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13/1/23

Un pequeño pueblo de Francia está al centro del debate migratorio del país... Un plan para revitalizar Callac con refugiados calificados ha dividido a la localidad y se ha convertido en el epicentro de un debate nacional sobre inmigración e identidad... cuando los miembros del consejo municipal oyeron hablar de un programa con el que se podrían renovar los edificios en mal estado y cubrir puestos de trabajo muy necesarios, como auxiliares de enfermería y constructores, mediante refugiados calificados, les pareció un boleto de lotería ganador... otros lo consideraron prueba de un “gran remplazo” de nativos franceses que se ha convertido en motivo de la ira y la ansiedad, en particular de la extrema derecha. En poco tiempo, la diminuta Callac, un pueblo de apenas 2200 habitantes, se dividió... Hoy se encuentra en la intersección de complejas cuestiones que han atormentado a Francia durante muchos años: cómo hacer frente al creciente número de inmigrantes que llegan al país y cómo inyectar vida nueva a localidades en declive, antes de que sea demasiado tarde

 "Un pueblo con cada vez menos habitantes, situado entre pastos de vacas en Bretaña, parece un escenario poco probable para el examen de conciencia que se lleva a cabo en Francia en materia de inmigración e identidad.

El Times  Una selección semanal de historias en español que no encontrarás en ningún otro sitio, con eñes y acentos. 
 
La plaza principal se llama en honor a la fecha en 1944 en que los soldados nazis reunieron a los combatientes de la resistencia local, muchos de los cuales nunca volvieron a ser vistos. Tiene una cafetería que gestiona un club social, un museo dedicado al spaniel bretón y una buena dosis de escapada rural: edificios vacíos y desolados, con herrería puesta y las ventanas cerradas, algunos desde hace décadas.

Por eso, cuando los miembros del consejo municipal oyeron hablar de un programa con el que se podrían renovar los edificios en mal estado y cubrir puestos de trabajo muy necesarios, como auxiliares de enfermería y constructores, mediante refugiados calificados, les pareció un boleto de lotería ganador.

“Fue un momento de eureka”, dijo Laure-Line Inderbitzin, adjunta del alcalde. “No ve a los refugiados como un caso de caridad, sino como una oportunidad”.

Sin embargo, lo que los dirigentes de la localidad vieron como una oportunidad de rejuvenecimiento, otros lo consideraron prueba de un “gran remplazo” de nativos franceses que se ha convertido en motivo de la ira y la ansiedad, en particular de la extrema derecha.

En poco tiempo, la diminuta Callac, un pueblo de apenas 2200 habitantes, se dividió: se convirtió en el centro de atención nacional y el escenario de protestas a favor y en contra del plan. Hoy se encuentra en la intersección de complejas cuestiones que han atormentado a Francia durante muchos años: cómo hacer frente al creciente número de inmigrantes que llegan al país y cómo inyectar vida nueva a localidades en declive, antes de que sea demasiado tarde. 

Como ha sucedido en muchas localidades francesas, la población de Callac ha ido disminuyendo lentamente desde el final de los Trente Glorieuses, el periodo de crecimiento de 30 años de la posguerra, cuando aumentaron el nivel de vida y los salarios. En la actualidad, casi la mitad de las personas que quedan son jubiladas. El mayor empleador es la residencia de ancianos.

Un paseo por el centro del pueblo revela decenas de escaparates vacíos, donde antes había florerías, tintorerías y estudios fotográficos. El último consultorio dental de Callac anunció en julio que cerraba: el estrés de rechazar continuamente nuevos pacientes, ya que su lista de pacientes superaba los 9000, era demasiado para Françoise Méheut.

Dejó de dormir, se puso a llorar sobre la silla de tratamientos y recurrió a los antidepresivos antes de decidir al final tomar su jubilación anticipada.

“Es una catástrofe”, dijo Méheut. “Tengo la impresión de abandonar a la gente”.

“Estoy vendiendo el local, pero nadie lo compra”, añadió sobre su negocio. “Si hubiera un dentista entre los refugiados, estaría encantada”.

Aunque muchos en el pueblo dicen que no hay puestos de trabajo, el ayuntamiento hizo una encuesta y encontró lo contrario: 75 puestos de trabajo remunerados sin cubrir, desde auxiliares de enfermería hasta contratistas, a pesar de la tasa de desempleo local del 18 por ciento.

El ayuntamiento aún espera llevar a cabo su plan en colaboración con el Merci Endowment Fund, una organización creada por una acaudalada familia parisina que hizo su fortuna con la ropa infantil de alta gama y quería retribuir a la sociedad

“La idea es que todos ganen”, señaló el hijo mayor, Benoit Cohen, cineasta y autor francés que escribió un libro sobre la experiencia titulado Mohammad, ma mère et moi.

“Ayudarán a revitalizar el pueblo”.

El proyecto Merci ha propuesto seleccionar a los solicitantes de asilo, reclutando según sus habilidades, así como su deseo de vivir en el campo. Después, los Cohen prometen desarrollar un programa integral para ayudarlos a asimilarse, con cursos de francés y apartamentos en edificios rehabilitados.

El plan también prevé nuevos espacios comunitarios y programas de formación para todos —locales y refugiados juntos—, algo que entusiasma a Inderbitzin, defensora local del proyecto en el consejo y profesora de la escuela secundaria local.

El pueblo cuenta con más de 50 clubes y asociaciones sin fines de lucro, entre ellos uno que gestiona el cine local y otro que reparte comida a las familias hambrientas de la localidad.

“El desarrollo social para todos está en los genes de Callac”, dijo Inderbitzin. “Es un círculo virtuoso. Podrían aportar mucha energía, cultura y juventud”.

No todo el mundo está tan entusiasmado con esa posibilidad. Una petición que lanzaron tres residentes opuestos al proyecto cuenta con más de 10.000 firmas, muchas de ellas de fuera de Callac.

Sin embargo, incluso en el pueblo, algunos se quejan de la falta de consulta o transparencia. Les preocupa que Callac pierda su carácter francés y cambie su tranquilidad de pueblo pequeño por los problemas de una gran ciudad. Otros cuestionan los motivos de una familia rica de París que se entromete en su hogar.

“No somos ratas de laboratorio. No estamos aquí para que experimenten con nosotros”, dijo Danielle Le Men, una profesora jubilada del pueblo que está creando un grupo comunitario para detener el proyecto; teme que el “islam radical” llegue a la comunidad.

Al enterarse de la disputa, Reconquista, un partido antiinmigración de derecha, dirigido por Éric Zemmour, quien fue candidato presidencial que no logró avanzar, organizó una protesta en septiembre, con la advertencia de que el proyecto traería una inseguridad peligrosa y la queja de que se introducirían tiendas halal y mujeres con velos islámicos.

 A una cuadra de distancia, los contramanifestantes abarrotaron la plaza principal. “A los fascistas que enarbolan la bandera roja de un remplazo hipotético”, dijo a la multitud Murielle Lepvraud, política local del partido de izquierda radical France Unbowed, “les respondo que sí, que sus ideas pronto serán remplazadas”.

Más de cien policías antidisturbios con escudos mantuvieron separados a los grupos.

Incluso muchos de los que han vivido personalmente el declive de Callac siguen sin convencerse.

“Todos los jóvenes se han ido, porque aquí no hay trabajo”, dijo Siegried Leleu, quien servía vasos de kir y cerveza a un grupo pequeño de caballeros de pelo blanco reunidos en torno a su bar, Les Marronniers, un viernes por la tarde.

Relató que hubo un tiempo en que ofrecía billar y karaoke y mantenía los barriles abiertos hasta tarde. Pero cuando la juventud de la localidad se marchó, recalibró su horario de cierre para que coincidiera con el de la clientela que quedaba: las 8 p. m.

“¿Por qué debemos dar trabajo a los de fuera? Deberíamos ayudar primero a la gente de aquí”, dijo

De pie en la calle, frente a su pequeño bar, que también hace las veces de abarrotada tienda de antigüedades, su vecino, Paul Le Contellac, evaluó la propuesta desde otro punto de vista.

Su tío se casó con una refugiada que había huido de España con su familia durante la guerra civil y encontró refugio en este pueblo. Más tarde, cuando Francia fue ocupada por la Alemania nazi, su abuela albergó a miembros de la resistencia en su ático.

“Este es un pueblo que siempre ha acogido a los refugiados”, dijo Le Contellac. “Callac no es fea, pero tampoco es bonita. Necesita nuevas energías”.

Aunque la inmigración puede tener el potencial de hacerlo, la cuestión sigue siendo muy controvertida, incluso cuando la crisis migratoria se ha visto atenuada por la pandemia

Hoy, cuando la pandemia parece remitir, el número de solicitantes de asilo que llegan a Francia vuelve a aumentar, amenazando con restablecer la volatilidad del asunto.

