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18/1/23

Así manipulan nuestras emociones: desde la felicidad hasta el odio o la empatía... la política, el mercado y las multinacionales tecnológicas influyen en nuestros sentimientos... en la sociedad actual la impresión que prevalece es la vergüenza como efecto de la irrupción de internet

 "Richard Firth-Godbehere publica «Homo Emoticus», donde advierte cómo la política, el mercado y las multinacionales tecnológicas influyen en nuestros sentimientos.

 Muchos partirán de la creencia de que las emociones y las formas de sentir son inherentes a su propia naturaleza y forman parte indeleble del bagaje de su identidad individual. Pero el historiador británico Richard Firth-Godbehere no suscribe esa idea y en su libro «Homo Emoticus» (Salamandra) explica cómo la cultura y las sociedades han influido, y todavía influyen, en la percepción que albergamos de la tristeza, la alegría, la frustración, el odio, la compasión, la añoranza, la melancolía o la ira. Para él, «los regímenes emocionales son de naturaleza jerárquica, nos vienen impuestos por algún tipo de autoridad superior, con frecuencia el Estado, pero a veces también las religiones, las creencias filosóficas o los códigos morales a los que nos adherimos en virtud de nuestra educación».

 En nuestra época, los ciudadanos están expuestos desde los albores del día a infinidad de estímulos y mensajes que tratan de influir en su voluntad con distintos propósitos: alentar sus deseos, incrementar sus necesidades de manera artificial, provocar su indignación o despertar su empatía. La manipulación de nuestras emociones no es algo que ocurra en las páginas de un libro de ciencia-ficción o en una distopía cinematográfica. Es un hecho corriente, aunque pocas voces recalcan esta realidad. «Si me pregunta si estamos manipulados emocionalmente por los políticos, la respuesta es sí, con toda claridad.

 Cuando en el Reino Unido tuvimos el referéndum del Brexit, se encargó a una empresa analizar las emociones de los ingleses para desarrollar anuncios específicos para que, en el día de las elecciones, votaran salir de la Unión Europea. Por desgracia, funcionó. Esto ocurre todo el tiempo y cada vez con mayor frecuencia. Sucede a través de las noticias de la radio o la televisión, en las redes sociales... Los políticos son muy buenos en manipular las emociones de la población. En lugar de recurrir a una explicación, por ejemplo, acuden a un eslogan con tres o cuatro palabras que, si uno examina con cuidado, no dicen nada, pero que son capaces de provocar distintas reacciones emocionales en nosotros. Sin duda, estamos siendo manipulados».

 Richard Firth-Godbehere, que este viernes reflexiona sobre este problema en un debate del Hay Festival de Segovia, comenta que recibe a diario docenas de correos electrónicos. La mayoría son artículos de académicos, pero muchos provienen de tiendas, online. «Se está invirtiendo mucho dinero en influir en las emociones de las personas de manera artificial. Una de las innovaciones está dirigida a que los ordenadores entiendan nuestros sentimientos y, así, desarrollar patrones de voz que reaccionen a ellos consecuentemente. Un ejemplo: si no te sientes feliz puedes hablar con Alexa.

 Google gasta millones en este campo. Incluso Tesla aspira a controlar las emociones de los conductores cuando se sienten al volante de sus vehículos. Si el ordenador del coche percibe que está enfadado o presiente alguna clase de euforia, decidirá tomar el control y aparcar el automóvil, porque, concluirá, esa persona no está en disposición de circular. De momento esto no funciona demasiado bien, es cierto, pero ya se está trabajando en esa dirección y, en algún momento del futuro, llegará. Esto, por supuesto, no tiene que ver con la salud, sino con las ventas. Se trata de inculcar en sus potenciales clientes el concepto de seguridad. Esa idea de que pueden estar tranquilo en sus coches. Pero, en realidad, solo se trata de vender un coche».

 El historiador no duda en señalar el momento emocional en que se encuentra la sociedad actual y asegura que la impresión que prevalece es la «vergüenza como efecto de la irrupción de internet. Hoy, ciertas transgresiones, conllevan de manera inmediata una cancelación, pero a la vez vemos cómo alguien que tenga sobrepeso puede ser avergonzado. Esto subyace en la generación de los llamados milennials. De hecho, los jóvenes están desarrollando una manera de comportarse, unos códigos que respeten algunas líneas y que marcan la conducta. Pero tardaremos todavía algo de tiempo en alcanzar eso».

Refugios emocionales

Para Firth-Godbehere una de las grandes plagas que existen en la actualidad es la llamada «felicidad tóxica»: «Es la idea de que todos deberían estar felices durante todo el tiempo. Si no estás feliz parece que algo va mal y, con sinceridad, no necesitas estar feliz todo el rato. Es normal también estar triste o sentir miedo. Tenemos la impresión de que tenemos que estar felices cada minuto y no creo que eso sea bueno. Es estresante y puede que eso nos conduzca a algo malo».

 Quizá por esos motivos ha introducido en su libro un concepto revolucionario: «el refugio emocional». Un sitio en el que las personas pueden suspender por un breve momento los corsés sociales y deshacerse de las normas que imperan en los espacios públicos. Para él, uno de esos sitios son los estadios de fútbol. «La última vez que fui a ver un partido, un hombre repleto de tatuajes, de esos que, si ves en la calle te cruzas de acera, estaba justo detrás de mí. Cuando mi equipo marcó, me dio el abrazo más grande que te puedas imaginar. Es una emoción estar juntos en una comunidad. Es una liberación. La gente no se comporta como en una oficina.

