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24/2/23

El miedo es la madre de todas las batallas del odio... y su secuencia, en la que la primera escuela es la misoginia, que luego evoluciona hacia el racismo y la xenofobia

 "La gente sencilla, de a pie, la buena gente…, difusa, pero identificable en sus hechos, de la que hablas en tu novela, parece estar por encima del bien y del mal, moralmente blindada ¿Por qué?

En todo esto hay una responsabilidad personal, de la que nadie quiere ni oír hablar. En todas las sociedades existe una gran pluralidad, muchos puntos de vista. Incluso en las más autoritarias, en su interior, son plurales, aunque esta pluralidad esté acallada o reprimida. Son plurales porque los seres humanos lo somos. Pero en las sociedades también existe lo que podríamos llamar una mentalidad colectiva, una línea de pensamiento mayoritaria y que, más o menos, acaba imponiéndose; que tiende a identificarse con la gente corriente, la gente común. Es la que piensa como todo el mundo, la que no sobresale particularmente por sus actos, ni valiente ni cobarde, que se limita a sobrevivir lo más cómodamente que puede y que comulga con esa mentalidad colectiva. 

Asume como propios y reproduce los discursos preponderantes en la sociedad. Cuando vives en un mundo pacífico, democrático, de relativa libertad, esta gente contribuye vivamente a la consolidación de ese estatus. Pero, ¿Qué pasa cuando esto empieza a alterarse? ¿Cuándo aparece la frustración y la gente comienza a tener miedo? El peligro está en que esa misma gente se convierte en el baluarte principal del horror que se avecina. Con la misma naturalidad con que antes aceptaban la libertad, acaban aceptando el nazismo o cualquier otra cosa que venga de por medio. Los grandes problemas sociales no los generan los psicópatas. Pueden, eso sí, aprovecharse de las circunstancias en las cuales se va imponiendo una mentalidad siniestra. 

Hannah Arend, Jonathan Littell aluden al pacífico tendero que, al hilo de las circunstancias, acaba en carnicero sin escrúpulos en un campo de exterminio…

Arendt entra en una parte, digamos, patológica. No tanto del que mata al otro a hachazos, sino del que va firmando, registrando las órdenes para que todo eso ocurra. De todos los que están contribuyendo a que el psicópata que está al final de la cadena ejecute la monstruosidad, pero que son tan responsables como él. Quien diseña la política de exterminio judío no va personalmente matando judíos. En “Odio” juego con esa idea, porque en una de las dos historias que componen la novela, que transcurre en el Londres de 1868, el personaje. MR. Wildwood, es dueño de una tienda de bastones. Un día entra en la tienda un tal Hyde, quejándose de que su bastón se le ha roto. El comerciante acaba deduciendo que Mr. Hyde utiliza el bastón para matar, y le construye uno con cabeza de águila, puntiagudo, para que mate mejor. Pone todo su empeño de artesano al servicio de que su producto sea lo más eficaz para los fines de su cliente. En su buena mentalidad de gente de orden, está haciendo su trabajo perfectamente. Como los burócratas, que llevaban la contabilidad de cuanto gas había que comprar para las cámaras de la muerte. 

¿Dónde buscar, si es posible hacerlo, este mal? ¿En la naturaleza humana, la religión, el orden de las cosas…?

Creo que la mayor parte de la gente que comete atrocidades y, sobre todo, que apoya, aplaude, permite, contribuye…, a que se cometan, lo hace siempre desde posiciones, yo diría que de buena conciencia. Eso ocurre en todo. En las religiones, particularmente, porque juegan permanentemente, no con la buena conciencia, sino con la mejor de las conciencias, ya que hablan directamente con Dios. En la toma de Jerusalén, de la primera Cruzada, hubo una matanza brutal, que el canónigo y cronista Raimundo de Aguilers, describe diciendo que el templo de Salomón se convirtió en una laguna de sangre en la que flotaban cadáveres: “un espectáculo maravilloso, que alegra la vista” ¿Por qué? Porque estaban exterminando al enemigo. Algo que también puede ocurrir en religiones laicas como, por ejemplo, el estalinismo. En los sistemas donde hay una verdad absoluta y, en consecuencia, una demonización absoluta del adversario, sea real o inventado, el odio llega a la gente, que acaba aplaudiendo monstruosidades.

