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19/9/23

China, rentabilidad y financiarización... ¿Sigue siendo la teoría de Marx de la caída de la tasa de beneficio una explicación convincente de las crisis económicas? En lugar de buscar crisis basadas en un endeudamiento excesivo, la imprudencia financiera o la inestabilidad financiera del tipo Minsky, la ley de la rentabilidad de Marx sigue siendo la explicación más convincente de las crisis

  "En la primera parte de mi cobertura de la conferencia anual del IIPPE de este año, esbocé el debate de una sola sesión en la que participé sobre si el dominio del imperialismo estadounidense será duradero.  Pero, por supuesto, hubo muchas otras sesiones sobre diferentes temas en el IIPPE.  En esta segunda parte, destacaré algunas sesiones/ponencias que me parecieron interesantes y en las que pude obtener las presentaciones de los autores.

Empecemos por China.  Antes de la conferencia propiamente dicha, el Grupo de Trabajo sobre China del IIPPE organizó una serie especial de sesiones sobre este país.  El profesor Dic Lo, de SOAS Londres, reflexionó sobre cómo China hizo frente a la pandemia de COVID y qué lecciones se podían extraer de ello.

Elias Jabbour, ahora asesor especial de la ex presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, y actual director del Nuevo Banco de Desarrollo de Pekín, analizó las posibilidades de una mayor integración comercial y de inversiones entre Brasil y China.

Y Salam Alshareef, de la Universidad de Grenoble, debatió si la iniciativa china Belt & Road para financiar y construir proyectos en países de todo el mundo ha tenido éxito; si ha aumentado las alternativas a las fuentes de financiación occidentales tradicionales, como el Banco Mundial; y si representa un cambio en el equilibrio de poder mundial, de Estados Unidos a los "estados contendientes". El Grupo de Trabajo sobre China ha publicado una serie de vídeos en You Tube sobre estas sesiones, así que de momento dejaré los comentarios sobre estas presentaciones.

En la conferencia principal del IIPPE hubo otras presentaciones sobre China.  Destacaré sólo dos.  La primera, de nuevo a cargo del profesor Dic Lo, se titulaba The Political Economy of China's "New Normal" (La economía política de la "nueva normalidad" china).   En ella se abordó una cuestión clave planteada en los medios de comunicación occidentales: ¿es permanente la reciente desaceleración económica de China o, lo que es peor, es una señal de su inminente desaparición?  El profesor Lo se pregunta si la desaceleración se debe a la falta de demanda interna, como afirman muchos expertos keynesianos en China, como Michael Pettis, o a la caída de la rentabilidad del capital en China, como podrían sugerir los marxistas.  Lo tiende a argumentar a favor de esta última como causa principal (de hecho, yo encuentro lo mismo en mi propio estudio al respecto - véase el libro, Capitalism in the 21st century, pp213-14).

Pero Lo señala que la rentabilidad del sector industrial sigue siendo alta; es la rentabilidad de sectores improductivos como el inmobiliario y el bursátil la que ha retrocedido - y sabemos que China se enfrenta a una crisis inmobiliaria.  Además, la rentabilidad ha caído debido al aumento de la participación de los salarios en el valor añadido (a diferencia de Occidente) y al aumento de la composición orgánica del capital, siguiendo la teoría marxista.

Para mí, el artículo de Lo plantea la mayor contradicción de la extraña economía híbrida de China.  Si la rentabilidad del capital cae, eso reduce la inversión y el crecimiento de la productividad en el sector capitalista.  Para mí, eso aumenta la necesidad de que China amplíe su sector estatal para que la economía no dependa tanto de la rentabilidad, sobre todo en tecnología, educación y vivienda.

En otra sesión, Grzegorz Kwiatkowski y David Luebeck, de la Escuela de Economía de Berlín, analizaron el grado de control estatal sobre las empresas en China.  De las 100 mayores empresas chinas, 78 son de propiedad estatal.  El dominio de las empresas estatales en la economía china es mucho mayor que en la mayoría de los demás países, lo que refleja el papel único que desempeñan en el sistema económico chino.

Una vez más, esto es algo que he esbozado en mi propio trabajo (véase Capitalism in the 21st century p214).  Utilizando los datos del FMI sobre el tamaño del sector público para todos los países, descubrí que, en 2017, China tenía una proporción de inversión pública en relación con el PIB más de tres veces superior a la de cualquier otra economía comparable, mientras que las demás tenían un promedio de alrededor del 3% del PIB.  China tenía un ratio de stock de capital público respecto al PIB un 30% superior al de Japón y cerca de tres veces superior al de los demás. Y China tenía una relación existencias públicas/privadas casi el doble que India y Japón y tres veces superior a la del Reino Unido y Estados Unidos.  Pero el sector privado había ido creciendo en China hasta 2017, lo que, en mi opinión, de continuar, suponía un riesgo para la economía estatal china, como de hecho demuestra la reciente crisis inmobiliaria.

Como pueden ver, a menudo vuelvo a considerar los movimientos en la rentabilidad del capital como un indicador clave de las tendencias en una economía, incluso en una como China, donde domina la inversión estatal.  En el IIPPE se presentaron dos trabajos que apoyan la validez de la ley de la rentabilidad de Marx y su relevancia para las crisis en las economías capitalistas.  El primero es un análisis innovador de Tomas Rotta, de Goldsmiths (Londres), y Rishi Kumar, de la Universidad de Massachusetts, titulado ¿Tenía razón Marx?  Rotta y Kumar analizan la rentabilidad del capital en 43 países entre 2000 y 14 utilizando la Base de Datos Mundial Input-Output (WIOD) para sectores productivos e improductivos definidos.

 Muestran la elevada proporción de capital social productivo en China en comparación con otros países y, a la inversa, la elevada proporción de capital improductivo en Estados Unidos.  Y recopilan una tasa de beneficio mundial, que disminuyó durante el periodo, principalmente porque la composición orgánica del capital aumentó más rápido que el aumento de la tasa de plusvalía, tal y como preveía la ley de Marx.  Las tasas de beneficio disminuyeron a nivel mundial agregado, entre países y dentro de un mismo país.  Descubrieron que los países ricos tienen tasas de beneficios más bajas debido al aumento del capital inmovilizado en actividades improductivas.

El problema de estos datos es que sólo cubren un corto periodo del siglo XXI y además se basan en tablas input-output que no son dinámicas sino instantáneas de categorías económicas.  Pero aun así, su análisis da más apoyo a la ley de Marx.  Los autores seguirán profundizando en este tema.

La cuestión de qué constituye trabajo y sectores productivos e improductivos en las economías capitalistas se debate continuamente entre los marxistas.  Costas Passas, investigador principal del Centro de Planificación e Investigación Económica (KEPE), en Grecia, ofreció una explicación clara en su presentación.

Según Adam Smith, el trabajo productivo produce un beneficio y sólo produce mercancías tangibles.  Para Marx, la primera parte de esta definición, la producción de un beneficio, es correcta, mientras que la segunda es errónea.  "Marx critica explícitamente a Smith por mezclar una definición de trabajo productivo basada en la plusvalía (excedente) con una definición basada en los atributos físicos de la mercancía".  Los siervos son improductivos porque no son empleados por el capital, no porque no produzcan objetos externos.  Y el trabajo que supervisa a los trabajadores es improductivo.  Los sectores improductivos son aquellos que no producen nuevo valor sino que obtienen valor y plusvalía de nuevos sectores creadores de valor.  Entre los primeros se encuentran las finanzas, el sector inmobiliario y la administración pública.  Como era de esperar, en las economías capitalistas avanzadas maduras aumenta la proporción de valor que se destina a los sectores improductivos.  Passas lo constató en el caso de Grecia.

El otro trabajo sobre rentabilidad fue el de Carlos Alberto y Duque García, de AUM México, sobre la Distribución de las tasas de beneficio en Colombia. Los autores ya han realizado un gran trabajo sobre las tasas de beneficio en Colombia. En su nuevo trabajo estiman la distribución de las tasas de beneficio entre los distintos sectores y dentro de cada uno de ellos utilizando datos a nivel de empresa. Se trata de un trabajo muy técnico, pero los autores concluyen que existe una dispersión significativa en las tasas de beneficios de las empresas, así como en las tasas medias de beneficios de los distintos sectores. Y alrededor del 15% de las empresas no alcanzaban una tasa de beneficios por encima del coste medio de la deuda: en efecto, eran empresas zombi.

Alberto y García señalan que la dispersión de las tasas de beneficios está en consonancia con la ley de Marx sobre la tendencia de las tasas de beneficios a igualarse debido a la competencia.  Si se toma una instantánea de las tasas de beneficios en los sectores y las empresas y se encuentra una amplia gama, no se debe concluir que la tendencia de las tasas de beneficios a igualarse no está teniendo lugar, como algunos marxistas han argumentado (véase Farjoun y Machover). Como dijo Marx, la tendencia a la igualación de las tasas medias de ganancia en todas las industrias es, en sí misma, un proceso dinámico, turbulento y estocástico en el que "con el conjunto de la producción capitalista, es siempre sólo de una manera muy intrincada y aproximada, como un promedio de fluctuaciones perpetuas que nunca pueden fijarse firmemente, que la ley general prevalece como la tendencia dominante" (Marx, 1991, p. 261).

