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24/9/23

Vattimo: Latinoamérica es el futuro deseable de Europa... comparado con Berlusconi que es un líder que trabaja para sí mismo, prefiero a los latinoamericanos que trabajan para el pueblo. Un poco más de jefismo, de jefatura, me parece importante... Otro aspecto de la política latinomericana que se debe tener en cuenta para la política europea es este, ponerle emotividad a la política... Imagine una mayoría electoral de izquierda en Europa, no tomaría el poder, porque estamos bajo una ocupación financiera y norteamericana. Hablar de un comunismo débil es interesante incluso desde un punto de vista político... Tenemos un desarrollo cientifico-tecnológico empujado al extremo con deshumanización de la vida de la gente, necesitamos el sóviet... El comunismo débil es un ideal de sociedad leninista, sóviet más electrificación

 "Pensador clave de la post-modernidad, Gianni Vattimo (n. 1936), titular de la cátedra de ‘Hermenéutica filosófica’ en la Universidad de Turín y autor de obras impactantes como El Pensamiento débil (1983) y La Sociedad transparente (1989), fue miembro del Partido Radical italiano y actualmente lo es de ‘Italia de los valores’ (movimiento liderado por el antiguo juez Antonio Di Pietro que se alió al Partido Demócrata de Luigi Bersani en las recientes elecciones legislativas). Vattimo es también, desde 1999, diputado en el Parlamento europeo.

En Turín (Italia), a cien metros del edificio de la Università degli Studi donde Antonio Gramsci estudió, y bajo los históricos soportales de la que fue capital de Italia y cuna de los Saboya, se encuentra la casa del filósofo y eurodiputado Gianni Vattimo. En un amplio salón, rodeados de libros y cuadros, charlamos con él. Entre nosotros, por encima de mi cuaderno de notas y mi grabadora, se pasea su tremendo y ronroneante gato. “Le permito todo tipo de licencias para compensar todos los abusos que solemos cometer los humanos con los animales”, me dice Vattimo. Hablamos sobre su más reciente libro Comunismo hermenéutico (Herder, 2012), escrito en colaboración con Santiago Zabala, pero también abordamos diversos conceptos acuñados en sus obras, como el ‘pensamiento débil’.

Pascual Serrano: ¿Dice usted que el ‘pensamiento débil’ es el que apoya a los débiles, puesto que pone en cuestión el caracter absoluto del poder establecido?

Gianni Vattimo: En efecto. En mi ensayo sobre el pensamiento débil afirmo que éste es el pensamiento de los débiles, lo cual me parece muy importante. Establezco una analogía entre el olvido del ser de Heidegger y el silencio de los sufrimientos de Lenin. Es como interpretar a Heidegger de una manera menos mística, porque se trata del silenciamiento de los débiles por los fuertes, que es de lo que habla Lenin en ‘el ser social sobre la historia’. Reflexionemos sobre esto, ¿quién es el enemigo del pensamiento débil? ¿los débiles? No, ellos no, los proletarios no. Cuando digo que no hay hechos sólo interpretación, ¿quienes son los escandalizados? Los poderes, obviamente. Funcionarios, científicos al servicio del poder, autoridades, el Papa, los cardenales... Todos ellos han estado siempre muy en contra del relativismo. Los proletarios son enemigos del pensamiento débil sólo en la medida en que necesitan una metafísica fuerte para luchar contra el poder, pero no son afectados negativamente por el pensamiento débil. En el proletario, el pensamiento fuerte es solo ideología, lo funcional para luchar contra el poder es el pensamiento débil más que una metafísica marxista ortodoxa.

P.S.: Usted afirma que, en los países progresistas de América Latina, ve el “espectro” del comunismo. ¿Por qué dice que las políticas de Chávez o de Morales son el ejemplo paradigmático de lo que usted denomina comunismo débil?

G.V.: Sí, se trata de un comunismo que no teoriza mucho sobre el materialismo, etc... Por ejemplo, Chávez era religioso. Se trata de estar del lado de los débiles sin adoptar metafísicas que se vuelvan autoritarias. Por eso escribí que Latinoamérica es el futuro deseable de la nueva Europa, lo que le falta a Europa es un contrapoder respecto al capitalismo financiero que nos domina. Ese contrapoder puede venir de un subcontinente como el latinoamericano donde se han reafirmado bastantes gobiernos frente a la dominación estadounidense: Cristina, Lula, Correa, Chávez, Morales... A nivel internacional interesa muchísimo a Europa que existan estos modelos, no solo por el papel de contrapoder que tienen en la geopolítica internacional, sino también porque son un socialismo que ha tenido sus resultados. ¿El gobierno de Chávez era socialista? Bueno, sí, en el sentido en que ha utilizado los recursos públicos en beneficio del pueblo. ¿Quiero decir con esto que se debería aplicar el chavismo en Italia? Por supuesto que no. Pero una cierta inspiración de líderes como Chávez, Castro o Morales es importante porque llama la atención sobre la necesidad de un jefe, yo soy partidario del jefe carismático. Berlusconi resiste, no sólo porque tiene dinero, sino porque se presenta como un jefe carismático. Incluso Monti quiso presentarse como una figura salvífica, venida de la providencia. El partido comunista italiano hoy no es nada, no hay líder. Justifico el liderazgo en el castrismo o en el chavismo porque, comparado con Berlusconi que es un líder que trabaja para sí mismo, prefiero a los latinoamericanos que trabajan para el pueblo. Un poco más de jefismo, de jefatura, me parece importante.

PS: ¿Ese renegar de los liderazgos puede ser un problema en los partidos de izquierda de Europa que propugnan direcciones colectivas o en movimientos como los indignados?

GV: Un partido sin jefe se convierte en una especie de difusión tecnológica del poder. Por ejemplo el programa. Cuando se discute del programa, se llega de nuevo a la idea de la objetividad racional infalible. El componente emotivo es importantísimo. Una de las características de la crisis política europea es la tecnificación del poder sin una individualidad. Ahí está el poder de los banqueros, tan neutral, tan impersonal que ni suelen ser conocidos. Otro aspecto de la política latinomericana que se debe tener en cuenta para la política europea es este, ponerle emotividad a la política.

P.S.: Pero frente al comunismo débil de Venezuela, podríamos decir que, en Cuba, hay un comunismo más fuerte y que, gracias a ello, ha podido sobrevivir al acoso de Estados Unidos.

G.V.: La situación cubana es comparable a la de Rusia después del 17. Cuba ha sido sitiada por el capitalismo norteamericano e incluso por la Unión Europea que sigue considerando a Castro como un enemigo. Se han desenvuelto en un comunismo de guerra.

P.S.: Quizás esa tesis de pensamiento débil pueda desembocar en un exceso de concesiones de la izquierda; pienso que, en la socialdemocracia, con su pensamiento débil ha terminado por igualarse con los partidos de la derecha neoliberal.

G.V.: Por eso yo sigo hablando de comunismo. La idea de hablar nuevamente de comunismo es fundamental. Debemos ser conscientes de la debilidad de los partidos de izquierda en Europa. Tal vez no se puede transformar la crisis en una actitud revolucionaria, pero hablar de comunismo débil supone, por un lado, reconocer que hoy en el mundo no se puede imaginar una revolución planetaria global porque nos matan inmediatamente. Digamos que lo de débil es una cuestión táctica y estratégica. Yo pienso en un comunismo más de oposición que de toma del poder inmediatamente, una especie de comunismo anarquista. Hoy no puedo imaginar una fuerza comunista que tome el poder en Italia, incluso cuando tuviese una mayoría electoral, porque estamos dentro de un sistema (Unión Europea, OTAN...) que nos impide todo, pero podemos resistir, mediante luchas locales, a un desarrollo capitalista que nos lleva a la autodestrucción. Por ejemplo la campaña NO TAV (Tren de Alta Velocidad). Son luchas que no nos permiten tomar el poder, pero sí limitar el poder. En esto el comunismo débil sería como el Partido Comunista en Italia en los años 1950 y 1960, que nunca llegó al poder, pero impedía a la Democracia Cristiana hacer cosas que después ha hecho el Gobierno de Monti o el Gobierno de Berlusconi. Yo creo que eso es un problema de visión estratégica mundial que, en este momento, se aprecia en la situación italiana, pero igual en Europa. Imagine una mayoría electoral de izquierda en Europa, no tomaría el poder, porque estamos bajo una ocupación financiera y norteamericana. Hablar de un comunismo débil es interesante incluso desde un punto de vista político. No nos interesa ya describir sociedades ideales. ¿Qué sacamos con eso políticamente? El comunismo débil es un ideal de sociedad leninista, sóviet más electrificación. Ahora solo tenemos electrificación y no sóviet. Tenemos un desarrollo cientifico-tecnológico empujado al extremo con deshumanización de la vida de la gente, necesitamos el sóviet. El comunismo puede ser el único horizonte mitológico que mueva a las masas en este momento. Por un lado, el comunismo es el único ideal posible que se puede agitar hoy para abrir el discurso político de las masas; por otro lado, debe ser débil porque una izquierda mundial no funciona, puede funcionar una multiplicación de los conflictos de base. Incluso a Latinoamérica, no la imagino como una unión regional de izquierdas, sino una multiplicidad de Estados nacionales que se unifican a un nivel de oposición al mundo yanqui, que llevan posiciones resistentes a la ONU, etc.

P.S.: ¿Cómo se podría avanzar entonces en Europa, en España, en Italia hacia ese ‘comunismo hermenéutico’?

G.V.: Con la multiplicación de los conflictos sociales. Desafortunadamente es exactamente lo que un partido que va a las elecciones no puede prometer. No puede un partido político presentarse con un programa que promete la lucha. Todos tienen que prometer el establecimiento de la normalidad, orden, la tranquilidad para las familias, los ahorradores, los accionistas. Pero yo pienso que la única forma de desarrollar una política diferente en Europa sería intensificar las luchas sindicales en contra del poder existente. Me imagino más una intensificación de la vitalidad de base que el cambio desde arriba. Necesitamos siempre el Parlamento y la calle. Los dos. Si adoptas la idea de que vamos a votar cada cinco años y listo, mal. Yo no reniego del objetivo de conseguir mayorías electorales, pero eso se consigue con una lucha continua, sino, esto se duerme. Por otro lado, las izquierdas tienen un instinto suicida terrible, porque como creen más, se van hacia los cismas, las escisiones.

P.S.: ¿Y sobre la situación española? ‘Indignados’, 15-M...

G.V.: La sociedad española sigue siendo una sociedad que no es progresista. Los ‘indignados’ son un poco como Beppe Grillo, debemos plantear si necesitamos un partido un poco más indignado que los otros o tenemos que permanecer indignados hasta el final. Yo pienso que hay que mantenerse indignado hasta el fin, pero viendo la situación de Grillo en Italia, creo que deberían ser más pragmáticos para conseguir algo en el Parlamento. La calle sigue siendo importantísima. Pero yo quiero conquistar un poco más de poder en el Parlamento, y por otro lado, agitar muchísimo los conflictos de base. Los ‘indignados’ sirven para esto último, pero debemos utilizar también el brazo parlamentario.

P.S.: En su libro habla del proyecto político revolucionario de la hermenéutica frente a la política metafísica.