La novela establece, digamos, una secuencia del odio, en la que la primera escuela es la misoginia, que luego evoluciona hacia el racismo y la xenofobia…

En el fondo, está el odio al otro, al diferente. Es un odio por sustitución. La gente enmascara el odio hacia sí mismo porque no es capaz de conseguir las cosas. El odio contra una sociedad o unas circunstancias que te impiden lograr lo que buscas en la vida (como no tienen ni el valor ni los medios parea enfrentarse a lo que de verdad le está haciendo la vida difícil) deriva es un odio por sustitución. Hay que buscar un culpable. Porque muchas veces el culpable de tu desgracia eres tú mismo. Pero ¿Quién tiene el coraje enfrentarme a sí mismo? 

  Siempre se busca un culpable, cuanto más ajeno, más distinto, más identificable como otro, mejor. Los primeros cursos de la escuela del odio al otro se hacen en el ámbito más doméstico, y son sobre la misoginia, el odio a la muerte que, generalmente, es heredado. Los odios, lamentablemente, se heredan.

¿Resulta el patriotismo, versus nacionalismo, un caldo de cultivo especialmente propicio a la deriva social violenta?

El patriotismo, entendido como amor a la patria, no tendría por qué ser refugio de nada. Pero le pasa lo mismo que a la religión. El hecho de creer en la existencia de Dios no tendría por qué ser algo nocivo para los demás. El problema está en que hay tendencias a que eso fácilmente derive hacia actitudes agresivas. Si construyes tu identidad nacional sobre el orgullo de ser lo que eres y relacionarte de manera fraternal con el resto de la humanidad, no pasa nada. Pero si lo haces a partir de detestar fanáticamente a tu adversario, entonces resulta muy fácil que eso acabe derivando hacia formas de intolerancia. En España, por desgracia, tenemos la peor experiencia nacionalista, que es el nacionalismo español, que ahora está de revival. Ni el vasco, ni el catalán pueden compararse a él. En cualquier caso, los nacionalismos periféricos deberían fijarse bien en el nacionalismo español para no caer en los mismos errores y horrores. 

¿Y qué decir de la relación entre odio personal y el colectivo, como el que de algún modo describe Canetti en “Masa y poder”?

He vivido durante años en el País Vasco, además como periodista, y allí he visto que la violencia es un problema social, colectivo, pero también en gran medida, personal y familiar. Había odios heredados en familia. Hay odios prácticamente inevitables, y la cuestión está en como lo gestionas. Pero hay también odios preventivos. A ti no te ha pasado nada, pero odias a algo imaginario. En el País Vasco se mezclaron ambos tipos de odio. Los odios se heredan.

 Formas parte de una familia y el yo está lleno de historias, elementos que so son tuyos; la escuela donde te han educado; las convivencias… Toda esa suma de individualidades, van impregnándose del discurso general y viceversa. 

La fealdad es también protagonista en tu novela ¿Tiene que ver con el odio, y viceversa?

La novela transcurre en los paisajes del Londres victoriano y el París de los atentados yihadistas. En literatura, las descripciones no deberían ser decorativas, sino activas. Esos espacios son el espejo del alma de esos personajes. Están en lugares feos, horrendos, sucios, de costumbres depravadas… Yo nací en el franquismo y aquello lo veía muy claro de niño. Pensaba que aquello no podía ser todo. Y fue la frase de André Bretón en el Manifiesto Surrealista “La existencia está en otra parte”, la que me ayudó a salir adelante. Cuando me fui del País Vasco a París me topé con una belleza que te cura el alma. Allí fui donde me di cuenta de que la belleza ayuda a vivir.

¿Es, en, en fin, el miedo la madre de todas las batallas del odio?

En Perú, un grupo de periodistas fueron masacrados por los lugareños de una localidad que los tomaron por guerrilleros de Sendero Luminoso ¿Por qué? Por extraños, por raros, por ser de ciudad, porque venían de otro sitio, porque no son como nosotros… O sea, el enemigo. El culpable de todo lo que ha pasado, pasa y pasará. Ese mecanismo esencial del miedo y la frustración está en el origen del odio y sus manifestaciones."                     

