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5/4/21

“No he encontrado a Dios en el universo, pero Einstein sí, en la perfección y la belleza de sus leyes”... la pregunta que se hacía Leibniz, “¿Por qué hay algo en lugar de nada”, se quedarán sin respuesta en el marco de la física

 "Eduardo Battaner López (Burgos, 1945) no ha buscado a Dios en la física, pero sí a los físicos que lo han hecho a lo largo de la historia y a aquellos que han negado su existencia, algo que, según decía Paul Dirac, es uno de los problemas fundamentales de esta ciencia. 

Battaner, astrofísico formado en España y en el prestigioso Instituto Max Planck de Alemania, es profesor emérito de la Universidad de Granada y ha publicado Los físicos y Dios (Editorial Catarata), un repaso a la relación de estos buscadores de respuestas a lo largo de la historia.

Pregunta. ¿Por qué Los físicos y Dios?

Respuesta. Los grandes investigadores han trabajado en ese horizonte que divide lo conocido y lo ignoto. Por tanto, han tenido el privilegio de observar la naturaleza como nunca antes se había visto. Su interpretación de la naturaleza ha tenido implicaciones en la filosofía y en la teología. Por eso, hay mucha gente que quiere saber cuál era el pensamiento religioso de los grandes científicos y, por tanto, de los grandes físicos. 

Pero hay que advertir que en este libro no hay ninguna intención de apostolado. No se defiende ninguna posición religiosa concreta. Ni se defiende el teísmo ni el ateísmo. Se habla de la actitud de los físicos ante la idea de Dios basada en sus propias palabras. Este libro tiene solo un enfoque histórico.

P. ¿Por qué esa preocupación entre los físicos?

R. Porque esta es una preocupación de todas las personas y lo es de los físicos porque son personas. Pero su punto de vista tiene un interés adicional porque su oficio es conocer el universo. Los físicos hoy trabajan prescindiendo de sus creencias particulares. Incluso los más creyentes no mezclan su ciencia y su religión. No siempre ha sido así. Por ejemplo, [Johannes] Kepler era un místico que, basándose en que estamos hechos a imagen y semejanza, creía que podía comprender el mundo. Es un método científico inaceptable hoy, pero que le llevó a establecer unas leyes de gran precisión. Creía tener la responsabilidad de interpretar la creación.

P. Michel Mayor, descubridor del primer exoplaneta, dice que “no hay sitio para Dios en el universo” En su tarea como astrofísico, ¿lo ha hallado?

R. No he encontrado a Dios en el universo, pero en este libro no pretendo exponer mis propias ideas sino la de los grandes físicos. Entre ellos y, en particular, entre los astrofísicos, hay una gran disparidad de creencias. Los hay creyentes, agnósticos y ateos. No todos piensan como Mayor. Por ejemplo, [Albert] Einstein sí encontró a Dios en el universo, en la perfección y la belleza de sus leyes.

P. Pero usted cuestiona que los físicos de ahora se amparan en la no respuesta como respuesta.

R. Es verdad que hoy los científicos tienen una especie de pudor al confesar sus creencias. No sé por qué. No suelen contestar. Esto contrasta con los físicos de otros tiempos que revelaban sus creencias sin tapujos. ¿Por qué no decirlo? Otra cosa son los agnósticos que no se pronuncian porque no encuentran la respuesta o creen que no la hay.

 P. ¿Hay un sentido en la evolución del universo?

R. El universo evoluciona de una forma bastante conocida y previsible matemáticamente (si se exceptúan los primeros instantes) Hay un sentido físico. Lo que no quiere decir que haya un propósito.

P. ¿Por qué cambia la relación de la física con Dios?

R. A lo largo de la historia se observa, en efecto, una evolución. Los científicos islámicos de la edad media daban por supuesta la existencia de Dios. Cuando la ciencia pasó a Europa, todos los científicos eran también creyentes, incluso clérigos y también daban por supuesta la existencia de Dios. O, si alguno no lo creía, se lo calló. A partir del Renacimiento empieza la diversidad de opiniones. Y hoy hay muchas posturas diferentes. ¿Por qué? Seguramente debido al avance prodigioso de la ciencia y la disolución de la censura.

 P. ¿Es compatible la física con Dios?

R. Completamente. Ha habido grandes físicos creyentes, incluso píos o ermitaños. Un buen ejemplo puede ser el de [Georges} Lemaître, el padre de la teoría del Big Bang, era sacerdote jesuita y uno de los mejores físicos de todos los tiempos.

P. ¿La fe limita el método científico?

R. Históricamente, sí. Por ejemplo, algunas órdenes religiosas tuvieron grandes intereses científicos, pero la prohibición del heliocentrismo constreñía su progreso. Pero, en el siglo XVIII, esta limitación se desvaneció. Hoy la respuesta es tajantemente no. Hay muchos físicos creyentes, aunque no mezclan sus ecuaciones diferenciales con su fe.

 P. ¿La física, seguirá buscando a Dios?

R. La física no busca a Dios. Los físicos, en cuanto hombres, sí. Pero en nuestro cerebro, y solo tenemos uno, la interrogante de la existencia de Dios merodea por ahí.

P. ¿Cuál es el fin de la física?

R. Como astrofísico, pienso que es comprender el principio, la evolución y el final del universo. El físico busca la unificación de todas las fuerzas. Es un viejo sueño en el que se embarcaron físicos de la talla de [Michel] Faraday o Einstein. Se busca la teoría del todo. Se busca una ecuación que lo explique todo.

P. ¿Esa ecuación podría ser Dios?

 R. Habrá algunos físicos que así lo vean y otros que no. Pero la pregunta de la existencia de Dios no será resuelta por la ciencia. Preguntas como la que se hacía Gottfried Leibniz, “¿Por qué hay algo en lugar de nada”, se quedarán sin respuesta en el marco de la física, pienso.

P. ¿Qué físico ha conjugado mejor la idea de Dios y la ciencia?

R. Albert Einstein tenía una idea de Dios no vinculada a ninguna iglesia o fe establecida. No creía en un Dios que premiara a los buenos y castigara a los malos o que prometiera la inmortalidad. Pero creía que en un Dios que había creado el Universo. Le extrañaba que él pudiera escribir las ecuaciones del universo en media cuartilla. No era ni ateo, ni agnóstico ni panteísta. Él así lo dijo. Con su sentido característico del humor llamaba a Dios “El Viejo”."              

(Entrevista al astrofísico Eduardo Battaner, Raúl Limón, El País, 03/04/21)

7/2/18

Ateísmo razonable

"El ateísmo, propiamente, no es una filosofía del ser o de la vida, no es tampoco una concepción global del mundo. No es ni siquiera una opinión metafísica sobre la existencia o atributos de la realidad. Es, en palabras de Sam Harris, una protesta manifestada por la gente razonable en presencia del dogma religioso. O, simplemente, un signo de racionalidad.

No puedo imaginar a un Dios que recompense y castigue a sus criaturas, o que tenga una voluntad parecida a la que experimentamos dentro de nosotros mismos. Ni puedo ni querría imaginar que el individuo sobreviva a su muerte física […] Yo me doy por satisfecho con el misterio de la eternidad de la vida y con la conciencia de un vislumbre de la estructura maravillosa del mundo real, junto con el esfuerzo decidido por abarcar una parte, aunque sea muy pequeña, de la Razón que se manifiesta en la naturaleza.

ALBERT EINSTEIN (1934), El mundo tal como yo lo veo.

Pistas y creencias

Los asuntos teológicos pueden ser un buen material para excelentes bromas filosóficas. Un ejemplo. Cuando a Bertrand Russell, el autor de Por qué no soy cristiano, le preguntaron qué le diría al Altísimo si se lo encontrase cara a cara en las puertas del paraíso, respondió con admirable rigor metodológico: “Oh, Señor, ¿por qué no nos diste más pistas?”

