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15/6/22

Profesionales del porno: “El consentimiento es el pilar de nuestro trabajo”... “Es común escuchar a gente que ha pasado por esta industria afirmar que gracias al porno ha aprendido el valor del consentimiento mutuo y a respetar sus límites en el sexo, y también debemos recordar que son muchas las mujeres, trabajadoras sexuales de todo tipo, que se sienten empoderadas por lo que hacen”

"Una mujer despliega una pantalla en el aire y accede a un catálogo de hombres. Elige cuatro, que se materializan en unos segundos en la habitación para dar lugar a una escena de media hora de sexo en grupo. La escena pertenece a la película Hologang (2021), de Paulita Pappel, y se enmarca dentro de Hardwerk, una de sus líneas de trabajo: el “gangbang feminista”. Pappel hace también lo que ella llama “porno documental” en Lustery y es curadora del Festival de Cine Porno de Berlín. “En las películas que hago, el concepto lo desarrollamos junto a la persona que va a estar en el centro; lo primero que hacemos es mandarles una lista larguísima con opciones que esa persona rellena poniendo cuál es su experiencia con esos actos y cuántas ganas tiene de hacerlo en el contexto del shooting”, explica Pappel a El Salto.

Erika Lust, directora de cine porno y referencia del porno para mujeres, también pone el consentimiento en el centro del discurso sobre su trabajo: “Gran parte del porno se construye desde los pilares del consentimiento”, dice. Pero su apuesta va más allá: “Es común escuchar a gente que ha pasado por esta industria afirmar que gracias al porno ha aprendido el valor del consentimiento mutuo y a respetar sus límites en el sexo, y también debemos recordar que son muchas las mujeres, trabajadoras sexuales de todo tipo, que se sienten empoderadas por lo que hacen”.

Pappel y Lust piden que la conversación en torno al porno sea más profunda, empezando por poner freno al discurso que establece una relación causal entre la violencia sexual y el consumo de pornografía. A sus voces se suman la directora, performer e integrante del sindicato OTRAS Anneke Necro y al director de cine adulto gay Noel Alejandro. Estas cuatro personas firmaban esta semana un comunicado en el que expresaban su preocupación por la proposición de ley para prohibir el proxenetismo del Grupo Socialista en el Congreso, cuya toma en consideración fue aprobada este miércoles.

Los socialistas niegan que su propuesta vaya dirigida a tomar medidas contra la pornografía. Sin embargo, las personas que firman este comunicado se muestran preocupadas. En primer lugar, porque “cualquier medida que afecte a las trabajadoras sexuales nos afecta a nosotras”. En segundo lugar, porque la redacción que les puso en alerta —“el hecho de convenir la práctica de actos de naturaleza sexual a cambio de dinero u otro tipo de prestación de contenido económico, será castigado con multa de doce a veinticuatro meses”— sigue intacta en el texto que comienza su tramitación. En tercer lugar, porque la propia Adriana Lastra, que defendió la propuesta en el Congreso, la dibujó como el inicio de futuras medidas abolicionistas. Y, por último, porque una parte del movimiento feminista en el que se enmarca ese abolicionismo de la prostitución es también abolicionista de la pornografía.

“Bajo esta propuesta hay una ignorancia que raya en sexismo y misoginia pretendiendo ser lo contrario: el trabajo sexual solo es seguro cuando es descriminalizado”, lamentan. Estas cuatro personas comparten la necesidad de hablar de pornografía en unos términos más complejos, donde entren factores como el modo en el que se consume pornografía o el poder de las grandes empresas tecnológicas.
El porno no es un producto homogéneo

“La industria del porno es mucho más compleja de lo que las instituciones y los medios quieren presentar”, asegura Lust. La directora de cine porno reconoce que existe una gran cantidad de porno online que normaliza la violencia contra las mujeres, aunque añade un matiz a esta afirmación: es porno gratuito. Frente a ello, asegura que cada vez hay más alternativas de contenidos independientes que condenan esta violencia, al tiempo que un esfuerzo en general en la industria mainstream —aún insuficiente— para hacer las cosas mejor. Para Lust, la pregunta que hay que hacerse es por qué existe tanto porno sexista, racista y homófobo.

“Cuando se ve pornografía gratis en los sitios de porno propiedad de Mindgeek, como son Pornhub, YouPorn o RedTube, se está apoyando un modelo de negocio basado en la piratería y las malas condiciones de trabajo mientras se valida una representación pobre y estrecha del sexo y la sexualidad”, ahonda. En ese sentido, la responsabilidad es, sobre todo, de los consumidores: “Cuando se paga por pornografía que no se basa en la explotación, el racismo, la misoginia, la homofobia y la transfobia, se está enviando el mensaje de que estos no son los valores que el consumidor apoya”.

Anneke Necro explica cómo encontró en una página web gratuita un vídeo protagonizado por ella donde, tras la edición, se había borrado el consentimiento y la idea original del contenido. La supresión de algunas imágenes y un nuevo título convirtieron su vídeo en una cosa muy diferente. “Pero eso no lo hace una productora, sino que lo hace una persona anónima”, explica. Eso, además, se convierte en accesible de forma gratuita a personas que no se han desarrollado sexualmente ni tienen estrategias para verlo de una manera crítica.

Noel Alejandro insiste en vincular la palabra consentimiento a la producción de cine porno. “El cine para adultos se construye a través del consentimiento, si no sería flashmob o sería un delito grabado con una cámara”. Alejandro se pregunta en qué lugar queda el cine adulto dirigido a hombres gays en el debate que hay en las redes y en los medios si el argumento principal es que prohibiendo el cine porno se protege a las mujeres.

Este director está detrás de un tipo de cine que considera difícil de catalogar: en sus películas se tratan temas como el VIH, la salud mental o el consumo de drogas. En unas semanas, este productor estrena No me olvidéis, un título inspirado en el corto de Almodóvar La voz humana donde el protagonista se enfrenta al miedo de morir solo... “¡Y además hay sexo! ¿Qué más quieres?”. Alejandro reivindica su trabajo: “Este cine muestra la sexualidad de una manera más natural, un poquito más bella, y creo que da pie a que muchas personas vean el sexo entre hombres como algo de lo que no hay que avergonzarse”.
Adolescencia y consumo de porno

En septiembre de 2020, Save the Children daba a conocer el informe sobre adolescentes y consumo de pornografía (Des)información sexual: pornografía y adolescencia. Este estudio indica que los adolescentes acceden a contenidos pornográficos por primera vez a los 12 años y que casi siete de cada 10 (el 68,2%) la consumen de forma frecuente. Un consumo que se produce en la intimidad (93,9%) y en el teléfono móvil, y se centra en contenidos gratuitos online (98,5%), “basados de manera mayoritaria en la violencia y la desigualdad”. El estudio se hizo sobre la participación de 1.753 chicos y chicas de entre 13 y 17 años y señala que más de la mitad de los y las adolescentes que ven contenidos pornográficos se inspiran en ellos para sus propias experiencias y que para el 30% estos vídeos son su única fuente de información sobre sexualidad.

Lust sabe que la probabilidad de que la pornografía en línea gratuita sea la exposición de las personas adolescentes al sexo es muy alta y por eso, reciban o no educación sexual en la escuela, cree que las familias deben ser proactivas y hablar con los chavales de pornografía, algo a lo que se refiere como “alfabetización pornográfica” y en lo que ahonda con su proyecto The Porn Conversation. “Tener conversaciones continuadas con nuestros hijos los alienta a pensar críticamente sobre el contenido que consumen y los mensajes que reciben a través de la pornografía en línea gratuita”. Eso es imprescindible para construir sus propios significados a partir de lo que ven, en lugar de verse influenciados por ello a primera vista, argumenta.