  Estos lugares tienen esta función. Si no los permites, se producen problemas. Por ejemplo, cuando se cerraron los lugares de reunión en Francia en el siglo XVIII lo que sobrevino fue la Revolución Francesa. Muchas revoluciones provienen de la represión de los refugios emocionales. La Revolución Rusa, también. El nuevo hombre soviético, también explotó al final y la URSS terminó por venirse abajo».          

 Para Firth-Godbehere la historia no está condicionada solo por la razón lógica, sino también por la irracionalidad y los sentimientos, que están detrás de las decisiones de los más importantes estadistas o políticos. Siempre existe un componente sentimental: orgullo, amor, rabia. El odio a los otros ha provocado muchas guerras. Muchos científicos han demostrado que no existe la posibilidad de adoptar una decisión sin implicarte con alguna clase de emoción».

En el horizonte, no obstante, existe un peligro de otra clase en el que muy pocos han reparado: la uniformidad de los sentimientos. Las diferencias culturales entre Occidente y Oriente son evidentes y eso enriquece y favorece la diversidad de pensamiento y de ideas. Pero ha aparecido un elemento que abolirá esta distancia cultural y en el que pocos han fijado la atención: los emojis. 

El diseño de estas caras que representan sorpresa, tristeza o buen humor está igualando lo que en Japón o en España se entiende por sorpresa, tristeza o buen humor al ser aceptados estos iconos por todos los usuarios de estos dos lados del planeta. «A lo largo de los próximos cincuenta años, vamos a ver cómo todo el mundo va a empezar a expresarse de igual manera debido a la tecnología. No creo que sea algo positivo, porque si cambian las emociones, cambian las culturas». 

Por eso, Firth-Godbehere alerta sobre dos puntos cruciales: que «la tecnología acabe por influenciado en nuestras formas de expresión de una manera determinada y cómo en ocasiones se azuza el reparo, el asco o el odio hacia otros seres humanos. El desagrado hacia el otro. Algo que ya explotó el nazismo».           (Javier Ors, La Razón, 15/09/22)

20/1/22

El peligro de un mundo que abandona la razón para abrazar la emoción... El uso de palabras relacionadas con la racionalidad fue en aumento desde 1850, pero comenzó un declive acelerado alrededor de 1980 y se acelera en 2007 con las redes sociales. La consecuencia es la llamada posverdad, que afecta a políticos pero que ya impregna a toda la sociedad

 "Una reciente investigación muestra lo que ya percibíamos como evidente, que nuestra sociedad está abandonando los hechos y la razón para abrazar las emociones y los sentimientos. Sucede desde 1980 y se acelera en 2007 con las redes sociales. La consecuencia es la llamada posverdad, que afecta a políticos pero que ya impregna a toda la sociedad.

En los últimos años el lenguaje ha ido abandonando la racionalidad para enfocarse más en la emoción. Eso supone que se pierde interés en los hechos y en los argumentos racionales para dedicarse más a las emociones y los sentimientos.
 
Es la conclusión de un estudio de científicos de la Universidad e Investigación de Wageningen (WUR) y la Universidad de Indiana publicado hace unos pocos días en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences bajo el título The rise and fall of rationality in language (Auge y caída de la racionalidad en el lenguaje). El uso de palabras relacionadas con la racionalidad fue en aumento desde 1850, pero comenzó un declive acelerado alrededor de 1980.

Los precedentes de la posverdad

Los científicos creen que en esta evolución (o involución) podría estar el precedente de estos tiempos en los que parece que la veracidad en el discurso público está en desuso y la posverdad lo domina. Según los expertos, durante los últimos cuarenta años el interés público ha experimentado un cambio acelerado de lo colectivo a lo individual, y de la racionalidad a la emoción.
 
 El estudio llega a la conclusión de esta evolución en el lenguaje tras analizar informáticamente el vocabulario utilizado en millones de libros. Los investigadores encontraron que las palabras asociadas con el razonamiento, como "determinar" y "conclusión", aumentaron sistemáticamente desde 1850, mientras que las palabras relacionadas con la experiencia humana, como "sentir" y "creer", disminuyeron. Pero este patrón se revirtió en los últimos 40 años, en paralelo con un cambio de un enfoque colectivista a uno individualista, como se refleja en la proporción de pronombres singulares a plurales como 'yo'/'nosotros'.

También en Google

Comprobaron que la tendencia, además de producirse en los libros, de ficción y no ficción, afectaba a los periódicos como The New York Times. No solo eso, también se confirma con el análisis de las palabras más buscadas en Google a partir de 2007.
Parece lógico pensar que la primera parte del proceso, el avance del lenguaje racional y científico desde 1850 a 1980, obedece a que "los rápidos desarrollos en ciencia y tecnología y sus beneficios socioeconómicos impulsaron un aumento en el estatus del enfoque científico, que gradualmente impregnó la cultura, la sociedad y sus instituciones que van desde la educación a la política". Del mismo modo, lo espiritual y esotérico iba en declive en sociedades que se iban modernizando y secularizando.
Los autores reconocen que no es fácil definir el motivo del cambio de tendencia a partir de 1980. Quizá se deba a un sentimiento de desengaño creado como consecuencia de las políticas económicas de entonces que se presentaron con argumentos racionales pero que no proporcionaron suficiente redistribución de la riqueza. También hemos de tener en cuenta que fue a partir del fin de esa década cuando comenzó a introducirse internet en nuestras vidas.

