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23/9/19

¿Qué se le viene a la cabeza cuando escucha a una vicepresidencia pedir proteger el estilo de vida europeo? Otro miedo más, esta vez, al derrumbe de los pilares socioeconómicos de la Unión Europea...

"(...) ¿Qué se le viene a la cabeza cuando escucha vicepresidencia para proteger el estilo de vida europeo?

Otro miedo más, esta vez, al derrumbe de los pilares socioeconómicos de la Unión Europea. El eufemismo del nombre esconde el pavor de algunos Estados miembro de la Unión Europea a las amenazas de quienes disparan desde dentro (Brexit, nacionalismos excluyentes…), y de los que disparan desde fuera (crisis migratoria, guerra comercial entre EEUU y China…). 

Si lo que se quiere proteger es el Estado del Bienestar, fundado en la redistribución de la riqueza para garantizar la universalidad de los derechos sociales, me temo que hace años que está en peligro por las propias políticas de la UE y de los Estados-miembro que ahora hipócritamente se erigen en sus defensores. 

Aun así, en este momento clave de la historia donde la UE es una placa tectónica atrapada entre otras de mayor dimensión política y económica representadas por Estados (Rusia, China, EEUU, Brasil, India…), soy partidario de la defensa a ultranza del Estado del Bienestar con anclaje constitucional como barricada frente a esta desalmada lucha de titanes. 

Sin olvidarnos nunca de que España debe ser el embajador de este modelo y el puente de encuentro con el Mediterráneo y el Atlántico. (...)"               (Entrevista a Antonio Manuel, Olivia Carballar, La Marea, 18/09/19)

6/8/15

La Francia liberal e igualitaria se asemeja mucho a Andalucía y Castilla la Nueva, donde está el corazón liberal y un poco anarquista de España

"(...) R. Mire, estoy muy contento de poder hablar con la prensa italiana y española para poder desvelar a nuestros socios del Sur el misterio de la Francia de hoy [se ríe]: por qué Francia apoya a Alemania para que tenga a Europa bajo su bota. Porque Alemania nunca hubiera podido imponer su política de austeridad sin el acuerdo francés. Lo que dice mi libro es que hay dos Francias. 

Una es la Francia liberal e igualitaria (dos tercios del país). Está en el corazón de la cuenca de París, con estructura familiar liberal e igualitaria y que (ya sé que es sorprendente) se asemeja mucho a Andalucía y la nueva Castilla, donde está el corazón liberal y un poco anarquista de España. Tolerante y descristianizada. Y esa es la Francia de la Revolución y el laicismo. 

 Pero hay otra Francia, la periférica (al oeste de los Pirineos, el sur y el este de la región central, el Ródano, Lorena, Alsacia…). Ahí la estructura familiar es troncal, al igual que todo el arco del norte de España entre Cataluña y Galicia. En esta otra Francia, católica hasta hace 50 años, antirrevolucionaria, monárquica, antisemita y vichista. Ahora domina esta última germanófila, autoritaria y amante del euro y la austeridad. Lo que yo pretendo es denunciar esa estafa.

P. Me parece que en el Sur estamos más inquietos a ese respecto con el Frente Nacional que no con la izquierda francesa.

R. El FN no es una amenaza para ustedes. Es horrible, sí. Pero la cuestión es que la inversión es completa. Nuestra situación es como si el FN dominara Andalucía o que el PSOE fuera fuerte en Castilla y León, base histórica del franquismo.

P. ¿Es la laicidad la nueva religión de Europa?

R. Creo que tanta reivindicación de la laicidad demuestra que atravesamos una crisis metafísica, religiosa. La reacción a los atentados de enero fue inmensa, lo que sobrerrepresentó el fenómeno terrorista. Pero el problema no es el islam, sino la crisis terminal del catolicismo. 

Francia vive en la ilusión de que es racional y moderna, que progresa en libertad y valores positivos (emancipación de la mujer, matrimonio homosexual…), pero detrás de toda esa satisfacción hay una angustia subterránea porque por primera vez la humanidad vive sin ninguna creencia metafísica.

P. ¿Acaso la religión es una necesidad intrínseca del ser humano?

R. La gente no puede vivir sin una creencia colectiva. El individuo es otra cosa. El neoliberalismo es para mí una concepción religiosa sobre el mercado absoluto. El fracaso económico, el fracaso del mercado y del euro ha producido una crisis metafísica. Hemos elegido el islam como objetivo de todos nuestros males. Eso nos permite comprender esa movilización increíble, de fe colectiva…

P. En su libro critica duramente el “laicismo radical”.

R. El laicismo radical no es laicidad. Cuando yo era niño, en la escuela laica había capellanes católicos y los viernes se comía pescado aunque nadie supiera por qué. Era una escuela relajada respecto al hecho religioso. Porque la laicidad no es una creencia negativa. Es más bien indiferencia. La situación es hoy muy distinta y acusamos constantemente a los militantes del islam.

P. ¿Cuál es el corazón de Europa?

R. Es Alemania. No hace falta ser antropólogo para saberlo. Alemania en su estructura fundamental familiar es troncal y un tercio es católico, así que un tercio es católica zombi [recientemente descristianizado]. Esa parte es la que instintivamente defiende la austeridad, la autoridad y la disciplina. Yo diría que el catolicismo zombi es el fundamento ideológico de la eurozona.

P. Su idea de Europa es bien distinta al ideal eu­ropeo tradicional.

R. En toda sociedad occidental hay un Charlie durmiente que puede despertar en cualquier momento. La eurozona está paralizada. Vive una mezcla de crisis económica y religiosa porque el euro es el nuevo dios. En el vacío de creencias hay que inscribir también los movimientos secesionistas de Escocia y Cataluña. Es el intento de reconstruir la identidad en esa nación periférica. 

Hubo un sueño europeo, pero en 2015 tenemos ya la certeza absoluta de que el euro es un fracaso monstruoso, aunque sigue siendo, todavía, una religión. Continuamos haciendo sacrificios. Es una crisis religiosa en la crisis religiosa, y es en ese contexto en el que todas las clases medias francesas, cuatro millones, se movilizan [las manifestaciones en Francia reunieron a cuatro millones de personas el 11 de enero contra los atentados]. Es la angustia.

 Y lo peligroso es que esa gente hipermovilizada no está preparada todavía para abandonar el euro. Hay una gran obstinación en mantener esa religión monetaria y hay una gran islamofobia en esas clases medias movilizadas.

P. Tanto el islam como el judaísmo son religiones minoritarias con escaso poder en nuestras sociedades. ¿Dónde está la razón profunda de la islamofobia y el antisemitismo?

R. La posguerra europea, como la transición española, nos hicieron perder la noción de la historia. Estamos viviendo la continuidad. Mire, a mí me trastornó especialmente la matanza en el supermercado judío, el Hyper Cacher. Resistí la tentación tras las matanzas antisemitas anteriores. 

Esta es la primera vez que escribo un libro en tanto que judío. Porque es verdad que hay antisemitismo en los barrios y, sobre todo, en los medios islamistas, pero soy historiador y sé que el único continente que ha masacrado a los judíos es Europa. Jamás ha habido algo parecido en el mundo árabe.

 En mi libro trato de demostrar esa interacción perversa entre la islamofobia y el antisemitismo. Más islamofobia traerá más antisemitismo. Es una trampa de la neo-República, en la que los débiles luchan unos contra otros. El catolicismo zombi en el poder desciende de los antisemitas. (...)"      (Entrevista a Emmanuel Todd, Sociología crítica, 06/07/2015)

27/5/14

Europa entera avanza hacia el abismo. Maldita Europa…

"Caminamos hacia el abismo; eso no lo podrá poner en duda nadie que se detenga un instante y se limite a sumar acontecimientos. Europa entera avanza hacia el abismo y si no la damos ya por muerta es porque no hace tanto que se ha decretado la defunción y después, milagrosamente, ha vuelto a resucitar. 

Hay historiadores que mantienen que la civilización europea se extinguió en la primera mitad del siglo pasado, entre otras cosas porque nadie puede resistir la devastación sistemática y periódica que ocurrió aquí en ese tiempo.

Cuando Europa se recuperó de la devastación de la Primera Guerra Mundial, llegó la Gran Depresión de la década de los años 30, el derrumbe de la economía, del empleo, de la capacidad industrial, y para culminarlo estalló la Segunda Guerra Mundial quince años más tarde.

 Esos tres hachazos consecutivos, si lo comparamos con las grandezas imperiales del pasado, bien pueden considerarse el final de una civilización. En el caso de España, como parte del continente, todavía tendríamos que añadir la Guerra Civil del 36.

