en el sistema jurídico, sino también en amplios sectores de la sociedad, tanto en las instituciones docentes, (desde el sistema escolar hasta el sistema universitario) como en las iglesias que han dificultado la recuperación de la historia real de este país.

 He escrito extensamente sobre este punto y solo quisiera subrayar que el peligro de que la ultraderecha gobierne el país es elevado, pues las derechas españolas tienen muchos elementos en común con tal ideología, como el considerar a los gobiernos socialistas antes y de coalición ahora como ilegítimos intentando su derrota por todos los medios, con la colaboración de partes del Estado donde los fascistas conservan gran poder. La transición creó un régimen político, basado en el bipartidismo (apoyado por las derechas nacionalistas periféricas) en el que las fuerzas conservadoras fueron dominantes. Y las izquierdas, incluso las gobernantes, estuvieron  muy limitadas en su capacidad de transformación del país, contando con la oposición de la mayoría de medios de información y persuasión, que presionaron para transformar al partido socialdemócrata en uno de los que se adaptaron al neoliberalismo más rápido y más intensamente en la Europa Occidental. Como consecuencia, España continúo siendo uno de los países con mayores desigualdades de renta en la Europa occidental y con menor desarrollo de su estado del  bienestar, habiendo sido uno de los países con mayor mortalidad acumulada por covid-19 en Europa y Norte América durante la pandemia.

Y precisamente la estrategia de los establecimientos político-mediático dominantes ha sido la misma que en todos demás países. Diluir la capacidad transformadora del partido de izquierdas dominante y reprimir por todos medios a las fuerzas a su izquierda para evitar el desarrollo de una alternativa progresista. Esto ha ocurrido en todos los países a los dos lados del Atlántico Norte. Ahora bien, en España hubo una situación excepcional que explica que el partido mayoritario de izquierdas continúe siendo el partido socialdemócrata. Y ello se debe al cambio de su dirección que en caso de no realizarse hubiera significado la desaparición de tal partido como ocurrió en Francia. Pero el 15 M tuvo un gran impacto en el país, abriendo toda una serie de posibilidades, incluyendo la revuelta de las bases de tal partido eligiendo otra dirección. Y la aparición de Podemos primero y Unidas Podemos más tarde crearon un polo de atracción que presionó al PSOE a establecer la coalición actual. La enorme hostilidad del establishment político mediático frente a este nuevo espacio es un indicador del temor que se reavive la transformación necesaria. De ahí el crecimiento de Vox claramente dulcificado por los medios. El PP está inevitablemente evolucionando y radicalizándose y podría ganar las elecciones en caso de no hacerse las transformaciones deseadas. La necesaria movilización del voto progresista y de izquierdas favorable a la transformación necesaria no ocurrirá, sin embargo, a no ser que los cambios propuestos se realicen. Esta es la realidad que ha ocurrido en el resto de Europa y en EEUU , detallada brevemente en este artículo, y que también está ocurriendo en España."                   (Vicenç Navarro , Público, 05/10/22)

23/6/22

Las escuelas de Suecia, el sueño húmedo de Milton Friedman... lo que era antaño una institución social valorada y una fuente de orgullo nacional, se ha convertido en un rentable campo de juego para los intereses empresariales y la creación de una inmensa riqueza privada... las escuelas privadas pueden elegir a los alumnos más rentables e instalarse en el centro de las ciudades y seguir recibiendo la misma financiación. Resultado: ningún otro país ha experimentado una caída tan rápida de sus resultados en la tabla clasificatoria del PISA como Suecia

 "Pensemos en una caricatura de una pareja de capitalistas y podremos imaginarnos la portada del principal diario sueco, Dagens Nyheter, a principios de este año. Un hombre con un traje a medida y una cartera al estilo de los 80. Junto a él, una señora de tacones altos, falda de seda y un gran abrigo de piel plateado. Grandes sonrisas de confianza.