Por eso ella habla de la necesidad de una alfabetización pornográfica: “La alfabetización pornográfica nos enseña que la pornografía no es una entidad separada que existe por sí misma; refleja descaradamente la tergiversación de los grupos marginados y el consentimiento que ya existe en la sociedad. Tal como ocurre en la mayoría de los medios de comunicación, cosifica a las actrices mientras reduce el deseo masculino a un impulso de conquista y posesión”.

Pero, más allá de esa necesaria “conversación sobre porno”, las personas entrevistadas —cuyos contenidos se pueden ver en plataformas previo registro y pago— advierten: los contenidos pornográficos no están dirigidos a personas menores de edad y es responsabilidad de las empresas tecnológicas garantizar que no pueden acceder a ellos. Noel Alejandro denuncia, además, que cuando se plantean medidas en ese sentido, se hace poniendo la responsabilidad en los productores, abriendo así la posibilidad de que sean ellos quienes asuman posibles sanciones.
Lo que dicen los estudios

“Relacionan las agresiones sexuales en manada al consumo de porno online cada vez más frecuente en menores”. “La raíz de las violaciones grupales: masculinidad patriarcal, educación sexual nula y el porno como guía erótica”. Son solo dos titulares de la última semana. A ellos se suman muchas voces que se dicen expertas y que en los medios, o en las redes, han asegurado en los últimos días y a raíz del debate suscitado por la propuesta del PSOE que la violencia sexual y el consumo de pornografía van de la mano.

Sin embargo, voces expertas preguntadas por la periodista Noemí López Trujillo para un reportaje en Newtral concluyen que no es posible establecer una relación causal y directa entre pornografía y violencia sexual. El artículo cita un informe en el que cuatro investigadoras de la Universidad de Santiago de Compostela revisaron estudios sobre la relación entre el consumo de pornografía y las agresiones sexuales y concluyeron que no es posible establecer esa relación al no existir consenso entre los diversos investigadores sobre esta asociación. Sí consideran que se puede observar“que el uso de este material explícito da lugar a consecuencias individuales a nivel de expectativas en cuanto a las relaciones sexuales y a la formación de ciertas creencias sexistas, destacando la afirmación del mito de violación y de los roles de género, los cuales son representados en la gran mayoría de películas pornográficas”, recoge la periodista.

Anneke Necro introduce otro factor: que estos estudios vienen sesgados desde su origen. Para explicarlo, aporta un poco de contexto histórico y menciona los estudios que se empiezan a realizar en Estados Unidos afinalesde los años 60, en el ámbito de la psiquiatría, después de que el presidente Lyndon B. Johnson crease la Comisión Presidencial sobre Obscenidad y Pornografía. “Por un lado se pretendía demostrar lo problemático de ver porno y por otro lado, se utilizó para crear los códigos de producción del cine explícito una vez la ley Hays [un código de producción cinematográfico que determinaba qué se podía ver en pantalla y qué no] fue abolida”, dice Necro.

A día de hoy, ese sesgo viene dado por estudios difundidos por organizaciones de corte católico como Exodus Cry, cita, que define como “una organización católica que se dedica a hacer tratamientos de conversión para personas LGTBQ y que pretende criminalizar el porno”.

Paulita Pappel también señala este sesgo y apunta a otra organización, Fight the new drug, mientras pide a los medios que sean responsables cuando utilizan sus datos como fuente. “Antes se usaba el argumento de que el porno era pecado y ahora lo que se dice es que crea adicción”, explica a El Salto.

Pappel argumenta que la existencia de la violación es previa a la de la pornografía y que, además, no hay ningún estudio que pruebe que la violencia sexual haya crecido en el momento en el que la pornografía se hace más accesible con internet: “Es falso decir que la pornografía genera violencia y es un grandísimo problema decirlo porque estamos desviando la mirada del problema real, que es el sexismo en la sociedad y la falta de una aceptación del consentimiento de las mujeres y de todas las personas”.
Porno ético

Las cuatro personas entrevistadas para este reportaje tienen en común hacer un porno fuera del mainstream. Pero, ¿es eso porno ético? Para Lust, hacer películas porno producidas éticamente tiene que ver con las condiciones laborales de quienes participan en ellas. Por eso, el porno ético solo se puede encontrar tras un muro de pago, asegura. Otra etiqueta que usa Lust es “alternativo”, en el que “se hacen visibles diferentes cuerpos, prácticas, orientaciones”.

Anneke Necro encuentra confusa la etiqueta de “porno ético”. “Yo la he utilizado durante un tiempo, pero ahora la veo problemática porque establece una división entre porno bueno y porno malo, donde este último sería el porno mainstream... y ahí también hay personas cuyas vidas deben contar, independientemente de que a nivel de discurso nos pueda o no interesar”. Además, prosigue, un porno que se considere feminista por su enfoque puede no ser ético si se produce desde la precariedad.

También para Paulita Pappel el término “porno ético” es problemático. Aunque entiende que haya servido para hacer visible que el porno no es homogéneo y que existe un porno donde hay una preocupación no solo por las condiciones laborales de las trabajadores y trabajadores, sino también por mostrar diversidad de cuerpos y prácticas sexuales, hoy pide que el enfoque sea otro: “Si no es ético, no es porno”.          (Patricia Reguero Ríos  , El Salto, 11 jun 2022)

3/3/21

Objeciones feministas al actual proyecto de Ley de libertades sexuales. Encontramos en él una preocupante apuesta por el punitivismo que solo puede acabar siendo funcional al avance de las derechas. Detectamos una deriva puritana, y medidas que van a suponer aun mayores obstáculos para mujeres que ya sobreviven en condiciones de alta precariedad, como es el caso de las trabajadoras sexuales

 "Quienes firmamos estas líneas consideramos que dentro de los feminismos existe una rica y poderosa genealogía de luchas por la emancipación que es hoy especialmente importante para hacer frente tanto a la desposesión y precarización generalizada que produce el capitalismo financiero global como a los proyectos reaccionarios que amenazan con recortar nuestros derechos y libertades. 

Necesitamos hoy un feminismo que apueste por políticas transformadoras fuera del abuso del código penal que caracteriza a la política conservadora, comprometido con ampliar nuestros márgenes de autonomía y libertad y que defienda los derechos de las mujeres más precarias y vulnerables.

Por ello, consideramos urgente y necesario destacar los problemas que en este sentido supone la aprobación del Anteproyecto de Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual tal y como ha sido propuesto por el actual Gobierno de coalición. Encontramos en él una preocupante apuesta por el punitivismo, detectamos una deriva puritana que no hace más que reforzar los argumentos patriarcales de la sacralidad del sexo de las mujeres e identificamos medidas que van a suponer aun mayores obstáculos y dificultades para mujeres que ya sobreviven en condiciones de alta precariedad, como es el caso de las trabajadoras sexuales.

Este proyecto de ley es punitivo al suponer una ampliación de las conductas que pueden ser consideradas delitos, como es el caso del acoso sexual callejero, la tercería locativa y una nueva definición de proxenetismo no coactivo. Nos parece que un feminismo emancipador debe ser crítico con las formas tradicionales de ejercer el poder y con el endurecimiento de un sistema penal que siempre recae con más intensidad sobre las poblaciones más vulnerables.

 En cuanto a las formas de comportamiento sexista más leves que las mujeres pueden vivir —tanto en la calle como en otros espacios—, creemos que el feminismo está hoy en día capacitado para combatir el machismo a través de la educación, la pedagogía y la disputa cultural de los sentidos comunes, pero nunca colaborando en la construcción de un sentido común punitivo que solo puede acabar siendo funcional al avance de las derechas.

