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31/10/22

“Bolsonaro es el primer presidente que ha dado a los evangélicos orgullo y visibilidad”... esa es la cuestión

 "Los evangélicos son el electorado más fiel de Jair Bolsonaro. Fueron clave en la victoria del presidente en 2018 y todo indica que serán su mayor apoyo este domingo 30 de octubre en la segunda vuelta. Lula da Silva ha realizado guiños para seducir a este heterogéneo sector, pero las fake news y el vínculo que mantienen con el mandatario actual, entre otros elementos, le han impedido influir en casi el 70% de cristianos evangélicos que según las encuestas se inclinarán por el presidente ultraderechista en esta contienda electoral. 

Juliano Spyer es antropólogo, presidente del Observatorio Evangélico y escribió el libro Pueblo de Dios: Quiénes son los evangélicos y por qué son importantes (Editorial Geração), donde narra cómo este culto representaba en la década de los setenta a un 5% de la población y hoy agrupa a uno de cada tres brasileños adultos (unos 60 millones de personas). En esta entrevista para CTXT, el especialista cuenta por qué los evangélicos apoyan fuertemente a Bolsonaro y la dificultad de Lula para llegar a este sector, que actualmente domina los principales medios de comunicación y tiene un gran poder político. 

En la primera vuelta se estimaba, según las encuestas, que Bolsonaro había perdido parte del electorado evangélico, pero esto finalmente no sucedió. ¿Por qué considera que el presidente logró mantener ese apoyo de manera tan contundente? 

Bolsonaro fue en mi percepción un político que observó, por primera vez, de una manera muy inteligente la tendencia de crecimiento de la población evangélica en Brasil. No sé si lo hizo conscientemente, o si le llevó la vida ahí, pero estamos hablando de más del 32% de la población de Brasil. Hasta entonces, los evangélicos tenían una posición secundaria en la discusión política. Contaban con muchos diputados y senadores, pero no eran un grupo particularmente bienvenido.

El presidente visita con frecuencia las iglesias evangélicas, por lo menos una vez a la semana entra y participa. Además, está casado con Michelle Bolsonaro, un símbolo inmensamente importante de esta iglesia, y habla del cristianismo evangélico públicamente. Antes de Bolsonaro se les trataba como a un grupo aparte. Ahora, sienten orgullo de ser evangélicos; les dio una visibilidad positiva.  

Bolsonaro también ha contado en su Gobierno con líderes evangélicos y católicos. Lo que hace el presidente es desarrollar una relación de mucha proximidad con estos grupos, especialmente con los pentecostales y neopentecostales, que son los más numerosos, y tienen confesiones distintas a la baptista o la presbiteriana, y también con muchas iglesias privadas, algunas tan importantes como la Iglesia Universal, propiedad de Edir Macedo, con quien Bolsonaro tiene contacto directo. 

¿Qué poder o qué influencia ejercen las iglesias evangélicas sobre sus fieles? 

Creo que tal vez nos cuesta ver el tamaño de la infraestructura que brota de los evangélicos. Trabajé en 2010 en la candidatura de Marina Silva, y fui por todo el país en su campaña. Nunca había entrado en una cancha de fútbol con miles y miles de personas en un culto, era inmenso. En cada barrio de Sao Paulo, en un diámetro de dos kilómetros, hay dos o tres iglesias evangélicas; donde hice mi estudio de campo, cerca de Salvador de Bahía, en la misma distancia hay más de 80 iglesias evangélicas, una católica y nueve de candomblé.

¿Qué medios de comunicación controlan? 

El ejemplo principal es el de la Iglesia Universal, que compró la segunda cadena más grande de televisión de Brasil, que es Récord, la mayor después de Globo. El periódico más leído de Brasil es Folha Universal. Hay modas, hay música también. Por ejemplo, la música góspel es el segundo género más escuchado en Brasil. 

Los más pobres de Brasil votan por Lula. ¿Qué pasa con este sector evangélico? ¿Cómo se explica el apoyo a Bolsonaro? 

Sí, votan por Lula, pero no ocurre lo mismo con los evangélicos más pobres, es lo que se ve en las encuestas. Entre los evangélicos que ganan hasta dos salarios mínimos, el voto estuvo más parejo entre los dos candidatos. Los que ganan entre dos y cinco salarios mínimos son muy favorables a Bolsonaro; aun siendo pobres se identifican o abrazaron la idea de que les representa el presidente. 

El peor problema en relación a los evangélicos es hablarles como si fueran uno. Como venimos del catolicismo tendemos a imaginarlos como un pariente del catolicismo, pero es lo opuesto de muchas maneras. El catolicismo es una Iglesia que tiene una organización jerárquica, el protestantismo es por naturaleza algo híbrido y cambiante, distinto. La idea original es que si no te gusta lo que hay, creas la Iglesia que quieres. 

Además, los pentecostales son muy distintos de las iglesias católicas tradicionales, de clase media con estudios universitarios. Los pentecostales tienen pobres, trabajadores, con escolaridad baja. Hay iglesias grandes como la Universal y hay otras muy pequeñas, que son la mayoría, y además desconocidas. 

¿Por qué a Lula le cuesta tanto erosionar el apoyo de los evangélicos a Bolsonaro? 

Lula tiene prohibido entrar en algunas iglesias; no se trata solo de que el pastor hable a favor de Bolsonaro, que ha trabajado mucho en fortalecer el vínculo, por ejemplo, a través de grupos de WhatsApp. El apoyo a Lula se da muy tímidamente. Los petistas pentecostales viven ahora mismo un infierno porque están muy ligados a su Iglesia, tienen sus negocios ahí, y sus clientes y sus propios hijos se quedan en la iglesia después de la escuela… 

El cantautor brasileño Leonardo Gonçalves lanzó, junto con tres o cuatro popstars evangélicos, una canción que se llama Mesías, el segundo nombre de Bolsonaro; es una canción moderna y claramente anti Bolsonaro, que critica la idolatría al presidente. Leonardo me decía que ya no lo invitan a hacer conciertos, que perdió miles de seguidores en las redes y su argumento no es que esté a favor de Lula sino que va en contra de Bolsonaro. Esto es un claro ejemplo de persecución.  

Si gana Lula, ¿cómo quedará su vínculo con los dueños de las Iglesias como es el caso de Edir Macedo de la Universal? 

Yo creo que Macedo siempre estuvo del lado del que tenía la presidencia. Se tornaron más radicales y ahora no sé si va a cambiar, pero nunca estuvo en la oposición. Siempre estaba al lado de quien estaba en el poder. Con Bolsonaro quizás lo que pasa también, por primera vez, es que Macedo es propietario de la cadena de televisión Record y el Gobierno paga en anuncios publicitarios destinados a sus fieles, usa este dinero así, es decir, que es también financieramente interesante para Macedo…"            (Leticia Martínez , CTXT, 29/10/2022)

5/7/22

¿Se dirige Israel hacia una inevitable guerra civil? El exdirector del Mosad Tamir Pardo señaló que «el estado de Israel ha elegido activar el mecanismo de autodestrucción... El país es rico y próspero, con tecnología punta, agricultura, medicina, etcétera, pero se está desangrando. Pronto va a empezar a trabajar el mecanismo de autoaniquilación, de odio mutuo»

 "Israel se está precipitando por una peligrosa pendiente y que cada día cae a mayor velocidad. La fuerza del nacionalismo y de la religión tal como se aplican en el estado judío está detrás de esta dramática situación. Un gran número de notables israelíes advierten alarmados que si no se da pronto un fuerte golpe al timón, la situación se va a escapar de las manos y el país incluso podría desaparecer

Aunque ya hace tiempo que proliferan las voces que advierten que Israel avanza por el lado equivocado de la historia, esta semana se ha multiplicado la publicación de artículos que muy bien pueden interpretarse como una desesperada llamada de socorro ante la inminencia de un conflicto no pacífico entre los judíos que podría conducir incluso a la desaparición del estado sionista fundado en 1948.

El analista Zvi Barel, que escribe regularmente en las páginas de Haaretz sobre temas de Oriente Próximo, advierte que el desgarramiento del tejido social posee demasiados ingredientes que apuntan hacia una guerra civil, una opinión que no se vierte por primera vez, pero no por ello deja de reflejar el creciente malestar social, político y religioso, malestar que nunca había sido tan grande y que se agrava cada día que pasa.