G.V.: Cuando escribimos el libro, el gobierno técnico italiano de Mario Monti no existía pero se confirmó que era reaccionario, conservador del capitalismo y fundado en una pretendida neutralidad de la ciencia económica. Todo esto es una manera de actualizar el discurso de Heidegger. Cada vez estoy más convencido que la política antitecnicista de Heidegger es la política anticapitalista de hoy. La ciencia liberadora que pudo suponer Galileo o Newton ahora se ha vuelto integrante del orden capitalista, no por mala intención de los científicos, sino porque, hoy, para la ciencia se necesita mucho dinero, del Estado o de las empresas privadas. Eso de que la ‘ciencia es la verdad’ es una traición positivista convertida ahora en orgánica al poder. Véase la política europea, siempre se reclama de un ‘conocimiento objetivo’ de los hechos que ayuda a la conservación. Como yo pienso que eso hoy es escandaloso, y a mi me gusta ser provocativo, hemos elegido como subtítulo del libro, “de Heidegger a Marx”. El comunismo, como política revolucionaria actual, no puede ser marxista en el sentido clásico con todo su componente estalinista y positivista de la ‘tradición’ marxista: el realismo, la pretensión de que la clase obrera revela el sentido de la historia... A mí no me parece que sea así. Sobre todo en el Occidente de hoy, donde la clase obrera cambia. Hay un mundo de excluidos que pueden ser obreros, precarios, parados, que no se pueden interpretar como una clase obrera homogénea. Yo creo en la lucha de clases pero ya no sé de qué clases estamos hablando.

P.S.: Usted dice que la invasión de Irak en 2003 y la crisis bancaria de 2008 son los ejemplos paradigmáticos del fracaso de la política metafísica ¿podría explicarlo?

G.V.: La metafísica cree mucho en la democracia formal, pero es poco democrática y mucho formal. Irak fue el ejemplo de una política que se sentía legitimada por el ‘conocimiento objetivo’ de valores: nosotros somos mejores que ellos porque somos democráticos, tenemos elecciones... Los iraquíes tienen el derecho humano a ser democráticos y a ser bombardeados por los estadounidenses. Por otro lado, el rescate financiero presentaba, de forma absoluta, una pretendida base científica, decía que esa era la única opción. Aunque en algunos momentos he tenido dudas en mi heideggerismo antitecnicista y antipositivista, en los últimos años me siento confirmado absolutamente en esta posición al ver el fundamentalismo de los que se llaman ‘gobiernos técnicos’. Reconozco que hablar de una política metafísica es una terminología un poco especializada, pero nos permite detectar mejor la conexión entre el cientifismo y el capitalismo.

P.S.: ¿Y esta crítica no puede conducirle a renegar de la Ilustración incluso?

G.V.: La Ilustración era la reivindicación de los derechos naturales. Cuando se reivindican derechos naturales en contra del poder existente, estoy de acuerdo, pero cuando la revolución tiene éxito surgen los derechos de los que detentan el poder, por ejemplo el Papa, que se adscribe un derecho natural sobre los católicos, y se pasa de una metafísica revolucionaria a una metafísica conservadora. Todo el discurso de la Ilustración siempre se fundó sobre una fe en la razón humana, universal, que se reveló al servicio del poder colonialista primero y capitalista después. Yo estoy con el derecho natural cuando es revolucionario, cuando es más de clase que la razón universal. Cuando los proletarios utilizan el derecho natural para hacer la revolución estoy de acuerdo pero cuando se convierte en la fe del orden mundial, como hizo George W. Bush –nosotros somos los buenos y ellos los malos–, estoy en contra."                 

(Entrevista a Gianni Vattimo, Pascual Serrano, Le Monde Diplomatique, mayo de 2013)

17/8/22

El asesor de Biden para Latinoamérica: “Hace 40 años EE UU habría evitado la elección de Petro”... tarde, pero llega la admisión de una realidad que vivieron directamente los países de la región... pero, viene el pero... también ha asegurado que América Latina es “una reserva estratégica para Estados Unidos... cuya prosperidad y estabilidad le permite a Estados Unidos jugar un rol liderazgo a nivel global”... y el que avisa no es traidor... ahora somos muy demócratas, pero que Petro no se pase

 “Hace 40 años Estados Unidos habría hecho todo lo posible por evitar la elección de Gustavo Petro y, una vez elegido, habría hecho todo lo posible para sabotear su proyecto. Eran las políticas de la Guerra Fría”. Ante más de 2.000 empresarios colombianos, así ha empezado su intervención Juan González, el cartagenero que habla al oído del presidente estadounidense Joe Biden y es asesor de la Casa Blanca para el Hemisferio Occidental.

La admisión de una realidad que vivieron directamente otros países de la región le ha servido a González para decir que esas políticas “hasta cierto punto, para algunos son una justificación de unas perspectivas revisionistas que caracterizan la política de los Estados Unidos dentro de un contexto de la manifestación local de un imperio”.

 El funcionario del Gobierno estadounidense ha asegurado en el Congreso Empresarial Colombiano (CEC), que hoy esa relación es diferente. “Al igual que la política tiene que evolucionar, la colaboración también. Como reconocemos que este fue un Gobierno elegido legítimamente en base al cambio y nosotros, dada la importancia de Colombia, nos hemos preparado para navegar ese cambio y para comunicar nuestros intereses de una forma directa y constructiva”, ha dicho González, que ha señalado su disposición para trabajar con el presidente y con el sector privado.

El pronunciamiento del cartagenero se ha hecho ante un auditorio repleto de industriales que también intentan “navegar” el cambio que significa el primer Gobierno de izquierda en Colombia. El asesor de Biden ha sido claro: “No importa la ideología o dónde esté el espectro político de un gobierno. Si es elegido y gobierna democráticamente, nosotros vamos a avanzar en puntos de interés común. También vamos a comunicarles nuestras preocupaciones”.

 González ha asegurado que América Latina es “una reserva estratégica para Estados Unidos”, porque es la región donde hay más países democráticos, “no está en guerra” y “cuya prosperidad y estabilidad le permite a Estados Unidos jugar un rol liderazgo a nivel global”.

 Apenas cuatro días atrás, durante su discurso de posesión, Petro criticó la política de drogas en la que Estados Unidos juega un papel esencial. “(La guerra contra las drogas) Ha dejado un millón de latinoamericanos asesinados, durante estos 40 años, ¿y qué deja? 70.000 norteamericanos muertos por sobredosis cada año”, dijo el presidente al plantear que se trataba de un fracaso porque “fortaleció las mafias y debilitó los Estados” (...)

Así como habló de transición energética, afirmó que el Gobierno de Petro los ha invitado a participar en diálogos de paz, aunque no precisó si se trata de la implementación del acuerdo ya en curso con las FARC o la búsqueda de diálogos con el ELN, la última guerrilla activa en Colombia. “El gobierno nos ha invitado a participar del capítulo étnico del acuerdo de paz”, dijo González a través de una transmisión virtual. Señaló que a Estados Unidos le interesa trabajar porque las comunidades afro e indígenas para que no sean “una pieza de ajedrez del conflicto armado” y remató diciendo que “hay mucho optimismo” sobre ese trabajo con el nuevo gobierno.

“Nosotros, de hecho, buscamos también la oportunidad de aprender de las experiencias de los colombianos y seguir comprobando que lo mejor para nosotros es solo cultivar una relación bilateral, porque Colombia no solo tiene impactos regionales sino también globales y es respetada por el mundo”, afirmó. (...)"                (Catalina Oquendo, El País, 11/08/22)

3/5/22

La verdadera historia de las maras salvadoreñas: de los pachucos a la guerra con Bukele

 "A un mes del estado de excepción en El Salvador, Juan Martínez d’Aubuisson repasa la historia de las maras salvadoreñas y cuestiona al gobierno Nayib Bukele por sus ataques contra periodistas y académicos.

El 11 de abril, el presidente salvadoreño Nayib Bukele tuiteó un video con un extracto de 22 segundos de una entrevista al investigador Juan Martínez d’Aubuisson, especialista en el estudio del fenómeno de las pandillas centroamericanas. En su mensaje, Bukele lo trató de “basura” y dijo que sus planteos eran “absurdos”.

Desde ese día, Martínez d’Aubuisson recibió cientos de ataques de funcionarios, políticos oficialistas y trolls, una situación que han sufrido también otros periodistas y académicos críticos con el gobierno. Una semana después, Martínez d’Aubuisson publicó una columna en el diario estadounidense The Washington Post, con el título “Bukele me convirtió en un pandillero por mi trabajo como investigador”.

Desde “algún lugar de Centroamérica”, el académico salvadoreño habló con la Agencia Regional de Noticias (ARN) sobre la historia de las pandillas centroamericanas, los vínculos con la política y la economía, y también sobre la situación que atraviesa El Salvador, un mes después del estado de excepción que decretó Bukele.

Entre otras cosas, Martínez d’Aubuisson dijo que el Estado salvadoreño le prestó atención al fenómeno recién cuando empezó a expandirse más allá de los barrios pobres, hasta que luego la situación directamente escapó de su control. “Las pandillas eran y son el Estado”, resumió.

El investigador opinó que la negociación con las pandillas no es el mejor camino a tomar, aunque reconoció “desde el pragmatismo” que hoy no quedan muchas otras opciones. “Un país tan chiquito que entierra 90 personas en un fin de semana es un puto funeral”, señaló.

La historia empieza en Estados Unidos

-Tus investigaciones están focalizadas en el Triángulo Norte y en México. Sin embargo, para hablar de las maras, hay que arrancar la historia en Los Ángeles. ¿Por qué?

Los Ángeles y la costa californiana son factores importantes para comprender el fenómeno de las pandillas, en particular la Mara Salvatrucha y Barrio 18. Para entender los orígenes de Barrio 18 hay que pensar en los migrantes mexicanos que llegaron a Estados Unidos en el programa Bracero, a mediados del siglo XX. Era un programa que les permitía a los migrantes trabajar legalmente en Estados Unidos, sobre todo para trabajar en la construcción de vías férreas. California es uno de los lugares más ricos del mundo y necesitaba mucha mano de obra. Esa oleada migratoria generó una cultura híbrida muy rica conocida como la cultura chicana.

– ¿De ahí surge la figura del “pachuco»?

Claro, el «pachuco» es la figura cultural arquetípica, caracterizado por el uso de los trajes zoot. Pero también generó un movimiento cultural e identitario muy fuerte. En la cultura popular aparece caricaturizado, es el coyote que anda con saco. También hay muchas referencias en el cine mexicano, las canciones de (la banda mexicana) Maldita Vecindad o el personaje Tin Tan (Germán Valdés), que el hermano del actor que personificó a Don Ramón en el Chavo del 8 (Ramón Valdés). Era toda una cultura, con valores y normas, y también una expresión de moda. Era bastante más que una forma de vestimenta, había detrás una concepción híbrida del mundo. Los mexicanos, en definitiva, se instalaron en Los Ángeles, entre las clases más bajas. Eran obreros, la mayoría no hablaba inglés. Estaban dentro del sector subalterno y marginado de la sociedad californiana. Empiezan a formar pandillas y eso originó el movimiento zoot suits, que tuvo enfrentamientos callejeros muy fuertes con los marines después de la Segunda Guerra Mundial. Los pachucos tenían una impronta muy irreverente de pararse frente a la cultura anglo, eran desafiantes ante el sistema. Ya en aquellos años surgen las primeras pandillas méxico-americanas, que todavía subsisten en California y son un problema grande de seguridad, como la White Fence, Hawaiian Gardens, Barrio 38, Barrio 36 y la propia Barrio 18.