Aumento a partir de las redes sociales

Lo que sí se aprecia en muchos idiomas, es que la tendencia al uso de palabras relacionadas con el sentimiento y la intuición se incrementa alrededor de 2007. Precisamente el año del auge de las redes sociales fue cuando disminuyó la frecuencia de las palabras relacionadas con los hechos mientras aumentaba el lenguaje cargado de emociones.
 
 
Los autores del estudio hablan de un impacto de las redes sociales en las emociones, los intereses y las visiones del mundo. Por ejemplo, las redes podrían haber generado el efecto negativo de distorsionar tu percepción de bienestar y sentir que tus amigos tienen más éxito, más amigos y son más felices.
Al mismo tiempo, el mayor acceso a las campañas de activismo social puede aumentar la sensación de que estamos rodeados de problemas, tragedias e injusticias. Todo ello genera impotencia y frustración en muchas personas.
Es indiscutible que internet y las redes han supuesto una mayor difusión de desinformación y teorías de la conspiración, en lo que ya era un campo de cultivo de incertidumbre y crisis.
Los analistas se plantean si ese cambio desde lo racional a lo emocional detectado en el mundo de los libros, en The New York Times y en las búsquedas de Google se corresponde con un cambio profundo en las actitudes y el pensamiento.

Posverdad y emotividad en dirigentes políticos

Y ahí es donde llega el momento de la posverdad, es decir, el retorcimiento de la realidad para llevarla al campo de lo que desean nuestros sentimientos y emociones hasta el punto de que deje de ser la realidad. Ese es un filón que está siendo explotado por amplios sectores de la sociedad y también por los dirigentes políticos.
Empezó ya con esta anécdota de Ronald Reagan al descubrirse el escándalo Irán-Contra, por el que se vendieron armas a Irán y con el narcotráfico se financiaba la contra nicaragüense. Al salir a la luz la verdad y quedar en evidencia la falsedad de la versión gubernamental dijo:
"Mi corazón y mis mejores intenciones siguen diciéndome que es verdad, pero los hechos y las evidencias me dicen que no lo es".
 Desde ese planteamiento, no puede ninguna frialdad racional estar por encima de algo tan tierno y entrañable como el corazón, las intenciones o los sentimientos.
 
Ya la asesora de Trump Kellyanne Conway, cuando se desmontaban sus mentiras, afirmaba que ellos "manejaban hechos alternativos a los que habían mostrado los medios".
El lenguaje de la emotividad y el sentimiento es más sencillo y eficaz porque requiere de menor formación y capacitación.
 
 En 2015, un trabajo del Boston Globe demostraba que el lenguaje del presidente de Donald Trump era tan básico que hasta un niño de nueve años lo podía comprender sin dificultad. Cuatro años después un complejo estudio elaborado por expertos en lingüística y psicología de las universidades de Texas y Princeton y publicado también en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) confirmaba que Trump no es una extravagante excepción en la historia, sino el último síntoma de un proceso histórico.

No solamente Trump

Los investigadores analizaron más de 33.000 textos de todos los presidentes de Estados Unidos desde finales del siglo XVIII, así como intervenciones en debates, entrevistas, campañas de primarias y discursos. También mensajes de líderes internacionales y contenido publicado en medios de comunicación, más de 5.000 novelas, 12.000 subtítulos de películas y más de dos millones de artículos del New York Times o transcripciones de programas de la CNN.
 
Su conclusión es que los políticos de todo el mundo han ido abandonando el discurso racional y el pensamiento analítico y han decidido dirigirse a los votantes con mensajes simples y elementales que sólo transmiten seguridad y emoción. 
 
La simplificación y emotividad del lenguaje político se aprecia en los debates de los líderes, y en las participaciones de los ciudadanos en las redes. En todos ellos dominan el insulto, la anécdota, el chisme, sin lugar para el argumento elaborado o el razonamiento en profundidad.
 
 No es solo la simplificación, algo inevitable en los formatos audiovisuales, sino la existencia de un discurso dirigido a lo emocional y no a la propuesta política o programática.

Posverdad científica, biológica e histórica

Si seguimos repasando situaciones y sectores en los que el sentimiento y la emotividad supera a la razón podemos aterrizar en la "posverdad científica", que lleva a negar que exista el coronavirus; la "posverdad histórica" lleva a negar el holocausto y la "posverdad biológica" de quienes se consideran en el derecho de elegir sexo, edad, raza y hasta especie.
 
Es evidente que puede haber intereses desde un poder político para fomentar la emotividad y el sentimiento. Sin duda porque es la forma más barata de un Gobierno para sembrar apoyos sin necesidad de destinar recursos.

Dedicarse a apoyar el orgullo, la visibilidad, la autoestima, el sentimiento y la emoción de ser mujer, trans, homosexual o enfermo psiquiátrico es más barato que destinar recursos para atender las necesidades específicas de esos colectivos.
 
Sale más económico y da más juego político una campaña llamada "orgullo loco" para los enfermos mentales o llamar a la cojera "diversidad funcional" (algo que también se podría aplicar al campeón de cien metros lisos, ya que su superioridad también es una diversidad funcional) que aumentarle la pensión o la asistencia a esos colectivos. Es más rentable políticamente aplaudir sentimientos que garantizar comida, educación y salud. Por tanto, hay que hacer bandera de las emociones y sentimientos, y no del derecho a la alimentación o al trabajo digno.
 