Lamentablemente, el retrato de Hans y Barbara Bergström no era una caricatura, sino una ilustración del actual sistema escolar sueco. La foto acompañaba a un artículo sobre lo que era antaño una institución social valorada y una fuente de orgullo nacional, que se ha convertido en un rentable campo de juego para los intereses empresariales y la creación de una inmensa riqueza privada.

Barbara Bergström, fundadora de una de las mayores corporaciones escolares de Suecia, con 48 escuelas en todo el país, y su marido, antiguo redactor jefe del Dagens Nyheter -y viejo defensor de la privatización de las escuelas- son dos de las personas que han hecho fortuna dirigiendo escuelas financiadas con fondos públicos en Suecia. Cuando hace unos años vendió Barbara acciones de su imperio escolar a inversores estadounidenses, obtuvo unas ganancias de 918 millones de coronas suecas (casi 90 millones de euros). Las acciones restantes valen hoy otros 30 millones de euros.

Sistema de vales

Se trata de un dinero obtenido íntegramente con fondos públicos. En Suecia, los colegios privados no se financian con las tasas académicas, sino con un sistema de vales de "libre elección" introducido por un gobierno conservador en 1992.

Este año cumple treinta esa reforma radical del sistema escolar sueco. Ideológicamente concebido por Milton Friedman, el sistema es objeto de crecientes críticas. No sólo porque ningún otro país del mundo haya optado por copiarlo, sino también porque los inconvenientes se han hecho muy evidentes. En particular, los consejos escolares de todo el país son cada vez más conscientes de que los propietarios de las escuelas privadas las tratan como negocios rentables, a expensas de las escuelas públicas.

En 1991, una controvertida reforma de la gobernanza socialdemócrata suprimió el sistema escolar estatal. Fue el gobierno conservador de Carl Bildt el que al año siguiente introdujo la financiación de las escuelas públicas suecas mediante vales. La idea era que los alumnos y sus familias pudieran elegir cómo gastar los recursos asignados a la escolarización: asistir a una escuela pública o utilizar el vale en una escuela privada. Desde entonces, los municipios se encargan de las escuelas públicas en Suecia y todos ellos están obligados por ley a entregar vales escolares (equivalentes al coste de las escuelas municipales) a las escuelas privadas por cada alumno que acepten.

Elegir a los más rentables

Parece justo: todos los alumnos reciben un vale ("una mochila llena de dinero") y todos pueden elegir. Sin embargo, las necesidades de cada alumno son diferentes y, mientras que la escuela municipal tiene que atender las necesidades de todos los niños, las escuelas privadas pueden elegir a los alumnos más rentables y seguir recibiendo la misma financiación.

 Los municipios tienen la responsabilidad legal de proporcionar a los niños acceso a la educación cerca de su lugar de residencia, ya sea en una ciudad pequeña o en un pueblo remoto. Las escuelas con ánimo de lucro no tienen esa obligación y pueden establecerse en el centro de la ciudad.

Los municipios tampoco pueden rechazar alumnos. Las escuelas con ánimo de lucro lo hacen continuamente: ponen a los alumnos en lista de espera y sólo aceptan una cuota rentable. Dado que los mayores costes de las escuelas -profesores y aulas- son más o menos fijos, los máximos beneficios provienen de maximizar el número de alumnos por profesor y por aula. Las listas de espera permiten poner a los alumnos en cola (mientras asisten por defecto a la escuela municipal) hasta que se pueda abrir un aula completa (es decir, rentable).

Círculo vicioso

Con ello se crea un círculo vicioso. Mientras las escuelas privadas con ánimo de lucro gestionan aulas con 32 alumnos (con la financiación de 32 vales), los ayuntamientos tienen que gestionar escuelas en las que las aulas tienen uno, dos o quizá cinco alumnos menos. Menos dinero por profesor y por aula aumenta matemáticamente el coste medio por alumno.