Sin embargo, no toda la temática religiosa presenta aristas tan amables. Aunque la desolación ocasionada fue probablemente mayor y la respuesta de la Administración Bush fue seguramente aún más inepta y clasista de lo que suele afirmarse, el huracán Katrina provocó la muerte de más de 1.000 personas, decenas de miles de ciudadanos perdieron todos sus bienes y más de un millón tuvieron que ser desplazados. 

Una encuesta del Washington Post, realizada poco después del desastre, revelaba que el 80% de los supervivientes afirmaban que lo sucedido no solo no había disminuido su creencia en Dios, sino que, milagrosamente, la había reforzado.

Otros datos complementarios en ningún modo incoherentes con el anterior: El 22% de los ciudadanos norteamericanos está convencido de que Jesucristo volverá a la Tierra algún día de los próximos 50 años; otro 23% cree que el retorno de Jesús no es seguro pero que es, en cambio, muy probable. 

Un 44% cree literalmente que Dios prometió la tierra de Israel a los judíos. Solo un 28% acepta la teoría de la evolución y un 68% cree en la existencia de Satán. Unos 120 millones de estadounidenses sostienen, sin espacio para la metáfora, que Dios creó a Adán del barro hace 10.000 años.

Las estimaciones tienen sus derivadas culturales y electorales. El 87% de los ciudadanos norteamericanos afirman no dudar jamás de la existencia de Dios y más del 50% tiene una opinión negativa o muy negativa de las personas que no creen en Dios.

 El 70% cree que es muy importante que los candidatos a la presidencia de USA sean personas firmemente religiosas. Según una encuesta de Newsweek, sólo el 37% de la ciudadanía norteamericana votaría a favor de una persona que fuera atea para la presidencia de su país, y menos del 10% de los estadounidenses se identificarían públicamente como ateos.

Estas asentadas creencias religiosas no tienen traducción inmediata en el ámbito de la caridad, la austeridad o la lucha contra la pobreza o la desigualdad extrema. En Estados Unidos, donde además el 83% de la ciudadanía cree que Jesús resucitó entre los muertos, la diferencia de salarios no ya entre grandes ejecutivos y trabajadores industriales o de servicios, sino entre aquéllos y el salario de los empleados medios es de 475 a 1. En la era de la codicia, la diferencia sigue incrementándose de forma acelerada.

Veamos la situación en España. Según un estudio del CIS de 2002, el 80% de los ciudadanos españoles seguía declarándose católico y sólo un 12% se declaraba no creyente. El 42% creía firmemente en la existencia de Dios y un 31% creía igualmente pero con menos intensidad. El 64% seguía prefiriendo el matrimonio católico. 

Un 56% pensaba que la enseñanza de la religión era algo importante para la educación de sus hijos y un 80% los bautizaría. Eso sí, el 75% de las personas nacidas a partir de 1970 se declaraban poco o nada religiosas1.

En España hemos tenido como ministros en épocas recientes a miembros activos de organizaciones religiosas sectarias y fundamentalistas; la futura autoridad máxima de un Estado constitucionalmente aconfesional convirtió un asunto privado en acontecimiento público, contrayendo matrimonio en y por la Iglesia Católica; las recientes declaraciones de algunos obispos y arzobispos hielan la sangre democrática, por diluida que ésta sea, lanzando desde su emisora proclamas conspirativas de extremísima derecha movilizada, y las presiones, manipulaciones y engaños sobre la enseñanza de la religión católica en nuestras escuelas e institutos, y su lucha sin techo visible para lograr una mayor financiación pública de sus asuntos privados, y un mayor trato de privilegio en asuntos impositivos, merecen un lugar destacado en la historia universal del despropósito. 

En la parte opuesta, silenciosamente, habría que señalar una claudicación civil, a todas luces excesiva, en frecuentes ocasiones. La excesiva prudencia ha causado mermas en nuestro necesario coraje.

Existencias y argumentos

A pesar de todo ello, parece razonable pensar, como ha señalado Daniel Dennett, que el papel de Dios en la explicación global de la existencia humana, en los grandes cambios históricos o en la misma formación y origen del Universo se ha visto empequeñecido a lo largo de los siglos en una parte considerable de las comunidades humanas.

 De la inicial afirmación de un Dios directamente creador de Adán, y de Eva a partir de una costilla adánica (o explicaciones similares), se ha pasado a sostener que el verdadero y casi único papel de Dios fue haber puesto en marcha el largo proceso de la evolución. Pero, comentaba el autor de La peligrosa idea de Darwin, “ahora ni siquiera necesitamos a este Dios –el dador de la ley–, porque si tomamos estas ideas de la cosmología seriamente, entonces hay otros sitios y otras leyes, y la vida evoluciona donde puede”.

¿Está demostrada, pues, la inexistencia de Dios? ¿Se impone el ateísmo a toda persona que pretenda guiarse, conducirse y construirse racional y espiritualmente, sin prejuicios o con el menor número de ellos, con información contrastada y sin cultivo acrítico de una tradición inalterable? Aceptemos que las creencias, también las religiosas, no pueden ser objeto de demostraciones asentadas e indiscutidas para siempre. 

Si lo fueran, si pudieran serlo, no existiría debate, lucha cultural o política en torno a ellas. Pero ello no es obstáculo para que existan numerosas razones que justifiquen la racionalidad del ateísmo y acaso éste no sea un mal momento para dar nuevas vueltas sobre ellas.

El ateísmo, propiamente, no es una filosofía del ser o de la vida, no es tampoco una concepción global del mundo. No es ni siquiera una opinión metafísica sobre la existencia o atributos de la realidad. Es, en palabras de Sam Harris2, una posición en torno a las creencias humanas que rechaza negar lo que, en su opinión fundamentada, cree evidente. 

“El ateísmo no es más que la protesta manifestada por la gente razonable en presencia del dogma religioso”. Bien mirado, todos los seres humanos bordeamos el ateísmo. Lo somos respecto a la mayoría de las otras religiones que existen o han existido. Como ha apuntado Richard Dawkins, casi todos los seres humanos niegan hoy la existencia de Zeus y Thor. Son, por tanto, ateos respecto a estas creencias.

Pero, ¿existe alguna demostración convincente del ateísmo? ¿Existe alguna prueba inapelable de su racionalidad?

No es necesaria una justificación de ese tipo. Como señaló Manuel Sacristán en un reconocido paso3, siguiendo en este punto observaciones de Bertrand Russell, diversas vulgarizaciones del marxismo y, en general, de concepciones filosóficas materialistas amigas de la ciencia han usado laxamente conceptos como demostrar, probar y refutar para referirse a las argumentaciones plausibles propias de las concepciones filosófico- políticas.

 Sacristán se quejaba de la errónea frase de que la marcha de la ciencia había demostrado la inexistencia de Dios. La ciencia no puede demostrar ni probar nada referente al universo como un todo.

 Las ciencias empíricas no pueden probar la existencia de un ser llamado Abracadabra abracadabrante (el ejemplo es del propio Sacristán), pues ante cualquier informe positivo que declarase no haberse topado con tal entidad, cabría siempre la respuesta de que el ser abracadabrante está por completo fuera del alcance de nuestros instrumentos de experimentación, o incluso que no es perceptible en absoluto. 

O incluso que ni siquiera es pensable por la razón humana. Se trataría de otro tipo de entidad, de otra forma de Ser. 

¿Cuál es el papel entonces de los conocimientos científicos, artísticos y afines en asuntos de creencias? Lo que la ciencia y otros saberes contrastados pueden fundamentar es la afirmación de que la suposición de la existencia de seres abracadabrantes “no tiene función explicativa alguna de los fenómenos conocidos, ni está, por tanto, sugerida por éstos”. 

Por lo demás, la afirmación sobre la demostración de la inexistencia de Dios presupone la tarea de demostrar o probar inexistencias. Pero, como apuntaba Sacristán, las inexistencias no se prueban, se prueban solo las existencias. La carga de la prueba compete, efectivamente, al que afirma existencia, no al que duda o niega tal posibilidad.