A pesar de la creciente evidencia de que la ley de la rentabilidad de Marx es válida tanto teórica como empíricamente y muy relevante para explicar las crisis regulares y recurrentes bajo el capitalismo, esto sigue siendo negado por muchos.  De hecho, la tesis postkeynesiana de las crisis financieras sigue teniendo peso entre muchos.  La "hipótesis de la financiarización" es que la causa de las crisis capitalistas modernas se encuentra en la "financiarización" de lo que solía ser el capitalismo industrial; y esto ha causado el aumento de la desigualdad y las crisis capitalistas, no la caída de la rentabilidad o el aumento de la explotación en la inversión y la producción.

En el IIPPE hubo una ponencia que puso en duda esta opinión. Niall Reddy, de la Universidad de Witwatersrand, Johannesburgo, Sudáfrica, argumentó que los datos no demostraban que las empresas no financieras se dedicaran cada vez más a la inversión financiera en detrimento de la inversión productiva.  El aumento de las tenencias de efectivo por parte de estas empresas se debía más bien a las ventajas fiscales y a la necesidad de crear fondos para la investigación.  "Ninguna de ellas implica una sustitución de la inversión financiera por la real, lo que pone en cuestión un importante mecanismo que se cree que conecta la financiarización con el estancamiento secular y el aumento de la desigualdad".

 He escrito mucho sobre la tesis de la financiarización.  Pero la refutación más devastadora de la hipótesis de la financiarización (HF), tanto teórica como empíricamente, procede de un nuevo trabajo no presentado en el IIPPE, de Stavros Mavroudeas y Turan Subasat.  

Sobre la teoría, los autores dicen "Las versiones marxistas de la FH coinciden en última instancia con los mainstreamers y los postkeynesianos en que el capital improductivo domina al capital productivo, y que el primero adquiere fuentes de ganancia autónomas (a partir de la plusvalía). En consecuencia, convergen en gran medida con la teoría keynesiana de las clases y consideran a los industriales y a los financieros como clases separadas. Para el análisis keynesiano, esto no es un problema, ya que postula que diferentes factores afectan al ahorro y a la inversión. Sin embargo, el marxismo concibe el interés como parte de la plusvalía y los beneficios financieros dependen de la tasa general de beneficio, el marxismo no eleva la distintividad del capital-dinero y el capital-productivo hasta el punto de ser clases separadas. Por último, las corrientes marxistas de la FH tienen una problemática teoría de la crisis. En lugar de una teoría general de la crisis capitalista, optan por una coyuntural... la FH se adscribe finalmente a una teoría posibilista keynesiana de la crisis que tiene defectos bien conocidos. En conclusión, las variantes de la FH no logran ofrecer una explicación realista del aumento de las actividades de capital ficticio durante el reciente período de débil rentabilidad y creciente sobreacumulación de capital.  La teoría marxista "lo hace manteniendo de forma realista la primacía de la esfera de la producción sobre la circulación y también la noción de que el interés forma parte de la extracción de plusvalía".

Y empíricamente: En primer lugar, la afirmación de que la mayoría de las mayores empresas multinacionales son financieras no es cierta.  En los últimos 30 años, la participación del sector financiero en el PIB ha disminuido en un 51,2% y la del sector financiero en los servicios en un 65,9% de los países de nuestro estudio. "Aunque la rápida expansión del sector financiero observada en algunos países antes de la crisis de 2008 sugiere que el sector financiero puede haber desempeñado un papel importante en la desindustrialización, esta situación parece ser cíclica cuando se trata de un marco temporal más amplio."

En lugar de buscar crisis basadas en un endeudamiento excesivo, la imprudencia financiera o la inestabilidad financiera del tipo Minsky, la ley de la rentabilidad de Marx sigue siendo la explicación más convincente de las crisis."    (MIchael Roberts, Brave New Europe, 11/09/23; traducción DEEPL)

12/5/23

La inesperada inmortalidad de Karl Marx... Mientras exista el capitalismo, Marx será leído como su más astuto analista... Identificó dos rasgos cruciales e históricamente originales del capitalismo: la necesidad insaciable de ganancia ("Acumular, acumular, esto es Moisés y todos los profetas"), y la necesidad de expansión perpetua a nuevos territorios o áreas de producción, que a su vez deriva de la búsqueda de ganancia

 "La inesperada inmortalidad de Karl Marx.

Texto aportado para la exposición "Marx und der Kapitalismus" que se celebra actualmente en el Museo Histórico Alemán de Berlín (10.II a 21.VIII)

 El China Daily en su edición del 16 de enero de 2021 informa:

    Hace poco más de un siglo, en 1920, Chen Wangdao, el difunto erudito y educador chino, completó la primera traducción de China de El Manifiesto Comunista... Hoy, 101 años después, un equipo de 29 miembros del Partido Comunista de China sigue sus pasos para compartir las teorías marxistas con el público a través de una exposición centrada en El Manifiesto Comunista.
El 17 de marzo de 1883, cuando Karl Marx fue enterrado en el cementerio de Highgate, en Londres, sólo once personas asistieron a su funeral.

¿Qué separa estos tres acontecimientos: en 1883, en 1920 y en 2021?

La vida después de la muerte. Probablemente no haya nadie en la historia intelectual reciente cuya suerte en vida y la influencia después de la muerte hayan sido tan marcadamente diferentes como la de Karl Marx. Los únicos ejemplos similares en la historia son Sócrates y Jesús. En ambos casos no se habrían convertido en líderes intelectuales y religiosos mundiales de no haber sido por personas que propagaron su pensamiento, a saber, Platón, y Saulo (más tarde el apóstol Pablo). En el caso de Marx, ese papel lo desempeñó Friedrich Engels. Este fue el primero de los tres notables e improbables acontecimientos que convirtieron a un recluso londinense en el pensador mundial más influyente del último medio milenio.

El primer acontecimiento: si no hubiera existido Engels. 

Cuando Karl Marx murió en 1883, era el coautor de El Manifiesto Comunista, de una serie de estudios políticos y sociales breves, de artículos periodísticos y de un libro grueso pero no muy conocido ni muy leído, ni muy traducido, llamado El Capital (volumen 1). Se publicó 16 años antes de su muerte y durante los años intermedios escribió mucho pero publicó poco. Hacia el final de su vida, incluso escribió poco. Igualmente inéditos y desordenados eran cientos de páginas de sus manuscritos de finales de los años 1840, 1850 y 1860. 

Marx era conocido entre el círculo más bien reducido de activistas obreros y socialdemócratas alemanes, franceses, austriacos y, cada vez más, españoles y rusos. Si Engels no hubiera dedicado más de una década a poner en orden los papeles de Marx y a producir, a partir de notas dispersas, dos volúmenes adicionales de Das Capital, la fama de Marx habría terminado en el punto en que se encontraba en 1883. Habría sido más bien mínima.

Gracias al trabajo y la dedicación desinteresados de Engels (y a la propia importancia de éste en la socialdemocracia alemana), la importancia de Marx creció.  Los socialdemócratas se convirtieron en el mayor partido de Alemania y esto hizo que la influencia de Marx siguiera adelante. La primera década del siglo XX fue testigo de la creciente influencia del pensamiento marxista, hasta el punto de que Leszek Kolakowski, en su monumental Main currents of Marxism, la llama con razón "la edad de oro". 

En efecto, fue la edad de oro del pensamiento marxista en cuanto al calibre de las personas que escribieron en la línea marxista, pero no en cuanto a la influencia global. Porque el pensamiento de Marx no hizo ninguna incursión en el mundo anglosajón (la primera traducción al inglés de Das Kapital -que todavía, extrañamente, se menciona por su título en alemán- fue en 1887, es decir, veinte años después de su publicación original), y en el sur de Europa, incluida Francia, Marx fue eclipsado por los anarquistas y por los "socialistas pequeñoburgueses". Y casi nadie lo conocía más allá de la socialdemocracia europea y quizá de algunos espías del gobierno ruso que vigilaban a los revolucionarios de San Petersburgo.

Aquí es donde habrían terminado las cosas si no hubiera habido la Gran Guerra. No es imposible pensar que la influencia de Marx habría ido disminuyendo a medida que los socialdemócratas de Alemania se acercaban al reformismo y al "revisionismo". Su imagen se habría exhibido probablemente entre los "maîtres à penser" históricos de la socialdemocracia alemana, pero no habría quedado mucho de su influencia, ni en la política ni en las ciencias sociales.