Si el coste por alumno del municipio aumenta en sus escuelas, los colegios privados tienen derecho legalmente a una ayuda equivalente, aunque sus costes no hayan aumentado. Las escuelas públicas pierden alumnos, y por tanto financiación, en favor de las escuelas con ánimo de lucro, mientras que el consiguiente aumento del coste por alumno proporciona una nueva ayuda financiera a las escuelas privadas, que, con la ayuda de esta ayuda adicional, se vuelven aún más atractivas. Al mismo tiempo, las escuelas públicas se ven privadas de los recursos que tanto necesitan y la espiral descendente continúa.

Inevitablemente, son los niños privilegiados, sobre todo, los que pueden ejercer su derecho a asistir a escuelas privadas, por lo que los alumnos socialmente desfavorecidos se quedan en las escuelas públicas. Esto no sólo favorece la desigualdad de rendimiento entre escuelas, sino que también disminuye la media general: Finlandia, por el contrario, tiene unas diferencias de rendimiento muy bajas entre sus escuelas.

 Andreas Schleicher, jefe de la dirección de educación y competencias de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), solía "mirar a Suecia como patrón de oro de la educación". Ahora, escribe, "el sistema escolar sueco parece haber perdido su alma". Ningún otro país ha experimentado una caída tan rápida de sus resultados en la tabla clasificatoria del Programa para la Evaluación Internacional (PISA) de la OCDE como Suecia, junto con un aumento de las diferencias de conocimientos entre las escuelas. Y, al mismo tiempo, la segregación escolar está aumentando, no sólo en las grandes ciudades, sino también en las medianas.

En su obra seminal The Death and Life of the great American School System (Muerte y vida del gran sistema escolar norteamericano), Diane Ravitch describe de qué modo convertir la "libertad de elección" en "religión dominante" beneficia a unos pocos y perjudica a muchos, al destruir el sistema escolar público. Lo que debería ser un servicio público es objeto de abuso por parte de los padres que buscan un refugio segregado (blanco y de clase no trabajadora) para sus hijos.

Ingentes fondos para gastar

Puede parecer poco probable que el sistema escolar sueco le sirva de inspiración a alguien en algún lugar. Pero las escuelas privadas suecas son muy rentables, sus propietarios disponen de ingentes fondos para gastar y están ansiosos por satisfacer las demandas de segregación social de la clase alta y media mediante la expansión de sus empresas en el extranjero.

Academedia, el mayor proveedor de educación privada de Suecia, se ha establecido en Noruega y tiene 65 centros de preescolar en Alemania. No hace mucho informó a los inversores de que estaba preparando el lanzamiento de un programa de aprendizaje en el Reino Unido y la expansión de sus centros preescolares en los Países Bajos. La Internationella Engelska Skolan, de Barbara Bergström, ya posee siete colegios en España.

Por su parte, la fundación de Bergström, ha donado 60 millones de coronas suecas para crear una "cátedra de organización y liderazgo educativo" en la Escuela de Economía de Estocolmo. Friedman habría quedado impresionado."                    

(Lisa Pelling  , politóloga y directora del “think tank” Arena Idé, con sede en Estocolmo, Sin Permiso, 02/06/12)

11/5/22

La presentadora de Fox, Trish Regan, dijo que Dinamarca ha «despojado a la gente de sus oportunidades». Los impuestos son tan altos y los servicios de bienestar tan generosos que «nadie quiere trabajar», «nadie se gradúa en la escuela» y «nadie está incentivado a hacer nada, porque no va a ser recompensado»... esta opinión de Fox nos indica lo desesperada que se está volviendo la derecha... Dinamarca no es un país socialista... Lo que sí demuestra Dinamarca es que no hay barreras económicas para los impuestos altos, el gasto social elevado y la sindicalización elevada. La socialdemocracia, en contra de Regan y otros ideólogos de la derecha, no produce desempleo masivo ni ruina económica. Ha dado lugar a algunos de los niveles de vida más altos y a los países más libres que el mundo haya visto jamás

 "Hace un par de años, la presentadora de Fox Business, Trish Regan, narró un segmento de tres minutos que comenzó como una pieza convencional de propaganda antisocialista. Con una voz siniestra y un telón de fondo de manifestantes encapuchados, Regan utilizó el caso de Venezuela para argumentar que el socialismo trae consigo el desastre: «No hay comida, no hay sanidad, no hay trabajo, mucha violencia, muchos saqueos, mucha corrupción».