Desde el punto álgido de la crisis migratoria, hace varios años, el gobierno del presidente Emmanuel Macron ha intentado dividir la diferencia en su política migratoria.

Por un lado, ha pretendido disuadir a los solicitantes de asilo, aumentando la policía en la frontera y recortando algunos servicios estatales.

Por otro, para quienes son aceptados como refugiados, ha volcado recursos en las clases de francés y en programas de empleo para facilitar su integración.

El gobierno también ha intentado dispersar a los solicitantes de asilo fuera de París, donde los servicios están saturados, es difícil encontrar alojamiento y han surgido grandes campamentos provisionales.

Hace poco, Macron anunció que quería formalizar la política en un nuevo proyecto de ley de inmigración, enviando a los solicitantes de asilo desde los densos centros urbanos, ya plagados de problemas sociales y económicos, a las “zonas rurales, que están perdiendo gente”.

El plan se parece mucho al que se está poniendo en marcha en Callac, que, de manera paradójica, lleva recibiendo familias de refugiados desde 2015, cerca de 40 personas en la actualidad, casi sin previo aviso, como muchos pequeños pueblos franceses.

Mohammad Ebrahim escuchó el ruido de las protestas agresivas desde la ventana de la sala de su casa, pero no tenía idea de qué se trataba la conmoción, desde luego no sobre él, su mujer y sus cuatro hijos, que llegaron hace un año.

Los kurdos que escaparon de Al Qaeda en Siria no han sentido más que una buena acogida; muestran en sus celulares fotografías de las comidas y celebraciones comunitarias a las que han sido invitados. Sin embargo, las ventajas de la hospitalidad del pueblo se compensan con las desventajas logísticas de vivir en el campo sin auto. La capacitación, las citas médicas e incluso las clases regulares de francés están muy lejos.

Cuando escucha el plan de ofrecer servicios integrales y escuela en Callac, Ebrahim sonríe pleno. “Así podríamos ir a clase de francés todos los días”, se emocionó.

Callac puede ser ahora un campo de pruebas de si un enfoque más estructurado puede funcionar y las divisiones pueden superarse.

“Esto se convirtió en una cuestión de política francesa”, dijo Sylvie Lagrue, una voluntaria local que lleva a los refugiados a las citas con el médico y los ayuda a configurar su internet. “Ahora, todo el mundo espera que esto se calme y sigamos con el programa”.

Aunque el proyecto aún no cuenta con un presupuesto oficial, un calendario o un número objetivo de solicitantes de asilo a reasentar, el ayuntamiento sigue avanzando de manera sutil.

Recientemente, compró una enorme escuela abandonada, que se levanta como un fantasma en medio del pueblo, y anunció que planeaba convertirla en el “corazón” del proyecto, con una zona de recepción de refugiados, así como una guardería comunitaria y un espacio de trabajo compartido.

El fondo Merci ya ha comprado el edificio donde cerró la última librería del pueblo en agosto. Ahora planea reabrir la tienda para la comunidad, mientras aloja a una primera familia de solicitantes de asilo en el piso de arriba.

“El comienzo tiene que ser lento”, dijo Cohen. “Tenemos que ver si funciona. No queremos asustar a la gente”.                       (

11/8/22

A menudo me preguntan por qué Europa nos permitió a los griegos entrar primero en el mercado común y después en el euro. La respuesta correcta suena hoy improbable: porque, en 1979 el Estado griego tenía uno de los niveles de deuda pública más bajos de Europa y sus ciudadanos casi ninguno. Sí, éramos un pueblo pobre, pero nos las arreglábamos con nuestros modestos medios... Incluso en 1999, justo antes de ser admitidos en el euro, apenas ningún griego tenía una hipoteca, y mucho menos una tarjeta de crédito... Sin embargo, para entrar en Europa tuvimos que reducir nuestras barreras comerciales y, más tarde, desmantelar todos los controles de capital... Inmediatamente, un tsunami de importaciones, dinero y préstamos salió del norte de Europa hacia Grecia. No es que nos resistiéramos a ello, hambrientos como estábamos de los adornos materiales de la modernidad. Antes de que nos diéramos cuenta, nuestras fábricas se cerraron (y se convirtieron en almacenes para las lavadoras y los frigoríficos importados que antes se fabricaban aquí)... Era sólo cuestión de tiempo que la burbuja bancaria y de la deuda mundial estallara... los que habían insistido en que tomáramos prestadas montañas de su dinero -para que pudiéramos comprar sus coches, lavadoras y alta costura- no dudaron en llamarnos con todo tipo de nombres que no son dignos de publicarse aquí... nuestra dignidad y nuestra filotimia se desgarraron... así que respondemos a las estúpidas preguntas de las encuestas con un falso orgullo. Por supuesto, sabemos que es falso, pero, de nuevo, el orgullo falso es el último recurso para aquellos que han perdido el verdadero

 "Los griegos tenemos fama de ser nacionalistas insufribles, la mayoría de los cuales cree sinceramente que la cultura griega es superior a la de otras naciones y pueblos. En una reciente encuesta de Pew, incluso se nos ha calificado como los europeos más chovinistas desde el punto de vista cultural. A riesgo de confirmar ese estereotipo, lo achacaré a... los extranjeros, con su inmoderada alabanza de la cultura griega y su superficial lectura de sus propias y tontas encuestas. (...)

Pero pregúntenos a nosotros, los griegos, sobre la cultura griega moderna y obtendrá una respuesta muy diferente. Por supuesto, tenemos nuestra cuota de ultranacionalistas chiflados, algunos de los cuales creen que el darwinismo se aplica a todos los humanos excepto a los griegos, que provienen de algún gen divino extraterrestre. Sin embargo, la gran mayoría de mis compatriotas piensa muy poco en nuestra cultura, formas y comportamientos contemporáneos. La última década, sobre todo desde nuestra bancarrota total, nos ha dejado tambaleantes, inseguros y rozando el autodesprecio.

Sí, todavía apreciamos los brillantes éxitos de los griegos que abandonaron Grecia en busca de una vida mejor en otro lugar. Sí, celebramos alguna que otra victoria deportiva y apreciamos la belleza de la tierra, el mar y el medio ambiente de Grecia. Sí, mantenemos cierto orgullo por conceptos exclusivamente griegos como la filotimia, una inclinación a actuar de forma digna simplemente porque sí. Pero al mismo tiempo, tememos que estas cualidades, naturales y espirituales, se hayan diluido terriblemente en las últimas décadas; en parte porque las hemos descuidado y canibalizado (nuestra monstruosa inversión en turismo, por ejemplo), y en parte por una Unión Europea que nos ha ayudado a perder el rumbo. (...)

Cuando Giscard d'Estaing pronunció su discurso de 1979, un año antes de que el norte de Europa nos admitiera formalmente en la UE, la mayoría de los griegos se alegraron. Por desgracia, pronto nos dimos cuenta de que la pérdida general de dignidad era el alto precio que acabaríamos pagando por ese privilegio. A menudo me preguntan por qué Europa nos permitió a los griegos entrar primero en el mercado común y después en el euro. La respuesta correcta suena hoy improbable: porque, en 1979, cuando Giscard se explayaba sobre la civilización griega, el Estado griego tenía uno de los niveles de deuda pública más bajos de Europa y sus ciudadanos casi ninguno. Sí, éramos un pueblo pobre, pero nos las arreglábamos con nuestros modestos medios, viviendo y respirando paradigmas de parsimonia. Eso es lo que aportamos a la UE: un bajo nivel de deuda y altos niveles de propiedad de la vivienda, una combinación que era el sueño húmedo de los banqueros occidentales.

Incluso en 1999, justo antes de ser admitidos en el euro, apenas ningún griego tenía una hipoteca, y mucho menos una tarjeta de crédito. Sin embargo, para entrar en Europa tuvimos que reducir nuestras barreras comerciales y, más tarde, desmantelar todos los controles de capital. Inmediatamente, un tsunami de importaciones, dinero y préstamos salió del norte de Europa hacia Grecia. No es que nos resistiéramos a ello, hambrientos como estábamos de los adornos materiales de la modernidad. Antes de que nos diéramos cuenta, nuestras fábricas se cerraron (y se convirtieron en almacenes para las lavadoras y los frigoríficos importados que antes se fabricaban aquí); nuestras cuentas bancarias pasaron de estar en negro a estar en rojo intenso; nuestra dignidad y nuestra filotimia se desgarraron.

Era sólo cuestión de tiempo que la burbuja bancaria y de la deuda mundial estallara, antes de que los mismos europeos y estadounidenses que una vez nos elogiaron como los pilares de la civilización occidental se volvieran contra nosotros. Ignorando convenientemente que habían insistido en que tomáramos prestadas montañas de su dinero -para que pudiéramos comprar sus coches, lavadoras y alta costura- no dudaron en llamarnos con todo tipo de nombres que no son dignos de publicarse aquí.