Si no sucedió, si Europa volvió a sacar cabeza, fue por el final de la Guerra Fría y el impulso, a partir de entonces, de la Unión Europea que conocemos. Tony Judt, autor de una obra maestra sobre la historia de Europa desde 1945, sostiene que fue ahí, en ese punto de la historia, cuando se acabó la posguerra y se relanzó la unidad europea. 

 En ese resurgir, sin embargo, lo que no estaba escrito, porque ese capítulo de la historia se está escribiendo estos días, es el nuevo hachazo de la crisis económica y financiera y las consecuencias devastadoras que ha tenido para la economía europea y, peor aún, para la política europea. (...)

La desconexión entre el debate político nacional y la realidad de la calle, unida al fracaso estrepitoso del debate europeo, que se sigue contemplando en la calle como los intereses lejanos de un grupo de burócratas bien pagados de Bruselas, lo que va a propiciar en España es un altísimo nivel de abstención, que es un mal menor comparado con lo que va a ocurrir en nuestro entorno: el triunfo de la extrema derecha.

Ayer, un salvaje llamado Jean Marie Le Pen, que se fue a reforzar uno de los mítines que daba su hija, Marine Le Pen, volvió a agitar los miedos más primarios de la gente, alertándola de la invasión inmigrante que está en camino, que se adueñará de todos los pueblos, de todas las ciudades. Y lo remató con la mayor barbaridad que se ha podido oír en mucho tiempo: “El señor Ébola puede solucionar el problema de la inmigración en tres meses”.

El tercero de los hachazos que sufrió el continente en la primera mitad del siglo pasado, la Segunda Guerra Mundial, fue, además de la devastación de países enteros, el periodo de mayor vergüenza de Europa con el genocidio judío. Sólo el silencio, durante decenios, hizo posible que los europeos pudieran convivir consigo mismos.

 “En los años de vacas gordas posteriores a la Guerra, los europeos se refugiaron en la amnesia colectiva”, como sostuvo en su día un destacado alemán, Hans Magnus Enzensberger. 

Francia, con su miserable armisticio con la Alemania nazi, arrastró el silencio vergonzoso hasta el propio Mitterrand, que fue funcionario de Vichy. ¿No es terrible, después de lo vivido, que Marine Le Pen pueda ganar las elecciones en Francia este domingo? Maldita Europa… (...)"             (Maldita Europa, de Javier Caraballo en El Confidencial, en Caffe Reggio, 22/05/2014)

26/5/14

El liberalismo está perdiendo Europa, y solo hay dos alternativas, una Europa autoritaria o inventar algo nuevo

"(...) P. Su libro rezuma decepción con la Unión Europea.  (Zizek, estrella de la filosofía actual, publica 'El Sur pide la palabra. El futuro de una Europa en crisis')

R. Sí, porque la UE no ha sido fiel a sí misma, pero sigo siendo totalmente pro-europeo. 

Para mí los acontecimientos realmente emancipadores han sido tres: la primera democracia griega, aún con todas sus limitaciones, la cristiandad, con la importante idea del Espíritu Santo que significa que hay una comunidad igualitaria de creyentes, y la Revolución Francesa. Estos son los fundamentos de Europa. (...)

Europa todavía representa valores esenciales: libertad, igualdad, derechos humanos y estado de bienestar”. Una Europa amenazada desde dentro por los populismos nacionalistas que se presentan como sus defensores, enarbolando un discurso antiinmigración que preocupa al filósofo esloveno. 

“Y conste que no soy uno de esos estúpidos izquierdistas que creen que hay que abrir las fronteras para que entren millones de africanos. Imagínese lo que ocurriría. Se volvería a reeditar una atroz lucha de clases. (...)

Pero es indudable que hay una paranoia anti-inmigración”. Y una tentación totalitaria. “[El primer ministro húngaro Viktor] Orbán declaró hace poco que la democracia tal vez funcione en Escandinavia, pero que los húngaros son gente asiática, y necesitan un nuevo sistema autoritario. Y en eso veo una tendencia general, y es que el capitalismo está funcionando con sistemas autoritarios”. (...)

¿qué es lo que está haciendo la izquierda? Nada. Carece de alternativa. Incluso esos movimientos espontáneos como el que surgió en España de los ‘indignados’, ¿qué han conseguido? (...)

“La austeridad, sin un proyecto positivo, no basta. Hay algo de pura superstición en esa medida, hemos hecho algo mal, hagamos lo contrario. Por eso digo que en las élites europeas no hay nadie con la menor visión. La crisis de 2008 no se produjo porque algún Gobierno lunático de izquierdas estuviera gastando de más, fue la crisis de sistemas bancarios liberalizados. Y puedo repetirse en cualquier momento”.  (...)

Zizek no oculta su preocupación por la pérdida de liderazgo de los Estados Unidos que, “al contrario de lo que piensan todavía muchos izquierdistas, no es el malo de la película”, en muchos de los conflictos que estamos viviendo. “Obama, por ejemplo, ha reaccionado en los temas de Irán o Siria de una forma muy razonable. 

Pero hay que aceptar que nos acercamos a un mundo multipolar”. Un mundo multipolar en el que la República Popular China tendrá cada vez más voz. “Admiro muchas cosas de los chinos, pero practican el colonialismo económico de forma muchísimo más brutal que el capitalismo occidental”. 

De Grecia a Zambia, Zizek cuenta asombrado decisiones tomadas por la gran potencia. Desde disolver los sindicatos nada más quedarse con el puerto de El Pireo, a ‘importaron’ trabajadores chinos para hacer funcionar una mina en Zambia, después de prometer que emplearían a gente local.   (...)

Es difícil saber qué papel jugará Europa en este nuevo panorama político, porque , “hay, al menos, tres Europas, una Europa tecnocrática, que quiere competir con otros países en términos de capitalismo total (o salvaje), pero si seguimos a esta Europa seremos una parte del centro pero no la más importante.

 Luego tenemos la Europa nacionalista, anti-inmigración, que es el verdadero peligro, porque solo podría terminar en barbarie. Y, por último, está la tercera Europa, la única que puede salvarnos, y es la Europa reinventada por una nueva izquierda.   (...)

Pues Europa necesita ahora una herejía para sobrevivir, una escisión sectaria del legado humanitario europeo que nos separe del cadáver de la vieja Europa. Mi amigo maoísta [el filósofo francés] Alain Badiou dice algo bonito, ‘el siglo XX ha muerto, la izquierda debe comenzar otra vez’. Ya no tenemos que enfrentarnos a esa dicotomía izquierda y derecha. El modelo del siglo XX ya no sirve. 

Ya no se trata de reinventar la socialdemocracia y su Estado de Bienestar, eso ya no funciona. No sabemos qué es lo que nos salvará pero que hay que trabajar en diferentes sentidos para buscarlo, y no hablo de utopías. Porque el liberalismo como tal está perdiendo Europa, y solo hay dos alternativas, una Europa autoritaria o inventar algo nuevo”. 

¿Quién está en condiciones de forjar esa nueva Europa? ¿La izquierda? Parece complicado porque al propio Zizek le parece “la fuerza más conservadora de la sociedad”. Pero el momento histórico que vivimos exige fuerza e imaginación. “Digámoslo claramente, todo el mundo lo ve ya, el capitalismo está llegando a un cierto límite.  (...)

 Coincidí no hace mucho con Francis Fukuyama, y me decía que la ecología y la biotecnología han dejado obsoleto su libro El fin de la Historia y el último hombre. Porque en esto el capitalismo liberal universal ya no funciona. Con la biotecnología ya no se trata de tener a mano diferentes objetos que nos permiten hacer cosas, sino que ya se insertan en el propio organismo.

 Estamos llegando a una nueva era. Todo estará integrado. Las gafas de Google, y artilugios que pueden implantarte para controlar tu presión sanguínea u otras cosas, y hasta existe la posibilidad de que el cerebro se conecte a un ordenador al que las personas inválidas puedan dar instrucciones mediante el poder del cerebro.

 Y los chinos lo siguen muy de cerca, en su caso con la intención de regular física y psicológicamente el bienestar de la población. Olvidemos las bombas, ahora bastaría actuar sobre el cerebro mediante una máquina… Lo que yo digo es que estos nuevos problemas no pueden ser controlados ni mucho menos resueltos con el clásico sistema de poder, con las políticas neoliberales. Se necesita un gobierno global”.   (...)"        ( , El País, 17 MAY 2014 )

14/5/14

En España, Rusia y Portugal se ha creado un tipo superior de civilización, desconocido en otras partes del mundo: el sufrir por el mundo.

