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29/5/18

Sé que todo empieza con una imagen, pero no sé por qué. Tampoco puedo anticipar su naturaleza, su origen, el instante en que nacerá. Después de unos días de efervescencia, durante los que mi cabeza estalla varias veces para recobrar inmediatamente su forma, escojo un cuaderno, una pluma y empiezo a contarme a mí misma el argumento...

"Se supone que yo debería saber por qué ocurre, pero la verdad es que no tengo ni idea.

Sé que todo empieza con una imagen, pero no sé por qué. Tampoco puedo anticipar su naturaleza, su origen, el instante en que nacerá. Me ha pasado muchas veces y nunca es exactamente igual, aunque siempre es parecido. Mientras ando por la calle, mientras recorro estaciones o aeropuertos, mientras hago la compra, o leo un libro, o estoy sentada delante del televisor, de pronto veo algo que en sí mismo no es nada, excepto la promesa de una historia. 

Puede ser una persona o uno solo de sus rasgos. Puede ser una situación o un objeto inanimado. Puedo existir o no, y eso es lo más raro, porque a menudo esas imágenes sólo existen en el interior de mi cabeza.

No es un trastorno mental, es mi oficio. No estoy loca, escribo novelas. Y todas empiezan así, con una figura borrosa, a la que no consigo verle la cara, que se mueve o está quieta, en algún lugar o en ninguno. A veces el escenario es importante, a veces no, porque me lo invento yo misma. 

No sé por qué me pasa, pero tampoco me lo pregunto, porque cuando sucede me pongo tan contenta que me olvido de todo lo que no sea esa imagen, ese algo que aún no es nada pero, con suerte, llenará por completo algunos años de mi vida.

No es la única cosa rara que me pasa. Después de unos días de efervescencia, durante los que mi cabeza estalla varias veces para recobrar inmediatamente su forma, escojo un cuaderno, una pluma y empiezo a contarme a mí misma el argumento. He dicho empiezo, porque no es tan fácil. La euforia es caprichosa, y nace, y se va, y parece que no vuelve, y vuelve a traición, y se esfuma. 

Llego a creer que me ha abandonado mientras las placas tectónicas de un mundo que aún no ha nacido permanecen en una calma engañosa, una apariencia de inmovilidad tan perfecta como el fondo de un pozo al que no llega la luz del sol. 

 Hasta que de repente algo se mueve y suena un ¡clac! dentro de mi cabeza. Algo hace clac, y luego clac clac, y por fin clac, clac, clac, como si todos los engranajes de una máquina que nunca ha llegado a arrancar se pusieran en marcha a la vez, misteriosa, milagrosamente. 

Esto es todavía más difícil de explicar, pero los cabos sueltos saben anudarse, retorcerse sobre sí mismos para adquirir el grosor, la espesura de una maroma que ya es capaz de sujetarme, de mantenerme a salvo aunque mis pies no toquen el suelo.

En ese momento, los personajes ya existen. Nunca tendrán rostro, quizá ni siquiera tengan nombre todavía, pero están ahí, les oigo respirar, hablar, presiento su alegría o su desánimo. En ese momento, aunque no haya escrito ni una sola palabra del texto todavía, ya estoy escribiendo un libro. 

Y me tiro las horas muertas pensando, tomando decisiones, calculando si acierto o me equivoco, hasta que me canso. Entonces me levanto para llenar páginas y páginas de mi cuaderno con una letra infernal, tan deformada por la velocidad que no la entiendo ni yo. 

Cuando comprendo que mi cabeza va mucho más deprisa que mi mano, me pongo nerviosa y salgo a la calle, ando sin ir a ninguna parte, camino un par de horas sin objetivo alguno, más allá de la ruta que trazan mis pasos, y no veo a la gente con la que me cruzo, ni los escaparates ante los que paso, ni los edificios entre los que camino. A veces me asombro de que no me atropelle un coche. A veces escucho una bocina furiosa y sé que es para mí.

Hoy no he llegado a escucharla. Hoy, cuando ya tenía puestas las zapatillas, mi cuaderno abierto sobre la mesa del comedor con la pluma encima, como un programa de puro optimismo, se me ha ocurrido mirar el móvil. Entre los múltiples avisos proporcionados por el sistema, he visto que me había escrito la responsable de esta revista y, durante un instante, hasta me he permitido el lujo de preguntarme por qué.