Entonces las cosas dieron un giro sorprendente. En un audaz movimiento retórico, Regan dirigió su ira hacia Dinamarca, un país liberal, democrático y socialmente estable en el norte de Europa, que cuenta con altas calificaciones en todo, desde la felicidad hasta la competitividad económica. Al igual que Venezuela, argumentó Regan, Dinamarca ha «despojado a la gente de sus oportunidades». Los impuestos son tan altos y los servicios de bienestar tan generosos que «nadie quiere trabajar», «nadie se gradúa en la escuela» y «nadie está incentivado a hacer nada, porque no va a ser recompensado».

La reacción en Dinamarca —un país de menos de 6 millones de habitantes poco acostumbrado a recibir tal atención— fue inmediata y feroz. El segmento apareció en los titulares de los principales periódicos, y miles de personas comunes y corrientes reaccionaron, a menudo con enfado, en las redes sociales.

La embajada danesa en EE.UU. publicó una hoja informativa en la que señalaba que el 75% de la población danesa en edad de trabajar lo hace (frente al 70,6% de EE.UU.), que Dinamarca es el segundo país en cuanto a «atracción, desarrollo y retención de talento» (EE.UU. es el decimosexto) y que, según el Foro Económico Mundial, «es más probable alcanzar el sueño americano si se vive en Dinamarca».

Políticos de todo el espectro político se sumaron a la polémica. Dan Jørgensen, del Partido Socialdemócrata (centroizquierda), replicó alegremente a Regan en un vídeo que rápidamente obtuvo más visitas que toda la población de Dinamarca. El ministro de Economía, Kristian Jensen, del Partido Venstre (centroderecha), insistió en que Fox Business dejara de «mearse en Dinamarca». Incluso Anders Samuelsen, de la libertaria Alianza Liberal, admitió que la comparación era «exagerada» (aunque expresó su confianza en que el segmento llamaría la atención de forma positiva sobre la combinación de Dinamarca de un fuerte Estado de bienestar y una economía de mercado liberal).

Hasta cierto punto, la reacción danesa reflejó un sentimiento de malestar por haber sido denigrada en una cadena importante en un país que la mayoría de los daneses consideran amigo. Pero, al mismo tiempo, el hecho de que ni siquiera los libertarios daneses estuvieran dispuestos a respaldar la opinión de Fox Business nos indica lo desesperada que se está volviendo la derecha.

Lo que Dinamarca es y no es

 Dinamarca no es un país socialista. Aunque cuenta con un sólido Estado de bienestar y con fuertes sindicatos que mejoran la vida del ciudadano medio (y en la década de 1970 hubo un intento frustrado de socializar parcialmente la industria a través de fondos para asalariados), la propiedad de la economía sigue estando predominantemente en manos privadas. Dinamarca incluso sufre su cuota de escándalos de gobierno corporativo. Hace un tiempo, el principal banco del país, Danske Bank, estuvo envuelto en lo que podría ser el mayor caso de blanqueo financiero de la historia del mundo.

Lo que sí demuestra Dinamarca es que no hay barreras económicas para los impuestos altos, el gasto social elevado y la sindicalización elevada. La socialdemocracia, en contra de Regan y otros ideólogos de la derecha, no produce desempleo masivo ni ruina económica. Ha dado lugar a algunos de los niveles de vida más altos y a los países más libres que el mundo haya visto jamás. La pobreza y la desigualdad son relativamente bajas, la igualdad de género (sobre todo gracias al Estado del bienestar) es comparativamente alta, y los trabajadores tienen más derechos y voz en el trabajo que en Estados Unidos.