El abordaje penal de las violencias de género no se ha demostrado eficaz como estrategia de prevención del delito y no ha dado resultados significativos respecto a la disminución de los índices de violencia. Creemos que el feminismo tiene que apostar más por la transformación de las conductas que por la sanción y el castigo. Si algo sigue estando pendiente en las políticas públicas feministas es la puesta en marcha de políticas basadas en el fortalecimiento de la capacidad de agencia y de decisión de las mujeres.

 Esperamos por parte de un gobierno progresista la apuesta tanto por un derecho penal mínimo como por políticas decididas contra la pobreza, la precariedad y la falta de independencia económica de las mujeres. En este sentido nos parece preocupante la propuesta de un reforzamiento penal que no está basada en la eficacia y que parece tener más que ver con el derecho penal simbólico o las rentabilidades políticas del populismo punitivo.

Esta ley, de orden proteccionista y centrada en las “soluciones” penales, desatiende que el principal reto para ampliar la libertad de las mujeres es el de deshacer la tradicional estigmatización del deseo y el placer femeninos. 

En este sentido, la petición de un sexo explicitado que hace la ley, supuestamente purificado de todas las ambigüedades, dudas, inconsciencias o incluso malentendidos que forman inevitablemente parte de la negociación sexual, nos parece que no va a suponer una ampliación del margen de las mujeres para explorar los deseos con libertad, sino un contraproducente incremento de la regulación sexual en nombre de la seguridad. 

La definición de consentimiento recogida en el anteproyecto de ley, que establece que todo acto sexual en el que no se manifieste la voluntad expresa de participar en el mismo puede ser considerado delito, nos parece que refuerza la imagen patriarcal tradicional de la vulnerabilidad y la fragilidad femeninas. Esta manera de entender el consentimiento promueve una visión sacralizada e infantilizada de la sexualidad de las mujeres al impedirles elaborar, por sí mismas y al margen del proteccionismo estatal, estrategias para establecer límites sexuales ante conductas intrusivas de baja entidad.

Basándose en esta mirada victimizadora de las mujeres y en un excesivo proteccionismo estatal, se niega la capacidad de decisión de las trabajadoras sexuales al establecer como delito el proxenetismo no coactivo. Queremos manifestar nuestro rechazo a un texto legal que considera a las mujeres no aptas para otorgar consentimiento, dando por hecho que encontrarse en una situación de vulnerabilidad te convierte en alguien que no sabe lo que quiere. 

De nuevo creemos que la tarea de las instituciones ha de ser garantizar derechos para fortalecer, empoderar y ampliar la capacidad de negociación, pero nunca poner en duda la mayoría de edad de las mujeres. No creemos que las mujeres tengan siempre razón —como no lo creemos de los hombres—, pero, como feministas, combatimos el tradicional descrédito que el patriarcado ha hecho de la voz de las mujeres. 

En este sentido nos parece indefendible, y menos en nombre de lemas como “Yo sí te creo”, la introducción en nuestro código penal de delitos sexuales que quedan establecidos volviendo inválido e irrelevante el consentimiento de las mujeres. Manifestamos nuestra profunda preocupación por la posibilidad de que, en nombre del consentimiento de las mujeres, se apruebe un texto legal que supone la anulación del valor del consentimiento de las mujeres.

Laura Macaya es especialista en intervención y diseño de políticas públicas en violencia de género. Activista en Proyecto X. Empar Pineda Erdozia es cofundadora de la Comisión proderecho al aborto y del Colectivo de Feministas Lesbianas de Madrid. Clara Serra es filósofa, profesora e investigadora de la Universidad de Barcelona y Cristina Garaizabal es activista feminista y psicóloga. Cofundadora del Colectivo Hetaira. Firman además este texto: Rosa Montero. Periodista y escritora. Santiago Alba Rico. Filósofo y escritor. Nanina Santos, Equipo redacción ANDAINA, revista galega de pensamento. feminista. (et al.)."         

 ( Cristina Garaizabal, Laura Macaya, Empar Pineda, Clara Serra , El País,  01/03/21)

1/3/21

El Lobby Europeo de Mujeres alerta al Gobierno sobre el peligro de incluir términos como género en lugar de sexo en las leyes

 "Madrid, 23 febrero 2021. AmecoPress.- En una carta dirigida al Consejo de Ministros, el European Women’s Lobby y su coordinadora española, el Lobby Europeo de Mujeres en España, alertan sobre los peligros que, consideran, entraña la inclusión de la variable sexo por género o identidad de género en las políticas públicas.

El European Women’s Lobby (EWL) con el apoyo del Lobby Europeo de Mujeres en España, ha hecho llegar una carta al Presidente de Gobierno, la Vicepresidenta primera, la Ministra de Igualdad, la Presidenta del Congreso de los Diputados y a los portavoces de todos los grupos políticos con representación parlamentaria.

 El objeto de la misiva era comunicar el contenido de la Moción aprobada en dicha Asamblea General: la substitución de la variable sexo por género o identidad de género en las políticas públicas, con la inclusión de ideas sin base científica en la legislación española “que harían desaparecer el sujeto jurídico de mujer y llevarían a la desaparición de las mujeres”.

En concreto se refieren a tres propuestas de ley presentadas o en anuncio de presentación al Congreso de los Diputados por el gobierno: la Ley de Libertad Sexual, la Ley de Educación y la Ley de Protección a la Infancia, más nuevas leyes anunciadas como la Ley Trans.

Esta carta recoge el resultado del acuerdo mayoritario, el pasado septiembre, de la Asamblea General del EWL, la mayor organización de asociaciones de Mujeres de Europa que engloba a los 27 países de la Unión Europea más Serbia, Macedonia del Norte, Reino Unido, Islandia y Turquía y veinte grandes asociaciones internacionales de mujeres.

El objeto de esta carta es comunicar el contenido de la Moción aprobada en dicha Asamblea General: la substitución de la variable sexo por género o identidad de género en las políticas públicas, con la inclusión de ideas “sin base científica en la legislación española que harían desaparecer el sujeto jurídico de mujer y llevarían a la desaparición de las mujeres”.

En concreto, les preocupan los textos legislativos que están en proceso de tramitación en el Parlamento y que, por su contenido, deberían tener un impacto positivo en la vida de las mujeres y las niñas. Pero en todos ellos, más los anunciados más recientemente como la Ley Trans, se encuentra reflejada una confusión entre los conceptos de sexo y género que, de seguir adelante con su tramitación, acabarían por vaciar de contenido la categoría de sexo, base de nuestra actual legislación por la igualdad entre mujeres y hombres y se convertirían en enormemente negativos.

Por ello piden al Gobierno y a los grupos parlamentarios que se mantenga el reconocimiento de la discriminación basado en el sexo como así lo avala la legislación y las obligaciones internacionales asumidas por el Estado español. Del mismo modo, la carta recuerda el verdadero sentido del concepto de género según lo dispuesto por el Convenio de Estambul, la CEDAW y toda la normativa internacional, del que España es firmante.

 “Género define el sistema estructural de valores patriarcales, roles, comportamientos, actividades y atributos construidos que son considerados apropiados para hombres y mujeres, y que conducen hacia relaciones de poder desiguales forzando a las mujeres a una posición de subordinación respecto a los hombres”.

Por ello, afirman, “no puede ser entendido como una identidad o sentimiento, como se pretende hacer pasar, bajo distintas formas, en los textos legislativos referidos anteriormete”.

