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3/12/21

Si España reúne condiciones perfectas para el teletrabajo, por qué estamos por debajo de la media europea

 "El teletrabajo llego a la vida de los trabajadores españoles más por obligación que por devoción de las empresas hace más de un año. Desde que comenzó los confinamientos, muchos trabajadores se han visto obligados llevar su oficina a casa. 

 Trabajar desde casa ha creado diferentes hábitos que ahora se está viendo si volver o no a las oficinas, y como hacer para mantener lo bueno del teletrabajo en España. Pero la cuestión es que si es verdad que el teletrabajo se ha convertido en un habito tan habitual como piensa todo el mundo.

¿En qué países el teletrabajo se ha convertido en algo habitual en la vida de los trabajadores?

Según el ‘Dossier de indicadores de teletrabajo y trabajo en movilidad en España y la UE’ de Junio de 2021 del Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital, ha recopilado datos a nivel europeo y a nivel de España donde se demuestra que existen grandes diferencias en el teletrabajo.

La medía europea se encuentra en el 12,3 por ciento de los trabajadores que están realizando su trabajo desde casa durante el año pasado. Un porcentaje en el que España se encuentra por debajo, en un 10,9 por ciento.

Los países nórdicos y centroeuropeos ocupan los primeros puestos del teletrabajo en Europa. Finlandia es el país de la Unión Europea con mayor porcentaje de trabajadores que realizan teletrabajo con un 25,1 por ciento. España se encuentra a más de 14 puntos de diferencia en la implantación de teletrabajo por parte de las empresas.

El perfil del empleado que teletrabaja en España

El perfil de los trabajadores que han teletrabajado más en España han sido las mujeres entre 25 y 55 años y que tienen a su cargo menores o personas dependientes, por tanto, el perfil es de teletrabajadora.

Desde antes que llegará el coronavirus a nuestras vidas, los que teletrabajaban en su mayoría era los hombres, algo que ha cambiado la tendencia, por un aumento de teletrabajo de la mujer. Esto se ha debido a las cargas familiares que tienen las mujeres en los hogares españoles.

Por ranking de comunidades autónomas la ganadora ha sido la Comunidad de Madrid con un 21,6 por ciento de trabajadores que se quedan en casa para trabajar, la siguiente comunidad has sido Cataluña con un 15,2 por ciento de los empleados.

 Por otra parte, nos encontramos que las pymes españolas superan a la media europea en preparación para el teletrabajo. En 2020 el porcentaje de las empresas de 0 a 9 trabajadores que dan un dispositivo portátil con fines labores fue un 41 por ciento. Menos de la mitad de las empresas en España.

Contrasta con que las empresas de 10 a 49 trabajadores proporcionan a sus empleados en un 71 por ciento dispositivos portátiles con fines laborales, las pymes de 50 a 249 trabajadores lo hacen en un 87 por ciento y las grandes empresas lo hacen en un 96 por ciento.

Las empresas españolas no tenían experiencia previa en el teletrabajo

Las experiencias en el teletrabajo en las empresas en España habían sido pocas, así como su preparación digital y los marcos normativos que regulan el teletrabajo, han sido los condicionantes por la baja implantación entre las empresas.

Aunque el teletrabajo ha sido un elemento fundamental para la coexistencia de la actividad de las empresas y las medidas de restricción impuestas por el gobierno para contener el coronavirus.

El coronavirus ha impulsado la implantación del teletrabajo en España, sobre todo durante los periodos del confinamiento. Aunque la adopción del teletrabajo ha disminuido después de los confinamientos, sobretodo cuando se han relajado más las medidas de contención.

Una buena cosa para el teletrabajo ha sido que por primera vez en España se regula el teletrabajo a través del Real Decreto-ley 28/2020, de 22 de septiembre, de trabajo a distancia, pero lo malo que no se había regulado antes y, por tanto, las empresas no lo tienen interiorizado.

Las empresas de mediano y grande tamaño han estado mucho mejor preparadas que las empresas pequeñas para que sus trabajadores hagan teletrabajo en cuanto a los equipamientos y la conectividad que proporcionan.

Reflexiones para realizar el teletrabajo en España

España tiene buenas infraestructuras a la hora de conexiones a Internet, pero debe invertir en mejorarla a través del 5G y aprovechar mejor las infraestructuras existentes, implantando políticas que incentiven a las empresas a realizar el cambio de presencial a teletrabajo.

Se puede realizar ciertas reflexiones para realizar este cambio de mentalidad para las empresas:

  • España necesita impulsar mucho más el teletrabajo a nivel nacional como a nivel de las Comunidades Autónomas, ya que la normativa que regula el teletrabajo no se ha asumido por las empresas.
  • La normativa que regula el teletrabajo no indica quién se va a ver afectado por la ley.
  • La normativa pretende regular el teletrabajo en un futuro, pero debe tener en cuenta que debe trabajar desde ya sobre el tema.
  • España necesita una normativa a largo plazo basada en la educación a las empresas y la capacitación de las nuevas tecnologías que permitan el teletrabajo.
  • España necesita un cambio en el tema de conciliación familiar y una mejor racionalización de la jornada laboral."                     (Raúl J. Maestre, El blog salmón, 02/12/21)

23/9/21

Daniel Susskind: “El desafío económico del siglo XXI es la distribución de la riqueza... para lo que hay que elegir entre la renta básica universal o el trabajo garantizado

 "El trabajo no es solo una fuente de ingresos. Para muchas personas, es también una fuente de significado que forma su identidad y orienta sus vidas. Según el experto en inteligencia artificial y profesor de Economía en la Universidad de Oxford Daniel Susskind, todo eso podría estar a punto de cambiar. 

En su libro A world without work (seleccionado por The Financial Times como uno de los cuatro mejores títulos de economía de 2020), Susskind argumenta que la revolución de la inteligencia artificial se distinguirá de los anteriores avances tecnológicos porque esta vez el riesgo de competir con una máquina se extiende a muchos más sectores. 

Como explicó durante una entrevista por Skype, el estrago no se limitará al mercado laboral “sino que puede significar un gran agujero en esa idea de sentido, de estar contribuyendo y de tener un propósito que proporciona el trabajo”.

 Según Susskind, no hay que esperar al futuro para entender la importancia de estas cuestiones. Los desempleados del cinturón industrial estadounidense que se niegan a buscar trabajo en tareas eminentemente femeninas como la enfermería o la enseñanza infantil son, dice, un ejemplo de lo relevante que es el tema de la identidad en el trabajo. 

Lo mismo con los universitarios desocupados de Corea del Sur que rechazan ofertas laborales por debajo de su nivel de formación. “Todo esto es para decir que no nos bastará con formar a la gente para que adquiera nuevas habilidades, también vamos a tener que pensar en estos conceptos de significado, identidad y propósito”.

Pregunta. ¿Qué otras actividades podrían convertirse en esa brújula vital que ha sido hasta ahora el trabajo?

