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10/11/21

La imposición de nuevas reglas y prohibiciones por la cultura 'woke', por la cultura de la cancelación, la de lo politicamente correcto, es un caso ejemplar de pseudoactividad... compartimos sus objetivos (los del feminismo, el antirracismo, etcétera) ya que nuestra crítica radica en la ineficiencia para llegar a ellos

 "El reproche habitual de los liberal-conservadores hacia la llamada cultura ‘woke’ (también conocida como ‘cultura de la cancelación') es que les parece demasiado radical: sus partisanos quieren destruir todas las estatuas, purgar nuestros museos, privarnos por completo de nuestra memoria colectiva y purificar el lenguaje cotidiano imponiendo su jerigonza insípida, fruto de la censura.

 En este asunto, creo que Ben Burgis acierta cuando defiende que los agentes de la cultura de la cancelación son ‘comediantes en un mundo en llamas’: lejos de ser ‘demasiado radicales’, su imposición de nuevas reglas y prohibiciones es un caso ejemplar de pseudoactividad, de como asegurarse de que nada va a cambiar por el método de fingir actividad frenéticamente. 

No nos puede sorprender que nuevas formas de capital, en particular los magnates anti-Trump de las tecnológicas (Google, Apple, Facebook…), apoyen de manera apasionada las luchas feministas y antirracistas: nuestra realidad es un capitalismo ‘woke’. No se cambian las cosas realmente prescribiendo medidas que nos llevan a un balance ‘justo’ superficial, que no ataca las causas últimas de los desequilibrios. 

Este es el último caso de lucha políticamente correcta contra los privilegios: el Departamento de Educación de California propuso que las diferencias entre los estudiantes con buen expediente y sus compañeros con peores notas desaparezcan: los profesores deben contener a quienes destacan y estimular a los menos dotados, tratándoles como si fueran iguales en sus habilidades. ¿Justificación? “Rechazamos la idea de talento y de habilidades naturales”, ya que “no hay un corte que determine quién es talentoso y quién no”. El objetivo radica en “reemplazar el concepto de talento innato en matemáticas por el reconocimiento de cada estudiante transita un camino de mejora”. 

Estamos ante un caso ejemplar de falso igualitarismo destinado a alimentar odio y envidia. Necesitamos buenos matemáticos dedicados a la ciencia avanzada y las medidas que se proponen no ayudan a ello. La solución: ¿por qué no reclamar mejor educación para todos y mejores condiciones de vida para los pobres? Es sencillo imaginar el próximo paso de este falso igualitarismo: ¿no es un caso de suprema injusticia que algunos individuos sean sexualmente mucho más atractivos que otros? La sexualidad, en efecto, es un territorio de terrible injusticia y desigualdad… La igualdad del disfrute sexual es el último sueño de este falso igualitarismo. 

Zizek y el deseo femenino

Existen unas pocas voces de oposición izquierdista auténtica en esta marea de falsa justicia: además de Burgis, debo mencionar a Angela Nagle y Katherine Angel. El único problema que tengo con el libro de Nagle es el título: Mujeres y deseo en la era del consentimiento: el sexo de mañana volverá a ser bueno. 

 La afirmación parece implicar que el sexo alguna vez fue bueno, en el sentido de no antagonista, y que volverá a serlo de nuevo. En muy pocas ocasiones he leído un libro con el que estuviera tan completamente de acuerdo en su premisa básica, recogida en un párrafo de la publicidad editorial, que cito aquí ampliamente, sin vergüenza: “Las mujeres están en aprietos: en nombre del consentimiento y del empoderamiento, se ven obligadas a expresar sus deseos de manera clara y con confianza. 

Mientras tanto, los expertos en conductas sexuales sugieren que el deseo femenino emerge de manera lenta. Los hombres insisten en que conocen los mecanismos de lo que las mujeres buscan, y también sus deseos. Mientras tanto, la violencia sexual abunda. 

En este ambiente, ¿cómo pueden las mujeres saber lo que quieren? ¿Y por qué esperamos que lo sepan? Katherine Angel desafía nuestras Asunciones sobre deseo femenino. ¿Por qué, se pregunta la autora, debe esperarse que sepamos lo que deseamos? ¿Y cómo de en serio podemos tomarnos la violencia sexual cuando no saber exactamente lo que queremos es clave en nuestro erotismo y nuestra personalidad?”

Las partes en cursiva (que son mías) resultan cruciales: cualquier teoría feminista debería tener en cuenta el ‘no-saber’ como una pieza clave de la sexualidad y basar su oposición a la violencia en las relaciones sexuales no en explica términos usuales de “solo sí significa sí”, sino evocar ese ‘no-saber’. Este es el motivo por el que el lema de que las mujeres “deben proclamar sus deseos de manera clara y con confianza” no es solo una imposición sexual, sino una desexualización, una defensa del ‘sexo sin sexo’. Por eso el feminismo, en algunas instancias, refuerza precisamente ese ‘avergonzar y silenciar’ la sexualidad femenina al que dice oponerse.

 Lo rechazable de los avances sexuales masculinos no es solo la violencia directa, física o psíquica, sino también la presunción de qué el hombre sabe lo que la mujer confusa ignora (y que ese saber legitima su violencia). Un hombre es violento incluso cuando trata a una mujer con respeto si asume de manera condescendiente que conoce sus deseos mejor que ella.

 Esto no implica de ninguna manera que el deseo femenino tenga alguna deficiencia comparado con el masculino (que se supone que saben lo que quieren): la lección de los psicoanalistas es que siempre existe una distancia que separa lo que queremos de lo que deseamos. Puede ocurrir que yo no solo desee algo sino que quiera obtenerlo sin pedirlo explícitamente, fingiendo que me ha sido impuesto, y que pedirlo de manera directa arruinase el placer.

 De manera inversa, puedo querer algo, soñar sobre ello, pero no desear obtenerlo: mi consistencia subjetiva puede depender por completo de no obtenerlo y si lo obtuviera colapsaría mi subjetividad. Debemos tener siempre en mente que una de las formas más brutales formas de violencia ocurre cuando algo que deseamos secretamente, o con lo que fantaseamos (pero que no estamos preparados para hacer en la vida real), nos es impuesto por una fuerza exterior. 

Las censuras cruciales

La única forma de sexo que encaja perfectamente con el criterio de la corrección política es el contrato sadomasoquista.

  Los partisanos de la izquierda políticamente correcta a menudo reprochan a sus críticos que se centran demasiado en los excesos de la corrección política, por ejemplo los aspectos censores de la cultura de la cancelación y la cultura ‘woke’, ignorando formas de censura mucho más graves. En el Reino Unido tenemos el servicio secreto MI6 con derecho de veto en cualquier instancia estatal y académica, controles policiales de la actividad sindical, regulaciones secretas sobre lo que puede publicarse en medios de comunicación, interrogatorios a menores musulmanes sobre actividades terroristas, por no hablar del encarcelamiento ilegal de Julian Assange…

 Estoy de acuerdo en que este listado reúne pecados más graves que la cultura de la cancelación, pero creo que todo esto proporciona el argumento definitivo contra la cultura ‘woke’ y sus regulaciones políticamente correctas: ¿por qué, entonces, la izquierda se centra en aspectos menores de nuestro lenguaje cotidiano en vez de hacerlo en estas cuestiones más relevantes que hemos citado? No sorprende que el propio Assange fuese atacado por algunas feministas políticamente correctas de Suecia (pero no solo de Suecia) que se negaron a apoyarle porque se tomaban muy en serio las acusaciones de conductas sexuales inapropiadas (luego desestimadas por las autoridades judiciales de Suecia).  Parece que una infracción menor de las reglas políticamente correctas fuese más importante que ser víctima de la maquinaria del terror estatal. 

En cualquier caso, la posición ‘woke’ toca un aspecto realmente importante en la reproducción de la hegemonía. Me refiero a las reacción del sistema, que cambia desde ridiculizar a sus oponentes a ser presa del pánico y tratar de suprimir el antagonismo por la vía legal. Muchas veces encontramos en los medios quejas sobre los “excesos” de las teorías de raza o género que piden volver a las narrativas hegemónicas sobre el pasado americano. 

Estamos en mitad de una contraofensiva reaccionaria para reafirmar y blanquear el mito americano. Nuevas leyes propuestas en al menos quince estados de EE.UU. proponen prohibir la enseñanza de la teoría crítica sobre la raza, el Proyecto 1619 del New York Times, y también cualesquiera ‘conceptos divisivos’. A los niños se le debe enseñar una falsa versión de la fundación de los Estados Unidos que se parece más a un parto mítico virginal que a la realidad sangrienta y dolorosa. 

Doctrinas divisivas

En Idaho, el gobernador Bill Little firmó una ley por la que las escuelas no pueden enseñar teoría crítica de la raza , de la que se afirmaba que “inflama y exacerba divisiones sobre la base del sexo, raza, etnicidad, religión, color, origen nacional, de manera contraria a la unidad de la nación y del bienestar del estado de Idaho y sus ciudadanos”. La teniente-gobernador del estado, Janice McGeachin, estableció una fuerza de trabajo para “examinar el adoctrinamiento en la educación de Idaho y proteger a nuestros jóvenes del azote de la teoría crítica de la raza, el socialismo, el comunismo y el marxismo”.

 ¿Son las teoría prohibidas realmente divisivas? Sí, pero solo en el preciso de que se oponen (se separan respecto) al mito oficial hegemónico que es ya ‘divisivo en su esencia’: excluyendo a determinados grupos y posiciones, a los que coloca en una posición subordinada. Más allá de todo esto, está claro que los partisanos de los mitos oficiales no se preocupan tanto por la verdad como por la estabilidad de los mitos fundadores. Estos partisanos, y no las personas menospreciadas por ellos como ‘relativistas culturales’, están incurriendo en una posverdad; les gusta mencionar los  “hechos alternativos”, pero se niegan a aceptar mitos fundacionales alternativos.  

A la vez que criticamos la cultura de cancelación, siempre debemos tener en mente que compartimos sus objetivos (los del feminismo, el antirracismo, etcétera) ya que nuestra crítica radica en la ineficiencia para llegar a ellos. Con los defensores de los mitos fundacionales, la historia es muy diferente: sus objetivos son inaceptables, por lo que esperamos que nunca los alcancen. "           (Slajov Zizek  , Vox Populi, 17/06/21)

29/6/21

Boaventura de Sousa Santos: La ocupación colonial de Palestina por Israel: la solución final sin fin

 "Un alto el fuego más, después de tantos otros, en la ocupación colonial de Palestina por Israel; otra estadística de muertes para los archivos del olvido; otra oportunidad para pacificar la conciencia de la comunidad internacional, especialmente estadounidense y europea; otro período de banalización de la humillación diaria de quienes, por motivos laborales, cruzan los puestos de control israelíes; otro proceso de intensificación de las provocaciones hasta los próximos bombardeos; otro momento de limpieza étnica por parte de una potencia colonial y violenta.