Peor aún, en voz baja, nos llamamos a nosotros mismos con nombres similares. Cuando hablamos entre nosotros, no tenemos reparos en ser muy autocríticos, a menudo rozando el odio a nosotros mismos. Ningún griego que conozca estaría, por ejemplo, en desacuerdo con David Holden, el periodista del Times que en 1972 describió a Grecia como "rica en talento y pobre en recursos, desarrollada en sus gustos y subdesarrollada en sus capacidades". Y así, en parte por una falsa dedicación a no decepcionar a los que hablan de la civilización griega, y en parte por nuestro enfado con nosotros mismos y con una Europa que nos llevó por el mal camino antes de tratarnos como ganado que perdió su precio en el mercado, respondemos a las estúpidas preguntas de las encuestas con un falso orgullo. Por supuesto, sabemos que es falso - pero, de nuevo, el orgullo falso es el último recurso para aquellos que han perdido el verdadero."    
             (Yanis Varoufakis, UnHerd, 05/08/22)

27/9/19

«En Al-Andalus hubo una cultura laica»... sorprende por su enorme dinamismo social, por su riqueza cultural y por la gran creatividad que se despliega. Podíamos compararlo con la Roma clásica: hay tal explosión de creatividad, de elementos novedosos que se reciclan...

"Después de analizar a fondo la época andalusí en Conquistadores, emires y califas. Los Omeyas y la formación de al-Andalus, entre otras obras, Eduardo Manzano Moreno, historiador y profesor de investigación en el Instituto de Historia del CSIC, dedica su último libro a un hallazgo extraordinario: los anales de un funcionario y cronista de la corte de Al Hakam II, donde se recoge de forma pormenorizada la vida en el califato de Córdoba entre 971 y 975.

La corte del Califa (Crítica) supone así una aproximación privilegiada a la figura de Al Hakam, conocido por poseer una de las mayores bibliotecas de su época y por ser el morador de la suntuosa Medina Azahara, y de quienes le rodeaban en aquel momento de esplendor cultural y económico. Manzano, que parece tan cómodo ante la prensa como ante sus alumnos, se muestra interesado sobre todo en desterrar tópicos desde el principio de la entrevista. Afuera, el sol de Sevilla se antoja el mismo que alumbraba a los almohades.

Al Andalus, ¿es un periodo demasiado idealizado, o nos quedamos cortos a la hora de admirarlo?

No es ni una cosa ni la otra. No se puede hacer una idealización poética, como si se tratara de un periodo, digamos, paradisíaco, donde se concentran muchos mitos. Pero tampoco se puede ignorar que es un periodo que, cuanto más lo investigas, más sorprende por su enorme dinamismo social, por su riqueza cultural y por la gran creatividad que se despliega. Podíamos compararlo con la Roma clásica: hay tal explosión de creatividad, de elementos novedosos que se reciclan… 

Y a los que lo hemos investigado muy bien nos da rabia que haya una especie de barrera cultural, de rechazo a algo que parece que no corresponde a nuestra identidad. Y esa barrera, la gente no siempre está dispuesta a traspasarla.

Volveremos sobre eso, pero lo que parece cierto es que Al Andalus logró conciliar eso que ahora parece tan difícil, como es el desarrollo económico y el esplendor cultural. ¿Cómo lo hicieron?

Es completamente cierto. En el siglo X, que es la época que trato en el libro, hay una prosperidad económica generalizada. Es una época de expansión agraria y comercial, hay una artesanía muy potente también. El Califato centraliza muchos recursos, a través de un sistema fiscal muy desarrollado, y los redistribuye. En ese sentido, funciona como una especie de motor de crecimiento, un centro de demanda que espolea mucha oferta. 

Así, los recursos se redistribuyen, y crea un efecto fuente que llega cada vez a más a capas más bajas… Con los impuestos paga al ejército, a los cortesanos, a los poetas, y estos a su vez los gastan en sirvientes, en adquirir caballos, cerámicas… Así alcanza a todas las capas de la sociedad.

De lo que no estaban libres, ni siquiera en aquella época, era del azote de la corrupción, aunque no fuera comparable a lo de nuestros días…

Cuando tienes cinco millones de dinares, como les entraban todos los años, controlar toda la maquinaria que controlaba esos recursos era muy difícil. Y el califa estaba desesperado por lograrlo. Ve que hay oficiales, recaudadores, que si se decreta una bajada de impuestos, no se lo dicen a la gente y se embolsan la diferencia. Y está quien detrae moneda de la fábrica, y se quedan con una parte.

Hace poco oímos a Vox lanzar mensajes xenófobos, pero solo en nombre de la defensa de una identidad cultural europea. ¿Se puede entender dicha identidad sin el elemento árabe?

Es curioso lo que está pasando: algunos están tratando de secuestrar la identidad europea como algo propio, entroncando con una genealogía harto discutible, porque muchas partes de esa identidad no han surgido precisamente gracias a los elementos más reaccionarios de nuestra sociedad. Lo mejor de la identidad cultural europea se caracteriza por su interés, por su conocimiento del otro, y su deseo de explicar al otro, y hacerlo de manera honesta, rigurosa y equilibradas. Por eso estas visiones sectarias lo que niegan en última instancia es esa tradición cultural, y nos quieren llevar a otra muy limitada, muy alicorta.

En eso juega un papel importante la vieja idea de los mundos irreconciliables, Oriente y Occidente, y del español matamoros que rescata al territorio de los malvados invasores. ¿Qué hay de verdad y de mito ahí?

Es un intento de tratar de reforzar una identidad muy específica a través de la Historia, desde un punto de vista excluyente, parcial y sesgado. Creo que si algo puede permitirnos el desarrollo en el siglo XXI es generar identidades críticas. Mirar al pasado con una visión crítica de nosotros mismos, que nos haga replantearnos. El conocimiento del otro es lo que nos permite no quedarnos anclados en una visión del pasado que hoy no tiene sentido, no ayudan a nadie.

Es usted muy crítico con las tesis de Olagüe. Pero, sin comulgar con sus ideas, ¿es todavía sostenible la idea de invasión pura y dura?

Olagüe era un fascista, para empezar. Un falangista desocupado que tuvo una ocurrencia, que era una barbaridad. Tratar de mantener esas tesis hoy en día, incluso desde posturas muy antagónicas, es tratar de adaptar a nuestro discurso elementos de la Historia que no nos gustan, como una especie de fake news, aunque sea con calzador. Ya sea para venderte a ti mismo y que te inviten a dar conferencias. Si falseas eso, ¿por qué no vas a negar el holocausto, por ejemplo? ¿Dónde queda el conocimiento?

¿No cree, entonces, en la idea de una islamización progresiva? ¿Fue todo campaña militar por parte de señores de tez morena?

Bueno, es evidente que hubo conquistas, nos guste o no. Y como toda conquista, tuvo sus elementos violentos, también pactos, y puso en marcha procesos que se desarrollaron a lo largo del tiempo. No es una invasión, en eso estoy de acuerdo contigo, es una conquista militar por parte del Califato omeya de Damasco, un imperio muy centralizado. 

Si se pudiera comparar con algo, sería con la conquista romana, que a veces se impone por la fuerza, a veces con pactos, y que pone en marcha la romanización. Aquí lo mismo. No se puede minusvalorar la conquista, que debió de ser violenta, y nos consta que hay gente que la rechaza, aunque también quien decide colaborar. Una vez dicho eso, es verdad que la idea de nómadas camelleros que vienen aquí, ya nadie la sostiene.

¿Quiénes eran, entonces?

Los contingentes no fueron cientos de miles, serían decenas de miles… Y hay que acabar con la idea de una conquista realizada por unos salvajes, tribus enloquecidas. Todo lo que sabemos es que son conquistas muy bien organizadas, que ponen en marcha rápidamente una organización potente, como se ve en los papiros de primera época que se han encontrado en Egipto. 

Pero tampoco hay duda de que la conquista divide rápidamente a la sociedad entre conquistadores y conquistados. ¿Qué ocurre? Lo comparo todo con el big bang: hay muchos elementos que se van conjuntando para crear una realidad muy distinta al origen. Claro que de ahí a, como pretenden algunos, que tengan que pedirnos perdón…

Fue Aznar quien dijo eso. ¿Cómo lo califica un experto?

Aznar es el típico exponente del pensamiento conservador español, convencido de que la nación española surge con la Reconquista, y que este país está en lucha con el islam desde el siglo VIII hasta nuestros días. Y mucha otra gente aboga por eso, publicistas, periodistas, profesores universitarios… Un mensaje político que refuerza esa identidad del nosotros contra ellos. Una identidad muy sectaria, como decía antes, que no sirve para planificar bien el futuro.

También hay un andalucismo que sublima esta época en sentido contrario. Y desde el mundo musulmán, se ha llegado incluso a pedir la devolución del territorio. ¿De qué beben esas otras mitologías?