"(...) el porvenir de Rusia está en Europa y el de Europa en Rusia. Esto quiere decir que, a corto plazo, hablando en términos históricos, el único camino de futuro que se presenta a la encrucijada rusa y a la ruina de la mayor parte de países europeos para mayor gloria de Alemania está en la integración en una magna empresa político-económica europea, que abarque desde Lisboa a Vladivostok.(...)

A propósito de esta idea tan tranquilizadora para el espíritu colectivo como tan necesaria para la paz mundial, es sumamente sugestivo recordar el sueño que tuvo el gran Fyodor Dostoyevsky cuando, medio adormilado ante un hermoso cuadro de Claude Lorraine en el museo de Dresde que refleja “una puesta de sol imposible de expresar en palabras”, concibió la grandiosa misión eslava de Rusia, salvando a Europa de su decadencia.

“El francés no era más que francés, el alemán, alemán; jamás el francés ha hecho tanto daño a Francia, ni el alemán a Alemania, sólo yo en tanto que ruso era entonces, en Europa, el único europeo. No hablo de mí, hablo de todo el pensamiento ruso. 

Se ha creado entre nosotros, en el curso de los siglos, un tipo superior de civilización desconocido en otras partes que no se encuentra en todo el universo: el sufrir por el mundo. 

Ese es el tipo ruso de la parte más cultivada del pueblo ruso, pero que contiene en sí mismo el porvenir de Rusia. Tal vez no seamos más de un millar de individuos, tal vez más o tal vez menos. Poco para tantos millones, pero según yo no es poco”. ¿Puede acaso alguien presumir hoy de ser tan europeo como Dostoyevsky o de esas élites rusas que describe?

El sueño de Dostoyevsky no sólo significó un llamamiento a las élites rusas, que hasta ahora ha sido desoído, sino sobre todo una admonición a las minorías culturales europeas que se permitían aires de superioridad sobre el alma eslava. Sin embargo, aquella angustiosa apelación a las elites rusas ha tenido eco especial en España. Si eran pocos los individuos rusos conscientes de este maravilloso destino de su país, menos aún había en los países europeos. Siendo así que los dos pueblos europeos más alejados espacialmente de Rusia, como son España y Portugal, estaban mejor preparados que todo el resto de Europa para comprender el insólito mensaje de Dostoyevsky. (...)

No hace falta tener grandes conocimientos de economía para darse cuenta de lo que es obvio: una unión económica, que no monetaria –porque el euro es un auténtico desastre para todos sus miembros excepto para Alemania–, entre la UE y Rusia daría lugar a la mayor potencia mundial, incluso sin el Reino Unido. No porque la suma de los PIB, algo irrelevante, diera lugar al mayor del planeta, sino porque la complementariedad y las gigantescas sinergias entre la Federación Rusa y la Unión Europea harían crecer como la espuma a sus países, al contrario que la situación actual, donde el expolio inmisericorde alemán de los países periféricos está empobreciéndolos hasta límites absolutamente inaceptables, algo que jamás ocurriría si existiera una federación con Rusia.
Este es un tema crucial para nuestro futuro como nación, para nuestra pobreza o para nuestra riqueza, y sobre el que el ignorante egoísmo que nos gobierna ni siquiera se ha percatado.  (...)"             (Roberto Centeno, El Confidencial, 07/04/2014)

12/5/14

“Seguimos viviendo en la Edad Media”

"(...) Aún más que sus condiscípulos George Duby, Emmanuel Le Roy Ladurie y François Furet, Le Goff recurrió a todas las disciplinas para estudiar la vida cotidiana, las mentalidades y los sueños de la Edad Media: antropología, etnología, arqueología, psicología? Sus obras mezclan conocimiento y perspectivas.

 Con ellas es posible introducirse en un medioevo fascinante, donde se estudiaba y se enseñaba a Aristóteles, Averroes y Avicenas, las ciudades comenzaban a forjarse una idea de la belleza y los burgueses financiaban catedrales que inspirarían a Gropius, Gaudi y Niemeyer. En esa Edad Media masculina, la mujer era respetada, las prostitutas, bien tratadas y hasta desposadas, y solía suceder que las jovencitas aprendieran a leer y a escribir.

-Los historiadores no consiguen ponerse de acuerdo sobre la cronología de la Edad Media. ¿Cuál es la correcta, a su juicio?

-Es verdad que no todos los historiadores coinciden en esa cronología. Para mí, la primera de sus etapas comienza en el siglo IV y termina en el VIII. Es el período de las invasiones, de la instalación de los bárbaros en el antiguo imperio romano occidental y de la expansión del cristianismo. Déjeme subrayar que Europa debe su cultura a la Iglesia. Sobre todo, a San Jerónimo, cuya traducción latina de la Biblia se impuso durante todo el medioevo, y a San Agustín, el más grande de los profesores de la época.

-Usted, gran anticlerical, jamás deja de destacar el papel de la Iglesia en los mayores logros de la Edad Media.

-¡Pero no es necesario ser un ferviente creyente para hablar bien de la Iglesia! También soy un convencido partidario del laicismo: principio admirable, establecido por el mismo Jesús cuando dijo: “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Pero, volviendo a la cronología, la segunda etapa está delimitada por el período carolingio, del siglo VIII al X.

-El imperio de Carlomagno fue, para muchos, el primer intento verdadero de construcción europea?

-Falso. En realidad se trató del primer intento abortado de construcción europea. Un intento pervertido por la visión “nacionalista” de Carlomagno y su patriotismo franco. En vez de mirar al futuro, Carlomagno miraba hacia atrás, hacia el imperio romano. La Europa de Carlos V, de Napoleón y de Hitler fueron también proyectos antieuropeos. Ninguno de ellos buscaba la unidad continental en la diversidad. Todos perseguían un sueño imperial.

-Usted escribió que a partir del año 1000 apareció una Europa soñada y potencial, en la cual el mundo monástico tendría un papel social y cultural fundamental.

-Así es. Una nueva Europa llena de promesas, con la entrada del mundo eslavo en la cristiandad y la recuperación de la península hispánica, que estaba en manos de los musulmanes. Al desarrollo económico, factor de progreso, se asoció una intensa energía colectiva, religiosa y psicológica, así como un importante movimiento de paz promovido por la Iglesia. El mundo feudal occidental se puso en marcha entre los siglos XI y XII. Esa fue la Europa de la tierra, de la agricultura y de los campesinos. La vida se organizaba entre la señoría, el pueblo y la parroquia. Pero también entraron en escena las órdenes religiosas militares, debido a las Cruzadas y a las peregrinaciones que transformarían la imagen de la cristiandad. Entre los siglos XIII y XV, fue el turno de una Europa suntuosa de las universidades y las catedrales góticas.

-En todo caso, para usted, la Edad Media fue todo lo contrario del oscurantismo.

-Aquellos que hablan de oscurantismo no han comprendido nada. Esa es una idea falsa, legado del Siglo de las Luces y de los románticos. La era moderna nació en el medioevo. El combate por la laicidad del siglo XIX contribuyó a legitimar la idea de que la Edad Media, profundamente religiosa, era oscurantista. La verdad es que la Edad Media fue una época de fe, apasionada por la búsqueda de la razón. A ella le debemos el Estado, la nación, la ciudad, la universidad, los derechos del individuo, la emancipación de la mujer, la conciencia, la organización de la guerra, el molino, la máquina, la brújula, la hora, el libro, el purgatorio, la confesión, el tenedor, las sábanas y hasta la Revolución Francesa.

-Pero la Revolución Francesa fue en 1789. ¿No se considera que la Edad Media terminó con la llegada del Renacimiento, en el siglo XV?

-Para comprender verdaderamente el pasado, es necesario tener en cuenta que los hechos son sólo la espuma de la historia. Lo importante son los procesos subyacentes. Para mí, el humanismo no esperó la llegada del Renacimiento: ya existía en la Edad Media. Como existían también los principios que generaron la Revolución Francesa. Y hasta la Revolución Industrial. La verdad es que nuestras sociedades hiperdesarrolladas siguen estando profundamente influidas por estructuras nacidas en el medioevo.

-¿POR EJEMPLO?