La historia es conocida. Las atrocidades cometidas contra los judíos por el régimen nazi alemán durante la Segunda Guerra Mundial colocaron a Occidente ante el deber moral de atender la reivindicación sionista de la creación de un Estado judío. Fue en este contexto que, poco después de la constitución de las Naciones Unidas, el Comité Especial de las Naciones Unidas para Palestina, liderado por Estados Unidos y la entonces URSS, presentó un Plan de Partición del territorio.

 Este plan, que preveía la división de Palestina en un Estado judío (55% del territorio) y un Estado palestino (45% del territorio), tiene su origen en el proyecto colonial moderno, y se asemejó a varios otros proyectos de partición cuyos conflictos aún siguen sin resolverse en la actualidad (por ejemplo, de las dos Coreas o de la India y Pakistán). En un contexto en el que la ONU aún contaba con una débil participación de las naciones del Sur, se aprobó el Plan, aunque los Estados árabes no reconocieron al nuevo Estado de Israel. De la consiguiente guerra entre Israel y los Estados árabes y las fuerzas palestinas (1948-1949), salió vencedor Israel, que ocupó varias regiones, expandiendo el territorio cerca de 20 mil km² (75% de la superficie de Palestina). 

El territorio restante fue ocupado por Jordania, que se anexó Cisjordania, y por Egipto, que ocupó la Franja de Gaza. Estos episodios violentos, en el origen del Estado de Israel, provocaron el desplazamiento forzado de casi un millón de palestinos, quienes abandonaron las áreas incorporadas por Israel[1]. Este enorme contingente de refugiados, dispersos en campamentos de países del Oriente Próximo y del resto del mundo, está en el origen de la "cuestión palestina". Como subrayó Tariq Ali, lo que hasta entonces había sido una cultura común para musulmanes árabes, cristianos y judíos, sufrió una profunda brecha, que los palestinos bautizarían como la Nakba, la catástrofe[2].

Nada de lo que se escriba en defensa del pueblo palestino podrá ayudarlo a aliviar los tormentos que ha sufrido desde la creación de Israel, un sufrimiento aún más injusto por ser impuesto para expiar los crímenes de los europeos. Tampoco puede ayudar gran parte del pueblo judío a desvincularse del proyecto colonial sionista que está llevando a cabo Israel en Palestina, tal es la intoxicación ideológica a la que está hoy sometido. Cuando se trata de Palestina, escribir no es más que un acto de contención de la rabia, un grito escrito de desesperación e impotencia. 

En esto radica paradójicamente el papel crucial de esta tragedia: muestra con inquietante transparencia la falsedad histórica, filosófica y sociológica de los "hechos" que más decisivamente sostienen las políticas dominantes de nuestros días. Siempre que la mentira y la mala fe se convierten en política de Estado, la buena fe y la verdad las combaten sin armas. Son piedras contra bombas. 

Nos enfrentamos a una destrucción masiva de sentido. Albert Camus solía decir que "las ideas falsas terminan en sangre, pero en todos los casos se trata de la sangre de otros"[3]. Palestina es el gran descodificador de la hipócrita falsedad de los mecanismos dominantes para hacer prevalecer los "valores occidentales", que incesantemente conducen a su propia violación. Los mismos mecanismos ya están siendo "remasterizados" para el próximo uso catastrófico: la guerra con China.

Falsificación histórico-teológica. Jerusalén no es ni puede ser la capital de Israel. Jerusalén es, desde hace muchos siglos, una ciudad sagrada y, como tal, pertenece a todos los que profesan las religiones que allí conviven. Los Estados tienen capital; los pueblos, no. Israel reivindica ser un Estado judío. Como Estado, no tiene derecho a Jerusalén, a menos que se reduzca a cenizas el derecho internacional; como pueblo, es un absurdo teológico tener capital. Como dice el rabino Yaakov Shapiro: los pueblos no tienen capital, el pueblo judío no tiene capital.

Falsificación política 1. Se ha invocado la defensa de la democracia para justificar la posición occidental. Como señaló el entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama, al firmar el programa de ayuda a Israel hasta 2028, Estados Unidos e Israel son dos "democracias vibrantes" que comparten los mismos valores y deben ser defendidas por igual de sus enemigos. Es una invocación doblemente falsa. Israel es tan democrático como lo era Sudáfrica en la época del apartheid. 

 Los palestinos que viven en el Estado de Israel (alrededor del 21% de la población) son los descendientes de los aproximadamente 150.000 palestinos que se quedaron en lo que hoy es Israel, una pequeña minoría en comparación con los que fueron expulsados ​​de su tierra y ahora viven en los territorios ocupados. Son ciudadanos de segunda clase con fuertes limitaciones legales y políticas, sobre todo desde que en 2009 Benjamin Netanyahu llegara al poder y comenzara su política de sobreponer el carácter judaico de Israel al carácter democrático. Ante la constante erosión de los derechos a los que están sujetos, unos luchan por la igualdad de derechos, otros abandonan la política.[4] Actualmente viven divididos por el dilema de "mi Estado está en guerra con mi nación". La otra falsedad se refiere al gobierno de los territorios ocupados. 

En Palestina, como en el resto del mundo, la democracia solo es reconocida cuando favorece los intereses occidentales. Como en Palestina los intereses occidentales son los intereses de Israel, no se reconoció la victoria libre y justa de Hamás en las elecciones legislativas de 2006 (74 diputados frente a los 45 de Al Fatah, en un Parlamento de 132 diputados). Lo ocurrido en los últimos dieciséis años no se puede entender sin tener en cuenta esta decisión arbitraria de los países occidentales bajo la presión de Israel y su aliado, Estados Unidos.

Falsificación política 2. Vengo defendiendo que el colonialismo no desapareció con la independencia política de las colonias europeas. Solo ha desaparecido una forma de colonialismo, el colonialismo de ocupación extranjera e incluso esta ni siquiera del todo. Basta mencionar el colonialismo al que está sujeto el pueblo saharaui. Actualmente existe bajo otras formas, de las cuales las dos más obvias son el racismo estructural y el régimen de apartheid impuesto por Israel en los territorios ocupados. Reconocer la existencia del apartheid es reconocer la existencia del colonialismo. 

La más pronorteamericana de las organizaciones de derechos humanos, Human Rights Watch, publicó en abril de 2021 un informe que caracteriza a Israel como un Estado de apartheid. Cabe recordar que en 1973 la Asamblea General de la ONU aprobó la Convención Internacional para la Represión y el Castigo del Crimen de Apartheid (Resolución 3068), que entró en vigor en 1976. En los territorios ocupados (Jerusalén Este, Cisjordania Palestina y la Franja de Gaza), el autogobierno de los palestinos está totalmente subordinado a la potencia ocupante. 

La opresión es sistemática y la discriminación es institucional: expropiación de tierras, cambio forzoso de residencia, control de movimientos, gestión del agua y la electricidad, negación de servicios esenciales (últimamente las vacunas contra el COVID-19). Una ocupación violenta que convirtió la Franja de Gaza en la prisión al aire libre más grande del mundo. En fin, colonialismo puro y duro. Si la ONU reconoce el apartheid como un crimen contra la humanidad, ¿por qué no se juzga a Israel por tal crimen? Porque los valores occidentales se utilizan solo cuando conviene a quienes tienen poder para beneficiarse de ellos.

Pero el colonialismo al que está sometido el pueblo palestino tiene muchas otras caras que lo identifican con el colonialismo histórico. Una de ellas es la eliminación de la identidad palestina y de la memoria de la anexión del 78% del territorio de Palestina por parte de Israel en 1948, la Nakba. La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA por su sigla en inglés) que, como su nombre indica, tiene como objetivo cuidar a los refugiados palestinos expulsados ​​violentamente de sus hogares en 1948 y 1967, así como a sus descendientes, ha sido duramente criticada por organizaciones sionistas conservadoras por estar contribuyendo a que los palestinos "no pierdan su identidad y sean asimilados por la sociedad que los rodea". ¿Cuál es la diferencia entre esto y las políticas de los colonizadores en las Américas y en África para eliminar la identidad y la memoria de los pueblos originarios?[5]

La falsificación de las equivalencias. Al contrario de lo que dice Israel, no se trata de responder con violencia a la violencia. No defiendo el lanzamiento de misiles contra Israel ni las muertes que causa, pero la desproporción entre los ataques de Hamás y la respuesta israelí es tan impactante que no es aceptable como justificación para la matanza indiscriminada de miles de personas inocentes. Israel tiene el cuarto ejército más poderoso del mundo.

 Entre los recurrentes estallidos de violencia, basta recordar que en 2014 los ataques de Israel duraron 51 días y mataron a más de 2.200 palestinos, incluidos 551 niños. Esta vez, en 11 días (el 20 de mayo se impuso un alto el fuego), del lado palestino hubo 232 muertos, de los cuales 65 eran niños, y 12 muertos del lado israelí (incluidos dos niños), además de la brutal destrucción de infraestructuras en la Franja de Gaza, incluyendo escuelas. Estamos ante un terrorismo de Estado que utiliza las armas más sofisticadas proporcionadas por Estados Unidos para mantener a un pueblo en un estado de terror constante desde 1948.

La falsificación mediática. Los medios de comunicación mundiales se avergonzarán algún día de los prejuicios con los que informan lo que está sucediendo en Palestina. Dos ejemplos. La opinión pública mundial se entera de que lo que desencadenó el ataque más reciente de Israel contra la Franja de Gaza fueron los misiles lanzados por Hamas. Porque más allá de eso no pasó nada. 

No ocurrieron antes para los medios la invasión de la mezquita de Al Aqsa, en Jerusalén, y los disparos contra creyentes en oración, en medio del Ramadán (un mes sagrado para los musulmanes); ni tampoco ocurrieron los ataques, durante meses, de grupos de fanáticos en Jerusalén Este contra viviendas y casas comerciales. La culpa, por lo tanto, es de Hamas e Israel solo se está defendiendo. Segundo ejemplo: durante los ataques israelíes, los palestinos simplemente "mueren", mientras que los israelíes son "asesinados por Hamas" o "asesinados por ataques con misiles".

El horror de una simetría impensable. El gran historiador judío Illan Pappé fue quizás el primero en preguntarse, con angustia, cómo se podía imaginar que, setenta años después del Holocausto, los israelíes usaran contra los palestinos las mismas tácticas de destrucción, humillación y negación que los nazis habían usado contra los judíos. En 2002, José Saramago, de visita en Palestina, hizo comparaciones polémicas entre el sufrimiento de los palestinos bajo la opresión israelí y el sufrimiento de los judíos bajo la opresión nazi. En una entrevista con la BBC, aclaró:

 "Evidentemente fue una comparación forzada a propósito. Una protesta formulada en términos habituales puede que no provocase la reacción que ha provocado. Por supuesto que no hay cámaras de gas para exterminar a los palestinos, pero la situación en la que se encuentra el pueblo palestino es una situación de campo de concentración… [y añadió premonitoriamente] Esto no es un conflicto. Podríamos llamarlo un conflicto si fueran dos países, con una frontera, y dos estados, cada uno con su propio ejército. Es algo completamente diferente: apartheid". 