Sucede también en el fenómeno los extremismos religiosos, grupos sociales, con sus correspondientes líderes, que abandonan las luchas sociales racionales para abrazar "liberaciones" extraterrenales.

Incluso en la Universidad

La tendencia a magnificar la emoción frente a la razón se aprecia en casi todos los ámbitos. Uno de ellos, el que debería ser más resistente, es la Universidad, especialmente las estadounidenses. Allí expertos, como David D. Burns proclaman que deben ser nuestras emociones y sentimientos los que determinen nuestras interpretaciones de la realidad. Los profesores deben preocuparse sobre todo de cómo sus elecciones puedan afectar al estado emocional del alumnado. Lo que supone que la ciencia, la lógica y el razonamiento ilustrado queda en un segundo plano, o directamente eliminado si va afectar al estado emocional del alumno.
 
Es verdad que, tras el boom de la ciencia, hemos descubierto que los sentimientos y la emoción son importantes, fundamentales en nuestra vida. Del mismo modo que comprobamos que todo no podemos explicarlo con el método científico. No se trata de ignorar lo emotivo, pero sí de preocuparnos si nos estamos dirigiendo a un mundo que reniega de la ciencia, de la verdad, de lo empírico. En otras palabras, de la Ilustración, de las luces que nos sacaran del misticismo y el oscurantismo de la Edad Media.

El lenguaje como luz de alarma

Ya estamos viendo líderes políticos y movimientos que nos están arrastrando al mundo de la posverdad donde la mentira se convierte en legítima o colectivos que han perdido la credibilidad en la ciencia para abrazar las conspiraciones más peregrinas y peligrosas.
Observar la evolución del lenguaje puede ser un buen método para percibir hacia dónde nos dirigimos. Nos está diciendo que estamos abandonando la razón para abrazar la emoción. Es una luz roja de alarma, que se ha encendido y nos está advirtiendo."                       (Pacual Serrano, Sputnik, 19/01/22)

20/7/18

Construye el primer exoesqueleto biónico del mundo para menores con atrofia muscular espinal... para encontrarse con que en España no existe una industria dispuesta a comercializarlo

La científica, con su exoesqueleto biónico./ Manolo Finish

"No me considero una persona especialmente inteligente aunque, eso sí, tengo una capacidad de trabajo importante y las metas muy claras. Soy muy luchadora. Si siento que algo merece la pena, voy a por ello sin dudarlo”. 

Elena García Armada (Valladolid, 1971) es una de las destacadas representantes de esa generación de científicos españoles a los que los recortes feroces a punto estuvieron de arruinar la vida. Pero ella es una mujer con una tenacidad que nunca declina. Doctora en Robótica, científica titular del CSIC y socia fundadora de la empresa Marsi Bionics comenzó diseñando robots industriales hasta que una frágil niña se cruzó en su camino.

 “Daniela sufría una tetraplejia severa debido a un accidente y vi que mis conocimientos podían darle una solución”, afirma. Eso fue en 2009. Olvidó sus proyectos productivos y se lanzó a construir el primer exoesqueleto biónico del mundo para menores con atrofia muscular espinal, una enfermedad degenerativa que afecta a más 2.000 jóvenes en España. 

Lo consiguió a base de tantos sacrificios personales que ni los reconocimientos internacionales recibidos ni la medalla de oro otorgada por la Comunidad de Madrid han logrado mitigar. Tan sólo le sirve el resultado: Daniela se puso en pie y caminó otra vez. “Paradójicamente, seguimos esperando la financiación que posibilite la comercialización de este robot porque en España no existe una industria dispuesta a hacerlo”, confiesa.

 Pero no desespera y sigue diseñando nuevos amigos. El próximo para adultos con movilidad reducida por dos dolencias tan devastadoras como el ictus y la esclerosis múltiple. “Pero quienes mueven mi vida de verdad son mis dos hijas”, asegura.

¿Qué es un exoesqueleto biónico?

Es un robot pero no como los de las películas. El mío es una especie de traje mecánico, un pantalón de metal que se acopla a las personas que no pueden caminar como una órtesis larga, un armazón, que la sustenta desde el tronco hasta los pies. Su ventaja es que está motorizada y, por lo tanto, devuelve al paciente la capacidad de andar.

Está diseñado sólo para niños con problemas de movilidad.

Sí, estamos enfocados a niños y niñas que han perdido su capacidad para caminar por una debilidad progresiva. Lo que les aporta este exoesqueleto es la musculatura que van perdiendo. En cada una de las articulaciones del robot tenemos un músculo artificial que entiende lo que quiere hacer el paciente y le aporta la fuerza que le falta.
Milagroso.

Milagroso, no. Es robótica aplicada al bienestar de la gente.

¿Cómo se le ocurrió crear este ingenio?

Llevo trabajando 22 años en robots que caminan, aunque con una aplicación muy diferente, enfocado más hacia la industria y a los servicios. Por ejemplo, robots que detectan minas antipersonas y máquinas autónomas pero sin contacto directo con el ser humano. 

Lo que cambió el objeto de mi investigación fue la puesta en marcha de financiación por parte del departamento de Defensa de EEUU para desarrollar exoesqueletos que ayudaran a aumentar las capacidades de movilidad de los soldados. 

Eso facilitó el desarrollo de tecnologías en este campo. El paso decisivo llegó cuando recibimos la visita de un matrimonio con una niña, Daniela, que sufría una tetraplejia tras sufrir un accidente. Como llevaba años trabajando en el área pediátrica, vi que era factible y decidí abordar la investigación. Tres años después teníamos a aquella niña caminando.