Es una cosa muy potente. Las identidades conforman el pasado, y no al revés. Lo condicionan. Adaptamos el pasado para que sea un nosotros contra ellos. Frente a eso, tenemos que tratar de buscar el pasado como fuente de conocimiento y elemento crítico que nos haga dudar de nuestras identidades. No nos vendría mal en esta época de exacerbación dudar un poco de nuestras certezas. 

La Historia es un proceso de cambio continuo. Frente a los que tratan de decir que hay una esencia inmutable en el tiempo, la Historia nunca se detiene. No hay nada estático. Por eso soy contrario a los mitos y a los tópicos, que no te dejan comprender nada. Solo se refuerza en lo que ya piensa. El conocimiento histórico solo tiene razón de ser cuando nos cuestiona. Solo cuando lo entiendes, todo tiene sentido.

Una de las revelaciones de su libro es que se han hallado dinares andalusíes hasta en el condado de Barcelona. ¿Por qué no llegaron más lejos, hasta el norte de Europa, como otras monedas árabes de la época?

Curiosamente no fueron más allá, no les dio tiempo. Al norte de Europa llegan las monedas de los abasíes, que hacen todo un camino a través de Rusia, hasta Escandinavia. Allí se están encontrando cientos de miles de monedas, en Suecia, en Noruega, en Dinamarca… Al Andalus no duró tanto, y esas monedas estaban relacionas seguramente con el tráfico de esclavos.

¿Hablamos, en todo caso, de la primera vía comercial entre el Norte de África y Europa?

Ese es un tema que me interesa mucho. En el siglo VII y VIII, el comercio se interrumpe. Dicen que fue por las conquistas árabes, pero parece que no fue por eso. Y durante bastante tiempo no hay contactos comerciales. Se reanuda en el siglo X, y parece que la primera mercancía que empieza a recomponer esas redes son los esclavos. Es otra cosa que no nos gusta, pero yo no me puedo inventar que en Medina Azahara no había esclavos ni eunucos. Pero a partir de ahí comienzan a intensificarse lo que serían las grandes rutas comerciales medievales, que se enriquecerían con otros productos.

¿Qué lugar real ocupaba la religión en la estructura social de la época?

Eso también es muy interesante, Estamos muy distorsionados por las fuentes que tenemos, escritas por una clase ilustrada, para la cual la religión sería importante. Pero cuando tenemos atisbos, vemos que la religión no lo era todo en esta sociedad, y que hay una cultura laica, mucho más permeable. No siempre lo vemos bien, tenemos la religión muy omnipresente, pero no era sí…

Como la tenemos también hoy con el mundo árabe actual, ¿no?

Es una manera de definir al otro diciendo: “Claro, estos son unos fanáticos, le gente está rezando desde que se levanta hasta que se acuesta…” Y no es verdad, claro. Tenemos fogonazos, por ejemplo algunas sentencias que condenan el hecho de que los musulmanes vayan a celebrar la Navidad con los cristianos. Si lo condenan, es porque la gente lo hacía, cenaban juntos, se intercambiaban regalos. Pero los ulemas de Córdoba les decían que no se mezclaran. La religión levanta estas barreras, pero vemos también un cierto golferío [risas], donde se ve que la gente se está… frotando [risas].

Estamos acostumbrados a una Historia en masculino. ¿Dónde está la mujer aquí?

En las sociedades medievales, la mujer está excluida del espacio público. Pertenece al privado, donde sí parece que jugó un papel importante, pero no lo podemos ver. En la crónica que yo trabajo en mi libro, prácticamente no hay ninguna mujer. ¿Eso quiere decir que las mujeres no existían? Claro que existían, pero no las vemos, no podemos documentarlo. Cuando salen datos, no suelen ser siempre positivos.
¿En qué sentido?

La mujer del Califa concentra gran parte de la maledicencia. Pero hubo mujeres importantes como fundadoras de mezquitas, instituciones benéficas… Sabemos que manejaban sus propios patrimonios, pero la andalusí es una sociedad patriarcal, donde el mantenimiento del honor está vinculado al mantenimiento de la reclusión de las mujeres,

¿Aunque el erotismo asome en la literatura y el arte?

Claro, el erotismo aparece siempre, aunque en época andalusí el erotismo es con esclavas, curiosamente. Hay una tesis bonita, según la cual las mujeres esclavas, paradójicamente, tenían más libertad en lo que a costumbres se refiere, que las libres."                       (Entrevista a Eduardo Manzano Moreno, Alejandro Luqe, m'sur, 15/09/19)

23/9/19

¿Qué se le viene a la cabeza cuando escucha a una vicepresidencia pedir proteger el estilo de vida europeo? Otro miedo más, esta vez, al derrumbe de los pilares socioeconómicos de la Unión Europea...

"(...) ¿Qué se le viene a la cabeza cuando escucha vicepresidencia para proteger el estilo de vida europeo?

Otro miedo más, esta vez, al derrumbe de los pilares socioeconómicos de la Unión Europea. El eufemismo del nombre esconde el pavor de algunos Estados miembro de la Unión Europea a las amenazas de quienes disparan desde dentro (Brexit, nacionalismos excluyentes…), y de los que disparan desde fuera (crisis migratoria, guerra comercial entre EEUU y China…). 

Si lo que se quiere proteger es el Estado del Bienestar, fundado en la redistribución de la riqueza para garantizar la universalidad de los derechos sociales, me temo que hace años que está en peligro por las propias políticas de la UE y de los Estados-miembro que ahora hipócritamente se erigen en sus defensores. 

Aun así, en este momento clave de la historia donde la UE es una placa tectónica atrapada entre otras de mayor dimensión política y económica representadas por Estados (Rusia, China, EEUU, Brasil, India…), soy partidario de la defensa a ultranza del Estado del Bienestar con anclaje constitucional como barricada frente a esta desalmada lucha de titanes. 

Sin olvidarnos nunca de que España debe ser el embajador de este modelo y el puente de encuentro con el Mediterráneo y el Atlántico. (...)"               (Entrevista a Antonio Manuel, Olivia Carballar, La Marea, 18/09/19)

8/5/19

Las guerras culturales de la extrema derecha: los nuevos autoritarismos y los nacionalismos han adoptado la cultura nacional del “pueblo” como un eje de antagonismo. Las artes sirven para la “construcción del pueblo” mediante la instrumentalización de acontecimientos culturales...

"Viktor Orbán, líder de Fidesz, el partido de ultraderecha que actualmente gobierna Hungría con supermayoría parlamentaria, ha promovido el establecimiento de una red de intelectuales en torno a la Academia Húngara de las Artes (MMA), cuya actividad fomenta una visión conservadora de la cultura nacional. 

A partir del Programa de Cultura de Fidesz de 2009, se realizaron diversos cambios programáticos y administrativos en la política cultural, que han incluido la asignación discrecional de recursos y cargos y la promoción de los valores nacional-católicos. En 2010, el Ministerio de Cultura fue rebajado a una Secretaría del Ministerio de Recursos Humanos. Desde entonces, mediante una retórica de modernización de las instituciones culturales, se reforzaron particularmente las bibliotecas, museos y casas de cultura tradicionales.

 Pero otro de los principales instrumentos utilizados en este marco ha sido el patrimonio monumental, como la enorme escultura denominada “Unión Nacional para los húngaros”, inaugurada en 2012 en la ciudad de Ópusztaszer, con la presencia del propio Orbán. En su discurso, el primer ministro habló de una nación húngara pura, caracterizada por los lazos de sangre.

Por su parte, el Gobierno liderado por la ultraderecha polaca Ley y Justicia, también reformó sus políticas culturales. Tanto el periodo 2005-2007 de Gobierno, conducido por el ministro conservador Kazimierz Michał Ujazdowski, como la gestión actual, presentan similitudes con la gestión húngara. El Gobierno amplió el apoyo público al sector cultural, estableció nuevos museos e instituciones (incluido el Museo de Historia de Polonia en Varsovia) y defendió la promoción de los valores y la moral católicos a través de las políticas culturales. 

Mientras el sector patrimonial fue clave en este desarrollo, el apoyo a las artes ocupó una parte más limitada de la actividad del Ministerio. De hecho, se ha observado cómo las políticas culturales se han visto atravesadas por escándalos en torno al arte contemporáneo, particularmente en exposiciones y obras considerados como opuestas a la moral católica. Por ejemplo, en 2015, menos de un mes después de que Ley y Justicia llegase por segunda vez al poder, el ministro de Cultura Piotr Gliński instó a cancelar Der Tod und das Mädchen (La muerte y la doncella), mediante una carta oficial dirigida al gobernador de Baja Silesia. 