 En 1933, la mayoría de los judíos alemanes no eran sionistas, es decir, no abogaban por la creación de un Estado para los judíos. De hecho, la organización judaica más grande se autodenominó "organización central de ciudadanos alemanes de fe judía".

Mucho antes de ordenar el Holocausto, Hitler, obsesionado con expulsar a los judíos de Alemania (y más tarde de Europa), negoció con la organización sionista (la Federación Sionista de Alemania) un acuerdo (muy controvertido entre los judíos) para transferir judíos a Palestina (entonces bajo control británico), ofreciéndoles "mejores" condiciones (es decir, menos vergonzosas) que las imperantes para la emigración a otros países. Bajo el Acuerdo Haavara de Transferencia (1933), el Estado les confiscó todos los bienes que poseían, pero transfirió el 42,8% de ese capital a la Agencia Judía en Palestina, el 38,9% de esa cantidad en forma de bienes industriales producidos en Alemania. 

Es evidente la humillación de obligar a los emigrantes forzados a utilizar los productos del Estado que los expulsó. Se estima que entre 1933 y 1938 solo unos 40.000 alemanes y 80.000 polacos emigraron a Palestina. Habrían sido aún menos si los países europeos hubieran estado más dispuestos a aceptar inmigrantes judíos, incluso si más tarde quedó claro que el objetivo final era "una Europa sin judíos"[6].

En nuestro tiempo, el Estado de Israel se creó sobre la base de una operación masiva de limpieza étnica: 750.000 palestinos fueron expulsados ​​de sus hogares y tierras, a los que se sumaron más de 300.000 después de la guerra de 1967. Hoy crecen en Israel los grupos de extrema derecha que proclaman la expulsión de todos los palestinos de los territorios ocupados hacia los países árabes vecinos.

 E incluso los "árabes israelíes" están legalmente prohibidos de residir en ciertas ciudades. En 2011, la Knéset promulgó una ley que permite a las ciudades del Negev y de Galilea, con una población de hasta 400.000 familias, crear comités de admisión que pueden negar la admisión a personas que "no sean adecuadas para la vida social de la comunidad" o que sean incompatibles con "el perfil sociocultural"[7]. Durante décadas, ciudades enteras fueron destruidas y se deja morir a los palestinos heridos debido a que el ejército israelí bloquea el paso de las ambulancias.

 Ante la sospecha de algún acto individual de resistencia por parte de los palestinos, las autoridades ocupantes detienen a padres, familiares, vecinos, les cortan el agua y la luz. Nada de esto es nuevo y trae recuerdos horribles. Según el diario israelí Maariv, citado por el prestigioso periodista Robert Fisk, un destacado militar israelí aconsejaba a las tropas, en caso de entrada en campos de refugiados densamente poblados, seguir las lecciones de batallas pasadas, incluidas las del ejército alemán en el gueto de Varsovia[8].

Lo que sucede hoy en Sheikh Jarrah es un microcosmos de la repetición de la historia. En 1956, 28 familias palestinas, expulsadas de su tierra en 1948, se establecieron en este barrio de Jerusalén Este con la esperanza de no ser expulsadas de nuevo de su hogar. En ese momento, este vecindario y toda Cisjordania estaban bajo administración jordana (1951-1967) y la instalación se negoció con Jordania, la ONU y organizaciones de derechos humanos de Jerusalén. 

Hoy en día, están siendo desalojados de sus hogares por orden de la Corte Suprema de Israel y durante años han visto sus casas apedreadas por fanáticos, algunos de los cuales se instalan en la parte principal de la casa y obligan a sus residentes a acomodarse en la parte trasera de la casa. Con la complicidad de la policía, extremistas israelíes deambulan por las calles del barrio de noche gritando "Muerte a los árabes". Las casas incluso llegan a ser marcadas para que no haya errores en los ataques. ¿Todo esto no hace recordar otras épocas.

El rayo de esperanza. Es difícil hablar de esperanza de una manera que no ofenda al pueblo palestino. La esperanza no puede residir en los acuerdos de alto del fuego porque el propósito de estos es mantener estables las alianzas entre las potencias que son cómplices de la continuación del sufrimiento injusto del pueblo palestino, y preparar el siguiente alto el fuego que seguirá al próximo estallido de violencia. En este momento, la única esperanza proviene de la sociedad civil internacional. 

Se han venido fortaleciendo tres iniciativas muy diferentes, pero que convergen en provocar el creciente aislamiento de Israel de lo que podría resultar del cumplimiento de las resoluciones de la ONU, si no es demasiado tarde. La primera iniciativa son las manifestaciones públicas, más numerosas e incisivas que nunca, de intelectuales, periodistas, reconocidos artistas judíos contra las políticas de Israel. Las fuentes de este texto son prueba de ello. La segunda iniciativa son las manifestaciones públicas, en varias partes del mundo, que demandan cada vez más el derecho a la autodeterminación del pueblo palestino. La tercera iniciativa está inspirada en la lucha internacional contra el apartheid en Sudáfrica. 

El desequilibrio de fuerza violenta entre la población negra de gran mayoría y la minoría blanca era menor que el desequilibrio entre las fuerzas de guerra israelíes y la resistencia palestina. Una de las iniciativas que más contribuyó al fin del apartheid fue el movimiento internacional para aislar a Sudáfrica: boicot a empresas sudafricanas, así como a algunas empresas internacionales especialmente involucradas en el apartheid; boicot académico, turístico y deportivo a nacionales sudafricanos. Inspirado por este movimiento, existe desde 2005 el movimiento internacional de boicot, desinversión y sanciones contra Israel (BDS), que se ha ido expandiendo en los últimos años.

 Es una iniciativa activa de no violencia que no está exenta de problemas, ya que puede implicar costos para los medios de vida legítimos de personas inocentes. Pero, curiosamente, es un movimiento que puede contar con el apoyo de quienes, viviendo en estos países, se oponen a las políticas de apartheid actualmente vigentes. Recuerdo que cuando participé en el embargo académico a Sudáfrica durante la era del apartheid, los colegas sudafricanos blancos no solo entendieron, sino que apoyaron las acciones, ya que fortalecían su lucha en el ámbito interno.

Hoy, el contexto y la situación son diferentes. Ante el injusto martirio del pueblo palestino que está siendo castigado por un crimen cometido por los europeos, y ante la hipócrita indiferencia de la comunidad internacional, ¿hasta cuándo vamos a seguir pensando que el problema palestino no es nuestro problema? Toda mi vida he luchado contra el antisemitismo y es en nombre de esta coherencia que denuncio la limpieza étnica que está llevando a cabo Israel en contra el pueblo palestino."            (Boaventura de Sousa Santos , Público, 22/06/21)

26/1/21

Estado plurinacional o autonomías en Latinoamérica... el pueblo mapuche conservó su soberanía desde 1598, ya que al derrotar a los conquistadores pudo poseer una vida libre fuera de toda opresión colonial, hasta la invasión y genocidio perpetrados por la República de Chile en la segunda mitad del siglo XIX

 "Los movimientos de los pueblos originarios de América Latina han tomado, respecto a sus proyectos de larga duración, dos actitudes diferentes en relación a los Estados nacionales. 

Una de ellas se propone la construcción de un Estado plurinacional, que algunas corrientes lo enuncian como la refundación del Estado colonial sobre nuevas bases. La otra enfatiza en la construcción de autonomías desde abajo.

Las experiencias más notables y conocidas de construcción de Estado plurinacional fueron las de Ecuador y Bolivia, en cuyas constituciones aprobadas en la primera década de 2000, aparece la mención a la plurinacionalidad. En el caso boliviano, la definición no deja lugar a dudas: se trata de un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, como reza el artículo primero de la norma aprobada en 2009.

De esa forma, señala el Preámbulo de la nueva Constitución, se deja atrás el Estado colonial, republicano y neoliberal. Esa sería la materialización de la refundación del Estado.

Sobre estas experiencias, contamos con análisis teóricos y balances históricos.

Respecto a la primera, el boliviano Luis Tapia razona que las culturas y pueblos que no corresponden al núcleo colonial y moderno no tienen una forma estatal en su seno y no la han producido históricamente. Si la unidad plurinacional adopta la forma de un Estado, la unificación política se estará haciendo en torno a la forma política de la vieja cultura dominante*.

De ese modo, los pueblos originarios terminan adoptando, o sufriendo, la imposición de modos y relaciones externos a sus culturas y, sobre todo, supone la continuidad de la forma Estado, apenas con otros nombres.

En lo concreto, los dos estados plurinacionales profundizaron el desarrollismo extractivo y, por tanto, el neoliberalismo, que es la forma que asume el neocolonialismo en este periodo de dominio del capital financiero. Por eso, Silvia Rivera enfatiza en la necesidad de deslegitimar todas las formas de cosificación y del uso ornamental de lo indígena que hace el Estado, incluyendo al Estado supuestamente refundado (https://bit.ly/37CIufi).

La corriente que defiende las autonomías desde abajo se expresa en diversos procesos, desde el zapatismo hasta el Consejo Regional Indígena del Cauca en Colombia, pasando por el gobierno autónomo de la nación wampis en Perú, y los caminos que recorren diversos pueblos amazónicos, andinos y mesoamericanos. Para ellos, el proceso autonómico es una construcción permanente, que no finaliza ni se congela para siempre en una institución determinada.

En el seno del pueblo mapuche, en Chile, el debate ha sido potenciado por la revuelta de octubre de 2019. Desde aquel momento, la propuesta de Estado plurinacional ha ganado adhesión entre los partidos criollos y entre los manifestantes que desde el estallido del 18 de octubre ondean la bandera mapuche, como señala un artículo de Fernando Pairican, autor de Malón, un libro imprescindible sobre la rebelión mapuche (https://bit.ly/3mHVPaq).

En todo caso, las aguas no están binariamente divididas entre autonomistas y defensores del Estado plurinacional, sino que el abanico es muy amplio: desde los defensores del control territorial para avanzar en la autonomía hasta quienes defienden los escaños reservados para pueblos originarios en la nueva Constituyente, pasando por quienes ven en el Estado plurinacional un camino hacia la autodeterminación.

En medio del debate, el 16 de diciembre la Comunidad Autónoma Temucuicui emitió una potente declaración. El breve texto recuerda que el pueblo mapuche conservó su soberanía desde 1598, ya que al derrotar a los conquistadores pudo poseer una vida libre fuera de toda opresión colonial, hasta la invasión y genocidio perpetrados por la República de Chile en la segunda mitad del siglo XIX (https://bit.ly/38kcP1k).