Le debía un artículo y no he sido capaz de inventarme nada. Lo he intentado, se lo aseguro. He estado casi una hora delante del ordenador, pero mis personajes, los que me esperan en ese cuaderno que sigue abierto, se colaban entre las noticias, llenaban la pantalla, me sacaban la lengua.

Son más poderosos que yo, y por eso he acabado contándoles todas estas cosas raras que me pasan. "                      

22/2/18

La relación entre Christina Rosenvinge y El Cordobés es un poema. Encontró en el torero a su muso...

 "Christina Rosenvinge (1964, Madrid) estaba en su casa madrileña tirada en el sofá, procrastinando –forma fina de decir holgazanear–. Tenía la televisión encendida. Y algo le llamó la atención. El torero Manuel Díaz El Cordobés (Madrid, 1968) aparecía en esos momentos en todos los canales. Salía del juzgado y estaba feliz.

Después de toda una vida luchando para que Manuel Benítez El Cordobés (Córdoba, 1936) le reconociera legítimamente como su hijo, la justicia acababa de ratificar el lazo sanguíneo. Y Rosenvinge, una madre de dos hijos (fruto de su relación con el escritor Ray Loriga) que estaba disfrutando del privilegio que supone dejar pasar el tiempo en el sofá, se dio de bruces con la inspiración. Encontró en el torero a su muso.

"Soy un hombre que pese a haber tenido un padre de humo, va a conseguir que sus hijos tengan un abuelo de verdad", dijo en ese momento Manuel Díaz ante un aluvión de periodistas. Esta frase se le quedó grabada a la cantante de origen danés. "Cuando vi esa escena pensé que ahí había una canción.

 Este hombre ha pasado toda su vida poniéndose delante de un toro para que su padre le reconozca. Me parece un acto tan bonito y tan poético que me inspiró una canción", explicó la intérprete a Pablo González Batista en el programa de la Cadena Ser Hoy por hoy. "Él no lo sabe, pero ha sido mi muso. Es un poeta", añadió la cantante.

La canción en cuestión es Pesa la palabra, uno de los nueve temas que forman su nuevo disco, Un hombre rubio, que acaba de publicarse. "Me puse en el lugar de los hijos que sienten el no reconocimiento de sus padres o que tienen padres que no son capaces de entregarles el amor que necesitan", comentó la artista.

La canción tiene una cadencia lenta con el piano como instrumento en primer plano. En el texto, Rosenvinge se pone en la piel de Manuel Díaz, que tiene tres hijos [una hija, fruto de su primer matrimonio con Vicky Martín Berrocal, y un niño y una niña junto a su actual esposa Virginia Troconis] y canta:


 Audio con la canción 'Pesa la palabra' inspirada en Manuel Díaz 'El Cordobés'.

En su noveno trabajo discográfico en solitario, Christina Rosenvinge hace el ejercicio de mostrar diferentes tipos de masculinidad que van más allá de los encorsetamientos sociales que oprimen a los hombres.


"Un hombre no nace machista, te lo aseguro", explicó Christina Rosenvinge en Hoy por hoy. El objetivo de Un hombre rubio no es otro que derribar mitos, como que los hombres son menos complejos emocionalmente que las mujeres. "No creo que sea verdad, es solo otra consecuencia de la armadura machista que tiene nuestra sociedad. En paralelo al empoderamiento de las mujeres tiene que haber una reacción del hombre contra su propia imagen", comenta la cantante, que en su nuevo trabajo ha hecho el esfuerzo de meterse incluso en la piel de las masculinidades más rancias.


Los padres de la cantante descubrieron España durante su luna de miel y, enamorados del cante jondo y de la cultura ibérica, decidieron abandonar su Dinamarca natal para instalarse en Madrid. "Mis padres fueron unos emigrantes románticos. Por sus venas solo corría sangre nórdica, pero fue llegar a España y no poder dejarla", confesó Rosenvinge en otro programa, Las mañana de RNE.

Un hombre rubio es ante todo un homenaje a su padre y a las dificultades que tuvo para entenderle, las mismas que la llevaron a tirar del hilo e indagar en el concepto de masculinidad. "Quería hablar de la relación con nuestros padres. Los hijos somos revanchistas y egoístas, pero hay un momento en la vida en que ya no ves a tu padre como tu padre, sino como a un igual.