Pero entonces llegó la Revolución de Octubre y Lenin (el segundo acontecimiento), transformando totalmente la escena. 

No sólo porque se le "asignó" la gloria, única entre los científicos sociales, de ser el único responsable ideológico de un cambio que hizo época en un gran país y, por tanto, en la historia mundial, sino porque el socialismo, debido a su atractivo mundial, "catapultó" el pensamiento y la fama de Marx. Su pensamiento se convirtió en de rigor en la mayor parte de Europa, ya sea entre los intelectuales, los activistas políticos, los líderes obreros o los trabajadores de a pie. Los sindicalistas organizaron escuelas nocturnas para estudiar sus escritos; los dirigentes políticos de los partidos comunistas planificaron sus movimientos y los explicaron con referencia a los escritos históricos de Marx, hasta entonces poco conocidos.

Luego, cuando la Comintern empezó a abandonar su eurocentrismo y a comprometerse en las luchas antiimperialistas en el Tercer Mundo, la influencia de Marx se expandió a las áreas que nadie podría haber predicho que lo haría (el tercer evento). 

Este giro decisivo para alejarse del eurocentrismo y acercarse al Tercer Mundo, incluyendo, de manera trascendental, a China, transformó a Marx de un pensador alemán y europeo en una figura global. Se convirtió en el mentor ideológico de los nuevos movimientos de revolución social y liberación nacional en Asia, África y América Latina. De manera extraordinaria, la nueva teología católica de la liberación encontró puntos en común con el joven Marx, el mismo que comenzó su carrera filosófica con un estudio crítico de la religión. 

Ya sea que los líderes políticos se apegaran a sus preceptos o los abandonaran (como hizo Mao al poner al campesinado en lugar de los trabajadores en el papel de clase revolucionaria), Marx los influenció, y es en la referencia a él que explicaron sus políticas. Gracias a Trotsky y Stalin en Rusia, a los republicanos de izquierda en España, al frente popular en Francia, a Mao en China, a Ho Shi Minh en Vietnam, a Tito en Yugoslavia, a Castro en Cuba, a Agostino Neto en Angola, a Nkrumah en Ghana, a Mandela en Sudáfrica, Marx se convirtió en un "influenciador" mundial. 

Nunca un científico social de la era moderna había tenido un alcance tan global. La capacidad de atraer a personas de todo el mundo que viven en condiciones muy diferentes a las que él escribió y, al mismo tiempo, mantener intacta la esencia de la ideología fue el secreto del éxito de Marx, como el de todas las grandes religiones.

¿Quién podía imaginar que dos exiliados alemanes del siglo XIX con barba adornarían en ocasiones especiales la Puerta de la Paz Celestial de Pekín?

No sólo Marx, como ningún otro científico social, logró una influencia tan amplia desde el punto de vista geográfico, sino que su influencia traspasó las barreras de clase y profesionales. Sus escritos, muchos de ellos publicados por primera vez cien años después de haber sido escritos, extendieron su influencia a la academia; influyeron tanto en los que se oponían a él como en los que lo ensalzaban. Esa influencia fue desde el marxismo elemental que se enseñaba a los estudiantes de secundaria hasta los sofisticados tratados filosóficos o el "marxismo analítico" en economía. 

La publicación de los manuscritos de Marx de 1844-46, trajo al desconocido joven Marx y eso movió la discusión a un plano aún más alto: ahora había una batalla filosófica entre el joven y el clásico Marx. Las obras recopiladas, las notas y las cartas de Marx, que ahora abarcan varios centenares de volúmenes, siguen en proceso de publicación, y cada nuevo volumen parece influir en nuestra comprensión de algo más que escribió y que fue publicado anteriormente.

La responsabilidad. 

La responsabilidad. Pero con el éxito va la responsabilidad. A medida que los crímenes del comunismo se hacían más conocidos, y se achacaban cada vez más a la puerta de Marx, y que los regímenes comunistas se tambaleaban y sus ideólogos, lúgubres y mal educados, regurgitaban frases predecibles, el pensamiento de Marx sufrió un eclipse. Y se planteó la pregunta: ¿fueron las ideas de Marx, su "espíritu", responsables de muchas de las atrocidades cometidas por los regímenes que gobernaron en su nombre -quizás sus "fantasmas"-? 

Una respuesta fácil sería decir que los ideólogos no son responsables de la aplicación de sus ideas, sobre todo porque estas ideas rara vez son claras y pueden interpretarse y aplicarse de muchas maneras diferentes. Sin embargo, esta respuesta no es convincente. Las ideas que se pusieron en práctica en la Unión Soviética de los años 20, y después de la Segunda Guerra Mundial en la mayor parte de Europa del Este y China, eran en gran medida las ideas que Marx expresó en sus escritos, incluso si su discusión sobre la sociedad post-capitalista era escasa. Pero las ideas de una sociedad que decide a través de sus "productores asociados" qué producir y cómo; las ideas del fin de la producción de mercancías, y el fin de la búsqueda privada de beneficios estaban todas en Marx.

 Y se aplicaron: primero la nacionalización de las grandes empresas, luego las nacionalizaciones más profundas y la prohibición de la mayoría de las actividades del sector privado, y finalmente la introducción de la planificación central y la colectivización de la agricultura. La influencia no terminó: la decisión del gobierno chino a principios de la década de 1980 sobre hasta dónde permitir el crecimiento del sector privado se justificó con la afirmación verdadera o apócrifa de Marx de que la explotación de los trabajadores era aceptable si el número total de empleados contratados por un capitalista no superaba los siete. (Esta particular clasificación sigue presente en las estadísticas oficiales chinas que distinguen entre propietarios de empresas privadas (que contratan a más de 7 personas) y propietarios de empresas individuales).   

Incluso la violencia que a menudo acompañó a las revoluciones o políticas comunistas no puede atribuirse simplemente a las contingencias históricas o al pasado no democrático de los países que implementaron la ideología marxista. Marx, en sus escritos históricos ("Las luchas de clases en Francia", "El 18 Brumario...") y en sus artículos periodísticos, estaba claramente dispuesto a tolerar la violencia revolucionaria. Apoyó las revoluciones de 1848, la política conspirativa blanquista, la Comuna de París, el bando unionista en la Guerra Civil estadounidense, incluso un conflicto paneuropeo siempre que, directa o indirectamente, promoviera la revolución social. 

Incluso si la idea de Marx de la dictadura del proletariado puede haber sido malinterpretada para significar una forma política del régimen en lugar de la naturaleza social esencial del sistema y, por lo tanto, condujo a las dictaduras en la Unión Soviética y otros países socialistas, su defensa de los regímenes obreros de excepción estuvo presente durante toda su vida.

El suyo no era precisamente el lenguaje del reformismo, la conciliación y "la larga marcha por las instituciones":

El socialismo es la declaración de la permanencia de la revolución, de la dictadura de clase de la revolución, de la dictadura de clase del proletariado como punto de tránsito inevitable hacia la abolición de todas las diferencias de clase en general, hacia la abolición de todas las relaciones de producción en las que se apoyan, hacia la abolición de todas las relaciones sociales que corresponden a estas relaciones de producción, hacia la revolucionarización de todas las ideas que resultan de estas conexiones sociales. (La lucha de clases en Francia, capítulo III).
¿Hemos establecido así su responsabilidad y debemos detenernos en ella? En realidad no. Porque es un error trazar una línea directa, o rechazar por completo, una ideología por sus consecuencias en el mundo real. Esto es más evidente en el caso de las religiones, que han provocado innumerables guerras. Pero también es el caso de los movimientos ideológicos más recientes. Todos ellos tienen sus propios "espíritus" y "fantasmas". Las ideas de la Revolución Francesa sobre la libertad, la igualdad y la fraternidad no deben descartarse porque esa revolución degeneró rápidamente en un reino del terror. Las ideas del liberalismo europeo del siglo XIX estaban a menudo entrelazadas con la colonización y con numerosas atrocidades e incluso genocidios cometidos sobre los pueblos no europeos. 

 La afirmación de la Revolución Americana sobre la igualdad de todas las personas iba acompañada del apoyo al sistema de esclavitud quizá más explotador que jamás haya existido. No sería correcto rechazar las ideologías que sustentan la Revolución Francesa, el liberalismo europeo y la independencia estadounidense porque en sus encarnaciones en la vida real a menudo produjeron efectos que se quedaban cortos, o incluso directamente contrarios, a lo que sus ideólogos afirmaban o deseaban. Hay que responsabilizar a las ideas de Marx tanto como a las de otros economistas y politólogos, pero esa responsabilidad no puede borrar la importancia de sus ideas centrales de progreso humano, equidad y revolución.   

El rebelde, el crítico y el analista.