Se trata de una obra teatral escrita por el ganador del Premio Nobel Elfriede Jelinek, que iba a ser presentada en el Teatro Polaco de Varsovia. ·La pornografía dura no debe ser subvencionada por el Estado”, declaró Gliński.

Estos proyectos político-culturales, que comparten asimismo su antiislamismo y anticomunismo, cuestionan algunos de los elementos hegemónicos de la política cultural europea hasta fines del siglo pasado. Tras un primer período de institucionalización en la Francia de posguerra bajo la impronta del ministro André Malraux, la política cultural de la década de los años sesenta asentó las bases de la llamada democracia cultural.

 Este nuevo paradigma de actuación del Estado en el ámbito cultural puso un mayor acento en el patrimonio cultural popular, ampliando el repertorio estético, identitario e ideológico de las manifestaciones promovidas por las instituciones públicas. Dicho desarrollo, que fue acompañado por el movimiento de mayo de 1968, integró las demandas de diversos partidos y colectivos sociales, que promulgaban también una mayor participación comunitaria en cultura.

 Desde entonces, el modelo centro-europeo de política cultural, caracterizado por una importante inversión en la prestación de servicios culturales descentralizados y la defensa del patrimonio material e inmaterial, sirvió de referencia para la política bienestarista para el conjunto de la Europa continental.

Sin embargo, cabe recordar que las políticas culturales europeas han servido históricamente a otros proyectos político-sociales.

 Por una parte, las élites liberales de inicios de siglo XX habían desarrollado una administración cultural centralizada en las grandes metrópolis, que articulaba una visión del patrimonio mayormente vinculada a la alta cultura. Dichas políticas se pusieron en práctica a través las grandes instituciones de las artes y se focalizaron en la reafirmación de la lengua y los símbolos nacionales considerados legítimos. 

Se trató de un proyecto con un claro sesgo de clase, heredero de las monarquías o señoríos que sirvieron de base a la configuración de cada Estado, y por lo tanto reproductor de diversos elementos de su filosofía civilizatoria. Cabe tener en cuenta asimismo que estos proyectos nacionales tuvieron un claro reflejo en el colonialismo de la diplomacia cultural europea alrededor del mundo. 

Décadas más tarde, los totalitarismos de derecha desarrollaron la expresión más acabada de la exclusión político-cultural, en línea con la idea del “Estado total”. Como expuso Hannah Arendt, los movimientos autoritarios que dieron lugar a estos regímenes políticos, se caracterizaron por un acento en la superioridad de la raza, no solo derivada de su pretendida singularidad biológica, sino también basada en la cultura e identidad nacionales. 

El nazismo y el fascismo intensificaron aquellos elementos nacionalistas de la mediación estatal en la cultura, mediante la represión, la censura y la persecución de cualquier actor o expresión subalterna al ideal cultural originario. La promoción de la arquitectura monumental, el cine o las artes por parte de Hitler y también de Mussolini fueron relevantes para la construcción y legitimación del régimen, a través de la exaltación simbólica de la raza, el líder y el destino imperial. Así, un marcado historicismo nacionalista atravesó la gestión de las instituciones artísticas y académicas.  

Teniendo en cuenta estos antecedentes, cabe preguntarse por las posibles singularidades de las políticas culturales autoritarias desplegadas actualmente en Europa. La crisis financiera iniciada en 2008 y las políticas de “austeridad” impulsadas desde las instituciones europeas y financieras internacionales que le sobrevinieron, propiciaron diversas reacciones nacionalistas y el avance de la ultraderecha en diversos parlamentos europeos.

 Este proceso se vio acompañado por el desarrollo de discursos nativistas, que fueron legitimados por el cuestionamiento del paradigma multiculturalista realizado por diversos líderes europeos en 2010. Ese año, la canciller alemana Angela Merkel destacó que el enfoque multicultural había fallado en la integración de los inmigrantes. En este marco, diversos actores políticos fueron colocando en el centro de la agenda pública ejes culturales de exclusión e inclusión nacional y occidental, instrumentalizando los efectos sociales y políticos de la crisis de los refugiados y los sucesivos ataques terroristas de base islamista radical.

De este modo, un primer factor singular de estas nuevas políticas culturales autoritarias ha sido su desarrollo en el marco de democracias consolidadas, o de lo que las ciencias políticas han llamado “nuevos autoritarismos”, “autoritarismos competitivos”, asimilado a “democracias iliberales”. 

Los instrumentos clásicos de estas formas de gobierno son la manipulación electoral, la ruptura de la división de poderes o diversas limitaciones de las libertades civiles. Las políticas culturales pueden verse profundamente transformadas en el marco de estos nuevos autoritarismos, como se expone en el reciente informe de Freemuse: “El estado de la libertad artística de 2019: ¿de quién son las narraciones?”. 

El texto analiza 673 casos de violaciones a la libertad artística que ocurrieron en diferentes ámbitos culturales en 80 países a lo largo de 2018. En España, por ejemplo, 14 raperos fueron acusados ​​en este período de “enaltecimiento del terrorismo” en virtud del artículo 578 del Código Penal, y muchos de ellos condenados a prisión. El gobierno del Partido Popular avanzó sobre el ámbito cultural el marco de la represión que acompañó las políticas de austeridad. Su política cultural se vio marcada así por la llamada Ley Mordaza y transfiguró la política de Marca España en un instrumento de corte hispanista al servicio de la deslegitimación del derecho a la protesta. 

Un segundo elemento singular en este marco es la integración de las políticas culturales como herramienta privilegiada de las estrategias populistas. Como hemos mencionado, estos nuevos autoritarismos han adoptado la cultura nacional del “pueblo” como un eje de antagonismo con distintas definiciones de élite. 

La caracterización moral de esta oposición, donde las elites y otros enemigos de la nación son portadores de diversos males, se articula de modo frecuente mediante la cultura. La llamada agregación de demandas, teorizada por Ernesto Laclau, se ha basado frecuentemente en la interpelación del pueblo por parte de un líder carismático que actúa en la defensa de diversas expresiones de la cultura tradicional, como sucedió con el patrimonio monumental católico en Hungría. 

Los discursos culturales o las artes han servido así para la “construcción del pueblo”, por ejemplo mediante la instrumentalización de acontecimientos culturales en la esfera digital. Hay que recordar cómo la líder de la extrema derecha francesa, Marine Le Pen, rechazó en su blog el uso de burkinis en Francia sobre la base de la figura de Brigitte Bardot, y sus posados en la playa. Así, estos movimientos de extrema derecha difunden su ideal nacional excluyente y racista utilizando nuevas estrategias populistas apuntaladas en los medios digitales, cuyos mensajes son asiduamente replicados por los grandes medios de comunicación.  

En línea con lo anterior, mientras hasta hace poco tiempo los debates académicos e institucionales en torno a la política cultural se veían atravesados por la cuestión de la tensión entre democratización y elitización en el campo cultural urbano, hoy la identidad ha recobrado importancia para su análisis y desarrollo. En el caso español, el partido de la ultraderecha Vox preside la Comisión de Cultura y Memoria Histórica en Andalucía, desde donde han comenzado a promover un revisionismo histórico-cultural con raíces hispanistas. 

Desde el espacio privilegiado que les asigna su ingreso en el Parlamento Español buscarán impulsar a escala nacional una noción singular de la policía cultural. Del breve apartado dedicado a política cultural en el programa electoral de Vox del pasado domingo, hay que destacar sus similitudes con los planes culturales de Fidesz en Hungría o Ley y Justicia en Polonia. El programa, liberal en lo económico y ultraconservador en lo moral, plantea: 

“66.Impulsar una ley de mecenazgo, para que particulares y empresas puedan participar en la creación cultural, aumentando la deducción fiscal de las aportaciones así como en la restauración y protección del extenso patrimonio cultural nacional. A nivel cultural, fomento del arraigo a la tierra, manifestaciones folclóricas y tradiciones de España y de sus pueblos dentro de la óptica de la Hispanidad. 67. Impulsar una ley de protección de la tauromaquia, como parte del patrimonio cultural español. 68. Se protegerá la caza, como actividad necesaria y tradicional del mundo rural. Promoción de una licencia única a nivel nacional eliminando el sistema de licencias autonómicas e inter autonómicas”.

Si observamos las prioridades de este programa, queda claro que una visión de la política cultural limitada a su dinámica institucional y a la gestión de los sectores culturales podría hacernos perder de vista la importancia de las políticas de representación y reconocimiento en este ámbito. 

Dicha política no se reduce a las mencionadas políticas lingüísticas y patrimoniales u orientadas a colectivos sociales específicos, sino que, en el mundo actual, se relaciona con la comunicación política en un sentido amplio. Los símbolos culturales operan en el marco de la oposición pueblo-élite que hoy se expresa en el debate público.