Es la primera vez que esta plataforma de asociaciones de mujeres de Europa se dirige al Gobierno de España y al Congreso de los Diputados, para plantearles que no aprueben determinados puntos extremadamente polémicos en la defensa de la igualdad de las mujeres, que contravienen, no sólo la normativa internacional, sino la propia política de igualdad, desarrollada durante muchos años por los distintos Gobiernos de España.

En la Ley de Libertad Sexual se plantea incluir, además, la protección a las mujeres en todos los contextos, incluyendo el sistema prostitucional, para adoptar una postura propia del modelo igualitario o nórdico, mediante la penalización a los proxenetas y a los clientes. Y, en la protección a la Infancia se alerta del gravísimo peligro de utilizar el concepto de “pornografía infantil no consensuada”

European Women’s Lobby (EWL)

Abarca más de 2.000 organizaciones de 27 países miembros de la Unión Europea, tres países candidatos (Turquía, Serbia y Macedonia del Norte), Islandia y Reino Unido y 20 asociaciones de ámbito internacional que representan la diversidad de las mujeres y niñas europeas. Reúne al movimiento de mujeres de Europa para influir a la opinión pública y las instituciones en el apoyo a los derechos humanos de las mujeres y la igualdad de género.

Por su parte el LEM España es una plataforma de asociaciones de mujeres, sin fines lucrativos, constituida en julio del 2016. LEM España tiene en la actualidad, de manera directa, a más de 20 asociaciones y federaciones que a su vez agrupan a otras más de 40 asociaciones, extendidas en todo el territorio de España. 

Cubre un espectro muy amplio de representación y trabajo, desde mujeres rurales a empresarias y directivas, desde gitanas a mujeres con discapacidad, y asociaciones que trabajan en violencia, medios de comunicación, presencia en puestos de responsabilidad, ámbito rural, integración social y reflexión feminista."                    (AmecoPress, 23/02/21)

9/6/20

La Prostitución y el Socialismo: por un debate sincero y abierto

"En este artículo me centraré en un tema en cual personas que se dicen socialistas o comunistas adquieren, sin despeinarse, la ideología pequeño-burguesa y embrutecen con ello, la ideología, la conciencia e incluso las vidas de la clase obrera. El tema en cuestión es la posible regularización de la prostitución como ya ocurre en los Países Bajos o Alemania.

Legalización para:


• Plenos derechos de las trabajadoras y los trabajadores del sector como cualquier otro trabajador o trabajadora.
• Libertad para poder trabajar como asalariada y asalariado o bien como autónoma o autónomo o en cooperativas autogestionadas si se tuviese la oportunidad.
• Plenos derechos de sindicación y de huelga.
• Plenos derechos para el servicio y la cotización en la Seguridad Social.
• Inspecciones laborales en los lugares de trabajo para asegurar que se respetan los derechos laborales de la trabajadora o el trabajador tales como: pago íntegro del sueldo por parte del empresario en casos de enfermedad o maternidad, cumplimiento de la jornada laboral, etc.

Resulta muy triste ver a muchos compañeros y compañeras que se dicen de izquierdas, y que en gran parte de sus acciones en verdad lo son, cómo en lo referente a la cultura, la libertad y la moral socialista, dejan mucho que desear. Es lamentable comprobar cómo, sin nada nuevo que aportar, conforman su opinión ética de muchos temas bajo la hipócrita moral pequeño-burguesa de centro-izquierda llamada progresista (siguiendo el paradigma positivista, eurocentrista y principalmente anglosajón) y que nada tiene que ver con la mejor tradición socialista auténtica y por tanto, consecuentemente revolucionaria. Olvidan los intereses emancipadores de la clase trabajadora (obreros, campesinos y el resto de las clases populares) y con ellos, los del género humano. 

Todo esto, mediante un ejercicio de simple y burda mímesis por la cual adquieren la mentalidad de una hipócrita subclase (en el sentido de que es una clase inestable, sin verdadera ideología ya que la misma viene impuesta desde arriba) como lo es, la llamada por los acólitos liberales, “clase media”. Esto se ve en su modo de vida, confuso e incoherente: consumo de estupefacientes, proyectos e ilusiones de vida trazados por el imperio lúdico norteamericano (vertiente demócrata claro), soledad producto del individualismo, fetichismo animal, miedo endémico al desconocido, etc...

La prostitución (del latín prostitutio: exponer para la venta) es, como bien es sabido, un viejo oficio de las mujeres y también de los hombres, en el cual una persona decide por medio de un salario realizar un trabajo especializado con su propio cuerpo. La pequeña-burguesía, venga de donde venga, incluido el feminismo liberal encubierto bajo siglas comunistas o socialistas, diría que cómo es posible esto. Sin embargo, ellos se empeñan en afirmar incansablemente que la prostitución no es sino violencia de género, la venta del propio cuerpo, y bla, bla, bla...

Respecto a la violencia de género, decir que es simplemente una falacia. Primero, porque cada vez hay un mayor número de hombres que se dedican a la prostitución, en especial en el Caribe y en las zonas litorales del Mediterráneo. Segundo, porque ¿qué ocurre cuando es una mujer lesbiana la que contrata el servicio de otra mujer?, ¿o cuando un hombre gay contrata el servicio de un compañero? Y por último, como tercero y más importante, porque NO ES VIOLENCIA de ningún tipo. 

Para que sea violencia implicaría que se hiciera contra la voluntad de la otra persona o que se produjera daño físico. Una relación con un prostituto o una prostituta no tiene porqué implicar violencia del mismo modo que no tiene porqué implicarla una relación sentimental estable. Por ello, aunque haya desalmados y desalmadas que peguen o dañen a su pareja violentamente y que deben ser penalizados y neutralizados por la ley, no se nos ocurriría decir que el matrimonio o vivir en pareja son violencia de género.

Respecto a la venta del cuerpo, es asombroso cómo se puede decir una sandez de tal magnitud y quedarse tan tranquilo/a, cosa que hacen muy bien algunos en el “Manifiesto de hombres por la abolición de la prostitución”1 respaldado lamentablemente por lo que debiera ser la “vanguardia del proletariado” en el Reino del Borbón: el Partido Comunista de España. Ver para creer. Si las prostitutas “venden” su cuerpo, entonces la inmensa mayoría de la clase trabajadora lo hace también; Si éstos pequeño-burgueses entienden por “vender el cuerpo” el hecho de ganarse la vida mediante el mismo; toda la clase trabajadora lo hace también (y lo cierto es que en el capitalismo venden hasta su alma, pero en el socialismo o en el comunismo también se trabajaría y eso no sería “vender el cuerpo a la colectividad”). 

Por tanto, según las premisas del feminismo burgués o mujerismo, habrá que ir pensando en sacar un “Manifiesto de hombres por la abolición del trabajo”, así, a secas. El que contrata los servicios de un trabajador o una trabajadora del sexo no paga para comprar a éste o ésta como una mercancía, sino que contrata su fuerza de trabajo (su especialidad y habilidad).

 Si en cambio, sus mojigatas y vetustas mentes lo entienden por exhibir o mostrar su cuerpo, entonces, del mismo modo “venderían” el cuerpo numerosos deportistas ligeros de prendas, los y las modelos de los artistas plásticos (¡acabemos pues también con el desnudo en el arte!), los actores y actrices de cine/teatro en numerosas escenas fingidas o no de sexo, los y las socorristas de las playas e incluso las bailarinas y los bailarines del “Mira quién baila”2 (lo cual no dejaría de ser sino una afirmación mucho más consistente de su parte).

