"La sociología de género es
un campo académico dentro de la sociología, el cual hace referencia al
estudio de todas aquellas dimensiones sociales relacionadas con la construcción social de género.
De esta manera, es fundamental realizar una primera diferenciación sobre los conceptos de sexo y género. El concepto de género hace referencia a los aspectos psico-sociales que cada sociedad define o categoriza como masculino o femenino.
Por otro lado, el término sexo habla sobre las diferencias biológicas, fisiológicas y cromosómicas existentes entre hombres y mujeres. Son características con las que se nace, por tanto, comunes en todas las sociedades humanas.
De este modo, la sociología de género y, en general, la perspectiva feminista, ponen especial atención sobre estos dos conceptos y desarrollan otros tantos como roles de género, estereotipos de género o patriarcado,
los cuales, son utilizados para analizar la realidad social y las
desigualdades sociales que tienen que hacer frente las mujeres o el
colectivo LGTBI en las sociedades patriarcales.
Roles de género
Los roles de género hacen referencia al conjunto de normas y comportamientos sociales que una sociedad define como apropiadas para hombres y mujeres.
Una de las primeras definiciones sobre roles de género se le atribuye al psicólogo neozelandés John Money:«El
término rol de género se usa para significar todas esas cosas que una
persona dice o hace para revelarse a sí misma como que tiene el estatus
de niño u hombre, niña o mujer, respectivamente. Incluye, pero no se
limita a, la sexualidad en el sentido del erotismo». John Money (1955).
De este modo, los roles de genero varían según la historia y la cultura.
En muchas sociedades se expresan únicamente dos tipos de género
(masculino o femenino). Sin embargo, pueden existir más (ya que son una
construcción social y aunque están influenciados por el sexo biológico
cada cultura puede crear sus propias categorías sobre este). El término andrógino es un claro ejemplo sobre esto, la androginia: Dicho
de una persona cuyos rasgos externos no corresponden definidamente con
los propios de su sexo» (RAE 2010), se ha propuesto por múltiples
esferas académicas como un tercer género.
Estereotipos de género
Podemos definir los estereotipos como
generalizaciones que hacen referencia a los grupos sociales y que nos
aproximan a sus características principales: los rasgos personales que
comparten, su comportamiento con otros grupos, etc.
De esta manera, este tipo de clasificación nos permite situarnos y entender mejor el entorno social. No
obstante, tiene un aspecto negativo: produce una imagen excesiva y
uniforme sobre los componentes de un grupo, esto hace que se olviden las
diferencias individuales. También tiende a que exageremos las
diferencias entre grupos. Es decir, nos llevan a generalizaciones que en ocasiones se alejan de la realidad de cada individuo o del mismo grupo.
Por otra parte, relacionado con esta dimensión negativa de los estereotipos se encuentra el prejuicio. Se pueden definir los prejuicios como una valoración (positiva o negativa) de un grupo social y
sus integrantes por formar parte de él. En los prejuicios se juzga en
muchas ocasiones a través de las emociones o lo preconcebido y no por
las acciones reales de las personas: sudaca, feminazi, maricón… serían palabras que connotan prejuicios negativos. Así podemos observar que los prejuicios negativos más comunes están relacionados en muchos casos con el género o el racismo.
Así pues, los roles de género establecen lo que debe ser propio de un hombre y lo que debe ser propio de una mujer, garantizando de esta forma la creación de estereotipos. Los estereotipos de géneroasignan e imponen ciertos valores y capacidades para lo masculino (fuerza
física, autonomía, decisión, valentía, competitividad, etc.), rasgos
muy relacionados con la producción y el ámbito público. Por otra parte, a las mujeres se les atribuyen otras capacidades completamente diferentes,
más relacionadas con el ámbito privado (del hogar) la reproducción y
los cuidados (sensibilidad, sumisión, capacidad innata de los cuidados,
dependencia, delicadeza, etc.).
Los adjetivos descritos en el párrafo anterior tan solo son ejemplificaciones generales, ya que los roles de género son dinámicos y cambiantes.
De esta manera, a la vez que cambia el entorno sociocultural, lo que se
le atribuye a lo masculino y lo femenino también se modifica y se
transforma.
En la actualidad, en la mayoría de sociedades hemos observado que las mujeres se han introducido de lleno en el mundo laboral, ya no se restringen únicamente al espacio privado.