Respuesta. Si nos tomamos en serio la amenaza de un mundo donde no habrá trabajo suficiente para todos, tenemos que pasar menos tiempo diseñando políticas de mercado laboral y más tiempo pensando en la manera en que la gente va a pasar su tiempo libre, cómo hacer para que el tiempo en el que no están trabajando lo pasen de una manera significativa, valiosa y gratificante.

P. ¿Por ejemplo?

R. Parece una idea poco común, pero no es tan radical. En las políticas de los gobiernos de todo el mundo hay un montón de pequeñas intromisiones en lo que hace la gente en su tiempo libre. En el Reino Unido, tenemos un departamento ministerial para la cultura, los medios y el deporte. Es decir, todo un departamento del gobierno ocupado en moldear la manera en que la gente pasa su tiempo libre haciendo que los museos sean gratis y que los parques sean bonitos y accesibles, incentivando que los niños lean, naden y monten en bicicleta. 

Son intrusiones menores pero intrusiones al fin. Pero es que incluso en el sistema de pensiones hay una valoración implícita y es la de que te tomes tu tiempo de descanso solo cuando tienes menos utilidad como trabajador. Todas estas cosas son relativamente accidentales, pequeñas intrusiones, pero si vamos a un mundo en el que no habrá suficiente trabajo, es el tipo de intervenciones en el que vamos a tener que pensar de forma más sistemática y detenida.

 P. En alguna ocasión ha defendido la capacidad de la tecnología para agrandar el pastel como un argumento para el optimismo, ¿pero no es un problema de distribución de riqueza el que enfrentamos?

R. Durante la mayor parte de la historia de la humanidad el problema ha sido el tamaño del pastel a repartir, cómo hacerlo lo suficientemente grande para que diera para todos. Pero en los últimos cien años nos hemos acercado mucho a la solución de ese problema. Por supuesto que eso no significa que el pastel vaya a ser distribuido de manera equitativa automáticamente. Al contrario, mucha gente tiene una parte muy pequeña, migajas. 

El desafío económico del siglo XXI será claramente uno de distribución, de reparto del pastel, pero en cualquier caso es un desafío mucho mejor que el que enfrentaron nuestros antepasados durante siglos. El mercado laboral ha sido uno de los mecanismos que tradicionalmente hemos usado para hacer ese reparto, ¿pero cómo hacerlo si los salarios pierden eficacia en un mundo con menos trabajo disponible?

P. Si no es con el mercado laboral, ¿de qué otra manera se podrá hacer el reparto?

R. Una de las ideas que están tomando forma para enfrentar estos desafíos tecnológicos es que el gobierno dé un paso al frente y desarrolle un programa de trabajo garantizado. Sería una alternativa a la renta básica universal, otro enfoque que también resuelve el tema del reparto en un mercado laboral incapaz de proporcionar todos los trabajos que hacen falta. La diferencia es que el programa del que hablo proporciona un ingreso a través de ese trabajo garantizado, mientras que la renta básica universal no tiene en cuenta si la persona trabaja o no. 

Las dos propuestas parten de asunciones diferentes sobre la relación que hay entre el trabajo y estas nociones de sentido, significado y propósito. Si crees que hay una relación fuerte, entonces el esquema de trabajos garantizados parece el más atractivo. Si por el contrario crees que es posible encontrar significado y propósito fuera del trabajo, entonces la opción de la renta básica universal parece mejor.

P. En estos años de concentración de riqueza y retrocesos en derechos laborales por las nuevas formas de contratación de las tecnológicas, ¿no es utópico pensar en un gran Estado que garantizará ingresos y trabajos?

 R. El economista estadounidense J. K. Galbraith escribió que uno de los problemas de la economía estadounidense fue que el poder estaba concentrado en manos de grandes industrias y empresas, y hacía falta que los trabajadores lo contrarrestaran con su negociación colectiva. Una de las áreas en las que la tecnología no ha influido mucho, y no entiendo por qué, es nuestra forma de hacer negociación colectiva. Los sindicatos tratan de ejercer el poder de una forma verdaderamente anticuada, no han aprovechado los cambios tecnológicos de las últimas décadas.

 Hay una oportunidad de empezar, con una hoja en blanco, a pensar de qué manera las opciones tecnológicas disponibles pueden usarse para reformular el funcionamiento de los sindicatos y hacer que se conviertan en un contrapeso en este mundo en el que los avances están quitándole poder a los trabajadores y dándoselo a las grandes tecnológicas."                 (Entrevista a Daniel Susskind, Francisco de Zárate, El País, 29/08/21)

27/3/20

¿Quebró aquel empresario que decidió hace cinco años subir el salario de todos sus empleados a 70.000$?

"¿Qué ocurriría si de repente a usted su jefe decidiese subirle el sueldo a 70.000 dólares? ¿Qué ocurriría si además a la vez se lo subiese a la misma cantidad a todos sus compañeros? 

Tal vez ya hayan leído sobre esta disruptiva decisión que tomó un ahora famoso empresario estadounidense, y también tal vez hayan leído los incontables vaticinios que al respecto hicieron muchos analistas, y que auguraban un siniestro futuro financiero para el disruptor empresario.


Pero ahora ya ha pasado un tiempo prudencial desde aquella desorbitante subida salarial en aquella empresa, así que ya va siendo momento de, más allá de vaticinios fúnebres de unos, y de efusivos aplausos de otros, valorar de verdad qué ha sido de aquella empresa y de su disruptivo empresario. 

Así que la última pregunta que les planteo ahora es ¿Quebró finalmente aquel empresario que decidió subirle el sueldo a todos sus empleados a la “mágica” cantidad de 70.000 dólares brutos anuales? Pues no sé si la respuesta les sorprenderá, pero lo que es seguro es que hay otros empresarios y analistas que pueden aprender de la experiencia (entre los cuales me incluyo, al igual que hago para cualquier otro tema).

El dueño y fundador de la ahora famosa Gravity Payments, el disruptor Dan Price, fue el que allá por 2015 sorprendió al panorama empresarial estadounidense y a parte del mundo con la resoluta y disruptora medida de subir el salario de todos sus empleados hasta cobrar la generosa cantidad 70.000$ anuales. 

Sin quitar ni un ápice de valentía a un empresario cuyo osado movimiento considero un auténtico experimento de campo, lo cierto es que analistas como un servidor preferimos abogar por una u otra receta socioeconómica con más datos objetivos en la mano, y menos corazonadas que, por muy bienintencionadas que puedan llegar a ser en algunos casos, al final nos hacen correr el riesgo cierto de traer destrucción socioeconómica, pérdida de puestos de trabajo, y muy probablemente también incontables muertes provocadas por el supuesto suicidio económico.


En este sentido, un servidor considera infinitamente más valiosos los datos que arroje el experimento socioeconómico, que las motivaciones de Price, que pueden ser lo mismo acertadas que equivocadas, e igualmente ser visionarias o meras corazonadas. Ante el terreno de lo desconocido e inexplorado, un servidor prefiere buscar las causas a posteriori, una vez observado que los resultados merecen la pena como para dedicar tiempo a la investigación forense de las condiciones iniciales que llevaron a dicho resultado. 