Es ahí cuando eres capaz de entenderle y darle las gracias", dice. "Mi padre y yo no nos entendíamos. Colisionábamos ideológicamente. Era un hombre muy tradicional. Y murió antes de que yo hubiera podido comprenderle", añade.

El padre de Rosenvinge falleció cuando ella tenía 26 años. Murió alejado de sus padres, hermanos y primos daneses. Ninguno de sus familiares viajó desde Dinamarca para el entierro. Si que lo hicieron, sin embargo, varias familias de gitanos con las que a lo largo de los años había entablado una misteriosa amistad de la que Christina apenas sabía nada.

"Yo no sabía cuando se veían, pero cuando mi padre murió todos aparecieron en el velatorio vestidos de negro muy elegantes y se sentaron enfrente de nosotros. Ellos de negro de arriba abajo y nosotros súper blancos y rubios. Fue un homenaje muy hermoso. La vida de mi padre era un romance flamenco”, recuerda la cantante.





Momento en el que El Cordobés sale del juzgado y dice la famosa frase que emocionó a Christina Rosenvinge.


Su último trabajo es también fruto del deseo de cumplir un sueño, el de ser crooner, y de una conversación con Loquillo, a quién dijo que le vendría bien que una mujer le escribiera canciones. "Empecé este experimento pensando en componer una balada para Loquillo, pero luego pensé: 'Para crooner, yo", sentencia.

Según la RAE, una mujer también es un hombre ("ser animado racional, varón o mujer"). Rosenvinge se valió de esta definición para explorar su propia masculinidad, además de otras ajenas. Escuchar voces como la de Loquillo o Bunbury ayudaron a Rosenvinge a explorar sus registros más masculinos. "En el álbum, dentro de mis posibilidades, he masculinizado incluso mi voz", reconoce.

Su padre, Loquillo, Bunbury, los crooner... y El Cordobés. Todos hombres, todas fuentes de inspiración para una mujer."                   (Óscar Tévez, El País, 16/02/18)

11/9/12

Mapi Rivera... “Bañarse en el mar a primera hora es como bañarse en la propia luz”

 Mapi Rivera (Huesca, 1976) es artista y poeta de inspiración mística. Trabaja con su cuerpo desnudo en relación con la naturaleza. Acaba de inaugurar una exposición en Amsterdam, en la galería de Pepa Santolaria y Jan van Eden

 “Bañarse en el mar a primera hora es como bañarse en la propia luz”
  
-1. ¿Qué hace una artista y una poeta en verano?
Mi experiencia como creadora va más arraigada al ser que al hacer, es por eso que no tengo la sensación ni la necesidad de hacer vacaciones, soy creadora todos los días del año. Eso sí, en verano el ritmo cambia, los días largos y calurosos hacen que el tiempo se dilate, se favorecen ciertos aspectos creativos y se aletargan otros.

-2. ¿Dónde suele veranear?
En un paraíso secreto. Prefiero no desvelar su localización.


-3. ¿Es de playa, de montaña, de ciudad o de pueblo?
Viví tres años y pasé todos los veranos de mi infancia en un pueblo cercano a Huesca, Fañanas.

La libertad de la que disfruté, las horas infinitas que pasé jugando en el jardín y en el huerto, seguramente, propiciaron mi vocación creadora. Ahora vivo en Barcelona, cerca del mar, pero cada cierto tiempo necesito escapar de la ciudad y hacer inmersiones en la naturaleza. La montaña también me apasiona.

 Lugares como los Llanos del Hospital o el Forat d’Aiguallut de Benasque, donde hice algunas de las series fotográficas del proyecto ‘Heliosis’, son lugares limpios, energéticamente muy poderosos, que facilitan la comunión con lo sagrado.


-4. ¿Qué hace diferente al resto del año?
Siempre que puedo bajo a darme un baño en el mar, a primera hora, cuando todo está tranquilo y hay muy poca gente. El sol se refleja en el agua y es como bañarse en la propia luz. Ese contacto tan directo con la luz de la mañana es como una oración vital con la que empiezo el día.

