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12/2/21

Max Tegmark: “La Inteligencia Artificial puede ser lo mejor que haya sucedido nunca, o lo peor... “Podemos utilizarla para curar enfermedades, acabar con la pobreza o el cambio climático. Pero también para extinguir la humanidad si cometemos errores estúpidos”

  "Pensar que no puede existir nada ni nadie más inteligente que el ser humano es un tremendo error. Así se expresa Max Tegmark, físico y cosmólogo sueco, en el Foro Telos 2020. 

Durante el encuentro, Tegmark señala que hasta ahora vivimos en una especie de “chovinismo de carbono”. Y la inteligencia consiste en procesar información, donde poco importa que la procesen los átomos de carbono en las neuronas del cerebro o los átomos de silicio de los ordenadores.

El cosmólogo, profesor en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), estima que la llegada de una inteligencia artificial (IA) general que supere a la humana es cuestión de décadas.

Para él, la pregunta clave es si debemos estar emocionados o aterrados, porque, haciendo una analogía, “podemos coger un cuchillo para hacer una deliciosa paella o para matar a alguien”. No se trata de si la IA es buena o mala, sino cómo la empleemos: “Podemos utilizarla para curar enfermedades, acabar con la pobreza o el cambio climático. Pero también para extinguir la humanidad si cometemos errores estúpidos”.

El grado de preparación marca la diferencia

Ante futuras pandemias como la actual de covid-19, Tegmark indica que lo importante es estar preparados. “Así no tendremos nada que temer porque podremos asegurarnos de que no sucederá lo que ha sucedido y, en caso de que lo haga, estaremos preparados para resolverlo”.

 “Corea del Sur estaba preparada para la pandemia. España no tanto. Y esa es la razón por la que el número de muertes es mucho mayor aquí. El grado de preparación marca la diferencia”.

 Un plan que se anticipe al futuro

Al calibrar los riesgos para la humanidad que podría traer la inteligencia artificial, Tegmark la compara con la llegada de las armas nucleares. Y aboga por un consenso entre todos los países en el que se entienda su peligrosidad y cómo proceder: “Es fantástico que la Unión Europea esté desarrollando un reglamento general de protección de datos para la IA con nuevas normas”, dice con entusiasmo.

El profesor del MIT señala que convertir la inteligencia artificial en el arma más potente a nuestro alcance no tiene que ser algo negativo, como sí ocurre con las armas nucleares: “Pero para conseguir que un futuro mejor sea una realidad debe existir una visión optimista común que podamos respaldar”.

Aunque empresas como Google o Facebook pidan que no se regule la IA, el físico europeo advierte de que dejar en manos de unos pocos la IA sería un error terrible:

“Nuestra estrategia hasta ahora ha consistido en aprender de los errores. Pero con una tecnología más potente, como las armas nucleares o la IA, aprender de los errores es una idea terrible. Es mucho mejor ser proactivo y elaborar un plan de antemano para evitar que todo pueda salir mal”.

 ¿Quién estará al mando?

El profesor del MIT expone que actualmente las investigaciones se dirigen hacia una inteligencia artificial general que llegue a ser igual de buena que el ser humano en cualquier aspecto.

“Pero si llegamos a este punto habremos alcanzado lo mejor de lo peor que jamás ha sucedido en la humanidad. Porque evidentemente no te van a pagar por hacer tu trabajo si hay una máquina que lo hace más barato”.

Por eso, hay que considerar que si todas estas máquinas fueran propiedad de una sola persona, todos acabaríamos muriendo de hambre. Las consecuencias dependerán de en qué manos caigan estas herramientas. Y, a juicio de Tegmark, lamentablemente vamos por el camino incorrecto, pues las desigualdades sociales son cada vez mayores.

¿Cuándo podremos confiar en estas máquinas?

El autor del libro ‘Vida 3.0’, en el que se plantean los desafíos y oportunidades que se esperan de la IA, recuerda que no se nos debe exigir que confiemos completamente en ella, pues en la historia de las tecnologías se han cometido muchos errores. “La solución no es crear propaganda psicológica y decirle a la gente que confíe en la IA, sino trabajar de manera incesante en estudiar su seguridad y entender bien cómo funcionan”.

De lo único que estoy seguro es de que será lo mejor o lo peor que haya sucedido nunca. Si la tecnología va a avanzar, también debemos asegurarnos de que crezcan los conocimientos con los que vamos a manejar esa tecnología de forma adecuada. Los conocimientos deben ser lo primero"."                

 (La versión original de este artículo fue publicada en la Revista Telos, de Fundación Telefónica. , Max Tegmark , The Conversation, 11/02/21)

12/8/20

El teletrabajo durante la pandemia dispara las horas extra gratis y se come 100.000 empleos

"El teletrabajo disparó durante el confinamiento el fraude laboral y tributario de las horas extraordinarias no pagadas: la última EPA (Encuesta de Población Activa) revela cómo en el segundo trimestre de este año, que discurrió entre la fase más dura del confinamiento y el regreso a la llamada 'nueva normalidad', los asalariados españoles llegaron a trabajar gratis 3.798.700 horas semanales (49,38 millones de abril a junio) de más, sin recibir a cambio ninguna remuneración.

El fraude, que supera los 14.000 millones de euros para las arcas públicas al cabo del año, tiene tres víctimas principales: el propio trabajador, que no llega a recibir la remuneración que le correspondería por su trabajo, y la Seguridad Social y la Agencia Tributaria, que se quedan sin ingresar las cotizaciones y los tributos derivados de esa actividad.

Eso, según se calcule la jornada semanal a 35 o a 40 horas (la media de 2019 fue de 37), equivale a una horquilla de 94.967 a 108.534 empleos. Y se dio en unos meses en los que llegó a haber más de tres millones de trabajadores por cuenta ajena 'hibernados' en ERTE de los que faltan por salir más de un millón.