No obstante, las responsabilidades de las mujeres para el ámbito del
hogar no han desaparecido y muchas de ellas tienen que lidiar con lo que
se denomina “doble carga”. Es decir, lidiar con las tareas del hogar sumado a las tareas del trabajo remunerado, realizando una doble jornada.
La doble carga de trabajo hogar/trabajo remunerado y
la corresponsabilidad del varón hacia el ámbito privado evoluciona cada
vez más, sin embargo, de manera lenta (hablamos de las sociedades
abiertamente igualitarias). Esta desigualdad en las cargas del trabajo
reproductivo genera desigualdades laborales y, en general, de acceso a
la independencia y recursos de todo tipo. De esta forma, es muy
importante la figura del estado del bienestar, siendo
un mecanismo igualador de esta problemática, ya que puede dotar de
servicios públicos, de cuidados u otras funciones, liberando así la
carga femenina.
Patriarcado
El término patriarcado es un concepto fundamental dentro de la sociología de género y del feminismo. Este término hace referencia a un sistema social o modelo de sociedad el cual se rige por la dominación masculina.
En la teoría las “sociedades patriarcales puras” se
caracterizarían por una organización social donde los hombres
(patriarcas) tendrían el control y se encargarían de la protección sobre
las mujeres y su grupo familiar (hijos e hijas).
Asimismo, el origen del patriarcado es un debate abierto dentro
de la academia y en el propio feminismo. Pues, aunque ciertas
corrientes dentro del movimiento feminista hacen referencia al “matriarcado originario”,
es decir, un modelo de sociedad donde el control y la organización
social recaía en las mujeres (sería el equivalente antagónico a un
patriarcado puro) que desapareció cuando el hombre se fue apropiando del
fruto del trabajo de la mujer y su capacidad reproductiva. Debemos
apuntar que no existen evidencias claras sobre esta teorización, que se acerca bastante a la dimensión de lo mítico.
No obstante, a partir de los años 1960 y 1970 muchas
disciplinas como la historia, la sociología o la antropología empezaron
a formularse desde una perspectiva feminista la siguiente cuestión ¿Dónde podemos encontrar el origen de la opresión de los hombres hacia las mujeres en el seno de las sociedades?
De esta manera, muchas posiciones académicas argumentaban que la dominación sobre la mujer había existido desde siempre (y
que es constitutiva de las sociedades humanas) y que, además, tenía una
explicación biológica, psicológica o ambas. Sin embargo, numerosas
autoras sostenían y sostienen un planteamiento diferente: el sistema de
dominación social llamado patriarcado se fue instaurando como la consecuencia de acontecimientos y procesos sociales complejos, los cuales llevaron a la mujer a una posición de subordinación frente al hombre.
Asimismo, el debate sigue siendo actual, muchos estudios de género que adoptan un punto de vista marxista señalan que el origen de la dominación hacia la mujer proviene de un conjunto de cambios económicos y sociales, los cuales están ligados al paso de la propiedad colectiva o grupal a la propiedad privada, que
se produjo con el aumento de producción y la consecuencia de este (la
generación de excedente, la apropiación y la distribución del mismo).
Estos acontecimientos propiciaron el paso de la matrilocalidad a la patrilocalidad.
En definitiva, la consecuencia de este punto de vista es claro: si el patriarcado surge de una configuración histórica y, por tanto, no es constitutivo de las sociedades humanas, existe la posibilidad de generar una sociedad no patriarcal, la cual esté libre de la opresión de género.
Feminismo como concepto ¿Qué es el feminismo?
El feminismo es un concepto ampliamente aceptado en la sociología y en general en las ciencias sociales. No obstante, ha sufrido múltiples ataques y tergiversaciones de su significado por parte de una reacción misógina (en gran medida promovida por partidos o movimientos sociales conservadores o de ultraderecha).
Dependiendo de a quien se escuche hablar sobre feminismo la gente se puede encontrar con respuestas totalmente dispares:
desde que es “un movimiento que busca poner a las mujeres por encima de
los hombres” o que es un movimiento social llevado a cabo por lunáticas o “feminazis”.
Realmente, el feminismo no tiene nada que ver con estas caracterizaciones despectivas. Se puede definir como: la búsqueda de igualdad de derechos entre mujeres y hombres.