(Entrevista a José Manuel Fajardo, Peru Erroteta, elTriangle, 01/01/23)

30/9/21

¿Por qué no hablamos de la discriminación contra los feos?

 "Un gerente en Estados Unidos se sienta en su oficina y decide despedir a una mujer porque no le gusta su piel. Si la despide porque su piel es morena, a eso le llamamos racismo y tenemos un recurso legal contra eso. Si la despide porque su piel es femenina, a eso le llamamos sexismo y tenemos un recurso legal contra eso. Si la despide porque su piel tiene marcas y la encuentra poco atractiva, bueno, de eso no hablamos mucho y en casi todo el país no existe ningún recurso legal contra eso.

Es desconcertante. Vivimos en una sociedad que aborrece la discriminación basada en muchas características. Y, sin embargo, una de las principales formas de discriminación es el aspectismo, el prejuicio contra lo poco atractivo. Y esto no recibe casi nada de atención ni genera mucha indignación. ¿Por qué?

El aspectismo comienza, como cualquier forma de intolerancia, con prejuicios y estereotipos.

Hay estudios que muestran que la mayoría de las personas consideran que un rostro “atractivo” tiene rasgos limpios y simétricos. Nos resulta más fácil reconocer y categorizar estos rostros prototípicos que los irregulares y “poco atractivos”. Por ende, nos resulta más fácil —desde la perspectiva del procesamiento cerebral— mirar a las personas atractivas.

Entonces, las personas atractivas cuentan con una ligera ventaja física. Pero luego, la gente comienza a proyectar sobre ellas todo tipo de estereotipos que no tienen en realidad ninguna relación. En una encuesta tras otra, las personas atractivas son descritas como confiables, competentes, amigables, agradables e inteligentes, mientras que las personas feas reciben etiquetas opuestas. Esto es una versión del efecto halo.

No todo el tiempo, pero a menudo, las personas atractivas reciben un trato preferencial. Las investigaciones sugieren que son más propensas a recibir invitaciones a entrevistas de trabajo y a ser contratadas cuando son entrevistadas. Además, tienen más probabilidades de ser ascendidas que las personas menos atractivas. Son más propensas a recibir préstamos y tasas de interés más bajas sobre esos préstamos.

Los efectos discriminatorios del aspectismo son omnipresentes. Los economistas atractivos tienen mayores probabilidades de estudiar en programas de posgrado de alto nivel, y sus artículos son citados con mayor frecuencia que los de sus colegas menos atractivos. Un estudio reveló que cuando los delincuentes poco atractivos cometen un delito menor moderado, sus multas son aproximadamente cuatro veces más costosas que las de los delincuentes atractivos.

Daniel Hamermesh, un destacado académico en este campo, señaló que un trabajador estadounidense que está dentro de la séptima parte inferior en la escala de apariencia gana entre un 10 y un 15 por ciento menos al año que uno que se encuentra en el tercio superior. Una persona poco atractiva deja de percibir casi un cuarto de millón de dólares en ganancias a lo largo de su vida.

El efecto general de estos sesgos es enorme. Un estudio de 2004 reveló que más personas reportan haber sido discriminadas por su aspecto físico que por su origen étnico.

En un estudio publicado en la edición más reciente de American Journal of Sociology, Ellis P. Monk Jr., Michael H. Esposito y Hedwig Lee reportan que la brecha de ingresos entre las personas percibidas como atractivas y poco atractivas es similar o mayor a la brecha de ingresos entre adultos blancos y negros. Encontraron que la curva de lo atractivo es en especial severa con las mujeres negras. Quienes cumplen con los criterios socialmente dominantes de belleza perciben un aumento en los ingresos; los que no son considerados atractivos ganan en promedio solo 63 centavos por cada dólar de los que sí.

¿Por qué somos tan indiferentes ante este tipo de discriminación? Tal vez las personas consideren que el aspectismo está integrado en la naturaleza humana y no hay mucho que puedan hacer al respecto. Quizá sea porque no existe una Asociación Nacional de Gente Fea que esté presionando para generar un cambio. El economista Tyler Cowen señala que por lo general es la clase educada costera la que más hace cumplir de forma estricta las normas sobre la vestimenta y la delgadez. ¿Quizá no nos gusta denunciar el tipo de intolerancia de la que somos más culpables?