-5. ¿Cuál ha sido el viaje de verano de su vida?
Cada verano dedico unos días, si puedo una semana, a no hacer absolutamente nada. Me entrego a un letargo total, paso los días en la playa bañándome en el mar y tomando el sol. Llevo conmigo un diario en blanco y unos lápices de colores. No es mi propósito escribir o dibujar, pero lo llevo conmigo por si viene la inspiración.

Y siempre llega. Esos días blancos, son totalmente fructíferos, las ideas brotan luminosas, como piezas que encajan en su lugar. Suelen ser instantes de redescubrimiento, porque son momentos de relajación y entrega, y es entonces, en esa abertura de la percepción, cuando se comprende mejor nuestra naturaleza íntima.

Esos días de verano son como una recarga de energía que sigue activa el resto del año.


6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Cómo fue esa época? ¿Se dio una vinculación directa con el arte?
Sí, creo que la forma en que viví mi infancia, inmersa en juegos e imaginaciones, en contacto con la tierra, las plantas y el aire libre, sin duda favoreció la preservación de un mundo interior próximo al origen.

Durante la adolescencia, me alejé bastante de ese mundo intacto, el arte ha sido para mí una vía de recuperarlo, de volver a ese estado de la infancia pero ya no de forma ingenua, sino con inocencia.

-7. ¿Cuál es su mejor recuerdo de entonces, el que más le persigue?
Me veo con cincuenta años aproximadamente, en medio del jardín, con los ojos muy abiertos, totalmente tranquila, nada me inquieta, todo está bien. (...)

-12. Si tuviera que resumir el espíritu del verano en un ‘tuit’, ¿qué diría?Días largos de luz solar, calor, ropa ligera, sandalias, agua de mar, sal, desnudez, alegría, bienestar, siesta, creación, poesía, amor."             (Antón Castro, 08/09/2012, 'MAPI RIVERA EXPONE EN AMSTERDAM)

5/6/11

"Hay veces que las frases parecen escribirse por sí mismas, sin que yo sepa exactamente de dónde surgen"

"P. Usted afirma que la literatura es una zona distinta de la experiencia. ¿Qué quiere decir?

R. No hay palabras para explicar una cosa así. Hay veces que las frases parecen escribirse por sí mismas, sin que yo sepa exactamente de dónde surgen. También me ha sucedido que la estructura de la novela se despliega ante mí sin que intervenga mi voluntad. Es una suerte de revelación.

P. Asegura que el horizonte de la escritura es el lenguaje.

R. Escribir es ir forjando frases que hay que ir arrancando una a una del venero del idioma. Mi trabajo consiste en entablar un forcejeo feroz con el lenguaje. Por supuesto mis novelas se ocupan de asuntos que tienen interés social o cultural, pero el motor de una novela, lo que hace que avance, palabra a palabra, es el bagaje que consigo arrebatar del alma del idioma.

Lo demás no cuenta. Es algo muy humano, y muy falible, no un proceso matemático. (...)

P. A veces la lectura de su obra deja la sensación de que se propone trascender el lenguaje, llegar al ámbito de lo no verbal.

R. Antes empleé la palabra revelación. Hay cosas que el lenguaje no es capaz de comunicar, ideas que resultan imposibles de articular. Cuando se entra en la esfera de lo inefable, surgen conceptos inasibles que procuro atrapar y regresar con ellos al ámbito del lenguaje para darles forma. (...)

R. Uno de los aspectos más importantes de las obras que he escrito en los últimos 10 u 11 años es la reflexión que hago acerca de la naturaleza del tiempo, un enigma insondable que se infiltra en mis libros, impregnándolo todo. El tiempo y las pérdidas irreparables que trae consigo.

P. ¿El tiempo y la muerte?

R. En el sentido de que la creación artística es una suerte de fuga, un escape que busca descifrar el misterio de la mortalidad, la máxima aspiración de toda obra.

En 2004 Don DeLillo publicó Contrapunto, una escueta meditación en torno a la soledad y el arte. Pese a tratarse de un texto muy breve, en él se condensan las preocupaciones esenciales del escritor.

Los ensayos que lo integran tienen como objeto una película que filma la huida épica de un esquimal y las semblanzas de tres artistas asediados por la soledad radical que acompaña a la creación artística: el músico de jazz Thelonius Monk, el pianista Glenn Gould y el escritor austriaco Thomas Bernhard.