El estrés proviene en primer lugar de un rampante nacionalismo que durante décadas ha estado sembrando odio, primero contra los palestinos y ahora entre los mismos judíos. Esta corriente que nada ni nadie parece capaz de detener ha ido creando una sociedad todavía más nacionalista y religiosa que se mira el ombligo intensamente y rechaza cualquier compromiso con quienes no piensan como ellos.

Nada indica que la deriva por el precipicio vaya a resolverse desde dentro, pero tampoco desde fuera. Si de verdad quiere salvarse a Israel, la comunidad internacional debería intervenir enérgicamente para poner freno a un nacionalismo que lleva incorporada la semilla de la autodestrucción. Sin embargo, nadie puede esperar que mandatarios como Emmanuel Macron o Joe Biden intervengan antes de que sea demasiado tarde.

En una conferencia pronunciada el miércoles en la ciudad de Netanya, el exdirector del Mosad Tamir Pardo señaló que «el estado de Israel ha elegido activar el mecanismo de autodestrucción». «Por favor, paren antes de que sea demasiado tarde», dijo Pardo. «No hemos aprendido nada. Vivimos en una aldea global y todo se sabe, y todos ven lo que está sucediendo aquí». «El país es rico y próspero, con tecnología punta, agricultura, medicina, etcétera, pero se está desangrando (…). Pronto va a (empezar a) trabajar el mecanismo de autoaniquilación, de odio mutuo».

 Otro articulista de Haaretz, Michael Brizon, señala que dada la situación que vive en Israel, lo más sensato que pueden hacer los judíos es volver a la diáspora, agregando que precisamente la dispersión geográfica ha permitido la supervivencia del pueblo judío durante milenios, algo que Israel no puede garantizar en las circunstancias actuales.

«Soy un judío exiliado y orgulloso. Soy un ciudadano global y no mantengo ninguna conexión con mi lugar de nacimiento. Para mí la ‘tierra’ es solo la suciedad donde se cultiva la comida. Ahí entierran a la gente, no tiene ni un ápice de sagrado y no merece que se derrame por ella ni una gota de sangre», escribe Brizon. «Somos un pueblo sin fuerza, sin tierra, sin ejército, sin templo».

«Y cuando nos hemos convertido en ‘nación’, somos tan terribles, estúpidos, violentos y codiciosos como la mayoría de las naciones del mundo. Estamos a poco tiempo de traernos a nosotros mismos la destrucción y otra vez la diáspora, y solo ahí, en el exilio, recuperaremos el sentido perdido y volveremos a la realidad de pueblo vivo». «Estamos bien siendo una minoría, incluso nos conviene un poco de opresión que nos haga sacar lo mejor de nosotros».

A continuación escribe que el estado de Israel es en realidad una continuación del Holocausto y está padeciendo la virulencia de fanáticos no menos peligrosos que en otros tiempos del pasado, como los sicarios, los seguidores del rabino Akiva o los «estúpidos discípulos de Bar Kojba», quien se rebeló contra los romanos y trajo la perdición a los judíos.

«Lo único que puede hacerse es admitir que el sionismo fue un error inocente y volver al exilio para recuperar nuestra fuerza y renovar nuestros valores», explica el articulista de ‘Haaretz’

«Así nos hemos convertido en una ‘nación’ pequeña, arrogante, violenta y mala». «Ya no hay escapatoria de este desastre. Setenta y cinco años de racismo y violencia han corrompido al electorado israelí y ya no se elegirá un gobierno saludable, por lo tanto lo único que puede hacerse es admitir que el sionismo fue un error inocente y volver al exilio para recuperar nuestra fuerza y renovar nuestros valores».

 Otro artículo no menos demoledor y que tampoco prescinde de resonancias bíblicas lo publicó hace algunas semanas el exprimer ministro laborista Ehud Barak, quien se refirió a un escenario existencial dramático. Varios comentaristas, incluido Barak, han recordado que la octava década del estado judío, en la que ahora estamos, tiene antecedentes maléficos.

Según el razonamiento de estos comentaristas, incluido Barak en el diario Yediot Ahronot, en los últimos tres mil años el pueblo judío ha gobernado Palestina en solo dos ocasiones, durante el reinado de la mítica dinastía de David y Salomón, y durante el periodo macabeo, y en ambos casos la octava década representó el final de los reinados. De ahí que recuerden que ahora nos encontramos en la octava década del estado de Israel.

En los dos casos precedentes, destaca Barak, el final de los reinados lo causaron las disensiones internas entre los judíos, una situación que se está repitiendo en la octava década en que nos encontramos. «El proyecto sionista es nuestro tercer intento en la historia (…) Hemos alcanzado la octava década y estamos obsesionados con ignorar las advertencias del Talmud, precipitando (nuestro) final y permitiéndonos un odio libre».

Otro periodista y escritor, Avi Shavit, no tiene más remedio que admitir el gran deterioro que está experimentando el estado judío. «En los últimos años todos nos hemos dado cuenta de que algo ha ido mal. Aunque Israel es una singular historia de éxito, está herido, maltrecho y desangrándose. Ha perdido la orientación y ha perdido el compás».

 Todas las citas mencionadas corresponden a solo una pequeña parte de periodistas, historiadores y políticos que estos días están escribiendo sobre la cuestión y auguran un negro futuro a Israel. Si el estado judío no se desprende del nacionalismo y la religión tal como la está aplicando, es muy probable que más pronto que tarde alcance su ruina.

(Eugenio García Gascón, Corresponsal del diario español Público en Israel. Ha trabajado casi ininterrumpidamente en Jerusalén desde 1991, Other news, 06/06/22)

5/5/22

El vínculo entre evangelismo y política y racismo

 "La doctora en Ciencias Sociales Brenda Carranza vive hace décadas en Brasil y ha dedicado gran parte de su vida académica al estudio de la religión, el fundamentalismo cristiano y su relación con la política. Es profesora e investigadora del Departamento de Antropología Social de la Universidad Estadual de Campinas y coordinadora del Laboratorio de Antropología de la Religión de esa casa de estudios. En diálogo con Brecha, describe el proceso histórico de avance neopentecostal en la vida pública brasileña.

Marcelo Aguilar.- ¿Cómo surge el pentecostalismo y cómo llega a Brasil?

Brenda Carranza.- Para comprender el pentecostalismo en Brasil, primero hay que entender que es parte de un fenómeno internacional, que nace en Estados Unidos dentro del protestantismo, con una fuerte apelación a la piedad y la devoción. Al final del siglo XIX, a esa inquietud por la piedad se le agrega la inquietud misionera, de llevar el fervor religioso a todas partes del mundo y renovar desde dentro a los protestantes. Cuando hablamos de pentecostalismo como un movimiento religioso que tiene como base el carisma –que busca vivir los dones del Espíritu Santo, como hablar en lenguas, sanar dolencias y hacer profecías según las imágenes bíblicas originales–, hablamos de algo que surge en el siglo XIX y comienzos del XX, principalmente en comunidades étnicas segregadas de Estados Unidos. En el oeste del país, tiene una importante influencia negra. Allí comienza un movimiento de expansión, un fuerte impulso de anuncio a todas las naciones, con la idea de ir por todo el mundo, afirmando la experiencia religiosa pentecostal.

Esto llega a Brasil en 1910, se instala en el norte y poco a poco se expande por todo el país, con núcleos muy fuertes en el sudeste y el sur. Una idea que puede ayudar a entender este fenómeno religioso espiritual, que después va tomando formas políticas, es que en sus orígenes pretende lograr una renovación espiritual. Cuando se afirma como movimiento, apunta a renovar el cristianismo y cambiar las costumbres y la manera en que las personas se identifican. En los comienzos hay una clara influencia anticatólica, iconoclasta, en la que el protestantismo se va afirmando en oposición a la Iglesia católica, lo que en el pentecostalismo brasileño permea los tres primeros tercios del siglo XX, hasta 1980, más o menos. Por entonces, los pentecostales se vuelven fácilmente identificables por el público brasileño. Andan con la Biblia debajo del brazo, promueven una moral firme, buscan todo el tiempo convertir a otros y –algo fundamental– promueven una teología apolítica, sin ningún tipo de relación con la política partidaria.