Ese registro es el más elevado desde la primavera de 2015, cuando se superaron los 3,9 millones de horas extra no pagadas, en un nivel que solo se había dado en otras dos ocasiones desde las vísperas de la anterior crisis, en 2008, y que resulta más escandaloso que inquietante al darse en un periodo en el que la actividad, según las estimaciones del Banco de España, se redujo entre un 16% y un 22%.

La marca, además de superar en volumen por vez primera en algo más de tres años a las prolongaciones de jornada que sí se pagan, también rebasa de largo los 2,9 millones que se estimaban cuando a mediados del año pasado fue implantado el registro de jornada para, entre otras cosas, acabar con este tipo de prácticas laborales.

El elevado peso de la enseñanza

El desglose de esas horas impagadas por ramas de actividad apunta a un importante peso del teletrabajo en el fraude, especialmente en campos como el de la enseñanza y las consultorías (actividades profesionales, científicas y técnicas), aunque también fue notable la aportación de otros de mayor presencialidad como la banca, el comercio, la industria, el transporte y, también, la sanidad y los servicios sociales.

El caso de la educación resulta llamativo: con los colegios, institutos y universidades cerrados, el ramo superó los 1,3 millones de horas extra no pagadas por semana, algo más de la tercera parte del total, cuando la media del año pasado había sido de 238.500 (casi seis veces menos) y solo había superado las 360.000 (cuatro menos) una vez en los últimos doce años.

Esas prolongaciones gratuitas de la jornada, que suponen algo más del 90% del trabajo extraordinario en ese sector en esos meses, se originaron en la atención telemática a los alumnos. Según explicaron fuentes de CGT, se concentran en el sector privado y en la escuela concertada, ya que las horas extra no existen en la pública.

La regulación del teletrabajo es una de las materias que tienen pendientes el Gobierno y la Mesa de Diálogo Social, cuyos miembros mostraron a principios de julio unas posiciones de salida irreconciliables, algo que por otra parte no deja de ser habitual en cualquier tipo de negociación, que el equipo de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, intenta acercar con nuevas propuestas.

Los técnicos soportan dos tercios del fraude

Por ocupaciones, dos tercios de ese trabajo sin remuneración se concentró en los empleos de "técnicos y profesionales científicos e intelectuales", que asumieron una media de 2,34 millones de horas. Les siguen, con 346,2, los "técnicos y profesionales de apoyo", con un impacto mucho menor en el resto del escalafón laboral.

Ese colosal volumen de trabajo fraudulento lo soportó un grupo de apenas 350.000 asalariados, ya que, según los datos de la EPA, 321.700 se ven obligados a realizan solo horas extraordinarias gratuitas y otros 32.600 las compaginaron con las remuneradas, mientras 264.900 prolongó la jornada únicamente a cambio de un pago.

Lo más habitual es que cada uno de los primeros trabajara gratis entre cuatro y seis horas a la semana, aunque 142.200 de ellos superaron la docena de manera habitual. Eso equivale a trabajar más de seis días para cobrar un máximo de cinco."                  (Eduardo Bayona, Público, 09/08/20)

22/3/17

Los robots no te van a quitar el trabajo, de momento

"El empleo del futuro está en juego. Todo el mundo parece estar de acuerdo. En cada conferencia que ofrezco o en cada curso que imparto a empresas, el temor a un futuro incierto es algo previo que está como instalado mayoritariamente.

La impresión inicial siempre es la misma. Se está tatuando socialmente una especie de discurso oficial acerca de que la tecnología ha llegado para destruir la ocupación que, aparentemente, tan bien habíamos estructurado. Permitidme que ponga en duda esta última afirmación.

Es evidente que la automatización se está llevando por delante a muchos espacios de trabajo. Un informe reciente del Instituto McKinsey Global estimó que el 49% de las actividades laborales van a ser ser totalmente automatizadas. Esto afectará inevitablemente a 1.100 millones de trabajadores en todo el mundo.

A esta cifra demoledora, que no es preciso ser un lumbreras para identificar las razones que lo van a provocar, siempre se le incorpora otra inferior que habla de los empleos que se crearán por el mismo motivo vinculado a la innovación tecnológica. Siempre es una cifra cuantitativamente menor.

El discurso oficial dice que ‘no vamos a crear tanto empleo como el que vamos a destruir’. Esa afirmación es tan superficial como otras que no consideran el hecho de que probablemente lo que va a pasar no es que se destruyan únicamente empleos sino que el concepto que representa el contrato social llamado ‘trabajo’ va a cambiar como nunca antes lo hizo.

 Ahí estará la clave. Como también el modo en el que las empresas, y a eso dedico mis esfuerzos cada día, interpreten como un valor añadido esa combinación futura entre ‘transformación digital’, automatización y robotización con el aumento de plantillas humanas. Sí, es posible. Robotizar destruyendo unos puestos concretos para crear muchos otros.

Gracias en parte a más robots en sus centros de cumplimiento, Amazon ha sido capaz de reducir los costos de envío y traspasar ese diferencial a los clientes. El envío más barato estimula a los potenciales clientes a utilizar Amazon. El resultado siempre ha sido el mismo. La compañía contrata a más trabajadores para resolver esa demanda creciente y una respuesta personalizada en la postventa. Más robots, más automatismos que permiten a su vez más humanidad.

El caso de Amazon es paradigmático. ¿Qué hacen los robots, y qué hacen las personas? Las tareas que involucran habilidades motoras al detalle, análisis o imprevisibilidad son gestionadas por personas.

Los robots sólo pueden operar en un ambiente controlado, realizando tareas regulares y predecibles. Acciones que requieren fuerza o, incluso, el traslado de estanterías enteras facilitando la parte final del proceso de empaquetado que terminan los seres humanos.

A veces se nos presenta un mundo en el que en pocos años los robots y la tecnología será capaz de llevar a nuestros hijos al colegio. Eso en las películas está muy bien pero la realidad va a ser algo distinta. Es cierto que van a pasar cosas tremendamente disruptivas pero hay que tener una medida objetiva para todo ello.

He visto tecnología que va a cambiar el mundo en breve, pero también he oído de otras que se les otorga cualidades que no tiene ni tendrá de momento. Los coches autónomos o las criptomonedas son un ejemplo.