R. Ese libro responde a un esfuerzo muy serio por mi parte. Los temas que trato en él son los que más me preocupan. Los creadores de quienes hablo cayeron en alguna forma de depresión, posiblemente algo casi inevitable cuando se es un artista serio.

En los años cincuenta frecuentaba un club de jazz del Greenwich Village en el que solía tocar Thelonius Monk. Aquellos conciertos fueron uno de los catalizadores del libro. En cuanto a Bernhard, su voz me sigue pareciendo tan asombrosa como cuando lo leí por primera vez. Bernhard era un disidente del espíritu humano.

Glenn Gould me resulta más lejano, pero su ejecución de las Variaciones Goldberg nunca ha dejado de hipnotizarme.

P. En el libro hay una imagen imborrable: Monk sentado al piano en silencio, mientras los músicos y el público aguardan expectantes. Monk escucha algo que nadie más alcanza a oír. La imagen me lleva a usted, envuelto en una aureola de silencio al margen de las palabras, fuera del tiempo.

R. Un crítico francés dijo que mi escritura le hacía pensar en la música de Thelonius Monk. Me fascina el hecho de que varios años antes de morir dejara de tocar. Un misterio más del arte..." (DON DELILLO: "Llegué a temer por mi salud mental". El País, 05/06/2011, p. 46)

3/2/11

"Las canciones surgen del desorden incomprensible"

"Nacho Vegas (Gijón, 1974) cabalga en su último disco por La zona sucia como un kamikaze. (...)

"Las canciones salen de esos momentos en los que todo te parece que está un poco desordenado. Cuando las cosas no encajan bien y no sabes muy bien por qué", explica el músico en la oficina de su promotora en Madrid." (NACHO VEGAS: "Las canciones surgen del desorden incomprensible". El País, 02/02/2011, p. 39)

6/7/10

La crisis creativa del escritor según Aguilar Camín

"A doña Emma Camín le gustaban las frases contundentes. "El que expulsa de su vida la mentira deja la verdad afuera", podía llegar a decir. Esas sentencias son un recuerdo insuficiente para su hijo, Héctor Aguilar Camín. Prefiere su presencia. Su muerte, hace cinco años, le ha dejado inmerso en una orfandad creativa. Así lo confesó ayer el escritor mexicano en la jornada inaugural del ciclo literario Lecciones y maestros. El curso se abrió en Santillana del Mar con él, continúa hoy con Rosa Montero y concluirá mañana con Manuel Vicent.(...)

Así corroboraba el peso de ambas en su presentación su amigo el escritor Hugo Hiriart: "Para lograr un destilado de Aguilar Camín se requieren los siguientes ingredientes esparcidos en una retorta: un poco de Chetumal, el pueblo donde nació, lugar primitivo y selvático. Una pizca de su madre y de su tía, dos mujeres que ponían a los niños a cantar para espantar sus miedos, y los jesuitas, donde estudió desde niño hasta llegar a la universidad". (...)

Aguilar Camín se refirió a sí mismo en tercera persona: "No sé qué decir del escritor que se llama como yo. Escribe sin fe en lo que escribe, lleno de fragmentos que no van a ningún lado". Por dentro se le siguen revolviendo los temas de siempre: el poder, la política, el amor, las mujeres misteriosas, el periodismo, la historia, el whisky... México trágico, pujante y violento. Un país que vive una auténtica guerra contra personas dispuestas a matar por 400 euros al mes. "¿Qué hacer con ellos? La guerra, no queda otra solución", aseguró. (...)

¿Y ahora? Ahora sufre terror a la hoja en blanco. Desazón, poca motivación. "El escritor del que hablo quisiera tener al menos un libro largo. Conoce el estado de gracia que es eso".