Es por un mero tema de eficiencia y optimización de ese tiempo del que (casi) todos vamos siempre tan escasos. Pero aún así, y para satisfacer una comprensible y lógica curiosidad que aflorará a las mentes de algunos lectores, voy a simplemente sintetizar brevemente las razones que llevaron a este empresario a hacer de Papá Noel con las nóminas en el saco de regalos.


Como habrán podido leer en el enlace anterior del New York Times, Dan Price dio a luz su nueva política salarial tras leer un artículo en el que participaba el Nobel Kahneman y que versaba sobre la felicidad y sobre el nivel salarial adecuado para conseguirla, y que le cambió su visión de la empresa y… de la vida. Este hombre vio claro que sus empleados serían mucho más felices en términos generales con un salario de 70.000$ (un punto bastante obvio), pero donde verdaderamente está lo osado de su apuesta fue en creer que ello redundaría en una mayor calidad en su trabajo y en su vida profesional. 

Al menos para un servidor, este segundo punto es igualmente bastante obvio; lo que ya no me resulta tan obvio es saber a priori si la mejora en la eficiencia y la productividad que ello va a revertir sobre la empresa es suficiente para compensar un incremento de los costes salariales tan importante. Ahí es donde ni más ni menos Dan Price se la jugó totalmente, porque con los datos disponibles en aquel momento, ni él ni nadie podía asegurar con un mínimo rigor ningún tipo de resultado.


En este sentido, el factor oculto más importante podría ser cómo mejora la productividad de la empresa porque la gente con mejores ingresos tiene por lo general menos problemas graves en su vida personal, y puede dedicarse a pensar más en el trabajo, y a centrarse en las capacidades de orden superior de la pirámide de Maslow, que son las que más beneficios personales y profesionales pueden llegar a aportar. Es un argumento que respaldaría todos esos grandes beneficios que trae también para las empresas que puedan contar con empleados que mantengan una vida armoniosa y equilibrada. 

Y este es un punto socioeconómico clave, porque a veces parece que ciertos resortes de nuestro sistema tratan de buscar desesperadamente que una proporción mayoritaria de la población tenga una vida personal desordenada y caótica, que les mantenga presos de preocupaciones personales muy graves, para que quizás así no se preocupen tanto por otros problemas del país, y pasen automáticamente a ver como un tema menor la corrupción política, el deterioro de la clase media, la ausencia de la búsqueda del bien común... y otros tantos temas socioeconómicos clave de verdad, y que nuestros políticos prefieren mantener oportunistamente "apartados" de nuestras mentes.

 Así por ejemplo, aunque no acabe de venir al caso pero que demuestra el razonamiento anterior, hoy en día se está tratando de normalizar e incentivar la infidelidad en la pareja, y ya no se trata exclusivamente de perpetuar la infidelidad masculina con el clásico de "todos los hombres somos iguales" o de que "resistirse a los encantos de una mujer es inútil", sino que la vuelta de tuerca por el inevitable cambio de modelo familiar pasa en algunos medios por vendernos exactamente los mismos mantras falsos respecto a las mujeres.

 Y oigan, que puedo llegar a admitir que pueda haber parejas en las que se ambos sean infieles sistemáticamente y con consentimiento mutuo, pero que así también otros puedan llegar a disfrutar de cierta estabilidad personal, pero realmente esas parejas son las menos (y por mucho). De nuevo, a veces parece que se buscan familias infelices, parejas con problemas graves, vidas personales inestables, y gente que se vea desbordada por una vida familiar nefasta, para que así no pueda ni preocuparse por los problemas reales del sistema, que son debidamente explotados por terceros "camuflados de lagarterana".

 Volviendo al tema de hoy, la mañana en que Price reunió a los 120 empleados de Gravity Payments en sus oficinas de Seattle para darles la “buena nueva” (y tan buena), sus empleados no daban crédito. Les iban a subir el salario a toda la plantilla y de una sola vez hasta la “mágica” cantidad de 70.000$ brutos anuales, y además lo iban a hacer igualmente para todos, indistintamente de su ocupación, puesto, funciones o desempeño. Más de uno debió de darse la vuelta buscando por algún lado la cámara de algún programa de bromas televisivas. 

Pero no la había, el asunto iba totalmente en serio, y durante los tres subsiguientes años a aquel 2015 ésa iba a ser su generosa asignación salarial para cada uno de ellos. Como en todos sitios hay todo tipo de opiniones, buena parte de las resistencias a las que Price se enfrentó para sacar adelante su nueva política salarial fueron paradójicamente internas, con algunos de los “pesos pesados” de su empresa mostrando una frontal oposición a una “feliz idea” que iba a arruinar la empresa y acabar dejándoles sin empleo a todos. Pero Price persistió con determinación, y siguió adelante puesto que, al fin y al cabo, él era el dueño de la empresa.

No es que Price adoptase una política salarial que podía permitirse financieramente, sino que tuvo que hacer también ímprobos esfuerzos corporativos y personales para poder sacar la medida adelante con un mínimo de sostenibilidad. Así, Price se redujo su propia asignación salarial desde alrededor de 1 millón de dólares hasta los mismos 70.000$ que iban a cobrar a partir de aquel momento todos sus empleados. 

Y además Price apalancó financieramente a su empresa, utilizando por adelantado en torno a un 80% del beneficio estimado de su compañía para el año en curso. Desde luego, la osadía de Price era épica, puesto que no se trataba de un simple capricho socioeconómico de un multimillonario que se podía permitir incluso prescindir totalmente de su empresa; no, Price se la estaba jugando realmente.


Pero las motivaciones de Price no iban encaminadas simplemente por una corazonada centrada en la mera felicidad que una posición económica más desahogada puede aportar. No. Dan Price también había decidido hacer lo que hizo por una sana convicción en la que (esta vez sí) coincidimos desde estas líneas mayormente, al menos en lo referente a la degenerativa tendencia salarial de la clase media en los últimos años de la que tanto les hemos escrito (a pesar de la reciente revitalización que llega demasiado tarde). 

Y es que Price tenía muy claro que la ampliación de la brecha salarial entre los ejecutivos y el trabajador medio era insostenible, y perjudicial socioeconómicamente. En la “feliz idea” de Dan había pues buena dosis de sistémica, y decidió emprender por su cuenta la guerra esencial de refundar ese capitalismo que ha dejado mayormente de ser de los ciudadanos según les hemos analizado.

Pero lo cierto es que, ni de lejos, todo es color de rosa en esta historia económica de Dan Price y Gravity Payments. Aquí, como siempre, hay también algunas sombras, y con la mala costumbre del rigor al que nos debemos desde estas líneas, no podemos hacer otra cosa que hacernos también eco de la parte de la historia menos azucarada. Como bien informaba Bloomberg Businessweek, el tema es que algunos de sus ejecutivos más preciados optaron por dejar la empresa, se dice que porque no veían compensado el mayor esfuerzo y la mayor responsabilidad que sus cargos implicaban respecto a otros empleados de base.