En Amazon o en otros grandes almacenes multiproducto que están trabajando de un modo similar, los robots mueven estantes y los llevan a donde un empleado, sin tener que hacer el trabajo duro, empaquetando y enviándolo a su destinatario. De momento en esa cadena un humano es más operativo en la selección del artículo correcto.

Al terminar esa colecta el robot se lleva la estantería a su lugar de origen. El análisis del espacio que requiere la carga del camión de reparto es otro de los puntos en los que la intervención humana detallada maximiza el espacio y mejora el beneficio logístico de la empresa.
De momento, más robots significa más humanos. Desde que adquirió la empresa de robótica Kiva Systems, con sede en Boston, en marzo de 2012, por 775 millones de dólares, Amazon ha incrementado el uso de robots y continúa invirtiendo muchísimo en automatización. Tanto para robots como para drones.

 En 2016, la compañía aumentó su fuerza de trabajo robótico en un 50%, de 30.000 a 45.000 unidades. Sin embargo, lejos de despedir a nadie, Amazon aumentó el empleo humano en torno al 50% en el mismo período de tiempo. El informe de resultados de la empresa para el cuarto trimestre de 2016 incluyó el anuncio de que planeaba crear más de 100.000 nuevos empleos a tiempo completo sólo en los EE.UU. durante los próximos 18 meses.

¿Es cierto que habría más trabajos si la gente estuviera haciendo el trabajo que ahora hacen los propios robots? ¿Podría ser que la productividad que estimulan al final beneficia a los propios humanos? Muchos de los empleos que Amazon está creando no existían hace un tiempo. Surgen de esa combinación máquina-humano. Es urgente establecer ese espacio de relación.

Las empresas deben incorporar tecnología para ganar más en el medio plazo y nada indica que eso requiera despedir personas, sólo modificar su modo de trabajo y potenciarlo gracias a la digitalización y automatización de todos los procesos. Esto no va de temer el futuro. Va de desafiarlo."        (Marc Vidal, 17/03/17)

16/3/17

Lo nuevo y lo viejo, lo cierto y lo falso sobre la robotización... los cambios tecnológicos han llevado a un cambio en la composición y la estructura del empleo, pero no han supuesto su reducción... y existen tres cuellos de botella en la robotización: la percepción y la manipulación; la inteligencia creativa; y la inteligencia social, tres fuentes de empleo

"Aunque el miedo a la robotización y a una tecnología que presagia el fin del trabajo no es nuevo, en los últimos meses, incluso me atrevería a decir que semanas, ese miedo se ha instalado en los salones de las casas a través de la televisión y los medios de comunicación. 

Muy especialmente, desde que la robotización se discutiera por segundo año consecutivo en el Foro de Davos el pasado mes de enero, unido con el anuncio apocalíptico de que no habrá trabajo para todos y la posibilidad de establecer una renta básica universal.

De esa manera puede pensarse que la falta de empleo no se genera por unas políticas económicas de corte deflacionista –ahora mal llamadas de austeridad- que no buscan el pleno empleo y generan un modelo de crecimiento pro-pobre distribuyendo las ganancias de la productividad de manera cada vez más desigual, sino por culpa de las máquinas. (...)

Ahora toca legitimar el sistema que está siendo cuestionado cada vez por un mayor número de personas y procesos electorales que no han salido como se esperaba, y el impacto de la robotización parece ser un buen chivo expiatorio.

A pesar de que los  informes especializados como el de Technology at Work v2.0. TheFutureisNotWhatitUsedto Be publicado en 2016 , nos habla de que el 76% de las personas encuestadas eran tecno-optimistas, frente a un 21% de tecno-pesimistas y un 3% que no se decantaba por ninguna de las dos opciones.

Es cierto que cuando se pone en marcha un proceso de cambio tecnológico, suele ir unido a la generación de muchos empleos redundantes, pero también a la aparición de otros nuevos. Como escribí hace unas semanas en este mismo periódico ( Los robots pueden cuidar de nosotros pero les traemos sin cuidado), a lo largo de la historia, los cambios tecnológicos han llevado a un cambio en la composición y la estructura del empleo, pero no han supuesto su reducción. 

El cambio tecnológico ha destruido empleo en ciertos sectores y tareas, y creado otros empleos, e incluso nuevas profesiones.

En muchas ocasiones las y los trabajadores que han visto desaparecer sus puestos de trabajo y hasta sus profesiones han tenido dificultad de reciclarse en otros sectores profesionales, derivando en una situación de paro, y una pérdida de bienestar para muchas personas e incluso para regiones enteras si estaban sectorialmente especializadas en los sectores afectados. Esto ha generado desajuste y claros perdedores y perdedoras del cambio tecnológico.

Pero, al mismo tiempo, se han generado otros empleos que, si bien no han sido necesariamente ocupados por los trabajadores que previamente habían perdido su empleo, han demostrado que el cambio tecnológico nunca ha traído el fin del trabajo. Y es muy posible que ahora tampoco, aunque los informes especializados nos lleven a pensar otra cosa.

Las estimaciones que se realizan desde grupos de investigación especializados en los cambios en empleo y robotización como el Citi GPS de la Martin School de la Universidad de Oxford, hablan citando informes del Banco Mundial, de un riesgo de trabajos reemplazados por máquinas en los próximos años de 77% para China, 72% para Tailandia, 69% para la India, un 57% en los países de la OCDE, un 47% para EE.UU, o un 35% para el Reino Unido. Aunque hay otros que reducen considerablemente estas cifras.

Se puede observar que esta pérdida de empleo afecta más a los países emergentes que a los países con renta per cápita alta como EE.UU o los de la OCDE en general, donde se concentran los mayores mercados del mundo. 

Esto tiene que ver en parte con el hecho de que si la mano de obra en ciertas fases del ciclo productivo es reemplazada por máquinas, se espera una relocalización empresarial allí donde están los mercados y no donde se concentre la mano de obra barata, como ocurre en la actualidad. Esto podría suponer un cierto alivio para las grandes potencias económicas pero no solucionaría el problema globalmente, con todos los desequilibrios y desplazamientos de población que eso podría suponer en países fuertemente poblados.