Asegura que los escaños reservados para pueblos originarios intentan diluir toda la historia y la legitimidad de la lucha mapuche, en la ambigüedad de la diversidad. Propone que la discusión constituyente debe darse en las calles, en las asambleas del movimiento social, fuera de toda esfera de control e influencia de los partidos neoliberales que han traído la marginalidad, la deuda y la destrucción del medio ambiente.

Rechazan instalarse dentro del corral, porque sería desconocer la lucha por los territorios y proponen cortar toda amarra de subordinación y asistencialismo del Estado, para reconstruir el tejido social mapuche. Sin embargo aclaran que, siendo la sociedad mapuche diversa y heterogénea, cada cuál hace lo que cree correcto.

El problema que enfrentan los sectores más consecuentes del pueblo mapuche, es una declaración de plurinacionalidad sin anclaje territorial y, por tanto, sin posibilidad de autogobierno. No sólo sería una declaración vacía, sino un modo de relegitimar un modelo que se está cayendo a pedazos."             (Raúl Zibechi, La Jornada, 03/01/21)

11/7/17

Operaciones especiales estadounidenses en todo el planeta. Un vasto mundo de guerras perdidas

"Si el lector quiere una cifra, pruebe 194. Este es el número de países que hay en el planeta Tierra (ponga o quite uno o dos). 

El informe de Nick Turse que publicamos hoy habla de una cifra relacionada que le dejará boquiabierto; por lo menos 137 de esos países (el 70 por ciento de ellos) ya tienen algo en común en este 2017, y todavía no hemos completado la mitad del año*. 

Estos países comparten la experiencia de tener unidades de las fuerzas de Operaciones Especiales (FOE) estadounidenses desplegadas en su territorio. Supuestamente, en este guarismo no están incluidos Rusia, China, Irán, Andorra o Mónaco (a menos que vigilar los casinos del mundo sea una novedosa prioridad nacional para nuestro presidente afecto al capitalismo de timba). 

Aun así, son la evidencia de la gran apuesta que el militarismo de casino ha hecho en estos años: que unas fuerzas de elite de operaciones especiales puedan hacer lo que el resto de las fuerzas armadas de Estados Unidos no han podido: conseguir un triunfo en un conflicto, o en un par de ellos. 

Podemos pensar que en estos años el Comando de Operaciones Especiales (o SOCOM) ha ganado el premio mayor de la lotería. De los pocos miles de soldados de elite que tenía a sus órdenes en los ochenta ha crecido hasta los 70.000 de estos momentos; esto es, una fuerza mayor que los ejércitos de muchos países. Por lo menos, 8.000 de ellos están asaltando, adiestrando y asesorando en el extranjero en cualquier momento dado. 

De hecho, es estos días es casi seguro que si la guerra estadounidense se intensifica en algún sitio del mundo, las FOE están allí desempeñando un papel central. Por ejemplo, en Siria, hace un año, había 50 operadores especiales ayudando a las distintas fuerzas que luchaban contra el Daesh. 

Ahora, cuando se intensifica la batalla por la ‘capital’ del Califato, esa cifra se ha elevado a 500 y, obviamente, continúa creciendo (algo parecido ocurre en Irán; sin duda, después de que el Pentágono despache en los próximos meses su último mini-contingente de personal a Afganistán, también en este país. 

En cuanto al dinero, el SOCOM ciertamente ha ganado en la versión Pentágono de la ruleta Por supuesto, en esa versión, todos ganan (aunque algunos son más ganadores que otros). Entre 2001 y 2014, la asignación presupuestaria de las FOE se incrementó en un nada modesto 21,3 por ciento y, desde entonces, no ha parado de crecer. (...)

Introducción de Tom Engelhardt 

(...) Las FOE en la guerra

“Operamos y combatimos en todos los roncones del planeta”, se jacta el general Taymond Thomas, jefe del Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos (USSOCOM o SOCOM, por sus siglas en inglés). “Sostenemos diariamente un despliegue o una fuerza en puestos de avanzada de unos 8.000 hombres en 80 o más países. 

 Estas unidades están realizando todo tipo de misiones propias de las FOE, tanto en situaciones de combate como de otro tipo.” Sin embargo, estas cifras dan a entender solo una parte de la verdadera dimensión y alcance de las acciones globales de las FOE.

 El año pasado, las fuerzas más escogidas de EEUU estaban realizando diversas misiones en 138 países –aproximadamente el 70 por ciento de las naciones del planeta– según los guarismos proporcionados a TomDispatch por el Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos. Asombrosamente, a mediados de este 2017, los grupos comando estaban desplegados en 137 países, según Ken McGraw, portavoz del SOCOM . 

Al Comando de Operaciones Especiales se le ha encomendado la tarea de llevar a cabo 12 misiones básicas que van desde la contrainsurgencia y la guerra no convencional hasta el rescate de rehenes y la neutralización de la proliferación de armas de destrucción masiva. 

Sin embargo, es posible que el contraterrorismo –la lucha contra las que el comando denomina organizaciones extremistas violentas (VEO, por sus siglas en inglés)– sea la actividad por la que las FOE de EEUU son más conocidas desde el 11-S. “La amenaza planteada por las VEO sigue siendo la más alta prioridad para el USSOCOM, tanto en la atención como en la acción”, dice Thomas. (...)

Hoy en día, en relación con el despliegue de operadores especiales, África está en segundo lugar. Esto es así debido al crecimiento exponencial de las misiones realizadas allí en los últimos años. En 2010, solo el 3 por ciento de los grupos comando de EEUU desplegados en el mundo era enviado a África. En estos momentos, ese número llega a más del 17 por ciento, según información del SOCOM. 

El año pasado, las FOE de Estados Unidos han sido enviadas a 32 países africanos, alrededor del 60 por ciento de los de ese continente. Tal como informé recientemente en VICE News, en cualquier momento dado, los Boinas Verdes, es decir, los grupos SEAL de la Marina de EEUU, y otras unidades especiales están hoy día realizando cerca de 100 misiones en 20 países africanos.

En mayo, por ejemplo, integrantes de los SEAL estaban trabajando en una “operación de asesoramiento y ayuda” junto con miembros del ejército de Somalia cuando fueron atacados. Kyle Milliken fue muerto y otros dos estadounidenses, todos del SEAL, resultaron heridos en un intercambio de disparos que también, según el portavoz de AFRICOM Robyn Mack, provocó la muerte de tres militantes de al-Shabaab.

 Asimismo, unidades de EEUU están destacadas en Libia para recoger información de inteligencia que permita realizar ataques en las mejores condiciones contra el Daesh que opera allí. Se dice que en operaciones que tuvieron lugar en África Central contra el Ejército de Resistencia del Señor (LRA, por sus siglas en inglés, una brutal milicia que ha aterrorizado la región durante décadas y cuya actividad ha sido reducida recientemente, un grupo comando de EEUU ha matado a un integrante del LRA hace menos de dos mese, en abril.

Adiestramiento de primavera

Lo que el general Thomas llama “aumentar la capacitación de las naciones asociadas” es la columna vertebral de la actividad de su comando en el mundo. Todos los días, las tropas más escogidas de Estados Unidos realizan misiones de adiestramiento para afinar sus técnicas, las de sus aliados y las de las fuerzas que actúan por delegación en todo el planeta.

Por ejemplo, el pasado enero, los Boinas Verdes y un grupo de paracaidistas japoneses realizaron instrucción aerotransportada cerca de Chiba, Japón. En febrero, los Boinas Verdes asesoraron a reclutas del Consejo Militar Manbij, una unidad de combate compuesta por mujeres kurdas, árabes, cristianas, turcomanas y yasadíes; esto fue en el centro de entrenamiento de Sanaa, en el noroeste de Siria. En marzo, una unidad de Boinas Verdes –que se mueve con trineos– enviada a Laponia, Finlandia, trabajó con fuerzas locales para aumentar sus destrezas militares en entornos fríos.

 El mismo mes, agentes especiales y más de 3.000 soldados de Canadá, República Checa, Estonia, Finlandia, Francia, Alemania, Hungría, Italia, Kosovo, Lituania, Macedonia, los países Bajos, Eslovenia y el Reino Unido participaron en maniobras de adiestramiento táctico en Alemania.

En aguas de Kuwait, agentes especiales se unieron a unidades de elite de los países del Consejo de Cooperación del Golfo [Pérsico] para realizar ejercicios que simulaban una respuesta rápida al secuestro de un petrolero. En abril, tropas de las FOE viajaron a Serbia para adiestrar a una unidad local de lucha antiterrorista. 

En mayo, miembros de la Fuerza Conjunta de Operaciones Especiales-Iraq realizaron maniobras con la fuerza de operaciones especiales iraquí cerca de Bagdad. Ese mismo mes, 7.200 militares, entre ellos personal de la Fuerza Aérea de EEUU, integrantes de unidades de operaciones especiales de Italia, miembros de la Fuerza de Tareas Especiales de Jordania –el país anfitrión– y soldados de más de una docena de países, participaron en el ejercicio Eager Lion; el ejercicio comprendía desde el asalto a barracones con prisioneros hasta tareas de ciber-defensa. 

Por otra parte, un grupo SEAL trabajó en el adiestramiento de submarinistas junto con fuerzas de operaciones especiales griegas en la bahía de Souda, mientras otros se encontraron con tropas de la OTAN en Alemania como parte del ejercicio Saber Junction 17 para adiestramiento en operaciones terrestres, entre ellas el simulacro de una “misión detrás de las líneas del enemigo” en un pueblo europeo simulado”.

“En las últimas tres décadas, hemos estado en la vanguardia de las operaciones de la seguridad nacional, incluso el combate sin cesar en las últimos 15 años y medio”, le dijo Thomas –del SOCOM– el mes pasado a la subcomisión de Servicios Armados sobre Amenazas Emergentes y Capacidades de la Cámara de Representantes.

 “Este histórico periodo ha sido la base sobre la que se asientan algunos de nuestros mayores éxitos, pero también la fuente de nuestro mayor desafío: la preparación sostenida de esta magnífica fuerza.” Aun así, las FOE, con toda su magnificencia y todos sus éxitos, con todas las ceremonias de celebración a las que han asistido, las guerras, las intervenciones y otras acciones en las que han servido como la punta de la lanza estadounidense han sufrido muchas derrotas, y han tenido numerosos traspiés y fracasos.

Después de sus primeros éxitos en Afganistán en la estela de los ataques del 11-S, la fuerza de elite se convirtió en víctima del fracaso de Washington para declararse victoriosa y regresar a casa. Como resultado de ello, durante los últimos 15 años, los grupos comando de Estados Unidos han estado asaltando casas, recurriendo a ataques aéreos, adiestrando fuerzas locales y guerreando implacablemente contra una lista cada vez más larga de grupos terroristas en ese país. 