El malogrado Hanson Russell4 transitaba por camino afín en dos artículos clásicos. En su opinión, solo hay dos posturas consistentes en estos asuntos. La del creyente, que por diversas razones cree en la existencia de Dios o dioses, y la del ateo que niega la validez y justificación de esa creencia de existencias. Si el teísta, deísta o afín tiene un argumento convincente, se impone la creencia en Dios; si no lo tiene, se infiere la no creencia, el ateísmo.

 No tiene sentido apelar aquí, en opinión de Hanson Russell, a un agnosticismo vergonzante, no tiene sentido permanecer en un supuesto e inexistente justo medio, sosteniendo que no existen demostraciones convincentes de existencia pero tampoco de inexistencia.

En la misma línea, Luis Vega Reñón sostiene igualmente que son las afirmaciones de existencia las que tienen la carga de la prueba. La no existencia de una determinada entidad no puede establecerse en términos razonables, salvo, claro está, que pueda derivarse de una demostración de la imposibilidad de dicha existencia. De este modo, la no existencia de un círculo cuadrado –y aquí sí que hay demostración de inexistencia– se deriva de su imposibilidad interna. 

 Las cuestiones de imposibilidad son, pues, otra cosa. La imposibilidad de que algo exista sí debería demostrarse, sí que hemos de lidiar entonces con la carga de la prueba, por contraste con la creencia en la no existencia, donde tal requisito no debería ser requerido.

De hecho, algunos autores sostienen esa posibilidad demostrativa en asuntos teológicos: la no existencia de Dios estaría probada porque Dios es una entidad imposible, y lo es porque la noción que lo envuelve, si lo envuelve, la de un ser que reúne en grado sumo todas las perfecciones, es tan inconsistente como la de un triángulo equilátero con cuatro ángulos desiguales. 

No es concebible racionalmente que algo o alguien pueda ser a la vez omnipotente, omnisciente, sumamente bueno, justo, compasivo y providencial respecto de los demás seres libres. Vega apuntaba un posible, aunque por lo demás infrecuente, desliz teológico: “¿No se les habrá ido la mano a los teólogos que hablan de un Dios en términos absolutos y positivos, frente a los místicos y teólogos negativos, que se limitan a negarle las imperfecciones e impurezas del mundo e incluso las relaciones con él?”

Existen otros planos de aproximación crítica con más relevancia moral, más anclados en la historia, en la inquietud existencial, y, si se quiere, algo más laxos. Primo Levi, por ejemplo, ha apuntado el siguiente. En conversación con Ferdinando Camon, sostenía:

F.C.: Es decir, Auschwitz es la prueba de no existencia de Dios.

Levi: Existe Auschwitz, por lo tanto, no puede haber Dios.

En el texto mecanografiado de la entrevista, recordaba Camon, Levi había agregado a lápiz: “No encuentro una solución al dilema. La busco pero no la encuentro”.

Creación y diseño

Sin embargo, la situación de la creencia religiosa y los modos de argumentar a su favor y el mismo papel político de la creencia presentan nuevas y pujantes aristas. Recordemos algunos datos de la situación en Estados Unidos.

Aun cuando la enseñanza religiosa está prohibida en las escuelas públicas estadounidenses y en la Constitución americana se postula una neta separación entre Iglesia y Estado, los creacionistas convirtieron en una batalla política y constitucional la inclusión de lo que denominan, en un impropio alarde de creación lingüística, “ciencia de la creación”, en el currículum científico de las escuelas norteamericanas. 

El darwinismo es una teoría, sostienen, pero es una teoría entre otras. No menos, admiten a regañadientes, pero tampoco más.

De hecho, en 1981, los Estados de Arkansas y Luisiana aprobaron leyes para que ambas teorías, la evolucionista y la “teoría” creacionista, recibieran un tratamiento horario idéntico. La “American Civil Liberties Unión” emprendió una acción legal contra el consejo de Educación de Arkansas que llegó al Tribunal Supremo. 

El recientemente fallecido Steven Jay Gould fue citado a declarar en el juicio en calidad de experto: “Si el juez Scalia tuviera en cuenta nuestras definiciones y nuestras prácticas, comprendería por qué el creacionismo no puede acreditarse como ciencia. De paso, también percibiría la emoción de la evolución y sus evidencias; ninguna persona sensata podría mantenerse indiferente ante algo tan interesante”.

La sentencia final resolvió prohibir las enseñanzas de todo tipo de ciencia de la creación o afín en las escuelas de Arkansas financiadas con dinero público. Argumento central de la resolución: el creacionismo es una concepción religiosa, no científica. Desde entonces, muchos creacionistas han fundado escuelas e instituciones donde poder impartir su “ciencia creativa”. 

Pero de nuevo, en agosto de 1999, el consejo de Educación de Kansas decidió convertir la religión en una asignatura optativa de acuerdo con los criterios establecidos para la enseñanza de las disciplinas científicas. La evolución, por tanto, dejó de estar incluida en las pruebas de todos los estudiantes de ese Estado. En Kentucky, se suprimió la palabra “evolución” y se la sustituyó por la expresión “cambio a lo largo del tiempo”.

Algo más tarde, el 20 de diciembre de 2005, el juez federal John E. Jones III emitió una importante sentencia en donde declaraba inconstitucional la decisión de un consejo escolar de Dover, Pennsylvania, por la que los alumnos de una escuela pública de secundaria deberían estudiar el “diseño inteligente”, en pie de igualdad con la teoría de Darwin en las clases de Biología. 

El juez recordó que la Constitución norteamericana prohibía que el Estado hiciera militancia religiosa. La “teoría” del “diseño inteligente” era asunto de fe, era religión, y no debía ser enseñada en clases de ciencias.

La actual, masiva y neoconservadora apuesta por la “teoría” del diseño inteligente presenta nuevos matices respecto a la anterior oleada creacionista. No se pretende refutar la evolución en términos generales, simplemente sugieren que algunos procesos biológicos son demasiado complejos para haberse organizado del modo propuesto por Darwin o por el darwinismo.


Se trata de un renacimiento, más o menos sofisticado, del antiguo argumento de William Paley, un filósofo y teólogo utilitarista británico que vivió en la segunda mitad del XVIII y murió tres años después de la publicación en 1802 de su Teología Natural. Su argumento central puede ser expuesto del modo siguiente. Cuando inspeccionamos un reloj percibimos algo que no descubrimos en una piedra; sus diversas partes están proyectadas y ensambladas con un propósito, producir un movimiento regulado para señalar las horas del día. 

La deducción es inevitable: el reloj tiene que haber tenido un artífice que le diera forma para servir al propósito para el que sirve. Del mismo modo, las señales del diseño planificado son demasiado evidentes en la Naturaleza para que puedan ser ignoradas. 

Un ejemplo entre muchos otros: el babirusa, un cerdo salvaje de las Indias Orientales, señalaba Palley, tiene dos dientes curvados de casi medio metro de longitud, que crecen hacia atrás, ésta es su singularidad, desde la mandíbula superior. No tienen estos dientes una función defensiva ya que ese servicio lo prestan dos colmillos que salen de su mandíbula inferior. 

Puesto que no los usa para defenderse, ¿son esos dientes una superficialidad, un estorbo, un accidente? No. El babirusa duerme de pie y para sostener su cabeza engancha sus colmillos superiores en las ramas de los árboles. No son innecesarios, no son ningún estorbo. El diseño natural se impone .

Otro ejemplo: Analicemos el desarrollo del ojo. ¿A quién se le puede ocurrir, preguntan exitosos los “diseñadores”, que esa maravilla ingenieril pueda ser producto de una serie de imperceptibles pasos no planificados como sostiene el neodarwinismo? “Sólo un diseñador inteligente puede haber sido capaz de crear la brillante disposición adaptativa del cristalino, la apertura variable del iris y un tejido sensible a la luz de una exquisita sensibilidad, todo eso ubicado, encima, en una esfera capaz de cambiar de objetivo en una centésima de segundo y de enviar megabites de información a la corteza visual cada segundo, de manera continua y durante años”.