Efectivamente éste fue un momento difícil para Price, especialmente porque su hermano estaba entre esas dimisiones, que además era co-propietario de Gravity Payments con un 30% de participación en la empresa. Price no sólo se enfrentó a un problema de personal de alto nivel, sino que los problemas que su política le ocasionó le afectaron incluso en el plano más personal, deteriorando sus relaciones familiares. Otras sombras de la historia son que realmente las cuentas de Gravity Payments no son públicas, y hay que hacer un acto de fé en base a lo que Dan Price afirma al respecto. 

Además, a Price le echan en cara que el partió en su apuesta desde una posición holgada con un salario que era anormalmente alto para la casuística y situación de su empresa, un punto que para algunos muestra cierto grado de incongruencia personal entre el Dan de antes y el Dan de después, así como que le puede haber puesto en una posición mucho más favorable para poder afrontar el reto, donde otros empresarios no puedan permitirse enfrentarse a una apuesta similar sin poner seriamente en riesgo su empresa.

 Y es que además, el experimento de Price podría estar “viciado”, no tanto ya por las condiciones iniciales, sino por el mero desarrollo del mismo, que entró en una dinámica que se realimentaba a sí misma, y tanto el experimento como el propio Price se volvieron tan mediáticos que con ello la experiencia de campo pudo desvirtuarse por sí misma, y perder por el camino su útil condición como fuente de datos objetivos y experimentales. 

El hecho es que muchos ciudadanos a lo largo y ancho del país (y del mundo) se sintieron ampliamente identificados con Price y su idea, y así esto pudo traducirse en decididas apuestas por este modelo empresarial que consideraban más sostenible, y llevarle o mantenerle a Price negocio por el mero hecho de ser quién ahora era, en vez de por la actividad y servicios que su empresa era capaz de dar destacando sobre la competencia gracias al incremento salarial.

De una manera u otra, el caso de Gravity Payments es el que es, y Dan Price actúa con total coherencia empresarial si la fórmula a él en concreto le ha dado buenos resultados a nivel corporativo. Y estos resultados no deben ser calificados de buenos por las meras cifras financieras tan positivas que arroja la compañía, a lo que habría que añadir los beneficios mayormente imponderables como buen ambiente de trabajo, que pueda realizar mejores contrataciones porque más perfiles con talento quieren optar a sus vacantes, etc. Aquí hay que remitirse a los hechos, y ver que Price predica con el ejemplo: está plenamente convencido de que los resultados cosechados son muy positivos, puesto que, en 2019, no sólo no revertió su disruptiva política salarial (que recuerden, en principio era para tres años), sino que Price redobló su apuesta salarial y la hizo extensiva también a todas las nuevas incorporaciones en plantilla.


Pero ahora estamos ya en 2020, y el horizonte temporal de la visibilidad sobre la política de los 70.000$ se ha ampliado considerablemente, y puede arrojar nuevos datos más allá de los tres años iniciales que Price se puso como plazo inicial de su plan. A fecha de hoy, la BBC hizo una nueva evaluación del estado de Gravity Payments y de sus políticas salariales, y los resultados demuestran que la apuesta de Price sigue vigente con todo su alcance. Price sigue manteniéndose actualmente su propio salario en los mismos 70.000$ que cobra cualquier otro empleado de su empresa.


Tras cinco años de camino recorrido a bordo de la experiencia, Price sólo se siente responsable de un error: pasó por alto que las conclusiones del estudio académico en el que se basó no ubicaban el umbral mínimo salarial para dar felicidad a los empleados en los 70.000$, sino en los 75.000$. Pero poca es realmente la diferencia, y Price explica cómo, aún así, aquella cifra supuso un importante incremento salarial para una buena parte de su plantilla, que llegó incluso a cobrar el doble de dinero en el caso de 30 de sus 120 asalariados; unos asalariados que, en términos globales, hasta aquel momento cobraban una media de 48.000$. En estos cinco años, la plantilla de la compañía se ha duplicado, y el importe de pagos procesados por la compañía (es éste su principal negocio) ha pasado de los 3.800 millones de dólares anuales a los 10.200: se han multiplicado por un galopante 2,7 veces, y con ellos se ha multiplicado también, lógicamente, el negocio que hace Gravity Payments y sus beneficios.

Pero otros parámetros no habituales en las cuentas corporativas, y que también demuestran la calidad de vida de los empleados, su confianza en el futuro (hay indicadores macroeconómicos que utilizan el número de embarazos como indicador adelantado), así como su capacidad y disposición a asumir nuevos gastos, es la natalidad. Antes del mediático incremento salarial, en la empresa de Price, entre los 120 de empleados traían cada año entre ninguno y dos bebés al mundo. Por el contrario, a partir del incremento el número de nacimientos se ha catapultado como un cohete hasta alcanzar los 40 nuevos bebés en los cuatro años y medio que llevan desde que se tomase la medida.


Se trata de un dato contundente e incontestable, con muchísima más trascendencia de la que podría parecer, porque es un dato que además refrenda la tesis de que el problema de natalidad y de las pensiones en los países desarrollados van en realidad de la mano, y que la falta de recién-nacidos tendría mucho más que ver con unas condiciones económicas de la clase media venidas a menos que con otros factores, como el clásico argumento de determinados sectores que afirman categóricamente que el progreso implica que las mujeres deciden liberarse de la “esclavitud” de ser madres: sí, puede ser que estemos hablando de esclavitud, pero este último dato de Gravity Payments apunta a que la esclavitud depende más bien de las facturas y de los salarios exiguos en el banco, que de no querer traer niños a un mundo que los necesita, y al que traen gran felicidad y muy buenos sentimientos para la práctica totalidad de los padres y madres que deciden tenerlos.


La mayor parte de lo anterior, y en especial tanto que Price redoble su apuesta como los datos que arroja su empresa a día de hoy, verdaderamente apuntan en la dirección de dar validez a los resultados empresariales que Price airea (recuerden que no son públicos). 

Aunque, sin pretender quitar ni un ápice de mérito al movimiento salarial de Price, la pregunta procedente es: ¿Todas las empresas pueden permitirse esta política salarial contando con que van a tener la misma progresión de ingresos que tuvo Price tras volverse tan mediático? ¿En qué proporción la mejora de los resultados de su empresa se debieron a la nueva política salarial y no a otros factores que han podido estar influyendo en estos años, como por ejemplo la recuperación económica? Personalmente yo no tengo una respuesta rigurosa a estas intrigantes preguntas, pero realmente encuentro una confirmación muy interesante el hecho contrastado de la mejora del bienestar de los empleados y del conjunto de la socioeconomía que un mejor salario para la clase media puede aportar.


Mucho me temo que, aún así, tampoco puedo decidirme en este punto por ser partidario de abogar por una extensión del experimento de Price a gran escala, pensando que es demasiado pronto como para defender llevarlo a toda la economía en su conjunto o a una parte importante de ella. 