Hay dos rasgos de Marx que garantizarán su influencia en las generaciones futuras porque apelan a las dos partes de la naturaleza humana: las emociones y el intelecto. El primero es la rebelión o revolución en su significado más primordial de cambio dramático y profundo. Esto es algo que seguirá distinguiendo a Marx de otros pensadores por muy radicales que hayan sido en algunos ámbitos: Adam Smith, John Stuart Mill, Georg Friedrich Hegel, Alexis de Tocqueville, Thomas Jefferson. Este núcleo revolucionario irreductible de Marx siempre atraerá a la gente que quiere cambiar el orden de cosas existente; siempre inspirará a los descontentos, pero también a los soñadores, a los que luchan por una sociedad mejor.

 Ningún tipo de "photoshop" puede transformar al Marx revolucionario en un político de izquierdas respetuoso con la ley, cauto y moderado de hoy en día. A diferencia de muchos líderes revolucionarios, Marx no era "cooptable" por la sociedad burguesa: su fugaz éxito tras la publicación de El Capital, y la cena de gala ofrecida temporalmente por Le tout Berlin no cambiaron ni un ápice su comportamiento y sus opiniones. Siguió siendo impermeable a los halagos burgueses.

La influencia de Marx como pensador, apelando a nuestro intelecto, está inextricablemente ligada al capitalismo. Mientras exista el capitalismo, Marx será leído como su más astuto analista. Identificó dos rasgos cruciales e históricamente originales del capitalismo: la necesidad insaciable de ganancia ("Acumular, acumular, esto es Moisés y todos los profetas"), y la necesidad de expansión perpetua a nuevos territorios o áreas de producción, que a su vez deriva de la búsqueda de ganancia. 

Sin embargo, si el capitalismo deja de existir, Marx será leído como su crítico más clarividente. Así que, tanto si creemos que dentro de otros 200 años el capitalismo estará con nosotros como si no, podemos estar seguros de que Marx lo hará.

NB. Agradezco los comentarios de Kemal Derviş y John Roemer."        
             

(Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

23/2/21

¿Qué podemos aprender de Marx en esta época de crisis pandémica? Para curar los males de la sociedad contemporánea, tres preceptos: la transferencia fuerte del poder de decisión de la esfera económica a la política; el uso de la ciencia y la tecnología para el bienestar de todos, y el papel central que debe asignarse a la educación

 "Después de la pandemia, se ha repetido hasta el hastío: "nada volverá a ser igual". Luego, con el tiempo, nos hemos dado cuenta que los cambios que se están produciendo son numerosos y profundos, sí, pero también lo son las constantes. Hoy se dice que la pandemia actúa como un revelador, incluso como un acelerador, de procesos preexistentes. 

Uno de ellos es el crecimiento de las desigualdades. ¿Sigue siendo Marx indispensable para comprender sus factores, su forma, su posible contraste? Giulio Azzolini, Investigador de Filosofía Política en la Universidad Ca 'Foscari de Venecia, habla de ello con Marcello Musto, profesor de Sociología en la Universidad de York en Toronto y reconocido protagonista de una reciente renovación en los estudios marxistas, a la que contribuyó, entre otras cosas, como autor del reciente Another Marx: Early Manuscripts to the International (Bloomsbury, 2018 ) y The Last Years of Karl Marx: An Intellectual Biography (Stanford University Press, 2020); y, como editor, de Marx's Capital after 150 Years: Critique and Alternative to Capitalism, (Routledge, 2019), The Marx Revival: Key Concepts and New Interpretations (Cambridge University Press, 2020). Sus escritos están disponibles en el sitio web www.marcellomusto.org.

Giulio Azzolini: Profesor Musto, ¿qué podemos aprender de Marx en esta época de crisis pandémica?

Marcello Musto: Después de años de mantra neoliberal diría ante todo una cosa: que la dimensión cooperativa de los seres humanos es indispensable para la supervivencia de los individuos, no menos que la libertad de los individuos es fundamental para la preservación de la comunidad. La cooperación y la libertad deben considerarse dos elementos indispensables en la "botica de Marx". En el tratamiento que prescribirá para curar los males de la sociedad contemporánea, también incluiría tres preceptos: la transferencia fuerte del poder de decisión de la esfera económica a la política; el uso de la ciencia y la tecnología para el bienestar de todos y no para el beneficio de unos pocos; y, por último, pero no menos importante, el papel central que debe asignarse a la educación, también a través de asignarle recursos estatales importantes".

La pandemia ha agudizado el conflicto, que ha madurado a lo largo de los años, entre Estados Unidos y China y, en la UE, entre los distintos Estados miembros. ¿Es un choque entre diferentes formas de capitalismo organizado?

Es una tendencia destinada a continuar y observo que entre los países más afectados por el Covid-19 se encuentran, como era de esperar, Estados Unidos e Inglaterra, las naciones que lideraron la cruzada por las privatizaciones y cuyo modelo de capitalismo ha impidió el desarrollo del estado de bienestar o lo desmanteló con saña. Si miramos más allá de la superficie, hay un conflicto aún más importante. Me refiero a la lucha por evitar la redistribución de la riqueza que, en las últimas décadas, ha ganado el capital.

Marx no previó el empobrecimiento del proletariado, sino el aumento de las desigualdades entre clases. ¿Está demostrando la historia que tiene razón?

Sí, y de forma aún más llamativa si analizamos la enorme brecha, no solo económica, que existe a escala global. Marx, por ejemplo, comprendió que el colonialismo británico en la India implicaría principalmente el saqueo de sus recursos naturales y nuevas formas de esclavitud, no el progreso anunciado por sus apologistas. En cambio, se equivocó sobre el papel revolucionario de la clase trabajadora europea. Se dio cuenta de esto en los últimos años de su vida, cuando afirmó amargamente que los proletarios ingleses habían preferido convertirse en "la cola de sus propios esclavizadores".

En los países el impacto económico de la pandemia es muy diverso. Muchas empresas se han derrumbado, los gigantes de la web no. Los trabajadores precarios han perdido sus trabajos, los fijos no. Algunos comerciantes han cerrado, otros no. ¿Puede Marx ayudar a descifrar una sociedad cada vez más compleja y caótica?

Su análisis de las clases sociales necesita ser actualizado y su teoría de la crisis, entre otras cosas incompleta, es hija de otro tiempo. Si las respuestas a muchos de los problemas contemporáneos no se pueden encontrar en Marx, sin embargo, señala las preguntas esenciales. Creo que esta es su mayor contribución hoy: nos ayuda a hacer las preguntas adecuadas, a identificar las principales contradicciones. No me parece poco. 

La crisis actual ha reabierto el tema de la desigualdad de género. ¿Tiene Marx algo que enseñarnos al respecto?

Más que enseñar, creo que sobre este tema hoy estaría empeñado en aprender, en particular del nuevo movimiento feminista en América Latina, protagonista de importantes movilizaciones sociales. Ciertamente no era, como a veces se afirma erróneamente, indiferente al respecto. Entre los estudios que realizó antes de su muerte, se centró precisamente en la importancia de la igualdad de género y en sus programas políticos repitió varias veces que la liberación de la clase productiva era la de "todos los seres humanos, sin distinción de sexo y raza". Había aprendido de joven, de los libros de los primeros socialistas franceses, que el nivel de emancipación general de una sociedad puede ser evaluado por el de la emancipación de la mujer.

En medio de la crisis sanitaria, la batalla por la igualdad étnica también ha estallado en Estados Unidos. ¿Una coincidencia fortuita?

Sí, pero es muy útil y revela otra terrible herida que existe en ese país. #BlackLivesMatter no es un fenómeno pasajero, sino un movimiento que continuará luchando resueltamente contra el racismo y la violencia de las instituciones estadounidenses.

Pasemos al tema del vínculo entre las luchas de clases y las luchas ecologistas. Desde su punto de vista, ¿son alternativas, complementarias, están jerarquizadas?

Son complementarios y mutuamente indispensables. Se necesitan las unas a las otras. Las críticas a la explotación del trabajo y la devastación ambiental son ahora indisolubles. Cualquier lucha que olvide cualquiera de estos dos términos estará incompleta y será menos efectiva. Me refiero a las posiciones productivistas del movimiento obrero del siglo XX y a los movimientos ecologistas que muchas veces ignoran el factor determinante del "modo de producción". Qué, cómo y para quién se produce son cuestiones estrictamente ligadas al factor determinante de la propiedad de los medios de producción.

Como subraya en sus estudios, Marx no fue solo el filósofo de la revolución comunista, sino también el político capaz de dotar al movimiento obrero de una organización internacional. ¿En qué medida sigue siendo relevante esta lección suya?

Es una idea sin la cual estamos condenados a la derrota, especialmente en una fase de auge nacionalista. El internacionalismo también significa solidaridad entre trabajadores nativos y migrantes y Marx, que estudió cuidadosamente las migraciones forzadas generadas por el capitalismo, mostró que la división de la clase trabajadora es el eje del dominio burgués. El internacionalismo debe volver a ser uno de los pilares de la izquierda para que sea capaz de liderar la batalla de ideas a largo plazo y no solo en función de lo inmediato.