-¿Cómo respondieron las autoridades estadounidenses?

Enfrentaron el fenómeno de manera desatinada, básicamente los fueron metiendo en las cárceles de San Quintín y en el penal del Folsom. Muchos de ellos ni siquiera debían estar ahí porque eran menores de edad, pero estos jóvenes se abrieron campo dentro de las unidades penitenciarias. Y se abrieron campo con violencia. Crearon un sistema que llamaron “El Sur”, porque eran pandillas que operaban al sur de California. En este proceso la estética fue cambiando, ya no eran pandilleros de saco y corbata, con sombreros de ala ancha, sino que incorporaron la estética carcelaria: aparecen rapados, con pantalones anchos, camisas pegadas, tatuajes y con esa red que se ponen en la cabeza, que era la que usaban los cocineros en la cárcel. Todo esa estética está asociada a la vida en los penales y en particular a las tareas de servicio, que era lo primero que les tocaba.

-¿En las cárceles también se consolidan como estructuras?

En las calles estas pandillas se peleaban entre sí, pero en la cárcel se unían, porque ahí tenían que enfrentarse con los pandillas de afroamericanos (también llamados mayates), los anglo, los asiáticos, etcétera. O sea, en la cárcel no importaba tanto tu pandilla sino el conglomerado que pertenecías. A ese conglomerado lo llamaron «Sur» y a la orientación de los «sureños» se la bautizó luego como la Mafia Mexicana, o “la M”, que era su abreviación. La M la conformaban los líderes de las pandillas más grandes, funcionaban como una especie de federación, dentro de la cárcel y también pautando la vida de estas pandillas afuera.

Afuera se peleaban pero con ciertas normas, era una especie de “juego serio”, con muertes, tragedia, pero también con normas. Por ejemplo, no se podía atacar a un pandillero si caminaba de la mano de su esposa, sus hijos o su madre. No se podía hacer drive-by shooting, o sea dispararle a alguien desde un vehículo, por el riesgo de lastimar a otras personas. El pandillero debía bajar del vehículo para disparar. Y si un pandillero incumplía estas reglas, la «M» resolvía que había “luz verde” para atacar a esa pandilla, y sus integrantes recibían golpizas, violaciones o asesinatos dentro de la cárcel.

-¿De qué año estamos hablando?

Este fenómeno se consolida entre los años 50 y 70. Y todavía no aparece en escena El Salvador, que en esos años no tenía una migración masiva hacia Estados Unidos. La nuestra era una sociedad más bien agraria, el grueso de la población estaba fuera de los centros urbanos. Era una sociedad muy volcada a la agroexportación de café hacia Estados Unidos, ya desde finales del siglo XIX. El proceso revolucionario salvadoreño termina de consolidarse recién a finales de los 70. En ese momento Estados Unidos jugó fuerte para detener ese «virus comunista» en Centroamérica, porque ya tenían las experiencias de Cuba y Nicaragua, y querían evitar que eso se expandiera. El riesgo de las revoluciones guatemaltecas y salvadoreñas están muy presentes en los discursos de Richard Nixon (1969-1974), Jimmy Carter (1977-1981) y sobre todo después de Ronald Reagan (1981-1989). Les daba terror la posibilidad de que El Salvador siguiera el camino cubano y jugaron fuerte por la lucha contrainsurgente. Le dan mucho apoyo militar a El Salvador y entrenaron a muchos militares en la Escuela de las Américas. En este contexto sí empieza a pasar que miles de salvadoreños emigran hacia Estados Unidos. Es una nueva corriente migratoria, son como hermanos menores de aquellos braceros mexicanos (el término refiere a personas que trabajan con los brazos). Los salvadoreños migran por la crisis económica, la brutal represión estatal y el reclutamiento de jóvenes por parte de ambos estamentos: las guerrillas y el Ejército.

-¿Cómo se da el vínculo de estos jóvenes salvadoreños con el heavy metal, que es algo de lo que siempre se habla?

Algunos investigadores que estudian el fenómeno de las “prepandillas”, o sea antes de la formación de la Mara Salvatrucha y Barrio 18, encontraron que en los barrios salvadoreños ya existían pandillas, barriales y pequeñas, antes de las olas migratorias. Escuchaban heavy metal porque era uno de los pocos elementos de la cultura global que había llegado a El Salvador y era además una cultura muy disruptiva. Las letras satánicas, por ejemplo, chocaban muy fuerte con toda una cultura oficial muy clerical, en momentos que una parte de la Iglesia era utilizada por el régimen para mantener un sistema económico. En ese contexto, ser un rockero satánico tenía connotaciones casi revolucionarias, podría decirse. No sólo no se dejaban reclutar por el Ejército, sino que se dejaban el pelo largo y adoptaban una indumentaria que no tenía nada que ver con la narrativa oficial. Muchos de estos jóvenes migraron a Los Ángeles. Y también hubo en esta ola migratoria muchos desertores de la guerrilla, o sea que era una corriente migratoria compuesta por un conglomerado de personas complejo, que conocía la violencia por haberla padecido o por haberla ejercido.

La competencia con los mexicanos

-Y en Los Ángeles qué encontraron?

La verdad es que nunca entendieron a Los Ángeles. Se toparon con esa urbe gigante, y ellos venían de lugares pequeños, con historias violentas, de gente muy pobre. Y tampoco fueron bien recibidos por la comunidad de mexicanos, más bien fueron mal recibidos. Llegaron a competir por la hegemonía de quiénes representaban mejor lo «hispano». Hasta ese momento «hispano» era sinónimo de mexicano. Punto. Llegan los centroamericanos y empieza una competencia simbólica por esa categoría.

-¿Cómo se daba esa competencia?

En el mercado de trabajo, por ejemplo, ofreciendo mano de obra más barata. También en la vivienda, hay una disputa territorial por zonas, o en las escuelas. La comunidad mexicana los vio como competencia y se generó una distancia. Eso provocó una mayor unión entre los salvadoreños, que se juntó en diferentes conglomerados, entre ellos uno que se llamó la Mara Salvatrucha Stoner, la MSS. Básicamente, era un grupo de salvadoreños rockeros que estaba en Los Ángeles. Fueron violentos desde el principio, empezaron a pelear con otras pandillas del conglomerado «sureño» que recién te contaba. Con el tiempo, y con las entradas y salidas de los penales, se fueron convirtiendo en una pandilla de «cholos», que abrazaron esa estética de cabezas rapadas, ropa floja y tatuajes. En ese contexto nace la Mara Salvatrucha 13. El 13 se empieza a usar en la década del noventa, es un número que en realidad usaban todas las pandillas del conglomerado sureño. Florencia 13, White Fence 13, Hawaiian Gardens 13, Crazy Riders 13. Barrio 18 es una pandilla 13, pero si le pusieran el número sería Barrio 1813. De todas maneras, muchos pandilleros andan con el 13 tatuado, porque significa que es una pandilla del conglomerado sureño.

-¿Cuándo empiezan los problemas entre la Mara Salvatrucha y Barrio 18?

En los ochenta, en realidad, la Mara Salvatrucha era como una especie de hermano menor de la Barrio 18, de hecho ellos entran al sistema sureño de la mano de Barrio 18. Pero en 1989 hubo un conflicto de sangre y se inició una especie de guerra entre las dos pandillas. Por esos años termina la guerra civil salvadoreña y los miembros de ambas pandillas empiezan a ser deportados. Estos empiezan a clonar sus clicas (células) en El Salvador, de tal forma que los que pertenecían a la célula Hollywood Loco Salvatrucha, por el boulevard Hollywood, clonaron esa célula en El Salvador bajo el nombre Hollywood Loco Salvatrucha. Los que estaban en la calle Normandie fundaron la Normandie Loco Salvatrucha, y después empezó a pasar que muchos jóvenes se plegaban a estas células, sin haber pisado nunca el boulevard Hollywood ni la calle Normandie. Lo mismo pasó con las células de la Barrio 18. Ahí empieza la historia de las pandillas en El Salvador.

-¿Qué actividad criminal tenían en común?

En realidad, ellos no nacen propiamente como grupos criminales, ni en Los Ángeles ni El Salvador. No hay una apuesta deliberada por generar plata, sino que buscaban cosas menos tangibles, como la identidad. Después de una guerra civil que había dejado un país destrozado, muchos de estos jóvenes necesitaban pertenecer a algo. Buscando esa familia que no tenían, en algunos casos, es que empiezan a meterse en las pandillas.

Meterse en una pandilla era pertenecer a algo, con todo lo que eso implica a nivel identitario y eso se fortalece en peleas contra la pandilla rival. La Mara Salvatrucha y la Barrio 18 hicieron ese “juego serio” durante décadas sin que eso signifique algo en términos de plata. Eran solo pandillas que se peleaban. Ahí está la diferencia de las pandillas con otros conglomerados criminales: las actividades no están identificadas con la plata, sino con nociones de estatus, poder, respeto, identidad. De hecho muchos terminaron con largas condenas sin estar vinculados a actividades económicas que hayan implicado dinero. Pero sí les daba estatus. Ellos se tatuaban la cara, el cuello y hasta la boca en señal de compromiso, un compromiso a largo plazo con el grupo al que pertenecen. Durante la década del 90 pelearon en cada uno de los barrios marginales de El Salvador y extinguieron a casi cualquier forma criminal. Más de 150 pandillas que ya existían fueron eliminadas, relegadas o absorbidas por la Mara Salvatrucha y Bario 18. Las bandas de asaltantes, los pequeños traficantes de menudeo y los secuestradores fueron eliminados por las pandillas. Ellos hicieron un monopolio de toda forma criminal que se te ocurra.

-¿Qué pasa a partir de los años 2000?

Con el cambio de siglo las pandillas ya empiezan a tener una forma y una estructura mucho más organizada.

 En los 90 todavía no existía una estructura piramidal, sino que había muchos líderes con igual poder, con algún tipo de coordinación pero cada quien hacía lo que quería. Todavía no había celulares, que será después un factor importante. Ya para el año 2000, los primeros deportados que había regresado al país entre 1993 y 1995 empezaron a tener mayor relación y coordinación. El punto de inflexión es cuando empiezan a incursionar en el mundo de la extorsión. Empezaron con los buses. Era fácil para ellos: cuando el bus entraba a su colonia le pedían al conductor que pague algo cada vez que pasaba. Diez o cinco colones, que era la moneda de aquel momento, o rompían las ventanas del bus. Ellos decían: «O peor, te matamos. O te quemamos el bus. O asaltamos a tus pasajeros». Entonces los motoristas empezaron a pagar y cuando empezaron a sumar lo que pagaban los motoristas de todas las rutas, vieron que era un dinero importante. Cuando vieron que así hacían plata, empezaron a extorsionar negocios, talleres, pequeñas panaderías de gente pobre, pequeñas empresas de manufactura. Siempre en ámbitos marginales, hasta que dieron el salto de extorsionar a negocios más grandes. Recién ahí el Estado les empezó a prestar más atención a las pandillas. Es una de las cosas más crueles del asunto: el Estado no les puso atención hasta que empezaron a poner en riesgo el bolsillo de la gente de plata.