Mi respuesta general es que es muy difícil oponerse a los valores centrales de tu cultura incluso cuando se sabe que es lo correcto.

En las últimas décadas, las redes sociales, la meritocracia y la cultura de las celebridades se han fusionado para formar una cultura moderna que tiene valores casi paganos. Es decir, pone gran énfasis en la exhibición competitiva, los logros personales y en la idea de que la belleza física es una señal externa de belleza moral y valor en general.

La cultura pagana tiene cierto tipo de héroe ideal: aquellos genéticamente bien dotados en el ámbito atlético, en el de la inteligencia y en el de la belleza. Esta cultura percibe la obesidad como una debilidad moral y una señal de que estás en una clase social más baja.

Nuestra cultura pagana pone gran énfasis en el campo deportivo, la universidad y las pantallas de las redes sociales, donde la belleza, la fuerza y el coeficiente intelectual pueden exhibirse de la manera más impresionante.

Este ethos inspira muchos anuncios publicitarios de calzados deportivos y gimnasios que presentan héroes cuyos dotes físicos y bondad moral parecen estar en perfecta comunión. Es el paganismo del director ejecutivo al que le gusta estar rodeado por un equipo de empleados atractivos (“Debo ser un ganador porque estoy rodeado de personas hermosas”). Es la revista de moda que intercala artículos sobre justicia social con fotos a doble página de figuras imposiblemente hermosas (“Creemos en la igualdad social, siempre y cuando seas atractivo”). Es la eterna competencia aspectista de TikTok.

Una sociedad que celebra la belleza de esta manera tan obsesiva decantará en un contexto social en el que los menos bellos serán menospreciados. La única solución es cambiar las normas y prácticas. Curiosamente, un ejemplo positivo proviene de Victoria’s Secret, que remplazó a sus “ángeles” con siete mujeres con tipos de cuerpos más diversos. Cuando una marca como Victoria’s Secret se muestra a la vanguardia en la lucha contra el aspectismo, es evidente que el resto de nosotros tenemos mucho trabajo por hacer."                       

(David Brooks ha sido columnista del Times desde 2003, The New York Times, 06/07/21)

6/5/13

Elegimos siempre a los guapos... ya sabes, Rubalcaba


« (...) En el año 2005, unos investigadores de Princeton recogieron fotografías en blanco y negro de todos los ganadores y perdedores de noventa y cinco elecciones al Senado de Estados Unidos y seiscientas elecciones a la Cámara de Representantes de este país de los años 2000, 2002 y 2004.

 Entonces reunieron a un grupo de voluntarios para evaluar la competencia de los voluntarios únicamente a partir del vistazo a las fotografías, descartando los datos sobre cualquiera de las caras que reconociera un voluntario. Los resultados fueron sorprendentes: el candidato que los voluntarios percibieron como más competente había ganado en el 72 por ciento de las elecciones al senado y el 67 por ciento de las elecciones a la Cámara, una tasa de éxito mayor aún que en el experimento del laboratorio de California.

 Entonces, en 2006, los científicos realizaron un experimento con resultados todavía más increíbles y, bien pensado, más deprimentes. Realizaron una evaluación de los rostros antes de las elecciones en cuestión y predijeron los ganadores únicamente en función de la apariencia de los candidatos. 

Las predicciones fueron sorprendentemente precisas: el candidato que había sido votado como el de apariencia más competente ganó en un 69 por ciento de las elecciones a gobernador y en un 72 por ciento de las elecciones al Senado.

Si he entrado tan al detalle de estos estudios políticos no es solo porque sean importantes por sí mismos sino porque, como ya he señalado, arrojan luz sobre nuestras interacciones sociales en todos los ámbitos. Es más que posible que en el instituto, nuestro voto para presidente de la clase se basase en la apariencia. Nos gustaría creer que hemos superado esas formas primitivas, pero no es fácil graduarse con nuestras influencias inconscientes.»      (Arcadi Espada, 04/05/2013)

23/11/10

Las mujeres... mejor bajitas

"Alexandre Courtiol y sus colegas de las Universidades de Montpellier y Paul Sabatier (PLoS one, 9:e13010) han medido las preferencias de la gente en materia de altura y masa corporal, y las han comparado con los rasgos de la pareja real. Esos simples parámetros capturan casi toda la variedad de formas del cuerpo humano. (...)