En 2018, China celebró el bicentenario de Marx con gran fanfarria. En Occidente, ¿está el filósofo de Tréveris destinado a sobrevivir como un mero objeto de estudio o todavía es potencialmente capaz de mover a las masas?

China utiliza la efigie de Marx ignorando algunas de sus advertencias más relevantes y, a menudo, evitando leer el contenido de sus textos. Stalin también lo hizo, cuando en la época del gulag se hizo fotografiar a sí mismo, con un rostro tranquilizador, bajo el retrato de Marx. En Occidente, Marx ha reaparecido en las aulas universitarias, pero no volverá a tener la influencia política que tuvo en la época de los partidos "marxistas". Las nuevas subjetividades políticas que en el futuro tengan la ambición de repensar una sociedad alternativa no podrán, sin embargo, ignorar sus teorías.

¿Hoy la izquierda italiana paga el precio de haber defendido el marxismo más allá de su fecha de caducidad o de haberlo abandonado?

Paga el precio por cometer ambos errores. Primero fue demasiado lenta a la hora de identificar los cambios necesarios para enfrentar la metamorfosis del capitalismo y responder a las preguntas planteadas por los nuevos movimientos sociales. Y luego fue miope al abandonar, en lugar de revisar y modernizar críticamente, una interpretación todavía muy válida de la sociedad. Basta pensar en Gramsci, abandonado en el desván justo cuando era el protagonista de un extraordinario redescubrimiento en el mundo. Sin embargo, las contradicciones generadas por el capitalismo no han sido desde hace tiempo tan dramáticas y evidentes como hoy. La historia de la izquierda no ha terminado y en muchos países está floreciendo la literatura sobre las alternativas al capitalismo. Las nuevas subjetividades políticas que en el futuro tendrán la ambición de transformar la sociedad desde sus cimientos no podrán ignorar las teorías de Marx."

(Marcello Musto , profesor de Sociología en la Universidad de York en Toronto y reconocido protagonista de una reciente renovación en los estudios marxistas, Sin Permiso, 05/12/20)

2/2/21

Hay un gesto en Marx del que todavía no hemos sido capaces de extraer toda su potencia filosófica y es cuando dice que buscar la verdad en la teoría es pura escolástica, que la única verdad se encuentra en la práctica...

 "(...) Sugieres, especialmente para los que quieren leer a Marx con Marx, de prestar mayor atención a los gestos que a los contenidos de sus obras. ¿A qué gestos haces referencia?

Te pondré un ejemplo. Para mí hay un gesto en Marx del que todavía no hemos sido capaces de extraer toda su potencia filosófica y es cuando dice, en la segunda tesis sobre Feuerbach, que buscar la verdad en la teoría es pura escolástica, que la única verdad se encuentra en la práctica.

 Ese planteamiento de Marx me parece una ruptura radical con la tradición filosófica, una ruptura a cuya altura no hemos sabido estar, pues nos hemos empecinado en continuar concediendo el privilegio a la teoría y en seguir pensando en verdades abstractas, en esencias.

 En esa coherencia materialista de la que hablo, Marx traslada esta reflexión a uno de los temas fundamentales de la política, el del sujeto revolucionario y nos dice, ¡eh, cuidado!, que el sujeto no posee una esencia, no seamos idealistas, no queramos definir el sujeto en abstracto, vayamos a las prácticas; el sujeto lo constituye todo aquel que se implica en una lucha, independientemente de su pretendida esencia. 

Por eso nos dice que la lucha de clases es anterior a las clases, planteamiento que cortocircuita la lógica idealista (para que haya lucha de clases primero debería haber clases) e instaura una lógica materialista (la práctica dibuja los perfiles del sujeto). 

Si nos cobijáramos en Marx, haríamos desaparecer algunos de los estupores que en ocasiones nos asaltan: ¿cómo es posible que la clase trabajadora vote a la derecha?, ¿por qué hay mujeres que no se implican con la defensa de sus derechos? Marx nos enseña que no se trata de esencias, del ser-obrero o del ser-mujer, sino de prácticas (si me dejas meter a Deleuze, diría devenires). 

Te dejo, por supuesto. Devenires pues.

¿Acaso los dirigentes políticos de la izquierda revolucionaria han tenido origen obrero? ¿Ello les ha incapacitado para ser tomados como componentes del movimiento obrero? En absoluto, porque han encarnado una práctica y un discurso. No se trata de analizar dónde has nacido o dónde trabajas, sino cuál es tu práctica. 

Desde mi punto de vista, este gesto de Marx abre enormes posibilidades a la hora de enfocar la política contemporánea, a la hora de construir un sujeto con una práctica que se aleje de los sectarismos que nos han caracterizado. Fíjate que hemos tenido una polémica que, por resumirla, venía a decir que las políticas de la identidad habían hecho olvidar el sano obrerismo de la tradición de la izquierda y que había que volver a él.

 De ese modo, lejos de salir del problema, idealista, de la identidad, de las esencias, se abogaba por una identidad, la obrera, a la que toda  lucha debe ser sometida. Aunque la propuesta parecía que confrontaba con las políticas de la identidad, en realidad se mantenía dentro de ellas. 

Contradictoriamente, el sujeto más potente que hemos tenido en la calle ha sido el del feminismo, no el obrero. Pero no hemos sabido articular sobre él un discurso que cobijara el conjunto de problemáticas que asolan a nuestras sociedades. Y nos encontramos con que su potencia se diluye en disputas teóricas de carácter esencialista para ver quién recoge la bandera y se la apropia. ¿Te suena?

Me suena.

Lo mismo que ha venido haciendo la izquierda toda su vida. El concepto de identidad, con su poso idealista, debe ser sustituido por la práctica de lo común, creo que ahí está la solución y que esa, la de la práctica, es una de las expresiones de la lógica materialista.

¿Práctica de lo común?

En efecto. Más que en sesudos documentos, en prolijas disquisiciones teóricas, donde debemos encontrarnos es en prácticas que expresen los intereses de la mayoría social. El 15-M fue, en parte, una expresión de esto.

 Mucha gente que nunca se había movilizado y que, ante la exigencias de definirse teóricamente quizá se calificara como apolítica, incluso de derechas, salió a la calle a manifestar su hartazgo, a decir, y lo expresó conscientemente a la manera de Nietzsche,un gran no a partir del cual es preciso imaginar una nueva realidad,un nuevo sentido común.  

Insisto en que uno de los cortes que produce Marx es en su reivindicación de la práctica como geografía de la verdad, como lugar donde se aquilata lo que es y no es. Y, en nuestra vocación materialista y revolucionaria, esa práctica ha de ser una práctica de lo común. (...)"                   

(Entrevista a Juan Manuel Aragüés Estragués sobre Marx y marxismo, Salvador López-Arnal, Rebelión, 14/01/21)

18/8/20

La economía marxista de Ernest Mandel, ayer y hoy

"Un cuarto de siglo después de la muerte de Ernest Mandel (1923-1995), este artículo no está concebido como un homenaje. Manteniéndome fiel al marxismo vivo, que fue el suyo, me limitaré más bien a mostrar como sus escritos económicos siguen estando de actualidad, a la vez que esbozar cuestiones, antiguas o nuevas, que los mismos sugieren[1].

La difusión del marxismo

Mandel desempeñó un papel clave en la difusión de un marxismo desembarazado de sus oropeles estalinistas, siempre preocupado por establecer un vínculo entre el análisis económico y la acción militante. Su primera contribución importante fue el Tratado de economía marxista[2] publicado en 1962. Esta síntesis se benefició de una amplia difusión internacional y contribuyó a la renovación de un marxismo vivo, libre de dogmatismo y preocupado por integrar los desarrollos más recientes. 

El capítulo XI, dedicado a las crisis periódicas, es un buen ejemplo de ello: Mandel ya esbozó en él una síntesis entre las teorías basadas en el subconsumo y en la desproporcionalidad, refiriéndose a las contribuciones de economistas tales como Harrod, Kuznets, Samuelson, Goodwin, Kalecki o Joan Robinson. Consideraba que las mismas están “excesivamente simplificadas” pero que “aportan sin embargo un material importante”.

En 1963, Mandel impartió una serie de conferencias durante un fin de semana de formación organizado por la Federación de París del Parti socialiste unifié (PSU). Estas conferencias dieron lugar a un folleto Iniciación a la economía marxista[3], de la que se publicaron varias reediciones. Aunque evidentemente merecería ser actualizado, se trata de un texto notable, muy pedagógico y muy revelador de la constante preocupación de Mandel por construir puentes entre la teoría más exigente y la formación de las y los militantes.