Lo ha moldeado entre sus manos. Cuenta la historia de la separación de sus padres y su familia. Pero igual que le llegó la inspiración, desapareció. "Cuando llevaba tres capítulos y 100 páginas de notas, la magia se fue. Había ido a visitar a su padre. No quería fallar ante su mirada. Menos con una historia que contaba su fracaso y la destrucción de su progenitor por su propio padre, es decir, su abuelo". En ella se mezclan la separación, el desgarro, la huida, sus ancestros. Ayer quiso conjurarlos. Ojalá el exorcismo le lleve a arrancar de nuevo desde sus páginas moribundas. A desencallar y tomar de nuevo el rumbo." (El País, ed. Galicia, cultura, 22/06/2010, p. 37)

La (barata) creatividad matemática

"Imagine usted que un día le da por empeñarse en terminar un sudoku de los complicados, uno que lleva medio siglo sin que nadie lo resuelva. Y que dos años después, cuando está dispuesto a darse por vencido, encuentra la llave y se hace famoso. Algo así le ocurrió a Francisco Santos, catedrático de Geometría y Topología de la Universidad de Cantabria, que refutó la conjetura de Hirsch, relacionada con el algoritmo del simplex en programación lineal -uno de los más influyentes en la ciencia e ingeniería del pasado siglo-.

Andaba a miles de metros de altura, en un vuelo entre París y Bilbao, leyendo un artículo de combinatoria geométrica cuando se le ocurrió el camino a seguir. "La clave del éxito", dice citando al matemático Gian-Carlo Rota, "es tener tres o cuatro problemas importantes en la maleta y pensar, cada vez que lees algo, si eso puede ser aplicable para resolverlo".

Santos, de 42 años, llega con cautela al restaurante, tal vez porque teme enfrentarse a una encerrona con grabadora. Los entrantes elegidos se posan en la mesa y se va soltando. Pide a todos, padres y medios de comunicación incluidos, que dejen atrás el prejuicio de que las matemáticas son importantes, pero aburridas y difíciles. "El otro día un periodista me dijo: 'Se me atragantó el gazpacho cuando me enteré que te iba a tener que entrevistar'. No hace falta que inculquemos odio a las matemáticas. Hay que tener cierta apertura de mente, aunque no entendamos los detalles".

Aunque reconoce que habría tenido más repercusiones prácticas el demostrar que la conjetura era cierta, explica que su hallazgo abre la puerta a mejorar este algoritmo aplicado a la gestión de recursos. "Se utiliza mucho para coordinar los turnos de trabajo en empresas con miles de empleados, en una aerolínea, por ejemplo". El sello de calidad definitivo, la publicación del resultado en una revista científica, tardará entre uno y tres años, añade." (FRANCISCO SANTOS. "Las matemáticas son una ciencia muy barata". El País, ed. Galicia, última, 21/06/2010)

7/9/09

Se crea mintiendo

"¿Qué es para ti Pedro?

Es mi amor en la tierra. Es mi único amor en la tierra.

Él dice que cuando se muera, antes que como director de cine, quiere ser recordado como amigo de Chavela Vargas.

Es lindo que diga eso. Es lindo, sí.

¿Por qué esa relación?

Somos almas gemelas. Tenemos mucho en común.

¿Qué tenéis en común?

El dolor y la angustia y todo lo que hace falta para crear. Hay que inventar las cosas y cuando se inventan, duelen.

Qué bonito eso que dices?

Duelen mucho. Hay que sostener la mentira. Hay que sostener todo eso, que duele mucho. Día con día te duele. Tienes miedo a que se descubra la verdad. Tú te sonríes, porque suena simpático, pero es verdad. Y a Pedro y a mí nos pasa lo mismo. Parecemos muy valientes, pero por dentro... Por dentro "Sólo Dios sabe"

¿Me estás hablando de la soledad?

Soledad es libertad. Y nosotros somos libres, libres, libres? Que es lo más bello. Yo no tengo yugos. Yo no me agacho ante nadie. Jamás. Y lo mismo le pasa a Pedro. Nos ofrecen millones por una cosa y preferimos ir de gratis a otra. El alma vale más que los millones. Así somos. Y me encanta ser así y así me voy a morir, libre, porque ya no me falta mucho. Soy consciente de que ya voy terminando mi jornada." (Chavela Vargas: Así me voy a morir, libre, sin yugos". El País Semanal, 10/05/2009, p. 30)

26/3/09

Para superar la crisis, hay que cambiar de paradigma, desde el egoísmo al altruismo

"Pregunta. ¿Qué ha averiguado acerca del funcionamiento de la mente?

Respuesta. La mente humana es un instrumento complejo y muy poderoso. Si no se utiliza adecuadamente genera malestar, ineficacia y, en definitiva, resultados pésimos, tal como estamos viendo hoy en día. Se sabe que nuestro cerebro es experto en crear patrones de pensamientos rutinarios, casi mecánicos. Pero no es muy bueno cambiándolos. Por eso nos cuesta tanto gestionar las crisis, que son tan necesarias para introducir cambios y poder así evolucionar.