Las diferencias en el impacto geográfico de la pérdida de empleo vinculada a la robotización tienen también que ver con que hasta ahora las máquinas son mejores que las personas en tareas repetitivas o rutinarias, pero no en la creación de nuevas ideas o en la reacción a situaciones inesperadas o en el tratamiento a otros seres humanos como por ejemplo lo relativo a los trabajos de cuidados en sociedades fuertemente envejecidas. 

Así, esos mismos informes que presagian una pérdida de empleos escalofriante nos dan parte del antídoto. Existen tres cuellos de botella en la robotización: la percepción y la manipulación; la inteligencia creativa; y la inteligencia social. Por tanto, lo que habría que hacer es invertir en industrias que requieran de trabajos que desarrollen esos aspectos y también en un sistema educativo que los potencie.

Pero el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) va precisamente en la línea de desarrollar esos aspectos más “humanos” en las máquinas que harían también a los empleos resguardados por ese triple cuello de botella, más vulnerables. Pero ni siquiera esto tiene por qué ser un problema, siempre y cuando la tecnología se ponga al servicio del bienestar de las personas y no al servicio de la acumulación de beneficios y poder en unas pocas manos.

La tecnología no es un aspecto independiente de nuestra organización social, política y económica, o de nuestras culturas. Y servirá para los intereses de quienes tengan más poder o logren imponerse sobre los demás.

 Si la concentración de poder que vivimos en la actualidad no se rompe, será difícil que los avances tecnológicos tengan un poder democratizador del bienestar común como sueñan muchas personas expertas en nanotecnología. No en vano, las menores barreras de entrada de estas tecnologías podrán suponer una democratización de las mismas y romper costuras del sistema.

De hecho, este es uno de los ejes sobre los que debe girar el debate sobre la robotización, el de las condiciones culturales y los desequilibrios de poder sociales y económicos en los que estos avances tecnológicos se desarrollarán  (...)

Los robots pueden ayudarnos a liberar tiempo de trabajo, a repartir mejor ese trabajo y a ocupar nuestros tiempo en tareas que nos satisfagan más como personas y por tanto, generar sociedades más sanas y pacíficas. Eso podría hasta facilitarnos el repartir mejor también los trabajos de cuidados no remunerados en el ámbito de la familia y la comunidad, con lo que estaríamos al mismo tiempo avanzando en igualdad de género, aspecto tan necesario para garantizar la sostenibilidad y el bienestar de nuestras sociedades.

Si miramos cómo se han distribuido las ganancias en productividad en los dos últimos siglos, veremos que no han sido principalmente en torno a liberar más tiempo de trabajo, tampoco en el ámbito doméstico. Así,  las estimaciones de Angus Madisson entre 1820 y 1998, nos hablan de que las ganancias de la productividad se han repartido más en torno al aumento salarial que en relación a la reducción de la jornada laboral, aunque ésta también se haya reducido.

 Los incrementos vinculados a la capacidad de consumo han vencido en el largo plazo 7 a 1 a la capacidad de disponer de más tiempo. Aunque la reducción de jornada ha sido muy importante y ha ayudado en el pasado, entre otras cosas, a crear empleo.

Tampoco en lo relativo al tiempo dedicado al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado se han visto reducciones muy espectaculares en tanto que la introducción de nuevas tecnologías domésticas, como puede haber sido la lavadora, ha llevado a cambios culturales en torno a la higiene más que a una reducción muy significativa del tiempo empleado en el lavado. 

O la reducción del trabajo doméstico que las nuevas tecnologías han hecho posible ha supuesto la sustitución de este tiempo por trabajo de cuidados directo a niñas y niños, también vinculado al desarrollo de nuevos modelos culturales de maternidad y paternidad.

Mientras las estimaciones sobre la pérdida de empleos son numerosas, escasean las estimaciones sobre los efectos del reparto de trabajos y beneficios , o sobre qué empleos se crearán y en qué sectores. Si miramos al pasado, esto último ocurrirá sin duda. Lo que no sabemos es en qué condiciones. 

Los propios sectores vinculados con las nuevas tecnologías y su aplicación, los servicios personales y la economía del cuidado a las personas y nuestro medioambiente, estarán sin duda entre ellos, pero la clave está en saber en qué condiciones de poder o laborales se desarrollarán esos empleos.

De hecho, los análisis que dicen que esta vez puede ser diferente y que el cambio tecnológico suponga ahora sí el fin del trabajo se basan, desde mi punto de vista, en un pilar que no tiene por qué darse. Se dice que esta vez el ritmo del cambio tecnológico es más acelerado, lo cual es cierto, y también su intensidad, que también es cierto, y, sobre todo, en que en esta ocasión, en comparación con lo ocurrido en el pasado, sus beneficios no estarán igualmente repartidos. Esto último no tiene por qué ser así.

Si las relaciones de trabajo que se establecen en estos nuevos sectores –y las que se mantienen en los que sobrevivan-, siguen las pautas actuales de distribución donde los salarios se llevan cada vez una parte menor de la tarta generando las fuertes desigualdades económicas que no paran de crecer en los últimos años, y también las pautas actuales de precarización, con relaciones laborales flexibles, mayor parcialidad, temporalidad, o contratos de cero horas que requieren de total disponibilidad y de ninguna seguridad, es muy posible que los avances tecnológicos no se pongan al servicio de las personas para avanzar en bienestar y en vidas dignas.

Pero eso no depende de la tecnología sino de las estructuras de poder que dominen nuestras sociedades, por tanto, de un cambio de sistema económico y del desarrollo de democracias reales y no de baja intensidad, disciplinantes o inexistentes como ocurre ahora en la mayor parte del mundo."            (Lina Galvez, Economía crítica y crítica de la economía, 13/03/17)

12/12/16

El 12% de ocupaciones son automatizables en España, afectando con más intensidad a los menos formados... así que habrá que garantizar y repartir el trabajo. Trabajaremos 15 horas a la semana

"(...) La 4ª Revolución Industrial: los efectos esperados de la robotización

En febrero de 2016 la multinacional taiwanesa Foxconn —el mayor fabricante de móviles del mundo, ensamblando para Apple, Samsung, Acer, etc.— anunció que sustituirá al 55% de su plantilla (60.000 empleados) por robots.