Qué maravilla.

Fue un momento muy bonito. Cuando le colocamos el exoesqueleto por primera vez se asustó porque nadie que sufre esta dolencia está acostumbrado a ponerse de pie y caminar. La mayoría de los niños con los que hemos trabajado no lo había hecho nunca, lo que les impresiona es que sea un robot el que se abraza a sus cuerpos y les empiece a mover. Eso atemoriza no sólo a los niños sino a cualquiera de nosotros.

 La sensación impacta mucho pero una vez que van cogiendo confianza todo se vuelve emotivo. Así fue para Daniela, para sus padres y, también para mí, claro. No era poner a andar a un robot sin más sino que estaba en contacto con una niña. Eso conllevaba una responsabilidad muy grande en todos nosotros.

El precio será prohibitivo.

Sí, todavía es muy caro. Hay que tener en cuenta que se trata de un dispositivo sanitario que está sometido a una reglamentación internacional de seguridad que utiliza una tecnología costosa y difícil de conseguir. 

Pero, poco a poco, estamos avanzando para conseguir algún tipo de subvención, a través de la Seguridad Social o mediante el patrocinio de la obra social de algunas empresas. Esperamos que el precio de este robot sea pronto similar al de una silla de ruedas.
Usted tuvo que acudir al ‘crowdfounding’ para financiar su construcción.

Esto es una cuenta pendiente que tiene este país. Tenemos organismos de investigación muy importantes pero hay un problema de transferencia a la sociedad. No existen mecanismos que faciliten ese tránsito. 

Dedicar tiempo y esfuerzo a resolver necesidades reales de la gente para que luego no se puedan aplicar porque no hay dinero me parece un sinsentido. Al menos para una mente como la mía. 

¿Cómo logró que las finanzas apostaran por su invento?

El éxito de la prueba con Daniela saltó a los medios de comunicación, sobre todo internacionales, y empezaron a llegar cartas de padres, de médicos, pacientes y asociaciones de Australia, de EEUU, y de otras partes del mundo, dispuestos a comprar el robot. Es que, claro, hay 17 millones de niños en el planeta afectados por este tipo de lesiones. 

El único problema que encontré, y que no esperaba, es que en España carecemos de una industria dispuesta a financiar este tipo de aplicaciones robóticas. Así que sólo me quedaron dos opciones para seguir adelante: o dejar morir la investigación y dedicarme a otra cosa, o tomármelo como algo personal, que es lo que al final hice. Fueron cinco años muy duros.

Tiene dos hijas. ¿Cómo compaginó el doble esfuerzo?

Y una perra, Tira (risas). Fue muy complicado. Además, no tengo una familia cercana que me pueda echar una mano y tuve que acudir a las ayudas del ayuntamiento, de campamentos urbanos y cosas así. Al final te das cuenta de que puedes con todo pero a base de quitarte horas de sueño y descanso. Yo no he tenido vacaciones durante años. 

Cumplía mi jornada laboral completa, iba a mi casa con mis hijas, las acompañaba a las actividades extraescolares y cuando las acostaba, seguía trabajando. He sido una mujer pegada a un portátil durante mucho tiempo. 

¿Cree que a la mujer se la sigue educando con un plus de responsabilidad familiar?

Claro que sí. No existe un equilibrio de género a la hora de compaginar la vida profesional y la familiar. No hay paridad. En el ámbito laboral tenemos que trabajar mucho más para demostrar nuestras capacidades, lo cual es un desgaste añadido. Y en el terreno personal la conciliación no existe. 

Las pocas ayudas en esta faceta van incluso en contra de la mujer porque son reducciones de jornada, con lo cual las empresas se molestan, y no influyen en el ámbito familiar porque nosotras seguimos siendo la que cargamos con casi todo. 

Además, la ciencia está mayoritariamente dirigida por hombres.

No lo crea. Depende del área. Las ‘bios’, por ejemplo, están prácticamente dominadas por mujeres. En cambio, las tecnológicas e ingenierías, como es mi caso, son más masculinas, es cierto.

¿Por qué?

Por una cuestión de educación. Desde pequeños nos construyen roles mediante los juguetes que nos regalan o las actividades que realizamos. Para las chicas, muñecas y cocinitas; para los niños, coches y construcciones. Todo eso marca el desarrollo intelectual. En ese sentido, yo tuve la fortuna de tener unos padres ejemplares y cuando pedía una gasolinera, me regalaban una gasolinera. 

Era muy aficionada a todo tipo de construcciones y nunca me limitaron. Tenía muñecas y cocinitas, claro, pero fui educada en el equilibrio. Y ahora estoy agradecida. Hoy soy ingeniera porque cuando llegó el momento de decidir era lo que me gustaba y nunca encontré pegas. Sin embargo, no todas pueden decir lo mismo.

Usted ocupa el nivel más bajo en las escalas de investigación del CSIC, ¿cuál es el motivo?

No lo sé, de verdad. Llevamos ocho años con reducción de presupuestos a la investigación por parte del estado. Es algo increíble. Casi no salen plazas a concurso y las poquitas que salen, quedo excluida. Me refiero a que igual se ofertan sólo cinco plazas para todos los institutos del CSIC, que son unos 150 centros donde trabajan más de 3.000 investigadores. La situación es demencial.

¿Sigue existiendo un techo de cristal en el CSIC?