Con todos los esfuerzos tanto de las FOE como de las fuerzas armadas convencionales hermanas y los aliados locales afganos, la guerra está ahora, según el comandante en jefe de Estados Unidos en Oriente Medio, en un “punto muerto”.

 Esta es una forma cortés de decir lo que descubrió un informe para el Congreso redactado hace poco tiempo por el Inspector Especial para la Reconstrucción de Afganistán: las zonas que no responden a la autoridad central o están “controladas o influidas por los insurgentes” han subido de un notable 28 por ciento en 2015 a el 40 por ciento.

La guerra en Afganistán empezó con las acciones destinadas a capturar o matar a Osama bin Laden. Habiendo fracasado en esta misión tras el 11-S, las fuerzas de elite de Estados Unidos continuaron dando patinazos hasta que en la década siguiente bin Laden se encontró con su destino.

 Finalmente, en 2011, un comando SEAL de la marina lo acorraló en una casa en Pakistán en la que vivía desde hacía tiempo y acabó con él. Desde entonces, los agentes especiales que participaron en la operación y los personajes de poder de Washington (por no hablar de Hollywood) no han cesado de vender este único éxito táctico.

En una entrevista de Squire, Robert O’Nell, el SEAL que metió dos balas en la cabeza de bin Laden, confesó que él se unió a esa unidad de elite debido a una frustración que había vivido cuando era adolescente, un despecho amoroso. “Es por esa razón que al Qaeda fue diezmada”, bromeó; “porque ella me rompió el maldito corazón”.

 Pero al Qaeda no fue diezmada; todo lo contrario, según Ali Soufan, ex agente especial del FBI y autor de Anatomy of Terror: From the Death of Bin Laden to the Rise of the Islamic State (Anatomía del terror: de la muerte de bin Laden al surgimiento del Estado Islámico). 

Como él observó hace poco tiempo, “Mientras que, el 11-S, al Qaeda tenía apenas algunos centenares de integrantes, la mayor parte de ellos con base en un solo país, en este momento disfruta de muchos refugios seguros en todo el mundo”. De hecho, señala Soufan, desde la muerte de bin Laden los grupos terroristas se han hecho más fuertes.

Año tras año, las FOE de Estados Unidos se han enfrentado con nuevas oleadas de combatientes en varios continentes, entre ellas organizaciones terroristas que no existían el 11-S. Según se dice, todos los militares estadounidenses muertos en Afganistán en 2017 murieron combatiendo contra alguna franquicia del Daesh que empezaron a operar allí hace apenas dos años.

Otro ejemplo: la invasión de Iraq por parte de Estados Unidos propició el meteórico crecimiento de un grupo afiliado a al Qaeda, lo que a su vez hizo que el hermético Comando Conjunto de Operaciones Especiales (JSOC, por sus siglas en inglés) de las fuerzas armadas –lo más escogido de las fuerzas de elite de EEUU– creara una verdadera maquinaria para la búsqueda y captura de hombres diseñada para matar a su jefe Abu Musab al-Zarqawi y acabar con su organización.

 Como pasó con bin Laden, finalmente los agentes especiales dieron con él y lo eliminaron; en el proceso, castigaron duramente a su organización, aunque nunca acabaron con ella. Atrás quedaron unos cuantos elementos endurecidos en la lucha que más tarde crearon el Daesh e hicieron lo que al Qaeda jamás pudo hacer: apoderarse de vastas franjas de territorio en dos países y mantenerlas en su poder. Mientras tanto la rama siria de al Qaeda creció hasta convertirse en una fuerza autónoma de más de 20.000 hombres.

En Yemen, después de más de 10 años de involucramiento de bajo perfil de las FOE, el país se tambaleó al borde del colapso en medio de una guerra llevada adelante –con el respaldo de Estados Unidos­– por Arabia Saudí. Las continuas misiones de las FOE realizadas en ese país –intensificadas recientemente– aparentemente no han hecho nada que modificara la situación. Del mismo modo, en Somalia –en el Cuerno de África– las fuerzas de elite estadounidenses continúan complicadas en una guerra interminable contra diversos combatientes.

En 2011, el presidente Obama puso en marcha la operación Observant Compass (observador de la brújula) despachando algunas FOE para ayudar a unas unidades que combatían por delegación en la República Centroafricana en una acción para capturar o matar a Joseph Kony y aniquilar su criminal Ejército de Resistencia del Señor (LRA), que por entonces contaba con entre 150 y 300 hombres armados. 

Después de buena parte de una década y 800 millones de dólares, 150 integrantes del grupo comando estadounidense fueron retirados esta primavera (la del hemisferio Norte), y sus oficiales asistieron a una ceremonia para recordar el final de la misión. Sin embargo, Kony nunca fue capturado ni asesinado y en este momento se estima que el LRA cuenta con entre 150 y 250 combatientes, prácticamente la misma cantidad que tenía cuando se inició la operación.

Esta sucesión de futilidades se repite también en Asia. “Las Fuerzas Especiales de EEUU han estado proporcionando apoyo y ayuda en la parte sur del archipiélago de Filipinas durante muchos años, atendiendo al pedido de diferentes administraciones filipinas”, declaró a principios de junio Emma Nagy, portavoz de la embajada de Estados Unidos en Manila. Ciertamente, durante más de una década las acciones esfuerzo de las FOE en ese país han sido saludadas como un éxito importante.

 La operación Freedom Enduring (libertad duradera) en Filipinas, escribió Linda Robinson, analista de RAND, a principios del año pasado en el periódico del Pentágono Prism, “tenía como objetivo posibilitar que las fuerzas de seguridad filipinas combatieran contra los grupos terroristas internacionales en la conflictiva región de Mindanao”.

En 2016, un informe de RAND realizado en coautoría por Robinson concluía así: “... las actividades de la FOE de EEUU preemitieron que el gobierno filipino redujera sustancialmente la amenaza del terrorismo transnacional en el sur de Filipinas”. 

Sin embargo, el pasado mayo, combatientes del Daesh invadieron la ciudad de Marawi, un importante centro urbano de Mindanao. Mantuvieron en su poder partes de la ciudad durante semanas a pesar de un decidido contraataque de soldados filipinos apoyados por las FOE estadounidenses. En estas acciones, amplias zonas de la ciudad fueron reducidas a escombros.

En el límite de sus fuerzas

El general Tomas, de las fuerzas de elite de Estados Unidos, le dijo el mes pasado a los congresistas que “... están absolutamente comprometidas con la victoria, tanto en las luchas actuales como en las futuras”.

 Aunque, en realidad, de guerra en guerra y de intervención en intervención, desde la ceremonia de la Brigada Anti-Droga en Florencia, Colombia, hasta el final de la caza de Kony en Obo, República Centroafricana, hay muy poca evidencia que incluso acciones duraderas realizadas por las FOE acaben en victorias estratégicas o mejoras en los resultados de la seguridad nacional. Aun así, a pesar de esas realidades de las ‘botas sobre el terreno’, las fuerzas estadounidenses de operaciones especiales y sus misiones no hacen otra cosa que crecer.

“Estamos... agradecidos por el apoyo del Congreso por la necesaria provisión de recursos que, a su vez, ha resultado en un SOCOM relevante ante todas las amenazas actuales y futuras que enfrenta la nación”, le dijo Thomas en mayo a la comisión Servicios Armados del Senado. Ciertamente, la provisión de recursos ha estado siempre disponible.

 El presupuesto anual del SOCOM ha saltado de los 3.000 millones de 2001 a más de 10.000 millones en este momento. Sin embargo, la supervisión ha fallado seriamente. Ningún miembro de las comisiones de Servicios Armados de la Cámara de Representantes o del Senado ha preguntado por qué, después de más de 15 años de guerra, la victoria en “las luchas actuales” ha resultado tan esquiva.

 Ninguna de ellos ha sugerido que ese “apoyo” del Congreso deba se reconsiderado teniendo en cuenta los contratiempos habidos tanto en Afganistán como en Iraq, tanto en Colombia como en la República Centroafricana, tanto en Yemen como en el sur de Filipinas.

Según se informó, en los últimos y decaídos días de la administración George W. Bush, las FOE estaban desplegadas en 60 países de todo el mundo. En 2011, con el presidente Barack Obama, ese número se infló hasta llegar a los 120. Durante el primer años y medio de la administración Trump, los grupos comando estadounidenses ya están en 137 países, con soldados de elite enredados en conflictos que van desde África hasta Asia.

 “Muchas de las unidades de FOE se emplean en el límite de su capacidad”, les dijo Thomas a los miembros de la comisión de Servicios Armados de la Cámara de Representantes el pasado mayo. De hecho, durante cierto tiempo, algunos integrantes de esas fuerzas –aún en el servicio activo o ya retirados– han estado haciendo sonar la alarma sobre el nivel de tensión que viven las FOE.

Sin embargo, ese nivel de despliegue de las fuerzas y la falta de resultados estratégicamente significativos no han hecho que Washington se formule preguntas fundamentales sobre la forma en que Estados Unidos emplea a sus fuerzas de elite, mucho menos aún sobre la raison d’être del SOCOM. 

“La nuestra es una fuerza de grupos comando en guerra y continuaremos siéndolo en el futuro inmediato”, explicó Thomas, del SOCOM, la comisión de Servicios Armados del Senado. Ninguno de sus miembros preguntó para qué ni con qué finalidad."             (Nick Turse , TomDispatch, en Rebelión, 06/07/17)

25/5/17

Hacia un pensamiento islámico decolonial

"En una mañana de julio en Madrid me encontraba disfrutando de una ponencia del profesor Enrique Dussel y en medio del receso tuve la oportunidad de encontrarme con Sirin Adlbi Sibai a quien había conocido anteriormente por su conferencia “Mas allá del feminismo islámico: hacia un pensamiento islámico decolonial”, la cual, despertó un gran interés en mi por leer y conocer más sobre su trabajo. 

En sus artículos “Colonialidad, feminismo e Islam” y “Hacia un pensamiento islámico decolonial” Sirin hace un análisis crítico de las bases que sostienen las mayores desigualdades y discriminaciones en el sistema-mundo en el que vivimos hoy y cómo dichas bases se han constituido y han afectado de manera radical a la humanidad; pero sobre todo, cómo el mundo moderno occidentalocéntrico ha afectado a la vida de lxs humanxs (y también la de lxs no humanxs) tanto dentro y fuera de los territorios colonizados. 

Por todo ello, le manifesté a Sirin mi deseo de entrevistarle para que nos explicase cuestiones que se encuentran en el debate público como lo es el feminismo islámico, la islamofobia y el hiyab de la mujer musulmana, además de que nos cuente un poco de su perspectiva sobre la situación de lxs desplazadxs por la guerra en Siria y la penosa actitud de los gobiernos europeos ante esta situación.