Yo, que me considero socialista revolucionario, digo: la prostitución es un trabajo especializado que se realiza mediante el entrenamiento del cuerpo y la mente, por el cual una trabajadora o trabajador del sexo realiza un servicio a un compañero o compañera mediante el pago de una cuantía determinada y pre-estipulada que junto con otras cuantías conforman su salario mensual y por tanto, su sustento. 

Ello no hace que se diferencien en nada respecto a la inmensa mayoría de los trabajos de la clase obrera que se basan en la utilización del propio cuerpo para ganarse la vida: un minero, carpintero, albañil, soldador, etc... Pero incluso más cercano por trabajar no sólo con su cuerpo sino con el cuerpo de la persona a la que presta su oficio: un masajista, un fisoterapeuta o un cirujano. No existe ninguna diferencia ética o moral: una trabajadora o un trabajador que realiza un servicio mediante la utilización de ciertas partes de su cuerpo, que ha condensado una experiencia y habilidad en hacer una labor beneficiosa para la otra persona que paga por ella 3.

¿Saben dónde está la diferencia para la pequeña-burguesía? Estriba en que según ella, la mujer vende su ser (¡!). Los miembros inconscientes de esta infame pseudo-clase influenciados por un patriarcado galopante, la vetusta élite dirigente de la Iglesia Apostólica Católica Romana y un paternalismo insultante para el feminismo revolucionario de clase, confunden el ser de una persona con el cuerpo, que por otra parte ni siquiera es verdad que lo vendan, al menos no más que cualquier otro obrero u obrera bajo el régimen capitalista de expropiación. 

Además, ni cortos ni perezosos, afirman sin apenas sonrojarse que en la “práctica totalidad son mujeres”. Evidentemente esto no es cierto, ya que cada vez más, un mayor número de hombres se dedican laboralmente al trabajo del sexo especializado como dije al principio del artículo. 

Los voceros de la pequeña burguesía le hacen el juego a su hermana mayor, la gran burguesía, y permiten de este modo que miles de hombre y mujeres permanezcan en una verdadera situación de neoesclavismo y trata de blancas al no estar regularizada esta profesión, y por tanto, al margen de todo control legal. Así, un trabajo que jamás desaparecerá y menos en la sociedad capitalista, se perpetua bajo el control de las mafias más salvajes, cruentas, inhumanas y paracapitalistas que ejercen un control “de facto” sobre estos seres humanos.

Por otra parte, mi llamamiento a la solidaridad socialista para el reconocimiento de esta profesión, no impide que denuncie la situación de muchas mujeres, hombres y niños inmigrantes o no, que se les obliga a ejercer la prostitución mediante el engaño o la amenaza de mafias organizadas con un pie en la ilegalidad (trata de blacas, venta de drogas ilegales, etc.) y otro en la legalidad (negocios para blanquear dinero como inmobiliarias, restaurantes y su participación en los muy legales y permitidos paraísos fiscales) y en connivencia con una parte de la clase política y la patronal. Contra estas mafias, solamente queda la labor decidida de policías y jueces.

 Una labor que nunca será suficiente para acabar con este problema estructural bajo el capitalismo y la ilegalidad. Además, las prostitutas y prostitutos, como cualquier otro trabajador contribuirían a la riqueza nacional mediante el pago de impuestos, y un dinero que ahora va a parar a mafiosos, serviría para contribuir a realizar más hospitales, escuelas, ayudas sociales, etc.

Por ello hago un llamamiento para su legalización y posterior regularización. Reclamo:

• Plenos derechos de las trabajadoras y los trabajadores del sector como cualquier otro trabajador o trabajadora.
• Libertad para poder trabajar como asalariada y asalariado o bien como autónoma o autónomo o en cooperativas autogestionadas si se tuviese la oportunidad.
• Plenos derechos de sindicación y de huelga.
• Plenos derechos para el servicio y la cotización en la Seguridad Social.
• Inspecciones laborales en los lugares de trabajo para asegurar que se respetan los derechos laborales de la trabajadora o el trabajador tales como: pago íntegro del sueldo por parte del empresario en casos de enfermedad o maternidad, cumplimiento de la jornada laboral, etc.

Por supuesto que no pienso que este sea el fin idílico de los socialistas, sino un avance para miles de trabajadores y trabajadoras dentro del sistema pseudo-democrático del Estado liberal o burgués, ¡dentro del capitalismo vaya! Un objetivo más profundo sería el decisivo paso democrático que significaría la normalización legal de un hecho tan normalizado históricamente en la praxis del género humano como lo es el trabajo sexual, para después dar el decisivo salto a su normalización en la sociedad socialista mediante la nacionalización de los centros donde desarrollen su trabajo estos y estas profesionales, ahora llamados burdeles, clubs, puticlubs, etc.

En una fase superior, en la sociedad socialista estos trabajadores y trabajadoras serían funcionarios del Estado con un tiempo máximo de trabajo al día de 6 horas (como era intención de aprobar en la Reforma Constitucional Venezolana de finales de 2007) que iría reduciéndose paulatinamente como en el resto de profesiones. 

Dentro de estas 6 horas, sólo 2 o 3 estarían dedicadas al trabajo sexual activo propiamente dicho y el resto estaría asignado a la formación técnica, física y humanista de estos trabajadores y estas trabajadoras para dar un salto cualitativo revolucionario en su labor que a penas hoy podemos imaginar. Avance que sólo el transcurso de la historia de la sociedad socialista revelará. Las trabajadoras y trabajadores tendrían habilitadas en su centro de trabajo, bibliotecas para la formación cultural y psicológica, también dispondrían de gimnasio, centro de salud primario y sala de estética. 

 Además el servicio sería público y de libre adscripción laboral. De tal forma que, si como dicen los voceros de la burguesía reaccionaria disfrazada, la prostitución fuese un trabajo para personas sin escapatoria ni otras oportunidades, éste iría desapareciendo a medida que los ciudadanos no eligieran esta profesión para ganarse la vida. Ello sería debido a que, a diferencia de la sociedad capitalista, el trabajo estaría plenamente garantizado y sería un derecho universal en la nueva sociedad socialista.

Aquí no he hecho sino esbozar unas ideas revolucionarias y liberadoras, con la intención de romper con la anquilosada idea reaccionaria de lo que es el trabajo de los y las profesionales del sexo. Del mismo modo, animo a los socialistas de mente y corazón, a que si desean y creen que la prostitución es una lacra social, y no se corresponde con la construcción de la sociedad socialista, que garanticen pues “de facto” que cualquier hombre o mujer podrá ganarse la vida con otra profesión. 

Pero así mismo, les pido que jamás la censuren por paternalismo machista e imposición, o por vestigios culturales de mentalidad capitalista o feudal, y que sea pues la razón de sus argumentos y el desenlace de la libre voluntad de las y los trabajadores del sexo en el sistema socialista los que me digan que estoy equivocado. Esto es, que estos trabajadores del sexo dejasen su profesión porque pudiesen elegir una mejor (si así lo considerasen), y no porque nadie desde el poder coercitivo del Estado se lo impusiese.

Volviendo al mundo real de la sociedad capitalista en donde vivimos (por ahora), quiero destacar la función social que hacen las trabajadoras y los trabajadores del sexo, que no sería sino aumentada hasta cotas inimaginables bajo el socialismo y con una vanguardia revolucionaria a la altura de las circunstancias. Estos y estas profesionales pueden realizar un servicio básico para ciudadanos con minusvalías físicas puesto que lo tienen más difícil para compartir y explorar su sexualidad con otras personas en su día a día. De esta manera, no se ven privados de una dimensión humana que también les es propia.