P. ¿Y por qué cuesta tanto cambiar?

R. Porque somos y pensamos tal y como nos han condicionado desde pequeños. Una vez conformado nuestro sistema de creencias y, por ende, nuestro concepto de identidad, empezamos a pensar y a percibir la realidad de forma estandarizada y subjetiva, limitando las infinitas posibilidades que cada instante ofrece. Independientemente de lo que nos suceda, si experimentamos malestar es que nuestra interpretación del hecho en sí es limitada y, por tanto, equivocada. La negatividad es un síntoma de falta de imaginación y creatividad. No sirve absolutamente para nada.

P. Todo se reduce a una cuestión de percepción...

R. Si cambia nuestra percepción por medio del pensamiento, cambia por completo nuestra visión de la realidad. Y, como consecuencia, también cambia nuestra actitud, nuestro comportamiento y nuestra manera de relacionarnos con los demás y con el entorno del que todos formamos parte. Así, es imposible que cambie nuestra conducta si no cambiamos primero nuestra manera de pensar y nuestras creencias. Aunque muchos siguen aferrándose a su zona de comodidad, donde se encuentran sus viejos hábitos, algo se está cociendo lentamente en nuestra sociedad. La pregunta que uno debe hacerse es: ¿todavía no he cambiado de paradigma?

P. ¿A qué se refiere?

R. Ahora mismo, el gran reto que exige el mundo es que la humanidad cambie de paradigma, es decir, que cambie nuestra manera de ver y de interactuar con la realidad, aprendiendo a diseñar el futuro en consonancia con nuestros verdaderos valores y necesidades humanas. No podemos seguir funcionando desde nuestro egoísmo y egocentrismo. Es hora de funcionar desde el "nosotros", desde la cooperación y el altruismo, a partir de lo que podemos crear verdadero sentido a nuestra existencia.

P. Sin embargo, la crisis parece haber acentuado el miedo, la negatividad y la lucha por la supervivencia...

R. Puede ser. Pero, ¿de qué sirve temer algo que todavía no ha sucedido? ¿Qué beneficios me comporta ser negativo? Toda la energía que no destinamos a construir nos destruye. Por eso ir en contra de algo no tiene ninguna utilidad. Lo que funciona es el diseño y la creación de alternativas útiles y eficaces orientadas a la resolución de conflictos y problemas. Y no hay nada que genere mayor creatividad que ver las cosas tal como son en vez de como nos gustaría que fueran. Sin embargo, la mayoría de la población no es dueña de sí misma, de sus pensamientos, de su perspectiva. Y el cansancio derivado de su impotencia les esclaviza a reaccionar impulsiva y negativamente por pura inercia, perdiendo oportunidades para crear bienestar y valor añadido.

P. ¿Y qué ocurre dentro de las empresas?

R. Lo mismo que fuera de ellas. La gente se niega a aprender de las cosas que le va sucediendo en la vida, con lo que sigue estancada, lo que le impide crecer y mejorar. Y esto es extrapolable a las empresas. La insatisfacción de los colaboradores es sólo un indicador de que hace tiempo que las cosas tendrían que haber cambiado. Pero hasta que no cambie la mentalidad de las personas, todo permanecerá igual. Es una ley eterna e inquebrantable." (EDWARD DE BONO (Experto en pensamiento creativo): "¿Todavía no ha cambiado de paradigma?". El País, Negocios, 08/03/2009, p. 38)

18/12/08

El pesado trabajo de crear

"Manuela Romo es autora de Psicología de la creatividad (Paidós) y profesora de la Universidad Autónoma de Madrid. Al investigar sobre el trabajo de los creadores, se encontró con que se trata de una actividad que exige "un enorme esfuerzo cognitivo y mental al que hay que dedicar cientos o miles de horas. Además, cuando hablamos de auténtica creación, de producir algo nuevo, la persona experimenta fases de gran incertidumbre, no sabe hacia adónde va exactamente, no hay nada definido, y, además, está desafiando paradigmas establecidos, lo que puede ocasionar rechazo o incomprensión. Por otra parte, el hecho de trabajar en soledad puede generar estrés", explica. Visto así, se parece bastante a una especie de tortura. Sin embargo, Romo subraya que nada de esto es capaz de quebrar, por sí solo, la voluntad de un artista, un científico o un compositor. "Es su vida. Una personalidad creativa ama su trabajo, en el que a veces tiene lo que la psicología llama 'la experiencia del fluir': un estado de total inmersión en una tarea, estar absorbido y perder por completo la noción del tiempo". (El País, ed. Galicia, 14/12/2008, p. 36/7)

21/5/08

La música puede superar incluso el racismo ¿?