Marcelo Aguilar.- Paradójicamente, hoy ocupan vastos espacios políticos del país. ¿Hubo un cambio en la doctrina?

Brenda Carranza.- A lo largo de todo el siglo XX, el pentecostalismo acompaña los cambios sociales que se dan en el mundo. En las décadas del 60 y el 70 se dan cambios muy fuertes en Estados Unidos. Avanzan el movimiento por los derechos civiles, el antirracismo y el feminismo, lo que le da a la época una exuberancia contracultural. Los sectores evangélicos conservadores ven por entonces un declive en la participación religiosa de los fieles y empiezan a leer la contracultura como un peligro para la nación protestante y blanca. Frente a esto, surge la llamada teología del dominio o dominionismo, que tiene dos hermanas, la teología de la prosperidad y la teología de la batalla espiritual.

Para la teología del dominio, los cristianos deben salir del apoliticismo y ocupar activamente espacios políticos, porque si no lo hacen, la contracultura, el comunismo y todo lo que atenta contra la religión se asentará en el poder. Al mismo tiempo, junto con el avance de la sociedad de consumo y los medios de comunicación, va surgiendo la teología de la prosperidad: no es tan malo usufructuar el consumo; las costumbres no pueden ser tan rígidas en lo económico y lo comercial; si Dios nos da la posibilidad de vivir bien, ¿por qué no hacerlo? Por otro lado, la idea de batalla espiritual trae a estas concepciones otro componente: los creyentes deben confrontar y perseguir a todos los que están contra la religión, a todos los que puedan representar una amenaza para los principios cristianos. Estas teologías, que nacen en los setenta y los ochenta, se implantan naturalmente en la derecha estadounidense y sus referentes comienzan a ser rápidamente arropados por el Partido Republicano. De allí vienen misioneros a América Latina, con la idea de que el pentecostalismo local debe ocupar espacios en la política, porque, de alguna manera, creen ellos, el cristianismo está en peligro.

Marcelo Aguilar.- En un artículo publicado en el libro Novo ativismo político no Brasil: os evangélicos do século XXI, usted afirma que en Brasil el clima de tensión social ha contribuido a consolidar un nuevo actor político: el evangélico-pentecostal, alineado con la derecha brasileña, lo que ha propiciado una nueva relación entre religión y política. ¿De qué se trata esta nueva relación?

Brenda Carranza.- Poco a poco, en las últimas décadas, comienza a trabajarse la posibilidad de que los cristianos pentecostales ocupen espacios políticos como tales. En 1977 se funda en Brasil la Iglesia Universal del Reino de Dios, cuyo obispo, Edir Macedo, se nutre tanto de la teología de la prosperidad como de la idea de batalla espiritual. Macedo elige dos enemigos: las religiones afrobrasileñas y todos los políticos que no le permiten acceder al poder. Es entonces que la teología del dominio se instala con fuerza en el país a través de una nueva corriente, llamada neopentecostalismo, fuertemente dedicada a evangelizar a través de los medios de comunicación, a ocupar espacios político-partidarios y a dar desde allí la batalla espiritual, dentro de un marco en el que todo lo que sea minoría es visto como un enemigo.

En 2002, cuando la elección en la que gana por primera vez [Luiz Inácio] Lula da Silva, ya existe una consolidación de 20 años de los grupos religiosos pentecostales en la política, grupos que se han tornado claves para las disputas electorales. Por entonces ya tienen un gran know how de cómo ganar una elección, por lo que consiguen muchas bancas en el Congreso, estadual, municipal y federalmente. Entre 1990 y 2000, este neopentecostalismo crea una red de articulación que le permite tener un fantástico conocimiento del marketing político y se constituye como una base electoral que los partidos ya no pueden despreciar. Les puede caer mejor o peor, pero no la pueden ignorar.

Este proceso ocurre, con más o menos intensidad, en prácticamente toda América Latina. Pero sus grandes redes políticas multinacionales tienen su sede en Brasil, porque es donde hay más dinero y más articulación con lo secular. La Iglesia Universal del Reino de Dios y Asamblea de Dios, dos grandes representantes del pentecostalismo en el país, se han convertido en pilares políticos fuertes de Brasil y llevan casi la voz cantante en las elecciones. En 2003, Lula es elegido con un fuerte apoyo evangélico, negociando con Macedo. A esa altura, los evangélicos, con pentecostales y neopentecostales a la cabeza, ya articulan con los políticos como un actor consolidado.

Marcelo Aguilar.- ¿Cómo pervive esa articulación durante los gobiernos petistas y por qué se van derechizando los neopentecostales?

Brenda Carranza.- El radicalismo religioso se junta con un radicalismo político. Lo que ocurre en el cristianismo latinoamericano en las décadas del 70, el 80 y el 90 bajo la forma de un cristianismo progresista, de corte ideológico izquierdista, causa incomodidad en el pentecostalismo, porque levanta algunas banderas que van contra costumbres y principios que ellos consideran inamovibles. Algo parecido ocurre en Brasil. Así como los evangélicos se van fortaleciendo a través de su bancada política, compuesta fundamentalmente por pentecostales y neopentecostales, durante los gobiernos petistas [2003-2016] también se fortalecen las demandas de las minorías, que pasan a tener representaciones en las comisiones del Congreso y, de forma paralela, a potenciar la discusión de su agenda en la sociedad toda.

Esto hace que comience a haber debates muy fuertes en la interna de la política institucional. En 2010, Dilma Rousseff llega al gobierno prometiendo a los grupos evangélicos que no discutirá la despenalización del aborto durante su mandato. Lo mismo ocurre en 2014. En paralelo, a partir de 2011, los grupos evangélicos y su programa de conservadurismo moral se fortalecen institucionalmente. Por entonces, el Partido de los Trabajadores tiene que articular muchos asuntos con muchos actores y los temas que van contra la agenda de los grupos evangélicos son dejados de lado con tal de que se tranquilicen y apoyen al gobierno para avanzar en otros frentes. Así se fortalece la influencia del programa religioso en el aparato jurídico y dentro del propio gobierno. La agenda moral cobra cada vez más fuerza en los cálculos de apoyo político de los diferentes partidos. Para 2016, cuando llega el impeachment, en las justificaciones de los votos en aquella sesión ya se ve bien claro que la agenda profamilia y moralista está diseminada e implantada con fuerza en casi todos los sectores del Congreso.

Gradualmente, los neopentecostales van retirando su apoyo político a la izquierda y se fortalece el apoyo a la derecha. En 2018, en una elección polarizada entre derecha e izquierda, y entre progresistas y conservadores dentro del campo religioso, esto cobra una gran relevancia. Podemos pensar en una nueva fase del pentecostalismo y del sector cristiano en general, ya que también aparecen sectores más radicales del catolicismo que comienzan a trabajar junto con los neopentecostales en torno a la idea de una nación cristiana. Esta idea es reforzada en el primer discurso de Jair Bolsonaro como presidente: «Somos un país cristiano». Lo repite en la ONU [Organización de las Naciones Unidas] en 2019 y 2020, y en 2021 con un agregado: «Somos un país conservador».

Marcelo Aguilar.- Recientemente, el ministro de Educación se vio forzado a renunciar debido a un escándalo que incluía el tráfico de influencias por pastores neopentecostales. ¿Hasta qué punto esta corriente ha penetrado la institucionalidad?

Brenda Carranza.- Debemos tener memoria histórica. El lobby religioso responde a modelos históricos de relaciones con el poder. El modelo católico siempre fue un modelo cara a cara, en el que los políticos van a misa, después desayunan con los obispos y a partir de ahí hacen negocios. Son los políticos quienes van a la sacristía. Al entrar en juego el modelo pentecostal, las estrategias y los mecanismos son los del juego político democrático. Los pastores y los fieles se presentan a las elecciones, las ganan, van a las comisiones parlamentarias e ingresan en la dinámica interna del Poder Legislativo. Y ahí el lobby político es propio de la manera misma de trabajar de los parlamentos y las instituciones como las conocemos: el toma y saca, el intercambio de favores. Al final, en intercambios de este tipo, que poco o nada tienen que ver con los derechos ni con los mecanismos democráticos de representación, se cocinan muchas cosas.