Un tema político

-¿Y la política cuando aparece?

En 2001, con el presidente de derecha Francisco Flores. Ese gobierno presenta un plan «mano dura» que estaba hecho con las patas. Montó una especie de show mediático con el arresto de pandilleros que mandaba a las cárceles. La mayoría eran liberados a los pocos meses, porque no había causa penal contra ellos, otros se quedaron en los penales y allí se conocieron los que todavía no se conocían. Las pandillas empezaron a ser piramidales y aquellos primeros deportados pasaron a ser los líderes del penal. En una misma celda estaba un pandillero de la región central que en la calle no tenía contacto con otro de la región occidental. En esos años empieza el auge de los teléfonos celulares, entonces esos dos pandilleros empezaron a coordinar acciones entre occidente y centro, desde la misma celda, un líder a la par del otro. Eso les dio una facilidad impresionante y se volvieron estructura, todo por esa política desatinada que duró hasta 2009, porque el presidente siguiene, Elías Antonio Saca, estableció un plan de «súper mano dura», que consistía en lo mismo que hoy hace Bukele: arrestar muchos pandilleros, montar un show y meterlos en los penales sin mucho orden.

-¿Qué más pasó en las cárceles?

Dentro de los penales se comieron a todas las estructuras criminales que estaban de antes y empezaron a ser los capos. Las pandillas los mataron en masacres carcelarias terribles. El Estado salvadoreño respondió con otra medida estúpida: les dio penales exclusivos a cada pandilla. Como se peleaban entre ellos decidieron armar un penal solo para la Mara Salvatrucha y otro para el Barrio 18. Esos penales se volvieron los cuarteles centrales de la inteligencia pandillera.

-¿Eso sucedió en gobiernos de Arena o del FMLN?

En 2004, en un gobierno de Arena. Luego vino el primer gobierno de la exguerrilla del FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional) con Mauricio Funes a la cabeza (2009-2014), y encontró una crisis carcelaria de los cojones y con las pandillas dominando todo el territorio salvadoreño.

-¿La estructura criminal de esas pandillas en 2009 seguía siendo la extorsión y no el narcotráfico?

La base nunca va a ser el narcotráfico, porque El Salvador no es paso de drogas. Venden droga sí, pero muy poca. Honduras y Guatemala sí son paso de droga. Lo de las pandillas en El Salvador es pura extorsión. Eso genera mucha plata, le cobraban hasta a la persona que vende cigarros en la esquina. Eran y son el Estado. Eso genero obstáculos al desarrollo impresionantes y generó muchísima migración hacia los Estados Unidos. Se volvieron poderosos en los barrios y eso contribuyó a que tuvieran más membresía. Eran tan poderosos que Mauricio Funes, un presidente que resultó ser muy corrupto, hace un análisis y se da cuenta que militarmente ya era muy difícil derrotarlos y que avanzar por ese camino podría generar una crisis terrible.

 

Funes toma un atajo y decide hacer una tregua clandestina con los líderes pandilleros. Los periodistas descubren esa trama y la publican. Al final, al gobierno no le queda otra que reconocer, pero intentan decir que en realidad facilitó una tregua entre pandillas. Eso no era cierto, fue una tregua entre el gobierno y las pandillas, no entre pandillas. En ese momento las pandillas dejan de atacarse entre sí; seguían extorsionando pero no se mataban. Con el dinero de la extorsión empiezan a hacer negocios, ponen lavaderos de autos, prostíbulos, cervecerías, compran taxis. Las pandillas empezaron a consolidar estructuras con característica de mafia. Aquella indumentaria, el simbolismo y el espíritu pandillero desaparecen. Todo quedó relegado en función del negocio y el poder político.

-Eso implicó también cambios en la estética.

Es que la Mara Salvatrucha ya no debería considerarse una pandilla en los términos que hablamos, hay que entenderla con otro marco teórico. Se ha transformado en una estructura con ambiciones económicas, hay que abordarla con el marco teórico que analizamos a Los Zetas, al Cartel del Golfo o el Cartel de Medellín. No porque aparezca el narcotráfico, sino por la estructura. Los Zetas tienen todos los delitos que se ocurran, salvo el tráfico de uranio enriquecido. Son estructuras que pueden meterse en un abanico enorme de actividades criminales y económicas. Se meten en los negocios más porosos, como la basura, los negocios informales, controles de puertos. Cuando las pandillas pasan a ser estructuras mafiosas también cambia toda la estética. Los pantalones tumbados, los graffitis y los tatuajes funcionaban para la pandilla y la construcción identitaria, pero no para la mafia. La pandilla tenía una estructura muy pública, se tatuaban la cara y hacían reuniones de hasta 500 miembros, pero eso ya es imposible. En una estructura criminal clandestina, obviamente ya no es conveniente tener un miembro con la cara tatuada, que hace graffitis y lleva ropa tan arquetípica.

-¿Cómo reaccionó la sociedad salvadoreña cuando supo que había una tregua entre políticos y pandilleros?

Cuando la tregua se hizo pública, los salvadoreños se sintieron ofendidos. Y como al gobierno le interesaba mantener una buena prensa, empezó a resquebrajar esa tregua. El gobierno de Estados Unidos también metió mano para quebrar la tregua. Pero a esa alturas los políticos se dan cuenta que los pandilleros tenían mucha base social, miles de personas que dependen de ellos. Y eso se podía traducir en votos. Desde ese momento todos los partidos políticos empiezan a negociar con las pandillas. Arena, el FMLN y luego Gana (Gran Alianza por la Unidad Nacional) buscaron sucesivamente el apoyo de las pandillas pensando en la elección siguiente.

La llegada de Nayib Bukele

¿Cómo aparece Nayib Bukele en esta historia?

Durante el segundo gobierno del FMLN, de Salvador Sánchez Cerén (2014-2019) la tregua con las pandillas se rompe.

 Fue una cosa macabra, hubo traslados a penales y las pandillas respondieron como en una guerra: empezaron a matar tres o cuatro policías por día, dos o tres militares diarios. Esa guerra entre el Estado y las pandillas la ganó el Estado, por cada policía muerto morían cuatro o cinco pandilleros. Los policías podían matar pandilleros como si mataran pollos. En este contexto es que aparece Bukele como fenómeno político. Es una figura disruptiva que dice: “vengo a romper con estos partidos de mierda de la Guerra Fría que han hecho treguas con los criminales”. Sin embargo, siendo alcalde de San Salvador, ya había tenido acercamientos con las pandillas, que lo ayudaron a ordenar y limpiar el centro histórico de la ciudad. Lo ayudaron con plata y beneficios, hay fotos e investigaciones en Fiscalía que muestran cómo negoció la alcaldía de Bukele con pandilleros.

-¿Qué pasa cuando llega al gobierno nacional?

Aunque venían cayendo desde 2016, cuando Bukele llega al gobierno los homicidios se desploman de manera histórica. Las pandillas se concentran en los negocios y no en la guerra. Es la estrategia de las zarigüellas: hacerse el muerto, dejar de matar y mantener las acciones de violencia necesarias para mantener los negocios.

Bukele siempre dijo que esa caída de los homicidios tenía que ver con su afinada y moderna estrategia de combate al crimen, a la que denominó “plan de control territorial”. Pero nunca explicó qué era ese plan y cómo se financiaba. Nunca fue público, pero sí mediático.

Con el tiempo se supo, por investigaciones de Fiscalía y periodísticas, que Bukele hizo lo mismo que todos: sentarse y pactar con los líderes pandilleros en los penales, ofreciendo prebendas y disminución de penas. Hubo pocos operativos contra pandilleros, o sea que los dejaron seguir existiendo, pero en las sombras, sin matar. Eso le daba gobernabilidad y al mismo tiempo podía mostrarlo como un logro de su gestión.

-¿Cuándo se rompe la tregua?

La tregua se rompió tres veces. En abril de 2020 mataron a 90 personas en un fin de semana. En noviembre de 2021 hubo otros 90 muertos y se acaba de romper en abril de este año, con otras 90 personas muertas.

-El gobierno asegura que en un mes detuvo a 15.000 pandilleros, pero casi no hubo enfrentamientos. ¿Cómo es la correlación de fuerzas entre las maras y el aparato represivo? (*)

Las pandillas aprendieron que el conflicto militar con el Estado no las lleva a buen puerto y las pandillas no son un grupo militar bien armado. Las pandillas cometen asesinatos con pistolas calibre 38. Tienen un sistema de control barrial pero no son organizaciones militares ni grandes guerreros.

-¿Pero el gobierno las tiene infiltradas? ¿Cómo hace para detener a 15.000 pandilleros en menos de 30 días?

No creo que tenga mucha información. Primero hay que ver si son 15.000, porque eso es lo que declara el gobierno. Si fuera cierto, me atrevo a decir que el 20% son pandilleros, expandilleros y colaboradores, y el resto son personas que agarraron en la calle, durante las redadas. Hay muchos casos documentados de personas que regresaban de su trabajo y están presas. Personas sin historial, que ni siquiera tenían una detención de la policía municipal. Cuando Bukele dice «tengo a 15.000 pandilleros», invitaría a la prensa internacional a poner esas declaraciones en remojo. Hoy no sabemos y no hay forma de averiguar si son 15.000. Tampoco descarto que sean 15.000 detenciones pero sí descarto que sean 15.000 pandilleros. Si hubiera arrestado 15.000 pandilleros habría arrestado a la mitad de los pandilleros que hay en la calle y no es el caso. Está apresando a muchas personas por haber pertenecido, por sus tatuajes vistosos. Muchas de mis fuentes, que son expandilleros, son pastores evangélicos y ahora los detuvieron durante el estado de excepción. De los líderes importantes de las pandillas no hay ninguno detenido, a lo sumo hay pandilleros rasos o colaboradores. Es en gran medida una farsa. Apuesta a capturar a la mayor cantidad posible de pandilleros, sin medir lo que pueda sufrir gente inocente. Es una forma de restarle músculo a las pandillas, sin cometer ninguna acción que vuelva irreconciliable el diálogo. En estas semanas las pandillas no han matado policías, militares, ni funcionarios o miembros del partido de Bukele. Eso no puede ser casualidad. Ninguno de las dos partes hizo nada como para que sea imposible volver a sentarse en la mesa. Se están peleando, pero todavía no se han tocado la cara.

-¿Se sabe por qué se rompió la tregua?

No, hay hipótesis. Suponemos que las pandillas dieron el primer paso. Este es un gobierno hiper hermético que no permite la salida de información bajo ningún término.