-Tomemos el ejemplo de la conciencia. En 1215, el IV Concilio de Latran tomó decisiones que marcaron para siempre la evolución de nuestras sociedades. Entre ellas, instituyó la confesión obligatoria. Lo que después se llamó “examen de conciencia” contribuyó a liberar la palabra, pero también la ficción. Hasta ese momento, los parroquianos se reunían y confesaban públicamente que habían robado, matado o engañado a su mujer. Ahora se trataba de contar su vida espiritual, en secreto, a un sacerdote. Tanto para mí como para el filósofo Michel Foucault, ese momento fue esencial para el desarrollo de la introspección, que es una característica de la sociedad occidental. No hace falta que le haga notar que bastaría con hacer girar un confesionario para que se transformara en el diván de un psicoanalista.

-Usted habla de emancipación de la mujer en la Edad Media. ¿Pero aquella no fue una época de profunda misoginia?

-Eso dicen y, naturalmente, hay que poner las cosas en perspectiva. Yo sostengo, sin embargo, que se trató de una época de promoción de la mujer. Un ejemplo bastaría: el culto a la Virgen María. ¿Qué es lo que el cristianismo medieval inventó, entre otras cosas? La Santísima Trinidad, que, como los Tres Mosqueteros, eran, en realidad, cuatro: Dios, Jesús, el Espíritu Santo y María, madre de Dios. Convengamos en que no se puede pedir mucho más a una religión que fue capaz de dar estatus divino a una mujer. Pero también está el matrimonio: en 1215, la Iglesia exigió el consentimiento de la mujer, así como el del hombre, para unirlos en matrimonio. El hombre medieval no era tan misógino como se pretende.

-La invención del purgatorio, a mediados del siglo XII, parece haber sido también uno de los momentos clave para el desarrollo de nuestras sociedades actuales.

-Así es. Curiosamente, lo que comenzó como un intento suplementario de control por parte de la Iglesia, concluyó permitiendo el desarrollo de la economía occidental tal como la practicamos en nuestros días.

-¿CÓMO ES ESO?

-La invención del purgatorio se produjo en el momento de transición entre una Edad Media relativamente libre y un medioevo extremadamente rígido. En el siglo XII comenzó a instalarse la noción de cristiandad, que permitiría avanzar, pero también excluir y perseguir: a los herejes, los judíos, los homosexuales, los leprosos, los locos… Pero, como siempre sucedió en la Edad Media, cada vez que se hacían sentir las rigideces de la época los hombres conseguían inventar la forma de atenuarlas. Así, la invención de un espacio intermedio entre el cielo y el infierno, entre la condena eterna y la salvación, permitió a Occidente salir del maniqueísmo del bien y del mal absolutos. Podríamos decir también que, inventando el purgatorio, los hombres medievales se apoderaron del más allá, que hasta entonces estaba exclusivamente en manos de Dios. Ahora era la Iglesia la que decía qué categorías de pecadores podrían pagar sus culpas en ese espacio intermedio y lograr la salvación. Una toma de poder que, por ejemplo, permitiría a los usureros escapar al infierno y hacer avanzar la economía. También serían salvados de este modo los fornicadores.

-Pero hasta la aparición del sistema bancario reglamentado, en el siglo XVIII, tanto la Iglesia como las monarquías sobrevivieron gracias a los usureros. ¿Por qué condenarlos al infierno?

-Porque así lo establecían las escrituras, como en la mayoría de las religiones. En el universo cristiano medieval, la usura era un doble robo: contra el prójimo, a quien el usurero despojaba de parte de su bien, pero, sobre todo, contra Dios, porque el interés de un préstamo sólo es posible a través del tiempo. Y como el tiempo en el medioevo sólo pertenecía a Dios, comprar tiempo era robarle a Dios. Sin embargo, el usurero fue indispensable a partir del siglo XI, con el renacimiento de la economía monetaria. La sed de dinero era tan grande que hubo que recurrir a los prestamistas. Entonces la escolástica logró hallarles justificaciones. Surgió así el concepto de mecenas. También se aceptó que prestar dinero era un riesgo y que era normal que engendrara un beneficio. En todo caso, y sólo para los prestamistas considerados “de buena fe”, el purgatorio resultó un buen negocio.

-La Edad Media también inventó el concepto de guerra justa, vigente hasta nuestros días, como lo demostraron los debates en la ONU sobre la guerra en Irak. Curioso, ya que el cristianismo es portador de un ideal de paz. Hasta se podría decir que es antimilitarista.

-Es verdad. Ordenándole a Pedro que enfundara su espada, Cristo dijo: “Quien a hierro mate, a hierro morirá”. Los primeros grandes teóricos cristianos latinos eran pacifistas. Pero todo cambió a partir del siglo IV, cuando el cristianismo se transformó en religión de Estado.

-En otras palabras, los cristianos se vieron obligados a cristianizar la guerra.

-En esa tarea tendrá un papel fundamental San Agustín, el gran pedagogo cristiano. Para él, la guerra es una consecuencia del pecado original. Como éste existirá hasta el fin de los tiempos, la guerra también existirá por siempre. San Agustín propuso, entonces, imponer límites a esa guerra. En vez de erradicarla, decidió confinarla, someterla a reglas. La primera de esas reglas es que sólo es legítima la guerra declarada por una persona autorizada por Dios. En la Edad Media, era el príncipe. Hoy es el Estado, el poder público. La segunda regla es que una guerra es justa sólo cuando no persigue la conquista. En otras palabras: las armas sólo se toman en defensa propia o para reparar una injusticia. Esas reglas siguen perfectamente vigentes en nuestros días.

-¿Se podría decir que el hombre medieval trataba de preservar la cristiandad de todo aquello que amenazaba su equilibrio?

-Constantemente. Déjeme evocar como ejemplo el que para mí fue el aspecto más negativo de la época: la condena absoluta del placer sexual, simbolizado por el llamado “pecado de la carne”. La alta Edad Media asumió las prohibiciones del Antiguo Testamento. Desde entonces, el cuerpo fue diabolizado, a pesar de algunas excepciones, como Santo Tomás de Aquino, para quien era lícito el placer en el acto amoroso. Frente a la opresión moral, la sociedad medieval reaccionó con la risa, la comedia y la ironía. El universo medieval fue un mundo de música y de cantos, promovió el órgano e inventó la polifonía.

-Hace un momento hizo referencia a los fornicadores que tuvieron un lugar en el purgatorio. ¿Cómo fue esto posible en una época de tanta represión sexual?

-Hay una anécdota que ilustra perfectamente la dualidad medieval. El rey Luis IX de Francia, que después sería canonizado como San Luis, tenía una vitalidad sexual desbordante. En los períodos en que las relaciones carnales eran lícitas (fuera de las fiestas religiosas), el monarca no se contentaba con reunirse con su esposa por las noches. También lo hacía durante el día. Esto irritaba mucho a su madre, Blanca de Castilla, que en cuanto se enteraba de que su hijo estaba con la reina intentaba introducirse en la habitación para poner fin a sus efusiones. Luis IX decidió entonces poner un guardián ante su puerta, que debía prevenirlo y darle tiempo de disimular su desenfreno. Ese hombre lleno de ardor tuvo once hijos y cuando partió a la Cruzada, en 1248, llevó a su mujer, a fin de no privarse de sus placeres sexuales. ¡No imaginará usted que la Iglesia podía enviar a San Luis a arder en el fuego eterno del infierno!

-¿También podríamos decir que la Edad Media inventó el concepto de Occidente?

-La palabra “Occidente” no me gusta. Pronunciada por los occidentales, tiene un contenido de soberbia para el resto del planeta.

-Pero entonces, ¿cómo definir, por ejemplo, a América, heredera de Europa?

-América ha dejado de ser la heredera de Europa. Lo fue hasta finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando tanto Estados Unidos como el resto del continente dejaron de tener al hombre como centro de sus preocupaciones.

-Usted es un apasionado estudioso de la imaginación colectiva de la Edad Media. ¿Por qué eso es tan importante?

-Felizmente, las nuevas generaciones de historiadores siguen cada vez más esa tendencia. La imaginación colectiva se construye y se nutre de leyendas, de mitos. Se la podría definir como el sistema de sueños de una sociedad, de una civilización. Un sistema capaz de transformar la realidad en apasionadas imágenes mentales. Y esto es fundamental para comprender los procesos históricos. La historia se hace con hombres de carne y hueso, con sus sueños, sus creencias y sus necesidades cotidianas.

-¿Y cómo era esa imaginación medieval?