Pero lo que sí se puede hacer, como en todo experimento inconcluso aunque con resultados prometedores, es apostar por el siguiente paso de ampliar la base experimental, y sin hacer el nuevo experimento masivo, ampliar ligeramente la escala a una serie de empresas más heterogéneas y dispares, y ver la evolución de todas ellas para sacar nuevos datos y conclusiones. Ahí sí que íbamos a poder dilucidar de verdad si lo de Price fue un milagro admirable pero auto-inducido, o si por el contrario es algo replicable para el conjunto de la socioeconomía, que al final es de lo que verdaderamente se trata.

 El caso de Gravity Payments es efectivamente un caso muy concreto de una única empresa con una casuística que puede serle muy particular. No todas las empresas desarrollan su actividad en un mercado que les permita catapultar de esta manera sus ingresos, ni aunque en ello influya el bienestar de sus empleados. Al final el mercado en su conjunto es el que es, y va a seguir siendo el mismo pastel a repartirse más o menos entre las mismas empresas. 

El beneficio en realidad sería socioeconómico y en forma de progreso de nuestra sociedad y del bienestar de los ciudadanos, pero para ello inevitablemente las cuentas tienen que salir microeconómicamente y también macroeconómicamente. Pero lo cierto es que parece haber terrenos inexplorados en los que no se adentra nadie, y de los que además nos vamos alejando con salarios medios cada vez más exiguos para la clase media. Se hace necesario tener más resultados y que sean más concluyentes, y aunque a unos pueden sorprenderles y a otros reafirmarles, lo importante aquí será saber cuál es la mejor dirección para seguir avanzando en el progreso socioeconómico real de nuestros sistemas, además de en sus sostenibilidad en los plazos más largos. El resto es caminar a ciegas con la venda puesta."                 ( , El blog salmón, 26/03/20)

27/11/19

El primer español que vendió una empresa a Google: "La cultura del esfuerzo es mentira"... creo que basta con trabajar 4 horas al día.




"El 30 de mayo de 2007, hace ya doce años, el español Eduardo Manchón se hizo famoso. Él y Joaquín Cuenca, amigos desde el instituto, vendieron su 'startup' Panoramio a Google, convirtiéndose en los primeros españoles que realizaban una venta a un gigante tecnológico de ese tamaño. 

Con el tiempo, Manchón ha fundado varias 'startups' y actualmente es el CEO de Mailtrack, una de las más interesantes del panorama español.

Para Manchón, nacido en el municipio alicantino de Callosa de Segura (19.000 habitantes) e hijo de un albañil y una empleada de fábrica textil, conquistar a Google podría haberle habilitado para presumir de historia superación personal, de ascensor social, de meritocracia y de la importancia de la cultura del esfuerzo. Pero no lo hace. De hecho, está en contra de todos estos lugares comunes y los rechaza sin miramientos. 

Para él, la suerte ha jugado un factor primordial en su éxito. Y esa suerte, en el caso de muchos otros triunfadores, puede proceder de su clase social, el colegio al que hayan ido, los contactos o el dinero que tenga su familia. Hemos hablado con él de la manida meritocracia y el mito de la cultura del esfuerzo, tan presente en el sector emprendedor.

PREGUNTA. La llamada 'cultura del esfuerzo' parece haber enraizado en discursos muy liberales y, sobre todo, en la apología del emprendimiento, donde muchas veces se aboga por ese discurso de que puedes conseguir lo que te propongas si te esfuerzas lo suficiente. ¿Tú crees en eso? 

RESPUESTA. No, en absoluto. Por mucho que te esfuerces, no todo se alinea para conseguir tus objetivos. Tener éxito no depende casi nada de ti, y en la parte que sí depende de ti no todo se resuelve con más trabajo, sino con más eficiencia o haciendo la cosa correcta. He visto a gente que se ha esforzado muchísimo sin conseguir su objetivo y a otra a la que, trabajando muy poco, le ha ido muy bien, ya sea porque tiene talento, porque ha tenido mucha suerte o porque se le han alineado los planetas.

En todo esto hay mucha confusión. Claro que hay que saber esforzarse en determinadas circunstancias, pero ese esfuerzo continuo, ese pensar que todo se resuelve con más trabajo... Para resolver un problema puedes estar un día o una semana trabajando mucho, pero el esfuerzo continuo no es garantía de nada. Ni es sano. Hay gente que disfruta 'picando piedra' porque se siente muy realizado, por aquello de "No se dirá que no he picado suficiente piedra".

 Ya, oye, pero es que a lo mejor era más fácil hacerlo de otra manera. Muchos se ponen a trabajar sin parar y sin pensar si están teniendo buen foco, y luego llega otro con más visión, o al que se han alineado los planetas, y le supera.

P. ¿Hay mucho mito con esto del esfuerzo? Siempre se dice que es el único ingrediente del éxito, pero imagino que habrá más

R. Claro que hay más: el dinero, la familia, los contactos... pero todos se resumen en la suerte. Porque el dinero que tengas dependerá de la familia en la que hayas nacido; los contactos, del colegio al que hayas ido, etc. Muchas de esas cosas son derechos de nacimiento. Yo soy hijo de un albañil y una trabajadora de fábrica, y he tenido amigos muy brillantes, con premios de fin de carrera o becas de doctorado que, al ser de clase obrera y no tener acceso a estas cosas ni tener suerte, no han podido llegar más lejos.

Cuando tienes una familia con dinero, con negocios exitosos, que te lleva a un colegio cuyos compañeros serán gente bien relacionada... será más fácil, mucha gente que tiene éxito viene de esos círculos. Y algunos son totalmente humildes y entienden el rol que han jugado sus derechos de nacimiento, pero la mayoría tienden a mantener la narrativa de la cultura del esfuerzo porque es lo que les han dicho siempre. Y pueden pensar 'Somos más inteligentes porque hemos sabido lo que hay que hacer', pero la realidad es que, si vienes de un familia así, esa familia te va a ayudar a ser más capaz que la de un albañil. Al final es una profecía autocumplida.

P. La suerte atrae más suerte, imagino

R. Claro. Si tu padre ha ido a la universidad, sabrá darte consejos sobre la universidad. La suerte se retroalimenta y, si te rodeas de gente que la ha tenido, es más probable que tú también la tengas. De alguna manera vas con los dados trucados. Los colegios reparten suerte: las escuelas privadas retroalimentan su propia suerte, pero un colegio sin buenos recursos lo que reparte mala suerte. Si no tienes dinero, no vestirás 'bien', el vecino no se fiará de ti, otro no te dará trabajo... es una concatenación. La gente con muchos recursos incluso sabe cómo hablar. Yo cuando he ido a eventos en esos círculos me he sentido como un marciano, como un aldeano con una gallina.

 Yo me alegro de que la gente tenga éxito y ayude a sus hijos, esto no es un resentimiento, pero tenemos que ser conscientes de esto y ayudar a que la gente tenga, de verdad, igualdad de oportunidades. La suerte está muy mal repartida. Tenemos muchos cerebros desaprovechados porque no han tenido igualdad de oportunidades, y eso empieza con la educación pública, con servicios sociales... Si a la gente le das dados malos, va a ser difícil.