Aprovecho este espacio de la entrevista para celebrar y dar a conocer su nuevo libro “La cárcel del feminismo. Hacia un pensamiento Islámico decolonial” donde “plantea una crítica profunda a los fundamentos epistemológicos de los discursos sobre mujeres, feminismo e Islam, a la vez que tantea la urgencia de un pensamiento islámico decolonial como la respuesta y solución posible a la crisis del pensamiento arabo-islámico contemporáneo. Inspirándose principalmente en el pensamiento decolonial latinoamericano, en los llamados feminismos de la Tercera Ola y en el pensamiento islámico del filósofo marroquí Taha Abderrahman.” [1]

Sirin Adlbi Sibai es una pensadora musulmana decolonial. Arabista y politóloga por de-formación. Doctora en Estudios Internacionales Mediterráneos por la Universidad Autónoma de Madrid. Miembro del equipo docente del International Summer School of Critical Islamic Thought de Granada y del equipo de investigación del TEIM-UAM. 

Entre 2008 y 2012 fue investigadora FPI en el Departamento de Estudios Árabes de la UAM. Así como fue investigadora visitante en la SOAS de la Universidad de Londres en 2008 y en la Universidad de Hassan II de Casablanca en 2010. Es autora del ensayo: “La cárcel del feminismo. Hacia un pensamiento islámico decolonial” publicado en Akal, así como de numerosos artículos sobre feminismo, colonialidad, islamofobia y revoluciones árabes. 

También ha sido, entre 2010 y 2013, colaboradora habitual como analista política en varios medios españoles como R5, Cope, El País o El Mundo. Activista sirio-española opositora al régimen de los Asad y madre de dos hijos. En 2011 fue elegida como uno de los 100 personajes más influyentes del mundo iberoamericano por El País.

 Me gustaría iniciar la entrevista pidiéndote que nos dieras una breve explicación de qué es el decolonialismo epistémico, para que nos cuentes ¿porqué partes desde estos fundamentos en tus estudios y cual es la importancia, en la actualidad, de promover un conocimiento decolonial? y ¿qué es la violencia epistémica y cómo se ejerce?

Para comprender qué es la decolonialidad epistémica, tenemos que entender, reconocer y concienciarnos primero de la existencia y práctica estructural, sistémica y sistemática de la violencia colonial epistémica y epistemológica desde hace más de 500 años aproximadamente y hasta la actualidad. También, entender cuáles han sido sus dispositivos de funcionamiento y analizar, visibilizar y denunciar los epistemicidios y los extractivismos epistemológicos que ha generado y sigue haciéndolo.

La colonialidad es el aparato de poder que se refiere a cómo las jerarquías globales (laborales, epistémicas, lingüísticas, espirituales, etno-raciales, sexuales, culturales, etc.) se imbrican entre sí y se articulan en torno al mercado capitalista global, a la idea de raza y al sistema de sexo-género y constituye el reverso de la modernidad occidentalocéntrica. No hay modernidad sin colonialidad.

La modernidad occidentalocéntrica se funda y genera entorno a una matriz dualista-negacionista: YO-EL OTRO, dibujada sobre la línea de lo humano: SER-NO SER. Algo que ya dijo Fanon y desarrollan Grosfoguel y Boaventura, caracterizándolo éste último como el pensamiento abismal.

En contra del mito occidentalocéntrico de una modernidad lineal y auto-instituida (Dussel) que sostiene que la modernidad empieza en una punta de Europa y acaba en la otra: Grecia y Roma hasta llegar a la Revolución Industrial y la Ilustración,  la modernidad occidentalocéntrica comienza en 1492, que es cuando Europa se convierte por primera vez verdaderamente en “centro” del mundo con el control de las rutas de comercio internacional y tiene lugar el despliegue del sistema-mundo moderno/colonial.

Lo que sucede entonces es que una experiencia local y concreta se violenta como imposición universal válida para todo tiempo y lugar y como medida de todo. Ahí podemos empezar a hablar ya del surgimiento del privilegio epistemológico y el epistemicidio. 

Cuando Europa destruye a las otras civilizaciones y se apropia de todas sus riquezas materiales, culturales, epistemológicas, filosóficas, etc., las interioriza e integra en su proyecto moderno-colonizador-civilizador y usurpa el lugar de un universalismo abstracto invisibilizando y deshumanizando el resto de la existencia y todos los ejercicios de violencia, genocidio, expropiación y apropiación que debe hacer para ubicarse ahí donde lo ha hecho.

Como afirma Grosfoguel, los europeos practicaron racismo/sexismo epistemológico a través de los cuatro genocidios del siglo XVI: genocidio y epistemicidio contra judíos y musulmanes en Al-Ándalus; indígenas y africanos en las Américas; y contra las millones de mujeres en Europa que fueron quemadas vivas en la misma época acusadas de brujería. 

Todo esto articuló un proyecto que colocó al hombre europeo como centro epistémico privilegiado del mundo y, de este modo, el Dios cristiano ya no fue necesario porque ahora el nuevo dios en la tierra era el hombre occidental. De allí que el proyecto cartesiano se convierta en un proyecto imperial, ya que ese “Yo” del “Yo pienso, luego existo” —fundamento de las nuevas ciencias modernas/coloniales— será un hombre occidental. 

Como dice Grosfoguel, el racismo religioso se transmutó en racismo científico en el siglo XIX. Europa se apropió de los conocimientos científicos de otras civilizaciones dejando de lado a la espiritualidad y a la ética y por lo tanto perdiendo cualquier tipo de límite, se puede industrializar por igual la producción agrícola que la matanza de personas.

 Estamos ante el proyecto de secularización occidental donde el hombre occidental se erige como la nueva fuente epistémica de conocimiento y, desde allí, va a desdeñar todos los otros conocimientos del mundo, todo el conocimiento y todas las otras espiritualidades tachándolas de inferiores ante la razón científica del hombre occidental.

Esto es lo que explica por qué, incluso la filosofía y la teología occidentales, epistemológicamente marginados por el pensamiento científico moderno, tendrán también pretensión de universalidad (Boaventura). Y tenemos entonces como consecuencia de ello la producción de lo que yo llamo “la colonialidad de la religión” que va a suponer una de las formas de violencia epistémico-filosófico-espiritual-existencial más brutales.

En tanto que la modernidad occidentalocéntrica se auto-comprende y proyecta como un modelo objetivo, desubicado, deslocalizado, des-historizado, universal e ideal para ser alcanzado por todas las culturas y civilizaciones del mundo según los marcos impuestos por Occidente, en ese ejercicio se van a producir varios movimientos. 

En primer lugar, la epistemología occidental pretendidamente universal marcará una diferencia epistemológica con todas las demás formas epistemológicas y prácticas sociales de conocimiento, que entonces serán despreciadas, inferiorizadas o suprimidas en tanto saberes inferiores e inútiles. 

En esto consistió el epistemicidio según Boaventura: en la supresión de los conocimientos locales por parte de un conocimiento alienígena que bajo el pretexto de la misión civilizadora intentó homogeneizar la diversidad social, política, cultural, epistemológica y lingüística del mundo invisibilizando y silenciando su carácter intrínsecamente plural y heterogéneo.

Las culturas, saberes y epistemologías que sobrevivieron fueron sometidos a la norma epistemológica dominante, definiéndose y auto-definiéndose también, como saberes locales, concretos, contextuales, apenas utilizables como objetos de estudio científicos o como instrumentos de gobierno indirecto para implantar la ilusión de un autogobierno en los pueblos indígenas.

 En segundo lugar, la designación de los saberes no occidentales como “tradicionales”, los ubicaba y los ubica hasta el día de hoy, como residuos de un pasado sin futuro, siendo éste propiedad exclusiva de Occidente y estableciéndose por lo tanto la imposibilidad fáctica de acceso por parte de cualquier otra forma cultural, civilizacional, social, política, lingüística o epistemológica, ni al presente, ni al futuro. 

Condenando, por lo tanto, a todos “los otros” al silencio y a la invisibilización a través de la imposición de un único camino de acceso a los mismos a través de los marcos modernos occidentales, lo cual supone un ejercicio perverso de múltiple anulación y auto-anulación que únicamente perpetúa un monólogo occidental y occidentalocéntrico infinito, que podemos identificar, no sólo como la colonialidad del saber, sino también como otra forma enredada con ella que es la de una colonialidad espacio-temporal.

Todo esto dibuja, en cierto modo, algunos de los aspectos de lo que yo denomino en mi trabajo la cárcel epistemológico-existencial y espacio-temporal del sistema-mundo moderno/colonial que va a marcar al mundo quién puede hablar, cómo se puede hablar y desde dónde se puede hablar.

Después de esta muy “breve” introducción es posible intuir cómo los principales conceptos que utilizan las ciencias sociales están impregnados de colonialidad y de violencia epistémica, lo que trunca mediante un macabro ejercicio todas las posibilidades de “pensar”, “hablar” o “ser” de los sujetos colonizados/racializados ubicándolos y re-ubicándolos indefinidamente en el NO SER…en una irracional racionalidad de violencia y aniquilación.

 De ahí la necesidad ineludible y la urgencia de la descolonización epistemológica, de revisar todos los términos, los conceptos, el uso que hacemos de-con ellos y su trasfondo y cuestionarnos nuestros puntos referenciales de partida, todas y cada una de las categorías que utilizamos. 

De otro modo, estaremos participando en la reproducción indefinida de la producción de saber y (des)conocimiento colonial con todas las consecuencias, materiales en última instancia, de subalternización y aniquilación de dos terceras partes de la Humanidad.

Ahora con la oleada de migración de personas sirias, también de países africanos por culpa de los conflictos armados y en medio de la palpable exhibición del racismo de Europa desde su propio seno (la militarización de las fronteras, el trato de la información por parte de los medios de comunicación, las políticas que están tomando para dificultar aún más la entrada a la Unión Europea, el trato inhumano a familias enteras por el solo hecho de no ser europeos, etc.) ¿Cuál es tu perspectiva de todo este panorama cómo mujer proveniente de Siria y como investigadora que ha trabajado la decolonialidad por varios años desde dentro y fuera de Europa?

Europa está siendo congruente consigo misma, con su verdadero rostro, que es el de la colonialidad. Caen todos los velos, en lo que podríamos identificar como un posible inicio del fin del sistema-mundo moderno-colonial, y en este contexto aparece Europa en toda la crudeza de su desnudez, el del más violento racismo, colonialismo, sexismo, fascismo y clasismo. 

Al igual que aparece Trump en Estados Unidos. Todo esto pueden ser señales identificables como la entrada del sistema en sus últimas fases, la decadencia que empuja a la exhibición radical.

Hemos visto cómo los discursos racistas e islamófobos han precedido y justificado la implementación de las políticas y las leyes que violan el derecho internacional, lógico en la ilógica de la racionalidad irracional de la ubicación en el “no ser” de los sujetos/objetos colonizados-racializados. 