 Nos enteremos porque empiezan a aumentar los asesinatos vinculados a la Mara Salvatrucha. Y luego el gobierno de Bukele responde torturando pandilleros y haciendo redadas masivas, en las que caen pandilleros pero la mayoría de los detenidos son civiles inocentes y es difícil saber cuál es la verdad. Pongo un ejemplo, unos pandilleros asaltaron un bus y mataron a tres personas. El gobierno de Bukele hizo un alarde propagandístico increíble, movió helicópteros, drones y policías y dijo que los había capturado. Mostró a dos pandilleros de diferentes pandillas, todos tatuados, y dijo por Twitter que le daría la indicación al director de centros penales que estos delincuentes no vieran ni un rayo de luz en su vida. Era todo mentira. A esas personas las fueron a sacar de su casa y hoy están en libertad. Nunca fueron acusadas por ese delito porque no estaban en el lugar. Sin embargo, en la narrativa quedó que el presidente capturó a esos criminales.

-En este contexto hay como una especie de arremetida contra periodistas e investigadores, como en tu caso.

Bukele ha apostado con mucha fuerza y recursos a mantener una narrativa. No olvides que es un publicista, y eso se nota. Tiene una narrativa muy sólida, pero que plantea un país irreal. Todos los gobiernos apuestan a una narrativa, pero este lo hace de manera desmedida y con un talante mesiánico. El periodismo independiente puede ser un obstáculo muy fuerte para mantener esa narrativa. Por ejemplo, si el gobierno dice que las pandillas están derrotadas, es algo que el periodismo y las investigaciones académicas pueden refutar, porque es fácil comprobar que las pandillas siguen controlando territorios. Nos hemos vuelto voces incómodas para el oficialismo, a tal nivel que han invertido miles de dólares en espiarnos a través de Pegasus y ha invertido en todo su aparato propagandístico para tratarnos como parte de una conspiración mundial, originada por una persona satánica, terrible y judía como George Soros, que parece que convenció al Washington Post, The New York Times, El País de Madrid, Human Rights Watch, Joe Biden, Naciones Unidas. Bukele ha convencido a una parte de la población que todos respondemos a los partidos políticos del pasado. Les dice que ya no somos sólo defensores de los pandilleros, sino que somos directamente pandilleros. Han apostado a que el salvadoreño no nos lea, sino que apenas nos conozca mediante su propaganda gubernamental, en la que nos trata como criminales.

-¿Qué puede pasar en las próximas semanas?

No lo sé. Yo no creo que la negociación con las pandillas sea el mejor camino, sobre todo por cómo lo han hecho estos gobiernos. Pero en este momento, y siendo muy pragmático, sería desastroso que se vuelva nuevamente a romper la tregua. Muchos muertos. Un país tan chiquito que entierra 90 personas en un fin de semana es un puto funeral. No es un país, es un cementerio. Es muy duro vivir eso."             (Lucas Silva, Página12, 03/05/22)

16/11/21

Hay muchos más preocupados por reescribir lo que pasó hace más de cinco siglos que por poner el foco en el desangre actual que las grandes empresas europeas y españolas llevan décadas practicando en Latinoamérica... Yo no tengo el menor interés en revisar ni la historia de la conquista y colonización, ni de rehabilitar ninguna figura histórica. Excepto en un caso, en el de la Malinche... Malitzin era una princesa heredera de su tribu que tuvo la mala suerte de que su padre muriera y su madre se volverá a casar, teniendo un hijo varón que ocuparía su puesto en la línea sucesoria. Para asegurarse de esto, su propia familia la vendió como esclava en un mercado y dijeron que había muerto a quién preguntó por ella. Pasó de mano en mano, siendo violada por sus diferentes amos, hasta que la compró un cacique en Tabasco, que la regaló, junto con otras mujeres, a los españoles como muestra del buen rollito local. Fue allí donde la conoció Cortés y él se dio cuenta de que esa mujer era, literalmente, el puente que necesitaba para comunicarse con todas las gentes de esas tierras. Así fue, y Malitzin, entonces Doña Marina, sobrevivió y se hizo poderosa. Y eso, a las mujeres, no se les perdona

 "(...) los posmodernos, mucho más preocupados por reescribir lo que pasó hace más de cinco siglos que por poner el foco en el desangre actual que las grandes empresas europeas y españolas llevan décadas practicando en Latinoamérica.

Pretenden hacerlo además y como no podría ser de otra manera, desde la más completa ignorancia hacia todo lo que tiene que ver con Latinoamérica, la del S.XV y la del s.XXI. Nos proponen el revisionismo histórico gentes que, en su mayoría, no han puesto un pie al otro lado del charco, y si lo han hecho, en un 90% no han traspasado las puertas de los resorts de pulserita y “todo incluido” de República Dominicana o Cancún.  Alguno que se debe creer Indiana Jones, a lo mejor ha llegado a ir a Perú y ha hecho un tour dirigido por Cuzco, o tirando largo, ha subido al Machu Pichu a por su foto para el Instagram.

Estas nuevas gentes de la secta de “lo correcto”, deberían mostrar mayor interés en que se hiciera cumplir a las empresas extractivistas una mínima legislación que no tuviera a sus trabajadores y trabajadoras latinoamericanos en régimen de cuasi esclavitud. Podrían entretenerse en pensar si las mejoras en las condiciones de contratación que les ofrecen aquí, por ejemplo, el BBVA, no se deben a que más de la mitad del beneficio de la compañía lo sacan, precisamente de México, y precisamente, a base de pagarle a los y las empleadas, miseria y compañía.

Y así con Naturgy, Telefónica, Banco Santander, ACS, y un montón de empresas españolas, que son la mayoría del IBEX 35, y que aumentan sus beneficios y dan “estabilidad a la economía” gracias a seguir exprimiendo a Latinoamérica.

Pero ni media palabra he escuchado al respecto de esta cuestión a los nuevos “justicieros de la historia”. En serio que se me hace complicado encontrar alguna cuestión más pendeja que querer que se pida perdón por lo que hizo Hernán Cortés, mientras tienes contratado Movistar en tu tele, por un ínfimo precio que sería diez veces mayor, si Telefónica no sacara su beneficio de América Latina.

Ni cuestión más pendeja que ésta, ni personajes más pendejos que quienes lo proponen. Y me permitan ustedes la expresión debido al contenido de esta columna y a las fechas en las que estamos. Hasta que alguno de estos imbéciles pretenda también revisar la lengua y sus expresiones. Ya pasó con una canción del grupo Molotov, “Puto”, que algunos catetos dejaron de poner porque otros más catetos se sentían ofendidos, sin molestarse en saber si quiera, que significa tal cosa al otro lado del Atlántico.

Yo no tengo el menor interés en revisar ni la historia de la conquista y colonización, ni de rehabilitar ninguna figura histórica. Excepto en un caso, en el de la Malinche.

Malintzin, bautizada cristianamente como “Marina” al ser regalada como esclava a los españoles por su gente, llegó a ser Doña Marina, pero para la Historia se quedó en Malinche, para pasar del nombre al insulto de malinchista.

Una de esas grandes figuras femeninas a la que el patriarcado no nos permite sacar del encasillamiento de la mujer malvada y pecadora. En el caso de Malitzin, una traidora, culpable de miles de muertos y de la caída del impero azteca. Sin duda hasta hoy, la mujer más odiada de México. Y para los historiadores españoles, una olvidada, porque según ellos, gran parte de la “conquista de América”, es mérito exclusivo del gran volumen de los testículos de Hernán Cortés.

Por poner un ejemplo, no les importa un pimiento (un chile picante) ni a los historiadores, ni a sus inquisidores revisionistas que en realidad, la caída de Tenochtitlán fuera dada porque todas las etnias diferentes a los aztecas, (unos 80.000 Tlaxcaltecas y huexotzincas, entre otros), se unieron a Cortés para quitarse de encima a los aztecas dominantes, que los tenían fritos a tributos, incluidos seres humanos para su consumo.  

Para los mexicanos la culpa fue de La Malinche y para los españoles el mérito fue de “los conquistadores” y de Cortés que “enamoró” a la traductora que veló por sus intereses.

Malitzin era una princesa heredera de su tribu, que tuvo la mala suerte de que su padre muriera y su madre se volverá a casar, teniendo un hijo varón que ocuparía su puesto en la línea sucesoria. Para asegurarse de esto, su propia familia la vendió como esclava en un mercado y dijeron que había muerto a quién preguntó por ella. Pasó de mano en mano, siendo violada por sus diferentes amos, hasta que la compró un cacique en Tabasco, que la regaló, junto con otras mujeres, a los españoles como muestra del buen rollito local. Fue allí donde la conoció Cortés y él se dio cuenta de que esa mujer era, literalmente, el puente que necesitaba para comunicarse con todas las gentes de esas tierras.

Así fue, y Malitzin, entonces Doña Marina, sobrevivió y se hizo poderosa. Y eso, a las mujeres, no se les perdona.  Así que, si hay que revisar algo y alguien tiene que arrepentirse, que sean todos los sabios que han demonizado a la Malinche, y con ella a todas las mujeres. Que la Malinche se quede en todas nosotras."                    (Nuria gonzález, elTaquígrafo, 11/10/21)

18/10/21

Las perspectivas de futuro de la hispanidad son enormemente esperanzadoras... A ambos lados del Atlántico millones de personas participan cada día en un potente acercamiento cultural en español a través de la literatura, el deporte, la música, el cine, el teatro, las series, los videojuegos, las redes sociales y un largo etcétera. En definitiva, a través de instrumentos valiosos para la vida en común, para la creación de comunidades... En la vanguardia se encuentran hoy los canales de contenido digital de plataformas como Twitch o YouTube, donde día tras día surgen y se fortalecen lazos sin importar la nacionalidad, el color de la piel, el sexo o la edad. No es exagerado afirmar que los vínculos entre la juventud hispana son más fuertes que nunca, y cada día más que el anterior... De darse estas circunstancias entre la población de los Estados miembros de la Unión Europea, la euforia europeísta se extendería como la pólvora... Sin embargo, en el caso del mundo hispano tiende a pasar desapercibido

 "Muchos artículos tratan ya el conflicto existente en torno al concepto de hispanidad y a las dificultades para celebrar los vínculos que unen a más de 700 millones de seres humanos. Estas líneas viajarán por un camino distinto, más optimista y con la vista puesta en el futuro.

A pesar de las estatuas derribadas, de la utilización partidista de la historia, de la búsqueda constante de enemigos pasados que desvíen la atención de los problemas presentes; en fin, a pesar de la losa que cae cada año sobre la Hispanidad en forma de leyenda negra, no todo está perdido. A ambos lados del Atlántico millones de personas participan cada día en un potente acercamiento cultural en español a través de la literatura, el deporte, la música, el cine, el teatro, las series, los videojuegos, las redes sociales y un largo etcétera. En definitiva, a través de instrumentos valiosos para la vida en común, para la creación de comunidades.

En la vanguardia de este propósito, y junto con los elementos mencionados anteriormente, se encuentran hoy los canales de contenido digital de plataformas como Twitch o YouTube, donde día tras día surgen y se fortalecen lazos sin importar la nacionalidad, el color de la piel, el sexo o la edad. Lo relevante es el entendimiento mutuo y pasar buenos momentos juntos. Estas actividades gozan de un crecimiento imparable en el mundo del entretenimiento, y acercan a multitud de personas de procedencias diversas. No es exagerado afirmar que los vínculos entre la juventud hispana son más fuertes que nunca, y cada día más que el anterior.