 La cultura es central en la escenificación de un retorno a un momento original de la nación, que debe ser rescatado de las manos de los inmigrantes, las corporaciones internacionales, el relativismo cultural o la izquierda. En el caso español, por ejemplo, esta estrategia ha encontrado en Cataluña un “enemigo interno” fundamental, mediante la instrumentalización lingüística o simbólico-ideológica. 

Así, mientras diferentes actores político-ideológicos vieron, a fines del siglo pasado, la dilución de los proyectos nacionales en un cosmopolitismo multicultural, hoy la disputa por la hegemonía en el ámbito de las políticas culturales ha recolocado la nación excluyente en el centro. Dicha cuestión está destinada a ser un eje central de las políticas culturales en el futuro. 

Pero, como demuestran diversos casos de nuevos autoritarismos al servicio de las políticas económicas neoliberales en todo el mundo, esto representa no solo un riesgo para la convivencia democrática y las políticas de reconocimiento, sino que puede devenir en un instrumento que contribuya a sostener y acrecentar la desigualdad material entre las élites económicas nacionales y aquellos grupos sociales que los gobiernos autoritarios sostienen representar. 

En estos nuevos autoritarismos, las políticas culturales bienestaristas pueden verse relegadas a un segundo papel, dado que las políticas de exaltación de los símbolos nacionales, afianzadas mediante estrategias populistas y articuladas en torno a políticas represivas y excluyentes, podrían facilitar el deterioro de los servicios culturales públicos, limitando la participación social y la redistribución de capital cultural. Queda por ver cómo juega el ascenso de la ultraderecha en España en este sentido." 

(Mariano Martín Zamorano,  doctor en Gestión de la Cultura y el Patrimonio e Investigador del CECUPS, Universidad de Barcelona. CTXT, 01/05/19)

11/10/18

El Fascismo que viene... Si éste vuelve a encarnarse en el siglo XXI, no vendrá precedido por desfiles con antorchas o escuadras de camisas negras. Hoy es compatible con trajes Armani o Gucci de raya impecable y blanco impoluto, siempre que en su programa junto al culto al líder, seguidismo gregario y odio al enemigo común, defienda la ganancia sin límites legales o éticos

"No caigamos, por uso y abuso a la hora de etiquetar acciones o arrojar el vocablo al adversario como arma, en la banalización del concepto “Fascismo”. Si éste vuelve a encarnarse en el siglo XXI, no vendrá precedido por desfiles con antorchas o escuadras de camisas negras.

Hoy es compatible con trajes Armani o Gucci de raya impecable y blanco impoluto, siempre que en su programa junto al culto al líder, seguidismo gregario y odio al enemigo común, defienda la ganancia sin límites legales o éticos y la sacrosanta propiedad privada. El sustantivo es lo de menos: al Poder le da igual llamarlo “x”.

Aunque eso no impida guardar para “perfomances” simbólicas los guiños a las raíces, tipo líder con torso desnudo, émulo de Mussolini borrando pintadas obscenas de fachadas de barrios obreros mientras saluda a cámara o paseos del «Jefe» saludando a la multitud que vitorea acompañado de cura con hisopo -no importa la acusación de pederastia que le acompañe- encargado de bendecir las nuevas instalaciones religiosas oportunamente financiadas a costa del erario público. Todo sea por mantener la llama de la herencia histórica cristiana.

Como enfermedad ideológica contagiosa y mutante puede colonizar voluntades de muy diversas maneras. El martes 18 nos sorprendía esta noticia: la voz más influyente de las redes en Italia es Francesco Gangemi, albañil en paro (eldiario.es). 

Desde su página “Pongamos a parir a todos”, genera millones de interacciones siempre que con frases simples fustigue a los inmigrantes. Afirma que si los defendiera no se comería un clic. Con la acción logra ingresos extras que le ayudan a sobrevivir, cumpliendo de camino el sueño capitalista de comercializar hasta el odio. Y como de desfachatez va sobrado, proclama, tras poner en la diana a miles de seres humanos, un “a mi la política no me interesa”.

Versión latina de nuestro producto nacional, ese españolito adosado a la barra del bar con soluciones para todos los problemas tras la frase “Eso lo arreglaba yo…”. La aseveración siempre va acompañada, en modo boca chica, con un “soy apolítico” que, al calor de las pullas de los contertulios, va subiendo, subiendo, hasta dejar salir del alma al franquista que lleva dentro.

 Que se lo digan si no a Begoña García, diputada del PP en la Asamblea de Madrid cuando con la excusa de una pregunta a un Consejero de su partido, hoy calificaba al general asesino de «Caudillo victorioso». Eso sí, la risa no la dejaba continuar. Para ella debe resultar muy gracioso recordar al sembrador de decenas de miles de cadáveres en las cunetas patrias.

El espécimen ya se dio en la Alemania de 1945 bajo la coartada del «yo no sabía nada, no imaginaba que les harían eso» para referirse al trágico destino del vecino judío al que rompió la cristalera y al inquilino comunista del segundo denunciado por la aria comunidad, a los que vieron desaparecer una noche tras las garras de la Gestapo.

Porque el Fascismo no es peligroso cuando se mantiene en teorías y disquisiciones académicas anexas refutables con dialéctica y principios. Lo es cuando baja al suelo y se instala en el comportamiento, lo cotidiano, el entorno cercano.

Como doctrina se propaga de manera extraordinaria con las “fakes news” (versión tecnología punta de la archiconocida máxima nazi “mentira mil veces repetida”), la negación de lo evidente como hace Aznar en el Congreso, las difamaciones bajo cuerda, los cánticos de barras bravas, hooligans y otras faunas futboleras.

Porque sus mentores saben que para cerrar las Fronteras, la primera abertura a sellar es la de la Mente. Y conseguido esto, sobran los Trump y los muros de Israel.

No necesita ni recurrir a la clásica amenaza militar. Los golpes de Estado ya no los dan uniformados. Ahora las grandes corporaciones preparan el terreno, un sector a nómina de políticos electos sirve de felpudo/ariete y los Tribunales ejecutan. No hace falta quemar el Reichstag físicamente y echarle la culpa a Marinus van der Lubbe para torcer la voluntad del Parlamento elegido. Que lo pregunten en Honduras, Paraguay, Argentina, Brasil… A los gobernantes aunque hayan tragado durante su mandato con el diseño y el Sistema neoliberal, a poco que planteen limar las aristas más negativas les aplican el “imperio de su ley”. El fascismo se nutre del miedo.

Para fascistizar a la sociedad son esenciales dos armas: enemigo común e intolerancia. La primera es el pegamento que aglutina porque ofrece un culpable: ese emigrante “que vino a quitarte tu puesto de trabajo, vivir de las subvenciones y violar a nuestras mujeres”.

Y, parodiando a Martin Niemöller, el resto respiran con un «yo no lo soy».

La intolerancia la arman mezclando parte y todo. El peligro lo encarna el islamista, presto a invadirnos y sembrar el caos. El fanático foráneo. No importa el fanático autóctono porque es él.

El Poder siempre utiliza más de una baraja, conjugando a la vez el neoliberalismo y su teórico contrario siempre que las discrepancias de forma no cuestionen el resultado final y, confiado en la seguridad que da saber que al enseñar Guatepeor -llámese Orban, Le Pen o cualquier primo político-, nadie le cuestiona su actual Guatemala.

En este contexto, que Matteo Salvini en su juventud estuviese en la órbita del centro social de izquierda «Leoncavallo» o que en 1997 fuese en las listas de los comunistas padanos no tiene la menor importancia. Me impactan mucho más sus soflamas de ultraderecha en el atril de la Liga Norte bajo un letrero que reza “Los italianos primero”. Con eso y con que sirve de coartada a los titiriteros que mientras lo mueven gritan «que viene el coco», me basta.

Lo siento, pero, desde mis cortas luces, vinculo el origen del movimiento obrero a un opúsculo escrito en 1848 que proclamaba “Proletarios de todos los países, uníos”. Y a una organización que no en balde se llamó «La Internacional» acompañada por un himno estremecedor que no hablaba de fronteras y naciones sino de parias y famélica legión.

¿Que es necesario ocupar el Estado en su concepción nacional burguesa y utilizarlo de ariete para asaltar los cielos? No lo discuto.

¿Que Lenin cogió el tren ofrecido por el enemigo para llegar al andén de la Revolución? Me encanta la anécdota. Pero Vladimir no era un simple pasajero, era un excelente conductor y conocía los vericuetos del camino al que pretendía llegar.

No hace falta corretaje ni dialéctica de puños y pistolas. Al nuevo totalitarismo que emerge le basta con decir «mira el pajarito» en formato medio de difusión ideológica para desviar la atención de un público que aplaude mientras le roban la cartera..

Hace muchos años -lo reproduje en otra ocasión-, Marcelino Camacho me regaló una excelente anécdota. Contaba que Rodrigo Rato le interpeló un día con un “Marcelino, mi padre -Ramón Rato, encarcelado durante tres años por evadir millones de pesetas de los años 60 a Suiza- también estuvo encarcelado por Franco como tú”. A lo que Marcelino respondió: “Sí, pero no por lo mismo, no por lo mismo”.