Sí. Las mujeres aún no hemos llegado a ocupar los puestos más altos y, por lo tanto, existe un techo de cristal evidente. Romperlo es una tarea que tenemos pendiente pero también nos afectan los otros dos factores que mencionaba, la reducción de presupuesto a la Ciencia y la falta de plazas a concurso, aunque en mi caso personal no sé cuál de las dos me influye en mayor medida.

La interpretación tradicional atribuye al hombre mayor habilidad manual que la mujer.

Sí, pero es que no es cierto. En mi casa, yo era la ‘manitas’ cuando se estropeaba algo. Hay hombres muy intelectuales y mujeres muy prácticas. Y a la inversa. Es una cuestión de gustos. Creo que el problema es inculcar estos estereotipos porque mediatizas el desarrollo de la persona. Hay que potenciar las habilidades de cada uno sin distinción de género. Punto.

Y ahora ha surgido un tercer competidor: La inteligencia artificial. ¿No le da miedo?

¿Por qué? Soy consciente de que la robótica y la inteligencia artificial provoca reparos en mucha gente pero es debido a la influencia del cine de ciencia ficción que, desgraciadamente, suele poner a los robots como seres malignos, que tratan de rebelarse contra el ser humano. ¡Nada más lejos de la realidad! El 85% de la inteligencia humana procede de las emociones, algo que nunca tendrán los robots.

Entonces, ¿ve imposible un conflicto entre humanos y máquinas?

Cualquier aplicación que requiera un poquito de subjetividad y de creación es inviable dejarlo al albur de la máquina. El hombre y el robot pueden complementarse, nunca sustituirse. En el caso concreto de la robótica, que es mi especialidad, nos dirigimos hacia la mejora del servicio al ser humano con el fin de hacerle la vida más fácil.

 Tratamos de mejorar productividades porque creamos máquinas que perfeccionen el trabajo que ya realiza la persona. Le pondré un ejemplo: en el campo de la cirugía, la robótica está teniendo unos resultados extraordinarios gracias a su precisión, limita las imperfecciones del ser humano pero no sustituye al cirujano, que es quien realiza la operación desde una consola. 

La labor del robot es mejorar las capacidades del médico. Nada más. Lo mismo sucede con su aplicación terapéutica. En lugar de hablar de fisioterapias pasivas y lentas, como hasta ahora, empezamos a tener terapias activas que permiten al paciente realizar actividades de su vida cotidiana de forma autónoma y eficiente."                

(Entrevista a Elena García Armada / Ingeniera del CSIC y doctora en Robótica. Gorka Castillo, CTXT, 18/07/18)

27/9/16

“La realidad con la que convivimos es una simulación de nuestro cerebro”

"Susana Martínez-Conde, directora del laboratorio de Neurociencia Visual del Instituto Barrow (Phoenix, EEUU), muestra el que quizá sea el único vídeo donde es posible ver feo a Brad Pitt. El actor estadounidense aparece con el mismo rostro de siempre, junto a otros compañeros de profesión, pero un pequeño detalle lo trastoca todo. 

Una simple cruz en el centro de la imagen, en la que el observador ha de fijarse mientras se suceden las caras, cambia el punto de vista y las expectativas del que mira que pasa a comparar unos rostros con otros convirtiendo en extremas las diferencias entre sus rasgos.

La investigadora española utilizó este y otros ejemplos durante una presentación en la Casa de América de Madrid para mostrar que aunque “existe una realidad ahí fuera, nosotros no interactuamos con ella”. La única realidad con la que convivimos de verdad es una simulación creada por nuestro cerebro que a veces coincide con lo real y a veces no”, añade.

 En el mismo encuentro en torno a lo que se sabe sobre el cerebro, compartió su conocimiento con otros dos investigadores iberoamericanos: Facundo Manes, neurocientífico y rector de la Universidad Favaloro de Buenos Aires, y Raúl Rojas, experto en inteligencia artificial de la Universidad Libre de Berlín. 

 Los tres trabajan para entender cómo nos acerca a la realidad ilimitada nuestro cerebro limitado y, en el caso de Rojas, qué posibilidades tenemos de inventar inteligencias mecánicas que nos echen una mano con la vida.

“Muchas veces pensamos en la visión como una experiencia pasiva, pero siempre es dinámica y activa”, continúa Martínez-Conde, que investiga las bases neuronales de nuestra experiencia subjetiva. “El cerebro siempre está buscando información y con los pocos aspectos que percibe después completa la información”, continúa.

Manes recuerda también otra particularidad de nuestra manera de acercarnos al mundo. Aunque nos gusta pensar que somos seres racionales, las decisiones nunca se toman después de un análisis frío de los datos. “Durante mucho tiempo se consideró que para tomar una decisión racional debíamos dejar las emociones de lado. Hoy sabemos que las emociones y la razón trabajan en tándem en la toma de decisiones”, señala el científico argentino.

Esas emociones tienen una base biológica generada por millones de años de evolución. Los ancestros humanos, en su lucha por la supervivencia, se acostumbraron a clasificar el mundo entre nosotros y ellos, asignando emociones contrapuestas a cada uno de los grupos. “Nosotros en Chile hicimos un experimento con chilenos mapuches y no mapuches, poniéndoles electrodos y mostrándoles fotos de ambos grupos sociales”, cuenta Manes.

 “En cuestión de milisegundos el cerebro se da cuenta de si la foto pertenece a su etnia o no y si pertenece lo asocia con algo positivo y si no con algo negativo”, afirma. “Por este motivo va a ser difícil solucionar el tema palestino y judío desde una oficina en Washington, porque biológicamente en el cerebro ya tenemos prejuicios contra el que es diferente a nosotros y justamente la clave de la armonía es buscar puentes con el que piensa distinto”, señala.