En 1967, Mandel publicó La formación del pensamiento económico de Karl Marx[4]. Este libro tenía el interés especial de dar a conocer una obra fundamental de Marx –los Gründrisse – incluso antes de que estuviera disponible la primera traducción francesa de Roger Dangeville. Conviene leer, especialmente, el capítulo dedicado a la “dialéctica del tiempo de trabajo y del tiempo libre”, que es una introducción perfecta al tema de la reducción del tiempo de trabajo.

Está claro que Mandel se dedicaba a difundir el pensamiento económico de Marx, siempre con la preocupación de ofrecer una versión no dogmática del mismo. No es pues una casualidad que se le pidiese de escribir el prefacio de la edición inglesa de El Capital (Penguin), lo que de paso muestra la notoriedad de Mandel en el mundo anglo-sajón[5]. Desgraciadamente estas introducciones a los tres libros del Capital no se encuentran disponibles en francés, mientras que si han sido traducidas al español, reunidas en el libro El Capital. Cien Años de controversias en torno a la Obra de Karl Marx[6]. Constituyen una introducción importante a la principal obra de Marx.

El problema de la transformación

De él podemos extraer un pasaje dedicado al llamado problema de las transformación de los valores en precios. Esta cuestión teórica tiene su importancia, ya que ha dado lugar a la crítica de la teoría del valor de Marx: existiría una contradicción irresoluble entre el Libro I (los valores son proporcionales a los gastos de trabajo) y el Libro III (los precios son proporcionales a los capitales avanzados) de El Capital.

La respuesta de Mandel consiste en rechazar la hipótesis fundamental de los críticos de Marx según la cual los precios de producción de los inputs (lo que entra en la producción) sont idénticos a los precios de los outputs (lo que se produce): en los ciclos de producción presentes los insumas son datos, que se dan al comienzo de ese ciclo, y no tienen efecto de retroalimentación sobre la nivelación de las tasas de ganancia en distintos ramos de producción durante ese ciclo.

 Basta con suponer que son calculados, del mismo modo, en precios de producción y no en valores, pero que esos precios de producción resultan de la nivelación de las tasas de ganancia durante el previo ciclo de producción, para que desaparezca toda incongruencia (…)los precios de producción de materias primas, como todos los demás insumos comprados por capitalistas dedicados actualmente a la producción (…) son resultados

de la nivelación de la tasa de ganancia ocurrida durante el período anterior»[7].Unas pocas palabras son suficientes para resolver el problema.. Pero, curiosamente, este punto de vista de Mandel no se desarrollará: en la obra colectiva titulada Ricardo, Marx, Sraffa[8], solo tratará el problema de la transformación desde el punto de vista del papel del oro y de la moneda.

 La trayectoria del capitalismo

Los rendimientos del capitalismo de la post-guerra (débil desempleo, crecimiento del poder adquisitivo) iban contra las tesis de su hundimiento ineluctable o de la pauperización del proletariado defendidas por los economistas estalinistas. Para analizar esa nueva configuración, Mandel habla de neo-capitalismo (un término que rechazó después) y comienza desarrollar la idea de la onda larga.

Desde 1963, Mandelc–en la ya citada Iniciación a la economía marxista– se refiere a Kondratieff y despúes señala que “la onda a largo plazo que empezó con la segunda guerra mundial y en la que todavía estamos –digamos la onda 1940-1965 o 1940-1970– ha estado, al contrario, se caracterizó por la expansión”. Ella permite “una elevación tendencial del nivel de vida de los trabajadores”. 

Hay pues una clarividente anticipación el giro que vendrá después, que será precisado en un notable artículo publicado en 1964 en Les Temps Modernes, titulado “L’apogée du néo-capitalisme et ses lendemains”[9] en el que Mandel predecía el próximo fin de la expansión de post-guerra, que todavía no se llamaba los Treinta Gloriosos.

Con la teoría de las ondas largas, Mandel retoma las elaboraciones de inicios del siglo XX, especialmente las de Parvus y Trotsky. Reproducimos la curva original que figura en el artículo de Trotsky de 1923[10] y su transcripción francesa. Ella esboza ya la idea clave de la teoría de las ondas largas, es decir que el capitalismo recorre períodos históricos: “20 años de desarrollo capitalista muy gradual (A-B) ; 40 años de auge impetuoso (B-C); 30 años de crisis prolongada y de declive (C-D)” y Trotsky precisa que no se trata de ciclos, como piensa equivocadamente Kondratieff, ya que “su carácter y su duración están determinados no por el juego interno de las fuerzas capitalistas, sino por las condiciones externas que forman el lecho de su desarrollo”.

La tasa de beneficio

 Mandel se ha referido siempre a la formulación clásica de la ley de la baja tendencial de la tasa de beneficio. Lo atestigua por ejemplo la exposición que hizo de la misma en su text:o “Variables parcialmente independientes y lógica interna en el análisis marxista clásico”: “el aumento de la composición orgánica del capital conduce al aumento tendencial de la tasa media de beneficio (…) 

A largo plazo, la tasa de plusvalía no puede aumentar proporcionalmente a la tasa de crecimiento de la composición orgánica del capital, y la mayor parte de las contra-tendencias tienden, al menos periódicamente (y también a muy largo plazo), a ser suplantadas a su vez”[11].

Esta formulación tradicional es controvertida, ya que el aumento incuestionable de la composición física del capital (el número de máquinas por persona asalariada) no entraña forzosamente el de la composición orgánica (en valor) ya que, entre los dos se encuentra la productividad del trabajo. No es menos cierto que el desarrollo de las ondas largas tiene algo que ver con la tasa de beneficio. Pero ello no quiere decir que la fase expansiva se desencadene automáticamente una vez que la tasa de beneficio supera cierto umbral. Esta es una condición necesaria pero no suficiente.

 Es necesario que la forma en que se restablece la tasa de beneficio aporte al mismo tiempo una respuesta adecuada a otras cuestiones relativas, en especial, a la realización del producto. Sin embargo, como insistía Mandel, la tasa de beneficio es un buen indicador sintético de la doble temporalidad del capitalismo. La implementación de un orden productivo coherente exige que se mantenga a un nivel elevado y más o menos garantizado. Al cabo de un cierto tiempo, el juego de las contradicciones fundamentales del sistema degrada esa situación y la crisis se encuentra siempre marcada por una caída significativa de la tasa de beneficio.

 Caída que refleja refleja la doble incapacidad del capitalismo, tanto para reproducir el grado de explotación de los trabajadores y trabajadoras como para asegurar la realización de las mercancías, más que una tendencia al aumento de la composición orgánica del capital. Por ello nos parece útil reformular la ley de la caída tendencial de la tasa de beneficio: , 1980,ecta unaate,beneficio «n·tes para presentaciésta no baja de forma continua, pero los mecanismos que la empujan a la baja acaban siempre por vencer a lo que Marx llamaba las contra tendencias. La inflexión es endógena y, por consiguiente, la exigencia de una refundición del orden productivo reaparece periódicamente.

En todo caso, Mandel nunca hizo de esta ley el alfa y omega de la explicación de las crisis. En el capítulo de su libro La Crisis: 1974-1980[12], en la que aborda esta cuestión, Mandel enumera las causas invocadas por diversas escuelas marxistas : “¿La sobreacumulación de los capitales? Sin ninguna duda (…) ¿El sub-consumo de las masas ? Sin ninguna duda (…) ¿La anarquía de la producción y la desproporcionalidad entre las diferentes ramas? Sin ninguna duda (…) ¿La caída de la tasa de beneficio? Sin ninguna duda”. 

En lo que respecta a esta última aproximación, precisa: “pero tampoco en el sentido mecanicista del término que sugiere una cadena causal rectilínea”. De esa forma, Mandel rechaza de forma clara las explicaciones monocausales de la crisis y especialmente la caída tendencial de la tasa de beneficio, que para algunos marxistas es una prueba de ortodoxia.

¿En qué onda estamos?

Lógicamente, la cuestión que se plantea es la de saber donde nos encontramos. Nuestra respuesta es que seguimos estando en la onda larga recesiva iniciada con la recesión generalizada de 1974-75, encadenada con la de 1981-82. Esto exige varias precisiones.

La primera es que la teoría de Mandel nunca definió que cada onda larga debiera durar entre 25 y 30 años. Es cierto que fue eso lo que aproximadamente ocurrió en el pasado, pero esa constatación no supone que se trate de una regla; simplemente, porque las ondas largas no son ciclos. Es absolutamente necesario rechazar esa incorrecta asimilación, que se encuentra por ejemplo en la pluma de Robert Boyer, uno de los fundadores de la llamada escuela de la regulación: “no podemos contentarnos con la interpretación, bastante mecánica propuesta por N.D. 

Kondratief, recientemente retomada por E. Mandel, que representa la historia del capitalismo como la sucesión de ondas de fuerte y después débil acumulación, de duración aproximada de un cuarto de siglo (…) Ningún principio teleológico garantiza ni la sucesión mecánica de fases ascendentes, después descendentes, ni el paso automático de un régimen de acumulación principalmente extensivo a un régimen de predominio intensivo”[13].