Dinamarca no es un caso único. Todos los países escandinavos han alcanzado niveles similares de igualdad social a pesar de tener economías muy diferentes. Mientras que Suecia siempre ha estado dominada por la minería y la industria pesada (con gigantes industriales como Volvo y Bofors), Dinamarca se ha basado en la agricultura y en empresas industriales más pequeñas, Noruega ha estado dominada por la pesca y la madera, etc.

A pesar de estos diferentes perfiles económicos, a lo largo del siglo XX todos los países nórdicos consiguieron reducir drásticamente las desigualdades salariales y desmercantilizar partes sustanciales de la economía. La clave fueron los sindicatos, los movimientos populares y los partidos de izquierda. Fueron estas fuerzas de masas —no las élites benévolas, que sopesaron cuidadosamente las alternativas antes de decidirse por una mezcla ilustrada de capitalismo y socialismo— los artífices y el impulso del modelo nórdico. Son los responsables de que los países nórdicos se encuentren entre los más felices y democráticos del mundo.

Por supuesto, no hay que fetichizar la experiencia escandinava. Ni Dinamarca ni los demás países escandinavos han sido inmunes a la ola de reformas neoliberales de las últimas décadas, con recortes estatales, reducción de las pensiones y liberalización financiera (y el correspondiente ascenso de la extrema derecha). En algunos ámbitos, los nórdicos han sido incluso precursores. Suecia fue líder mundial en la privatización de escuelas y ahora tiene una industria educativa con fines de lucro que atrae los aplausos de los derechistas de todo el mundo. Las reformas de las pensiones en Dinamarca elevaron la edad de jubilación a la más alta de Europa y, en 2014, el país vendió partes de su empresa nacional de energía a Goldman Sachs. Según la OCDE, los países escandinavos han experimentado uno de los mayores aumentos de la desigualdad en las últimas décadas.

Tampoco debemos olvidar el momento histórico concreto —y, sobre todo, la posición de estos países en el orden mundial— que hizo posible el modelo escandinavo. Presionadas por fuertes movimientos obreros y un profundo deseo popular de ganancias materiales tras los horrores de la guerra y el fascismo, las élites europeas y estadounidenses aceptaron un amplio compromiso de clase en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Se construyeron Estados de pleno empleo y bienestar, y se permitió que los salarios aumentaran rápidamente.

En Escandinavia, esta evolución fue la más avanzada, ya que los partidos socialdemócratas obtuvieron un estatus casi hegemónico. Al mismo tiempo, el fuerte anticomunismo de los líderes socialdemócratas apaciguó aún más a las élites americanas y empujó a estos líderes a los brazos del Estado estadounidense. En el caso danés, los socialdemócratas llevaron al país a la alianza de la OTAN, y el partido dirigió una operación de inteligencia privada, recogiendo datos sobre activistas comunistas en cooperación con la CIA.

Las cosas fueron muy diferentes en otros lugares. Los países de América Latina que intentaron dar un giro a la izquierda experimentaron el brutal palo de la intervención estadounidense —ya sea mediante sanciones económicas, golpes de estado o asesinatos—, a menudo por programas políticos mucho menos ambiciosos que los de la Escandinavia de posguerra. El sueco Olof Palme fue aceptado como líder legítimo en la Suecia de la posguerra; el guatemalteco Jacobo Árbenz fue depuesto en 1954 en un golpe de Estado propiciado por Estados Unidos por intentar aplicar un programa de reformas moderado.

La ironía histórica es que la socialdemocracia danesa —que Estados Unidos permitió como parte de una estrategia geopolítica más amplia— sirve hoy para socavar las afirmaciones de la derecha estadounidense de que las reformas de izquierda se derrumbarán bajo el peso de su propia ineficacia económica.