Del éxito de estas plataformas entre la población joven se pueden extraer dos ideas importantes: primero, que cuentan con un reemplazo generacional asegurado; y segundo, que todos ellos van sustituyendo poco a poco a sus progenitores en el grueso de la ciudadanía de sus respectivas naciones, con las consecuencias sociales y políticas que puede suponer a largo plazo. De darse estas circunstancias entre la población de los Estados miembros de la Unión Europea, la euforia europeísta se extendería como la pólvora y hablaríamos de éxitos y de buenas perspectivas de futuro. Sin embargo, en el caso del mundo hispano tiende a pasar desapercibido, cuando no es visto con recelo o incluso vergüenza por quienes beben de la visión negrolegendaria de la historia de España y América.

No obstante, y volviendo al optimismo, esas personas no contaban con el disimulado pero continuo sabotaje de quienes pasan sus ratos libres hermanándose con otros hispanos de ambos hemisferios, creando comunidad en el mismo momento en que el lector recorre estas líneas. Los lazos lingüísticos y culturales siempre han estado ahí, pero el surgimiento y la generalización de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación los fortalecen, los amplifican y los acercan aún más. Por ello, y pese a los múltiples obstáculos, las perspectivas de futuro de la hispanidad son enormemente esperanzadoras."(Adrián García peña, El Papel)

27/9/21

La imagen de una América Latina católica ya es insostenible... Los evangélicos se volvieron una parte importantísima del mundo popular al que el progresismo busca interpelar... sus proyectos de evangelización se centran en problemáticas y espacios importantes para el despliegue de la vida social donde el catolicismo se muestra ineficaz (enraizamiento entre los pobres, acciones frente a la violencia doméstica y las adicciones, despliegue en las cárceles, en grupos de pequeños empresarios e incluso, algo más lento, en las fuerzas de seguridad)

 "Pablo Semán (Buenos Aires, 1964) viene escribiendo hace años sobre el crecimiento de los grupos evangélicos y pentecostales. 

Desde cuando para las capas medias urbanas argentinas este fenómeno se reducía a unos pastores que seguían un modelo “electrónico”, primero el del Club 700 y luego el de unos pastores con acento brasileño que, después de la medianoche, aparecerían en las pantallas de la televisión con sus programas de curación, mostrando iglesias llenas pero que parecían de otro país… Antropólogo dedicado a las religiones, Semán también vivió en Brasil, donde pudo ver de cerca el papel de la Iglesia Universal del Reino de Dios, la que logró mayor proyección política en toda América Latina. 

Recientemente publicó Vivir la fe. Entre el catolicismo y el pentecostalismo, la religiosidad de los sectores populares en la Argentina (Siglo XXI) y habló con CTXT sobre evangelismo y política en América Latina. Él mismo progresista, al final interpela: “¿Qué piensa hacer el progresismo con todo esto?” 

¿Hasta qué punto el crecimiento evangélico desafía la imagen establecida de una América Latina católica? 

En Centroamérica, por ejemplo, los evangélicos son una minoría muy considerable que a veces está por encima del 40% y en algún caso ya están por ser mayoría. La dinámica y el origen de la evangelización de los evangélicos en Centroamérica es diferente a América del Sur. Pero en América del Sur también hay países con porcentajes de evangélicos arriba del 25% y no veo un techo inmediato. Esto, sumado al hecho de que los evangélicos son mucho más practicantes que los católicos. Entonces, como militancia religiosa van a ser la mayoría. Pero además, sus proyectos de evangelización se centran en problemáticas y espacios importantes para el despliegue de la vida social donde el catolicismo se muestra ineficaz –enraizamiento entre los pobres, acciones frente a la violencia doméstica y las adicciones, despliegue en las cárceles, en grupos de pequeños empresarios e incluso, algo más lento, en las fuerzas de seguridad–. La imagen de una América Latina católica ya es insostenible. La quiebra de la imagen católica también se ve en la debilidad de la reivindicación de la imagen de la América Latina católica. 

Cuando hablamos de evangélicos estamos hablando básicamente de evangélicos pentecostales… 

Sí. En el mundo evangélico, los pentecostales introdujeron dos grandes modificaciones en toda la demografía evangélica del planeta. Por un lado, un elemento cuantitativo: fueron el grupo que más creció. Y por el otro, a su propio peso cuantitativo hay que agregarle un elemento cualitativo: su predominio cultural. Antes, “evangélico” era un término analítico para analizar los grupos surgidos de la Reforma pero no era la identidad de cada uno de esos grupos (luteranos, metodistas, menonitas, etc.). Hoy “evangélico” funciona como término transdenominacional que abarca como mínimo al 80% de los descendientes de la Reforma protestante, que se han avenido más o menos a los parámetros de “avivamiento” religioso desplegados por los pentecostales. No es descabellado pensar un avance hacia una identidad post-denominacional en la que los evangélicos de diferentes denominaciones se asuman simplemente como “cristianos” en una zona de disputa con la mayoría católica.

Muy esquemáticamente: ¿qué es ser evangélico/pentecostal y cuáles son sus atractivos respecto del catolicismo?

Hay dos rasgos que se complementan y crean un círculo virtuoso. Y los dos están inscriptos en una teología que también está disponible en el mundo católico y protestante, solo que los pentecostales la tomaron en serio y la desplegaron al máximo. El primero es la actualidad de los dones del espíritu santo, que reencanta a la religión porque permite activar genéricamente una noción de milagro y de posibilidad de milagro en la vida cotidiana. Y hay un segundo elemento que es la universalidad del sacerdocio. Que cualquier creyente no solo es, sino que debe ser, pastor. Y para ser pastor, ese creyente va a movilizar la actualidad de los dones del espíritu santo creando un dialecto a la medida de su metro cuadrado, de su propio entorno. Eso estira enormemente la presencia evangélica y al mismo tiempo la diversifica. Se puede dialectizar ese lenguaje para adaptarse al minuto a minuto de los cambios socioculturales, de manera mucho más eficiente que la lenta burocracia celestial del catolicismo.

 Durante años, el progresismo latinoamericano ignoró el crecimiento de los grupos evangélicos en el mundo popular (a excepción de sociólogos o antropólogos de la religión) y de pronto aparece como una especie de comodín analítico para explicar cualquier giro conservador o avance de la derecha… ¿Todos andan buscando evangélicos? 

Los progresistas pusieron a los evangélicos en una agenda negativa o de los enemigos pero sin ver el tamaño potencial. Y, al mismo tiempo, eso se articuló con la teoría católica progre de las sectas, de la denuncia de las sectas, y con la separación de la verdadera fe y la fe inauténtica. Hay ateos que se ponen en el rol de religiones y objetivamente coinciden con el camino ya trazado por el catolicismo hace 40 años. Y como el progresismo tiene un contacto social débil con el mundo popular, no fue viendo paso a paso cómo crecía. Yo publiqué ahora el libro Vivir la fe pero los datos sobre el 20% de evangélicos en el mundo popular son de 1995, no de 2020. Eso ya estaba ahí. La segunda cosa es que por ese contacto débil, sumado a las teorías conspirativas sobre el avance evangélico, no pudieron ver qué tipo de presencia constituía. Se actuaba como si eso fuera a dejar de existir. Hoy no solo  los evangélicos existen sino que existen cada vez más. Había muchos mecanismos renegatorios, en términos freudianos, de desconocimiento activo de la realidad para sostener certezas previas, para abordar este fenómeno. 

Además hoy hay un enfrentamiento más agudo entre evangélicos y progresistas porque el progresismo latinoamericano puso en el centro una agenda de género que, por otro lado, es bastante reciente. La verdad es que el matrimonio igualitario, igualdad de género y el aborto son bastante recientes en las izquierdas de la región, que además son en muchos casos izquierdas populistas. No es que no existieran núcleos militantes de larga tradición, pero no dominaban la agenda del progresismo, ni la del peronismo progresista en el caso argentino, ni eran el marcador decisivo de la identidad. El aborto muy pocos lo tenían como prioritario, la igualdad de género estaba pero tampoco se la militaba mucho y la diversidad sexogenérica a muchos les parecía una agenda sueca que sobraba. En 2015 hubo una performance post-porno en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y la izquierda se opuso. Yo escribí para intervenir en esa polémica en favor de la performance pero mi posición  era disruptiva.

 Por otro lado, en el mundo evangélico hubo una deriva relativamente inversa: los evangélicos en Argentina y en algunos países de América Latina en los 90 estaban delante del catolicismo en la agenda de igualdad de la mujer. Estaban a favor del preservativo y la Iglesia católica no, contenían y les daban a las mujeres un papel mucho más activo y central en la liturgia. No había un planteo ideológico de igualdad pero había una práctica relativa de igualdad. Había incluso facciones neopentecostales que se abrían a los temas del hedonismo sexual. En Brasil había, por ejemplo, una exmodelo evangélica que tenía una tienda de productos eróticos y aparecía en televisión. 

Respecto de la diversidad sexual, había una cosa muy interesante que era que evangélicos y disidentes sexuales tenían en común una experiencia que discutían que era la del rechazo. Incluso en la prensa evangélica salían entrevistas o diálogos entre un pastor y un disidente sexual. No era en un sentido de avanzar hacia la igualdad pero era darle un lugar bajo la premisa: “ellos son rechazados, nosotros también”. Todo eso, en estos últimos veinte años, fue desapareciendo. No tanto lo de la mujer, pero sí la apertura a elementos a la agenda de género que se intensificaron en la izquierda y desaparecieron en el mundo evangélico.

Esto demuestra que hay cuestiones históricamente constituidas e incluso contingentes. Hoy los evangélicos tienden a beneficiarse, y por eso hacen ese giro, de la reacción cristiana generalizada contra esa agenda progresista que incluye a los católicos. A veces la izquierda cree que el problema para la agenda de género son los evangélicos y no los cristianos en general, que capitalizan la imposibilidad de los católicos de poner la cara en estas cuestiones dada su trayectoria de abusos. Esta tensión se procesa de una manera diferente en los sectores populares. 

Cuando se piensa evangelismo y política se suele transferir el modelo brasileño a toda América Latina. Pero en verdad, en Brasil la iglesia exitosa fue la Iglesia Universal del Reino de Dios que para muchos evangélicos es la “menos evangélica” del subcontinente y si bien ahora es bolsonarista también fue muy pragmática en el pasado reciente. ¿Cómo pensar la articulación entre evangelismo y política?

En principio no hay un traslado inmediato de la identidad religiosa al campo político. En segundo lugar, cuando hay una activación política de una sensibilidad evangélica mayoritaria en favor de una opción política, eso ocurre siempre de una forma contingente, transitoria y variable. Mayoritariamente, los evangélicos votaron a Lula en Brasil y el Partido de los Trabajadores (PT) le dio dos veces las vicepresidencias de Lula a los evangélicos que también votaron a con Dilma Rousseff; en Perú hay un componente evangélico en la candidatura de Pedro Castillo (su mujer e hija son de la Iglesia del Nazareno y él se suma a menudo a las oraciones). En Centroamérica sí han apoyado más a la derecha pero esos proyectos conservadores se configuraron de manera tal que no todos los evangélicos los apoyan y hay católicos que los votan como reacción cristiana. Aparecen trasladando más “caudal religioso” del que en realidad trasladan. En el caso argentino, los evangélicos de sectores populares siguen votando al peronismo aunque viabilice agendas progresistas porque siguen dinámicas de voto de los sectores populares. Otros votan al macrismo por antiperonismo más que por conservadurismo o elementos religiosos. Y el crecimiento de una agenda de derecha es un fenómeno mucho más grande que el crecimiento evangélico. A la ultraderecha también se la vota contra “la catedral” (la religión, el atavismo y el estatismo) o con curiosos motivos neopaganos.