Para los adultos, un índice menor de 18,5 es signo de excesiva delgadez, y a menudo de anorexia. De ahí hasta 25 indica la forma óptima, hasta 30, el sobrepeso y más de 30, la obesidad.

El hombre ideal promedio de las mujeres es variable: mide 1,78 (pero va de 1,60 a 1,90); y pesa 75 kilos (algunas se conforman con 52 y otras suben hasta 109). Pero ni siquiera la mujer más prendada de los huesos masculinos traspasa el límite oficial de lo tolerable: busca un índice de masa corporal de 19 (por encima del 18,5 que marca el límite de la anorexia).

Sin embargo, cuando una mujer dice que le gustan gordos, no se para en la frontera del sobrepeso (25) ni en la de la obesidad (30): le gusta un índice de 34, es decir, un obeso con todas las de la ley.

1,76 metros es lo más que dejan los hombres crecer a las chicas de sus sueños, y los hay que las prefieren de 1,56. La mediana de la preferencia masculina está en el puro límite de la anorexia (18,4), y hay hombres que apuestan por el 16. Cabe recordar que la pasarela Cibeles tiene vetadas a las modelos con un índice inferior a 18. Por el otro extremo, y a diferencia de lo que ocurría con las mujeres, el hombre más afín a las curvas no pasa de un índice de 27. (...)

"Esto significa que, en promedio, si se compara lo que un hombre quiere con lo que tiene en términos de masa corporal, se encontrará con que su compañera es más gorda que su ideal; mientras que para las mujeres esto no se cumple: ellas tienden a preferir chicos más gordos o más delgados que sus parejas reales".

Esa variación, de hecho, era el principal objeto de interés de los científicos franceses cuando abordaron el estudio. "Esa variedad es importante", explica Courtiol, "puesto que, si tiene alguna base genética, puede constituir la materia prima para que operen la selección natural y la selección sexual". Los dos grandes motores de la evolución previstos por Darwin. (...)

Una hipótesis extendida para explicar nuestras preferencias sexuales -o incluso todas nuestras tendencias estéticas- es que lo bello es un marcador de lo sano. Una cara simétrica, por ejemplo, sería el resultado final de un proceso de desarrollo adecuado. Esto explicaría el gusto humano por la simetría. Pero Courtiol no cree que esa idea explique los nuevos datos.

"Determinar si los rasgos atractivos representan o no signos de calidad es una cuestión difícil", dice el científico. "Ya Darwin y Wallace

[Alfred Russell Wallace, el codescubridor de la evolución por selección natural] discreparon sobre la cuestión, y la controversia no ha cesado. Los psicólogos evolutivos tienden a ignorar esos problemas, por desgracia, y han propagado la idea de que el atractivo es la marca externa de los buenos reproductores".

Por ejemplo, si las tres gracias de Rubens representaban el canon de belleza del siglo XVII, el atractivo en esa época quedaba fuera de los márgenes considerados saludables por la medicina actual. (...)

¿Cree Courtiol que la correlación (entre las preferencias y características reales de la pareja) sería mayor entre las mujeres y sus aventuras sexuales? "Es muy probable, de hecho", responde el científico francés. Pero ese sería un experimento más delicado y difícil de organizar, ¿no? "En efecto; necesitaríamos analizar a las dos parejas, y habría que pedir a las chicas que trajeran a sus aventuras al laboratorio". (El País, 21/11/2010, p. 40/1)

4/11/10

La belleza... la femenina... vista por las mujeres

Kate Moss, posa ante la Torre Eiffel para un anuncio de Yves Saint-Laurent

"La voluptuosa Sofía Loren mira de reojo el inmenso escote de la aún más voluptuosa Jayne Mansfield. Sucede una noche de 1957. Esa mirada furtiva de una mujer que estudia el espectacular tamaño de los pechos de su compañera de mesa es captada por el clic de un fotógrafo. El tiempo ha convertido esta foto en una imagen icónica, por lo que tiene de representación de una escena clásica: una mujer estudia a otra.