Pero eso no es nuevo, siempre estuvo. En 2006, en el segundo mandato de Lula, se hace una gran operación policial, llamada Sanguessugas (‘chupasangres’), que desbarata una mafia que desvía dinero público destinado a comprar ambulancias. En ella están implicados varios pastores que tienen una doble identidad: son representantes políticos y, al mismo tiempo, representantes religiosos. Más de 15 años después, lo que ha habido es una evolución en la forma en la que el sector evangélico permea los poderes Ejecutivo y Judicial, y logra tener ahora influencia en los tres poderes. A partir de 2018, vemos en posiciones de primer orden a personas declaradamente evangélicas y con vínculos orgánicos explícitos con sus iglesias. Son los casos de, por ejemplo, la ministra Damares Alves y el ministro del Supremo Tribunal Federal [STF], André Mendonça, surgido de la Asociación Nacional de Juristas Evangélicos.

Marcelo Aguilar.- En el momento de su candidatura para el STF, Bolsonaro celebró que se tratara de un ministro «terriblemente evangélico».

Brenda Carranza.- Sí, tan terriblemente evangélico que ahora, frente al proceso que involucra al expolicía militar y actual diputado federal bolsonarista Daniel Silveira [por amenazar a autoridades, intentar impedir el ejercicio del Poder Judicial y hacer llamados al golpismo], el bolsonarismo pide que sean exonerados nueve de los 11 ministros del STF y que solo queden para juzgar a Silveira el ministro Mendonça y el ministro Kássio Nunes Marques, también designado por Bolsonaro. Al mismo tiempo, la bancada evangélica ha llamado a orar por Silveira. Bolsonaro está todo el tiempo dando señales a ese sector. Les dice a los evangélicos que no los abandonará, que sus enemigos no lo están dejando hacer mucho, pero que le tengan paciencia. Apoya su agenda en las comisiones parlamentarias, pone a sus representantes al frente de los ministerios y les cumple las promesas. Es como decirles: «En 2022 no se olviden de que cumplí con mantener en alto la agenda moral y evitar a cualquier precio que avanzaran las agendas de género y el debate sobre el aborto». Hay un casamiento perfecto entre la política conservadora y la agenda moral religiosa.

Marcelo Aguilar.- Ante esta estrategia de Bolsonaro, que tiende a acercarlo a los evangélicos, ¿cómo se pueden leer las recientes declaraciones de Lula sobre el aborto como una cuestión de salud pública y como un derecho?

Brenda Carranza.- Hay que tener en cuenta que el sector evangélico no es homogéneo. La plataforma de Bolsonaro agrada a determinados sectores, pero no abarca a todo el mundo. Ahora bien, dentro del evangelismo y de los sectores religiosos en general, algunos de los cuales pueden estar también dentro de la izquierda, el tema del aborto es muy sensible, mucho más que los derechos de las minorías, el casamiento igualitario y la homosexualidad. Que lo digan los analistas, pero creo que puede ser una declaración innecesaria frente a un fenómeno mayor: la ascensión de la ultraderecha en el mundo. Este es el país de las tempestades, por lo que esto hace mucho ruido y pega fuerte entre los conservadores. De todos modos, no creo que sea la discusión que definirá la elección.

Marcelo Aguilar.- ¿Cuál será, entonces?

Brenda Carranza.- Diría que el voto religioso siempre tiende a ser conservador. Pero no podemos guiarnos únicamente por los movimientos institucionales: quién apoya a quién, qué apoya el Congreso, qué apoya la bancada evangélica. Esa es una parte, pero tenemos que estar muy atentos a lo que se discuta en las bases religiosas, en las que hay una polarización muy grande. El voto religioso puede ser decisivo y estar relacionado con una idea de moralidad, pero creo que será mucho más importante ver cómo se trabajan el odio, el miedo y las amenazas. 

Racismo religioso

Marcelo Aguilar.- ¿Qué papel juega el pentecostalismo político frente a las religiones de matriz africana, que últimamente son víctimas de diversos ataques?

Brenda Carranza.- Estos grupos sufren un racismo religioso muy fuerte y son el objetivo principal de las agresiones evangélicas. Son atacados directamente en sus terreiros. Esto es visto como parte de la batalla espiritual de la que hablábamos. Los atacantes se justifican a través de una visión particular del demonio, de quién es el demonio, por la que se ve a las religiones de matriz africana como enemigos del cristianismo que merecen ser perseguidos y castigados. Son víctimas del fanatismo y la intolerancia, y no son un grupo homogéneo federalizado que se representa a sí mismo, como hacen los evangélicos. No puede decirse que sean de izquierda en bloque, como tampoco puede decirse que los fieles evangélicos sean de derecha en bloque. Lo que hay, entre estos últimos, son grupos de representación y poder, que son los más visibles en los medios.

Lo importante en la elección es lo que pasa en la base y dependerá de cuál sea la fibra que se toque. Ahí se verá si el discurso de la amenaza, la violencia y el odio surte efecto. Los grupos evangélicos y católicos conservadores son los que gritan más alto en este momento, y es lo que más interesa difundir. Detrás de ellos hay mucho dinero y representación política. Pero no son los únicos que reinan en el campo de la espiritualidad brasileña. Causan mucha resistencia. Y este es el país de las sorpresas. Lo único que ya sabemos es que la elección será violenta. Esperemos que no desgarre el tejido social."   

(Entrevista a Brenda Carranza, profesora e investigadora del departamento de Antropología Social de la Universidad Estadual de Campinas, Marcelo Aguilar , Rebelión,  05/05/2022)

9/11/21

La serie sobre el papel de los evangelistas en la política que ha agitado la polémica en Argentina

 "La ansiedad de un político tradicional por ganar las elecciones es el punto de partida de la historia. En tiempos de pérdida de confianza en los partidos, aparece una estrategia electoral desesperada: sumar a un pastor evangélico a la fórmula presidencial.

En 'El Reino', la nueva serie producida por Netflix en Argentina, el pastor Emilio Vázquez Pena, interpretado por Diego Peretti, es el candidato a vice que no convence al presidente y que, en poco minutos, se convierte en el centro de la trama. Dentro del elenco de la afamada serie –que, en estos momentos es la más vista en el país latinoamericano– se encuentra nada menos que 'Chino' Darín, hijo del icono nacional del cine, Ricardo Darín. 

 La serie, dirigida por Marcelo Piñeyro y guionada por la escritora Claudia Piñero, tiene lugar en Argentina pero podría ocurrir en cualquier otro país de América Latina. 

El hecho de que hayan elegido ese país, donde los evangélicos no superan el 15,3%, según la segunda encuesta sobre Creencias y Actitudes Religiosas en Argentina, confirma que se trata de una ficción aunque con rasgos de realidad.

Sería bien distinto que el escenario fuera Brasil, donde el poder de las iglesias evangélicas es otro y sus fieles representan el 31% de los brasileños.

Pero Brasil, a diferencia de Argentina, tiene un sistema electoral que facilita la representación de líderes regionales sin necesidad de estructuras de partido fuertes a nivel nacional. Además de que Argentina conserva una fuerte identificación con los partidos, que siguen estando por encima de las preferencias religiosas.

 En América Latina, casi una de cada cinco personas (19%) se describe como evangelista, de acuerdo con la encuesta de Pew Research Center, que analiza la afiliación, las creencias y las prácticas religiosas en América Latina y el Caribe.

La afiliación religiosa de los latinoamericanos es más fuerte en el evangelismo en países de América Central como Honduras (41%), Nicaragua (49%) y Guatemala (41%).

El salto al debate público

El estreno tuvo impacto. El miércoles pasado, la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (Aciera) publicó un comunicado en su página, que fue eliminado después, donde dicen que "se busca, desde ese pensamiento ideológico, tratar de segregarlos [a los evangelistas], marcarlos en listas, señalarlos como peligrosos, fundamentalistas, separarlos del resto para que, aislados, se debiliten y desaparezcan. En fin, un comportamiento de tipo fascista".