Por tanto, se concluye, hay diseño. Todo diseño presupone un diseñador; ese diseñador tiene que haber sido una poderosa mente racional. Esa mente es Dios. Los partidarios del diseño o designio inteligente sostienen que el Universo, la vida y el origen del hombre son el resultado de acciones racionales emprendidas de forma deliberada por uno o más agentes inteligentes. Se trata, afirman, de una propuesta científica legítima, capaz de sustentar un programa de investigación metodológicamente riguroso.

El debate, muy intenso en Estados Unidos, se ha extendido a otros países a través de la influencia de iglesias evangélicas y otros grupos fundamentalistas. La apuesta por el diseñador natural también se ha convertido en una posición de creciente fuerza en países latinoamericanos. 

La posición mayoritaria defendida por la Iglesia Católica parece respetar la autonomía de la ciencia y sus hallazgos. Sin embargo, ha habido pronunciamientos que favorecen el diseño inteligente por parte de figuras católicas nada marginales, como el arzobispo de Viena. Para el monseñor vienés, cualquier modo de pensamiento que niegue o busque desestimar la abrumadora evidencia en favor del diseño en biología es ideología, no ciencia. ¡Un dirigente de la Iglesia católica, apostólica y romana que acusa de ideológica, de no-científica, a una concepción filosófica y metodológica crítica!

Noam Chomsky ha presentado una interesante variante, el argumento del diseño maligno, que nos retrotrae a transitados pasajes de Epicuro o del mismo Hume. A diferencia del diseño inteligente, para el que, en opinión de Chomsky, la evidencia es nula, el diseño maligno tiene a su favor toneladas de evidencia empírica. Su criterio se basa en la crueldad del mundo: sólo un diseñador maligno puede haber organizado un mundo así. Luego, Satán existe.

Creencias, poder eclesiástico y escuelas públicas

De todo lo anterior parece inferirse una tarea razonable y racional: mantener la creencia en Dios y sus derivaciones fuera de las instituciones públicas, especialmente en centros de enseñanza cuya función básica es formar, informar, aprender a distinguir entre teorías, hechos confirmados y pensamientos desiderativos, entre tradición y conjeturas razonables, entre ensoñación, consuelos comprensibles e hipótesis contrastadas.

Richard Dawkins, que ocupa una cátedra de divulgación científica en Oxford y es autor del reciente y exitoso The God Delusion, ha creado una fundación con el fin de mantener a Dios fuera de las aulas y evitar que las pseudociencias se hagan fuertes en los colegios. La Fundación para la Razón y la Ciencia subvencionará libros y y DVDs para combatir lo que Dawkins denomina un “escándalo educativo” ante el aumento de “ideas irracionales”. 

La fundación también pretende llevar a cabo investigaciones psicosociológicas para averiguar qué hace que algunas personas sean más susceptibles a las ideas religiosas que otras y si estas últimas son además especialmente vulnerables ante determinadas teorías.

El envite de Dawkins para contrarrestar lo que él considera el adoctrinamiento religioso de los jóvenes británicos surge en un momento en el que se ha sabido que docenas de colegios están usando en las clases de ciencias unos materiales didácticos elaborados por el grupo “Verdad en la ciencia” que promueven la alternativa creacionista a la evolución darwinista, valorada por el gobierno británico como “inadecuada dentro de los planes de estudios de ciencias”.

Richard Buggs, un portavoz de Truth in Science, ha declarado que el grupo no estaba atacando la enseñanza de la teoría de Darwin. “Solamente decimos que también se deberían enseñar las críticas que se hacen a la teoría de Darwin”. Según Buggs, el diseño inteligente atiende a las pruebas empíricas en el mundo natural y afirma que eso es prueba de un diseñador. Es cierto, admite, que si vamos más allá, el razonamiento se vuelve religioso y el diseño inteligente tiene implicaciones religiosas. 

El Gobierno británico, en un infrecuente alarde de sensatez, ha dejado claro que “ni el diseño inteligente ni el creacionismo son teorías científicas reconocidas” y que, por tanto, se opondrá a su difusión en las instituciones públicas de enseñanza."            ( Salvador López Arnal , El Viejo Topo, 25/12/17)

9/5/17

Ateismo, Islam e inmigración

"Kacem El Ghazzali (1990) es un escritor, bloguero y activista marroquí que vive actualmente en Zurich. Obtuvo asilo político en Suiza en 2011.

 Se vio obligado a huir de su país después de sus compañeros de colegio descubrieran que mantenía un blog sobre ateísmo en el que se declaraba abiertamente como no creyente, y comenzaron a acosarlo verbal y físicamente. Las autoridades escolares no sólo no intervinieron sino que también le culparon por sus ideas y por hacerlas públicas. 

Kacem ha contado su historia en la novela “El vuelo 8J540 Casablanca-Ginebra”. La siguiente entrevista fue realizada por el filósofo e  investigador Stefano Bigliardi, de la Unión de ateos y agnósticos racionalistas de Italia, y profesor asistente de filosofía en la Universidad de Al Akhawayn en Ifrane (Marruecos). 

Stefano Bigliardi: La historia de cómo y por qué dejaste Marruecos es conocida, y voy a reconstruir brevemente tus antecedentes como activista en la introducción de nuestra conversación. Pero me gustaría hablar sobre tu activismo desde una perspectiva más personal. ¿Cómo te convertiste en ateo? ¿Fue espontáneo, una tendencia a no creer, o fue inspirado por ciertas lecturas? - y si es así, ¿cuáles?

Kacem El Ghazzali: Yo diría que todo. Cuando era un niño, entre la edad de siete y diez años, solía hacer preguntas. Como cualquier niño. Incluyendo preguntas sobre Dios: ¿quién es? ¿Donde esta? El mismo hecho de que no recibiera ninguna respuesta, o más bien, que sintiese que estaba haciendo preguntas prohibidas, y que mis interlocutores tenían miedo de contestar y de las mismas preguntas, todo esto me hizo comprender a una edad muy temprana que la religión no puede no ser defendida de una manera lógica. 

De hecho, entonces yo no me consideraba ateo, sino musulmán. Culturalmente musulmán, por supuesto, ya que no creía en Dios, pero yo seguía, al menos, las prácticas religiosas, aunque quizás no siempre de una manera disciplinada.

Por ejemplo, fingía orar, y lo hacía sin el ritual de las abluciones - que es esencial. O pretendía ayunar durante el mes de Ramadán, y en realidad comía en secreto. Más tarde, aproximadamente a la edad de dieciséis o diecisiete años, empecé a sentir la necesidad de analizar y leer mucho.

 La filosofía me ayudó mucho, tal vez incluso más que la ciencia, aunque la teoría de la evolución era un ingrediente importante. No quiero hablar de una manera religiosa, por supuesto, y decir que la filosofía me proporcionó la “salvación” de manera análoga que la religión a las personas religiosas, pero encontré en ella respuestas lógicas y convincentes. 

Mi ateísmo se construyó sobre eso. Hubo un “instinto”, por un lado, y había, por otro, la necesidad de darme a mí mismo una respuesta articulada en cuanto a las razones de mi propio ateísmo, el mismo tipo de respuesta que estaba exigiendo a las personas religiosas sin llegar a conseguir nada.

Bigliardi: ¿Cómo es ser ateo en el mundo musulmán? ¿Existen diferencias entre los países? ¿Hay un espectro de posibles situaciones?

El Ghazzali: Hay diferencias, por supuesto. Pero uno termina comparando el mal con el mal, o el mal con lo peor. Por ejemplo, Marruecos es considerado como uno de los países árabe e islámico más liberales. Los ateos de Marruecos, pero también los libaneses, disfrutan de algunas libertades si se comparan por ejemplo con los saudíes o los iraquíes. También hemos sido testigos de cambios en el tiempo. Por ejemplo, la situación en Siria era mejor antes de la primavera árabe. 

