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2/7/12

Hay que reducir los beneficios para disminuir la inflación y/o aumentar la competitividad de la economía española, no los salarios

"Existen conceptos que se reproducen con gran facilidad, y yo añadiría con frivolidad, en la prensa, no sólo económica, sino también en la prensa generalista, que son erróneos y que sistemáticamente favorecen a unos (por regla general al mundo del capital) a costa de otros (por regla general al mundo del trabajo). Uno de ellos es el concepto de costes laborales unitarios. 

Se dice constantemente que los costes laborales por persona empleada han crecido más que la inflación, creando el gran problema de falta de competitividad. En este argumento se supone erróneamente que los costes laborales por trabajador son resultado de dividir el coste del trabajo (los salarios) por la productividad.

 Basándose en esta interpretación errónea de lo que son los costes laborales por trabajador, se concluye que si los salarios suben más que la productividad tendremos un problema: aumentará la inflación. Y de ahí se asume que la elevada inflación en España se debe a que los salarios han crecido más rápidamente que la productividad y, por lo tanto, que hay que reducir los salarios, a fin de reducir la inflación.

Pero, como bien ha señalado David Lizoain, la definición de Coste Laboral Unitario (Unit Labour Cost, ULC) no es la que se asume. ULC es el porcentaje que los salarios representan sobre todo el producto, es decir, sobre la unidad de producción, sea éste un coche, sea éste un servicio privado de limpieza.

 En otras palabras, expresado matemáticamente, ULC = (precio del producto) x (porcentaje que los salarios representan sobre el producto final). Por lo tanto, el crecimiento del ULC puede deberse, bien al crecimiento del precio del producto (por ejemplo, como resultado del crecimiento de la inflación) o bien al aumento del porcentaje que los salarios representan sobre todo el producto (como resultado, por ejemplo, del mayor crecimiento de los salarios que del crecimiento de otros costes de producción, tales como los beneficios).

 Pues bien, mirando los datos, resulta que en la mayoría de los años, este último factor, el porcentaje que los salarios representan sobre el coste del producto, ha ido descendiendo, en lugar de ir aumentando, mientras que el porcentaje que los beneficios representan sobre todo el producto ha ido creciendo.

 Parecería lógico, por lo tanto, que se indicara que este porcentaje hay que reducirlo, pues su crecimiento (y no el crecimiento de los salarios) contribuiría a la inflación. Pues bien, usted, lector, nunca habrá leído en la literatura económica española (controlada en su gran mayoría por el pensamiento ortodoxo neoliberal), que hay que reducir los beneficios para disminuir la inflación y/o aumentar la competitividad.

 Y a esto se le llama el sesgo ideológico de la cultura mediática y económica del país que siempre promueve soluciones que benefician al mundo empresarial a costa del mundo del trabajo."          (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 29 de junio de 2012, en www.vnavarro.org, 29/06/2012)

13/4/12

Los países exitosos de Asia, en especial Japón, Corea del Sur y Taiwán, ¿a qué debían sus logros?

"Una pregunta flotaba en el aire: los países exitosos de Asia, en especial Japón, Corea del Sur y Taiwán, ¿a qué debían sus logros?

 Estos eran los países que habían experimentado un proceso de industrialización tardía y eran objeto de admiración por sus altas tasas de crecimiento sostenido y su desempeño espectacular en el comercio internacional. Así que era lógico preguntar cuál había sido su estrategia.

La respuesta desde la perspectiva neoliberal era que habían mantenido una política macroeconómica sana y habían favorecido la inversión privada. De este modo, conservando los agregados macroeconómicos en equilibrio, las fuerzas del mercado libre habían canalizado los recursos de manera adecuada y eso explicaba el triunfo económico de esos países.

 El éxito en materia de exportaciones fue también presentado como resultado de una política de apertura comercial y de liberalización frente a la inversión extranjera. Así que el auge económico en esos tres países era publicitado como consecuencia de dejar a las ventajas comparativas manifestarse libremente en el contexto de precios ‘correctos’ (no distorsionados) y en medio de un entorno de política amistosa con los mecanismos de mercado.