Si la serie alcanzó este alcance es por estar vinculada a un tema que todavía sigue caliente: el debate por la legalización del aborto en Argentina. Entre 2008 y 2019, ese país duplicó la proporción personas que afirman que el aborto es un derecho de las mujeres, mientras que las y los fieles evangélicos son quienes más se oponen al aborto, mucho más que los católicos. 

Claudia Piñeiro es una de las caras visibles de la lucha por la ampliación de los derechos de las mujeres. Es por eso que la denuncia fue directa a ella: "Es sabido el encono que ha expresado la escritora y guionista de esta obra desde su militancia feminista durante el debate de la ley del aborto hacia el colectivo evangélico de la Argentina, representado por millones de ciudadanos que no coincidían en su posición respecto del tema", dice el comunicado.

"Entiendo que puede caer mal, que haya alguien que no le gustara. Pero me shockeó el comunicado porque que te dice por dónde tenés que ir y amedrentarte. Solo se la agarraban conmigo. Mencionaban actores, al director, a la productora pero se la agarraban conmigo porque decían que yo había hecho porque quedaba resentida por el activismo feminista en la ley por la ley del aborto. Eso me pareció muy grave", respondió la escritora argentina a la prensa local.

Desde los distintos colectivos de mujeres feministas, como periodistas y actrices argentinas, "repudiaron los ataques que recibió por su trabajo como guionista" y denunciaron que "la gravedad de los ataques hacia Claudia se deben especialmente a su condición de mujer y militante feminista, defensora de los derechos de las mujeres".

Ficción o realidad

El salto de la ficción a la realidad abrió distintos tipos de debates.

Por un lado, si tomar a una ficción como espejo de la realidad. Y si tomar un caso particular, como el del pastor Emilio, como generalidad aunque existan otros personajes en la serie. Tal es el caso de Tadeo, un creyente dedicado al trabajo con los más pobres.

"Nosotros tratamos de tener muchísimo respeto por quien tiene una fe genuina dentro de esta religión y cualquier religión. Eso no tiene nada que ver con los creyentes, tiene que ver en todo caso con las iglesias y con algunos personajes dentro de esas iglesias que hacen esos pactos", dijo la escritora semanas atrás en un entrevista con la periodista Hinde Pomeraniec.

También aparecen las críticas a la "caricaturización" del mundo evangélico. "El pastor evangélico es una de las figuras más incomprendidas y, por ello, más estereotipadas del mundo religioso en Argentina", dice la coordinadora de la diplomatura sobre Diversidad Religiosa de la Universidad de Buenos Aires, Mariela Mosqueira, en este artículo.

"El pastor es un villano total. Ni un solo matiz. ¿Cómo complejizar esta mirada reificante? ¿Cómo son los pastores realmente existentes?", plantea Mosqueira como disparador.

Marcos Carbonelli, doctor en Ciencias Sociales e investigador en temas de religión y política en Argentina, comentó en Twitter que "un pastor presidente en Argentina es más que improbable" y que "la posibilidad se funda en una hipótesis ya refutada por las Ciencias Sociales: no hay continuidad entre adhesión religiosa y conducta política".

Pero también, sostiene que la simplificación del mundo evangélico solo puede entenderse en el marco de una ficción. "Si seguimos la idea de la serie como espejo, otro problema es la representación de los creyentes como un rebaño sin autonomía que vota lo que el pastor le dice porque 'fue rescatado'. Subyace aquí una mirada miserable de los creyentes evangélicos. Muy cercana, por no decir igual, a la mirada clientelar", sostiene Carbonelli.

Cuando la serie salta al debate público aparecen las amenazas e insultos que dejan atrás el debate de las ideas y pasa al plano de la violencia. Para la periodista en género, Luciana Peker, es un tipo de violencia que recae especialmente en las mujeres que disputan el espacio público.

Pablo Semán, sociólogo y autor de 'Vivir la fe', escribió en elDiarioar que "más allá del estatuto de la serie hay enunciaciones históricas que resultan agresivas y dolorosas para cada uno de los bandos en pugna. Hoy se condensan en una polémica, en la que cada uno de ellos tiene sus razones y sus yerros."

La nueva serie de Netflix parece haber vuelto a abrir un debate que todavía no está para nada cerrado en la sociedad argentina."                   (Avelén Oliva, eldiario.es, 23/08/21)

27/9/21

La imagen de una América Latina católica ya es insostenible... Los evangélicos se volvieron una parte importantísima del mundo popular al que el progresismo busca interpelar... sus proyectos de evangelización se centran en problemáticas y espacios importantes para el despliegue de la vida social donde el catolicismo se muestra ineficaz (enraizamiento entre los pobres, acciones frente a la violencia doméstica y las adicciones, despliegue en las cárceles, en grupos de pequeños empresarios e incluso, algo más lento, en las fuerzas de seguridad)

 "Pablo Semán (Buenos Aires, 1964) viene escribiendo hace años sobre el crecimiento de los grupos evangélicos y pentecostales. 

Desde cuando para las capas medias urbanas argentinas este fenómeno se reducía a unos pastores que seguían un modelo “electrónico”, primero el del Club 700 y luego el de unos pastores con acento brasileño que, después de la medianoche, aparecerían en las pantallas de la televisión con sus programas de curación, mostrando iglesias llenas pero que parecían de otro país… Antropólogo dedicado a las religiones, Semán también vivió en Brasil, donde pudo ver de cerca el papel de la Iglesia Universal del Reino de Dios, la que logró mayor proyección política en toda América Latina. 

Recientemente publicó Vivir la fe. Entre el catolicismo y el pentecostalismo, la religiosidad de los sectores populares en la Argentina (Siglo XXI) y habló con CTXT sobre evangelismo y política en América Latina. Él mismo progresista, al final interpela: “¿Qué piensa hacer el progresismo con todo esto?” 

¿Hasta qué punto el crecimiento evangélico desafía la imagen establecida de una América Latina católica? 

En Centroamérica, por ejemplo, los evangélicos son una minoría muy considerable que a veces está por encima del 40% y en algún caso ya están por ser mayoría. La dinámica y el origen de la evangelización de los evangélicos en Centroamérica es diferente a América del Sur. Pero en América del Sur también hay países con porcentajes de evangélicos arriba del 25% y no veo un techo inmediato. Esto, sumado al hecho de que los evangélicos son mucho más practicantes que los católicos. Entonces, como militancia religiosa van a ser la mayoría. Pero además, sus proyectos de evangelización se centran en problemáticas y espacios importantes para el despliegue de la vida social donde el catolicismo se muestra ineficaz –enraizamiento entre los pobres, acciones frente a la violencia doméstica y las adicciones, despliegue en las cárceles, en grupos de pequeños empresarios e incluso, algo más lento, en las fuerzas de seguridad–. La imagen de una América Latina católica ya es insostenible. La quiebra de la imagen católica también se ve en la debilidad de la reivindicación de la imagen de la América Latina católica. 

Cuando hablamos de evangélicos estamos hablando básicamente de evangélicos pentecostales… 

Sí. En el mundo evangélico, los pentecostales introdujeron dos grandes modificaciones en toda la demografía evangélica del planeta. Por un lado, un elemento cuantitativo: fueron el grupo que más creció. Y por el otro, a su propio peso cuantitativo hay que agregarle un elemento cualitativo: su predominio cultural. Antes, “evangélico” era un término analítico para analizar los grupos surgidos de la Reforma pero no era la identidad de cada uno de esos grupos (luteranos, metodistas, menonitas, etc.). Hoy “evangélico” funciona como término transdenominacional que abarca como mínimo al 80% de los descendientes de la Reforma protestante, que se han avenido más o menos a los parámetros de “avivamiento” religioso desplegados por los pentecostales. No es descabellado pensar un avance hacia una identidad post-denominacional en la que los evangélicos de diferentes denominaciones se asuman simplemente como “cristianos” en una zona de disputa con la mayoría católica.

Muy esquemáticamente: ¿qué es ser evangélico/pentecostal y cuáles son sus atractivos respecto del catolicismo?