Pero eso no impide que los derechistas lo sigan intentando."                ( , JACOBIN, 19/04/22)

22/7/21

Lo de Ana Iris Simón o porque necesitamos una izquierda conservadora... reconstruir nuestras comunidades debe ser la tarea fundamental para responder a los dolores de los de abajo... una izquierda que no renuncie a las tradiciones de sus pueblos, que ofrezca una “democratización” de las relaciones sociales más opresivas, pero que defienda las que aun ejercen de dique comunitario, frente a la sociedad neoliberal de comunidades rotas, fragmentadas... No podemos continuar regalando a la derecha asideros tan importantes: la familia, la patria o la religión pueden tener un sentido progresista

 "El pasado 23 de mayo, la izquierda twitter protagonizo el enésimo enfrentamiento interno virtual. Cualquiera que esté un poco politizado recibió en sus notificaciones que una periodista cultural conocida como Ana Iris Simón, había pronunciado un discurso ante la mirada del presidente del gobierno en el marco del programa Reto Demográfico del documento España 2050 contra la despoblación.

 La periodista, conocida en nuestro mundillo por ser una redactora de la revista Vice, acaba de publicar una novela sobre sus orígenes familiares: “Feria” (2020, Círculo de Tiza). El primer capítulo de esta es uno de los artículos que publicó hace dos años en Vice titulado “Me da envidia la vida que tenían mis padres con mi edad”, la misma muletilla con la que inició su discurso el otro día.

La reacción a su discurso inundó las redes sociales, llegando a TT en Twitter. Conocidas personas e intelectuales de espacios políticos progresistas tacharon el mismo de “falangista” o “reaccionario” o “rojipardo”. La periodista se granjeó la enemistad de ciertas cuentas por su mensaje acerca de la familia o la migración. 

Otros señalamos una cierta coherencia con los valores de izquierdas, cuando denunciaba los precios abusivos de los alquileres, la precariedad o el despoblamiento rural. Al tiempo que algunas opiniones de ella sobre el feminismo o las migraciones nos han parecido peligrosas, creemos que ha situado temas importantes en la agenda mediática y que lejos de la cultura de la cancelación con la que se ha recibido su discurso y su libro, la izquierda debería afrontar con valentía e inteligencia el debate sobre la inmigración o la familia.

Aquí me parece ver un problema ideológico de la izquierda, que no ha dado respuesta a los diferentes retos que la crisis del 2008 planteó, y que ya venían del momento neoliberal inicial de los años 70. En ese momento, después de los “30 gloriosos” años de socialdemocracia, el curso político giraba a la derecha y bajo el discurso conservador de Thatcher y Reagan empezaba a latir una “revolución antropológica” que trastocaba las bases mismas de la sociabilidad humana.

 Al respecto, y humildemente, me parece que Ana Iris se plantea el mismo problema que Pasolini: qué hacer cuando la comunidad humana se rompe y los vínculos sociales que la sostenían se disuelven.

La ideología del progreso en el marxismo

Esto no es nuevo, ya el propio Marx advertía de que el modo de producción capitalista provocaba la disolución de «los abigarrados vínculos feudales» y las «venerables tradiciones» y en el que «todo lo estable se esfuma» y «todo lo santo es profanado». El barbudo veía en esto un avance inmenso respecto a las formas comunitarias anteriores: el pasado feudal era borrado de un plumazo por la gran industria.

Quizá el panfleto del Manifiesto Comunista circuló más que el capítulo 24 del Libro I de El Capital, donde se describía el proceso de acumulación originaria como el proceso de desposesión y cercamiento de los bienes comunes. Con evidente tono de denuncia moral, Marx habla de la imposición del trabajo asalariado mediante leyes de mendicidad, o contra la picaresca que provocaban que se tuviera que pedir permiso a unos terceros para vivir.