-Estaba constituida por un mundo sin fronteras entre lo real y lo fantástico, entre lo natural y lo sobrenatural, entre lo terrenal y lo celestial, entre la realidad y la fantasía. Si bien los cimientos medievales de Europa subsistieron, sus héroes y leyendas fueron olvidados durante el Siglo de las Luces. El romanticismo los resucitó, cantando las leyendas doradas de la Edad Media. Hoy asistimos a un segundo renacimiento gracias a dos inventos del siglo XX: el cine y las historietas. El medioevo vuelve a estar de moda con “Harry Potter”, “La guerra de las galaxias” y los videojuegos. En realidad, la Edad Media tiene una gran deuda con Hollywood. Y viceversa. Pensé alguna vez que provocaría un escándalo afirmando que el medioevo se había prolongado hasta la Revolución Industrial. La verdad es que ha llegado hasta nuestros días.

-¿Se podría decir entonces que seguimos viviendo en la Edad Media?

-Sí. Pero esto quiere decir todo lo contrario de que estamos en una época de hordas salvajes, ignorantes e incultas, sumergidos en pleno oscurantismo. Estamos en la Edad Media porque de ella heredamos la ciudad, las universidades, nuestros sistemas de pensamiento, el amor por el conocimiento y la cortesía. Aunque, pensándolo bien, esto último bien podría estar en vías de extinción."            (“Seguimos viviendo en la Edad Media”, dice Jacques Le Goff / LA NACION, en Sociología Crítica, 04/04/2014)

11/2/14

“Salvar al Euro a cualquier precio”... ¿Aún al costo de sacrificar vidas humanas?

"El estado de excepción que usted ha vinculado al concepto de soberanía parece asumir hoy en día el carácter de normalidad, pero los ciudadanos permanecen perdidos ante la incertidumbre en la que viven cotidianamente ¿es posible atenuar esta sensación? 

Vivimos desde hace décadas en un estado de excepción, que se ha convertido en regla, como sucede en la economía, la crisis es la condición normal. El estado de excepción que debería hallarse limitado en el tiempo – es en cambio hoy el modelo normal de gobierno y esto en los mismos estados que se llaman democráticos. 

Pocos saben que las normas de seguridad introducidas luego del 11 de setiembre (en Italia ya habían sido establecidas durante los años de plomo) son peores que las vigentes durante el fascismo. Y los crímenes contra la humanidad cometidos durante el nazismo fueron posibles debido al hecho de que Hitler había asumido el poder y proclamado un estado de excepción que nunca fue revocado.

 Y él sin embargo no tenía las mismas posibilidades de control (datos biométricos, telecámaras, celulares, tarjetas de crédito) propias de los estados contemporáneos. Se diría que hoy el Estado considera que cada ciudadano es un terrorista virtual.

 Esto no hace otra cosa que deteriorar y volver imposible la participación en la política que debe definir a la democracia, Una ciudad cuyas plazas y cuyas calles están controladas mediante telecámaras no puede ser un lugar público: es una cárcel. 

El gobierno de Monti invoca la crisis y el estado de necesidad y parece ser el único camino de salida tanto de la catástrofe financiera como de las indecentes formas que ha tomado el poder en Italia, ¿el enfoque de Monti sería la única salida o podría convertirse contrariamente en un pretexto para imponer serias limitaciones a las libertades democráticas?

“Crisis” y “economía” no se usan hoy en día como conceptos sino como palabras de orden que sirven para imponer y obligar a aceptar medidas y restricciones que la gente no tendría porqué aceptar. “Crisis” significa hoy ¡debes obedecer!” Creo que es muy evidente para todos que la llamada “crisis” viene durando decenios y no es otra cosa que la normalidad con que funciona el capitalismo de nuestro tiempo. Un funcionamiento que no tiene nada de racional. 

Para comprender lo que está sucediendo, hay que interpretar al pié de la letra la idea de Walter Benjamin según la cual el capitalismo es ciertamente una religión, es la más feroz, implacable e irracional religión que haya existido jamás porque no conoce ni tregua ni redención. En su nombre se celebra un culto permanente cuya liturgia es el trabajo y su objeto el dinero.

 Dios no ha muerto, se ha convertido en dinero. La Banca con sus grises funcionarios y sus expertos – ha ocupado el lugar de la iglesia y de sus curas y gobernando el crédito (incluso los créditos estatales, que han abdicado fácilmente su soberanía) manipula y administra la fe – la escasa e incierta fe – que aún le queda a nuestro tiempo. Por otra parte que el capitalismo sea hoy en día una religión, nada lo muestra mejor que el título aparecido en un gran diario nacional hace pocos días: “salvar al Euro a cualquier precio” 

Ya “salvar” es un concepto religioso pero ¿qué significa “a cualquier precio”? ¿Aún al costo de sacrificar vidas humanas? Solo en una perspectiva religiosa (o mejor dicho seudoreligiosa) se pueden hacer afirmaciones tan paletamente absurdas e inhumanas. 

La crisis económica que amenaza con convulsionar a buena parte de los estados europeos ¿se puede generalizar como una crisis de toda la modernidad? 

La crisis que está atravesando Europa no tiene que ver tanto con un problema económico como se quiere hacer creer sino ante todo una crisis de la relación con el pasado. El conocimiento del pasado es el único camino de acceso al presente. Es buscando entender el presente que los hombres – por lo menos los europeos – se sienten obligados a interrogar al pasado. 

He precisado “nosotros los europeos” porque me parece, admitiendo que la palabra Europa tenga sentido, como parece hoy en día evidente, ese sentido no puede ser ni político, ni religioso y tanto menos económico pero consiste en que el hombre europeo – a diferencia por ejemplo de los asiáticos y de los americanos, para quienes la historia y el pasado tienen un significado totalmente diferente – puede acceder a su verdad solamente a través de una confrontación con el pasado, solo haciendo cuentas con su historia. El pasado no es tan solo un patrimonio de bienes y de tradiciones, de recuerdos y saberes sino sobre todo un componente antropológico esencial del hombre europeo, que puede acceder al presente solo mirando lo que le ha ido sucediendo.

 De la especial relación que tienen los países europeos (Italia y desde luego Sicilia son desde este punto de vista ejemplares) con sus ciudades, con sus obras de arte, con su paisaje: no se trata de conservar bienes más o menos valiosos, pero exteriores y accesibles: esta es en cuestión la verdadera realidad europea, su indiscutible supervivencia

 Por eso destruyendo el paisaje italiano con el hormigón de las autopistas y la alta velocidad, los especuladores no se privan de ganar pero destruyen nuestra propia identidad. La misma expresión “bienes culturales” es engañosa, porque sugiere que se trata de unos bienes entre otros, que pueden ser aprovechados económicamente y hasta vendidos, como si se pudiera liquidar y poner en venta la propia identidad. 

Hace muchos años un filósofo que era además un alto funcionario de la naciente Europa, Alexandre Kojève sostenía que el homo sapiens había llegado al final de su historia y que no tenía ante sí más que dos posibilidades: el acceso a una animalidad posthistórica (encarnado en la american way of life) o el esnobismo (encarnado de los japoneses) que continuan celebrando su ceremonia del té, vacías pero con un significado histórico. 

Entre unos EEUU integralmente reanimalizados y un Japón que se mantiene humano solo a través de renunciar a todo contenido histórico, Europa podría ofrecer la alternativa de una cultura que se mantiene humana y vital aún después del fin de la historia, porque es capaz de enfrentarse a su propia historia en su totalidad para desde allí alcanzar una nueva vida. 

Su obra más destacada Homo Sacer investiga sobre la relación del poder político y la nuda vida y pone en evidencia las dificultades presentes en ambos términos, ¿Cuál es el punto de posible intermediación entre ambos polos? 

Lo que me han demostrado mis investigaciones es que el poder soberano se fundamenta desde sus comienzos en la separación entre nuda vida (la vida biológica que en Grecia tenía lugar en la casa) y la vida políticamente calificada (que se desarrollaba en la ciudad). 

La nuda vida se halla excluida de la política y al mismo tiempo incluida y capturada por la propia exclusión: en este sentido la nuda vida es el fundamento negativo del poder. Esta separación alcanza su forma extrema en la biopolítica moderna. Lo que sucedió en los estados totalitarios del novecientos y que es el poder (ya sea a través de la ciencia) que decide en última instancia qué es una vida humana y qué no lo es.