Las sociedades europeas por su parte, toleran y apoyan las decisiones políticas y leyes de sus líderes tras haber sido sometidos a campañas mediáticas intensivas de deshumanización, inferiorización y criminalización de los migrantes que son representados como alteridad radical, como amenaza y como enemigo potencialmente peligroso de “los valores occidentales de la igualdad, la tolerancia y la democracia”.

Lo que hoy estamos viviendo en Siria, que es la mayor catástrofe y genocidio de los últimos siglos, es consecuencia directa del colonialismo y la colonialidad, que ha mantenido en el poder en los países árabes a mafias corruptas que sirven a los intereses de las principales potencias. 

Occidente se ha aliado con Rusia (ese héroe de la izquierda marxista-leninista racista y colonial que no duda en apoyar el genocidio de todo el pueblo sirio en nombre de un anti-imperialismo trasnochado) para mantener en el poder al clan de los Asad y no permitir la democratización de Siria que tendría la consecuencia necesaria de la disposición y autodeterminación de los sirios sobre sus bienes y riquezas. 

Las personas que están muriendo en las fronteras de la Europa enferma, huían de la muerte de las bombas asadíes-ruso-iraníes-occidentales. No nos han dejado vivir en nuestros países con dignidad, libertad y justicia, han desplazado masivamente a la población para seguir implementando sus agendas de saqueo. 

Nadie querría ir a Europa y abandonar su hogar si puede seguir viviendo dignamente en él, sólo huyen de la muerte para volvérsela a encontrar de frente. Parece que nuestro único destino como infrahumanos es el camino de la muerte y de la aniquilación, en todas su formas. Pero como decía Cesaire, en esta política está inscrita la pérdida de Europa misma, que si no toma precauciones, perecerá por el vacío que creó alrededor de ella.

Siguiendo con el tema del racismo y colonialidad pero enfocándonos más en el mundo árabe; se habla constantemente en los medios de comunicación sobre islamofobia como la discriminación a las personas que practican el Islam, nos podrías contar  ¿qué es el Islam? y ¿cómo nace la islamofobia en occidente?

Yo defino el Islam como una forma de ser, estar, saber, conocer, sentir y relacionarse en/con la existencia, con la realidad y la naturaleza. El Islam no es una “religión”, este es un concepto cristianocéntrico y occidentalocéntrico que ha sido empleado para la colonización del resto del mundo y de todas las formas plurales de existencia/conocimiento en el mundo. 

El Islam es una ética y praxis de la más absoluta liberación de todas las formas de esclavitud: el egoísmo, el materialismo, el exhibicionismo, las apariencias, el consumismo. Es un orden de valores y es, como diría Abdelmumin Aya, una vuelta a la fitra, naturaleza original y es asumir la deuda que tenemos con la realidad, con la existencia y con todas sus cosas y sus criaturas. El Islam es compasión, humildad, generosidad. 

Es como dice el filósofo musulmán Taha Abderrahman, una epistemología del Ethos. El componente ético es estructural y transversal y dota de todo sentido y forma al Islam. Asímismo el Islam no es un conjunto de dogmas y doctrinas. En el Islam no hay ninguno de estos dos, sino que es sobre todo una experiencia. No se cree en el Islam, el Islam se experimenta, se vive y se siente y ésas formas, por la naturaleza misma de los seres humanos y de las sociedades, son plurales, multiformes y heterogéneas y es que el Islam es así. 

Los más de 1600 millones de musulmanes  que hay en el mundo, no practican un solo Islam. Pertenecen a todo tipo de culturas y hablan todo tipo de idiomas y por consiguiente tienen también formas muy dispares de experimentar y comprender el Islam.

La islamofobia es un aparato de poder colonial que hunde sus raíces en el despliegue del sistema-mundo moderno-colonial. Es un dispositivo que específicamente se ocupa de la subhumanización, epistemicidio y aniquilación del Islam y los musulmanes, mediante marcos discursivos y conceptuales que han ido transformándose en las diferentes coyunturas históricas y que en la actualidad se entreteje entorno a los discursos coloniales del desarrollo/el feminismo/el terrorismo/la democratización/la liberalización, etc. 

Desde aquí se ve ya que trabajo con una concepción alejada del clásico que sostiene muy limitadamente que es una forma de racismo entendido como “el odio al Islam y a los musulmanes”.

Además la islamofobia, como dispositivo de poder colonial, es triplemente generizada: en el sentido de quién la genera: las instituciones del sistema-mundo moderno/colonial, cómo se genera (a través de qué): del objeto colonial “mujer musulmana con hiyab”;  y sobre quién tiene mayor incidencia: las mujeres musulmanas. 

De este modo estoy planteando una comprensión de la islamofobia que difiere de la sostenida por Yasmine Zine que habla de un tipo específico de islamofobia que ella denomina como “islamofobia de género”. En mi concepción, la generización no se da en una tipología específica derivada de la islamofobia, sino que atraviesa, estructura, sistematiza y racionaliza todo el aparato de la islamofobia. Es decir, que no hay islamofobia sin género. 

Esta diferencia es crucial a la hora de concienciarnos, comprender y analizar la fundación-funcionamiento del dispositivo colonial islamófobo y por lo tanto, incide determinantemente en la transformación de los diseños de las resistencias/luchas contra la islamofobia/colonialidad.

Situándonos en tu trabajo de investigación; sobre la mujer en concreto describes en tus artículos que “la mujer musulmana con hiyab es un argumento islamofóbico que favorece el discurso liberal occidental” ¿podrías explicarnos este argumento?

Cuando en la respuesta anterior hablo de la triple generización de la islamofobia, me refiero a un tipo de producción de la misma basada en discursos (como dispositivos coloniales: un poco de Agamben y mucho de colonialidad/modernidad), “la mujer musulmana con hiyab oprimida, subyugada, analfabeta, sumisa” no representa a ningún sujeto real, de hecho, “la mujer musulmana con hiyab” mismamente, así en singular y sin el resto de adjetivos, también es una categoría sumamente problemática. 

Entonces esa “mujer musulmana con hiyab” es lo que yo denomino un objeto colonial sexuado y feminizado, prototipo supremo de la mujer del Tercer Mundo de la que hablaba Mohanty, un objeto de intervención y clasificación, a través del cual se han colonizado y se sigue colonizando la civilización arabo-islámica: las sociedades y los individuos árabo-musulmanes, sus culturas, sus sociedades, su cosmovisión y todo lo que son.

 La producción de “la mujer musulmana con hiyab oprimida” se trata del pilar fundamental que va a estructurar todo el edificio islamófobo en sus diferentes vertientes y formas.

 En occidente se considera el hiyab como una institución simbólica del patriarcado árabe, sin embargo las feministas decoloniales lo niegan. ¿Porqué?

Occidente que se ha autoerigido en portavoz de la humanidad, se ha adueñado de todos los términos y los conceptos, practicando sus violencias y sustracciones epistemológicas. Ha robado la voz de las y los colonizados y el derecho de éstos a desarrollar sus propias formas de ver y entender el mundo. 

En este contexto, el hiyab es relacionado por parte del colonizador occidental con opresión, sumisión, subyugación o cuanto menos, tradicionalismo, subdesarrollo y retraso, silenciando e invisibilizándonos por completo a las mujeres musulmanas que lo vestimos como ejercicio de nuestro pleno derecho a expresarnos del modo y la forma en el que nosotras queramos hacerlo. 

El colonizador occidental también pretende hacer de policía y salvaguarda de unos derechos y unas libertades que es quien en primera instancia priva al resto de la humanidad de ellos. Ejercemos nuestro pleno derecho a vestir como nosotras consideramos más adecuado, según nuestros valores y nuestra cosmovisión y nos vemos acosadas sistemáticamente por un sistema que pretende mediante la manipulación de los conceptos que demos explicaciones continuas sobre todo lo que hacemos y dejamos de hacer, cómo vestimos, cómo vivimos y casi cómo respiramos. 

Pero claro que esta práctica de regulación sobre los cuerpos y las vidas de las mujeres no se limita sólo a las mujeres musulmanas, sino a las mujeres en todo el mundo, ya que el sistema es intrínsecamente patriarcal.

 Solo que las mujeres no occidentales, sufren violencias mucho más complejas, puesto que se hayan intersectadas por la más destructiva y brutal estructura de poder que es la de la colonialidad que Occidente practica contra ellas, reforzando de una manera sistemática los patriarcados y otras estructuras de poder locales que afectan a las vidas de las otras mujeres no occidentales.

Los patriarcados locales que en las sociedades musulmanas se apropian igualmente del Verbo, de su interpretación y de su puesta en práctica, forzando a las mujeres musulmanas a vestir en ocasiones y en otras a dejar de vestir el hiyab, son reforzados por el patriarcado occidental sobre el Islam. En medio estamos nosotras, las mujeres musulmanas que luchamos por rescatar al Islam de manos de unos y otros para vivirlo en plenitud, lejos de imposiciones y violencias.

El problema principal respecto a los significados secuestrados del hiyab es que tanto Occidente como algunos sectores patriarcales islámicos obsesionados ambos con los cuerpos de las mujeres y la regulación sobre ellos, han colonizado y limitado, reduciendo hasta el absurdo la ética global islámica extremadamente sofisticada respecto a los cuerpos de los hombres y las mujeres en general, pero más aún, el hiyab se está utilizando de modo que llegue a constituir un verdadero “velo” respecto al significado y el sentido global de todo el Islam, que es en primer lugar, como ya he dicho, una epistemología ética de liberación.

Ante esto, hay una corriente mayoritaria de mujeres musulmanas (al contrario de la imagen que los medios promueven y promocionan) que deciden llevar el hiyab y lo hacen desde una plena conciencia de su práctica espiritual transgresora y liberadora, frente a todos aquellos que pretenden imponerles tanto sus visiones deformes de una modernidad colonial como sus interpretaciones tergiversadas del Islam.

Debido a las diferentes formas de discriminación y violencia hacia la mujer árabe, ya no solo desde los prejuicios coloniales occidentales sino desde las propias estructuras patriarcales del mundo árabe, se ha generado una corriente teórica y activista que reivindica los derechos de la mujer, denominándose así misma como feminismo Islámico, ¿cómo se complementa el feminismo con el islam y cuáles son sus principales demandas? Y ¿de qué manera se articulan el feminismo, la modernidad y el islam dentro de las prácticas del feminismo islámico?

Bueno, primero habría que aclarar, que las feministas islámicas más destacadas, no son árabes. Aunque sí musulmanas de EEUU, Malasia, Indonesia, Irán o India, entre otros. También me gustaría subrayar (algo sobre lo que espero haber podido arrojar algo de luz en las respuestas anteriores) que no estamos hablando de simples “prejuicios coloniales” sino de estructuras de poder muy profundas institucionales e institucionalizadas.