Se trata de un burdo error de lectura, si se compara con lo que explicaba Mandel en la primera versión de su libro, 1980, sobre las ondas largas : “La aparición de una nueva onda larga expansiva no puede considerarse como un resultado endógeno –más o menos espontáneo, mecánico, autónomo- de la precedente onda larga depresiva, cualesquiera que sea la duración y la gravedad de ésta. Lo que determina este punto de inflexión no son las leyes de movimiento del capitalismo, sino los resultados de la lucha de clases d todo un período histórico. 

Por tanto, lo que estamos planteando aquí es una dialéctica de los factores objetivos y los subjetivos del desarrollo histórico, en el cual los factores subjetivos se caracterizan por su relativa autonomía; es decir, no están directa e idefectiblmente predeterminados por lo ocurrido previamente a las tendencias básicas de la acumulación de capital, a las tendencias de la transformación tecnológica o al impacto de esas tendencias en el mismo proceso de organización del trabajo”[14].

O para resumir: “las ondas largas son más que simples altibajos rítmicos de la tasa de crecimiento de las economías capitalistas. Vienen a ser, períodos históricos específicos precisos en un sentido real” (op.cit, 92).

Es desde este punto de vista como hay que analizar la trayectoria del capitalismo desde el giro de los años 1980. Ciertamente se ha restablecido la tasa de beneficio, al menos hasta la crisis de 2008, pero ello no basta. En efecto, nada es más extraño a la teoría que postular que basta con alcanzar un cierto umbral de rentabilidad para encadenar una nueva fase expansiva. 

Lo que es nuevo, es que el restablecimiento de la tasa de beneficio (que cuestionan algunos autores marxistas) no ha vemido acompañado de una recuperación de la acumulación, del crecimiento o de incremento de la productividad. A nuestro entender este último punto es primordial: la desaceleración, incluso el agotamiento, de los incrementos de productividad es el indicador más significativo de una pérdida de dinamismo del capital.

Sin embargo, estas aumentos de productividad podrían darse por las importantes innovaciones tecnológicas. En la teoría de las ondas largas existe un vínculo orgánico entre la sucesión de ondas largas y la de las revoluciones científicas y técnicas, sin que la misma pueda atribuirse a una visión inspirada por Schumpeter, para quien la innovación sería en si misma la llave de la apertura de una nueva onda larga. 

Desde este punto de vista, los cambios asociados a las nuevas tecnologías constituyen sin duda un nuevo “paradigma técnico-económico” pero ello no basta para originar una nueva fase expansiva. Este es todo el debate sobre el estancamiento secular, que parte de la constatación de que las considerables innovaciones en todos los terrenos no engendran aumentos de productividad.

La automatización

Algunos imaginan que las nuevas tecnologías conllevan un potencial incremento de la productividad, que por otra parte implicarían fuertes reducciones de empleos. Si se admite que este pronóstico puede cumplirse, habría que preguntarse sobre el modelo social asociado a estas transformaciones. Sobre este tema es útil referirse a un texto fundamental de Mandel, que data de 1986: “Marx, la crisis actual y el porvenir del trabajo humano”[15]. 

Esboza un cuadro muy pesimista –pero bastante premonitorio- de los efectos de la automatización capitalista, evocando la perspectiva de una “ sociedad dual que dividiría al proletariado actual en dos grupos antagónicos : los que continúan participando en el proceso de producción de la plusvalía, es decir en el proceso de producción capitalista (con una tendencia a la reducción de salarios) y los que quedan excluidos de ese proceso y que sobreviven por cualquier medio diferente al de la venta de su fuerza de trabajo a los capitalistas o al Estado burgués: asistencia social; aumento de las actividades independientes, campesinos parcelarios o artesanos, vuelta al trabajo doméstico, comunidades lúdicas, etc., y que compran las mercancías capitalistas sin producirlas. En el trabajo precario, a tiempo parcial o el no declarado, que afecta especialmente a las mujeres, los jóvenes trabajadores, los inmigrantes, etc., se encuentra una forma transitoria de marginalización en relación al proceso de producción normal.

Mandel y el coronavirus

Este anacronismo es deliberado: quiere subrayar que el interés de los trabajos económicos de Mandel no reside únicamente en los análisis que incorporan sino también en los útiles metodológicos que nos ofrecen. Es por ello que su lectura, o relectura, sigue siendo útil un cuarto de siglo después de su desaparición.

La teoría de las ondas largas se basa en gran parte en la distinción entre factores endógenos (que reenvían al funcionamiento normal del sistema y a sus contradicciones internas) y factores exógenos (que son de alguna forma exteriores al sistema). Mandel dedicó una gran parte de sus reflexiones a esa distinción y, en relación a ella, nos remitimos al texto de Francisco Louça, “El pulso de la historia”[16]. Pero esta distinción sigue de actualidad: ¿hay que considerar o no la crisis del coronavirus como una crisis exógena?

En un reciente artículo[17], Philippe Légé responde positivamente a esta cuestión.

Todos los choques exógenos infligidos al capitalismo no le confieren sin embargo la posibilidad de rebotar hacia una nueva fase expansiva. Sin dua, el capitalismo deberá reaccionar para volver a una forma de business as usual. Evidentemente, su objetivo va a ser el de restablecer la tasa de beneficio, puesto que ese es su único barómetro. Congelación o recorte de salarios y de los gastos sociales, automatización acelerada, reducción de los efectivos: se ve bien en qué sentido se orienta ya la recuperación.

 Pero estas reacciones, que de alguna forma son los reflejos típicos del capitalismo, no van a reducir las contradicciones que ya estaban en marcha antes incluso del estallido de la crisis.

Una vez mas, tenemos que echar mano de la aportación de E. Mandel: para que emerja una onda expansiva no basta con que se restablezca la tasa de beneficio o que aparezcan nuevas innovaciones tecnológicas. Es preciso que se ponga en marcha un orden productivo que asegure las condiciones de reproducción del sistema. Pero estas condiciones no se encuentran reunidas. 

A nuestro entender, por una razón esencial: el agotamiento del aumento de la productividad. A falta de reencontrar lo que es su fuerza propulsora y la fuente de una relativa legitimidad, el capitalismo está condenado a una reproducción inestable y fundamentalmente antisocial. Esto era cierto antes del virus y lo es más aún después."

Michel Husson, economista, ha publicado recientemente: Créer des emplois en baissant les salaires ? (Éditions du Croquant, 2015), El capitalismo en 10 lecciones, La Oveja Roja-viento sur, Madrid, 2013, Les casseurs de l’État social (La Découverte, 2003). Sus numerosos artículos están disponibles en su web : http://hussonet.free.fr. Los publicado en viento sur, aquí , Viento Sur, 17/07/20 ; fuente Alencontre

30/7/20

Michael Roberts: Una tasa de ganancia mundial: un nuevo enfoque...

"El modelo de capitalismo de Marx supone una economía mundial y comienza con el "capital en general". Fue en ese nivel de abstracción que Marx desarrolló su modelo de las leyes del movimiento del capitalismo y, en particular, lo que consideró la ley del movimiento más importante en el proceso de producción capitalista, la ley de la tendencia de la tasa de movimiento. ganancia para caer.

La tasa de ganancia es el mejor indicador de la "salud" de una economía capitalista. Proporciona un valor predictivo significativo sobre la inversión futura y la probabilidad de recesión o depresión. Por lo tanto, el nivel y la dirección de una tasa de ganancia mundial puede ser una guía importante para el desarrollo futuro de la economía capitalista mundial.

Sin embargo, en el mundo real, hay muchas capitales; y no solo un estado capitalista mundial, sino muchos estados capitalistas nacionales. Por lo tanto, existen barreras para el establecimiento de una economía mundial y una tasa mundial de ganancias derivadas de las restricciones laborales, comerciales y de capital diseñadas para preservar y proteger los mercados nacionales y regionales del flujo de capital global. Aun así, el modo de producción capitalista se ha extendido a todos los rincones del mundo y la "globalización" de los flujos comerciales y de capital hace que el concepto de medida de una tasa de ganancia mundial sea más realista y discernible.

Mi primer intento de medir una tasa de ganancia mundial fue en un documento en 2012. Una medida adecuada de la tasa de ganancia mundial tendría que sumar todo el capital constante y variable en el mundo y estimar el plusvalor total apropiado por este global. capital. En ese momento, esto parecía una tarea imposible. Por lo tanto, un promedio ponderado de las tasas de ganancias nacionales fue la única forma factible de obtener una cifra.