 Por el contrario sucede que se piensa en una política de las formas vitales, es decir en una vida que no pueda separarse de su forma, es decir que nunca más sea nuda vida. (...)"          (Entrevista a Giorgio Agamben, Peppe Savà, Tinyurl, en Rebelión, 10/02/2014)

4/11/13

La historia cultural de Europa está determinada por la metamorfosis de la ira

 "En el principio fue la ira. “Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles”, reza el verso inicial de La Ilíada, que para el filósofo Peter Sloterdijk (Kalrsruhe, 1947) equivale a la “primera palabra de Europa”. La ira y la indignación han sido una piedra angular del continente, y con él, de todo el mundo occidental.

El recorrido histórico por las consecuencias políticas de esa energía humana dieron origen a un libro —Ira y tiempo, editado en España por Siruela— del más controvertido y seguramente más influyente, tras Jürgen Habermas, de los pensadores alemanes contemporáneos. Sloterdijk ha estado dos días en Santiago para recibir un singular premio por esa obra. (...)

En el principio fue la ira. “Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles”, reza el verso inicial de La Ilíada, que para el filósofo Peter Sloterdijk (Kalrsruhe, 1947) equivale a la “primera palabra de Europa”.

La ira y la indignación han sido una piedra angular del continente, y con él, de todo el mundo occidental. El recorrido histórico por las consecuencias políticas de esa energía humana dieron origen a un libro —Ira y tiempo, editado en España por Siruela— del más controvertido y seguramente más influyente, tras Jürgen Habermas, de los pensadores alemanes contemporáneos

. Sloterdijk ha estado dos días en Santiago para recibir un singular premio por esa obra. (...)

La izquierda, según Sloterdijk, ha funcionado históricamente como un mecanismo de “organización política de la ira” o, para ser más precisos, como “un banco de ira”. “La gente depositaba allí sus frustraciones y, como en un banco, otros gestionaban ese capital para devolverle los intereses en forma de autoestima para ellos y desprecio para sus enemigos”, explica Sloterdijk desde su imponente estatura, mirando siempre por encima de unas pequeñas gafas y con un cabello alborotado que corrobora esa imagen de enfant terrible, aún a sus 66 años,

 Él acabó de escribir su libro en 2006 y, desde entonces, la “atmósfera ha cambiado mucho en el mundo”, advierte. “La ira, la cólera, la indignación, han cobrado más fuerza. Lo que pasa es que ahora no hay un banco mundial de la ira. Ese papel lo jugó la izquierda desde el siglo XIX, pero hoy ya no es capaz de desempeñarlo.

 El islamismo es únicamente un banco local de ira, sin alcance mundial. Ahora la gente puede quedarse en casa con su cólera y meterla debajo de la almohada o del colchón, porque ya no hay nadie que pueda sacar rendimiento político de eso ni devolverle intereses”.

 Su durísimo diagnóstico sobre las consecuencias de organizar políticamente la ira, desde el primer anarquismo de Bakunin hasta el estalinismo o el maoísmo, no implica que Sloterdijk desdeñe el papel que ha desempeñado la indignación en la historia de Occidente. Y lo subraya cuando comenta el fenómeno del 15-M en España: “Esto no es nada nuevo, aunque sí la forma cómo se manifiesta.

La República es hija de la indignación. De ella nace el primer movimiento democrático en la antigua Roma, donde la monarquía da paso a la República por la indignación popular contra la violación de Lucrecia por el hijo del rey. Lo mismo vale para la Revolución Francesa. En ese sentido, los jóvenes españoles demuestran que viven la auténtica tradición democrática”.

Pero esa energía no puede ser canalizada por fuerzas como “la izquierda francesa, que parece una empresa del Estado, solo pendiente de los funcionarios”. “Se necesita algo completamente diferente, un instinto más emprendedor. Y pensar que no se puede forzar la economía. No vale con masacrar a dos millonarios y repartir su fortuna dando 20 euros a cada persona en paro. No creo que eso sea una solución política”. (...)"    ( El País, 31/10/2013)

 
"La ira, entendida como la parte de la naturaleza humana donde anidan las pasiones relacionadas con el orgullo, la dignidad y el valor de si mismo, tiene un enorme peso en la sociedad europea desde la antigüedad. 

 Esta idea la defiende el filósofo y catedrático alemán Peter Sloterdijk (Karlsruhe, 1947) en Ira y tiempo, obra que le ha valido el premio de ensayo Bento Spinoza en su tercera edición. (...)

-¿Por qué ha convertido la ira en tema central de su pensamiento en esta obra premiada? 

-La historia cultural de Europa está determinada por la metamorfosis de la ira, esa es la idea principal del libro. Aparece ya en la introducción de la Ilíada, obra considerada como el inicio de la tradición europea, y se ha manifestado en el cristianismo y otros movimientos que constituyen los principales bancos de ira de la historia.

-¿Cómo define un banco de ira? 

-Es otra idea del libro, al hacer una equivalencia de ira con dinero: la ira se puede llevar a un banco, donde debería dar intereses, como autoestima. En el siglo XIX los partidos de izquierda funcionaban así, pero el banco de ira de la izquierda ahora no puede pagar intereses.
-¿Destacaría en la actualidad algún banco de ira? 

-Actualmente no hay un banco mundial de la ira. Aunque podemos hablar de grupos que se ven ofendidos y desarrollan un resentimiento colectivo e intentan que se conviertan en una venganza viva colectiva. Pero el islamismo, por ejemplo, no tiene un banco mundial de ira, se queda en un banco regional.

-¿Cómo puede el ser humano actual dar salida a su ira de forma inteligente, y cómo hace usted? 

-La ira o cólera no es un sentimiento primario, sino reactivo. Se puede comparar ese tipo de sentimientos con una escalera de sonidos. 

En el escalón más elevado de esa escalera estaría la jovialidad, que supone estar completamente a gusto con uno mismo, generosidad. La mayoría de la gente no puede ser jovial. 

El segundo sonido sería el orgullo que uno puede sentir; el tercero es la ira, que aparece cuando el orgullo de uno mismo está herido; el cuarto es el deseo de vengarse; cuando no se le puede hacer frente aparece el resentimiento, que con el tiempo se convierte en odio estructural, y puede denigrar y descender a sonidos inferiores. Como personas con cultura tenemos que intentar llegar a una posición lo más superior posible en esa escala.

-¿Y qué queda si se está en posiciones inferiores? 

-Cuando en una persona se establece el resentimiento habitual, eso favorece una dinámica autodestructiva. Por eso hay que reconvertir ese resentimiento estructural en una venganza viva, es importante que sea viva, para de ahí volver al subconsciente sano.(...)"             (Entrevista a Peter Sloterdijk, La Voz de Galicia, 31/10/2013)

4/1/13

Europa es la parte más guerrera y violenta del mundo. De lo que se trata es de realizar una refundación ciudadana del proyecto europeo

"Vamos a hablar del proyecto europeo, de porqué esta Unión Europea, tal como está diseñada, es inviable e inútil para afrontar los retos del siglo. (...)

Así que vamos a hablar primero de las razones que hacen inviable desde ese punto de vista a la actual Unión Europea, luego, de la respuesta ciudadana que habría que dar a esa realidad y acabaremos con una reflexión sobre la violencia y los riesgos que tal respuesta comporta para quienes la asumen. (...)

El motivo es que, desde el punto de vista de la historia universal de la guerra y la paz, Europa es la parte más guerrera y violenta del mundo. En los últimos quinientos años la historia europea salta de una guerra a otra, especialmente en los dos siglos que van de 1615 al fin de las guerras napoleónicas en 1815. En ese periodo las naciones europeas estuvieron en guerra una media de sesenta o setenta años por siglo. 

 Luego hubo un poco más de paz hasta 1914, si olvidamos la guerra de Crimea o la franco-prusiana, pero en ese periodo Europa continuó culminando la exportación de guerra y genocidio hacia fuera de sus fronteras con el holocausto colonial- imperial que fue la conquista del mundo no europeo. 

Además, en ese periodo de relativa paz interna Europa inventó la industrialización y con ella industrializó la guerra lo que la convirtió en algo mucho mas destructivo. Dos guerras mundiales de inusitada mortandad e incubadas en y por Europa, fueron el resultado.

La Unión Europea se creó, precisamente, para remediar la crónica pelea continental, que después de la Segunda Guerra Mundial ha dado lugar a 67 años de paz, una paz, sin embargo, tutelada por dos superpotencias en tensión nuclear, es decir una paz bajo vigilancia y presidida por un factor, el de la destrucción masiva, que representa el escalón superior de la estupidez humana. (...)