 Según el Bank of America Merrill Lynch (2015) el valor global del mercado de la robótica ascenderá de los 32.000M€ actuales a unos 142.000M€ en 2020. Coches sin conductor, máquinas que ganan campeonatos mundiales de ajedrez y Go, big data, Internet de las cosas, Inteligencia artificial, Impresión 3D, nanotecnología, biotecnología, digitalización… 

Al parecer la innovación característica de esta nueva revolución técnica es la Inteligencia artificial, la digitalización, la machine learning y los sensores avanzados (Velázquez y Nof, 2009). Según el Foro Económico Mundial (2016), en su informe The Future of Jobs: «La 4ª Revolución Industrial ya está aquí y, como no espabilemos, su impacto social va a ser mayor que el de todas las anteriores». Y le ponen cifras: a nivel global se destruirán 5,1 millones de puestos de trabajo netos entre 2015 y 2020.

Las visiones futuristas de una sociedad sin trabajo a causa de la robotización del empleo se han vuelto a instalar en el imaginario de muchos —el 52,1% de españoles cree que serán sustituidos por robots— y su repercusión mediática es cada vez mayor. Sin embargo, como todo análisis de prospectiva —es decir, de futurología—, corre muchos riesgos: el futuro es por definición incognoscible y cualquier instrumento de predicción es también por definición simplificador de una realidad compleja e inconmensurable. 

No por ello es inútil realizar estas predicciones, y de la rigurosidad y honestidad con la que se lleven a cabo estos análisis dependerá la robustez de los resultados en su objetivo fundamental: captar las tendencias futuras. Existen tres grandes corrientes para explicar los efectos de la automatización en el empleo, los tecno-optimistas, los del fin del trabajo y los indecisos. Veamos cómo está el estado del arte:

Los tecno-optimistas comienzan afirmando que el resultado neto entre destrucción de empleo y creación de nuevos empleos de las tres revoluciones industriales pasadas es que al tiempo que creció la productividad creció el empleo (Autor, 2015) 

 ¿Por qué? Si el progreso técnico se traduce en ganancias de productividad, esta es fuente de crecimiento económico dado que libera poder de compra que permite que suba la demanda, y como se sabe, el aumento de la demanda produce oportunidades de empleo. 

Aunque siempre en los procesos de innovación tecnológica hay «destrucción creativa», se ha demostrado que si unos sectores destruyen empleo y aumentan productividad, otros sectores reciben demanda y aumentan el empleo (Katz y Margo, 2013), aunque, no hay que olvidar que siempre hay un «desplazamiento», donde los empleos creados son muy diferentes a los que desaparecen, y son por lo general más cualificados.

Además, sin estar dentro de los tecno-optimistas, algunos economistas heterodoxos critican también a las otras corrientes que creen que esta vez tendremos una pérdida de empleos neto, desde el marxismo Husson (2016), nos habla del «gran bluff de la robotización», criticando los discursos proféticos de algunos autores, que no hacen más que revivir el viejo canto ludita. 

Desde los postkeynesianos, Mitchell (2016) crítica también la perspectiva pesimista y consideran que, incluso si esta vez es distinto, el desempleo tecnológico no es una fatalidad en la medida que depende de las políticas públicas, dado que un Estado con un manejo científico de la política monetaria y unas políticas de empleo garantizado podrá conseguir el pleno empleo allí donde se lo proponga —aunque sus ejemplos siempre se refieren a países con niveles de paro mucho menores que el nuestro— . 

Por último, desde una parte de la economía ecológica, Van den Bergh et al. (2013) remarcan el inseparable vínculo entre el consumo energético y el crecimiento económico, habitualmente olvidado por la economía ortodoxa. 

 Así, el proceso de robotización conllevará un incremento en la demanda energética —es decir, la demanda de combustibles fósiles— y habida cuenta del previsible aumento del coste de la energía, por el agotamiento de la energía barata, podría ocurrir que el trabajo robotizado no fuese rentable.

Desde las filas del fin del trabajo nos aseguran que esta vez es distinto, según la consultora Boston Consulting Group (2015) en The robotics revolution aseguran que «la revolución robótica está lista para llegar». Por primera vez, el retorno de la inversión en robotización será atractivo a gran escala. Se pasará de un 3% de crecimiento anual de la robotización a un 10% durante la próxima década. 

En algunas industrias llegarán hasta un 40% de robotización.  Se ganará en productividad de manera impresionante y el concepto de competitividad cambiará. ¿Por qué existiendo ya la tecnología no se ha difundido ampliamente? Por pura razón económica: todavía los costes son más altos que los beneficios. 

Algo que va a cambiar ya: se estima que en EEUU, si ya en la industria automotriz, la automatización es una realidad, donde el salario/hora humano es 24$/h —salario y coste de operación ajustado por precio y rendimiento—, mientras que el de los robots es de 8$/h. En los equipamientos eléctricos para 2018 el ratio $/h será favorable para los robots y en mercado mobiliario se espera para 2023.

También nos encontramos dos de las obras más mediáticas que encabezan esta perspectiva: El fin del trabajo de Jeremy Rifkin (1995) y El auge de los robots de Martin Ford (2016), ambos trabajos dan cifras escalofriantes: están en riesgo 90 de 124 millones de empleos a escala global, el desempleo tecnológico en los países industrializados podría llegar hasta el 75%. 

 Formarse ya no proporcionará una ventaja competitiva en el mercado laboral dado que la inteligencia artificial reemplazará empleos cualificados, como el robot médico Watson de IBM o el robot financiero Indexa capital. Por el lado más académico, un paper con una repercusión académica y también mediática muy elevada fue The future of employment de Frey y Osborne (2013) que predijeron para EEUU que existe un 47% de empleos en alto riesgo de automatización en las próximas dos décadas. 