Hay dos rasgos que se complementan y crean un círculo virtuoso. Y los dos están inscriptos en una teología que también está disponible en el mundo católico y protestante, solo que los pentecostales la tomaron en serio y la desplegaron al máximo. El primero es la actualidad de los dones del espíritu santo, que reencanta a la religión porque permite activar genéricamente una noción de milagro y de posibilidad de milagro en la vida cotidiana. Y hay un segundo elemento que es la universalidad del sacerdocio. Que cualquier creyente no solo es, sino que debe ser, pastor. Y para ser pastor, ese creyente va a movilizar la actualidad de los dones del espíritu santo creando un dialecto a la medida de su metro cuadrado, de su propio entorno. Eso estira enormemente la presencia evangélica y al mismo tiempo la diversifica. Se puede dialectizar ese lenguaje para adaptarse al minuto a minuto de los cambios socioculturales, de manera mucho más eficiente que la lenta burocracia celestial del catolicismo.

 Durante años, el progresismo latinoamericano ignoró el crecimiento de los grupos evangélicos en el mundo popular (a excepción de sociólogos o antropólogos de la religión) y de pronto aparece como una especie de comodín analítico para explicar cualquier giro conservador o avance de la derecha… ¿Todos andan buscando evangélicos? 

Los progresistas pusieron a los evangélicos en una agenda negativa o de los enemigos pero sin ver el tamaño potencial. Y, al mismo tiempo, eso se articuló con la teoría católica progre de las sectas, de la denuncia de las sectas, y con la separación de la verdadera fe y la fe inauténtica. Hay ateos que se ponen en el rol de religiones y objetivamente coinciden con el camino ya trazado por el catolicismo hace 40 años. Y como el progresismo tiene un contacto social débil con el mundo popular, no fue viendo paso a paso cómo crecía. Yo publiqué ahora el libro Vivir la fe pero los datos sobre el 20% de evangélicos en el mundo popular son de 1995, no de 2020. Eso ya estaba ahí. La segunda cosa es que por ese contacto débil, sumado a las teorías conspirativas sobre el avance evangélico, no pudieron ver qué tipo de presencia constituía. Se actuaba como si eso fuera a dejar de existir. Hoy no solo  los evangélicos existen sino que existen cada vez más. Había muchos mecanismos renegatorios, en términos freudianos, de desconocimiento activo de la realidad para sostener certezas previas, para abordar este fenómeno. 

Además hoy hay un enfrentamiento más agudo entre evangélicos y progresistas porque el progresismo latinoamericano puso en el centro una agenda de género que, por otro lado, es bastante reciente. La verdad es que el matrimonio igualitario, igualdad de género y el aborto son bastante recientes en las izquierdas de la región, que además son en muchos casos izquierdas populistas. No es que no existieran núcleos militantes de larga tradición, pero no dominaban la agenda del progresismo, ni la del peronismo progresista en el caso argentino, ni eran el marcador decisivo de la identidad. El aborto muy pocos lo tenían como prioritario, la igualdad de género estaba pero tampoco se la militaba mucho y la diversidad sexogenérica a muchos les parecía una agenda sueca que sobraba. En 2015 hubo una performance post-porno en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y la izquierda se opuso. Yo escribí para intervenir en esa polémica en favor de la performance pero mi posición  era disruptiva.

 Por otro lado, en el mundo evangélico hubo una deriva relativamente inversa: los evangélicos en Argentina y en algunos países de América Latina en los 90 estaban delante del catolicismo en la agenda de igualdad de la mujer. Estaban a favor del preservativo y la Iglesia católica no, contenían y les daban a las mujeres un papel mucho más activo y central en la liturgia. No había un planteo ideológico de igualdad pero había una práctica relativa de igualdad. Había incluso facciones neopentecostales que se abrían a los temas del hedonismo sexual. En Brasil había, por ejemplo, una exmodelo evangélica que tenía una tienda de productos eróticos y aparecía en televisión. 

Respecto de la diversidad sexual, había una cosa muy interesante que era que evangélicos y disidentes sexuales tenían en común una experiencia que discutían que era la del rechazo. Incluso en la prensa evangélica salían entrevistas o diálogos entre un pastor y un disidente sexual. No era en un sentido de avanzar hacia la igualdad pero era darle un lugar bajo la premisa: “ellos son rechazados, nosotros también”. Todo eso, en estos últimos veinte años, fue desapareciendo. No tanto lo de la mujer, pero sí la apertura a elementos a la agenda de género que se intensificaron en la izquierda y desaparecieron en el mundo evangélico.

Esto demuestra que hay cuestiones históricamente constituidas e incluso contingentes. Hoy los evangélicos tienden a beneficiarse, y por eso hacen ese giro, de la reacción cristiana generalizada contra esa agenda progresista que incluye a los católicos. A veces la izquierda cree que el problema para la agenda de género son los evangélicos y no los cristianos en general, que capitalizan la imposibilidad de los católicos de poner la cara en estas cuestiones dada su trayectoria de abusos. Esta tensión se procesa de una manera diferente en los sectores populares. 

Cuando se piensa evangelismo y política se suele transferir el modelo brasileño a toda América Latina. Pero en verdad, en Brasil la iglesia exitosa fue la Iglesia Universal del Reino de Dios que para muchos evangélicos es la “menos evangélica” del subcontinente y si bien ahora es bolsonarista también fue muy pragmática en el pasado reciente. ¿Cómo pensar la articulación entre evangelismo y política?

En principio no hay un traslado inmediato de la identidad religiosa al campo político. En segundo lugar, cuando hay una activación política de una sensibilidad evangélica mayoritaria en favor de una opción política, eso ocurre siempre de una forma contingente, transitoria y variable. Mayoritariamente, los evangélicos votaron a Lula en Brasil y el Partido de los Trabajadores (PT) le dio dos veces las vicepresidencias de Lula a los evangélicos que también votaron a con Dilma Rousseff; en Perú hay un componente evangélico en la candidatura de Pedro Castillo (su mujer e hija son de la Iglesia del Nazareno y él se suma a menudo a las oraciones). En Centroamérica sí han apoyado más a la derecha pero esos proyectos conservadores se configuraron de manera tal que no todos los evangélicos los apoyan y hay católicos que los votan como reacción cristiana. Aparecen trasladando más “caudal religioso” del que en realidad trasladan. En el caso argentino, los evangélicos de sectores populares siguen votando al peronismo aunque viabilice agendas progresistas porque siguen dinámicas de voto de los sectores populares. Otros votan al macrismo por antiperonismo más que por conservadurismo o elementos religiosos. Y el crecimiento de una agenda de derecha es un fenómeno mucho más grande que el crecimiento evangélico. A la ultraderecha también se la vota contra “la catedral” (la religión, el atavismo y el estatismo) o con curiosos motivos neopaganos.

 Por otro lado, la Iglesia Universal es en efecto un caso verdaderamente excepcional en Brasil. No hay un partido político evangélico con tanta eficacia electoral como el Partido Republicano (que fundaron los pastores de esa iglesia) ni siquiera en sociedades con muchos más evangélicos que en Brasil. Y eso tiene que ver con la particularidad de la situación brasileña: un sistema de identidades políticas bastante débil, donde pesan mucho las novedades anticorrupción y el propio sistema electoral uninominal que permite maximizar minorías movilizadas. Y en tercer lugar, un sistema parlamentario hiperfragmentado donde los pequeños bloques consiguen una eficacia política sobredimensionada.

 Lo que hizo la Iglesia Universal fue, más que movilizar el voto evangélico, armar una fuerte superestructura política que le permite subordinar a todas las otras tentativas de politización evangélica. De esa forma, por ejemplo, la Unión de las Asambleas de Dios termina a remolque de la Iglesia Universal en política, lo que nadie admitiría en la Unión de las Asambleas de Dios de ningún país de América Latina. Esa superestructura política tiene eficacia política propia, pero tampoco tanta si tenemos en cuenta que la Iglesia Universal finalmente llamó a votar a Bolsonaro pero quince días antes estaba negociando con Marina Silva, una evangélica de izquierda (ex ministra de Lula). Votaron a Bolsonaro porque los fieles estaban llamando a votar a Bolsonaro. Y los fieles estaban votando a Bolsonaro porque una parte importante de los sectores populares que habían sido lulistas se habían transformado en antilulistas por el tema de la corrupción.