¿Podemos coincidir alguna vez desde nuestras posiciones con la extrema derecha en la crítica al capitalismo salvaje que ejecuta la UE, las tropelías de un Euro diseñado para garantizar la hegemonía alemana, las políticas migratorias o el seguidismo de Bruselas ante el militarismo estadounidense?. Sí, pero no por lo mismo, no por lo mismo."                   (Juan Rivera, Colectivo Prometeo, 29/08/18)

14/9/18

El mundo cultural alemán es históricamente sobre todo ámbito y jurisdicción de la familia troncal en vez de ámbito de la familia nuclear, como son USA, Inglaterra y partes de Francia

  • "(...) el universalismo de los tipos de lucro y provecho exige que no se considere y se pase por alto la multiplicidad antropológica del mundo. El economismo exige una visión uniforme de las sociedades. 
     Cuando estas sociedades son parte de una competición entre sí, obligadas a la adaptación y amenazadas de disolución, terminan al final, de una u otra manera, replegándose sobre sí mismas.
  • ¿Globalidad como medio contra los nacionalismos termina convirtiéndose en viraje drástico en su promotor?
  • El estrés económico en Europa hace que los italianos se hagan cada vez más italianos, los ingleses más ingleses, los franceses más franceses y los alemanes más alemanes. Ante la presión se acuerdan de sus valores y peculiaridades originarias. 
    Un comercio libre exagerado y sin freno promociona y conduce a la xenofobia universal, a un liberalismo sin barrera y al particularismo nacional. 
    Donald Trump anuncia, presenta y avisa de manera ostentosamente horrible a Europa y al mundo el repliegue en la fortaleza, en el burgo, unido a deficiencias ocasionales.
  • Una idea tan difusa como el ser, la esencia, de un pueblo no es posible concebirla científicamente. ¿Qué estructuras profundas, demostrables objetivamente, mantienen y constituyen las diferencias entre las naciones en Europa cuando todas ellas aspiran una vida en bienestar?
  • Naturalmente no se debe reducir la identidad nacional al concepto de carácter popular. Pero desde la Edad de Piedra se han formado y extendido a lo largo de la historia de la humanidad diversos sistemas familiares, que hasta el día de hoy han marcado la mentalidad, los valores, la moral y las costumbres, y con ello los modos y maneras de comportamiento. 
    Ello es muy anterior a las religiones, que están con ese ello en una relación recíproca y compleja, puesto que toda religión dice algo sobre la sexualidad, la reproducción y la relación hombre-mujer. 
    Familia y religión conforman en cierta medida el inconsciente de las sociedades, mientras que la economía y la política se da en el ámbito de lo consciente. 
    La nación es tan sólo la forma actual, surgida en el tiempo, de la ligazón e incardinación del hombre con el grupo sin la que resulta imposible la vida del homo sapiens desde los primeros tiempos, desde la época errante de cazadores y recolectores.
  • ¿En la modernidad no se han equiparado por doquier los sistemas familiares disminuyendo el influjo de la religión?
  • Es cierto, pero sin que la política haya sido consciente de ello, las estructuras familiares –sea el país liberal o autoritario, individualista o comunitario, igualitario o desigual- van reclamando y condicionando los valores políticos, los ideológicos, los logros culturales y la dinámica económica. 
    Atribuyo importancia a la economía, sin duda que hay una lógica de los mercados, pero no debemos olvidar que el hombre no actúa y se mueve en un ámbito vacío sino provisto de capacidades, que persigue objetivos establecidos y marcados por la familia, el grupo, la religión y la formación.
     La vida social en sus interioridades y profundidades va más allá de la simple encardinación en un sistema económico.
     La pertenencia nacional es una estructura constante, de cuya efectividad debemos ser conscientes en lugar de refugiarnos en fantasías sobre su posible desaparición, en definitiva sueño al que tienden las élites de la globalización.
  • ¿En la revuelta se manifiesta lo nacional desde el inconsciente con un poder inquietante?
  • Nos espantamos ante ello porque la economía política domina el truco artificial de propagar una conciencia falsa, que desprecia las capas más profundas de la vida social o las declara como superadas. Asuntos de primer orden y básicos los cataloga como de segunda e invierte causa y efecto. 
    Yo sostengo que en Alemania esta conciencia errónea se ha pregonado al máximo porque ante la monstruosidad del nacionalsocialismo se tiene miedo de sus peculiaridades. Pero uno no puede despojarse de ellas. 
    El auge de la Alternative für Deutschland, a mi parecer, es la contestación a un largo proceso de represión y a la constante y mantenida negación de la realidad mediante las élites, que han olvidado la historia.
  • ¿Hay buenas razones para desconfiar en los caminos particulares alemanes? ¿En qué consiste la supuesta característica antropológica alemana?
  • Alemania es especial pero en modo alguno singular. El mundo cultural alemán es históricamente sobre todo ámbito y jurisdicción de la familia troncal en vez de ámbito de la familia nuclear, como son USA, Inglaterra y partes de Francia (ver mapa). 
    La familia nuclear pura se compone de una pareja y sus hijos, que de mayores abandonan la casa paterna y mediante matrimonio fundan un nuevo hogar. Este tipo de familia, que abarca los países angloamericanos y en Francia domina la cuenca parisina, es básicamente liberal, individualista, feminista e igualitario. 
    En la familia troncal se privilegia al primogénito, que por lo general es el hijo mayor, y en quien recae como heredero la mayor parte de los bienes familiares. En este tipo de familia se alinean Japón, Corea, Alemania, Cataluña, Euskal Herria y norte del estado español. ¿Le extraña?
  • ¿Indica usted que sociedades de tipo troncal constituyen un problema en los tiempos modernos? ¿Es posible derivar de ella valores como libertad e igualdad? Una comunidad de varias generaciones bajo el mismo techo, al igual que un trato hereditario desigual difícilmente se admite en sociedades urbanas modernas.
  • Valores como autoridad, jerarquía, desigualdad, disciplina, clasificación del individuo… en un consorcio familiar han sobrevivido al ocaso y derrumbe de las grandes economías campesinas donde eran claramente reconocibles, al igual que en Europa sobreviven un catolicismo-zombi y un protestantismo-zombi tras la desaparición de las prácticas religiosas. 
    En cualquier caso, a inicios del tercer milenio se constatan dos fenómenos: Aquellas naciones, en las que en un tiempo dominó la familia troncal, se caracterizan y distinguen por una dinámica tecnológica y económica constante, mientras que, por otra parte, reina en ellas una profunda crisis demográfica que lleva a un envejecimiento de la sociedad y a una falta de fuerzas cualificadas y de mano de obra.
  • Desde la Ilustración se ancla la autocomprensión de Occidente en la idea de un individuo autónomo, que decide y actúa sin presiones externas. ¿Acaso quiere usted derivar en serio las crisis presentes de la contradicción entre una sociedad de estructura troncal y regiones de estructuras igualitarias?
  • La identificación cultural y filosófica con el ideal de libertad está por otra parte determinada. La actuación soterrada de los valores de la familia troncal y nuclear siguen actuando y amenaza con hacer saltar por los aires el “mundo occidental”. 
    Tras 1945 surgió más debido a la victoria militar de USA que merced a una convergencia cultural. El que en muchos países de Europa se hagan presentes los valores de autoridad y desigualdad confieren al continente un nuevo y, a la vez, un viejo rostro. 
    La democracia liberal está a punto de convertirse en un concepto vacío, falto de sus valores fundamentales, que en la soberanía popular consistían en la igualdad de los hombres y su derecho al bienestar. Sin la hipótesis de un regreso de lo reprimido antropológico, del inconsciente familiar, no es posible este cambio ni tampoco el auge de la “democracia no liberal”. 
    El autoritarismo de origen familiar, con frecuencia reforzado por la herencia religiosa, domina las sociedades locales de Europa y la paleta político-ideológica nos conduce a la época entre guerras mundiales.
  • En contra del cambio no liberal de las democracias comparativamente Alemania se ha consolidado muy bien. ¿Por qué ha ido adquiriendo en Europa, cada vez más y en contra de su voluntad, una función de maestro del orden y de preceptor?
  • La cultura autoritaria y colectiva en Alemania posibilitó la congelación de salarios y una política de desinflación para asegurar la capacidad competitiva de las empresas, en el fondo orientada nacionalmente. 
    Constato también aquí nuevamente que cada forma de actuación en la economía tiene base antropológica. Pero un gran excedente comercial en un país en el que la tasa de natalidad es de 1´46 no garantiza ningun futuro nacional. 
    Los políticos alemanes gastan excesivo tiempo en la estipulación de detalles accidentales y secundarios y les cuesta demasiado elaborar un proyecto común, una línea unitaria. 
    Cada uno puede pensar lo que quiera sobre Donald Trump, pero en un punto tiene razón: En la guerra económica global ha tildado de enemigos a China y a Europa.
  • ¿Todavía Alemania considera a Francia un buen amigo en quien confiar?
  • Trump ha creado las condiciones para un salto hacia la incertidumbre en Europa. El alejamiento de USA de Europa, la clara enemistad de Trump frente a la Unión Europea puede inducir a Alemania y Francia a sentirse líderes, capitanes de la Europa emancipada con pleno derecho, con todos los riesgos que una tal postura conllevaría. 
    El peligro del orgullo desmesurado unido al miedo ante la libertad nos conduciría y adentraría plenamente en la historia alemana y europea.
  • Por ahora más bien parece que Emmanuel Macron anima a Angela Merkel a lanzarse a la caza.
  • Para mí Macron es el engendro de una élite pequeño-burguesa francesa, que actúa con una gran irresponsabilidad porque en asuntos económicos y geopolíticos no posee posibilidad alguna real de decisión, y su impotencia en la práctica la compensa siendo inflexible en la teoría.
  • ¿Por ejemplo?
  • La posición rígida de Francia frente al Brexit pudiera llevar a Alemania a un conflicto con Gran Bretaña. Sería tarea de la canciller posibilitar a los británicos una salida de la Unión Europea amable, pacífica. 
    La postura francesa no menos intransigente en la disputa aduanera y comercial de la Unión Europea con USA pudiera perjudicar gravemente a toda Europa, y en especial a Alemania. Por ser la nación más exportadora la República Federal Alemana tiene mucho más que perder que Francia.
  • ¿Es una llamada a que Alemania desconfíe de Francia?
  • El racionalismo francés, la obsesión francesa por la uniformidad administrativa, que también rige en la comisión de Bruselas, impide una reflexión razonable sobre soluciones pragmáticas en la crisis europea. Una dirección europea flexible y diplomática, que tuviera mucho más en cuenta la realidad múltiple de nuestras diferentes sociedades, se hace necesaria con urgencia.
  • ¿Quiere con ello decir que sería un error asumir que Alemania con Francia como socio se encontraría en el verdadero lado de la historia?
  • En cualquier caso yerran los alemanes si piensan que Francia representa la democracia liberal. En Francia los partidos políticos, sin los que no hay una elección entre alternativas, han implosionado. La burocracia y el servicio público se ha independizado. Y con este espíritu actúa Macron. 
    Él adentra a Francia hacia una nueva fase autoritaria de su historia, siguiendo el estilo regio de Luis XIV o el bonapartista de los dos Napoleón. Francia, en su concepción actual, es un mal ejemplo para Alemania, un modelo más peligroso que el de Victor Orbán en Hungría, porque Francia se presenta en su esplendor histórico de una nación que contribuyó de manera decisiva al invento de una democracia liberal. 
    Y esto es un embuste intelectual. El socio bueno, crítico, democrático y liberal para Alemania sería Gran Bretaña, también y especialmente tras el Brexit. 
    A Francia y a Macron, que actualmente presume del único y más fiel aliado de Alemania, podría descubrirse y quedar al final como su mal espíritu. Y no diga luego que no se lo he advertido.
Señor Todd, agradecemos su reflexión."                             
(Entrevista a Emmanuel Todd, Mikel Arizaleta , Rebelión, 10/09/18)