También, para personas que por acontecimientos en su vida necesitan de un cariño que muchas veces sólo estos y estas profesionales pueden y saben ofrecer; personas recientemente divorciadas y que no están preparadas para nuevos compromisos, que no desean hacer daño a nadie; personas solitarias o introvertidas que necesitan cariño, comprensión y autoconfianza, etc.

Porque la sexualidad compartida es mucho más de lo que las cerradas mentes pequeño-burguesas pueden alcanzar a entender o desear. La sexualidad compartida es uno de los momentos superiores de la fraternidad humana, un vehículo para el entendimiento, un vínculo para la amistad y para la paz vital.

Por todo ello, hago un llamamiento para que las socialistas y los socialistas honestos de todo signo y las feministas socialistas revolucionarias, atiendan a las razones aquí expuestas y a que se liberen de las cadenas superestructurales de la burguesía y la fuerzas reaccionarias de la élite eclesiástica que ataca sus conciencias y les impiden la genuina emancipación efectiva de género y de clase. Por el ser humano, para cualquier trabajador o trabajadora que haga un bien colectivo, socialismo o barbarie.

* Este artículo fue publicado originalmente en Rebelión en mayo del 2007, la versión actual ha sido revisada reciéntemente por el autor para Argenpress Cultural.
**El autor es licenciado en Bellas Artes, artista plástico y teórico del arte socialista.
Para cualquier comentario el autor del artículo: jonjuanma@gmail.com


1. Ejemplos del reaccionarismo pequeño-burgués disfrazado de falso progresismo:
https://www.firmasonline.com/1Firmas/camp1.asp?C=215
http://www.pce.es/secretarias/secmujer/pl.php?id=2554
http://www.pce.es/secretarias/secmujer/pl.php?id=1564
2. Programa muy popular en España del canal estatal La Primera de Radiotelevisión Española, en donde conocidos personajes públicos concursan aprendiendo a bailar con bailarines y bailarinas profesionales. El concurso sigue la estela neoliberal de cualquier otro programa de la televisión privada.
3. Interesantísima página de profesionales y simpatizantes por la regularización de la prostitución:
http://www.colectivohetaira.org/
Enlace al blog de Montse Neira, una prostituta que aboga por la legalización de su profesión: http://prostitucion-visionobjetiva.blogspot.com/

15/10/19

Putas: ¿de la prostitución a la proletarización?

"El debate feminista actual sobre la prostitución es de la máxima relevancia, pues sacude nada menos que las instituciones del Patriarcado y el Trabajo, además de replantear el espacio de la libertad. Pueden identificarse tres posiciones en el debate, aunque las diferencias y matices son muchas: prohibicionista, abolicionista y regulacionista. 

En lo que refiere al concepto y sentido de la sexualidad, el prohibicionismo (posición no feminista) la concibe como un don cuyo fin es la procreación en el seno de la familia, a la que debe supeditarse, estableciendo prevenciones sobre toda práctica sexual orientada al placer, en especial de las mujeres. El prohibicionismo censura la prostitución por tratarse de sexualidad no procreativa y extramatrimonial. Es patriarcal o, cuanto menos, familista.

En cambio, abolicionismo y regulacionismo conciben la sexualidad como un don de la persona que, junto a algunos más, es esencial para su libertad, y no solo un medio para la procreación. La soberanía personal es ahora el valor superior y, para no cercenarla, consideran irrenunciable el dominio de cada persona adulta sobre su sexualidad. Por tanto, abolicionismo y regulacionismo son antipatriarcales y, al menos en un sentido específico, liberales, por defender la extensión de los derechos de la persona a todo lo que concierne al ejercicio de la sexualidad.


En lo que refiere a los procedimientos lícitos de relación sexual, cambian las posiciones: prohibicionismo y abolicionismo coinciden en su rechazo al comercio sexual. Creen que hacer de la sexualidad una mercancía supone una desnaturalización, o una degradación, o una perversión; que no es posible mercantilizar ese don humano sin que la misma persona quede comprometida íntegramente, reducida a mercancía o esclava; o deshonrada, ella y también su familia en algunas posiciones prohibicionistas. 

Porque la sexualidad —sostienen prohibicionistas y abolicionistas—, a diferencia de otros bienes humanos, no puede alienarse de la persona, o de la familia, por ser una condición intrínseca del ser personal, o del honor familiar.

Pero es distinta la fundamentación que lleva a prohibicionismo y abolicionismo a rechazar el comercio sexual: el prohibicionismo, deudor de la cosmovisión judeocristiana, considera la actividad sexual un bien sagrado, mientras que otros atributos y actividades humanas serían profanas. En consecuencia, debe supeditarse al “oficio sagrado” (sacrificio) de la concepción en el matrimonio. El abolicionismo sigue otro camino para concluir también rechazando la mercantilización del sexo.


Porque su fuente no es el libro revelado, sino la Ilustración y su concepto secularizado del ser humano: las abolicionistas creen que son lícitas todas las posibilidades sexuales, pero siempre que no queden sometidas a propósitos ajenos a la afectividad y el deseo, como ocurre cuando se realiza para sustento material o lucro. Esto, aseguran, compromete gravemente (aliena) la libertad de la persona.


Son distintos también los medios que prohibicionistas y abolicionistas consideran adecuados para impedir la mercantilización del sexo: el prohibicionismo enfatiza la gravedad del comercio sexual femenino, que llega en casos a abominar (pecado), y propugna su ilegalidad o, incluso, su castigo según códigos de honor familiar. El abolicionismo, celoso de las libertades personales, no defiende su ilegalización, sino una pedagogía que enseñe el valor intrínseco de la sexualidad y políticas que eviten la necesidad de venderla, y que denosten a quienes quieran comprarla.


Por su parte, el regulacionismo sostiene que el comercio sexual adulto no coaccionado es una opción lícita: según ellas, la autonomía de la persona, que valoran con igual énfasis que las abolicionistas, queda a salvo, aun cuando la propia sexualidad se comercie. Piensan que vender la capacidad sexual es una más, entre otras opciones, en el ejercicio de la autonomía del individuo.


Porque, según ellas, la persona es, por así decirlo, un reducto, una esencia previa, que no sufre menoscabo por alienar su sexualidad, mientras esa sea su decisión. Más aun —piensan—, hacer lícito y legalizar el comercio sexual ampliaría el espacio de la libertad en nuestras sociedades. Es llamativo que el regulacionismo coincida con el prohibicionismo en admitir que la sexualidad pueda ser un medio para otro fin, aunque sean fines distintos: el oficio sagrado de la procreación unas, el ganarse la vida o enriquecerse las otras. El abolicionismo se queda solo en la propuesta moral de una sexualidad siempre autotélica.


El debate sobre la licitud de la venta de la sexualidad lleva, inevitablemente, al debate de si la prostitución es “trabajo”. Si “trabajo” es, según las ideologías triunfantes, todo atributo humano que se pone a la venta, ¿por qué no la prostitución?; o ¿qué tiene la sexualidad que no tienen el resto de atributos humanos mercadeados, que justificaría que se la excluya de los trabajos? Y otra interrogante, desde otro ángulo: si se acepta que quienes se prostituyen son gente proletaria o trabajadora, ¿hay que aceptar entonces que es prostituta toda la gente que está atenida a un jornal o un salario? Esta es precisamente la gran cuestión en el debate de la filosofía política republicana.


 Para el republicanismo, la primera condición para ser libre es que la propia existencia material no dependa de otras personas sino que esté garantizada mutual e incondicionadamente por toda la ciudadanía que constituye la comunidad política. Y a ello se orientan centralmente las propuestas republicanistas, a que la existencia material de cada ciudadano/a quede garantiza por toda la ciudadanía, como inalienable propiedad o derecho. 