 “Entendiendo el mecanismo de la empatía no solo vamos a poder ayudar a pacientes con problemas de déficit de interacción social, como la esquizofrenia o el autismo. También entenderemos fenómenos sociales como conflictos que escapan a la lógica y tienen más que ver con impregnaciones biológicas de la historia personal que pasa de generación en generación”, concluye.

Raúl Rojas considera que la neurociencia puede ser una inspiración para la inteligencia artificial, aunque cree que su función no consiste en recrear cerebros humanos. “En inteligencia artificial, entre los 50 y los 90 el esfuerzo se dirigió a resolver problemas combinatorios aplicando reglas una detrás de otra”, apunta. “El ejemplo típico es el ajedrez. 

Los humanos juegan reconociendo patrones, conociendo la situación del juego y haciendo después los movimientos, pero una persona no está calculando millones de movimientos en su cabeza”, explica. “La computadora calcula esas alternativas de movimientos propios y contrarios y como es muy buena haciéndolo las máquinas ya ganan a los humanos al ajedrez con esa solución de fuerza bruta”.

Desde los 90, el interés está en los problemas que los humanos resuelven de manera subconsciente. “Reconocer caras, traducir un idioma o conducir un automóvil se hace sin conciencia. Yo puedo conducir, llegar a mi casa y no sé cómo he llegado”, ejemplifica.

 “Con estas ideas hemos desarrollado robots futbolistas que juegan muy bien al fútbol. De hecho, cuando empezamos a desarrollarlos uno podía tomar el joystick y jugar contra los robots y ganarles, pero ahora juegan tan rápido y tan bien que no hay manera”, explica.

Aunque los robots pueden ganar a los humanos en muchas cosas, aún quedan espacios en los que los humanos tienen ventaja. Por ejemplo, la mentira. “Lo más alto de la inteligencia es la mentira en el sentido de que si yo le cuento mentiras a una persona tengo que saber qué sabe esa persona, tengo que tener un modelo mental de la persona para que me crea las mentiras”, explica Rojas.

 “Por eso es tan difícil decir mentiras, porque cuando lo agarran a uno por un lado con una información que no cuadra, hay que cambiar la historia y rehacerla inmediatamente. El test de Turing consiste en que la computadora cuente mentiras al humano para parecer humana, pero para hacer eso tiene que tener un modelo mental de la otra persona”, indica.

En este sentido Manes recuerda que “un grupo de investigadores de Oxford encontró una correlación entre la capacidad de engaño táctico de una especie y su capacidad cerebral”, algo que puede indicar que esa capacidad fue un salto evolutivo más allá de lo social que nos hizo humanos. Martínez-Conde discrepa de sus colegas sobre la mentira como actividad humana por excelencia: 

“Tenemos una capacidad más refinada de engaño como una capacidad más refinada en muchas cosas, pero hay muchos engaños en el mundo animal, desde el mimetismo o el camuflaje en insectos a otros más sofisticados en algunos primates”. 

“En mi investigación me he interesado en por qué funcionan los trucos de magia en el cerebro. Es fácil engañar a un animal y lo hacen entre ellos, pero no creo que la magia funcione en un animal. Lo que es diferente para una persona en un espectáculo de magia, esta capacidad de asombro y maravilla es lo que nos hace humano”, afirma.

 Rojas sin embargo considera que sin un modelo mental del otro y un conocimiento de la diferencia entre la verdad y la mentira, lo que se está haciendo es simplemente despistar al rival, algo distinto del engaño.

El engaño, pero de uno mismo, es otro de los mecanismos de adaptación humana para gestionar el mundo con un cerebro limitado. Muchas veces tomamos una decisión y la justificamos aunque haya indicios de que ha sido un error. “Existe una gran inercia a mantener la opinión una vez que decidimos”, explica la investigadora.

 “Es un mecanismo de atajo mental, la disonancia cognitiva. Después de tomar una decisión no puedo cuestionarla todo el rato porque no tienes los recursos neurales para estar analizando de nuevo los datos una y otra vez”, añade.

 Tras siglos de investigación, cree Martínez-Conde que será posible conocer al detalle la biología cerebral y, si la tecnología del futuro lo permite, construir una máquina con las capacidades del cerebro humano. Rojas, sin embargo, no cree que eso vaya a suceder, por cuestiones técnicas y por falta de interés.

 “No creo que una computadora, que puede ser muy rápida para tomar decisiones y mejores que las personas al poder sopesar más información, vaya a tener una inteligencia como nosotros. También porque las emociones juegan un papel muy importante en la toma de decisiones humana, y no creo que una computadora vaya a tener emociones”, explica. 

Además, en opinión de Rojas “no se puede reconstruir un cerebro con computadoras digitales porque el cerebro es un sistema analógico y en sistemas analógicos el mejor modelo con lo que sabemos actualmente es el sistema analógico mismo”. “Para construir cerebros humanos la mejor manera que tenemos ahora es tener hijos”, concluye."                       (Daniel Mediavilla, El País, 31/01/16)

1/6/11

"¿Por qué los ciudadanos votan a unos partidos u otros, en blanco o se abstienen?

"¿Por qué los ciudadanos votan a unos partidos u otros, en blanco o se abstienen? Cabe pensar que son sus intereses los que mandan, pero la pregunta es entonces qué son los intereses, y parece ser que a menudo tienen poco que ver con eso que los economistas entienden por "intereses racionales". (...)