P. En las historias de éxito siempre sacamos a triunfadores que se esforzaron mucho, que creyeron en su idea, que no se dieron por vencidos… pero también hay historias (que no contamos) de otros que hicieron exactamente lo mismo y fracasaron

R. Yo sé de mucha gente que no tuvo suerte y se la pegó. Una empresa española, por ejemplo, estuvo a punto de ser vendida a Google y la venta no se hizo porque en la reunión apareció un tipo al que no le gustaba la 'startup' y no la compraron. Fue el mismo, por cierto, que tampoco quería comprar Panoramio, aunque en esa ocasión no se impuso. Solo conocemos las historias de éxito, el sesgo del superviviente y el cisne negro, que nos hace ver como predecible lo que en realidad era muy improbable. De hecho, después de Panoramio, yo me metí dos hostias con dos proyectos de los que nadie habla, casi tampoco yo.

P. De toda esta filosofía quizá viene una de las frases más crueles de la historia: 'Si quieres, puedes'. Parece que el que no pudo es porque en realidad no quiso...

R. Piensa en una cosa: lo que lleva a la gente a vivir en la calle o a suicidarse es una cadena similar, pero en el otro extremo. Nadie considera que un sintecho se merezca vivir en la calle, nadie (o bueno, casi nadie) piensa que ha acabado en la calle porque no se ha esforzado lo suficiente. Entonces, ¿por qué tenemos que pensar que el que ha triunfado es porque sí se ha esforzado?

P. Te hiciste muy conocido en el sector de las 'startups' por vender Panoramio a Google. ¿Qué papel jugaron el esfuerzo y la suerte en aquella venta?

R. El esfuerzo nada o muy poco. En Panoramio no nos matamos a trabajar, ni mucho menos. Suerte y coincidencias hubo muchas. Yo conocí a Ubaldo Huerta, el fundador de Loquo, me hizo socio y la empresa se vendió a eBay, así que ahí pude aprender mucho de cómo funcionaba esto. Luego me asocié con Joaquín Cuenca, al que conocía desde los 14 años, y montamos Panoramio. Panoramio como idea era muy normal, pero tuvimos la suerte de que de repente Google Earth abrió su API y empezamos a usarla. 

Por esa época había un blog de un tipo que escribía sobre Google Earth y le pedimos que nos sacara. Nos dijo que a cambio le hiciéramos un KML, se lo hicimos a las pocas horas y nos sacó. Y de nuevo la suerte: en ese blog nos leyó John Hanke, actual CEO de Pokemon Go, que por aquel entonces acababa de vender Keyhole (que acabaría siendo Google Earth) a Google. Le gustamos mucho y nos estuvo ayudando hasta que Google nos compró en 2007. [El gigante de Silicon Valley pudo haber comprado la 'startup' un año antes, pero Panoramio rechazó la oferta]

Y como esta tengo muchas más. Todo esto son casualidades que en mi caso pueden llamar la atención porque vengo de clase obrera, pero son eso, casualidades. Yo no soy un ejemplo de superación, sino que tuve suerte y esa suerte me lo puso muy fácil. Muchos dicen que la suerte no tiene nada que ver con el éxito, pero no es cierto, claro que tiene que ver.

P. Esta filosofía parece estar muy presente en el sector de las 'startups'. ¿Es peligrosa?

R. Es donde está más presente y es muy peligrosa. Una narrativa basada en la suerte es muy aburrida, pero una narrativa basada en el esfuerzo hace que todas las piezas encajen y le gusta más a la gente. La cultura del esfuerzo tiene su parte positiva, pero no deja de ser una excusa para sentirte bien por estar trabajando demasiado y no poder conciliar con tu familia o hacer otras cosas. Creo que basta con trabajar 4 horas al día."               (Entrevista a Eduardo Manchón, El Confidencial, 23/11/19)

24/1/14

Cuando no tienes nada, es fácil recurrir a vicios baratos para buscar la felicidad: cigarrillos, alcohol, drogas, sexo, etc.

"(...) Hablamos de personas infelices y frustradas, en paro o en trabajos basura, que combaten el aburrimiento en el porche de su casa bebiendo cerveza, tratándose a hostias con los vecinos en el bar de striptease local, cuando no son directamente zombis, huecos crackheads.

 Son personas histéricas, obsesionadas con trabajar para poder tener un seguro médico porque saben que en ello les va la vida.

Están paralizados en su miseria y están fuera de los privilegios que trae consigo el dinero. “Cuando no tienes nada, es fácil recurrir a vicios baratos para buscar la felicidad: cigarrillos, alcohol, drogas, sexo, etc. Cuando eres pobre, el tiempo es entendido de forma completamente diferente.

 Una persona que tiene recursos y va a la universidad planea su tiempo en cuatro estados: hacer prácticas, conseguir un empleo, ascender en el trabajo, convertirte en jefe en unos diez años. Tienen planes a largo plazo". 

"Pero los pobres no pueden permitirse tener tiempo. El tiempo no les importa, ellos se levantan y sufren, trabajan en un empleo horrible en el que tienen muy pocas posibilidades de ascenso: y nunca serán un jefe porque apenas saben leer, les faltan dientes, tienen problemas para gestionar su ira. O no tienen trabajo, y realmente no les importa nada”.

Sus personajes no pretenden ser, en cualquier caso, ningún tipo de marginados, rebeldes sociales o de personas fuera-del-sistema. “No, no son marginados: nosotros somos la sociedad. El 80% de los estadounidenses sólo son dueños del 7% de la riqueza del país. Mis personajes son verdaderos americanos, los personajes de películas y programas de televisión no son reales. 

La imagen que el mundo tiene de América es una broma del mal gusto para nosotros, no es real. Piensa seriamente en ello: tienes a 100 personas. Si das 100 plátanos a 20 de ellas, tienen un montón de comida para compartir. Para las otras 80 se quedan 7 plátanos y tienen que compartirlos, lo que hacen es empezar a canibalizarse mutuamente”, dice Cicero.

Tampoco hay una mirada condescendiente sobre lo que ve. No hay compasión. “No los miro con compasión porque soy uno de ellos, no soy un niño rico que mira hacia los que tiene debajo. Tengo que tratar con ellos, cara a cara. He trabajado principalmente en restaurantes y pizzerías toda mi vida, he tenido que lidiar con su comportamiento desquiciado, y actuar de forma desquiciada para poder tratar con ellos. Aún sigo sin dinero y sin trabajo”, aclara. (...)

"Creo que las personas deberían hacer otro tipo de cosas que son importantes, y sólo haciéndolas obtendremos lo que necesitamos en la vida. Ya sea publicando una novela, haciendo senderismo durante 25 kilómetros en un día en el desierto o saliendo con mi sobrino para que disfrute de un día divertido: todo esto significa lo mismo para mí”.

Fue precisamente la búsqueda de una vida mejor lo que le empujó a Cicero a buscar una oportunidad fuera de su país y mudarse a Corea del Sur durante un año, desde marzo de 2012 a marzo de 2013, como profesor de inglés. Luego regresó a Youngstown, sólo para trabajar durante aquel mismo verano como cajero en el Gran Cañón. 