Porque la propiedad para el republicanismo no es tanto la garantía de la suficiencia material como la garantía de pertenencia y de pertinencia política del sujeto, que es pleno sujeto político solo si es autónomo entre los otros. Por eso, el republicanismo contemporáneo, universalista, quiere extender la propiedad, así entendida, a cada persona integrante de la comunidad (a cada una, no a todas, colectivizada, como quiso el marxismo), como requisito primero de un nuevo pacto de ciudadanía, para que cada uno tenga su propiedad y nadie tenga la de otros. La propiedad republicana ha de tener límites precisos: suficiente para proveer la autosuficiencia a cada uno/a, insuficiente para excederla.

Si se acepta este planteamiento, quienes tienen en la prostitución, o en el jornal o salario, su medio de vida están en posición servil, desposeídos/as; no son libres. Harán seguramente del sustento material y el enriquecimiento el fin de sus vidas (como quieren los productivismos smithiano, marxista o socialdemócrata), pero difícilmente pueden acercarse a la virtud cívica y alcanzar la madurez política, valor supremo republicano, solo posible cuando se ha dado de lado a la necesidad, sea de subsistir o de acumular. Porque “los lazos de la necesidad no necesitan ser de hierro, pueden ser de seda” (Hannah Arendt).

El republicanismo despoja de aura a la necesidad y a sus instrumentos el trabajo y la producción, colocando en el centro el valor de la libertad. Pensamos que el feminismo ganaría mucho incorporando esta noción de libertad como no dependencia a otr@s, pero señaladas teóricas han contribuido, quizá sin proponérselo, a mantener estas ideologías trabajocéntricas, por ejemplo, cuando llamaron “trabajos reproductivos” a las actividades asignadas convencionalmente a las mujeres, pretendiendo así equipararlas a las asignadas a los varones.


Hoy volvemos a encontrar muchas feministas, consciente o inconscientemente productivistas, esforzándose por convencernos de que el modo de que desaparezca el estigma de la prostitución y de que las prostitutas tengan protección pública es convertirlas en “trabajadoras del sexo”: “Las putas también somos clase obrera”, proclaman ufanas Putas Indignadas.

¿Hemos de pensar que las putas que reclaman derechos asumen el discurso trabajocéntrico? ¿O lo que quieren en realidad es protección pública (propiedad) ante los golpes del destino, la enfermedad y el envejecimiento? ¿Se reivindican trabajadoras porque están henchidas del aura que Marx insufló al proletariado o solo porque saben que, hoy por hoy, debido a la salud del trabajocentrismo, el trabajo sigue siendo la puerta principal de entrada a los derechos ciudadanos?


De otro lado, las feministas que niegan que la prostitución sea trabajo deberían explicar qué las ha convencido de que sí es alienante vender la sexualidad y no es alienante vender otras capacidades humanas. ¿No es también importante la capacidad de diseñar, de construir, de pilotar, de hablar, de curar, de cuidar…? Si siguen cerrándose a admitir que no solo es alienante entregar a otros la sexualidad “por un puñao de parné”, sino otras muchas capacidades, tendrían que explicar al menos qué las diferencia del prohibicionismo, que separa como bien sagrado la sexualidad del resto de atributos humanos. Por último, las tres posiciones, cada una a su modo, aspiran a imponer al conjunto de la sociedad un concepto y una práctica de sexualidad. Se alejan del pluralismo de los valores y la inclusión del otro (Rawls, Habermas) a que debe aspirar toda comunidad política que, en lugar de al Trabajo, reservase el espacio más amplio a la Libertad.


 No tendría que ser así, porque, en lo que refiere a las prácticas sexuales y a su consideración como fin o como medio, la polis debería favorecer la mayor diversidad y huir de cualquier perfeccionismo moral: protegiendo al conjunto de la ciudadanía con los bienes primarios elementales (sanidad, educación, vivienda, información, participación política, medio ambiente saludable y renta básica universal e incondicional). Para que fuera igual de factible a cada quien optar por la abstinencia o la promiscuidad, por la heterosexualidad, la homosexualidad o la bisexualidad, por la monogamia o la poligamia, por la prostitución o la procreación sagrada. Para que el único límite infranqueable fuera que nadie pudiera imponer a otr@s cualquier práctica, cualquier creencia. Pero esto exigiría tomarse en serio el pluralismo y la libertad, no el trabajo, el crecimiento y la economía." (Félix Talego Vázquez, El Salto, 14/05/19)

14/2/19

Diálogos entre feministas y prostitutas... el trabajo sexual es trabajo. Y como tal hay que aceptarlo. No significa que se apruebe esa elección, sino reconocer su dignidad al igual que otras, aceptando al menos detenerse y escuchar lo que las partes directas e interesadas tienen que decir...

"Sí, sin signo de interrogación: el trabajo sexual es trabajo. Y como tal hay que aceptarlo. No significa que se apruebe esa elección, sino reconocer su dignidad al igual que otras, aceptando al menos detenerse y escuchar lo que las partes directas e interesadas tienen que decir. 

Y sin tener que recordar cada vez que el tráfico y la explotación son diferentes y que las trabajadoras sexuales están en primera línea del frente en la lucha contra la ilegalidad, el abuso y la violencia. Sí, es cierto que el trabajo sexual elegido sin restricciones concierne a una minoría de personas, pero eludir la comparación porque afecta a pocas personas es como decir: ya no tratamos con minorías étnicas o feministas porque no son la mayoría de la población.

Es indudable que Carla Lonzi declaró, en su momento, que «el feminismo se presentó como la salida entre las alternativas simbólicas de la condición femenina, la prostitución y la clausura: poder vivir sin vender el cuerpo y sin renunciar a él», pero no creo que, como argumentan, entre otras, Monica Ricci Sargentini y Alessandra Bocchetti, que haya sido paradójico, incluso impropio, haber organizado en la Casa internazionale delle donne, en Roma, el 21 de enero, un encuentro público sobre trabajo sexual precisamente en la sala dedicada a Lonzi, la feminista que, en el Manifesto di Rivolta Femminile de 1970, escrita con Carla Accardi y Elvira Banotti, afirmó: «damos la bienvenida a la sexualidad libre en todas sus formas». 

Al contrario, creo que Lonzi habría escuchado con cuidado y atención, como lo hicieron las doscientas personas presentes, los emocionantes testimonios y las resoluciones subsiguientes, y que abrieron el debate a preguntas y contradicciones que ciertamente no se resolvieron, pero que marcaron un primer paso importante para comenzar a razonar, de forma dialogante, sobre una cuestión candente y quizás, para mucha gente, irritante.

Candente, al punto de hacer saltar los mínimos niveles de respeto mutuo, tal como lo demuestra los ataques violentos sufridos por las organizadoras en las redes sociales o la indebida injerencia de algunas voces del feminismo italiano para evitar que la reunión tuviera lugar en la «casa de todas»; irritante porque hablar de «trabajo sexual» significa debatir no solo con quienes han decidido sin coerción trabajar con su propia sexualidad y con su cuerpo, sino también lidiar con las dudas y los temores, deseos, perturbaciones y rémoras que el hablar de «sexo» implica.

«Durante algún tiempo hemos presenciado en el mundo feminista reacciones emocionales descontroladas en oposición a un planteamiento que reconoce a las prostitutas como interlocutoras iguales porque entiende la prostitución como un hecho político», recordó Maria Rosa Cutrufelli, escritora, autora en 1981 de Il cliente. Inchiesta sulla domanda di prostituzione, la primera investigación que puso el foco sobre el protagonista masculino del asunto.