Los empleos más afectados son en transporte y logística, los trabajos administrativos y el sector servicios. Siguiendo la misma metodología que Frey y Osborne, Bowles (2014) en Bruegel estima que a nivel de la UE el riesgo de automatización es aún mayor: el 54% de los empleos, siendo el Reino de España uno de los que más riesgo tiene: el 55,3%. Por su parte, la consultora McKinsey & Company (2013) estima que a nivel global se podría automatizarse hasta el 45% de las tareas.

Los indecisos no asumen ni que esta vez será exactamente como las anteriores revoluciones industriales, dado que esa evidencia histórica es solo una «simple constatación, no una ley de la economía que vaya a aplicarse en cualquier circunstancia», ni que estemos ante el fin del trabajo, criticando a estos autores por cuestiones metodológicas, por ejemplo, se le cuestiona a Frey y Osborne que en lugar de usar las tareas automatizables usaron las ocupaciones, sin tener en cuenta que una ocupación tiene varias tareas, unas más automatizables que otras, dando lugar a que las ocupaciones de los trabajadores más cualificados, pese que algunas tareas sean automatizables, sean muy difíciles de automatizar en su conjunto. 

Opinan  que, habiendo incertidumbre, hay tendencias observadas que muestran que esta vez se podría producir un gap neto —por lo menos a corto y medio plazo— entre el empleo nuevo creado y el empleo destruido, destruyendo más empleo rutinario y creando menos empleo no-rutinario ¿El resultado? el incremento de la desigualdad. Algo observado empíricamente por Eden y Gaggl (2016) en On the welfare implications of automation: (...)

En su estudio se puede observar una tendencia de las 4 últimas décadas en EEUU de disminución de la participación relativa de los ingresos procedentes del trabajo rutinario en el total del PIB a la vez que hay un incremento de la participación de los ingresos del trabajo no-rutinario en el PIB. No obstante, este proceso no ha sido equilibrado, produciéndose un efecto neto de -7% de la aportación del trabajo al PIB, lo que a su vez resulta en un incremento de la desigualdad. Las tendencias futuras parecen que van a reforzar este proceso.   

Otros estudios, como el de Brynjolfsson y McAfee (2012; 2014; 2015), nos hablan de una «segunda edad de la máquina», y creen que habrá un impacto sustantivo en las economías. Basándose en la teoría del «skill-biased technical change» (STBC) afirman que habrá ganadores y perdedores porque la innovación técnica ha producido que la demanda de trabajo sobre los trabajadores poco cualificados haya disminuido mientras que aumentó la demanda de trabajadores con alta cualificación. 

Por su parte, el dictamen del Comité Económico y Social Europeo (2016) concluye que si bien la digitalización producirá ganancias de productividad, no se conoce con precisión la repercusión sobre los niveles de empleo, aunque está claro que la tendencia futura será negativa para el mercado laboral y la organización del trabajo. 

En el contexto español, la consultora Adecco (2016) a través de una encuesta a expertos en RRHH afirma que en el futuro el impacto con mayor influencia en el Reino de España serán los «avances tecnológicos» con 4,8 sobre 5 de promedio, y de esos avances tecnológicos, la «robotización del trabajo» tendrá un impacto sustantivo (3,85 sobre 5 de promedio).

Para terminar, otro informe reciente y que intenta suplir algunas deficiencias de los anteriores: The Risk of Automation for Jobs in OECD Countries de Arntz, Gregory y Zierahn (2016), utiliza una metodología donde tiene en cuenta la heterogeneidad de las tareas dentro de los trabajos y llega a las siguiente conclusión: de forma moderada si habrá destrucción de empleo neto —no en la escala esperada por los más alarmistas—, aunque de forma desigual según cualificación. 

Estos dos últimos resultados se cifran: del conjunto de la OCDE, el promedio es que el 9% de los empleos están en alto riesgo de automatización. Para el caso español es más alarmante: estamos junto con Austria y Alemania a la cabeza con un 12%. (...)

En definitiva, incluso tomando el dato más prudente, si el 12% de ocupaciones son automatizables en el Reino de España, afectando con más intensidad a los menos formados —agravando la ya grave problemática del atraso crónico educativo y de las elevadas tasas de abandono escolar—, se produciría una profundización del patrón de dualidad, polarización y desempleo crónico  y estructural del mercado de trabajo español.

Entonces, una reducción generalizada de la jornada laboral para su reparto se presenta como una condición necesaria a la par que deseable, si se quiere disminuir el paro en el Reino de España. Hasta hace poco no parecía que se fuera a cumplir aquella famosa predicción de Lord Keynes (1930) de que en 2030, a causa del desarrollo tecnológico, trabajaríamos 15 horas a la semana ¿O sí?  

Con los datos de la contabilidad nacional si dividimos el total de horas trabajadas en el Reino de España el 2015 por la población entre 16 y 64 años, el promedio es de 19,96 horas semanales cuando fueron 22,51 el 2008. A este ritmo llegamos a las 15 el 2030… ¿El problema? Estas horas están desigualmente repartidas, mientras unos trabajan remuneradamente 0 horas, otros pueden llegar hasta las 12 horas diarias. (...)"                (Lluís Torrens , Eduardo González de Molina Soler  , Sin Permiso, 06/11/2016)

9/11/16

El cambio radical en la sustitución tecnológica del trabajo profesional (médicos, abogados, diseñadores, sacerdotes...) ya está en marcha. Más de 60 millones de desacuerdos entre los comerciantes de eBay se resuelven mediante ‘resolución de conflictos en la red’ en lugar de entre abogados y jueces

"Nos llegan noticias del futuro que cuentan que la Inteligencia artificial y los robots están listos para reemplazar en gran medida la fuerza laboral de hoy en día. La mayoría de profesionales creativos, o que precisan un punto de vista intuitivo e interpretativo como médicos, abogados, diseñadores y otros, creen que van a resultar indemnes a esa sustitución masiva. 