Constatamos que esa Europa “autónoma y mejor” y preconizadora de “otros valores”, ha apoyado, colaborado y participado en casi todo lo que reprochaba a su pariente histórico de ultramar. Es decir Europa sigue siendo imperialista y sus debilitadas naciones se unen, precisamente, para poder seguir siéndolo. Veamos la lista:
-Durante veinte años se ha excluido a Rusia de cualquier esquema de seguridad continental. Es decir se ha impedido cerrar la relación de guerra fría con el extremo oriente de Europa, tal como quería el malogrado proyecto de Gorbachov. 
 La ampliación al Este de la UE se hizo sobre un guión supervisado en Washington, según el cual el ingreso en la OTAN era la antesala de la Unión Europea.
- En cuanto la URSS dejó de ser percibida como amenaza, Europa se lanzó a la guerra. Doce días después del ingreso de Polonia, Hungría y Chequia en la OTAN, comenzó la campaña de Kosovo para acabar con Serbia como estado regional anómalo para la nueva disciplina continental. 
El belicismo y la manipulación mediática adquirieron en Europa niveles que se creían exclusivos de Estados Unidos. Por primera vez desde Hitler, tropas alemanas participaron, en los Balcanes, en un conflicto, y nada menos que en nombre de la prevención de nuevos Auschwitz y “genocidios”.
-En Irak la divergencia franco-alemana con Bush no impidió una colaboración en toda regla a nivel de logística, servicios secretos, torturas y centros secretos de detención de la “guerra contra el terror” que impide considerar como exclusivamente americanos asuntos como el de Guantánamo: los vuelos de la CIA atravesaron Europa desde Polonia hasta Rota, las cárceles secretas, las torturas y los secuestros implicaron complicidades de todo el mundo. (...)

-En Palestina, la UE ha sido incapaz de trabajar para la creación de un Estado Palestino, sin duda la medida más eficaz contra el radicalismo islámico en todo el mundo y un imperativo moral incontestable. Por el contrario, ha ido incrementando unas relaciones privilegiadas con Israel y ha incrementado su complicidad con esa comedia que llaman “proceso de paz” en Oriente Medio, basada en el apoyo al país ocupante y agresor.
- En Afganistán, la misma Europa que durante la guerra fría protestó y se negó a participar en Vietnam, se ha volcado con decenas de miles de soldados europeos metidos allá once años en esta guerra infame de treinta que no registra protestas.  (...)

-En Oriente Medio vivimos ahora las sanciones y amenazas contra Irán. Un intervencionismo creciente en la guerra civil de Siria que contribuye claramente a hacerla más sangrienta, que usa a fondo la habitual manipulación mediática y que da por completo la espalda a toda acción diplomática.
 El horizonte estratégico de este intervencionismo va más allá de Siria: complicar la vida a su aliado, Irán –objeto de sanciones por la sospecha de una ambición nuclear que, convertida en hecho conocido en el caso israelí se tolera sin problemas- y de paso complicar también el aprovisionamiento energético de China.
-Y todo esto está perfectamente interiorizado en el discurso europeo de la política exterior y de seguridad. En Alemania imponer el “acceso” (Zugriff) a los recursos energéticos globales es lo que da sentido a las misiones internacionales del Bundeswehr, afirma el discurso oficial.
 Hoy día no hay experto y analista de cualquier “centro de estudios estratégicos” del estáblishment, de Bruselas, Berlín o Londres, que no mencione el tema como algo rutinario, dando por supuesto que el militarismo es la respuesta a los retos del siglo. Lo llaman “nuevos desafíos” y la doctrina de la OTAN los quiere contrarrestar con acciones militares “preventivas” y “proactivas”, es decir agresiones, en todo el mundo.
Es decir, y concluyendo esta lista: en su relación con EE.UU, la Unión Europea desempeña en el mundo el papel que un primer ministro australiano definió para su país en Asia: el del “ayudante del Sheriff”. (...)
Siendo imperialista y practicando un manifiesto vasallaje hacia Estados Unidos, la actual Europa no puede ser un polo de poder independiente y autónomo en el mundo multipolar y muchos menos un polo benévolo por otras razones.
En primer lugar, como ha apuntado Samir Amin, porque Europa no puede ser unos Estados Unidos de Europa. Por un lado carece de recursos naturales comparables a los de grandes países como Estados Unidos o Rusia. Por el otro, a causa de su manifiesta falta de unidad interna, porque en Europa están presentes las tensiones y conflictos de intereses centro-periferia propios del desarrollo desigual.
 Europa contiene zonas y países que son Norte -Alemania y compañía- otros que son Sur -España, Italia, Portugal- y otros que son patio trasero y tercera categoría: la Europa oriental y balcánica con Grecia incluida. (1)
En segundo lugar Europa no puede ser ni siquiera una federación unitaria porque no existe un “pueblo europeo”. La identidad europea no existe ni se la espera. Haciendo un gran esfuerzo, españoles, italianos, griegos y franceses, pueden alcanzar cierta afinidad identitaria apelando a aspectos de su común tradición (ibérica, católica, la herencia latina-románica, o al mediterráneo). 
A partir de ahí, y como dicen los chinos, “con la perspectiva de varias generaciones”, quizá pudieran embarcarse en algo juntos hasta el punto de borrar sus diferencias. Es una cuestión de imaginación. 
Pero imaginar eso mismo conjuntamente con los finlandeses, los alemanes, los húngaros o los británicos, es decir metiendo juntos a mediterráneos, vikingos y hunos, es superar los límites de la fantasía más atrevida.
Y en tercer lugar, la Unión Europea no puede funcionar como proyecto que valga la pena por el motivo que todos percibimos: porque su burocracia ha tenido la osadía de pretender que un billete de banco, asistido por un sistema sanguíneo-circulatorio compuesto por intereses empresariales multinacionales generalmente dominados por países del Norte europeo, podía ser el corazón de esa identidad de fantasía.
El resultado de esa osadía ha sido una especie de monstruo del Profesor Frankestein que ha acelerado la gran desposesión de soberanía que toda Europa siente hoy. (...)

Así que por todas estas razones (imperialismo, falta de autonomía y recursos, desigualdad interna, ausencia de un pueblo europeo y de identidad común, y por ser un androide empresarial) esta Europa es, a la vez, imposible e inservible para los retos del siglo.
Una vez constatado esto, y recordando aquello que hace importante y necesario un proyecto europeo común (impedir la pelea secular de sus miembros), no hay más remedio que plantearse la pregunta del qué hacer.
II) De lo que se trata es de realizar una refundación ciudadana del proyecto europeo.
De puertas afuera, esa refundación debe impedir la pelea europea. El proyecto europeo no debe tener más ambición mundial que una negación: la de no contribuir al imperio. Si el proyecto europeo ha de ser imperialista, no lo queremos.
De puertas adentro el marco de esta refundación no debe ser “más Europa”, sino más soberanía popular-nacional. (...)
Por un lado tenemos el avance, en toda Europa, del chovinismo, la xenofobia y el desprecio por el débil y el emigrante, la ridiculización de la solidaridad y el afán de justicia (resumido en ese miserable concepto neocon que es el buenismo). Una perspectiva de la Europa parda de 1930, podríamos decir.
Por el otro lado tenemos el progreso de la protesta social y solidaria: Cuarenta sindicatos en 23 países participaron el 14 de noviembre en una “Jornada de acción y solidaridad” sin precedentes en Europa. 
Cotejado con el tamaño y la virulencia de la enorme involución socio-laboral que sufre el continente aquello fue poco y desigual, muy poco. Pero eso ya no es Europa 1930, sino una perspectiva 1848. (...)
¿Qué quiere decir una refundación ciudadana? Quiere decir una reconquista de la esfera económica y financiera que la política ha ido cediendo al capital en las últimas décadas. La UE ha sido diseñada como una autopista de la mundialización neoliberal.
 Pues bien, ahora se trata de combatirla con una desmundialización ciudadana que devuelva todo eso arrebatado a la política en los últimos treinta años, como dice Bernard Cassen.
Evidentemente todo esto plantea la pregunta del cómo.
Para eso es necesario crear un Frente Popular. Una gran unión, una gran alianza y un gran encuentro entre el mundo sindical, los subproletarios emigrantes y parados, la generación sin futuro y deshauciada, la gente mayor estafada tras una vida de trabajo, los sectores religiosos e intelectuales para los que la actual involución es intolerable desde el punto de vista de los principios éticos y morales.
Es fundamental la creación de nuevas fuerzas políticas y de programas. Hacen falta líderes, personas de todos estos ámbitos que representen y sean portavoces de esta refundación – de momento por ejemplo en Catalunya no tenemos líderes obreros ni sindicales dignos de tal nombre, pero curiosamente ha aparecido una de esas personas en el ámbito más inesperado: una hermana benedictina….
Esta refundación solo puede ser (en Europa y en el mundo) internacional e internacionalista, pero, a menos que queramos disolvernos en un sueño idealista de hermandad universal, su marco solo puede ser nacional. (...)
Para acabar, una reflexión sobre la violencia.
III) La Europa de hoy no es la del XIX, cuando cualquier avance social pagaba el precio de enormes cantidades de sangre y de violencia. En este continente mucho más rico, mucho más culto y demográficamente mucho más envejecido que el del siglo XIX, quien más quien menos tiene algo que perder. Eso sugiere que la no violencia popular tiene un nuevo sentido y grandes espacios a su favor. (...)
La experiencia histórica más reciente nos avisa del enorme potencial de violencia y provocación que tiene el estáblishment. (...)
Y hay que volver a leer todo lo que expone el Profesor suizo Daniele Ganser en su libro de 2005 sobre Gladio, la cada vez más documentada evidencia de la manipulación directa del terrorismo de los años setenta y ochenta por grupos vinculados a la OTAN -los peores atentados en Italia, Bélgica y Alemania lo fueron. 
Volver a escuchar la opinión de algunos antiguos miembros de grupos alemanes violentos que hoy confiesan que seguramente su labor estuvo policialmente manipulada desde el principio.
 Analizar lo que sabemos de las protestas antiglobalización de julio de 2001 en Génova. Lo que está ocurriendo ante nuestros ojos con los apoyos policiales y empresariales a la extrema derecha griega, o lo que se ha visto en España con los indignados… (3)
Hay que tener claro que cualquier presión hacia esa necesaria desmundialización ciudadana chocará, está chocando ya, con las habituales reacciones, tramas negras, represiones, manipulaciones mediáticas y juegos sucios. Repito: hay que ser consciente de lo que significa decir no a una oligarquía.
 (3) El libro de Daniele Ganser, La Operación Gladio y el terrorismo en Europa Occidental, 2005. Sobre el brutal aplastamiento de la protesta contra la cumbre de julio de 2001 en Génova ver El atropello de Génova en este Diario de Berlín."              (Diario de Berlín, Rafael Poch, La Vanguardia, 07/12/2012)