El país, sin duda, era gobernado por un dictador, los disidentes encarcelados y torturados, pero aún así, había espacio para una cierta discusión de la religión, y se publicaban  libros en Alepo que estaban prohibidos en El Cairo o Riad. Por otra parte, ser ateo en Marruecos es como caminar alrededor de un campamento de Hamas mientras se agita una bandera israelí. No es algo de lo que uno pueda estar orgulloso, o que uno pueda declarar con serenidad. Por el contrario, puede provocar muchos problemas.

En algunos países, como Marruecos, uno puede ser ateo mientras no lo haga público. Si lo dice en privado puede suceder que pierda parte de sus amigos o que la familia se oponga con violencia, o incluso que te eche. En Arabia Saudí no es sólo la sociedad: puedes ser perseguido legalmente como terrorista. Y en Marruecos el activismo, la acción política, de todos modos están prohibidos. 

Si se intenta llevar la discusión sobre el ateísmo a la esfera pública, para crear un debate que se refiera a las leyes y reglamentos, para que los ateos marroquíes pueden disfrutar de algún tipo de protección análoga a los judíos, que están protegidos por la constitución, se puede ser procesado por “hacer la guerra al Islam”. Y el Islam es “defendido” no sólo a través de palabras y artículos, sino también a través de acciones legales o mediante el uso de la violencia física ...

Bigliardi: Pero con el fin de tener una idea general de lo que es el Islam contemporáneo también hay que tener en cuenta todos los intentos de reformar el Islam desde dentro, ¿no es así? Es decir, existen numerosas teorías, desarrolladas por los intelectuales musulmanes, teorías apreciadas por los intelectuales liberales europeos, que armonizan, por ejemplo, Islam y feminismo, Islam y ciencia contemporánea, Islam y democracia, incluso el Islam y la homosexualidad ... Estos intentos son quizás muy intelectuales y no habituales, pero existen. ¿Qué piensas?

El Ghazzali: Hasta cierto punto, defiendo esos intentos, pero también los critico. Todos parten de tomar el Corán como referencia y esto crea un problema. Una vez que se abre la puerta a aquellos que quieren utilizar el Corán de una manera determinada, se abre la puerta a todos aquellos que igualmente quieren usarlo, pero encontrar otros conceptos en él. 

El término “interpretación” es de hecho muy engañoso, porque hay versos coránicos a los que uno puede referirse que transmiten un significado muy inmediata: versos que legitiman la violencia, el odio, la muerte de los apóstatas. No deseo de acabar con la religión, por supuesto. Pero debe limitarse a la esfera privada. 

¿Quieres ser musulmán? ¡No hay problema! Pero al mismo tiempo también debes aceptar la lógica y la razón, y centrarte en lo que los seres humanos realmente tienen en común, que no es el Corán, sino el mismo hecho de que todos somos seres humanos que habitan el mismo planeta y que comparten los mismos derechos universales. Todos los intentos de defender tal o cual concepto o principio “de forma coránica”, simplemente provoca disputas teológicas entre los musulmanes en las que las ideas liberales terminan por estar en gran desventaja. 

Por otra parte, una cosa es encontrar inspiración en las ideas de un gran pensador musulmán del pasado, otra cosa es esforzarse por encontrar ideas contemporáneas en lo que el profeta dijo o hizo hace mil cuatrocientos años, lo que, en mi opinión, priva a cualquier discusión de toda seriedad.

Bigliardi: Ahora que vives en Europa desde hace algunos años, supongo que estás bien familiarizado con el “discurso inclusivo”, promovida por los partidos de izquierda (soy muy consciente, por supuesto, que estamos utilizando un término muy imperfecto). A veces se tiene la impresión de que el viejo dicho de Marx de que la religión es el opio de las masas no está ya de moda. Lo que se oye es una invitación a la apertura hacia las religiones y tal vez con especial consideración hacia el Islam. ¿Es así?

El Ghazzali: Sí. Esto es algo muy triste y me molesta mucho, tanto como me molesta la forma en que los partidos de derechas tratan al Islam y la migración de los países musulmanes. Aún así, ¡yo culpo a los partidos de izquierda! La razón es que, en lugar de hacer frente a los problemas de una manera racional, diferenciando entre la crítica y la animosidad anti-islámica, han estado evitando esos mismos problemas o pasando de lado en silencio. 

Esto ha permitido que los populistas y demagogos se hagan con el debate, al tiempo que se presentan como los héroes de la libertad, los únicos a los que les preocupa el destino de Europa y Occidente. Hemos sido testigos de ello en las elecciones estadounidenses con Trump y Clinton. Me veo obligado a reconocer -y es causa de gran dolor para mí- que estoy de acuerdo con un político de derecha cuando afirma que hay algo así como una “amenaza islamista”. 

¿Por qué tenemos que escuchar ciertas cosas de Donald Trump y no de Hillary Clinton? La elogiarían. ¡Sería el primero en apoyarla! Lo mismo sucede aquí en Europa, donde ciertos círculos de izquierda me culpan de ser “islamófobo” (aunque no explican por qué alguien que critica al Papa no es acusado de “cristianofobo”).  Soy muy cuidadoso al establecer los límites y el objetivo de mi crítica y el hecho de que yo mismo soy originario de un país musulmán y tengo una familia musulmana.

Soy el último que estaría en contra de la libertad y los derechos civiles o contra los musulmanes como individuos. En Europa la situación es muy compleja, y la izquierda aparentemente ha perdido su brújula política. Los derechos de las minorías deben ser defendidos, pero ser una minoría no implica poseer la verdad y estar por encima de la crítica.

 Una de las consecuencias es el daño que se causa no sólo a los ateos en el mundo musulmán, sino también a los musulmanes liberales a los que me refería antes, o incluso a aquellos que sólo quieren tratar críticamente con el Corán, colocándolo en un determinado entorno social o analizándolo con las herramientas de la historia y la lingüística.

 Los que adoptan ese punto de vista deben ser acogidos como héroes por Occidente y por la izquierda, de la misma manera que los disidentes de la Unión Soviética deberían haber sido acogidos como personas que necesitaban visibilidad y apoyo.

Bigliardi: Así que no tienes miedo de que tu crítica del Islam lleve el agua al molino de la derecha islamofóbica? ¿Qué pasa si un día te despiertas y encuentras que estás siendo citado por algún líder racista, por esos extremistas que azuzan las llamas de la intolerancia?

El Ghazzali: Una vez más: no soy responsable de ello. Los partidos de izquierda son los culpables. Las personas sienten que la izquierda política no escucha sus miedos lógicos - estamos hablando aquí de miedos razonablemente argumentados, no de fobias. Temores inspirados en hechos y estadísticas, por ejemplo los relativos a los cambios demográficos. Se debe evitar negar esos temores o etiquetarlos como paranoicos. 

Cuando llega el momento de votar, si no hay múltiples opciones, las personas que tienen miedo, precisamente porque tienen miedo, van a votar a los partidos que expresan esos mismos temores pesar de que son de derecha y que históricamente no tienen nada que ver con la lucha por los derechos civiles o los valores humanistas, sino más bien con los valores de la iglesia. 

Me refiero, naturalmente, a la derecha católica, no a la derecha que defiende el liberalismo económico. Hay partidos inspirados por la religión que son capaces de presentarse como la voz de la razón: ¡eso me molesta mucho!

Bigliardi: Es justo. Así que vamos a cerrar el círculo y a hablar del activismo de nuevo. ¿Qué hay que hacer? ¿Qué acciones se pueden promover en tu país? ¿Y en Europa? ¿Qué crees que vas a hacer?

El Ghazzali: Esta es una buena pregunta, y difícil al mismo tiempo. De hecho lo que hago no es activismo. Es autodefensa. Pertenezco a una minoría bajo ataque, carente de cualquier apoyo y protección. En estas circunstancias, es difícil promover, por ejemplo, una reforma, que es algo que normalmente se espera de la gente como yo. Sin embargo, he de reconocer que, si nos centramos en los cambios en el mundo musulmán y no en lo que he logrado o puedo lograr yo, podemos notar que hay fenómenos alentadores en curso.