Para Cicero, los trabajos actuales no aportan nada al trabajador. En concreto, la mujer protagonista de uno de sus primeros relatos, titulado I Clean In Silence, se lamenta de que se mata a trabajar y de que a cambio sólo obtiene dinero por ello. Le pido a Cicero que profundice en esta idea: "La mayoría de los trabajos que nos ofrece nuestra vida contemporánea son inútiles, carecen de sentido y son aburridos.

 Hasta 1940, casi todos los humanos eran agricultores, cazadores, constructores, obreros y soldados. Y no sólo en Occidente. Estos trabajos daban un cierto significado a la vida humana. Pero trabajar en Pizza Hut, en una oficina como recepcionista o introduciendo datos no hace nada para el ser humano. Es triste, hemos creado un mundo en el que no queremos vivir".(...)

 "Creo que las personas deberían hacer otro tipo de cosas que son importantes, y sólo haciéndolas obtendremos lo que necesitamos en la vida. Ya sea publicando una novela, haciendo senderismo durante 25 kilómetros en un día en el desierto o saliendo con mi sobrino para que disfrute de un día divertido: todo esto significa lo mismo para mí”.

Fue precisamente la búsqueda de una vida mejor lo que le empujó a Cicero a buscar una oportunidad fuera de su país y mudarse a Corea del Sur durante un año, desde marzo de 2012 a marzo de 2013, como profesor de inglés. Luego regresó a Youngstown, sólo para trabajar durante aquel mismo verano como cajero en el Gran Cañón."             (Entrevista al escritor Noah Cicero, eldiario.es, 20/01/2014)

21/5/13

Reducir los subsidios al desempleo no contribuye para nada a mejorar al empleo ni a salir de la crisis. Todo lo contrario, al reducir el ingreso disponible para el consumo la agudizan

"Una de las ideas más combativas del neoliberalismo, y de las que más han influido en la política de los gobiernos, es la que afirma que aumentar en cantidad o en extensión los subsidios al desempleo es algo muy negativo a la hora de combatir el paro.

Los dos principales argumentos que se dan en este sentido los expone con su claridad de siempre Richard Posner, un conocido jurista liberal estadounidense experto en cuestiones económicas (Against Extending Unemployment Benefits).

El  primero es que los subsidios a los desempleados aumentan el coste de oportunidad de reincorporarse al mercado laboral para los parados que los reciben. Cuando son muy generosos, afirma, “la diferencia de bienestar entre trabajar y no hacerlo es tan pequeña que la gente no busca trabajo seriamente hasta que la prestación está a punto de agotarse”. 

Por eso concluye Posner que “extender o aumentar las prestaciones, en vez de estimular la creación de empleo, probablemente la desincentive, ralentizando la marcha de la recuperación económica”.

El segundo argumento que utiliza contra los subsidios de desempleo es que la transferencia de dinero que se hace a los parados no tiene por qué tener un efecto neto positivo en el consumo o la inversión, porque eso depende de lo que el receptor de la prestación haga con ella. 

Si la mantiene en efectivo o la guarda en un banco que dedica ese fondo a comprar bonos del Tesoro, o si con ella se compran bienes de inventario que los vendedores no reponen, no producirá ningún estímulo a la producción ni al empleo.

En conclusión, Posner, como casi todos los economistas neoliberales, rechaza este tipo de subsidios y solo los defiende como “prestación de garantía social”, pero incluso con muchas limitaciones porque considera que al concederse a cualquier desempleado no se discrimina entre quienes lo necesitan y quienes no.

 Una limitación importante en su opinión porque, según dice, no siempre se puede asumir que todos los desempleados tengan realmente dificultades económicas cuando están en paro. Pueden estarlo “porque su aptitud o adhesión al trabajo es efectivamente escasa” o “puede ser que tengan muchos ahorros o un cónyuge rico”.

El argumento del coste de oportunidad, por ejemplo, podría ser razonable pero deja de ser realista si se considera, como yo creo que debe hacerse, que entre los costes del desempleo hay algunos que no se toman en cuenta porque no es fácil expresarlos en términos monetarios y que, sin embargo, suelen ser justamente los más elevados. Los que tienen que ver con la autoestima, con el desarrollo personal o con la situación de las personas a más largo plazo.

El efecto negativo de los subsidios de desempleo sobre la búsqueda de trabajo tampoco está ni mucho menos claro ni se ha podido demostrar empíricamente. Todo lo contrario, diversos estudios han demostrado que apenas si influyen.

Así lo demuestra una investigación de Henry S. Farber y Robert G. Valletta publicada hace unos días por la Reserva Federal de San Franciso (Do Extended Unemployment Benefits Lengthen Unemployment Spells? Evidence from Recent Cycles in the U.S. Labor Market  ) u otra de 2011 realizada por Jesse Rothstein (Unemployment Insurance and Job Search in the Great Recession).

El primero de esos trabajos encuentra una pequeña pero estadísticamente significativa reducción en la tasa de salida del desempleo y un igualmente pequeño aumento en el periodo de desempleo asociados a aumentos en los subsidios, pero que no están provocadas porque disminuya el ritmo o la tasa de salidas del desempleo hacia el empleo como consecuencia de estos últimos, que es la tesis neoliberal. 

 De hecho, la investigación demuestra que el ritmo de salidas del paro o su duración son similares en periodos en que los subsidios son más o menos generosos. Y en la segunda investigación que acabo de mencionar se demuestra que el efecto que podría tener un alza en los subsidios al desempleo sobre el nivel de paro es muy reducido, entre 0,2 y 0,6 puntos, como mucho.

Es cierto que en la literatura científica se encuentran análisis que pueden poner de relieve resultados contrarios, al partir de hipótesis diferentes. Pero, en todo caso, la conclusión que debe sacarse es que no es verdad, como quieren hacer creer los economistas neoliberales, que sea evidente que los subsidios al desempleo desanimen la búsqueda de empleo y repercutan negativamente sobre la creación de puestos de trabajo.

Y, por supuesto, tampoco lo es la crítica que se les hace aludiendo, como he señalado antes con palabras de Posner, a que la cantidad destinada a subsidios a las personas desempleadas no llegará a producir efectos reales sobre la producción y el empleo.

Es obvio que si los parados guardan el dinero que reciben en el colchón o lo depositan en bancos que no dediquen sus recursos a la inversión productiva su efecto sobre la demanda quedaría paralizado. Pero ¿es realista pensar que eso es lo que hacen la inmensa mayoría de las personas que reciben subsidios de desempleo? 

Puede que eso sea lo que ocurra con quienes reciben ayudas o pensiones millonarias, como la del recién dimitido consejero delegado del Banco de Santander, pero no parece que lo que habitualmente hagan con el subsidio de desempleo la inmensa mayoría de los parados sea algo distinto a gastarlo casi inmediatamente para hacer frente a sus necesidades primarias.