Se suele repetir que los trabajos amenazados son los repetitivos, los rutinarios. Tareas que puedan ser asumidas por máquinas y que permitirá siempre que la creatividad siga en manos de los seres humanos.

La Harvard Business Review está trabajando en publicar todos los estudios y análisis que ponen en guardia esas afirmaciones de nuevo. Consideran que en apenas un par de décadas, justo en el punto exacto en que nuestros niños entren en la subasta laboral, todas esas profesiones habrán sido desmanteladas tal y como las conocemos ahora y, peor aún, como se las estamos presentando a los profesionales del futuro. 

Existen ocho campos profesionales vinculados a la salud, el derecho, la educación, la auditoría, los impuestos, la consultoría, el periodismo, la arquitectura y, como novedad, la religión. El diagnóstico de la Harvard Business Review es parecido al que muchas veces comentamos aquí. La evidencia de que el cambio radical en la sustitución tecnológica del trabajo profesional ya está en marcha y avanzando de un modo exponencial.

Más de 60 millones de desacuerdos entre los comerciantes de eBay se resuelven mediante ‘resolución de conflictos en la red’ en lugar de entre abogados y jueces. Tres veces el número de demandas presentadas cada año en todo el sistema judicial americano.

 Las autoridades fiscales de Estados Unidos en 2014 recibieron las declaraciones de impuestos electrónicos de casi 50 millones de personas que habían confiado en el software de preparación de impuestos online en lugar de profesionales de impuestos humanos.

 En WikiHouse, una comunidad digital diseñó una casa que podría ser ‘impresa’ y montada por menos de 50.000 euros. En 2011 el Vaticano concedió la primera impronta digital a una aplicación llamada ‘confesión’ que ayuda a la gente a prepararse para confesar sus pecados y recibir las instrucciones para redimirlos. La Iglesia considera que Dios está online.

La Harvad Business Review considera que estos indicadores, entre casi un millar más que en su espacio web publican regularmente, son la muestra de que el desafío más determinante al que se ha enfrentado la humanidad en cuanto a su modo de vida, ya ha empezado y nada lo va a detener. Cuentan que los médicos están utilizando listas de comprobación, los abogados se basan en los precedentes, y los asesores trabajan con metodologías.

 Todos bajo un prisma de automatización y sustitución como nunca antes habíamos pensado y cuya adopción se ha acelerado en los últimos cinco años de manera exponencial. Cosas impensables hace 6 meses están en marcha de manera natural en muchos despachos.

La afirmación de que algunas profesiones ‘son inmunes a los desplazamientos por la tecnología’ generalmente se basa en dos supuestos. El primero se refiere a que los ordenadores deberían ser incapaces de ejercer un juicio, ser creativos o sentir empatía. Cualidades indispensables en la prestación de un servicio que, digamos, se sitúa en territorio puramente humano. Sin embargo esa afirmación ya no se aguanta. 

Ahora sabemos que cuando el trabajo profesional se desglosa en varios componentes, muchas de las tareas que implica llegar a una resolución no dejan de ser rutinarias y basadas en procesos. La Inteligencia Artificial y la gestión masiva de datos no estructurados logran simular la creatividad al dividir procesos en partículas. Logran algo parecido al ‘juicio’ en base a un método interpretativo que no tiene nada que ver al modo en el que los humanos razonamos.

Existe otro problema que es de tipo conceptual. La insistencia en que los resultados de asesores profesionales sólo pueden ser alcanzados por los seres humanos que son creativos y empáticos, por lo general se basa en la idea de que la única manera de conseguir máquinas para superar a los mejores profesionales humanos sería copiando la forma en que trabajan estos profesionales. 

El error aquí es no reconocer que los profesionales humanos ya están siendo superados por una combinación de fuerza bruta de procesamiento con inmensas cantidades de datos y resoluciones derivadas de algoritmos notables. 

Estos sistemas no replican el razonamiento humano ni nuestro pensamiento. Estos sistemas ya vencen a los mejores seres humanos en juegos difíciles, predicen la probabilidad de fallos en los tribunales con mayor precisión que los abogados, o resuelven de modo más exacto las probables epidemias permitiendo a los sistemas sanitarios actuar independientemente de órdenes humanas. La idea de que los sistemas piensan como humanos es un error conceptual. 

La conclusión que nos sugieren es que nos preparemos y dejemos de lanzar balones fuera. No es ‘inteligente’ afirmar que todo eso no va con nosotros o que sucederá en un futuro lejano. Ya está pasando y llegará toda su intensidad en apenas una década. No atender esa llamada del futuro será un trágico error. 

Abrazar la automatización no será cómodo si se hace de improviso y precipitadamente. Existen pruebas de que no necesariamente se debe destruir empleo. Sabemos, analizando como se están industrializando algunos países que han ingresado en la Cuarta Revolución con mayor intensidad que otros, que el empleo no desaparece, se transforma.

Si se diseña un modo para compaginarlo todo, para atender a un mundo con una ocupación distinta, menor en algunos campos, superior en otros, con una economía circular y con una reinvención del concepto empleo que distinga entre ocupación y productividad, lograremos vivir en un mundo robótico, automático y tecnológico que nos permitirá ser más humanos, sociales y solidarios con nuestro entorno."                      (Marc Vidal, 27/10/16)

14/10/16

La destrucción de empleo en el sector manufacturas por efecto de la robotización en España ronda el 38%... superior al sueco y al alemán


"Hace unos días, tras la conferencia que ofrecí en el World Trade Center de Barcelona durante el I Forum Cárnico dedicado a la innovación y la transformación digital, el presidente de una de las principales empresas del sector me aseguró que el riesgo de que la robotización destruya empleo en España es todavía escasa y que eso, si sucede, pasará dentro de varias décadas. 

Le respondí con datos que me sirven para empezar este post. Desde 1996 la destrucción de empleo en el sector manufacturas por efecto de la robotización en España ronda el 38%, superior al sueco, coreano o alemán por ejemplo.  (...)