“Con esa seguridad de la que hace gala para usar el lenguaje popular, aclara que siempre ha pensado que son las canciones las que te buscan según el momento que vives, algo así como si quisieras reencontrarte con el momento que estás pasando. "Busco la redención a través de ellas", dice Buika. "Utilizo la música para limpiarme, para que no me hagan decir cosas, me resulta más fácil pedir perdón cantando. (…)

Puede sonar pelín patético pero, una vez superado el cliché, Buika aprovechó el momento para hacer una inmersión en el mundo del jazz, "un estado musical con un sonido que libera, atrapa y envuelve" y que le ha dado la base para entender todas las demás músicas. (…)

Tampoco le gustan las etiquetas ni cree que lo suyo sea un cruce entre el flamenco y el blues. "Los estilos musicales se corresponden con la manera de expresarse de los pueblos y llevan más verdad que lo que mucha gente cree. Detrás de cualquier género hay gente tratando de contar algo y eso es sublime". Suelta las frases así de corrido pero al poco de acabarlas rubrica que ella es una completa ignorante y que se trata sólo de su punto de vista. Confía totalmente en el poder de una voz y unos acordes, sonidos, dice, capaces de superar incluso el racismo. Para explicarlo saca a colación el caso de Billie Holiday, una artista que hacía llorar a blancos que se negaban a sentarse a su lado en los autobuses.

Entre pitillo y pitillo, Buika desgrana su manera de trabajar. Compone sola en su casa o en los hoteles cuando se encuentra de gira. "Nunca paro de componer, estoy haciendo música todo el rato". (El País, Babelia, 10/05/2008, p. 29)

"Solo puedo escribir cuando puedo escribir"

“Kjell Askildsen se sabe un hombre de pocas palabras. O mejor: de precisas palabras. Un buscador de sus secretos que ha descubierto que ellas no necesitan adornos para mostrar lo que se quiere expresar. (…)

De ahí que hace once años no haya encontrado nada nuevo que publicar. Entró en un silencio muy a su pesar; aunque por las noches no ha dejado de coger su bolígrafo y escribir en compañía de su cerveza o la copa de vino; pero al final nada le gusta. "He escrito algunos principios, pero llego a un punto desde donde ya no puedo continuar. Dejo lo empezado aparte, lo vuelvo a sacar, pero no consigo continuar. No sé por qué, pero tengo que estar allí, tengo que tener que escribir, pero no puedo. Quiero, pero no puedo". Cree que la edad de la jubilación laboral también alcanza a los escritores, y él ya se acerca a los 80 años. (…)

Sin dejarse embaucar por la vanidad de publicar. "Sólo puedo escribir cuando puedo escribir. Hay un largo tiempo de espera hasta que llegue el principio de una historia, aparece en mi cabeza una imagen que tengo que anotar. En ese momento no sé cómo se va a desarrollar el relato, pero lo hace en virtud de lo que ya he escrito. Si las últimas frases del día anterior no resultan satisfactorias, las borro y continúo desde donde me parece bien. No soy ningún crítico (literario), soy un hombre sin estudios, no poseo ninguna de las palabras necesarias para decir por qué algo es bueno. Pero la literatura es el único punto en mi vida en el cual tengo la sensación de estar seguro de mí mismo. Ésa en sí es una buena razón para escribir. Hay algo muy satisfactorio en producir algo que sabes, mientras lo haces, que va a ser bueno, y que, cuando lo has acabado, sabes que es bueno. Entonces no se puede negar que la vida se vuelve un poquito más pobre cuando uno ya no consigue esto". (Kjell Askildsen "Los relatos deben ser una minúscula obra de arte". El País, Babelia, 10/05/2008, p. 13)