 He estado en Europa desde 2011. Salí de Marruecos cuando tenía veinte años. Era un estudiante de secundaria. Ahora veo que uno puede declararse ateo en Facebook, pero también cristiano o homosexual. Miles de usuarios lo hacen. El ateísmo se discute en la televisión árabe. Me cuentan de ateos que se reúnen en bares. 

Esto está sucediendo en Marruecos, pero también en Túnez y Egipto. ¡E incluso en Arabia Saudí!  Usan apodos, pero hay ateos saudíes, ¡por ejemplo en Twitter! En realidad, algunos estudios muestran una notable presencia de ateos en Arabia Saudí, superior a otros países musulmanes.

No estoy diciendo, por supuesto, que todos y cada una de las persona que dan la espalda a la religión de forma automática es un ser humano decente. Un ateo no es necesariamente una persona noble y ética. 

El ateísmo es una postura específica relativa a la existencia, a su origen, a su fin. Un ateo, en cuanto a su comportamiento, puede ser un pedófilo o un terrorista. Sin embargo, antes de la llegada de Internet, los ateos eran invisibles en el mundo musulmán. Recordemos la declaración del presidente Ahmadineyad de que no había homosexuales en Irán...

Obviamente, cada vez que hay una declaración de ateísmo en Internet también hay un montón de mensajes de odio, los ateos son representados como Satanás, etc ... Pero la comunicación sigue siendo una forma de contacto y la sociedad poco a poco se acostumbra al tema. Una vez que se crea un hábito, puede haber un político valiente que pueda plantear el ateísmo en la esfera pública.

Sin embargo, las cosas en mi país de origen pueden ser más complejas porque hay que tener en cuenta, además del entorno social, el hecho de que el rey es tanto el jefe de Estado como el comendador de los fieles, de modo que cualquier cambio en materia de libertad religiosa es muy difícil de promover incluso si tuviera que tomar medidas en persona."                     (Entrevista a Kacem El Ghazzali  , Sin Permiso, 17/04/2017)

2/6/15

¿Simpatiza Francisco con el ateísmo cristiano? Para el Papa los verdaderos ateos no son los que niegan a Dios, sino al prójimo

"Está cada vez más claro que el papa Francisco se entiende mejor con ateos como José Mújica o Raúl Castro que con algunos católicos tradicionales que no le perdonan que se haya despojado de todos los símbolos del poder papal, heredados del Imperio Romano, cuando la Iglesia pasó de ser perseguida y escondida en las catacumbas a religión del Estado.

¿Estará Francisco simpatizando con el ateísmo cristiano? Cuando en el Vaticano recibe en audiencia a políticos ateos da la impresión de que conversa a gusto con ellos. Y ateos y agnósticos se sienten atraídos por la figura del pontífice, del que algunos miembros de la Curia afirman con cierto desdén que "no parece Papa".

Quienes conocen de cerca a Francisco confirman que cuando era cardenal de Buenos Aires mantuvo siempre una relación cordial con los no creyentes y con los ateos, así como con los líderes de otras religiones.

En su libro de conversaciones con el rabino Abraham Skorka, Entre el cielo y la tierra, el entonces arzobispo argentino contaba que cuando alguien se acercaba a él para conversar no le preguntaba si creía o no en Dios. Lo importante, afirma, era saber si su interlocutor "hacía algo por los demás" que era como preguntarle si creía en la humanidad.

Para Francisco, los verdaderos ateos no son los que niegan a Dios, sino al prójimo. Ha debido de ser esa postura suya, que recuerda al ateísmo cristiano o al cristianismo ateo, teorizado por teólogos como Paul von Buren, C.Lyas, Thomas Ogletree o Altizer entre muchos otros, lo que está llamando la atención de los no creyentes. Para los seguidores del cristianismo ateo "la palabra Dios, por sí misma, carece de significado y es engañosa", como afirma uno de sus teólogos.

Según dicho ateísmo cristiano "el tradicionalismo eclesiástico ha dejado de ser cristiano" y recuerda que Jesús fue un laico, un seglar, no un miembro de la casta sacerdotal.

Es justamente de lo que algunos católicos tradicionales acusan a Francisco: de haberse olvidado de ser Papa, eclesiástico, y de hablar y preocuparse más de los hombres y sus angustias, de su pobreza y de las injusticias perpetradas contra él, que de Dios.

El líder cubano, bajo cuyo régimen comunista sufrieron persecución y ostracismo miles de fieles cristianos, dijo al salir de una audiencia de una hora con el Papa: "Si sigue así volveré a rezar y regreso a la Iglesia".

Sin duda, Francisco no le habló de Dios al líder cubano, sino de la necesidad de que los cubanos puedan realizar sus deseos de felicidad y libertad.

La misma conversación fue la que Francisco tuvo con el entonces presidente de Uruguay, José Mújica, quien al salir de la audiencia confió que aunque él era ateo, se había entendido bien con el Papa en la lucha por la defensa de los más pobres y humillados de la Tierra.

No hay duda que Francisco, en sus discursos y en sus actos, sigue más el cristianismo de los orígenes que el de las teologías medievales. Su credo es el de aquel profeta judío que iba a la búsqueda de la caravana de desheredados que la sociedad bien de su tiempo arrinconaba o despreciaba.

Hay un pasaje de los evangelios emblemático: cuando Jesús dice que curaba a los enfermos y arrojaba los demonios porque "no soportaba ver sufrir a la gente". Era hacer el bien por el bien, no en busca de una recompensa ni siquiera divina.

El ateísmo cristiano afirma, justamente, que "no hay necesidad de amenazar con el infierno ni seducir con el paraíso para hacer el bien". Un concepto que Francisco recalca cada día en sus discursos y conversaciones con los periodistas.

Hay quien no ve de buenos ojos, dentro del catolicismo de Roma, que el Papa, mientras lleva una vida austera y sencilla, sin las viejas pompas pontificias, no desdeñe los pequeños placeres de la vida. Los de todos los mortales, desde un buen café o el entusiasmo por su equipo de fútbol al de cocinarse el mismo un pollo. Es un Papa que no tiene miedo al tacto, que besa, abraza y cultiva con pasión sus amistades.

Y es el ateísmo cristiano, para quien no hay otra divinidad que la propia humanidad, el que ha dejado de lado el llamado "odio paulino al cuerpo", aquel miedo que el Apóstol Pablo, demostraba por la sexualidad y que le llevó a relegar a las mujeres de la jerarquía de la Iglesia, a pesar de haber sido ella las promotoras de las primeras comunidades cristianas.

El papa Francisco se entiende más con los ateos que muchos de sus antecesores. Él siempre rechazó la idea de que ser ateo conlleve ser inmoral, ya que sin fe no existiría ética. Es la idea tan cultivada por los viejos católicos de que "Si Dios no existe, todo está permitido".

Francisco está recordando a su Iglesia que existe otro modo religioso de ver las cosas y la vida, y que no es indispensable la fe en Dios para sacrificarse por el prójimo. Él sabe muy bien que la Iglesia que representa, que tanto temió siempre a los ateos, fue capaz de matar en nombre de Dios. Por el contrario, el cristianismo ateo reconoce que el mandamiento de "no matarás" sigue siendo válido y razonable sin necesidad de dioses que lo prohíban.

El papa Francisco está repitiendo machaconamente a obispos y cardenales que la fe les debe arrancar de sus palacios para que vayan a la periferia de las ciudades, donde el poder ha creado los nuevos guetos de los condenados a la miseria. Les pide que no tengan miedo de "tocar" a los pobres. No les pide que recen a Dios por ellos, sino que sean un dios bueno para ellos.

¿No será esa insistencia más en los hombres que en Dios lo que atrae en Francisco la curiosidad y simpatía de ateos y agnósticos, así como cierta distancia de los católicos tradicionalistas?