El término “feminismo islámico”, tal y como se ha empleado por parte de las académicas y los medios de comunicación encierra no poca confusión y se mezclan y confunden a menudo los feminismos árabes con los autodenominados feminismos islámicos  o con cualquier movimiento femenino que surja en los países árabes y/o musulmanes. 

Lo cierto es que hay una gran diversidad de movimientos y discursos que son sumamente heterogéneos y que pueden ser incluso contradictorios.

Si nos referimos a los feminismos islámicos como aquellos que primero se autodenominan a sí mismos como tal y que segundo basan su activismo feminista en el Corán, el hadiz (hechos y dichos del Profeta Muhammad, sAaws) y la sunna (biografía del Profeta) y que también presentan lecturas muy diversas según a quién estemos escuchando y según el contexto sociopolítico en el que se elabora dicho discurso, podemos sin embargo, afirmar que efectivamente guardan una base compartida: la de sostener la existencia en el Corán y por tanto en el Islam, de una matriz igualitaria desde la que partir para construir políticas y praxis de liberación de las mujeres musulmanas. 

Su trabajo, por lo tanto se centra en hacer una revisión de los textos que refuta cualquier discurso misógino, machista y patriarcal que pretenda justificarse en una base islámica, que en todo caso, solo podría hacerse desde la tergiversación de las interpretaciones de los textos islámicos y la historia de la vida y el ejemplo del Profeta Muhammad (sAaws).

Dicho esto, personalmente no opto por expresarme como “feminista islámica”, como lo hacen otras compañeras mías a las que respeto y admiro. Yo sin embargo, lo hago como “pensadora musulmana decolonial”, y en mi libro La cárcel del feminismo… trato de sostener el por qué.

 En el mismo, desde la decolonialidad, problematizo los discursos sobre feminismo e Islam y muestro las diversas violencias epistémicas que se enredan en los modos muy particulares de construir estos discursos. Digamos que trato de llevar hasta la última de sus consecuencias la descolonización epistemológica, terminológica y conceptual.

 Una de mis hipótesis principales es que la producción de los discursos sobre feminismo e Islam, hoy en día, en términos generales e incluida la de los propios discursos de las mujeres musulmanas, aún no han podido trascender la normativa liberal y se hayan encerrados en la cárcel epistemológico-existencial y espacio-temporal. 

Necesitamos una revolución decolonial en el seno de los diferentes movimientos de mujeres musulmanas que parta de una consciencia plena del epistemicidio occidentalocéntrico, cristianocéntrico, capitalista, blanco, militar, sexista, patriarcal y sus consecuencias para nuestras vidas y por lo tanto, que repiense todos y cada uno de los términos que escogemos para llevar a cabo el ejercicio de la enunciación como sujetos existentes, conscientes y resilientes.

 Dentro de las distintas hermenéuticas que realizan las feministas islámicas al Corán ¿cómo se analiza la figura de Alá desde una perspectiva de género?

En tu forma de plantear la cuestión hay algunos problemas de partida, en los que mismamente algunas de las compañeras feministas musulmanas han caído. Y esto es por herencia directa de la colonialidad cristianocéntrica. En primer lugar, desde la concepción islámica no podemos hablar de “figura” si nos referimos a Allah, así como tampoco tiene sentido en una lógica islámica aplicar la perspectiva de género (como han hecho algunos trabajos) al estudio de Allah. 

Ya que en el Islam, Allah no es la figura patriarcal del Dios que existe en la Cristiandad. Allah en el Islam no tiene género, ni número, ni tiempo, ni forma alguna concebible por las capacidades humanas. Allah no es un conjunto de dogmas y conocimientos previos en los que se tiene fe, como sucede con la figura de Dios en la Cristiandad. 

Allah en el Islam, no es lo que se entiende por Dios en Occidente y no puede traducirse por Dios (Abdelmumin Aya). Las y los musulmanes no creemos en Dios, sino que experimentamos a Allah como la existencia misma, y entonces fluimos en esa existencia y en Allah. En su búsqueda a través de la praxis de una epistemología eminentemente Ética.

Con todo esto, quiero llamar la atención sobre el peso de la colonialidad occidentalocéntrica y cristianocéntrica sobre el resto de epistemologías del mundo, hasta el punto de haber colonizado nuestra propia capacidad de comprendernos a nosotros mismos y a nuestros referentes, nuestra cultura, nuestras maneras (la de todas y todos los sujetos colonizados en su diversidad invisibilizada) de vivir, de ser y de existir.

Desgraciadamente, las feministas musulmanas que han caído en la trampa de pretender aplicar la perspectiva de género al análisis de Allah no han estado tan alejadas de las formas patriarcales que se imponen en las sociedades árabo-musulmanas, debido, entre otras cosas, a que esas formas patriarcales fueron reforzadas por el patriarcado Occidental sobre el resto del mundo, y en ese ejercicio se envistieron de occidentalocentrismo y cristianocentrismo las formas de opresión patriarcal locales pre-existentes a la colonización.

 Aplicar por lo tanto, la perspectiva de género al análisis de Allah en vez de mostrar todas las implicaciones de una comprensión tal de Allah, acaba convirtiéndose en un doble ejercicio de subalternidad y colonización de la tradición islámica.

En tu artículo Hacia un pensamiento islámico decolonial haces una crítica a las diferentes disciplinas como la antropología, sociología o ciencia política, dado que han servido como “moldes conceptuales” occidentales para legitimar discursos “científicos” que convierten dichos discursos en un “régimen de verdad”. Para lograr un modelo alternativo a la “modernidad eurocéntrica” planteas dos elementos tomados del filósofo Enrique Dussel, que son “pluriversalismo” y “transmodernidad” ¿nos puedes explicar en que consisten y porque funcionan como alternativas al régimen de verdad establecido?

Frente al epistemicidio y a la invisibilización de la heterogeneidad epistémica del mundo, el término “transmodernidad” viene a hacer referencia al diálogo entre una pluralidad de modernidades, puesto que no existe una modernidad, eso es un mito occidentalocéntrico.

 Y esto es algo que también, además de Enrique Dussel, Catherine Walsh o Ramón Grosfoguel y de un modo diferente pero bastante similar ha planteado el brillante filósofo musulmán Taha Abderrahmane. El concepto de “pluriversalismo” confronta también el del Uni-versalismo occidentalocéntrico, el del monólogo ciego y sordo que ha constituido la base de los epistemicidios y genocidios.

Estos conceptos hacen referencia precisamente a la convivencia de la diversidad cultural y a su reconocimiento de igual a igual, entablando a partir de esta premisa básica de igualdad, un intercambio intercultural dialógico enriquecedor, que posibilite el desarrollo de proyectos mutuos transformadores y emancipatorios para la sociedad. 

Como dice Dussel, “no es una afirmación folclórica del pasado, ni un proyecto antimoderno de grupos “conservadores”, tampoco es postmoderno, en el sentido de negación de la Modernidad como crítica a toda Razón, para caer en un irracionalismo nihilista”. Se trata, en definitiva, de un proyecto global liberatorio, emancipatorio, donde la alteridad, la hibridación, que eran co-esenciales a la modernidad, se realicen realmente.

“El especismo es una forma de discriminación, contra quienes no pertenecen a determinada especie.En la mayoría de sociedades humanas se considera completamente normal discriminar a los animales de otras especies. La manera en que esta discriminación ocurre y su gravedad difiere en cada lugar, y determinados animales son tratados peor en algunos lugares que en otros.” (animal-ethics.org) Algunas feministas occidentales señalan que la propia construcción de la masculinidad patriarcal esta basada en el especismo en la misma medida en que lo está en el sexismo. Dado que debemos oponernos a todas las formas de discriminación y desigualdades injustificadas, incluso cuando las afectadas no son humanas, independientemente del lugar que ocupemos en el sistema-mundo ¿consideras que dentro del feminismo islámico hay cabida para incorporar planteamientos antiespecistas?

Dentro del Islam es perfectamente posible desarrollar teorizaciones similares. En la concepción occidental capitalista y patriarcal existe un problema original de planteamiento de “la otredad” y de las formas de relacionarse con todo lo que es construido como otredad. Dentro del Islam no existen los mismos problemas de planteamiento. Las y los musulmanes partimos del concepto del TAWHID: la unicidad y unificación de Allah.

 La unicidad de Allah significa que ya de entrada en nuestra epistemología no existe el dualismo negacionista (Yo-el Otro) de la tradición occidental. La unicidad de Allah es también la unicidad de la Creación de Allah, de la Existencia y en esa existencia todos los seres, humanos y no humanos, las plantas, los animales tienen en el Islam, derechos sobre nosotros.

 Para ponerte un ejemplo, se relatan en varios hadizes que una persona puede alcanzar el janna-Jardín eterno (mal traducido por paraíso) por haber tratado bien y haber sido compasivo con un animal y lo opuesto, por haberle maltratado.

Por último, en la línea del decolonialismo, me pregunto si consideras que el antiespecismo es una propuesta decolonial que deconstruye la opresión de los animales no humanos que se ha sostenido en gran parte por las ciencias y creencias occidentales universalocentricas al justificar la superioridad de los humanos sobre las demás especies.

Enlazando con la respuesta anterior, sí considero que lo pueda ser. Puesto que el antiespecismo está interpelando, cuestionando y replanteando esa cuestión tan grave y fundamental de fondo en la tradición occidental que es de hecho fundacional: la del pensamiento abismal, YO-EL OTRO, SER-NO SER. Y está obligando al pensamiento único a mirarse desnudo al espejo.

Podrías hablarnos de tu nuevo libro La cárcel del feminismo. Hacia un pensamiento islámico decolonial, publicado por la editorial Akal.

El libro recoge un poco varias de las cuestiones que han surgido a lo largo de esta entrevista. Inspirándome en la crítica a la modernidad occidentalocéntrica de la decolonialidad latinoamericana pretendo pensar en la colonialidad tal y como la vivimos nosotros, las y los musulmanes, desde nuestra ubicación en las jerarquías del sistema-mundo. Particularmente me centro en los discursos sobre feminismo e Islam y todas sus implicaciones. 

Pero esto no es fortuito, porque lo que quiero mostrar es que estos discursos y toda la cuestión del feminismo es transversal en la colonización del Islam. Por ello yo hablo de una islamofobia que es triplemente generizada, como ya expliqué antes. En mi libro también me baso en el estudio particular del caso marroquí, al que dedico el penúltimo capítulo. En resumen puede comprenderse como una “introducción” a la construcción de lo que llamo un “pensamiento islámico decolonial”.

[1] Sinopsis, “La cárcel del feminismo. Hacia un pensamiento Islámico decolonial”."

(Entrevista a Sirin Adlbi Sibai , realizada por Diana Carabali, publicada originalmente en El Gorila Rojo