Los logros del modelo asiático eran exhibidos como consecuencia lógica de la aplicación del paquete de políticas neoliberales. Desde los años sesenta se elaboraba ya una gran falsificación histórica sobre este tema, primero con Japón y después seguirían Corea y Taiwán.

Las investigaciones de Alice Amsden llevan a otra conclusión. Para empezar, el buen desempeño exportador se explica porque esos tres países se concentraron en construir ‘ventajas competitivas dinámicas’.

Este es un concepto radicalmente distinto del de las ventajas comparativas y coloca el acento en el aprendizaje y la adquisición de capacidades tecnológicas. Así, mientras las ventajas comparativas dependen de cosas como la dotación de recursos naturales o la abundancia de mano de obra, las ventajas dinámicas obedecen a una política deliberada en materia de tecnología y de inversiones.

 Corea del Sur, lo hizo notar Amsden, muy pronto se dio cuenta de que si continuaba concentrándose en actividades como la agricultura o la industria ligera (confección de ropa) nunca saldría de la trampa de la baja productividad. Había que aplicar una estrategia deliberada para escapar de ese agujero.

En 1989 Amsden mostró cómo la estrategia coreana pasó por una primera fase de reconstrucción después de la guerra (fase que incluyó una reforma agraria). Siguió una segunda etapa de fomento de exportaciones y fuerte proteccionismo frente a las importaciones: los exportadores fueron ayudados por un régimen de múltiples tipos de cambio y créditos subsidiados.

 Pero los apoyos no iban sin condiciones en materia de creación de empleo, penetración en el mercado internacional y generación de capacidad tecnológica. Un tercer escalón estuvo integrado por el apoyo decidido a industrias pesadas (acero, petroquímica, metales no ferrosos, barcos) e industrias de alto contenido tecnológico (electrónica y máquinas herramienta).

A lo largo de este proceso, la intervención del gobierno de Corea mantuvo lo que los neoliberales denominan ‘precios distorsionados’. Uno de los dictados de la teoría económica del neoliberalismo es que hay que evitar ‘distorsionar’ los precios del mercado para que éste proceda a asignar los recursos de manera eficiente.

 Muchos estudios presentaron desde los años sesenta el ejemplo de Japón y Corea como muestra de que el camino a seguir pasaba por la apertura comercial y la reducción de la intervención gubernamental. El análisis de Amsden destruye esa interpretación y muestra que con frecuencia es necesario mantener precios ‘equivocados’ para alcanzar el camino ‘correcto’."             (Attac España, 27/03/2012)

4/6/09

El "decrecimiento" económico

"En el origen de la grave crisis actual hay una nueva manifestación de la desmesura, de la búsqueda infinita de omnipotencia. Las empresas y entidades financieras han estado persiguiendo obtener unos beneficios en crecimiento perpetuo. En esta búsqueda incesante del "cada vez más", los mercados existentes no bastaban, y hubo que crear mercados incluso donde no existían. (...)

Eso es lo que pretende el movimiento del "decrecimiento", que propone una crítica constructiva, argumentada, pluridisciplinar, de rechazo de los límites que constriñen nuestras sociedades contemporáneas, para así poder liberarnos de ese "cada vez más". La filosofía del decrecimiento trata de explicar que en muchas ocasiones "menos es más". (...)

¿Qué es exactamente lo que está ocurriendo en nuestros días? No estamos padeciendo una crisis sino un conjunto de ellas... Todas ellas no son crisis aisladas, sino más bien el resultado de un problema estructural, sistémico: cuyo origen está en la desmesura, en la búsqueda obsesiva del "cada vez más".