Francisco está haciendo de algún modo suya la filosofía de los teólogos del ateísmo cristiano que defienden que no es posible creer en algún dios si antes no se cree y abraza a la humanidad más marginada y desamparada."                (   ,  El País,  14 MAY 2015)

28/1/13

Algo más de 16 de cada 100 habitantes del mundo, exactamente 16,3, no se identifican con ninguna de las religiones existentes

"Algo más de 16 de cada 100 habitantes del mundo, exactamente 16,3, no se identifican con ninguna de las religiones existentes. Son el tercer grupo de población en el paisaje religioso global que ha diseñado el think tank estadounidense Pew Center. 

Se trata de un mapamundi con el tamaño y la distribución de decenas de confesiones que van desde el cristianismo o el islam —las dos principales, en ese orden— hasta los zoroástricos (o parsis), los jainistas y los seguidores de Tenrikyo, la secta más influyente de Japón, pasando por yazidíes, rastafaris o cienciólogos: en el informe Pew hay sitio para todos.

Los 1.100 millones de descreídos que hay en el mundo, casi tantos como católicos, no son necesariamente ateos, subraya el estudio, sino simplemente individuos que pueden albergar sentimientos espirituales o de trascendencia pero no se identifican con ninguno de los sistemas existentes. 

“Los límites entre creyentes, personas que se adhieren a los dogmas, los aceptan, y religiosos, gente con sentimientos espirituales o una cierta dimensión de profundidad, son difusos”, señala el teólogo y filósofo Manuel Fraijó, que imparte Historia de las Religiones en la UNED. 

Abunda en la idea Juan José Tamayo, teólogo y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid: 
“Se trata de una desafección institucional; no supone una renuncia a las creencias, la experiencia religiosa personal o las opciones éticas. Ese 16% de desafectos institucionales pueden experimentar sentido de la trascendencia, espiritualidad, actitudes religiosas y valores éticos de manera espontánea y gratuita, es decir, al margen de las instituciones, que son el fracaso de la religión porque dogmatizan mensajes éticos y los mercantilizan”.  (...)

Aunque el informe Pew no precisa si los “no adscritos” son desencantados de alguna fe o si esta es su primera opción, Fraijó aventura la procedencia de parte de ellos: “Del islam no se sale nadie, porque es una forma de vida; salirse implica abandonar la sociedad. Pero del cristianismo sí se van muchos, hay una secularización muy fuerte. 

La religión donde más movimiento hay en Europa es el cristianismo”. Un ejemplo: del 18% de españoles sin adscripción religiosa, según un estudio de 2008 de la Fundación Bertelsmann, “el 87% de ellos habían tenido una educación católica”, subraya Fraijó.

 “Independientemente de lo que diga el informe, yo creo que el mayor grado de desafección se produce en Occidente y, más concretamente, en el catolicismo, una religión con una estructura jerárquica patriarcal inamovible”, coincide Tamayo. (...)

Del mapamundi de Pew puede inferirse que la región de Asia-Pacífico es la reserva espiritual del planeta: varios grupos tienen allí una poderosa presencia, incluida la aplastante mayoría de hindúes y budistas, con una población cercana al 90% del total. Paradójicamente, tres cuartas partes de los “no afiliados” (76%) también se concentran en esa región, y solo en China son 700 millones (dos veces la población de EE UU)."    (El País, 13/01/2013)

30/5/11

Deberían ser los creyentes los que menos se deberían escandalizar de que los ateos demuestren su "fe"

"No existiría el ateísmo sin Dios, por paradójico que pueda parecer. Una procesión de ateos puede ser vista como una demostración de que Dios es algo importante que vale la pena combatir. Deberían ser los creyentes los que menos se deberían escandalizar de que los ateos demuestren su "fe".

Los agnósticos son más convincentes. Ellos reconocen que "no saben" (del verbo latino conocer) si existe o no Dios. En ese sentido todo cristiano debería ser un poco agnóstico, ya que difícilmente nadie podrá probar, si no es por la fe, que Dios existe. Los mayores santos lucharon contra sus dudas de fe.

El mismo Jesús, dudó mientras expiraba en la cruz: "¿Por qué me has abandonado?", como diciendo: "¿Y si no fuera verdad que Tú, Dios, existes?". No entendía que un Dios Padre pudiera abandonar a su hijo.

Como no lo entendieron los millones de judíos que murieron en los campos de concentración bajo las garras nazis. Como no lo entienden las caravanas del dolor del mundo: los emigrantes de la miseria, los refugiados de todas las guerras, los condenados a la miseria eterna.

Creer o no creer es algo tan personal como soñar, vivir o morir. Dejemos a los creyentes soñar y disfrutar con su Dios y dejemos a los ateos que tengan la libertad de luchar contra Dios, que generalmente es más contra la falsa imagen que de él han creado los creyentes, que no contra él mismo.

Si existe un Dios, lo mínimo que puede haber regalado al hombre es su libertad, mientras no dañe al prójimo. Y si no existe, tampoco existe mayor Dios laico que la libertad que no debería ser negada a nadie, y menos en el seno de una democracia.

Yo no soy ateo, simplemente porque no sé si Dios existe o no, por ello me sería difícil combatirlo. Me basta saber que existe mi prójimo y que él, como yo, tiene todo el derecho de manifestar pública y privadamente tanto su fe como su no fe, su ateísmo." (JUAN ARIAS: ¿Los ateos reflejan mejor la idea de Dios?. El País, 28/05/2011, p. 29)

19/4/11

"Si la religión quiere ocupar... un lugar en el espacio público y quiere defender allí sus ideas debe hacerlo en pie de igualdad"

"Hablo de oídas, más de lo habitual, pero parece que han prohibido en la ciudad de Madrid una procesión atea que iba a coincidir con la celebración católica del Jueves Santo.

Además de atea la procesión era burlona y se anunciaba con unos lemas que a una juez le han parecido irreverentes. La decisión vuelve a probar el estatus de privilegio que las ideas religiosas tienen en la sociedad española.(...)

La prohibición de Madrid se fundamenta en un peligroso supuesto: que la procesión atea no es disenso sino ofensa. Como las ideas no pueden ofenderse unas a otras, ha de concluirse que la religión, para los que han prohibido el acto, es algo más que una idea.

Exactamente, una forma de orden público, cuya alteración resultaría perseguible de (santo) oficio. Algo que resulta intolerable. Si la religión quiere ocupar, como tantas veces reclama, un lugar en el espacio público y quiere defender allí sus ideas debe hacerlo en pie de igualdad.

Cuando una idea cualquiera, sean Dios, la Patria, el Partido o el Equipo, no se limita a exhibirse en el espacio de discusión pública, sino que pretende diseñar sus límites, a la sociedad democrática no le queda otro remedio que exigir su expulsión de ese espacio.

La democracia puede acoger a los que quieren destruirla; pero naturalmente debe asegurarse de que no puedan cumplir sus propósitos.

El Jueves Santo es un día más, normalmente soleado, y festivo en algunas comunidades. Algunos ciudadanos tienen la creencia de que en ese día se produjo, me parece, el prendimiento de Jesús, y exhiben su convencimiento en las calles, a veces con una belleza muy conmovedora y adictiva.

Otros ciudadanos creen que esa creencia es falsa y dañina. Y quieren combatirla utilizando la razón, la burla y el sarcasmo. El ateísmo, como indica la propia naturaleza de la palabra (sindios), es una creencia subordinada, cuyo carácter los ateos, al igual que los antifascistas o los anticomunistas, aceptan con honor y hasta con alegría.

Y es por eso que para sus libres manifestaciones eligen el Jueves Santo y no el 15 de agosto en Madrid, Baden-Baden." (Diarios de Arcadi Espada: Ideas y orden público, 19/04/2011)

1/2/11

Los que son religiosos y los que no lo son

"El 88 por ciento de los mexicanos cree en la religión católica, según los primeros resultados del censo 2010 y un 8.5 más cree en otras religiones.