 «Hoy se habla de trabajo sexual, una expresión reciente nacida precisamente de la lucha de las prostitutas y tras los debates en los espacios feministas —continuó Cutrufelli— y aunque no puedo seguir opinando, como en los años ochenta, que la prostitución es la institución negra y oscura contrapuesta a la institución clara y blanca del matrimonio, ciertamente —también retomando a Kate Millett y su texto The prostitution papers— se puede afirmar que no ha cambiado en los círculos feministas la resistencia general a reconocer igual dignidad a las mujeres que eligen voluntariamente vender su cuerpo: aquí me gusta hablar de elección voluntaria en lugar de elección libre».

No es de la misma opinión Pia Covre, fundadora con Carla Corso del Comitato per i diritti civili delle prostitute, durante años activa en las redes internacionales y que ha venido desde Pordenone para contar su experiencia personal: «Personalmente, prefiero la expresión “libre elección” porque así es como lo viví yo cuando, en un momento de mi vida, decidí que quería que me pagaran por un intercambio económico-sexual que se daba por supuesto en las relaciones. Me bastó echar dos cuentas para entender que ganaría más dinero que haciendo de camarera».

«Hasta 1982, cuando nacimos como comité, hice política de varias maneras, incluso con los radicales por el derecho al aborto, —ha explicado Covre—, pero nunca había participado en asambleas feministas. Ir a reunirme con ellas y encontrarse frente a un muro fue muy decepcionante, pero esto no me impide sentirme feminista. 

He pasado mi vida luchando por mi (y nuestra) autodeterminación y libertad, porque, de lo contrario, siempre seremos aplastadas entre las presiones abolicionistas y regulatorias que, en ambos casos, no se preocupan por las condiciones materiales de la vida, incluso las higiénico-sanitarias, de quienes hacen este trabajo, a menudo, incluso para escapar de la pobreza».

Así pues, por un lado, no se elude el nudo de las condiciones materiales de partida que pueden convertirse en limitaciones, por el otro, los protagonistas repiten, el trabajo sexual se elige teniendo bien presente el resto del mundo laboral y lo que implica. 

Sin embargo, el estigma recae en algunos trabajos y no sobre todos: «Si trabajara para una corporación multinacional o para una sociedad cuya dirección es masculina, como casi siempre, ¿alguna de ustedes también diría que soy una sierva del capitalismo patriarcal? Si comiera cadáveres de animales torturados, mamíferos como yo, o de otras especies, algunos dirían: es una asesina, una especista infame, ¿con la misma gravedad de "la que hace” de prostituta, de stripper o de amante?».

Estas son preguntas dirigidas sobre todo a aquellas feministas que piensan que de ciertos trabajos hay quizá que avergonzarse, hasta el punto de negarlos, sin tener en cuenta todas las variables involucradas. 

También por esta razón, muchas redes de trabajadoras y trabajadores sexuales entrelazan sus batallas por los derechos civiles con las de los y las migrantes y, al mismo tiempo, piden la despenalización del trabajo sexual y una legislación no represiva sobre el tema de la migración; subrayar que el trabajo sexual no es necesariamente un trabajo por tiempo indefinido y las condiciones de vida pueden cambiar si se protegen los derechos civiles y sociales. 

 El colectivo feminista Ombre Rosse se mueve dentr de este contexto y participó en la reunión aportando testimonios directos para entender quiénes son y qué quieren las personas que realizan un trabajo sexual. Para proteger a sus activistas, el colectivo optó por intervenir de forma anónima y con el apoyo de Silvia Gallerano, actriz e intérprete del monólogo La Merda, con el que ya ha recibido muchos premios internacionales. «Trabajar con el cuerpo significa un montón de cosas incluyendo compartir algo íntimo.

 Esto es valido para el trabajo sexual, pero también para otros trabajos que involucran cuerpo, sensaciones y relaciones. Muchos trabajos de cuidado suponen intimidad corporal y no solo, muchos trabajos performativos incluyen expresiones corporales e interpretaciones que tienen sus raíces en la esfera íntima», como la trabajadora sexual interpretada por Gallerano, quien agrega: «elegí hacer este trabajo como adulta, después de un camino feminista que me dio la oportunidad de razonar sobre mi estar en el mundo, un razonamiento que no ha concluido porque seguir en ese estar en el mundo también significa volver a cuestionarse continuamente, al menos para mí».

Sin embargo, hay quienes tienen certezas inoxidables y decidieron que cualquiera que tome esta decisión es esclava del patriarcado: «Vender tu cuerpo es una frase que odio y que siempre he odiado. Como si no existiera mi mente, mi inteligencia, como si mi cuerpo se pudiera descuartizar. ¿o tal vez el problema es tener sexo a cambio de dinero? ¿practicar el sexo sin amor? ¿o es el sexo solo el problema?», —la otra voz del colectivo fue directa al grano: «Me gustaría poder trabajar en cooperativas dirigidas por colegas, protegidas del abuso, la explotación y la violencia, incluso por parte de las fuerzas del orden».

Pero es violencia también «hablar y decidir en mi lugar, juzgarme, inferiorizarme, victimizarme y estigmatizarme, querer hacer leyes contra mi libertad de elección: pensé que esto lo hacían sacerdotes, objetores, machistas, no mujeres que se declaran feministas como yo». —concluyó Ombra Rossa— Me gustaría que el pensamiento feminista acepte y respete las subjetividades no conformes, las minorías oprimidas, otras experiencias e identidades, me gustaría que el feminismo rompa definitivamente el esquema patriarcal de santa-puta que dice criticar y, en cambio, reitera».

También porque, como ha señalado Giorgia Serughetti, —investigadora de la Universidad de Milán Bicocca y autora en 2013 de Uomini che pagano le donne—, claramente no podemos seguir apuntando con el dedo sobre la oferta, sino que «también debemos tener en cuenta la complejidad de la demanda, ese mundo variado compuesto en su gran mayoría por hombres, pero ya no solo por hombres, que pregunta y también busca en Internet sexo pagado, siempre en un contexto en el que las relaciones de poder están dentro del marco económico del sistema capitalista. 

Basta con pensar —agrega Serughetti— en el caso en que se vio a mujeres  pidiendo servicios sexuales a cambio de una remuneración a solicitantes de asilo. La repetición del esquema de poder de un sujeto privilegiado sobre una persona en desventaja (hombre/mujer, blanca/migrante) no solo enfatiza el tema de la desigualdad, sino que también derrumba otro lugar común que quiere ver al cliente como un sujeto desviado».

Finalmente, todas las cartas se mezclan con la actuación de Rachele Borghi, profesora de geografía en la Sorbona y miembro del comité de contratación del CNR francés. A raíz del proyecto colectivo transnacional Zarra Bonheur, compartido con la pornoactivista Slavina, Borghi literalmente ha expuesto las palabras de quienes eligen el trabajo sexual y buscan alianzas políticas con otras sexualidades disidentes y con quienes estén en disposición de aceptar sus vidas.

 De hecho, no solo recordó que era una feminista transfeminista en la red con muchas otras, sino que, felizmente, montó en secuencia una sección transversal de los razonamientos de las mujeres que luchan por el reconocimiento del trabajo sexual y los argumentos violentos de quienes en las últimas semanas han atacado irrespetuosamente la posibilidad de escuchar diferentes feminismos."  

 (Barbara Bonomi Romagnoli  , periodista italiana feminista , Sin Permiso, 02/02/2019; fuente: Corriere della sera, La27Ora)