6/7/12

Aferrarse al euro sólo significará la ruina para la mayoría de las economías europeas y el fortalecimiento del liderazgo regional de Alemania. Por ello, asegura, la eurozona está destinada a desaparecer pronto.

"El historiador, sociólogo y politólogo francés Emmanuel Todd no tiene duda: aferrarse al euro sólo significará la ruina para la mayoría de las economías europeas y el fortalecimiento del liderazgo regional de Alemania. Por ello, asegura, la eurozona está destinada a desaparecer pronto. (...)

—En mi libro La invención de Europa, yo preconizaba ya en 1990 que 15 o 20 años más tarde, Europa sería una “jungla”. Mi investigación antropológica me había convencido que la diversidad de sistemas familiares, de temperamentos políticos y sociales [europeos] haría que la moneda única [es decir el euro] fuese, por decir algo, casi imposible [de administrar].

¿Pero qué relación hay entre las estructuras familiares y el euro, es decir la moneda común?
—Las personas que toman las decisiones [políticas] y que crearon el euro pensaron que unificando las monedas [europeas] iban a cambiar las mentalidades. Pero las sociedades están ante todo marcadas por los valores heredados implícitamente de su estructura familiar. 

Francia, por ejemplo, históricamente vive bajo un sistema individualista igualitario. Es conocido, por ejemplo, que en el mundo campesino francés de la Edad Media la herencia era repartida a partes iguales entre todos los hijos, fueran estos hombres o mujeres.  

Este modelo termina siendo proyectado sobre un plano ideológico y todo esto procrea o engendra individuos bastante difíciles de ser gobernados o administrados, sea en un plano político o social. ¡El típico burdel francés, pues! 

Al contrario, la estructura familiar alemana era el sistema del heredero único. La granja o la bodega se le otorgaba en herencia frecuentemente al hijo mayor (pero a veces al menor, como sucedía en la ciudad de Berna, Suiza). Esto genera valores de autoridad y de desigualdad, de jerarquía. 

Parejas de esposos bastante maduros vivían aún en casa de sus padres… Evidentemente, las reglas de herencia han cambiado y las ciudades alemanas ya no son ni se asemejan a las del pasado, pero los modos de comportamiento en la vida política, económica y social perduran aún hoy. (...)

¿Alemania tiene en verdad un deseo real de dominación? El problema con este tipo de sociedad construida sobre un modelo “autoritario” es que cuando no hay nadie por encima de ellos, esto se puede ir por la tangente. Ahora Alemania está muy emancipada de Estados Unidos. 

Y aunque Brzezinski plantea la cuestión de unatentación alemana (de un retorno a la política de Bismarck, política de poder independiente, sobre todo después de los acuerdos estratégicos en materia de energía firmados con Rusia) hay indicios que muestran que Alemania se comporta como una gran potencia ahora, y no sólo por los diktats (dictado, imposición) dados a Grecia.

 En cambio, los japoneses, que también tienen una estructura familiar “autoritaria”, ya no quieren estar más en una posición de dominación y por eso han preferido elegir el rol de ser el hermano pequeño de Estados Unidos. (...)

¿En qué el modelo familiar griego puede esclarecer la crisis [europea actual]?
—Esto es muy interesante. Escuchamos en estos momentos discursos muy humillantes respecto a Grecia [se le acusa de todos los males e incompetencias]. Entonces, ante la ausencia de un Estado central fuerte, ante la dificultad de recaudar los impuestos, todo esto podría explicarse por la complejidad [existente] de las estructuras familiares [griegas]. Porque en Grecia hay tres modelos tradicionales diferentes. 

El que existe en Atenas y en las islas [del mar Egeo] que es matriarcal (centrado en las mujeres) con reglas de primogenitura femenina pero “a la ligera”, sin cohabitación de generaciones. En cambio en el Peloponeso y en la región de Beocia tenemos núcleos [familiares] menos rígidos patriarcales (centrados sobre los padres). En Tesalia y el Epiro el modelo [familiar] es más bien comunitario, a la manera existente entre los serbios y rusos. 

Entonces, estos diversos modelos familiares generan personas diferentes, muy dinámicas [por su diversidad]. Grecia tiene una gran historia marítima. Tienen una gran diáspora. Los demógrafos están impresionados por la longevidad de su población. Manifiestamente existe un arte de buen vivir, una sabiduría, y que no se puede calificar de ocio. Si los griegos son expulsados de la Eurozona [espacio económico que utiliza esta moneda europea] contra su propia voluntad, ellos van a tener un año muy duro y difícil. 

Pero enseguida, toda la gente verá la enorme ventaja competitiva en términos salariales de Grecia. El país se levantará [económicamente]. Pero por otro lado será el fin de la moneda única europea. Sí, los países europeos se pelean hoy en día por mantener a Grecia dentro del espacio monetario común (tratan de mantenerla dentro para que Grecia siga pagando, para poder despojarla aún más de sus bienes), pero en realidad es sobre todo la salida decidida de Grecia de la Eurozona lo que les da mucho miedo.
Usted hace la constatación de un fracaso de la moneda única. Alemania amenaza a Grecia ahora con sacarla de la Eurozona. ¿Qué significa esto para usted?
—En primer lugar, ser conscientes de que si el euro se derrumba, es Alemania el país que será más afectado, ya que es el país más exportador [de Europa]. En 1929, fueron Estados Unidos y Alemania los que sufrieron más con el desplome de la bolsa debido a que estos dos países eran las dos mayores potencias industriales de la época.

 Los alemanes han entendido claramente que con un retorno a las monedas nacionales del pasado [peseta española, lira italiana, franco francés, marco alemán, dracma griego, etcétera], todos van a devaluar [sus monedas] para protegerse de las exportaciones alemanas. 

Y Alemania además de tener que volver al marco alemán, estará estrangulada [económicamente]. Es por esta razón que los dirigentes o líderes [políticos] alemanes van muy lejos con sus amenazas respecto al euro, más lejos de lo que pueden. En realidad quienes están más traumatizados con la posibilidad de una desaparición del euro son los mismos dirigentes alemanes. 

Sin embargo, los griegos y los franceses quieren quedarse en el euro más por razones irracionales. Debido a que hay una parte mágica en la moneda única, a pesar de que ellos no entienden la razón. No se dan cuenta de que el fin de la moneda única les hará mucho bien. "          (Re-evolución)