No sabemos cuántos que se declaran sin religión alguna creen en algo equivalente: alguna forma de panteísmo laico, la fe en alguna forma de divinidad cosmológica, algún designio o fuerza ordenadora del mundo natural o espiritual, que “suspende o atenúa la afirmación de intemperie y gratuidad de la vida implícita en no creer en nada que esté fuera de nuestra desnuda vida terrenal”. Y seguiré citando a Héctor porque él puso en unas líneas el resultado de nuestra conversación que se siente tristísima.

“La idea de un mundo sin dios es en cierto modo inhumana. Al menos desde el punto de vista estadístico, lo es. Al empezar el siglo XXI, quienes no creen absolutamente en nada son una abrumadora minoría.


Aún para ellos vale la pregunta formulada, si recuerdo bien, por Humberto Eco, en su diálogo con un inteligente cardenal italiano: ¿en qué creen los que no creen?”

Yo pasé la vida oyendo en la clase de catecismo que la fe es un don. No hacía mucho caso porque sentía sobre mí el cobijo de vivir en un mundo en donde casi todos gozaban de tal don y no se preguntaban ni por qué el privilegio ni si era posible perderlo y quedarse a los cuatro vientos, teniendo que sentir la vida en vilo porque ni a quién apelar, ni quién sentir que nos protege, ni a quien darle las gracias cuando nos caemos pero no nos matamos, nos enfermamos, pero no nos morimos, somos felices aunque vayamos a ser tristes.

Punto y seguido: La incapacidad de creer, no es algo que se elige, es algo que sucede y no tiene arreglo. Cuando yo sentí ese vacío lo lloré por meses, luego, como era joven, aprendí a vivir con él, sin envidiar la riqueza de quienes lo tienen. A veces a quienes apacientan el privilegio de la fe, se les hace que en los no creyentes hay una sensación de superioridad.

Me parecen más realistas los que nos miran compasivos y se preguntan ¿cómo podemos vivir así? Punto y aparte: Se puede. Es sólo cosa de amanecer y aceptar. Yo creo que Job era agnóstico." (Puerto libre. El blog de Ángeles Mastretta: A los cuatro vientos. 31/01/2011)

23/11/10

"A mí me salvó la vida la ciencia"

"Después de una carrera viajando entre Tercera, Segunda B y Segunda, Miguel García se ganaba el pan este año en el Salamanca. Hasta el 24 de octubre, cuando sufrió una parada cardiorrespiratoria frente al Betis que le dejó 20 segundos "muerto" sobre el césped, salvado solo por la rápida actuación médica. Ha dejado el fútbol y aprecia más que nunca la vida. (...)

Pregunta. ¿Tiene alguna explicación a su infarto?

Respuesta. Si es que no la hay... Mi organismo funciona con normalidad, no hay ninguna anomalía. Me sentí raro en el descanso, me quité la camiseta térmica y como me sentí mejor, seguí. Cuando me hicieron las pruebas en el hospital, no vieron la causa por la que se cerró la arteria [los médicos le colocaron un stent, un muelle que la mantiene abierta].

A mi padre le dio un infarto hace 20 años, pero está bien. Aparte, tras lo que pasó con Antonio Puerta, me habían hecho un control exhaustivo del corazón. Lo tenía todo perfecto. Los médicos me dan a entender que hice un esfuerzo que el corazón no aguantó. (...)

P. Los que llevan mucho en la trinchera son Tomás Calero, el médico del Betis, y José Ignacio Garrido, el del Salamanca.

R. Les debo mi segunda vida. Al principio, nadie entendió la velocidad con la que actuaron. Con el tiempo, hablando con el doctor Calero me enteré que lleva 15 años dando cursillos de reanimación cardiaca. ¡15 años! El hombre, en cuanto vio la manera en que caí, ya sabía lo que estaba padeciendo.

Eso permitió que actuaran con una rapidez tremenda. No dio tiempo a nada, solo pasaron 20 segundos en los que estuve en parada cardiaca. No respiraba ni nada. Gracias a lo poco que tardaron en saber lo que me pasaba, a que fueron directos, estoy aquí. Incluso evitaron que sufriera daños cerebrales.

P. Cuando se desplomó, ¿quiso avisar de lo que le pasaba?

R. No me dio tiempo a nada, ni me acuerdo de nada. Solo sé que me desmayé. Me desperté en el campo, cuando me reanimaron, y ya ahí me di cuenta de la importancia de la lesión. Que el fútbol se me había acabado.

P. Intentaron meterle un tubo por la boca. Estaba tan rígido que los médicos creyeron que le iban a partir los dientes.

R. Sí, tengo dos muelas astilladas de hacer fuerza. Se ve que estaba en un estado de shock en el que no me podían abrir la boca para meterme el tubo de Guedel

[evita la caída de la lengua y la consiguiente obstrucción del paso del aire]. Solo he visto una vez las imágenes y mejor no volver a hacerlo.(...)

P. ¿Cómo afronta el mañana?

R. Con optimismo y entereza, porque es lo que hay. Mi intención es seguir ligado al fútbol. Lo voy a intentar, de la manera que sea, como secretario técnico, director deportivo...

P. ¿Es ahora más religioso?

R. A mí me salvó la vida la ciencia. Con lo cual, si antes no era creyente, ahora no tengo por qué serlo." (El País, 19/11/2010, última)

3/11/09

Dios, Jesucristo, Caín... según Saramago

"En la controvertida novela del Evangelio, Saramago humanizó la figura de Jesucristo. Algunos lectores de su último libro apuntan que ahora humaniza la figura de Caín. Pone cara de póquer, medita un instante y hace la siguiente reflexión: "Lo que pasa es que Jesús humaniza la figura de Dios. Jesús suavizó y matizó el Dios del Antiguo Testamento. Nunca tuve la conciencia de que estaba humanizando a Caín, pero, claro, es el fratricida, el asesino de su hermano Abel. En castellano hay la palabra cainita, que habla por sí sola. Siempre he pensado que la historia de Caín es una historia que ha sido mal contada en la Biblia. Como la de David y Goliat. Goliat nunca ha podido acercarse a David, David venció porque tenía una honda, que era la pistola de la época".

De dónde viene esa obsesión por escribir de Dios, pregunto, porque el tema de fondo es Dios, aunque ahora sea a través de la figura de Caín. "Puede parecer extraño", dice. "Nunca tuve educación religiosa. Ni en el colegio, ni en casa. No tuve crisis religiosas en la adolescencia ni cuando uno empieza a preguntarse sobre la muerte. Sinceramente, creo que la muerte es la inventora de Dios. Si fuéramos inmortales no tendríamos ningún motivo para inventar un Dios. Para qué. Nunca lo conoceríamos". El ateísmo del autor tiene sus matices. "Ateo es sólo una palabra. En el fondo, estoy empapado de valores cristianos, y es verdad que algunos de estos valores coinciden con valores de humanismo. Los acepto. Ahora bien, todo lo que tiene que ver con la creencia en un Dios superior y eterno, que un día me condenará, me parece una chorrada".

Las páginas de Caín son implacables con Dios. "No", replica. "Soy implacable con la especie humana, que ha inventado el Señor". Bueno, pero el libro dice, entre otras cosas, que Dios no es de fiar, que es capaz de pactar con Satán, que está rematadamente loco. Le trata de rencoroso, maligno, corrupto... Le acusa de despreciar la Justicia. Y así hasta el final, donde afirma que Dios acaba por arrepentirse de haber creado el hombre. "Sí, por eso, según la Biblia, ordenó el diluvio y exterminó a la humanidad, a excepción de Noé y su familia. El libro es una lucha entre el hombre y Dios. Con Caín, que no era precisamente un santo sino todo lo contrario, pero en el fondo más limpio de mente y más transparente". (José Saramago: "La muerte es la inventora de Dios". El País, babelia, 17/10/2009, p. 12/3)