14/12/17

Lo realmente determinante ahora es la enorme dependencia que algunas autoestimas europeas tienen de la denigración del demonio español. Rechazan la diversidad. Lo contrario de lo que España significa, el mestizaje...

"(...) El desgraciado procés catalán ha sido la tormenta que ha desenterrado los cadáveres nada exquisitos de una hispanofobia demasiado buena para que vayan a dejarla pasar ahora quienes tanto provecho le sacaron históricamente. 

El camino había sido allanado en buena parte por unos diputados nacionalistas vascos y catalanes que habían trabajado con insistencia cultivando esta leyenda negra. 

 Propagaron el mito de que la cultura democrática de los catalanes o de los vascos era muy superior a la española y tuvo buena acogida, una falsedad que ha sabido aprovechar los complejos generados por una leyenda negra tristemente asumida y que funciona. Pero el mito del talante democrático vasco o catalán enfrentado al supuesto caciquismo católico castellano no tiene más base que el voluntarismo de los propios nacionalistas y de quienes han decidido creerles.

ERC cuenta en su haber con dos golpes de Estado, ambos ejecutados en democracia (1934 y 2017), y ha trabajado últimamente junto con Convergencia para que su versión se conociera en las instituciones europeas. Que el independentismo catalán jugase sus cartas en Bruselas y finalizara con el inventado exilio del fugado Puigdemont es un acierto estratégico. 

Oficialmente insistieron en que la elección de la jurisdicción belga vino dada por su garantismo. Pero hubo sólo una estelada esos días en el Parlamento: en la bancada de la extrema derecha flamenca.

Hay dos partidos nacionalistas flamencos: N-VA y Vlams Belaang, uno moderado y otro radical. Sólo este último expresó abiertamente su apoyo a Puigdemont, aunque dos miembros de N-VA (Francken y Jambon) manifestaron más o menos lo mismo y provocaron una crisis en el Gobierno belga. 

Jambon cuestionó el comportamiento del Gobierno español y dijo que España podría haber colocado las leyes nacionales por delante de la convención de los Derechos Humanos y otras leyes “que están por encima” de la española en su gestión del proceso separatista. El caso más reciente de las solicitudes de información sobre las prisiones españolas ha caído, incluso, en el esperpento.

Pero lo cierto es que no había mejor lugar para buscar apoyo que en uno de los corazones de la hispanofobia tradicional. El otro es Reino Unido, país cuya derecha más extrema también ha sido particularmente hostil durante estas semanas de campaña de desprestigio contra España. 

Ha sido así sin disimulo en el Parlamento, con intervenciones furibundas como la del diputado James Carver, y lo ha sido en los medios de comunicación. No es de extrañar que las alegaciones de Puigdemont fueran apoyadas con un dossier de prensa con recortes de Le Soir belga y el británico The Guardian.

La pervivencia de los estereotipos antiespañoles depende mucho más de ellos que de nosotros. Podemos haber asumido acríticamente los tópicos hispanófobos, creados en la lucha secular contra la hegemonía española, pero lo realmente determinante ahora es la enorme dependencia que algunas autoestimas europeas tienen de la denigración del demonio español, notablemente la comunidad flamenca. 

Alguien tendrá que decirles que muchos de los famosos Tercios de Flandes estaban formados mayormente por flamencos y que españoles había más bien pocos. Alguien debería contarles que lo que ellos estudian de forma contumaz en las escuelas como una lucha épica por la libertad contra el español, fue una guerra civil que convirtió a los perdedores en ciudadanos de segunda por siglos. Sólo tienen que mirar a su alrededor para verlos. 

Bélgica es hoy una democracia difícil, en la que a duras penas cohabitan en régimen de mutuo apartheid dos comunidades que se odian entre sí. No han acertado a hacer de sus diferencias algo beneficioso. Exclusión, odio, incapacidad para relacionarse y hasta para procrear con el otro. Familias rotas.

 Exactamente lo mismo que ha producido el secesionismo catalán, como hizo el vasco de forma tan cruenta. La lucha contra la lengua del otro, la búsqueda consciente de su aniquilación. El rechazo a la diversidad. Es aproximadamente lo contrario de lo que España significa, siempre orgullosa de su diversidad, de sus lenguas, de sus razas, de su mestizaje. Lo que quiere significar Europa, precisamente.

Esto es lo que tenemos enfrente nos guste o no. No lo hemos elegido, pero está ahí. Si permitimos que los prejuicios que existen sobre nosotros nos afecten, se debilitarán nuestras convicciones democráticas y nuestra defensa de la legalidad. 

Así, la caja de truenos que ha estallado en Cataluña en forma de nacionalismo excluyente se extenderá no sólo al resto de España, sino también al resto de Europa, donde en cada casa hay al menos un fantasma tribal. 

Lo que hay que defender aquí afecta a España y a Europa entera, a saber, que la democracia es el imperio de la ley y que la nuestra —la española y las otras— es lo suficientemente fuerte como para resistir los envites de los populismos nacionalistas. Y tenemos que hacerlo, por nosotros y por todos los europeos, tanto si nos ayudan como si no.

Hace cinco siglos España propuso a Europa el proyecto erasmista de la Universitas Christiana. Ahora, pararle los pies al nacionalismo es la mejor ofrenda que podemos hacer los españoles al proyecto europeo más importante de los últimos 100 años."               

(Ma, eurodiputada integrada en el grupo de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa, , autora de ‘Imperiofobia’ (Siruela). El País, 05/12/17)