Revela una de esas verdades dolorosas de las que el feminismo huye como de la peste, porque de admitir que las mujeres nos estudiamos de la cabeza a los pies a que alguien afirme que estamos hechas para competir entre nosotras hay un paso.

Para mí es evidente que Sofía Loren no observaba a la Mansfield con envidia, sino con curiosidad; dado que fijar la mirada en las tetas de una mujer es inaceptable socialmente, Sofía hubo de hacerlo con disimulo, y el momento, atrapado por un clic milagroso, ha convertido ese disimulo en rivalidad femenina.

Pero también es cierto que hay mujeres que no saben estar sentadas al lado de una mujer bella.

Lo he visto. He visto a mujeres con éxito profesional cuya seguridad se tambalea al tener a su vera a una mujer hermosa. También he oído a mujeres inteligentes relacionar belleza con estulticia. Ah, los complejos. (...)

Puedo entender, por supuesto, que una mujer se lamente cuando, compartiendo mesa con una joven espléndida, es ignorada por esos hombres que ante la belleza regresan a su condición de primates, pero hay que hacer un esfuerzo para que esa desventajosa situación no conduzca a la misoginia.

De hecho, el mejor remedio contra el resentimiento es aceptar la virtud del otro. A mí me gustan las mujeres guapas.

Es cierto que si conozco de cerca a una mujer guapa que no es inteligente su belleza se me desvanece, pero aprecio la belleza en sí, la de aquella mujer que me mira desde la marquesina de un autobús, desde la portada de una revista o desde un fotograma.

Trato de admirar la belleza femenina como he observado que lo hacen algunas amigas lesbianas: disfrutando de ella como un regalo.

De la misma manera que es vulgar el hombre que advierte que no sabe apreciar el atractivo masculino, lo es la mujer que se niega a admitir lo evidente: la belleza física tiene un magnetismo innegable. (...)

Kate Moss inauguró la era de las modelos que parecían desfilar por la pasarela tras haberse corrido una gran juerga. Chicas que se olvidaban de comer, pero nunca de tomar una copa o esnifar unas rayas. Una estética que, como se ha sabido después, era casi una descripción del backstage en el que vivían algunas de estas jóvenes y que los estilistas exageraron con maquillajes y peinados convirtiendo en tendencia el look de "chica abandonada".

El colmo de la incongruencia: una muchacha al borde de la enfermedad vistiendo chaneles y diores. Kate Moss representó esa imagen tanto en la pasarela como fuera de ella hasta el punto de que en 2007 la National Portrait Gallery de Londres convocó a varios artistas para retratarla.

Lucian Freud
se unió al desafío y algunos críticos reaccionaron agriamente diciendo que el arte inglés había muerto. Hoy, Umberto Eco, ajeno a tales prejuicios, incluye una de las fotografías de aquella exposición en la lista de los retratos más emblemáticos de la historia del arte.

Al fin y al cabo, ¿qué es Kate Moss sino una modelo que posa? Expresividad y belleza, capacidad de contar con una pose y una mirada una pequeña historia, ese es su trabajo.

Sobre los misteriosos caminos de las tendencias estéticas leo en el libro de Salmon. Al terminarlo, la observo a ella, la Moss, en la portada. Y pienso entonces que por encima de todas esas consideraciones sociológicas que justifican un libro de ensayo está ese rostro magnético.

El rostro bello y gatuno que haría que unas mujeres se sintieran incómodas a su lado en la mesa, otras la miraran de soslayo al estilo de Sofía, algunos hombres se volvieran primates y algunos seres humanos, entre los que creo me encuentro, pensaran cómo no mirarla siendo, como es, tan bella." (ELVIRA LINDO: Cómo no mirarla. El País, Domingo, 10/10/2010, p. 17)

21/2/08

¿Para qué sirve la música?

“Al hablar, Savall es tan persuasivo como cuando toca la viola de gamba. "Ése es el poder de la música, su capacidad de relajarnos, de dejarnos en paz. No podemos quedarnos en su aspecto puramente estético, en el placer sensual. Lo importante es que tenga emoción y espiritualidad porque si sólo sirve para divertir y pasar el rato, no sirve de nada". (El País, ed. Galicia, Cultura, 20-02-08, p. 55)