 Por otro lado, la Iglesia Universal es en efecto un caso verdaderamente excepcional en Brasil. No hay un partido político evangélico con tanta eficacia electoral como el Partido Republicano (que fundaron los pastores de esa iglesia) ni siquiera en sociedades con muchos más evangélicos que en Brasil. Y eso tiene que ver con la particularidad de la situación brasileña: un sistema de identidades políticas bastante débil, donde pesan mucho las novedades anticorrupción y el propio sistema electoral uninominal que permite maximizar minorías movilizadas. Y en tercer lugar, un sistema parlamentario hiperfragmentado donde los pequeños bloques consiguen una eficacia política sobredimensionada.

 Lo que hizo la Iglesia Universal fue, más que movilizar el voto evangélico, armar una fuerte superestructura política que le permite subordinar a todas las otras tentativas de politización evangélica. De esa forma, por ejemplo, la Unión de las Asambleas de Dios termina a remolque de la Iglesia Universal en política, lo que nadie admitiría en la Unión de las Asambleas de Dios de ningún país de América Latina. Esa superestructura política tiene eficacia política propia, pero tampoco tanta si tenemos en cuenta que la Iglesia Universal finalmente llamó a votar a Bolsonaro pero quince días antes estaba negociando con Marina Silva, una evangélica de izquierda (ex ministra de Lula). Votaron a Bolsonaro porque los fieles estaban llamando a votar a Bolsonaro. Y los fieles estaban votando a Bolsonaro porque una parte importante de los sectores populares que habían sido lulistas se habían transformado en antilulistas por el tema de la corrupción.

Es posible que los pastores de la Iglesia Universal se sientan más cómodos con ese rumbo ultraderechista, pero no lo trabajaron tanto como se podría pensar. Y ahora ocurre al revés. Están viendo que muchos de sus fieles se están distanciando de Bolsonaro mientras los jerarcas de la iglesia tienen que defender intereses creados en el Estado. La dirigencia de la Iglesia Universal seguramente no tendrá opciones al golpismo. Pero los fieles no necesariamente acompañarán. 

Antes se pensaban siempre las identidades católica y evangélica en competencia, ahora vemos personajes como el propio Bolsonaro, también Castillo y otros, que mantienen cierta ambigüedad entre catolicismo y evangelismo. Por ejemplo Bolsonaro se fue a bautizar al río Jordán con un pastor pero se identifica católico… ¿Hay cambio ahí? 

Yo creo que los evangélicos están conscientes del rol que algunos de ellos llaman catalizador de una reacción cristiana antiprogresista. Esta involucra porcentualmente más a los evangélicos que a los católicos pero en números absolutos tal vez convoque a más católicos, pero bajo la centralidad evangélica. Esto ocurre por lo que pasa con los evangélicos pero también con los católicos. ¿Con qué cara los obispos católicos van a salir a defender a la familia, a los niños…? Entonces hay una suerte de pacto implícito en la cual el catolicismo le cede la iniciativa en eso y hay colaboración en la superestructura pero a la vez una convergencia de intereses en las bases católicas y evangélicas. Pero también hay que ver las prácticas. Hay mucha gente “en pecado” en las iglesias evangélicas y conviven con eso. 

¿Algo más que dejamos en el tintero?

Yo me pregunto qué piensa hacer el progresismo con todo esto. Los evangélicos se volvieron una parte importantísima del mundo popular al que el progresismo busca interpelar. ¿Va a haber zonas de cooperación? ¿Esas zonas de cooperación son posibles? En las organizaciones populares argentinas conviven evangélicos, católicos y progresistas. Incluso verdes (pro legalización del aborto) y celestes (“pro vida”) sin llamarse asesinas o antiderechos. Plantean sus agendas sin confrontar todo el tiempo. Hay mujeres evangélicas militando agendas progresistas en el plano económico y mujeres de sectores populares abrazando una agenda feminista a su modo, con un lenguaje propio. Ahora bien, por ejemplo, ¿no hay una convergencia cuando grupos de mujeres van a rezar en solidaridad con una mujer agredida por su pareja a su casa y rompen el círculo de agresiones?, ¿qué se genera ahí?, ¿hay o no sororidad? Claramente intervienen sobre una situación de violencia para pararla. Y así. Hay que salir del círculo de reactividad y mala sociología. No es fácil, no es lo soñado para el progresismo, pero dividir a los sectores populares es peor."                    (Entrevista a Pablo Semán, antropólogo, Pablo Stefanoni, CTXT, 24/09/21)

3/8/21

Buen Vivir para superar los límites del desarrollo

 "Quizás uno de los puntos del balance crítico del ciclo progresista sobre el que más consenso existe sea su contradicción entre el impulso de políticas que apuntan a la recuperación de la soberanía y el modelo económico centrado en el extractivismo y la exportación de materias primas que les subyace.

Pese a los avances en materia de redistribución de la renta, la base productiva sobre la que los gobiernos progresistas han asentado sus políticas coarta la posibilidad de avanzar en transformaciones de raíz. 

Thea Riofrancos habla con Eduardo Gudynas sobre el extractivismo y la soberanía en este adelanto del número 3 de Jacobin América Latina

TR

Los gobiernos progresistas de las últimas décadas han hecho algunos importantes avances en materia de «políticas soberanistas»: de la banca, del gasto público, de la política externa, etc. Sin embargo, en materia socioambiental han sido cuestionados desde variados ángulos. 

Tal vez el asunto más espinoso es qué tipo de soberanía han podido —o pretendido— promover con un modelo económico centrado en la extracción y exportación de materias primas, es decir, en una base productiva que, como se ha señalado, conduce más a la profundización de la dependencia que a una ampliación de la soberanía. ¿Cuál es su lectura del tipo de desarrollo emprendido durante el llamado «ciclo progresista»?

EG

La evaluación de las estrategias de desarrollo del progresismo está demostrando no ser sencilla. Al interior de los países se las reclama pero, al mismo tiempo, hay muchos protagonistas de ese ciclo que las entorpecen, sea por su sincera convicción de haber hecho lo correcto como por la intención de ocultar errores. Las  recientes campañas electorales (por ejemplo, en Bolivia y Ecuador) las condicionaron aún más, debido a que las energías estaban puestas en volver a ganar el gobierno. Pero sobre ello se superpone un entramado de opiniones y analistas transnacionalizados —tanto dentro de América Latina como desde fuera— que abusaron de simplificaciones y eslóganes.

Por ejemplo, ustedes me dicen que los progresismos lograron «políticas soberanistas» en la banca y otros sectores. Ese tipo de dichos son muy comunes, en especial en el Norte Global. Pero eso está equivocado. En realidad, bajo los progresismos la banca privada vivió un paraíso: aumentó su cobertura sobre la población y se diversificó la financiarización. Esto ocurrió bajo gobiernos como el de Correa en Ecuador, el de Lula da Silva en Brasil o el del Frente Amplio en Uruguay, entre otros. Así se explica la bancarización obligatoria en Uruguay o la expansión de la financiarización a sectores como el consumo popular, la educación o la salud en Brasil. 

Es una simplificación partir de una oposición como si todo lo que se hizo en distintos sectores (educación, salud, vivienda o integración) hubiera sido soberanista y maravilloso y todo lo negativo estuviese en los extractivismos y sus impactos.

En realidad, los progresismos estuvieron repletos de claroscuros. Tuvieron avances, estancamientos y retrocesos dentro de cada sector. Hay que celebrar que redujeran la pobreza y marginalidad, por ejemplo, porque eso dio un alivió a millones de familias, pero hay que saber reconocer también las limitaciones que tuvieron en su marcada dependencia de las ayudas monetarias condicionadas a los más pobres o del crédito para el consumo popular. 

También hay que felicitar sus inversiones en infraestructura, que en Ecuador, por caso, son evidentes en las carreteras y puentes. Pero a la vez hay que comprender que mucho dinero se perdió dentro de los laberintos estatales, sea por medios lícitos pero ineficientes como también por la corrupción.

Esas contradicciones se deben a que los progresismos —en términos generales y muy esquemáticos— se enfocaron en una variedad de capitalismo que buscó capturar una mayor proporción de excedente para intentar una redistribución económica. Pero lo hicieron apelando a prácticas concretas que, como los extractivismos y el consumo de masas, requerían su subordinación al capital. Ello ocurrió por varias vías: blindaron al sector financiero, profundizaron la exportación de materias primas, captaron la inversión extranjera y se adhirieron plenamente a la institucionalidad global (como la Organización Mundial del Comercio).

Eso funcionó por medio de equilibrios en los que el Estado progresista buscaba regular al capital y a la vez no podía dejar de ceder ante él. Esos equilibrios eran inestables pero mientras los precios de las materias primas fuesen altos, el excedente apropiado podía sostener las medidas de compensación y amortiguación. Pero cuando cayeron los precios de los commodities, ese esquema ya no fue posible. Y ello ocurrió al mismo tiempo en que la capacidad de renovación política del progresismo se agotó.

TR

Más allá de la coyuntura política, todas las economías latinoamericanas siguen compartiendo ciertas características centrales: los sectores económicos predominantes se basan en la extracción de recursos, la agricultura de monocultivo y la manufactura de bajos salarios; en términos de empleo, la región está marcada por un gran sector informal, así como por la práctica arraigada de precarización y tercerización, lo que resulta en una clase obrera que trabaja en la precariedad extrema sin una red de seguridad social; y en cuanto a su inserción en el sistema mundial, la región se encuentra en un lugar de dependencia caracterizado por las exportaciones de bajo valor agregado, la plena integración a los mercados globales y altos niveles de deuda soberana. 

¿Qué ha revelado la pandemia y la crisis económica respecto al modelo de acumulación de la región? ¿Qué enfoque debe orientar la recuperación latinoamericana y a qué escala debe concebirse e implementarse?

EG

Desde el Centro Latino Americano de Ecología Social venimos siguiendo la crisis por la pandemia en todo el continente. Lo que observamos es que la crisis actual se superpone sobre varias crisis que ya estaban en marcha en 2019 y antes. A su vez, si bien hay semejanzas, también las diferencias entre los países son muy importantes.

No es lo mismo lo que ocurre, por ejemplo, en Brasil que en Chile, o en México que en Colombia. Tras esa advertencia, puede decirse que se observan distintos grados de colapso, derrumbe o miserias en la política y en el papel de los gobiernos. En unos casos eso es extremo, como se observa con la inacción y autoritarismo de Jair Bolsonaro en Brasil. Pero otras situaciones son también dramáticas, como la que se vive en Perú, donde mientras avanzaban los contagios se derrumbaba la política de partidos.

En esa desesperación, los gobiernos otra vez buscan que los extractivismos sean la solución para paliar la crisis económica. Todos los países de América del Sur, sin excepción, intentan aumentar sus exportaciones de materias primas y simultáneamente sumar nuevos sectores (como la minería de litio o la expansión de los monocultivos transgénicos). 