Es posible que los pastores de la Iglesia Universal se sientan más cómodos con ese rumbo ultraderechista, pero no lo trabajaron tanto como se podría pensar. Y ahora ocurre al revés. Están viendo que muchos de sus fieles se están distanciando de Bolsonaro mientras los jerarcas de la iglesia tienen que defender intereses creados en el Estado. La dirigencia de la Iglesia Universal seguramente no tendrá opciones al golpismo. Pero los fieles no necesariamente acompañarán. 

Antes se pensaban siempre las identidades católica y evangélica en competencia, ahora vemos personajes como el propio Bolsonaro, también Castillo y otros, que mantienen cierta ambigüedad entre catolicismo y evangelismo. Por ejemplo Bolsonaro se fue a bautizar al río Jordán con un pastor pero se identifica católico… ¿Hay cambio ahí? 

Yo creo que los evangélicos están conscientes del rol que algunos de ellos llaman catalizador de una reacción cristiana antiprogresista. Esta involucra porcentualmente más a los evangélicos que a los católicos pero en números absolutos tal vez convoque a más católicos, pero bajo la centralidad evangélica. Esto ocurre por lo que pasa con los evangélicos pero también con los católicos. ¿Con qué cara los obispos católicos van a salir a defender a la familia, a los niños…? Entonces hay una suerte de pacto implícito en la cual el catolicismo le cede la iniciativa en eso y hay colaboración en la superestructura pero a la vez una convergencia de intereses en las bases católicas y evangélicas. Pero también hay que ver las prácticas. Hay mucha gente “en pecado” en las iglesias evangélicas y conviven con eso. 

¿Algo más que dejamos en el tintero?

Yo me pregunto qué piensa hacer el progresismo con todo esto. Los evangélicos se volvieron una parte importantísima del mundo popular al que el progresismo busca interpelar. ¿Va a haber zonas de cooperación? ¿Esas zonas de cooperación son posibles? En las organizaciones populares argentinas conviven evangélicos, católicos y progresistas. Incluso verdes (pro legalización del aborto) y celestes (“pro vida”) sin llamarse asesinas o antiderechos. Plantean sus agendas sin confrontar todo el tiempo. Hay mujeres evangélicas militando agendas progresistas en el plano económico y mujeres de sectores populares abrazando una agenda feminista a su modo, con un lenguaje propio. Ahora bien, por ejemplo, ¿no hay una convergencia cuando grupos de mujeres van a rezar en solidaridad con una mujer agredida por su pareja a su casa y rompen el círculo de agresiones?, ¿qué se genera ahí?, ¿hay o no sororidad? Claramente intervienen sobre una situación de violencia para pararla. Y así. Hay que salir del círculo de reactividad y mala sociología. No es fácil, no es lo soñado para el progresismo, pero dividir a los sectores populares es peor."                    (Entrevista a Pablo Semán, antropólogo, Pablo Stefanoni, CTXT, 24/09/21)

7/8/20

Santa Sofía y los motivos del 'nacionalislamista' Tayyeb Erdogan

"¡Casi como la voladura de la estatua de Buda en Afganistán por los Talibán!

Dos meses después de que su imagen apareciera en una pantalla gigante en la Santa Sophia junto a un imán recitando el Corán, y recibir el aplauso de una masa exaltada, y una semana antes del aniversario del fallido golpe de estado de EEUU contra su persona en 2016, un desafiante Tayyeb Erdogan declara la reconquista islámica del fue museo durante ocho décadas. La antigua catedral de Estambul volvía a ser testigo de la manipulación de la espiritualidad de los ciudadanos por las instituciones religiosas y los desesperados embusteros que representan el poder.

La turbulenta historia de Hagia Sofia es la de muchos espacios sagrados históricos. En Oriente Próximo, cuna de las principales religiones del mundo, las actuales estructuras sagradas llevan la huella de los credos que fueron derrotados siempre después de la masacre de sus fieles.

La Kaaba, un templo pagano, por ejemplo, se convirtió en mezquita en 630 tras varias guerras de Mahoma, quien destruyó los ídolos que acogía, preservando su forma cuadrada de templos tradicionales árabes: la estrategia respondía a la intención de no perder a los antiguos fieles y atrayendo nuevos creyentes que buscaban respuestas, felicidad y paz. En Irán, los conquistadores árabes levantaron sus mezquitas sobre los escombros de los Templos de Fuego (Atashkadé) zoroástricos y los Baharestán budistas, y al no conseguir que el pueblo vencido reconociera a Alá y siguiera adorando a su Jodá «Nacido de sí mismo», decidieron asimilar gran parte de sus mitos y rituales elaborados con sofisticación: 

Las mezquitas tendrán grandes patios a cielo abierto, y estarán adornadas con los mismos árboles que hacían de columnas para sujetar el cielo en el océano cósmico zoroastriano; tendrán minaretes (palabra árabe que significa "lugar del fuego", elemento central del credo mitraísta iraní, el culto a la diosa solar), y además en números pares, representando el dualismo filosófico persa, en el que el Dios Mazda estaba unido al anti-dios Ahriman, el Bien al Mal, y el paraíso al infierno. 

Los iraníes ya islamizados mantuvieron las "piscinas" llenas de aguas puras delante de las mezquitas, para así integrar en los ritos islámicos un elemento ausente en los desiertos árabes, que de paso duplicaba la imagen del santuario, como la manifestación de su doctrina dualista. También salvaron los azulejos, mosaicos y espejos de sus antiguos santuarios, y llenaron los nuevos con coloridas alfombras persas obligando a los fieles quitarse los zapatos al entrar para no ensuciar aquellas valiosas obras de arte, cuyos motivos representaba al paraíso, «jardín» en persa.

Este mestizaje arquitectónico de los templos, también se ve en las iglesias, levantadas en Europa sobre los mitrium, templos de Mitra, la diosa solar persa. Sus entradas en forma de cueva recuerdan la leyenda iraní del nacimiento diario de "la Sol" de estas cavidades y el lugar de su reposo cada noche; los sacerdotes cristianos se vestirán como los "Sabios Mogs", llamarán Mitra al gorro de su Papa y Natividad al solsticio de invierno. Los "disidentes" Cátaros también harán suya, con retoques, la doctrina de Mani, el profeta pintor. Hoy, la Haiga Sofía, el símbolo de este sincretismo, que es presentada como un trofeo de un pequeño hombre guerrero con delirios de grandeza, y mañana tendrá otro destino.

Demoler templos está de moda: Israel lo ha hecho con un centenar de mezquitas tras ocupar las tierras palestinas, y los hinduistas de la India lo practicaron con la Mezquita de Babri de Ayodhya (s.XVI), levantada sobre un templo sagrado hindú, devolviéndole a Rama su templo.