Por mucho que se intente hacer creer que el paro aumenta si los parados reciben ayudas muy generosas (que, además, nunca lo son), por el coste del despido o por el nivel de los salarios, lo cierto, y lo que más bien demuestran los estudios empíricos -como en el caso que acabo de analizar- es que los factores que pueden crear empleo y las causas de que se destruyan puestos de trabajo están en otro lugar y mucho más en una situación de crisis como la actual: en el mercado de bienes y servicios y en el mercado financiero.

 Hay paro porque hay escasez de ingreso y de demanda efectiva (en gran parte a consecuencia de la creciente desigualdad), y porque los bancos no proporcionan crédito a las empresas y familias.

Por tanto, reducir aún más los subsidios al desempleo o disminuir su extensión, como por una u otra vía se viene haciendo desde hace años siguiendo las indemostradas tesis neoliberales, no contribuye para nada a mejorar al empleo ni, en el caso actual, a salir de la crisis. Todo lo contrario, al reducir el ingreso disponible para el consumo la agudizan y la alargan mientras que, eso sí, aumentan las rentas y la riqueza de los propietarios de capital."             (Juan Torres López, 10/05/2013) 

22/4/10

¿El trabajo da la felicidad? Con mucho trabajo...

"-Buenas, vengo a una rueda de prensa sobre la felicidad en el trabajo.

El recepcionista del hotel levanta una mirada entre el asombro y la diversión y pregunta: "¿Eso existe?". (...)

Juan Hunt, dice que la felicidad en el trabajo es "tener un empleo digno, que permita trabajar en condiciones de seguridad, con los derechos protegidos, la salud, la formación adecuada. No tener eso es estar, desde luego, lejos de la felicidad".¿Pero existe o no existe la felicidad en el trabajo? "A mí me gusta creer que sí, aunque es un concepto temporal. Toda la vida, no sé. (...)

Pero sí puede crearse un entorno laboral compatible con la sonrisa: hay ya criterios definidos, y Urarte se dedica a asesorar a las empresas sobre cómo implantarlos. Primer aviso: si no lo hacen, algunos de sus empleados pueden caer en el absentismo emocional. Quiere decir Urarte que llegará un día en que desconectarán, perderán el empuje y la iniciativa que tuvieron y se limitarán a aparecer por la empresa, hacer un trabajo gris y volver a casa cada día con la única satisfacción de que este mes también podrán pagar la hipoteca. "Y eso les ocurre a los buenos, porque a los trabajadores malos o a los vagos nunca les pasa porque nunca tuvieron mayor ilusión ni expectativas en el desempeño de sus tareas. Las empresas no pueden perder todo ese talento". (...)

Lo que quiere decir es que el empleado ya tiene que salir de casa motivado. Urarte le da la razón: "Una empresa no puede motivar a sus empleados, pero sí crear un entorno motivante donde cada cual encuentre su cauce. Las empresas no tienen alma y la felicidad habrá de buscársela cada uno".

Y aquí entra de nuevo el talento. Porque desempleo hay mucho, pero talentos no tantos. Y por ellos se pegan los empleadores. "¿Qué tienen que darles para que elijan trabajar en esta casa y no en otra?", se preguntan.

Ya hay algunas pistas sobre ello. El Instituto de la Felicidad de Coca-Cola elaboró una macroencuesta en 2008 sobre felicidad, la más extensa de España. Se entrevistó a 3.000 personas que contestaron a 900 preguntas cada una. Margarita Álvarez, responsable de ese instituto, resume alguna de las conclusiones que se extrajeron en lo que al empleo respecta: "Para ser felices en el trabajo hay dos cosas clave: sentirse útiles, ver que lo que haces corresponde con tu formación e interés, y que recibamos el reconocimiento tanto de los jefes como de los compañeros". "Gastamos mucho esfuerzo en medir la satisfacción de la plantilla desde un punto de vista técnico, pero hay otras cosas. Por ejemplo, los trabajadores valoran mucho tener cierta capacidad de influencia, no de forma vertical, entre los directivos, sino entre sus propios compañeros: sentir que forman parte de un equipo y que pueden arrastrase unos a otros hacia una dirección convenida entre todos", añade Margarita Álvarez.

Es algo parecido al orgullo de marca, de pertenencia, que cita Urarte. "No hace falta para ello estar en una gran firma, basta una ONG, por ejemplo, para que los que en ella trabajan sientan que es su proyecto y que es algo beneficioso, digno", dice este consultor. (...)

El problema es que las empresas no saben detectar el talento, por tanto, difícilmente podrán adaptarse para atraerlo. "Toda empresa sabe cómo satisfacer a sus clientes, qué es lo que les demandan, y ajustar su oferta a ello lo más posible; pero no tienen idea de por qué un trabajador con talento elige una empresa en lugar de otra. Y, para ello, deben decidir en qué quieren ser buenas con sus empleados: si con los salarios, con las vacaciones, con la flexibilidad de horarios. Nosotros ayudamos a las empresas a definir eso". (...)

La organización es la clave en ese intento por deshacerse de la cara de perro en la oficina, o en la fábrica, o en la cabina de un autobús. "Y no se puede hablar de organización sin que se mencionen los horarios. El discurso de la gestión del tiempo se lo oímos a todos los ministros, al presidente del Gobierno, a todos, pero ¿cómo se hace eso? Nadie lo ha dicho", dice el profesor de la Universidad Politécnica de Cataluña Jordi Ojeda.

Harto de tanto discurso sin concreción, el profesor Ojeda y otros colegas de su universidad fundaron la empresa Rationaltime. Han desarrollado un sistema informático utilizando modelos matemáticos aplicados a la organización del trabajo. El resultado es un programa para gestionar a la carta el horario de los trabajadores. Esos planillos de turnos de fin de semana, vacaciones, horarios en general que tan laboriosos son, el ordenador puede resolverlos en 10 segundos. "Y si alguien ha cuadrado ese planillo y de repente descubre que uno de los empleados estará de baja tales días, no tendrán que emplear de nuevo una jornada entera en volver a hacer el mismo trabajo, lo hará el ordenador en otros 10 segundos", relata Ojeda. Porque los horarios son cada vez más complejos, todos no tienen el mismo, y un solo empleado puede tenerlos distintos.

Este programa ya lo han vendido a varias empresas de distintos sectores, "de la seguridad, la salud, tiendas y oficinas e industrias y fábricas", añade Ojeda. "Y en alguna hemos conseguido reducir el absentismo y el abandono del trabajo", dice satisfecho.

Conseguir un grupo cohesionado y feliz no es fácil, pero, efectivamente, algunas empresas lo van logrando. Esther Sánchez menciona la central de transportes MRW, con la que ha trabajado. "Tienen una conciliación fantástica, buenos estilos de liderazgo, inteligencia emocional, empatía". "Y un proceso de selección de empleados que testa que los que van a entrar comparten los mismos valores de respeto, solidaridad, trabajo en equipo, de los demás", dice Sánchez." (El País, ed. Galicia, Vida y artes, 16/04/2010, p. 35)