Entiendo que no es inminente una salida de la condición pandémica. Esta no es una crisis de un par de años, sino que dado el colapso del sistema sanitario y la inequidad en el acceso a las vacunas, el coronavirus es la nueva normalidad. Estaremos con economías deprimidas, subas y bajas en contagios y muertes, ciudades bajo control policial y un aumento escandaloso de la pobreza y el desempleo durante un tiempo largo.

El dato, a mi modo de ver, es que bajo este contexto está cristalizando una transformación política que ya estaba prefigurada (por ejemplo bajo el conservadurismo de Uribe y Duque en Colombia, el fujimorismo en Perú y, en grado extremo, Bolsonaro y la ultraderecha brasileña). Se trata de una verdadera necropolítica, la política del dejar morir. Es diferenciar entre vidas rescatables y otras desechables —como las de pobres, negros, campesinos o indígenas— a los que el Estado y la sociedad ya no les proveen de soluciones, y esto pasa a ser aceptado por las mayorías. El miedo al virus ha hecho retroceder a la política a una situación en la que se resigna ante la muerte (ya no se defiende ante ella) y la acepta en la cotidianidad.

TR

Más allá del momento de la recuperación, ¿cuál es el horizonte político de la izquierda? Si entendemos la pandemia del COVID-19 como la primera gran crisis ecológica a escala mundial, ¿será que llegó la hora de un paradigma que aborde de manera más explícita los problemas —entrelazados— de la extracción de recursos, el daño ecológico y el cambio climático? 

En otras palabras, ¿es hora de avanzar del «socialismo del siglo XXI» hacia la discusión sobre el ecosocialismo, sobre un nuevo pacto ecosocial, una economía democrática verde o alguna otra formulación? ¿Cómo definen su visión de una alternativa radical al modelo económico imperante, y cómo creen que se podrían articular las conexiones fundamentales entre la economía y la naturaleza?

EG

Para responder esa cuestión entiendo que es necesario diferenciar entre izquierda y progresismo. Los agrupamientos políticos y los gobiernos asociados a las imágenes de Lula da Silva o Evo Morales comenzaron con un empuje de izquierda pero una vez en el palacio de gobierno, y con el paso del tiempo, se transformaron en progresistas. A mi juicio, progresismo e izquierda son dos proyectos políticos distintos. 

Es evidente que uno de los factores que explican la divergencia entre aquella izquierda inicial y los progresismos siguientes fueron los modos de apropiación de los recursos naturales y los entendimientos sobre el desarrollo. El progresismo invoca distintas razones, desde la necesidad de combatir la pobreza a la espera de una revolución mundial, pero acepta esa destrucción ambiental.  

En cambio, una nueva izquierda para el siglo XXI y enfocada en América Latina debe defender la naturaleza. Aquí se debe subrayar esa condición de «nueva», porque la renovación debe estar en no repetir errores de la izquierda clásica latinoamericana del siglo XX (como su aversión a las cuestiones ecológicas) y en cambio rescatar sus aciertos, como insistir en romper con ser proveedores de materias primas.

Del mismo modo, esta nueva izquierda debe dejar atrás la condición patriarcal, y eso significa rechazar los machismos progresistas de hoy como los comités de jefes varones de la izquierda del siglo pasado. Situaciones análogas se repiten en otras dimensiones, como por ejemplo la interculturalidad y el papel de los pueblos originarios, la globalización y más. 

Pero entre ellas quiero subrayar el asunto de los derechos humanos y la democracia. Es que parte de ese diagnóstico sobre los progresismos que sigue pendiente radica en su real desempeño en fortalecer la democracia y asegurar la salvaguardia de los derechos. Los últimos años de los progresismos significaron retrocesos en algunos aspectos que no pueden ser ocultados: tienen que servir como lección para nuestra nueva izquierda.

Es también una izquierda anclada en América Latina, y por lo tanto propia de sus contextos históricos, sociales y ecológicos. Esto es algo que dicen muchos, pero el problema es que no son pocos los que finalmente terminan repitiendo recetas del Norte para imponerlas a nuestros esfuerzos de renovación de nuestra izquierda criolla.

Uno de los aportes fundamentales de esta nueva izquierda latinoamericana fue proveer otro modo de entender el valor. Ese era un aspecto central en el debate andino, que nutrió las diferentes concepciones del Buen Vivir y a su vez se concretó en los derechos de la naturaleza en la nueva constitución de Ecuador. 

En cambio, en las tradiciones occidentales se comparte una teoría del valor donde solo los seres humanos son sujetos y agentes de valoración. Son antropocéntricas, y eso es evidente en conservadores y liberales pero también está presente en el socialismo, ya que es el trabajo del humano el que otorga valor a la naturaleza. El ecosocialismo es parte de esa tradición —y sin dudas expresa mayores avances en una responsabilidad ecológica— pero carece, entre otras cuestiones, de una teoría del valor alternativa a esta visión predominante de la modernidad.

El Buen Vivir postula un cambio radical y por ello se lo ha planteado como una alternativa tanto al capitalismo como al socialismo. Desde el Buen Vivir son intolerables los extractivismos y la pobreza porque violan los valores intrínsecos tanto de la naturaleza como de los humanos. Como el ecosocialismo admite una valoración instrumental, siempre podrá haber extractivismo, y eso es justamente lo que ocurrió con Correa o Morales. En la teoría hay una limitación: el ecosocialismo puede apelar al Estado pero termina implementando el desarrollo (aunque una variedad distinta). En la práctica, como para una redistribución económica que asegure equidad se necesita del crecimiento económico, termina en alguna forma de keynesianismo verde. 

Decirse postsocialista no significa rechazar el aporte de la tradición socialista, ya que el Buen Vivir con toda comodidad hace suyo buen parte de su legado en el campo de la justicia social. Lo que se está diciendo es que esa versión del Norte del ecosocialismo ya no es suficiente para constituirse en una alternativa. La alternativa latinoamericana va más allá de ella, y confirma que es una ruptura con el capitalismo que se hace moviéndose hacia la izquierda.

Comparto esto porque entiendo que una de las cuestiones centrales en la renovación de la izquierda está en generar una nueva teoría del valor, y ésta no puede ser una repetición de la originada en Europa hace dos siglos atrás, porque ahora disponemos de la nuestra propia. Los progresismos y la academia, especialmente la del Norte, tiene que respetar y tolerar estos ensayos.

TR

Por último, ante la posibilidad de un nuevo superciclo de commodities y con el retorno de varios gobiernos progresistas, ¿qué consejo ofrecerían a los gobiernos de izquierda o centroizquierda —tanto actuales como futuros— de la región? ¿Cómo deberían orientarse en un contexto de crisis multidimensional, en el que otro auge de los commodities puede traer consigo una mayor presión para expandir la frontera agrícola y extractiva? ¿Cómo podrían cambiar sus economías nacionales para hacer una transición hacia la energía renovable, una mayor protección social, una agricultura regenerativa y otras alternativas económicas al extractivismo? ¿Se podría financiar una transición de este tipo? ¿Es posible forjar un camino en este sentido sin la coordinación de los gobiernos de todo el Sur Global para poner fin al régimen de deuda y austeridad impuesto por las instituciones financieras?

EG

A este momento, los dos agrupamientos progresistas que han retornado al gobierno (en Argentina y Bolivia) están repitiendo las estrategias extractivistas; y como estas son resistidas por las comunidades locales, se repiten los conflictos. El gobierno de Alberto Fernández ha blindado y subsidiado la explotación de hidrocarburos en el sur del país, incluyendo el fracking; la administración Luis Arce está debilitando el sistema de áreas de protección ecológica para permitir el ingreso de petroleras, mineras, hidroeléctricas y sojeras. Así es que el debate entre izquierda y progresismo volvió a la primera plana. Los procesos electorales en Bolivia, Ecuador y Perú incentivaron todavía más las polémicas.

Para quienes estamos aquí en el Sur quedaron en evidencia las limitaciones de las opiniones apresuradas desde una exterioridad, donde el ejemplo más impactante fueron los dichos del politólogo español Juan Carlos Monedero que, desde Quito, mirando televisión, diagnosticaba quién era indio y quién no lo era al momento de las elecciones en Ecuador. Señalo esto para insistir en el punto de arriba: la renovación y construcción de una izquierda latinoamericana tiene que ser propia. Sin duda debe dialogar, intercambiar y aprender de otras experiencias; tampoco puede negar sus nexos históricos. Pero no puede aceptar que desde Madrid, Londres o New York se indique quién es indígena o no, quién es de izquierda o no, quien es leal o es traidor.

Como segundo punto, esa izquierda debe ser verde en el sentido ecológico, feminista en tanto rompe con el patriarcado, intercultural como expresión de incorporar saberes y sentires indígenas y estar comprometida con la justicia social y ecológica. Y desde allí inspirarse en el socialismo. Me la imagino como una izquierda abierta, que cobije a diferentes personas y posturas que coincidan en esos compromisos pero que puedan recorrerlos de distinto modo. 

No puede volver a ser caudillista, ensimismada en tener un líder supuestamente infalible que mande paternalmente. Debe, por el contrario, procurar extender y profundizar una participación y deliberación que descansen en gestiones colectivas y rotativas.

Debe volver a recuperar su defensa de los derechos humanos, lo que fue una de las grandes lecciones que dejaron los años oscuros de las dictaduras militares. Debe asegurar todos los derechos, desde el acceso a la información hasta la vida, y para todos: sin exclusión, sin caer en la necropolítica. Y por ello debe proteger con todas sus energías a los más excluidos.

Si gobierna, debe ser una izquierda eficiente, con funcionarios más capaces y más trabajadores; no nos engañemos, la herencia del progresismo gobernante en sectores como educación y vivienda fue muy pobre.

Esta izquierda debe implicar cambios sustanciales no solamente en los saberes, en la racionalidad bajo la cual se puede organizar una economía, sino también en las sensibilidades y afectividades. Debe forjar otros vínculos tanto con las personas como con la naturaleza. 

Su programa debe enfocarse en las alternativas al desarrollo. Y digo «alternativa» no aleatoriamente, sino porque es un concepto con un significado doble: ofrece opciones distintas pero a la vez asegura las capacidades para poder elegir libremente, y por ello se entiende democrática. Una alternativa más allá de cualquier variedad de desarrollo, porque todas dependen del crecimiento y todas imponen una dualidad sociedad-naturaleza. De ese modo podrá constituirse en una alternativa poscapitalista y postsocialista.

Ya hemos intentado todas las variedades de desarrollo; hay unas mejores que otras, pero los problemas de fondo no se resuelven en ninguna de ellas. El planeta ya no resiste más experimentos, debemos atravesar los límites del desarrollo. Y eso es lo que se propone el Buen Vivir."

(Entrevista a Eduardo Gudynas es investigador en el Centro Latinoamericano de Ecología Social (CLAES). Su último libro es Transiciones. Post extractivismo y alternativas al extractivismo en Perú. JACOBIN América Latina, 01/08/21;  El texto que sigue es un fragmento de «Extractivismo y soberanía en América Latina», del #3 de Jacobin América Latina (lee el artículo completo aquí).