26/1/17
'Bueno, ¿y ahora quién limpia la comuna?' Obviamente, tu novia...
18/11/16
Si no matan focas, los 'inuit' mueren
28/1/16
La sociología del porno
29/6/12
El amor es una construcción abstracta, que se basa en parte en la representación mental reiterada de momentos emotivos del pasado
Además, el amor está asociado con unas zonas cerebrales (el área tegmentaria ventral, la parte derecha del estriado y con dos regiones dopaminérgicas) que están relacionadas con la motivación, la expectación y la formación de hábitos.
Que el amor se localice en una determinada área del estriado, asociada con las adicciones a las drogas, podría explicar que "el amor es realmente un hábito que está formado por un deseo sexual que se retroalimenta a través de una recompensa. Funciona de la misma manera en el cerebro como lo hace las drogas en las personas adictas", afirma Pfaus.
A pesar de que la gente habla de 'amor a primera vista', por lo general desean para consumar ese amor y mantener relaciones sexuales con la persona amada. Por supuesto, la relación de adicción ocurre cuando el objeto de nuestro amor se va bruscamente.
Entramos en un estado de abstinencia en el que nos sentimos deprimidos y anhelamos al otro (y a menudo se hace cualquier cosa para conseguir a esa persona)". Pero no tiene por qué ser un mal hábito, necesariamente, explica. El amor activa diferentes vías en el cerebro que están involucradas con la monogamia y con la creación de lazos afectivos.
25/3/11
"Hay sólidas evidencias de que la homosexualidad tiene una base genética en la especie humana"
Los ratones macho privados de serotonina pierden por completo su predilección por las hembras. Siguen apareándose como cualquier ratón -a la mínima ocasión-, pero con machos y hembras por igual.
La serotonina, un neurotransmisor clave en la depresión y su tratamiento, también afecta al comportamiento sexual de los humanos. Yan Liu y sus colegas del Instituto Nacional de Ciencias Biológicas, en Pekín, presentan los resultados en Nature. (...)
Los machos modificados genéticamente pierden la orientación sexual. El cambio de comportamiento es bastante específico, y no se debe a una anomalía general del sentido del olfato, ni de la detección de feromonas, pues estos procesos parecen inalterados en los ratones sin serotonina.
Por otro lado, basta inyectar a estos ratones un compuesto que restaura la síntesis de serotonina para que recobren su orientación en poco más de media hora.
"Una cuestión inevitable suscitada por nuestros hallazgos", dicen los científicos, "es si la serotonina tiene un papel en la preferencia sexual de otros mamíferos". (...)El Prozac se mostraba en esos estudios capaz de inhibir los comportamientos sexuales compulsivos, pero solo en los hombres homosexuales, no en los heterosexuales.
Este dato se queda lejos de demostrar que la serotonina está implicada en la orientación sexual en las personas, pero sí apunta a ciertos efectos dependientes de la orientación sexual del individuo.
La homosexualidad es común en la naturaleza. Se ha descrito en especies de mamíferos que abarcan desde los toros de la raza Hereford hasta los macacos rhesus, pasando por las ovejas. Hay sólidas evidencias de que la homosexualidad tiene una base genética en la especie humana.
Los gemelos, que comparten todos sus genes, concuerdan en su orientación sexual en el 50% de los casos, mientras que los mellizos, que solo comparten la mitad de los genes, concuerdan solo en el 22% de los casos. Los gais de una misma familia tienden a compartir las mismas variantes genéticas en zonas concretas de los cromosomas X, 7, 8 y 10." (El País, 24/03/2011, p. 43)
19/11/07
"viejo verde" estilo Berlanga
“ Berlanga es uno de mis ídolos. Hace años que coincidí con él en Sevilla, en un acto de estos encopetados. Antes de presentármelo la persona me dijo que bueno, que el señor Berlanga estaba mayor, y que lo disculpara si se excedía conmigo, le dije que no me importaba. Berlanga estaba sentado, todo regio y elegante, al verme se levantó, todo un caballero, me besó la mano, quiso darme su silla, pero le rogué que no, entonces alguien fue corriendo a buscarme una silla. Él se sentó y como quien no quiere la cosa puso su mano en mi nalga, y me la apretó, entonces alguien corrió hacia mí a disculparse, el otro no soltaba mi nalga. Hice señas al otro que lo dejara, porque total, si en una guagua cubana me han repellado hasta las orejas cualquier hijo de familia como a tantas mujeres cubanas, para mí era un honor que Berlanga me cogiera una nalga. Bueno, ahí estuvo agarrado hasta que apareció la silla. Pero la conversación no fue menos atrevida.” —