Pasan los días y los meses y el tren del futuro sigue alejándose. La sociedad del conocimiento se resiste a perderlo gracias a la iniciativa de miles de emprendedores y empresas tecnológicas que luchan contra los elementos, las reglas y leyes que no son favorables y que, por comparación con otros países, son puro fuego amigo.

El esfuerzo inversor en investigación sigue cayendo. Del 1,35% del PIB ha bajado al 1,23% y no parece que esa tendencia catastrófica vaya a cambiar en breve. El asunto se pone feo pues la brecha con nuestros competidores naturales sigue creciendo.  (...)

La verdad es que poco importa si hay o no terceras elecciones, que no las habrá. Tampoco si el gobierno es más o menos estable. En teoría la obligación de sus señorías es llegar a acuerdos que permitan legislar para marcar la hoja de ruta para solucionar problemas que este país no puede mantener por más tiempo en el cajón de los temas a solucionar más adelante.

 No hay más adelante, el futuro ya llegó y parece que los señores del pasado no lo ven porque permanecen en su espacio natural.

¿Saben que se destruye empleo como he dicho antes en base a la robotización? ¿Que independientemente de cómo y qué hagan eso va a ir en aumento? ¿Piensan diseñar un plan para que el parto no sea tan doloroso?

 ¿Saben estos señores que las cinco mayores empresas del Estados Unidos son tecnológicas y que apenas existían hace dos décadas? ¿Tienen idea de lo importante que es vincular el crecimiento de un país a este tipo de empresas? 

¿Saben nuestras señorías que la pujanza del modelo productivo digital es de tal calibre que sino nos situamos a su estela vamos a quedarnos como un país totalmente irrelevante en el concierto internacional? ¿Tienen idea del coste que tiene para el futuro de todos nosotros su desidia o desconocimiento? ¿Se hacen a la idea de que la economía digital no es un eslogan sino un objetivo irrenunciable?

 ¿Han hecho el cálculo de la posición económica mundial que nuestro país ocupará en una década sino se arremeten medidas de calado político y estratégico que impulsen el cambio de modelo de crecimiento? 

 ¿Han imaginado como es un país desequilibrado con dos polos alejados entre las ciudades tecnológicas y el resto del territorio? ¿Saben que supone en materia de garantizar servicios y derechos a los ciudadanos de la década siguiente el pertenecer a un limbo no competitivo más próximo a Marruecos que a Dinamarca?

Si preguntáramos a esos representantes si saben, en palabras de Enrique Dans, que es ‘la economía de la verdad’ que sustituye a ‘la Nueva Economía’ pocos o ninguno sabría realmente responder. Si les preguntáramos que es 'Facebook, Google o Amazon seguramente su respuesta sería una aplicación frívola, un buscador y una tienda de libros cuando la realidad es que son el espacio donde sucede la economía real. Nada que no sea digital será economía y de eso va todo este debate'. Sino lo ven, sino lo aceleran, nos vamos a dar una hostia que la del 2008 va a ser una especie de broma escolar.

Y es que en agosto ya tuvimos un aviso. El peor verano para la seguridad social desde 2008 se nos plantó delante de las narices y pocos quisieron verlo. Casi 150.000 cotizantes desaparecían sin dejar rastro mientras los discursos continuaban con el ‘seguimos creando empleo’. La creación de empleo se va a ir ralentizando porque no hay empleo que crear. 

Los sectores que mejor representan el cambio de modelo irremediable y al que no podemos renunciar no generan empleo. El sector biotecnológico ya es más importante que el todopoderoso turístico pero no empleo a casi nadie en comparación.

ia por mejorar el modelo productivo sumamos los previsibles problemas de ocupación estacional, el porcentaje insultante de paro juvenil que pagaremos con creces a medio plazo, un sistema de pensiones insostenible y una nula estrategia política por modular un escenario socioeconómico vinculado a la robotización y la economía digital, el asunto es chusco de narices y poco tiene que ver con la idea de que vamos bien.  (...)

Sigue la vivienda disparada y no es más que un disparo al pie. La locura ha empezado y de locos el futuro va a estar vacio. En el segundo trimestre del año las ventas se incrementaron un 23,7%, el precio se encareció en 7,5%, las hipotecas se han vuelto a poner de moda en los almuerzos de esa falaz clase media y los vientos parecen empezar a traer ese olorcillo tibio a sequía que permaneció durante años. 

No aprendemos, es hasta comprensible, pero que un gobierno no establezca urgentemente las medidas que eviten la que se avecina, no se puede entender. Lloverá sobre un charco. La demanda se ha activado y vuelve a no tener ningún límite. Allá vamos, cuesta abajo y sin frenos.

Sin frenos porque mientras re-fabricamos nuestra sociedad soportada en viga de hormigón pretensado y ladrillo cerámico, el empleo se irá reduciendo, no creando. El recorte de personal es irremediable en miles de empresas. No porque vayan a tener menores ingresos, sino porque las funciones que millones de personas realizan ahora mismo en breve serán sustituidas por robots o software.

 ¿Has analizado cuantos puestos de atención al público en los que hasta hace unos pocos años una persona te atendía, ahora esa relación la formalizas con una máquina? No es necesario leer informes, con revisar tu entorno verás que el recorte masivo es exponencial. Sino lo ves, entonces mira lo que pasa en otros lugares.

¿Cuánto te queda en tu puesto de trabajo? ¿Lo has pensado? Me gusta ser optimista y hablar de un mundo mejor a medida que la tecnología nos ofrezca un mundo más humano, pero me preocupa que eso va a pasar en algunos lugares que han empezado a preguntarse como abordar el mayor desafío al que se ha enfrentado la humanidad, mientras que en otros nadie está analizando como hacerlo.

 En España la transición a una economía que automatizará todo lo automatizable no tiene timonel y cuando el mar que hay que surcar es bravo y lleno de peligros sin alguien que tome el timón la deriva es muy mala consejera, se suele naufragar. "                 (Marc Vidal, 10/10/16)