 El capitalismo, a pesar de que incubaba grandes posibilidades de progreso, suponía un gran precio a pagar por los pueblos: no solo borraba de un plumazo la “antigüedad moral” y violaba sus tradiciones milenarias (que incluían una amplia gama de recursos compartidos en forma de bienes comunes) sino que suponía la pérdida de la libertad de los muchos.

La mayor parte de la tradición marxista, en lugar de seguir por este camino, prefirió hablar de la inevitabilidad histórica del capitalismo y el progreso que suponía la destrucción de algunas formas de comunidad humana.

Así que cuestiones como la familia, la nación, las tradiciones o la religión pasaban a ser identificadas automáticamente como parte de una superestructura burguesa que debía ser extirpada para que, de entre las cenizas de la vieja sociedad demolida, emergiera un “hombre nuevo” desligado completamente de esas formas comunitarias. Un legado que, sin duda, se heredó del desarrollo político-institucional de la Ilustración que, fruto de la derrota frente al capitalismo, terminó derivando en ese “monstruo de la Razón” que agudamente describiría Goya en su cuadro. Por decirlo con Fernández Liria, «es como si al demoler las catedrales los parlamentos perdieran todo su interés para el ser humano».

Desgraciadamente, a lo máximo que llegaron los herederos de Marx en el siglo XX fue a enseñarnos un camino en el que, como dijo Žižek, después del triunfo revolucionario siempre llegaba el Termidor. Se volvía al orden después del caos revolucionario bajo formas sociales conocidas, ya que los experimentos colectivistas no habían acabado demasiado bien.
 

Esto debería llevarnos a la misma conclusión que llega Santiago Alba Rico: que los principios socialistas se habían incubado en un suelo parcialmente podrido. Una, si se quiere, «coyuntura epistémica» bajo la cual el socialismo se había forjado en un magma de positivismo, crecentismo y progreso.

El neoliberalismo y la revolución permanente antropológica

Y justamente, tras la caída del Muro de Berlín y la expansión de la globalización capitalista, nos encontramos con que el neoliberalismo ha convertido en pesadillas atenazadoras todos y cada uno de los sueños emancipadores del socialismo: el socialismo demandaba un mundo nuevo y el capitalismo nos proporciona uno cada mañana, sin historia y sin memoria. 

El socialismo quería producir más valores de uso y el capitalismo ha arrojado sobre nuestras cabezas tal avalancha de mercancías que su propio exceso suspende toda condición de uso (y amenaza la propia existencia del planeta). El socialismo quería eliminar la división del trabajo y las “especializaciones” alienantes y el capitalismo nos ha concedido inmediatamente el trabajo precario, la flexibilidad laboral, la deslocalización y las empresas de empleo temporal.

En definitiva, como ya se ha afirmado muchas veces, la sociedad neoliberal es una sociedad de comunidades rotas, fragmentadas. El nuevo hombre neoliberal, es una persona desarraigada, sin tradiciones, soltera: es decir sin vínculos sociales. O, como decía Ana Iris, una persona que es incapaz de salir de la juventud, los itinerarios vitales se alargan, nos vemos compartiendo piso hasta los 30 años porque los alquileres no bajan, o nos imaginamos que deberemos emigrar de nuestros lugares de origen porque no tenemos ninguna oportunidad laboral.

 Por no hablar de la nueva oleada de enfermedades mentales. Como decía Cesar Rendueles en una conferencia que algunos harían bien en volver a ver, esta ruptura de la comunidad ha derivado en el alza de enfermedades mentales al mismo tiempo que las tasas de afiliación sindical caían hasta ser el país de la OCDE con menos afiliados y uno de los países europeos con menor tasa de asociacionismo. Esto era en 2016, imaginad cual es el resultado después de la pandemia y el confinamiento.