Intenté desarrollar una tasa de ganancia mundial que incluyera todas las economías del G7 más las cuatro economías del acrónimo BRIC. Esto cubría 11 economías principales y constituía una parte importante del PIB mundial. Luego utilicé las Tablas Mundiales Penn extendidas tal como las construyó el profesor Adalmir Marquetti de Brasil. Ponderé las tasas nacionales para el tamaño del PIB, aunque la tasa promedio bruta no pareció diferir significativamente del promedio ponderado.

 Descubrí que:

1) hubo una caída en la tasa de ganancia mundial desde el punto de partida de esos datos en 1963 y la tasa mundial nunca se recuperó al nivel de 1963 hasta 2013;  

2) la tasa de ganancia alcanzó un mínimo en 1975 y luego se elevó a un máximo a mediados de la década de 1990; 

3) después de eso, la tasa de ganancia mundial fue estática o ligeramente decreciente.

Luego, en 2015, volví a visitar la medición de una tasa de ganancia mundial. En el período intermedio, Esteban Maito había realizado un trabajo innovador utilizando un método de medición similar (tasas nacionales ponderadas por el PIB) para 14 países, pero utilizando estadísticas nacionales, no las Tablas Mundiales Penn extendidas, y volviendo a 1870 para algunos países.  

Maito confirmó mi estudio más limitado de una clara tendencia a la baja en la tasa de ganancia mundial, aunque hubo períodos de recuperación parcial en los países centrales y periféricos. Maito revisó y actualizó su trabajo para un capítulo en World in Crisis: un análisis global de la ley de rentabilidad de Marx: lectura esencial. (...)

Maito demostró que el comportamiento de la tasa de ganancia sobre el stock de capital confirma las predicciones hechas por Marx sobre la tendencia histórica del modo de producción. Existe una tendencia secular a que la tasa de ganancia caiga bajo el capitalismo y opera la ley de Marx. Maito también descubrió que hubo una estabilización e incluso un aumento en la tasa de ganancia mundial desde principios o mediados de la década de 1980 hasta fines de la década de 1990, el llamado período neoliberal de la destrucción de los sindicatos, una reducción en los impuestos del estado de bienestar y corporativos, privatización, globalización, innovación de alta tecnología y la caída de la Unión Soviética. Una vez más, Maito demostró que esta recuperación alcanzó su punto máximo en 1997.

 La medición de la tasa de ganancia mundial en mi documento de 2015 (Revisando una tasa de ganancia mundial en junio de 2015); Esta vez usamos las Penn World Tables 8.0 más actualizadas para datos basados ​​en las principales economías del G20. Estos resultados exhibieron una disminución secular similar a la de los datos de Maito. Hubo una caída significativa desde la primera recesión económica internacional simultánea en 1974-5 hasta principios de la década de 1980, luego una recuperación modesta antes de otra caída que coincidió con la recesión económica mundial 1991-2. Hubo una leve recuperación en la década de 1990 hasta principios de la década de 2000. Después de eso, la tasa de ganancia del G20 se desplomó, tanto antes de la Gran Recesión de 2008-9 como después, con solo una pequeña recuperación hasta 2011.

 Realicé una copia de seguridad de estos resultados con datos de la base de datos AMECO de Eurostat, que están aún más actualizados. El problema con los datos de AMECO es que su medida para el stock de capital neto es muy dudosa, especialmente en los primeros años a partir de 1963. Sin embargo, desde principios de la década de 1980, la tasa de beneficio de AMECO sigue la de la medida de Penn Tables.

Ahora he echado un vistazo a la tasa de ganancia mundial utilizando los últimos datos de Penn World Tables 9.1. Esta última base de datos tiene una innovación importante. Tiene una nueva serie llamada tasa interna de rendimiento del capital social (TIR), una muy buena representación de la tasa de ganancia marxista. Debido a que los datos se compilan en las mismas categorías y conceptos, la serie IRR ofrece una valiosa comparación entre las tasas de ganancia nacionales y también se extiende hasta 2017. Por lo tanto, ahora tenemos una serie para la tasa de ganancia para casi todos los países del mundo , comenzando en muchos casos desde 1950 hasta 2017. (Tasa interna de rendimiento)

 En futuras publicaciones sobre esto, consideraré cualquier problema de medición con la TIR y otras categorías; explicaré mi metodología; y proporcionaré fuentes y trabajos. Además, analizaré la descomposición de la tasa de ganancia en sus factores clave, a saber, la composición orgánica del capital y la tasa de plusvalía. Esta descomposición es importante. Una cosa es mostrar una tasa de ganancia decreciente con el tiempo; otra es mostrar que esto es causado por la ley de Marx de la tendencia a la caída de la tasa de ganancia. Podría haber otras razones.

 Si la ley de Marx es correcta, entonces se deduce que cuando la tasa de ganancia cae, la composición orgánica del capital (C / v) debería aumentar más rápido que la tasa de explotación (s / v). Según la ley de Marx, una composición orgánica creciente del capital es el factor determinante de tendencia para la caída en la tasa de ganancia y la tasa de explotación es el factor (principal) que contrarresta eso. Si la última aumenta más rápida que la primera, entonces la tasa de ganancia aumenta, y ha habido períodos en que eso ha sucedido. Pero a largo plazo secular, la tasa de ganancia cae y eso se debe a que la composición orgánica del capital aumenta más que la tasa de explotación.

 No discutiré estos temas en esta publicación, pero solo consideraré los principales resultados de medir la tasa de ganancia mundial utilizando la serie IRR en las Tablas Penn World. He ponderado la serie IRR para el tamaño del stock de capital (no por PIB como en documentos anteriores) para obtener una mejor medida para las economías del G20 (19 países excluyendo la UE), y también para las principales economías imperialistas del G7; y para economías emergentes o en desarrollo seleccionadas.

Los resultados del G7 confirman los resultados de mis dos medidas anteriores en 2012 y 2015; que la tasa de ganancia en las principales economías imperialistas ha estado en declive a largo plazo. La tasa no ha sido una línea recta hacia abajo, pero se puede dividir en cuatro períodos: 

1) la "edad de oro" de alta e incluso creciente rentabilidad de 1950-1966; luego el enorme colapso de la rentabilidad de 1966 a 1982; luego la (recuperación neoliberal relativamente débil); y desde un pico en 1997, una depresión general en la tasa de ganancia hasta 2017 (cuando finalizan los datos).

 Ahora con la serie IRR podemos medir mejor la tasa de ganancia del G20, probablemente lo más cerca que podamos estar de una "tasa mundial". Esta medida debería ser mejor que la de Maito o cualquier otra medida anterior porque incluye más países; aunque el trabajo innovador de Maito mide las tasas de ganancia en el siglo XIX, no solo en 1950.

Pero tenga en cuenta que el nivel de la tasa de ganancia es generalmente más alto que la tasa G7. Esto debería esperarse bajo la ley de Marx porque la composición orgánica del capital será mayor en los países imperialistas que en los países en desarrollo que todavía están tratando de "ponerse al día" con la tecnología. Volveremos a este punto en una publicación futura.

De hecho, veamos la tasa de ganancia en algunas economías en desarrollo seleccionadas, en particular los miembros del G20, como Argentina, Brasil, México, Sudáfrica, China, India, Indonesia y Turquía. Nuevamente, encontramos que la tasa de ganancia cae a largo plazo, pero con los cuatro subperíodos similares a las series G7 y G20.

 Pero, una vez más, tenga en cuenta el nivel mucho más alto de la tasa de ganancia, hasta alrededor del 24% en la Edad de Oro en comparación con solo el 10% en las economías del G7 y cayendo al 10% en el último subperíodo en comparación con el 6.5% en el G7. Además, el punto de inflexión en el período neoliberal es posterior; en 1989 en comparación con 1982 para el G7. Y para estas economías en desarrollo, cualquier recuperación de la rentabilidad es de corta duración, cayendo de nuevo en la crisis de los mercados emergentes de 1998. Desde entonces, se ha producido una larga depresión en la rentabilidad de las economías en desarrollo.

Por lo tanto, podemos resumir estos resultados iniciales de la serie IRR de Penn World Tables 9.1 para confirmar la disminución a largo plazo de la tasa de ganancia mundial (es decir, para la mayoría de las economías principales y más grandes), con varios subperíodos, tal como se discernió en las dos medidas anteriores de 2012 y 2015.

 En futuras publicaciones, ampliaré estos resultados. Examinaré la descomposición de la tasa de ganancia mundial y los factores que la impulsan. Consideraré la tasa de ganancia en economías clave específicas (Estados Unidos, Alemania, Japón, China) para ver qué podemos aprender. Trataré de relacionar el cambio en la tasa de ganancia con la regularidad e intensidad de las crisis en el modo de producción capitalista. Y consideraré la pregunta planteada y respondida en el trabajo de Maito: si la tasa de ganancia mundial se reducirá, ¿irá a cero y cómo es eso posible ?; y si es así, ¿cuánto tiempo llevará? ¿Y qué nos dice eso sobre el capitalismo mismo?"                       (Michael Roberts, blog, 25/07/20)