De esta manera, si nos vamos a las definiciones técnicas, podemos
encontrar varios puntos de vista desde los que se puede definir las diferentes dimensiones que engloba el feminismo.
En primer lugar, el feminismo es una idea o un conjunto de ideas que buscan hacer frente a la discriminación y la opresión por parte del sistema patriarcal hacia las mujeres y, en general, a todo aquel que se vea amenazado o estigmatizado por este.
En segundo lugar, el feminismo es un movimiento social que gira en torno a estas ideas de igualdad. Dentro de este movimiento social encontramos tanto mujeres como hombres que entienden el mundo desde la perspectiva feminista y usan la movilización social para intentar conseguir una sociedad más justa e igualitaria.
El feminismo al ser un movimiento social es también un movimiento histórico, el cual tiene más de 100 años de historia:
La primera ola feminista se sitúa entre el siglo XIX y principios del XX.
Esta primera movilización feminista reivindicaba el derecho a votar
junto a otros derechos fundamentales como el acceso a educación. En
general, reclamaban el acceso a los derechos civiles y políticos que tenían los hombres.
La segunda ola feminista se sitúa en la década de los años 1960 y 1970. Este nuevo auge del movimiento puso en la palestra debates sobre la desigualdad de la mujer en ámbitos como la sexualidad, la familia, el trabajo los derechos productivos, la desigualdad frente a la ley, etc. Su lema más conocido fue “lo personal es político”; haciendo referencia a todas aquellas estructuras de poder misóginas que
se encontraban en la sociedad, dispuestas de una manera sutil, pero que
sometían a la mujer en el ámbito privado y público; desde el trabajo
doméstico hasta el trabajo laboral o la esfera social.
La tercera ola del feminismo, se sitúa en los años 1990.
Dentro de esta se enmarcan muchas corrientes. No obstante, lo que más
la caracteriza es la relación que hacen estas diferentes corrientes con
otros ámbitos (etnia, geográfica, clase social…). Por tanto, la interseccionalidad es la característica de esta tercera ola, relacionando la dominación de las mujeres con otros ámbitos o variables de dominación.
En la actualidad, se habla sobre una cuarta ola feminista, sin embargo, deberemos esperar un tiempo para poder delimitar mejor sus características. No obstante, vemos una clara lucha por la libertad sexual(incluyendo al colectivo LGTBI)
que está reivindicando sus derechos de una manera justa y modélica
conjuntamente al movimiento feminista. También una gran concienciación
sobre el derecho al aborto, la violencia de género, la
sexualización de los cuerpos, la educación de los más pequeños y
pequeñas, etc. Además, otro dato muy importante es la globalización del movimiento, existiendo reivindicaciones feministas por todos los continentes y naciones.
En definitiva, aunque muchos movimientos conservadores o reaccionarios como la ultraderecha dicen lo contrario, el feminismo es un punto de unión,
con sus contradicciones y su margen de mejora (como todo), pero con un
trasfondo justo e inclusivo, pues siempre que un movimiento social busca
la igualdad entre las personas es un movimiento que debe apoyarse.
El feminismo no es una lucha únicamente de las mujeres,
es un movimiento social que repercute en toda la sociedad y debe
comprometer también a los hombres. No debemos olvidar que todo sistema
de dominación sea de clase, raza o género nos repercute a todos y todas,
nos convierte en verdugos o víctimas y, en mi opinión, estas dos
categorías jamás deberían existir en una sociedad.
“Brindemos por las locas, por las inadaptadas por las
rebeldes, por las alborotadoras, por las que no encajan, por las que ven
las cosas de una manera diferente. No les gustan las reglas y no
respetan el status-quo. Las puedes citar, no estar de acuerdo con ellas,
glorificarlas o vilipendiarlas. Pero lo que no puedes hacer es
ignorarlas. Porque cambian las cosas. Empujan adelante la raza humana.
Mientras algunos las vean como locas, nosotras vemos el genio. Porque
las mujeres que se creen tan locas como para pensar que pueden cambiar
el mundo son las que lo hacen” – Adaptación feminista del fragmento de la novela: En el camino, Jack Kerouac (Estados Unidos, 1922-1969)" (
Álvaro Soler, Sociología Inquieta, 12/01/21)