Rendueles hacía notar que frente al lenguaje del individualismo, se debía oponer el lenguaje de la obligación. Que hay lazos y reglas sociales que no dependen exclusivamente de las preferencias puntuales de los individuos, y que el proceso de cambio de estos debería ser fruto de una reflexión colectiva como sociedad. Aunque sin duda, relaciones de este tipo, obligatorias se vuelven absolutamente necesarias frente a la lógica nihilista y hedonista.

También lo vemos en las relaciones amorosas, prima el lenguaje de la preferencia individual que el lenguaje colectivo de la obligación. Como explicaba Eva Illouz, el mercado ha penetrado también en nuestras relaciones sentimentales.

Recomponer y reconstruir nuestras comunidades debe ser la tarea fundamental de una fuerza política que quiera responder a los dolores de los de abajo. O como también diría Alba Rico, se trata de preguntarse si, antes de seguir adelante, no es necesario recomponer algunos de esos lazos para poder, al mismo tiempo, combatir desde alguna parte y conservar alguna cosa para cuando haya que comenzar de nuevo.

Una izquierda arraigada y conservadora.

Esta propuesta de una izquierda que arraigue en los territorios y que conserve todo aquello que merezca la pena conservar, se pudo ver en el 15-M. En cierta forma, el mayo español de 2011 fue un anti-mayo del 68. Una serie de demandas muy básicas que escandalizarían a los estudiantes franceses de la Sorbonne, encabezaban la manifestación principal: sin casa, sin curro, sin pensión. Un trabajo y un techo dignos, para poder emanciparse, para poder dejar la juventud atrás y (si se quiere) formar una familia y una pensión para envejecer con dignidad. 

Demandas poco “eróticas” pero muy efectivas contra un régimen que había prometido precisamente esas cosas, quizá por eso el movimiento obtenía la simpatía de casi el 80% de la sociedad, era una revuelta del sentido común.

¿No es acaso lo que se pone de relieve cuando Ana Iris dice que echa de menos la vida que vivieron sus padres? ¿No decíamos en el 15-M que íbamos a ser la primera generación que iba a vivir peor que sus padres?

Yo encajaría aquí el mensaje de la periodista. Explicaría que sí que hay un problema de despoblamiento rural, que las vidas urbanas son cada vez más miserables, que hay una falta de horizontes y que la precariedad nos asfixia. Así, claro, nadie puede tener una familia. ¿Queremos tener una? Pues habrá quien sí, y quién no. La cuestión sería entenderla dentro de más formas comunitarias que pueden ofrecer, como diría Cristopher Lasch, refugio en un mundo despiadado. 

No se trata de obviar la vertiente represiva del mundo de nuestros padres y madres (de hecho la escritora lo ha enfatizado en muchas entrevistas) ni de obligar a las mujeres a ser amas de casa ni a los hombres a volver a las fábricas. Sino de no juzgar con moralismos, aprender y conservar lo bueno, criticar y deshacerse de lo malo. Pero como diría el viejo refrán “no hay que tirar al niño con el agua sucia”.

Decía Chesterton que la tradición es la democracia de los muertos y Marx que el cerebro de los muertos oprimía el cerebro de los vivos. Entre ambas fórmulas me parece divisar una izquierda que no renuncie a las tradiciones de sus pueblos, que sepa ofrecer una “democratización” de las relaciones sociales más opresivas pero que defienda las pocas que aun ejercen de dique comunitario frente al neoliberalismo. No podemos continuar regalando a la derecha asideros tan importantes: la familia, la patria o incluso la religión pueden tener un sentido progresista.

Una comunidad más fuerte es también una comunidad con más capacidad para luchar.
Que se lo digan a los indígenas latinoamericanos que llevan siglos defendiendo sus tradiciones y sus formas de vida comunes frente al capitalismo. Nos hemos dedicado a transformar el mundo cuando de lo que se trata ahora es de conservarlo."

( Xavier Calafat, politólogo y miembro del consejo editorial de Agon. Qüestions Polítiques, La Trivial)