A grandes males grandes remedios

La conversión de Hagia Sofia en mezquita no se debe a su escasez en Turquía, sino a la suma de una serie de fracasos que han puesto en jaque al islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) y su presidente Erdogan, en un intento de reconstruir su imagen, con medidas y consignas panturquistas y ultrareligiosas:
  • Cuando los sondeos preelectorales del 2019 revelaron que PJD iba a perder la alcaldía de la estratégica ciudad de Estambul, Erdogan prometió en un mitin rezar en Hagia Sofia si iban a ganar. Aun así, perdieron: Marx ya habia advertido que la economía es lo que manda, y la preocupación de los "musulmanes" sin trabajo y sin una vivienda digna que encima aguantan una férrea dictadura no era dónde rezar.  Desde su trono en el Palacio Blanco de 1000 habitaciones, Erdogan decidió seguir con su plan, convencido de la fuerza reclutadora del sentimiento de nostalgia de los más fanáticos. Recuperar Estambul mediante este gesto se parece al traslado de la embajada de EEUU a Jerusalén por Trump, en busca del voto evangélico.
  • Atraer la simpatía de los extremistas y los sectores subdesarrollados de la sociedad, mientras los liberales y centristas se alejan de él y su discurso.
  • La crisis económica agravada por la aparición del coronavirus, que ha golpeado duramente la industria turística turca que atendió el año pasado a 45 millones de visitantes, quienes dejaron unos 34.500 millones de dólares en el país.
  • La militarización de la política exterior ha agravado la crisis económica y social. Turquía que ya estaba implicada en las guerras de Siria el norte de Iraq se ha metido de lleno en el conflicto libio, pretendiendo recuperar la "patria Azul".
  • En Siria, Bashar el Asad sigue en su palacio, a pesar de que Turquía ha invertido miles de millones de dólares en desbancarlo. Ocupar la Santa Sofia es un intento  de resaltar la figura de Tayyeb Erdogan, como líder del inexistente "mundo islámico"
  • Profundizar el culto a su personalidad, para aislar las voces críticas en el seno de su partido, sobre todo por su gestión de la "cuestión kurda".
  • Aumentan las denuncias sobre las detenciones arbitrarias de cerca de 150.000 opositores -entre ellos cerca de 120 periodistas-, torturas, violaciones en las cárceles turcas por la Organización de Inteligencia Nacional (MIT) que recuerdan los peores años de las dictaduras militares. En protesta a esta situación, dos cantantes del grupo folk Grup Yorum perdieron la vida tras una larga huelga de hambre, cada mes miles de  mujeres protestan,  por los continuos ataques a sus derechos.
  • Tapar los escándalos de corrupción financiera y urbanística que involucraron a él y su familia.  
  • Impulsar, bajo la cortina de humo de restaurar las glorias pasadas, medidas impopulares económicas y políticas.
  • Reforzar el nacionalislamismo en el PJD.
  • Representar la toma de Hagia Sophia como una victoria no bélica, señalando a los cristianos y o "los occidentales" como los enemigos del pueblo, para que no vean a la clase burguesa corrupta, oscurantista, y militarista que le gobierna.
  • Vengarse a Europa, por haberle cerrado las puertas definitivamente. Los europeos, tras las guerras de EEUU en Oriente Próximo, se dieron cuenta que mejor tener a Turquía como Estado Tapón que compartir fronteras con Iraq, Siria e Irán. El abandono europeo  acercó a Turquía a Rusia, e Irán a China.
  • Buscar la condena internacional para demostrarla al pueblo como prueba de que el mundo está contra Turquía y él es el único capaz de defender su soberanía.
  • Es un contundente gesto no sólo contra el laicismo de Ataturk, sino contra el propio Padre de Turquía. El Tribunal que ha firmado la autorización para usar Hagia Sophia como mezquita afirma que la decisión del gobierno de Araturk fue una "traición a la historia".
  • El "líder espiritual" turco se queda sin ideas. 

    Los siguientes pasos "bomba" de Erdogan podrán ser recuperar la escritura árabe-persa, inhabilitar al padre de la nación Kemal Ataturk e incluso adelantar las elecciones presidenciales previstas para 2022, antes de que la situación se empeore aún más para su partido. 

    Hasta 2023, el centenario de la fundación del país, los ciudadanos tendrán más mezquitas y megaproyectos en vez de hospitales, puestos de trabajo y derechos, un megalómano Erdogan, patrocinador del Estado Islámico, construirá las mezquita más grandes de Albania, Kirguistán y Ghana  y va a levantar otras en Venezuela y Cuba, mientras los "musulmanes" yemeníes se mueren literalmente de hambre"        (Nazanín Armanian, Público, 05/08/20)

12/3/18

Ascenso electoral del conservadurismo evangélico en América Latina. Ofrece esperanza en un contexto desesperanzador

"Un espíritu recorre América Latina, el del conservadurismo evangélico. No es el único espíritu que peregrina por el continente, pero sí uno que tiene atractivo creciente para considerables porcentajes de la población latinoamericana.
Con distintos ritmos y logros a lo largo de América Latina, en unos países con mayores éxitos que en otros, pero el discurso político-electoral de líderes evangélicos está cautivando las mentes y corazones de los votantes. Y lo está haciendo más allá de sus propios terrenos y población que se identifica como protestante/evangélica, lo que posibilita al evangelicalismo conservador acceder a esferas del poder que hace pocos años eran inimaginables.
Entre la comunidad interesada en comprender por qué crecía el protestantismo en poblaciones que antes no habían mostrado interés por dicha propuesta religiosa, despertó controversia una obra publicada en 1990, la de David Stoll, Is Latin America Turning Protestant?: The Politics of Evangelical Growth (University of California Press). Intensificó la discusión el análisis de David Martin, especialista en cambio religioso y sus efectos sociales, con su libro Tongues of Fire. The Explosion of Protestantism in Latin America (Basil Blackwell Limited, Oxford, United Kingdom, 1990).
Los autores concordaban en el rápido crecimiento del protestantismo de corte evangélico, pero cada uno hizo su propia evaluación del fenómeno, con puntos coincidentes y divergentes. Autores latinoamericanos o residentes en algún país del continente hicieron aportes para, desde distintas perspectivas, responder a la pregunta de por qué se estaba extendiendo el protestantismo en América Latina.

Se levantaron varias interrogantes, entre ellas: ¿al cambio religioso le acompaña un cambio cultural y social modernizador?, ¿el protestantismo que se reproduce vertiginosamente consolida valores democráticos?, ¿acaso fortalece la creación de ciudadanía, entendida ésta como defensora de sus derechos en una sociedad diversa y que al mismo tiempo respeta otras identidades y convicciones éticas?, ¿y qué de la laicidad del Estado, lo vigoriza o actuará en su detrimento?

En términos generales, el protestantismo que se asentó en tierras latinoamericanas a partir de la segunda mitad del siglo XIX fue el de tipo iglesias de creyentes. Se trataba de construir comunidades de asociación voluntaria, contrastantes con la religiosidad dominante católica romana. En el proceso de enraizamiento las primeras generaciones de protestantes latinoamericanos hicieron causa común con el liberalismo y su objetivo de romper el control católico del Estado, para que las instituciones públicas y las leyes del país dejaran de favorecer a la confesión que durante siglos había sido la oficial y excluyente de otras.

 En el caso de México, las disposiciones legales liberales de Benito Juárez reconocieron y visibilizaron núcleos protestantes ya existentes y les dieron condiciones favorables para su fortalecimiento.
En las décadas recientes el evangelicalismo mexicano mayoritario ha olvidado, más bien desconoce, los tiempos en los cuales sus antecesores debieron dar la lid, junto con otros sectores, por el reconocimiento de sus derechos.

 Aquellas generaciones tuvieron claro que la garantía para su existencia y crecimiento era el Estado laico, nunca se propusieron confesionalizar al Estado para desde el aparato gubernamental hacer extensivas las propias convicciones espirituales y éticas al conjunto de la sociedad.

Paulatinamente en los liderazgos evangélicos que más han crecido durante las décadas recientes, particularmente el neopentecostalismo, se fue anidando la tentación constantiniana, consistente en acceder a espacios de poder político para desde el mismo cristianizar a la sociedad.

 Por toda Latinoamérica la creación de partidos políticos evangélicos, o de inspiración evangélica, como en México es el Partido Encuentro Social, es la instrumentalización del constantinismo (que deriva su nombre del emperador Constantino el Grande, en el siglo IV) que anhela transformar las sociedades con base en una agenda conservadora y contraria a la diversificación de la sociedad.

¿Es el éxito político-electoral del evangelicalismo conservador, como el reciente caso en Costa Rica, una potente señal de su alcance no nada más entre correligionarios sino, sobre todo, también entre la población no evangélica? ¿O, más bien, el evangelicalismo conservador le hace eco y coincide con posiciones conservadoras ya existentes en la mayor parte de la población, y en consecuencia esta población canaliza su simpatía y apoyo hacia una corriente que expresa claramente valores con los que se identifica?

Lo cierto es que el discurso teológico-político del consevadurismo neoevangélico, muy rudimentario y simplificador en su lectura de la Biblia, convence a importantes sectores de la población hartos del establishment partidista, de una y otra corriente política, que ha fracasado en construir sociedades más justas y esperanzadoras.

 Es justamente lo que ofrecen los candidatos evangélicos: esperanza en un contexto desesperanzador, y en esto han acertado en su oferta. Pero puede suceder que, como dice la narración bíblica en la cual Esaú vendió su primogenitura por un plato de lentejas, los desesperanzados estén vendiendo su esperanza por un magro plato de soluciones mágicas."                   (Carlos Martínez García, Sociólogo, escritor, e investigador del Centro de Estudios del Protestantismo Mexicano.   Publicado por elclarin.cl, el 14 Febrero 2018, en Other News en español, 15/02/18)