Esta enseñanza ancestral es la que pone de nuevo sobre el tapete la neuropolítica, una disciplina preocupada por descubrir cómo funciona el cerebro de los ciudadanos, sobre todo de los ciudadanos como electores. (...)

Y resulta ser que las gentes, según George Lakoff y otros investigadores del ramo, no votamos teniendo en cuenta los hechos concretos, como cabría pensar de seres presuntamente racionales, sino que en realidad votamos desde nuestros valores, estrechamente ligados a las emociones. (...)

A lo largo de nuestra historia personal nos vamos identificando con un marco de valores y, una vez configurado el esquema, nos resistimos como gato panza arriba a renunciar a él.Lo más curioso es que esos marcos están presentes en las sinapsis del cerebro, e influyen en nuestras decisiones de forma inconsciente. (...)

Así se explica que las informaciones concretas sobre que los políticos del propio partido mienten, que son ignorantes, que no saben resolver los problemas, que más bien forman parte de los problemas, que hacen trampas o que son corruptos, no cambien la intención de nuestro voto. (...)

¿Cómo puede un partido conseguir adhesiones casi inquebrantables y conquistar los votos de los indecisos? Aquí la neuropolítica resulta de nuevo de utilidad: conocemos esos marcos de valores a través del lenguaje, las palabras se definen en relación con los marcos y, cuando se oye una palabra, el marco se activa en el cerebro.

Se trata entonces de crear un lenguaje propio del partido, que caracterice su posición y sintonice con los ciudadanos. Ganar a las gentes por la emoción, a través de la palabra, es clave.

Por fortuna, aquí no acaban los mensajes de la neuropolítica, sino que más bien queda uno esencial. Los políticos responsables deberían crear marcos de valores atractivos, capaces de sintonizar con los grandes ideales del mundo moderno, y no con lo peor de ese mundo.

El entorno social y político en que los ciudadanos vivimos influye poderosamente en el desarrollo de nuestro cerebro, y nos ha costado demasiado descubrir esos grandes valores a lo largo de la historia humana como para ahora echarlos por la borda y potenciar lo peor solo por ganar votos. (...)

Afortunadamente, emoción y razón van unidas, más aún en el caso de ciudadanos que quieran ser críticos y activos, capaces de atender a las realizaciones, y no solo a las declaraciones, capaces de atender a las buenas prácticas y no sólo a las proclamas vacías." (ADELA CORTINA: La racionalidad como rara avis. El País, 31/05/2011, p. 31)

6/11/10

Razón y emoción

"La emoción, como la razón, sirve con eficacia a la mentira, y no es extraño que esa distinción tradicional entre los dos conceptos esté hoy sujeta a la crítica de la investigación neurológica, que no reconoce alojamientos cerebrales distintos a una y a otra y que observa que lo que llamamos racionalidad puede entenderse como una expresión emocional.

Y viceversa, desde luego: yo mismo he experimentado demasiadas veces el amargo trasfondo que tiene el llanto cuando, aparentemente surgido de una emoción noble, indiscutida, profunda, acaba convirtiéndose en expresión de la autocompasión y hasta de la vanidad, mira cómo lloro, se dice uno mismo, y que buen hombre verdadero soy." (Diarios de Arcadi Espada, 06/11/2010)

15/9/08

Los antiguosd oficios tenían racionalidad

“-Moitos galegos levamos un arquitecto dentro: con catro bloques e unha uralita facemos un chalé de veraneo...

-Si. Iso é unha herdanza que temos. En orixe, case todo o mundo construía a súa casa...

-¡Pero eran bonitas!

-Porque tiñan unha racionalidade e unha lóxica, a xente tiña un oficio... Unha proba é que todos os canastros, por exemplo, son bonitos.

-¿Cando toleamos?

-Cando perdemos esa racionalidade. Ten que ver con iso que chamamos «novos ricos», cando a xente ten máis cartos e posibilidades que cultura. Hoxe hai casas que queren ser pazos e son un horror, unha merda de arquitectura cun investimento tremendo. Prefiro durmir nunha tenda de campaña que nunha desas casas.” (Cesar Portela: “Hay sitios que me producen úlcera”, La Voz de Galicia, última, 15/09/2008)

23/11/07

Razón y emoción

“P.- Usted ha dicho que las emociones tienen tanto poder en nosotros, que una muy fuerte sólo puede ser anulada por otra de igual intensidad y de signo contrario. ¿Cómo defendernos del miedo inducido?

R.- Lo más importante que la investigación sobre las emociones puede hacer por la humanidad es hacer comprender cómo opera nuestro cerebro emocional. Si entendemos cómo se genera el miedo o el odio y cómo es posible manipularlo por la publicidad, podremos defendernos cultivando emociones fuertes de signo contrario. Pero para que sean eficaces, tienen que estar informadas por la razón. Lo que hemos visto en las investigaciones sobre el cerebro emocional es que el proceso comienza efectivamente con una emoción, esta emoción lleva una determinada información que, al ser procesada en la parte racional del cerebro, da lugar a un nivel diferente de conocimiento en el que las emociones se convierten en sentimientos. No es que la razón acabe con la emoción, sino que la emoción crea razón, y la razón conduce a su vez esa emoción a otro nivel más consciente.” (Antonio Damasio: “Todos podemos convertirnos en bestias horribles”. El País Semanal, 11-11-07, pps. 48)