¿Qué se puede decir sobre la crisis económica desde el punto de vista de quienes somos "objetores al crecimiento"? Que nadie se equivoque, porque decrecimiento no es sinónimo de recesión. Tal como escribí hace más de dos años: "No hay que elegir entre crecimiento o decrecimiento, sino más bien entre decrecimiento y recesión. Si las condiciones ambientales, sociales y humanas impiden que siga el crecimiento, debemos anticiparnos y cambiar de dirección. Si no lo hacemos, lo que nos espera es la recesión y el caos".

Ahora hemos entrado en recesión, pero que nadie se confunda, no en una sociedad de "decrecimiento". (...)

El decrecimiento no es un crecimiento negativo, ni propugna tampoco una recesión ni una depresión; sería ridículo tomar nuestro sistema actual y ponerlo del revés y de esa manera intentar superarlo. El decrecimiento supone que debemos desacostumbrarnos a nuestra adicción al crecimiento, descolonizar nuestro imaginario de la ideología productivista, que está desconectada del progreso humano y social. El proyecto del decrecimiento pasa por un cambio de paradigma, de criterios, por una profunda modificación de las instituciones y un mejor reparto de la riqueza. (...)

En un mundo de recursos limitados, las cosas no pueden crecer de manera indefinida. Por eso, "la objeción al crecimiento" habla de la necesidad de compartir, el regreso de la sobriedad, en particular para aquellos que sobreconsumen. (...)

El crecimiento es adornado por sus defensores con todas las virtudes, por ejemplo en materia de empleo. Sin embargo, como dijo Juan Somavia, director general de la OIT, en su informe de enero de 2007: "Diez años de fuerte crecimiento no han tenido más que un leve impacto -y sólo en un pequeño puñado de países- en la reducción del número de trabajadores que viven en la miseria junto con sus familias. Así como tampoco ha hecho nada por reducir el paro". En efecto, los beneficios empresariales han sido tan enormes que ni siquiera un crecimiento fuerte ha podido crear empleo, de ahí la persistencia del paro. La recesión agrava brutalmente este problema.
(...)

Volvamos a Keynes, aunque no el que relanza las economías desfallecientes gracias a la intervención del Estado, sino al que escribía en sus Perspectivas económicas para nuestros nietos (1930) que sus nietos (es decir, nuestra generación) deberían liberarse de la coacción económica, trabajar 15 horas semanales y tender a una mayor solidaridad que permitiese compartir el nivel de producción ya alcanzado. No hacerlo así, según él, nos llevaría a caer en una "depresión nerviosa universal". (...)

La filosofía del decrecimiento hoy dice que debemos trabajar menos para vivir mejor. No tener la mira puesta en el poder adquisitivo (que a menudo es engañoso y reduce al hombre a la única dimensión de consumidor), sino buscar el poder de vivir. Se trata de cambiar la actual organización de la producción y repartir mejor el trabajo: utilizar los beneficios obtenidos para que todos trabajen moderadamente y todas las personas tengan un empleo. Esta reorganización debe ir acompañada de una revisión de las escalas salariales. No es aceptable que algunos empresarios ganen varios centenares o miles de veces más el salario de sus propios trabajadores.

Reducir la cantidad de trabajo permitiría asimismo que pudiésemos llevar una vida más equilibrada, que nos realizáramos a través de cosas que no sean la sola actividad profesional: vida familiar, participación en la dinámica del barrio, vida asociativa, y también actividad política, práctica de las artes... (...)

Una producción de calidad pide habilidad y tiempo, y ofrecería empleos numerosos y más gratificantes. Supone no recurrir sistemáticamente a la potencia industrial (exige sobriedad energética) lo cual mejoraría la necesidad de fuerza de trabajo (como se observa al comparar la agricultura intensiva, muy mecanizada, gran consumidora de petróleo pero parca en mano de obra, con la agricultura biológica). De esta manera, quizá también se pudiese equilibrar mejor trabajo intelectual y trabajo manual, y combatir al mismo tiempo la epidemia de obesidad que padecen nuestras sociedades demasiado sedentarias." (NICOLAS RIDOUX: Por una vida más frugal. El País, ed. Galicia, Opinión, 21/03/2009, p. 33 )